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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

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LA PROCESIÓN DE LAS BORRIQUILLAS
Sobre la novela El Hereje, de Delibes
BRAULIO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA, 26/09/06.- Sucedió en Valladolid. En la madrugada del 21 de mayo de 1559, antes de romper el alba, y tras un año de penoso y cruel cautiverio en la cárcel secreta de la Inquisición, acusados por flirtear con el protestantismo, más de sesenta reclusos, entre ellos algunos eclesiásticos, integrantes del foco luterano de Valladolid, iniciaban la que para muchos de ellos sería su penúltima procesión. En la gran ceremonia los clérigos fueron, además, degradados; y al finalizar la misma, los condenados a muerte, fueron montados en unas humildes borriquillas para ser conducidos al quemadero.

El estandarte de la Inquisición y la enseña carmesí del Pontificado abrían la procesión de los reos, marcados con sambenitos, un coro de cantores entonaba el Vexilla regis, de las solemnidades de Semana Santa. En un punto de la ciudad la procesión se fundió con la comitiva real, anunciada con pífanos y tambores. Al rey lo arropaban los príncipes y los altos dignatarios de la Corte, junto con un grupo de nobles y varios arzobispos quienes cerraban su comitiva. Todos se enfilaban hacia la plaza mayor para celebrar el Auto de Fe, una especie de Juicio Final contra el hereje.

La masa cristiana, enardecida y justiciera, esperaba oír el más infalible de los veredictos: la hoguera. Pero también había mujeres y hombres que lloraban. El pueblo bramaba contra el hereje, como en el circo de Roma contra el cristiano. En el imponente escenario levantado en la plaza mayor, con varios niveles, había colocados tres púlpitos. Los reos eran llamados uno a uno, y llevados ante el púlpito de los relatores donde les leían las sentencias: “confiscación de bienes, cárcel y sambenito perpetuos, con obligación de comulgar las tres Pascual del año”; “degradación, confiscación de bienes, muerte en garrote y dado a la hoguera”; “confiscación de bienes y dado a la hoguera”... etc. Parte de los reos tuvieron sentencias más benévolas. Morir en el garrote, previo a ser quemado en la pira, era un alivio.

Todo este pequeño “resumen”, espeluznante y tétrico, es el final de la grandísima y conmovedora novela de Miguel Delibes, El Hereje. Cómo agradezco a Mariano que me la regalara. Qué gran película podría surgir de tan gran novela. El HEREJE es una novela histórica, muy documentada, que sobrepasa al puro relato imaginario. Junto a personajes de creación literaria, como el del protagonista principal, Cipriano Salcedo, hay otros que tuvieron existencia real. Esta obra, la última y más extensa del autor vallisoletano es “un canto apasionado por la tolerancia y la libertad de conciencia, una novela inolvidable sobre las pasiones humanas y los resortes que las mueven”.

Cipriano Salcedo, es un inquieto y próspero comerciante de pieles vallisoletano que “nació” casualmente el año de la Reforma, en 1517, justo el año que Lutero fija sus 95 tesis contra las indulgencias en la puerta de la iglesia de Wittenberg. Su infancia fue dura, su madre murió tras su parto, algo que no le perdonó su padre. Huérfano de madre y privado de las ternuras paternas, su único cordón afectivo fue Minervina, la nodriza, el personaje más tierno de la novela. Ella le es arrancada de su vida por decisión de su padre que, celoso, interna a su hijo en un colegio de huérfanos. Pero ella aparece, inesperadamente, en la última hora de vida del protagonista, ya camino del cadalso, en la procesión de las borriquillas.

Cipriano Salcedo es atraído por los sermones y la autoridad moral del doctor Cazalla, un hombre de prestigio (fue predicador del emperador Carlos V), un introductor del luteranismo en España. Salcedo entra a formar parte de la clandestina comunidad luterana de Valladolid, (la “secta” en palabras del autor de la novela) y uno de los primeros focos del Protestantismo en España. En la fraternidad tienen a La Libertad del cristiano como libro de cabecera. Me vino a la memoria la catequesis Llamados a la libertad sobre la epístola de San Pablo a los Gálatas: la carta de la libertad cristiana, la libertad de los hijos de Dios, una carta sin explotar. Y la mención que el ponente, Jesús López Sáez, el responsable de la Comunidad de Ayala, tuvo para con José María González Ruiz, “especialista” en esa carta, y el gran impulsor y divulgador del Concilio Vaticano II en España que, sorprendentemente, dos días después moría, olvidado por el aparato, pero presente, misteriosamente, en medio de una comunidad viva, hija del Concilio. Pablo, para defenderse de los intolerantes, los fundamentalistas de su época, apeló al Concilio de Jerusalén, el concilio de la libertad cristiana.

El ambiente de la hermandad subyuga al protagonista. Su primera experiencia con la fraternidad fue sobrecogedora. El grupo iniciaba la reunión con la lectura de la Palabra, con un Salmo que sus hermanos de Wittenberg cantaban pero que en Valladolid, de momento, se conformaban con rezarlo, piano piano, sin levantar la voz. Él pretendía encontrar en sus estrofas consignas prohibidas. El tal salmo decía: Bendecid al Señor en todo momento / Su alabanza estará siempre en mi boca /... Porque busqué al Señor y me ha respondido / Me ha librado de todos mis temores... La reunión de ese día iba a versar sobre las reliquias y otras supersticiones. Para ilustrarlo, leerían algunos diálogos de Latancio y Arcidiano, del libro de Alfonso de Valdés Diálogos de las cosas acaecidas en Roma. Una crítica a “estas reliquias que sacan dinero de los simples, … que os las mostrarán en dos o tres lugares a la vez”, y que se ponían a la altura de artículos de fe.

El protagonista (me recordó a Zaqueo en su encuentro con Jesús) decide repartir la mitad de sus propiedades entre sus subalternos y arrendatarios. Pero no lo hace movido para asegurarse la salvación eterna - él asumía que “las obras no son indispensables para salvarse”- sino como un gesto de resarcimiento hacia el desapego de su difunta esposa, Teo, “la reina del páramo”, cuyo matrimonio entre ambos fue un fracaso. Aunque él sabe que estos gestos de desprendimiento le agradan al Señor.

Otro de los personajes es Ana Enríquez, una joven bellísima y aristócrata, integrante de la fraternidad (“una criatura demasiado bella para ser quemada”). Ella sale del apuro confesando ante el Tribunal del Santo Oficio (sale absuelta) cómo fue adoctrinada por miembros del grupo. Su breve declaración ante la Santa Inquisición es un escaparate conteniendo algunos de los temas fundamentales del luteranismo: “nuestra salvación se produciría por los solos méritos de Cristo... porque las obras, por sí mismas, para nada servían”. Se citan puntos como la justificación por la fe; el reconocimiento del papado en el Espíritu Santo; la quimera del purgatorio; los verdaderos sacramentos (el bautismo y la eucaristía); la confesión, sólo ante Dios; el culto idolátrico a las imágenes y al crucifijo; el ayuno y la castidad: “después de la redención, habíamos quedados libres de toda servidumbre; y no teníamos que ayunar ni hacer voto de castidad sólo por obligación...”.

