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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

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¿IMAGINACIONES MÍAS?
Pastoral de infancia y juventud en la diócesis de Madrid
MARÍA FERNÁNDEZ
MADRID.

ECLESALIA, 30/05/06.- Hermano Gregorio, señor Roldán. Desde la lejanía del desconocimiento te escribo por no poder callarme por más tiempo. Tengo que confesarte que no he participado nunca en ninguna convocatoria de la delegación de infancia y juventud que diriges. Acabo de aterrizar, como quien dice, en la pastoral de este buen Madrid y estoy empezando. Por ahora no me ha tocado.

Esta carta te la dirijo pero, como verás, no es una cuestión personal. La carta es para esta nuestra pastoral diocesana de infancia y juventud con la que me encuentro.

Ya el año pasado me llegó el programa de objetivos, encuentros, convocatorias, propuestas, departamentos, equipos y otros servicios diocesanos de “Deleju”. Bonita presentación. De “reconstruir la deseada pastoral diocesana de los niños y jóvenes” hablaba, para vivir “más plenamente la Comunión en la Iglesia”. En otra etapa de mi vida estuve ya en Madrid, en los tiempos de APJs, con Tarancón y Urbieta a la cabeza. Tiempos gozosos. ¿Quién destruyó para que ahora toque reconstruir?

Se veían las buenas intenciones en las 62 páginas del programa. “Sabemos que no somos muchos ni tampoco los mejores” decía… me incluyo. Grandes encuentros, peregrinaciones y alguna que otra vigilia fundamentaban las acciones. Lo mismo en 2006. Mucha gente, por favor, cuanta más mejor, toda junta para que se note. Objetivos por vicarías, responsables, coordinadores, líneas de acción… ya casi no me acuerdo.

Con fecha de 18 de mayo de 2006 recibo una carta sobre la “Misión Joven para Madrid” convocada por el bueno de Antonio María “Cardenal Arzobispo”. No era la primera noticia. Este año era la línea a seguir en la pastoral de “Deleju”. Habrá acto de presentación, eucaristía y acto festivo en la explanada de la Catedral. Y después como “acciones de este verano”, tres convocatorias para “sentirnos animados en Misión Joven el próximo curso”: peregrinación a Guadalupe (Cáceres), peregrinación a Javier (Navarra), peregrinación a Tierra Santa.

“Deleju” es una institución consolidada, cargada de buenas intenciones, con medios económicos suficientes. Por los papeles, bien de cara a la galería, los medios de comunicación y las fotos de un obispo rodeado de muchos jóvenes peregrinando.

Pero imagino que debe haber algo más que estas bonitas “acciones”.

Imagino el interés de “Deleju” por conocer las pastorales de jóvenes de tantos colegios de religiosas y religiosos, las realidades parroquiales de calle, los problemas de la vivienda, la inestabilidad laboral, la vida por vivir de muchos, la fragilidad de tantas parejas casadas “por la iglesia”.

Imagino la necesidad de “Deleju” de encontrar la manera de mover los movimientos nuevos (Neocatecumenales, Regnum Christi y similares) en esa Comunión ansiada, la manera de que jóvenes formados viviendo en comunidades no sean expulsados de las parroquias por su coherencia crítica, la manera de que no se nos queden demasiado cerrados los grupos juveniles cristianos de tantos colegios, la manera de salvar las barbaridades de algunos pastores para hacer entender que no es así toda la Iglesia.

Imagino que tanto medio y modo serán la manera de coordinar desde la delegación las múltiples acciones pastorales que hay en Madrid, favorecer encuentros, respaldar iniciativas, fomentar procesos, generar grupos, dialogar con las comunidades de base…

Imagino que debe ser esto de la pastoral de infancia y juventud algo más que lo que he podido encontrarme en los papeles. ¿Imaginaciones mías? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


censura

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iglesia herida

IGLESIA HERIDA
JOAQUÍN MARTÍNEZ SÁNCHEZ, teólogo
MADRID.

ECLESALIA, 22/05/06.- Quizá confundíais a Marcial Maciel con Lafuente Estefanía (escritor español 1903-1984). No teníais idea de lo honda que es la herida en esta Iglesia que aparenta ser pulida como chorros de oro brincando de los bancos y las joyerías. No os enfadéis, no maldigáis a ese pobre ser humano que tardó cincuenta años en construir un imperio después de esa noticia que hoy os agobia y os hace pensar en Somorra y Godoma, Morroso y Gomoso, o viceversa. Pasaron cincuenta años.

Mirad, amigas y amigos, cuál es la causa de que os escriba. Hace un poco menos, diez años, estaba yo en México como esas dos chicas catalanas que acaban de expulsar de Chiapas por crímenes tales cuales los míos: acompañar a las comunidades indígenas, dejarse enamorar por los/as más pobres soportar amenazas, vejaciones, hasta dejarse violentar por ser débiles, tan débiles o menos que muchas mujeres machacadas por el mismo terror, en San Salvador Atenco.

Esta comparación también me hace sospechoso pero yo no vivía en una zona zapatista sino en el empeine de la Sierra Madre del Sur, montaña mixteca, estado de Guerrero enviado por el obispo Rafael, acapulqueño de adopción y por un vicario estupendo, Ramón quien más trabajó por organizar la iglesia en comunidades de base, grupos de derechos humanos, empresas sociales formado en seminarios y conferencias de la CELAM tan genuino y cabal como María de Tepeyac. A mí me enseñó que la pastoral es un conjunto y me acogió la esperanza de que la educación, el evangelio y hasta la madre de esta iglesia hablase en mixteco (además de en español y en nahuatl).

La estampa local tenía otros sellos uno, el ejército ocupante de las zonas indígenas por esto o por aquello, para evitar el cultivo de drogas y para rondar la sombra de un pueblo más pobre que el Sudán, sin exagerar Otro sello era de Marcial, los legionarios. Tendría que rimar: ejército con legionarios. Podría conseguirlo, pero eran de Cristo y no me atrevo. Tal legión se encargaba de formar a laicos evangelizadores a tiempo completo, un muchacho a quien bien recuerdo, encariñado con esta cebra de español y mixteco que era yo me contaba que le enseñaban a tener miedo de los teólogos de la liberación y a tener complejo contra las comunidades eclesiales de base, porque eran un foco de izquierdismo lo cual quiere decir que aceptaban todas las novedades. Un horror, ¿verdad?

Mi amigo del alma, el vicario Ramón, tuvo que exiliarse de un país democrático protegido por el estado de derecho. Su historia daría para hacer otro romance entre la Iglesia y Cristo, pero será otro día. A mí me acusaron de izquierdista por hablar mixteco y sobre todo porque no entendían que hacía allí un español sino armar la revolución por mucho que fuera objetor de conciencia y pacifista.

