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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Reflexiones

de noche

de noche

CON NOCTURNIDAD
Es la hora de las tinieblas
JUAN YZUEL - Ciberiglesia.net
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 17/03/08.- A Jesús lo fueron a arrestar de noche, y él increpó a los acompañantes de Judas: "Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido. A diario he estado enseñando en el templo, y no me apresasteis..."

Hoy, como entonces, como en tantos momentos antes, las vidas y las puertas de mucha gente buena han sido arrancadas a patadas, de noche, por los poderosos y sus sicarios. Hoy, como entonces, millones de inocentes han sido arrastrados a culatazos hacia Sanedrines, tribunales populares, consejos de guerra o simples jaurías humanas para ser crucificados, ahorcados, quemados, apedreados o fusilados en las cunetas de la Historia.

Jesús hizo suya la causa de los más pobres y débiles, los olvidados y los marginados. Y acabó haciéndose totalmente uno con ellos, sometiéndose incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Al compartir la Eucaristía, asumimos plenamente participar con él del mismo cáliz, de la misma entrega, de la misma suerte. De allí la obligada pregunta: ¿En qué bando estoy yo?, ¿con quienes podrían ser arrastrados a patadas o con los que llegan con palos a prender a otros? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

se puede

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¿INVISIBLES? ¿ ?
VICTORIA EUGENIA BRAQUEHAIS CONESA

ECLESALIA, 14/03/08.- “¿Qué es eso de hacer invisibles a las personas? Parece algo de la literatura más que de la vida real”. Eso decía un correo que acabo de recibir y por eso estoy escribiendo estas líneas, porque no quiero que me hagan invisible por usar la razón ni que otros sigan invisibles en nuestra conciencia.

Visibilizar es, entre otras cosas, narrar, porque “la narrativa es el arte primordial de los humanos” (Montero, R. La loca de la casa. Ed. Punto de lectura. Madrid 2007) y las personas necesitamos contar historias, crear relatos. La invención de la escritura marca la división entre la Prehistoria y la Historia. A través de las palabras podemos mirar nuestra realidad, imaginar mundos diferentes, recrear la cotidianeidad, y percibir destellos de inmortalidad. Necesitamos la ayuda de las palabras para ordenar y dar forma a nuestro mundo. Gracias a las palabras han surgido universos mágicos que escondían o en los que se escondían “invisibles” faunos, duendes y hadas... A lo largo de los siglos, han brotado cientos, miles de historias, para expresar mundos interiores y modos de entender la existencia humana.

Las palabras también nos sirven para describir lo que nuestros ojos preferirían no ver. En la lengua castellana, “invisible” significa “que no puede ser visto” (http://buscon.rae.es/draeI (9/03/08)) y eso es lo que precisamente sucede con tantas víctimas de la violencia, del odio, de la opresión, de la desigualdad. Hace tan sólo 60 años más de 6.000.000 de judíos murieron exterminados en los campos de concentración; de nuevo se están revolviendo las turbulentas aguas de los Balcanes; cientos de inocentes han muerto literalmente congelados de frío en Afganistán... Nunca ha estado nuestro mundo tan necesitado de ese instrumento tan frágil, tan preciado, tan vulnerable, tan hermoso, como es la palabra humana. Hablar del drama de los pueblos “invisibles” supondría llenar muchas páginas para compensar el vacío de los medios sobre los conflictos olvidados, la explotación laboral infantil, el uso de la violación como instrumento de guerra, las muertes por hambre, la falta acceso a la sanidad o a la educación, entre otros muchos casos. La “invisibilidad” no afecta sólo a la Literatura, sino a las existencias cotidianas de millones de seres humanos, la mayoría del planeta Tierra.

En “Cartas a Nora”, la historia que abre el documental “Invisibles”, producido por Javier Bardem para Médicos sin Fronteras, se nos habla de “aquellas personas que no queremos ver, pero que acaban apareciendo detrás de nuestros miedos y aprensiones, entre otras cosas, porque nunca dejaron de existir” (http://www.formulatv.com/1,20070326,4077,1.html (9/03/08)). Con fecha de 25 de febrero de 2008, nuestras misioneras escribían:

“El viernes vimos "Invisibles", es escalofriante oír a las mamás que tan solo viven a unos 500 Km. de Lubumbashi. Todo es muy real, Cruz Roja Internacional da como media unas 2000 al mes las mujeres que son víctimas de violencia sexual en el Este”.

Pensemos en la “invisibilidad” que padece el pueblo Saharaui. El Sahara Occidental fue territorio español desde finales del siglo XIX hasta el año 1976. En el año 1975 estaba previsto un referéndum de autodeterminación, organizado por el gobierno español, mediante el cual este pueblo iba a decidir su futuro libremente. Marruecos y Mauritania deseaban anexionarse el país y, aprovechando la coyuntura política de España, impidieron al pueblo saharaui expresarse libremente. Casi 25 años más tarde, este pueblo sigue luchando por su identidad y por sus costumbres, pero olvidado en la mayoría de los casos por la comunidad internacional.

