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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

lo hicisteis

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MISIONES: REFLEXION CRÍTICA
FAUSTINO VILABRILLE LINARES

ECLESALIA, 22/10/07.- Ayer domingo 21 de octubre fue el día de las misiones. Los misioneros son lo mejor de la Iglesia actual, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, porque han comprendido que no hay compromiso cristiano verdadero si no hay a la vez compromiso humano, pues aquel sin este es falso, a ejemplo de Jesús que hacía y enseñaba al mismo tiempo: los pobres, oprimidos, marginados, indefensos, débiles, eran sus preferidos, a los que defendía siempre contra los poderosos y opresores. Por eso estos lo asesinaron.

Lo que hacía Jesús hacen hoy muchos misioneros. En los últimos 15 años han puesto en marcha cada día una media de 4 obras sociales nuevas y 10 obras educativas. En 1989 había en los países de misión unas 5.806 obras sociales, pero en el 2005 ya eran 26.711. Estas obras están constituidas por hospitales, escuelas de enfermería, dispensarios, leproserías, hogares para ancianos y minusválidos, orfanatos para enfermos de sida, jardines de infancia para niños huérfanos, etc. En África en los últimos años se están creando unas 800 obras sociales nuevas cada año. En ese mismo periodo: 1989 a 2005 las obras educativas pasaron de 46.905 a 99.045. Un niño del Tercer Mundo, solo por saber leer tiene un 10 % más de posibilidades de salir de la pobreza.

Los misioneros españoles son: mujeres el 58% y hombres el 42 %. En total son 17.515 los misioneros españoles repartidos por el mundo, de los cuales el 72 % están en América, el 14 % en África, y el resto en Asia y Oceanía. La mayoría proceden de Castilla-León, País Vasco y Navarra. La aportación de España a las misiones el año 2006 fue de unos 20 millones de €., de los que la mitad fueron para África, y el resto para América, Asia, Europa y Oceanía.

El trabajo de los misioneros es con frecuencia duro y difícil y a veces también arriesgado y peligroso. En los países con dictaduras políticas y sobre todo militares están siempre perseguidos o amenazados. Todos los meses muere asesinado algún misionero en el Tercer Mundo, incluso en países democráticos. Unas misioneras de Colombia y de Mozambique están amenazadas de muerte por denunciar a las mafias que trafican con niños para adopción o tráfico de órganos.

La ayuda que aportamos a los misioneros es una miseria frente a las necesidades enormes que sufren los empobrecidos del Tercer Mundo. Por eso caben, entre otras muchas, dos reflexiones importantes:

Primera: En África, el continente más pobre del planeta, se gastaron en los últimos 15 años en guerras 300.000 millones de $, tanto como la ayuda al desarrollo que recibieron. Pero las armas con que hacen la guerra se las vendemos los países ricos a los países pobres. España ocupa el 7º puesto en la exportación mundial de armas. Antes están los EE.UU. Inglaterra, Francia, Rusia, Alemania, Italia, y luego viene España. Es decir, que las ARMAS SE FABRICAN EN EL NORTE Y MATAN EN EL SUR.

En el mundo se gastan cada año 1,12 Billones de $ en gastos militares, casi la mitad los EE.UU. Pues bien, con tan solo 50.000 millones de $ se quitaría el hambre del mundo. Es lo que pidió la FAO a los Estados, pero contestaron que para esto no tenían dinero. Cada día mueren en el mundo cerca de 100.000 personas de hambre, de las que 35.000 son niños. Es el mayor asesinato perpetrado nunca en toda la historia de la humanidad, que lleva a la sepultura 35 millones de personas cada año. Es el escándalo más grande y espantoso de nuestro tiempo. Es una muerte injusta y prematura, porque hoy sobran alimentos para todos. El hambre hoy no es un problema económico, es un problema político.

Segunda: Los cristianos, si es que de verdad nos consideramos herederos del mensaje de Jesús de Nazaret, comprometido hasta la muerte contra la injusticia y por los empobrecidos, tendríamos que asumir la lucha contra el hambre del mundo y las injusticias que la causan, como el primero y más importante compromiso de nuestra fe.

