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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

argentina

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LA LIBERTAD Y LA PAZ SOCIAL A TRAVÉS DE LA MEMORIA Y EL RECUERDO
“… Los viejos amores que no están, la ilusión de los que perdieron, todas las promesas que se van, y los que en cualquier guerra se cayeron. Todo está guardado en la memoria, sueño de la vida y de la historia …” (León Gieco).
DANIEL E. BENADAVA
ARGENTINA.

ECLESALIA, 24/03/06.- En los países latinoamericanos, en general, existe una “curiosa” tendencia hacia el olvido, lo cual favorece que la memoria y los recuerdos queden vaciados de sentido y contenido. El discurso oficial de los medios de comunicación y de las instituciones educativas, en su gran mayoría, enseñan que las “cosas son así” desde los orígenes de la humanidad, y que de igual forma seguirán hasta la eternidad: siempre hubo, y habrá, ricos y pobres, contentos y amargados, hambrientos y desocupados.

Sin embargo, a lo largo del siglo pasado, en todo el continente, existieron varias experiencias en las que “… los hijos de nadies, los dueños de nada… que no son, aunque sean… que no tienen cara, sino brazos... que no tienen nombre, sino número… que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local… que cuestan menos que la bala que los mata…” (Eduardo Galeano, Los nadies), juntaron sus esperanzas y frustraciones, sus silencios y quejas, sus acuerdos y contradicciones, e intentaron alzarse contra los representantes de un sistema político que los condenaba a sobrevivir en una miseria espantosa.

En cada uno de estos momentos, las clases dominantes, siempre incapaces de crear sociedades justas y solidarias, con mayor distribución de las riquezas, temerosas de perder sus beneficios, y en desmedro del resto de la población, recurrían a los militares, quienes sedientos de poder, tomaban en sus manos la conducción de las naciones latinoamericanas, aniquilando a los que “osaban” levantar la voz para denunciar las atrocidades que se cometían por doquier; secuestrando y torturando, física y psíquicamente a los prisioneros y disidentes políticos; y suprimiendo el libre ejercicio de los derechos humanos.

Un claro ejemplo de estos acontecimientos, que regaron de sangre y dolor el suelo latinoamericano se conmemora en el presente año, ya que el 24 de marzo del 2006 se cumplen 30 años de la última dictadura militar que azotó la Argentina, y que tuvo la escalofriante desaparición de 30.000 personas.

Muchas fueron las voces que, en ese entonces, se alzaron contra los oscuros y siniestros gobernantes que integraron aquella Junta Militar desde los comienzos del año 1976. Una de ellas fue la de Rodolfo Walsh, escritor y periodista argentino, quién con una notable claridad, antes de ser secuestrado, publicó el 24 de marzo de 1977 una carta abierta a los militares, en la que les decía: “… han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación … han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran, para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrantarla, y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido…”.

Así mismo, fueron muchos los integrantes de la Iglesia Argentina que se hicieron presentes en la defensa de la dignidad humana, entendiendo que su misión evangelizadora tenía como parte indispensable la acción por la justicia y las tareas de promoción del hombre.

De esta manera, siendo concientes de que todos somos uno en Cristo (cf. Gál. 3, 28), y que por ende, en la imagen de Jesucristo se sella la definitiva hermandad de la humanidad, y teniendo en claro que el régimen totalitario militar no actuaba contra “entes abstractos”, sino contra seres humanos concretos, de carne y hueso, que son Hijos de Dios y hermanos nuestros, fueron varias las ocasiones en que sacerdotes y laicos denunciaron y condenaron, a lo largo de la década del ´70, la represión sistemática o aislada, la violación de la privacidad, la tortura y el secuestro de seres humanos, que llevaron adelante aquellos que presidieron la última dictadura militar argentina.

En este sentido, es digno de ser recordado y admirado el espíritu de sacrificio, con el que actuaron muchos pastores que, en concordancia con lo que había sido planteado en el Concilio Vaticano II, ejercieron su ministerio en servicio del Evangelio, predicaron en defensa de la dignidad humana, afrontaron la soledad, el aislamiento, la incomprensión, la persecución y, a veces, la muerte.

Un claro ejemplo de esta conducta, fue el Padre argentino Carlos Múgica, quién fue asesinado el día 11 de mayo de 1974 -época en la que la población argentina se debatía entre la intención de construir una democracia real y pluralista, o continuar obedeciendo los “ mandatos foráneos”-, por sostener ideas como: “… El cristianismo es esencialmente comunitario. No decimos “ padre mío ”, sino “ padre nuestro ”. Para entender esto basta con acercarse al pueblo… Tener fe es amar al prójimo, y eso me moviliza a fondo, tanto como para dar la vida por mis hermanos, tanto como para brindarme íntegramente por ellos … Por eso, deberíamos escandalizarnos de que en las villas miserias o en el interior del país mueran niños famélicos porque sus padres ganan sueldos de archimiseria …” (Revista 7 Días, junio de 1972).

En resumen, y como síntesis de las cuestiones planteadas con anterioridad, entiendo que se pueden extraer cuanto menos dos conclusiones.

Por un lado, en Argentina en particular, y el Latinoamérica en general, las sucesivas democracias que sobrevinieron después de las dictaduras militares procuraron, bajo la promulgación de leyes de impunidad, olvido y perdón, crear un “estado de amnesia” en la población de la tragedia ocasionada por los militares, gracias a lo cual muchos de los verdugos de la libertad y la paz social de aquellas épocas oscuras y sangrientas latinoamericanas, no tuvieron juicio ni castigo por los crímenes por ellos cometidos. Ahora bien, según mi parecer, un pueblo que es “obligado” a sepultar su historia en las penumbras del silencio, esta condenado a repetirla. Por este motivo, creo que es indispensable, si se busca construir sociedades participativas y justas, nombrar y recordar con valentía los hechos ocurridos en las sangrientas décadas pasadas, no con el fin de obtener una “revancha” sobre los genocidas que, impunemente, secuestraron, torturaron y aniquilaron a quienes estaban en contra del horror de aquellos días; sino, por el contrario, para poder siempre estar atentos en no volver a transitar por viejos senderos siniestros sembrados de muertes y desapariciones.