En el Foro de Vida Religiosa celebrado en Palma el 8 de marzo de 2008, Día de la Mujer, los religiosos pedimos perdón por ignorar aquello que nos molesta o complica, por nuestros silencios y conformidades, por nuestra voluntad de dominación. Avivamos en nuestro corazón la presencia de Jesús que supo romper moldes y superar costumbres que dejaban en las orillas de la vida a unas personas mientras que enaltecían a otras. Allí pusimos en común nuestro deseo de hacer visibles a todas las personas, poniendo de manifiesto su igualdad y dignidad. En concreto, las mujeres consagradas expresamos que no queremos ser sólo el “corazón” de la Iglesia, sino también la “cabeza”. Esto implica la reflexión teológica, científica, literaria y cultural en general; supone un acercamiento a la lectura y conlleva, en la medida de lo posible, escribir sobre lo que descubrimos, pensamos y vivimos. En ese proceso de cambio, la educación en general y la enseñanza en particular tienen un papel fundamental. También lo tienen el diálogo con las otras confesiones y con el mundo laico. Hay que aunar fuerzas para combatir la violencia de género y para favorecer la cooperación al desarrollo. Son dos caminos que harán caer muchas barreras, muchos muros y muchos prejuicios.

Hay una magnífica novela de Rosa Montero, Historia del Rey Transparente, que nos habla de la fuerza de la palabra, de la importancia del diálogo y de los peligros del fundamentalismo. Porque no sólo la marginación puede hacernos “transparentes” o “invisibles”, sino también el abuso de poder y la manipulación, que al final acaban destruyéndonos a nosotros mismos. Si no nos dejamos obnubilar por ese poder, cada uno de nosotros puede aportar algo para hacer de este mundo un lugar más habitable. Y todo esto pertenece a la vida real, no a la Literatura. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


se busca

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LA BÚSQUEDA DE DIOS HOY
MIGUEL ESQUIROL VIVES
COCHABAMBA (BOLIVIA).

ECLESALIA, 11/03/08.- Se dijo que para encontrar a Dios hacía falta algo de ascesis, de sacrificio, de oración, pero hoy no se habla de ascesis ni de sacrificio, tampoco de oración y no mucho de Dios y si se habla de Él, es de un dios etéreo, como si no se hubiese encarnado nunca o se hubiese desencarnado para siempre o un dios al gusto de cada uno.

La búsqueda de la felicidad, de la paz, de Dios no está en la ascesis ni en la abnegación ni el sacrificio a secas ni en las plegarias, sino, sobre todo, en la aventura de todos los días de comprender al otro, de acercarse al otro, de hacerse el otro, como nos enseña el mito profundo de la encarnación.

Ponerse en el lugar del otro, en la piel del otro, como primer paso para salir de nosotros mismos, esta es la ascesis de hoy, es ese vaciamiento como el de Dios al hacerse humano y que hoy se nos presenta urgente en la era de la comunicación. Actitud indispensable para el diálogo auténtico y constructivo, para una nueva convivencia humana, para unas más justas relaciones familiares, económicas, educativas, laborales, políticas y sociales y sobre todo para la amistad y para el amor y desde luego para el diálogo político, para vivir en democracia, en comunidad, para el diálogo intercultural, para el diálogo ecuménico e interreligioso.

Diálogo que se alimenta de silencios, lo que se llamaba oración, pues como dice Javier Melloni, jesuita: “Urge encontrar la manera de disponer de tiempos y espacios diarios de silencio, que permitan asimilar las vivencias experimentadas en el transcurso del día. El ser humano crece cuando dedica tiempo a acoger lo que le es dado para vivir, para hacerlo propio y después ofrecerlo.” Esto nos enseñaría a escuchar antes de hablar, a pensar ante de decir, nos enseñaría a dialogar y por tanto a encontrarnos con el otro, con el Misterio profundo personal y comunitario que se ha llamado Dios.

En este comienzo del siglo XXI, me parece que uno de los signos más importantes de la manifestación de Dios es el diálogo, la ausencia de diálogo es la ausencia de Dios, Jesús es palabra, pero sobre todo es diálogo, diálogo tan necesario en un mundo polarizado y en una iglesia también polarizada. Hoy necesitamos más del diálogo que del Dios que nos enseñaron nuestros padres, que más que unirnos nos divide. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

se vive

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Con Dios al fondo
DEL “SUPERHOMBRE” AL "SUPERMERCADO"
Reflexiones sobre Nietzsche en clase de filosofía
CÉSAR ROLLÁN, profesor
MADRID.

ECLESALIA, 10/03/08.- Cuando Nietzsche habló de la “muerte de Dios” anunció la llegada de un ser humano superior que “transvaloraría” los valores cristianos. La intuición de Nietzsche marcó la historia de la filosofía con el sello de la voluntad de poder: la persona es capaz de otorgarse una moral liberada de la esclavitud doctrinal de la religión y de todo tipo de deber. “Superhombre” es aquel que tiene voluntad para poder superar el arraigo de la moral cristiana y volar con valores nuevos.

Friedrich Nietzsche falleció en los primeros balbuceos del siglo XX o, si se quiere, en los últimos estertores del XIX. Cien años después, ya en el siglo XXI, los “Derechos Humanos” nos ofrecen la posibilidad teórica de vivir plenamente como personas, pero es el “supermercado” el que ha realizado la verdadera “transvaloración” de los valores cristianos.

