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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

resucitado

resucitado

’EL CRUCIFICADO, HA RESUCITADO’
ÁNGEL GARCÍA-ZAMORANO
GUATEMALA

ECLESALIA, 03/04/06.- Es difícil compaginar los opuestos: crucificado-resucitado, muerte-vida, mal-bien. Más, cuando se ve y asume la crucifixión, muerte y mal de seres inocentes e indefensos, y se sufren en carne propia. A pesar de todo, este es el mensaje Pascual: “¿Buscáis a Jesús el crucificado? No está aquí. Ha resucitado” (Mc 16,6). Este mensaje que transformó hasta no ser los mismos a los primeros discípulos y discípulas, que hizo brotar en ellos alegría y encanto, esperanza e ilusión, novedad y cambio, tiene que producir la misma experiencia en nosotros, discípulos/as de otra hora y generación.

La resurrección fue precedida por la crucifixión. El “Hijo del Hombre”, es el paradigma de todos los que sufren: pobres, indefensos, excluidos, víctimas de la voracidad, el sistema y la fría e insensible estructura. Para tener experiencia del resucitado, necesitamos primero tenerla del crucificado asumiendo su impotencia, carencias y despojo; tomar conciencia de la realidad dolorosa y triste cuyo signo es la cruz. Pero no debemos quedarnos en el Crucificado, el dolor, la tristeza, la amargura.

Cuando nuestras fuerzas se extingan, cuando nos sintamos impotentes, abandonados, incluso de quienes esperábamos ayuda y apoyo, cuando suframos la traición de los más cercanos y en quienes habíamos puesto nuestra confianza, recordemos que “el crucificado ha resucitado”, el mal puede ser vencido, la muerte derrotada. Otro mundo y la Iglesia que quiso Jesús pueden ser posibles, donde el respeto, amor, comprensión, libertad, sean realidad más allá de la observancia de preceptos, de buenas y bonitas palabras e intenciones. La esperanza no es una utopía sin contenido, luchar contra el mal y la injusticia -de donde vengan-, contra los que hacen sufrir –quienes sean-, siempre hace surgir la vida.

El Resucitado nos precede: “Cuando resucite iré delante de vosotros a Galilea” (Mc14, 28). Galilea es lo cotidiano, la vida de cada día, la monotonía. Aquí, cuando no hay sólo palabras sino gestos eficaces; cuando se sienten como propios el dolor, impotencia y abandono ajenos; cuando nos unimos y trabajamos para superarlos animados por el Resucitado; cuando dejamos la comodidad para celebrar la Pascua (“paso de…a”); cuando buscamos SU causa desvelando todo lo que la oculta; cuando no nos dejamos deslumbrar por espejismos sino nos movemos por lo humano que comprende, apoyan y acompañan solidariamente a quienes se gastan y desgastan para que los crucificados tengan “vida en abundancia” (Jn 10,10), en todos estos gestos esta Él animando y fortaleciendo.

Entonces nuestra vida cristiana tiene sentido. Introduce paz en los que sufren y esperanza en los abatidos, tolerancia en unas estructuras intolerantes, entendimiento y paciencia en este tiempo de violencia interna y externa que abruma, comprensión en un sistema ciego por el egoísmo y bienestar, compañía en quienes están y se sienten solos.

Jesucristo nos ha precedido. A nosotros nos toca recoger su mensaje. La muerte ha sido vencida. “El crucificado ha resucitado”. ¡FELICES PASCUAS!

feliz pascua

feliz pascua

Con José Luis Cortés al dibujo y Siro López al diseño os invitamos a festejar la Pascua con nuestra ecleSALia, ya con nombre propio en la red: www.eclesalia.net
Paz y bien

la cruz

la cruz

LA CRUZ DE JESÚS. UNA ESTRATEGIA DE VIDA, UN CAMINO DE MUERTE
XABIER PIKAZA
BURGOS.

