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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

enhorabuenas

enhorabuenas

ENHORABUENAS
Bienaventuranzas comentadas
POPE GODOY, popegodoy@telefonica.net
JAEN.

ECLESALIA, 10/12/07.- Mt 5,1: Al ver Jesús las multitudes subió al monte, se sentó y se le acercaron sus discípulos. Él tomó la palabra y se puso a enseñarles así:

1.- Mt 5,3: Dichosos quienes eligen ser pobres, porque sobre ésos reina Dios.

1.1.- ¡Enhorabuena a vosotras, las personas solidarias! Habéis descubierto la felicidad de compartir.

1.2.- ¡Qué pena de la gente que todavía no ha descubierto el tesoro de la generosidad! Su corazón permanece arrugado y marchito.

2.- Mt 5,4: Dichosos quienes sufren, porque ésos van a recibir el consuelo.

2.1.- ¡Valientes las personas que trabajáis por eliminar todas las causas del sufrimiento y de la opresión! Lanzad un grito de esperanza y de coraje para que levanten la cabeza quienes se encuentran hundidos y abandonados.

2.2.- ¡Malditos quienes justifican la explotación de las personas con palabras como “competitividad” y “mercado”! Su avaricia les impide disfrutar la alegría de la fraternidad.

3.- Mt 5,5: Dichosos los sometidos, porque ésos van a heredar la tierra.

3.1.- ¡Atención, vosotras, todas las personas excluidas de la sociedad y de los bienes de la tierra! Vuestra situación nos interpela y nos moviliza hasta conseguir que todo el mundo tenga sitio en la mesa común.

3.2.- ¡Ay de vosotros, los insaciables en acumular riquezas! Necesitáis protegeros más y más, buscando un aislamiento cada vez más egoísta y más imposible.

4.- Mt 5,6: Dichosos quienes tienen hambre y sed de esa justicia, porque ésos van a ser saciados.

4.1.- ¡Hurra por las personas inconformistas! Las que no se cruzan de brazos frente a la injusticia ni sucumben a la cultura del consumismo. La experiencia de compartir les saciará mucho más que todos los bienes materiales.

4.2.- ¡Pobres miserables quienes construyen su felicidad a costa de la explotación y el sufrimiento de la gente! Ésos están condenados a la frustración y al fracaso.

5.- Mt 5,7: Dichosos quienes prestan ayuda, porque ésos van a recibir ayuda.

5.1.- ¡Felicidades para vosotras, las personas que ejercéis la gratuidad superando todas las barreras religiosas, nacionales, sexuales o étnicas! Seguid trabajando para que esa cadena solidaria se dilate hasta alcanzar a todos los seres humanos.

5.2.- ¡Pobre futuro les espera a quienes se encierran en sus particularismos religiosos, nacionales o étnicos! Su falta de horizontes terminará por asfixiarlos.

6.- Mt 5,8: Dichosos los limpios de corazón, porque ésos van a ver a Dios.

6.1.- ¡Admirables, vosotras y vosotros, de corazón transparente y de mirada limpia hacia las personas y hacia el mundo! Vuestra sencillez y vuestro optimismo facilitan las relaciones humanas y favorecen una sociedad alternativa.

6.2.- ¡Pobres de vosotros quienes usáis la mentira y el engaño como instrumento de dominio! Quedaréis enredados y prisioneros de vuestras propias trampas.

7.- Mt 5,9: Dichosos quienes trabajan por la paz, porque a ésos los va a llamar Dios hijos suyos.

7.1.- Ole ahí las personas que se movilizan contra la tortura y contra la pena de muerte. Quienes denuncian y condenan todas las guerras abiertas y todos los conflictos silenciados. Vosotras sabéis que no hay caminos para la paz. La paz es el camino.

7.2.- Malditas todas las guerras y malditos quienes las promueven, quienes las financian y quienes las utilizan en su provecho.

8.- Mt 5,10: Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad, porque sobre ésos reina Dios.

8.1.- ¡Enhorabuena! Porque defendéis los derechos humanos, porque ayudáis a inmigrantes sin papeles, porque apostáis por los sectores marginales de nuestra sociedad, porque sacudís las conciencias adormecidas.

Mt 5,11: Dichosos vosotros cuando os insulten, os persigan y os calumnien de cualquier modo por causa mía. Estad alegres y contentos, que grande es la recompensa que Dios os da; porque lo mismo persiguieron a los profetas que os han precedido.

Os llamarán exagerados y demagogos. Se reirán de vosotros y os condenarán al ostracismo y al silencio.

¡Animaos y estad alegres! Tened la certeza de que mucha gente se beneficiará de vuestros esfuerzos, como también nosotros nos beneficiamos de la gente que nos ha precedido. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


Sostenida

Sostenida

2 Adviento (A), Mateo 3, 1 - 12
CONVERSIÓN SOSTENIDA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 03/12/07.- Entre el otoño del año 27 y la primavera del 28 aparece en el horizonte religioso de Palestina un profeta original e independiente que provoca un fuerte impacto en el pueblo. Su nombre es Juan. Las primeras generaciones lo vieron siempre como el hombre que preparó el camino a Jesús.

