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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

respirar

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REACCIONES INDIGENAS A LA DIFUSIÓN DE LA CARTA DEL CARDENAL ARINZE*
ELEAZAR LÓPEZ HERNÁNDEZ, 13/03/06
TEHUANTEPEC (MÉXICO).

ECLESALIA, 15/03/06.- Acabo de conocer la carta que fue enviada por el Cardenal Arinze al Obispo de san Cristóbal de las Casas, Mons. Felipe Arizmendi, en octubre de 2005. En ella se le comunica la “suspensión de eventuales ordenaciones de diáconos permanentes hasta que se haya resuelto el problema ideológico de fondo”. Se trata de una cuestión puntual para la diócesis de San Cristóbal; y, por lo que en ella se expone, la suspensión se basa en la carga ideológica que Roma considera que existe en la formación de estos diáconos y se apoya también en la expectativa de un sacerdocio no celibatario que, según dicen, se ha suscitado indebidamente en los diáconos indígenas. Desde luego esas aseveraciones no han sido probadas fehacientemente, pero ha bastado la presunción y la palabra de los contrarios para actuar contra el proceso, indicando, además, que con ella se quiere “contribuir a sanear la vida eclesial... abrir la diócesis y... ayudarla a salir del aislamiento ideológico”. Ahí veo la gravedad de este proceder institucional, que no toma en cuenta la palabra indígena ni hace justicia al largo proceso de los hermanos de Chiapas. Por lo que sé, los Obispos y fieles de a diócesis de San Cristóbal han aceptado la decisión asumida en Roma y seguirán adelante, no sin dolor, en su acción pastoral y en su acompañamiento a las comunidades indígenas de la zona integrando las indicaciones superiores. Las consecuencias en las comunidades nativas las veremos más adelante. Seguramente ellas, con la ayuda de Dios, encontrarán formas nuevas y mejores de vivir inculturadamente su fe y compromiso cristiano, a pesar de las restricciones impuestas.

Como ya es del conocimiento público la carta del Cardenal Arinze no es reciente, pues se escribió inmediatamente después de la vísita ad limina de los Obispos mexicanos, que tuvo lugar en septiembre del año pasado. En esa visita ad limina algunos obispos de México no apoyaron la petición de Mons. Felipe Arizmendi para reabrir la ordenación de diáconos indígenas, después de tres años que fuera suspendida también por presión de quienes no están de acuerdo con el avance indígena. Lamentablemente tuvo más eco en los Dicasterios romanos la posición contraria a los diáconos indígenas y el resultado fue esa suspensión provisional, que ahora los enemigos de la causa indígena difunden profusamente queriendo extender las observaciones de Roma a todos los componentes de nuestra lucha indígena dentro de la Iglesia; cosa que no corresponde al tenor de la carta del Cardenal Arinze, quien por cierto, hace unos años, se manifestó favorablemente sobre el papel de las religiones tribales en la lógica de la salvación en Cristo, asunto bastante coincidente con los planteamientos de la teología india.

La carta del Cardenal Arinze a Mons. Felipe Arizmendi no tuvo hace seis meses ninguna difusión en los medios pues se consideró que era expresión coyuntural de una Curia romana que apenas estaba retomando funciones después de la elección del Papa Benedicto XVI; se tenía la esperanza de que estos asuntos indígenas fueran retomados posteriormente de una manera más sosegada y por lo tanto con otro veredicto. Por eso no se vio en la prensa ningún comentario a ella. Pero ahora la sacan a la luz, extrapolando su contenido, con intenciones evidentes de utilizarla para acallar definitivamente la voz indígena dentro de la Iglesia. No debemos dejar que eso suceda por las consecuencias que tendría no sólo para los indígenas sino para la misma Iglesia, que corre el riesgo de perder a los pocos aliados estratégicos que le quedan en el mundo, entre ellos los pueblos indígenas.

Hay en México un grupo no identificado de personas, que se dicen católicas y que tienen poder en los medios, que, desde hace tiempo, han estado instigando que se pare no sólo el asunto de los diáconos indígenas sino que se condene toda la obra de Mons. Samuel Ruíz, Obispo emérito de san Cristóbal de las Casas, a quien ellos consideran el culpable mayor de la problemática indígena.

Este grupo aprovecha todas las ocasiones que tiene a la mano para cuestionar la obra del nuevo Obispo de San Cristóbal, Mons. Felipe Arizmendi, exigiéndole que renuncie al acompañamiento pastoral que da a los indígenas y que fue iniciado por su predecesor. Dicho grupo estuvo de acuerdo con el silencio sobre la carta del Cardenal Arinze. Por eso ahora la relanzan al público con una furia que quisiera llevar a la hoguera no sólo a los Diáconos indígenas, sino la Iglesia autóctona y la teología india. Ellos están utilizando ahora la carta del Cardenal Arinze para dar por terminada la lucha de los indígenas dentro de la Iglesia católica, para que aceptemos que hemos sido rechazados y condenados y que ya no insistamos en nuestro empeño inculturizador de la fe cristiana. Ese es el efecto que quieren lograr en nosotros y en quienes nos apoyan desde dentro de la Iglesia.

Puede ser que el resultado inmediato de este agobio persistente contra los indígenas, dé por resultado que algunas hermanas y hermanos indígenas tiren la toalla para no seguir siendo golpeados por esa porción de la Iglesia católica que se está mostrando incapaz de entender la emergencia actual de nuestros pueblos, pues la confunde con los fantasmas surgidos de sus miedos de clase social y de etnia dominante. Puede ser que por este rechazo la lucha indígena se abstenga en adelante de seguir buscando en la Iglesia espacios de apoyo y de solidaridad que algunos eclesiásticos no quieren dar. Puede ser que algunos hermanos indígenas lleguen a la conclusión de que han perdido el tiempo con la Iglesia y que ya no vale la pena esperar que la institución eclesiástica cambie su relación asimétrica con los pueblos nativos pues ella está más dispuesta a ponerse de lado de quienes nos oprimen y nos niegan todos nuestros derechos. Puede ser que, con decisiones como la suspensión de la ordenación de diáconos indígenas, la Iglesia efectivamente aparezca ante muchos indígenas como cerrada al diálogo e intolerante, y ella misma se ponga en riesgo de perder la oportunidad histórica de estar con los grupos humanos que luchan ancestralmente por su dignidad e identidad cultural y religiosa apoyándose también en nuestro Señor Jesucristo. Quienes hemos asimilado en nuestro ser el amor a nuestro pueblo junto con el amor a la Iglesia, seguiremos clamando, a tiempo y a destiempo, por el lugar digno que nos corresponde en el mundo según el plan de Dios. Y sabemos que aquellos que, desde la Iglesia, -de la que también somos parte-, asumen la causa indígena como su propia causa, seguirán siendo nuestras hermanas y hermanos de camino en la búsqueda de un destino de vida que algunos sistemáticamente nos niegan. Tarde o temprano la historia nos dará la razón. Como San Pablo, decimos hoy: “Si Dios está a nuestro favor ¿quién estará en nuestra contra? Si Él sale en nuestra defensa ¿quién nos condenará?” (Rm. 8,315).