Y, por otro lado, creyendo que la Iglesia tiene la obligación evangélica de anunciar la liberación de millones de seres humanos de toda aquella situación de pecado, como lo son las dictaduras militares, que oprimen y denigran la dignidad humana; y sabiendo que no recibimos del Señor un espíritu de esclavos para obrar con temor y miedo (cf. Rom. 8,15), entiendo que los cristianos tenemos el deber de denunciar las atrocidades que se cometieron en la última dictadura que sufrió Argentina a partir de marzo de 1976, para que éstas no vuelvan a repetirse, en ningún lugar del mundo, nunca mas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

entrañas

entrañas

“NO SE OLVIDEN QUE SOMOS HOMBRES”
Carta a Monseñor Romero
JON SOBRINO, 21/03/06
SAN SALVADOR (EL SALVADOR).

ECLESALIA, 23/03/06.- Querido Monseñor: Pocos días antes de tu martirio esto es lo que respondiste a un periodista que te preguntaba cómo ser solidarios con el pueblo salvadoreño: “que no se olviden que somos hombres, y aquí están muriendo, huyendo, refugiándose en las montañas”. Recuerdo bien estas palabras, porque cada vez me parecen más necesarias.

La ultimidad del sufrimiento

Fueron una genialidad de las que ya no se oyen. Sólo se les ocurre a quienes no se contentan con repetir obviedades, sino a los lúcidos, a los misericordiosos, que se dejan remover en las entrañas por el sufrimiento de estos pueblos, a los creyentes de verdad, que ven en los cuerpos destrozados el cuerpo del mismo Dios.

Monseñor, tocaste fondo. Con buen sentido, también dijiste cosas concretas: “el que tenga fe en la oración, que sepa que es una fuerza que ahora se necesita mucho aquí... Y en el aspecto material, aquí hay mucho dónde emplear dinero”. Pero lo fundamental es que nos remitiste a “lo último”, a aquello más allá de lo cual no se puede ir. Y eso no es frecuente. Lo normal es quedamos en “lo penúltimo”, en aquello que podemos controlar sin ser controlados.

No sé si el periodista quedó satisfecho. Pero sin decir nada, lo dijiste todo; y sin exigir nada, lo exigiste todo. “No se olviden que somos seres humanos. No pasemos de largo ante el sufrimiento de los seres humanos”. A tu modo, y sin saberlo, te adelantabas a la intuición de un gran teólogo de nuestros días, Juan Bautista Metz. Pensando en cómo ha cambiado el cristianismo y cómo hay que volver a lo fundamental suele decir: ”El cristianismo, de una religión sensible al sufrimiento, se convirtió cada vez más en una religión sensible al pecado. Su mirada no se dirigió primero al sufrimiento de la criatura, sino a su culpa. Esto entumecía la sensibilidad por el sufrimiento ajeno y oscurecía la visión bíblica de la justicia de Dios que, después de Jesús, había de valer para toda hambre y sed”. Las palabras pueden extrañar, pero nos recuerdan lo fundamental de Jesús, y recalcan con gran fuerza lo que tú decías: “Una cosa les pido: no se olviden de los hombres y mujeres sufrientes de nuestro pueblo”.

Hoy, años después, te seguimos echando en falta, Monseñor, por muchas cosas. Yo en lo personal, por tu clarividencia y audacia en decir cosas últimas como ésta. Líderes, políticos, profesionales, ideólogos, hablamos y analizamos muchísimas cosas, pero cuesta dar el paso y llegar a lo último: cómo está lo humano entre nosotros, y preguntarnos si vamos bien o vamos mal en lo humano. Parece veleidad superflua dedicar tiempo a pensar y construir ”lo humano” -mientras dedicamos tiempos y recursos infinitos a otras cosas. Menciono algunas que pueden ser necesarias y buenas: cómo producir más y ser competitivos, cómo facilitar diversión y esparcimiento, y otras no tan buenas: cómo acercarnos a las maravillas que vienen del norte, como si esto ya garantizase vivir cada uno y unos con otros “humanamente”. Poner lo humano en el centro de interés no dejaría de ser una cursilería, tolerable en el ámbito de lo privado, pero risible en el ámbito público y del poder.

Y lo peor es que, al desaparecer lo humano, se olvida, como tú decías, Monseñor, a los pobres de este mundo. Y de ninguna manera los ponemos en el centro. No nos preguntamos qué hay que hacer por ellos, y menos aún nos preguntamos qué salvación nos pueden dar ellos a nosotros. La civilización de la pobreza, que decía Ellacuría, tantas veces citada, y otras tantas ignorada y despreciada, es lo que en definitiva nos va a salvar. Pero no hacemos caso. Buscamos salvación en bienes y recursos, pero no en lo humano, y menos en lo humano de los pobres. Y así nos va. Si ignoramos lo humano, tarde o temprano todo se viene abajo, e incluso las cosas buenas degeneran.

Humanizar la humanidad

El periodista, por ejemplo, te preguntaba qué solidaridad podría ayudar, y mencionó la ayuda económica y la oración, cosas buenas, ambas, por supuesto. Pero si nos olvidamos de que son seres humanos sufrientes los que la necesitan, la solidaridad degenera, la ayuda languidece y la cooperación internacional termina siendo pensada y llevada a cabo en provecho propio -cuando no se convierte en instrumento de dominación, tal como ocurre con frecuencia. Sin poner a los “seres humanos en el centro”, la solidaridad no humaniza a los que “dan”. Suele, más bien, deshumanizarlos, haciendo que se sientan buenos, superiores, maestros que vienen del mundo civilizado. Y sin poner a los “seres humanos en el centro” no perciben aquéllos cuánto pueden recibir de los pobres, sus valores, su dolor, su esperanza, hasta su gozo. “Santidad primordial” la hemos llamado. Hablar de ayuda que deshumaniza, puede parecer ingratitud o mal gusto, pero ocurre siempre que se olvida que “son hombres”. Hay que planificarla, sí, pero sobre todo hay que humanizarla.

¿Y la oración de la que habla el periodista y tanto nos repiten desde muchas instancias? Evidentemente es cosa buena, pero puede caer en palabrería, en el fatigare deos de los romanos, y en coartada para no luchar contra los dioses que generan las víctimas a las que la solidaridad debe aliviar. Sin tener en cuenta a esas víctimas, lo del Magnificat, “derribó del trono a los poderosos y ensalzó a los humildes”, lo cantaremos al son de guitarras o en polifonía exquisita, pero no sale del corazón y no llega al corazón de Dios.

Bien lo sabes y bien nos lo dijiste, Monseñor. También la religiosidad puede pervertirse. Ahora nos lo advierte tu hermano Casaldáliga: “De la misma fe cristiana se está haciendo un recetario de milagros y prosperidades, refugio espiritualista ante el mal y el sufrimiento y un substitutivo de la corresponsabilidad, personal y comunitaria, en la transformación de la sociedad”. Y eso, Monseñor, no se arregla sólo con mejores planes pastorales o clases de teología. Se le pone remedio volviéndonos a los clamores de lo humano, como los que escuchaba Dios en Egipto y le hizo salirse de si mismo para liberar a esclavos. Y volviéndonos a la bondad y la fe de los humanos, como las de la siriofenicia que cautivó a Jesús.

