Blogia

ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

invocarlo

invocarlo

Solemnidad de Cristo Rey (C), Lucas 23, 35 – 43
¿BURLARSE O INVOCAR?
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 21/11/07.- Lucas describe con acentos trágicos la agonía de Jesús en medio de las burlas y bromas de quienes lo rodean. Nadie parece valorar su gesto. Nadie ha captado su amor a los últimos. Nadie ha visto en su rostro la mirada compasiva de Dios al ser humano.

Desde una cierta distancia, las «autoridades» religiosas y el «pueblo» se burlan de Jesús haciendo «muecas»: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo si es el Mesías». Los soldados de Pilato, al verlo sediento, le ofrecen un vino avinagrado muy popular entre ellos, mientras se ríen de él: «Si tú eres rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Lo mismo le dice uno de los delincuentes, crucificado junto a él: «¿No eres el Mesías? Pues sálvate a ti mismo».

Hasta tres veces repite Lucas la burla: «Sálvate a ti mismo». ¿Qué «Mesías» puede ser éste si no tiene poder para salvarse a sí mismo? ¿Qué clase de «Rey» puede ser? ¿Cómo va a salvar a su pueblo de la opresión de Roma si no puede escapar de los cuatro soldados que vigilan su agonía? ¿Cómo va a estar Dios de su parte si no interviene para liberarlo?

De pronto, en medio de tanta burla, una invocación: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Es el otro delincuente que reconoce la inocencia de Jesús, confiesa su culpa y lleno de confianza en el perdón de Dios, sólo pide a Jesús que se acuerde él. Jesús le responde de inmediato: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Ahora están los dos agonizando, unidos en el desamparo y la impotencia. Pero hoy mismo estarán los dos juntos disfrutando de la vida del Padre.

¿Qué sería de nosotros si el Enviado de Dios buscara su propia salvación escapando de esa cruz que lo une para siempre a todos los crucificados de la historia? ¿Cómo podríamos creer en un Dios que nos dejara hundidos en nuestro pecado y nuestra impotencia ante la muerte?

Hay quienes también hoy se burlan del Crucificado. No saben lo que hacen. No lo harían con Che Guevara ni con Martin Luther King. Se están burlando del hombre más humano que ha dado la historia. ¿Cuál es la postura más digna ante ese Crucificado, revelación suprema de la cercanía de Dios al sufrimiento del mundo, burlarse de él o invocarlo? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


de la palabra II

de la palabra II

EL RÍO DE LA PALABRA II
Encontrar la Palabra
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@orange.es

ECLESALIA, 20/11/07.- Nos habíamos quedado en una Escritura contaminada, con una serie de dificultades para beber del río de la Palabra que la riega. Te había propuesto continuar con algunas pistas para alcanzar el agua limpia. Veamos:

1. La Presencia: Es la que hace sagrada la historia de este Pueblo. Es como el sol que ilumina, calienta y fecunda una tierra oscura y primitiva. La historia es terrena, a veces perversa. La voz que la intenta regenerar es divina. A esa Presencia la he llamado río porque baña la historia de nuestra Familia desde el principio. Una Presencia que va ganando caudal hasta hacerse presente y visible. Entonces la Palabra misma nos llama cara a cara. Quienes dan testimonio adolecerán también de defectos pero su Testamento es más comprensible, limpio y fiable que el anterior.

Esa Presencia no ha acompañado sólo a nuestro Pueblo. Creo firmemente que ha acompañado, de una u otra forma, a todos los pueblos[1]. Que ha extendido su manto protector sobre todos los rincones de la tierra. La diferencia quizás esté en la fidelidad mayor o menor de cada pueblo a su llamada. Los cristianos nos sentimos "privilegiados", agradecidos, reconocidos a la Mano que nos creó y no nos abandonó. No por eso somos mayores, ni mejores. Lo que no resta nada a mi fe, ni a la fidelidad a mis raíces, ni al gozo de pertenecer al Pueblo de la Encarnación. En mi ignorancia sólo sé que he sido elegido "desde siempre y para siempre" a la Vida y que me han dejado escrito el Camino para no perderme en la oscuridad terrena. Me supera y estremece este regalo. Ardo en deseos de compartir mi alegría. Pero no caeré en la tentación de despreciar a otros desde mi credo y mi doctrina.

Pues bien, para encontrar el río enhebrado en la Escritura, te será de gran provecho haber encontrado dentro de ti esa Presencia. Me atreveré a decir más: de poco te servirá la Escritura si no te lleva a descubrir esa Presencia en tu historia, dentro y fuera de ti mismo. Estoy convencido de que mi historia, como la tuya, es tan sagrada como la de Jacob, David o Pedro. Esa Presencia la hace hoy, como ayer, "historia sagrada"[2].

