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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

al turia

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DEL INFIERNO DE AUSCHWITZ AL DESBORDAMIENTO DEL TURIA
BRAULIO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA, 30/06/06.- Qué diferente la inminente visita del papa Benedicto XVI a la Valencia fallera, con su reciente viaje a los pabellones de exterminio en Polonia. En la ciudad del Turia no habrá silencio de Dios (o ¿sentimiento de culpa de la Iglesia?). Pero habrá marketing, liturgia, turismo… todo se fundirá en un colosal atrezzo de desmesura. Se desatará la euforia de las masas. En Auschwitz, el papa nos sorprendía exculpando de responsabilidad a todo un pueblo. El Papa no sabía que “todos saben cómo llegó Hitler al poder y lo fanática que fue la devoción popular hacia el führer” (L. Caracciolo en La Repubblica). Con qué facilidad olvidamos que fueron gentes con hondas “raíces cristianas”. Y que muchos, además de los cabecillas, adoraban a Mozart; se estremecían ante la Pasión según San Mateo de Bach; se elevaban con las codas sinfónicas del creyente Bruckner, se emocionaban con el cósmico Himno a la Alegría de Beethoven.

El teólogo protestante J. Moltmann, alemán como Ratzinger, recogió en su Dios Crucificado el testimonio de E. Wiesel, sobreviviente del infierno de Auschwitz, (lo mismo que tan magistralmente expresaba El Roto ¡en una viñeta!): “La SS colgó a dos hombres judíos y a un joven delante de todos los internados en el campo. Los hombres murieron rápidamente, la agonía del joven duró media hora. ‘¿Dónde está Dios? ¿Dónde está?’, preguntó uno detrás de mí. Cuando después de largo tiempo el joven continuaba sufriendo, colgado del lazo, oí otra vez al hombre decir: ‘¿Dónde está Dios ahora?’. Y en mí mismo escuché la respuesta: ¿Dónde está? Aquí... Está colgado del patíbulo...”. “¿Quién se calló?” es una interesante catequesis, necesaria y oportuna sobre el silencio... de la Iglesia (www.comayala.es).

Un viaje de desmesura utilizado obscenamente, sin escrúpulos, como propaganda electoral por el gobierno valenciano. Quizá, de buena noticia, al final sólo nos quede que se batió un nuevo record... ¿Será una nueva reedición de nuestro pasado nacional y religioso? (o nacional catolicismo): “el de un pueblo que se dice creyente, pero que, en el fondo, es muy pagano”, denuncia un sacerdote. Un viaje que la Jerarquía utilizará para demostrar la buena salud -la fortaleza- de la iglesia. Monseñor Cañizares, antaño teólogo progresista (como Ratzinger), al que un famoso periodista ahora se refiere como “el teólogo que cambió de bando”, poco después de ser nominado por el papa Ratzinger príncipe de la Iglesia, hizo un llamamiento arengando a los pueblos de la comunidad valenciana (y de España) para que “queden desiertos” y sus gentes acudan “en masa” para estar junto al papa a “expresar el apoyo decidido a la familia”. Tras recibir la birreta púrpura sus primeras declaraciones fueron: “mi vida ha de gastarse y desgastarse en una entrega completa al pontífice, campeón de la fe y heraldo del amor de Dios”. ¿Acaso no hay aquí más papolatría que espíritu evangélico?

Recupero las palabras de Hans Küng durante las exequias faraónicas de Juan Pablo II: “muchos se sentían molestos, realmente violentados, por un culto a la personalidad que desplegaba un triunfalismo más asociado con los emperadores romanos que con Jesús de Nazaret”. Se hablaba de “papolatría, divinización del papado, de un funeral como pieza colosal de propaganda vaticana”. En Valencia se desatará la euforia, habrá bullicio, griterío, pancartas... Una gran masa humana que quizá se sentirá (¿artificialmente?) “comunidad”, aunque, quizá, sólo como flor de un día. Muchos confunden comunidad con recibir la comunión. No es lo mismo. Por mucho que en Valencia se la den en copones exclusivos de la casa Lladró...