Hoy en día, la economía es la piedra angular de nuestra sociedad y el beneficio el único mandamiento. Consumo es sinónimo de libertad, autoridad y creatividad. El sistema de las sociedades occidentales genera necesidades, compromisos, anhelos en los que todos sucumbimos. Estamos capturados en una red inmensa de retículas tan pequeñas que nos impiden pensar tan siquiera, en otro mundo posible.

De todas estas cosas hablábamos el otro día en clase de filosofía de segundo de bachillerato. Hubo muchas intervenciones, algunas apelaban a la historia que nos ha hecho ser como somos, otras a la utopía de frenar este consumo constante y siempre a costa de cantidades ingentes de empobrecidos.

No ha sido el “superhombre” sino el “supermercado” el que ha conseguido liberar a la sociedad de la compasión, la igualdad, la templanza, el amor al prójimo y se ha encumbrado por encima de pueblos enteros sobre los que desata su egoísmo, avaricia, injusticia, causando muerte y destrucción.

Fue una clase muy interesante. A todos nos hizo pensar. Quizá hayamos empezado a cortar la red que nos retiene. Quizá veas tú también un poco más allá del cerco de occidente. Quizá así comencemos muchos a vivir de otra manera; Dios vive cuando se vive así. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

de urnas

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URNAS NUEVAS - TENTACIONES VIEJAS
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@orange.es

ECLESALIA, 25/02/08.- Hay cosas difícilmente explicables. Que personas cristianas voten a partidos materialistas, enemigos declarados de su propia Iglesia. Que se alineen con gente agnóstica o atea que "ni teme a Dios ni respeta a los hombres" (Lc 18,2). Que aten su voto a unas siglas porque contiene tal palabra atractiva. Que prefieran políticas fracasadas en el pasado. A la vuelta de la esquina tenemos el estrepitoso fracaso mundial del comunismo. Y, un poco más allá, las aberraciones del nacional-socialismo fascista cuya erradicación necesitó una guerra mundial.

Uno no se explica que haya cristianos que voten por impulso, sin analizar los principios y programas del partido al que votan, sin ver si sus votos horadan su propio tejado. Que cierren los ojos a la historia y olviden lo que pasó cuando gobernaron esos en los que dicen confiar. Aún menos explicable que dejen de votar, que se sacudan su participación en la construcción del Reino en el que dicen creer. Caen de bruces en la tentación del talento enterrado (Mt 25,24) y desprecian su "poder de decidir" sobre el curso de nuestra historia.

Ningún partido representa los ideales cristianos. Ni siquiera aquéllos que incluyen nuestro nombre en su denominación política. Pero los hay que coinciden más con nuestros principios. Ese grado de coincidencia es lo que hay que analizar tanto en sus programas como en las experiencias que ya tenemos de ellos.

Por ejemplo: ¿Qué opinan sobre la familia, el matrimonio, la vida, la religión, la enseñanza? No se trata tanto de si ponen más o menos dinero sobre la mesa. Se trata, sobre todo, de si creen en estas realidades básicas, si colaboran en su construcción o en su descomposición. Hay realidades sociales cuyo deterioro arruina al propio ser humano.

Otro ejemplo: ¿Qué medios de comunicación promueven? ¿Los que difunden valores y promocionan al hombre o los que contaminan, manipulan, degradan y embrutecen? No podemos olvidar que los medios modernos son una parte importante del "ambiente humano" que respiramos.

Por desgracia, estamos acostumbrados a la sutil o descarada demagogia[1] de algunos partidos. Los sentimientos con que más juegan son la solidaridad, la justicia y la libertad. Utilizan las necesidades básicas del ser humano como anzuelo para erigirse en únicos salvadores. Conmigo "pan y circo" -vienen a decir- y después "haz lo que quieras".

Estas tentaciones son muy antiguas. Jugar con el hambre es diabólico. Prometer libertad sin límites también. Hace casi dos mil años "el tentador se acercó y le dijo: Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. Pero Él respondió: Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,3). Es la tentación del pan, es decir, la tentación del materialismo.

Hay quienes creen en la diosa Democracia o en el dios Estado resucitando un absolutismo de nuevo corte. No existen leyes previas, ni instituciones naturales, ni respeto a la naturaleza humana, ni nadie que la trascienda. Todo es circunstancial y mudable. El imperio absoluto de la mayoría lo rige todo. Es la tentación del laicismo deicida[2]: "Todo esto te daré si te pones de rodillas y me adoras. Jesús le dijo: Retírate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás" (Mt 4,9).

Y, por supuesto, no podía faltar la primera tentación de la humanidad, la tentación del autosuficiente libertinaje[3]: "Entonces la serpiente dijo a la mujer: ¡No, no moriréis! Antes bien, en el momento en que comáis se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses" (Gn 3,4).

Estos redivivos tentadores son los que afirman que la fe es del ámbito privado y para nada puede ni debe influir en la vida pública.

Estas tentaciones deberían ser conocidas y detectadas por los cristianos. No deberíamos ser ingenuas piezas de ávidos cazadores. Tendríamos que saber distinguir quién está con nosotros y quién contra nosotros: "El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo desparrama" (Mt 12,30). Por desgracia, los apasionamientos, los resentimientos del pasado, la ignorancia, la falta de interés por ver y analizar, oscurecen o paralizan a muchos.

