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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

biblia en tierra

EL II CONGRESO BÍBLICO NACIONAL
JAIME BARCÓN, de la asociación Proteología
CARACAS (VENEZUELA).

ECLESALIA, 24/06/05.- Los que asistimos al Congreso, organizado por la Sociedad Bíblica SOBICAÍN y celebrado en Caracas del 17 al 19 de febrero, 2005, tuvimos oportunidad de apreciar el evangélico entusiasmo con que la mayoría de los expositores arremetieron contra el Capitalismo, el Imperialismo y el Neoliberalismo. Cuan modernos Quijotes, y Biblia en ristre, no dejaron títere con cabeza. Naturalmente que no es difícil encontrar en la Biblia, y especialmente en el Evangelio, buenos argumentos para desautorizar las ideas subyacentes del Capitalismo Liberal, en las cuales se supone que si cada individuo se preocupa sólo de su bienestar, habrá una Mano Invisible, el modernista sustituto del Dios tradicional, que todo lo arreglará, y el bienestar social, suma de los bienestares individuales, quedará maximizado.

No cabe duda que las ideas liberales constituyeron un significativo avance con respecto a los sistemas autocráticos anteriores. Por otra parte, como los inquisidores del Medioevo hicieron, una astuta manipulación de la Biblia, y del mismo Evangelio, puede pretender justificar muchas cosas. Y más adelante, la interpretación de Calvino, con sus ideas de predestinación y su estoico estímulo al ahorro y la inversión, vinieron de perillas para el desarrollo capitalista. Pero el Evangelio leído desde el Tercer Mundo, y no olvidemos que Jesucristo era un tercermundista, parece justificar mejor un sistema socialista que uno capitalista, como quedó de manifiesto, por el varapalo que recibió el Capitalismo, en el II Congreso Bíblico de Caracas, el cual a su vez se hacía eco del Foro Mundial de Teología y Liberación, celebrado en Porto Alegre, Brasil, en enero de este año de gracia, bajo el lema "Otro Mundo es Posible".

Pero los sistemas socialistas, que se han intentado instrumentar hasta la fecha, no han sido muy exitosos que digamos, y muchas veces han terminado en estruendosos fracasos. Vale la pena detenernos en analizar el primer experimento cristiano, que más que socialista, podríamos denominar de comunismo radical, puesto que disponía la propiedad común de todos los bienes, tanto medios de producción como bienes de consumo. Como el lector habrá anticipado nos estamos refiriendo a lo que encontramos en los Hechos de los Apóstoles. En Hch 4:34-35, leemos: "No había entre ellos ninguna necesidad, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad". Naturalmente que si el Reino de Dios, anunciado en el Cristianismo, aspira a ser universal, sin excluir a nadie, el procedimiento anterior sería ruinoso, pues si todos quieren vender y nadie comprar, el mercado inmobiliario, entre otros, se vendría abajo, y poco después nadie tendría casa donde vivir. El repartir equitativamente "según la necesidad" forma parte del desideratum del Socialismo de la Modernidad, lo cual pone de manifiesto sus raíces cristianas, o si se quiere, la puesta al día del Cristianismo.

Pero la armonía de aquel comunismo primitivo no duró mucho. Un poco más adelante, en Hechos 6,1, leemos: "Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana". Y aquí nos encontramos con el meollo del problema que todo sistema que aspire a ser considerado como Socialista debe resolver. Si se aspira a repartir equitativamente los bienes colectivos de acuerdo a las necesidades, ¿quién, o mediante que procedimiento se determinan las necesidades? Si son funcionarios públicos estos serán vulnerables a todo tipo de presiones, por razones de amistad, lazos familiares, compadrazgo, paisanaje --¿hebreos o helenistas?-- además de las consabidas mordidas y sobornos que proliferan en toda administración pública. A lo anterior habría que agregar, que aún con la mejor voluntad del mundo, no es fácil anticipar las necesidades del prójimo. Creo que fue G. B. Shaw que dijo: "No ames a tu prójimo como a ti mismo. Puede tener otros gustos --o necesidades". En la Venezuela de estos días hemos experimentado esta situación. Con ocasión de los deslaves ocurridos recientemente mucha gente quedó sin vivienda. El gobierno otorgó nuevas viviendas a los damnificados. A gente que había vivido toda su vida al lado del mar, les asignó viviendas en los sitios menos acordes con sus costumbres e idiosincrasia. Naturalmente que al poco tiempo, la gran mayoría, abandonó las viviendas asignadas, que nunca llegaron a ser hogares.