Y en consecuencia todos los cristianos, junto con el Papa, los obispos, los curas y todos los hombres de buena voluntad, tendríamos que manifestarnos públicamente a favor de los empobrecidos del mundo y en contra de los gastos militares y el comercio de armas. Pero, claro, cómo van a hacerlo el Vaticano y muchas Diócesis que tienen el dinero colocado en Bancos y Cajas que sí financian a los fabricantes de armas o pagan sumas millonarias para eludir la cárcel de curas pederastas como sucedió recientemente en algunas diócesis de EE.UU.? Cuánto nos gustaría ver a toda la Iglesia manifestándose contra los gastos militares y por la causa de los empobrecidos con la fuerza del testimonio de Jesús de Nazaret, y a la Iglesia misma desprendiéndose de tantos bienes y tesoros que posee en muchas iglesias, Catedrales y Santuarios (léase objetos de oro y plata, como cálices, copones, custodias, sagrarios, incluso altares de plata como uno que hay en una catedral castellana, o artesonados de oro en alguna basílica de Roma, etc. etc.), para ponerlo todo al servicio de los empobrecidos de la tierra!. Una misionera de Ruanda decía hace poco: “tenemos 500 niños enfermos de Sida en un orfanato y muchas veces les damos la comida cruda porque no tenemos dinero para comprar leña para cocerla, o a sus padres enfermos tenemos que acostarlos en el suelo debajo de las camas de esos mismos niños porque no tenemos con qué ampliar el hospital.”. Entre tanto las iglesias del Primer Mundo, incluía la misma Basílica de San Pedro, gastamos muchos miles en flores, escolanías de Santuarios o costosos ropajes cardenalicios y litúrgicos. ¿Puede una madre con sentido común querer que algunos de sus hijos le pongan una corona de perlas y brillantes o le canten armonías jubilosas, mientras que otros millones de hijos suyos están muriendo de miseria, de enfermedad, de guerra, de violencia, de desesperación, de impotencia? El tesoro de Dios son las personas más empobrecidas y necesitadas, y no esas cosas. Nos lo dice muy claro Jesús: “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve enfermo y me atendisteis... Cuando lo hicisteis con los más necesitados conmigo lo hicisteis”·

Al final de la última vuelta del camino de la vida no nos va a preguntar por ninguna otra cosa más que por los empobrecidos del mundo. ¡Cuánto bien haríamos a la humanidad si toda la Iglesia camináramos en la dirección de Jesús de Nazaret! En cambio resulta que muchos llamados católicos, pero no cristianos verdaderos, y no pocos Jerarcas Oficiales estamos muy lejos de seguir a Jesús. Aportaríamos al mundo los grandes valores de su Evangelio como son: la justicia, la fraternidad, la solidaridad, la libertad, la vida, la paz, la esperanza, la ética universal, la convivencia, la igualdad, el sentido inmanente y trascendente de la vida, la armonía del hombre y la tierra, la alegría de vivir, que tanta falta le están haciendo al mundo de hoy. Estos son los valores del Reino de Dios a cuya construcción están contribuyendo muchos misioneros de una manera eminente y digna del máximo reconocimiento. Como seres humanos y más como creyentes ayudémosles a luchar por ellos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


a última hora

a última hora

CAMBIO DE SEDE DE LA I ASAMBLEA DE REDES CRISTIANAS
COORDINADORA DE REDES CRISTIANAS

ECLESALIA, 19/10/07.- La Coordinadora de Redes Cristianas acaba de ser informada, por parte del Provincial de la Congregación de los PP. Agustinos del cual depende el Colegio San Agustín de Madrid, que la I Asamblea de Redes Cristianas "Globalicemos la dignidad humana" no podrá celebrarse en dicho colegio los días 10 y 11 de noviembre de 2007 tal y como estaba previsto. Estamos a la espera de conocer más detalles sobre el lugar de donde procede esa orden, y las causas de la misma. La Asamblea sigue adelante y tendrá lugar, con el mismo programa y en las mismas fechas en la Facultad de Ciencias Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid.

- Metro: Línea 6 (circular), Ciudad Universitaria
- Autobuses: 82, 132
- Aparcamiento: en la puerta de la Facultad
- La Facultad de se encuentra a unos 10 minutos andando desde el metro de Ciudad Universitaria, al salir a la Avenida Complutense, hay que dirigirse a la derecha, según puede verse en el mapa: www.mat.ucm.es (pinchando en General y luego en ubicación).

