Mañana volvemos
Mañana ya es septiembre. Se pasó el mes de agosto y mañana volvemos, si Dios quiere, a seguir apostando por una vida llena de Espíritu, de Dios, de Jesús en medio. Mañana volvemos a intentarlo...
Mañana ya es septiembre. Se pasó el mes de agosto y mañana volvemos, si Dios quiere, a seguir apostando por una vida llena de Espíritu, de Dios, de Jesús en medio. Mañana volvemos a intentarlo...
Nos seguimos leyendo en septiembre...
La redacción de ECLESALIA se toma un pequeño respiro en este mes de agosto de 2005 durante el cual no enviaremos nuestro informativo, evitando también de este modo la saturación de correos en estas fechas veraniegas de España.
En septiembre volveremos a enviar ECLESALIA y a compartir nuestra apuesta por una Iglesia al aire del Espíritu, renovada y renovadora, con sabor a pueblo, Dios al fondo y Cristo en medio, nunca excluyente y siempre fraterna.
Mientras tanto, si tú y alguien de tu entorno (confesión, colectivo, comunidad, movimiento, monasterio, vida religiosa, agente de pastoral, delegación diocesana, grupo, seglar, diácono, sacerdote, obispo... ) estáis interesados o interesadas en recibir ECLESALIA gratuitamente, envía nombre, correo electrónico, lugar geográfico y eclesial a eclesalia@ciberiglesia.net
Más información en este "weblog" y en http://www.ciberiglesia.net/eclesalia.htm
Paz y bien
eclesalia@ciberiglesia.net
ORACIÓN POR LA UNIDAD
JUAN DE DIOS REGORDÁN DOMÍNGUEZ
ALGECIRAS (CÁDIZ).
ECLESALIA, 29/07/05.- Somos muchos los que, amando a la Iglesia, queremos que cambie para cumplir su misión de Servicio al Evangelio y al hombre actual. La Oración por la Unidad es un mandato del Maestro. Sin embargo, si alguien, encerrándose en sí mismo, creyera que lo fundamental es protegerse del mal del mundo y se atreviera a decir: ¡Te doy gracias, Señor, no soy como esos...! estaría instalando su tienda en una nube de bienestar egoísta. Sería autocomplacencia y no oración La parábola del fariseo y el publicano lo describe bien. Pero, al orar, cualquiera puede caer en algún tipo de oración patológica: rezar con los labios y mantener el corazón cerrado al amor, buscar sólo el reconocimiento público, idolatrar lugares como únicos sitios de oración, practicar el culto y despreciar al prójimo, confundir oración con palabrería sin compromiso, crearse un dios a medida. Ahora se fomentan métodos y maneras de orar que pueden ayudar, siempre que se empleen bien, tenga contenidos coherentes de relación entre lo humano y lo divino y lleve a la conversión personal. Hoy más que nunca, es necesaria la oración que lleve a la conversión interior, paso hacia la unidad exigida por Jesús en Juan 17.
Según Jesús de Nazaret, Llega la hora en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque así son los adoradores que el Padre quiere. Dios es espíritu y sus adoradores han de adorarlo en espíritu y en verdad (.Juan 4,23-25). Jesús enseña que la oración, la mortificación y la limosna deben desvestirse de todo aparato exterior: Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para que os vean
cuando oréis, no seáis como los hipócritas que prefieren orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para exhibirse entre los hombres... tú, cuando ores entra en tu habitación y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que ve en lo secreto
no charléis como los gentiles, que se imaginan que serán escuchados por su mucha palabrería
vuestro Padre conoce vuestras necesidades
(Mt. 6,1-8).
