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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Denuncia

se siente

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PASTORES IMPUESTOS
BITTOR URAGA LAURRIETA, b-uraga@euskalnet.net
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 13/03/08.- Bittor era secretario del Consejo de Pastoral Diocesano de Vizcaya. Publicamos hoy en Eclesalia la carta que leyó el pasado 23 de febrero en la sesión plenaria del Consejo con motivo del reciente nombramiento del nuevo obispo auxiliar de su diócesis.

Queridos hermanos y hermanas: Me dirijo a vosotros con motivo del reciente nombramiento de obispo auxiliar que ha cogido por sorpresa a prácticamente toda la Iglesia de Bizkaia, para compartir algunas reflexiones y comunicaros mi decisión al respecto. De todas formas, quiero deciros antes de empezar que tanto esta como aquellas son absolutamente personales, si bien, por lo que he podido constatar, estoy convencido de que son compartidas por muchísimos de los que formamos la Iglesia en nuestra Bizkaia.

Yo me enteré, como muchos de vosotros, por televisión. En un primer momento de ingenuidad pensé que me había confundido e inmediatamente después me sentí culpable, creyendo que estaba incumpliendo el compromiso contraído al aceptar el cargo de secretario del Consejo de Pastoral Diocesano, pues consideré que tenía que haber estado al tanto de una noticia de ese calibre. Pero desgraciadamente no tardé mucho en comprobar que el problema no era yo: otras personas con mucho más conocimiento de la diócesis que yo y responsabilidades cotidianas en todos los ámbitos de la Iglesia de Bizkaia lo habían sabido sólo unas horas antes. Es decir, habían nombrado obispo sin consultar con nadie. Y creo que esto se puede decir así, porque, aunque evidentemente sí había en la diócesis quien supo de todo ello con anterioridad, es igual de cierto que no se ha cumplido ni de cerca el mínimo imprescindible para poder decir que habían consultado a alguien. De hecho, es bastante significativo el que el secretario del CPD –y os aseguro que no digo esto por razones personales—, es decir, el secretario del órgano más representativo del pueblo de Dios en la Iglesia de Bizkaia, se haya enterado por televisión.

No tengo nada que decir sobre este hombre que viene a nosotros como obispo, ya que es un perfecto desconocido para casi todo el mundo en Bizkaia y, claro está, también para mí. Sin embargo, sí tengo que manifestar que precisamente por ello, no me parece un buen comienzo: un vizcaíno que no ha estado aquí en el seminario ni ha ejercido como presbítero en esta iglesia local, sí quiere, en cambio, venir a Bizkaia como obispo, es decir, con mando. De esta manera queda desautorizada la trayectoria de nuestra Iglesia en los últimos años, tanto en lo que se refiere a los tímidos pasos hacia formas de ser más participativas y corresponsables (y digo "tímidos pasos", porque me reconoceréis que esto dista mucho de ser lo que la mayoría querríamos e incluso de los mínimos homologables con cualquier otra estructura social de nuestro entorno), sino también en lo relativo a la forma en que esta diócesis ha organizado su seminario y su presbiterio. Es decir: de un solo plumazo nos han desautorizado a todos, a los curas y a quienes no lo somos. Creo que se podría discutir sobre si es ético o no, pero hay que reconocer que es altamente eficaz. Sólo nos falta saber cuál es el objetivo último de todo esto.

Me parece, así las cosas, que este nombramiento constituye una falta de respeto para con la Iglesia difícilmente tolerable. Es más, si un poco más arriba dudaba de la condición moral de esa actuación; no tengo ninguna duda, en cambio, sobre que no es en absoluto acorde con las enseñanzas del Señor. En concreto creo que se puede decir que aquí se ha aplicado exactamente lo contrario de lo que nos dice el evangelio: “Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros” (Mt 10, 42-43): es decir, quienes tenían la responsabilidad de ese nombramiento se han comportado como si fueran señores absolutos y han ejercido su poder para imponernos por segunda vez consecutiva un obispo, de manera que a nosotros y nosotras no nos queda más remedio que decir algo parecido a lo que decía aquel catecismo preconciliar: “No me preguntéis a mí, que soy un borrego; pastores tiene la Santa Madre Iglesia que sabrán disponer”. Lo siento. A mí me resulta mucho más cercano al Reino de Dios que Jesús proclamó, aquello que decía San Pablo: “No extingáis el Espíritu. No despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno” (1Tes 5, 19-21). Creo que es más acorde con el mensaje de Jesús, sobre todo en los tiempos que vivimos.