Hace ya diez años que los periódicos mexicanos hablaban de Marcial por lo que ahora hablan todos los periódicos del mundo. Pero ninguno contará que la Iglesia universal sufrió una condena previa contra las comunidades de laicas y de laicos que eran plurales, democráticas, gozosas abiertas a las novedades por fidelidad al evangelio. Nos persiguieron, nos calumniaron y ahora ni siquiera deseamos la venganza.

Marcial, si alguna vez lees esto en un portal de la iglesia de base, puedes creer que al cabo de cincuenta años sólo nos importa la verdad y que se acabe el cuento y que empiece el reino en que todas y todos reinan por lo cual es de Dios-a.

valencia

valencia
CON MOTIVO DE LA VISITA DEL PAPA BENEDICTO XVI A VALÈNCIA
GRUP DE RECTORS DEL DISSABTE
VALENCIA.

 ECLESALIA, 28/04/06.- Los sacerdotes en parroquias populares y obreras, que formamos “el Grup de rectors del dissabte”, queremos que la visita del Papa a València, con motivo del “V encuentro Mundial de las familias”, sea una Buena Noticia para el Pueblo de Dios y para nuestro mundo, tan deseoso de signos de esperanza. Para ello necesitamos ser confirmados en la fe por el sucesor y continuador de Pedro y, también, queremos ayudarle a ejercer evangélicamente su propio ministerio, de forma que alimente la esperanza y el amor.
Esperamos que el Papa CONFIRME:
- Nuestro empeño en evangelizar las distintas formas y situaciones de familia que existen en nuestra realidad. Para ello, le pedimos: Ayúdenos a saber acompañar también, compasiva y misericordiosamente, a las familias monoparentales, a las familias rotas, a las familias reconstruidas, a las familias del mismo sexo, a las familias trasnacionales y a aquellas que viven alguna situación de enfermedad, pobreza o especial precariedad.  Necesitaremos todo el coraje evangelizador para que, en las nuevas formas de convivencia familiar, se pueda hacer la experiencia del amor incondicional de Dios, Padre-Madre, que lleve a toda la humanidad a vivir como la gran familia de hijos e hijas de Dios. 
- Nuestra indignación ante los procesos migratorios que causan tantas muertes y sufrimiento a los hermanos más necesitados y sus familias. Sentimos como crimen contra Dios Padre que cerca de 10.000 personas hayan muerto en nuestros mares en busca de un paraíso creado por las ondas. Más en concreto, sentimos como vergüenza que, bajo los puentes de nuestro río Turia y en lo más crudo del invierno, hayan pernoctado y pernocten tantas personas inmigrantes sin protección legal. Nos impresiona que sobre un puente de dicho río se esté levantando ahora la grandiosa plataforma en la que el Papa presidirá la Fracción del Pan o Eucaristía. Para ello, le pedimos: Ayúdenos a defender siempre la dignidad de toda vida  humana, a denunciar valientemente cuantas leyes, nacionales y europeas, denigren dicha dignidad, y a que nuestras comunidades cristianas sean siempre espacios de acogida y refugio para los pobres de la tierra, a quienes se les niega patria y papeles.
- Nuestra esperanza en el final de la violencia que ha traído tanto sufrimiento, especialmente a muchas familias. Queremos colaborar con nuestra plegaria y esfuerzo para que toda la Iglesia de los pueblos de España se sienta llamada a ser mediadora en el proceso, tanto si se le requiere como si no. Para ello, le pedimos: Ayúdenos a que amanezca la paz, tan profundamente deseada por este país y por todas las víctimas (en cualesquiera de las violaciones sufridas) y que la Iglesia sepa ser siempre, entre las personas y pueblos, artífice de reconciliación y de perdón.
- Nuestra ilusión en la ampliación de las libertades civiles, siempre que ello comporte reducir los sufrimientos personales y colectivos. Para ello, le pedimos: Ayúdenos a no tener miedo a la libertad ni a las situaciones en las que la Iglesia tenga que buscar nuevos espacios de opción personal y comunitaria, más allá de la protección de las leyes, y también a testimoniar que sabemos caminar en la confianza y la libertad de hijos e hijas de Dios, en una sociedad plural, multicultural y secular.
Queremos, también, AYUDAR al Papa en el ejercicio del ministerio petrino:
- Queremos ayudarle en su compromiso por “liberar a la religión de toda complicidad con el mercado”. Su reciente e impresionante llamada en Colonia a la des-mercantilización de la religión resuena estos días con especial intensidad ante la obscena insistencia de los medios de comunicación sobre cifras, costes y éxito previstos para el Encuentro de las Familias. Creemos necesario subrayar que hay que ayudar al Papa a ser coherente. No queremos que ignore que su visita está convirtiéndose en un reclamo turístico y que se está instrumentalizando mercantilmente al servicio de intereses espurios a la fe y a la pastoral (algo denunciado en la encíclica “Deus caritas est” nº 31).  Hagamos lo posible para que las visitas del Papa potencien la sencillez y posibiliten la personalización de la fe, evitando, en la medida de lo posible, la masificación y la fastuosa espectacularidad que para este encuentro se adivina.
- Queremos ayudarle en su compromiso por mantener la autonomía de la Iglesia frente a cualquier opción política. Al Papa le será fácil advertir las alianzas hegemónicas que se están dando con la opción conservadora. Incluso su visita está siendo negociada con desigual suerte con cada una de las configuraciones políticas: mientras que a las fuerzas políticas autonómicas y locales (de signo conservador) se les está dando todo el protagonismo, a las autoridades estatales (que son de otro signo) se les ponen trabas para colaborar o tener alguna relevancia, bajo el pretexto de que forman parte de una fuerza política “laica”, y pasando por alto el hecho de que en su seno hay gran número de creyentes. Aseguremos la libertad de la Iglesia para que el anuncio del Evangelio pueda llegar sin prejuicios a todos los seres humanos.
- Queremos ayudarle en su compromiso por acercarse compasivamente a los necesitados. Su encíclica “Deus caritas est” ha abierto cauces para la presencia solidaria de la Iglesia, como prioridad ministerial. Muchos están empeñados en convertir su viaje en una visita de poder y grandeza de Jefe de Estado. Dejemos al Papa ser Papa. Dejemos que se acerque a los excluidos que carecen de las necesidades mínimas –a pesar de que el artificial escenario de la València del siglo XXI se lo va a hacer muy difícil-; y que los desplazados de sus tierras y familias encuentren en él un defensor de sus derechos, para que así, el pueblo experimente no la lejanía, sino la proximidad real y afectiva del Pastor. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
 

València. Abril de 2006. 