Cipriano Salcedo es el prototipo de hombre íntegro, defensor de la libertad de conciencia, que asume sus convicciones hasta sus últimas consecuencias, sin ceder a la fácil tentación del perjurio o de la delación en los momentos de gran tribulación. Él se toma muy en serio la comunidad luterana, a la que idealiza, lo que hace que pronto se gane la confianza del doctor Cazalla, su mentor, y sea enviado, por la comunidad, en una misión especial a Alemania, para hacerse con libros e información sobre el movimiento de la Reforma. Años después, camino del cadalso -en medio de esa gran abominación- y abatido por la “deserción” de sus hermanos en los interrogatorios (para evitar el suplicio del potro), él se pregunta si existía realmente la fraternidad en algún lugar del mundo. Pedía una señal, y se preguntaba dónde estaba Dios.

A la pregunta del inquisidor: “¿cree usted en la Iglesia Romana?”, Cipriano Salcedo ya había respondido en su día: “Yo creo firmemente en la Iglesia de los apóstoles”. Con esta misma convicción muere, mártir, en la hoguera. El confesor, impotente, desencajado, acuciado por la presencia del verdugo con la tea encendida en la mano, no logró arrancarle al hereje la palabra clave que le daba el pasaporte para la salvación de su alma: “decid Romana, solamente eso”. Desalentado, el confesor lo más que pudo arrancarle al reo fue: “Si la Romana es Apostólica, creo en ella con toda mi alma, padre”.

“Obra en conciencia y no te preocupes de lo demás. Con esa medida seremos juzgados”, le había consolado su tío Ignacio Salcedo, un alto cargo en la Chancillería, cuando le visitó, impotente, en la cárcel de la Inquisición. Miguel Delibes preludia su novela El Hereje con esta “carta de presentación”, recogiendo unas palabras de Juan Pablo II sobre la violencia ejercida desde el seno de la Iglesia: “¿Cómo callar tantas formas de violencia perpetradas también en nombre de la fe? Guerras de religión, tribunales de la Inquisición y otras formas de violación de los derechos de las personas... Es preciso que la Iglesia, de acuerdo con el Concilio Vaticano II, revise por propia iniciativa los aspectos oscuros de su historia, valorándolos a la luz de los principios del evangelio” (Juan Pablo II a los cardenales, 1994).

También el joven Ratzinger, en el 68, apelaba a la libertad de conciencia, como última instancia: "Aún por encima del Papa como expresión de lo vinculante de la autoridad eclesiástica, se halla la ‘propia conciencia’, a la que hay que obedecer la primera, si fuera necesario incluso en contra de lo que diga la autoridad eclesiástica" (El País, Cartas al Director, 27/05/05).

Una vez más, “la Iglesia no cumple lo que predica” lamentaba hace unos años un sacerdote y periodista silenciado. De poco sirve, por ejemplo, que el papa haga una defensa del periodista como “el hombre de la verdad” (discurso de Juan Pablo II ante los periodistas, 1986) cuando, a la vez, los periodistas de información religiosa (o los teólogos), son silenciados sin contemplaciones, sin misericordia, por su Institución. Una cosa es predicar y otra es dar trigo. En una mesa redonda del XX Congreso de Teología, convocado por la Asociación de Teólogos Juan XXIII, el periodista jesuita Miguel Lamet ponía dos ejemplos (del pontificado de Juan Pablo II) sobre el tema: el caso de la prelatura del Opus Dei y el caso del papa Luciani (Juan Pablo I), de cuya muerte misteriosa se cumplirán el próximo día 28 (29) de septiembre 28 años. ¡”Hay tantos que estamos en la cárcel sin saberlo”! (ver El día de la cuenta, Cap. 3 -“La persona de Roma”- en Internet: www.comayala.es).

"El catolicismo no es un cúmulo de prohibiciones", sino de propuestas positivas, decía hace unos días Benedicto XVI. Pero muchos teólogos católicos que hablan y escriben desde la buena conciencia, desde la libertad del cristiano -desde el compromiso con la verdad- hoy, como en los tiempos en que se quemaban a los herejes, son también “condenados”; sus libros son censurados, prohibidos, como es el caso del jesuita J. M. Castillo o el del claretiano B. Forcano. Son las persecuciones actuales por parte de la jerarquía de la Iglesia.

Hay cardenales, eclesiásticos, que cambiaron el rol de apóstoles por el de de virreyes. Como botón de muestra el cardenal “virrey” de Lima que, aparte de presionar, prohíbe hablar y enseñar en su territorio -incluso al prestigioso teólogo Gustavo Gutiérrez, el acuñador del término “teología de la liberación”, de renombre internacional y reciente Premio Príncipe de Asturias- no porque busque “el celo por la verdad … sino sólo el ejercicio de un poder visto como un absoluto, enceguecido por el afán de imponer una noción eclesial que no corresponde a la asumida por el Magisterio en el Concilio Vaticano II”, lo denunciaba , desde Perú, Hugo Cáceres Guinet, de la Congregación de los Hermanos Cristianos (Eclesalia, 14/09/06). Lo hacía como un servicio a la comunidad. Como Isaías: “El Señor me ha abierto el oído, y yo no me he rebelado ni me he echado atrás (Is 50,5-10). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

prohibir hablar

EL DIÁLOGO EN LA IGLESIA HACE BIEN
A propósito del abuso de prohibir hablar
HUGO CÁCERES GUINET, Congregación de los Hermanos Cristianos
PERÚ.

ECLESALIA, 14/09/06.- En los documentos del magisterio hay decenas de citaciones sobre la función de los obispos como máximos responsables eclesiales de preservar el patrimonio doctrinal. Todas ellas pueden servir para rebatir mis palabras. Debo dejar asentado que no estoy en contra de que el obispo sea el primer responsable de la predicación, enseñanza y celebración en una diócesis. Es más, defiendo que siempre es necesaria una figura de autoridad que deba tomar una decisión final después de escuchar atentamente a sus fieles; yo mismo ejerzo la autoridad –ojalá evangélicamente– en una congregación religiosa. Quede claro que no escribo para discutir los fundamentos de la autoridad eclesial, sino en el contexto de varias e injustificadas prohibiciones ejecutadas por el Arzobispo de Lima, Cardenal Cipriani, históricamente el primer cardenal del Opus Dei en el mundo, desde que inició su ministerio pastoral.

Tengo amigos sacerdotes a quienes se les ha prohibido ejercer sus funciones eclesiásticas, amigos profesores que no pueden ejercitar su enseñanza en la parroquia donde se ubica la universidad en que trabajan, conozco instituciones que, en seminarios y jornadas de teología, han sido presionadas a cambiar temas y conferenciantes. Sé de la prohibición explícita del teólogo peruano de mayor prestigio internacional – sobre el que no existe ninguna pena canónica ni condenación de Roma – para hablar en público en la arquidiócesis de Lima. Estas situaciones aparecen tan arbitrarias y carentes de sustento que creo que detrás de estas prohibiciones no hay ningún celo por la verdad, ni el bienestar pastoral de los fieles, que son los fundamentos del principio episcopal de autoridad, sino sólo el ejercicio de un poder visto como un absoluto, enceguecido por el afán de imponer una noción eclesial que no corresponde a la asumida por el Magisterio en el Concilio Vaticano II. Además, en el caso de la prohibición al padre Gustavo Gutiérrez, no es sólo un asunto doctrinal o desacuerdo sobre un tema teológico, sino que la figura del teólogo peruano más reconocido mundialmente (1), provoca celos de intenso color púrpura en la estima personal de un pastor de escasos méritos y de imagen pública extremadamente latosa.