Para ampliar la información sobre la coyuntura eclesial en relación a los pueblos indígenas, hay que leer dos análisis que hicimos recientemente y que yo puse por escrito: “Nuevos ataques a la Teología india” (diciembre de 2005) y ‘Aportes indígenas a la V CELAM” (enero de 2006). No se olviden que las baterías también apuntan a mi persona; a mí me tienen en la mira los adversarios de la pastoral indígena en México y en América latina; a consecuencia de eso y por órdenes de mis superiores me encuentro ahora recluido en una parroquia de la Diócesis de Tehuantepec (México) en espera de un juicio sobre mi ortodoxia, precisamente porque me ubican como el principal promotor de la teología india. ¿Qué pasará si los enemigos de la causa india logran imponer en la Iglesia sus decisiones? No lo sé. Sólo Dios lo sabe. Aunque soy optimista no dejo de preocuparme por el avance de esas posiciones intolerantes. Parece ser que el miedo al terrorismo lleva a algunos a querer aplicar en la Iglesia la guerra preventiva contra los que somos y pensamos diferente. Ojalá podamos quitar de nuestra Iglesia el miedo a la diferencia para que la fe, la esperanza y el amor prevalezcan entre nosotros, ya que, como lo acaba de recordar el Papa Benedicto XVI, “Deus Chantas est”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Confiado en Aquel que me sostiene,

Eleazar


*Nota de la redacción de Eclesalia

La noticia de la carta que fue enviada por el Cardenal Arinze al obispo de de San Cristóbal fue publicada por la agencia ACI (aciprensa.com) el 9 de marzo de 2006 con el titular “Santa Sede dice no a “iglesia indígena” y a sacerdocio casado en América Latina”. Dicha información se recogió en la sección de religión del periódico Periodista Digital (periodistadigital.com).

El texto de la carta de Francis Arinze, (prefecto de la Congregación para el Culto Divino) a Felipe Arizmendi (obispo de san Cristóbal de las Casas) aparece en el último número del boletín “Notitiae” del dicasterio:

“En la última Reunión Interdicasterial, celebrada el 1 de octubre pasado, como Ud. ha podido bien observar, se realizó un detallado y serio examen de la petición presentada por Vuestra Excelencia y de la situación actual de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas y sus incidencias en la vida de la Iglesia Universal. Como resultado de la deliberación se ha convenido como sigue: No se puede ignorar que, aún después de pasados cinco años de la salida de S. E. Samuel Ruiz de San Cristóbal de las Casas, continua estando latente en la Diócesis la ideología que promueve la implementación del proyecto de una Iglesia Autóctona. En este sentido, la Reunión Interdicasterial se ha pronunciado por una suspensión de eventuales ordenaciones de diáconos permanentes hasta que se haya resuelto el problema ideológico de fondo. Asimismo, se pide que se fortalezca la pastoral vocacional, con vistas al sacerdocio célibe, como en el resto de la Iglesia en México y demás países de América Latina; y que se interrumpa la formación de más candidatos al diaconado permanente. Constituye, en efecto, una injusticia contra esos fieles cristianos alentar una esperanza sin perspectivas reales; además, el diaconado supone una vocación personal, no una designación comunitaria sino una llamada oficial de la Iglesia; requiere una formación intelectual sólida; orientada por la Sede Apostólica. Para contribuir a sanear la vida eclesial, desde el inicio se ha pedido y se continúa a indicar, abrir la diócesis a otras realidades propias de la universalidad de la Iglesia Católica, para ayudarla a salir del aislamiento ideológico mencionado. Por último, cabe subrayar que, alimentar en los fieles expectativas contrarias al Magisterio y a la Tradición, como en el caso de un diaconado permanente orientado hacia el sacerdocio uxorado (casado), coloca a la Santa Sede en la situación de tener que rechazar las distintas peticiones y presiones, y, de este modo, se le hace aparecer como intolerante”.

religión nuestra

LO PRIMERO NO ES LA RELIGIÓN
Juan, tercer domingo de cuaresma
JOSÉ ANTONIO PAGOLA.
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 15/03/06.- Todos los evangelios se hacen eco de un gesto audaz y provocativo de Jesús dentro del recinto del templo de Jerusalén. Probablemente no fue muy espectacular. Atropelló a un grupo de vendedores de palomas, volcó las mesas de algunos cambistas y trató de interrumpir la actividad durante algunos momentos. No pudo hacer mucho más.

Sin embargo, aquel gesto cargado de fuerza profética fue lo que desencadenó su detención y rápida ejecución. Atacar el templo era atacar el corazón del pueblo judío: el centro de su vida religiosa, social y política. El Templo era intocable. Allí habitaba el Dios de Israel. ¿Qué sería del pueblo sin su presencia entre ellos? ¿cómo podrían sobrevivir sin el Templo?

Para Jesús, sin embargo, era el gran obstáculo para acoger el reino de Dios tal como él lo entendía y proclamaba. Su gesto ponía en cuestión el sistema económico, político y religioso sustentado desde aquel «lugar santo». ¿Qué era aquel templo?, ¿signo del reino de Dios y su justicia o símbolo de colaboración con Roma?, ¿casa de oración o almacén de los diezmos y primicias de los campesinos?, ¿santuario del perdón de Dios o justificación de toda clase de injusticias?