Y quiero mencionar una tercera cosa: la democracia. Es mejor que las dictaduras y la seguridad nacional que hemos padecido, evidentemente. Pero también necesita sanación, y urgentemente. Si es ir a las urnas, y después de las urnas no hay cambios de vida para los pobres de siempre -y nada digamos cuando hay fraude-; si es proclamar derechos humanos, sin que los pobres tengan acceso a justicia y dignidad; si es vanagloriarse de la libertad de expresión, sin que los pobres puedan hacer uso de ella, peor si no va acompañada de voluntad de verdad, y todavía peor si aquélla sirve para encubrir la negación de ésta; si se reduce a soflamas de igualdad ante la ley, sin crear mínimas condiciones materiales para que esto sea posible… Si en el concierto de las naciones veneramos y servimos a imperios -hoy, la democracia de Estados Unidos-, que impone guerras, controla el comercio en provecho propio y en contra de los pobres, gestiona una globalización que no es tal, pues los excluye y los distancia cada vez más de los países de abundancia... Entonces democracia puede ser flatus vocis o sarcasmo. Para las mayorías “igualdad, libertad, fraternidad” son papel mojado. La conclusión es que no basta con democratizar la democracia, sino que hay que humanizarla. Y eso comienza por no otorgar a ella ultimidad última, ciertamente no en la práctica, pero ni siquiera en teoría, sino a los seres humanos.

Ya ves, Monseñor, que hablo de cosas buenas, solidaridad, religiosidad, democracia, pero muchas veces no funcionan y generan males. No hay que sorprenderse, pues son producto de nuestras manos. Pero pienso que no acaba de interesar que funcionen bien, pues no tomamos en serio lo que está detrás de todas esas cosas, lo que las fundamenta y las pone en la dirección correcta: “los seres humanos”, sobre todo “los que están muriendo, huyendo, refugiándose en las montañas”.

Lo que ocurre, Monseñor, es que ponemos barreras para no enfrentarnos con ellos. A veces las ponemos con malas artes, pero otras veces usamos cosas buenas y necesarias, pero en definitiva para defendemos de ellos. Buena es la economía, la democracia, muchas formas de religión, pero cuántas veces sirven para olvidar y ocultar a millones de hombres y mujeres que son lo realmente último. Ese olvido de lo humano es principio fundamental de deshumanización.

El Dios garante de lo humano

Monseñor, bien sabes cómo lo decía Jesús: “el sábado es para el hombre, y no el hombre para el sábado“. Hoy hay que traducirlo: la democracia y la religión, la solidaridad y la cooperación internacional, los medios de comunicación y las instituciones del saber son para el hombre, y no al revés. Son sobre todo para esos 800 millones que pasan hambre cruel y para los 2,300 millones que tienen que vivir con dos dólares al día. Y no ocurre con facilidad.

No hay que dar por supuesto que nuestros “sábados” no son barreras que nos impiden ver a seres humanos en su realidad concreta. Invertimos cifras que desafían a la imaginación en el buen vivir y el éxito; también invertimos en mentir y encubrir, en armas, guerras, destrucción y muerte. Pero si me permites una palabra que suena a ridiculez, el imperio y “la comunidad internacional” no invierten en bondad, compasión, verdad -aunque dediquen algunos recursos y algunos lo hacen con buena voluntad, a cosas buenas. No invertimos en ética, en esperanza, en el gozo de ser familia humana -y hablo de “invertir” porque es el lenguaje que mejor se entiende hoy. Y lo humano se nos escapa como agua entre las manos.

¿Hay mucho de humano en este mundo, Monseñor? Sí lo hay. No abunda entre los responsables que debieran crear un mundo más humano. Pero, como la semilla del evangelio, vive y crece en mucha gente sencilla, que trabaja y lucha por vivir, que mantiene esperanza y el gozo de la vida. También entre solidarios y voluntarios, intelectuales y profesionales honrados que ponen la ciencia al servicio de la vida, y no al revés. Todos ellos, aun sin saberlo, reproducen muchas de las cosas que nos pedía Pablo, y que tú ejemplificaste: honradez sin componendas, verdad sin acomodos, firmeza sin prepotencia, amor sin fingimiento, y “llevarnos unos a otros”, combatiendo el mal con el bien. Es lo humano.

Monseñor, tú no sólo hablaste de lo humano sino que lo viviste. Por eso, nuestros hermanos anglicanos te han puesto en la fachada de la Catedral de Westminster, en Londres. Al verte muchos pueden encontrar alivio y esperanza, pueden mostrar agradecimiento y pueden tener ánimo para la conversión. Bien estás en Westminster mirándonos a todos. Contigo Cristo volvió a “poner su tienda entre nosotros”.

Y una breve palabra final. Tu invitación y exigencia a “no olvidar a los seres humanos” es como un reverbero de esta otra, que te salió de lo más profundo de tu ser: “Ningún hombre se conoce mientras no se haya encontrado con Dios... ¡Quién me diera, queridos hermanos, que el fruto de esta predicación fuera que cada uno de nosotros fuéramos a encontrarnos con Dios y que viviéramos la alegría de su majestad y de nuestra pequeñez!”.

Dos ultimidades tuviste Monseñor: los pobres y Dios. Ambas se remitían mutuamente, y lo elevaste a teología. Decía bellamente san Ireneo: “la gloria de Dios es el hombre que vive”. Entre los pobres tú lo dijiste de forma todavía más cristiana: “la gloria de Dios es el pobre que vive”.

Te pedimos, Monseñor, que no olvidemos lo humano, a hombres y mujeres, los pobres sobre todo que son camino a Dios. Y que no olvidemos a Dios, defensa del pobre y garantía de lo humano. Así aportaremos, aunque sea un poco, a humanizar la humanidad. Y termino con unas palabras de Casaldáliga en estos días:

“La más esencial tarea de la Humanidad es la tarea de humanizarse. Humanizar la Humanidad es la misión de todos, de todas, de cada uno y cada una de nosotros. La ciencia, la técnica, el progreso, solamente son dignos de nuestro pensamiento y de nuestras manos si nos humanizan más. Frente a ciertos jactanciosos progresos, las estadísticas anuales de ese profeta laico que es el PNUD deberían provocarnos una indignada vergüenza... No se humaniza la humanidad con máquinas y formulaciones (útiles en su tiempo y a su debido modo), sino con la aproximación humana de cada uno y cada una, de cada persona y de cada pueblo. Humanizar la Humanidad practicando la proximidad”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

prudentes

prudentes

LA HORA DE TODOS, LA HORA DE LOS PRUDENTES
JOSÉ IGNACIO CALLEJA, Profesor de Moral Social Cristiana
VITORIA-GASTEIZ.

