Blogia
ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Denuncia

otra oportunidad

otra oportunidad

OTRA OPORTUNIDAD
JORGE BISBE

ECLESALIA, 22/02/06.- Para la conversión de la actual Iglesia vaticana en Comunidad Cristiana, ofrecemos una oportunidad. Siempre quedan oportunidades para mejorar. Contando con la buena voluntad de muchos. Con el carisma de la caridad de muchos. Con el espíritu de servicio que mantienen muchos hermanos, desde la Ascensión de Jesús, y que permanece intacto, conviviendo con maldades y egoísmos.

En Europa, y más en España, envejece la población. Cada día somos más viejos y viven menos jóvenes. La pirámide de edad está invertida. El promedio de edad de sacerdotes y religiosos ronda los 70 años. Faltan las cohortes juveniles para ocupar las bajas. El problema de los viejos es de los casados y más de los célibes. La solución será para todos y todas y en la que cada uno podrá desarrollar sus peculiares carismas y cualidades.

A los caducados "asilos" les suceden las residencias estatales y privadas, de diversos niveles y precios. Las estatales suelen pedirle al anciano el 80 % de su pensión. Las explotadas como negocio ofrecen una gran variedad de precios más o menos acordes con los servicios que prestan. Pero faltan muchas, muchas, residencias. Las órdenes y congregaciones religiosas tienen la solución, una magnífica solución en sus manos.

Dado que necesariamente sus conventos se han convertido en casas de jubilados tienen solamente que abrir sus puertas a solteros, viudos y matrimonios para que convivan ancianos religiosos y seglares. Toda convivencia es difícil, pero jugosa. Facilita mucho el que sean coetáneos quienes intentan la aventura. Además los jubilados gozamos de un similar -bajo- nivel económico.

Desde luego lo mejor para la convivencia es que unos quieran facilitar la vida a los demás. Que hasta se sacrifiquen. Que amen a los demás.

Esa es la gran oportunidad que ofrecemos a los religiosos jubilados -varones y mujeres-. Que compartan, con los hermanos seglares, el júbilo de su descanso, de su liberación de responsabilidades, afanes, trabajos... Naturalmente no se regala nada. Cada uno aportará una parte sustancial de su pensión y algún trabajo-servicio a la comunidad (asistencial, social, de organización, festivo, cultural...)

Yo aseguro a todos que una comunidad amplia es mejor que una reducida. Y si esa comunidad es heterogénea (varones, mujeres, cultos, incultos...) ¡mucho mejor! Habrá más manías; pero cada uno aportará las suyas, tan queridas. Y, entre todos, dialogando, será más factible liberarse de algunos absurdos antojos y chifladuras.

La iglesia tiene amplias experiencias en comunidades, -hospitales, internados, hospederías... Antes recogían a enfermos y caminantes ahora se trata de acoger fraternalmente a viandantes en sus últimas etapas vitales. Por ello a estos conventos yo los llamaría "PORTA COELI".

Para que lleguen a ser "Puerta del cielo" hay que cumplir unas condiciones. Que reine la caridad, el amor, el afecto, la compasión... Que todos impartan ese sacramento del amor. Y que todos aporten bienes y servicios.

Es una realidad posible, si los responsables eclesiásticos comprenden la belleza de ser "Porta coeli", -ministerio resumen de todos los ministerios- y la oportunidad para presentarse ante la sociedad como auténticos servidores de toda clase social. Dispuestos a cambiar los vasos sagrados por camas para los desprotegidos ancianos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


ministerios cristianos

HOMOSEXUALIDAD Y MINISTERIOS CRISTIANOS
XAVIER PICAZA

ECLESALIA, 15/12/05.- Las recientes declaraciones del Magisterio sobre los riesgos de la homosexualidad, especialmente en relación con los ministerios, me han producido una gran tristeza, en primer lugar por lo que pueden suponer de ofensa contra los homosexuales, especialmente contra los que ejercen su ministerio honradamente, siendo homosexuales; y en segundo lugar por la falta de base bíblica de los argumentos que se aducen. Desde ese fondo, para ayudar a reflexionar a quienes estén interesados por el tema, quiero ofrecer algunas reflexiones de base, partiendo de la misma lectura de los textos bíblicos. Ciertamente, La Biblia ha condenado en general en general la homosexualidad (en el Antiguo Testamento la masculina), por considerar que ella va en contra de un orden querido por Dios y expresado en la unión del hombre y la mujer, tal como aparece en Gen 2-3. Esa condena se expresa en tres contextos principales y debe ser interpretada desde el conjunto de la revelación bíblica.

(1) Grandes relatos simbólicos. Dos relatos básicos reflejan esta condena, situándola en un contexto de polémica, en un caso contra los cananeos de la hoya del Mar Muerto (Gen 19, 1-19) en otro caso contra una ciudad perversa de la tribu de Benjamín (Jn 19). En el primer caso se trata del «crimen» de los sodomitas, que quieren acostarse con los «hombres» (=ángeles) que han venido a visitar a Lot (Gen 19,5), suscitando la ira de Dios que destruye a su ciudad; de aquí ha surgido el nombre «sodomía, sodomitas», para que identifica un tipo de violencia homosexual con pecado de los habitantes de Sodoma. En el otro caso se trata del «crimen» de los habitantes de Guibea de Benjamín, que quieren acostarse por la fuerza con el levita que va de paso, para así humillarle; pero el levita se defiende y entrega en sus manos a su → concubina, iniciándose así una serie de venganzas y violencias que llenan la parte final del libro de los Jueces (Jc 19-21). En ambos relatos se supone que la homosexualidad va en contra del orden de Dios; pero lo que el texto condena de un modo directo no es la homosexualidad en sí, sino la violencia homosexual, dirigida en un caso hacia los hombres-ángeles y en el otro hacia el levita.