Por todo lo que os he dicho, he decidido dimitir de mi cargo de secretario. No abandono el CPD, que es el órgano de participación del que se dotó nuestra Iglesia. Seguiré en él intentando, entre otras cosas, oponerme a esta especie de despotismo ilustrado –“Todo para el pueblo pero sin el pueblo” ¿recordáis?— que, dicho sea de paso, no por ser ilustrado es menos déspota y, por tanto, antievangélico, a no ser que entre todos y todas pensáramos que una dimisión en bloque es una respuesta adecuada a este trato que estamos recibiendo (y repito, no es nada personal, sino que me parece que no debemos admitir que se trate así a la Iglesia). Pero creo que es diferente participar en la Iglesia de ocupar cargos en su gobierno; y me parece que no debo legitimar con mi presencia en este cargo actuaciones como la que acaban de perpetrar. Así, os escribo esta nota para que sepáis que próximamente –lo notificaré oficialmente en su momento- dejaréis de verme sentado en el lugar del secretario y por qué.

Estas líneas van dirigidas a vosotras y vosotros, como os decía al principio, ya que sois quienes me elegisteis para el cargo de secretario, pero voy a mandar copia de ellas a alguna gente con la que tengo cierta confianza y también os autorizo, por supuesto, a mostrarlas a quien os parezca oportuno. Será la forma de invitar a cuantos ocupan cargos en la diócesis –y me permito dirigirme absolutamente a todas y todos, empezando por los vicarios, a los que me dirijo especialmente ahora- a considerar su postura, a este respecto: ya hemos visto lo que da de sí el posibilismo, el creer que entre todos podemos reconducir algunas cosas, el pensar que si nosotros lo dejamos, quien venga detrás puede ser peor. Para hacer un buen vino no es suficiente una buena barrica, sino que hace falta buena uva y desencadenar procesos internos que controla conscientemente el enólogo. De la misma manera, no vamos a tener un gobierno de la diócesis acorde a las necesidades reales de la Iglesia de Bizkaia sólo porque ésta sea una “buena barrica”. También nos puede suceder que, a pesar de estar hecho en nuestra barrica, el vino resultante sea del gusto de otros pero a nosotros nos resulte inaceptable. Cada quien sabrá lo que tiene que hacer y no pretendo prejuzgar ninguna decisión, pero sí quiero pedirles que lo piensen y lo recen.

El Concilio Vaticano II dejó claro que la Iglesia no es una sociedad desigual, en la que por deseo de Dios unos mandan y otros obedecen, y que los cristianos no somos un rebaño de ovejas dirigidas por pastores, por mucho que algunos hayan interpretado el sentido de su oficio de pastores tan literalmente como para pensar que los demás somos sólo borregos, sino un pueblo de sacerdotes, profetas y reyes en el que todos los fieles tienen la misma dignidad. Soy consciente de que el Concilio es todavía relativamente reciente y de que la Iglesia necesita más tiempo para su recepción. Creo sin embargo que es hora de que proclamemos esto en voz alta con palabras y con hechos ante quienes quieren volver atrás, hacia las posiciones de los que perdieron en el Concilio, porque el respeto en el trato a la dignidad de todos es condición indispensable para poder transmitir el mensaje de Jesús en esta sociedad europea occidental de principios del siglo XXI. Estoy convencido de que esta proclamación es una contribución indispensable para que la recepción del Concilio se lleve a cabo y para que la Iglesia pueda sobrevivir en nuestro entorno. Un abrazo fraterno. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

humanos

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DEMOCRACIA EN LA IGLESIA
JOSÉ MARÍA GARCÍA-MAURIÑO, Cristianos por el Socialismo
MADRID.

ECLESALIA, 03/03/08.- La jerarquía de la Iglesia católica va a realizar unas elecciones para elegir a su Presidente. No sabemos hasta qué punto puede llamarse democrática. Estos obispos no han sido elegidos por la ciudadanía católica. Y ahora se eligen entre ellos mismos excluyendo de entrada a los católicos y católicas de a pie.

Todos sabemos que la organización de la Iglesia tiene una estructura jerárquica y vertical, no democrática ni horizontal. Por eso, se trata de la elección del presidente con un tipo de democracia muy especial, si es que se le puede llamar democrática.

Además, el Jefe supremo de la Iglesia es el Jefe de Estado del Estado de la Ciudad del Vaticano. Este Pontífice Supremo tiene un poder total, propio de una Monarquía absoluta (cánones 331 y 333). Y como tal Jefe de Estado no ha firmado la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ni el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966, como la han firmado otros jefes de Estado.

En este momento es urgente que la Jerarquía de la Iglesia se ponga al día en los Derechos Humanos. Si no pueden defenderlos, es porque el Papa no los ha firmado, y por tanto, no pueden tener credibilidad. Los fieles no tienen garantías de que sus pastores defiendan sus derechos dentro de la Iglesia, entre otras cosas porque niegan el derecho a la igualdad entre hombres y mujeres. Si algo tienen que hacer ahora los obispos es defender los Derechos Humanos, mucho antes que defender otros temas de menor importancia. Los Derechos Humanos son sobre todo los derechos de los pobres y la dignidad y los derechos de todos los pueblos de la tierra. Es algo previo y fundamental. ¡Qué lejos se sienten los ciudadanos y ciudadanas creyentes de esa jerarquía tan encumbrada y tan distante! ¿Acaso les preocupa este problema? ¿Tienen en cuenta este punto de vista, o en esta elección lo que les preocupa fundamentalmente es ver lo que agrada a Roma? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

