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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

bendecir

bendecir

Ascensión del Señor (C), Lucas 24, 46 - 53
EL ÚLTIMO GESTO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 16/05/07.- Jesús era realista. Sabía que no podía transformar de un día para otro aquella sociedad donde veía sufrir a tanta gente. No tenía poder político ni religioso para provocar un cambio revolucionario. Sólo tenía su palabra, sus gestos y su fe grande en el Dios de los que sufren.

Por eso le gusta tanto hacer gestos de bondad. «Abraza» a los niños de la calle para que no se sientan huérfanos. «Toca» a los leprosos para que no se vean excluidos de las aldeas. «Acoge» amistosamente a su mesa a pecadores e indeseables para que no se sientan despreciados.

No son gestos convencionales. Le salen desde su voluntad de hacer un mundo más amable y solidario en el que las personas se ayuden y se cuiden mutuamente. No importa que sean gestos pequeños. Dios tiene en cuenta hasta el «vaso de agua» que damos a quien tiene sed.

A Jesús le gusta sobre todo «bendecir». Bendice a los pequeños y bendice sobre todo a los enfermos y desgraciados. Su gesto está cargado de fe y de amor. Desea envolver a los que más sufren con la compasión, la protección y la bendición de Dios.

No es extraño que, al narrar la despedida de Jesús, Lucas lo describa levantando sus manos y «bendiciendo» a sus discípulos. Es su último gesto. Jesús entra en el misterio insondable de Dios y sus seguidores quedan envueltos en su bendición.

Hace ya mucho tiempo que lo hemos olvidado, pero la Iglesia ha de ser en medio del mundo una fuente de bendición. En un mundo donde es tan frecuente «maldecir», condenar, hacer daño y denigrar, es más necesaria que nunca la presencia de seguidores de Jesús que sepan «bendecir», buscar el bien, hacer el bien, atraer hacia el bien.

Una Iglesia fiel a Jesús está llamada a sorprender a la sociedad con gestos públicos de bondad, rompiendo esquemas y distanciándose de estrategias, estilos de actuación y lenguajes agresivos que nada tienen que ver con Jesús, el profeta que bendecía a las gentes con sus gestos y palabras de bondad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

cauces de diálogo

cauces de diálogo

CONSTRUIR RESURRECCIÓN
Carta abierta a los obispos de Madrid
COMUNIDADES CRISTIANAS de ENCOMÚN
MADRID.

ECLESALIA, 15/05/07.- Hermanos obispos: Somos un grupo de laicos que pertenecemos a diferentes comunidades cristianas y hemos confluido en un espacio de encuentro que hemos denominado Encomún.

Hemos decidido dirigirnos a vosotros por la profunda preocupación y tristeza que nos está produciendo los hechos ocurridos en los últimos días considerando que, por el puesto que ocupáis en la Comunidad, sois responsables de ayudarnos a caminar como pueblo de Dios siguiendo las enseñanzas de su Hijo Jesús.

Estamos siendo testigos del conflicto surgido con la parroquia de San Carlos Borromeo. Para nosotros, este es un motivo de desesperanza más, que se añade a la larga lista de hechos que parecen indicar que en nuestro pueblo, el pueblo de Dios, hay serias dificultades para aceptarnos unos a otros. De cualquier modo, no queremos hacerlo desde la desesperanza, sino hacerlo a la luz de la celebración de la Pascua y poder así construir resurrección, donde aparentemente hay desencuentros.

Es cierto que existen diferentes tendencias dentro de la Iglesia, pero Jesús, en su última Cena, nos enseño la mejor manera de tenerle a su lado siempre: Partió el pan para repartirlo entre sus amigos y que pudieran estar en común-unión. Cuando lo recordamos en la Eucaristía estamos celebrando precisamente eso: que Jesús se sigue repartiendo para llegar a todos; que juntos formamos el Cuerpo de Cristo.