(2) Las leyes contra la homosexualidad están contenidas en el Código de la Santidad, del libro del Levítico: Lev 18, 22 condena taxativamente la acción homosexualidad masculina: «no te acostarás con varón como con mujer; es una abominación; Dt 20, 13 impone la pena de muerte sobre los homosexuales: «Si alguien se acuesta con otro hombre como se hace con una mujer, ambos cometen una abominación; son reos de muerte; sobre ellos caerá su sangre». Se trata de leyes sacrales, que han de ser entendidas de la visión especial de la pureza-santidad que desarrolla el Levítico, en un contexto sacerdotal, marcado por los tabúes de la distinción y del sexo. Quien quiera traducir y aplicar directamente esa leyes en nuestro contexto, sin tener en cuenta su trasfondo antropológico, tendrá que asumir y cumplir el resto de las leyes del Levítico, tanto en lo referente a los sacrificios como a los tabúes de sangre, a la distinción de animales puros e impuros y a las diversas enfermedades y manchas, que aparecen en general como lepra. Nadie que yo sepa aboga por esa interpretación literal del Levítico, a no ser en algunos círculos «religiosos» del judaísmo. Es evidente que este tema puede y debe plantearse hoy desde unas perspectivas antropológicas y teológicas, distintas, de manera que no tiene sentido el mantener a la letra las antiguas costumbres israelitas. Sólo de esa forma hacemos justicia a las normas y leyes, por otro lado ejemplares, del Levítico.

(3) La interpretación de Pablo. Más cercano a nosotros, pero igualmente extraño y necesitado de explicación es el texto de Pablo, cuando habla del pecado de los «gentiles» que, al adorar a los ídolos, han caído en manos de sus propias perversiones (Rom 1, 18-31). No se trata de un texto normativo ni legal, en línea de evangelio, sino de una presentación retórica y apocalíptica de la situación del mundo pagano (de la humanidad) que se eleva como signo de pecado ante el Dios de la fe y de la gracia de Cristo. La condena de Pablo puede dividirse en tres partes, una de tipo más personal-individual (Rom 1, 21-23), otra de tipo más personal-sexual (Rom 1, 24-27) y otra de tipo más social (Rom 1, 28-31). Siguiendo algunas tablas morales de su tiempo, Pablo ha querido presentar un retablo de los grandes males de la sociedad de su entorno, que se fundan a su juicio en el abandono de Dios, entendido en forma de «talión teológico»: allí donde los hombres han abandonado a Dios, Dios les abandona en manos de su propia perversión, como muestra el caso de la condena de la homosexualidad: «Pretendiendo ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes de hombres corruptibles, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles... Por eso Dios los entregó a pasiones vergonzosas, pues aun sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Del mismo modo también los hombres, dejando la relación natural con la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Como ellos no quisieron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer cosas que no deben» (Rom 1, 22- 23.25-28; en esa línea, cf. 1 Tim 1, 10). Éste no es un texto de ley moral, sino de constatación apocalíptica. Pablo no dice lo que las cosas deben ser, sino lo que son. Pablo, un judío celoso, se siente horrorizado ante lo que a su juicio constituye la perversión sexual grecorromana, expresada en formas de homosexualidad no sólo masculina (como la que condenaba el Antiguo Testamento), sino también femenina, poniendo de esa forma en paralelo las afirmaciones sobre los dos sexos. Las afirmaciones concretas de Pablo son retóricas y exageradas, pues el mundo greco-romano no era sólo como él lo presenta. Por otra parte es un texto difícil de aceptar al pie de la letra, pues proviene de un entorno cultural muy distinto del nuestro. A pesar de ello, el principio y sentido básico de la argumentación paulina nos sigue pareciendo valioso, siempre que tengamos en cuenta algunas observaciones.

(a) Pablo vincula la homosexualidad con la negación de la «diferencia» de Dios, que constituye, a su juicio, la clave de todo el orden humano. Allí donde el hombre niega la «diferencia» de Dios y le identifica con una realidad de este mundo se cierra en sí mismo y corre el riesgo de volverse incapaz de aceptar las diferencias, la complementariedad de las distintas realidades, mezclando así las diversas realidades. El Dios de Pablo marca las identidades, mantiene la alteridad, la distancia, la tensión por lo diferente. Por eso, allí donde hombres y mujeres se cierran en un mundo divinizado (idolatría) ellos se vuelven incapaces de amarse como distintos, pues no pueden ya apoyarse en el Dios que es distinto, el Otro, el Infinito.

(b) Pablo condena a la homosexualidad porque piensa que ella es la expresión de un amor-de-ley, que no saca al hombre (varón o mujer) de sí mismo, sino que le cierra en un plano de talión, de manera que cada uno se busca a sí mismo en el otro, sin salir de sí, experimentar la alteridad como gracia. Por eso, cuando Pablo habla de homosexualidad está hablando en el fondo de un tipo de auto-erotismo, de unión sin complementariedad personal, sin aceptación de la alteridad que, a su juicio, está marcada por la diferencia sexual de varón y mujer. Pero de esa manera está planteando un tema que es mucho mayor que el de la homosexualidad como tal (entendida en plano físico, biológico), el tema del erotismo sin distancia personal, como una forma de buscarse uno a sí mismo cuando se relaciona con otro. Pues bien, ese es un tipo erotismo que puede darse no sólo en las relaciones homo-sexuales, sino también en las hetero-sexuales.

