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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Reflexiones

maría magdalena (6)

EL DOLOR DE UN ADIÓS (6)
(Mc 15, 14-47; Mt 27, 55; Lc 23, 49-55; Jn 20,13-15)
EMMA MARTÍNEZ

Religión y Escuela, Nº 188, marzo de 2005.- Después del encuentro con la persona de Jesús y después de la loca decisión de seguirle, tuve que “mirar” cómo lo crucificaban y experimenté un dolor que rompía las entrañas.

Uno de los momentos más duros de mi vida fue ese “mirar” cómo lo crucificaban, era un mirar que alcanzaba las entrañas y las rompía de dolor, era sentir en mi cuerpo la com-pasión que tantas veces había percibido en Jesús, sentir en tu cuerpo como propio el dolor del otro amado.

Con el corazón roto, pero con mis pies firmes, permanezco allí fijándome con detenimiento en todo lo que está pasando. Su sed, su dolor, su soledad me traspasan el corazón. Pero me consuela que él sabe que estamos allí junto a su cruz, recogiendo su herencia, aprendiendo a permanecer a los pies de todos los crucificados de la historia.

No sé dónde están los discípulos, allí estábamos las mujeres, juntas llorábamos e intentábamos consolarnos, pero no era posible.

Sí, lloraba mucho, no podía contener las lágrimas que brotaban a raudales, lloraba por su dolor, por la injusticia que se estaba cometiendo con él, por la pérdida de la persona que más amaba. Pero mi llanto no debilitó mi fortaleza para permanecer junto su madre al pié da la cruz.

Cuando se cerró la piedra del sepulcro donde quedaba enterrada la Vida, yo no podía creerme que así terminaría todo, volví a la ciudad pero sería por poco tiempo. Tenía que terminar el Sabbath y cuando acabó, escuchando mi corazón decidí volver al sepulcro, y junto a mis amigas (María la de Santiago y Salomé), al amanecer del “primer día de la semana” con los ungüentos y perfumes nos dirigimos al sepulcro.

No sabíamos qué íbamos a hacer con la mole de piedra que tapaba el sepulcro, pero nuestro dolor y las ganas de poder acariciar su cuerpo y ungirlo nos nublaba el realismo de la dificultad para moverla.

Era aún casi de noche, alumbraban las primeras luces pero en mi corazón reinaba la noche del desconsuelo.

El corazón se me salía del pecho, mi dolor de ese momento lo expresa muy bien Carmen Bernabé “Cuando llegué al sepulcro y lo encontré abierto y vacío, se me nubló la vista y me derrumbé. Sentí que todo había acabado. Comencé a llorar y así estuve no sé ni cuanto tiempo. …Él no estaba. No escucharíamos más su voz y sus palabras, ni volveríamos a sentir su presencia que nos llenaba de vida. Miré al sepulcro queriéndome morir yo también

Era necesario afrontar el dolor del “adiós” de la persona amada, saber hacer el duelo no reprimiendo mis sentimientos, ni queriendo amordazarlos, ni adormecerlos, sólo así podría, después, superar el vacío y el dolor.

El adiós es una experiencia humana por la que pasamos muchas veces en la vida y es bueno saber afrontarla lo mejor posible, dejar al llanto su palabra, buscar ayuda en las personas queridas que pueden entender tu dolor, hacer aquello que tu corazón te dicte por quienes amas y confiar en la fuerza interna del propio corazón y del Dios de la vida para poder “resucitar” y volver a decir “hola”, de nuevo, a la Vida.

María Magdalena.

- - -> Emma Martínez: EMMAMART@teleline.es

cambiar sus pasos

AMORCITO
Carta a Antonio María Rouco Varela, Cardenal/Arzobispo de la diócesis de Madrid
CRISTINA RUIZ FERNÁNDEZ
MADRID.

ECLESALIA, 29/06/05.- Querido Antonio María, soy una joven madrileña, cristiana y practicante. Practicante porque cumplo con los sacramentos y voy a misa todos los domingos que puedo. Y además practicante porque intento llevar a mi vida diaria el Evangelio, aunque con mucho esfuerzo y muchos errores.

Desde hace algunas semanas estoy sintiendo bastante inquietud en mi corazón. Por la Iglesia, por el pontificado, por el futuro, por mi fe... por eso he decidido escribirte esta carta. Y te escribo precisamente a ti porque tú eres el obispo que me corresponde, el obispo de esta diócesis en la que llevo viviendo toda la vida, el obispo al que siempre oigo mencionar en la liturgia, cuando se reza “por nuestro obispo Antonio María”. De hecho, recuerdo cuando era adolescente ir a misa en Santander y sorprenderme porque decían otro nombre en esa frase litúrgica. Para mí el concepto de obispo iba unido a tu nombre... Luego ya he ido aprendiendo un poco más de jerarquía eclesiástica, pero tampoco mucho.

El caso es que últimamente he estado leyendo textos y acercándome a la figura de Monseñor Óscar Arnulfo Romero. A través de sus palabras y de su biografía he conocido otra manera de ser obispo... y estoy gratamente sorprendida. En textos sobre Romero leí la anécdota de una señora, anciana y pobre, que se acercó llorando al cuerpo de Moseñor durante el velatorio en la Catedral de San Salvador y exclamaba: “amorcito, ¿por qué te dejaste matar?”. Una y otra vez: “amorcito, ¿por qué te dejaste matar?”... Así hasta que llegó al cadáver de Romero y sentenció: “es que tú sí nos querías”. Esta anécdota me revolvió por dentro y me hizo pensar ¿por qué jamás en la vida llamaría yo “amorcito” a nuestro obispo Antonio María?

Entonces me di cuenta de que, pese a ser cristiana comprometida y practicante, te desconozco por completo y para mí eres una figura lejana, incluso oscura. Casi, casi, ni siquiera sé cómo suena tú voz. He intentado leer alguna de tus cartas pastorales, pero se me han caído de las manos. No tengo ningún recuerdo de tu imagen que no sea de negro y con tirilla o engalanado para oficiar alguna misa, boda o funeral solemne. La única anécdota que conozco de tu vida es aquel rumor que trascendió hace tiempo que afirmaba que llevabas más de diez años sin ir al cine. No sé si es verdad ni tampoco sé si te sientes cerca o lejos de la sociedad. Sólo sé que yo te siento lejos.