ECLESALIA, 22/03/06.- ETA ha hecho público, al fin, su comunicado de “alto el fuego permanente”.Yo estoy con los que dicen, frente al terrorismo, dignidad democrática, pero si hubiese alguna oportunidad para la paz, la quiero explorar y aprovechar. Debemos recordar que la gente está obligada a tener dignidad de ciudadanos, pero no a ser heroica. Dioses, sabios y héroes hay muy pocos. Dioses, según yo creo, uno sólo. Me gustaría que si hubiese alguna oportunidad para todos los ciudadanos, los inmovilistas no la arruinaran antes de conocerla. Hemos peleado mucho, cada uno según su valor, contra los terroristas y contra quienes les arropan, y quiero explorar esa oportunidad, con dignidad democrática. Lo espero del gobierno de turno y, en principio, confío en que lo haga. Admito bien las cautelas democráticas en esta cuestión, pero me cansa la gente que está de vuelta en la búsqueda de la paz, en realidad, en nuestro intento de evitar más víctimas. Pues de esto se trata en primer lugar, de evitar más víctimas. Con dignidad, pero de evitar más víctimas. Algunos confunden derrotar a ETA, policial y políticamente, con aplastar a su gente. El problema es que en el País Vasco esta solución, la mayoría de la gente, ni la ve posible, ni la cree buena, ni la desea para vivir en paz. La inmensa mayoría sabe, entre nosotros, que no puede pagarse precio político a ETA, pero esto no significa que la política no tenga nada que decir en el problema y que todo sea cuestión de policías y jueces, y ¡qué dure lo que sea! Queremos la política para favorecer la convivencia en paz, y si no sirve para esto, ¿de qué nos vale su mediación? Es la hora de la política, con dignidad democrática, sí. Para que no haya más víctimas. Para que podamos aceptarnos iguales y, legítimamente, distintos. Es una gran noticia. Está naciendo con dolores de parto. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Dios así

DIOS ES DE TODOS
Juan, cuarto domingo de cuaresma
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 22/03/06.- Pocas frases habrán sido tan citadas como ésta que el evangelio de Juan pone en boca de Jesús. Los autores ven en ella un resumen del núcleo esencial de la fe, tal como se vivía entre no pocos cristianos a comienzos del siglo segundo: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único».

Dios ama al mundo entero, no sólo a aquellas comunidades cristianas a las que ha llegado el mensaje de Jesús. Ama a todo el género humano, no sólo a la Iglesia. Dios no es propiedad de los cristianos. No ha de ser acaparado por ninguna religión. No cabe en ninguna catedral, mezquita o sinagoga.

Dios habita en todo ser humano acompañando a cada persona en sus gozos y desgracias. A nadie deja abandonado, pues tiene sus caminos para encontrarse con cada uno, sin que tenga que seguir necesariamente los que nosotros le marcamos. Jesús le veía cada mañana «haciendo salir su sol sobre buenos y malos».

Dios no sabe ni quiere ni puede hacer otra cosa sino amar, pues en lo más íntimo de su ser es amor. Por eso dice el evangelio que ha enviado a su Hijo, no para «condenar al mundo», sino para que «el mundo se salve por medio de él». Ama el cuerpo tanto como el alma, y el sexo tanto como la inteligencia. Lo único que desea es ver ya, desde ahora y para siempre, a la Humanidad entera disfrutando de su creación.

Este Dios sufre en la carne de los hambrientos y humillados de la Tierra; está en los oprimidos defendiendo su dignidad, y con los que luchan contra la opresión alentando su esfuerzo. Está siempre en nosotros para «buscar y salvar» lo que nosotros estropeamos y echamos a perder.

Dios es así. Nuestro mayor error sería olvidarlo. Más aún. Encerrarnos en nuestros prejuicios, condenas y mediocridad religiosa, impidiendo a las gentes cultivar esta fe primera y esencial. ¿Para qué sirven los discursos de los teólogos, moralistas, predicadores y catequistas si no hacen la vida más bella y luminosa recordando que el mundo está envuelto por los cuatro costados por el amor de Dios? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

26 de marzo de 2006
4 Cuaresma (B)
Juan 3 14 - 21

evangelio aquí

evangelio aquí

EL EVANGELIO, AQUÍ Y AHORA
‘Jesús al que habéis mandado matar, hoy ha resucitado, pues Jesús somos todos’
JOSÉ VIDAL TEJERO
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 21/03/06.- Cuando estaba realizando los ejercicios de la vida diaria, se me ocurrió el traducir unos pasajes del evangelio a nuestro tiempo, y allí me recomendaron que los terminase.

La posibilidad de traducir la vida de Jesús a nuestros días es, pienso yo, imposible puesto que Jesús vivió en un momento concreto de la historia, y nuestro momento es diferente, pero lo que quiero hacer es un ensayo de lo que me imagino que pasaría hoy si Jesús viniera al mundo y le ocurrieran los mismos hechos que en su vida le ocurrieron.

No obstante con lo anterior, y teniendo en cuenta esa dificultad, me lance a traducir un evangelio, tomé como base el de Marcos, aunque en aquellos pasajes que consideré importantes y que no están en el evangelio de Marcos, los busqué de los otros evangelios.

Lc. 2, 1-21

Sucedió que estando María, encinta para dar a luz, se embarcó en una patera junto con su marido José, para ir a España. En la travesía se puso de parto y dio a luz un niño, que allí mismo le puso por nombre Jesús, recibió los primeros obsequios de la gente que le acompañaba en dicha patera, uno le limpió con la manga de su jersey, otro le dejó su chaqueta para taparlo, y todos le dieron ánimos y felicitaciones a María por el alumbramiento, y las olas al chocar con la patera producirán una sinfonía, como si fuera un canto de alabanza por el nacimiento.

Mt. 2, 13-23

Cuando desembarcaron, y se pusieron a andar por una tierra desconocida y con mucho miedo, trataron de esconderse de la policía, y desde unas rocas vieron como detenían a unos compañeros de la patera, a esos se les acabó la esperanza, los devolverían a su tierra otra vez, pero ellos tuvieron mas suerte, consiguieron esconderse y cuando el peligro pasó, fueron a una ciudad y allí como pudo y de lo que encontró, José fue trabajando y sacando algún dinerillo para subsistir.