(c) Según eso, el tema de la homosexualidad sólo se puede plantear en línea cristiana desde su posible riesgo de negación de alteridad y gracia, relacionándolo, por tanto, con los otros dos momentos de la condena apocalìptica que Pablo dirige contra la sociedad de su tiempo, en Rom 1, 19-20 (egoísmo personal) y Rom 1, 28-31 (lucha de todos contra todos). La homosexualidad de la que habla Pablo constituye una expresión de egoísmo (uno sólo se busca a sí mismo en el otro) y de lucha universal (al buscarse a sí mismo en el otro tiene que combatir y negar todo lo que es distinto). Ciertamente, el tema resulta complejo en plano psicológico y social, de manera que es difícil ofrecer en este plano unas respuestas que agraden a todos. Pero el intento de condenar la homosexualidad física (legal) desde la antropología bíblica y en especial desde Rom 1, 24-27 (donde se asume y culmina para los cristianos lo dice el Antiguo Testamento sobre el tema) carece de sentido y acaba siendo contrario al argumento de Pablo. Condenar la homosexualidad por ley implica caer en la peor de las leyes que Pablo ha querido superar. Lo que Pablo está poniendo en juego, de un modo retórico, es la posibilidad de abrirse al otro en cuanto distinto, de tal forma que el amor no sea encerramiento en uno mismo (utilizando así al otro para egoísmo propio, en gesto de violencia, sea o no del mismo sexo), sino apertura a la diferencia interpersonal gratuita, en un camino en el que Dios puede revelarse como el Otro, el gran Distinto.

(d) En ese sentido se puede afirmar que fácticamente muchas uniones homo-sexuales (se llamen o no matrimonios) en las que se mantenga y desarrolle el principio y experiencia de la alteridad gratuita pueden ser y son más cristianos (más paulinos) que otros matrimonios hetero-sexuales en los que cada uno se busca a sí mismo en el otro, e incluso en los hijos. Partiendo de estos principios se podría elaborar también una antropología del celibato paulino (cf 1 Cor 7), que tiene un gran valor cristiano en la medida en que aparece como posibilidad de una mayor apertura al otro en cuanto otro y al Dios que es principio de toda alteridad amorosa, superando el simple nivel de la unión entre los dos sexos (hombre con mujer y viceversa, que supone el Antiguo Testamento). Allí donde el celibato es básicamente expresión de clausura en sí mismo (de auto-erotismo más o menos espiritualizado) va en contra del ideal cristiano. El ese sentido, el celibato cristiano como trascendimiento positivo (no de simple negación) del amor intersexual puede vincularse a un tipo de homosexualidad, que no se entienda como pura negación de alteridad sexual, sino como búsqueda de otros tipos de alteridad gratuita en la relación entre personas.

(e) La clave del tema no está, por tanto, no está por tanto en que la relación se dé entre personas de distinto o del mismo sexo, sino que se trata de una relación de personas, en línea de alteridad, de manera que cada uno no se busque a sí mismo en el otro, sino que busque y encuentre al otro como distinto, y en el otro la vida, el despliegue de la vida, como don de Dios y no como algo que queremos cerrar en unas formas de dominio cómico, económico, social, dentro eso que Pablo presente como idolatría o negación de Dios. Con esto no se resuelven todos los pero pueden plantearse mejor, a partir de la experiencia de la gracia. Por eso, todo lo que Pablo ha dicho sobre la condena de un tipo de homosexualidad ha de reinterpretarse desde lo que dice sobre la gracia de Dios, a lo largo de la carta a los Romanos. Por eso, entender esa condena de la homosexualidad de un modo objetivista, como algo ya resuelto al comienzo de la carta, sin llegar al final de espléndido despliegue de gracia y amor que ofrece Romanos (tal como culmina en Rom 12-13), significa negarse a leer a Pablo. Dando un paso más, hay que decir que el tema ha de entenderse desde el Sermón de la Montaña, donde Jesús no condena la homosexualidad, sino que abre unos caminos de amor en gratuidad, que valen tanto para varones como para mujeres, para homosexuales como para heterosexuales.

(f) El tema, por tanto, sigue abierto, sobre todo en un plano psicológico y sociológico, sin que los cristianos queramos imponer a la sociedad unas formas objetivas de conducta sexual que, por otra parte, no derivan del conjunto de la Biblia, rectamente entendida, ni de la vida y mensaje de Jesús. El tema es difícil de resolver de un modo objetivo (¿para qué resolverlo en ese plano?) y es posible que en muchos normales las uniones homosexuales resultan más complejas y «difíciles» que las heterosexuales, porque en ellas puede costar más el descubrimiento y despliegue de la alteridad, sobre todo en relación al nacimiento y educación de los hijos (donde la alteridad de figuras paterno-maternas parece necesaria). De todas formas, en muchos casos, precisamente esa misma dificultad, con la problemática social de fondo, puede hacer que las uniones (matrimonios) homosexuales pongan mejor de relieve algunos rasgos de gratuidad y alteridad personal que Pablo ha destacado en Rom 1, 18-31 y en el conjunto de su carta a los Romanos. Desde ese fondo, queremos añadir que nos parece fuera de sentido (exegéticamente falso y cristianamente equivocado) el intento de aquellos que quieren negar a los homosexuales el acceso a los ministerios de la iglesia, mientras que ellos quedan reservados a los célibes. En este campo, el magisterio ordinario de la iglesia romana está tomando un camino contrario al evangelio (cf. M. Borg, «Homosexuality and the New Testament»: Bible Review 10 (1994) 20-54; D. Martin, Arsenokoites and malakos: Meanings and Consequences. Biblical Ethics and Homosexuality, Westminster, Louisville 1996). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


iglesia sacramento

iglesia sacramento

NUESTRA IGLESIA: ¿SACRAMENTO DEL DIOS DE JESÚS?
XABIER ASKASIBAR, Comunidades Fe y Justicia
BILBAO.