Hay algo nuevo y sorprendente en este profeta. No predica en Jerusalén como Isaías y otros profetas: vive apartado de la elite del templo. Tampoco es un profeta de la corte: se mueve lejos del palacio de Antipas. De él se dice que es «una voz que grita en el desierto», un lugar que no puede ser fácilmente controlado por ningún poder.

No llegan hasta el desierto los decretos de Roma ni las órdenes de Antipas. No se escucha allí el bullicio del templo. Tampoco se oyen las discusiones de los maestros de la ley. En cambio, se puede escuchar a Dios en el silencio y la soledad. Es el mejor lugar para iniciar la conversión a Dios preparando el camino a Jesús.

Éste es precisamente el mensaje de Juan: «Convertíos»: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos». Este «camino del Señor» no son las calzadas romanas por donde se mueven las legiones de Tiberio. Estos «senderos» no son los caminos que llevan al templo. Hay que abrir caminos nuevos al Dios que llega con Jesús.

Esto es lo primero que necesitamos también hoy: convertirnos a Dios, volver a Jesús, abrirle caminos en el mundo y en la Iglesia. No se trata de un «aggiornamento» ni de una adaptación al momento actual. Es mucho más. Es poner a la Iglesia entera en estado de conversión.

Probablemente se necesitará mucho tiempo para poner la compasión en el centro del cristianismo. No será fácil pasar de una «religión de autoridad» a una «religión de llamada». Pasarán años hasta que en las comunidades cristianas aprendamos a vivir para el reino de Dios y su justicia. Se necesitarán cambios profundos para poner a los pobres en el centro de nuestra religión.

A Jesús sólo se le puede seguir en estado de conversión. Necesitamos alimentar una «conversión sostenida». Una actitud de conversión que hemos de transmitir a las siguientes generaciones. Sólo una Iglesia así es digna de Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


esperanza y amor

esperanza y amor

LA “SPE SALVI” DE BENEDICTO XVI
Diez claves y siete comentarios
JOSÉ IGNACIO CALLEJA
VITORIA-GASTEIZ.

ECLESALIA, 03/12/07.- 1. Que el Papa, a través de la esperanza, vuelva de nuevo a la convicción cristiana de que Dios es Amor, y que lo es con el rostro de Jesús, el Cristo, y que esta Buena Nueva nos redime como esperanza ya sí realizada en la historia, transformando a fondo nuestro vivir, mientras anhelamos su pleno cumplimiento, todavía no, sin huir de la tierra, esto me convence (nn 1-3). Si el cristianismo histórico se renueva una y otra vez en esta experiencia del Dios de Jesús, y no en cualquier otro interés o temor, tiene mucho que aportar al mundo y a la propia Iglesia.

2. El concepto cristiano de esperanza (nn 4-9) es peculiar en la relación que establece entre el ya sí de su historicidad y el todavía no de su plenitud escatológica; entre su naturaleza de don y gracia, y su verdad de tarea y compromiso vital. La unión de ambos momentos o dimensiones es radical e indisoluble. Para mostrarlo, la encíclica lee distintos pasajes neotestamentarios y apunta una conclusión muy interpelante: La esperanza cristiana “transforma desde dentro la vida y el mundo”…“aunque las estructuras externas permanezcan igual”…“los cristianos… pertenecen a una sociedad nueva, hacia la cual están en camino y que está anticipada en su peregrinación”(n 4). (Esta idea tan importante, - añado por mi cuenta-, nos obliga a preguntar si no conlleva una idealización de la redención en cuanto liberación humana; si no está introduciendo un principio de deshistorización absoluta de esa sociedad; subrayo lo de “absoluta”).

3. La fe cristiana, sigue diciendo la Spe salvi, ¿es para nosotros, también, y ahora, una esperanza que transforma y sostiene nuestra vida, o es sólo información de unos hechos salvíficos más o menos arrinconados o privatizados? (n 10). La esperanza cristiana no es individualista, una expectativa privada de entrar en el cielo (n 13). Ésta ha sido nuestra manera de verla hasta hace poco, pero no debe ser así; la salvación cristiana es comunitaria y personal, porque ser hombre es vivir existencialmente abiertos a un “nosotros”, a un “pueblo”, a un “sujeto universal” que mira como su anhelo a “la comunidad escatológica de los salvados”; y, por eso mismo, a la construcción del mundo presente (n15). (Hubiera sido interesante –añado por mi parte- explicar más profunda y directamente este vínculo sacramental entre ambas dimensiones de la salvación).