Aquello era una «cueva de ladrones». Mientras en el entorno de la «casa de Dios» se acumulaba la riqueza, en las aldeas crecía la miseria de sus hijos. No. Dios no legitimaría jamás una religión como aquella. El Dios de los pobres no podía reinar desde aquel Templo. Con la llegada de su reinado, perdía su razón de ser.

La actuación de Jesús nos pone en guardia a todos sus seguidores y nos obliga a preguntarnos por la religión que estamos cultivando en nuestros templos. Si no está inspirada por Jesús, se puede convertir en una manera «santa» de cerrarnos al proyecto de Dios que Jesús quería impulsar en el mundo. Lo primero no es la religión, sino el reino de Dios.

¿Qué religión es la nuestra?, ¿hace crecer nuestra compasión por los que sufren o nos permite vivir tranquilos en nuestro bienestar?, ¿alimenta sólo nuestros propios intereses o nos pone a trabajar por un mundo más humano y habitable? Si se parece a la del Templo judío, Jesús no la bendeciría. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

19 de marzo de 2006
3 Cuaresma (B)
Juan 2 13 - 25

vida de Pedro

vida de Pedro

PERE CASALDALIGA, ‘XVIII PREMI INTERNACIONAL CATALUNYA’
BENJAMÍN FORCANO, sacerdote y teólogo
MADRID.

ECLESALIA, 14/03/06.- ’Premi Internacional Catalunya’ es otorgado anualmente por La Generalitat de Cataluña. Para el 2006 se han presentado 238 candidaturas. Por mayoría absoluta, en su edición XVIII, ha sido otorgado al obispo Pere Casaldaliga, obispo emérito de Sao Félix do Araguaia (Brasil) “por sus meritoria labor entre los más desvalidos, en especial de indígenas y los campesinos sin tierra, con los que ha colaborado en la transformación social del Mato Grosso Brasileño”. El premio, dotado de la escultura “La llave y la Letra” de Antoni Tàpies y dotado con 80.000 euros, le ha sido entregado en persona por el presidente Maragall el día 9 de marzo en el propio Sao Félix do Araguaia.

Es raro en nuestro mundo occidental que a un obispo católico se le conceda un “premio internacional”. Ha ocurrido ahora con Pedro Casaldáliga. Quizás porque los obispos no gozan de buena prensa ni tienen gran credibilidad. Pedro, apodado el “Che” por capitanear entre los claretianos la trinchera renovadora después del Vaticano II, tenía encantamiento y credibilidad. La juventud lo admiraba por su apertura, su compromiso con la justicia y los más marginados, su sensibilidad poética y su capacidad de dialogar con los problemas de la cultura moderna.

En la vida de cada persona hay semillas que preparan su futuro. Esas semillas brotaron en Pedro y le hicieron decir un día al regreso de unos Cursillos de Cristiandad dados en Guinea: “Siento furiosa la realidad y la llamada del Tercer Mundo. Traigo para siempre en mi corazón, confusamente, como un feto, África, el Tercer Mundo, y esa nueva Iglesia -la Iglesia de los pobres- que diríamos luego a partir del concilio”.

Uno encuentra natural que Pedro, ya en el Mato Grosso, en uno de sus primeros entierros -los sepultados eran cuatro niñitos de prostitutas- dijera a su compañero Manuel Luzón: “O nos vamos de aquí inmediatamente, o nos suicidamos, o hallamos una solución para todo esto”. ¿Esto es fruto de circunstancias extremas? Entonces, ¿por qué otros antes que él no se habían convulsionado?

La lealtad, la libertad y la profecía no se improvisan. Cada uno da lo que es. El radicalismo de Pedro proviene de dentro, como de un río secreto que irrumpe cuando circunstancias externas tratan de desviarlo, pararlo, acallarlo. Cuenta Pedro: “Una vez, tras enterrar a uno de esos peones asesinados, cogí un puñado de tierra de su sepulcro, lo puse sobre el altar y excomulgué a esas haciendas. Pero fue un acto contra las haciendas, no contra las personas”. Y, ante la presión de ciertos latifundistas muy “cristianos”, que lo invitaban a celebrar misa en las capillas de sus haciendas, decidió evitar toda ambigüedad: “El Evangelio es para los ricos, pero contra su riqueza, sus privilegios, su posibilidad de explotar, dominar y oprimir. Si cada semana voy a la casa de un rico y no pasa nada, no digo nada, no sacudo aquella casa, no sacudo aquella conciencia, ya me he vendido y he negado mi opción por los pobres”.

No es habitual el testimonio episcopal de Pedro. ¿Qué hace que una misma situación de injusticia a unos los subleve y a otros los deje tranquilos? La extraña discrepancia tiene quizás esta explicación: hay quien se toma en serio lo de que el amor a Dios se verifica en el amor a la persona, el respeto u ofensa de la persona es respeto u ofensa de Dios y, a mayor ofensa, más indignación y compromiso. Ahí veo yo la clave:: “Mi decisión última, escribe Pedro, fue el 1967. Había llegado mi hora. El testimonio laico del Che Guevara, muerto por entonces, era una nueva llamada. Elegí el Brasil. Por fin, había conseguido lo que tanto había soñado: un clima heroico para vivir heroicamente”.

Y, al poco, en el 70, Pedro firmó el informe-denuncia (secuestrado por la policía) que recogía en letanía trágica “los casos en carne viva de peones engañados, controlados a pistola, golpeados o heridos o muertos, cercados en la floresta, en pleno desamparo de la ley, sin derecho alguno, sin humana salida. Hasta el Nuncio me pidió que no lo publicase en el extranjero y uno de los mayores terratenientes me advirtió que no debía meterme en esos asuntos. Pero ahora debemos aplicar nuestra opción: no podíamos celebrar la eucaristía a la sombra de los señores, no podíamos aceptar signos externos de su amistad”.

Expresado en otras palabras: “Yo, Pedro, soy incapaz de presenciar un sufrimiento sin reaccionar. Yo nunca me he olvidado de que nací en una familia pobre. Yo me siento mal en un ambiente burgués. Siempre me pregunté que si puedo vivir con tres camisas por qué voy a necesitar tener diez en el armario. Los pobres de mi prelatura viven con dos, de quita y pon”.