 

iglesia moisés

iglesia moisés IGLESIA-MOISÉS

EMMA TORRALBA, emmatorralba@yahoo.es


ECLESALIA, 03/04/06.- Iglesia docente, Iglesia discente, Iglesia jerárquica, Iglesia universal, Iglesia-Cuerpo de Cristo, Iglesia-Pueblo de Dios, Iglesia..., miles de náufragos en las costas canarias gimen hoy por una Iglesia-Moisés.
Así dice Yahveh:
Iglesia, ¿qué has hecho con el bastón de Moisés que heredaste?
¿Por qué no utilizas el poder de separar las aguas que te otorgué?
He visto la opresión de mi pueblo africano. He oído la angustia de su guerras intestinas alimentadas por el negocio de armas de “primeros mundos” cainitas. Conozco el saqueo de sus recursos naturales: el oro de sus yacimientos, el marfil de sus elefantes, el coltán de sus minas, el petróleo aún por robar.
He escuchado el clamor de su hambruna y, Yo Yahveh, les he prometido una tierra nueva y espaciosa. Yo les voy a dar una porción de futuro en la opulenta Europa. Un trozo de tierra donde plantar su dignidad.
Yo los he lanzado al desierto del océano en frágiles pateras. Pero tú, Iglesia-Moisés, no estabas con ellos indicando el camino bajo mi nube, y mi pueblo ha perecido tragado por las aguas.
Tú Iglesia-Moisés que salvaste la vida en una cesta de mimbre arrojada al Nilo; a ti que te hice pescadora de hombres; tú que eras capaz de caminar sobre las aguas, has abandonado a mi pueblo. La sangre de tus hermanos clama a Mí desde el fondo de negros corales.
He visto a otros hombres jugarse la vida por defender la vida de ballenas y focas. Escudos humanos a corazón abierto ante el arpón asesino. A ellos voy a entregar mi herencia -¡que de las piedras saco Yo hijos de Abraham!-.
¿No tenías que estar tú interponiéndote entre el garfio del faraón y la huida desesperada de mi pueblo?
Dónde estaban tus lanchas rápidas desafiando a los guardacostas, abriendo caminos en el mar y llevando a mis hijitos a tierra firme. Dónde tus helicópteros lanzando desde el cielo el maná del agua dulce. Dónde tus abogados en las fronteras peleando por la legalidad de todo ser humano. Dónde tus jerarcas transportando a mi pueblo en alas de águila.
Tenías el poder y los medios –Yo te los di-, ¿por qué no hiciste el milagro de separar las aguas? ¿Te paralizó el miedo? ¿Temes que te acusen de quemar la Europa del bienestar como antaño te acusaron de incendiar Roma por negarte a seguir los dictados del emperador?
Tienen razón en temerMe los nerones europeos, mi pueblo va a heredar su tierra. Ya expropié antes la hacienda de los cananenos, hititas, amorreos, pereceos, jeveos y jebuseos. A la hambruna de mi pueblo Yo he prometido la leche y miel de tus costas, ¿tienes miedo de ser cómplice de Mi Promesa?
Iglesia, ¡obedece la voz de tu Señor!, ¡sigue a Pedro, lánzate nuevamente al agua! ¡ ¡camina tras Juan Bautista hasta orillas de negra indignación! Sal a buscar a tus hermanos! ¡Corta alambradas! ¡Prepara escaleras para saltar fronteras! ¡Abandona tus palacios y privilegios! ¡Vuélve a la intemperie, al lado de mi pueblo! ¡Que tu espalda se queme al sol, que tu piel huela a salitre, que los remos encallezcan tus manos! ¡No comprendes que es la brisa de Mi Espíritu la que empuja a los cayucos hasta las costas de vuestra indiferencia!
No colabores en llenar las ollas de Egipto con el señuelo de cooperaciones al desarrollo y condonaciones de deudas. No seas cómplice del engaño de saciar estómagos con el trueque envenenado de lentejas por libertad. Alimenta el derecho de todo ser humano a buscar en cualquier rincón del planeta un futuro que llevarse a la boca. Recuerda, Yo soy tu Dios, todo hombre es tu hermano y toda la tierra es Mía/tuya/vuestra/... suya.
Iglesia, sé que un tu seno hay personas justas, corazones sin fronteras y casas apretujadas; ¿por qué crees que no te he destruido ya? Lo prometí a tu padre Abraham: “si encuentro diez justos no destruiré la ciudad”, pero no sé hasta dónde podré contener mi cólera viendo los vientres hinchados de tantos niños. Son demasiadas muertes para un Dios de Vida como Yo.

Esto dice el Señor de los ejércitos: ¡Iglesia-Moisés, cuida de mis pequeñuelos o disponte para la batalla! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

respirar

respirar

REACCIONES INDIGENAS A LA DIFUSIÓN DE LA CARTA DEL CARDENAL ARINZE*
ELEAZAR LÓPEZ HERNÁNDEZ, 13/03/06
TEHUANTEPEC (MÉXICO).

ECLESALIA, 15/03/06.- Acabo de conocer la carta que fue enviada por el Cardenal Arinze al Obispo de san Cristóbal de las Casas, Mons. Felipe Arizmendi, en octubre de 2005. En ella se le comunica la “suspensión de eventuales ordenaciones de diáconos permanentes hasta que se haya resuelto el problema ideológico de fondo”. Se trata de una cuestión puntual para la diócesis de San Cristóbal; y, por lo que en ella se expone, la suspensión se basa en la carga ideológica que Roma considera que existe en la formación de estos diáconos y se apoya también en la expectativa de un sacerdocio no celibatario que, según dicen, se ha suscitado indebidamente en los diáconos indígenas. Desde luego esas aseveraciones no han sido probadas fehacientemente, pero ha bastado la presunción y la palabra de los contrarios para actuar contra el proceso, indicando, además, que con ella se quiere “contribuir a sanear la vida eclesial... abrir la diócesis y... ayudarla a salir del aislamiento ideológico”. Ahí veo la gravedad de este proceder institucional, que no toma en cuenta la palabra indígena ni hace justicia al largo proceso de los hermanos de Chiapas. Por lo que sé, los Obispos y fieles de a diócesis de San Cristóbal han aceptado la decisión asumida en Roma y seguirán adelante, no sin dolor, en su acción pastoral y en su acompañamiento a las comunidades indígenas de la zona integrando las indicaciones superiores. Las consecuencias en las comunidades nativas las veremos más adelante. Seguramente ellas, con la ayuda de Dios, encontrarán formas nuevas y mejores de vivir inculturadamente su fe y compromiso cristiano, a pesar de las restricciones impuestas.