El derecho a hablar con libertad es uno de los Derechos Humanos establecidos en la Declaración Universal (2) de 1948. Mi primera observación es ¿un derecho humano esencial puede estar supeditado a un principio de disciplina eclesiástica? En este punto suelen esgrimirse argumentos como: la Iglesia no prohíbe hablar a nadie, más bien retira su autorización para enseñar o predicar a nombre de la Iglesia, lo cual es un derecho de la Iglesia misma. Pero esta argumentación no puede justificar la práctica de ordenanzas que impidan el diálogo, de la prohibición autoritaria y sin explicaciones, de la arrogante actitud del que cree poseer la verdad y ser su único intérprete. Lo que temo es que como Iglesia nos estamos condenando a vivir en una sordera que nos incapacita a escuchar a otros, a sentarnos a conversar, a iniciar una relación en la que podamos decir nuestra palabra porque primeramente sabemos escuchar a los demás.

La Iglesia enseña la verdad que primero ha buscado

En su rol de discípula, la Iglesia escucha primeramente a su Maestro. De Él recibe la verdad que debe comunicar al mundo. Pero este acto inicial no es una teofanía que ocurre de espaldas a la vida desde donde el mensaje eterno del Maestro de Galilea justamente se recibe. La enseñanza de la verdad de la Iglesia se da en un contexto de búsqueda, de anhelo de comprender todo lo que hay de noble, bello y bueno en el ser humano y en la historia. Para la edificación del Cuerpo de Cristo, los teólogos tienen la particular misión de profundizar la reflexión sobre las verdades de fe e iluminarlas con las nuevas inquietudes que surgen en el corazón y la mente de la humanidad. Esta actividad exploratoria está llena de incertidumbres, de novedades, de procedimientos nuevos, de avances y retrocesos. Pero es el único modo por el cual nuestra fe se hace cada vez más comprensible y asequible al ser humano contemporáneo, porque así puede hablar su mismo idioma y está presentada bajo los nuevos paradigmas de entendimiento. Esto siempre fue así. La teología cristiana surgió como una ciencia en diálogo con su tiempo. Esta condición esencial de relación y apertura es la que se está obstaculizando en un proceso de eliminación sistemática. El rol de los teólogos es visto como el del adversario más que del colaborador. Es obligación de las autoridades dejar a los teólogos el trabajo que sólo ellos pueden hacer, para lo cual la libertad es un prerrequisito.

No me extraña que proliferen en Lima tantos movimientos eclesiales que defienden actitudes intolerantes y se autodefinen como auténticos y exclusivos portadores de la enseñanza de la Iglesia porque usan el lenguaje anterior a la década de los sesenta, defienden a ultranza los principios de autoridad y se afirman en lecturas fundamentalistas de la Escritura y del Magisterio. En estos grupos se exalta el peso de la autoridad como fundamento de la verdad y se promueve un cierra puertas ante todo intento de unificar la teología con otros campos de experiencia humana. Como los últimos nombramientos de autoridades jerárquicas provienen casi exclusivamente de estos círculos, es previsible que en pocos años la actividad teológica peruana será completamente eliminada y de ella quedará sólo la que haga eco de un monólogo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

El ejemplo de Jesús debe guiarnos en el diálogo con el mundo del que somos también parte. El episodio de la mujer griega, siro fenicia de nacimiento (Mc 7,24-30), es especialmente adecuado. Jesús, el hombre nacido en el seno del judaísmo y educado en los valores religiosos de su pueblo, pensó inicialmente que su misión está limitada a Israel (“No vayan a los gentiles, ni entren en ciudades samaritanas, sino más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel” Mt 10,5-6). Sin embargo sus pies lo conducen hacia territorio pagano, donde, en el encuentro con una mujer extranjera, puede experimentar un cambio de perspectiva, hasta ese momento limitada. La universalidad de la misión de Jesús es clarificada por la insistencia de la mujer; al entrar en diálogo, Jesús puede descubrir el modo novedoso de misión al que su Padre lo invita.

Lejos de asumir la actitud del Maestro, lamentablemente nuestra Iglesia está reaccionando con miedo a perder sus seguridades del pasado. El miedo se ha combinado, en el caso de la Iglesia de Lima, en agresividad y soberbia. Una triada sobre la que no sé por cuanto tiempo puede sostenerse el sillón arzobispal.

En la búsqueda de la verdad hay que saber escuchar

En mi formación como religioso me enseñaron que saber escuchar era un don espiritual, gráficamente ilustrado en esta analogía: tenemos dos orejas y una sola boca porque debemos escuchar el doble de lo que hablamos. Este dominio sobre los sentidos es conditio sine qua non para alguien que toma decisiones en la Iglesia. La sabiduría sólo puede derivar de la capacidad de oír como acto previo al hablar, así lo entiende Isaías cuando reconoce que: “El Señor Yhwh me ha dado lengua de discípulo para saber sustentar al cansado con la palabra” (Is 50,4a) pero además, conciente de la envergadura de su misión, el profeta insiste en la súplica: “despierta cada mañana, despiértame el oído para que escuche como discípulo” (50,4c). Por esa razón se sentó Jesús en el brocal del pozo de los samaritanos, por lo mismo Pablo subió al areópago de Atenas; ellos dejaron oír su voz y convicción después de tomar la apropiada actitud de oyentes, después de hacer preguntas. Todavía es posible captar el tono de enojo de Jesús cuando insiste tantas veces ante la obcecada cerrazón de sus oyentes: “El que tenga oídos que oiga” (Mt 11,15; 13,9; 13,43 y par.)

Como Iglesia docente estamos acostumbrados sólo al recurso de la explicación mágico infantil para la totalidad de las interrogantes humanas (“Esto es así y si dudas no tienes fe”). Nos incomodan las preguntas del corazón contemporáneo, nos aterra que nuestras verdades ya no convenzan a la inteligencia del ser humano ordinario. Creemos que nuestras verdades son incontestables. En particular no se escucha a los teólogos, invitados frecuentemente por el Magisterio a continuar en su tarea de investigación, pero en la práctica están cohibidos a expresar sus ideas sobre todo en materia de sexualidad, moral y estructura eclesial. Cuando el actual Benedicto XVI ejercía su ministerio de teólogo definió la obediencia del creyente así: “La verdadera obediencia no es la obediencia de los aduladores, que evitan todo choque y ponen su intangible comodidad por encima de todas las cosas. Lo que necesita la Iglesia de hoy y de todos los tiempos no son panegiristas de lo existente, sino hombres con quienes la humildad y la obediencia no sean menores que la pasión por la verdad; hombres que den testimonio a despecho de todo ataque y distorsión de sus palabras” (3).

Los teólogos también merecen atención pastoral

Con tristeza constato que, en los casos de silenciamiento ocurridos últimamente en Lima, no ha habido ningún interés en la persona de los teólogos o sacerdotes o las instituciones involucradas. En el caso hipotético de que ellos pudieran haber estado equivocados y que la medida disciplinaria pudiera ser justa eso no habría impedido la atención a la persona, sus sentimientos, su valor como ser humano. La Iglesia no castiga. Si le corresponde actuar con firmeza no se complace en el dolor de los sujetos involucrados. La misericordia exige preocupación por la persona errada, ofrece alternativas de solución ante las circunstancias. También existe el procedimiento de llamada de atención siguiendo el espíritu de Mt 18,15-17 (“Si tu hermano peca contra ti, vete a corregirlo entre él y tú solos...si no te escucha llévate a uno o dos, para que toda causa se base en la declaración de dos o tres testigos; y si no quiere escucharlos dilo a la iglesia...”). No tengo conocimiento que se haya operado bajo este criterio evangélico, más bien se han tomado medidas finales sin explicaciones. Se ha recurrido a la medida más dura que es la prohibición y no ha existido genuina preocupación en los castigados. Se ha negado el principio de defensa, que es un derecho esencial, en caso de acusación. Esto sólo puede esconder temor a no mostrar argumentos válidos y sostenibles. Ciertamente doctorados de la Universidad de Navarra no tienen peso en el mundo académico internacional.