Os pedimos disculpas en este cambio a pocas semanas de la celebración de la Asamblea. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: www.redescristianas.net

necesidad social

necesidad social

EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA, NECESIDAD SOCIAL
FERNANDO ALLENDE BRAVO, profesor de Sociología de la Educación y Teoría de la Democracia en la Escuela Diocesana de Magisterio
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 18/10/07.- En el debate en torno a la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC) estamos entrando en un auténtico galimatías. Necesitamos simplificar, organizar las cuestiones y superar cierta visceralidad en el debate. Da la sensación de que nos estamos encallando en una discusión de poder. ¿Quién puede educar esta dimensión de los niños y adolescentes? ¿Quién tiene el poder para hacerlo legítimamente? Hay que salir de ahí y mirar a la sociedad y a lo que ella necesita de la escuela.

En la formulación del Diseño Curricular de Base (DCB) de esta asignatura se habla de una justificación o fuente sociológica. La educación debe prestar atención a las demandas del sistema social. Una central es la incorporación de “los bárbaros invasores” (Durkheim) a la vida social organizada, es decir, que los miembros que se denominan inmaduros vayan siendo sostenedores del sistema existente. Es una asignatura al servicio de la cohesión social. Sin olvidar que si bien la escuela tiene un carácter conservador, sin embargo “puede llegar a despertar en los alumnos el sentido crítico” sobre la realidad social, algo totalmente necesario para cumplir la función de la educación de cooperar en “la creación de ciudadanos que sean capaces de modificar las relaciones sociales existentes”. (DCB)

Así la cuestión básica es si nuestra sociedad necesita o demanda una formación de una ciudadanía democrática, una ciudadanía preocupada por lo público, por la justicia. Se trata de de saber si hay que enseñar el arte de convivir con el objeto de reconstruir las comunidades humanas cicatrizando así las múltiples heridas con las que hemos cerrado el siglo XX. En su colaboración en el informe La educación es un tesoro, escribía Carneiro: “desde 1989 el triunfo de una lógica económica implacable, fundada en la ley del más fuerte y sujeta a las exigencias de un liberalismo desencarnado, impone necesariamente una reacción de nuestra conciencia, un despertar ético frente a la cuestión social fundamental: la agravación de las desigualdades en el mundo”. Aquí el papel de la escuela es capital.

¿Necesidad de una educación de ciudadanos demócratas? ¿De qué tipo de ciudadano? ¿Con qué virtudes? ¿Con qué actitudes?

Considero que la transición política española ha sido una “transición por arriba”, una transición estructural e institucional, que sin embargo está inacabada porque junto a ella es necesaria una “transición por abajo”, es decir una auténtica configuración de ciudadanos demócratas. Se han abandonado ciertos vicios de la dictadura pero no ha emergido una sociedad civil conformada por auténticos demócratas. Así la democracia chirría y la verdad es que como decía Adela Cortina “aunque sea de Perogrullo no hay democracia sin demócratas”. El debilitamiento del esfuerzo común por conseguir la virtud de la ciudadanía ha significado una pérdida del pulso democrático. Como Dice Martín Patino en la presentación del Informe 2006 de la Fundación Encuentro “la mayoría de nuestros males públicos denuncian un notable déficit de ciudadanía” por ello el reto de la educación para la ciudadanía no es uno entre otros, ni tampoco una moda sino que en lenguaje de Ortega “es el tema principal a la altura de nuestro tiempo”.

El mismo estado de bienestar, el estado social de derecho -auténtico logro democrático- ha manifestado, también, su lado perverso: ha provocado el aflorar de un ciudadano mendicante de servicios al papá estado. Una sociedad que ha descubierto sus derechos pero no tanto sus responsabilidades, sus deberes. En este sentido habrá que hacer una cuña para alabar el talante de Juan José Imaz cuando dice: “siempre he creído en la política como servicio a la sociedad. He recibido mucho de esta sociedad desde niño, y he entendido la actividad política como compromiso personal con ella y sus ciudadanos. Como forma de devolver, aún a costa de más de un sacrificio, lo mucho que este país me ha dado”.