Pedro arroja aquí cierta luz para quienes de verdad decidan ser revolucionarios: “Estoy doblemente convencido de que no se puede tener una sensibilidad revolucionaria y profética ni se puede ser libre sin ser pobre”.

No es habitual que un obispo no visite Roma, cuando tiene obligación de hacerlo cada cinco años; no es habitual oírle decir que él no viaja porque los pobres no viajan y él es un pobre (ni siquiera cuando murió su madre vino a España); no es habitual que un obispo no tenga vacaciones, pero él ha dicho que “las tendrá bajo los parrales de la gloria”; no es habitual que un obispo se entreviste con políticos “mal vistos”: Fidel Castro, Daniel Ortega, etc; no es habitual que a un obispo católico lo visiten, lo lean y le pregunten ateos, agnósticos, periodistas, científicos, gentes de otras religiones; no es habitual que alce su voz para corregir al Papa y denunciar los pecados del sistema eclesiástico: “A Juan Pablo II, escribe, al requerirme para que lo visitara, le hablé con mucho cariño, pero con mucha libertad, ejerciendo el derecho de mi corresponsabilidad eclesial y de mi colegialidad apostólica. Le dije: en el campo social no podemos decir con mucha verdad que hayamos hecho la opción por los pobres, pues no compartimos la pobreza real que ellos experimentan ni actuamos, frente a “la riqueza de la iniquidad”, con aquella libertad y firmeza adoptadas por el Señor”.

Resulta muy esclarecedor lo que comenta acerca de la teología de la liberación: “La teología de la liberación no es un invento moderno, ni está a punto de extinguirse. La teología de la liberación nació en América Latina porque cuando el teólogo pensaba se encontró con un clima de opresión y también de liberación. Las cabezas pensantes de los teólogos iban precedidas por los pies caminantes del pueblo. Han sido muchas las barbaridades colgadas de la teología de la liberación. Nosotros no hemos optado por Marx sino por el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, por su Reino y sus pobres. La teología de la liberación nos obliga a analizar la trágica situación de los dos tercios de la humanidad, señalarla como contraria a la voluntad de Dios y asumir compromisos prácticos. Sólo a los enemigos del pueblo no les gusta la teología de la liberación. ¡Celebrarían tanto que los cristianos pensasen sólo en el cielo...despreciando la tierra!”.

Exiliado de nuestra civilización, enclavado en el sertao a miles de kilómetros, rotas las amarras como quien dice con un mundo sin el que nosotros apenas podríamos vivir, Casaldáliga divisa y sigue lúcidamente el rumbo de nuestro mundo. Su mirada cobra fulgor del proyecto original, en el que seguramente más temprano que tarde habrán de confluir personas, pueblos y continentes. Una mirada que restalla profética en el vaivén desmadrado de propósitos imperialistas, siempre inhumanos y retrógrados.

Nos encontramos ante un cristiano singular, que ha disuelto la dicotomía entre Reino de Dios e Historia del mundo. Precisamente por hallarse entrañado en el mundo, Casaldáliga capta maravillosamente la inmisericordia del sistema capitalista, origen y garantía del mundo de los empobrecidos. Rara vez se ha visto en el mundo eclesiástico un lenguaje -vital, herido, sociológico, tan atinadamente político- que lo estigmatice con tanta fuerza. Pedro no es neutral, considera idolatría ser persona cristiana y flirtear con falsos dioses.

Generalmente los jerarcas eclesiásticos se han llevado bien de la mano del poder. Pedro no puede. Lo dejó bien escrito en su consagración episcopal: “Tu MITRA será un sombrero de paja; el sol y la luna; la lluvia y el sereno; el pisar de los pobres con quien caminas y el pisar glorioso del Señor. - Tu BACULO será la verdad del Evangelio y la confianza del pueblo en ti. - Tu ANILLO será la fidelidad a la Nueva Alianza del Dios Liberador y la fidelidad al pueblo de esta Tierra. - No tendrás otro ESCUDO que la fuerza de la esperanza y la libertad de los hijos de Dios. - No usarás otros GUANTES que el servicio del amor”.

Un obispo así iba a sentir como prioritario el problema de la tierra, una tierra sin ley allá en el Mato Grosso, donde el latifundio era área de inhumana desintegración de indios, posseiros y peones: “Malditas sean todas las cercas! ¡Malditas todas las propiedades privadas que nos privan de vivir y de amar! ¡Malditas sean todas las leyes, amañadas por unas pocas manos para amparar cercas y bueyes y hacer la Tierra esclava y esclavos los humanos! ¡Otra es la tierra, hombres, todos! ¡La humana tierra libre, hermanos!”..

La maltratada tierra hizo que el obispo poeta escribiera: “Yo digo siempre que cuando me hagan la autopsia me van a encontrar tierra en el corazón y en el hígado. En el corazón por el amor a la tierra, y en el hígado, por lo mal que la tierra me ha llevado siempre”.

Analizar, escribir y firmar todo esto era firmar la propia pena de muerte, un desafío. Cohonestar la injusticia ha sido un pecado demasiado ‘católico’. “Dejábamos, escribe Pedro, de ser amigos de los grandes. Si ser obispo es ser la voz de los que no tienen voz, yo no podía honestamente permanecer de boca callada al recibir la plenitud del servicio sacerdotal. Yo me rebelo contra los tres mandamientos del neocapitalismo, que son: votar, callar y ver la televisión”.

Y siguieron las advertencias, las amenazas y las persecuciones: “Voces latifundarias y eclesiásticas, “amigas”, me decían que yo no debía entrar en esos asuntos, porque podrían acusarme de subversivo. Podrían matarme. Y pusieron precio a mi vida, con insistencia. Daban por mi cabeza mil cruzeiros, un revólver 38 y un billete de salida a voluntad... En la dictadura militar, nos perseguían militares católicos. Nuestros presidentes eran católicos, comulgaban. Nuestros terratenientes, católicos. Echan alambradas para proteger sus tierras y, al mismo tiempo, inauguran en ellas una capilla”.