Sigo defendiendo, como los griegos, que hay que elegir a "los mejores", a los más capaces, preparados y experimentados. "¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?" (Lc 6,39). Y, como la perfección no existe, en realidad hay que votar a "los menos malos", los que menos contradigan mis principios cristianos, los que hayan demostrado su honradez y su capacidad para hacernos avanzar. Éstos, precisamente éstos, son los que mejor consiguen la solidaridad, aunque no la utilicen como señuelo, porque cuando la nación mejora mejoramos todos. Un político honesto que comparta nuestros valores apoyará a los más frágiles. Está en el corazón de nuestro ideario. Pero hay que distinguir entre los que sirven a los pobres y los que se sirven de ellos.

No merecen el voto de los cristianos quienes quieren recluirnos en las sacristías, silenciarnos o excluirnos de la vida pública. O quienes pretenden amordazar a nuestros Obispos y amedrentarlos con la eliminación de las ayudas estatales.

Si políticos de cualquier pelaje quieren darnos lecciones de justicia, estudien primero la "doctrina social de la Iglesia". Si prefieren realidades, hagan recuento: colegios, universidades, guarderías, orfanatos, hospitales, leproserías, asilos, centros de día, comedores, refugios, roperos, talleres, dispensarios, asesorías, voluntariados, etc. En nuestra nación y por todo el mundo. Después dígannos si no son ellos los deudores y si insisten en que mejor estábamos en la cuneta.

Desde luego yo no me dejaré engañar por buhoneros de feria que hacen negocio con los sentimientos de los más humildes para conseguir cómodas poltronas y pingües beneficios. Una vez más, “por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,16). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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[1] Demagogia: "Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder" (DRAE).
[2] Laicismo deicida: Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa, negando toda Trascendencia o leyes emanadas de ella.
[3] Libertinaje: Desenfreno en las obras o en las palabras. Falta de respeto a la religión.

de campaña

de campaña

Comienza en España la campaña electoral para las elecciones generales del 9 de marzo de 2008
ACTITUDES POLÍTICAS PARA UNA VIDA CRISTIANA
JOSÉ IGNACIO CALLEJA, profesor de Moral Social Cristiana
VITORIA-GASTEIZ.

ECLESALIA, 21/02/08.- Cuando pensamos en nuestras opciones “políticas”, en toda la gama de supuestos que van desde la simpatía y la opinión, hasta el voto y la afiliación, los cristianos estamos habituados a recordar amplias relaciones de criterios morales para el caso. Los criterios son, generalmente, los mismos, con la acomodación en su orden y matices al tiempo preciso en que se nos ofrecen. Según qué problemas políticos destaquen en ese momento, en el ámbito de la llamada moral personal más que en el social, los criterios toman uno u otro sesgo.

Me propongo ahora dar un paso más, y descender un peldaño en relación al discernimiento “político”, buscando la máxima honestidad en nuestra condición de cristianos y ciudadanos.

A tal fin, hablo algunas de actitudes “políticas” y hasta pastorales que pueden ayudarnos a responder mejor a esa identidad doble y única a la vez. Ante el pluralismo de nuestras sociedades y la diversidad de sus convocatorias en la vida pública, ¿qué actitudes “políticas” y pastorales deberíamos primar los cristianos, como individuos, y la Iglesia como realidad social, en orden a nuestro propósito de una evangelización que mejore integralmente la vida humana? Veamos.

- Antes de nada yo reclamaría ser “honestos con lo real”. Una actitud que se sustancia en la voluntad firme y objetivada de conocer los hechos en su verdad y complejidad. Y para ello, dos criterios, conocer conforme a los saberes humanos y sociales más reconocidos, argumentando desde ellos, para escapar en lo posible a las ideologías; y aprender a ponerse en el punto de vista de los otros, especialmente de los más débiles, para conocer qué derechos reclaman o qué razones aducen, si no ha lugar a derechos. Si no nos ponemos de algún modo en el lugar del otro, no hay discernimiento moral propiamente hablando.

- La segunda de esas actitudes viene con la laicidad misma, pues sabemos que ésta se expresa a través de hábitos democráticos y dialogantes en todos, ante el debate cosmovisional, moral y político de nuestras sociedades. Todo nos incita como oportunidad y tarea a un compromiso cívico más y más dialógico y democrático. Como ha dicho Adela Cortina, no deberíamos confundir el pluralismo legítimo, irrenunciable, con el relativismo general, denunciable. Algunos lo hacen a menudo.

- Necesitamos a la vez mantener un talante muy crítico, en el sentido más preciso del término, para salir al paso con buenas razones de la gran vigencia cultural de que gozan los “procesos de descrédito de lo religioso”, es decir, su consideración como pensamiento caduco y convicciones anacrónicas, casi siempre, y totalmente subjetivas, siempre. En castellano, que lo cortés y debido, el diálogo, no quita lo valiente, el razonamiento y el testimonio de la fe.

