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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Reflexiones

comunicadora

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LA IGLESIA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
GUZMÁN PÉREZ, salesiano, editor de la revista FAST, miembro de Darío & Guzmán
SEVILLA.

ECLESALIA, 07/02/08.- Si buscas en Google las palabras “Iglesia católica” o “fe católica”, aparecerán al instante cientos de miles de entradas relacionadas. Una enorme cantidad de páginas web, blogs, portales, foros, podcasts… que tiene su lugar en la Red. Los creyentes estamos, sin duda, cada vez más presentes en internet y otros medios de comunicación, y en ciertos casos con bastante calidad de forma y de contenidos. Pero a menudo, cuando navego por algunas de esas páginas, o escucho ciertas emisoras de radio, o leo ciertos suplementos y revistas religiosas, me surgen cuestiones como éstas: ¿estamos utilizando bien estos medios para ser Buena Noticia? ¿Estamos siendo levadura en la masa de los internautas, lectores, oyentes, espectadores? ¿Estamos sembrando semillas del Reino o, por el contrario, sembrando polémicas, politizando la fe, marcando los límites entre los “buenos” y los “malos”? ¿No estaremos aburriendo a la gente con nuestros “tejemanejes” eclesiales? ¿Cuándo dejaremos el “Salsa Rosa” de la Iglesia para centrarnos en lo verdaderamente importante? Los medios de comunicación social, e internet en especial, son una herramienta muy útil para la transmisión del Evangelio. Pero a veces uno se pregunta si no se nos va la fuerza en lo más secundario…

De ninguna manera quisiera ser pesimista en esta reflexión, por lo que en primer lugar diré que existen, en mi opinión, un buen número de páginas web, revistas, programas de radio o de TV que merecen una palabra de alabanza. Son “lugares” en los que uno se encuentra una visión positiva y estimulante de la fe, un testimonio de Buena Noticia, una muestra de creyentes sanos, comprometidos, con los pies en la tierra, optimistas y entusiastas con Jesús y su mensaje. Son reflejo de una fe vivida desde lo esencial, sin perderse en grandes problemas dogmáticos ni institucionales, sino con la frescura del Evangelio y la generosidad para implicarse en la vida y los problemas de nuestro mundo. Son páginas, programas, revistas y otras publicaciones cuya preocupación principal no son las declaraciones más o menos acertadas de los obispos, ni los nombramientos cardenalicios, ni la proximidad de la Iglesia a un partido político u otro. Su interés se centra en encontrar la manera mejor y más acertada de comunicar el Evangelio de Jesús, aportar y sumar algo a la construcción del Reino. Me atrevo a decir que si un no-creyente se topase por casualidad con una de esas publicaciones, se llevaría al menos una buena impresión de lo que somos y hacemos los cristianos.

Lo malo del asunto es que, para dar con esos “lugares”, hay que saber buscar, hace falta pasar el “filtro” del sentido común y de la fe sincera a todas esas publicaciones. No quiero alzarme aquí en juez ni criterio de selección ante estos medios de comunicación; ni mucho menos. Las posibilidades que nos ofrecen para expresar opiniones, reflexiones o experiencias de fe son muchas, como nunca hasta ahora habíamos tenido en la Iglesia. Y esa diversidad ciertamente es una riqueza, al menos a priori. Pero lo que me parece un poco triste y nada estimulante es encontrarme cada día con artículos, programas, páginas, blogs, que pierden muchas energías y posibilidades en hablar de los entresijos de la jerarquía, en faltar al respeto a hermanos en la fe, en crear polémicas internas en la Iglesia, o en estigmatizar a quienes no piensan como ellos. Quizá al escribir estas líneas pueda caer yo en lo mismo que ellos, pero me duele tremendamente que hagamos eso en el interior de nuestra propia Iglesia, con los que son nuestros hermanos. Algunos, en nombre de no sé qué doctrinas, se permiten el lujo de descalificar y ridiculizar a quienes no son “de su cuerda”, y encima se enorgullecen de que así son más libres, más evangélicos, y de que aumentan el número de visitas de su página web o de oyentes de su programa.

Me duele también que, casi siempre, la única Iglesia que se muestra en estos medios es la institucional, como si la comunidad de seguidores de Jesús se redujese a esos pocos miembros que la encabezan. Evidentemente, la Iglesia tiene unos pastores, servidores del pueblo de Dios, que tienen voz pública y han de ser modelos de caridad y velar por la unidad de los creyentes. Y es positivo y necesario que los cristianos podamos escuchar su palabra y sus orientaciones, no lo pongo en duda. Pero, ¿significa eso que tenemos que privarnos de conocer lo mucho y bueno que hacen otros miembros de la Iglesia? Porque muchos medios sólo se hacen eco de esa Iglesia institucional, especialmente aquellos que tienen más posibilidades, los que llegan a más gente.

Creo sinceramente que muchos cristianos están —o estamos— un poco cansados de que sólo sea noticia lo que los obispos dicen o dejan de decir. Cansados de que en la calle la gente los critique por las declaraciones de uno u otro pastor. Cansados, sobre todo, de que la imagen de la Iglesia sea siempre ésa, cuando —gracias a Dios— es mucho más grande y rica, cuando hay mucha gente anónima que está aportando su granito de arena en la misión de la Iglesia: ser comunicadora de la Buena Noticia de Jesús y constructora del Reino de Dios.