No hay cosa que más asuste a los espiritualistas y que más recelos provoque en muchos cristianos que el tema de la política. Es casi un tema tabú, que se demoniza sin más, como cosa incompatible con la fe. Sin embargo, pocas verdades tan claras en los Evangelios como la de que Jesús fue ajusticiado por el poder político y religioso -la sinagoga y el imperio-. Y lo fue por su intolerable parcialidad: “No se puede servir a Dios y al dinero”.

Hoy se pretende desleír la cruda realidad de que la sociedad es una inmensa pirámide de desigualdad, donde unos están arriba y otros abajo, unos son más y otros menos, donde unos viven en la abundancia y otros en la miseria, donde unos oprimen y otros son oprimidos. Y sería un verdadero sacrilegio querer atribuir esta composición piramidal a Dios, justo y nivelador por excelencia: “Todos vosotros sois hermanos”. El Dios de los señores no es igual al Dios de los pobres. “O se sirve al sistema o se sirve al pueblo. En todos hay un político: reaccionario, reformista o transformador”.

Cada quién verá como anda en política y hacia qué opción deriva. Casaldáliga lo dice claro: “Yo siempre he sido de izquierdas. Ya de pequeño era zurdo, pero en aquellos tiempos estaba prohibido y no nos dejaban escribir con la izquierda. De manera que incluso biológicamente soy de izquierdas. Yo he pasado a las opciones del socialismo. Por el contacto con la dialéctica de la vida, por las exigencias del Evangelio y también por algunas razones del marxismo. Qué socialismo, no lo sé a punto fijo, como no sé a apunto fijo qué Iglesia será mañana la que hoy pretendemos construir por más que sé que la queremos cada vez más cristiana”.

Hoy la realidad de los pueblos es global, mundialmente interconectada, pero se ha globalizado bajo el dictado y leyes del neoliberalismo. Ante esa realidad poderosa, Casaldáliga se mueve con un buen bagaje de racionalidad, dignidad humana, firmeza ética, libertad evangélica y, sobre todo, experiencia inapelable, la de aquellos que, con marcas, atestiguan la inhumanidad del rodillo neoliberal. Son suyos los apotegmas de no a la propiedad privada privadora, no al fundamentalismo del mercado, no al neoliberalismo que mata la vida de la mayoría. Casaldáliga llama a las cosas por su nombre: el neoliberalismo es, por esencia, pecado; la gran blasfemia de nuestros días es la macroidolatría del mercado total; el antidios es el dinero: “Creo que el capitalismo es intrínsecamente malo: porque es el egoísmo socialmente institucionalizado, la idolatría pública del lucro, el reconocimiento oficial de la explotación del hombre, la esclavitud de muchos al yugo del interés y la prosperidad de los pocos. Una cosa he entendido claramente con la vida: las derechas son reaccionarias por naturaleza, fanáticamente inmovilistas cuando se trata de salvaguardar el propio tajo, solidariamente interesadas en aquel Orden que es el bien... de la minoría de siempre”.

Si por algo resulta cautivante el lenguaje de Pedro Casaldáliga es porque hay, tras él, una vida digna, coherente, libre, insobornable.: “Yo moriré de pie, como los árboles // Me matarán de pie”.

Siempre lo he dicho: un obispo sin poder, sin economía, sin burocracia organizativa, ha sido capaz de poner en jaque a uno de los poderes políticos mayores de América. El ha utilizado unas armas distintas: la cultura. Sin cultura no subsiste ningún sistema, es la argamasa que lo cohesiona y legitima. Casaldáliga mete su espada en el corazón del sistema: “Se nos está queriendo imponer una cultura única. Una macrocultura, que nos la pasan por televisión, nos la pasan en la cama. En Brasil, en América Latina y en Europa, el 70 o el 77 por ciento de las películas son gringas, norteamericanas. Y yo digo que una macrocultura acaba siendo más asesina que muchas armas. Culturas impuestas, no sólo matan a los cuerpos, matan las almas, explosionan la salud de los pueblos”.

Vista la vida de Pedro, resulta veraz lo que ha escrito: “Yo me atengo a lo dicho: La justicia: a pesar de la ley y la costumbre, a pesar del dinero y la limosna”. Palabras estas que alumbran un poco las razones por las que se le ha a concedido el Premi Internacional Catalunya. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

amoríos

DE LOS AMORÍOS DE DIOS
Al hilo de la encíclica Deus caritas est de Benedicto XVI
MIKEL SUMPF, teólogo; mikelsumpf@yahoo.es
INNSBRUCK (AUSTRIA).

ECLESALIA, 13/03/06.- Afirmar que Dios es amor puede ser tan teológicamente exacto como existencialmente irrelevante. No es el caso de la primera encíclica de Benedicto XVI, teológicamente impecable y socialmente oportuna. Una lectura atenta descubre una sólida fundamentación bíblica y doctrinal, al tiempo que lanza el reto de la caridad a una sociedad que tiene la tentación de construirse de espaldas a la misericordia. Si toda misiva de amor es siempre bien recibida, la del nuevo Papa no debe ser una excepción: bienvenida su carta sobre el amor.

Los documentos magisteriales deben superar la prueba del algodón de su recepción por parte de la comunidad creyente. No es momento ahora de entrar en la polémica teológica de la necesidad o no de la receptio para determinar la validez de la doctrina trasmitida; en un nivel mucho más prosaico hemos de reconocer que, de un tiempo a esta parte, muchos cristianos y cristianas reciben los documentos romanos con bastante indiferencia. En este caso, tratándose de una carta sobre al amor, la frialdad en la recepción no deja de ser un dato inquietante. ¿Cómo puede una carta de amor dejarnos fríos? ¿La clave no estará en una minúscula preposición que convierte la pasión de una carta “de” amor en la asepsia de una carta “sobre” el amor? ¿No será que los teólogos en su vana pretensión de enseñarnos todo sobre el amor no muestran sino la autopsia de un cadáver diseccionado en eros, ágapes, philias, éxtasis, benevolencias, concupiscencias y alguna víscera más?

El amor no se explica en quince páginas. El amor es servicio, pasión, misericordia, consuelo, trasgresión, hijos, cuerpo, novedad, éxtasis, ... vida. Y la vida, gracias a Dios, siempre nos lleva la delantera.