Como ya es del conocimiento público la carta del Cardenal Arinze no es reciente, pues se escribió inmediatamente después de la vísita ad limina de los Obispos mexicanos, que tuvo lugar en septiembre del año pasado. En esa visita ad limina algunos obispos de México no apoyaron la petición de Mons. Felipe Arizmendi para reabrir la ordenación de diáconos indígenas, después de tres años que fuera suspendida también por presión de quienes no están de acuerdo con el avance indígena. Lamentablemente tuvo más eco en los Dicasterios romanos la posición contraria a los diáconos indígenas y el resultado fue esa suspensión provisional, que ahora los enemigos de la causa indígena difunden profusamente queriendo extender las observaciones de Roma a todos los componentes de nuestra lucha indígena dentro de la Iglesia; cosa que no corresponde al tenor de la carta del Cardenal Arinze, quien por cierto, hace unos años, se manifestó favorablemente sobre el papel de las religiones tribales en la lógica de la salvación en Cristo, asunto bastante coincidente con los planteamientos de la teología india.

La carta del Cardenal Arinze a Mons. Felipe Arizmendi no tuvo hace seis meses ninguna difusión en los medios pues se consideró que era expresión coyuntural de una Curia romana que apenas estaba retomando funciones después de la elección del Papa Benedicto XVI; se tenía la esperanza de que estos asuntos indígenas fueran retomados posteriormente de una manera más sosegada y por lo tanto con otro veredicto. Por eso no se vio en la prensa ningún comentario a ella. Pero ahora la sacan a la luz, extrapolando su contenido, con intenciones evidentes de utilizarla para acallar definitivamente la voz indígena dentro de la Iglesia. No debemos dejar que eso suceda por las consecuencias que tendría no sólo para los indígenas sino para la misma Iglesia, que corre el riesgo de perder a los pocos aliados estratégicos que le quedan en el mundo, entre ellos los pueblos indígenas.

Hay en México un grupo no identificado de personas, que se dicen católicas y que tienen poder en los medios, que, desde hace tiempo, han estado instigando que se pare no sólo el asunto de los diáconos indígenas sino que se condene toda la obra de Mons. Samuel Ruíz, Obispo emérito de san Cristóbal de las Casas, a quien ellos consideran el culpable mayor de la problemática indígena.

Este grupo aprovecha todas las ocasiones que tiene a la mano para cuestionar la obra del nuevo Obispo de San Cristóbal, Mons. Felipe Arizmendi, exigiéndole que renuncie al acompañamiento pastoral que da a los indígenas y que fue iniciado por su predecesor. Dicho grupo estuvo de acuerdo con el silencio sobre la carta del Cardenal Arinze. Por eso ahora la relanzan al público con una furia que quisiera llevar a la hoguera no sólo a los Diáconos indígenas, sino la Iglesia autóctona y la teología india. Ellos están utilizando ahora la carta del Cardenal Arinze para dar por terminada la lucha de los indígenas dentro de la Iglesia católica, para que aceptemos que hemos sido rechazados y condenados y que ya no insistamos en nuestro empeño inculturizador de la fe cristiana. Ese es el efecto que quieren lograr en nosotros y en quienes nos apoyan desde dentro de la Iglesia.

Puede ser que el resultado inmediato de este agobio persistente contra los indígenas, dé por resultado que algunas hermanas y hermanos indígenas tiren la toalla para no seguir siendo golpeados por esa porción de la Iglesia católica que se está mostrando incapaz de entender la emergencia actual de nuestros pueblos, pues la confunde con los fantasmas surgidos de sus miedos de clase social y de etnia dominante. Puede ser que por este rechazo la lucha indígena se abstenga en adelante de seguir buscando en la Iglesia espacios de apoyo y de solidaridad que algunos eclesiásticos no quieren dar. Puede ser que algunos hermanos indígenas lleguen a la conclusión de que han perdido el tiempo con la Iglesia y que ya no vale la pena esperar que la institución eclesiástica cambie su relación asimétrica con los pueblos nativos pues ella está más dispuesta a ponerse de lado de quienes nos oprimen y nos niegan todos nuestros derechos. Puede ser que, con decisiones como la suspensión de la ordenación de diáconos indígenas, la Iglesia efectivamente aparezca ante muchos indígenas como cerrada al diálogo e intolerante, y ella misma se ponga en riesgo de perder la oportunidad histórica de estar con los grupos humanos que luchan ancestralmente por su dignidad e identidad cultural y religiosa apoyándose también en nuestro Señor Jesucristo. Quienes hemos asimilado en nuestro ser el amor a nuestro pueblo junto con el amor a la Iglesia, seguiremos clamando, a tiempo y a destiempo, por el lugar digno que nos corresponde en el mundo según el plan de Dios. Y sabemos que aquellos que, desde la Iglesia, -de la que también somos parte-, asumen la causa indígena como su propia causa, seguirán siendo nuestras hermanas y hermanos de camino en la búsqueda de un destino de vida que algunos sistemáticamente nos niegan. Tarde o temprano la historia nos dará la razón. Como San Pablo, decimos hoy: “Si Dios está a nuestro favor ¿quién estará en nuestra contra? Si Él sale en nuestra defensa ¿quién nos condenará?” (Rm. 8,315).

Para ampliar la información sobre la coyuntura eclesial en relación a los pueblos indígenas, hay que leer dos análisis que hicimos recientemente y que yo puse por escrito: “Nuevos ataques a la Teología india” (diciembre de 2005) y ‘Aportes indígenas a la V CELAM” (enero de 2006). No se olviden que las baterías también apuntan a mi persona; a mí me tienen en la mira los adversarios de la pastoral indígena en México y en América latina; a consecuencia de eso y por órdenes de mis superiores me encuentro ahora recluido en una parroquia de la Diócesis de Tehuantepec (México) en espera de un juicio sobre mi ortodoxia, precisamente porque me ubican como el principal promotor de la teología india. ¿Qué pasará si los enemigos de la causa india logran imponer en la Iglesia sus decisiones? No lo sé. Sólo Dios lo sabe. Aunque soy optimista no dejo de preocuparme por el avance de esas posiciones intolerantes. Parece ser que el miedo al terrorismo lleva a algunos a querer aplicar en la Iglesia la guerra preventiva contra los que somos y pensamos diferente. Ojalá podamos quitar de nuestra Iglesia el miedo a la diferencia para que la fe, la esperanza y el amor prevalezcan entre nosotros, ya que, como lo acaba de recordar el Papa Benedicto XVI, “Deus Chantas est”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Confiado en Aquel que me sostiene,

Eleazar


*Nota de la redacción de Eclesalia

La noticia de la carta que fue enviada por el Cardenal Arinze al obispo de de San Cristóbal fue publicada por la agencia ACI (aciprensa.com) el 9 de marzo de 2006 con el titular “Santa Sede dice no a “iglesia indígena” y a sacerdocio casado en América Latina”. Dicha información se recogió en la sección de religión del periódico Periodista Digital (periodistadigital.com).