Por eso nos parece importante que nos acojamos y nos escuchemos unos a otros y sepamos ver la mano del Espíritu en el carisma de cada uno, sin asustarnos por su forma de manifestarse para el bien común, y no dejarnos a ninguno en el camino porque, de otra manera, el pueblo de Dios estaría siempre incompleto.

Os pedimos, encarecidamente, que busquéis, junto a los miembros de la Parroquia de San Carlos, los cauces de diálogo fraterno, conforme a los valores transmitidos por Jesús de Nazaret, nuestro Señor, invocando al Espíritu para que nos ayude a todos a reconocer los carismas y servicios que vienen de todos los miembros de la Iglesia, en especial de los que se están dejando la piel en la tarea de ayudar a los más necesitados y desfavorecidos.

Seguiremos orando a Dios, nuestro Padre, para que nos siga ayudando a todos a vivir según su mandamiento principal, el mandamiento del amor, y desde él que sepamos vivir como Iglesia en comunión. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Recibid un saludo muy cordial

Laicos de las comunidades cristianas de Encomún

sembrar paz

sembrar paz

6 Pascua (C), Juan 14, 23 – 29
CUALQUIERA NO PUEDE SEMBRAR PAZ
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 09/05/07.- Siguiendo la costumbre judía, los primeros cristianos se saludaban deseándose mutuamente la «paz». No era un saludo rutinario y convencional. Para ellos tenía un significado más profundo. En una carta que Pablo escribe hacia el año 61 a una comunidad cristiana de Asia Menor, les manifiesta su gran deseo: «Que la paz de Cristo reine en vuestros corazones».

Esta paz no hay que confundirla con cualquier cosa. No es una ausencia de conflictos y tensiones. Tampoco una sensación de bienestar o una búsqueda de tranquilidad interior. Según el evangelio de Juan, es el gran regalo de Jesús, la herencia que ha querido dejar para siempre en sus seguidores. Así dice Jesús: «Os dejo la paz, os doy mi paz».

Sin duda, recordaban lo que Jesús había pedido a sus discípulos al enviarlos a construir el reino de Dios: «En la casa en que entréis, decid primero: paz a esta casa». Para humanizar la vida, lo primero es sembrar paz, no violencia; promover respeto, diálogo y escucha mutua, no imposición, enfrentamiento y dogmatismo.

¿Por qué es tan difícil la paz? ¿Por qué se vuelve una y otra vez al enfrentamiento y la agresión mutua? Hay una respuesta primera, tan elemental y sencilla, que nadie la toma en serio: sólo los hombres y mujeres que poseen paz, pueden ponerla en la sociedad.

Cualquiera no puede sembrar paz. Con el corazón lleno de resentimiento, intolerancia y dogmatismo se puede movilizar a la gente, pero no es posible aportar verdadera paz a la convivencia. No se ayuda a acercar posturas y a crear un clima amistoso de entendimiento, mutua aceptación y diálogo.

No es difícil señalar algunos rasgos de la persona que lleva en su interior la paz de Cristo. Busca siempre el bien de todos, no excluye a nadie, respeta las diferencias, no alimenta la agresión, fomenta lo que une, nunca lo que nos enfrenta.

¿Qué estamos aportando hoy desde la Iglesia de Jesús? ¿Concordia o división? ¿Reconciliación o enfrentamiento? Y si los seguidores de Jesús no llevan paz en su corazón, ¿qué es lo que llevan? ¿Miedos, intereses, ambiciones, irresponsabilidad? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

derecha

derecha

EL VOTO A LA DERECHA ES INMORAL
JUAN LUIS HERRERO DEL POZO, herrero.pozo@telefonica.net
LOGROÑO (LA RIOJA).

ECLESALIA, 07/05/07.- Lo he repetido innumerables veces y me ha valido más de un paraguazo endilgado a guisa de réplica contundente por cristianos conservadores, a la puerta de los templos en las pasadas elecciones. ¿Qué quiero decir? Que la derecha, en una u otra medida, sustenta y propicia el capitalismo y éste es intrínsecamente perverso. Por ello, el voto a su favor es en sí éticamente inmoral, aunque el votante por ignorancia proceda de buena fe.

