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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

estrellas

estrellas

BRILLA CON LUZ PROPIA
Se buscan personas con Espíritu desbordante
LUIS SANDALIO
CANTABRIA.

ECLESALIA, 27/12/07.- Queridos amigos: Siento la necesidad de plantear a vuestra consideración un proyecto que estamos iniciando.

Creo que hay demasiadas palabras y muchas ideas en nuestras reuniones y encuentros, mientras que la gente necesita compartir la vida y la experiencia.

La presencia, además, tiene una fuerza que ni la palabra escrita, ni cualquier otro medio de transmisión de ideas puede igualar.

Creo que hay “personas-estrella” en nuestro firmamento, por encima del techo de las instituciones e incluso de las ideas, que sirven de referente a muchos de nosotros que tenemos que llegar a ser estrellas. (Entiendo por estrella la que brilla con luz propia; porque el Espíritu se desborda a través de esas personas).

Sin embargo, pocas veces invitamos a dichas personas iluminadas a compartir no sus ideas, sino su testimonio en un ambiente de cercanía y diálogo en el que nosotros mismos nos cuestionemos recíprocamente y nos dejemos cuestionar por ellas.

Si te gusta la idea de formar parte de “Estrelleros Reunidos”, un colectivo en busca de estrellas que nos guíen y acompañen para ser todos estrellas.

Si el proyecto te resulta interesante escribe a luisandalio@yahoo.es (de momento y mientras nos vamos organizando).

Si tienes sugerencias sobre cómo deberían ser estos encuentros y nos apuntas algunos nombres de estrellas a los que sería bueno invitar ¡estupendo! Lo mismo que si nos comentas algo de ti mismo/a y hasta qué punto estarás dispuesto/a a involucrarte en este proyecto. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

los tres

los tres

La Sagrada Familia (A) Mateo 2, 13 – 15. 19 - 23
HIJO DE EMIGRANTES
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 26/12/07.- De ordinario los cristianos imaginamos a María y José disfrutando en su casita de Nazaret de su hijo Jesús en un clima de paz y felicidad envidiables. No es ésta la imagen que nos ofrece el evangelista Mateo de la «sagrada familia». Su sombrío relato de los primeros años de Jesús rompe toda la «poesía» que nosotros le ponemos a la Navidad.

Según Mateo, la familia de Jesús no ha podido vivir tranquila. Herodes quiere acabar con el niño para que no le arrebate un día su poder. José tiene que actuar con rapidez. El peligro es inminente. Coge al niño y a su madre «de noche», y, sin esperar un nuevo amanecer, «huye a Egipto».

La ruta es dura y peligrosa. María y José recuerdan las penalidades sufridas por su pueblo en aquel mismo desierto. Ahora las están reviviendo con su hijo Jesús. Los tres buscan asilo en un país extraño, lejos de su tierra y de los suyos. Todo es incertidumbre e inseguridad. No saben cuándo podrán volver. Ya se les avisará.

Muerto Herodes, la familia respira y emprende el viaje hacia su hogar. Pero en Judea «reina Arquelao» un hombre conocido, según Flavio Josefo, por su crueldad y tiranía. José «siente miedo». No es un lugar seguro para Jesús. Se desplazarán a Galilea y se establecerán en Nazaret, una aldea perdida entre montañas, que de momento parece un lugar menos peligroso.

Así vive la «sagrada familia»: defendiendo a su hijo para que pueda sobrevivir, emigrando de un lugar a otro en busca de pan y trabajo, sin hogar seguro en medio de una tierra dominada por «reyes» poderosos como Herodes o Arquelao.

Ésta es la gran noticia de la Navidad. Dios no ha nacido para que los privilegiados de la tierra lo celebremos con cenas abundantes y regalos superfluos. Ha nacido para compartir nuestra vida, poniendo esperanza en quienes no pueden esperar gran cosa de nadie si no es de Dios.

Según el evangelio de Mateo, Dios se ha hecho hijo de emigrantes. Desde niño ha vivido amenazado, como tantos niños y niñas, amenazados hoy por el hambre, la miseria, las guerras y los abusos. El Dios de Belén es de ellos, antes que de nadie. Que nadie pretenda apropiarse de este Dios olvidando a sus hijos e hijas más pequeños. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


navidad

navidad

Con cariño
Con todo cariño
¡Feliz Navidad!


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gratis

gratis

LA INCOMPRENSIBLE GRATUIDAD DE DIOS
Meditando en el Centro de Salud
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@wanadoo.es
MADRID.