ECLESALIA, 12/04/06.- Como buen israelita, Jesús creía en la llegada del Reino, que empezaría a instaurarse en Jerusalén, para extenderse desde allí al universo entero. Como profeta de los pobres y excluidos de Israel, Jesús estaba convencido de que ese Reino vendría a partir de los más pequeños, los hambrientos y expulsados de la buena sociedad israelita. En nombre de ellos, como enviado del Padre y representante de los pobres, subió a Jerusalén, al acercarse los días de pascua, rodeado de un grupo de discípulos y colaboradores. Esa subida fue un acto de fe en el Dios  de las promesas y en el valor de su mensaje: subió desarmado y sin medios económicos para conseguir sus objetivos, porque el Reino de los pobres no se logra con dinero ni con armas, sino con la trasformación de las personas. Por eso, para trasformar a las personas desde el Reino (para el Reino), subió a Jerusalén, ciudad de la esperanza y las promesas. Esa subida formaba parte de su estrategia mesiánica, una estrategia cuyo final Jesús no podía conocer de antemano, aunque estaba convencido de que le esperaba el Reino de Dios, como vida de de amor ofrecida a los pobres y compartida con ellos. Desde este fondo quiero ofrecer algunas consideraciones, aceptadas por gran parte de la exégesis moderna. Ellas pueden ayudarnos a entender mejor las implicaciones y el sentido de la Semana Santa: 
1. Jesús no subió para morir  en el sentido sacrificial de la palabra. No busco su muerte, sino el Reino de Dios, para los hombres y mujeres de su pueblo, en especial  para los pobres (hambrientos, impuros, expulsados del sistema israelita y romano). No era un profeta de juicio y destrucción, como parecía haber sido Juan Bautista, sino mensajero del Dios de la vida. Como buen judío, subió a Jerusalén para anunciarlo, buscando así la Vida de Dios, aunque conociendo el riesgo que implicaba su actitud, sabiendo  que podían matarle, como recuerdan las palabras de Tomás” “Subamos y muramos con él, si es que hace falta” (cf. Jn 11, 16). 
2. Subió confiando en que podrían escucharle y aceptarle…Tenía la certeza de que Dios hablaría a través de lo que él hiciera (y de lo que hicieran con él) en Jerusalén, pues ésta era la última oportunidad para la ciudad de la promesas y del templo. Sus discípulos y aquellos que le acompañaban desde Galilea apoyaban su proyecto. No llevó consigo a todos sus amigos, ni a todos los itinerantes que le habían seguido, mientras anunciaba el Reino por los campos y pueblos de su tierra, en Galilea; pero vino con un grupo significativo, centrado en sus Doce enviados, que eran un signo y anuncio de las doce tribus Israel que se van a reunir en Jerusalén… No vino para realizar una tarea privada, sino como pionero y representante de aquellos que esperaban la llegada del Reino. Por eso, su venida, en ese tiempo de Pascua, no fue un gesto privado, sino la expresión oficial de sus pretensiones mesiánicas, en Jerusalén capital y principio de su Reino. 
3. Jesús quería la trasformación o “conversión” de Jerusalén… Conforme a los planes de Dios, era posible que los jerarcas de Jerusalén cambiaran y que los sacerdotes del templo abandonarán su poder sagrado, de tal forma que todos formaran un pueblo con los pobres. Ciertamente, Jesús conocía los enfrentamientos de los sacerdotes con otros grupos de judíos (como los esenios de Qumrán) y era consciente de los problemas que su gesto podía plantear al gobernador/procurador romano (Poncio Pilato), que también había venido a Jerusalén con un continente mayor de soldados, para mantener el orden en los días de la fiesta. A pesar de eso (o precisamente por eso), Jesús subió a Jerusalén, porque era tiempo de Dios, tiempo para que los hombres y mujeres pudieran empezar a comunicarse entre sí en gesto de paz, desde los más pobres, sin prepotencia o dominio religioso o militar de unos sobre otros. 
4. ¿Pudo haber pactado con los sacerdotes? Sabemos por la Biblia que el pacto es una señal de Dios y preguntamos: ¿Por qué no buscó Jesús un pacto con los sacerdotes del Templo? ¿Lo habrían éstos aceptado? ¿Con qué condiciones? Pues bien, sabemos que los sacerdotes habían pactado con Roma, que nombraba al Sumo Sacerdote, en el contexto de una estrategia de poder, aceptada tanto por unos y por otros. Lógicamente, ellos no podrían haber aceptado el pacto Jesús, pues ello implicaría el abandono de este tipo de culto y de templo: en caso de aceptar a Jesús, ellos deberían disolverse y abandonar sus poderes, cosa que no parecían querer. Por su parte, Jesús no podía ofrecerles otro pacto que el signo de su vida (el pan compartido) al servicio de los pobres, sin violencia, sin venganza. Ciertamente él ofreció ese signo de pacto, pero los sacerdotes no lo aceptaron (ni Jesús aceptó el pacto que los sacerdotes podían ofrecerle, desde su situación de poder).
5. ¿Pudo haber pactado con Roma? Desde nuestra perspectiva actual podría, y quizá debería, haberlo hecho: podría haber mandado delegados a Pilato, para decirle que venía desarmado, que no podía (ni quería) tomar la ciudad, ni provocar desórdenes externos: que sólo intentaba cambiar la identidad de los judíos, de una forma que no iba directamente en contra de los intereses de Roma. De todas maneras, podemos suponer que Jesús no propuso ese tipo de pacto a Pilato, pues ni él estaba dispuesto a pedir permiso al gobernador, ni el gobernador tenía ningún interés en pactar con judíos de tercera o cuarta categoría, como era Jesús (un gobernador romano sólo pacta con sacerdotes superiores o magnates). Sea como fuere, Jesús no quiso provocar directamente a Roma, de manera que su entrada en Jerusalén, aunque cargada de pretensiones mesiánicas (¡todos los judíos que subían a Jerusalén por pascua soñaban en el Reino de David!), fue radicalmente pacífica. Es evidente que Jesús ofreció a los romanos un pacto implícito de paz, de no violencia externa, pero ellos no quisieron (o no pudieron) aceptarlo.
6. La subida de Jesús a Jerusalén provocó una conmoción en los sacerdotes,  que se sintieron amenazados, porque Jesús no reconocía el valor de su mediación sagrada (¡materializada en el templo!), sino que anunciaba y promovía la caído o final de este templo, para que Dios pueda hablar directamente con los hombres y mujeres de la ciudad y del mundo, empezando por los pobres. Así lo descubrió Caifás, el Sumo Sacerdote, quien, conforme al evangelio, argumentó de esta manera: «Los sacerdotes decían: ¿Qué hacemos? Pues este hombre hace muchas señales. Si le dejamos seguir así, todos creerán en él; y vendrán los romanos y destruirán nuestro templo y nuestra nación. Entonces les dijo Caifás: Vosotros no sabéis nada; es mejor matar a un hombre que dejar que perezca todo el pueblo» (cf. Jn 11, 47-50). Éste puede ser un argumento muy capcioso pues está presuponiendo que el triunfo de Jesús suscitará disturbios que conducirán a la intervención romana y a la destrucción del templo y del pueblo. Pero eso es precisamente lo que habría que demostrar: ¿No hubiera sido posible que Roma se declarara neutral y dijera que el movimiento de Jesús era un asunto privado (como se dice en Occidente ahora)? Pero, en otro sentido, es un argumento verdadero: los sacerdotes y Caifás suponen que el movimiento de Jesús constituye un riesgo público y por eso le acusan a Pilato.
7.  Pilato no necesitaba demasiadas acusaciones y apoyos de los sacerdotes para apresar a Jesús. Posiblemente no tenía gran devoción por el templo de Jerusalén, pero como político tenía que defenderlo, pues se trataba de un templo reconocido y apoyado por la ley de Roma, que se comprometía a mantener su funcionamiento (nombrando incluso a sus Sumos Sacerdotes). Todo lo que pudiera interpretarse como un ataque contra el templo era en el fondo un ataque contra Roma y Pilato tenía que evitarlo. Por eso, aunque quizá hubiera prendido a Jesús por su cuenta (como perturbador político), le prendió y le condenó también porque ponía en riesgo el frágil “statu quo” del templo, que garantizaba las relaciones entre la oligarquía sagrada del judaísmo y el poder de Roma.
8. Imaginemos que Jesús hubiera logrado mantener su pretensión en Jerusalén, rodeado por un grupo de discípulos y amigos ¿Cómo se habría comportado? ¿Habría recibido la corona de rey no militar de los judíos, fundando así una especie de ONG mesiánica, como un tipo de club privado, sin riesgo para el poder militar de Roma? Pero éstas no son más que imaginaciones retóricas. Dentro del organigrama político de Roma se podía hablar de un «Rey de los Judíos»,  pero sólo en clave de pacto político, de sumisión imperial y colaboración militar. De esa forma, Herodes el Grande había sido por muchos años  (del 37 al 4 a. C.) Rey de los judíos y lo será poco después su nieto, Herodes Agripa (39-44 d. C.). Roma podía aceptar a un Rey judío y darle  gran autonomía, pero sólo como rey vasallo (”amigo”) del imperio. Pues bien, el reino de Jesús no iba en la línea de Herodes el Grande o de Agripa, su nieto. En el proyecto de Jesús no cabía un rey político así, en pacto con Roma. Jesús no era rey de esa manera. Posiblemente apeló a las promesas de David, pero no quiso tomar Jerusalén por las armas, ni pactar militarmente con Roma, sino que buscó y creó un espacio distinto de Reino, que en principio no iba contra Roma, pero que, en el fondo, era mucho más peligroso para Roma que los reinos de un posible Herodes levantisco. 
9. A pesar de que humanamente hablando era imposible que triunfara (ni los sacerdotes judíos, ni los soldados romanos podrían aceptarle), Jesús subió a Jerusalén esperando la llegada del Reino de Dios… Subió porque así lo exigía la estrategia de Dios, que había protegido a sus profetas y que le había enviado precisamente para anunciar y preparar el Reino entre los pobres y excluidos de Israel, empezando por Galilea. Subió porque estaba convencido de que su mensaje y su tarea venían de Dios y porque Dios le había confiado la tarea de instaurar con su palabra y con su vida el nuevo Reino de los pobres, que se extendería desde Jerusalén a todos los hombres y mujeres de la tierra. No podía apelar a la violencia externa, porque ese Reino no era de violencia externa. No pudo buscar pactos militares o políticos, porque ese Reino no era de pactos. Por eso vino, desarmado y lleno de esperanza.
10. Subió a Jerusalén e hizo los últimos signos del reino, que son básicamente tres. (a) Un signo social: entró la ciudad como pretendiente mesiánico, en la línea de David; muchos se habían preguntado si era rey, ahora responde de manera afirmativa: es el Mesías, pero en forma pacífica, sin armas, anunciando el Reino de Dios para los pobres. (b) Un signo religioso. Tras subir a la ciudad como rey, Jesús entró en el templo, para declarar, de palabra y obra,  que la función de ese templo había terminado, de manera que ahora empieza un tiempo de relación nueva con Dos y de perdón, desde los pobres, sin necesidad un templo como ése. (3) Un signo personal. Precisamente cuando parece que su empresa ha fracasado, pues ni el templo cesa, ni los habitantes de Jerusalén le acogen, Jesús reúne a sus discípulos y se despide de ellos compartiendo una copa de vino y diciendo: «En verdad os digo, ya no beberé más del fruto de la  vid hasta que lo beba con vosotros en el reino» (Mc 14, 25). Esta promesa se puede entender de forma histórica inmediata (no me matarán, Dios obrará y mañana mismo iniciaremos en Jerusalén su Reino) o de forma retardada, a través de la muerte (podrán matarme, pero Dios me hará volver y tomaremos juntos el vino del Reino). Sea como fuere, Jesús sube a Jerusalén para celebrar su última pascua con los discípulos y amigos, porque es tiempo de Reino.
11. Conforme a lo anterior, Jesús puede esperar dos cosas: una intervención histórica de Dios o una escatológica. (a) Desde la historia de las promesas judías, parecía más lógica una intervención histórica: en algún momento, antes de su muerte, Dios intervendría avalando el camino de Jesús, que era el camino de los pobres. Todo nos permite suponer que esto era lo que Jesús más esperaba, lo mismo que sus discípulos. Pero Pilato le mandó crucificar y Jesús murió gritando «¡Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?», sin que sucediera externamente nada. Lógicamente, los discípulos huyeron. (b) Quedaba abierto el camino de la intervención escatológica, que algunos discípulos de Jesús descubrirán y expandirán en la experiencia de Pascua, retomando con ella el camino del Reino de Dios y de la llamada a los pobres, que Jesús había proclamado.
12. Por su parte, los sacerdotes y Pilato pudieron descansar tranquilos. El problema de Jesús había terminado felizmente, sin grandes sobresaltos. Pilato le condenó a morir en la cruz, pues representaba un riesgo para la paz romana; le crucificó para escarmiento de posibles rebeldes y de otros partidarios mesiánicos, poniendo en la cruz un letrero que decía: ¡Rey de los judíos!. Pilato actuó como representante del imperio (¡por la paz de Roma!), pero lo hizo también como un gesto de buena voluntad en relación con los sacerdotes, a quienes Jesús molestaba. Los dos poderes, el religioso-nacional y el religioso-imperial, colaboraron bien en contra  Jesús. No fue necesario matar o perseguir a los discípulos del pretendiente mesiánico, pues no parecieron peligrosos (en contra de lo que sucedió en otros casos, en los que fue necesario matar con el líder a muchos de sus partidarios). Por eso, Jesús murió sólo Jesús (sin que murieran a su lado algunos de sus partidarios), acompañado probablemente por otros dos “ladrones” (es decir, por otros dos nacionalistas judíos). Al acercarse la noche, fue preciso enterrarles, para que los cuerpos condenados, colgados y expuestos a la luz de la estrellas, no contaminaran la santidad de la tierra judía y de las fiestas de pascua que se seguían celebrando como si nada hubiera pasado (cf. Jn 9, 31-42).

13. Todo parecía terminado,  pero todo estaba abierto. Jesús había escrito con su vida y con su muerte la historia de Dios en la tierra. No le había matado, pues Dios no mata, sino que es vida y da la vida. Pero había muerto en Dios, como enviado suyo, por defender su causa, que es la causa de los pobres. Por eso, todo seguía abierto desde Dios, que quiso seguir contando su historia (la historia de Jesús, que es historia del mismo Dios) en la vida de sus discípulos. Y de esta manera anunciamos la experiencia de la pascua, que nos permite descubrir el sentido y presencia de la muerte de Jesús. De ella trataré el próximo día. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia). 

nuevo rostro

EL NUEVO ROSTRO DE DIOS
Juan, Domingo de Resurrección
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 12/04/06.- Ya no volvieron a ser los mismos. El encuentro con Jesús, lleno de vida después de su ejecución, transformó totalmente a sus discípulos. Lo empezaron a ver todo de manera nueva. Dios era el resucitador de Jesús. Pronto sacaron las consecuencias.