sin imponer

sin imponer

CREER SIN IMPONER
"Mirad a mi siervo... No gritará, no clamará, no voceará por las calles...”.
BRAULIO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA, 17/01/08.- El famoso texto, de Isaías, nos anuncia la llegada de un personaje importante, atípico, nada catastrofista. Anunciado y presentado como el siervo, Jesús es la antítesis del poder religioso, de esos príncipes de la Iglesia que, en sus parcelas de poder, actúan como señores feudales, aspirantes a monarcas absolutos. Porque un siervo nunca impone. Según los evangelios, “Jesús no enseñaba como los letrados, sino con autoridad” (Marcos 1, 21-28). Más sensible a la compasión que a la condena, hoy Jesús lo tendría tanto o más difícil que en su época. Como ciertos teólogos, puestos en el punto de mira de la Congregación para la doctrina de la fe, él también levantaría sospechas. Casi seguro que tampoco le confiarían ninguna cátedra en una universidad de la Iglesia.

En la polémica manifestación Por la familia cristiana del pasado 30 de diciembre (para un sector mayoritario de ciudadanos fue un acto politizado, según una encuesta), uno de sus oradores (“el más aplaudido”), famoso líder laico de un conocido movimiento neoconservador, llegó a decir, en tono apocalíptico, que los gobiernos ateos y laicos quieren destruir la familia. Curiosamente, este líder fue designado a dedo para pintar los frescos de la catedral de la Almudena; un trabajo a destajo, para que todo estuviera a punto el día de la boda real de doña Letizia, divorciada, y el Príncipe D. Felipe, el heredero de la Corona. (“Agua hubo mucha, pero faltó el vino del evangelio”, recuerdo que dijo un cura, nada sospechoso de integrista). En similar tono catastrofista se pronunciaron los tres cardenales que parecen marcar el paso de la Iglesia oficial en España. Para el cardenal que convocó la macro manifestación, “La salvaguarda del matrimonio” es el “principal problema social” en el que debe volcarse la Iglesia.

Llama poderosamente la atención, que, los mismos que acusan al actual Gobierno de querer destruir a la familia, la indisolubilidad del matrimonio entre un hombre y una mujer, hagan excepciones y no pongan impedimentos para que una persona divorciada, si su matrimonio fue por lo civil, pueda romper su antiguo vínculo de fidelidad (por tanto, ir contra la ley natural que tanto predica la Jerarquía) y pueda volverse a casar “por la Iglesia”. ¿Acaso no hay aquí fariseísmo eclesial? ¿Acaso estos “apaños” o filigranas del derecho canónico no pueden escandalizar la fe de los sencillos? ¿Acaso no fue válida aquella boda “civil” de Caná de Galilea?

En la manifestación por la familia cristiana, otro flamante cardenal (en su día un cura “progresista”, colaborador del carismático y renovador cardenal Tarancón; ahora, un apóstol del nacional catolicismo), declaró que, con la política del actual Gobierno de España sobre la familia, nuestra democracia está en peligro. Estas salidas de tono de algunos príncipes de la Iglesia (“una de las sociedades democráticas menos imaginables” dice J. L. Cebrián), hace que muchos cristianos no se sientan representados por estos pastores. "La obsesión persecutoria, la repetición de mensajes poco articulados... confirman que (la manifestación por la familia) fue un mitin electoral encubierto" (El País).

Ciertamente, cuántas “barbaridades” podemos llegar a decir cuando “perdemos” la memoria.

Un creyente lamentaba semejantes declaraciones, y puntualizaba que la democracia no es un invento cristiano, sino gentil, de los griegos. También pedía por la conversión de estos pastores. Ciertamente, la Jerarquía, ahora que ya no tiene aquel poder, casi omnímodo, sobre las conciencias, y sobre los Gobiernos, está empeñada en hacernos creer (a base de repetirlo) que en España la Iglesia, la familia, están perseguidas. Lo viene diciendo desde poco después de que las urnas eligieron al actual Gobierno (de izquierdas), en cuyo programa había un compromiso de promover leyes para extender derechos. La crispación de la derecha se amplificó con la crispación de algunos cardenales y obispos. “Desde los púlpitos no se puede condicionar la política, ni faltar a la verdad o al respeto afirmando que en España la familia o la democracia están en peligro” ha contestado María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta primera del Gobierno. Hay como una doble vara de medir en la jerarquía, los pecados son más pecados cuando quienes gobiernan son más laicos.