4. Y, ¿qué ha pasado para que la fe-esperanza cristiana (sic), haya sufrido la transformación individualista y espiritualista de la época moderna? (n 16). La modernidad ha propuesto otra redención y la ha fundado en la libertad individual y en la razón científica; ha creado, así, otra fe, la fe en el progreso, y, con su praxis consiguiente, ha desplazado a la fe cristiana desde el ámbito público e histórico al privado y ultramundano (n 17). La actual crisis de fe (cristiana) es, por tanto, “crisis de la esperanza cristiana”, crisis de su propuesta salvífica universal frente a la “fe en el progreso tecnocientífico” y su “esperanza” de cortas miras.

5. Este proceso cultural ha adquirido significados políticos (n 19), cuando la esperanza redentora moderna cristaliza, primero, como “revolución francesa” (revolución liberal-burguesa de la libertad y la razón) (siglo XVIII); y, después, como “revolución proletaria” (siglo XIX), revolución de la “política con pretensiones científicas” (n 20), y obediente a un materialismo craso y ajeno al ser humano en cuanto tal.

6. Luego, ¿qué autocrítica no necesitará la edad moderna al dialogar con el cristianismo del presente y su concepción de la esperanza? ¿Cómo no va a ser un diálogo purificador para ambos? En particular, necesitamos reconsiderar la idea de progreso y su significado; técnico, sí, pero también y aun antes, radicalmente humano (n 22) y, por tanto, ético, y si ético, religioso, pues, sin el reconocimiento de Dios, “el hombre queda sin esperanza”. “La razón necesita de la fe para llegar a ser totalmente ella… razón y fe se necesitan mutuamente para realizar su verdadera naturaleza y misión” (n 23). (Es evidente, -añado por mi parte-, que éste es un lugar irrenunciable de la reflexión filosófica y ética de Benedicto XVI y de toda la Doctrina Social de la Iglesia. Lo cual es muy razonable, pero me gusta añadir que debemos pensar formas de argumentar que diferencien bien cuándo hablamos a la luz de la revelación (fe) y cuándo de la sola inteligencia humana (razón). Como fuentes convergentes y coherentes, desde luego, pero que admiten distinta pretensión en cuanto a la certeza, y distinta clase de competencia para nosotros. Lo cual es muy importante al aclarar el lugar de la Iglesia en una sociedad democrática y políticamente laica, y al precisar la autonomía, la interdependencia, y el mutuo respeto de la política a la fe y de la fe a la política. Lo he desarrollado a menudo).

7. La libertad humana, la libertad personal y comunitaria, es insoslayable e irrenunciable, siempre, y las estructuras también son “necesarias” (n 24a). “Las buenas estructuras ayudan”, pero “por sí solas, no bastan” (n 25). El cristianismo histórico ha hecho cosas muy buenas por la formación de los hombres y por los pobres, “pero se ha concentrado en gran parte sólo sobre el individuo y su salvación” (n 25). Sólo el Amor incondicionado del Dios Amor, manifestado en Cristo, en “su ser para todos”, nos redime plenamente, a todos y cada uno; sólo esa realidad nos redime en esperanza total y absoluta (n 27). De la experiencia personal del Dios-Amor al amor profundo a Dios. De este amor deriva nuestra “participación en la justicia y en la bondad de Dios hacia los otros… el amor de Dios se manifiesta en la responsabilidad por el otro” (n 28). Y de ese amor deriva la libertad interior, la generosidad y el desprendimiento, la responsabilidad de todos con todos. Porque la esperanza del mundo es Dios, “el Dios que tiene un rostro humano”, un rostro de amor, el Dios “cuyo reino está presente allí donde Él es amado y donde su amor nos alcanza” (n 31). Hay lugares precisos donde esto se aprende y se practica (nn 32-48). (Es evidente, -añado por mi parte-, que esta reflexión es muy bella, si bien el lector podrá observar, a mi juicio, que es muy abstracta o poco concreta, otra vez, desde el punto de vista de nuestra condición histórica y social).

8. Los “lugares” de aprendizaje y ejercicio de la esperanza cristiana son, por ejemplo, la oración (n 32): en el mundo y sincera, solidaria, honda y madura; y lo es el actuar desde la esperanza que nos redime del cansancio, el desánimo y el fanatismo. Y, sobre todo, una advertencia: No podemos construir “el reino de Dios” (n 35) con nuestras fuerzas, pues “lo que construimos es siempre reino del hombre… el reino de Dios es un don… y constituye la respuesta a la esperanza” (n 35), si bien, “nuestro obrar no es indiferente ante Dios… y tampoco es indiferente para el desarrollo de la historia” (n 35). (Es aquí, -añado por mi parte-, donde más desencarnado encuentro el discurso de Benedicto XVI. Al no referirse a la relación don-tarea en cuanto al crecimiento histórico del Reino de Dios, o, en otro lenguaje, como gracia y compromiso, por más que podamos ver esa relación sacramental con mayor pesimismo histórico (una y otra vez, fracasada), o con mayor optimismo (una y otra vez aportando aspectos nuevos y buenos); al no mencionar la realización del Reino de Dios, en cuanto realidad ya sí presente en la historia por Jesucristo, como realidad verificada en la dimensión social de la evangelización de la Iglesia, en el ecumenismo por la justicia y la paz de todas las Iglesias, y de todas las religiones, y en el valor sacramental para el Reino de Dios de las mejores realizaciones históricas del ser humano en cuanto tal, lo que llamamos acción liberadora o humanizadora en sus mejores logros, ¡algunos tendrá!, verdaderamente queda muy recortada la universalidad de la acción salvífica de Dios en Cristo en su dimensión de encarnación histórica).