No pretendía con estas palabras provocar más crispación (como a menudo se dice hoy), echar más leña a este fuego tan encendido que tenemos en nuestra querida Iglesia. Mi intención no ha sido otra que la de llamar la atención sobre esta realidad que nos va minando por dentro (y por fuera). Desde esta revista (y desde otros medios), algunos creyentes tratamos de mostrar un rostro comprometido y esperanzador de la Iglesia, de la fe, de los cristianos. Un rostro que resulte convincente y significativo, que suscite cercanía y optimismo, no animadversión. Un rostro que rompa tópicos y esquemas preconcebidos. Un rostro que sea reflejo de Jesús y su Evangelio, que sea semilla de su Reino. Ojalá sepamos utilizar los medios cada vez más y mejor para ser fiel rostro de nuestro Maestro ante el mundo, para ser comunicadores de la mejor de las noticias. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: http://revistafast.wordpress.com

caretas

caretas

LAS CARETAS CON QUE VIVIMOS
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@orange.es

ECLESALIA, 04/02/08.- En las carnavaladas modernas algunos se disfrazan de aquello que habrían querido ser y no han sido. Otros se apropian de personajes o símbolos para ridiculizarlos. Otros, finalmente, buscan la ocultación para conseguir impunidad y anonimato a su conducta desinhibida, abusiva, grotesca o delictiva. Sin embargo, estos desahogos puntuales tienen menos repercusión en nuestra personalidad que los disfraces que nos fabricamos para vivir, habitualmente subconscientes.

En la vida ordinaria solemos usar distintas caretas que podemos sintetizar en estos cuatro tipos: la negra, la negra con purpurina, la brillante y la transparente.

- La careta negra es la de quien se ve y se muestra en negativo. Quizás reconozca en sí algún rasgo positivo "pero"... siempre relativiza y neutraliza lo positivo. La imagen de estas personas se estructura a partir de lo negativo y de sus carencias. Con frecuencia el origen estuvo en la comparación con un hermano o en una educación exigente, en vez de estimulante, que subrayó los fracasos exigiendo siempre más. Puede enraizarse también en un gran fracaso o en una serie de fracasos en edad más avanzada. Si nadie le ayuda a encontrar su caudal positivo, dudará de sí mismo y se hundirá en la negrura de su imagen negativa.

Estas personas carecen de confianza en sí mismas porque no encuentran nada en qué apoyarse. Eso no les impide llevar adelante lo que emprenden pero no se atribuyen el mérito sino que lo achacan a la suerte, a los otros, etc. No se sorprenden nunca de sus fracasos o sus defectos, como si siempre los esperasen. Esto refuerza su imagen negativa, aunque no la acepten ni sean muy conscientes de ella. Hay quien la sublima bajo el concepto de humildad y encuentra una compensación en el reconocimiento de su falsa virtud.

- La careta negra con purpurina la portan quienes se supervaloran para defenderse de lo negativo. Ellos se reconocen con sombras y luces pero la forma de defenderse cuando les critican es lo que hace decir a los otros que son muy orgullosos, que viven sobre zancos. Se descubre fácilmente a estas personas por la "desproporción" con que se defienden de lo negativo, real o supuesto.

Detrás de esta careta hay una "gran inseguridad" con raíces en un pasado doloroso. En realidad su imagen es negativa, pero la ocultan tras grandes chorreras de purpurina dorada. Se defienden de su secreta imagen negativa con una artificial y exagerada estima. Ante los demás pueden pasar como orgullosos, vanidosos o chulos, cuando en realidad son pobres personas sin una autoestima real.

- La careta brillante se la encajan a fuego quienes se sobrestiman siempre. Tienen un concepto muy elevado de sí mismos y se afanan a toda costa para que los otros les vean brillar. Su vida se organiza en torno al "éxito social".

El origen pudo ser un ambiente familiar preocupado solamente por el éxito, en el que al niño se le valoró por sus triunfos sociales, escolares, deportivos, etc. sin que importasen los medios empleados o su auténtica personalidad. Se puso el acento sobre el "parecer" y no sobre el "ser". Esta influencia se acentuó por un sistema educativo y social que valora el éxito intelectual (culto a los títulos) y el éxito social (culto a la carrera, a las relaciones, a la buena posición). Dentro de estos ambientes el niño, el joven y más tarde el adulto no se estructura sobre "lo que es" en su fondo sino sobre lo que los demás aplauden. No se apoya en sus propios cimientos sino en la quebradiza peana de los otros. No se preocupa de su realización personal sino de su actuación teatral y su hambre de aplausos.

Detrás de estas tres caretas hay inseguridad subconsciente, una personalidad sin cimiento, un ser atrofiado. Estas personas son sicológicamente enanas, les es imposible apoyarse en sí mismas para existir y avanzar en la vida. Esta inseguridad se compensa con los éxitos (o con la apariencia de virtud, que también es un éxito), por lo que el hambre de gloria se acentúa. Si el individuo está bien dotado y nunca tiene fracasos, esto puede durar toda la vida, aunque con una sensación de vacío e infelicidad. Cuando fracasan vuelven a empezar, salvo si el fracaso es demasiado grave. Entonces viene el derrumbamiento y la depresión.

La relación con los demás no es armoniosa, desprecian a los débiles (o no virtuosos), a los que no tienen éxito. Hay "dependencia" de las personas cuyas opiniones pesan. Hay "incapacidad para aceptar la interpelación de los otros" porque falta solidez interior. La respuesta a quienes les cuestionan es la ironía, el desprecio, la suficiencia, la justificación o la prepotencia, a veces la humillación, que oculta la "prepotencia de la virtud". Esta última es una forma sutil de prepotencia: la de sentirse y hacerse ver "mejores" que los otros. Estas personas se reconocen algún defecto, pero sólo porque es de buen tono tener algo que reprocharse. Sobrevaloran la importancia de los modales refinados a los que estas personas son sensibles en exceso.