La unidad no se obtiene con un silenciador

Es muy difundido el criterio de que es más favorable para el bien de la Iglesia que estos casos de prohibiciones o imposiciones de las autoridades no salgan a la luz porque esto dañaría más a la Iglesia. Este argumento ha servido para hacer callar pacientemente a los silenciados, pero no ha ayudado en nada al crecimiento de la Iglesia, ha ayudado sólo para estimular el poder de los fuertes y para que igualmente se hable y comente en los corredores o claustros de lo inoportuno que es prohibir, hacer callar y no dar explicaciones; ciertamente no ha mejorado la imagen de los que ejercen su autoridad haciendo callar. La unidad de la Iglesia no proviene del acuerdo de sus miembros, o de la uniformidad de criterios. Las divergencias son asuntos para ser tratados, deben conformar la agenda siempre abierta de unos fieles que no quieren encerrarse en sus seguridades de catecismo infantil. Más bien las divergencias ayudan saludablemente a crear unidad (4), a reducir la problemática a lo esencial, a redefinir hoy la verdad de siempre.

La unidad sí se crea al fomentar un clima de confianza, al invitar a dialogar, a escuchar con respeto. Creyentes maduros habituados a ejercer la racionalidad no pueden tolerar el argumento arrogante: “Si te opones a mí te opones a Cristo”. El diálogo hace bien, más bien aún a aquellos que se sientan en la cabecera. Oremos para que el don de la escucha se haga camino a través de las pesadas mitras bordadas con hilos de oro. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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(1)Además de ser invitado frecuente en universidades europeas y americanas, sus numerosas publicaciones y doctorados honoris causae, obtuvo el Premio Príncipe de Asturias en 2003 de Comunicación y Humanidades.
(2) Artículo 19: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
(3) J. Ratzinger, El verdadero pueblo de Dios, Herder, Barcelona 1972, p. 293
(4) “Dissentire interdum sine odio tamquam ipse homo secum atque ipsa rarissima dissensione condire consensiones plurimas” (“discutir a veces, pero sin animadversión, como cuando un hombre disiente de sí mismo, y con tales disensiones, muy raras, condimentar las muchas conformidades”) Agustín, Confessiones IV, 8, 13. Oxford University Press 1992.


fuegos artificiales

fuegos artificiales

TRAS LA VISITA DEL PAPA A VALENCIA
GRUP DE RECTORS DEL DISSABTE
VALENCIA.

ECLESALIA, 13/07/06.- Ante el desarrollo de la visita del Papa a València y las reacciones que ha producido todo el montaje de la misma por parte de los organizadores, la reflexión que el “Grup de Rectors del Dissabte” hizo pública el pasado 24 de abril*, ha resultado lúcida y premonitoria.

En dicha reflexión pedíamos al Papa que nos ayudase a ser fieles al Evangelio, para poder iluminar, desde la fe, los problemas que hoy vivimos. En concreto, que nos ayudase a saber acompañar también cristianamente las nuevas formas de convivencia familiar y las situaciones familiares difíciles; a defender y estar al lado de las familias inmigrantes; a actuar siempre como artífices de reconciliación, perdón y paz; y a saber situarnos con libertad y confianza en la nueva situación socio-política democrática, laica y plural. Estos problemas no han sido tratados en las reflexiones y, por tanto, no hemos recibido la ayuda deseada en estos gravísimos problemas que afectan hoy a tantas familias.

No obstante nos ha dado esperanza el estilo y talante que el Papa ha manifestado en sus discursos y gestos, distanciándose mucho de los modos guerreros, agresivos e inmisericordes de ciertos responsables jerárquicos de nuestra Iglesia española. Sus palabras, enmarcadas en la doctrina tradicional del magisterio, han sido mas propositivas que condenatorias y se han dirigido, fundamentalmente, al Pueblo de Dios para que crea en la belleza del plan de Dios sobre la familia. Creemos que es importante resaltar la sensibilidad que el Papa ha mostrado en no atacar los modos legales como el gobierno legítimo y democrático actual trata los temas relacionados con el matrimonio y la familia, pues esto significa un cierto correctivo para nuestros obispos y una cierta descalificación de sus maneras de manifestarse y de presentarse en nuestra sociedad.

Por otra parte, tenemos que señalar que los organizadores de la visita no han tenido en cuenta la ayuda que nosotros queríamos que se ofreciese al Papa, para que su visita fuese más evangélica y esperanzadora para todos. Como presbíteros, y siguiendo la enseñanza de la encíclica “Deus caritas est”, señalábamos (en nuestra reflexión de abril) la necesidad de desmercantilizar la religión y no ser instrumentos de intereses espúrios a la fe; potenciar la sencillez y evitar el espectáculo y la masificación; no prestarse a la utilización partidista y política del viaje; y acercarse siempre a los pobres y excluidos. Los organizadores, en cambio, han caído en los peligros contrarios al espíritu que proponíamos. La manipulación selectiva de los sonidos e imágenes ofrecidas por televisión y sus comentarios tendenciosos, provocadores y partidistas, carentes de auténtica caridad pastoral, desfiguran la imagen de la Iglesia y del Papa.

Las reacciones contra la Iglesia que se han producido por el modo de organizar, preparar y desarrollar la visita, han sido y son tan duras y públicas, que nos duelen inmensamente. Como miembros activos de la Iglesia y conocedores de su misión, nos inquieta que todo esto haya provocado el bloqueo de muchos y la adversidad, de no pocos, hacia la Iglesia. Esta situación nos va a hacer, aún más difícil, nuestra tarea evangelizadora.

Nos causa una honda preocupación pastoral constatar cómo para muchas personas, estas maneras de actuación, convierten a la Iglesia -y a su representante mas significativo, el Papa-, no en signo de luz y esperanza, sino más bien en motivo de tropiezo, apostasía, división intransigente de unos y otros y enfrentamiento social y político. Esta constatación nos debe servir no para encerrarnos y aislarnos en una autodefensa a ultranza o en la autosatisfacción por los éxitos de masas conseguidos, sino para hacer una profunda reflexión para ver si el modo y manera en que nos presentamos ante el mundo, son los realmente evangélicos y si son los aptos para la sociedad actual. En esta revisión hemos de tener siempre presente que la Iglesia no está para manifestar fuerza y poder ni para crear bandos, unos en contra de otros, sino para acrecentar y potenciar la unidad del género humano, proclamando la fraternidad de todos por la común condición de hijos e hijas de Dios (L.G. nº1).