Los seguidores de Jesucristo deben tener como signo exterior que los distinga: la caridad Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros. Que como yo os amé, así también os améis mutuamente. En esto reconocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros (Juan 13,34-35). Y el otro signo nos lo expresa Jesús en Juan 17,21: Que todos sean una cosa: como tú, Padre en mí y yo en ti, que también ellos sean una cosa en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste
Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en la unidad, y así conozca el mundo que tú me enviaste y los amaste como me amaste a mí
A la hora del cambio, la Iglesia tiene dos pilares fundamentales: el rezo común y meditado del Padre Nuestro por parte de los creyentes (Mateo 6,9-14) y el camino de unidad emprendido por Benedicto XVI con la dedicación clarividente del Cardenal Walter Kasper para volver a las fuentes: Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones (Hechos 2,42). El mundo actual para creer en Dios pide a la Iglesia gestos sinceros de autenticidad que muestren que es la fuerza del Espíritu la que está marcando el camino. Y todos los creyentes vivían unidos, tenían todo en común... partían el pan en las casas, tomaban juntos el alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor ante todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día los que se salvaban (Hechos 2,44-47).
--------------------------------------------------
Nos seguimos leyendo en septiembre...
La redacción de ECLESALIA se toma un pequeño respiro en este mes de agosto de 2005 durante el cual no enviaremos nuestro informativo, evitando también de este modo la saturación de correos en estas fechas veraniegas de España.
En septiembre volveremos a enviar ECLESALIA y a compartir nuestra apuesta por una Iglesia al aire del Espíritu, renovada y renovadora, con sabor a pueblo, Dios al fondo y Cristo en medio, nunca excluyente y siempre fraterna.
Paz y bien
En el último número de la revista Éxodo
PORTO ALEGRE 2005
La liberación es posible
EVARISTO VILLAR
MADRID.
ECLESALIA, 28/07/05.- La cita en los comienzos de 2005 estuvo en Porto Alegre (Brasil). Bajo un sol penetrante y húmedo se desarrolló, del 26 al 31 de enero, el V Foro Social Mundial (FSM). Simultáneamente y en el marco del mismo foro tuvieron lugar otros cónclaves regionales y temáticos que abarcaron un amplio abanico desde la administración local y el parlamentarismo, desde las prácticas de lucha contra las pobrezas, la ecología, la cultura, la sanidad y la justicia, hasta sectores tan determinantes de la sociedad actual como la juventud, los indígenas, la emigración, etc. Por su novedad y la repercusión mundial que tuvo destacamos el I Foro Mundial dedicado a la Teología y la Liberación (FMTL), que se desarrolló en los días previos al V FSM (21 al 26 de enero) y espiritualmente vinculado al mismo.
Lo primero que sorprende en esta cita es la magnitud de acontecimiento mismo: una abigarrada multitud, variopinta, festiva y cordial llenó a todas las horas las 102 hectáreas del territorio social mundial situado a lo largo de 5 kilómetros sobre la ribera del río Guaíba. La globalización del colorido de la imagen, de los ritmos musicales, de las múltiples formas de protesta y de fiesta, hasta de los ritos y estilos de celebración religiosa, se apropió durante unos días de esta zona de la bonita y rica ciudad de Porto Alegre.
Mirando más al fondo del fenómeno, se cae pronto en la cuenta de que no se trata de una mera concentración turística. Todo en este evento tiene sentido. Todos los elementos coadyuvan a crear un espacio acogedor y de encuentro donde se comparten experiencias y se debaten ideas, donde se intercambian proyectos y se coordinan agendas y plataformas de lucha en vistas a rehacer este mundo maltrecho.
Ausente cualquier tipo de dirigismo vertical, la autogestión alcanza apreciables niveles de articulación y convergencia entre las más de 6.000 organizaciones y movimientos que vienen de tradiciones, prácticas y contextos político-culturales extraordinariamente diversos. Nunca se tiene la sensación de estar atravesando el reino del caos o de la Torre de Babel, sino más bien de estar viviendo una versión moderna de la rica experiencia de Pentecostés. Porto Alegre se ofrece como un escenario de aprendizaje colectivo para superar el sectarismo y la intolerancia y para asumir una nueva forma de hacer política, desprendida de la pretensión de la verdad única, y del modelo/sistema único.