- La careta transparente, para terminar, corresponde a quienes tienen una imagen normal, ajustada a la realidad de su persona. Las caretas anteriores son opacas y buscan aparentar. La transparente se estructura a partir de lo que uno es realmente. Las personas que la consiguen se perciben hechas de riquezas y sombras. Pueden caer en la tentación de aplicarse algún colorín o sombra pasajeros, pero se desmaquillan con rapidez cuando se detectan embadurnados. Su verdad de fondo les sirve de guía.

Frente a los otros no tienen dificultad en reconocer tanto sus riquezas como sus límites. Los reconocimientos positivos no les provocan euforia. Los comentarios negativos no les llevan a la desvalorización o a la duda sobre sí mismos. La percepción de su imagen no es rígida ni fija. Su imagen cambia y evoluciona porque integran en ella los elementos nuevos, consecuencia de sus descubrimientos y sus cambios. Frente a las críticas son capaces de dejarse cuestionar sana y serenamente sin buscar la justificación. Son capaces de discernir el valor de sus actos y de sus actitudes sin alienarse a los otros y al ambiente.

Paradójicamente estos últimos -menos protegidos porque no ocultan su personalidad- se suelen sentir más felices dentro de la naturalidad y verdad de sus sonrisas o de sus arrugas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¿Con cuál de ellas quieres vivir?

liberada

liberada

NO TIENE CURA
GREGORIO FERNÁNDEZ
VALLADOLID.

ECLESALIA, 24/01/08.- La madurez cristiana no tiene cura. Se llega y se permanece. La madurez cristiana es un estado constante que cuando se alcanza no tiene marcha atrás.

Escribía Pablo a los cristianos gálatas que la ley era el pedagogo hasta llegar a Cristo, que con él no estamos ya bajo la ley.

La madurez cristiana es encontrarse con Cristo de frente, de fondo, de lado. Encontrarse con cada ser humano. Descubrir en la fe de Cristo la vida encarnada en todos y cada uno de los segundos de la vida.

La madurez cristiana no tiene cura. Se vive en cristiano, en todo, para todo y con todos. Se vive y se celebra. Se celebra del amanecer al descanso.

La madurez cristina no tiene cura ni lo necesita. El cura fue pedagogo y ahora es amigo. El cura es compañero y hermano. El cura no es autoridad, ni el obispo, ni el papa. Sí comunidad.

El cristiano, la cristiana que se libera de la ley no tiene cura, comparte sus descubrimientos, convive con profundidad, celebra en la vida.

Más palabra de Dios, más comunidad, más carisma, más vida, más alegría.

La madurez cristiana no tiene cura. Está sana. Rebosante de vida. Liberada de normas. Feliz y dichosa. Pasa haciendo el bien. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

kenia

kenia

¡DIOS TAMBIÉN NACE EN KENIA!
ENCARNA GONZÁLEZ-CAMPOS, Agustina Misionera; encarweb@yahoo.es
VALLADOLID.

ECLESALIA, 04/01/08.- Con indignación y rabia recibíamos el año nuevo, entre uvas y espumillones europeos, con la matanza de 35 - 40 personas, la mayoría mujeres y niños. Murieron hoy dentro de una iglesia de Kenia que fue incendiada por grupos de manifestantes.

Según la edición digital del diario "Nation", las fuentes dijeron que el suceso se registró en la localidad de Eldoret, en el oeste de Kenia. Las víctimas habían escapado de su casa por los disturbios callejeros y se habían refugiado en la iglesia.

El ataque forma parte de la violencia entre rivales políticos y tribus enfrentadas históricamente que se registra desde el pasado sábado en Kenia a raíz de las elecciones el jueves, en las que fue declarado vencedor el presidente Mwai Kibaki.

Las fuentes señalaron que la iglesia de la Asamblea de Dios fue atacada por grupos de manifestantes. Fuentes de la Cruz Roja dijeron que han quedado desbordadas por el número de víctimas registradas en Eldoret.

El diario también informa de que decenas de miles de personas armadas se están dirigiendo al lugar conocido como Bosque Quemado, a pocos kilómetros de Eldoret, donde en el pasado se han registrado sangrientos enfrentamientos tribales.

Una vez más la Iglesia se convierte en lugar de refugio para el hambriento, para el que lo ha perdido todo… Las puertas se abren acogiendo a todo el que llega. ¡Pero los milagros Dios los hace a través del corazón humano! e, inexplicablemente, el corazón de los seres humanos cada vez es más incomprensible a los ojos de Dios.

Hombres que empuñan la espada por cuestiones políticas, hombre cuya furia es imposible de controlar y cuya razón no existe en los cánones de su humanidad. ¿Es posible que en pleno año 2008 el ser humano sea capaz de algo así?

La navidad, los reyes magos,… la vida… ya ha terminado para estas personas. Los que aún siguen allí viven asustados y temerosos del futuro. Nosotros, en Europa, no podemos detenernos excesivamente en esta noticia, andamos demasiado ocupados con los regalos de última hora. Queremos conmemorar la Epifanía ofreciéndole a niños y adultos un presente, sea el que sea, ya da igual, el tiempo se nos echa encima y aún no tenemos compradas algunas cosas. Miramos el televisor y decimos ¡pobrecillos! ¡Qué cosas pasan en el mundo!