- Ha de ser algo natural recordar que una sociedad tan racional, argumentativa y procedimental como la nuestra, sigue teniendo su mínimo moral inexcusable en los derechos iguales de los más débiles. Este elemento básico es irrenunciable. ¡Alto a los planteamientos democráticas “inocentes”! El debate siempre tiene que ser democrático, incluso cuando alcanza formas de objeción de conciencia, pero el fundamento último de lo bueno y de lo malo no son los procedimientos electorales. Esto es delicado, pero hay que saber ser demócrata, obrar en consecuencia y, sin embargo, poder decir cuándo a uno le parece que la democracia se ha quedado muy corta en su ley, respecto a los derechos de los más débiles.

- Sabemos que la ley debe proteger aquello que es imprescindible para el bien común, y esto exigimos de su parte, pero el cambio de ideas es un acto de libertad que corresponde, en conciencia, a cada ciudadano. Si hay que practicar, en su caso, la objeción de conciencia, hablemos directamente de esto y veamos cuándo, cómo y por qué.

- Sabemos vivir en medio de un pluralismo social y eclesial inconfortable. En el caso de la Iglesia, conocemos los criterios capaces de sostener el equilibrio imprescindible en esa experiencia; hablamos de Jesucristo, los pobres, la caridad y la comunión en la tradición viva de la Iglesia, conducidos por los “Pastores”; en el caso de la sociedad, hablamos de los derechos humanos de todos, y todos, y del principio de solidaridad entre todos, y especialmente con los más débiles y olvidados.

- Vigilamos el respeto de los derechos humanos en la Iglesia, y en nuestra acción pastoral, y su recuerdo no nos incomoda por “política”, sino por lo que tiene de interpelación “moral” y “evangelizadora”. Además, si se piensan desde la fraternidad evangélica, mejor se podrá reconocer su riqueza de matices y efectos democratizadores en la Iglesia[1].

- Queremos servir a la gente, sin ignorar aquello en que el mundo quiere ser servido; aspiramos a un discernimiento, de ida y vuelta, entre la Iglesia y los diferentes grupos de la sociedad. Cómo y en qué quiere la gente ser servida y si podemos hacerlo, o no, y por qué, estas son las preguntas que nos ocupan.

- Más allá del derecho que nos pueda asistir, como Iglesia, en una sociedad democrática, nos importa cómo somos percibidos por esa sociedad a la que queremos evangelizar y por qué razón las cosas suceden así. Argumentar reiteradamente desde el Concordato es un fracaso pastoral y moral.

- Creemos que la mejor aportación cristiana a estas sociedades, plurales, complejas y hasta desconcertadas, ha de consistir en hombres y mujeres de fe, sí, pero con otros hábitos de juicio y de consumo, otra mentalidad o cultura, una manera de sentir e interpretar el mundo que destaca el ser sobre el tener, lo nuestro sobre lo privado y corporativo[2], las personas sobre las cosas, la justicia social sobre el “registro de la propiedad”.

- Más en concreto, pienso que a la hora de elegir soluciones partidistas hay que comparar propuestas reales con otras que también lo son, para no falsificar el discernimiento moral por carencia de sentido histórico. ¡No podemos saltarnos nuestra propia sombra! Y en todo caso, ejemplarizamos la presencia pública en los ambientes y problemas sociales con menor eco político y mediático, es decir, pobres hasta el extremo de no tener poder de presión y negociación. Nos iniciamos además en formas y ocasiones cotidianas de presencia pública comprometida, porque es el camino privilegiado para crecer en conciencia social. Y, siempre que es necesario, compartimos la solidaridad con los mejores empeños “laicos”, renunciando al protagonismo por el hecho de la exclusiva cristiana en su inspiración y reconocimiento social.

- Como cristianos particulares, valoramos la importancia de una comunidad cristiana para vivir la fe con toda la riqueza de sus expresiones; creemos que en ella puede animarse alguna forma de presencia pública (campañas, acciones, proyecto) y hasta de vida alternativa (compartir algo nuestro con los necesitados) y, en todo caso, hallar numerosos estímulos para hacer más fácil la sintonía con la vida digna en todas sus expresiones. “El seguimiento (de Jesús), escribe J. B. Metz, se opone más bien al peligro de una reflexión permanente, piadosa e inútil, que no hace sino reflejarse a sí misma, porque dicho seguimiento empuja a la acción y no admite aplazamientos”.

- Sabemos, por fin, que nada ni nadie nos librará del esfuerzo requerido por un discernimiento prudencial, hecho a la luz del Evangelio, muy atento a una específica situación local (OA 4) y al modo de vida más justo o menos de cada uno. Al fin y al cabo, se trata de aceptar y de ejercer la mayoría de edad que, como cristianos y ciudadanos, nos corresponde. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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[1] Cf., VELASCO, D., Derechos humanos y Doctrina Social de la Iglesia: del anatema al diálogo, Bilbao, Universidad de Deusto, 2000.

[2] Sobre la cuestión de una cultura específicamente cristiana, en una de las propuestas más primitivas, la de la Conferencia Episcopal Italiana, Cf., Evangelizzare il sociale, en Il Regno Documenti 1 (1993) 11-30. (Aprobado el 29.X.92).


ojos abiertos

ojos abiertos

GUÍAS TUERTOS
MIGUEL ÁNGEL GARCÍA PÉREZ
MADRID.