2. La coherencia: Nos han creado coherentes, a su imagen (Gn 1,26). Es precisamente la coherencia de Dios la que explica las permisiones al desvarío humano. Por esa coherencia "la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14) para mostrarnos el camino de vuelta al Padre, en vez de suprimir de un plumazo nuestra malversada libertad.

La coherencia es, por tanto, una buena herramienta para filtrar las narraciones bíblicas y extraer el agua limpia. Es imposible que Dios pueda contradecirse. No puede afirmar algo en un párrafo para negarlo en otro. No puede dibujarnos un rostro de Dios aquí para disfrazarlo allí. Pero las incoherencias están (en el PT[3] sobre todo). Luego no son Palabra o hay que buscarles otro sentido que el literal. Por eso muchos clamamos que se deje el PT en su sitio y no se abuse de confusas o incoherentes lecturas en nuestras celebraciones. Estamos a años luz de aquellas percepciones gracias a la Buena Noticia. Es cierto que hay textos bellísimos en los que el río todo lo empapa. Debemos aprovecharlos. Pero no podemos abusar del PT como si no hubiera sido superado por la Palabra encarnada. "El vino nuevo se echa en odres nuevos" (Mt 9,17). "Aquel mismo velo sigue ahí cuando leen el AT y no se les descubre que con el Mesías caduca" (2Cor 3,14). Por tanto, coherencia en la búsqueda del sentido y en la selección de textos. Si un texto hiere tu coherencia cristiana o tu intuición interior, deséchalo de momento. No pasa nada, la Escritura es muy amplia. Busca lo que te alimente hoy.

3. La sed: Es la brújula de nuestras búsquedas (Jn 7,37). Hay tanta sed de Dios en el hombre que su Presencia es detectada tanto por nuestra siempre incompleta saciedad, como por el aumento de la sed a medida que nos acercamos. Ese instinto interior nos hará distinguir el agua del verdín flotante (Dt 32,2). O nos agudizará el ingenio para apretar el barro y extraer sus gotas. O nos impulsará a cavar para besar la corriente subterránea. Incluso nos dará coraje para golpear la roca y arrebatarle su corazón de agua. Esa sed aguda es prueba inequívoca de la existencia del Agua: "Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche"[4].

La sed reconoce instintivamente el agua, te guía mientras exploras la Escritura. Podrás distinguir la pecina o los sapos, con toda naturalidad, sin ningún escándalo, sin ninguna duda. Ya no preguntarás por qué hiere tu sentido cristiano esa concreta lectura. Sabrás filtrar, sabrás reconocer. No puedo resistirme a citar la sed de otro buscador: "¡Oh cristalina fuente / si en esos tus semblantes plateados / formases de repente / los ojos deseados / que tengo en mis entrañas dibujados!"[5]. Sólo el agua cristalina contiene los "ojos deseados". O si se quiere un ejemplo bíblico: "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?" (Lc 24,32). El ardor nos revela la cercanía del Fuego, como la sed nos lleva al Agua.

4. La promesa: ¿Quién podrá guiarnos en el descubrimiento del río de la Palabra mejor que la Palabra misma? (Jn 20,31) ¿Quién nos explicará la Escritura mejor que el Caminante de Emaús? Él nos lo dejó muy claro en su testamento: "Os he dicho estas cosas estando con vosotros; pero el defensor, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, Él os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho" (Jn 14,25). Y se va a la muerte diciendo: "Padre justo… Yo te he revelado a ellos y seguiré revelándote, para que el amor que tú me has tenido esté con ellos y también yo esté con ellos" (Jn 17,26).

Por eso no hay que tener miedo de dejarse guiar por la intuición profunda, esa luz interior en la que se manifiesta el Espíritu. No temamos usar el alambique interior para separar el agua -abundante o escasa- de sus circunstancias, peripecias y contaminaciones. Si te huele mal, si te sabe mal, si te hiere la garganta, puede que estés queriendo beberte los lagartos de la orilla. Utiliza tu sentido común, tu coherencia y tu intuición. No dudes que en la honradez de tu fondo, en tu búsqueda sincera, en tu desasimiento, en tu abandono a la verdad, está el Paráclito prometido (Jn 14,26).

5. Los síntomas: Hay síntomas internos, sensaciones profundas, que te confirman si has descubierto el "agua del río" dentro de la Escritura: El gozo profundo (Mt 11,25); la paz interior, no exenta, a veces, de tensión o conflicto exterior (Lc 2,34); la coherencia con lo que mana en tu profundidad desapropiada, el Espíritu nunca se contradice (Lc 8,16); el realismo o posibilidad real de llevarlo a tu vida y la fuerza para afrontar lo descubierto. Son los mismos síntomas que te deja el descubrimiento de la voluntad de Dios auténtica (no la imaginada, condicionada, ideologizada o impuesta).