Tengo gente muy cercana en Kenia, gente que lleva dando su vida por levantar, promocionar y sacar adelante ese pueblo. Gente que no mira este país en vistas a un safari ranchero, no es gente de “ida y vuelta”, es gente que permanece allí llevando un mensaje de paz, de solidaridad, de altruismo y de entrega generosa. Te pido por toda esta gente, Señor, te pido por cada uno de los habitantes de este planeta que con el 2008 iniciamos su “Año Internacional”… te pido por los habitantes sencillos de Kenia que solo buscan tener una "vida digna"

Dios nace también en Kenia, si le dejamos nacer. Si dejamos que esos preciosos paisajes del país sean cosechas para el hambriento y no para los países explotadores de recursos que empobrecen aún más el país mientras ellos engordan sus bolsillos.

Señor mío, has nacido allí, no me cabe duda. Ofréceles con claridad tu corazón de niño, tu mirada tierna, tus ojos compasivos y misericordiosos.

Que noticias como estas no nos dejen impasibles, danos luz para saber qué y cómo podemos hacer para que este mundo que has creado sea de verdad un grupo de hermanos hijos de un mismo Dios. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


concentración

concentración

LO DE MADRID Y LA FAMILIA, UN DEBATE DE FONDO
JOSÉ IGNACIO CALLEJA SÁENZ DE NAVARRETE
VITORIA-GASTEIZ.

ECLESALIA, 04/01/08.- Las cosas en su sitio es el título que la Ejecutiva Federal del PSOE dio a su comunicado de respuesta a la celebración de “la Iglesia Católica”, en Madrid, sobre “la familia cristiana”.

A medida que pasan las horas va siendo más claro que los socialistas se lo han tomado demasiado a pecho. Estas cosas, y más en campaña electoral, no conviene sobredimensionarlas. Basta con criticarlas políticamente, si ha lugar, y decir que la sociedad civil tiene sitio para todos. La democracia irá diciendo la última palabra política en cada momento.

Serenamente hablando, por tanto, parece lógico pensar en alguna respuesta pero mejor situarla en el plano del debate que le corresponde a la política. Es decir, la que advierte de la inevitable politización partidista de la religión en actos como éste, en plena campaña electoral. En segundo lugar, la que da cuenta, si así se piensa, de como ha sido la causa de los derechos humanos la que ha conducido y crecido en cada nueva ley democrática, y para ello apelar a toda la sociedad, insistiendo en el “toda” La expresión de que “las leyes han creado nuevos derechos” y recontando expresamente entre ellos alguno de los más discutidos desde una concepción “católica” de “razón natural”, no me parece muy hábil. En tercer lugar, vuelven a la frase de “la fe no se legisla”, que me parece poco clara, pues si es cierto que la fe no se legisla, es verdad que la discusión no siempre versa sobre la fe, sino sobre cuestiones morales y si éstas son tales sólo a la luz de la fe cristiana, o también de una razón humana en cuanto tal. Ésta es una pregunta que no siempre está bien respondida, y que mientras la Iglesia da por sentado que la razón iluminada por la fe es lo mismo que la razón sin más, el pensamiento político laico da por hecho que todo lo que dice la Iglesia procede de la fe y que toda su moral es religiosa. Pero la cuestión es más complicada, como me empeño en decir por doquier, y los socialistas no entienden, y en la Iglesia tampoco.

En tal sentido, digo que la fe no se legisla, ni legisla, pero la pregunta es si todo lo que dicen éticamente los creyentes procede de la sola fe. En otras palabras, hay muchas propuestas morales cristianas, el catolicismo piensa que todas, justificadas conforme a una razón argumentativa que cualquiera puede entender y, en muchos casos, compartir. (El exceso “católico” está en que cree que por eso mismo son siempre universales y obligatorias).

Porque en el debate moral de los católicos, no todo es religión o sólo religión, sino también “ética”, es decir, moral de la razón, la democracia nos brinda un procedimiento para sacar el fruto de este debate ideológico como ley común; pero no para terminar con el debate en cuanto tal, sino para poder convivir con una ley compartida por todos. Esto significa que en la sociedad civil, el debate puede seguir, y su sujeto son todos los grupos y personas de esa sociedad civil, con la Iglesia entre ellos. Así que nadie debe asustarse de esta aparición de las religiones en el debate moral del espacio público. Este debate es público, y tiene efectos públicos, pero no es político, en el sentido de sustituir al legislador o al Estado. El Estado por su parte, y el gobierno de turno en particular, ejerce la soberanía pero no es su dueño, sino que el pueblo, la sociedad civil, las Iglesias en ella, debaten democráticamente de todo, ¡argumentan con la razón común!, y el gobierno de turno, y el mismo Estado, con la impronta peculiar de su orientación más liberal o menos, más de derechas o más de izquierdas, saben que han de respetar la voluntad popular mayoritaria, siempre en el marco de los derechos humanos de todos, también los de las minorías, facilitando el debate social y, subsidiariamente, posibilitando las iniciativas sociales especialmente de los menos fuertes y organizados. Por tanto, el Estado es laico, pero la vida social y pública es tan diversa y plural como la sociedad misma. Todos demócratas, todos con los derechos humanos, todos con la razón humana común, todos con los derechos de los más débiles y silenciados… y, a partir de aquí, si un Estado legisla o gobierna con alguna ley “inicua o injusta” puede denunciarse, y buscar y lograr, en su caso, la objeción de conciencia, pero hay que aceptar la decisión mayoritaria del pueblo como ley común, respetar al gobierno que democráticamente viene siéndolo, verificar si la denuncia de leyes injustas se repite en los mismos ciudadanos, y muchas veces y sobre leyes diversas, pues en este caso son ellos quienes tienen un problema de laicidad y ciudadanía democrática, y reconocer que el daño que puede causarse a la convivencia por quien la cuestiona de continuo, casi siempre es mayor que el bien que se pretende.