ECLESALIA, 01/12/05.-Para todas las personas que formamos nuestra Iglesia, y especialmente para quienes tienen mayor responsabilidad en su marcha, resulta un deber ineludible el preguntarnos, en cada momento histórico, si la Iglesia está siendo fiel a su misión en el mundo y en la historia, si está respondiendo con sus dichos y con sus hechos al reto de ser comunidad anticipatoria de la promesa salvadora de Dios para todos los seres humanos, al reto de ser testigo vivo de la esperanza abierta con Cristo resucitado.

Dicho de otra forma, debemos preguntarnos si nuestra Iglesia, el Pueblo de Dios, está siendo sacramento del Dios de Jesús, signo de la presencia de Cristo. Esta concepción de la Iglesia como sacramento, que estuvo muy poco difundida hasta convertirse en un elemento central de la eclesiología del Vaticano II, nos interpela sobre si la Iglesia es traslúcida para dejar entrever algo de lo divino. Porque la Iglesia no es sólo un don, que sin duda lo es, sino también una tarea. Y por eso la cuestión que debemos poner encima de la mesa, como bien plantea Lucas, no es si Jesús fundó la Iglesia o no, sino cómo debe ser la Iglesia si quiere estar fundamentada en Jesús, si quiere traslucir, hacer visible a Jesús y al Dios que Él mismo nos mostró. En este sentido, la Iglesia no está definida desde un principio, sino que es un proceso dinámico que se va haciendo realidad en la historia. La Iglesia, como Cristo, es camino y éxodo, siempre peregrina. Es, como he dicho, don y tarea a la vez, pues debe actualizar el misterio de la salvación de Cristo, debe posibilitar el encuentro entre Cristo y el ser humano.

Y, sin duda, el mejor baremo que tenemos para medir el grado de fidelidad de la Iglesia a esta su misión es el propio Jesús, el ejemplo de lo que dijo e hizo en su vida, tal y como lo conocemos a través del Evangelio. Y es ahí donde surgen, en mi opinión, grandes interrogantes y no pocas contradicciones con nuestra Iglesia hoy, como las ha habido, por desgracia, a lo largo de la historia.

Por comenzar con un ejemplo actual, nuestra Iglesia condena a las personas homosexuales, que ni pueden ser sacerdotes, ni recibir la comunión, ni pertenecer a la Iglesia. Y yo me pregunto: ¿esta Iglesia es sacramento universal de salvación, es decir, el signo de la salvación que Dios realiza en el mundo entero, y testigo de esperanza para todos los seres humanos? Uno de los muchos esquemas que Jesús rompió fue la simetría de condena y salvación que imperaba en la concepción religiosa de su tiempo, en favor de una nueva simetría de gracia y salvación. Es cierto que Jesús habló de juicios y castigos, como no podía ser de otra forma en su época. Pero lo novedoso de Jesús y lo que revela auténticamente su perspectiva es su anuncio de gracia y perdón gratuitos, de una misericordia de Dios gratuita y universal. Jesús subraya y anuncia la intervención de Dios como noticia buena para todos. Dios es voluntad de bien y sólo es voluntad de bien. Frente al castigo, aparece la gracia y el perdón que permiten a la persona convertirse y nacer de nuevo. El Dios de Jesús es un Dios que es salvación, y por eso sus primeros destinatarios y quienes mejor acogieron su mensaje fueron quienes estaban más necesitados de ella, quienes eran marginados e indignos para la sociedad y para las autoridades religiosas. ¿Por qué se empeña la Iglesia en condenar y en cerrar puertas, en vez de ser catalizadora de la gracia y del amor de Dios, en vez de ser buena noticia, evangelio, para todos?

En este sentido resulta tremendamente contradictorio la “facilidad” con la que Iglesia prohíbe la comunión a un amplio abanico de personas que van desde los homosexuales hasta quienes apoyan determinadas posiciones políticas que no estén de acuerdo con la estricta moral católica, pasando por divorciados, y un largo etcétera. ¿No es terrible prohibir la comunión, el pan compartido, el cuerpo y la sangre de Jesús? ¿Cómo podemos apartar de participar de la mesa del Señor a tantas personas, en nombre del Dios de Jesús, cuando una de las características que más significó la vida de Jesús fue, precisamente, su praxis de la comensalía como signo del Reino de Dios? Jesús acogía, acercaba y hacía sentirse acogida y digna a cada persona. En una sociedad que marginaba a muchos colectivos, el mayor signo de acercamiento y resocialización era la comensalía, la mesa abierta y compartida. Y Jesús potencia sentarse a la mesa sin exclusiones, acogiendo lo mismo a pecadores, fariseos, mujeres, o publicanos, entre otros. Una mesa de iguales, espacio de comunión y fraternidad, signo del Reino de Dios.

Por eso otra cuestión muy importante es el papel que todavía hoy se sigue asignando a la mujer en nuestra Iglesia forjada en la tradición patriarcalista. Una mujer colocada en un plano de desigualdad cualitativa que la hace, en el fondo, cristiana de segunda división. Y precisamente en el nombre de Jesús, que en su vida llevó a cabo una auténtica revolución en torno a la mujer, haciéndola protagonista de la historia, devolviéndole su dignidad, convirtiéndola en sujeto de derecho, minando las bases del sistema patriarcal de su época.