Si esos síntomas te acompañan, con toda probabilidad el Espíritu está contigo. No olvides que Él asiste a nuestro Pueblo en su peregrinar, pero también te asiste y te acompaña individualmente. ¡Él es tu heredad y tu copa! ¡Fíate! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

En el próximo y último artículo abordaré los peligros en el acceso a la Escritura.

----------------------

[1] Véase, por ejemplo, la referencia a Efraín en Os 11,3 y Lc 13,29.
[2] Véase, por ejemplo, Mt 28,20.
[3] PT = Primer Testamento, antes llamado Antiguo Testamento.
[4] San Juan de la Cruz: Cantar del alma, estribillo.
[5] San Juan de la Cruz: Cántico Espiritual, estrofa 11.

comprometida

comprometida

“Oración comprometida”, coedición
NUESTRA HORA
Nuevo disco-libro con textos de Romero y Casaldáliga
DOMINGO PÉREZ BERMEJO
MOLINA DE SEGURA (MURCIA).

Ya suena “Oración Comprometida” ¿no lo has oído aún?

ECLESALIA, 13/11/07.- “Oración Comprometida” es el nuevo disco-libro coeditado por los Comités Óscar Romero, Trovador y la Asociación Veredas. Está realizado a golpes de terca esperanza gracias a los versos de 15 poemas de Pedro Casaldáliga, acompañados por textos de San Romero de América, a ritmo de pop-rock. Es el cuarto trabajo de Domingo Pérez y el tercero que canta con su Grupo Veredas, con una cuidada producción que refleja la madurez de este compositor y de su grupo a pesar de que el primero de sus discos lo realizara en 2002. Un ritmo y un sonido muy contundentes y muy tiernos al mismo tiempo. Y, como siempre, el disco (que contiene una pista 16 interactiva con muchos textos de y sobre Oscar Romero, algo así como sus obras completas) está arropado por un libro de 60 páginas bellamente diseñado por Manuel Pérez, con textos y poemas, con ilustraciones de Mino y bellas fotografías. Un libro-disco que merece la pena tener y gozar.

Un saludo de Pedro Casaldáliga

«”Todavía cantamos”. Y seguiremos cantando con letra y música y pasión y esperanza, en nuestra fe y nuestro compromiso de liberación. Domingo, que tiene un corazón más ancho que su cuerpo, que no es pequeño precisamente, me honra musicando esas letras mías. El CD quiere ser y lo es “oración comprometida”. Con la alegría pascual que ha de acompañar todas nuestras palabras, todas nuestras acciones, toda nuestra vida. Nos acompañan caminando hasta dar la vida esa "nube luminosa de testigos", precedidos por San Romero de América, precedidos sobre todos por el "Testigo fiel", Jesús de Nazaret. Tú sueñas con que a tus hijas les cale en el corazón ese tipo de palabra y de música. Que cale en el corazón de mucha juventud y que rejuvenezca a tantos cansados y a tantos acomodados. Domingo, gracias. Y seguimos con la terca esperanza, muy bien justificada por el misterio exultante de la Pascua». (Pedro Casaldáliga)

Óscar Romero: "Seguiré vivo en el pueblo"

«Inspiradas en la palabra del mártir Romero y dando expresión musical a los versos del profeta Casaldáliga, las canciones que recoge este disco prometen ser un vehículo expresivo inestimable para quienes quieran aventurarse por el camino de la “oración comprometida”, para cuantos quieran hacer suya una plegaria a ras de tierra impulsada por el hambre y la sed justicia, para las que Jesús de Nazaret anunció un dichoso cumplimiento que supera lo imaginable. Muchas personas en España y América Latina encontrarán en estas canciones una bella posibilidad de gritar a los cuatro vientos su fe y sus interrogantes, sus dolores y sus esperanzas, sus denuncias y sus consuelos, sus luchas y sus dichas... Yo así lo espero.» (José Antonio Zamora). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información: http://asociacionveredas.blogspot.com


llorando

llorando

33 Tiempo ordinario (C), Lucas 21, 5 – 19
DAR POR TERMINADO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 14/11/07.- Es la última visita de Jesús a Jerusalén. Algunos de los que lo acompañan se admiran al contemplar «la belleza del templo». Jesús, por el contrario, siente algo muy diferente. Sus ojos de profeta ven el templo de manera más profunda: en aquel lugar grandioso no se está acogiendo el reino de Dios. Por eso, Jesús lo da por acabado: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».

De pronto, sus palabras han roto la insensibilidad y el autoengaño que se vive en el entorno del templo. Aquel edificio espléndido está alimentando una ilusión falsa de eternidad. Aquella manera de vivir la religión sin acoger la justicia de Dios ni escuchar el clamor de los que sufren es engañosa y perecedera: «todo aquello será destruido».