Aún una reflexión importante. Más que un evento, Porto Alegre es sobre todo el eslabón de un proceso que cuestiona decidida y sólidamente el neoliberalismo y la globocolonización (F. Betto) como la única e inevitable concepción social posible para la humanidad. Contra los interesados y falsos profetas del momento, la caída del muro de Berlín no ha traído el fin de la historia, ni el mercado libre ha otorgado la salvación. Más bien han sido portadores de una gerontocracia y esclerosis galopante y de un discurso único dogmático y paralizante tanto en la sociedad como en las iglesias.
Pero la historia se ha empeñado en continuar y el deseo de liberación está rebasando por todas partes el mercado libre y el control de las iglesias. Cuando, contra lo que se predicaba, las personas comienzan a ser sujetos y no meros objetos de la historia, ésta empieza a recuperar su sentido dialéctico. Y la apuesta por otro mundo posible de los FSM de Porto Alegre se convierte en un brillante catalizador de las nuevas energías sociales y esperanzas que están recorriendo el mundo.
En un número doble de la revista Éxodo presentamos, organizados a nuestro aire, algunos de los materiales más relevantes del V FSM y de I FMTL junto a las opiniones de algunos protagonistas destacados y la experiencia de testigos presenciales de parte del equipo de redacción de la revista.
- - -> Para más información: http://www.exodo.org
'EL DIA DE LA CUENTA'
JESÚS LÓPEZ SÁEZ, sacerdote responsable de la Asociación Comunidad de Ayala
MADRID.
ECLESALIA, 27/07/05.- Ha salido ya El día de la cuenta del sacerdote Jesús López Sáez. En 2002 salió como edición privada. Ahora sale ampliado y actualizado (Meral Ediciones). El libro es un juicio crítico sobre el papa Wojtyla. Lo indica el subtítulo: Juan Pablo II a examen. Al final de su largo pontificado y ante el insólito proceso de beatificación, al papa se le pide cuenta de la causa de Juan Pablo I y de otros asuntos, también importantes.
El autor lo anunció en 1990: Se pedirá cuenta, le corresponde al papa Juan Pablo II la más alta responsabilidad de curar esa herida mal cerrada de la muerte y figura de Juan Pablo I. La tensa historia que va de uno a otro refleja la diferencia real existente entre ambos. Karol Wojtyla tomó el mismo nombre papal que Albino Luciani. Esto sugiere continuidad, pero - en el fondo - se da salto atrás, involución, ruptura. Importantes hechos, que han sido ocultados o distorsionados, así lo manifiestan.
Por ejemplo, Juan Pablo I estaba bien de salud, según el testimonio de su médico personal, dado a conocer tras quince años de silencio; había tomado decisiones importantes y arriesgadas, según revela doce años después Camilo Bassotto, testigo principal de la fuente veneciana; había afrontado valientemente como cardenal y como papa el escándalo de las finanzas vaticanas y su conexión con el Banco Ambrosiano, según atestiguan diversas fuentes; Juan Pablo I no murió de infarto; según la autopsia secreta, murió por la dosis letal de un vasodilatador que su médico no recetó; por tanto, se ha ocultado la causa de su muerte y, además, se ha distorsionado su figura; se le ha presentado como un hombre enfermo, no capacitado para ser papa.
La historia no se para en seco, como si no hubiera pasado nada antes, como si no pasara nada después. Ahí está el atentado contra Juan Pablo II (1981), protegido por el secreto de Estado; la quiebra del Banco Ambrosiano y la muerte violenta de su presidente, Roberto Calvi (1982); el secuestro de Emanuela Orlandi, hija de un empleado vaticano, de la que nunca más se supo (1983); el pago voluntario de más de 240 millones de dólares a los acreedores del Ambrosiano (1984); la masacre de la Guardia Suiza (1997), que parece revelar una lucha de poder entre grupos opuestos, que se disputan el control del Vaticano. Juan Pablo II deja sin aclarar todos estos enigmas.
Para los creyentes, el papa no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio. A la luz de la palabra de Dios, se juzgan actitudes del papa Wojtyla ante diversos problemas, como la sexualidad, la cuestión social, la tentación del poder, la renovación eclesial, las guerras de Afganistán y de Irak, así como su propia campaña electoral hacia el pontificado.