Siento lejanía e incluso a veces siento incomprensión, cuando me entero de que no permites que se apoye la campaña Pobreza Cero en las parroquias y apareces, sin embargo, embarcado en una especie de “cruzada” contra el matrimonio homosexual. ¿Por qué, Antonio, es más importante la moral sexual que la lucha contra la pobreza, que es el mayor mal al que se enfrenta nuestro mundo de hoy? ¿Por qué te preocupa más que se niegue las derecho de igualdad a las personas –muchas de ellas no católicas y otras muchas sí– por el simple hecho de que aman a alguien de su mismo sexo? ¿Es esta “cruzada” más importante, por ejemplo, que los Objetivos del Milenio?

Eso es sólo un ejemplo y no quiero enumerar tampoco todas mis propuestas y mis demandas para la renovación de la Iglesia. A través de esta carta, simplemente quiero decirte que necesito sentirte más cercano, que quiero conocerte, humanizarte, saberte cerca del pueblo, de los cristianos, de las cristianas y también de los no creyentes. Por eso en esta carta he optado por llamarte “de tú” en vez de “de usted”, para sentirte cerca. Eres mi obispo, por el que rezo todos los domingos, y quiero estar segura de que estás al lado de la gente, de que conoces nuestras necesidades y de que te implicas a fondo con nuestras vidas. Quiero quererte, Antonio María, aunque me cueste... y espero poder algún día llamarte “amorcito, amorcito”; ¿te lo imaginas?, sería tan bonito...

Todo el mundo, tenga la edad que tenga y lleve el recorrido que lleve, tiene derecho a abrir los ojos, mirar la realidad y cambiar sus pasos. Por eso no pierdo la esperanza.

Un abrazo fraterno,
Cristina Ruiz Fernández (cristina-ruiz@wanadoo.es).

magnos y menores

PAPAS MAGNOS Y PROFETAS MENORES
BRAULIO HERNÁNDEZ
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA, 27/06/05.- “Por eso os herí por medio de profetas, porque quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos” (Os 6,3-6). Se leía el primer sábado-domingo de Junio.

El papa Wojtyla ha sido el centro absoluto de todo en esta primera mitad del 2005. En enero comenzó su declive definitivo, siendo hospitalizado el 1 de febrero en el policlínico Gemelli (donde disponía de “una ‘suite’ de 200 metros preparada siempre “a su disposición”). Y el 28 de junio inician su proceso de beatificación. En medio, dos meses de agonía, su muerte y funerales de Estado; y el conclave donde salió elegido su delfín. El Vaticano alentó convertirlo en un espectáculo mediático: un tsumani de papolatría se decía.. Y fue una casualidad, misteriosa, que todas las catequesis programadas para ese mismo período estuvieran dedicadas a los profetas menores. Excepto la primera, sobre la libertad cristiana de la Carta a los Gálatas, Llamados a la libertad, justo cuando moría J.M. González Ruiz, un teólogo baluarte del Concilio Vaticano II y de esa libertad. De paso, recordar que quienes atacan el pluralismo de los hijos de Dios son los que crean la división en la Iglesia. También coincidía el relevo angustioso de Casaldáliga, “el obispo de los pobres”, un obispo profético como Romero. Estas catequesis eran un buen contrapunto contra tantos excesos.

¡Recontruid la casa!, de Ageo, ha sido la última, de cierre. Sorprende saber que el mensaje de este profeta menor, del que nadie se acuerda, fue el que inspiró a Juan XXIII la renovación del Concilio. Le precedieron otras como: “Conocerás al Señor” (Oseas), “Derramaré mi espíritu” (Joel), “Levantaré la tienda” (Amós), “Y tu, Belén” (Miqueas). “Es un milagro poder contactar con la experiencia de Miqueas ¡veintiocho siglos después!”, se maravilla el ponente. (Están en www.comayala.es).

Juan XXIII convocó el Concilio (una “locura papal” dijeron) siendo un papa que ya no estaba como para escalar montañas. Pero él confesó: “El primer sorprendido de esta propuesta mía fui yo mismo (...) Después de tres años de preparación laboriosa, aquí estoy yo a los pies de la santa montaña”. En cambio, Juan Pablo II llegó al papado pletórico, con fama de escalador: un papa moderno. Pero aquel “aire fresco” serrano que el papa bueno reclamaba, se fue transmutando de nuevo, con Wojtyla, en el viejo “ polvo imperial que se ha acumulado en el trono de Pedro desde Constantino” como lo describía JUAN XXIII.

A Juan Pablo II lo han descrito como “El gran restaurador” (Leonardo Boff); se ha dicho que convirtió el Vaticano en “una factoría de santos”: 1.338 beatos (“10 veces más que sus antecesores”) y 482 santos. Un record absoluto. Pero, entre tantos, ni uno solo de los muchos crucificados en América latina como Jesús de Nazaret, se sorprendía Jon Sobrino. “¿Qué hubiese ocurrido si en un país del Este hubiesen asesinado a 17 sacerdotes como ocurrió con El Salvador?”, se preguntaba Jon. O, lo que es lo mismo: ¿Cómo habrían valorado a Oscar Romero en Roma si, en vez de nacer en el Salvador, hubiera nacido en la Polonia de Wojtyla? Tuvo que acercarse el 25 aniversario de su asesinato para que la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex-Santo Oficio) declarara, tras casi una década de investigaciones, que "no existen obstáculos de naturaleza teológica que puedan impedir el normal desarrollo del proceso". La Congregación para la Causa de los Santos, asustada, le había pasado los papeles. Wojtyla no planteará dudas. Le pondrán una autopista.