Por fin, creo que el debate que hay que entender, profundizar y, a la postre, elegir tiene que ver con esto. Mientras que la modernidad nos enseñó que la laicidad es una condición del Estado y de toda la vida pública y social en cuanto tal, y así las religiones son asunto privado, es decir, de conciencia y sacristía; hoy se extiende la idea de que laico es el Estado, es decir, la organización política general de una sociedad, y esto como no confesionalidad, pero que la vida pública y social en general no es laica, sino plural, tan diversa como sus miembros y asociaciones; todas ellas libres para proponer y debatir la inspiración moral de las leyes; el sistema democrático, -lo que decía-, resuelve cuál es la inspiración triunfadora en cada caso y momento; sigue el debate y el tiempo dirá si hay cambios; el gobierno y el Estado vigilan la paz del debate, la razón democrática en él, los derechos humanos de todos, y la no marginación de las minorías.

Por tanto, y dejando a un lado lo del laicismo como tercero en discordia, una especie de religión sin revelación, el nuevo debate es éste: tenemos, de un lado, la laicidad como separación de la Iglesia y el Estado, con colaboraciones ocasionales o mínimas, según el caso, y la vida pública y social toda ella laica; y frente a este planteamiento, que era (es) la idea moderna de laicidad a la que íba España, sin llegar a ella, tenemos el reto de la laicidad como defensa del máximo espacio posible en las democracias para la libertad de conciencia individual y, por tanto, como protagonismo de la sociedad civil como lugar de todos los debates entre todos los agentes sociales y culturales, los religiosos también, sin separaciones “tan cómodas como ficticias” al modo moderno, y especialmente, el francés.

Es claro que la cosa tiene su miga, y es obvio que los sectores más conservadores del catolicismo, y en general de la cultura, saben que han encontrado “carne” al fin para defender su visión de la sociedad, y que la van a transformar, ellos u otros más escondidos y con menos escrúpulos, en poder social, político y económico. La Iglesia Católica ve aquí una oportunidad de recuperarse y de recuperar, a la vez, lo mejor de la cultura Europea, lo más propio, su identidad diferenciada; lo cree de verdad; y lo va a intentar. Por eso creo que el debate presentado como exclusivamente español, no es correcto. Se va a quedar corto enseguida. La pretensión de la Iglesia Española sobre la laicidad es otra que el neoconfesionalismo de hace treinta años; a mi juicio, tiene más que ver con las nuevas formulaciones de la laicidad como el máximo de libertad para la conciencia individual en las sociedades democráticas, y ahí ve mejores oportunidades para la fe, sin por eso negar la democracia, sino una forma de ella “procedimentalista” en extremo. Si me apuran, el negativo de la fotografía es el islamismo moderado, pero advirtiendo que el cristianismo ha dado pruebas absolutas de poder vivir en la democracia política, y hasta con recursos para fortalecerla. Europa, y América, culturalmente cristianas, es el sueño de fondo que tienen los movimientos cristianos protagonistas del acto de Madrid. El mayor problema es que para defender esta visión de la laicidad no reparan en el abuso a que someten la relación de fe y razón, el recorte "particularista" a que someten el cristianismo, los derechos humanos de otros que se pueden llevar por delante en nombre de Dios, la confusión entre moral religiosa y ética, y entre evangelización propiamente dicha y concepción "natural" de la vida social, y el escaso aprecio de la convivencia democrática que dejan a su paso tanto cuestionar el valor de los procedimientos democráticos. Mucho que corregir.

Quizá les parezca que ido demasiado lejos, que todo es más inmediato, electoralista y de cortas miras, ante las próximas elecciones, pero yo digo que hay gente que ya piensa en estas cosas, y a ellas hay que atender. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Yo por aquí seguiría pensando.


gratis

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LA INCOMPRENSIBLE GRATUIDAD DE DIOS
Meditando en el Centro de Salud
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@wanadoo.es
MADRID.

ECLESALIA, 20/12/07.- Hace unos días me encontraba en el Centro de Salud esperando que me llamaran para entrar en la consulta del médico. Mientras esperaba saqué del bolsillo el papel donde llevaba anotada la lista de la compra. En casa solemos reciclar los papeles utilizados por una sola cara convirtiéndolos en octavillas para anotaciones diversas. Repasé lo anotado: “Limones, patatas, compresas, suavizante, comida de la gata, pan, pescado, etc.” y, poco después, leí distraídamente la parte de un texto que figuraba en el reverso del papel y que, desgraciadamente había sido mutilado al convertir el folio en octavillas, dejándome este único mensaje comprensible:

“…La incomprensible gratuidad de Dios, que se justifica sólo por ella misma y que no puede ser clasificada ni medida por nosotros, porque siempre se desmarca de nuestros cánones de eficacia”.*

Durante los siguientes tres cuartos de hora esperando mi turno, miré de forma especial a una señora mayor que tenía al lado y que acompañaba a su marido a la consulta; en las sillas de enfrente el marido era el que acompañaba a su mujer que llevaba muletas; en la consulta de al lado, la hija y el yerno llevaban al padre al médico; en el piso de abajo se oían los lloros de un bebé atendido solícitamente por sus papás… y pude ver en todo ello la “incomprensible gratuidad de Dios” a través de lo humano hecho por amor.

No es fácil en el mundo que vivimos -que es sólo una mínima parte del mundo global, no lo olvidemos- reconocer como valor lo gratuito. Todo tiene precio, a todo se le busca un beneficio contante y sonante. El tiempo se convierte en oro porque sólo se dedica a producir y a consumir; las riquezas de la tierra se esquilman para obtener beneficios inmediatos; el dinero en forma de inversión se apodera del arte; y lo sagrado, puede llegar a ocultarse tras una pátina de activismo eficaz.