De costumbre lo he argumentado a nivel filosófico desde el mero análisis de su principio vertebrador que sacraliza las leyes del mercado y las erige en absoluto operativo mediante una libertad vaciada de su función social (ahí está la perversión). Basta recordar el principio del fundador del capitalismo, A. Smith, hace 250 años, para quien la mano invisible del mercado convierte en bien general el simple interés particular. Es decir, el mercado opera el milagro de transformar en equidad, justicia y solidaridad la ambición individual. Hoy me parece relevante dar un paso más: es obligado devolver lo robado y aunque mi riqueza no sea efecto (directo) del robo no me es permitido disponer de ella a mi antojo.

Hay que ser ciego para no entender que la causa principal, si no única, del despojo de los pobres, personas y pueblos, y del desastre ecológico del planeta (robo a cargo de las generaciones venideras) es el modelo real de capitalismo. Es pura y simplemente un robo que exige devolución.

Entre los primeros cristianos se había extendido una convicción que tuvo vida efímera por la dureza de nuestros corazones, cerrados al hermano. La que antes se olvidó fue la institución eclesial oficial y hoy ya ¡vamos! casi que la persigue cuando aquella convicción se encarna en la teología de la liberación.

¿Qué pensaban aquellos cristianos, parecidos a los de la parroquia de Entrevías que el cardenal Rouco ha mandado cerrar? QUE LO MÍO SUPÉRFLUO PERTENECE AL NECESITADO. Así de simple. No será fácil hacer operativo este principio pero sólo él, nunca abjurado, me permitirá conducir la barca de mi economía: Ante cada gasto, sobre todo a las puertas de los templos del consumo, he de interrogarme sin piedad: ¿puedo disponer libremente de este dinero para algo superfluo cuando tantos no alcanzan lo necesario? ¿Cómo decidir? La sensibilidad humana de cada uno encontrará la respuesta. Pero más vale asumir humildemente la incertidumbre de una respuesta tacaña que lavarme la conciencia con la renuncia a los principios que amparan los derechos de los pobres.

Hay más, a nivel global de pueblos y naciones el abismo de clamorosa, cruel y creciente desigualdad se asienta básicamente en políticas económicas injustas que han despojado a la mayoría en beneficio de unos pocos. Es difícil impugnar esta evidencia salvo por ignorancia o mala fe. Es decir, la situación actual de ricos y pobres es estructuralmente fruto de la rapiña. De tal modo que quien apoya (por ejemplo, con el voto) al sistema neoliberal que la encarna y la promueve se hace solidario de su injusticia.

Tan sólo sobre la base de estas evidencias, nunca desmentidas argumentalmente y sólo soslayadas por el interés, es posible abordar y buscar soluciones concretas para temas como la ayuda al desarrollo, la deuda externa, el comercio con justicia, la elusión de impuestos, la privatización de servicios sociales, la inmigración...en una palabra, todos los grandes desafíos de las sociedades locales, regionales, nacionales y mundiales.

Los comentarios brotarían a borbotones. Hoy se me impone en el teclado el asco vomitivo que me ha producido Fernando Sebastián, obispo de Pamplona-Tudela, de comienzos progresistas y de recta final integrista, que recomienda el voto nada menos que a la extrema derecha (Falange, Alternativa española, requetés...).

¡Dios santo! Si volviera Jesús, los correría a gorrazos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


inmigrantes muertos

inmigrantes muertos

INMIGRANTES MUERTOS
6000 vidas apagadas, 6000 velas encendidas
JULIO ROLDÁN
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA (ISLAS CANARIAS).