9. Otro gran lugar de aprendizaje y práctica de la esperanza es la experiencia personal de sufrimiento y, en su caso, de lucha contra él. Es lógico y digno luchar por la desaparición del sufrimiento, pero, ante situaciones de imposibilidad, hemos de encontrar ahí un sentido redentor a la luz de Cristo (n 37). Y aquí desarrolla la encíclica una gran reflexión sobre el sufrimiento y los que sufren (n 38), convencido el Papa de que es ahí donde se juega la grandeza de la humanidad. (Y otra vez, -a mi juicio-, una lectura cristiana del problema en clave casi exclusivamente “personalista”, exigente para cada uno, ¡y mucho! (n 39), pero sin referencias nítidas hacia la consideración “política” del problema, el que atiende también a las causas y consecuencias en su carácter social o estructural. Este personalismo hermenéutico se impone una y otra vez en la dialéctica con el político, hasta, a veces, como aquí, desaparecer el segundo por completo).

10. El Juicio final, puesto en relación con “el reconocimiento de que la injusticia de la historia no puede ser la última palabra en absoluto”, es el último lugar de aprendizaje y práctica de la esperanza que se nos propone. No es el hombre quien puede hacer justicia absoluta, sino sólo Dios, y Dios no falla. En Cristo, Dios “revela su rostro precisamente en la figura del que sufre… y comparte la condición del hombre abandonado por Dios, tomándola consigo. Este inocente que sufre se ha convertido en esperanza-certeza: Dios existe” (n 43). La justicia es el argumento más fuerte a favor de la fe en la vida eterna, y lo es en cuanto justicia absoluta o final contra las injusticias de la historia (n 43). Sólo Dios puede crear justicia absoluta para todos, sin provocar miedo en los hombres, pero sí responsabilidad ante ese día y hora (n 44). La gracia no excluye la justicia. Eso sí, la abre plena de oportunidades a la salvación. María es la estrella de la esperanza definitiva junto a Dios (n 49-50). (Hermosas y atrevidas palabras en la pluma de Benedicto XVI, -añado por mi parte-. Y una segunda observación personal. Ahora sí se atiende a la justicia histórica como clave de nuestra justificación final, pero no en cuanto a si nos hemos comprometido activamente con ella, sino en cuanto al fracaso que introduce en la historia y que la esperanza en Dios no puede reconocer definitivo. Es una asunción demasiado idealista, creo. A mi juicio, hubiese ganado mucho el texto si hubiese hablado en clave, también, del valor del compromiso cristiano por la justicia como testimonio de su esperanza). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


acontecer

acontecer

SOMOS UNA ESPERANZA
Reflexiones tras la I Asamblea de Redes Cristianas
JOSÉ MARÍA GARCÍA-MAURIÑO
MADRID.

ECLESALIA, 30/11/2007.- Después de la celebración de la I Asamblea de Redes Cristianas el 10 y 11 de Noviembre de 2007, a la que asistieron más de 500 personas de todo el Estado español, pertenecientes a distintas comunidades y grupos, podemos hacer algunas reflexiones. La primera, que no importa tanto lo que somos, como lo que hacemos. La pregunta por lo que somos, proviene de la filosofía griega de Aristóteles. La pregunta por lo que hacemos proviene de la teología del Nuevo Testamento. Lo que importa no es el Ser filosófico, el conocimiento, la doctrina, sino el Acontecer, la vida, la experiencia, el compromiso. Jesús no vino a impartir una doctrina, sino a mostrarnos con su vivir un proyecto de vida para construir un mundo justo y fraterno. Redes responde a la segunda pregunta con su acontecer, con su vida, con su trayectoria incipiente, con su coordinación. Esta primera Asamblea es un serio acontecer de Redes Cristianas. No nos ha convocado nadie, ninguna instancia superior nos ha propuesto el orden del día, ni los contenidos, ni siquiera el lugar del encuentro. Nos hemos autoconvocado nosotros, nos hemos trazado el contenido de los talleres, el orden del día, incluso el sitio donde celebrarlo. Es un acontecer horizontal, participativo, democrático, no jerarquizado. Es más importante la ortopraxis que la ortodoxia.