El texto de la carta de Francis Arinze, (prefecto de la Congregación para el Culto Divino) a Felipe Arizmendi (obispo de san Cristóbal de las Casas) aparece en el último número del boletín “Notitiae” del dicasterio:

“En la última Reunión Interdicasterial, celebrada el 1 de octubre pasado, como Ud. ha podido bien observar, se realizó un detallado y serio examen de la petición presentada por Vuestra Excelencia y de la situación actual de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas y sus incidencias en la vida de la Iglesia Universal. Como resultado de la deliberación se ha convenido como sigue: No se puede ignorar que, aún después de pasados cinco años de la salida de S. E. Samuel Ruiz de San Cristóbal de las Casas, continua estando latente en la Diócesis la ideología que promueve la implementación del proyecto de una Iglesia Autóctona. En este sentido, la Reunión Interdicasterial se ha pronunciado por una suspensión de eventuales ordenaciones de diáconos permanentes hasta que se haya resuelto el problema ideológico de fondo. Asimismo, se pide que se fortalezca la pastoral vocacional, con vistas al sacerdocio célibe, como en el resto de la Iglesia en México y demás países de América Latina; y que se interrumpa la formación de más candidatos al diaconado permanente. Constituye, en efecto, una injusticia contra esos fieles cristianos alentar una esperanza sin perspectivas reales; además, el diaconado supone una vocación personal, no una designación comunitaria sino una llamada oficial de la Iglesia; requiere una formación intelectual sólida; orientada por la Sede Apostólica. Para contribuir a sanear la vida eclesial, desde el inicio se ha pedido y se continúa a indicar, abrir la diócesis a otras realidades propias de la universalidad de la Iglesia Católica, para ayudarla a salir del aislamiento ideológico mencionado. Por último, cabe subrayar que, alimentar en los fieles expectativas contrarias al Magisterio y a la Tradición, como en el caso de un diaconado permanente orientado hacia el sacerdocio uxorado (casado), coloca a la Santa Sede en la situación de tener que rechazar las distintas peticiones y presiones, y, de este modo, se le hace aparecer como intolerante”.

conciliación laboral

'CONCILIACIÓN DE LA VIDA LABORAL'
Comunicado 8 de Marzo
COMISIÓN PERMANENTE DE LA HOAC
MADRID.

ECLESALIA, 08/03/06.- Desde aquel 8 de marzo de 1908 en que 129 trabajadoras murieron quemadas en el interior de su empresa por reivindicar la jornada laboral de 10 horas, se han dado muchos pasos gracias al tesón y compromiso de muchas mujeres, a las que también se unieron hombres que sintieron de justicia la igualdad de la mujer. Pero todavía queda mucho por transformar:

Si nos fijamos en el mundo del trabajo asalariado, resulta que el 36% lo realiza en condiciones irregulares (economía sumergida, contratos basura, largas jornadas...). Estas mujeres constituyen un colectivo con un elevado grado de debilidad e indefensión. Podemos decir que la pobreza tiene rostro de mujer. Tampoco hay una autentica igualdad de oportunidades, sigue existiendo el llamado “techo de cristal” que impide que las mujeres consigan puestos directivos y de responsabilidad. Se sigue manteniendo una desigualdad salarial.

Si pasamos al ámbito del hogar, resulta que en estos momentos el imprescindible trabajo doméstico está fuertemente desprestigiado; que la mayoría de mujeres asalariadas tienen que soportar una doble jornada: extradoméstica y doméstica; y que la atención a los pequeños, a los ancianos y a los enfermos sigue recayendo sobre ella.

Constatamos que es imposible la conciliación de la vida laboral y la vida familiar porque el sistema productivo neocapitalista se mueve en unos valores totalmente contradictorios e irreconciliables con los valores de la vida familiar.

Repudiamos la frivolidad con que se retrata a la mujer en algunos medios de comunicación. Especialmente los programas del corazón y los anuncios publicitarios que utilizan la imagen de la mujer con carácter discriminatorio y vejatorio.

El mantenimiento de pautas culturales patriarcales está desencadenando la violencia doméstica que sigue produciendo, a pesar de la nueva ley, los asesinatos de mujeres.

Por último, no podemos olvidarnos de las mujeres inmigrantes ni de aquellas que viviendo en países en vías de desarrollo y/o en culturas abiertamente patriarcales y discriminatorias ven agravada notablemente esta situación.

Como militantes de la HOAC, cristianas y cristianos seguidores de Aquél que todo lo hacía nuevo rompiendo con los tabúes discriminatorios establecidos en su cultura y restituyendo la dignidad a los empobrecidos, a las mujeres y todas las personas despreciadas por el sistema, no queremos ni podemos quedarnos con los brazos cruzados ante la realidad actual. Somos conscientes que no es una tarea fácil, que se necesita valentía, esfuerzo, constancia, diálogo, debate, esperanza... También hemos experimentado que empeñarse en construir una convivencia desde el respeto, la libertad, la tolerancia, la participación, el servicio, la solidaridad, la igualdad desde la diferencia... es lo que va haciendo brotar la madurez humana y la felicidad. Por eso:

- Pedimos a nuestra Iglesia, y nos comprometemos en ella, a que recupera y difunda el rostro materno de Dios; a que potencie todo ese movimiento de mujeres teólogas que están creando una nueva forma de investigar y de producir teología partiendo de su propia experiencia de fe; y que abra cauces a la corresponsabilidad de la mujeres en la vida y misión de la Iglesia.

- Desde las Asociaciones en las que estamos colaborando (sindicatos, partidos, AMPAS, AAVV, movimientos Antiglobalización, Pacifistas, Movimientos de Mujeres) y desde la propia Iglesia, levantamos nuestra voz, a veces ahogando un suspiro de rabia y dolor por la muerte de una nueva mujer maltratada, para reivindicar:

· Que realmente se pongan los medios para que se respete la libertad y la vida.