Afirmar que Dios es amor puede ser tan teológicamente exacto como existencialmente irrelevante. Lo desconcertante no es que Dios sea Amor, ni Bien, ni Bondad -por ponerle tres trajes que le sientan primorosamente-, lo asombroso, lo trasgresor, lo ¿herético?, lo... vivo, es que Dios ande en amoríos con una mujer pecadora pública, que chochee esperando la vuelta de un hijo que le defraudó, que llore amargamente por su amigo muerto, que se le haya visto flirteando con una samaritana junto al brocal de un pozo, que ande en bodas con borrachos, que coma con Zaqueo.

A las encíclicas papales y, por extensión, a los documentos eclesiales, les suelen faltar el nihil obstat de los trenes de cercanías en los que madres de familia, apretujadas como sardinas en lata, mandan cartas de amor a sus hijos mientras se dirigen a limpiar escaleras para que sus retoños tengan un pedazo de futuro que llevarse a la boca. Les faltan cenas en casa de Ana y Maribel que llevan años escondiendo su amor de las miradas inquisidoras de sus familias y que ahora, mientras nos tomamos un poleo menta después de quitar la mesa, me cuentan que por fin se han decidido a adoptar un niño que será infinitamente querido. Les faltan horas de urgencias junto a María y Pedro deseosos que la investigación con células madre libere a su pequeño Javi del dolor de su enfermedad degenerativa. Les faltan noches frías en la Casa de Campo donde las expertas en amor – sí, esas mismas que nos toman la delantera en el camino hacia el Reino- tienen un master en soledades. Les faltan el nihil obstat de la vida.

No es cuestión de esnobismo. No se trata de estar a la última, se trata sencillamente de escuchar la vida y asombrarse con Pedro, el primer Papa papá: Sí, yo he visto el amor de Dios en Ana, Maribel, María, Pedro... y, “¿quién era yo para poder estorbar a Dios?” (cf. Hch 11, 17).

Para entender el amor de los gentiles ya tenemos el Arte de amar de Erich Fromm, para adentrarnos en la locura del Amor crucificado de Dios, puro exceso, absoluta ternura, necesitamos que nos sigan contando que un pastor salió a buscar una oveja, que hubo un hombre malherido al borde del camino o que los pies de Dios fueron bañados con lágrimas, enjuagados con cabellos, cubiertos de besos y ungidos con perfume... por una pecadora pública; ¡qué desvergüenza!, ¡cuánta vida!

¿Para cuándo una encíclica corta, sencilla, que entienda Antonio mi vecino del quinto? Una carta de amor que nos haga vibrar, que incendie el corazón, que nos hable con la autoridad de la seducción, que nos descubra a un Dios cada vez mayor, cada vez más Amor. Mientras llega, bienvenida sea la carta amorosa de Benedicto XVI. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

diez palabras

EN DIEZ PALABRAS
Adaptación de Ex 20, 1-17
ANDRÉS MUÑOZ
GETAFE (MADRID).

ECLESALIA, 10/03/06.- Estas diez palabras dijo Dios:

amarás a Dios y todas las cosas del cielo y de la tierra

tomarás el nombre y la causa de Dios como principal para andar por casa y para echarte a la calle

valorarás el trabajo digno, el descanso y la fiesta, con los que se sacian el hambre de pan y la sed de belleza

honrarás la fecundidad creativa, la maternidad-paternidad que engendra hijos, hijas, familia

defenderás toda la vida: biológica, humana, de esperanza, de sueños

dignificarás el cuerpo humano, la sexualidad, sus pulsiones amorosas

mantendrás la verdad y lo verdadero

respetarás el pan ajeno, los derechos, la dignidad de todo ser humano

mantendrás la mente y el corazón limpios, aseándolo de la basurización

repartirás, compartirás lo poco o mucho que almacenas

En estos síes está la libertad.


(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

en los puentes

ENCONTRARSE EN LOS PUENTES*
RAFAEL CASTELLANO
SEVILLA.

ECLESALIA, 09/03/06.- Educar en la fe a los jóvenes es preparar el terreno para la llamada: es crear el contexto o la textura donde sembrar presencias de trascendencia y cultivar experiencias de Reino de Dios y del Dios del Reino. Y además, acompañar en el crecimiento y maduración de la fe cuando surja, así como compartir la esperanza y gozar fraternalmente de la caridad. Y acompañar mostrando que sabemos por experiencia personal que sabemos lo que le pasa y de lo que estamos hablando.

¿Cómo suscitar la experiencia de Dios - y, por tanto, la experiencia de Dios cristiana - en un mundo de tantas lábiles convicciones, en una cultura que genera muchas personas frágiles y a casi a la deriva, en una sociedad que fragmenta a las personas y las relaciones humanas, en unos tiempos de tanta saturación de experiencias? ¿Cómo ayudar a la madurez humana - psicológica, social, moral, espiritual y religiosa - en una sociedad en la que cuesta mucho trabajo “mantenerte en tus cabales“? ¿Hay posibilidades de creer que Jesús es el Señor sin la experiencia de querer tomarse la vida en serio, a fondo, intensamente y dar pasos autoconstructivos para ello?

Entre tanta variedad y cambio... ¿Hay posibilidad de lugares, tiempos, personas y experiencias teofánicas que seamos capaces de reconocer, de posibilitar, e incluso de intentar implementar de una manera intencional? Creo que sí. Si no los hubiera Dios no sería fiel y el hombre no sería hombre. Dios siempre ama y propone caminos de salvación y el ser humano es capaz de reconocer ese amor, esa presencia y orientar su vida, religiosamente, en esa dirección.

Ahora bien: lo joven es y se expresa de muchas maneras, y más en los tiempos que corren. Cuando se siembran esas presencias de trascendencia, esas experiencias de Reino, esas experiencias de Dios hay muchas calidades de recepción. Además, no perdamos de vista que “ cada uno es cada uno bregando con Dios” y que la historia de salvación personal - nuestros más o menos con Dios en nuestras vidas- es un misterio entre el amor de Dios y la libertad y las posibilidades de cada ser humano.