ECLESALIA, 04/05/07.- La noche del lunes 30 de abril brilló de modo especial en la Playa de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria. En ella se encendieron 6.000 velas por otras tantas vidas de inmigrantes muertos el pasado año en las costas canarias. El acto estuvo organizado por el Secretariado diocesano de juventud, así como la parroquia Corazón de María, Cáritas Diocesana, coordinadora de ONGs, FERE, así como distintas confesiones religiosas.

Este gesto solidario pretendía sensibilizar a la sociedad canaria sobre un hecho doloroso como es el fenómeno de la inmigración. Familias enteras, adultos, niños, jóvenes, creyentes y no creyentes se dieron cita en esta convocatoria especial. Más de un millar de asistentes. Setenta voluntarios con camisetas naranjas formaban parte de la organización. Una pantalla gigante mostraba videos de la llegada de inmigrantes en cayucos, asimismo algunos paneles informaban sobre esta realidad cotidiana que vive el archipiélago canario. Un suave fondo de música instrumental y étnica invitaba a la reflexión. También estuvieron presentes los ritmos africanos con un grupo de jóvenes senegaleses, que animaron al canto y a la danza de todos los participantes.

El acto se inició con la proclamación de un manifiesto, leído por varios miembros de la organización, seguido de un minuto de silencio en recuerdo de los seis mil inmigrantes muertos en el mar, cuando intentaban alcanzar un futuro mejor. En el manifiesto se declaraba que “el inmigrante es víctima, no verdugo”, así como el recuerdo de que la población canaria fue también emigrante. También se denunció el negocio que se hace de la inmigración y ante todo esto se declaró que “es necesaria por tanto la solidaridad”. Desde ahí, la declaración que hacía un llamamiento a la sociedad canaria. Una invitación a que “se cuestione y reflexione sobre el origen de la emigración, sobre el reparto tan desequilibrado de la riqueza en el mundo”. Concluía el manifiesto llamando a la implicación activa para solicitar “una resolución internacional justa para los problemas de desigualdad en el acceso a los recursos elementales”. Finalmente, se solicitaba a la sociedad canaria “que apueste por la austeridad y el descenso de nuestro consumismo a favor de ese reparto”.

Momentos después se encendieron las velas que portaban los asistentes y se colocaron sobre la arena de la playa. Quienes lo desearon se acercaron en silencio a la orilla para realizar una oración personal. Cerca de la media noche concluyó este gesto solidario que fue valorado muy positivamente tanto por los organizadores, como los asistentes al encuentro. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

siervo bueno

siervo bueno

SIERVO BUENO
Francisco Javier Ibisate, jesuita, 1930-2007
JON SOBRINO, 24/04/07
SAN SALVADOR (EL SALVADOR).

ECLESALIA, 03/05/07.- El Padre Ibisate acaba de morir hace media hora. Era previsible, pero mucha gente está llorando. Ante todo, fue un hombre bueno y muy querido. Dios nuestro Señor le está diciendo: "Muy bien, siervo bueno. Entra en el gozo de tu Señor" (Mateo 25, 23).

Murió con la serenidad y dulzura con que había vivido. Se despidió de los presentes, el Padre Chema Tojeira y la Dra. Miny Ester Romero, y les pidió que le despidieran de su familia en España. Dijo que iba a unirse con Mons. Romero y con sus Hermanos Mártires. Y quedó en la paz del Señor. Verdad es lo que decían los primeros cristianos, nuestros hermanos mayores: “Dichosos los que mueren en el Señor”.

Javier Ibisate, el padre Ibis, llenó los 76 años de su vida de fidelidad a Dios. La hizo transparente de muchas maneras. Cualquiera que le viese celebrar la eucaristía y predicar homilías, quedaba convencido de que Dios fue una realidad muy real y muy cercana para él. No se le convirtió en rutina, sino que hasta el final fue referente esencial de su vida, fuerza en su debilidad y alegría que se hacía presente en tantas cosas buenas que vio en El Salvador. La vida le fue mostrando lo profundo del misterio de Dios, y creo que siempre mantuvo la honda sencillez religiosa que heredó de su familia.