Finalmente, se aborda el significado de la enfermedad, que irrumpe en medio de un largo pontificado y que, de modo sorprendente, lo deja todo al descubierto. Más aún, todo queda al desnudo el día de su muerte, el pasado 2 de abril. Tres años antes, le enviamos al papa una carta y el manuscrito del presente libro. No hubo respuesta por su parte. Sólo acuse de recibo de la Secretaría de Estado. Pero ¿hubo respuesta velada?
Pues bien, no lo podíamos imaginar. En el día de su muerte, el día de la cuenta, se leía este pasaje en todas las iglesias: ¿Puede aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a él? (Hch 4,13-21). El autor se lo dijo al papa en la carta, remitiéndole al mismo texto: A pesar de las presiones recibidas, ... en conciencia no puedo callar: Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 4,19). La noticia del fallecimiento nos llegó en buen momento. Estábamos reunidos, en oración, vigilantes. Entendimos que la edición pública debía salir. Y aquí está. Como se dice en el salmo 79, ¡que se conozca entre las gentes!
- - -> Para más información: www.comayala.es
EL PENSAMIENTO DE J. RATZINGER
JOSÉ IGNACIO GONZÁLEZ FAUS, responsable del área teológica de Cristianisme i Justicia
ECLESALIA, 26/07/05.- Quisiera ofrecer una aproximación periodística al pensamiento del nuevo papa, por si sirve a creyentes o no creyentes, que quizá no saben a qué atenerse a partir de lo que oyen, y tampoco están obligados a leer su extensa obra. Voy a sistematizar unos textos tomados de El nuevo pueblo de Dios. La mayoría son comentario al Vaticano II. Los sistematizo en seis capítulos de actualidad, más aquello que los fundamenta.
1.- El cristiano. Para explicar la identidad cristiana combina Ratzinger dos respuestas que otros se empeñan en contraponer: "La primera dice: el que tiene la caridad lo tiene todo. Eso basta de manera completa, simple y absoluta... El 'sacramento del hermano' aparece aquí como el único camino suficiente de salvación, el prójimo como la 'incógnita de Dios', en que se decide el destino de cada uno. Lo que salva no es que uno conozca el nombre del Señor (Mt 7,21); lo que se le pide es que trate humanamente al Dios que se esconde en el hombre" (p. 391).
El problema de esta respuesta tan exacta es que "nadie tiene realmente la caridad (cf. Rom 3,23). Todo nuestro amor está una y otra vez corroído y deformado por el egoísmo". Precisamente por eso "aquí viene la segunda respuesta del Nuevo Testamento que dice: sólo una cosa es menester, que abramos las manos y aceptemos el regalo de Su misericordia. Este movimiento de abrirse para recibir el regalo del amor representativo del Señor lo llama Pablo 'fe'...". Esta respuesta deja claro que hay una fe de actitud que es anterior a la fe de contenidos (una "fe antes de la fe" la llama Ratzinger) que: "es lo contrario de aquella actitud que los antiguos llamaban hybris, la negación de la propia complacencia y de la justicia a fuerza de brazos" (p. 392).
Por eso, "el Nuevo Testamento dice a la par que 'la caridad por sí sola basta' y que 'sólo la fe basta'... Ambas afirmaciones juntas expresan una actitud de salir de sí mismo, en que el hombre comienza a dejar a las espaldas su egoísmo y avanza en dirección al otro. Por eso, el hermano, el prójimo, es el verdadero campo de prueba de esta disposición de espíritu; en su "tú" viene al hombre de incógnito el "tú" de Dios (p. 393).
De ahí brota una conclusión fundamental: "no se es cristiano para sí mismo sino para los otros, o más bien: sólo se es [cristiano] para sí mismo cuando se es para los otros" (397).
2.- La iglesia. De acuerdo con esa visión del cristianismo, lo primero que debe saber la Iglesia es que "es falsa, ante todo, la divinización del sistema y de las instituciones. Ni el sistema ni la observancia de un sistema salvan al hombre; sólo lo salva lo que está por encima de todos los sistemas y lo que representa la apertura de todos los sistemas: el amor y la fe " (p. 394).