Ahora bien, existe un mecanismo de asignación de bienes, servicios y actividades, que es eficiente, equitativo, y poco vulnerable a manipulaciones non sanctas. Pero este mecanismo queda también satanizado bajo las iras evangélicas a las que nos referíamos anteriormente, por estar asociado en el imaginario popular y teológico con el odiado Capitalismo. Se trata del Mecanismo del Mercado. Y resulta que las perversidades que se le achacan, son más bien debidas a su ausencia, que a su presencia. Volvamos al desideratum evangélico-socialista que podríamos resumir en la fórmula, "A cada cual según sus necesidades; de cada cual de acuerdo a sus habilidades". En general hay que suponer que es la misma persona quien mejor conoce sus necesidades y habilidades. Pero a la hora de asignar recursos y actividades hay que tener en cuenta dos factores. El primero, que dependiendo del mecanismo de reparto que se utilice, puede haber incentivo estratégico para sobreestimar necesidades --"pedigüeños de oficio" con destrezas histriónicas--, y subestimar habilidades personales. El segundo es que tanto las necesidades como las habilidades son relativas dentro de la colectividad, por aquello de que "en el país de los ciegos, el tuerto es Rey".

Pues el Mecanismo del Mercado evita la manipulación de necesidades y habilidades personales. También es eficiente tanto en la asignación de bienes y recursos humanos y materiales. Además es imparcial evitando irritantes favoritismos tan comunes en los decisores públicos. Lo que no puede hacer por si solo es compensar desigualdades iniciales entre los individuos, y es aquí donde la mano visible del Estado debe complementar a la invisible del Mercado. Claro que por muy automatizados que estén los procedimientos gubernamentales siempre se requerirá la intromisión, y discrecionalidad, de funcionarios públicos en la vida privada de los ciudadanos, en la de aquellos que requieran asistencia especial en virtud de sus necesidades, con la consiguiente limitación de las libertades individuales. Como en general estas intromisiones son indeseables, es de suponer que esto servirá de incentivo para la superación individual de aquellos menos favorecidos, con la subsiguiente disminución de las desigualdades.

Como dicen los ingleses, "hay que tener cuidado de no arrojar al bebé con el agua del baño". Si en el Tercer Mundo se decide emprender la construcción de un sistema de corte socialista --lo que no es descabellado, dado que el sistema capitalista no ha sido capaz de resolver el problema fundamental de la distribución de la riqueza, como en cierta medida se ha resuelto en el Primero-- este socialismo no debe descartar mecanismos, como el del mercado, que se ha visto tiene interesantes atributos. Así mismo debe aprender de los errores que se han cometido en el pasado, tanto en movimientos cristianos a lo largo de los siglos, como más recientemente en los países socialistas, que constituían el llamado Segundo Mundo, en donde un ineficiente manejo del sistema de precios, y del mercado por supuesto, unido a una falta casi total de incentivos, precipitaron su estrepitoso colapso.

Tenemos entonces, que dar la bienvenida a estos teólogos, quienes dejan la torre de marfil que ha sido la tentación en donde ha caído mucho del quehacer teológico, por no saber enfrentar -ni por consiguiente aprovechar- los retos del Modernismo. Naturalmente que estos teólogos, al entrar en el campo de la Economía Política, deberán esforzarse en dominar las herramientas que se han desarrollado profusamente desde los tiempos de aquellos, los teólogos escolásticos, quienes daban vueltas a problemas como el del "Precio Justo", y similares, tratando de incorporar conceptos tan importantes como el del "Precio de Mercado", el cual no es necesariamente injusto, como esperamos haber argumentado con éxito, en esta reflexión.

Aprovecho la ocasión, para felicitar al Hno Bernardo, a nuestra compañera Rebeca, y ese simpático grupo de SOBICAÍN, que junto a los cristianos maronitas del Monasterio de San Charbel, hicieron posible la realización de tan interesante, y polémico, Congreso Bíblico.
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