Escuchó la llamada de Dios y entró de jesuita en Loyola. Un año después escuchó otra llamada y se vino a El Salvador. Aquí se encontró con Dios de muchas formas y en muchos lugares. En la aulas de la UCA y en las bombas y cateos en su casa, y siempre entre los pobres y los más pequeños. Con gran gusto, y con seriedad total, se dedicaba todos los fines de semana a celebrar eucaristías en varias parroquias pobres, en San José del Pino, en El Calvario, sin ninguna rutina, sino con la alegría de juntarse con sus hermanos y hermanas ante Dios.

Creyente en Dios, creyó también en el potencial de los seres humanos, de todos. Por Gorbachov -y la perestroika- sentía debilidad. La última vez que hablé con él, hace cinco días, me dijo: “Gorbachov es un gran creyente. Para él lo más importante es la persona humana”. Y el creyente Ibisate veía fe, sin ninguna duda, en el soviético Gorbachov

Su devoción a Monseñor Romero fue total, cariñosa y agradecida. Y en él veía a Dios, como bien lo dijo un compañero suyo Ignacio Ellacuría: “Con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”. Ibisate fue un hombre de Dios.

Fue también hombre de Iglesia, con sencillez y sin fanatismos. Citaba con frecuencia a Medellín y Puebla, y las encíclicas sociales de Juan Pablo II. Se ponía contento cuando la Iglesia hablaba bien de los temas importantes para la gente: la justicia, la verdad y la vida para las mayorías pobres. Gozaba cuando la Iglesia se entregaba de verdad a los pobres. En los últimos días mencionó con frecuencia a María Julia Hernández, directora de tutela Legal del arzobispado, que acababa de fallecer, totalmente dedicada a los derechos humanos de los pobres y de las víctimas.

Le gustaba mucho la expresión “Iglesia de los pobres”, que hace años era llamada también “Iglesia popular”. A la institución lo pareció mal ese nombre, e Ibisate, con su humor característico, salió en su defensa: “Si la Iglesia “popular” no es verdadera Iglesia, ¿cuál será? ¿La “impopular”?”. No era irrespeto, sino veneración y agradecimiento a esos miles de pobres y oprimidos, víctimas y mártires, que forman las iglesias de nuestro país. Por ellos sintió siempre gran compasión.

Por el contrario sufrió mucho cuando veía que algunos -en ocasiones también antiguos alumnos de la UCA o discípulos suyos- no tomaban partido por los pobres, sino por los opulentos. Su profecía, dado su temperamento, podía parecer suave, pero era muy firme y certera. Al presidente de Estados Unidos y a la plana mayor de su gobierno los zahirió sin remilgos. Cuando sus manifestaciones en los periódicos le sacaban de quicio, desenfundaba el bolígrafo, dibujaba un círculo alrededor de los párrafos más irritantes y decía en voz alta: “mentirosos”.

En los últimos años escribió innumerables artículos sobre la economía mundial. La enjuiciaba no según creciese o decreciese, es decir midiendo la realidad humana en números, sino según diese de comer o no a los pobres, y sobre todo según humanizase o deshumanizase. Era la opción por los pobres de un intelectual. En ECA y en la revista Realidad publicaba artículos científicos. En Carta a las Iglesias y en Orientación publicaba artículos más comprensibles y al alcance de todos. No podía ocultar el gozo con que escribía estas cosas y la alegría cuando se las publicaban. Su ilusión era aportar un grano de arena para que prosperase la verdad y la vida. En Davos no vio solución, ni petición de perdón, ni arrepentimiento, ni propósito de enmienda. Porto Alegre, Mumbay, Nairobi le animaban a la esperanza. Llegará el día en que “otro mundo será posible”.