· Que se consiga una verdadera igualdad laboral y una justicia social que permita vivir dignamente a esas · miles de mujeres que no pueden sacar adelante con sólo su esfuerzo a sus familias.

· Una educación en valores igualitarios tanto en la teoría como en la práctica escolar.

· Una mejora y fortalecimiento de los servicios públicos como medio de apoyo a la familia y en especial a la mujer que es la que asume generalmente el cuidado de los miembros familiares con necesidades específicas.

· Que se promueva una cultura, también desde los poderes públicos, los medios de comunicación y la propaganda, que difunda un modelo alternativo de vida y relaciones sociales al modelo patriarcal todavía presente y fuertemente interiorizado. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

“La humanidad posee dos alas: una es la mujer y la otra es el hombre.
Hasta que las dos alas no estén igualmente desarrolladas la humanidad no podrá volar.
Si una de las alas permanece débil el vuelo será imposible”. (Necane Lauzirika).


perdón

DEL PERDÓN DE LAS VÍCTIMAS A LA POLÍTICA DEL PERDÓN
XABIER PIKAZA
BURGOS.

ECLESALIA, 28/02/06.- Cierta iglesia oficial española parece obsesionada por cuestiones que no son de evangelio: la negación del ministerio a los homosexuales, la clase de religión cristiana en las escuelas públicas, el uso de preservativos e, incluso, la función católica de una determinada unidad nacional española (sobre la que, ¡madre mía! nos amenazan con un documento). Para ello, algunos obispos se han manifestado en la calle con representantes de partidos y grupos de derecha (ellos dicen “de derecho”), apelando a una justicia políticamente defendible, pero no evangélica, colaborando así a la crispación del pueblo común y a la posible restauración de unos intereses de grupo, pero no a la paz del evangelio. ¡Pobre Jesús! ¡Dónde le han dejado! Porque Jesús buscaba la vida de los pobres, la gratuidad y el perdón y no empleaba para ello los medios del César. Jesús fue representante del perdón de las víctimas, entre las que murió y por las que ha resucitado y vive, según la fe de la iglesia que representan los obispos.

En el principio de la iglesia está el perdón de las víctimas. Había perdón en el judaísmo del tiempo de Jesús, pero se encontraba controlado por los sacerdotes y el templo, al servicio de la justicia oficial que era, según Pablo, justicia de las obras, para bien del “buen” sistema, no perdón gratuito o de gracia, es decir, perdón de las víctimas, de los pobres y excluidos, de los expulsados y asesinados, que son los únicos que pueden perdonar de verdad, según el evangelio de Jesús. El perdón sagrado del templo se concedía a través de sacrificios rituales, regulados por los sacerdotes de Jerusalén, que monopolizaban la expiación por los pecados, elevándose así como autoridad sagrada sobre pueblo y asumiendo, de otra manera, pero en la misma línea, la política de Roma, diestra en “destruir a los soberbios y acoger a los sometidos” (Virgilio: “parcere subjectis et debellare superbos”), siempre desde arriba, con la autoridad del sistema sagrado. Ese perdón del templo y del sistema puede ser más o menos políticamente correcto, pero en el fondo no es perdón, sino otra forma de justificación del poder y de dominio y control de los poderosos, otra forma de “violencia legítima o legal”. Jesús, en cambio, ofreció y pidió perdón desde los excluidos y negados, en nombre de las víctimas, que son las únicas que pueden perdonar de verdad, superando así el orden del sistema y viniendo a presentarse como signo de un Dios de Perdón. Jesús no apeló a ningún tipo de poder legal más alto, no quiso justificar ningún sistema, ningún estado político, ninguna forma de nación sagrada, sino que los hombres y mujeres se perdonaran gratuitamente, sin apelar al templo, por encima de las jerarquías de Jerusalén o Roma, desde los expulsados y excluidos de la comunidad sagrada, es decir, desde las víctimas, para iniciar con ellas un camino de Reino de Dios, es decir, de comunión de amor desde los pobres, no un sistema nuevo de poder político o sagrado. Por eso, no pudo tomar el denario del César, porque allí donde la iglesia toma ese denario tiene que seguir los dictados del César, sea quien fuere quien se sienta en el sillón del Imperio. (Recordemos que al César le ha gustado y le gusta dar dinero a las Iglesias, para tenerlas de esa forma sometidas. Por eso, aunque el Gobierno de España proteste diciendo que no quiere financiar a la Iglesia de hecho quiere hacerlo, porque le conviene. En contra de eso, es la Iglesia la que debe renunciar unilateralmente a toda financiación particular del Estado, para regirse así por la misma ley de los otros ciudadanos en temas vinculados con la sociedad civil, como son las obras de asistencia o educación y las tareas de conservación del patrimonio artístico e histórico del pueblo).

Novedad cristiana. En esa línea, oponiéndose a un tipo de sistema sagrado de Jerusalén, Jesús radicalizó una experiencia propia de los grandes profetas de Israel, ofreciendo y pidiendo perdón, desde los pobres y expulsados del sistema, sobre el orden político del Cesar y sobre la jerarquía sagrada del templo. Frente a la ley del sistema, donde sigue rigiendo el talión (¡a cada uno según su merecido!), el evangelio sitúa a los hombres ante el don y tarea del perdón, haciéndoles capaces de desactivar la bomba de violencia que amenaza con destruir la humanidad, como ha destacado la antropóloga judía H. Arendt: «El descubridor del papel del perdón en la esfera de los asuntos humanos fue Jesús de Nazaret. El hecho de que hiciera este descubrimiento en un contexto religioso y lo articulara en un lenguaje religioso no es razón para tomarlo con menos seriedad en un sentido estrictamente secular» (La condición humana, Paidós, Barcelona 2002). Sólo un perdón como el de Jesús (y el de otros hombres y mujeres de diversas religiones y culturas, que también perdonan gratuitamente) es capaz de romper el círculo del eterno retorno de una justicia que se cierra en sí misma y perpetúa la ley de la fuerza. El perdón supera (¡no niega!) la lógica de la justicia (del talión que siempre se repite: ojo por ojo, diente por diente) y de esa manera puede liberar a los hombres y mujeres del automatismo de la violencia. Ese perdón sólo puede partir de los excluidos del sistema de poder y de aquellos que se solidarizan con ellos, permitiendo que su vida trascienda el nivel de una ley de violencia universal impuesta, donde nada se crea ni destruye, sino que se transforma en otras formas de violencia, dentro de un orden que es siempre “orden de fuerza” (siempre al servicio de los privilegiados del sistema). Ciertamente, la violencia de la ley es mejor que una pura anarquía incontrolada o que la dictadura autocrática de aquellos que se proclaman salvadores y se sienten capaces de matar a los demás. Pero, al final, la pura ley sin gracia puede convertirse en dictadura del sistema, como está sucediendo en el sistema capitalista de occidente, que está dejando en el borde de la muerte y matando (¡con manos blancas!), sin necesidad de cámaras de gas o de tiros en la nuca, a millones y millones de personas. Sólo los pequeños rebeldes matan “suciamente” (aunque por lo que vemos en Guantánamo e Irak también los grandes matan con suciedad). De todas formas, en general, los poderes “legales” dejan morir limpiamente, legalmente, a millones de personas para bien del sistema.