Las palabras de Jesús no nacen de la ira. Menos aún, del desprecio o el resentimiento. El mismo Lucas nos dice un poco antes que, al acercarse a Jerusalén y ver la ciudad, Jesús «se echó a llorar». Su llanto es profético. Los poderosos no lloran. El profeta de la compasión sí.

Jesús llora ante Jerusalén porque ama la ciudad más que nadie. Llora por una «religión vieja» que no se abre al reino de Dios. Sus lágrimas expresan su solidaridad con el sufrimiento de su pueblo, y, al mismo tiempo, su crítica radical a aquel sistema religioso que obstaculiza la visita de Dios: Jerusalén (¡la ciudad de la paz!) «no conoce lo que conduce a la paz» porque «está oculto a sus ojos».

La actuación de Jesús arroja no poca luz sobre la situación actual. A veces, en tiempos de crisis, como los nuestros, la única manera de abrir caminos a la novedad creadora del reino de Dios es dar por terminado aquello que alimenta una religión caduca, pero no genera la vida que Dios quiere introducir en el mundo.

Dar por terminado algo vivido de manera sacra durante siglos no es fácil. No se hace condenando a quienes lo quieren conservar como eterno y absoluto. Se hace «llorando» pues los cambios exigidos por la conversión al reino de Dios hacen sufrir a muchos. Los profetas denuncian el pecado de la Iglesia llorando. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

tiempo libre

tiempo libre

COORDINADORES DE TIEMPO LIBRE 2008
Desde una perspectiva cristiana
ESCUELA DE TIEMPO LIBRE CHAMPAGNAT, Hermanos Maristas
MADRID.

ECLESALIA, 13/11/07.- La Escuela de Tiempo Libre Champagnat organiza el curso de coordinador/a de tiempo libre oficialmente reconocido por la Comunidad de Madrid y, al mismo tiempo, orientado desde una perspectiva y con alguna formación específica cristiana. La escuela Champagnat surgió de los grupos de la pastoral marista de Madrid y actualmente forma coordinadores de tiempo libre partiendo de esa experiencia pastoral. Aprovechando las horas de contenidos propios que permite la legislación, se completa el curso con una formación dirigida a aquellos coordinadores que van a desempeñar su labor en un ámbito pastoral.

El curso consta de 200 horas, distribuidas en 8 fines de semana a lo largo del año (desde Noviembre a Mayo, un fin de semana cada mes) más una fase intensiva de 9 días en verano en el mes de Julio.

A lo largo del curso se tratarán las materias necesarias para la formación de un/a coordinador/a de tiempo libre, combinadas con algunos talleres y monográficos de perfeccionamiento de técnicas, siempre desde una visión de la aplicación práctica a las actividades de tiempo libre.

Los bloques temáticos del curso son: coordinación de equipos educativos, técnicas de resolución de conflictos, análisis de la realidad y de la infancia y juventud, educación para la salud y la sexualidad, educación ambiental, educación para la convivencia, planificación de proyectos, organización de campamentos, legislación y gestión de asociaciones. También se harán talleres de juegos en educación para la paz, organización de fiestas creativas, actividades en la naturaleza, técnicas para enseñar a utilizar la Biblia y otro monográfico optativo que podrá elegir cada alumno.

Y ante todo, la idea principal del curso es crear un grupo de trabajo que se vaya enriqueciendo a partir de la propia experiencia de cada uno, de lo que se comparta y del trabajo en equipo.

El precio final del curso es de 330 euros, que pueden pagarse en dos plazos: 165 euros en Noviembre y 165 euros en Mayo. Por otro lado, la Escuela nunca ha tenido problemas de ampliar alguno de estos plazos si alguna persona tiene dificultades para pagar en las fechas indicadas.

Sabiendo que estamos a tu disposición para lo que necesites en la dirección de la Escuela (C/ Hermanos García Noblejas nº 158 - portal 3 1º B Tfno 913272385) y que en nuestra página web: http://educarlos.net/etlchampagnat tienes toda la información para la realización de la inscripción, recibe un cordial saludo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: edac@maristasiberica.es

de la palabra

de la palabra

EL RÍO DE LA PALABRA I
Buscar la Palabra
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@orange.es

ECLESALIA, 12/11/07.- Mi amiga Mercedes es una mujer madura, culta, piadosa, con muy buena formación y, sobre todo, con un personalísimo trato con el Resucitado. Ella no consiente que le den gato por liebre. Se levanta muy digna y se va a la calle, hasta que las lecturas bíblicas contaminantes han terminado.

Otros católicos sufren, se inquietan, se desconciertan. Se preguntan por qué los "sabios" liturgistas nos proponen lecturas cuyo contenido es contrario a la doctrina cristiana y al rostro del Padre revelado por Cristo. La respuesta es sencilla: La "clase sabia" de nuestra Iglesia, celosa de que ninguna letra se pierda, se empeña en freírnos el pescado sin limpiar. Y el Pueblo a comer lo que le pongan sin rechistar.