Una vez concluido el castillo de fuegos artificiales, esperamos que sabremos sacar las consecuencias correspondientes. Confiamos que todos en la Iglesia renovemos, con fuerza, nuestra profunda fe en el Evangelio y la confianza inquebrantable en el Espíritu. Sólo así podremos mantenernos firmes en el tajo para saber ofrecer, de la mejor manera posible, la bella propuesta cristiana del proyecto amoroso y liberador de Dios para los hombres y mujeres de hoy y estar abiertos a tantas “otras” formas de vivir en familia como las que la vida nos depara, sabiendo acompañarlas cristianamente y dándoles, también, todo el valor cristiano que puedan representar. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

València, a 11 de julio 2006


* NOTA DE EDICIÓN: La reflexión llevaba por título "Con motivo de la visita del Papa Benedicto XVI a València"; publicada en Eclesalia el 28 de abril de 2006.


al turia

al turia

DEL INFIERNO DE AUSCHWITZ AL DESBORDAMIENTO DEL TURIA
BRAULIO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA, 30/06/06.- Qué diferente la inminente visita del papa Benedicto XVI a la Valencia fallera, con su reciente viaje a los pabellones de exterminio en Polonia. En la ciudad del Turia no habrá silencio de Dios (o ¿sentimiento de culpa de la Iglesia?). Pero habrá marketing, liturgia, turismo… todo se fundirá en un colosal atrezzo de desmesura. Se desatará la euforia de las masas. En Auschwitz, el papa nos sorprendía exculpando de responsabilidad a todo un pueblo. El Papa no sabía que “todos saben cómo llegó Hitler al poder y lo fanática que fue la devoción popular hacia el führer” (L. Caracciolo en La Repubblica). Con qué facilidad olvidamos que fueron gentes con hondas “raíces cristianas”. Y que muchos, además de los cabecillas, adoraban a Mozart; se estremecían ante la Pasión según San Mateo de Bach; se elevaban con las codas sinfónicas del creyente Bruckner, se emocionaban con el cósmico Himno a la Alegría de Beethoven.

El teólogo protestante J. Moltmann, alemán como Ratzinger, recogió en su Dios Crucificado el testimonio de E. Wiesel, sobreviviente del infierno de Auschwitz, (lo mismo que tan magistralmente expresaba El Roto ¡en una viñeta!): “La SS colgó a dos hombres judíos y a un joven delante de todos los internados en el campo. Los hombres murieron rápidamente, la agonía del joven duró media hora. ‘¿Dónde está Dios? ¿Dónde está?’, preguntó uno detrás de mí. Cuando después de largo tiempo el joven continuaba sufriendo, colgado del lazo, oí otra vez al hombre decir: ‘¿Dónde está Dios ahora?’. Y en mí mismo escuché la respuesta: ¿Dónde está? Aquí... Está colgado del patíbulo...”. “¿Quién se calló?” es una interesante catequesis, necesaria y oportuna sobre el silencio... de la Iglesia (www.comayala.es).

Un viaje de desmesura utilizado obscenamente, sin escrúpulos, como propaganda electoral por el gobierno valenciano. Quizá, de buena noticia, al final sólo nos quede que se batió un nuevo record... ¿Será una nueva reedición de nuestro pasado nacional y religioso? (o nacional catolicismo): “el de un pueblo que se dice creyente, pero que, en el fondo, es muy pagano”, denuncia un sacerdote. Un viaje que la Jerarquía utilizará para demostrar la buena salud -la fortaleza- de la iglesia. Monseñor Cañizares, antaño teólogo progresista (como Ratzinger), al que un famoso periodista ahora se refiere como “el teólogo que cambió de bando”, poco después de ser nominado por el papa Ratzinger príncipe de la Iglesia, hizo un llamamiento arengando a los pueblos de la comunidad valenciana (y de España) para que “queden desiertos” y sus gentes acudan “en masa” para estar junto al papa a “expresar el apoyo decidido a la familia”. Tras recibir la birreta púrpura sus primeras declaraciones fueron: “mi vida ha de gastarse y desgastarse en una entrega completa al pontífice, campeón de la fe y heraldo del amor de Dios”. ¿Acaso no hay aquí más papolatría que espíritu evangélico?

Recupero las palabras de Hans Küng durante las exequias faraónicas de Juan Pablo II: “muchos se sentían molestos, realmente violentados, por un culto a la personalidad que desplegaba un triunfalismo más asociado con los emperadores romanos que con Jesús de Nazaret”. Se hablaba de “papolatría, divinización del papado, de un funeral como pieza colosal de propaganda vaticana”. En Valencia se desatará la euforia, habrá bullicio, griterío, pancartas... Una gran masa humana que quizá se sentirá (¿artificialmente?) “comunidad”, aunque, quizá, sólo como flor de un día. Muchos confunden comunidad con recibir la comunión. No es lo mismo. Por mucho que en Valencia se la den en copones exclusivos de la casa Lladró...

En una catequesis reciente sobre el profeta Zacarías (Zacarías significa: “el Señor recuerda”), descubríamos que este profeta menor nos anticipa las escenas más tensas que se cumplirán en la etapa final de la vida de Jesús: su entrada “escandalosamente” humilde en Jerusalén (Za 9,9-10; Mt 21,5; Jn 12,5), la expulsión de los mercaderes del templo (Za 14,21; Mt 21,12; Jn 2,16), la traición de Judas por treinta monedas (Za 11,12s; Mt 27,9s)... etc. etc. El profeta nos recuerda la renovación (“La renovación pendiente” - www.comayala.es)

Es previsible que el evento sea aprovechado para denunciar la política del Gobierno del presidente Zapatero, que “destruye a la familia”; quizá, también, se especule con el dolor de las víctimas, y hasta puede que haya consignas reclamando la indisolubilidad de la patria, aun sabiendo que Jesús, el hijo de Dios, sólo nos habló de una indisolubilidad: la matrimonial. Pero resulta patético cansar hablando tanto de la unidad de las familias, de la indisolubilidad del matrimonio, sabiendo que la Iglesia ha sido (y es) pródiga concediendo sonadas anulaciones matrimoniales (incluso hasta tres veces) de sus matrimonios "religiosos".

Contrasta el triunfalismo que cosecharán los cerca de dos millones de “peregrinos”, o el millón y medio que podrán escuchar en directo las palabras de Benedicto XVI, (250 millones de personas de todo el mundo que verán en directo la misa papal) con la realidad del día a día. Recientemente, una diócesis española alertaba que en 2007 ya no podrá mantener sus templos: “ya no queda nada por vender”. Y también con la alarmante edad media del clero, 67 años, (el 40% más de 75). A Benedicto XVI le gusta hablar de la viña, se presentó como el “humilde jornalero de la viña del señor”. Y alerta de los jabalís que la destrozan...

Las cifras nunca dan la verdadera dimensión de la comunidad. Las comunidades proféticas han sido siempre “pequeños restos de Israel”. En el primer gran encuentro masivo del papa Ratzinger, en Colonia, el 21 de agosto de 2005, en la misa de clausura de las Jornadas Mundiales de la Juventud, le acompañaron un millón de jóvenes. Pero el termómetro de un sondeo realizado por el diario alemán Die Welt, mostraba que sólo el 20% acudía por motivos religiosos. Casi la mitad, el 43%, dice viajar simplemente para encontrarse con otros jóvenes. También suele ocurrir, por ejemplo, con ciertas peregrinaciones veraniegas, tan del gusto del más influyente de nuestros cardenales, tan obsesionado con el “Santiago y cierra España”; él ha conseguido que los mundiales de la juventud del 2011 tengan su sede en España.