Sí las tuvieron con Oscar Romero que, como Jesús, hizo el viaje a Jerusalén y tuvo visitas apostólicas, idénticas a las que Anás, Caifás y Alejandro hicieron a Pedro y a Juan (Hch 4,1-12). Asumió ser “un pobre de espíritu” como en el Sermón de la montaña; y fue cuestionado, como los profetas, por anteponer la justicia del pueblo al culto formalista de la “Sinagoga bien montada”. Incluso, como Jesús, lloró sobre Jerusalén, al sentir desolación en Roma tras aquella fría audiencia con Juan Pablo II, su papa y colega, que le despidió con este consejo: “procure ir de acuerdo con su gobierno”. Como remate final, también murió crucificado, en pleno tajo, en una modesta capilla de un modesto hospital de cancerosos. Jon Sobrino fue testigo de su calvario: “Conocí a Casaldáliga en el mes de febrero del 80 y le dije: 'Escribe a Romero y anímale a que siga'. Porque monseñor Romero sufría mucho en El Salvador con los obispos. A los pocos días lo mataron. Cuando volví a ver a Casaldáliga, me dijo: 'Nunca le escribí aquella carta, pero te mando esta poesía'. Es el famoso poema sobre San Romero de América. Claro que es santo, Romero, porque ha cumplido todos los cánones y las normas de Dios. Aunque, al parecer, todavía no ha cumplido las normas de la Iglesia”.

Juan Pablo II tuvo “el funeral más grande de la historia”. Los grandes del mundo pasaron por la sede de Pedro. Los titulares decían: “2.500 personalidades”, “200 Jefes de Estado y de Gobierno”, “3.500 periodistas acreditados...”. (Tres presidentes del país más poderoso de la tierra lo acompañaron). Hubo miles de banderas; y pancartas que decían: ¡Santo subito!, Giovanni Paolo II il Grande. La homilía, hecha por su delfín y sucesor, fue interrumpida (“en 13 ocasiones”) con aplausos y una exigencia: “Santo, santo, santo”. El mismo día después de su muerte, su Secretario de Estado ya lo había postulado: “Juan Pablo II El Grande” (un calificativo reservado a los papas ya canonizados). Uno de los más prestigiosos historiadores de la Iglesia, Juan María Laboa, autor de “La historia de los Papas“, nos recuerda que los poquísimos Papas Magnos que hubo los hizo la historia. Declararlo Magno al día después de su muerte, me parece una insensatez”. Su jefe prensa, el Sr. J. Navarro-Valls, el apóstol de un nuevo carisma, el de la imagen de la Sede de Pedro, y miembro de la “Obra de Dios” (en latín Opus Dei), declaró, seguro de sí mismo, 15 días después de su muerte: “Yo veré a Juan Pablo II en los altares” (ABC domingo 17 de abril). Ni Jesús ni ningún profeta tuvieron tan rápido reconocimiento. El discípulo Wojtyla se mostraba como más grande que el Maestro; lo contrario que Juan el Bautista: “Es preciso que él crezca para que yo disminuya” (Jn 3,30).

Amós, un pastor y recolector de higos, no un profesional del culto, denunció, como Oseas y compañía, la idolatría del pueblo que se dice creyente pero que, en el fondo, es un mero consumidor de ritos vacíos, sin experiencias de fe. También la corrupción religiosa, social y política, con sus guiños y extrañas alianzas. Los grandes santuarios pueden estar llenos, pero la religión puede estar paganizada, denuncian. Un culto esplendoroso que encubre la injusticia social y que la tienda de David está en ruinas. De Miqueas salió el trillado “Y tu, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre las aldeas de Judá, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo”. Todo lo opuesto a un monarca absoluto; un pastor laico de vestir normal para no marcar diferencias, no un profesional de lo religioso; y que exclamó ante la gran Jerusalén: “Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados” (Mt 23,37-38).

Anda y repara mi casa que amenaza ruinas, escuchó Francisco de Asís. Oscar Romero escuchó la voz de la conciencia antes que ciertos consejos de la santa alianza, “la mayor alianza secreta de los tiempos modernos” (como diría Richard Allen, presidente del Consejo de Seguridad Nacional de Reagan). Alguien lo recordaba hace unos días, y con otras palabras así lo resumía: yo te ayudo a desmantelar el régimen de Polonia y tu me ayudas a desmantelar la teología de la liberación en América latina. Mientras monseñor Romero defendía con hechos que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 4,19) –esto, precisamente, se leía en las Iglesias cuando expiraba Juan Pablo II- otros compañeros de báculo y nuncios vaticanos miraban “con tortícolis” a Roma; y algunos quizá alternaban en cócteles sociales con dictadores que firmaban sin escrúpulos, incluso en nombre de Dios, encarcelamientos, torturas, incluso asesinatos de Estado. No olvidemos que ha sido posible conceder el Nobel de la Paz a quien alentó tantas guerras. Hablando de libertad de conciencia, el joven Ratzinger, en el 68, así se explicaba: "Aún por encima del Papa como expresión de lo vinculante de la autoridad eclesiástica, se halla la 'propia conciencia', a la que hay que obedecer la primera, si fuera necesario incluso en contra de lo que diga la autoridad eclesiástica" (El País, Cartas al Director, 27/05/05).

Frente a las 650 audiencias o encuentros privados del papa Wojtyla con Jefes de Estado, y 212 con primeros ministros, (así como con presidentes de multinacionales, con los más famosos de la tierra, o con parejas principescas para darles una bendición apostólica a su nuevo matrimonio canónico..., monseñor Romero, por ejemplo, recibiría a campesinos, clérigos o catequistas comprometidos, amenazados por unos gobernantes y familias pudientes que se declaraban católicos fervientes.