El error parte de considerar "toda" la Escritura "palabra de Dios". Esta exageración, causada por un exceso de celo, nos llevó a la interpretación literal y con ella al ridículo, como ha quedado demostrado con el paso de los años[1]. Una interpretación acrítica es la cuna del integrismo[2] y del fundamentalismo[3], que son una negación del don de la racionalidad y de la asistencia permanente del Espíritu, realidades imprescindibles en un cristiano[4]. Oficialmente existe un rechazo absoluto de la lectura fundamentalista[5]. Pero, en la práctica, nos arrojan en sus brazos al ordenarnos repetir: "palabra de Dios", después de cada lectura litúrgica, aunque ésta sea bochornosa para un cristiano.

En la raíz de ese exceso (y de otros muchos) está el miedo a lo nuevo, la falta de fe en el individuo y, en definitiva, la falta de fe en el Espíritu. Es la tentación de cualquier madre con hijos que proteger: "para que no entren los insectos y las alimañas conservemos las puertas y ventanas bien cerradas". Sin darse cuenta de que sus hijos se volverán raquíticos por falta de sol y aire. De hecho, una mayoría somos cristianos raquíticos, menores de edad, niños asustados. El dolor que me causa esta situación me empuja a escribir, aún desde las brumas de mi ignorancia. Y es lo que me motiva a solicitar, una y otra vez, mayor cuidado a los que nos dirigen.

Hay teólogos y escriturarios actuales que se esfuerzan por abrirnos ventanas. Pero el aire no llega a todo el Pueblo. A algunos nos han ayudado a fiarnos de las intuiciones profundas, del gusto por la verdad, de la determinación de progresar, de la búsqueda ardiente de la Palabra. Nos han incitado a recordar que "el aire perfumea", que "mil gracias derramando / pasó por estos sotos con presura / y yéndolos mirando / con sola su figura / vestidos los dejó de fermosura"[6]. Nos han empujado a vencer el miedo de profetizar una religión humanizadora, positiva, luminosa y alegre, que nos ayude a volver al Padre con humildad e ilusionada certeza. Una larga etapa rígida y tenebrista nos hizo olvidar aquellas palabras, pronunciadas paradójicamente en la despedida, justo antes de la Pasión: "Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté dentro de vosotros y vuestra alegría sea completa" (Jn 15,11). O aquellas otras del primer epílogo de Juan: "Éstos (los milagros) han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre" (Jn 20,31).

Pero volvamos a la Palabra. Es muy importante caer en la cuenta de que toda la Escritura no es Palabra. Más bien la Palabra discurre entre la Escritura, la riega como un río de agua sanadora, fecunda, orientadora, que recorre una concreta historia humana (la de los judíos y primeros cristianos), durante un concreto tiempo[7].

No podemos confundir el río con sus orillas agrestes, ni con sus monstruos, ni con la vegetación invasora. Hay que distinguir claramente entre el río y la historia que riega. En muchas ocasiones esa historia está habitada por hombres perversos, rudos, ignorantes, que tan pronto reniegan de Dios como le creen inspirador de sus propios crímenes. Algunos pasajes -totalmente secundarios que no explicitan el mensaje central del Primer Testamento- son pura bazofia y su lectura no es recomendable. Esa es la razón por la que la Biblia fue un libro prohibido o no divulgado durante muchos años. Conviene decirlo porque parece, que ahora, todo está bendecido por el hecho de estar en el Libro.

Tampoco podemos pensar que la mano que escribe es sabia, incontaminada, guiada al dictado. Todo lo contrario. Está limitada por su personalidad, por su ambiente humano y material, por su nivel cultural, etc. Es decir, la Escritura no sólo está contaminada por la precariedad o bajura de la historia humana que describe, sino también por los subjetivismos y condicionamientos de quien la escribe. Esto ocurre de forma relevante en el PT (primer o antiguo testamento) porque el primitivismo era mayor y menor la evolución humana. Pero también puede afirmarse del NT. Es más, esto ocurre y ocurrirá siempre, porque los humanos somos limitados e incapaces de agotar la Palabra. Sólo podemos recoger algunos de sus destellos para iluminar nuestra humana oscuridad.

En San Pablo, por ejemplo, es evidente la influencia de su formación judía ultra ortodoxa, que a más de un teólogo confundió, como a San Anselmo. Este obispo del siglo XI, a pesar de su santidad, formuló la nefasta y extendida doctrina de la redención -recogida después por Santo Tomás- como "precio infinito pagado por nuestra ofensa infinita". Ha durado siglos y aún permanece en el subconsciente colectivo y en nuestra liturgia.