Dios es amigo de la vida. No había ahora ninguna duda. Lo que había dicho Jesús era verdad: «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos». Los hombres podrán destruir la vida de mil maneras, pero si Dios ha resucitado a Jesús, esto significa que sólo quiere la vida para sus hijos. No estamos solos ni perdidos ante la muerte. Podemos contar con un Padre que, por encima de todo, incluso por encima de la muerte, quiere vernos llenos de vida. En adelante, sólo hay una manera cristiana de vivir. Se resume así: poner vida donde otros ponen muerte.

Dios es de los pobres. Lo había dicho Jesús de muchas maneras, pero no era fácil creerle. Ahora es distinto. Si Dios ha resucitado a Jesús, quiere decir que es verdad: «felices los pobres porque le tienen a Dios». La última palabra no la tiene Tiberio ni Pilato, la última decisión no es de Caifás ni de Anás. Dios es el último defensor de los que no interesan a nadie. Sólo hay una manera de parecerse a él: defender a los pequeños e indefensos.

Dios resucita a los crucificados. Dios ha reaccionado frente a la injusticia criminal de quienes han crucificado a Jesús. Si lo ha resucitado es porque quiere introducir justicia por encima de tanto abuso y crueldad como se comete en el mundo. Dios no está del lado de los que crucifican, está con los crucificados. Sólo hay una manera de imitarlo: estar siempre junto a los que sufren, luchar siempre contra los que hacen sufrir.

Dios secará nuestras lágrimas. Dios ha resucitado a Jesús. El rechazado por todos ha sido acogido por Dios. El despreciado ha sido glorificado. El muerto está más vivo que nunca. Ahora sabemos cómo es Dios. Un día él «enjugará todas nuestras lágrimas, y no habrá ya muerte, no habrá gritos ni fatigas. Todo eso habrá pasado». (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

16 de abril de 2006
Domingo de Resurrección (B)
Juan 20, 1 – 9

instrucción

instrucción

INTELIGENCIA DE LA FE-INTELIGENCIA DEL AMOR
A propósito del documento "Teología y secularización en España"
JOSÉ IGNACIO CALLEJA, Profesor de Moral Social Cristiana
VITORIA-GASTEIZ.

ECLESALIA, 11/04/06.- “Teología y secularización en España. A los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II” es el título de una Instrucción Pastoral que acaba de publicar en Madrid, la última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española.

La conocí por los medios, en la noche del 10 de Abril, y ya no pude dejarla hasta leerla en su integridad. Era evidente que no estábamos ante un texto episcopal más o menos previsible. No sabía de su existencia o elaboración. Me cayó como un aguacero en medio de un descampado, sin saber dónde hallar refugio. Lo he vuelto a releer, despacio, tomando aire, intentado conectar con su inspiración más radical y, bueno, estoy recuperando mi talante más acogedor. Si nuestros Obispos han creído necesario decir esto y decirlo así, es que en conciencia lo han visto necesario. Evidentemente, en cuanto a la necesidad, todo depende de que sea cierta la tesis primera del texto, es decir, que “la cuestión principal a la que debe hacer frente la Iglesia en España es su secularización interna”; y en cuanto a decirlo así, todo depende de que sea cierta el resto de esa misma tesis, que “en el origen de la secularización está la pérdida de la fe y de su inteligencia, en la que juegan, sin duda, un papel importante algunas propuestas teológicas deficientes relacionadas con la confesión de fe cristológica” (n 5). En cuanto al primero, yo no podría citarlo sin mentar otros problemas. En cuanto al segundo, yo creo que la relación de causa a efecto es otra. Pero son opiniones en el análisis.

Como fuera que hace unos días yo había leído la Deus Caritas est y que lo había hecho con verdadera dedicación, me he encontrado con dos mundos paralelos en el modo y disonantes en las prioridades eclesiales. Dios me libre de hablar de contradicciones, que no las veo, ni las espero, sino de modos y prioridades en la Iglesia.

Seguramente la Iglesia en España tiene un problema de secularización interna, lo acepto; no el problema, pero sí un problema muy importante; y, la sociedad española en cuanto tal, uno de apostasía silenciosa; no el problema, pero sí un problema.

Que intentando salir al paso de ambos se haga una síntesis de la fe, casi un catecismo en toda regla, con los postulados, relaciones y conclusiones más compartidos en la teología y enseñanza del magisterio de la Iglesia, yo no puedo sino respetarlo y reconocerlo como enseñanza de mi Iglesia en España. Que esa síntesis, por ella mismo dicho, no puede sino tener en cuenta “algunos aspectos de la labor teológica realizada en España en los últimos decenios” (n 4) y “repasar(los) someramente (n 68), es una obviedad, pero que el texto es más que eso, y no en vano lleva 200 notas, o en páginas, 18 de texto por 10 de notas, también hay que tenerlo en cuenta.

Como yo no voy a intentar recorrer punto por punto lo que merece una reflexión de otro tipo y momento, sí diré, para referirme al modo, que está bien razonado, pero, también, muy selectivamente razonado. La teología clásica por escolástica luce todas sus galas y a su servicio desgrana los argumentos y, me temo, que hasta la selección de la textos de la Palabra. Digo que me temo. La fe queda muy bien expuesta en sus núcleos y relaciones constitutivos, pero me temo que puede morir cívicamente ebria de tantas certezas y, eclesialmente, prisionera de una escuela. No sé, por poner un ejemplo, cuántas veces aparece la caridad en esta exposición magisterial de la fe, pero es, sin duda, la convidada de piedra. Los pobres tampoco existen, las estructuras de pecado ni por asomo, la libertad humana ni mentada, la moral de los derechos humanos entre los no creyentes ni mención, la dignidad de la persona y la vida política se juegan todas sus cartas en la concepción de la vida y en el morir, el diálogo entre fe y razón, y cómo se superan los desencuentros en una democracia, ni preguntárselo. Hay una falta de sensibilidad moral samaritana, caritativa y misericordiosa, y una falta de sensibilidad social y secular tan extrema que el cristianismo que puede recuperarse desde aquí no dejará de ser, tanto o más desequilibrado que el que se denuncia, si es que éste lo es tanto como se dice. No se si más exitoso, tal vez, pero ¿más cristiano?

Seré el primero en reflexionar un texto teológico y magisterial de mucho contenido y valor, y de acogerlo con respeto y hasta afecto, pero vaya por delante, honestamente, esta advertencia de carencias cristianas que me desazonan. No se podía decir todo, lo sé, pero hay silencios que resuenan como truenos. A ver si aceptamos todos que Dios es Amor y entendemos la teología también como “inteligencia del amor”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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¿Y LA BUENA NOTICIA PARA LOS POBRES?
En la nueva instrucción pastoral de los obispos españoles
ÁNGEL ARNÁIZ QUINTANA, dominico
SAN SALVADOR (EL SALVADOR).

ECLESALIA 11/04/06.- Leo “Teología y secularización en España”, Instrucción pastoral de la 86 Conferencia episcopal española, publicado con fecha del 30 de marzo último, gracias a la generosidad de “El País Digital” (elpais.es) que lo ha trasmitido íntegro y gratuito. Son 26 páginas en formato pdf, para que no se pueda tergiversar, distribuidas en 69 números y 200 citas exactamente, patrísticas y del magisterio eclesiástico.

A medida que avanzo en la lectura mi asombro, tristeza, indignación, esfuerzo de comprensión y otros sentimientos semejantes se apoderan de mí. Vivo desde hace 26 años con, entre, al lado de campesinos centroamericanos, sufrientes de guerras provocadas por la injusticia en los años 80 y de situaciones posteriores de intentos de reconstrucción vital en medio de la pobreza. Mi sensibilidad acecha cualquier palabra relacionada con los pobres, la pobreza, que, a mí entender, es punto central del evangelio de Jesús de Nazaret: “Felices ustedes los pobres” –y los que tienen espíritu de pobre- está en la base de la predicación del Hijo Predilecto, el Enviado, el Galileo de hace dos mil años. Desde los pobres se puede y se debe realizar hoy el diálogo vivo con el Dios de Jesucristo, en una acción contemplativa y orante.

Pues bien, pasan los números de la Instrucción y… nada. La cristología que nos ofrece en toda su primera parte se olvida que María, la madre de Jesús, y José, su esposo, pertenecían a los anawin, los pobres que esperaban la venida del Señor, y que en este contexto de los anawin presenta Lucas la concepción, el nacimiento, el crecimiento y la vida de Jesús hasta sus aproximados 30 años de edad. Tampoco hace mención al origen popular, trabajador, de los primeros discípulos y de lo que ha venido en llamarse el movimiento de Jesús. Y así sigue, afirmándose en citas de la tradición dogmática de la fe católica.