En cualquier caso, la contradicción global más evidente se produce al constatar que el rasgo fundamental de la vida de Jesús fue su opción por los pobres, los desheredados, los marginados, los apartados. La radical apuesta de Jesús por el ser humano, por la dignidad de todas y cada una de las personas, le llevó a compadecerse desde sus entrañas con quienes sufrían la injusticia y a hacer de la construcción del Reino de Dios su causa y el sentido de su vida. Porque el Dios de Jesús es el Dios del Reino, el Dios que escucha al pobre y que quiere implantar su justicia.

Y, sin embargo, parece que para quienes rigen nuestra Iglesia hay otras cuestiones más importantes, o por lo menos sobre las que se pronuncian con una mayor rotundidad y claridad: todo lo relacionado con la moral sexual y con la bioética, la negativa a que las mujeres accedan al orden sacerdotal, la exigencia del celibato para los sacerdotes, … Pero, ¿por qué no existe la misma rotundidad en la teoría y en la práctica de nuestra Iglesia oficial para denunciar que millones de personas se mueren de hambre por la prepotencia económica de unos pocos, para desenmascarar un sistema económico perverso que hace de las personas medios para conseguir el máximo beneficio, para cargar contra una carrera de armamentos potenciada desde la hipocresía occidental y que está destrozando tantos y tantos países del sur. Y, mirándose a sí misma, por qué no es nuestra Iglesia ejemplo inequívoco de austeridad y sencillez, desprendiéndose de tantas cargas y estructuras del pasado que sólo sirven, a los ojos de muchos, para deslegitimarla en su mensaje de apuesta a favor de los más necesitados.

Como escribía Moltman, “el Reino de Dios no existe por causa de la Iglesia, pero la Iglesia sí existe por la causa del Reino de Dios”. Y eso es lo primordial. Este debe ser el criterio y la medida de nuestra manera de mirar el mundo, como lo miró Jesús: desde los ojos del Dios de los pobres.

Por supuesto que, dicho todo lo anterior, no estoy negando los valores de nuestra Iglesia y su aportación fundamental para la humanización de nuestro mundo. ¡Cuántos cristianos y cristianas comprometidos intentar ser hoy sal y luz en medio de tanta tiniebla! Y es evidente también que los líderes de nuestra Iglesia tienen el deber de intentar iluminar tantas cuestiones que se nos presentan hoy y que afectan a la dignidad del ser humano. Pero lo que reivindico es que toda esta tarea se haga a la luz del Evangelio como coordenada fundamental, a la luz de la vida de Jesús como primer criterio de discernimiento. Que los acentos se pongan donde Él los puso, que se sea radical con lo que Él fue radical.

Y, sinceramente, creo que si fuera así de verdad, entonces nuestra Iglesia, al menos la que más se ve, no sería una Iglesia de condenas, exclusiones, desigualdades, autoritaria, vertical, barroca, seria y oscura, tibia en lo social y rígida en su concepción de la moral de la persona. La Iglesia que muchos soñamos y anhelamos sería una Iglesia de salvación y liberación, de vida y de encuentro, dialogante y abierta, alegre y festiva, transparente e igualitaria, horizontal y corresponsable, comprometida radicalmente contra la injusticia y en favor de un mundo nuevo, austera y despojada de vestimentas innecesarias, Buena Noticia y esperanza para todos los seres humanos. En definitiva, sacramento del Dios de Jesús en nuestra historia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

erradicación

erradicación

25 de NOVIEMBRE
DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO
Manifiesto
MALKA CONGÁLEZ, Judía; MONTSERRAT CASTELLÁ, Budista; YARATULLAH MONTURIOL, Islámica; JUANA ORTEGA, Cristiana Evangélica; Col·LECTIU DE DONES EN L’ESGLÉSIA, Cristianas Católicas
BARCELONA.

ECLESALIA, 25/11/05.- Somos mujeres de diferentes Tradiciones religiosas, que nos sentimos profundamente dolidas por la violencia de género que, desgraciadamente, conocemos de una manera reiterada en nuestro país como también en otras partes del mundo.

Delante de esta evidencia, nos unimos para hacer escuchar nuestra voz y exigir con fuerza, a los dirigentes de cada una de nuestras religiones, que asuman, de una vez por todas, las respectivas responsabilidades, y también que como autoridades puedan dar una clara respuesta para la eliminación de todo tipo de violencia.

Teniendo presente la Ley, los rabinos dispusieron:

- “Un varón ha de respetar a su mujer más que a sí mismo. La tiene que amar como a si mismo, ya que no encuentra la bendición de su casa, si no es a causa de su mujer”.

- “No le es permitido entristecer a su mujer, para que no sean frecuentes sus lágrimas”

- “El hombre que pega a su mujer realiza una trasgresión, igual que quien pega a su prójimo y si se acostumbra a hacerlo, el Tribunal Rabínico, tiene la fuerza para hacerlo sufrir, excomulgarlo, gravarlo con toda clase de obligaciones y hacerle jurar que no volverá a pegarle, porque no es conducta de Israel golpear a sus mujeres...”

El pensamiento budista dice:

- Crear sufrimiento a los otros o a uno mismo, sólo puede engendrar sufrimiento. En cada acto, sea a través del cuerpo, de la palabra o del pensamiento, estamos plantando simientes. Si las simientes son de sufrimiento, experimentaremos, inexorablemente, el fruto del sufrimiento. Entonces, hemos de ser capaces de generar compasión tanto para la persona objeto de la agresión, como para el mismo agresor. La actitud correcta, según la perspectiva budista, es la de intentar beneficiar y ayudar a los otros en todo momento y, si no somos capaces de conseguirlo, al menos no tenemos que hacerles ningún daño.