Podemos enumerar algunos datos que reflejan la profunda necesidad de una educación para la ciudadanía democrática: a) vivimos en una sociedad con un escaso capital social, los índices de asociacionismo con vistas a intervenir socialmente son muy bajos. La participación en los asuntos públicos es escasa. No podemos olvidar aquello de Lucas Verdú: “participación versus manipulación”. Es una sociedad muy débil, un tanto anémica; b) la situación de apatía política, despolitización o desprestigio de la acción política es un grave asunto. Este dejar lo de todos en manos de algunos es muy poco democrático. No olvidemos que los griegos hablaban de idiotés para referirse a esas personas; c) si miramos a la juventud, ¿qué nos dice su desenganche de la política y de lo político? ¿qué sugiere su desconocimiento de los mecanismos y estructuras políticas? ¿y su mundo de valores? d) Tenemos que recordar de las fracturas sociales e ideológicas que existen entre nosotros, la actual situación de multiculturalidad, y escribiendo desde el País Vasco ¿cómo no vamos a reconocer la necesidad de un baño democrático a todos los niveles en una sociedad herida por el terror de unos iluminados?

Reforzamos esta demanda social de una auténtica educación de la ciudadanía con la reflexión que la Fundación Encuentro hace en la presensación de su informe del año 2006: “El proceso político se enfrenta ahora a su mayor desafío democrático: el de saber si los españoles, en su condición de ciudadanos, están dispuestos a esforzarse por conseguir la ciudadanía necesaria para solucionar sus conflictos de convivencia. La transición política nos devolvió los derechos y obligaciones de ciudadanos (…) La mayoría de nuestros males públicos denuncian un notable déficit de ciudadanía”.

Por otro lado hoy saltan chispas en el debate en torno a la laicidad, laicismo, sana laicidad que está en el trasfondo del debate sobre la EpC. Este debate puede estar viciado y mal orientado si estas cuestiones no se abordan, también, en una educación ciudadana, y sabiendo que entre los mismos cristianos hay maneras diversas de entender eso de los cristianos en la vida pública. No todos cabemos en el mismo saco, ni queremos se nos meta en él. El pluralismo católico también existe.

En fin, EpC, hacerla hay que hacerla. Nos puede pasar que al discutir primero el quién y el cómo perdamos de vista lo nuclear y hagamos el caldo gordo a quienes no están realmente interesados en una ciudadanía preocupada por la justicia, por erradicar desigualdades y privilegios, por fomentar la participación y el cambio de ciertas estructuras generadoras de desigualdad. No se trata de hacer ciudadanos para este sistema, sino ciudadanos demócratas, cuyo corazón ame la justicia, que no olvide la trilogía de la revolución ciudadana: libertad, igualdad y fraternidad. Y esto será posible si educamos ciudadanos que sean capaces de ser críticos con el sistema económico capitalista y que entiendan la democracia como una lucha permanente por la democracia, una democracia no sólo como mecanismo para resolver conflictos sino como una forma de vida, una democracia sustancial, en profundidad, no reducida a la esfera política. Se necesita, luego hágase, como decía “el dios” de Máximo hace unos días: “Hágase la educación ciudadana y que sea lo que Dios quiera”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


clamor

clamor

29 Tiempo ordinario (C), Lucas 18, 1 – 8
¿HASTA CUÁNDO VA A DURAR ESTO?
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 17/10/07.- La parábola es breve y se entiende bien. Ocupan la escena dos personajes que viven en la misma ciudad. Un «juez» al que le falta dos actitudes consideradas básicas en Israel para ser humano. «No teme a Dios» y «no le importan las personas». Es un hombre sordo a la voz de Dios e indiferente al sufrimiento de los oprimidos.

La «viuda» es una mujer sola, privada de un esposo que la proteja y sin apoyo social alguno. En la tradición bíblica estas «viudas» son, junto a los niños huérfanos y los extranjeros, el símbolo de las gentes más indefensas. Los más pobres de los pobres.

La mujer no puede hacer otra cosa sino presionar, moverse una y otra vez para reclamar sus derechos, sin resignarse a los abusos de su «adversario». Toda su vida se convierte en un grito: «Hazme justicia».

Durante un tiempo, el juez no reacciona. No se deja conmover; no quiere atender aquel grito incesante. Después, reflexiona y decide actuar. No por compasión ni por justicia. Sencillamente, para evitarse molestias y para que las cosas no vayan a peor.