“Jesús no impone, Jesús nos hace libres... Y ser suave en las formas, y dialogante con lo diferente, no quiere decir que uno tenga menos firmeza en las convicciones” decía hace unos días, en una celebración de la fe, un amigo creyente que declaraba sentirse “un hombre nuevo” gracias a la iglesia renovada que alumbró el Concilio. Como dice un cura, “ciertamente, no podemos imponer a los demás nuestra visión, pero sí manifestarla. En la conciencia cristiana, la vida humana es sagrada desde el comienzo: ‘Cuando en lo oculto me iba formando..., mi embrión tus ojos lo veían’ (Sal 139)”. Para vivir esto, no hay que salir a la calle a manifestarse con pancartas, ni bandeas vaticanas. Y menos aún perseguir a cristazo limpio a las mujeres que optan por ir a las clínicas. Como decía Ricardo Blázquez, Presidente de la Conferencia Episcopal Española: “No es sencillo ser cristiano en este mundo, pero la Iglesia no está siendo perseguida”.

Cada vez es más apreciable que hay una vuelta al integrismo, una añoranza de aquellas misas en latín, de espaldas al pueblo; un retorno al sistema medieval de cristiandad, donde todo ciudadano (o súbdito) se identificaba necesariamente como cristiano, donde era inimaginable que alguien pudiera declarase agnóstico o ateo. José María González Ruiz, uno de los mayores impulsores del Concilio Vaticano II, y gran impulsor del diálogo entre el cristianismo y el ateísmo, concretamente con el marxismo, llegó a decir que el Concilio Vaticano II fue “la tumba de la cristiandad”. Como suele recordar un cura, gran defensor del Concilio, de volver a las fuentes, a la Iglesia primitiva de las comunidades vivas: con el Concilio Vaticano II la Iglesia deja de ser iglesia de cristiandad para convertirse en comunidad, en medio del mundo.

La muerte prematura de Juan Pablo I dio paso a unos de los pontificados más largos de la historia, el de Juan Pablo II. Al restaurar la Iglesia de cristiandad, la Iglesia se convierte de nuevo en monolítica, nada plural: una abrumadora mayoría de los obispos y cardenales actuales fueron nombrados por él. Al contrario que Pablo VI, Juan Pablo II fue el “hombre sin dudas” que “dejó la herencia de una jerarquía, vuelvo a citarles al Nobel Soyinka, que aspira a la incursión de la religión en el amplio dominio de todo lo secular, apropiándose del terreno de la ética, las costumbres y la conducta social” (José Martí Gómez, Carta abierta a la Conferencia Episcopal, cadena SER).

El tono catastrofista de la Jerarquía española, según el cual las “las leyes vigentes” van en dirección contraria “a la Declaración Universal de los Derechos Humanos”, y “llevan a la disolución de la democracia”, me hacen recordar la valentía y clarividencia del papa Juan XXIII, refiriéndose a aquellos profetas de calamidades, que "inflamados de celo religioso, carecen de rectitud de juicio y de ponderación... sólo ven ruinas y desastres y anuncian siempre infaustos sucesos". Profetas que quieren erigirse como los únicos intermediarios entre Dios y el pueblo, puntualiza un cura quien (a propósito de la manifestación por la familia cristiana) nos recordaba muy oportunamente “la hipocresía institucional..., que dispensa ampliamente y con fervor divorcios camuflados bajo capa de nulidad”.

Como decía el teólogo José María González Ruiz: "La Iglesia no ha recibido de Cristo una misión de producir técnicas políticas, sociales o culturales..., por eso no tiene por qué crear una política cristiana, una cultura cristiana, una sociedad cristiana, un Estado cristiano, ni siquiera un partido cristiano" (J. L. Cebrián, El País, 10/0108). Jesús que puso en evidencia a los integristas de su época, llamándolos “sepulcros blanqueados” y cosas más fuertes, “no enseñaba como los letrados, sino con autoridad”. No tenía una doble vara de medir. Porque, hablando de la defensa de la familia, ¿acaso podemos olvidar que por el mismísimo Vaticano han pasado, y recibido la bendición papal, en audiencia privada, divorciados de muy alta alcurnia... (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

es de esperar

es de esperar

MIEDO CASTRANTE
REDACCIÓN DE ECLESALIA
MADRID.

ECLESALIA, 11/12/07.- Juan Rubio es el actual director de la revista Vida Nueva. Tiene su propia sección en la revista. Está después del Editorial y se llama “a ras de suelo”. En el último número (2.592 del 08/12/08) escribe una interesante reflexión bajo el título “El miedo es libre, pero castrante”. Nos ha llamado la atención. Sus palabras son certeras, claras y directas. Desnudan una realidad agazapada. El miedo se esconde en nuestra Iglesia y se asoma de forma castrante. Sentimos sus palabras como propias. Sentimos que en nuestra Iglesia falta “confianza, empatía, cordialidad, frescura, amistad, verdad, perdón, corrección fraterna”, como él dice. Sentimos su tristeza.