Una de las sorpresas de Benedicto XVI fue anunciar la primicia, ante un círculo de selectos, y en latín, del proceso de beatificación de Juan Pablo II “cuanto antes”. No lo hizo un día cualquiera, sino un día 13, festividad de la virgen de Fátima, el día del atentado del pistolero Alí Agca contra Juan Pablo II, quien visitó y perdonó públicamente a Agca. Juan Pablo II convirtió este atentado en la piedra angular de su pontificado: “fue la intercesión de la virgen de Fátima quien desvió la bala”. Él mismo discernió que el “hombre vestido de blanco que cae muerto” (tercer secreto de Fátima) era él; y no, por ejemplo, su predecesor, Albino Luciani, el papa revolucionario que se negó a ser coronado, el monarca que cedió el sitio al pastor.

Juan Pablo II se declaraba en deuda con el Concilio Vaticano II a la par que impulsaba un modelo de Iglesia que contradecía aquel deseo de aire fresco de Juan XXIII, el ¡reconstruir la casa! volviendo a las fuentes de la experiencia comunitaria de los Hechos de los Apóstoles, a “los rasgos más sencillos y puros” de la Iglesia naciente. Y asentó como modelo de Iglesia a los movimientos preconciliares, que la controlan, y basan su prestigio, y su supervivencia de casta, en el sentimiento de culpa del pueblo, menor de edad: No tengas más que dos años de edad, tres a lo sumo. Porque los niños mayores son unos pícaros que ya quieren engañar a sus padres con inverosímiles mentiras’ (Escrivá de Balaguer n. 868). “Roma propuso la pastoral de tipo espiritualista para frenar la garra de las comunidades de base y de la Teología de la Liberación” (Jon Sobrino). Esto mismo, anticipándose a Jesús, lo denunció Miqueas, hace 28 siglos.

Tras la elección de Benedicto XVI, Casaldáliga reivindicaba la dimensión profética de la Iglesia; y que “El Papa no debería ser Jefe de Estado de ningún modo (“su único estado es el de gracia, que es el que le corresponde”, suele decir). El Papa no puede ser un monarca absoluto, la Iglesia no puede ser una comisión de aristócratas espirituales...” (Declaraciones a la Cadena SER).

Y, puestos a imaginar, imaginemos que un día los medios nos sorprendieran con este titular: El Papa promulga una encíclica renunciando a todo status, títulos, honores y riturgias de Jefe de Estado; y a ser venerado y adulado como “Su Santidad”, o “Sumo Pontífice”. Para legitimar su decisión no tendría que indagar mucho, buscando textos de apoyo, en los fondos de la gran Biblioteca Vaticana: los evangelios y los escuetos textos de los profetas menores tienen todos los ingredientes a flor de piel.

El día que Benedicto XVI anunciaba la primicia de la apertura del proceso de beatificación de Juan Pablo II, el evangelio propio del día decía: “Simón, ¿me amas más que éstos? (por tres veces...). Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió: «Sígueme»”.

biblia en tierra

EL II CONGRESO BÍBLICO NACIONAL
JAIME BARCÓN, de la asociación Proteología
CARACAS (VENEZUELA).

ECLESALIA, 24/06/05.- Los que asistimos al Congreso, organizado por la Sociedad Bíblica SOBICAÍN y celebrado en Caracas del 17 al 19 de febrero, 2005, tuvimos oportunidad de apreciar el evangélico entusiasmo con que la mayoría de los expositores arremetieron contra el Capitalismo, el Imperialismo y el Neoliberalismo. Cuan modernos Quijotes, y Biblia en ristre, no dejaron títere con cabeza. Naturalmente que no es difícil encontrar en la Biblia, y especialmente en el Evangelio, buenos argumentos para desautorizar las ideas subyacentes del Capitalismo Liberal, en las cuales se supone que si cada individuo se preocupa sólo de su bienestar, habrá una Mano Invisible, el modernista sustituto del Dios tradicional, que todo lo arreglará, y el bienestar social, suma de los bienestares individuales, quedará maximizado.

No cabe duda que las ideas liberales constituyeron un significativo avance con respecto a los sistemas autocráticos anteriores. Por otra parte, como los inquisidores del Medioevo hicieron, una astuta manipulación de la Biblia, y del mismo Evangelio, puede pretender justificar muchas cosas. Y más adelante, la interpretación de Calvino, con sus ideas de predestinación y su estoico estímulo al ahorro y la inversión, vinieron de perillas para el desarrollo capitalista. Pero el Evangelio leído desde el Tercer Mundo, y no olvidemos que Jesucristo era un tercermundista, parece justificar mejor un sistema socialista que uno capitalista, como quedó de manifiesto, por el varapalo que recibió el Capitalismo, en el II Congreso Bíblico de Caracas, el cual a su vez se hacía eco del Foro Mundial de Teología y Liberación, celebrado en Porto Alegre, Brasil, en enero de este año de gracia, bajo el lema "Otro Mundo es Posible".

Pero los sistemas socialistas, que se han intentado instrumentar hasta la fecha, no han sido muy exitosos que digamos, y muchas veces han terminado en estruendosos fracasos. Vale la pena detenernos en analizar el primer experimento cristiano, que más que socialista, podríamos denominar de comunismo radical, puesto que disponía la propiedad común de todos los bienes, tanto medios de producción como bienes de consumo. Como el lector habrá anticipado nos estamos refiriendo a lo que encontramos en los Hechos de los Apóstoles. En Hch 4:34-35, leemos: "No había entre ellos ninguna necesidad, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad". Naturalmente que si el Reino de Dios, anunciado en el Cristianismo, aspira a ser universal, sin excluir a nadie, el procedimiento anterior sería ruinoso, pues si todos quieren vender y nadie comprar, el mercado inmobiliario, entre otros, se vendría abajo, y poco después nadie tendría casa donde vivir. El repartir equitativamente "según la necesidad" forma parte del desideratum del Socialismo de la Modernidad, lo cual pone de manifiesto sus raíces cristianas, o si se quiere, la puesta al día del Cristianismo.