Si un juez tan mezquino y egoísta termina haciendo justicia a esta viuda, Dios que es un Padre compasivo, atento a los más indefensos, «¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?».

La parábola encierra antes que nada un mensaje de confianza. Los pobres no están abandonados a su suerte. Dios no es sordo a sus gritos. Está permitida la esperanza. Su intervención final es segura. Pero ¿no tarda demasiado?

De ahí la pregunta inquietante del evangelio. Hay que confiar; hay que invocar a Dios de manera incesante y sin desanimarse; hay que «gritarle» que haga justicia a los que nadie defiende. Pero, cuándo venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

¿Es nuestra oración un grito a Dios pidiendo justicia para los pobres del mundo o la hemos sustituido por otra, llena de nuestro propio yo? ¿Resuena en nuestra liturgia el clamor de los que sufren o nuestro deseo de un bienestar siempre mejor y más seguro? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


mañana

mañana

17 DE OCTUBRE, LOS POBRES TOMAN LA PALABRA
FERNANDO ACÍN (Imagen Siro López)
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 16/10/07.- En muchas de nuestras ciudades hay eventos programados con ocasión del Día Mundial de Erradicación de la Pobreza. Veinte años después del nacimiento de esta jornada, un año más, ciudadanos de todas las ideologías y creencias se unen y alzan su voz contra la exclusión y pobreza. Una sociedad no tiene derecho a proclamarse justa y democrática si no deja un sitio a cada uno, introduciendo a los más pobres en todos sus proyectos y acciones.

Esta fue la inquietud que movió el corazón de Joseph Wresinski (1917-1988), sacerdote francés, quien vivió la dureza de la miseria en su infancia y que desde los inicios de su ministerio se propone crear una colaboración con los más pobres en la que ninguno de ellos quedara a un lado y pudiera encontrar su sitio. A su llegada al asentamiento de chabolas de Noisy-le-Grand, en la periferia de París, en 1956, se propuso que esas personas tendrían que subir los peldaños del Palacio del Elíseo, de la ONU y del Vaticano, para ser escuchados donde los ciudadanos deciden su futuro. La sociedad debía de asumir sus responsabilidades. Entendió que la miseria es una creación humana y por ello, puede ser destruida. Cualquier ser humano, por pobre o desamparado que sea, puede levantar la cabeza y la fraternidad, justicia y amor toman cuerpo cuando se pone al pobre en el centro de nuestras vidas, ya que en palabras de Joseph, amar es querer que el otro sea más grande que uno mismo y, por tanto, querer recibir de él.

En 1968, año de agitación social en Francia por los sucesos de mayo, se redacta un manifiesto con las familias que resisten con todas sus fuerzas la condición indigna a la que se les somete, junto a voluntarios comprometidos en la lucha contra la pobreza que titularon “Un pueblo habla”. El padre Joseph, en adelante, llamará a este pueblo “Cuarto Mundo”, que atraviesa fronteras y siglos.

Siempre mantuvo la convicción de que el cristiano debía de volver la mirada hacia los más desfavorecidos. ¿Cómo se puede ir hasta el fondo del encuentro con el ser humano y no llegar, sin embargo, a los más abandonados? El reto que Joseph Wresinski lanza nos lleva hasta el extremo de nuestra propia humanidad, porque sólo con esa actitud interior podremos llegar al significado de la desesperación de los más pobres, sin lo cual no podríamos revelar al mundo su esperanza.

El 17 de octubre de 1987 reunió a más de cien mil personas en la concentración internacional de los defensores de los derechos humanos en la Plaza de las Libertades y de los Derechos Humanos de París, en el Trocadero. En ese lugar, Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Y el padre Joseph dio testimonio de las personas que sufren y combaten con valor y esperanza la miseria. El recuerdo permanente de este testimonio es la inscripción que se descubrió y que cuenta con réplicas en varias ciudades de todo el mundo: Defensores de los derechos del hombre y del ciudadano de varios países se reunieron en esta plaza para rendir homenaje a las víctimas del hambre, la ignorancia y la violencia. Reafirmaron su convicción de que la miseria no es una fatalidad. Y proclamaron su solidaridad con los que luchan a través del mundo para acabar con ella. Allí donde hay hombres condenados a vivir en la miseria los derechos humanos son violados. Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado. (Padre Joseph Wresinski). Naciones Unidas instituyó oficialmente, desde 1992, esta jornada como Día Mundial de Erradicación de la Pobreza.