De aquí se sigue que: "como signo del amor divino, la Iglesia... no puede ser círculo esotérico, sino que es esencialmente un espacio abierto... una realidad dinámica" (p. 399). Precisamente "el no estar ligada a una forma de este mundo, le da fuerza para dirigirse a todo el mundo" (p. 422). Observaciones muy importantes ante la tarea actual de desoccidentalizar al cristianismo.
Por ser así, "lo que necesita la Iglesia de hoy y de todos los tiempos no son panegiristas de lo existente, sino hombres... que amen a la Iglesia más que a la comodidad e intangibilidad de su propio destino". Pues "la verdadera obediencia no es la obediencia de los aduladores... que evitan todo choque y ponen su intangible comodidad por encima de todas las cosas" (p. 292). Por eso pregunta Ratzinger si el que no haya gente que se atreva a hablar con libertad "es signo de mejores tiempos o signo de un menguado amor al que no se le quema ya el corazón por la causa de Dios en este mundo... un amor que se ha hecho romo y no se atreve ya a abrazar el sufrimiento por la amada" (p. 290).
Con este mismo amor se preguntaba él si a la Iglesia de hoy "no habrá que reprocharle que, por exceso de solicitud, declara demasiado, reglamenta demasiado; y tantas normas y reglamentos han contribuido más bien a abandonar el mundo a la incredulidad que no a salvarlo de ella... En otras palabras: que a veces pone harto poca confianza en la fuerza victoriosa de la verdad.., se atrinchera en seguridades externas en lugar de confiar en la verdad que vive en la libertad y no necesita de tales precauciones" (p. 294-95).
Ratzinger sabe también que una de las tareas de hoy es descentralizar el papado: "La Iglesia, que es el pueblo uno de Dios, se compone de los muchos pueblos de este mundo que... aportan la riqueza de sus diversos dones a la ciudad única y escatológica de Dios... La Iglesia única se compone de muchas 'iglesias' en los lugares y regiones del orbe, y sólo la variedad de las iglesias que mantienen la mutua comunión en el vínculo de la unidad, de la caridad y de la paz, constituye la unidad cumplida de la Ecclesia catholica" (p. 423). Esta tesis "lleva a la intuición concreta de la mutua responsabilidad de las iglesias particulares entre sí: la responsabilidad por los miembros no es asumida únicamente por la cabeza (con la que en este caso se significa al papa y a la iglesia principal de Roma), sino también por los miembros mismos, es decir, que las iglesias particulares asumen la responsabilidad de unas para con otras" (p. 424).
3.- El mundo. El Vaticano II pidió a la Iglesia una triple apertura: "a las fuentes, a los otros cristianos y a los interrogantes de la humanidad entera" (321). Por ello, "la Iglesia debe hablar, pensar y ser de manera que los otros puedan percibir y entender la palabra que les dirige" (p. 318).
Ratzinger insiste con frecuencia en que el esquema bíblico de la fe en el judeocristianismo es el de "los pocos por los muchos (o por todos)". De acuerdo con eso "el mundo debe ser aceptado y respetado como tal por la Iglesia... por la sencilla razón de que la Iglesia no es Cristo". Por eso "no es posible entenderla como fin en sí misma, sino que pertenece esencialmente al orden de los medios... Por eso, la autoridad eclesiástica no puede suplir la pericia en los órdenes respectivos de la realidad, sino únicamente reconocerla... Tampoco puede suplir la competencia científica de la teología, sino que debe también reconocerla y darla por sentada como tal" (p. 330).
4. La teología. Una palabra pues sobre la teología. En primer lugar, "el mensaje cristiano se propone siempre en lenguaje humano... en un repensar la palabra divina dentro de lo humano; no se propone nunca en su absoluta e incontaminada pureza divina... En el kerygma [mensaje transmitido] hay siempre algo que en realidad no es kerygma sino una elaboración humana". Por eso "se impone en cada época la escucha paciente de lo que la humanidad sabe de hecho" (327).