Efectivamente, Dios “se desmarca” y nos marca el camino de la gratuidad en el amor que se da, sin precio. Y de ese amor hay muchos ejemplos de vidas entregadas desde lo oculto, lo sencillo… desde el silencio de la vida cotidiana

Llego a la conclusión de que no hay nada más incomprensiblemente eficaz que el amor de Dios derramado de forma gratuita a través de lo humano. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> *Nota de la Redacción: Extracto del artículo “La ‘filosofía de vida’ de Jesús de Nazaret” de José I. González Faus publicado en Sal Térrae 1988/04. Se encuentra en www.mercaba.org/Fichas/Reino_de_Dios/la_filosofia_de_la_vida.htm


esperanza y amor

esperanza y amor

LA “SPE SALVI” DE BENEDICTO XVI
Diez claves y siete comentarios
JOSÉ IGNACIO CALLEJA
VITORIA-GASTEIZ.

ECLESALIA, 03/12/07.- 1. Que el Papa, a través de la esperanza, vuelva de nuevo a la convicción cristiana de que Dios es Amor, y que lo es con el rostro de Jesús, el Cristo, y que esta Buena Nueva nos redime como esperanza ya sí realizada en la historia, transformando a fondo nuestro vivir, mientras anhelamos su pleno cumplimiento, todavía no, sin huir de la tierra, esto me convence (nn 1-3). Si el cristianismo histórico se renueva una y otra vez en esta experiencia del Dios de Jesús, y no en cualquier otro interés o temor, tiene mucho que aportar al mundo y a la propia Iglesia.

2. El concepto cristiano de esperanza (nn 4-9) es peculiar en la relación que establece entre el ya sí de su historicidad y el todavía no de su plenitud escatológica; entre su naturaleza de don y gracia, y su verdad de tarea y compromiso vital. La unión de ambos momentos o dimensiones es radical e indisoluble. Para mostrarlo, la encíclica lee distintos pasajes neotestamentarios y apunta una conclusión muy interpelante: La esperanza cristiana “transforma desde dentro la vida y el mundo”…“aunque las estructuras externas permanezcan igual”…“los cristianos… pertenecen a una sociedad nueva, hacia la cual están en camino y que está anticipada en su peregrinación”(n 4). (Esta idea tan importante, - añado por mi cuenta-, nos obliga a preguntar si no conlleva una idealización de la redención en cuanto liberación humana; si no está introduciendo un principio de deshistorización absoluta de esa sociedad; subrayo lo de “absoluta”).

3. La fe cristiana, sigue diciendo la Spe salvi, ¿es para nosotros, también, y ahora, una esperanza que transforma y sostiene nuestra vida, o es sólo información de unos hechos salvíficos más o menos arrinconados o privatizados? (n 10). La esperanza cristiana no es individualista, una expectativa privada de entrar en el cielo (n 13). Ésta ha sido nuestra manera de verla hasta hace poco, pero no debe ser así; la salvación cristiana es comunitaria y personal, porque ser hombre es vivir existencialmente abiertos a un “nosotros”, a un “pueblo”, a un “sujeto universal” que mira como su anhelo a “la comunidad escatológica de los salvados”; y, por eso mismo, a la construcción del mundo presente (n15). (Hubiera sido interesante –añado por mi parte- explicar más profunda y directamente este vínculo sacramental entre ambas dimensiones de la salvación).

4. Y, ¿qué ha pasado para que la fe-esperanza cristiana (sic), haya sufrido la transformación individualista y espiritualista de la época moderna? (n 16). La modernidad ha propuesto otra redención y la ha fundado en la libertad individual y en la razón científica; ha creado, así, otra fe, la fe en el progreso, y, con su praxis consiguiente, ha desplazado a la fe cristiana desde el ámbito público e histórico al privado y ultramundano (n 17). La actual crisis de fe (cristiana) es, por tanto, “crisis de la esperanza cristiana”, crisis de su propuesta salvífica universal frente a la “fe en el progreso tecnocientífico” y su “esperanza” de cortas miras.

5. Este proceso cultural ha adquirido significados políticos (n 19), cuando la esperanza redentora moderna cristaliza, primero, como “revolución francesa” (revolución liberal-burguesa de la libertad y la razón) (siglo XVIII); y, después, como “revolución proletaria” (siglo XIX), revolución de la “política con pretensiones científicas” (n 20), y obediente a un materialismo craso y ajeno al ser humano en cuanto tal.

6. Luego, ¿qué autocrítica no necesitará la edad moderna al dialogar con el cristianismo del presente y su concepción de la esperanza? ¿Cómo no va a ser un diálogo purificador para ambos? En particular, necesitamos reconsiderar la idea de progreso y su significado; técnico, sí, pero también y aun antes, radicalmente humano (n 22) y, por tanto, ético, y si ético, religioso, pues, sin el reconocimiento de Dios, “el hombre queda sin esperanza”. “La razón necesita de la fe para llegar a ser totalmente ella… razón y fe se necesitan mutuamente para realizar su verdadera naturaleza y misión” (n 23). (Es evidente, -añado por mi parte-, que éste es un lugar irrenunciable de la reflexión filosófica y ética de Benedicto XVI y de toda la Doctrina Social de la Iglesia. Lo cual es muy razonable, pero me gusta añadir que debemos pensar formas de argumentar que diferencien bien cuándo hablamos a la luz de la revelación (fe) y cuándo de la sola inteligencia humana (razón). Como fuentes convergentes y coherentes, desde luego, pero que admiten distinta pretensión en cuanto a la certeza, y distinta clase de competencia para nosotros. Lo cual es muy importante al aclarar el lugar de la Iglesia en una sociedad democrática y políticamente laica, y al precisar la autonomía, la interdependencia, y el mutuo respeto de la política a la fe y de la fe a la política. Lo he desarrollado a menudo).