Jesús, antes de ser prendido a instancias de las autoridades religiosas, entró desafiantemente “antidivo” en Jerusalén, en la más radical sencillez: en una pollina prestada. En Valencia ocurrirá justo todo lo contrario: 600.000 euros para la construcción del altar de 2.000 metros cuadrados, con microclima; la construcción del apartamento papal de 180 metros cuadrados, para un católico soltero; 400.000 euros para diez mil banderolas con los colores vaticanos, los cinco mil “cuelga balcones”, o los 14,5 kilómetros de vallas, amén de potentes proyectores de haces de luz... etc. etc. (se montó una exposición en el Ayuntamiento valenciano con los elementos que servirán de ornato callejero cuyo coste será financiado por unos famosos grandes almacenes). Para acallar las conciencias, la alcaldesa de Valencia destacó en el acto que todo será reciclado por asociaciones de discapacitados.

Un triunfalismo eclesial para disimular la crisis de la Iglesia. Resulta paradójico que nuestro papa, uno de los mayores teólogos, nos hablara de la ausencia de Dios ante el holocausto cuando un no profesional de la teología, sí lo vio, y lo ilustró magistralmente en una sencilla viñeta en un periódico laico. El Papa pasará por Valencia: ¿pasará también El Señor? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

papel de varón

papel de varón

¿CUAL ES EL PAPEL DEL VARÓN EN LA IGLESIA?*
SEFA AMELL I COMAS (Fotocomposición de NANO)
BARCELONA.

ECLESALIA, 29/06/06.- Quizás sea ésta una pregunta aún no formulada. El problema, al intentar definir éste papel, es que siempre ha sido claro y durante siglos no ha presentado ningún problema. Pero ahora está cuestionado porqué hay mujeres que reclaman un papel reconocido, aceptado y definido en el mismo espacio que están ocupando los hombres. Tendremos que examinar si el varón tiene algún papel por derecho propio y definir este papel.

Si acudimos al Evangelio nos encontramos a Jesús haciendo una misma pregunta a Pedro y a Marta de Betania. Pedro, ante la pregunta: “Y vosotros ¿quién decís que soy yo?” Responde: “Tu eres el Mesías el Hijo de Dios vivo" (Mateo 16, 13-20; Marcos 8, 27-30; Lucas 9, 20). En Juan 11, 26-27 hay un diálogo muy parecido, intenso y profundo, previo a la resurrección de Lázaro. Al terminar de hablar Jesús pregunta a Marta: “¿Lo crees esto?” A lo que Marta responde: “Sí Señor, yo creo que tu eres el Mesías, el Hijo de Dios que había de venir al mundo”. La pequeña diferencia es que a Pedro le señala que no sale de él la respuesta sino que le ha sido revelada por el Padre, mientras que a Marta no le dice nada. Y la respuesta ha sido idéntica. No podemos decir que Pedro (y con él los varones) haya sido ni más sincero, ni más inspirado que Marta (y con ella las mujeres). Por lo tanto los hombres no se pueden atribuir más méritos que las mujeres.

Tenemos muchas mujeres en los Evangelios con papeles relevantes: La Samaritana, la suegra de Pedro, la mujer estigmatizada porqué tenía pérdidas de sangre y que fue curada, la encorvada que fue enderezada. En cambio no tenemos ni cojas, ni mudas, ni ciegas, ni leprosas, ni paralíticas. Los símbolos quieren decir muchas cosas.

Tenemos además la escena de la resurrección donde las mujeres, clarísimamente, reciben en primicia la Buena Nueva. Queda demostrado, por tanto que en el Evangelio no hay ni mejores, ni peores, sino que refleja que para Jesús es una comunidad de iguales.

Continuo preguntándome, ¿cual es el papel que distingue al hombre? Los apóstoles fueron llamados y respondieron a la llamada. María Magdalena, por ejemplo, fue discípula y apóstol espontáneamente sin haber sido llamada, ni nada se dice de las demás mujeres. Y mientras discípulos y apóstoles quedan perdidos y desorientados después de la muerte del Maestro, las mujeres permanecen activas y se organizan. Se hacen con las hierbas aromáticas y van diligentes al sepulcro. Y allí le “ven”. Y con la gran noticia corren a decirlo.

Pero, ¿como iban a creerlas? En aquella sociedad patriarcal solamente contaba el testimonio de los hombres, y ellos nada sabían. Aún no lo habían entendido. Pasó todo el día del Domingo hasta que por la tarde Jesús se les presentó. Ah! Entonces les pareció que ellos eran los elegidos.

Ya sabemos la historia. Los hombres se han apoderado del poder de Dios, lo han administrado, y han apartado las mujeres, (ahora lo sabemos) con mentiras, descréditos, y violencias, de los lugares del servicio, de la interpretación de los textos, e incluso la historia, tapando, escondiendo, invisibilizando, tergiversando, desacreditando, infantilizando...

¿Con qué autoridad los hombres se atreven a decidir cual ha de ser el papel de las mujeres?

Pienso que el papel del hombre en general ha sido hacerse con la propiedad de la mujer. Y del hombre de la Iglesia controlarle la vida entera y la sexualidad, siempre con el prejuicio y la amenaza del pecado y, de este modo, impedir su libertad. Un papel de árbitros no muy lucido, ciertamente.

Ya es hora de poner al descubierto que, efectivamente, este no es el papel que corresponde al hombre en general, porqué no se basa en el Evangelio. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> *Artículo publicado en catalán por la revista "El Pregó" nº 293 de 1/06/06

de la tortura

de la tortura

CARTA DE ENTIDADES CRISTIANAS A LA JERARQUÍA CATÓLICA y A LOS RESPONSABLES DE OTRAS IGLESIAS CRISTIANAS CON MOTIVO DEL DÍA INTERNACIONAL EN APOYO A LAS VÍCTIMAS DE LA TORTURA (26 de Junio)
ACCIÓN DE LOS CRISTIANOS PARA LA ABOLICIÓN DE LA TORTURA y JUSTICIA I PAU, con la adhesión de unas 50 entitades de raíz cristiana*
BARCELONA.

ECLESALIA, 27/06/06.- Las entidades que suscriben este documento denunciamos la tortura como una práctica a erradicar del mundo, prohibiéndola y sancionando su práctica. Nos indignan profundamente todas las torturas que se han realizado y se realizan en el mundo, tanto las más alejadas de nosotros como las más próximas.

Actualmente hay ciertos gobiernos que para legitimar su particular represión hacia los grupos de oposición o contra las minorías, toman como pretexto la lucha contra el terrorismo De esta manera se abre una brecha importante en el derecho internacional vigente que, de manera absoluta y universal, prohíbe la práctica de la tortura. En la actualidad, ciertas fuerzas políticas consideran legítimo torturar en nombre de la protección contra el terrorismo.

Las reprobables actuaciones que se han producido en determinados lugares del mundo (detenciones arbitrarias, internamientos indefinidos sin cargos, malos tratos, torturas y humillaciones a prisioneros, prisiones secretas, etc) identificadas como occidentales, y desafortunadamente también tildadas de cristianas por una gran parte del mundo musulmán, conducen al menoscabo y a la negación manifiesta de todo respeto a la dignidad humana.

Como dijo el 8 de marzo del 2006, el Secretario General del Consejo Nacional de las Iglesias de los Estados Unidos: «declarar que la tortura puede ser necesaria para proteger nuestra seguridad y nuestra libertad, es una cosa ilógica, inmoral y profana. Es tan horrible como decir que para salvar a una población es necesario destruirla”.

En el Estado español, unas 600 personas denunciaron haber sufrido torturas y/o malos tratos durante el año 2005. A parte, son muchos los que no se atreven a denunciarlo por miedo a represalias, en especial en el mundo de la inmigración y en el de las prisiones.