Como economista hablaba con mucha verdad y desde un gran amor. Y también con mucho gracejo para decir las cosas con toda claridad. “El problema del país no es el salario mínimo, sino el salario máximo. Sobre éste hay que legislar -y ponerle límite”. Y con gracejo remedaba a los sesudos que inventan nuevos lenguajes, como si con ello se arreglasen bien las cosas. Han inventado, por ejemplo, los “petrodólares”. Pero el Padre Ibisate inventó otro lenguaje más humano: los “pobredólares”. Al dólar se le puede ver desde el petróleo, un hidrocarburo, pero antes que nada hay que verlo desde el pobre, un ser humano. Que las remesas -dinero- de los emigrantes no hagan olvidar el sudor y la sangre de tantos salvadoreños y salvadoreñas.

Creo que el Padre Ibisate ha sido el jesuita más conocido y más querido dentro de la Universidad, y ningún compañero suyo lo pondrá en duda. Por sus cuarenta años en la UCA, por el gran número de estudiantes que pasaron por sus aulas y el decanato de Economía, muchos y muchas le recuerdan como el Padre Ibis. Gozaba dando clase, animándoles -“hijita”-, rompiéndose la cabeza en buscar aulas para todos en años de precariedad de locales. Con las secretarias, las señoras de la limpieza, los trabajadores más sencillos fue especialmente atento. La gente pobre se le daba bien. Eran como de la familia.

Y como si no tuviese pocas cosas que hacer, aceptó ser párroco de la Capilla de la UCA. Su nombre oficial es la de “Jesucristo Liberador”, aunque se le solía conocer como “Capilla Monseñor Romero”. Allí están enterrados sus seis compañeros mártires, y desde hace año y medio el Padre Jon Cortina. Con todos ellos vivió y trabajó.

Lilia, la encargada de la capilla, “la buena de Lilia”, como él solía decir, estaba llorando esta mañana. “Cuántas veces he preparado la capilla para que el Padre Ibisate recibiese a un difunto. Y ahora le vamos a recibir a él”. Nos cuenta también que, por más ocupado que estuviese, siempre encontraba un tiempo para un bautizo o un entierro. Lilia no olvidará cuando su hija cumplió quince años. El Padre Ibisate le dijo: “tengo una reunión, pero igual salgo antes”. Salió y celebró la misa. Y también tenía tiempo para casar a estudiantes. Un día, bajo la lluvia, esperó a la novia, que llegó con cuarenta minutos de retraso. Su paciencia en esos casos era proverbial.

Quiero terminar con un recuerdo personal, que comprenderán los de mi generación, los jesuitas sobre todo. En los años setenta, después de Medellín, no todos los jesuitas pensábamos igual. A Ibisate le asustaba un poco la radicalidad de Ellacuría con las nuevas ideas sobre la misión de la Iglesia, la denuncia profética, y todo lo que iba dejando Medellín, en 1968, y la Congregación General XXXII, en 1975. En lo sustancial estaba de acuerdo, pero a Ibisate, de carácter sensible, le hacían sufrir las tensiones internas que eso generaba entre nosotros, fenómeno bastante repetido en aquellos días. Pero todo cambió el 12 de marzo de 1977, el día en que asesinaron a Rutilio. El amor de Rutilio Grande por los campesinos y su sangre derramada nos dio a todos más luz y nos hizo a todos los jesuitas más hermanos. Las antiguas tensiones se tornaron en una amistad más profunda. La persecución no distinguía entre jesuitas. Amenazas y cateos para todos, y las bombas cayeron sobre todas nuestras casas.