“Me pone triste vivir en una Iglesia en la que el miedo, agazapado y escondido, se asoma a la palestra con burdas justificaciones de su castrante presencia. Me resisto a creer en una Iglesia en la que, por miedo, hay veces que se miente y se calla la verdad. Que se haga en otras instancias, es triste, pero no tan lacerante. Hay mucho miedo cómplice que entumece la labor profética al interior de la propia Iglesia: miedo a disentir, incluso en cosas pequeñas; miedo a los “delatores” y “censores”, que los hay y en abundante cosecha últimamente. Miedo al ataque con argumentos ad hominem, que son los que usan los necios. Miedo a que no te den prebendas, que te quiten las que ya tienes o que te manden al ostracismo borrando tu nombre de la mesa de invitados, esa mesa en la que se cuece el futuro de las personas. ¡Pobres gentes! Al miedo lo llaman ahora prudencia y mesura. Cuando anida en el interior de los cristianos produce efectos pésimos. El miedo entumece ideas y tiene profundo olor a naftalina. He visto a gentes llorar amargamente porque el miedo a mostrar como son y a decir lo que piensan los tiene entumecidos y temen perder lo que tanto sudor les costó. “el miedo es natural en el prudente, y el vencerlo es lo valiente”, decía Alonso de Ercilla. ¡No tengáis miedo!, gritó Juan Pablo II, ni en medio del mundo, pero tampoco en la Iglesia, un recinto para ensayar la valentía. Cuando hay miedo es que faltan muchas cosas en la vida eclesial: confianza, empatía, cordialidad, frescura, amistad, verdad, perdón, corrección fraterna. El miedo no es exclusivo ni del clérigo no del segar. Anida en mitras, sotanas, capelos, cátedras, editoriales, hábitos, claustros, consejos, asociaciones y conventos. Es libre y universal”.

Tomamos sus palabras. Es tiempo de adviento. Es de esperar.

Paz y bien.


lo hicisteis

lo hicisteis

MISIONES: REFLEXION CRÍTICA
FAUSTINO VILABRILLE LINARES

ECLESALIA, 22/10/07.- Ayer domingo 21 de octubre fue el día de las misiones. Los misioneros son lo mejor de la Iglesia actual, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, porque han comprendido que no hay compromiso cristiano verdadero si no hay a la vez compromiso humano, pues aquel sin este es falso, a ejemplo de Jesús que hacía y enseñaba al mismo tiempo: los pobres, oprimidos, marginados, indefensos, débiles, eran sus preferidos, a los que defendía siempre contra los poderosos y opresores. Por eso estos lo asesinaron.

Lo que hacía Jesús hacen hoy muchos misioneros. En los últimos 15 años han puesto en marcha cada día una media de 4 obras sociales nuevas y 10 obras educativas. En 1989 había en los países de misión unas 5.806 obras sociales, pero en el 2005 ya eran 26.711. Estas obras están constituidas por hospitales, escuelas de enfermería, dispensarios, leproserías, hogares para ancianos y minusválidos, orfanatos para enfermos de sida, jardines de infancia para niños huérfanos, etc. En África en los últimos años se están creando unas 800 obras sociales nuevas cada año. En ese mismo periodo: 1989 a 2005 las obras educativas pasaron de 46.905 a 99.045. Un niño del Tercer Mundo, solo por saber leer tiene un 10 % más de posibilidades de salir de la pobreza.

Los misioneros españoles son: mujeres el 58% y hombres el 42 %. En total son 17.515 los misioneros españoles repartidos por el mundo, de los cuales el 72 % están en América, el 14 % en África, y el resto en Asia y Oceanía. La mayoría proceden de Castilla-León, País Vasco y Navarra. La aportación de España a las misiones el año 2006 fue de unos 20 millones de €., de los que la mitad fueron para África, y el resto para América, Asia, Europa y Oceanía.

El trabajo de los misioneros es con frecuencia duro y difícil y a veces también arriesgado y peligroso. En los países con dictaduras políticas y sobre todo militares están siempre perseguidos o amenazados. Todos los meses muere asesinado algún misionero en el Tercer Mundo, incluso en países democráticos. Unas misioneras de Colombia y de Mozambique están amenazadas de muerte por denunciar a las mafias que trafican con niños para adopción o tráfico de órganos.

La ayuda que aportamos a los misioneros es una miseria frente a las necesidades enormes que sufren los empobrecidos del Tercer Mundo. Por eso caben, entre otras muchas, dos reflexiones importantes:

Primera: En África, el continente más pobre del planeta, se gastaron en los últimos 15 años en guerras 300.000 millones de $, tanto como la ayuda al desarrollo que recibieron. Pero las armas con que hacen la guerra se las vendemos los países ricos a los países pobres. España ocupa el 7º puesto en la exportación mundial de armas. Antes están los EE.UU. Inglaterra, Francia, Rusia, Alemania, Italia, y luego viene España. Es decir, que las ARMAS SE FABRICAN EN EL NORTE Y MATAN EN EL SUR.