Su mensaje nos recuerda que los más pobres nunca han ganado realmente nada hasta que los demás seres humanos no se han unido auténticamente a ellos. Estas palabras que ese 17 de octubre escribió así lo afirman: Los más pobres nos esperan a la vuelta de la esquina. ¿Qué vamos a hacer? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: www.joseph-wresinski.org

reconciliación

reconciliación

VÍCTIMAS, MEMORIA Y RECONCILIACIÓN
FORO DE PROFESIONALES CRISTIANOS DE MADRID
MADRID.

ECLESALIA, 15/10/07.- “Porque Cristo es nuestra paz. Él ha hecho de los pueblos uno sólo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba.... Él ha creado en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad, restableciendo la paz. Él ha reconciliado a los dos pueblos con Dios, uniéndolos en un solo cuerpo por medio de la cruz y destruyendo la enemistad”. (Ef. 2, 14-16)

Este último trimestre del 2007 vamos a hablar mucho de las víctimas y de los mártires de la guerra: está a punto de acordarse la Ley de la Memoria histórica en el Congreso de los Diputados, y, a finales de octubre, habrá en Roma un gran acto de beatificación de casi 500 mártires de la guerra civil. En estas fechas, en que los acontecimientos nos llevan a releer nuestra historia, creemos que se debe de mirar atrás con voluntad de reconciliación. Reconciliación que implica justicia y memoria para las víctimas, pero también piedad, misericordia y perdón.

Por todo ello, el “Foro de Profesionales Cristianos” de Madrid quiere dedicar su primer encuentro de este curso 2007-2008 a hacer memoria de todas las víctimas de la guerra y la posguerra civil española, celebrando la reconciliación.

Un acto sencillo para:

- Recordar solidariamente a todos aquellos que, en uno y otro bando, dieron su vida por unos ideales de dignidad, progreso y convivencia; y tomar conciencia agradecida de que muchos de los avances que hoy vive nuestra sociedad se los debemos a ellos. Nos sentimos herederos de lo mejor de unos y otros. Es una manera de expresar, en esta España de hoy, la solidaridad con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, como hizo la Iglesia en el Concilio: “Los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres de nuestro tiempo, son también los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay auténticamente humano que no halle eco en su corazón”. (GS, 1)

- Pedir perdón porque muchos católicos no supieran, a su tiempo, ser ministros de reconciliación en el seno de nuestro pueblo dividido por una guerra entre hermanos. Y, en ocasiones, contribuyeran a aumentar el odio, las divisiones y la violencia: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, Dios, que es justo y fiel, perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda iniquidad”. (1 Jn 1, 8-9)

- Ofrecer nuestro perdón a aquellos que fueran responsables de las ofensas y la persecución, también a los miembros de la Iglesia: “Si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas”. (Mat 6, 15).

En consonancia con ese espíritu, este no será un Foro de debate y confrontación de posiciones encontradas. Os invitamos a rezar juntos en una oración participada, precedida de una reflexión sobre “Víctimas, memoria y reconciliación”. El ponente será Reyes Mate, profesor de investigación del Instituto de Filosofía del CSIC, autor de “Las víctimas del pasado”, “La justicia de las víctimas”, “La ética ante las víctimas”.

El Foro tendrá lugar el próximo 22 de Octubre, lunes, a las 19,30 h en la Parroquia de San Estanislao de Kotska (Dr. Esquerdo 97 interior. Metro Sainz de Baranda). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: madrid@profesionalescristianos.com

amante

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EL DIOS QUE ME HABLA
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@orange.es

ECLESALIA, 11/10/07.- Tendría aquella preciosa niña unos seis años. En apenas unos segundos saltó la valla, tropezó y rodó por el parterre inclinado del parque hasta un grueso pino. Su mamá, aterrada, corrió hasta ella, la levantó, la examinó, la consoló y secó sus lágrimas. Fue después cuando la oí decir: ¿Lo ves? ¡Dios te ha castigado por desobediente!