Al paso de los años, pudieron conseguir papeles, y así José podía trabajar con seguros, y Jesús fue creciendo junto a sus padres, lleno de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

Mc. 1, 4-13

Sucedió que Juan estaba trabajando en una asociación en el barrio, de la que era un líder, y desde ella reclamaba justicia para sus vecinos, había mucha gente trabajando con él, y Jesús decidió ir a ver que era aquello, y después de varias reuniones, tuvo su “bautismo” al ir a colocar carteles reclamando mas colegios para la zona, y estando en esa labor, Jesús tuvo una experiencia de Dios, y se dio cuenta que aquello no era suficiente, que no solo de colegios vive el hombre, sino que había que cambiar al hombre en todas sus facetas.

Mt. 4, 1-11

Se fue a meditar al desierto de todo aquello, y empezó pensando, si realmente Dios me ha elegido, que me dé el poder de transformar estas piedras en pan y así podré solucionar el hambre que padece mucha gente, pero a continuación se dio cuenta que no solo pan necesitan los hombres, sino su transformación y conversión.

Después pensó, si Dios hace un gran milagro conmigo, que lo vean mucha gente, por ejemplo que me tire de una torre muy alta y que sus ángeles me recojan en el aire, seguro que me sigue y me escuchan y así podría adelantar el proceso del Reino, pero después razonó, ¿quién soy yo para tentar a Dios?, dejemos a Dios hacer de Dios y que no sea yo quien interfiera en el proceso aunque a mí me parezca lento.

A continuación se dijo: si tengo la protección de Dios, pues me apunto en un partido político, y con su ayuda puedo conseguir puestos claves en la política y de gran poder, y eso sí, yo emplearía mi poder para ayudar a los mas necesitados, no había terminado con su planteamiento cuando pensó: no se puede servir a dos señores a Dios y al poder del dinero.

Mc. 1, 14-15

Cuando regresó del desierto, y se enteró que habían detenido a Juan, empezó a predicar su mensaje: “Se ha cumplido el tiempo, y el Reino de Dios esta cerca, arrepentíos y trabajar por El”.

Mc. 1, 16-20

Se encontró con Simón y tres mas, a los que conocía de la asociación y les dijo que le siguieran, que los haría hombres nuevos transformadores de la historia, y le siguieron.

Mc. 1, 23-28

Estaba, Jesús enseñando en una plaza, cuando un hombre le increpa, “Mira lo más importante es trabajar poco, ganar mucho, echarse de vez en cuando un lingotazo de vino y un buen polvo con una mujer que esté muy buena, todo lo demás son monserg... ”, al oír esto, Jesús le gritó: “Cállate, sal de ahí, y mira a tu alrededor”, el hombre se retorció por el sobresalto del grito, se giró y vio a una mujer andrajosa, con un niño con los ojos muy grandes y abiertos, pidiendo para comer, y este hombre que siempre miraba hacia arriba, al bajar la vista y ver aquello se le rompieron los esquemas, se acercó a ellos, les dio dinero y les dijo: Vamos al bar de enfrente para que el niño se tome un vaso de leche y tu un bocadillo”

Mc. 1, 29-31

Después se fue Jesús a casa de Pedro, al llegar le dijeron que la suegra de Simón estaba pachucha, pero cuando vió a Jesús, y por las ganas que tenía de escucharle, se sintió mejor se levantó y dijo”: Voy a preparar un café”.

Mc. 1, 40-45

Iba andando Jesús, cuando se le acercó un hombre y se le puso de rodillas y le dijo: “Si quieres puedes ayudarme”, era un “chulo”, o una persona que vivía de la explotación de varias mujeres, Jesús viendo su arrepentimiento le dijo: Reparte el dinero que has ganado en este “oficio” entre los necesitados, deja en paz a las mujeres que explotas, trabaja en algo honrado y luego dedicas tu tiempo a alguna labor humanitaria, y no hagas público esto de momento”, pero el hombre que era tan grande el deseo de dejar aquella vida, y las palabras de Jesús le hicieron tanto bien, que no pudo callarse, y la fama de Jesús se iba extendiendo por la zona.

Mc. 2, 1-12

Estaba Jesús en casa, y como se enteraron la gente del pueblo acudió en masa para escucharle, en esto un hombre de vida licenciosa y que nunca se había movido para hacer algo por nadie, intentaba entrar, pero la gente se lo impedía, por lo que arrastrándose por el suelo pudo llegar hasta donde Jesús estaba, al ver Jesús la fe de este hombre le dijo: “Hijo tus pecados te son perdonados”, algunos de los que estaban allí se dijeron”: ¿Cómo habla este así? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonarle a este hombre?. Jesús adivinando sus pensamientos, les dijo: ¿Por qué pensáis así? ¿Qué es más fácil perdonarle sus pecados o integrarlo en la comunidad?, Por eso le digo: “¡Levántate del suelo y busca a tu hermano!”. El hombre, y como ante las palabras de Jesús le habían hecho un corro, se pudo levantar, y agradecido por las palabras de Jesús, se marcho hacia su casa, y al poco rato encontró una asociación que pedían voluntarios para trabajar en acciones solidarias y entró.

Mc. 2, 13-14

Iba andando Jesús, cuando vio en una orilla a Mateo, que era conocido por sus vecinos por “facha”, y que le había estado observando en silencio las ultimas acciones de Jesús, acercándosele Jesús le dijo: “Sígueme”. El se levanto y le siguió.

Mc. 2, 15-17

Los sacerdotes y la burguesía, al ver a Jesús comiendo con las prostitutas y los chulos, los emigrantes y los fachas, se decían: “¿Por que come con los pecadores y los ilegales?”. Jesús los oyó y les dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos”.

Mc. 2, 23-28

La gente religiosa, y los de una situación económica media, ante la actuación de Jesús y sus acompañantes, se decían: “¡Mira!, Estos no van a la iglesia los domingos con regularidad, admiten entre sus miembros a emigrantes sin papeles, compran discos u otros materiales a los emigrantes en la calle, materiales que son ilegales porque no pagan derechos de autor. Al oír esto les dijo Jesús: “Dios creó al hombre libre, y le dio la tierra para que la poblase, sin limites ni fronteras, fue el hombre el que para defender privilegios adquiridos el que inventó las fronteras, e hizo las normas para conservar dichos privilegios”. Y añadió: “Es que las normas no deben ser hechas para controlar al hombre, sino que el hombre debe hacer las normas para garantizar la justicia”.