Pero la armonía de aquel comunismo primitivo no duró mucho. Un poco más adelante, en Hechos 6,1, leemos: "Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana". Y aquí nos encontramos con el meollo del problema que todo sistema que aspire a ser considerado como Socialista debe resolver. Si se aspira a repartir equitativamente los bienes colectivos de acuerdo a las necesidades, ¿quién, o mediante que procedimiento se determinan las necesidades? Si son funcionarios públicos estos serán vulnerables a todo tipo de presiones, por razones de amistad, lazos familiares, compadrazgo, paisanaje --¿hebreos o helenistas?-- además de las consabidas mordidas y sobornos que proliferan en toda administración pública. A lo anterior habría que agregar, que aún con la mejor voluntad del mundo, no es fácil anticipar las necesidades del prójimo. Creo que fue G. B. Shaw que dijo: "No ames a tu prójimo como a ti mismo. Puede tener otros gustos --o necesidades". En la Venezuela de estos días hemos experimentado esta situación. Con ocasión de los deslaves ocurridos recientemente mucha gente quedó sin vivienda. El gobierno otorgó nuevas viviendas a los damnificados. A gente que había vivido toda su vida al lado del mar, les asignó viviendas en los sitios menos acordes con sus costumbres e idiosincrasia. Naturalmente que al poco tiempo, la gran mayoría, abandonó las viviendas asignadas, que nunca llegaron a ser hogares.

Ahora bien, existe un mecanismo de asignación de bienes, servicios y actividades, que es eficiente, equitativo, y poco vulnerable a manipulaciones non sanctas. Pero este mecanismo queda también satanizado bajo las iras evangélicas a las que nos referíamos anteriormente, por estar asociado en el imaginario popular y teológico con el odiado Capitalismo. Se trata del Mecanismo del Mercado. Y resulta que las perversidades que se le achacan, son más bien debidas a su ausencia, que a su presencia. Volvamos al desideratum evangélico-socialista que podríamos resumir en la fórmula, "A cada cual según sus necesidades; de cada cual de acuerdo a sus habilidades". En general hay que suponer que es la misma persona quien mejor conoce sus necesidades y habilidades. Pero a la hora de asignar recursos y actividades hay que tener en cuenta dos factores. El primero, que dependiendo del mecanismo de reparto que se utilice, puede haber incentivo estratégico para sobreestimar necesidades --"pedigüeños de oficio" con destrezas histriónicas--, y subestimar habilidades personales. El segundo es que tanto las necesidades como las habilidades son relativas dentro de la colectividad, por aquello de que "en el país de los ciegos, el tuerto es Rey".

Pues el Mecanismo del Mercado evita la manipulación de necesidades y habilidades personales. También es eficiente tanto en la asignación de bienes y recursos humanos y materiales. Además es imparcial evitando irritantes favoritismos tan comunes en los decisores públicos. Lo que no puede hacer por si solo es compensar desigualdades iniciales entre los individuos, y es aquí donde la mano visible del Estado debe complementar a la invisible del Mercado. Claro que por muy automatizados que estén los procedimientos gubernamentales siempre se requerirá la intromisión, y discrecionalidad, de funcionarios públicos en la vida privada de los ciudadanos, en la de aquellos que requieran asistencia especial en virtud de sus necesidades, con la consiguiente limitación de las libertades individuales. Como en general estas intromisiones son indeseables, es de suponer que esto servirá de incentivo para la superación individual de aquellos menos favorecidos, con la subsiguiente disminución de las desigualdades.

Como dicen los ingleses, "hay que tener cuidado de no arrojar al bebé con el agua del baño". Si en el Tercer Mundo se decide emprender la construcción de un sistema de corte socialista --lo que no es descabellado, dado que el sistema capitalista no ha sido capaz de resolver el problema fundamental de la distribución de la riqueza, como en cierta medida se ha resuelto en el Primero-- este socialismo no debe descartar mecanismos, como el del mercado, que se ha visto tiene interesantes atributos. Así mismo debe aprender de los errores que se han cometido en el pasado, tanto en movimientos cristianos a lo largo de los siglos, como más recientemente en los países socialistas, que constituían el llamado Segundo Mundo, en donde un ineficiente manejo del sistema de precios, y del mercado por supuesto, unido a una falta casi total de incentivos, precipitaron su estrepitoso colapso.

Tenemos entonces, que dar la bienvenida a estos teólogos, quienes dejan la torre de marfil que ha sido la tentación en donde ha caído mucho del quehacer teológico, por no saber enfrentar -ni por consiguiente aprovechar- los retos del Modernismo. Naturalmente que estos teólogos, al entrar en el campo de la Economía Política, deberán esforzarse en dominar las herramientas que se han desarrollado profusamente desde los tiempos de aquellos, los teólogos escolásticos, quienes daban vueltas a problemas como el del "Precio Justo", y similares, tratando de incorporar conceptos tan importantes como el del "Precio de Mercado", el cual no es necesariamente injusto, como esperamos haber argumentado con éxito, en esta reflexión.

Aprovecho la ocasión, para felicitar al Hno Bernardo, a nuestra compañera Rebeca, y ese simpático grupo de SOBICAÍN, que junto a los cristianos maronitas del Monasterio de San Charbel, hicieron posible la realización de tan interesante, y polémico, Congreso Bíblico.

abismo 2/2

EL GRAN ABISMO*
JOSEP CASTELLÓ RÍOS, pepcastello@ya.com

- - -> Segunda parte. (Primera parte publicada en ecleSALia el 17 de junio de 2005)

ECLESALIA, 21/06/05.- Ese avanzar al frente comporta un riesgo grande, más en el mundo religioso que en el laico, y quienes gozan de un poder que dicen fue otorgado por el mismísimo Dios, es muy difícil que quieran asumirlo. No hay más que ver como reaccionaron a los esfuerzos humanizantes de Juan XXIII quienes le sucedieron. Una clase sacerdotal que de pronto reconociese publicamente que no está en posesión de ningún atributo superior al de los demás mortales, a buen seguro perdería su prestigio y sería rechazada por la mayoría de esa población que actualmente la venera. La gente quiere líderes, y los quiere brillantes. La idolatría forma parte de la condición humana. Está muy lejos todavía nuestra especie de ese alto grado de evolución al cual algunos visionarios como Teilhard de Chardin dicen que tiende, y nuestro gregarismo ancestral favorece entretanto a los más ambiciosos erigirse en líderes de la manada.