Entre el 2001 y el 2004 fueron imputados de delitos relacionados con la práctica de la tortura, 227 miembros de las Fuerzas de seguridad del Estado En demasiado numerosas ocasiones los agresores se beneficiaron de la impunidad que envuelve la práctica de la tortura, y algunos fueron indultados después de haber sido condenados con sentencia firme.

Repasando la historia, no podemos considerar a la tortura como un instrumento útil para obtener la justicia, la seguridad, la paz. La tortura nunca ha solucionado un problema político o social de manera segura y duradera. La tortura, además de atentar contra la dignidad de la persona, impide el conocimiento de la verdad, que para la acción de la justicia es imprescindible, y, por contra, facilita la mentira, la delación y la condena de inocentes. Además, admitir o facilitar la tortura por parte de las fuerzas policiales es tanto como abrir la puerta a la violencia arbitraria e irracional.

En este sentido, como en tantos otros, constatamos la sabiduría del mensaje evangélico y el valor de la compasión, tan llanamente expresado en la Carta a los Hebreos, 13,3 «Acordaos de los presos como si vosotros estuvierais presos con ellos, y de los que sufren malos tratos, como si estuvierais en su cuerpo.»

Por todo ello, desearíamos que la Conferencia Episcopal Española, los obispos del Estado y los responsables de las diferentes Iglesias cristianas, hiciesen sentir su voz pública de claro rechazo de la tortura, pidiendo a los responsables políticos del Estado español:

- una actuación firme y decidida para erradicar esta práctica en todos los ámbitos públicos del Estado (comisarías, centros de internamiento, centros de menores, así como en el seno de las Fuerzas armadas),

- que en todas las actuaciones de política exterior sea exigido el respeto a los derechos humanos para concluir cualquier tratado político o comercial,

- que los representantes del Estado español, en el Consejo de Europa, en la Unión Europea y en las Naciones Unidas, tengan una actitud valiente para condenar toda falta de respeto a los derechos humanos, sea donde sea que se produzca. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Associació Lligam – Dona (Servei a les Persones) / Centre Ecumènic de Catalunya / Centre Pare Tosca – Amics de l’Oratori, València / Centro Ecuménico Los Rubios de la Iglesia Evangélica Española, Málaga / Col·lectiu de Dones en l’Església / Col·legi la Salle de la Seu d’Urgell / Colectivo Curas obreros, sección española / Colegio Bienaventurada Virgen María, de Barcelona / Comissió Permanent de la Unió de Religiosos de Catalunya (CONFER) / Comitè de Solidaritat Òscar Romero, Tarragona i Reus / Comunidad Carmelitas Teresas de San José, de Barcelona / Comunitat de Benedictines de Sant Benet, de Montserrat / Comunitat de Benedictines de Sant Pere de les Puel·les, Barcelona / Comunitat de Salesianes de la Casa inspectorial de la provincia de Barcelona / Comunitat Educativa del Col·legi la Salle, de Berga / Comunitat Germanor, de Barcelona / Comunitat Germans de les Escoles Cristianes la Salle, de Berga / Congregación de Religiosas Misioneras de Santo Domingo, provincia de España y Portugal / Delegació Diocesana de l’Apostolat del Mar, Barcelona / Delegación Diocesana de Escultismo de Albacete – Movimiento Scout Católico / Dominicas de la Presentación, provincia España / Escola Técnico-Professional Xavier, de Barcelona / Escola Universitària Salesiana de Sarrià, de Barcelona / Fòrum Terrassenc – Nova Expressivitat, de Terrassa / Fundació Alfons Comín, de Barcelona / Germanes de la Consolació, de Reus i Tarragona / Germanes Oblates, Barcelona - El lloc de la dona / Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús del Hospital de San Rafael, de Barcelona / Institució Xaveriana, de Barcelona / Justícia i Pau, de Girona / Justícia i Pau, de Mallorca / Justicia y Paz, de Valladolid / Manos Unidas, de Bilbao / Manos Unidas, de San Sebastián / Manos Unidas, de Vitoria / Mans Unides, de Barcelona / Mercedarias Misioneras de Berriz, provincia de España / Monestir Cistercenc de Santa Maria de Solius, de Girona / Moviment d’Universitaris i Estudiants Cristians de Catalunya i les Illes (MUEC) / Parròquia de la Mare de Déu del Carme del Raval, de Barcelona / Parròquia de Sant Paulí de Nola, Barcelona / Parròquia de Sant Pere Ermengol, de Barcelona / Patronat Filles de la Caritat, de Barcelona / Red África Europa Fe y Justicia (AEFJN), antena Barcelona / Red África Europa Fe y Justicia, antena Madrid / Religiosas Filipenses, de Barcelona / Secretaria de Pastoral Penitenciària de la Província Eclesiàstica de Barcelona / Secretaría Departamento de Mujeres Iglesia Evangélica Española / Secretariado Social Diocesano Justizia eta Bakea-Donostia.


- - -> Para más información: http://acat.pangea.org - acat@pangea.org - http://www.justiciaipau.org - justiciaipau@justiciaipau.org

con el pueblo

con el pueblo

TODOS SOMOS LA YUCA
JUAN CARLOS PINEDO IBÁÑEZ, Equipo Pastoral de Llodio (Álava), exmisionero en Los Ríos (Ecuador)
LLODIO (ÁLAVA).

El Grupo Misionero Vasco en Ecuador

ECLESALIA, 22/06/06.- El Grupo Misionero Vasco lleva más de 50 años en Ecuador, con el nombre de la provincia de Los Ríos dando identidad a su proyecto misionero. Durante ese largo tiempo, la opción preferencial por los pobres, la creación de Comunidades eclesiales de base y el trabajo en equipo han sido tres de sus rasgos diferenciales en el camino de construcción del Reino.

La Asamblea de obispos latinoamericanos en Medellín (Colombia) 1968 ha marcado nuestra marcha pastoral de estos últimos 40 años, enrumbándonos de forma clara hacia la solidaridad con los pobres. Desde su llegada al Ecuador, el GMV (Grupo Misionero Vasco) buscó estar en los lugares pobres, donde nadie quería estar, remontarse por los campos y los ríos. Medellín supuso dar forma a esa intuición y unirla a la gran corriente de la Iglesia latinoamericana iluminada por la teología de la liberación.

Muchos/as de nosotros/as hemos dicho que fuimos al Sur para evangelizar, para enseñar y hemos sido evangelizados, nos sentimos deudores de una forma de vivir el evangelio que desafía a nuestro mundo poderoso. Hoy decimos que nuestra relación con el Sur es dar y recibir, recibimos más de los que damos.

Palenque en Los Ríos

La situación de la Iglesia vasca es muy peculiar, esperanzada en el proceso de paz, preocupada por la poca implicación de los/as jóvenes, con poca conexión con otros colectivos sociales. Pero sí hay un tema alrededor de cual hay solidaridad y cercanía: el trabajo de los/as misioneros/as en pueblos del Sur, defendiendo siempre las posiciones de los más pobres y la justicia en medio de la corrupción. En esos temas, la iglesia misionera encuentra solidaridad y apoyo, como se está haciendo patente estos días en el caso de La Yuca-Palenque-Ecuador.