ECLESALIA, 15/02/08.- Nuevamente, nuestros obispos han vuelto a centrar el debate político por unos días. Y ello a raíz de algunas reflexiones emitidas en una nota en torno al sentido del voto en las próximas elecciones generales. Como ya es costumbre, colocándose claramente a un lado del espectro político y provocando malestar en el otro… y en muchos cristianos que estamos cansados del escoramiento permanente de nuestros obispos.

He leído la nota y, salvo matizaciones puntuales, no he encontrado en ella ninguna mentira. Pero tampoco he encontrado toda la verdad. Ni una referencia a una guerra ilegítima, inmoral e injusta, que ha causado ya al menos 150.000 muertos, y a un estilo de relaciones internacionales que ironiza sobre cualquier intento de conciliación, por utópico que sea. Ni una alusión a una forma de hacer periodismo que se caracteriza por la falta más absoluta de respeto al adversario y que tiene su máximo baluarte en una cadena de radio vinculada a la Conferencia Episcopal. Ni una alusión a la desconfianza en la justicia sembrada sistemáticamente por algunos en nuestro país.

Estamos, pues, ante una visión parcial de la realidad. Y si hemos de hacer caso de la introducción de la propia nota, habría que descartar cualquier tipo de malicia en ello. Se trataría, por tanto, de una incapacidad real para ver, de una limitación de la mirada que sólo permite ver una parte de la realidad. De una visión “tuerta”, en definitiva.

¿Cómo se podría haber llegado hasta esta situación? Dos mecanismos se me ocurren para ello, que no son excluyentes entre sí:

Uno constitucional o genético: la Iglesia está sociológicamente estructurada como una gerontocracia endogámica. La edad media de sus gobernantes/servidores es elevada, consecuencia de una elección que en el mejor de los casos se realiza en torno a la edad media de la vida, y que se mantiene hasta una avanzada edad. Por otro lado, el control que mantiene la estructura jerárquica de la Iglesia sobre sus nuevos miembros facilita la perpetuación de visiones que, a fuerza de repetirse de forma reiterada, pueden dejar de responder adecuadamente a la realidad. A nivel biológico, por poner un ejemplo, ninguna especie se caracteriza por el predominio de los más ancianos, que, generalmente, dejan su lugar a individuos más jóvenes y mejor adaptados; y la endogamia reproduce hasta el infinito los errores genéticos, lo que deteriora inevitablemente a la especie multiplicando sus malformaciones, lo que acaba en un debilitamiento evidente de la población. Ambos fenómenos unidos, en el caso de la jerarquía eclesial, favorecen la extensión de comportamientos inadaptados que, curiosamente, alcanzan la pretensión de normalidad.

El otro podría interpretarse, por el contrario, como consecuencia de un comportamiento adquirido: son tantos los guiños que la Iglesia ha dirigido al poder a lo largo de la historia, y a los partidos de derecha en el último siglo, que el ojo afecto puede haber perdido transitoriamente la posibilidad de abrirse.

De ninguna manera se debe entender lo anterior como una negación de la acción del Espíritu en la Iglesia. Más bien, considerando que la acción de Dios en la historia tiene lugar en muchas ocasiones a través de mediaciones humanas, tienen la intención de valorar las limitaciones históricas que pueden reducir la transparencia de estas mediaciones a dicha acción.

¿Qué podemos hacer, pues, quienes, como creyentes, queremos mantener los dos ojos abiertos? Pues aceptar también las limitaciones de las mediaciones humanas, y asumir la imperfección de cualquiera de los proyectos políticos que confluyen a las elecciones. Si desde la derecha política se suele mantener una alta sensibilidad a valores como la tradición, la libertad individual, el mérito y la dignidad de la vida humana en su comienzo y en su final, desde la izquierda se pone más énfasis en la justicia social, la igualdad, la dignidad del hombre entre el nacimiento y la muerte y la búsqueda de nuevos modelos de organización que posibiliten un desarrollo real de los derechos de las personas. Lamentablemente, unos y otros lo hacen a costa de negar al contrario y, con ello, de empobrecer la perspectiva.

Habremos de decidir a quién votamos conscientes de su limitación y, por tanto, de la limitación de nuestro voto. Con una consciencia responsable, que nos lleve a intentar compensar, en nuestra vida y compromiso cotidianos, aquellos valores que descuide la opción política elegida por nosotros, o la triunfante en las contienda electoral. Será posible que algunos podamos llegar a la decisión de no votar, o de hacerlo en blanco, pero eso no nos permite olvidarnos del compromiso personal y diario por una sociedad más justa.

De cualquier manera, nuestra opción electoral será humilde y consciente de su limitación. Y ello nos llevará a aceptar, y no rechazar, al que piense de manera distinta a la nuestra, aún cuando ello no lleve a que dejemos de defender las posturas que creemos más justas. Pero no, desde luego, al modo de los políticos: a costa de reducir la realidad a planteamientos maniqueos y de faltar al respeto político a quienes no piensan como ellos. Y eso que muchos de ellos se reconocen católicos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Con esta postura estaremos contribuyendo, sin duda, a la construcción de una sociedad más justa y democrática, de una política más respetuosa y fiel a la realidad, y de una Iglesia más significativamente evangélica. Y, quién sabe, quizás acabemos consiguiendo guiar a quienes, obispos o no, se empeñan en vivir su vida y su fe con una percepción tuerta de la realidad.


podíamos esperar

podíamos esperar

LA NOTA QUE PODÍAMOS ESPERAR DE LOS OBISPOS
Ante las elecciones generales 2008
CRISTIANOS SOCIALISTAS, 11/02/08
BILBAO.