La primera cita que encuentro relacionada con esta referencia a los pobres es ya en el nº 33 –casi en la mitad- en el apartado Cristología y catequesis. Es una cita textual del evangelio de Mateo en la que Jesús se alegra y da gracias por haber revelado estas cosas “a los pequeños”, pero, sigue a continuación: “…pequeños (Mt 11,25), se extiende a todos aquellos que participan en la acción salvífica de trasmitir la fe”. Esa es la primera referencia a los “pequeños” y su significación actualizada que hacen los obispos españoles. Cuando se refiere a Jesús crucificado (n. 34) se hace una parodia de la teología nacida de Indoamérica y caen en el reduccionismo, la falsificación, que ellos mismos critican en otras partes de la Instrucción sobre otros asuntos. Para nada se menciona, por ejemplo, la constante reivindicación que se hace desde este Continente de que las víctimas – así, las víctimas de este mundo que vivimos, porque este mundo de ricos y pobres produce víctimas de todo tipo diariamente - son la expresión viva del Crucificado, son el Cristo doliente encarnado hoy.

En fin, para finalizar esta queja adolorida no encuentro una palabra de misericordia en todo el escrito, sólo dureza, firmeza, afirmación. ¿Es que la corrupción económica existente en amplios sectores de la sociedad española, como el inmobiliario, no merece una palabra cuando se habla de moral? En todo el escrito no hay, por ejemplo, una palabra sobre el significado de la emigración hoy en España y menos palabras de aliento para los/las emigrantes. ¿Tampoco pueden decir una palabra de esperanza sobre la injusta opresión y sangría que se ha volcado sobre Irak? ¿No tienen los palestinos derecho a vivir en su propia tierra? ¿No tendrían los obispos españoles que comenzar en la Instrucción dando ejemplo y pidiendo perdón por su alejamiento de amplios sectores sociales? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

alegres

alegres

LA ALEGRÍA EN EL NUEVO TESTAMENTO
’Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres’
EVARISTO VILLAR
MADRID.

 

ECLESALIA, 10/04/06.- Puede resultar cínico y hasta cruel invitar a la alegría con la que está cayendo. Sin embargo, la alegría es una actitud a la que se impulsa en el NT justamente en tiempos recios; en concreto, durante la persecución. Se reproduce, de este modo, esa situación tensa, paradójica y bipolar en la que la alegría, como la aurora que va robando espacio a la noche, o la pascua que reverdece desde la cruz, acaba imponiéndose sobre la oscuridad y las sombras, el desencanto y la tristeza, sobre el dolor y la muerte. Como se desprende fácilmente de la teología paulina, “la alegría de la condición cristiana sólo se puede poseer en paradójica alternancia con la tristeza, la tribulación y la inquietud que es justamente cuando muestra toda su fuerza” (Diccionario Teológico del Nuevo Testamento I, p.80). El objetivo de estas páginas no es otro que el invitarnos a abandonar ya “el síndrome de plañideras” y entonar “la profecía del canto”. Porque Pascua es “siempre todavía”.
Siguiendo una bella ficción literaria del poeta Ángel González, esta reflexión se va a ajustar, como en las sonatas clásicas, a tres movimientos y una coda. Primero vamos a examinar ese “viejo tapiz -que es la realidad- construido con hilos de tristeza”.Luego. mirando más detenidamente, podremos descubrir algunas “hebras de amor que doran el borde del tapiz”. Buscaremos después algunos hilos “con los que restaurar el viejo tapiz”. Y, finalmente, porque nos quedan aún algunas hebras fuera de esquema, vamos a recurrir, como en la sonata clásica, a una coda para que no se pierdan.
1. EL VIEJO TAPIZ
Todo el mundo era pobre en aquel tiempo,
todos entretejían sin saberlo
los hilos de tristeza que formaban la trama de la vida.
(Ángel González, Otoños y otras luces, p.63)
1.
Hilo de tristeza que entreteje el viejo tapiz es la geopolítica actual. Se trata de una política imperial que se impone sobre el mundo, no por el respeto y la razón, sino a golpe militar (“guía nominar leo”). ¡Y nosotros y nosotras “sin saberlo”!. Un ejemplo vale por mil palabras. Desde 1947 la política exterior de EEUU se regía por la doctrina Truman, basada en la “contención del comunismo”. Con la desaparición de la Unión Soviética y el consiguiente fin de la guerra fría, el comunismo ha dejado de ser una amenaza real y el presidente Bush se ha apresurado a definir una nueva doctrina. Ahora se trata de la “guerra preventiva” (2002) contra el “eje del mal”, responsable del “terrorismo”. Ya desde el 2001 se considera esta lacra organizada por el tanden Saddam Husein/ Bin Laden, aunque, la verdad, nunca se ha llegado a probar apodícticamente esta “verdad”. Desde esta óptica imperial, las guerras de Afganistán y de Irak son emblemáticas, un paradigma para todo el Oriente (Medio y Extremo) de lo que se está dispuesto a hacer para implantar la “paz del imperio”… No es preciso ser un politólogo para percatarse de que esta política está cosechando un rotundo fracaso. Más que adhesiones, esta nueva doctrina, que encubre objetivos más bien económicos, está suscitando miedo y rechazo y está creando una “paranoia colectiva” (síndrome de Vietnam) que es el mejor clima para perder el sentido común y asumir, sin mayor resistencia, el recorte de las libertades ciudadanas. Los resultados están a la vista. Por reducirnos sólo al Oriente Próximo y Medio (América Latina se va distanciando cada día más de las políticas de Washington y África permanece en letargo): en Afganistán el régimen central, impuesto desde el imperio, no logra doblegar a los talibanes, señores de la guerra; la invasión de Irak, recrudecida ahora al cumplirse el tercer aniversario, está generando una guerra civil no declarada entre sunies, chiitas y kurdos con una media de más 20 muertos al día; en Palestina, el mayor foco de este tinglado, tampoco se ha logrado evitar el triunfo de Hamas…
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. Hilo de tristeza del viejo tapiz es el desequilibrio económico mundial que se va agrandando. Las multinacionales (como las agencias mobiliarias en la ciudad) se están adueñando de las materias primas y energéticas del planeta (singularmente del petróleo de Oriente Próximo donde se concentra en mayor cantidad). Ya antes habían conquistado las reservas petroleras de amplias zonas del África Subsahariana (Angola, Gabón, Nigeria, Guinea). Ahora se han empoderado del Medio Oriente y Asia Central, anteriormente bajo control de la URS. Consecuencia lógica es la inmensa desigualdad que se está agrandando entre ricos y pobres. Cada día los ricos son menos, pero más ricos y los pobres, más y más empobrecidos. En su Carta Circular del 2006 Pedro Casaldáliga recoge del PNUD y de la FAO algunas cifras verdaderamente escalofriantes: 25.000 seres humanos mueren diariamente de hambre; 2.500 millones malviven con menos de 2 € al día; África es ya una “shoá”(holocausto) continental, “el calabozo del mundo”. Para nuestra indignación y vergüenza ahí están las vallas de Ceuta y Melilla (¿dónde pondremos ahora la valla para inmovilizar a Mauritania?). No son los únicos muros que se están levantando contra los empobrecidos: ahí están también los 1.500 kms que levanta EEUU contra América Latina y el muro que Israel, ante el que Occidente vuelve el rostro, sigue erigiendo en terreno palestino. Así las cosas, un hilo de tristeza recorre este tapiz deshilachado del mundo y los objetivos del milenio (reducir la pobreza a la mitad mediante la reducción de la deuda externa y la asistencia técnica suficiente) están muy lejos del 2015.
3.
Hilo de tristeza del viejo tapiz es también la “guerra de civilizaciones” entre el Occidente cristiano y el Oriente musulmán. Siguiendo la interesada tesis política de Samuel Huntington, se está induciendo en el mundo una guerra de imprevisibles consecuencias. Y el foco más sensible de esta creciente tensión se focaliza en la religión. Aún sigue humeando en el mundo árabe la crisis provocada por los “dibujos de Mahoma” (Mohamed). Sin tanto alboroto pero con peores consecuencias, Bush y sus neocons, religiosos conversos, que se consideran cruzados elegidos por Dios para liderar el eje del bien contra el eje del mal, están haciendo de su política “una acción religiosa casi mesiánica”. (Comblin, en Latinoamericana 2005). Como neoconversos son fundamentalistas, pertenecientes a la derecha religiosa del partido republicano y creen haber recibido de Dios la misión de imponer en el mundo la democracia, la libertad y la paz. Sus guerras son, pues, fundamentalmente guerras religiosas. Así lo ve también el mundo musulmán que considera la invasión de sus pueblos como una nueva cruzada del cristianismo contra el Islam. ¿Cómo interpretar de otro modo la prohibición de hacer proselitismo cristiano en Argelia? Pues bien, creado el conflicto por otros motivos más pragmáticos (económicos y políticos), cualquier detalle, por nimio que sea, se convierte, en este ambiente enrarecido, en una provocación. Y cuando se tocan las raíces profundas que sustentan la fe de los pueblos se desencadena una reacción que suele acabar en violencia incontrolada. En este contexto, los partidarios del “encuentro entre civilizaciones” lo vamos a tener cada día más difícil…
4.
Hilos de tristeza del viejo tapiz son, entre otros, la Europa fortaleza y club de la abundancia donde se sigue fortaleciendo el mercado a costa de debilitar otros factores bien determinantes para la Unión como son los políticos, sociales y culturales. Una Europa que, después del descalabro del Proyecto constitucional, marcha “a la deriva, asediada por la globalización, las tensiones interestatales, la rebelión ciudadana y el odio de sus guetos” (R. Fernández Durán). Una Europa que, ante los nuevos vecinos que reclaman su derecho de ciudadanía universal, bloquea sus fronteras con políticas de seguridad propias del neoliberalismo y dictadas desde el Centro y el Norte…
Hilo de tristeza, en nuestro contexto más inmediato, es la crispación política que está despojando a la acción pública de toda su esencial nobleza. Para alcanzar el poder se recurre a todos los medios, aunque sean inmorales, como el insulto y la descalificación, la sospecha, la invención y la mentira. Se trata de una práctica perversa que convierte en doblemente víctima al sufrido ciudadano: primero, en víctima de la verdad que se le usurpa y se le niega; y, luego, víctima de la degradación progresiva de las instituciones que con tanto trabajo y paciencia ha venido levantando…
Hilo de tristeza es, sobre todo, el miedo que, gestionado política y técnicamente (la TV, por ejemplo) con habilidad, llega a doblegar la resistencia de la gente al recorte de sus propias libertades en aras del supremo bien que es la seguridad (el diseño del plan Bush después del 11 S está edificado sobre la “estrategia de la seguridad nacional” que convierte en “culpable” a todo diferente y que llega incluso a justificar la tortura). Esto por una parte. Por otra, nos va “educando” a mirar al diferente (por su etnia, cultura, religión, fragilidad en medios de vida) como un enemigo, como un invasor que viene a robar nuestro bienestar, a cambiar nuestras costumbres, a llenar de violencia nuestras calles…