7. La libertad humana, la libertad personal y comunitaria, es insoslayable e irrenunciable, siempre, y las estructuras también son “necesarias” (n 24a). “Las buenas estructuras ayudan”, pero “por sí solas, no bastan” (n 25). El cristianismo histórico ha hecho cosas muy buenas por la formación de los hombres y por los pobres, “pero se ha concentrado en gran parte sólo sobre el individuo y su salvación” (n 25). Sólo el Amor incondicionado del Dios Amor, manifestado en Cristo, en “su ser para todos”, nos redime plenamente, a todos y cada uno; sólo esa realidad nos redime en esperanza total y absoluta (n 27). De la experiencia personal del Dios-Amor al amor profundo a Dios. De este amor deriva nuestra “participación en la justicia y en la bondad de Dios hacia los otros… el amor de Dios se manifiesta en la responsabilidad por el otro” (n 28). Y de ese amor deriva la libertad interior, la generosidad y el desprendimiento, la responsabilidad de todos con todos. Porque la esperanza del mundo es Dios, “el Dios que tiene un rostro humano”, un rostro de amor, el Dios “cuyo reino está presente allí donde Él es amado y donde su amor nos alcanza” (n 31). Hay lugares precisos donde esto se aprende y se practica (nn 32-48). (Es evidente, -añado por mi parte-, que esta reflexión es muy bella, si bien el lector podrá observar, a mi juicio, que es muy abstracta o poco concreta, otra vez, desde el punto de vista de nuestra condición histórica y social).

8. Los “lugares” de aprendizaje y ejercicio de la esperanza cristiana son, por ejemplo, la oración (n 32): en el mundo y sincera, solidaria, honda y madura; y lo es el actuar desde la esperanza que nos redime del cansancio, el desánimo y el fanatismo. Y, sobre todo, una advertencia: No podemos construir “el reino de Dios” (n 35) con nuestras fuerzas, pues “lo que construimos es siempre reino del hombre… el reino de Dios es un don… y constituye la respuesta a la esperanza” (n 35), si bien, “nuestro obrar no es indiferente ante Dios… y tampoco es indiferente para el desarrollo de la historia” (n 35). (Es aquí, -añado por mi parte-, donde más desencarnado encuentro el discurso de Benedicto XVI. Al no referirse a la relación don-tarea en cuanto al crecimiento histórico del Reino de Dios, o, en otro lenguaje, como gracia y compromiso, por más que podamos ver esa relación sacramental con mayor pesimismo histórico (una y otra vez, fracasada), o con mayor optimismo (una y otra vez aportando aspectos nuevos y buenos); al no mencionar la realización del Reino de Dios, en cuanto realidad ya sí presente en la historia por Jesucristo, como realidad verificada en la dimensión social de la evangelización de la Iglesia, en el ecumenismo por la justicia y la paz de todas las Iglesias, y de todas las religiones, y en el valor sacramental para el Reino de Dios de las mejores realizaciones históricas del ser humano en cuanto tal, lo que llamamos acción liberadora o humanizadora en sus mejores logros, ¡algunos tendrá!, verdaderamente queda muy recortada la universalidad de la acción salvífica de Dios en Cristo en su dimensión de encarnación histórica).

9. Otro gran lugar de aprendizaje y práctica de la esperanza es la experiencia personal de sufrimiento y, en su caso, de lucha contra él. Es lógico y digno luchar por la desaparición del sufrimiento, pero, ante situaciones de imposibilidad, hemos de encontrar ahí un sentido redentor a la luz de Cristo (n 37). Y aquí desarrolla la encíclica una gran reflexión sobre el sufrimiento y los que sufren (n 38), convencido el Papa de que es ahí donde se juega la grandeza de la humanidad. (Y otra vez, -a mi juicio-, una lectura cristiana del problema en clave casi exclusivamente “personalista”, exigente para cada uno, ¡y mucho! (n 39), pero sin referencias nítidas hacia la consideración “política” del problema, el que atiende también a las causas y consecuencias en su carácter social o estructural. Este personalismo hermenéutico se impone una y otra vez en la dialéctica con el político, hasta, a veces, como aquí, desaparecer el segundo por completo).

10. El Juicio final, puesto en relación con “el reconocimiento de que la injusticia de la historia no puede ser la última palabra en absoluto”, es el último lugar de aprendizaje y práctica de la esperanza que se nos propone. No es el hombre quien puede hacer justicia absoluta, sino sólo Dios, y Dios no falla. En Cristo, Dios “revela su rostro precisamente en la figura del que sufre… y comparte la condición del hombre abandonado por Dios, tomándola consigo. Este inocente que sufre se ha convertido en esperanza-certeza: Dios existe” (n 43). La justicia es el argumento más fuerte a favor de la fe en la vida eterna, y lo es en cuanto justicia absoluta o final contra las injusticias de la historia (n 43). Sólo Dios puede crear justicia absoluta para todos, sin provocar miedo en los hombres, pero sí responsabilidad ante ese día y hora (n 44). La gracia no excluye la justicia. Eso sí, la abre plena de oportunidades a la salvación. María es la estrella de la esperanza definitiva junto a Dios (n 49-50). (Hermosas y atrevidas palabras en la pluma de Benedicto XVI, -añado por mi parte-. Y una segunda observación personal. Ahora sí se atiende a la justicia histórica como clave de nuestra justificación final, pero no en cuanto a si nos hemos comprometido activamente con ella, sino en cuanto al fracaso que introduce en la historia y que la esperanza en Dios no puede reconocer definitivo. Es una asunción demasiado idealista, creo. A mi juicio, hubiese ganado mucho el texto si hubiese hablado en clave, también, del valor del compromiso cristiano por la justicia como testimonio de su esperanza). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


acontecer

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SOMOS UNA ESPERANZA
Reflexiones tras la I Asamblea de Redes Cristianas
JOSÉ MARÍA GARCÍA-MAURIÑO
MADRID.