En una catequesis reciente sobre el profeta Zacarías (Zacarías significa: “el Señor recuerda”), descubríamos que este profeta menor nos anticipa las escenas más tensas que se cumplirán en la etapa final de la vida de Jesús: su entrada “escandalosamente” humilde en Jerusalén (Za 9,9-10; Mt 21,5; Jn 12,5), la expulsión de los mercaderes del templo (Za 14,21; Mt 21,12; Jn 2,16), la traición de Judas por treinta monedas (Za 11,12s; Mt 27,9s)... etc. etc. El profeta nos recuerda la renovación (“La renovación pendiente” - www.comayala.es)

Es previsible que el evento sea aprovechado para denunciar la política del Gobierno del presidente Zapatero, que “destruye a la familia”; quizá, también, se especule con el dolor de las víctimas, y hasta puede que haya consignas reclamando la indisolubilidad de la patria, aun sabiendo que Jesús, el hijo de Dios, sólo nos habló de una indisolubilidad: la matrimonial. Pero resulta patético cansar hablando tanto de la unidad de las familias, de la indisolubilidad del matrimonio, sabiendo que la Iglesia ha sido (y es) pródiga concediendo sonadas anulaciones matrimoniales (incluso hasta tres veces) de sus matrimonios "religiosos".

Contrasta el triunfalismo que cosecharán los cerca de dos millones de “peregrinos”, o el millón y medio que podrán escuchar en directo las palabras de Benedicto XVI, (250 millones de personas de todo el mundo que verán en directo la misa papal) con la realidad del día a día. Recientemente, una diócesis española alertaba que en 2007 ya no podrá mantener sus templos: “ya no queda nada por vender”. Y también con la alarmante edad media del clero, 67 años, (el 40% más de 75). A Benedicto XVI le gusta hablar de la viña, se presentó como el “humilde jornalero de la viña del señor”. Y alerta de los jabalís que la destrozan...

Las cifras nunca dan la verdadera dimensión de la comunidad. Las comunidades proféticas han sido siempre “pequeños restos de Israel”. En el primer gran encuentro masivo del papa Ratzinger, en Colonia, el 21 de agosto de 2005, en la misa de clausura de las Jornadas Mundiales de la Juventud, le acompañaron un millón de jóvenes. Pero el termómetro de un sondeo realizado por el diario alemán Die Welt, mostraba que sólo el 20% acudía por motivos religiosos. Casi la mitad, el 43%, dice viajar simplemente para encontrarse con otros jóvenes. También suele ocurrir, por ejemplo, con ciertas peregrinaciones veraniegas, tan del gusto del más influyente de nuestros cardenales, tan obsesionado con el “Santiago y cierra España”; él ha conseguido que los mundiales de la juventud del 2011 tengan su sede en España.

Jesús, antes de ser prendido a instancias de las autoridades religiosas, entró desafiantemente “antidivo” en Jerusalén, en la más radical sencillez: en una pollina prestada. En Valencia ocurrirá justo todo lo contrario: 600.000 euros para la construcción del altar de 2.000 metros cuadrados, con microclima; la construcción del apartamento papal de 180 metros cuadrados, para un católico soltero; 400.000 euros para diez mil banderolas con los colores vaticanos, los cinco mil “cuelga balcones”, o los 14,5 kilómetros de vallas, amén de potentes proyectores de haces de luz... etc. etc. (se montó una exposición en el Ayuntamiento valenciano con los elementos que servirán de ornato callejero cuyo coste será financiado por unos famosos grandes almacenes). Para acallar las conciencias, la alcaldesa de Valencia destacó en el acto que todo será reciclado por asociaciones de discapacitados.

Un triunfalismo eclesial para disimular la crisis de la Iglesia. Resulta paradójico que nuestro papa, uno de los mayores teólogos, nos hablara de la ausencia de Dios ante el holocausto cuando un no profesional de la teología, sí lo vio, y lo ilustró magistralmente en una sencilla viñeta en un periódico laico. El Papa pasará por Valencia: ¿pasará también El Señor? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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