2. UNAS HEBRAS DE AMOR DORABAN UN EXTREMO DE AQUEL TAPIZ SOMBRÍO, (Ángel G., ibidem, 63)
Al borde de esos hilos de tristeza, que desgarran el viejo tapiz, se encuentran unas “hebras de amor” que, como álamos de oro en los crepúsculos del otoño, tratan de embellecerlo. A esta visión alternativa se apunta decididamente Pedro Casaldáliga, cuando afirma:
Pero la Humanidad se mueve; y está dando un giro hacia la verdad y hacia la justicia. Hay mucha utopía y mucho compromiso en este planeta desencantado.
1.
Hebra de amor es la mundialización de la resistencia contra el neoliberalismo. Los Foros Sociales Mundiales (FSM) son hoy día la mayor réplica y alternativa a los Foros de Davos que organizan las grandes instituciones monetarias (BM, FMI, OMC, etc.). Los FSM denuncian abiertamente y sin paliativos la lógica perversa que en Davos regula las relaciones de poder y rechazan el neoliberalismo por injusto y dogmático. Tanto desde su discurso como sobre todo desde sus prácticas se están ofreciendo ya muchos elementos para la formulación de una alternativa global al neoliberalismo reinante. Presentes en todos los rincones del mundo (sólo en el V FSM, celebrado en Porto Alegre del 26 al 31 de enero de 2005, se concentraron más de 6.000), estos movimientos y organizaciones sociales, cada día mejor y más coordinados en red, apuestan decididamente por “otro mundo posible” frente al “final de la historia” que proclama el liberalismo. Se trata del mayor movimiento altermundialista que hoy cruza el planeta (cfr. Éxodo 78/79).
2.
Hebra de amor es también la emancipación de la sociedad de la tutela religiosa.
Cuando se pierde la riqueza por causa del Reino, uno se enriquece; cuando no se reserva la propia vida por las mismas causas, la vida se recobra… Cuando las religiones y la Iglesia, digamos, pierden el poder que acumulan sobre las sociedades civiles resultan espiritualmente más poderosas. Son las paradojas del Evangelio. Para que la emancipación de la de la sociedad pueda entenderse como hebra de amor o buena noticia no es necesario que la religión se retire de la sociedad y del mundo, sino que, como el fermento, sepa encontrar su lugar en la masa.
A este fenómeno se alude frecuentemente, a veces indistintamente, como los términos secularización y laicidad. No resulta fácil distinguir dos vocablos que se solapan frecuentemente, pero sí se puede advertir el gran esfuerzo filosófico y jurídico que se ha venido desarrollando desde el “siglo de las luces” (s. XVIII) para separar aquellas dimensiones a las que ellos apuntan: la civil y la confesional, el ámbito secular (temporal) y el eterno (sagrado), el espacio político y el espacio religioso. Originados estos vocablos en una cultura de fuerte impregnación cristiana, la laicidad del laico se contrapone, antes que nada, al poder del clérigo y la secularizad del que vive en el siglo (seglar), al espacio sagrado en que vive el religioso.
Si con la Ilustración (consecuencia lógica del racionalismo renacentista) se inició en Occidente la emancipación de lo político de la esfera estrictamente eclesiástica, (secularizad), hoy día se pretende ir más lejos, se intenta identificar aquello que es propio y común a todo ser humano por serlo -como la igual dignidad, los derechos humanos, la libertad- previo a cualquier impregnación religiosa; se pretende reconocerle su propia autonomía y liberarlo de toda hegemonía, tutelaje o sumisión a cualquier institución particular, principalmente aquellas que nacen de una fe o confesión religiosa. Y a todo esto se llama laicidad. Lo que es común, la laicidad, es previo y anterior a cualquier institución privada (que es posterior) y viene a coincidir con otro término hoy día de notoria arraigo, la ciudadanía; lo particular, la fe o las creencias se refieren a lo último y vienen después (Cf. Éxodo 80).
El núcleo de la sociedad civil (asociaciones, organizaciones, y movimientos o fuerzas sociales) que, ante la insuficiencia de lo legal y lo establecido (cfr. Concilum 311, p.54) están en constante revisión e innovación, ya no soporta fácilmente que lo que es común sea tutelado por ninguna institución privada. En este sentido, el reconocimiento y privilegio especial que la Constitución española concede a la Iglesia Católica, por ser mayoritaria en nuestro país, está ya siendo una fuente constante de conflictos que a quién más perjudican es, en último término, a la misma Iglesia. Necesitaría ésta, para estar a la altura de su misión, recobrar cuanto antes la libertad evangélica para renunciar a todo privilegio constitucional y para denunciar los mismos Acuerdos firmados entre el Estado y la Santa Sede en el 1976, antes de la misma Constitución del 1978. En esta línea entiende una buena mayoría de católicos españoles aquel principio evangélico de “Dad al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”. Indudablemente, así entendida, la emancipación de la sociedad es una buena noticia.
3.
¡Quién lo diría!, hebra de amor es también la crisis de la religión. Una crisis que no se explica suficientemente por el desafecto que la involución y restauración, hoy día instaladas en la Iglesia Católica, están causando en un sector importante de fieles católicos. Porque, con los datos en mano, no se trata de una crisis particular que afecte sólo a los católicos (aunque no se pueden ignorar los estragos que en esta familia está causando), el fenómeno es más amplio, abarca al cristianismo en su conjunto. Y, todavía, más al fondo, la crisis llega hasta la misma religión: la religión, salvo en pequeños y aislados reductos, está en crisis. Está suficientemente demostrado que los que abandonan el catolicismo o el cristianismo no suelen pasarse a otra religión, más bien acaban sumándose al creciente masa del indiferentismo o al agnosticismo. Los siguientes datos, afrecidos por La Vanguardia (12.02.06) parecen suficientemente elocuentes:
DIOS SE SIENTE SOLO
SAMIR GHARBI, JEUNE AFRIQUE L´INTELLIGENT - 12/02/2006
“Según dos sondeos realizados en 65 países por el acreditado Instituto Gallup Internacional, el número de personas que afirman estar vinculados a una religión, sea cual sea, o afirman creer en cualquier Dios no cesa de disminuir: eran el 87% en el 2000, y sólo un 66% en el 2005. En todas partes, salvo en África, la práctica religiosa ha retrocedido: menos de un 21% en cinco años. Más de 50.000 personas han sido encuestadas. Según Gallup, son representativas de la opinión de 1.300 millones de habitantes. Pero el instituto no da ninguna explicación que pruebe el fenómeno y se limita a avanzar que el cambio de milenio ha suscitado un efímero empujón de fervor religioso... La regresión es casi general. El número de los que se vinculan a una religión ha pasado del 88% al 60% en Europa Occidental; del 84% al 65% en Europa del Este; del 77% al 50% en Asia-Pacífico; del 91% al 71% en América del Norte, y del 96% al 82% en Sudamérica
.
Sólo en África la situación prácticamente no ha evolucionado. Este continente sigue siendo el más religioso, con una tasa de creyentes del 91%, contra el 1% de ateos y el 8% sin religión. En Asia, que, desde este punto de vista, cierra la marcha, las cifras son respectivamente de 50%, de creyentes, 12% de ateos y 38% sin religión. Los resultados por países colocan a Ghana en primer lugar mundial por el número de creyentes (96%), seguido de otro país africano, Nigeria (94%). El jefe de filas de los ateos es Hong Kong (54%). Y los de sin religión, Tailandia (65%) ante Japón (59%).