Para el Colectivo de Mujeres en la Iglesia, el principio se encuentra en el Evangelio:

- “‘Maestro, ¿cual es el mandamiento más grande de la Ley?’ Jesús le dijo: ‘Ama al Señor tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con todo el pensamiento. Este mandamiento es el más grande y el primero. El segundo es parecido a este: Ama a los otros/as como a ti mismo. Todos los mandamientos de la Ley y de los Profetas se fundamentan en estos dos’” ( Mt. 22,36-40).

El espíritu de estas palabras no tiene nada que ver con la violencia que padecen las mujeres y que es el resultado de la discriminación que supone ser consideradas como inferiores dentro del género humano.

Esta situación de violencia se fundamenta en costumbres excluyentes que arrastran las sociedades patriarcales y de infecundos inmovilismos que aún existen y que vienen de tiempos ancestrales. La continuidad de esta violencia, recae, en buena parte, sobre toda autoridad religiosa que deja a las mujeres al margen de poder participar en la vida de la iglesia, en verdadera comunión a través de responsabilidades paritarias.

Nuestra amiga musulmana manifiesta que la indignación y protesta radican en contra de la violencia de todo tipo, y también específicamente contra las mujeres. Dice:

- No podemos cerrar los ojos, ni podemos callar, frente a todo esto. No se pueden tener comportamientos que vulneren los derechos de las personas humanas por “razones” de género y menos aún, justificándolo por motivos religiosos o espirituales, ya que desde esta perspectiva, los valores éticos o morales que se prediquen en estos ámbitos entran en contradicción vergonzosa, peligrosamente hipócrita. Es necesario exigir que se clarifiquen estas medidas.

Hacemos una llamada formal a toda la sociedad, a todas las instituciones, y más concretamente a las Tradiciones espirituales y religiosas para que asuman su responsabilidad en esta cuestión y ofrezcan soluciones a los problemas de las víctimas afectadas más directamente, pero también para aumentar la sensibilidad sobre la repercusión y los resultados de la negligencia en este quehacer. Es nuestra conciencia la que nos hace más personas.

Las ideólogas y redactoras cristianas de la “Declaración de Séneca Falls” el año 1848, Elisabeth Cady Staton (presbiteriana) (1) y Lucretia Mott (cuáquera) (2) decían respectivamente:

1) La mujer se ha mantenido satisfecha durante mucho tiempo dentro de límites determinados, que unas costumbres corruptas y una tergiversada interpretación de las Sagradas Escrituras le han señalado. Ya es hora que se mueva en un medio más amplio y que el Creador le había asignado.

2) La velocidad y el éxito de nuestra causa, depende del interés y de los esfuerzos, de hombres y mujeres, por hacer desaparecer el monopolio de los púlpitos y conseguir que la mujer participe equitativamente en los diferentes oficios, profesiones y negocios.

En el siglo XXI desgraciadamente, esta “Declaración” continua totalmente vigente.

Las mujeres participantes en este Manifiesto, aunque practicantes de diferentes Tradiciones Religiosas, se solidarizan con la erradicación de la violencia a través del respeto y la justicia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


a mis obispos

ECLESALIA INFORMATIVO, 11/11/05. Trastornos

A MIS OBISPOS
A mis Obispos quiero pedirles que no estén en esa manifestación. Me duele el alma por cada uno de ellos que esté allí... Me duele el alma sólo con imaginarlo. Ése no es su sitio, ésa no es toda su gente, ésa no es toda su causa... Por el respeto que les debo y el aprecio que les tengo, no quiero decir muchas palabras. No es su sitio, ni su misión, ni seguramente su derecho como pastores de toda la Iglesia. Hay otras formas cristianas, y también democráticas, de luchar por los valores del Evangelio. ¡Hay que padecer mucho con las causas de los pobres, antes de elegir con legitimidad esa batalla "social"!

José Ignacio Calleja, Profesor de Moral Social Cristiana (Vitoria-Gasteiz).

nuestros barrios

NO NOS DESENTENDAMOS
MISION OBRERA, Acción Católica Obrera (ACO), la Juventud Obrera Cristiana (JOC), los curas obreros, la Acción Católica de la Infancia (ACE) y los curas y religiosas en los barrios obreros; 06/11/05
EVERUX (FRANCIA).

ECLESALIA, 10/11/05.- Al día siguiente de los graves sucesos que tuvieron lugar en el barrio de la Madeleine de Évreux, sentimientos de miedo, asombro e incomprensión por tales sucesos se impusieron en el ambiente. “Desde esa noche mi mujer está enferma. ¿Cómo se ha podido llegar a todo esto! Nosotros somos pobres. La gente a los que han quemado los coches tiene deudas que pagar. ¿Cómo van a ir a trabajar al día siguiente?