Pero si bien se mira, ese afán de revestirse de prestigio con la supuesta ayuda de la Gracia Divina que favorece el liderazgo y el triunfo terrenal, en lo religioso es pan para hoy y hambre para mañana. No hay más que ver como aumenta la increencia. Nadie que no comparta de antemano sus premisas puede dar crédito a cuanto predican quienes desde lo alto de su trono dicen estar en posesión de la verdad. La revelación que legitima de forma indiscutible las creencias predicadas, su propia potestad al considerarse a sí mismos sucesores de aquel apóstol que dicen fue elegido por el mismísimo Dios hecho hombre, el embarazo virginal de María que da origen divino a Jesús, la resurrección de Este después de su muerte y su subida al cielo, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, y un sinfín de puntos más que la religión católica considera intocables, tal como aún hoy los predica son inaceptables para el mundo profano. Simone Weil, que era judía, señaló treinta y tantos motivos para no hacerse cristiana. Un agnóstico o un ateo no necesita tantos, pero si quisiera podría hacer una lista mucho más larga. No obstante, con el corazón en la mano yo me pregunto: ¿hace falta creerse todo eso para vivir conforme al ideario cristiano?

El problema está en ver lo que es primero y más importante, como aquí en Tambo alguien con buen juicio me señala. Para mí, que escribo desde España, y para más detalle desde Catalunya, el país de origen de Pere Casaldàliga, lo prioritario no es la pobreza material, por más que pobres sí los hay y que habrá cada vez más al paso que vamos. Aquí la mayor miseria es la moral. La pobreza de espíritu está resultando endémica en este materializado rincón del mundo que desde Roma tratan de mantener como baluarte de ese catolicismo ultramontano y batallador hacedor de fanáticos de uno y otro bando.

España es un conjunto de pueblos de tradición católica que en la actualidad forman un Estado constitucionalmente laico. El nivel de increencia es mayoritario y aplastante, incluso en la población que por estar bautizada figura censalmente como católica, y hoy se casa en la iglesia y mañana se divorcia en el juzgado. Pero hay grupos muy bien vistos desde Roma como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y los Neocatecumenales, que pese ser una muy reducida minoría tienen mucha influencia. Ellos, junto a la jerarquía católica, tratan de mantener la religión en el estado de privilegio medieval que tuvo durante el tiempo de la dictadura franquista, algo que consiguieron con creces en la legislatura del anterior gobierno. Sus presiones sobre el actual gobierno para imponer criterios legislativos confesionales a un estado laico son continuas, al igual que para que se de en las escuelas, a cargo del Estado, la enseñanza de ese catolicismo ancestral que asegura los privilegios de los clérigos, el cual la mayoría de la población por diversos motivos rechaza.

Tratar de mantener hoy día la religión como en los tiempos de mi niñez, cuando regía en Roma Pío XII, es a mi ver mucho más que una estupidez. Es a la vez un crimen y un suicidio. El mundo no creyente se perderá, sin duda, todo el caudal de sabiduría que podría aportarle un cristianismo evolucionado y puesto al día como el que intentó lanzar el Vaticano II, en tanto que el mundo religioso seguirá agonizando en el oscurantismo de su ancestral universo de magia y fantasía.

Qué duda cabe de que, como en todo cuanto se refiere al conocimiento, el curso de la vida acabará haciendo aflorar la verdad, y día llegará en que la religión bajará definitivamente de su pedestal y aceptará sin recelo las propuestas del mundo de la ciencia y del saber humano. Tal vez entonces el mundo profano pueda llegar a aceptar sin prejuicios toda la utilidad de orden personal y colectivo que hay en la esencia de las diversas tradiciones religiosas. Tal vez..., en el mejor de los casos. Pero entre tanto, ¿habrá hecho algún bien ese empeño eclesiástico de imponer a toda costa el propio credo?

*Escrito para la lista de Tambo, foro de diálogo de los Servicios Koinonía (http://servicioskoinonia.org/tambo).

abismo 2/2

EL GRAN ABISMO*
JOSEP CASTELLÓ RÍOS, pepcastello@ya.com

- - -> Segunda parte. (Primera parte publicada en ecleSALia el 17 de junio de 2005)

ECLESALIA, 21/06/05.- Ese avanzar al frente comporta un riesgo grande, más en el mundo religioso que en el laico, y quienes gozan de un poder que dicen fue otorgado por el mismísimo Dios, es muy difícil que quieran asumirlo. No hay más que ver como reaccionaron a los esfuerzos humanizantes de Juan XXIII quienes le sucedieron. Una clase sacerdotal que de pronto reconociese publicamente que no está en posesión de ningún atributo superior al de los demás mortales, a buen seguro perdería su prestigio y sería rechazada por la mayoría de esa población que actualmente la venera. La gente quiere líderes, y los quiere brillantes. La idolatría forma parte de la condición humana. Está muy lejos todavía nuestra especie de ese alto grado de evolución al cual algunos visionarios como Teilhard de Chardin dicen que tiende, y nuestro gregarismo ancestral favorece entretanto a los más ambiciosos erigirse en líderes de la manada.

Pero si bien se mira, ese afán de revestirse de prestigio con la supuesta ayuda de la Gracia Divina que favorece el liderazgo y el triunfo terrenal, en lo religioso es pan para hoy y hambre para mañana. No hay más que ver como aumenta la increencia. Nadie que no comparta de antemano sus premisas puede dar crédito a cuanto predican quienes desde lo alto de su trono dicen estar en posesión de la verdad. La revelación que legitima de forma indiscutible las creencias predicadas, su propia potestad al considerarse a sí mismos sucesores de aquel apóstol que dicen fue elegido por el mismísimo Dios hecho hombre, el embarazo virginal de María que da origen divino a Jesús, la resurrección de Este después de su muerte y su subida al cielo, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, y un sinfín de puntos más que la religión católica considera intocables, tal como aún hoy los predica son inaceptables para el mundo profano. Simone Weil, que era judía, señaló treinta y tantos motivos para no hacerse cristiana. Un agnóstico o un ateo no necesita tantos, pero si quisiera podría hacer una lista mucho más larga. No obstante, con el corazón en la mano yo me pregunto: ¿hace falta creerse todo eso para vivir conforme al ideario cristiano?