Mt. 5, 1-12

Una gran multitud siguió a Jesús, por escucharle, entonces, Jesús se pone a enseñarles así:

-Bienaventurados los pobre de espíritu, los que nada tienen, pero que tampoco ambicionan tener, los que no tienen al dinero como un fin sino como un medio, porque de ellos es el Reino de Dios.

-Bienaventurados los mansos, los que no se alteran ante las vicisitudes, los que siempre ofrecen al otro una sonrisa con cariño, porque ellos heredarán la tierra.

-Bienaventurados los que lloran, porque sufren en su interior un gran dolor al ver la injusticia con que se trata a las personas o a ellos mismos, porque ellos serán consolados.

-Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, al ver la contraposición que soportan los que menos tienen: Los parados, los emigrantes y todos los marginados ante la opulencia, el lujo y el despilfarro de los que más tienen, porque ellos serán saciados.

-Bienaventurados los misericordiosos, que siempre están abiertos a los demás, ofrecen ayuda a todo el que lo necesita, trabajan por la solidaridad, etc. Porque ellos alcanzarán la misericordia.

-Bienaventurados los limpios de corazón, que siempre van con la verdad, sin dobleces ni dobles intenciones, que aman y cuidan la naturaleza, como parte de la creación, porque ellos verán a Dios.

-Bienaventurados los que padecen persecución por enfrentarse al poder público en defensa de la justicia y de los derechos humanos, porque de ellos es el Reino de Dios.

-Bienaventurados los que tienen la paz como único lema en su vida, que se oponen a cualquier injusticia con su palabra y la verdad y que son capaces de ofrecer su vida, antes de atentar contra nadie, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Mc. 6, 35-44

Se hizo muy tarde, y los discípulos, pidieron a Jesús que despidiera a la gente para que pudiese ir a los pueblos cercanos a comprar comida, pero Jesús les dijo: démosles nosotros de comer. Ellos le respondieron: no tenemos comida para tanta gente. Entonces Jesús les dijo: Mirad entre la gente y recoged la comida que lleven. Así lo hicieron, y encontraron alguna tortilla de patata, algo de pan y unos chorizos, entonces Jesús mando sentar a la gente en la hierba, partir la comida que tenían en trozos y distribuirla entre los que allí estaban, después de que comieran todos sobró comida, porque cuando se comparte lo que se tiene entre todos, suele haber suficiente e incluso sobra.

Jn. 8, 1-11

Estaba Jesús sentado a la sombra de un árbol, cuando un grupo le llevó a un joven, con cara de muy asustado, era un joven de los grupos skin, lo dejaron en el suelo, y le dijeron: “Maestro este joven ha sido pillado, asustando a unos pordioseros con este palo, habría que darle una paliza para que escarmentara”, Jesús, haciendo unos dibujos indefinidos con el dedo en el suelo, dijo: “El que de vosotros no tenga pecado, que le dé el primer golpe”, y agachándose otra vez siguió haciendo en el suelo sus dibujos, al oír esto la gente se fue marchando uno detrás de otro, hasta que se quedó solo el muchacho con Jesús, y este le dijo “Muchacho, ¿dónde están?. ¿ninguno te ha condenado?”, Él contestó: “ninguno Señor”. Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete, y no lo hagas más”.

Mc. 10, 17-27

Al salir Jesús al camino, un hombre corrió, se puso delante de El, y le dijo: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?”, Jesús le dijo: “Guarda los mandamientos”, él le contestó: “Maestro, eso ya lo hago”, Jesús le miró con amor y le dijo: “Té queda una cosa por hacer, dedica tu tiempo libre a la gente que lo necesita”. Al oír esto, el joven se fue muy triste, y es que después de su trabajo, iba unos días a un gimnasio, otros a un centro deportivo del que era socio y cuando no, se iba a cenar con sus amigos, por lo que no disponía, según su plan de vida, de nada de tiempo libre.

Jesús miró alrededor y dijo a sus discípulos: “Que difícilmente tiene la entrada en el Reino de Dios, los que se dejan dominar por la sociedad de consumo”.

Lc. 10, 13-15

Un día Jesús increpó a la gente de los barrios ricos, diciéndoles: “¡Ay de vosotros!, que vivís con lujo, y gastáis vuestro dinero en cuidar vuestro cuerpo, mientras en pueblos enteros no tienen el que comer, tiráis la comida sobrante a la basura, y en las esquinas hay gente que no tiene el que llevarse a la boca, yo os digo, que cualquiera de estos pobres está mas cerca del Reino que vosotros”.

Mc.4, 1-20

Y Jesús para poder explicar el proceso de construcción del Reino, lo hizo a través de parábolas, y les contó la del sembrador, la que unas semillas caen en un lugar u otro, y se la explico diciendo:

El sembrador siembra el proyecto, los de junto al camino, son los que han oído el proyecto de Dios, pero que están tan involucrados en la sociedad de consumo, que no hacen nada y siguen con su vida desentendiéndose del trabajo por el Reino; los del pedregal, son los que oyen la invitación, se ilusionan, pero son inconstantes y en cuanto tienen él más mínimo contratiempo lo abandonan; los de las zarzas, son los que escuchan la palabra, pero en ellos les predominan el sistema de vida de lujo y riquezas que llevan y pronto abandonan porque son incapaces de dejar su status para trabajar en el proyecto del Reino, y por último los de tierra fértil, son los que oyendo mi mensaje, dedican su vida a trabajar en el proyecto del Reino y cada cual da su fruto, unos treinta, otros sesenta o el ciento por uno.

Lc. 15, 11-32

Después les contó la parábola del hijo que pidió su parte de herencia y la dilapidó rápidamente, pero que dándose cuenta de su situación fue a pedir perdón a su padre y este hizo una fiesta para celebrar el regreso. Jesús a continuación les dijo: Toda persona por muy grande que sean sus errores, puede si, se arrepiente, volver al Reino, la decisión siempre será de cada uno, pero os aseguro que cuando hay un arrepentido habrá una gran fiesta y el Padre lo acogerá con los brazos abiertos, porque al Reino todos estamos invitados.

Mt. 20, 1-16

A continuación les contó una parábola en la que el dueño de una viña contrató obreros por la mañana, al medio día y por la tarde y a todos les pagó lo mismo. Jesús concluyó diciendo: En el Reino todos cobrarán lo mismo, no habrá diferencias entre jefes y empleados, ni entre técnicos y peones, o entre los que trabajen toda la jornada o parte de ella, porque el pago es la satisfacción del deber cumplido, unos darán diez, otros treinta y otros cien, pero todos darán toda su capacidad y por lo tanto recibirán la paga completa.