La paz de Jerusalén y Roma: conversión y sumisión. Sacerdotes y escribas de Israel perdonaban a los “convertidos”, que volvían a cumplir la Ley, como mandaban los ritos y las buenas tradiciones de la justicia social y religiosa. También los buenos romanos estaban dispuestos a perdonar, como proclamaba Virgilio y escenificaba Augusto, promotor del Ara de la Paz en Roma, después de haber sometido (¡y civilizado!) a cántabros y astures, pocos años antes del nacimiento de Jesús (el Senado encargó en el 13 a. C. la construcción del Ara Pacis Augustae, que se conserva todavía en Roma, no lejos del Vaticano, junto al Mausoleo de Augusto, a la vera del Tíber). Pero esa era la paz de las legiones y para conseguirla había que seguir un “orden” bien claro: los manchados debían limpiar su impureza, los pecadores tenían que dejar el pecado y volver a la alianza del sistema; los “malos” rebeldes debían someterse al Imperio Divino, para acoger de esa manera los beneficios de la Sagrada Roma. La misma ley que condenaba a los pecadores (judaísmo) y sometía a los rebeldes (Roma) les abría, en un plano más alto, un camino de perdón, si se convertían y volvían al buen sistema, cumpliendo la debida penitencia, conforme a las leyes de los privilegiados del sistema, regulado y ratificado por los sacerdotes de Jerusalén y los soldados y comerciantes de Roma.

La paz de Jesús, paz de las víctimas. En contra de lo anterior, Jesús no exigió a los pecadores que se convirtieran primero, para integrarse así en el buen sistema, sino que empezó ofreciéndoles el perdón y solidaridad del Dios que es amor para todos, no sistema al servicio de algunos. No exigió una conversión antecedente, porque ese tipo de conversión sólo sirve para justificar lo que ya existe, el orden de los poderosos que controlan la ley para su servicio. No exigió conversión, porque supo que sólo el perdón gratuito puede “convertir” y trasformar a todos, no para integrarse en la justicia del Sistema Sagrado, consagrado por el Ara de Roma y el Templo de Jerusalén, sino para crear un tipo diferente de vida compartida, donde caben todos, por encima de unas normas y leyes actuales que rigen la vida económica y política, religiosa e ideológica del gran orden capitalista y de sus naciones o estados sometidos, dejando fuera de esa vida, al borde de la muerte, a millones de personas. Por su forma de ofrecer perdón y de acoger a los expulsados del sistema, Jesús entró en conflicto con la Ley sagrada del Templo de Jerusalén y del Ara Pacis de Roma, pues recibió en su mesa de pan compartido y en su espacio de Reino a leprosos y hemorroisas, a publicanos y prostitutas (pecadores), lo mismo que a los pobres de la tierra, sin mandarles antes a la cárcel o pedirles primero conversión y sometimiento. Jesús acogió a los que hoy serían emigrantes ilegales, excluidos del sistema, para iniciar con ello un camino de pan común y vida compartida. Lógicamente le mataron los representantes del buen sistema sagrado, del Ara Pacis de Roma, del Templo de la Paz de Jerusalén. Sólo muriendo al servicio de su tarea de paz, llegando hasta el final en el camino de las víctimas (¡sin haberlo querido de un modo victimista, sino todo lo contrario, superando todo victimismo!), Jesús pudo seguir ofreciendo con ellas una paz superior, que no está hecha de venganza, sino de gracia y de mano abierta para todos, conforme a la experiencia de la resurrección cristiana. En el orden del Templo de Jerusalén y del Ara Pacis de Roma no caben. En el camino de Jesús, desde el perdón de las víctimas, puede abrirse y se abre un espacio de vida para todos.

La nueva lógica de Jesús. No mantuvo discusiones sobre leyes o rituales: no quiso sustituir una sacralidad por otra, sino que suscitó, desde el centro de su pueblo y, de un modo especial, desde los expulsados y las víctimas de la sociedad (los que hoy serían parias sin derechos), un camino de gracia y vida compartida, conforme a lo que, a su juicio, era la voluntad de Dios Padre. No fue un profeta de conversión, no empezó pidiendo a los pobres manchados y pecadores que cambiaran de conducta, para recibir después (por ese cambio) el perdón de Dios, sino que ofreció comunión mesiánica o perdón precisamente a los que, según ley, seguían siendo pecadores o manchados, sin exigirles conversión antecedente, pues sabía que sólo el perdón ofrecido por gracia (¡sin decir “yo te perdono” desde arriba!) puede cambiar a los “pecadores”, no por cálculo de ley, sino por el poder de la misma gracia. Cierta Iglesia actual, siguiendo la lógica del Estado más que la de Jesús, tiende a perdonar desde arriba, conforme a una lógica de poder, para servicio del sistema. Jesús, en cambio, descubrió y propagó el perdón que nace desde abajo, desde los mismos condenados. En ese contexto se sitúa su palabra clave: «No juzguéis, y no seréis juzgados. No condenéis, y no seréis condenados. Perdonad, y seréis perdonados. Dad y se os dará» (Lc 6, 37-38). Estas palabras, que Jesús dirige precisamente a las víctimas (no a los representantes del sistema, que se reirían de él), son el corazón del evangelio, el único principio de acción de una Iglesia que pretenda vivir el evangelio. Por eso, ella no se puede imponer sobre el Estado, ni utilizar el Estado para cumplir sus objetivos, sino sólo vivir y expresar de un modo testimonial la voz del evangelio, como germen de perdón y gratuidad sobre un mundo inclinado a la violencia. En el momento en que ella apela a un tipo de poderes políticos, con los que se manifiesta en la calle, en el momento en que quiere imponer una ley impositiva sobre todos (especialmente sobre los más pobres), en nombre de algún tipo de poder especial que habría recibido, ella deja de ser signo de evangelio, aunque sus representantes puedan llamarse cardenales.