El sondeo de 2005 hace aparecer una relación de causa efecto entre el hecho religioso y la situación socioeconómica de la gente: a más nivel de educación, menos fenómeno religioso. Igualmente, el porcentaje de los creyentes baja a medida que los ingresos de un país aumentan... El único consuelo para los prosélitos de toda índole es que el envejecimiento se acompaña con una progresiva vuelta a Dios”.
Como se puede observar, no se trata de un fenómeno exclusivo de la sociedad occidental, europea, sino de un vendaval que afecta a toda la humanidad. Cada día tenemos mayor conciencia de estar asistiendo al abandono de los últimos resquicios de una sociedad agraria e incluso industrial y de estar entrando en un ámbito posindustrial o sociedad del conocimiento (cfr. M. Corbí, Religión sin religión, PPC 1996). En el fondo, más que de un fenómeno religioso, se trata de una crisis de crecimiento humano que con la mundialización se va expandiendo por todo el mundo. Los estragos que este vendaval está causando actualmente en el cristianismo se van a dejar sentir pronto (si es que no están ya presentes) en el resto de las religiones. Pero lo más probable es que este paso no sólo no menguará la espiritualidad del ser humano, sino que la acrecentará. (Recordemos, a este propósito, el pronóstico que hace algún tiempo hizo el teólogo K. Rahner, “el s. XXI será místico o no será”). Pero esto no va a impedir que las “religiones” mayoritarias, como formas históricas originadas en sociedades agrarias, estén en trance de disminuir visiblemente, y hasta de poder desaparecer, en el camino hacia la sociedad más avanzada científica y técnicamente.
En cualquier caso, estamos asistiendo a una “mutación profunda” de toda forma religiosa (Martín Velasco) que, por lo que al catolicismo se refiere, más allá del mismo aggiornamento que impulsó hace 40 años el Vaticano II, le va a exigir cambios mucho más esenciales. “Lo urgente, dirá José María Vigil, ya no es la puesta al día, sino la mutación”. No se trata, podríamos añadir nosotros, de una renovación, sino de una verdadera transformación. Una transformación que ya se está dando en la sociedad del conocimiento y en el mismo ser humano y que está exigiendo una verdadera transformación de las formas religiosas.
En este contesto, ¿cómo interpretar y recibir como “hebra de amor” esta galopante crisis? Los cristianos de base en el librito vamos a recuperar la alegría, p.7, coincidiendo con los teólogos de la revista Concilium 311, p.293, se apuntan a aquella utopía en la que el ser humano se define desde la esperanza. Desde siempre el Dios oculto sigue apostando por el ser humano, sorprendiendo, desde su debilidad, nuestra propia suficiencia. Es la imagen, ya tan conocida, del Siervo de Yahvé de Isaías, o la kénosis o vaciamiento de sí mismo del Dios cristiano que todo lo pone en crisis. Esta apuesta por la esperanza nos invita a mirar la actual crisis de la religión desde el triunfo que el Dios oculto suele hacer desde la humildad y la debilidad. Así sucedió en María de Nazaret o en la resurrección del crucificado. Y mientras llega ese momento, la kénosis del Dios cristiano será una permanente invitación a profundizar la fraternidad y la misericordia con la humanidad y con el mundo. Pues bien, mirada desde esta óptica, la crisis actual es una buena noticia.
4.
Unas hebras de amor son finalmente el pluralismo religioso y los intentos de coordinación en red.
Con el final de la “guerra fría”, la liberalización de los mercados y la consiguiente globalización económica y financiera se han quedado al descubierto inmensas “masas de pobres”. Obligados a emigrar, fundamentalmente por la pobreza o necesidad de trabajo, estas migraciones masivas han puesto de manifiesto “las muchas religiones” que existen en el planeta. Y el contacto con este pluralismo de confesiones religiosas ha obligado a las grandes religiones no sólo a adaptar su pastoral, sino a revisar sus mismos presupuestos y seguridades doctrinales. En la iglesia católica, por ejemplo, se ha ido pasando en poco tiempo desde el eterno exclusivismo en el que ha vivido instalada durante siglos (“fuera de la iglesia no hay salvación), al reciente inclusivismo (“fuera de Cristo no hay salvación”) y finalmente, al menos en sus pastoralistas y teólogos más “dialogantes”, al Pluralismo religioso (“al Dios de los muchos nombres”, John Hick, Casaldáliga). Cada día se va evidenciando con mayor claridad la convicción de que “todas las religiones son verdaderas” (Teología del Pluralismo Religioso, JM. Vigil, El Almendro) y que necesitamos ajustar nuestra praxis ética en este asunto, como hace en diferentes ocasiones el mismo Evangelio, a la regla de oro presente en todas las culturas y religiones: “haz a los demás lo que quieres que hagan contigo”.
 En este sentido, son ciertamente esperanzadoras y muy buenas noticias los diversos intentos de coordinación en red que se están dando entre los cristianos de base. Se trata de procesos, mayormente participativos y horizontales, en los que se da mayor importancia al proceso mismo que a la consecución de los objetivos finales. Estos llegarán como consecuencia lógica de un camino bien trazado y realizado con la máxima aportación y consenso de todos y todas. Se trata de un fenómeno con muchos factores nuevos, fruto de una madurez espiritual que ha descubierto en la unión (“que todos sean uno”) no sólo el objetivo final del mismo evangelio, sino la condición necesaria para una presencia verdaderamente cristiana en la Iglesia y en el mundo. Una unidad que se está abriendo horizontalmente, y cada día con mayor fuerza, hacia el resto de confesiones religiosas que pueblan e planeta. Algunos de estos intentos de coordinación, ya verdaderos logros, rebasan el ámbito cristiano y enlazan con esa preocupación interconfesional a la que aspira al límite el proceso.
Cito solamente tres casos entre los que me son más conocidos: El proceso de coordinación de los cristianos de ámbito estatal en el que participan un gran número de movimientos, comunidades de base y diferentes instituciones (también personas a título individual) que, desde el 9 de septiembre del pasado año, viene reuniéndose periódicamente. La próxima cita, en la que presumiblemente se aprobará definitivamente la “Carta de identidad” y la forma de organizarse a nivel estatal, será el 22 de abril. Y esto supone, al menos como promesa, una doble buena noticia: la recuperación del pueblo como sujeto de la experiencia y la participación horizontal y colectiva como motor del proceso.
No menos importante ha sido el paso dado por algunos colectivos españoles (Iglesia de base de Madrid, Somos Iglesia y Col-lectiu de Dones en l’Esglesia de Catalunya) para coordinarse con la Red Europea de la Iglesia por la Libertad, con sede en Bruselas. A medio plazo y cuidando de que no se burocratice indebidamente el proyecto, podría ser el destino común de una gran parte de los cristianos de base europeos. Dentro del más exquisito espíritu del vaticano II, este movimiento pretende asumir el papel de los seglares en la transformación interna de la Iglesia y la defensa de la justicia y la libertad en el mundo. Es otra buena noticia.
Finalmente, la Asociación para el Diálogo Interreligioso en la Comunidad de Madrid (ADIM), en su configuración actual, supera el marco del catolicismo y del mismo cristianismo. Es una respuesta, desde distintas confesiones religiosas y movimientos de inspiración humanista, a la creciente crisis religiosa y a la actual debilidad que presenta el pluralismo religioso para enfrentar por separado los incontables desafíos que, en todos los órdenes, ofrece la actual sociedad del científico-técnica. Surgió, hace tres años, como respuesta espontánea a la brutal invasión de Irak. Actualmente se ha convertido en asociación de carácter civil con presencia de casi todas las confesiones religiosas que existen en la capital y en contacto con otras organizaciones del mismo estilo que ya están surgiendo en el resto del país. Desde el primer momento ADIM ha estado muy relacionada con el Consejo para un Parlamento de las Religiones del Mundo a través del Centro UNESCO de Madrid y Cataluña, participando en la cuarta edición del Parlamento de la Religiones del Mundo, celebrado en Barcelona durante los días 7 al 13 de julio de 2004. Es otra buena noticia.
3. ¿CON QUÉ LO REDIMIREMOS, AQUEL TIEMPO SOMBRÍO?
(Ángel González, ibidem, p.65):
La experiencia nos obliga a ser cautos y modestos en este paso. No tenemos toda la respuesta, o los medios necesarios para restaurar el viejo tapiz. Tampoco las diferentes aportaciones de la historia, que es maestra de la vida en muchos sentidos, han logrado articular una alternativa sólida y consistente que valga para todos y todas. Quizás no podamos aspirar a otra tarea que a la de continuar tejiendo nuevos hebras doradas hasta que algún día llegue la completa restauración.
Como primera providencia, será cuestión de dejarnos aconsejar de nuevo por la clarividencia del poeta que, en esta encrucijada, nos indica por dónde sí y por dónde no podemos continuar la redención del viejo tapiz: ¿Con qué pagamos la alegría de ahora,/ el envoltorio de bisutería/ que ocupa hoy el lugar/ del amor verdadero forjado/ en el dolor y la esperanza?/ ¿Qué entregamos/ como compensación de tan desigual trueque?/ Las más sucias monedas: la traición, el olvido. Toda redención es fruto de un “amor verdadero, contrapuesto a la bisutería con que hoy lo encubrimos y cuyas más sucias monedas son “la traición y el olvido”. El amor verdadero -las hebras de oro para restaurar el viejo tapiz- está forjado, por el contrario, en “el dolor y la esperanza”. Este es el verdadero amor que redime. Este tipo de amor, concebido en el dolor y la esperanza, parece ser la propuesta básica del poeta.