Precisamente por eso, "casi todos los documentos [del Vaticano II]" muestran una apertura que sobrepasa la que Ratzinger llama "teología de encíclicas: una forma de teología en que la tradición parecía lentamente estrecharse a las últimas manifestaciones del magisterio papal". Frente a eso la voluntad del Concilio fue: "no mirar las fuentes [cristianas] únicamente en el espejo de la interpretación oficial de los últimos cien años, sino leerlas y entenderlas en sí mismas,... escuchar los interrogantes del hombre de hoy como tales y partiendo de ellos repensar la teología y, por encima de todo esto, escuchar la realidad, 'la cosa misma', y aceptar sus lecciones" (p.318-19). Por ello, una enseñanza del magisterio eclesiástico "que naciera del miedo al riesgo de la verdad histórica o al riesgo de la realidad misma, sería cabalmente una teología apocada, una teología de poca fe desde su punto mismo de partida" (p. 320).
5.-La reforma litúrgica. No caben aquí las respuesta que da Ratzinger a los empeñados en volver al latín en la liturgia. Pero sí podemos notar que derivan de una determinada concepción de ésta: "el culto divino más auténtico de la cristiandad es la caridad" (346). Por esta razón, "la liturgia no tiene por fin llenarnos, entre temor y temblor, del sentimiento de lo santo, sino enfrentarnos con la espada tajante de la palabra de Dios: no tiene por fin procurarnos y un marco bello y festivo para el recogimiento callado y la meditación, sino introducirnos en el "Nosotros" de hijos de Dios y, con ello, en el anonadamiento de Dios que descendió hasta lo ordinario... (p. 341). Y esto significa que "para la reforma litúrgica se requiere una gran capacidad de tolerancia dentro de la Iglesia... El soportarse mutuamente... la anchura de la caridad, son los únicos medios que pueden crear el espacio en que el culto cristiano madure en verdadera renovación" (p. 346).
6.- las religiones de la tierra. Pero no sólo espacios para el culto: también para la convivencia entre: "Para el cristiano de hoy se ha hecho algo inconcebible que el cristianismo, más exactamente la Iglesia católica, sea el único camino de salvación; con ello se ha hecho problemático desde dentro el absolutismo de la Iglesia... Que todos los hombres 'buenos' se salvan es hoy.. evidente". Y ello por una razón que brota de la más antigua tradición cristiana: "la salvación del hombre consiste en ser amado por Dios, mas para el amor no hay ningún título jurídico, ni se apoya tampoco en excelencias morales o de cualquier tipo" (pp. 367-69).
"Las religiones del mundo se han convertido en interrogante que se le plantea al cristianismo, que debe repensarse ante ellas en su pretensión y recibir así... por lo menos un servicio de purificación " (p. 402).
Todo lo expuesto se fundamenta en lo que significa Jesucristo y lo que Él revela de Dios. Veámoslo para concluir.
7. Jesucristo y Dios.
7.1. En su Introducción al cristianismo había escrito Ratzinger que "la persona de Jesús es su doctrina, y su doctrina es él mismo". Pues bien: sobre esa persona escribe ahora: "la orientación existencial de Jesús, su verdadera esencia, se caracteriza por el 'a favor de'. Si la salvación consiste en hacernos como él, en tal caso debe presentarse concretamente como participación en ese a favor de" (p. 396). Ratzinger retoma aquí, para hablar de Jesucristo, el término teológico de "pro-existencia", que proviene del protestante D. Bonhoeffer ("Jesús el hombre para los demás") y del católico de Alemania Oriental H. Schürmann; y que es también fundamental por ejemplo en la cristología de Jon Sobrino.
7.2. "El primer gran ensayo de una teología cristiana, el discurso del diácono Esteban en Hch 7... hace ver que Dios no está de parte de la institución, sino del lado de los que sufren y son perseguidos a lo largo de toda la historia; y demuestra la legitimidad de Jesucristo cabalmente por insertarlo en la línea de los perseguidos, de los profetas de la historia" (p. 279).