¿Qué hacer entonces? ¿Se nos ha roto la Escritura? ¿Renunciamos a ella? Conozco alguno que ha caído en esa tentación. ¡Pues no! Solamente se ha abierto nuestro apetito por buscar, encontrar y digerir la Palabra. Cuando un río discurre por un lecho fangoso y se enturbia, cuando serpentea entre vegetación salvaje y se hace inaccesible, cuando se esconde para aparecer después, cuando se precipita por barrancos imposibles… ¿Hemos de renunciar a su agua? ¡Decididamente no! Solamente es mayor el reto de alcanzarla. Nos va en ello la vida. "Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante" (Jn 10,10).

Intentaré humildemente en el próximo artículo dar algunas pistas para conseguir el agua del río y, si fuera preciso, filtrarla. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

--------------------------

[1] Véase, por ejemplo, el origen en la mujer del mal y del pecado (Gn 3,12) que tantos prejuicios históricos hacia la mujer ha protagonizado.
[2] Integrismo: Actitud de ciertos sectores religiosos, ideológicos, políticos, partidarios de la inalterabilidad de las doctrinas.
[3] Fundamentalismo: Aplicación rigurosa y estricta de las escrituras y las doctrinas tradicionales.
[4] Véase, por ejemplo, una alusión a la racionalidad: "Entonces les abrió la inteligencia para que entendieran las Escrituras" (Lc 24,45).
[5] Véase "La interpretación de la Biblia en la Iglesia" de la Comisión Bíblica Romana. Ed. PPC – 1994.
[6] San Juan de la Cruz: Cántico Espiritual, estrofa 5.
[7] Véase, como ratificación de que la Palabra trasciende la Escritura, el precioso texto: "Mis pensamientos no son vuestros pensamientos…" Is 55, 8-13.

del Espíritu

del Espíritu

10.11 de noviembre de 2007
A LA IGLESIA Y A LA SOCIEDAD
Manifiesto de la I Asamblea de Redes Cristianas
REDES CRISTIANAS
MADRID.

ECLESALIA, 10/11/07.- Con el fin de analizar los problemas más graves que afectan al ser humano y de consensuar algunos gestos comunes en defensa de su dignidad, nos hemos reunido en la Facultad de Ciencias Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid los más de 160 movimientos, grupos y comunidades de Redes Cristianas durante el 10 y 11 de noviembre de 2007. Con este encuentro culminamos el largo proceso que, durante casi un año, nos ha implicado a muchas personas de diferentes Comunidades Autonómicas en la preparación de quince seminarios, foros y otras tareas de organización y logística. En estos dos últimos días, además del debate de los temas, de compartir experiencias y de orar juntos/as, hemos elaborado un programa de acción conjunta hasta la próxima asamblea y hemos celebrado una concentración ciudadana, en colaboración con algunas asociaciones de inmigrantes, en el barrio de Lavapiés.

En este contexto hemos cobrado mayor conciencia del antagonismo que se está dando entre dos tendencias que afectan sustancialmente a la dignidad del ser humano. Una negativa, que lo degrada a mero súbdito o cliente del mercado y otra que lucha por restaurarlo en su autonomía y dignidad. Como cristianos y católicos, descubrimos que estas dos actitudes se están dando también en nuestra misma iglesia católica, donde, junto a la gran mayoría que intenta seguir a Jesús desde el servicio humilde y samaritano, existe otra pequeña minoría empeñada en la nada edificante carrera por el poder y el control.

No es este el lugar para hacer un recorrido por todos los lugares donde la dignidad del ser humano está siendo humillada. Los talleres que hemos realizado en la asamblea, leyendo la historia desde abajo, desde los perdedores, testimonian con suficiente claridad los destrozos que la lógica del capital y del mercado está causando en el planeta y en la mayoría de la humanidad. Algunos de sus efectos más visibles aparecen en fenómenos como el empobrecimiento y la inmigración, la crisis de las familias y de la misma sexualidad de las personas. Mirando desde el pluralismo religioso y desde el centro de la Iglesia católica, abundan también las ocasiones en que los Derechos Humanos más elementales son conculcados y más especialmente los que afectan a la dignidad de la mujer.

Pero seríamos injustos si no tomáramos nota aquí de la creciente vitalidad que está aflorando en estos comienzos de siglo tanto en la sociedad como en las iglesias. Como demuestran los Foros Sociales Mundiales y los Foros Mundiales de Teología y Liberación, la lucha por la globalización de la dignidad humana ya está en marcha. Por humildes que se crean, los movimientos antiglobalización neoliberal y antisistémicos y los encuentros de las religiones desde la base están anunciando el nacimiento de un nuevo paradigma alternativo. Particularmente nos alegra constatar que una nueva espiritualidad está emergiendo en nuestros días.