ECLESALIA, 30/11/2007.- Después de la celebración de la I Asamblea de Redes Cristianas el 10 y 11 de Noviembre de 2007, a la que asistieron más de 500 personas de todo el Estado español, pertenecientes a distintas comunidades y grupos, podemos hacer algunas reflexiones. La primera, que no importa tanto lo que somos, como lo que hacemos. La pregunta por lo que somos, proviene de la filosofía griega de Aristóteles. La pregunta por lo que hacemos proviene de la teología del Nuevo Testamento. Lo que importa no es el Ser filosófico, el conocimiento, la doctrina, sino el Acontecer, la vida, la experiencia, el compromiso. Jesús no vino a impartir una doctrina, sino a mostrarnos con su vivir un proyecto de vida para construir un mundo justo y fraterno. Redes responde a la segunda pregunta con su acontecer, con su vida, con su trayectoria incipiente, con su coordinación. Esta primera Asamblea es un serio acontecer de Redes Cristianas. No nos ha convocado nadie, ninguna instancia superior nos ha propuesto el orden del día, ni los contenidos, ni siquiera el lugar del encuentro. Nos hemos autoconvocado nosotros, nos hemos trazado el contenido de los talleres, el orden del día, incluso el sitio donde celebrarlo. Es un acontecer horizontal, participativo, democrático, no jerarquizado. Es más importante la ortopraxis que la ortodoxia.

La segunda reflexión, los objetivos que nos proponemos indican un caminar nuevo, distinto al tradicional. Supone fijarse unas metas que tienen como orientación ser otra voz crítica y alternativa. La primera voz que se oye en el ámbito cristiano es la de la jerarquía católica. Respetamos los pronunciamientos de los obispos, pero tenemos otra forma distinta de ver las cosas. Nuestra voz es crítica, no insultamos ni descalificamos a nadie. Crítica, porque tratamos de ver las causas que producen estas terribles diferencias entre el Norte rico y el Sur pobre, los problemas del mundo, la falta de fraternidad y de igualdad, en esta misma iglesia actual. Estimamos que tan hermano, tan igual es el obispo como el monaguillo. La mujer como el hombre. Todos somos hijos de un mismo Padre del cielo. Nadie es superior a nadie, nadie es inferior a nadie en la comunidad cristiana. Nadie impone a otro su manera de pensar o de sentir. Trabajamos en un proceso temporal, participativo y horizontal. Todos y todas somos importantes.

Y es alternativa, porque vamos rompiendo moldes antiguos que ya no sirven para encajar el presente o el futuro y vamos creando otros nuevos. Vamos realizando un cambio de paradigma. Nuestras preocupaciones giran en torno al eje del Reino de Dios. Y sabemos que la Jerarquía no es la Iglesia, la Iglesia no es el Vaticano, y desde luego, el Vaticano no es el Reino de Dios. Los obispos y la organización jerárquica de la Iglesia, son una anécdota sin trascendencia, al lado de los grandes problemas que aquejan a la humanidad, como son sobre todo los pobres, el hambre, las guerras, las enfermedades, la pobreza y miseria de miles de millones de seres humanos, la falta de respeto a la Tierra, el militarismo, el terrorismo internacional, la violación constante de los derechos humanos, etc. Ante este panorama, la mayoría de los colectivos de RC nos embarcamos en una lucha constante contra la perversidad de este sistema capitalista que domina y aplasta a la humanidad.

La tercera reflexión, es que este proyecto de Redes es ilusionante para multitud de personas que ven una posibilidad de vivir su cristianismo de forma distinta. Formamos una red, un espacio abierto, en un ámbito sin fronteras, que se puede extender a escala planetaria, internacional. Vivimos a la intemperie, indefensos, es decir, no protegidos por estructuras jurídicas, eclesiales, o políticas. No estamos amparados por las altas esferas eclesiásticas. No somos una asociación canónicamente reconocida. No somos bien vistos por los obispos. Actuamos desde la opción por los pobres, que no se queda en bonitas declaraciones, en buenas intenciones o letra muerta. Es un compromiso serio con los excluidos, los inmigrantes, los trabajadores. Decimos lo que pensamos y creemos, porque sabemos que en la Iglesia existe un pluralismo y no un pensamiento único. No tenemos miedo a las represalias que nos puedan venir desde lo alto. No vamos en contra de nadie, pero creemos que existe otra manera de vivir nuestra fe, distinta de la que nos proponen los jerarcas de esta Iglesia, más independiente, más libre, más adulta. Nuestra fe no se apoya sólo en verdades dogmáticas, es ante todo un estilo de vida. Nos esforzamos en seguir a una persona, a Jesús de Nazaret, no a unas doctrinas. No admitimos los dogmatismos. Apostamos por otro mundo posible. Los problemas los miramos desde la opción por los pobres y desde esta plataforma tratamos de contribuir a la transformación radical de la realidad eclesial y social. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).