ECLESALIA, 12/02/08.- Como Cristianos Socialistas hemos hecho un esfuerzo por elaborar una Nota que razonablemente podíamos esperar de los obispos ante las elecciones generales 2008. Está redactada de acuerdo al género propio de los documentos de Iglesia y desde la tradición de la misma. Con ánimo de propuesta y de diálogo.

“1. Voto en conciencia y responsable. Los ciudadanos y ciudadanas españoles hemos sido convocados a las urnas para el próximo 9 de marzo. Como en otras ocasiones ofrecemos a las personas y comunidades católicas y a quienes deseen tomar en cuenta la perspectiva que nace del Evangelio algunas consideraciones que estimulen el ejercicio de un voto que en todo caso debe ser en conciencia y responsable. Creemos que nos habita el derecho democrático y el deber cristiano de proponer criterios de discernimiento moral. La reflexión ética es del todo necesaria cuando se toman decisiones, como en unas elecciones, que han de contribuir al pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todas las personas y a la promoción del bien común.

2. Fe católica y pluralismo político. Hombres y mujeres católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, “una misma fe puede conducir a compromisos políticos diferentes” (Octogesima adveniens n. 50). Este pluralismo no es indiscriminado. Del Evangelio y la Doctrina Social de le Iglesia emanan unos criterios éticos que identifican una inspiración católica de la política. En cualquier caso ninguna opción política se puede identificar con el Evangelio. Los diferentes programas presentan contenidos más próximos o más lejanos a la fe y a las exigencias de la vida cristiana. Hay una tensión irreducible que debe convertirse en contribución y enriquecimiento cristiano de la vida pública. Un voto responsable exige la atención detenida a las ofertas de cada partido y un discernimiento de la tarea realizada a lo largo de la legislatura -“por sus frutos les conoceréis” dijo Jesús (Mt. 7,16)-.

3. Ética de los políticos y electores. Tanto católicos como ciudadanos que actúan responsablemente, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida, que en política es singularmente la consecución del Bien Común. La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas. La legitimación democrática no exime sino que exige a los representantes de la soberanía popular una acción política de acuerdo a los valores éticos compartidos que dimanan de la Constitución y de la Carta de los Derechos Humanos (“En los derechos humanos están condensadas las principales exigencias morales y jurídicas que deben presidir la construcción de la comunidad política. Estos constituyen una norma objetiva que es el fundamento del derecho positivo […] porque la persona es desde el punto de vista ontológico y como finalidad, anterior” -Compendio DSI, 388-).

4. Derecho a la vida y terrorismo. La defensa del inviolable derecho a la vida es el primer valor que debe ser defendido en la sociedad española. No cabe justificación explícita ni implícita de la acción terrorista, ni de sus formas de legitimación ideológica totalitarias y dogmáticas, “el terrorismo es intrínsecamente perverso, nunca justificable” (Valoración moral del terrorismo, 12). La memoria de las víctimas es el mejor antídoto contra el principio de la eficacia política del terrorismo, también la solidaridad y el reconocimiento social hacia sus familiares. Los modos para la erradicación del terrorismo corresponden a los representantes legítimos de la voluntad ciudadana que “pueden con todo derecho inclinarse hacia soluciones diferentes” (Gaudium et Spes, 74) en orden a la consecución definitiva de la paz sobre la base de la libertad y la justicia.

5. Derecho a la vida en el ordenamiento jurídico. En el ordenamiento jurídico se deciden de modo particular como dice Benedicto XVI “valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural”. La Iglesia nunca desfallecerá en la defensa moral del don de la vida, menos aún la más débil. Sin embargo la tradición cristiana no exige imponer estos valores por la persecución a través del código penal al conjunto de la sociedad (cfr. Católicos en la Vida Pública, 40). Corresponde a la prudencia política determinar los modos legislativos más adecuados para una preservación inequívoca de estos valores en situaciones límite y en cada contexto social (cfr. Gaudium et Spes, 36 y 76).

6. La promoción de la familia. La familia es el primer campo en el compromiso social. Es célula fundamental de la sociedad. Su apoyo necesita también medios económicos y legislativos dirigidos a asegurar su lugar primario en la humanización de la persona y de la sociedad. En tiempos en que el vínculo familiar se hace más vulnerable es precisa la promoción de la familia fundada en el matrimonio. En este ámbito familiar y afectivo, en el que hay no sólo humillación y amenaza, sino muerte violenta de mujeres a manos de sus esposos y parejas, es preciso un combate que debe alcanzar sus mismas raíces ideológicas y culturales. Al mismo tiempo el Evangelio es contrario a cualquier tipo de discriminación, también de las personas homosexuales. En Jesús no se puede fundar ninguna mentalidad cultural, por secular que sea, en contra de la dignidad humana. “el sábado está hecho para el hombre no el hombre para el sábado” (Lc. 2, 27). Como ha dicho el actual Papa siendo Prefecto de la Doctrina de la Fe en referencia a la homofobia “la dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones” (1 de octubre de 1986).