ECLESALIA, 20/12/07.- Hace unos días me encontraba en el Centro de Salud esperando que me llamaran para entrar en la consulta del médico. Mientras esperaba saqué del bolsillo el papel donde llevaba anotada la lista de la compra. En casa solemos reciclar los papeles utilizados por una sola cara convirtiéndolos en octavillas para anotaciones diversas. Repasé lo anotado: “Limones, patatas, compresas, suavizante, comida de la gata, pan, pescado, etc.” y, poco después, leí distraídamente la parte de un texto que figuraba en el reverso del papel y que, desgraciadamente había sido mutilado al convertir el folio en octavillas, dejándome este único mensaje comprensible:

“…La incomprensible gratuidad de Dios, que se justifica sólo por ella misma y que no puede ser clasificada ni medida por nosotros, porque siempre se desmarca de nuestros cánones de eficacia”.*

Durante los siguientes tres cuartos de hora esperando mi turno, miré de forma especial a una señora mayor que tenía al lado y que acompañaba a su marido a la consulta; en las sillas de enfrente el marido era el que acompañaba a su mujer que llevaba muletas; en la consulta de al lado, la hija y el yerno llevaban al padre al médico; en el piso de abajo se oían los lloros de un bebé atendido solícitamente por sus papás… y pude ver en todo ello la “incomprensible gratuidad de Dios” a través de lo humano hecho por amor.

No es fácil en el mundo que vivimos -que es sólo una mínima parte del mundo global, no lo olvidemos- reconocer como valor lo gratuito. Todo tiene precio, a todo se le busca un beneficio contante y sonante. El tiempo se convierte en oro porque sólo se dedica a producir y a consumir; las riquezas de la tierra se esquilman para obtener beneficios inmediatos; el dinero en forma de inversión se apodera del arte; y lo sagrado, puede llegar a ocultarse tras una pátina de activismo eficaz.

Efectivamente, Dios “se desmarca” y nos marca el camino de la gratuidad en el amor que se da, sin precio. Y de ese amor hay muchos ejemplos de vidas entregadas desde lo oculto, lo sencillo… desde el silencio de la vida cotidiana

Llego a la conclusión de que no hay nada más incomprensiblemente eficaz que el amor de Dios derramado de forma gratuita a través de lo humano. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> *Nota de la Redacción: Extracto del artículo “La ‘filosofía de vida’ de Jesús de Nazaret” de José I. González Faus publicado en Sal Térrae 1988/04. Se encuentra en www.mercaba.org/Fichas/Reino_de_Dios/la_filosofia_de_la_vida.htm


el nombre

el nombre

4 Adviento (A) Mateo 1, 18 - 24
EL NOMBRE DE JESÚS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 19/12/07.- Entre los hebreos no se le ponía a las personas un nombre cualquiera de forma arbitraria, pues el «nombre», como en casi todas las culturas antiguas, indica el ser de la persona, su verdadera identidad, lo que se espera de ella.

Por eso el evangelista Mateo tiene tanto interés en explicar desde el comienzo a sus lectores el significado profundo del nombre de ese personaje del que va a hablar a lo largo de todo su evangelio. El «nombre» de ese niño que todavía no ha nacido es «Jesús», que significa «Dios salva». Se llamará así porque «salvará a su pueblo de los pecados».

En el año 70 Vespasiano, designado como nuevo emperador mientras estaba sofocando la rebelión judía, marcha hacia Roma donde es recibido y aclamado con dos nombres: «salvador» y «benefactor». El evangelista Mateo quiere dejar las cosas claras. El «salvador» que necesita el mundo no es Vespasiano sino Jesús.

La salvación no nos llegará de ningún emperador ni de ninguna victoria de un pueblo sobre otro. La humanidad necesita ser salvada del mal, de las injusticias y la violencia, necesita ser perdonada y reorientada hacia una vida más digna del ser humano. Esta es la salvación que se nos ofrece en Jesús.

Mateo le asigna además otro nombre: «Emmanuel». Sabe que Jesús no ha sido llamado así históricamente. Es un nombre chocante, absolutamente nuevo, que significa «Dios-con-nosotros». Un nombre que sólo le atribuimos a Jesús los que creemos que, en él y desde él, Dios nos acompaña, nos bendice y nos salva.

Las primeras generaciones cristianas llevaban el nombre de Jesús grabado en su corazón. Lo repiten una y otra vez. Se bautizan en su nombre, se reúnen a orar en su nombre. Para Mateo, es una síntesis afectiva de su fe. Para Pablo, nada hay más grande. Según uno de los primeros himnos cristianos, «ante el nombre de Jesús se ha de doblar toda rodilla».

Después de veinte siglos, hemos de aprender a pronunciar el nombre de Jesús de manera nueva. Con cariño y amor, con fe renovada, en actitud de conversión. Con su nombre en nuestros labios y en nuestro corazón podemos vivir y morir con esperanza. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

con ellas

con ellas

DANZANDO CON LAS MATRIARCAS
MAGDALENA BENNASAR, Espiritualidad Integradora
LOGROÑO (LA RIOJA).