En el mundo se gastan cada año 1,12 Billones de $ en gastos militares, casi la mitad los EE.UU. Pues bien, con tan solo 50.000 millones de $ se quitaría el hambre del mundo. Es lo que pidió la FAO a los Estados, pero contestaron que para esto no tenían dinero. Cada día mueren en el mundo cerca de 100.000 personas de hambre, de las que 35.000 son niños. Es el mayor asesinato perpetrado nunca en toda la historia de la humanidad, que lleva a la sepultura 35 millones de personas cada año. Es el escándalo más grande y espantoso de nuestro tiempo. Es una muerte injusta y prematura, porque hoy sobran alimentos para todos. El hambre hoy no es un problema económico, es un problema político.

Segunda: Los cristianos, si es que de verdad nos consideramos herederos del mensaje de Jesús de Nazaret, comprometido hasta la muerte contra la injusticia y por los empobrecidos, tendríamos que asumir la lucha contra el hambre del mundo y las injusticias que la causan, como el primero y más importante compromiso de nuestra fe.

Y en consecuencia todos los cristianos, junto con el Papa, los obispos, los curas y todos los hombres de buena voluntad, tendríamos que manifestarnos públicamente a favor de los empobrecidos del mundo y en contra de los gastos militares y el comercio de armas. Pero, claro, cómo van a hacerlo el Vaticano y muchas Diócesis que tienen el dinero colocado en Bancos y Cajas que sí financian a los fabricantes de armas o pagan sumas millonarias para eludir la cárcel de curas pederastas como sucedió recientemente en algunas diócesis de EE.UU.? Cuánto nos gustaría ver a toda la Iglesia manifestándose contra los gastos militares y por la causa de los empobrecidos con la fuerza del testimonio de Jesús de Nazaret, y a la Iglesia misma desprendiéndose de tantos bienes y tesoros que posee en muchas iglesias, Catedrales y Santuarios (léase objetos de oro y plata, como cálices, copones, custodias, sagrarios, incluso altares de plata como uno que hay en una catedral castellana, o artesonados de oro en alguna basílica de Roma, etc. etc.), para ponerlo todo al servicio de los empobrecidos de la tierra!. Una misionera de Ruanda decía hace poco: “tenemos 500 niños enfermos de Sida en un orfanato y muchas veces les damos la comida cruda porque no tenemos dinero para comprar leña para cocerla, o a sus padres enfermos tenemos que acostarlos en el suelo debajo de las camas de esos mismos niños porque no tenemos con qué ampliar el hospital.”. Entre tanto las iglesias del Primer Mundo, incluía la misma Basílica de San Pedro, gastamos muchos miles en flores, escolanías de Santuarios o costosos ropajes cardenalicios y litúrgicos. ¿Puede una madre con sentido común querer que algunos de sus hijos le pongan una corona de perlas y brillantes o le canten armonías jubilosas, mientras que otros millones de hijos suyos están muriendo de miseria, de enfermedad, de guerra, de violencia, de desesperación, de impotencia? El tesoro de Dios son las personas más empobrecidas y necesitadas, y no esas cosas. Nos lo dice muy claro Jesús: “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve enfermo y me atendisteis... Cuando lo hicisteis con los más necesitados conmigo lo hicisteis”·

Al final de la última vuelta del camino de la vida no nos va a preguntar por ninguna otra cosa más que por los empobrecidos del mundo. ¡Cuánto bien haríamos a la humanidad si toda la Iglesia camináramos en la dirección de Jesús de Nazaret! En cambio resulta que muchos llamados católicos, pero no cristianos verdaderos, y no pocos Jerarcas Oficiales estamos muy lejos de seguir a Jesús. Aportaríamos al mundo los grandes valores de su Evangelio como son: la justicia, la fraternidad, la solidaridad, la libertad, la vida, la paz, la esperanza, la ética universal, la convivencia, la igualdad, el sentido inmanente y trascendente de la vida, la armonía del hombre y la tierra, la alegría de vivir, que tanta falta le están haciendo al mundo de hoy. Estos son los valores del Reino de Dios a cuya construcción están contribuyendo muchos misioneros de una manera eminente y digna del máximo reconocimiento. Como seres humanos y más como creyentes ayudémosles a luchar por ellos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


democracia

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LOS OBISPOS CONTRA EL PUEBLO: TEO-CRACIA CONTRA DEMO-CRACIA
Batalla contra la ley de Educación para la Ciudadanía
JUAN LUIS HERRERO DEL POZO, teólogo
LOGROÑO (LA RIOJA).

ECLESALIA, 26/06/07.- Quien lo lea con atención comprobará que el titular resume todo el texto siguiente.

Nuestros obispos, conquistadas las trincheras de la clase de religión y de la generosa financiación por parte del erario pública, lanzan ahora el ataque contra el gobierno socialista en el asunto de la ley de Educación para la Ciudadanía. De nuevo es el “gobierno de Dios” (teocracia) contra el “gobierno del pueblo” (democracia), la ley de Dios contra el relativismo moral.