Mc. 19, 13-16

Iba Jesús paseando por la calle, cuando al llegar a una plaza, vio a un grupo de niños jugando con una pelota, eran los niños del barrio que junto con niños de color, gitanos, hijos de emigrantes, etc. jugaban sin ningún recelo, al verlos Jesús dijo: “Os aseguro que de los niños es el Reino de Dios y que el no se comporte como ellos no entrará en Él”.

Mc. 11, 1-11

En su camino por los diversos pueblos, se fue acercando a la ciudad, allí visitó los barrios de los trabajadores, con sus aledaños llenos de chabolas, y la gente cuando se enteró quien venía, era tal la fama entre la gente humilde que tenía Jesús, que salió de sus casas y se puso a vitorearlo, ofreciéndole a sus paso vino, frutas y otros alimentos, de los que generalmente a ellos no les sobraban, eran trabajadores, parados, prostitutas, emigrantes tanto con papeles como sin ellos, personas indigentes, etc.

Mc. 11, 15-19

Una vez dentro de la ciudad, y junto con sus discípulos, fue a visitar la catedral, un edificio gótico precioso, al llegar vio en la puerta un tenderete vendiendo velas para las ofrendas, postales y otros objetos como recuerdos de un santo del lugar, etc. y un poco mas adelante una taquilla vendiendo las entradas para visitar el edificio y el claustro, Jesús se altero al ver el negocio montado, y dando una patada a uno de los tenderetes, exclamó: ¿No está escrito que la casa de Dios es una casa de oración para todos los pueblos? Pero vosotros la habéis convertido en un negocio de compraventa. El obispo y los sacerdotes, al enterarse buscaron el medio de acabar con él, pues le tenían miedo por la cantidad de gente que le seguía y que estaba asombrada de su doctrina.

Mc. 14, 12-25

Previendo Jesús que su vida podía terminar, y tratando de buscar una continuidad a su mensaje, se reunió a cenar con sus amigos mas allegados, una vez en la mesa, tomó un trozo de pan y les invitó a sus amigos a que lo comieran, diciéndoles que era su cuerpo, después tomo una jarra de vino y les dijo que era su sangre y se la repartió a sus discípulos y añadió: si el pan es mi cuerpo y el vino mi sangre, lo que habéis tomado es mi vida, y es lo que trato de deciros que retoméis el testigo a mi muerte y continuéis mi mensaje por los tiempos y a través de todo el mundo.

Mc. 14, 37-42

Después de la cena se fue con los más cercanos a un monte a orar, allí sintió miedo y dudas de sí lo que había hecho tenía o no tenía sentido, pero a pesar de todo dijo: Padre hágase tu voluntad, no la mía, sus amigos se había dormido y los despertó el paso de un grupo de policías que vino a detener a Jesús.

Mc. 15, 1-20

Y Jesús fue llevado ante el jefe de la policía y el gobernador de la provincia, le acusaban de alborotador, de levantar al pueblo con falsas promesas mesiánicas que rompían el orden establecido, en el interrogatorio la policía lo abofeteó, y le golpeó sin piedad al mismo tiempo que se reían de el, diciéndole: donde está tu ejercito de pordioseros que no te defiende, después el gobernador no encontrando ninguna prueba sólida con la que acusarlo ante un tribunal dijo que lo soltaran.

Mc15, 33-41

Pero al mismo tiempo que soltaba a Jesús, el gobernador llamó a unos sicarios y les dijo: No quiero que este hombre vea amanecer mañana. Al día siguiente unos hombres que paseaban por la orilla del río, se encontraron el cuerpo sin vida de Jesús, le habían acribillado a balazos.

Hc. 2 1-13

Llenos de miedo sus discípulos se encerraron en una casa, y allí empezaron a hablar y a darse ánimos de unos a otros, y estando en esas conversaciones se les encendió la “lucecita”, y empezaron a entender todo lo que había pasado, y entendieron y hablaron todas las “lenguas” en las que se había manifestado Dios a través de los tiempos, e hicieron correr la voz a todos los simpatizantes convocándolos para el día siguiente.

Mc. 16, 1-8

Era el amanecer del tercer día desde la muerte de Jesús, y la gente se congregó en la plaza mayor, junto al palacio del gobernador, eran los seguidores y simpatizantes de Jesús: trabajadores, hombres en paro, emigrantes, prostitutas, indigentes, etc., iban en silencio portando unos cuantos una pancarta doblada, cuando llegaron a la puerta del palacio del gobernador, la desplegaron, decía: Jesús al que habéis mandado matar, hoy ha resucitado, pues Jesús somos todos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

humanizar

humanizar

HUMANIZAR LA HUMANIDAD PRACTICANDO LA PROXIMIDAD
Comunicación de Pedro Casaldáliga en la recepción del Premi Internacional de Catalunya 2006
PEDRO CASALDÁLIGA, 09/11/06 (traducción de José Mª Concepción)
SÃO FÉLIX DO ARAGUAIA (BRASIL).


ECLESALIA, 20/03/06.- Querido Presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, mi presidente. Querida Sra. Diana Garrigosa. Querida comitiva de la Presidencia y del Jurado del Premio Internacional de mi Cataluña. Querido hermano Leonardo. Queridas hermanas y hermanos.

Es mucha deferencia del Gobierno de Cataluña y del jurado venir hasta São Félix do Araguaia para entregarme su Premio Internacional. Me siento abrumado, por eso y porque este Premio está asociado a personalidades extraordinarias de la filosofía, de la ciencia, de las artes, de la promoción social. Y yo continúo siendo un “fill de Cal Lleter”, un “hijo de la casa del lechero”, de Balsareny, a la orilla del Llogregat, un pequeño arroyo puesto al lado de este Araguaia majestuoso.

Esta deferencia de la Generalitat es motivo, a la vez, para mi gratitud, recibiendo el Premio, y para renovar en la vejez la identidad catalana con sus carismas. “Quan més anem, més tornem”: avanzando en la vida, las personas regresa a los orígenes; el arco de las vivencias se cierra en paz. Nuevo motivo también para reasumir las causas por las cuales, dice el jurado, me otorgan, nos otorgan, este galardón singular.