ECLESALIA, 13/12/07.- Si dejas que las lecturas de Isaías de este tercer domingo de Adviento resuenen dentro de ti, como la música, tal vez sentirás que tu cuerpo y tu alma se mecen y empiezas una danza. La danza de la espera confiada y segura, a pesar de las espesuras del momento, la danza de nuestras matriarcas Noemí y Rut retornando a Belén después de hondas perdidas y en la mas absoluta de las indigencias: mujeres, viudas, una mayor, la otra extranjera, es decir, con otro dios... Danza en la que debieron inspirarse las gestantes Isabel y María.

Dios elige dos mujeres, una estéril, la otra casi niña, en una cultura patriarcal hasta la saciedad. Y Dios, con el ángel danza con ellas y llena su “rahúm”sus entrañas de la gracia de la vida de Dios, y los niños danzan en sus senos y empiezan así a preparar el reino, la gozada de Jesús, la fuerza de lo débil, la energía de Dios en las indigentes, estériles... dejando mudo al sacerdote y con él al templo.

Isabel, la estéril inicia el nuevo testamento y es fecundada con la plenitud de lo que esperamos también nosotras hoy, y María acoge y recibe porque su “rahúm” sus entrañas están abiertas al Dios de Sara, de Noemí, de Judit, de Rut, de Raquel...

¿Que tendrá el Adviento que nos gusta tanto a las mujeres? Pues creo que son las paginas mas integradoras de todo el ser de la mujer en la Escritura, y nos identificamos en casi todo.

Para mí empezó en Galilea, pueblo de la Rioja, el primer domingo de Adviento. Éramos un grupo de Mujeres y Teología de Logroño. Escuchamos los textos del día con el lado derecho (lo femenino) del cerebro, y algo empezó a gestarse en nosotras. El silencio, el compartir, el compromiso fue fecundo, arriesgado (indagar porque no se le paga un sueldo a una mujer que trabaja en la misma plaza que un varón, al, cura, le pagaban a ella no) proveniente de mujeres que estamos en la vida, en la Galilea real día a día desde nuestras profesiones: médicos, enfermeras, concejala, trabajadoras sociales, teólogas...

Terminábamos el día danzando la danza de las matriarcas, nuestras manos entrelazadas y la seguridad de que estamos gestando la vida.

Y siguió el segundo domingo de Adviento, tuvimos la suerte de ofrecer un retiro al que asistimos doce mujeres, y danzamos de la mano de las gestantes Isabel y María y Rut y Noemí dirigieron nuestras meditaciones, en el silencio de nuestros corazones indigentes, de nuestras bocas silenciadas en el templo, de nuestras manos llamadas a consagrar, por Bautismo, la vida, la historia, el presente.

La Buena Noticia es que Dios elige una mujer para tomar carne en la historia concreta de la humanidad. Dios sigue eligiendo la mujer para tomar carne, rostro en la historia hoy. Tenemos que validar nuestra intuición, nuestra inteligencia emocional y dejarnos “afianzar las rodillas vacilantes” (Is 35,3) para que no solo no temblemos ante tantas fuerzas devastadoras sino que fortalezcamos nuestras rodillas danzando con las matriarcas de antes y de ahora. Y que como dice Jesús en el evangelio de este domingo, vayamos a contar a Juan (bastante lado izquierdo del cerebro) lo que estáis viendo y oyendo: las ciegas ven, las cojas andan, las leprosas quedan limpias, las sordas oyen, las muertas resucitan, y a las pobres se les anuncia la buena noticia.

Esto es una gozada, con razón que a este tercer domingo de Adviento se le llama del gozo. Pero para que no se quede en el templo, tenemos que ir a nuestras amigas que cojean y a las que ven poco, y a las que prefieren no oír, y a las alejadas por impuras, y a las que prefieren no vivir esas experiencias, y a todas las que no cuentan, las “anawim”, tenemos que ir donde ellas están e invitarlas a la danza de las matriarcas.

¿Te sumas al corro o eres demasiado seria o serio para todo eso? Tal vez Navidad pase de largo si no relajamos el ceño y las manos y los pies, y sobre todo el corazón aunque no sepamos danzar y nos pisemos y nos riamos y nos abracemos en esa alegría de esperar al Amado danzando. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


las obras

las obras

3 Adviento (A) Mateo 11, 2 - 11
IDENTIDAD DE CRISTO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 12/12/07.- Hasta la prisión de Maqueronte donde está encerrado por Antipas, le llegan al Bautista noticias de Jesús. Lo que oye lo deja desconcertado. No responde a sus expectativas. El espera un Mesías que se imponga con la fuerza terrible del juicio de Dios, salvando a quienes han acogido su bautismo y condenando a quienes lo han rechazado. ¿Quién es Jesús?