La segunda reflexión, los objetivos que nos proponemos indican un caminar nuevo, distinto al tradicional. Supone fijarse unas metas que tienen como orientación ser otra voz crítica y alternativa. La primera voz que se oye en el ámbito cristiano es la de la jerarquía católica. Respetamos los pronunciamientos de los obispos, pero tenemos otra forma distinta de ver las cosas. Nuestra voz es crítica, no insultamos ni descalificamos a nadie. Crítica, porque tratamos de ver las causas que producen estas terribles diferencias entre el Norte rico y el Sur pobre, los problemas del mundo, la falta de fraternidad y de igualdad, en esta misma iglesia actual. Estimamos que tan hermano, tan igual es el obispo como el monaguillo. La mujer como el hombre. Todos somos hijos de un mismo Padre del cielo. Nadie es superior a nadie, nadie es inferior a nadie en la comunidad cristiana. Nadie impone a otro su manera de pensar o de sentir. Trabajamos en un proceso temporal, participativo y horizontal. Todos y todas somos importantes.

Y es alternativa, porque vamos rompiendo moldes antiguos que ya no sirven para encajar el presente o el futuro y vamos creando otros nuevos. Vamos realizando un cambio de paradigma. Nuestras preocupaciones giran en torno al eje del Reino de Dios. Y sabemos que la Jerarquía no es la Iglesia, la Iglesia no es el Vaticano, y desde luego, el Vaticano no es el Reino de Dios. Los obispos y la organización jerárquica de la Iglesia, son una anécdota sin trascendencia, al lado de los grandes problemas que aquejan a la humanidad, como son sobre todo los pobres, el hambre, las guerras, las enfermedades, la pobreza y miseria de miles de millones de seres humanos, la falta de respeto a la Tierra, el militarismo, el terrorismo internacional, la violación constante de los derechos humanos, etc. Ante este panorama, la mayoría de los colectivos de RC nos embarcamos en una lucha constante contra la perversidad de este sistema capitalista que domina y aplasta a la humanidad.

La tercera reflexión, es que este proyecto de Redes es ilusionante para multitud de personas que ven una posibilidad de vivir su cristianismo de forma distinta. Formamos una red, un espacio abierto, en un ámbito sin fronteras, que se puede extender a escala planetaria, internacional. Vivimos a la intemperie, indefensos, es decir, no protegidos por estructuras jurídicas, eclesiales, o políticas. No estamos amparados por las altas esferas eclesiásticas. No somos una asociación canónicamente reconocida. No somos bien vistos por los obispos. Actuamos desde la opción por los pobres, que no se queda en bonitas declaraciones, en buenas intenciones o letra muerta. Es un compromiso serio con los excluidos, los inmigrantes, los trabajadores. Decimos lo que pensamos y creemos, porque sabemos que en la Iglesia existe un pluralismo y no un pensamiento único. No tenemos miedo a las represalias que nos puedan venir desde lo alto. No vamos en contra de nadie, pero creemos que existe otra manera de vivir nuestra fe, distinta de la que nos proponen los jerarcas de esta Iglesia, más independiente, más libre, más adulta. Nuestra fe no se apoya sólo en verdades dogmáticas, es ante todo un estilo de vida. Nos esforzamos en seguir a una persona, a Jesús de Nazaret, no a unas doctrinas. No admitimos los dogmatismos. Apostamos por otro mundo posible. Los problemas los miramos desde la opción por los pobres y desde esta plataforma tratamos de contribuir a la transformación radical de la realidad eclesial y social. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

del nazareno

del nazareno

EL CAMINO DEL NAZARENO
ÁNGEL ARNAIZ QUINTANA
SAN SALVADOR (EL SALVADOR)

ECLESALIA, 29/11/07.- El País Digital de este jueves 29 de noviembre publica en primera página una fotografía en la que se ve al presidente Hugo Chávez con compañeros de su partido, -por sus camisetas rojas-, subidos en un vehículo descapotable, en medio de una manifestación o algo así, y con un gran póster detrás de ellos en el que se ve el rostro y parte del cuerpo de una figura con el brazo levantado hacia arriba de su cabeza y unas palabras de gran tamaño encima que dicen: "Cristo Primer Revolucionario". Al verlo no he podido evitar revivir los momentos en que me he encontrado en esta Centroamérica del alma con otros carteles o anuncios que decían - dicen -: "Fraternidad Universal de Hombres de Negocios del Evangelio completo" (sic).

Es una experiencia que viene de años, desde los ochenta al menos, cuando varios países de Centro América ardían en revoluciones y contrarrevoluciones. Hoy vuelven a aparecer. Ernesto Cardenal, ese gran poeta, profeta y místico de estas tierras de lagos y volcanes y terremotos ya lo anunció con claridad en su día, hace tiempo: las revoluciones en este trópico de desigualdades exuberantes entre los seres humanos están ahí, como lava de volcanes dispuesta a salir en cualquier momento propicio. Y parece que hoy vienen otra vez, aunque ya sin armas de guerra vomitando fuego, sino con los recursos de la democracia parlamentaria en vivo y en directo.