La psicopedagogía, por su parte, añade algunos elementos que completan esta aportación. Porque, tejiendo con las hebras del amor verdadero, no podemos dejarnos atrapar por el desencanto ni el desaliento, mucho menos por la amargura o por la pérdida de la esperanza. Será cuestión de oír a un especialista en estos temas que, aunque no en todo podamos coincidir con los juicios valorativos que hace sobre algunos acontecimientos de los que hemos sido testigos, ofrece, sin embargo, una fórmula que a buen seguro puede ayudarnos a superar el desaliento que, a veces, acompaña a estas tareas. Me refiero a Eduardo Punset, con su libro “El viaje a la felicidad. Las nuevas claves científicas”.
 Después de “separar lo esencial de lo importante”, como aconsejaba prudentemente el viejo político tunecino Habib Bourguiba, y de analizar los factores que influyen positiva o negativamente en la consecución de la felicidad, Eduardo ofrece una extraña fórmula matemática como receta científica para alcanzar la felicidad, (en nuestro caso traduciríamos “para restaurar con éxito el viejo tapiz”). En dicha fórmula, que es un quebrado, el numerador recoge la suma de los factores positivos y el denominador los negativos que condicionan el disfrute de la felicidad. En el numerador figura, como elemento englobante, la emoción en la se concentran aspectos tan determinantes como el mantenimiento de un propósito y el exquisito cuidado del mismo, la búsqueda constante y la expectativa para superar la ignorancia propia y ajena, y las relaciones interpersonales; en denominador se agrupan los que Punset califica como factores reductores (la ausencia de desaprendizaje de lo que se nos han enseñado, el recurso a la memoria grupal que integra asociaciones infundadas, la interferencia en las procesos automatizados que ya se coordinan por si mismos y el predominio del miedo) y las cargas hereditarias (mutaciones lesivas, envejecimiento, el ejercicio abyecto del poder político –dictaduras, corrupción-, y el estrés imaginado que aumenta los niveles de ansiedad).
Interesante. ¿Por qué no tener en cuenta estas aportaciones “científicas” para que las hebras de amor sean más consistentes y bellas?
La aportación que nos ofrece el librito Vamos a recuperar la alegría (Iglesia de base de Madrid) es enormemente concreta. Con qué pagar la alegría de ahora, se pregunta el poeta. Y él mismo da la clave: no con la traición y el olvido, sino con “el amor verdadero forjado en el dolor y la esperanza”. Y los cristianos de base lo concretan en estas tres prácticas: 1ª Globalizando lo humano desde la opción por los pobres y su justicia; desde la presencia solidaria, próxima, vecinal con los excluidos; desde la articulación en red con la base, las iglesias, las confesiones religiosas; desde el compromiso con los movimientos de liberación social y política. 2ª Manteniendo un diálogo honesto y crítico con el mundo actual y sus distintos saberes autónomos: apostando por un modo cordial de inserción en el mundo y respetando siempre el derecho a la diversidad y a disentir; siendo particularmente sensibles con las nuevas aportaciones de la juventud. 3ª Aprendiendo a tejer con lo diverso lo inter, el mestizaje, rompiendo con la dicotomía varón-hembra, blanco-negro, y asumiendo con respeto y seriedad el diálogo en un contexto de pluralismo cultural y religioso.
4. UNA PEQUEÑA CODA: tres veces la misma melodía
Ante los hilos de tristeza del viejo tapiz y para reforzar las hebras de amor que bordan sus extremos, estamos apostando por una espiritualidad y una mística en el compromiso (contemplativos en la acción) cuyo “fa bordón” o nota dominante sea la alegría. ¿Dice algo la tradición judeocristiana y, en concreto, el evangelio sobre esta importantísima dimensión de la vida?
Con el evangelio de las Buenas Noticias en la mano podemos seguir el hilo de tres variantes de la misma melodía que hilvanan todas sus páginas. Lo decimos en griego que es como mejor sonoridad tienen: Chaíro, euphraíano y agalliáomai. Sólo unas breves notas sobre estas riquísimas e interminables melodías que arrancan desde los albores mismos de la conciencia de la humanidad. La tradición judeocristiana es sólo un testigo.
1. Chaíro
canta la alegría por el bienestar y la comodidad sensibles, lo que nos deseamos en el saludo y despedida: la salud, la felicidad. Chaíro y Chará (la alegría) están muy cerca de cháris (la gracia). En Los LXX es el Shalom que se alarga hasta los bienes escatológicos (porque es Dios quien da la paz); en el judaísmo es la Torah (la Ley) y en la Comunidad del Qumrán es la permanente alegría que proporciona el conocimiento de la verdad.
El Nuevo Testamento, por ser evangelio, es todo él es “alegría permanente”. Como saludo aparece en las cartas y en el encuentro familiar del resucitado (en Sant 1,1: chaírein; chaírete familiar en Mt 28,9). Todo el tiempo de Jesús es un “kairós” de alegría: “no pueden estar de luto los amigos del novio” (Mt 9,15) mientras él esté presente, porque la salvación ya es una realidad: “los ciegos ven, los sordos oyen…”(Mt 11); su predicación es causa de alegría (Zaqueo 19.6), incluso cuando produce escándalo y sufrimiento (“estad alegres y contentos” (Mt 5, 12); se invita a la fiesta (“pasa al gozo de tu Señor”, Mt, 25. 21.23) y el encuentro de las mujeres con el resucitado les causa un “gran gozo”, (Mt 28,8).
No podemos seguir el curso de esta riquísima melodía por todos los lugares del Nuevo Testamento. El evangelio de Mateo que hemos citado es sólo un ejemplo y no su mayor testigo. Una mayor reflexión debería recorrer la páginas de Lucas (evangelio y Hechos de los Apóstoles), cuyo tema central, desde su peculiar “evangelio de la infancia” (Lc 1 y 2) hasta la Ascensión (“se volvieron a Jerusalén con gran gozo” Lc 24, 53), es una contagiosa y penetrante alegría. Juan, por su parte, habla de la “perfecta alegría” (chará pepleroméne) (Jn 14,4). Y Pablo, en sus diferentes cartas, presenta la alegría en paradójica alternancia con la tristeza, la tribulación y la inquietud que es donde muestra toda su fuerza. El teólogo Kart Barth califica esta paradoja de “obstinado sin embargo”. Para cualquier situación o fase de la vida en que nos encontramos siempre será un reto Flpl 4,4: Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres”.
2. Euphraíno
es el sentimiento, la disposición interna de la alegría: estar alegre, estar encantado, estar de buen humor. Euphrosýne es el gozo, alegría. Aparecen destacados dos matices: La dimensión colectiva, contagiosa de la alegría, cuya imagen más cercana es el banquete que rezuma alegría por la convivencia festiva. A esta dimensión alude Lucas en reiteradas ocasiones; la más plástica es la fiesta que prepara el Padre a la vuelta del “hijo pródigo”(Lc 15). Otro aspecto de esta misma alegría colectiva llega por el reconocimiento de lo que Dios hace con la humanidad, como refleja la alegría del hijo pródigo al recibir el abrazo de su padre, como lo expresó antes proféticamente Isaías en 65, 18 y ss.: “Voy a crear a Jerusalén “Regocijo” y a su pueblo “Alegría”: me regocijaré por Jerusalén y me alegraré por mi pueblo sin que se oiga allí jamás lloro ni quejido”.
3. Agalliáomai es la expresión externa que produce la autoconciencia y el júbilo de la fiesta. Como cuando decimos: No cabía en sí de contento/a; o el estar alborozado, eufórico, radiante. En el AT la exteriorización esta exteriorización de la alegría por los gestos salvíficos de Dios es frecuente en las Salmos En el judaísmo se exterioriza la alegría por la expectativa escatología. En el Qumrán, por la salvación presente que ya está presente en la comunidad. En el evangelio siempre resultará paradójico el final de la bienaventuranzas ( “alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos”, Mt 5, 12) y la revelación del reino a los pequeños, a los niños (Mt 18, 1.5). La agalíasis, la alegría festiva, jubilosa acompaña en el pasado y guía hacia el futuro a la comunidad neotestamentaria. Su lugar más expresivo en La Cena de Señor (Corinto), Partir el pan (Jerusalén).
En conclusión:
Las tres melodías son variantes que, en el Nuevo Testamento (con raíces el la tradición judía) completan una misma canción que es la alegría (cfr. E. Beyreuther, En Diccionario teológico del NT, I, p.81). Desde esta perspectiva bíblica podemos expresarlo en estas tres notas:
1
ª La alegría es un don gratuito de Dios: te perdona, te espera, te abraza, te introduce en su casa y hace fiesta por ti; se hace una misma realidad contigo: se alegra. La Eucaristía muestra la alegría de la comunidad en y con Dios. Y la alegría es también un anhelo que está en el hombre, “porque Dios ha situado al hombre en la alegría” que la puede acrecentar asomándose al fondo de todos los dones de la naturaleza.
Pero esta alegría se da en tensión con la tribulación de la propia existencia. En medio de este conflicto estamos llamados a experimentar el “gozo anticipado” de “lo que el ojo nunca vio, ni oreja oyó, ni hombre alguno ha imaginado lo que Dios ha preparado para los que le aman” (1Cor 2,9).
La alegría surge también de la “recuperación del cuerpo” porque “Dios ha situado al hombre y a la naturaleza en la alegría”. El “odio al cuerpo”, tan dominante en la tradición cristiana, ha confundido frecuentemente el cuerpo con el ego, y consiguientemente ha preferido el poder al gozo, el propio interés con la donación, lo erótico con lo sexual. Existen apoyos suficientes en el Nuevo Testamento para la recuperación del cuerpo sin necesidad de centrar la alegría exclusivamente en el solipsismo sino también en el altruismo, no sólo en el antropocentrismo sino también en el cosmocentrismo, en el geocentrismo.