Detecto unos posibles puentes -latidos, latencias, intuiciones, experiencias- en los que encontrarse como evangelizadores con los jóvenes. Son posibilidades de abrir experiencias profundamente jóvenes -reales, intensas y muy a mano- a la presencia del Evangelio. Son grandes puentes o ámbitos de apertura en los que ayudar a leer, a interpretar y a vivir en profundidad la propia vida. Son posibilidades de educar en la fe, para la fe, desde la fe. Y es que cuando se anhela vivir en profundidad la vida, ya se está en camino, aunque sea incipiente, aunque sea incoado, aunque sea casi latente, hacia Dios. Dios y el hombre somos así.

Además, al adentrarnos en esos puentes, tendremos una magnífica oportunidad de sanear esa compleja y muy arraigada maraña de prejuicios antirreligiosos y anticristianos que desde las redes audiovisuales se inoculan. Y se rompen mostrando que la pasión por la libertad y la felicidad tienen mucho que ver con un tal Jesús de Nazaret, el Señor, el Mesías, el Hijo de Dios. Mostrando que, si la fe no hace feliz en este mundo, no es fe... es otra cosa, patológica... y que si la fe no da libertad, no es fe... es otra cosa, alienante.

Un puente: el deseo de silencio y de encuentro con uno mismo. Hay ya muchos jóvenes conscientes de que no se conocen, de que están desparramados, de que están “troquelados” por tanta “fashion”, que están hartos de tanto ruido... físico, emocional, consumista... y no saben por dónde crecer como seres humanos en lo mejor que hay en ellos. Por tanto, posibilitemos ámbitos de silencio. Acompañemos esas experiencias. Mostremos que sabemos de lo que estamos hablando: Dios habla al corazón de cada uno y posibilita que cada uno seamos únicos e irrepetibles. Además, la Iglesia sabe mucho de silencio: narremos nuestras experiencias de silencio.

Otro puente: la experiencia de la fragilidad personal: la enfermedad, el dolor y la muerte. Las experiencias de fracaso afectivo o de fracaso vital. Las experiencias de desolación. Cuando se toca fondo, uno se pregunta si está solo, aislado, en este duro mundo. Acompañemos esos momentos, mostremos que sabemos de qué estamos hablando: a pesar de la dureza de la vida no estamos solos: hay alguien más, alguien que es un Amor sobre todo Amor. Además, la Iglesia sabe mucho de misericordia: narremos nuestras experiencias de misericordia.

Otro puente: la experiencia del amor. Sea el deseo, sea el dar de sí hacia los demás. Sobre el deseo: existe juventud mientras hay deseo de otro mundo, mientras hay intensidad cuando se vive lo que se vive y se desea vivir humanamente mejor - más justicia, más libertad, más vida.-. Acompañemos esas experiencias mostrando que sabemos de qué hablamos: la pasión por el Reino, por la vida: para que todos tengan vida y vida en abundancia. A esto nos llama el Dios de Jesucristo. Eso es el seguimiento de Jesucristo. Esa es la misión de la Iglesia. Sobre el dar de si hacia los demás: eso es la gratuidad. Hay juventud cuando hay generosidad, Acompañemos esas experiencias. Mostremos que sabemos de qué estamos hablando: el dar gratis lo que gratis hemos recibido, el darse a los demás como signo de que hemos sido creados por amor y de que al amor estamos llamados individual y colectivamente.

Otro puente: la pasión por la verdad. Se es joven cuando se dice no a la impostura, no a la falsedad. Cuando no se pacta con la mentira. Se es joven cuando se desnuda al comediante. al falsario, al funcionario - sea político, sea educador, sea eclesiástico-. Acompañemos esas experiencias, mostremos que sabemos de qué estamos hablando: el anuncio profético del Reino y la denuncia profética de todo lo que impide que el ser humano sea auténticamente ser humano. Además la Iglesia sabe mucho de la búsqueda de la verdad: narremos nuestras experiencias con la verdad.

Otro puente: la inquietud por la unidad, por la comunión, por la creación de redes de solidaridad. Acompañemos esas experiencias. Mostremos que la comunión es algo muy claro por muy vivido por los cristianos actuales y de todos los tiempos. Indiquemos la llamada a la unidad de todo el género humano que constantemente nos lanza Dios Padre de todos los hombres: todos somos hermanos. Además, la Iglesia sabe mucho de comunión: narremos nuestras experiencias de comunión.

Hay más puentes: el deseo de encontrar en la naturaleza la liberación de la alienación del modo de vida urbanita, el deseo de belleza en la creación artesana de obras de arte, el deseo de sentido de la vida en el que uno puede ser uno mismo y participar con lo mejor de unos mismo...

Hay puentes. No hay que hacer “obras de romanos” para conectar con los jóvenes. Sólo hay que salir y caminar con ellos por sus puentes y narrar, humildemente, nuestras experiencias como seres humanos, gracias a Dios. Salir, acompañar y narrar... ¿ No nos damos cuenta de que cada vez vienen menos a nuestros locales? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> *Texto basado de una conferencia de Fransec Torralba en el acto inaugural del curso 2004-2005 del Máster en Pastoral Juvenil organizado en Sevilla por los Salesianos y el Centro de Estudios Teológicos del Seminario de la Metropolitano de la Diócesis de Sevilla.

conciliación laboral

'CONCILIACIÓN DE LA VIDA LABORAL'
Comunicado 8 de Marzo
COMISIÓN PERMANENTE DE LA HOAC
MADRID.

ECLESALIA, 08/03/06.- Desde aquel 8 de marzo de 1908 en que 129 trabajadoras murieron quemadas en el interior de su empresa por reivindicar la jornada laboral de 10 horas, se han dado muchos pasos gracias al tesón y compromiso de muchas mujeres, a las que también se unieron hombres que sintieron de justicia la igualdad de la mujer. Pero todavía queda mucho por transformar:

Si nos fijamos en el mundo del trabajo asalariado, resulta que el 36% lo realiza en condiciones irregulares (economía sumergida, contratos basura, largas jornadas...). Estas mujeres constituyen un colectivo con un elevado grado de debilidad e indefensión. Podemos decir que la pobreza tiene rostro de mujer. Tampoco hay una autentica igualdad de oportunidades, sigue existiendo el llamado “techo de cristal” que impide que las mujeres consigan puestos directivos y de responsabilidad. Se sigue manteniendo una desigualdad salarial.