El problema está en ver lo que es primero y más importante, como aquí en Tambo alguien con buen juicio me señala. Para mí, que escribo desde España, y para más detalle desde Catalunya, el país de origen de Pere Casaldàliga, lo prioritario no es la pobreza material, por más que pobres sí los hay y que habrá cada vez más al paso que vamos. Aquí la mayor miseria es la moral. La pobreza de espíritu está resultando endémica en este materializado rincón del mundo que desde Roma tratan de mantener como baluarte de ese catolicismo ultramontano y batallador hacedor de fanáticos de uno y otro bando.

España es un conjunto de pueblos de tradición católica que en la actualidad forman un Estado constitucionalmente laico. El nivel de increencia es mayoritario y aplastante, incluso en la población que por estar bautizada figura censalmente como católica, y hoy se casa en la iglesia y mañana se divorcia en el juzgado. Pero hay grupos muy bien vistos desde Roma como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y los Neocatecumenales, que pese ser una muy reducida minoría tienen mucha influencia. Ellos, junto a la jerarquía católica, tratan de mantener la religión en el estado de privilegio medieval que tuvo durante el tiempo de la dictadura franquista, algo que consiguieron con creces en la legislatura del anterior gobierno. Sus presiones sobre el actual gobierno para imponer criterios legislativos confesionales a un estado laico son continuas, al igual que para que se de en las escuelas, a cargo del Estado, la enseñanza de ese catolicismo ancestral que asegura los privilegios de los clérigos, el cual la mayoría de la población por diversos motivos rechaza.

Tratar de mantener hoy día la religión como en los tiempos de mi niñez, cuando regía en Roma Pío XII, es a mi ver mucho más que una estupidez. Es a la vez un crimen y un suicidio. El mundo no creyente se perderá, sin duda, todo el caudal de sabiduría que podría aportarle un cristianismo evolucionado y puesto al día como el que intentó lanzar el Vaticano II, en tanto que el mundo religioso seguirá agonizando en el oscurantismo de su ancestral universo de magia y fantasía.

Qué duda cabe de que, como en todo cuanto se refiere al conocimiento, el curso de la vida acabará haciendo aflorar la verdad, y día llegará en que la religión bajará definitivamente de su pedestal y aceptará sin recelo las propuestas del mundo de la ciencia y del saber humano. Tal vez entonces el mundo profano pueda llegar a aceptar sin prejuicios toda la utilidad de orden personal y colectivo que hay en la esencia de las diversas tradiciones religiosas. Tal vez..., en el mejor de los casos. Pero entre tanto, ¿habrá hecho algún bien ese empeño eclesiástico de imponer a toda costa el propio credo?

*Escrito para la lista de Tambo, foro de diálogo de los Servicios Koinonía (http://servicioskoinonia.org/tambo).

unos de otros

LA MORAL DE NUESTRAS BATALLAS MORALES
JOSÉ IGNACIO CALLEJA, Profesor de Moral Social Cristiana
VITORIA (ÁLAVA).

ECLESALIA, 20/06/05.- Observando las últimas batallas morales de mi sociedad, estoy pensando que tiene que haber gente que respire aliviada y satisfecha por los protagonistas y orientación de las mismas. Al fin, los curas y los “sociatas y demás modernos” vuelven a partirse la cara por asuntos de sexo, matrimonio y libertades civiles. Nada nuevo bajo el sol. La “vieja” sociedad vuelve a sus “guerras de religión”.

Ya sé que no se trata de batallitas de poca monta y que la cuestión de la moral civil, la moral común compartida por todos en una sociedad democrática, no es una cuestión menor. Pero sobre esto ya sabemos lo suficiente, en teoría. Se trata ahora de avanzar en su práctica histórica. Sabemos de qué hablan, unos, al referirse a la ley natural o naturaleza de las cosas, en relación al desarrollo de la vida personal; y sabemos de qué hablan, otros, al apelar a la autonomía moral del sujeto como principio rector de la existencia humana. En sus versiones extremas, ambas tesis son irreconciliables, pero en sus versiones más razonables y argumentadas, son esfuerzos “condenados” a entenderse y converger. Es curioso, en este sentido, que personalidades modernas, tan poco sospechosas como Habermas y Offe, vengan reclamando la aportación irrenunciable de las religiones, críticamente pensadas y vividas, a la hora de dotar de recursos morales a las sociedades democráticas del futuro. Quien piense que esto de las tradiciones religiosas es agua pasada a la hora de amasar los porqués de la justicia, la solidaridad, la no-violencia o la reconciliación, que se apreste a un ejercicio de humildad intelectual, porque no ha entendido nada. Las religiones necesitan su propio momento de crítica histórica, argumentativa y práctica, pero, dicho y hecho esto, que nadie las dé por muertas o superadas; y, sobre todo, que nadie renuncie a sus potencialidades para animar los mejores proyectos de respeto a los derechos humanos y estimular las necesidades de gratuidad y responsabilidad que la vida en común requiere. Si alguien piensa que con una buena dosis de novedades, modas, consumos y festejos, la gente de las próximas generaciones va a sentirse satisfecha, que se vaya olvidando de tan vana ilusión. Mis palabras no las entiendo como las de un “profeta caduco” con intereses en la causa, sino como la visión realista que se adivina en el surco abierto por el mejor pensamiento cultural de nuestros días. Tampoco lo vivo como el desquite de las viejas religiones, sino como lo que parece ser, la insatisfacción final ante una vida sometida a una carrera de propuestas tan diversas como, a menudo, triviales. El negocio, decimos, tiene imaginación para aprovecharse de todo. Pero, me atrevo a añadir, no de la necesidad de “sentido profundo” en el ser humano, ni del grito de las víctimas del sistema. Hay algo en esto que podemos reprimir, pero nunca acallar para siempre. Lo dejo aquí, para volver a un final más sencillo y concreto.