El 16 de noviembre Ibisate encontró a primera hora de la mañana los cuerpos sin vida de sus hermanos muy queridos, y los de las dos mujeres. Los lloró de veras. Ahora todos ellos descansan en la misma capilla de la UCA. De distinto temperamento, unos más duros, otros más afables; de distintos conocimientos, unos más filosóficos, otros más económicos; de distintos apostolados, unos ejerciendo más el ministerio sacerdotal, otros analizando más la palabra de Dios, todos fueron hermanos. Esa es la herencia que nos dejan a todos. Y creo que es una herencia muy especial para los jesuitas de El Salvador. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Cuando asesinaron a las ocho personas de la UCA, hubo que buscar una bienaventuranza para cada una de ellas. Me acaban de pedir una cita bíblica para la esquela del Padre Ibisate. Valdría cualquiera de las ocho bienaventuranzas, pero como ya tienen dueño me he decidido por las siguientes palabras de Jesús con las que he comenzado:

"Muy bien, siervo bueno. Entra en el gozo de tu Señor" (Mateo 25, 23).


amistad

amistad

5 Pascua (C), Juan 13, 31 – 33a. 34 - 35
COMUNIDAD DE AMISTAD
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 02/05/07.- Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Dentro de muy poco, ya no lo tendrán con ellos. ¿Quién llenará su vacío? Jesús les dice: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». Si saben quererse como Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos.

El evangelista Juan tiene su atención puesta en la comunidad cristiana. No está pensando en los de fuera. Cuando falte Jesús, en su comunidad se tendrán que querer como «amigos» porque así los ha querido Jesús: «vosotros sois mis amigos»; «ya nos os llamo siervos, a vosotros os he llamado amigos». La comunidad de Jesús será una comunidad de amistad.

Esta imagen de la comunidad cristiana como «comunidad de amigos» quedó pronto olvidada. Durante muchos siglos, los cristianos se han visto a sí mismos como una «familia» donde algunos son «padres» (el Papa, los obispos, los sacerdotes, los abades...); otros son «hijos» fieles, y todos han de vivir como «hermanos».

Entender así la comunidad cristiana estimula la fraternidad, pero tiene sus riesgos. En la familia cristiana se tiende a subrayar el lugar que le corresponde a cada uno. Se destaca lo que nos diferencia, no lo que nos une; se da mucha importancia a la autoridad, el orden, la unidad, la subordinación. Y se corre el riesgo de promover la dependencia, el infantilismo y la irresponsabilidad de muchos.

Una comunidad basada en la «amistad cristiana» enriquecería y trasformaría hoy a la Iglesia de Jesús. La amistad promueve lo que nos une, no lo que nos diferencia. Entre amigos se cultiva la igualdad, la reciprocidad y el apoyo mutuo. Nadie está por encima de nadie. Ningún amigo es superior a otro. Se respetan las diferencias, pero se cuida la cercanía y la relación.

Entre amigos y amigas es más fácil sentirse responsable y colaborar. Y no es tan difícil estar abiertos a los extraños y diferentes, los que necesitan acogida y amistad. De una comunidad de amigos es difícil marcharse. De una comunidad fría, rutinaria e indiferente, la gente se va, y los que se quedan, apenas lo sienten. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

sistema

sistema

¿DENTRO O FUERA?
JOSE MARIA GARCIA-MAURIÑO, Cristianos por el Socialismo

ECLESALIA, 27/04/07.- Es de sobra conocida la clara sentencia de Jesús: “Nadie puede estar al servicio de dos señores. No podéis servir a Dios y al dinero”. O, en otra versión, no podéis servir a Dios y al Capital. No podéis servir al Capital y al Dios de los pobres, Jesús de Nazaret. Tenemos que elegir entre servir a la Globalización Capitalista y ser coherentes con la Opción por los pobres.

Los cristianos de base somos muy sensibles a todo lo que significa “servicio”. Y oponemos el servicio al Poder. Y sabemos que no estamos para que nos sirvan, sino para servir nosotros a los demás, a ejemplo del Maestro. También tenemos claro que la causa de Jesús es la causa de los pobres.