Para salir de dudas, el Bautista encarga a dos discípulos que pregunten a Jesús sobre su verdadera identidad: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». La pregunta era decisiva en los primeros momentos del cristianismo.

La respuesta de Jesús no es teórica, sino muy concreta y precisa: comunicarle a Juan «lo que estáis viendo y oyendo». Le preguntan por su identidad, y Jesús les responde con su actuación curadora al servicio de los enfermos, los pobres y desgraciados que encuentra por las aldeas de Galilea, sin recursos ni esperanza para una vida mejor: «los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia».

Para conocer a Jesús, lo mejor es ver a quiénes se acerca y a qué se dedica. Para captar bien su identidad, no basta confesar teóricamente que es el Mesías, Hijo de Dios. Es necesario sintonizar con su modo de ser Mesías, que no es otro sino aliviar el sufrimiento, curar la vida y abrir un horizonte de esperanza a los pobres.

Jesús sabe que su respuesta puede decepcionar a quienes sueñan con un Mesías poderoso, juez y condenador de los humanos. Por eso añade: «Dichoso el que no se sienta defraudado por mí». Que nadie espere otro Mesías que realice otro tipo de «obras»; que nadie invente otro Cristo más a su gusto, pues el Hijo ha sido enviado para hacer la vida más digna y dichosa para todos hasta alcanzar su plenitud en la fiesta final del Padre.

¿A qué Mesías seguimos hoy los cristianos? ¿Nos dedicamos a hacer «las obras» que hacía Jesús? Y si no las hacemos, ¿qué estamos haciendo en medio del mundo? ¿Qué está «viendo y oyendo» la gente en la Iglesia de Jesús? ¿Qué ve en nuestras vidas? ¿Qué oye en nuestras palabras? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


es de esperar

es de esperar

MIEDO CASTRANTE
REDACCIÓN DE ECLESALIA
MADRID.

ECLESALIA, 11/12/07.- Juan Rubio es el actual director de la revista Vida Nueva. Tiene su propia sección en la revista. Está después del Editorial y se llama “a ras de suelo”. En el último número (2.592 del 08/12/08) escribe una interesante reflexión bajo el título “El miedo es libre, pero castrante”. Nos ha llamado la atención. Sus palabras son certeras, claras y directas. Desnudan una realidad agazapada. El miedo se esconde en nuestra Iglesia y se asoma de forma castrante. Sentimos sus palabras como propias. Sentimos que en nuestra Iglesia falta “confianza, empatía, cordialidad, frescura, amistad, verdad, perdón, corrección fraterna”, como él dice. Sentimos su tristeza.

“Me pone triste vivir en una Iglesia en la que el miedo, agazapado y escondido, se asoma a la palestra con burdas justificaciones de su castrante presencia. Me resisto a creer en una Iglesia en la que, por miedo, hay veces que se miente y se calla la verdad. Que se haga en otras instancias, es triste, pero no tan lacerante. Hay mucho miedo cómplice que entumece la labor profética al interior de la propia Iglesia: miedo a disentir, incluso en cosas pequeñas; miedo a los “delatores” y “censores”, que los hay y en abundante cosecha últimamente. Miedo al ataque con argumentos ad hominem, que son los que usan los necios. Miedo a que no te den prebendas, que te quiten las que ya tienes o que te manden al ostracismo borrando tu nombre de la mesa de invitados, esa mesa en la que se cuece el futuro de las personas. ¡Pobres gentes! Al miedo lo llaman ahora prudencia y mesura. Cuando anida en el interior de los cristianos produce efectos pésimos. El miedo entumece ideas y tiene profundo olor a naftalina. He visto a gentes llorar amargamente porque el miedo a mostrar como son y a decir lo que piensan los tiene entumecidos y temen perder lo que tanto sudor les costó. “el miedo es natural en el prudente, y el vencerlo es lo valiente”, decía Alonso de Ercilla. ¡No tengáis miedo!, gritó Juan Pablo II, ni en medio del mundo, pero tampoco en la Iglesia, un recinto para ensayar la valentía. Cuando hay miedo es que faltan muchas cosas en la vida eclesial: confianza, empatía, cordialidad, frescura, amistad, verdad, perdón, corrección fraterna. El miedo no es exclusivo ni del clérigo no del segar. Anida en mitras, sotanas, capelos, cátedras, editoriales, hábitos, claustros, consejos, asociaciones y conventos. Es libre y universal”.

Tomamos sus palabras. Es tiempo de adviento. Es de esperar.

Paz y bien.