Sin otra pretensión que la de ser humildes portavoces de una voz del Espíritu, como en sus días lo fuera el autor del Apocalipsis ante las nacientes iglesias de Éfeso hasta Laodicea, entendemos que esto es lo que el Espíritu podría decirnos hoy día a la iglesia y a la sociedad:

1. A la Iglesia de Dios que está en los obispos de las diócesis españolas: Admiro el celo que despliegas en mantener las tradiciones milenarias del pasado, entre las cuales está la memoria de Jesús. Pero tengo en contra de ti que has dejado de seguirle en su vida de servicio y has emprendido una carrera por conquistar el poder a cualquier precio. Te has enseñoreado del pensamiento en tus filas, reprimiendo duramente toda crítica y disidencia con lo que llamas “doctrina de la Iglesia”. Te has olvidado del estatuto de igualdad que mi siervo Pablo formuló valientemente diciendo que “ya no hay judío ni griego, siervo ni libre, hombre ni mujer, ya que todos y todas sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3,28) y tú estás ignorando al pueblo cristiano y discriminando a la mujer. Contra tu propia función, estás rompiendo la comunión en mi Iglesia. Defiendes en el seno de la sociedad estatutos de privilegio en nombre de unos Acuerdos, casi clandestinos, que tú misma sabes que fueron arrancados en momentos de gran debilidad de la sociedad civil, al margen de la misma Constitución Española. Viendo a tus jerarcas disfrazados de rojo y en manifestaciones antipopulares yo mismo enrojezco de vergüenza ajena. En esto no puedo alabarte.

Pondera dónde has caído y vuelve a la cordura y a aquella actitud de servicio gratuito y misericordioso que guardas en la entraña de tu más rica tradición. Reconoce sin exclusiones los estatutos de igualdad, libertad y solidaridad que deben reinar en mi Iglesia y respeta ese pluralismo que enriquece, pues a todas y todos os he creado yo a mi imagen y semejanza. Esta es la cita; en este lugar te espero.

2. A la Iglesia de Dios que está en la legalidad y en las formas: Conozco muy bien tus andanzas y sé que eres formalista y cumplidora. Siempre estás con la legalidad constituida sea ésta en la sociedad donde vives o en la iglesia de la que presumes. Lo tuyo es la seguridad, el orden, la disciplina. Cumples el rito y guardas las leyes. Pero conozco muy bien tus limitaciones: no piensas más allá de ti misma, no eres universal, aunque lo digas en el credo. Tu legalidad raya frecuentemente con la injusticia. Por ejemplo, cuando en la enseñanza defiendes esa tercera vía, la concertada, que se financia con fondos públicos y no sirve justamente para todos; o cuando discriminas las distintas formas de familia fuera de la tradicional; o cuando defiendes en público una filosofía y una ética del comienzo y final de la vida, de las prácticas de la sexualidad y de control de natalidad que en privado ya ni tú misma practicas; o cuando haces malabarismos para casar lo que mi Hijo Jesús, que sabía algo de esto -pues también en esto fue tentado-, dijo que era imposible casar: a Dios con al dinero.

Conviértete a la justicia, aunque tengas que rebasar tu propia legalidad. El calor y la cercanía de la gente te van a ayudar generosamente a recuperar tu atraso y desajuste con el tiempo en que vives. Mi salvación, como siempre, te seguirá llegando desde abajo, desde los empobrecidos y desde la tierra víctima del egoísmo explotador. Aquí abajo, en la base, en las raíces de todas las vidas, te estoy esperando.

3. A la iglesia de Dios que está en la base: Eres pequeña y a veces casi insignificante, como el “resto” del antiguo Israel. Pero en ti marcha la fidelidad a la utopía, a mi proyecto del Reino que Jesús anunció brillantemente con su vida. Pronuncias grandes y hermosas palabras, como igualdad, fraternidad, justicia, misericordia, libertad. Tienes muchos testigos que han regado con sangre el planeta y han empeñado su vida en hacer una sociedad y una tierra más ajustada a la dignidad humana. Pero tampoco tú estás libre de pecado. Debes reconocer con humildad tu fracaso histórico: no has sido capaz de poner en el mundo otro talante ni otra lógica, ni tampoco en la propia Iglesia, aunque sigas diciendo que todo esto es posible. Te has dejado contaminar por la lógica del sistema dominante. Tu pecado está en la acomodación por miedo a la inseguridad y al futuro. Mi Hijo Jesús “no tenía donde reclinar la cabeza” y tú te estás rodeando de todo. Si de la derecha no me sorprenden los malabarismos que hace para casar a Dios con el poder y el dinero, de ti me pregunto si estarías dispuesta a hacer por la humanidad lo que la burguesía siempre ha hecho en beneficio propio para mantener sus injustos privilegios. Te sobra miedo y te falta confianza en que yo estoy contigo, tratando de hacer posible ese otro mundo y esa otra iglesia que tú sueñas.