Me acerqué y le comenté con una sonrisa: ¡No mujer, no! Dios no castiga, somos nosotros los que cometemos imprudencias, errores, malas decisiones. Y, naturalmente, sufrimos las consecuencias. Él actúa como tú has actuado: socorre, abraza y consuela cuando, por nuestra estupidez, nos herimos.

Le conté esta historia a mi amiga Oliva, una viejita risueña y amable, terciaria franciscana de mi Parroquia, cuya piedad siempre me admira. Me respondió con esa serenidad que ella derrocha:

- Es un ejemplo más de los "falsos dioses" que todavía anidan en el consciente o subconsciente de muchos cristianos. Caretas, caricaturas, rostros deformes, con los que retorcemos o negamos el verdadero rostro del Padre.

- ¿Tú tampoco crees en los "castigos de dios", Oliva?

- ¡Desde luego que no! El dios castigador y vengativo no es el revelado por Cristo. Las consecuencias de nuestros actos son cosa nuestra porque el privilegio de la libertad individual nos hace responsables de ellos. El sol no puede castigarnos con la oscuridad. El sol, por su naturaleza, siempre brilla. Es nuestra decisión de vivir en la caverna lo que nos convierte en alimañas.

- ¡Me gusta tu metáfora! La Luz sólo puede irradiar luz, como el Amor sólo puede dar amor. Negarlo sería una contradicción metafísica, un imposible.

- Ciertamente Jairo. Por eso el infierno no puede ser una creación divina, como algunos creen todavía. El infierno es la "negación del bien" decidida por la libertad del hombre. Estamos creados para ser felices siendo y practicando el bien. Cuando nos alejamos de ese objetivo, nos hundimos en la infelicidad. Cuanto más lejos más sufrimiento. Dios no castiga,

Dios llama. Recuerda: "Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él" (Jn 3,17). Ese versículo y los siguientes son maravillosos.

- Hay quien afirma que el infierno y el purgatorio comienzan en esta vida.

- Es lo que he querido decirte. El sufrimiento progresa a medida que te alejas de la profundidad de tu ser, que es un tesoro repleto de dones, o de valores, como decís ahora. Así nos han creado, aunque haya quien lo niegue o lo ignore. Unos se dan cuenta de lo que les hace sufrir distanciarse de ese "centro de la persona" y buscan la felicidad en su interior (la búsqueda del "reino de Dios" ¿recuerdas?). Otros se aferran al exterior como a un flotador. Sólo buscan las pequeñas felicidades (comida, sexo, lujo, acción, prestigio, imagen, ciencia, poder, etc.) y se van hundiendo en un vacío vital. Tardan en descubrirlo porque huyen de sí mismos.

A pesar de todo el ser emite señales, alertas, llamadas, que la persona puede oír o desoír. Bien podemos llamarlas "la voz de la Madre Dios". A veces un accidente, un infortunio, una enfermedad… provoca que la persona se dé cuenta de su libertad errada. Algunos persisten en su error hasta la muerte. Tendrán que rectificar después y hacer una dolorosa rehabilitación: "allí será el llanto y el rechinar de dientes".

- ¿Entonces tú no temes al infierno?

- En mi niñez y juventud me aterrorizaba el infierno. Hoy temo más mis malas decisiones, el mal uso del don de la libertad, que puede desviarme de mi vocación humana a la felicidad. El infierno castigo no existe, existe la autoexclusión, el destierro voluntario, la negación del ser humano que soy. El infierno no existe como no existe la oscuridad. Llamamos oscuridad a la ausencia de luz e infierno a la ausencia de bien, de amor, de humanidad. En el evangelio se habla de "tinieblas exteriores", el lugar de la huida de nosotros mismos. Y, fíjate, es imposible caer en esas "tinieblas" cuando estamos anclados en la luz interior, es decir, en Dios mismo que nos habita y acompaña siempre, siempre...

Por eso no creo en el infierno eterno, siempre cabe el retorno. Si el infierno es la consecuencia de nuestra mala elección, siempre cabe rectificar. Ocurre sin embargo -lo podemos observar en esta vida- que cuanto más empecinado estás en un error más cuesta salir de él. Por eso necesitamos rectificar raudo, retomar el camino constantemente. El Dios que a mí me habla, el decidido buscador de la oveja perdida, no fracasará. No sé cómo pero triunfará. Esta certeza no me perjudica. Todo lo contrario, me empuja a dejarme encontrar, abrazar y cuidar por este dulce Pastor que, "aunque mi madre me olvidara, Él no me olvidaría" (Is 49,15).