Si pasamos al ámbito del hogar, resulta que en estos momentos el imprescindible trabajo doméstico está fuertemente desprestigiado; que la mayoría de mujeres asalariadas tienen que soportar una doble jornada: extradoméstica y doméstica; y que la atención a los pequeños, a los ancianos y a los enfermos sigue recayendo sobre ella.

Constatamos que es imposible la conciliación de la vida laboral y la vida familiar porque el sistema productivo neocapitalista se mueve en unos valores totalmente contradictorios e irreconciliables con los valores de la vida familiar.

Repudiamos la frivolidad con que se retrata a la mujer en algunos medios de comunicación. Especialmente los programas del corazón y los anuncios publicitarios que utilizan la imagen de la mujer con carácter discriminatorio y vejatorio.

El mantenimiento de pautas culturales patriarcales está desencadenando la violencia doméstica que sigue produciendo, a pesar de la nueva ley, los asesinatos de mujeres.

Por último, no podemos olvidarnos de las mujeres inmigrantes ni de aquellas que viviendo en países en vías de desarrollo y/o en culturas abiertamente patriarcales y discriminatorias ven agravada notablemente esta situación.

Como militantes de la HOAC, cristianas y cristianos seguidores de Aquél que todo lo hacía nuevo rompiendo con los tabúes discriminatorios establecidos en su cultura y restituyendo la dignidad a los empobrecidos, a las mujeres y todas las personas despreciadas por el sistema, no queremos ni podemos quedarnos con los brazos cruzados ante la realidad actual. Somos conscientes que no es una tarea fácil, que se necesita valentía, esfuerzo, constancia, diálogo, debate, esperanza... También hemos experimentado que empeñarse en construir una convivencia desde el respeto, la libertad, la tolerancia, la participación, el servicio, la solidaridad, la igualdad desde la diferencia... es lo que va haciendo brotar la madurez humana y la felicidad. Por eso:

- Pedimos a nuestra Iglesia, y nos comprometemos en ella, a que recupera y difunda el rostro materno de Dios; a que potencie todo ese movimiento de mujeres teólogas que están creando una nueva forma de investigar y de producir teología partiendo de su propia experiencia de fe; y que abra cauces a la corresponsabilidad de la mujeres en la vida y misión de la Iglesia.

- Desde las Asociaciones en las que estamos colaborando (sindicatos, partidos, AMPAS, AAVV, movimientos Antiglobalización, Pacifistas, Movimientos de Mujeres) y desde la propia Iglesia, levantamos nuestra voz, a veces ahogando un suspiro de rabia y dolor por la muerte de una nueva mujer maltratada, para reivindicar:

· Que realmente se pongan los medios para que se respete la libertad y la vida.

· Que se consiga una verdadera igualdad laboral y una justicia social que permita vivir dignamente a esas · miles de mujeres que no pueden sacar adelante con sólo su esfuerzo a sus familias.

· Una educación en valores igualitarios tanto en la teoría como en la práctica escolar.

· Una mejora y fortalecimiento de los servicios públicos como medio de apoyo a la familia y en especial a la mujer que es la que asume generalmente el cuidado de los miembros familiares con necesidades específicas.

· Que se promueva una cultura, también desde los poderes públicos, los medios de comunicación y la propaganda, que difunda un modelo alternativo de vida y relaciones sociales al modelo patriarcal todavía presente y fuertemente interiorizado. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

“La humanidad posee dos alas: una es la mujer y la otra es el hombre.
Hasta que las dos alas no estén igualmente desarrolladas la humanidad no podrá volar.
Si una de las alas permanece débil el vuelo será imposible”. (Necane Lauzirika).


escuchar

¿A QUIÉN ESCUCHAR?
Marcos, segundo domingo de cuaresma
JOSÉ ANTONIO PAGOLA.
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 08/03/06.- Los cristianos han oído hablar desde niños de una escena evangélica llamada tradicionalmente «la transfiguración de Jesús». Ya no es posible saber con seguridad cómo se originó el relato. Quedó recogida en la tradición cristiana sobre todo por dos motivos: les ayudaba a recordar la «realidad oculta» encerrada en Jesús y les invitaba a «escucharle» sólo a él.

En la cumbre de una «montaña alta» los discípulos más cercanos ven a Jesús con el rostro «transfigurado». Le acompañan dos personajes legendarios de la historia de Israel: Moisés, el gran legislador del pueblo, y Elías, el profeta de fuego, que defendió a Dios con celo abrasador.

La escena es sugerente. Los dos personajes, representantes de la Ley y los Profetas, tienen el rostro apagado: sólo Jesús irradia luz. Por otra parte, no proclaman mensaje alguno, vienen a «conversar» con Jesús: sólo éste tiene la última palabra. Sólo él es la clave para leer cualquier otro mensaje.

Pedro no parece haberlo entendido. Propone hacer «tres chozas», una para cada uno. Pone a los tres en el mismo plano. La Ley y los Profetas siguen ocupando el sitio de siempre. No ha captado la novedad de Jesús. La voz salida de la nube va a aclarar las cosas: «Éste es mi Hijo amado. Escuchadle». No hay que escuchar a Moisés o Elías sino a Jesús, el «Hijo amado». Sólo sus palabras y su vida nos descubren la verdad de Dios.

Vivir escuchando a Jesús es una experiencia única. Por fin, estás escuchando a alguien que dice la verdad. Alguien que sabe por qué y para qué hay que vivir. Alguien que ofrece las claves para construir un mundo más justo y más digno del ser humano.

Entre los seguidores de Jesús no se vive de cualquier creencia, norma o rito. Una comunidad se va haciendo cristiana cuando va poniendo en su centro el evangelio y sólo el evangelio. Ahí se juega nuestra identidad. No es fácil imaginar un hecho colectivo más humanizador que un grupo de creyentes escuchando juntos el «relato de Jesús». Cada domingo podrán escuchar su llamada a mirar la vida con ojos diferentes y a vivirla con más sentido y responsabilidad, construyendo un mundo más habilitable. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

12 de marzo de 2006

2 Cuaresma (B)

Marcos 9, 1-9