Reconoce que voy contigo, a tu lado, respetando tu iniciativa y animándote a dar, contra viento y marea, razón de tu esperanza.

4. A la sociedad civil que está en el fácil acomodo al capitalismo neoliberal: Conozco muy bien tu compromiso con la eficacia, el desarrollo y la competitividad; también conozco las normas que te das para la protección de la economía y el mercado. En esto te estás mostrando legítima heredera de aquel refrán que me atribuyen a mí en el Génesis (y que yo dudo de haberlo dicho así): “someted la tierra y dominadla” (Gn 1,28). Esta es la locura a la que te están empujando tus malos economistas y los políticos mediocres que te adulan. A tus poderes fácticos, que manipulan como siempre en la tramoya, no les importa demasiado la otra sociedad que excluyen del mundo y que es actualmente mayoritaria. Pero tengo contra ti que no sabes distribuir lo que produces, ni sabes producir lo que necesitas. Estás siempre conspirando y crispando el ambiente, resquebrajando la tierra y globalizando la miseria, mientras acumulas lo que es de todos y tú no necesitas. Pero te olvidas de que, como a Epulón, en el atardecer de la vida, te voy a pedir el alma.

Enmiéndate y reconoce a qué extremos te está llevando esa ensoñación individualista en la que vives. Aprovecha los muchos talentos que tienes para cuidar más y mejor de las personas y del planeta que es el hogar de la vida. En el esfuerzo por superar tu propio egocentrismo y la acumulación que no necesitas, en el reparto equitativo y justo me tendrás siempre a tu lado.

5. A la sociedad que está en la búsqueda de alternativas: Siempre me has resultado divertida y simpática, siempre he tenido una gran debilidad por ti. Y no porque hayas sido muy creyente, que ¡vive Dios!, es decir, ¡vivo Yo!, que no lo eres, sino porque has mantenido la esperanza en el futuro y has tratado de responder a aquella pregunta que yo, tu Dios, te hice, hace ya tanto tiempo en el Génesis: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4,9). Pero me entristece ver cómo en estos momentos estás siendo timorata y acomodaticia. Te estás quedando a medio camino. Claro que aplaudo tu apuesta por la paz y el rechazo de la guerra, las medidas a favor de los inmigrantes, de los matrimonios homosexuales, de género, de la dependencia, de la memoria histórica y demás. Pero tienes miedo a llegar al final y te estás contagiando de algunos aspectos del nacionalismo menos imitable. En esto no puedo aplaudirte.

No te dejes embaucar por esos cantos de sirena que sólo pretenden lavar el rostro con pequeñas reformas mientras ocultan la voluntad de llegar a las grandes transformaciones que está necesitando este mundo mío y vuestro para que sea de todos/as. Lo que tú sueñas y persigues, como le pasó a mi Hijo Jesús en su tiempo, te sitúa siempre en un no-tiempo y no-lugar, en el terreno de la utopía. En esa búsqueda de alternativas para acercar toda vida y todas las vidas a mi proyecto del Reino me tendrás siempre a tu lado. Aunque tú no lo quieras ni necesites reconocerlo.

6. A los creyentes que andáis buscando el encuentro entre las religiones: Sois buena gente y os veo decididos a tender puentes entre las confesiones religiosas por todos los medios. Sois muchos y muy diferentes. Yo he querido acercarme a vosotros sin violentar vuestra alma, sin quebrar vuestras culturas. Y vosotros y vosotras habéis querido responder a mis ansias de encuentro con los medios que habéis tenido a vuestro alcance. Por eso habéis creado tantas confesiones religiosas tan diferentes, cada una con su propia originalidad y riqueza. Me sois muy queridos y yo mismo estoy impulsando vuestras ansias de encuentro. Pero veo con sentimiento y ternura que el diálogo no avanza porque cada uno prefiere dialogar desde su propia casa, desde la inmovilidad de su propio credo. Cada cual espera que los demás renuncien a sus posiciones, muevan ficha, sin modificar nunca por su parte el tablero. ¡Qué disparate! No es ahí donde yo quiero que os encontréis. Que cada uno rece y confiese el credo que crea más verdadero, pero que nunca ignore que la cita que yo os hago no está tanto dentro de las iglesias, cuanto en el mundo, en la calle, en la increencia, en la humanidad. Y tengo para mí que los temas de identidad os están impidiendo encontraros en la sociedad y en la vida; la religión, los credos os separan de los márgenes, de los pobres. Y, mientras tanto, los hijos de las tinieblas, los guerreros sin conciencia, se aprovechan de vosotros y de vosotras para hacer su guerra interesada. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

“Quien tenga oídos para oír que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias y a la sociedad entera”.

Un abrazo


Ha finalizado la I Asamblea de Redes Cristianas.
- Video realizado por Antonio
- Audio de la presentación
- Fotos de la asamblea