Decía al comienzo que tiene que haber gente encantada con nuestras batallas morales. Mientras nosotros debatimos sobre lo natural en cuanto al matrimonio, como si en ello nos fuese el destino de la creación, ellos siguen en sus trece de comerciar con todo: personas, animales y cosas. Nosotros discutimos sobre nuestros derechos civiles, y ellos siguen impertérritos identificando libertad con mercado, bienestar con negocio, progreso con poder adquisitivo, oportunidades culturales con beneficios estratégicos, felicidad con multiplicación de deseos y satisfacción para pocos. Y, así, ¡ay, Señor, Señor!, el progreso humano, la productividad económica, la investigación farmacéutica, la paz, el comercio, la salud, la alimentación, las pobrezas, el agua y el aire, la igualdad de géneros, la democracia universal, todo esto no es tema prioritario en nuestras discusiones sobre la “ley natural” y su expresión en la vida democrática de los pueblos. Pues bien, esta es mi sencilla intuición moral e intelectual: los pueblos de la tierra tienen “hambre y sed de justicia”, hoy, ayer y siempre, y distraerlos sólo con polémicas morales en torno al sexo y la naturaleza de las cosas, socapa de urgencias históricas espirituales, es doblemente alienante; primero, por descuido del sufrimiento real de la gente real (ley cristiana de la encarnación) y, además, por entrega del buen nombre de Dios a la cuenta de resultados de los que hacen del mundo un negocio y un casino de especulaciones.

Propongo, a la postre, equilibrar las sensibilidades morales de la religión (cristiana), en orden a que nosotros, la gente del cristianismo, ganemos “coherencia cristiana” y todos, la gente del humanismo laico, sepan (sepamos) de una tradición espiritual de valor incalculable. ¡Hay tanto que aprender unos de otros!

manifiesta contraste

BOLIVIA EN LA CALLE
MARCOS ALEMÁN, MARCELO CIARAMELLA, EDUARDO DE LA SERNA, delegados de ‘Curas en la Opción por los Pobres’
ARGENTINA.

ECLESALIA, 16/06/05.- Ante la situación de Bolivia, los Curas en la Opción por los Pobres queremos decir una palabra a nuestras comunidades y a la sociedad.

“La hermana república de Bolivia está en la calle”. El descontento con las autoridades vuelve a poner varias preguntas en el ambiente: la democracia, ¿debe ser representativa o participativa? El pueblo en la calle ¿podría ser antidemocrático? ¿Tienen algo que ver países extranjeros o bolivianos con mentalidad extranjera, en la situación que se está viviendo? La democracia occidental, capitalista neoliberal, ¿no es acaso un modo de organización extraño a las raíces de nuestros pueblos originarios de América Latina, pero que es impuesto con sangre y represión? (1)

Quisiéramos tener respuestas, aunque nos faltan elementos; sin embargo queremos expresar nuestra reflexión:

1. No nos parece casual que el conflicto en Bolivia, tenga elementos semejantes al que hace unos meses vivió el Ecuador, y al que parece pretenderse para Venezuela. Y no podemos ignorar que en todos los casos hay un elemento común: Energía. Gas y Petróleo son motivos más que suficientes para que poderes oscuros pretendan apoderarse de ellos. Los intentos del Imperio de monitorear democracias (¿quién monitorea Guantánamo?), o de declarar "repúblicas fallidas" (¿quién asegura que sea "acertado" el modo de gobierno bélico-terrorista del Norte?), y sus guerras "preventivas", no parecen inocentes en esta situación.

2. Mirar la actitud de la gente en las calles bolivianas, nos recuerda otras del Perú, o de Ecuador, y esto nos invita a pensar otro elemento en común: no es casualidad que los que alzan la voz del clamor popular, sean comunidades mayoritariamente aborígenes. Comenzando por el levantamiento de Chiapas, y siguiendo por muchos otros, los hermanos de los pueblos originarios levantaron su grito silencioso diciendo "basta". Basta de saquear a la "Madre Tierra", basta de expolio, y de muerte.

3. Y entre opresores y oprimidos, tampoco resulta extraño ver a los sectores del poder económico siendo fieles a su histórica alianza con los explotadores, desentendiéndose de la vida, el dolor y la muerte de los hermanos caídos al costado del camino. Ayer lo llamaron "barbarie", hoy "autonomía" o "secesión", lo cierto es que las víctimas de sangre que reclama el dios dólar o el dios mercado siguen siendo siempre las mismas.

4. No nos queda clara la actitud del Gobierno argentino, quien en las palabras parecía buscando colaborar en la pacificación, pero en la práctica parece aliado de Repsol y de Techint, que no son ajenos a las políticas de expolio y sangre.

En nombre del Dios de la Vida, como comunidad de hermanos, queremos solidarizarnos con el pueblo boliviano, queremos repudiar la violencia y el expolio, y hasta la "acumulación preventiva" de energía. Y en esta solidaridad con nuestras hermanas y hermanos bolivianos, abrazamos también a los miles de bolivianos que residen en nuestro país. Con ellos nos unimos a la oración a la Virgen de Copacabana para que con justicia y dignidad, el pueblo hermano alcance la paz.

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(1) Recordamos las palabras de los Obispos Latinoamericanos en Medellín: "Esta falta de adaptación a la idiosincrasia y a las posibilidades de nuestra población, origina, a su vez, una frecuente inestabilidad política y la consolidación de instituciones puramente formales. A todos ellos debe agregarse la falta de solidaridad, que lleva, en el plano individual y social, a cometer verdaderos pecados, cuya cristalización aparece evidente en las estructuras injustas que caracterizan la situación de América Latina" (Promoción Humana Nº 2).

- - -> Para más información: edlserna03@uolsinectis.com.ar