Finalmente, entre el convertir la alegría en “comercio de la diversión” o colocarla “más allá del trabajo de cada día” (porque lo consideramos bajo la maldición divina), está la posibilidad de situarla en el centro de la vida, como la melodía más bella o la flor mejor cuidada de nuestro huerto. Sólo con estas “hebras de amor” es posible restaurar el viejo tapiz y alcanzar algún aspecto de la felicidad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia). 

miradas y recuerdos

miradas y recuerdos

‘LA MIRADA VIOLETA’
Prólogo del libro de María Àngels Filella de la editorial Milenio
JOSEP GIL i RIBAS, sacerdote, doctor en teología

ECLESALIA, 07/04/06.- ¡Mirar la realidad con ojos de mujer! Cualquiera que sea la realidad, la que tenemos al lado y la que tenemos más lejos, la que la historia o las historias han querido o quieren retener y reflejar. También la historia bíblica, la historia de la salvación con sus personajes y con todo el entorno concreto de estos personajes. Una historia muy especial, porque quiere narrarnos la actuación del Dios-que-salva en medio de los acontecimientos humanos, de los acontecimientos que señalan los hitos de la historia de un pueblo, el que nació en el parto difícil de la salida de Egipto y en la majestuosa y espléndida teofanía del Sinaí, y el que nació en el parto no menos difícil de la Cruz y en la no menos majestuosa y espléndida teofanía de la resurrección.

¡Mirarla realidad con ojos de mujer! Los Evangelios retienen y reflejan una historia, la historia de Jesús de Nazaret y la del movimiento que Jesús puso en marcha. En el recuerdo de las comunidades cristianas de Palestina, de Siria, del Asia Menor, se habían fijado muchos detalles, los más esenciales y sorprendentes de esta historia, la del profeta de Galilea, que había pasado por el mundo haciendo el bien, curando a los enfermos, liberando a las personas de las cárceles de las angustias de siglos y haciendo posible lo imposible. La esperanza que este profeta, y más que profeta, había desvelado en los que le seguían para escucharle, era y había de ser la esperanza que se había de instalar en el corazón de la humanidad, una humanidad marcada por la torpeza constante y abrumadora del «no se puede hacer nada». Los Evangelios retienen y reflejan esta historia y esta esperanza y a la vez las quieren referir a las situaciones vivas y punzantes de estas primeras comunidades cristianas en las que continuaba habiendo enfermos y personas angustiadas, que habían de ser liberadas; y, entre estas personas, las mujeres que quién sabe si, en el interior de sus comunidades, se iban viendo cada vez más ignoradas y eclipsadas, escondidas, en definitiva, tras otras situaciones que parecían más importantes y urgentes.

Los Evangelios narran toda una serie de historias de mujeres, de muchas mujeres, y de mujeres de toda clase, desde la madre de Jesús hasta la pecadora. Las mujeres están en los Evangelios, pero no siempre están, o no parece que estén, tal como estuvieron en la realidad de la historia o historias que los Evangelios quieren narrar. Es preciso, pues, recuperar con la máxima exactitud posible estas historias y la historia concreta de estas mujeres que son las protagonistas, una recuperación que están llamadas a hacer, principalmente, las mujeres de hoy, porque son ellas, las mujeres, las que tienen los ojos más iluminados para ver la realidad tal como es, especialmente, la realidad de las mujeres.

Ver la realidad con ojos de mujer. Ver la realidad escondida de los Evangelios, o la realidad que los Evangelios, influidos por intereses diversos, no reflejan suficientemente bien. Son muchas las mujeres que se han puesto como objetivo mirar la realidad de la historia de los Evangelios con ojos de mujer. Las conocemos, sabemos quienes son, y nos alegramos que hayan tenido y que tengan el coraje de hacerlo, aunque no sea imprescindible compartir los criterios, más o menos ideológicos, que dirigen estas relecturas. Porque lo más importante no es la reconstrucción de la historia bíblica, aunque lo sea, y mucho, sino el hecho de que esta mirada con ojos de mujer permita ver la realidad actual, la realidad de muchas mujeres escondidas detrás de los intereses de una humanidad que tendría que ir aprendiendo a mirar la realidad con ojos de mujer. Mirar la realidad con ojos de mujer es una buena manera de ver las cosas de otra manera. Mirar la realidad con ojos de mujer es ver la sociedad y la Iglesia, donde las mujeres, más o menos abiertamente, reclaman el lugar y la consideración que les corresponde. Mirar la Iglesia con ojos de mujer es verla como el lugar y el espacio habitable donde todos, especialmente las mujeres, puedan sentirse acogidas y puedan hacer la experiencia del Espíritu que nos hace libres. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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‘RECUERDOS DE MUERTE Y DE RESURRECCIÓN’
Nuevo libro de Norberto Alcover en la editorial San Pablo
NORBERTO ALCOVER, jesuita

ECLESALIA, 07/04/06.- ¡Desde hace años, deseaba poner por escrito los misterios pascuales en boca del mismo Jesucristo, pero este tratamiento literario de la materia me retraía, no fuera a resultar un tanto pretencioso para los posibles lectores. Hasta que al fina, durante el pasado septiembre me decidí. Y el resultado es el pequeño volumen que está en las librerías: Recuerdos de Muerte y de Resurrección -Jesús de Nazaret, el Cristo de Dios, escribe su Pascua-, en excelente edición de San Pablo, que agradezco de veras, así como a un precio absolutamente asequible.

El volumen sigue día a día las jornadas de la llamada Semana Santa, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Pascual, con una extensión al Misterio de la Ascensión, que nos abre a la eternidad. Es el mismo Señor Jesús quien nos relata sus experiencias pasionales y glorificadas mientras, al mismo tiempo, recuerda sentimiento y pensamientos relativos a su momento histórico pero no menos al nuestro, creyente del siglo XXI.

El libro termina con estas palabras: "Amad la fidelidad". Ojalá nos encontremos en sus páginas.

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vieja Europa

vieja Europa

SOBRE LA VIEJA EUROPA Y LA FE
LUIS AMOR
REPÚBLICA DOMINICANA.

ECLESALIA, 06/04/06.- Los medios de comunicación, y más los llamados católicos, andan, en los últimos tiempos, muy atareados con la “Vieja Europa”. Dicen ellos que por su falta de fe. Si la fe es un don de Dios y, como tal don, un regalo y, como tal regalo, no tiene precio, la fe ha de ser libre. Depende de cada persona la aceptación de ese regalo, de ese divino don. Y si la fe también puede ser una firme voluntad de creer, llevará consigo la libre aceptación de la propia voluntad.

Pero la fe puede ser sólo un hábito, y en ese caso ni es don, ni es regalo, ni es firme voluntad, es una herencia, y una herencia endeudada. Se llamó fe a la religión. Se confundió la fe -la fe es más que simple creencia, es adhesión, fi-delidad, compromiso- con la “Religión de Estado”. El General Franco se hacía entrar bajo palio, como si de la misma hostia consagrada se tratara, en las Catedrales y en las Iglesias Mayores con motivo de las fiestas y solemnidades. La Iglesia, que no es la fe, se unió al poder político. La religión fue obligada y obligatoria. Europa se llenó de “Religión” y de “pietismo”. ¿Dónde estaba la fe?

La fe, ese movimiento de Dios hacia las personas de este mundo en el que vivimos, tuvo su extraordinaria manifestación en el Concilio Vaticano II: la gran esperanza, la claridad, la luz. La Iglesia institucionalizada, ahogada por sus propias instituciones y jerarquías, por su oficialidad, por su jefatura de estado, no abrió las ventanas para que entrara la claridad, no encendió las luces, metió la lámpara debajo del celemín de la historia. Siguió aferrada a lo ya adquirido. En su aburguesamiento tuvo miedo al cambio, continuó con su poder y con su fasto.

Se preocupa de la vida “antes” y de la vida “después”. Se olvida de la vida aquí y ahora, de los que tienen hambre y sed de comer y de beber, y de justicia. Y a éstas y a éstos, y no a otros, se manifestó el Dios de Israel. Y a éstas y a éstos, y no a otros, les habló su hijo, Jesús de Nazaret, y por eso lo mataron, por venir a dar vida a quienes no la tenían. “La Gloria de Dios es el ser humano vivo…” (S. Ireneo). Cuando la religión pasa de los oprimidos a los opresores, de los hambrientos a los saciados, de los humildes a los soberbios, se traiciona el Evangelio: “…para anunciar a los pobres la Buena Nueva…” (Lc 4, 18b).

Con la llegada de las democracias, la Vieja Europa se ha liberado de sus ataduras. La Religión dejó la oficialidad. Ya no es necesario el certificado de “buena conducta” del párroco del lugar para acceder a un puesto de trabajo. La fe, esos pasos de Dios hacia la humanidad, y la religión, esos pasos de la humanidad hacia Dios, han recuperado la libertad. La Palabra de Dios está viva, no la matemos, utilicémosla, saquémosla a la calle. Resituemos nuestra fe. La fe sin la razón no sería humana. “En lo necesario, unidad. En lo discutible, libertad. Y en todo, caridad”. (S. Agustín). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).