¿Y qué hace Jesús de Nazaret, el Nazareno, en todo esto? La fuerza religiosa bajo su ámbito cristiano aparece también ahí. Está en los sedimentos populares más sufridos de todos estos años, de décadas anteriores, de siglos de opresión bajo los más diversos aspectos, que encuentran consuelo y esperanza de liberación y también, otros, de evasión de tanta y tan pesada carga como les acaece. Pero parece que está también en los ánimos de las clases medias, que se agrupan buscando un evangelio a la carta conforme a su espiritualidad en esta hora de zozobra para ellas y así aparecen iglesias llamadas cristianas de la más diversa denominación, varias de ellas que se apoyan en el éxito social de sus miembros para garantizar que Dios y el Señor Jesús están con ellos. Y también aparecen los círculos más restringidos donde se nota la influencia que viene del norte, estadounidense, como esos hombres de negocios del evangelio completo que se posesionan así de un instrumento que tranquiliza su conciencia, su trabajo y sus riquezas.

¿Será que las iglesias hemos hecho del seguimiento de Jesús un arca de Noé donde cabemos todos? ¿Cuál es el precio de la amplitud de este arco tan contradictorio?

¿Dónde están hoy los profetas que, como Elías, Amós, Jeremías, Ezequiel y otros, desenmascaran a los falsos profetas, falsos pastores, falsos sacerdotes, falsos/as religiosos/as, laicos/as de esta o aquella confesión, dicen que cristiana, que se sirven del mensaje de Jesús para sus intereses egoístas, para acallar sus conciencias?

En este continente indoamericano tenemos una señal firme y segura de cuál es el camino: es la multitud que nos precedieron con el signo de la fe y sellaron con su sangre y su vida la fidelidad al evangelio de Jesucristo, son nuestros hermanos y hermanas mártires cristianos que han regado el Continente con su testimonio sin fisuras, entre ellos obispos como Angelelli, Gerardi y Oscar Arnulfo Romero entre una multitud que no se puede contar, pues son miles los testigos del camino de la pascua -cruz y resurrección- que no conocemos su nombre pero ahí están, los mártires anónimos del continente indoamericano. Ellos sí nos señalan sin equívocos el camino del Nazareno.

En el día del 29 aniversario de un gran testigo de la fe cristiana en El Salvador, Ernesto Barrera, hermano hasta dar la vida por los trabajadores y los pobres. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


vigilad

vigilad

1 Adviento (A), Mateo 24, 37 – 44
DESPERTAR
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 28/11/07.- Un día la historia apasionante de los hombres terminará, como termina inevitablemente la vida de cada uno de nosotros. Los evangelios ponen en boca de Jesús un discurso sobre este final, y siempre destacan una exhortación: «vigilad», «estad alerta», «vivid despiertos». Las primeras generaciones cristianas dieron mucha importancia a esta vigilancia. El fin del mundo no llegaba tan pronto como algunos pensaban. Sentían el riesgo de irse olvidando poco a poco de Jesús y no querían que los encontrara un día «dormidos».

Han pasado muchos siglos desde entonces. ¿Cómo vivimos los cristianos de hoy?, ¿seguimos despiertos o nos hemos ido durmiendo poco a poco? ¿Vivimos atraídos por Jesús o distraídos por toda clase de cuestiones secundarias? ¿Le seguimos a él o hemos aprendido a vivir al estilo de todos?

Vigilar es antes que nada despertar de la inconsciencia. Vivimos el sueño de ser cristianos cuando, en realidad, no pocas veces nuestros intereses, actitudes y estilo de vivir no son los de Jesús. Este sueño nos protege de buscar nuestra conversión personal y la de la Iglesia. Sin «despertar», seguiremos engañándonos a nosotros mismos.

Vigilar es vivir atentos a la realidad. Escuchar los gemidos de los que sufren. Sentir el amor de Dios a la vida. Vivir más atentos a su venida a nuestra vida, a nuestra sociedad y a la tierra. Sin esta sensibilidad, no es posible caminar tras los pasos de Jesús.

Vivimos inmunizados a las llamadas del evangelio. Tenemos corazón, pero se nos ha endurecido. Tenemos los ojos abiertos, pero no escuchamos lo que Jesús escuchaba. Tenemos los ojos abiertos, pero ya no vemos la vida como la veía él, no miramos a las personas como él las miraba. Puede ocurrir entonces lo que Jesús quería evitar entre sus seguidores: verlos como «ciegos conduciendo a otros ciegos».

Si no despertamos, a todos nos puede ocurrir lo de aquellos de la parábola que todavía, al final de los tiempos, preguntaban: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o extranjero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?» (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


comprendes

comprendes

"BIBLIA JOVEN"
Proyecto bíblico Tanak de la editorial Edelvives
JUAN PEDRO CASTELLANO RICO, jefe de Instituciones Religiosas del Grupo editorial Edelvives
MADRID.