Lo que nos preguntamos a estas alturas es por nuestra postura personal ante el Sistema. Es cuestión política, y es cuestión moral. ¿Ejercemos un servicio a los pobres y una servidumbre el Sistema? No se trata de autoflagelarnos, sino de un sincero examen mental y de conciencia. En estas fechas de la historia, en este caos climático, de guerras, militarista, económico, de pobreza y miseria, no se pueden poner paños calientes. La ética política es una ética crítica que cuestiona al Sistema como totalidad, lejos de esa ética edulcorada de reformas del orden social. No podemos pasar de una crítica del Sistema que nos resulta incómoda, a una moral reformista, prudente, propia del “realismo cristiano”, que nos deja más tranquilos. Hay que tener bien claro que nuestro semicristiano orden social está regido por la ley del beneficio. Es decir, se acepta el Sistema como es y se reforma solo en parte.

Las morales reformistas se preguntan ¿Cómo ser buenos creyentes en Europa, en España, en Egipto? Pero aceptan Egipto como Sistema vigente. Moisés, en cambio, se preguntó “¿Cómo salir de Egipto?” Porque, hay una cuestión previa: para Salir -metáfora teológica fundamental- hay que tener conciencia de que existe una totalidad en la que estoy dentro, y un fuera por donde puedo transitar. Es preciso partir de la realidad global, ser fieles, ser honrados con la realidad global. La Biblia llama al Sistema como totalidad, “este mundo”, o la “carne”, (basar en hebreo o sarx en griego). El pecado de la carne es la idolatría, el fetichismo, el adorar al Idolo, como última realidad absoluta, y negar la existencia del Otro, del Pobre, de los pueblos excluidos.

En el s. XVI, Bartolomé de las Casas hizo una crítica teológica al Sistema global desde los países periféricos. Es curioso observar cómo se pasó de una crítica al capitalismo global a una aceptación, e incluso a una justificación moral del mismo. Para las morales intrasistémicas, la Utopía, la ética crítica al sistema, es considerada como anarquía, como fanatismo. Desde 1989 el liderazgo económico-militar norteamericano juzgará como terrorista toda actitud crítica al sistema. Aquellos cristianos que se opusieron al capitalismo en crisis, en los años 70-80 fueron sepultados por el capitalismo fascista en Europa y en EEUU.

La ética crítica debe esclarecer el hecho y la realidad de que “más allᔠde la totalidad se encuentra todavía el Otro, el pobre, el explotado. Al otro lado del Sistema se nos aparece más de media humanidad, hundida en la miseria que exige Justicia. La pretendida “ayuda” del capital a los pueblos empobrecidos en forma de Deuda Externa, además de producir un “desarrollismo” inaceptable, implantó las corporaciones transnacionales. No fue, por tanto, una exigencia de justicia, sino una estrategia capitalista para sacar beneficios.

Lo que ahora está sobre el tapete es la posible colaboración más o menos encubierta de los cristianos con el Sistema. La primera pregunta que salta es ésta: ¿Desde dónde hacemos esa reflexión, desde dentro o desde fuera? Al menos es elementalmente ético pensar y analizar lo perverso de la globalidad del sistema. Porque según hagamos este análisis, podemos llegar a un compromiso más o menos claro con nuestra conciencia, o a una coherencia mayor o menor con nuestros planteamientos ético-cristianos. Según veamos la honda perversidad del sistema, sacaremos las consecuencias políticas que se derivan de él. Y las económicas, como no jugar a la Bolsa, retirar los dividendos de Telefónica, Repsol, los Bancos, etc. que al menos supone una no colaboración con el núcleo del capital. Y entonces, nuestras acciones irán encaminadas a luchar en su contra, ya sea ir a una manifestación o a otra, firmar un manifiesto, asistir a una reunión o a una conferencia o debate, implicarse en algún movimiento social, ONG que son antisistema, o en una de esas mil maneras de lucha coherente. La inmensa mayoría de los cristianos y no cristianos no estarán de acuerdo con estas posturas radicales. Ya lo sabemos. Esto es sólo para Utópicos. Hoy, en este siglo XXI con estas condiciones de no-vida para la mayor parte de la humanidad, Jesús sigue repitiendo una y otra vez “no podéis servir a Dios y al Capital”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).