El gobierno socialista, dentro de un proceso legislativo de progreso y modernización, ha percibido una carencia: no es la catequesis escolar o clase de religión, tolerada en aras de la paz con la Iglesia, la que va a armar en valores a una sociedad en buena parte desvertebrada. Y, por ello, dentro de sus competencias educativas legítimas, busca facilitar al alumnado un marco mínimo de valoración de los derechos humanos universales y constitucionales para la sana convivencia. Para establecerlo, no puede echar mano de ningún magisterio especial. En democracia sólo el consenso popular –mediante la representación parlamentaria- arbitra si no las normas morales, que no son de su competencia, sí las reglas mínimas de juego para una convivencia de suficiente calidad en una sociedad cada vez más pluralista. Ahí se inscriben las leyes sobre despenalización del aborto, matrimonios de homosexuales y ahora la ley en beneficio de una mínima educación ciudadana. ¿Podía ser de otro modo en un estado laico? Rotundamente no -incluso desde un sano pensamiento filosófico y teológico acorde con el democrático-. Ésta es no sólo potestad sino obligación del estado; y muchos cristianos exigimos, sí, exigimos que el gobierno no “se arrugue” ante los obispos.

Sin duda, es preciso ser comprensivos con unas autoridades eclesiásticas de escasa representatividad y más tenue formación teológica. Los obispos hacen el siguiente razonamiento: toda verdad, bondad y moral tiene en Dios su fundamento. Ahora bien tales valores han sido confiados a la única y verdadera religión revelada de la que la jerarquía episcopal es depositaria y guardiana. Por consiguiente, y en el caso -un mal menor- de un estado laico que no reconoce y más bien contradice al magisterio eclesiástico, los obispos tienen el deber de llamar a los fieles a la resistencia y desobediencia civil. En estricta lógica teocrática es lo que están haciendo y muchos cristianos poco formados y menos críticos caen en la trampa.

Así de delicado es el asunto de la relación entre una Iglesia, depositaria de la verdad, y un estado que no está sometido a ningún magisterio extrínseco y que, de todas formas, no tiene como función dictar verdades o leyes morales sino buscar con todos los ciudadanos de una sociedad plural unas reglas de juego para la convivencia. Y entiende hacerlo del único modo a su alcance, poniendo en valor y potenciando los consensos éticos universales que se han plasmado en la Carta de Derechos Humanos recogidos por nuestra Constitución pero todavía no firmados por la Iglesia Católica.

Así se plantea la dialéctica entre Teocracia y Democracia, entre Absolutismo doctrinario y Relativismo político, entre el dios patrimonio de una iglesia y la autonomía del llamado ‘orden temporal’. El más riguroso sentido común sabe cómo se sale de tal aparente contradicción. Parece que la Conferencia Episcopal aún no lo ha estudiado bien. Por fortuna se está quedando sola. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

hogaza

hogaza

NI PIES, NI CABEZA
MARCOS ORTEGA VELÁZQUEZ seglar de la Sagrada Familia de Burdeos

ECLESALIA, 18/06/07.- Para todos los cristianos, la historia de la Iglesia y su tradición, es algo cuanto menos, importante. A lo largo de los siglos esta Iglesia nuestra ha ido caminando, construyendo una estructura fuerte y estable que le ha permitido mantenerse en los vaivenes de los diferentes imperios, corrientes históricas, revoluciones... Sobra decir que en nuestra historia ha cometido pecados aberrantes, que todos conocemos. Por desgracia en cada capítulo importante de la Historia de la humanidad hay más de una página negra de nuestra Iglesia: Santa Inquisición, colonización de América, holocausto nazi, Guerra Civil española, dictaduras latinoamericanas, y un largo etcétera. No menos cierto es que conviviendo con estas mismas realidades, ha habido grandes personajes de la misma Iglesia, que han encarnado el evangelio hasta las últimas consecuencias: Tomás Moro, Bartolomé de las Casas, Óscar Romero, Angeleli, y tantos y tantos otros más o menos conocidos. Es más, la postura oficial de la Iglesia, no siempre ha estado al lado de los poderosos, (gracias Señor por Juan XXIII, una vez más).

Pues bien en este transcurrir de los años ha habido costumbres y hábitos, en el mejor sentido de la palabra, que con la mejor de las intenciones, se han instaurado como parte de nuestra tradición, e incluso, y esto no deja de ser peligroso, como parte de nuestra identidad católica. Celibato, procesiones, santos rosarios... pan fermentado. No es mi intención hacer una crítica descarnada de todos estos elementos, ya que no los juzgo ni como buenos, ni como malos, sólo como herramientas, medios, que pueden ayudar la vida de fe. Y aquí radica lo verdaderamente importante, la vida de fe, que también es fe en la vida aquí y ahora, si no amas a tu hermano, que tienes al lado, ¿cómo podrás amar a Dios?