ECLESALIA, 27/11/07.- Palabra de Dios para unos, texto fundamental para otros, la Biblia hunde sus raíces en las profundidades de la humanidad. Desde hace más de dos mil años, los lectores han encontrado en la Biblia la respuesta a sus inquietudes y a las incoherencias de su tiempo. En nuestro mundo actual sucede lo mismo y sucede que nuestros hijos se ven empujados a interpelarnos y cuestionarnos sobre las aparentes contradicciones de Dios: “Si Dios existe, ¿por qué existe el mal y la violencia?”; “¿Como puede decir Jesús: este es mi cuerpo?”

Pero es que leer la Biblia nunca ha sido fácil. No se trata de un libro para una única lectura, así lo dice ella misma. El apóstol Felipe, viendo un alto funcionario egipcio inclinado ante las visiones del profeta Isaías, le pregunta: “¿Comprendes realmente lo que lees?” Y el extranjero le responde: “¿Cómo voy a poder comprenderlo si no hay persona que me guíe?” (Hch 8,30).

Por eso, aquí presentamos el libro y la guía a la vez. Esta obra ha sido trabajada durante más de dos años para ahora poder presentar los textos bíblicos fundamentales acompañados de unas propuestas de claves de lectura. Anclada en nuestra época, “Biblia Joven” se hace eco de las expectativas de lecturas actuales: describe los contextos históricos, lingüísticos y espirituales, y tiene acceso a las últimas investigaciones especializadas para descubrir nuestras raíces.

“Biblia Joven” se ofrece a los nuevos lectores. Todo ha sido encaminado para que puedan disfrutar del placer de extraer toda su inmensidad y se enriquezcan en libertad.

En esta Biblia encontraremos el origen de nuestra civilización, de nuestra manera de vivir y pensar. Descubrir estos textos tan antiguos es descubrirnos a nosotros mismos un aspecto de nuestro mundo.

Acompañada de gran cantidad de información, documentos y comentarios, esta obra se dirige tanto a jóvenes como sus padres y tutores. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- 200 textos bíblicos fundamentales
- 700 cuadros explicativos
- 25 estudios temáticos

- - -> Para más información: jpcastellano@edelvives.es


de la palabra y III

de la palabra y III

EL RÍO DE LA PALABRA y III
Escollos a evitar
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@orange.es

ECLESALIA, 26/11/07.- En este último artículo sintetizaré algunos peligros a evitar en nuestra búsqueda y encuentro con ese río que discurre por la Escritura.

1. La interpretación caprichosa o interesada: Una amigo me decía, no hace mucho, que en la Biblia podían encontrarse citas para sustentar una afirmación y la contraria, una ideología y su opuesta. Esa afirmación es un sofisma[1]. La Palabra auténtica no se puede contradecir, como he defendido en el artículo anterior.

Es imprescindible ser honesto y objetivo, no "arrimar el ascua a mi sardina", no manipular. Para que una veleta cumpla su misión tiene que estar suelta, dispuesta a girar. Si la manipulamos, su finalidad se quiebra. Curiosamente a la interpretación condicionada y caprichosa se le ha llamado "interpretación libre" y se utiliza para defender doctrinas preconcebidas. Para encontrar la Palabra hay que ir suelto, desasido de todo prejuicio, principio cerebral, ideología o interés personal. En el río hay que sumergirse desnudo. Sólo en la desnudez y profundidad del ser se encuentra el Espíritu. Ayuda conocer el entorno humano y material de los escribientes (lo que se ha llamado interpretación histórico-crítica) pero no es suficiente. Las erudiciones pueden ayudar o pueden ser ruido cerebral. La Presencia de que hablo se percibe como "un ligero susurro de aire" (1Re 19,12) que envuelve y orienta suavemente nuestra veleta.

2. La sacralización: Para destacar la importancia de la Escritura la hemos sacralizado y petrificado. Por eso llamamos "palabra de Dios" a todo lo que se lee. Se exagera para captar nuestra atención sobre la importancia de la Escritura. Lo mismo que hacía nuestra madre al exagerar los efectos milagrosos del escapulario.

Esa exageración tiene un alto coste. Al hacernos adultos y comprobar que no eran ciertos aquellos dramatismos, despreciamos los exagerados consejos de mamá y tiramos al niño junto con el agua de la bañera. O, por el contrario, permanecemos petrificados por el infantilismo y no nos atrevemos a pensar por nuestra cuenta, ni a soltar la medalla.

Al llamar "palabra de Dios" a todo, el subconsciente nos empuja a la interpretación literal. Leemos la descripción de los juncos y, sin haber tocado el agua del río, proclamamos: "es palabra de Dios". Tragamos juncos por agua. Esa "pedagogía de la exageración" es causante -antes o después- del alejamiento de unos, la indiferencia de otros o la desorientación de muchos. Por ejemplo: escuchamos atentamente y constatamos la incoherencia de la primera lectura con el evangelio, la reacción espontánea es desenchufar. Lo que debería ser alimento saludable se convierte en piedra de tropiezo y abandono.