- Explicado así, parece fácil y bonito. ¡Basta con administrar sabiamente la libertad y confiar!

- Sí, pero la oscuridad ambiente y nuestra propia oscuridad nos hacen cometer errores de elección. Nadie nos enseñó a discernir desde la "conciencia profunda", desde la sabiduría interior. Se enseñan normas, cuadrículas, leyes. Si no comprendemos la utilidad de esos indicadores, desconfiaremos de ellos y terminaremos olvidándolos. Si a eso añadimos tantas falsificaciones del rostro de Dios como circulan por ahí, aún entre nuestra gente, es comprensible que haya muchos que le rechacen, le abandonen, le ignoren o pretendan utilizarlo.

En el rincón de la iglesia, donde cuchicheábamos, mi anciana amiga me tomó la mano, la apretó entre las suyas y me invitó a repetir:

Mi Dios Amor… Abrázame y abre mis brazos.

Mi Dios Bondad … Empújame al bien.

Mi Dios Entrega… Envíame.

Mi Dios Felicidad… Atráeme.

Mi Dios Hermosura… Imprégname.

Mi Dios Luz… Enciéndeme.

Mi Dios Paz… Sosiégame.

Mi Dios Ternura… Suavízame.

Mi Dios Torrente… Inúndame.

Mi Dios Poder… Enséñame a confiar en mi poder recibido.

Para que Tú seas cada vez más en mí. Amén

Estas "invocaciones desde lo hondo", como ella las llamó, se me antojan un glorioso repicar de campanas, una gozosa contemplación, un auténtico oasis en nuestro polvoriento camino de vuelta al Padre. Me adhiero sin dudarlo a este Dios Amante e Inmenso. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


agradecer

agradecer

28 Tiempo ordinario (C) Lucas 17, 11 – 19
VOLVER A JESÚS DANDO GRACIAS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 10/10/07.- Diez leprosos vienen al encuentro de Jesús. La ley les prohíbe entrar en contacto con él. Por eso, «se paran a lo lejos» y desde allí le piden la compasión que no encuentran en aquella sociedad que los margina: «Ten compasión de nosotros».

«Al verlos» allí, lejos, solos y marginados, pidiendo un gesto de compasión, Jesús no espera a nada. Dios los quiere ver conviviendo con todos: «Id a presentaros a los sacerdotes». Que los representantes de Dios os den autorización para volver a vuestros hogares. Mientras iban de camino quedaron limpios.

El relato podía haber terminado aquí. Pero al evangelista le interesa destacar la reacción de uno de ellos. Este hombre «ve que está curado»: comprende que acaba de recibir algo muy grande; su vida ha cambiado. Entonces, en vez de presentarse a los sacerdotes, «se vuelve» hacia Jesús. Allí está su Salvador.

Ya no camina como un leproso, apartándose de la gente. Vuelve exultante. Según Lucas, hace dos cosas. En primer lugar «alaba a Dios a grandes gritos»: Dios está en el origen de su salvación. Luego, se postra ante Jesús y «le da gracias»: éste es el Profeta bendito por el que le ha llegado la compasión de Dios.

Se explica la extrañeza de Jesús: «Los otros nueve, ¿dónde están?». ¿Siguen entretenidos con los sacerdotes cumpliendo los ritos prescritos?, ¿no han descubierto de dónde llega a su vida la salvación? Luego dice al samaritano: «Tu fe te ha salvado».

Todos los leprosos han sido curados físicamente, pero sólo el que ha vuelto a Jesús dando gracias ha quedado «salvado» de raíz. Quien no es capaz de alabar y agradecer la vida, tiene todavía algo enfermo en su interior. ¿Qué es una religión vivida sin agradecimiento? ¿Qué es un cristianismo vivido desde una actitud crítica, pesimista, negativa, incapaz de experimentar y agradecer la luz, la fuerza, el perdón y la esperanza que recibimos de Jesús?

¿No hemos de reavivar en la Iglesia la acción de gracias y la alabanza a Dios? ¿No hemos de volver a Jesús para darle gracias? ¿No es esto lo que puede desencadenar en los creyentes una alegría hoy desconocida por muchos? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).