Ni pies, ni cabeza. Lo de Rouco no tiene ni pies, ni cabeza. Y lo digo en el sentido más evangélico de la frase. Recuerdo con esta expresión dos de las escenas más tiernas que aparecen en el evangelio, el lavatorio de pies, donde, como dijo una vez Jesús Burgaleta, el maestro se ciñe la toalla, y luego no se la quita, para seguir sirviendo; y la cabeza de Juan apoyada en el pecho de Jesús en la Última Cena, para escuchar hasta lo más profundo.

¿Hasta cuando esta jerarquía esclava de la tradición más superficial, que sale a la calle exigiendo la religión en la escuela, y en contra de los matrimonios homosexuales, y que tan callados estaban al estallar la guerra de Irak? ¿Hasta cuando esta jerarquía que condena sin compasión ni misericordia a sus hijos?

Señor Rouco no se confunda usted, es pastor de ovejas, no de borregos. Y nuestra vida está más cerca de la hogaza de pan que de las sacristías frías de la Almudena. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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EL VOTO A LA DERECHA ES INMORAL
JUAN LUIS HERRERO DEL POZO, herrero.pozo@telefonica.net
LOGROÑO (LA RIOJA).

ECLESALIA, 07/05/07.- Lo he repetido innumerables veces y me ha valido más de un paraguazo endilgado a guisa de réplica contundente por cristianos conservadores, a la puerta de los templos en las pasadas elecciones. ¿Qué quiero decir? Que la derecha, en una u otra medida, sustenta y propicia el capitalismo y éste es intrínsecamente perverso. Por ello, el voto a su favor es en sí éticamente inmoral, aunque el votante por ignorancia proceda de buena fe.

De costumbre lo he argumentado a nivel filosófico desde el mero análisis de su principio vertebrador que sacraliza las leyes del mercado y las erige en absoluto operativo mediante una libertad vaciada de su función social (ahí está la perversión). Basta recordar el principio del fundador del capitalismo, A. Smith, hace 250 años, para quien la mano invisible del mercado convierte en bien general el simple interés particular. Es decir, el mercado opera el milagro de transformar en equidad, justicia y solidaridad la ambición individual. Hoy me parece relevante dar un paso más: es obligado devolver lo robado y aunque mi riqueza no sea efecto (directo) del robo no me es permitido disponer de ella a mi antojo.

Hay que ser ciego para no entender que la causa principal, si no única, del despojo de los pobres, personas y pueblos, y del desastre ecológico del planeta (robo a cargo de las generaciones venideras) es el modelo real de capitalismo. Es pura y simplemente un robo que exige devolución.

Entre los primeros cristianos se había extendido una convicción que tuvo vida efímera por la dureza de nuestros corazones, cerrados al hermano. La que antes se olvidó fue la institución eclesial oficial y hoy ya ¡vamos! casi que la persigue cuando aquella convicción se encarna en la teología de la liberación.

¿Qué pensaban aquellos cristianos, parecidos a los de la parroquia de Entrevías que el cardenal Rouco ha mandado cerrar? QUE LO MÍO SUPÉRFLUO PERTENECE AL NECESITADO. Así de simple. No será fácil hacer operativo este principio pero sólo él, nunca abjurado, me permitirá conducir la barca de mi economía: Ante cada gasto, sobre todo a las puertas de los templos del consumo, he de interrogarme sin piedad: ¿puedo disponer libremente de este dinero para algo superfluo cuando tantos no alcanzan lo necesario? ¿Cómo decidir? La sensibilidad humana de cada uno encontrará la respuesta. Pero más vale asumir humildemente la incertidumbre de una respuesta tacaña que lavarme la conciencia con la renuncia a los principios que amparan los derechos de los pobres.

Hay más, a nivel global de pueblos y naciones el abismo de clamorosa, cruel y creciente desigualdad se asienta básicamente en políticas económicas injustas que han despojado a la mayoría en beneficio de unos pocos. Es difícil impugnar esta evidencia salvo por ignorancia o mala fe. Es decir, la situación actual de ricos y pobres es estructuralmente fruto de la rapiña. De tal modo que quien apoya (por ejemplo, con el voto) al sistema neoliberal que la encarna y la promueve se hace solidario de su injusticia.

Tan sólo sobre la base de estas evidencias, nunca desmentidas argumentalmente y sólo soslayadas por el interés, es posible abordar y buscar soluciones concretas para temas como la ayuda al desarrollo, la deuda externa, el comercio con justicia, la elusión de impuestos, la privatización de servicios sociales, la inmigración...en una palabra, todos los grandes desafíos de las sociedades locales, regionales, nacionales y mundiales.

Los comentarios brotarían a borbotones. Hoy se me impone en el teclado el asco vomitivo que me ha producido Fernando Sebastián, obispo de Pamplona-Tudela, de comienzos progresistas y de recta final integrista, que recomienda el voto nada menos que a la extrema derecha (Falange, Alternativa española, requetés...).

¡Dios santo! Si volviera Jesús, los correría a gorrazos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).