Un sacerdote alavés, de Artziniega (Benjamín Respaldiza) y un joven seglar vizcaíno de Orduña (Aitor Arbaiza) forman el equipo pastoral de Palenque, un remoto cantón de la provincia de Los Ríos, que forma parte del Ecuador profundo. De los 381 kilómetros de vías que tiene este cantón, solamente 15 están asfaltados. Y la pobreza extrema alcanza al 66,5% de sus 20.000 pobladores.

Grandes haciendas cacaoteras formaban el paisaje hace 100 años, cuando al cacao se le llamaba la Pepa de Oro. Los/as hijos/as de los hacendados estudiaban en París, mientras los trabajadores morían exhaustos. Al llegar las epidemias del cacao, esas haciendas quedaron olvidadas, sin cultivo durante años. En los años 70, la Reforma Agraria posibilitó que campesinos sin tierra es instalaran en estas tierras abandonadas. Uno de esos remotos poblados tomó el nombre de La Yuca: allí llevan 120 familias asentadas durante años, poseyendo el título de propiedad de las tierras otorgado por el IERAC (Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonización). Allí tienen sus escuelas, allí se reúnen como comunidad cristiana, nunca han visto a los terratenientes que viven en Guayaquil.

Contrarreforma agraria

Una nueva ley del año 2000 ha posibilitado que los antiguos propietarios hagan renacer de las cenizas las escrituras de propiedad. El nuevo organismo llamado INDA (que para más contradicción tiene como lema: La tierra para el que la trabaja) ha legalizado a favor de los herederos Pimentel una extensión de 4.600 hectáreas de tierra que hoy ocupan 10 recintos diferentes. La Yuca solamente es el ensayo para lo que vendrá después.

Basados en esa resolución del INDA, un contingente de policías ha entrado el 14 de junio en ese pueblo y lo ha desolado, con la destrucción de numerosas casas y bienes de los/as moradores. Toda esta gente, organizada en comunidades cristianas, ha recurrido enseguida a la parroquia y a la Comisión Diocesana de Derechos Humanos de Los Ríos, que han salido en su defensa. Los organismos de orden público de dicho provincia han amenazado a los agentes de pastoral con la deportación si es que se mueven.

Una Iglesia cercana al que sufre

La situación que viven hoy Benjamín y Aitor es similar a la que sufren tantos/as misioneros/as en el mundo entero, que trabajan por el Reino desde la justicia, al lado de los más pobres. Y nuestra iglesia puede sacar pecho, porque este tipo de personas atraen el aplauso y la solidaridad de personas muy alejadas de la fe. Nosotros mismos estamos orgullosos de Benjamín y Aitor, porque dejan una imagen de iglesia muy diferente de lo que normalmente vemos.

Seguir el ejemplo de Jesús y vivir el espíritu de las bienaventuranzas siguen siendo actitudes atrayentes para nuestro mundo de hoy, siempre que sean vividas desde el pueblo y con el pueblo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Solidaridad

Eclesalia llega a los rincones más apartados y sirve como enlace y revulsivo para quienes sentimos que nuestra iglesia debe ser Pueblo de Dios. Te invitamos a que te solidarices con Benjamín y Aitor enviándoles un mensaje a esta dirección de correo electrónico: palenque@easynet.net.ec


razón de piel

EN TODO SEMEJANTE A NOSOTROS EXCEPTO EN EL... SEXO
Las razones de la piel
EMMA TORRALBA, emmatorralba@yahoo.es

ECLESALIA, 13/06/06.- Hoy es el dichoso Código de Brown, ayer fue La última tentación de Scorsese, antes Je vous salue Marie de Godard, en el pasado El evangelio según Jesucristo del Nóbel Saramago. Y siempre, el mismo argumento de fieles ofendidos: todas estas obras de ficción niegan la divinidad de Jesús. La importancia del agravio bien merece unas líneas de reflexión: ¿cuándo se traspasa la frontera que mancha la naturaleza humana haciéndola incompatible con la condición divina?

“En todo semejante a nosotros” afirma el himno kenótico de Filipeneses (Flp 2, 7) o la carta a los Hebreos (Heb 4,15). El Concilio Vaticano II nos ayuda a concretar el misterio de la encarnación en términos cotidianos: “(El Hijo de Dios) Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre” (GS nº 22). Dejando para otra ocasión el estudio sobre el carácter evidentemente androcéntrico de la declaración vaticana, no parece que el trabajo, la inteligencia, la voluntad e incluso el amor sean incompatibles con la divinidad de Jesús. Entonces, insistimos: ¿cuándo lo humano se hace pecado?, ¿será cuando el hombre –por seguir con el lenguaje excluyente- se hace insolidario?, ¿es cuando el hombre agrede a su hermano que se convierte en pecador?, ¿el pecado es una declinación de especulación urbanística, saqueo de recursos naturales, explotación infantil...? o ¿el pecado será pasar de largo mientras el prójimo agoniza al borde del camino? No parecen ser éstas las preocupaciones que convocan a los creyentes heridos a las puertas de los cines; la razón es siempre una y la misma: la condición divina se niega cuando el sexo aparece en escena.

Aunque en el universo de lo políticamente correcto nadie defendería en público una afirmación tan burda como “el sexo es pecado”, la identificación entre sexualidad y ofensa a Dios está grabada a fuego en el inconsciente colectivo de los/las católicos/as; hasta el punto de haberse convertido en una “razón de la piel”. ¿Qué es una “razón de la piel"?... cerrad los ojos, imaginad por un momento el portal de Belén, visualizar la cara sudorosa y pletórica de María, ved entre sus piernas un recién nacido escurriéndose como una anguila entre sangre y placenta, observad los torpes movimientos de José anudando con la cinta de sus sandalias el cordón umbilical momentos antes de cortarlo. ¿Qué os ha dicho vuestro cuerpo? ¿El estómago os ha dado un pinchazo? ¿Habéis sentido repugnancia al imaginar a María en el trance del parto? ¿Os ha turbado la escena? Esas son las razones de la piel, las que hacen que lo que para muchas de nosotras ha sido la experiencia más maravillosa, trascendente, animal y divina de parir un hijo, proyectada sobre María se convierta en un acto herético y pecaminoso. ¿Hace falta seguir escuchando a la piel imaginando a Jesús haciendo el amor con una mujer? ¡Blasfemia!, gritarán los guardianes de la ortodoxia; ¡belleza y expresión sublime del amor! decimos otras que nos negamos a definir nuestras relaciones sexuales desde la paranoia machista y concupiscente del bendito san Agustín.

Esa repugnancia al sexo anclada en los fondos abisales de la conciencia católica es la que en última instancia justifica la exclusión de la mujer de la presidencia eucarística, la imposición celibataria al sacerdocio masculino, o la prohibición del uso del preservativo. ¿Cómo manchar la pureza inmaculada de la Eucaristía mezclándola con los cuerpos de Evas seductoras y libidinosas? No hay razones teológicas para que las mujeres no puedan ser sacerdotisas, los curas puedan contraer matrimonio, o el sexo se practique sin jugar a la ruleta rusa; sin embargo, las silenciosas “razones de la piel” siguen imponiendo la tiranía del miedo inconsciente.

Hoy es el dichoso Código, mañana será otro libro, una película, una canción, un cuadro, quien pondrá en pie de guerra la piel de los dicasterios, quien despertará al dragón dormido de los precipicios inconscientes, ese monstruo que eunucos por el reino de un cielo de ángeles asexuados han ido alimentando día a día durante más de veinte siglos; largo psicoanálisis para tanta represión. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).