Por otro lado, sacralizar es tanto como congelar y poner a distancia. Nadie puede beber de un río congelado. Las cosas sagradas son "intocables", "inalcanzables", "ocultas". Por eso el comentario a la Escritura (homilía) sólo se permite a los sacerdotes. Sólo ellos están "en el secreto". Sólo la interpretación oficial y rutinaria es válida. Con ello se niega la asistencia del Espíritu a los creyentes y se nos priva del testimonio vital de tantas personas transformadas por la Palabra. Se embalsama la Escritura en el ambón o en preciosas encuadernaciones. Un gran número de fieles terminan convencidos de que esas viejas e ininteligibles lecturas son "cosa de curas".

Sin embargo, para captar el río de la Palabra, hay que zambullirse en el agua, beberla, paladearla, dejarse impregnar. La Escritura hay que manosearla, voltearla, amasarla, masticarla, con toda confianza, porque ha sido escrita para nosotros. Si la momificamos, es que está muerta y no podrá trasmitirnos la vida que contiene. Una vez más el celo por tenerlo todo atado y bien atado impone rigidez. No nos hemos percatado de que la rigidez es síntoma de muerte ("rigor mortis"). Los católicos deberíamos ser cultivadores de vida, nunca embalsamadores. San Pablo nos da pistas: “Nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser servidores de una alianza nueva: no basada en pura letra, porque la pura letra mata y, en cambio, el Espíritu da vida” (2Cor 3,4).

3. La revelación cerrada: No tengo inconveniente en alinearme con la doctrina oficial y afirmar que la revelación quedó completada con la venida de Cristo, la Palabra misma. Pero, a renglón seguido, debo confesar que la revelación sigue y seguirá mientras el hombre habite la tierra. Dígase, si se quiere, que todo está potencialmente en el Libro. Pero no se abuse del concepto de "revelación terminada y única". Existen cosas, personas, acontecimientos, que nos ayudan a descubrir el verdadero rostro de Dios, fin último de la Escritura. Son, por tanto, "revelación" para nosotros.

Hay que cultivar sin miedo la relación con lo que nos hace vibrar en profundidad, lo que nos transmite vida, luz, fuerza. Puede ser la naturaleza, libros, música, personas… A esas relaciones vivificantes, que paradójicamente pueden no estar vivas, hay que darles prioridad porque son verdadera "revelación" para nosotros, son el pan del crecimiento. Lo mismo habría que decir de la revelación personal: esas aspiraciones profundas, esas intuiciones, ese pasico que se impone desde dentro… Por ahí nos está llegando la Palabra, no quiso quedarse confinada en el Libro. Él nos sale al encuentro en cada esquina: "Estoy a la puerta y llamo" (Ap 3,20).

Digo esto porque, a veces, cargados con una estupenda Biblia, un leccionario o un breviario, relegamos lo que palpita en nuestro interior o la vida que otros nos contagian. Ignoramos a verdaderos "enviados" porque no vemos sus alas. Olvidamos que Él nos habla "en múltiples ocasiones y de muchas maneras" (Heb 1,1), que su Presencia sigue aquí, dentro y fuera de nosotros. Hay que evitar la tentación de enfrascarse en descifrar mensajes milenarios sin prestar atención a los mensajes del Acompañante que, hoy, camina a nuestro lado. Son garantía de la revelación viva y actual aquellas palabras del testamento de Cristo: "Muchas cosas tengo que deciros todavía, pero ahora no estáis capacitados para entenderlas. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa. Pues no os hablará por su cuenta, sino que os dirá lo que ha oído y os anunciará las cosas venideras" (Jn 16,12).

Citaré otros dos escollos que no puedo desarrollar por falta de espacio. Uno es la enseñanza incongruente y teórica de la Religión en nuestros Colegios, necesitada de mayor coherencia con la praxis pedagógica ("hacer es la mejor forma de decir") y una urgente adaptación a nuestro tiempo. Quien lo dude que coja un libro de Religión y lea -por ejemplo- la historia de Abrahán, personaje clave en la Escritura. Pregúntese después qué mensaje prenderá en nuestros hijos: el de la fidelidad total o el del "dios" que induce al asesinato. ¿Nos extrañará que, más tarde, rechacen inconscientemente a ese "dios falso"?

El otro escollo grave es la mala selección de lecturas para las celebraciones litúrgicas. Es imprescindible que nos den a los fieles alimento asimilable en cada Eucaristía, sin pretender hacer un recorrido formalista por la historia bíblica. No me extraña que mi amiga Mercedes se salga de la iglesia cuando se leen determinados textos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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[1] Sofisma = Razón o argumento aparente con que se quiere defender o persuadir lo que es falso.