Vecinos de este barrio comprometidos en la vida asociativa local nos hemos reunido en la sede de los movimientos y grupos de la Misión obrera de Evreux e inspirados por nuestra fe en un Dios que es amor, justicia y paz declaramos:

¿Porqué tanta violencia? ¿Porqué tanta incomprensión? Después de las revueltas de esta noche en la Magdalena todos estos “porqués” nos invaden y nuestros labios explotan diciendo: “¿Mi hijo han enviado una docena de curriculums vitae y nadie le ha contestado” (una mujer árabe). “En los grupos de viviendas de la administración donde vivimos hemos hecho una solicitud para que la puerta esté siempre cerrada y cedan un local donde los jóvenes puedan reunirse y hemos recibido la callada por respuesta”. “Disminuyen cada vez más las subvenciones a las Asociaciones de la Madeleine y va todo el dinero al centro de la ciudad”. “Nos aseguran que van a invertir millones en la Madeleine pero no nos dicen cómo van a ayudar a los jóvenes”

Todos nos interrumpimos diciendo cómo aumenta más y más la pobreza y la miseria en el barrio. Los jóvenes tienen el sentimiento de que nadie les necesita, que son demasiados y que su única perspectiva es la precariedad y la marginación. Los discursos oficiales no tienen ningún crédito. Se ha roto el diálogo con la policía y con todo lo que tiene algún cariz de autoridad como son los padres, profesores, administración... Todas personas que tienen contacto con los jóvenes pueden comprender la violencia de que son víctimas.

No se puede justificar la violencia cualquiera que sea y venga de donde venga. Los que cometen estos actos deben ser condenados. Nosotros sufrimos al ver anulada la labor de todos los que trabajan en las redes de asociaciones y la diversidad cultural, que es una riqueza.

NO A LA VIOLENCIA. SÍ AL DIÁLOGO

Nosotros decimos a los jóvenes: ¡Basta ya! ¡Parad! Tenéis el peligro de ser víctimas de esta violencia. Estamos dispuestos a hablar con vosotros. En este barrio de la Madeleine hay mucha gente que está dispuesta a ayudaros.

Nosotros los adultos no nos desentendamos y sobre todo no metamos en el mismo saco y culpabilizando a todos los jóvenes. Como dice uno de ellos”no son así más que una minoría, los jóvenes de la Madeleine no son todos gentuza. ¿Porqué los medios de comunicación no hablan de sus problemas y de las cosas que hacen bien los jóvenes por ejemplo en las asociaciones?”

Ellos no han inventado el fracaso escolar, el paro y la discriminación. Luchemos juntos para que las asociaciones sean dotadas con más medios y sean escuchadas y para que los jóvenes tengan su lugar en la sociedad. ¡Sigamos construyendo la fraternidad!

No podemos evitar hacernos preguntas y sobre todo los políticos. ¡Basta ya de palabrerías! ¡Ya está bien de menosprecios y de arrogancia! Los jóvenes tienen derecho al respeto. Tienen derecho a una escuela de calidad, a un trabajo estable y remunerado. Nuestros barrios necesitan más educadores o animadores que policías. La represión lleva al fracaso. Nosotros tenemos hoy esta impresión.

Nuestro desafío consiste más bien en promover una sociedad que ofrezca a los jóvenes motivos para vivir y tener esperanza”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Evreux. 6 noviembre 2005

- - -> Para más información: mission.ouvriere27@voila.fr

nuestros barrios

NO NOS DESENTENDAMOS
MISION OBRERA, Acción Católica Obrera (ACO), la Juventud Obrera Cristiana (JOC), los curas obreros, la Acción Católica de la Infancia (ACE) y los curas y religiosas en los barrios obreros; 06/11/05
EVERUX (FRANCIA).

ECLESALIA, 10/11/05.- Al día siguiente de los graves sucesos que tuvieron lugar en el barrio de la Madeleine de Évreux, sentimientos de miedo, asombro e incomprensión por tales sucesos se impusieron en el ambiente. “Desde esa noche mi mujer está enferma. ¿Cómo se ha podido llegar a todo esto! Nosotros somos pobres. La gente a los que han quemado los coches tiene deudas que pagar. ¿Cómo van a ir a trabajar al día siguiente?

Vecinos de este barrio comprometidos en la vida asociativa local nos hemos reunido en la sede de los movimientos y grupos de la Misión obrera de Evreux e inspirados por nuestra fe en un Dios que es amor, justicia y paz declaramos:

¿Porqué tanta violencia? ¿Porqué tanta incomprensión? Después de las revueltas de esta noche en la Magdalena todos estos “porqués” nos invaden y nuestros labios explotan diciendo: “¿Mi hijo han enviado una docena de curriculums vitae y nadie le ha contestado” (una mujer árabe). “En los grupos de viviendas de la administración donde vivimos hemos hecho una solicitud para que la puerta esté siempre cerrada y cedan un local donde los jóvenes puedan reunirse y hemos recibido la callada por respuesta”. “Disminuyen cada vez más las subvenciones a las Asociaciones de la Madeleine y va todo el dinero al centro de la ciudad”. “Nos aseguran que van a invertir millones en la Madeleine pero no nos dicen cómo van a ayudar a los jóvenes”

Todos nos interrumpimos diciendo cómo aumenta más y más la pobreza y la miseria en el barrio. Los jóvenes tienen el sentimiento de que nadie les necesita, que son demasiados y que su única perspectiva es la precariedad y la marginación. Los discursos oficiales no tienen ningún crédito. Se ha roto el diálogo con la policía y con todo lo que tiene algún cariz de autoridad como son los padres, profesores, administración... Todas personas que tienen contacto con los jóvenes pueden comprender la violencia de que son víctimas.

No se puede justificar la violencia cualquiera que sea y venga de donde venga. Los que cometen estos actos deben ser condenados. Nosotros sufrimos al ver anulada la labor de todos los que trabajan en las redes de asociaciones y la diversidad cultural, que es una riqueza.

NO A LA VIOLENCIA. SÍ AL DIÁLOGO

Nosotros decimos a los jóvenes: ¡Basta ya! ¡Parad! Tenéis el peligro de ser víctimas de esta violencia. Estamos dispuestos a hablar con vosotros. En este barrio de la Madeleine hay mucha gente que está dispuesta a ayudaros.