Palabra de iglesia, el Padrenuestro. Algunos poderosos de la iglesia parece que viven de hacer documentos, en los que reflejan sus buenas doctrinas de poder, para presentarse de esa forma como sabios y salvadores de los otros. Pero la iglesia de Jesús tiene ya sus “documentos” y entre ellos, sobre todo, el Padrenuestro, que sigue siendo norma de vida bien clara, como sabía Ignacio de Antioquìa al afirmar que “mis archivos son Jesucristo” (Filadelfios 8, 2). El orden social del Estado se rige por sus normas económicas y políticas, fundadas en un tipo de ley, donde se exige que las deudas se paguen y la seguridad se mantenga por la fuerza (por la violencia legítima), apelando para ello al ejército y a la policía, con penas de cárcel, que pueden impedir cierto tipo de violencia, pero que siempre lo hacen con otra violencia, sin resolver la raíz del problema. La iglesia, en cambio, no puede apelar (en cuanto iglesia) a ningún tipo de violencia legítima, a ninguna forma de justicia que se impone por la fuerza. Por eso, los cristianos ruegan: «Perdona nuestra deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mt 6, 12) (la traducción “perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” es buena, pero no recoge la radicalidad del evangelio). Estas palabras centrales del Padrenuestro expresan la experiencia de Jesús y de sus seguidores, que se descubren perdonados y se sienten capaces (¡por gracia!) de perdonar a los demás, no sólo las «ofensas», como dice la traducción litúrgica actual, sino todas las deudas, como pide el texto original del Padrenuestro.

Perdón de la iglesia, perdón de las víctimas. La iglesia no puede imponer al Estado la experiencia de perdón del Padrenuestro, ni convertirla en ley social, pues, hecha norma impositiva, esa palabra dejaría de ser lo que es: experiencia y camino voluntario de gracia. Por eso, ella tiene que dejar que los representantes del Estado y los diversos partidos políticos tracen sus opciones, según ley, pidiendo a Dios que les ayude. Pero puede hacer algo más grande, algo propio de ella y de aquellos que aman el evangelio de la vida, sean o no cristianos: puede y debe animar a los creyentes, y con ellos a todas las víctimas, para que ofrezcan la respuesta del amor gratuito y del perdón, como experiencia de Dios y de esperanza. Para eso, ella tiene que dejar el sillón de los poderosos, para habitar con las víctimas, como Jesús, profeta asesinado que perdona y abre un camino de perdón para todos, empezando por aquellos mismos que le han matado. No se honra cristianamente a las víctimas pidiendo venganza o un tipo de justicia, que en el fondo es venganza, como están haciendo algunos partidos políticos de España (con el visto bueno de cierta iglesia). Quien pide venganza o simplemente justicia impositiva desde las víctimas no cree en Jesús, víctima resucitada (no vengada), no puede llamarse cristiano, por más que lo pretenda, pues apela a la justicia de la venganza y no a la resurrección de la víctima que perdona, como Jesús. La Iglesia no quiere dar lecciones de poder al estado, pero puede y debe ofrecer un testimonio del perdón de las víctimas, viviendo con ellas, desde el otro lado del sistema: desde aquellos que han sido expulsados y crucificados, como Jesús. La iglesia sólo puede elevar la voz de las víctimas que no exigen venganza, sino que quieren perdonar y perdonan, por impulso y ofrenda de gracia, es decir, de resurrección. Sólo si asume la voz de las víctimas reales, rechazando de esa forma todo poder del sistema, la iglesia ofrecerá su fermento de Reino en ese mundo convulso, en el que ella (a veces) ha tendido a convertirse en principio de convulsión y norma de juicio, al servicio de unos intereses partidistas, en contra de la experiencia pascual, que se centra en el perdón gratuito de la víctima Jesús y de aquellos que se unen a su perdón.

¿Podría la iglesia jerárquica expresar el perdón del evangelio? Con esta pregunta quiero terminar mis reflexiones. Evidentemente, me gustaría responde que sí, diciendo que la jerarquía de la iglesia española es testimonio de perdón y gratuidad, signo de evangelio. Pero tengo mis dudas y dejo que sean los mismos lectores los que respondan. Que ellos mismos se pregunten, que ellos mismos vean y me digan lo que piensan. Por mi parte, tengo la firme sospecha de que las actitudes de algunos jerarcas actuales de la iglesia de España (¡no todos, por favor!) no son cristianas, pues no van en línea de perdón y gratuidad, desde Jesús, que es la víctima resucitada (no vengada). Es posible que algunos se sienten hipotecados por el poder social y religioso que ellos representan y que les impide vivir y expresar la libertad del evangelio. Y eso una pena, porque el evangelio vivido y celebrado, gozado y compartido en gratuidad y perdón, desde las mismas víctimas, puede ser principio de esperanza para los hombres y mujeres de España (y del mundo), sean o no cristianos. Por eso, pediría a los obispos que no intenten dar a los demás lecciones de política o de orden social, sino que sean simplemente signo de evangelio, es decir, fermento de perdón creador, desde las víctimas, por encima (no en contra) de la justicia de una ley que puede ser manipulada al servicio del sistema. La sociedad civil no puede seguir en cuanto tal las inspiraciones de una iglesia del perdón, pero si la voz de perdón de la iglesia no se escucha, el estado podría acabar encerrándose en una pura ley de muerte, es decir, de intereses enfrentados. ¿Podría inspirar nuestra iglesia una gran manifestación callada de perdón, desde las mismas víctimas que perdonan, como hizo y hace Jesús, sin demostraciones de poder (¡sin salir externamente a la calle, en clave impositiva!), sin atisbo de venganza ni resentimiento, sin complejos de inferioridad? ¡Que los políticos resuelvan en su nivel los problemas que ellos pueden resolver, que son importantes, pero no esenciales! El tema esencial de la violencia no se resuelve con política y policía (aunque política y policía tienen sentido en un plano), sino con perdón y gratuidad, como han sabido incluso algunos políticos, conforme indicó hace poco, con cierta lucidez, una mujer Sandrine Lefranc, Políticas del perdón, Cátedra, Madrid 2004 (=Politiques du pardon, PUF, Paris, 2002), estudiando los casos Argentina, Sudáfrica o Irlanda del Norte. Abierto queda el tema, así lo dejo para reflexión de los lectores, de manera que ellos mismos puedan pasar del perdón de las víctimas (tema esencial del evangelio) a una política de perdón, que puede y debe ser ya tema de los grandes políticos, es decir, de aquellos que buscan la de los pobres y desde los pobres y no los privilegios de una casta o de una nación determinada, sea grande o pequeña, da lo mismo. Aquí nos hemos centrado en el perdón de las víctimas. De la política del perdón hablaremos, Dios mediante, otro día. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).