7. La opción preferencial por los desfavorecidos. En nuestra sociedad persisten e incrementan múltiples formas de dominación que no son conformes a la dignidad propia de los hijos de Dios. Es criterio central del Evangelio la prioridad de los desfavorecidos y de los últimos. Así lo dice el juicio a las naciones, “lo que hayáis hecho a cada uno de estos mis hermanos menores me lo hicisteis a mi” (Mt. 25, 40). Se han de priorizar políticas como las siguientes: de acogida y de integración de las personas inmigrantes y de sus familias, inspirada en principios de humanidad, vigilando para que no se difunda la tentación de explotar a los trabajadores extranjeros, privándoles de los derechos garantizados a los trabajadores nacionales; también políticas de educación, de salud, de atención social y de vivienda de acuerdo a la primacía del destino universal de los bienes, especialmente pensando en los desfavorecidos, en los jóvenes, los enfermos y las personas dependientes; políticas de empleo, con dignidad y seguridad, porque el trabajo es un derecho fundamental para la persona; políticas dirigidas a impulsar la corresponsabilidad de hombres y mujeres tanto en la vida pública, económica y laboral como en la familiar; políticas de cooperación al desarrollo y de solidaridad con los Países del Tercer Mundo.

8. Bienaventurados los que trabajan por la paz y la justicia en el mundo. El desarrollo económico y técnico ha incrementado la riqueza de forma exponencial. La humanidad tiene al alcance de la mano la superación del hambre, de las grandes enfermedades vinculadas a la pobreza y de las carencias estructurales en educación, trabajo y vivienda. Sin embargo, la desigualdad no sólo persiste sino que se acrecienta. Bienaventurados los que trabajan por la paz y la justicia (cfr. Mt. 5, 9-10). Son urgentes políticas nacionales y a escala internacional bajo el principio de que la persona, no el capital, constituye el centro de la vida económico-social. Han de eliminarse las enormes desigualdades económico-sociales. Lejos de la cooperación, se incrementan los conflictos bélicos y terroristas. “Nunca más la guerra” (Juan Pablo II). Las diferentes culturas y países deben cooperar hacia la construcción de un orden mundial más justo, solidario y en paz. En nuestro mundo globalizado la moralidad de la política internacional es una exigencia moral de primer orden. Una justa concepción del desarrollo ha de incorporar también la cuestión ecológica y la necesidad de políticas que preserven solidariamente el don de la Creación a futuras generaciones. “Es necesario un sí decisivo en las decisiones para proteger la creación, así como un compromiso firme para cambiar las tendencias que arriesgan con llevar a situaciones irreversibles de degradación” (Benedicto XVI).

9. Estado e Iglesia católica. Debe promoverse el principio de la “sana laicidad” (Benedicto XVI) que reconocemos en la Constitución española en la triple afirmación de la libertad religiosa, la no confesionalidad del Estado y la cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones religiosas. La Iglesia “no pone su esperanza en privilegios dados por el poder civil” (Gaudium et Spes, 76). Saludamos la política de igualdad de trato hacia las confesiones religiosas con notorio arraigo. El estatus de la enseñanza de la religión en la enseñanza pública es bien mejorable, no obstante valoramos los avances alcanzados con la enseñanza concertada católica, los relativos al profesorado de religión y a la colaboración del Estado en la autofinanciación de la Iglesia católica. Estimamos Educación para la Ciudadanía y los Derechos humanos como una contribución al pleno desarrollo de la personalidad humana a que debe contribuir la escuela, lo que en cualquier caso debe darse de acuerdo con el derecho de los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral de acuerdo a sus convicciones.

10. Bien común e identidades nacionales. La Iglesia católica reconoce la legitimidad ética de las posiciones nacionalistas que por métodos democráticos pretenden modificar la configuración política de la unidad de España en el ejercicio propio de la libertad de los ciudadanos y de los pueblos (Valoración moral del terrorismo, 31). Al mismo tiempo sostiene que, también en este caso, es necesario valorar el bien común de una sociedad pluricentenaria. Se trata de la difícil tarea de gobernar la pluralidad, de ir dando con fórmulas de convivencia que conjuguen identidades plurales y garanticen la solidaridad entre unas y otras comunidades, nacionalidades o regiones. Corresponde a todos hacer de la verdad histórica, un motivo para la reconciliación y la convivencia en libertad entre los ciudadanos españoles, no una excusa en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas, de las que la propia Iglesia católica no está libre por principio.

11. Espíritu de colaboración en libertad. A través de esta nota deseamos colaborar sinceramente en el enriquecimiento espiritual de nuestra sociedad, en la consolidación de la auténtica tolerancia y de la convivencia en el mutuo respeto, la libertad y la justicia, como fundamento imprescindible de la paz verdadera. Respetamos a quienes ven las cosas de otra manera. Sólo pedimos respeto para proponer libremente nuestra manera de ver las cosas, que hemos dialogado con hombres y mujeres que honradamente viven su fe en diferentes mediaciones socio-políticas, sin que nadie se sienta amenazado ni nuestra intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás.

Que el Señor ilumine y fortalezca a todos para actuar en conciencia y conforme a las exigencias de la convivencia en justicia y libertad”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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