Nosotros los adultos no nos desentendamos y sobre todo no metamos en el mismo saco y culpabilizando a todos los jóvenes. Como dice uno de ellos”no son así más que una minoría, los jóvenes de la Madeleine no son todos gentuza. ¿Porqué los medios de comunicación no hablan de sus problemas y de las cosas que hacen bien los jóvenes por ejemplo en las asociaciones?”

Ellos no han inventado el fracaso escolar, el paro y la discriminación. Luchemos juntos para que las asociaciones sean dotadas con más medios y sean escuchadas y para que los jóvenes tengan su lugar en la sociedad. ¡Sigamos construyendo la fraternidad!

No podemos evitar hacernos preguntas y sobre todo los políticos. ¡Basta ya de palabrerías! ¡Ya está bien de menosprecios y de arrogancia! Los jóvenes tienen derecho al respeto. Tienen derecho a una escuela de calidad, a un trabajo estable y remunerado. Nuestros barrios necesitan más educadores o animadores que policías. La represión lleva al fracaso. Nosotros tenemos hoy esta impresión.

Nuestro desafío consiste más bien en promover una sociedad que ofrezca a los jóvenes motivos para vivir y tener esperanza”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Evreux. 6 noviembre 2005

- - -> Para más información: mission.ouvriere27@voila.fr

NO NOS DESENTENDAMOS
MISION OBRERA, Acción Católica Obrera (ACO), la Juventud Obrera Cristiana (JOC), los curas obreros, la Acción Católica de la Infancia (ACE) y los curas y religiosas en los barrios obreros; 06/11/05
EVERUX (FRANCIA).

ECLESALIA, 10/11/05.- Al día siguiente de los graves sucesos que tuvieron lugar en el barrio de la Madeleine de Évreux, sentimientos de miedo, asombro e incomprensión por tales sucesos se impusieron en el ambiente. “Desde esa noche mi mujer está enferma. ¿Cómo se ha podido llegar a todo esto! Nosotros somos pobres. La gente a los que han quemado los coches tiene deudas que pagar. ¿Cómo van a ir a trabajar al día siguiente?

Vecinos de este barrio comprometidos en la vida asociativa local nos hemos reunido en la sede de los movimientos y grupos de la Misión obrera de Evreux e inspirados por nuestra fe en un Dios que es amor, justicia y paz declaramos:

¿Porqué tanta violencia? ¿Porqué tanta incomprensión? Después de las revueltas de esta noche en la Magdalena todos estos “porqués” nos invaden y nuestros labios explotan diciendo: “¿Mi hijo han enviado una docena de curriculums vitae y nadie le ha contestado” (una mujer árabe). “En los grupos de viviendas de la administración donde vivimos hemos hecho una solicitud para que la puerta esté siempre cerrada y cedan un local donde los jóvenes puedan reunirse y hemos recibido la callada por respuesta”. “Disminuyen cada vez más las subvenciones a las Asociaciones de la Madeleine y va todo el dinero al centro de la ciudad”. “Nos aseguran que van a invertir millones en la Madeleine pero no nos dicen cómo van a ayudar a los jóvenes”

Todos nos interrumpimos diciendo cómo aumenta más y más la pobreza y la miseria en el barrio. Los jóvenes tienen el sentimiento de que nadie les necesita, que son demasiados y que su única perspectiva es la precariedad y la marginación. Los discursos oficiales no tienen ningún crédito. Se ha roto el diálogo con la policía y con todo lo que tiene algún cariz de autoridad como son los padres, profesores, administración... Todas personas que tienen contacto con los jóvenes pueden comprender la violencia de que son víctimas.

No se puede justificar la violencia cualquiera que sea y venga de donde venga. Los que cometen estos actos deben ser condenados. Nosotros sufrimos al ver anulada la labor de todos los que trabajan en las redes de asociaciones y la diversidad cultural, que es una riqueza.

NO A LA VIOLENCIA. SÍ AL DIÁLOGO

Nosotros decimos a los jóvenes: ¡Basta ya! ¡Parad! Tenéis el peligro de ser víctimas de esta violencia. Estamos dispuestos a hablar con vosotros. En este barrio de la Madeleine hay mucha gente que está dispuesta a ayudaros.

Nosotros los adultos no nos desentendamos y sobre todo no metamos en el mismo saco y culpabilizando a todos los jóvenes. Como dice uno de ellos”no son así más que una minoría, los jóvenes de la Madeleine no son todos gentuza. ¿Porqué los medios de comunicación no hablan de sus problemas y de las cosas que hacen bien los jóvenes por ejemplo en las asociaciones?”

Ellos no han inventado el fracaso escolar, el paro y la discriminación. Luchemos juntos para que las asociaciones sean dotadas con más medios y sean escuchadas y para que los jóvenes tengan su lugar en la sociedad. ¡Sigamos construyendo la fraternidad!

No podemos evitar hacernos preguntas y sobre todo los políticos. ¡Basta ya de palabrerías! ¡Ya está bien de menosprecios y de arrogancia! Los jóvenes tienen derecho al respeto. Tienen derecho a una escuela de calidad, a un trabajo estable y remunerado. Nuestros barrios necesitan más educadores o animadores que policías. La represión lleva al fracaso. Nosotros tenemos hoy esta impresión.

Nuestro desafío consiste más bien en promover una sociedad que ofrezca a los jóvenes motivos para vivir y tener esperanza”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Evreux. 6 noviembre 2005

- - -> Para más información: mission.ouvriere27@voila.fr