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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

abismo 2/2

EL GRAN ABISMO*
JOSEP CASTELLÓ RÍOS, pepcastello@ya.com

- - -> Segunda parte. (Primera parte publicada en ecleSALia el 17 de junio de 2005)

ECLESALIA, 21/06/05.- Ese avanzar al frente comporta un riesgo grande, más en el mundo religioso que en el laico, y quienes gozan de un poder que dicen fue otorgado por el mismísimo Dios, es muy difícil que quieran asumirlo. No hay más que ver como reaccionaron a los esfuerzos humanizantes de Juan XXIII quienes le sucedieron. Una clase sacerdotal que de pronto reconociese publicamente que no está en posesión de ningún atributo superior al de los demás mortales, a buen seguro perdería su prestigio y sería rechazada por la mayoría de esa población que actualmente la venera. La gente quiere líderes, y los quiere brillantes. La idolatría forma parte de la condición humana. Está muy lejos todavía nuestra especie de ese alto grado de evolución al cual algunos visionarios como Teilhard de Chardin dicen que tiende, y nuestro gregarismo ancestral favorece entretanto a los más ambiciosos erigirse en líderes de la manada.

Pero si bien se mira, ese afán de revestirse de prestigio con la supuesta ayuda de la Gracia Divina que favorece el liderazgo y el triunfo terrenal, en lo religioso es pan para hoy y hambre para mañana. No hay más que ver como aumenta la increencia. Nadie que no comparta de antemano sus premisas puede dar crédito a cuanto predican quienes desde lo alto de su trono dicen estar en posesión de la verdad. La revelación que legitima de forma indiscutible las creencias predicadas, su propia potestad al considerarse a sí mismos sucesores de aquel apóstol que dicen fue elegido por el mismísimo Dios hecho hombre, el embarazo virginal de María que da origen divino a Jesús, la resurrección de Este después de su muerte y su subida al cielo, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, y un sinfín de puntos más que la religión católica considera intocables, tal como aún hoy los predica son inaceptables para el mundo profano. Simone Weil, que era judía, señaló treinta y tantos motivos para no hacerse cristiana. Un agnóstico o un ateo no necesita tantos, pero si quisiera podría hacer una lista mucho más larga. No obstante, con el corazón en la mano yo me pregunto: ¿hace falta creerse todo eso para vivir conforme al ideario cristiano?

El problema está en ver lo que es primero y más importante, como aquí en Tambo alguien con buen juicio me señala. Para mí, que escribo desde España, y para más detalle desde Catalunya, el país de origen de Pere Casaldàliga, lo prioritario no es la pobreza material, por más que pobres sí los hay y que habrá cada vez más al paso que vamos. Aquí la mayor miseria es la moral. La pobreza de espíritu está resultando endémica en este materializado rincón del mundo que desde Roma tratan de mantener como baluarte de ese catolicismo ultramontano y batallador hacedor de fanáticos de uno y otro bando.

España es un conjunto de pueblos de tradición católica que en la actualidad forman un Estado constitucionalmente laico. El nivel de increencia es mayoritario y aplastante, incluso en la población que por estar bautizada figura censalmente como católica, y hoy se casa en la iglesia y mañana se divorcia en el juzgado. Pero hay grupos muy bien vistos desde Roma como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y los Neocatecumenales, que pese ser una muy reducida minoría tienen mucha influencia. Ellos, junto a la jerarquía católica, tratan de mantener la religión en el estado de privilegio medieval que tuvo durante el tiempo de la dictadura franquista, algo que consiguieron con creces en la legislatura del anterior gobierno. Sus presiones sobre el actual gobierno para imponer criterios legislativos confesionales a un estado laico son continuas, al igual que para que se de en las escuelas, a cargo del Estado, la enseñanza de ese catolicismo ancestral que asegura los privilegios de los clérigos, el cual la mayoría de la población por diversos motivos rechaza.

Tratar de mantener hoy día la religión como en los tiempos de mi niñez, cuando regía en Roma Pío XII, es a mi ver mucho más que una estupidez. Es a la vez un crimen y un suicidio. El mundo no creyente se perderá, sin duda, todo el caudal de sabiduría que podría aportarle un cristianismo evolucionado y puesto al día como el que intentó lanzar el Vaticano II, en tanto que el mundo religioso seguirá agonizando en el oscurantismo de su ancestral universo de magia y fantasía.

Qué duda cabe de que, como en todo cuanto se refiere al conocimiento, el curso de la vida acabará haciendo aflorar la verdad, y día llegará en que la religión bajará definitivamente de su pedestal y aceptará sin recelo las propuestas del mundo de la ciencia y del saber humano. Tal vez entonces el mundo profano pueda llegar a aceptar sin prejuicios toda la utilidad de orden personal y colectivo que hay en la esencia de las diversas tradiciones religiosas. Tal vez..., en el mejor de los casos. Pero entre tanto, ¿habrá hecho algún bien ese empeño eclesiástico de imponer a toda costa el propio credo?

*Escrito para la lista de Tambo, foro de diálogo de los Servicios Koinonía (http://servicioskoinonia.org/tambo).
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