Como conclusión, he aquí una presentación de la fe que es fiel y abierta al diálogo. Quizá alguien arguya que esta visión es del Ratzinger "joven" que hoy ha cambiado de modo de ver. A eso caben dos respuestas: es difícil pensar que haya cambiado precisamente en los textos aquí citados, porque casi todos ellos son comentarios al Vaticano II (por eso los elegí); y no se le hace un favor a Ratzinger diciéndole que ha abandonado al Vaticano II. En segundo lugar: en el caso de que el hoy Benedicto XVI ya no piense así, sigue siendo verdad que cuando pensaba así, era un teólogo católico autorizado, muy reconocido y totalmente ortodoxo. Por tanto, es absolutamente legítimo profesar esas opiniones en el seno de la Iglesia. Eclesalia 26 de julio de 2005.
MARÍA MAGDALENA: PRIMER TESTIGO APOSTÓLICO DE LA RESURRECCIÓN
(Mc 16,1-8. 9-11; Mt 28, 1-20; Lc 24, 1-12; Jn 20, 1-19)
EMMA MARTÍNEZ
MADRID.
ECLESALIA, 22/07/05.- Las fuentes evangélicas guardan memoria y hacen justicia a otro de los escándalos que Jesús, ahora resucitado, seguía provocando: las primeras testigos del acontecimiento nuclear del cristianismo, que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos, somos nosotras las mujeres.
Este era el acontecimiento decisivo para conceder el título apostólico, (Act 1,21-22) ser testigo de la Resurrección. Es que Jesús sigue siendo Él mismo, el que derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes, el que da la vuelta a los valores establecidos, y proclama los nuevos valores del Reino.
No es sorprendente que una y otra vez ellos no nos creyeron y Jesús resucitado les echó en cara su incredulidad (Mc 16,14). No fue fácil para los judíos aceptar este dato escandaloso y sorprendente, las mujeres no teníamos credulidad para declarar ante los tribunales ¿cómo íbamos a tenerla para un acontecimiento de esta categoría?.
Hoy quiero narrarte mi experiencia inolvidable. Yo estaba allí ante el sepulcro vacío llorando amargamente, cuando me pareció escuchar pasos, alguien se acercaba, yo sólo quería estrechar en mis brazos su cadáver y se lo habían llevado; por eso cuando escucho una voz que me preguntan , sólo atiné a contestar: . A ¿quién iba a buscar?, no tenía ni que pronunciar su nombre
Pero de pronto
escuché mi nombre como sólo Él sabía pronunciarlo
¡Era él!, no tenía la menor duda, vivía, Dios estaba de su parte y lo había rehabilitado y con él todo lo que defendió y por lo que luchó.
Jesús estaba vivo, la muerte no había podido con Él y en Él todos/as estamos convocados/as a la resurrección. Toda la esperanza secular de mi pueblo estalló en mi interior como un volcán. Dios es fiel y no abandona a los suyos al poder de la muerte.
Él era el mismo, no tenía dudas pero ya no era lo mismo, su presencia tenía unas características desconocidas para mí hasta entonces, nuestra relación iba a tener a partir de este momento una forma nueva, la forma del amor que no tiene fronteras, la de la presencia amorosa de quienes se saben juntos aunque estén a muchas leguas de distancia física.
Tuve la seguridad inquebrantable de que ahora sí iba a tener la experiencia de saborear un amor más fuerte que la muerte, un amor que ni los ríos pueden anegar con sus aguas, ni el fuego arrasar con su fuerza. Él estaba vivo para siempre, y ya no tenía que viajar en su búsqueda porque, de ahora en adelante, donde yo esté Él estará en mí y a donde yo vaya Él irá conmigo ya nada, ni la muerte podrá separarnos.
Esto fue lo más importante que me pasó en mi vida, y ésta experiencia te puede alcanzar en cualquier momento, si no te ha alcanzado ya. Tú no dejes de buscarle, no dejes que se apague el amor, no pierdas la esperanza. El está presente como El Viviente en el corazón de la Historia que tanto ama.
María Magdalena.
- - -> Emma Martínez: EMMAMART@teleline.es
Si hemos de escoger una persona patrona de esta actividad informativa, nos quedamos con María, amiga de Jesús, la primera persona que experimentó la vida resucitada del maestro asesinado. Hoy es fiesta en Eclesalia Informativo.