Las causas de los derechos de las personas y de los pueblos, sobre todo de las personas y pueblos marginados y hasta prohibidos. Causas mías, pero causas de todos nosotros, causas de esta pequeña iglesia de São Félix do Araguaia, que por ellas ya dio sudor y hasta sangre. Causas específicamente de Nuestra América: la tierra, el agua, la ecología; las naciones indígenas; el pueblo negro; la solidaridad; la verdadera integración continental; la erradicación de toda marginación, de todo imperialismo, de todo colonialismo; el diálogo interreligioso, e intercultural; la superación de ese estado de esquizofrenia humana que es la existencia de un primer mundo y un tercer mundo (y un cuarto mundo también) cuando somos un solo mundo, la gran familia humana, hija del Dios de la vida.

Siendo la primera vez que se otorga el Premio a alguien que reside en América Latina, yo, abusando de osadía sentimental, hago cuestión de recibirlo también como “representante adoptivo” de Nuestra América. Mi paisano de Verdú, San Pedro Claver, apóstol de los negros en Colombia, y mi paisano de Sallent, San Antonio María Claret, fundador de mi congregación y arzobispo de Santiago de Cuba, aprobarán sin duda esta osadía.

Nosotros, como Iglesia, lógicamente, abrazamos esas causas a la luz de la fe cristiana, en el seguimiento de Jesús y de su Evangelio: el Evangelio de los pobres, el Evangelio de la liberación.

El Premi Internacional de Catalunya 2006 es nuestro, pueblo mío de la Prelatura de São Félix do Araguaia, nuestra es la gratitud a la Generalitat, nuestro debe ser el renovado compromiso. La danza mayor de Cataluña es la sardana, danza en comunión de un pueblo entero dándose las manos. En la Prelatura, la corresponsabilidad es nuestra danza de celebración y de compromiso. Juntos hemos luchado, juntos recibimos el Premio, juntos seguiremos respondiendo.

El objetivo y la mediación de todas esas causas nuestras se pueden formular en este postulado: Humanizar la Humanidad, practicando la proximidad. ¿Es una utopía? ¡El Evangelio es una utopía mayor! Adaptando la palabra del poeta, titulé así mi última circular: “Utopía necesaria como el pan de cada día”. No la utopía quimérica que arribaría a un “no-lugar”, sino un proceso esperanzado que navega hacia un “lugar-otro”, ¡un “buen-lugar”, eu-topia!

Porque no aceptamos la fatalidad de ese sistema de capitalismo neoliberal que nos imponen, hecha mercado la vida, cuadradas las cabezas en un pensamiento único, bajo un macro-imperialismo político, económico, militar, cultural.

“Es preciso reinventar una economía de convivencia”, pedía Edgar Morin, recibiendo este mismo Premio en 1994. El pueblo guaraní habla de la “economía de la reciprocidad”. Y el pequeño pueblo myky, en este Mato Grosso, proclama como uno de sus dogmas básicos que “vivir es convivir”. Sin prepotencias, sin exclusiones. Todas y todos siendo reconocidos como personas en la radical dignidad de la “raza humana”. Los pueblos indígenas, normalmente, en su autodeterminación se clasifican como “gente”, como “humanidad”; después viene el nombre, la designación particular de cada pueblo, de cada cultura, de cada historia. Identidades colectivas que configuran la Humanidad una y plural.

La globalización actual, con todos sus pecados, graves, tiene como contrapartida la virtud de hacer que hoy, como nunca, la Humanidad se sienta “una”. Estamos descubriendo, por necesidad, que navegamos en un mismo barco. “El choque de civilizaciones” o “la alianza de civilizaciones” son la alternativa inevitable. Como ahora nos encontramos todos con todos, debemos optar o por chocar unos contra otros, en la intolerancia y en la agresión, o por abrazarnos en la comprensión y en la complementariedad. “Las naciones son contenido, no fronteras” afirma Baltasar Porcel, en la presentación de los discursos de los galardonados con el Premi Internacional de Catalunya. Muros, “vallas”, cercas, leyes de intolerancia, no son la solución humana. Los “bárbaros del sur” acabarán rompiendo las fronteras de la separación. “El hambre no tiene fronteras”, gritaba el superviviente de una “patera” africana. Esos nuevos bárbaros acabarán invadiendo la tierra, la casa, la mesa, el alma de los privilegiados de un mundo primero: ¿primero en malgastar; primero en insensibilidad?

La más esencial tarea de la Humanidad es la tarea de humanizarse. Humanizar la Humanidad es la misión de todos, de todas, de cada uno y cada una de nosotros. La ciencia, la técnica, el progreso, solamente son dignos de nuestro pensamiento y de nuestras manos si nos humanizan más. Frente a ciertos jactanciosos progresos, las estadísticas anuales de ese profeta laico que es el PNUD deberían provocarnos una indignada vergüenza.

“Otro mundo es posible”, proclaman los foros de la alternatividad. Otro mundo es necesario. “Hacer real lo posible” es el título del último libro del economista y educador Marcos Arruda: “Una reflexión creativa y propositiva sobre economía…, la praxis de otra economía, ya en marcha, fundada en la cooperación y en la solidaridad y la prospectiva de otra globalización, que valoriza cada persona, cada cultura y cada pueblo. Buscando un proyecto común de Humanidad a partir de la valorización y de la complementariedad de las diferencias”. El Secretario General del Consejo Mundial de Iglesias, Pastor Samuel Kobia, resumía así el tema y el propósito de la IX Asamblea del Consejo, realizada en Porto Alegre, en este mes de febrero: “Transformar el mundo juntos”. El pequeño mundo del propio corazón, del propio hogar, de la vecindad, y el gran mundo de la política y de la economía y de las instituciones internacionales. Otra ONU es posible y necesaria.

Ya es un consenso universal que sólo habrá paz en el mundo si hay paz entre las religiones. Y que sólo habrá paz entre las religiones si hay diálogo entre las religiones. Un diálogo interreligioso, pero que sea generador de Humanidad. Porque no se trata de sentar a las religiones en una tertulia narcisista y aséptica, fuera del mundo de la pobreza, del hambre, de la guerra, del racismo, de la marginación, del miedo. El contenido central de ese diálogo interreligioso ha de ser también humanizar la Humanidad, en nombre de Dios. Nuestro Joan Maragall, el gran poeta humano-humanista de Cataluña, formulaba lúcidamente un principio para toda fe religiosa: “Home sóc i és humana ma mesura / per tot quant pugui creure i esperar” (“Hombre soy y es humana mi medida / para todo cuanto yo pueda creer y esperar”). Para nuestra fe cristiana el propio Dios tomó la dimensión humana del hombre Jesús de Nazaret. Infelizmente, durante siglos, y todavía hoy, las religiones vienen siendo, con demasiada frecuencia, fundamentalismo, división y hasta guerra. Es hora de creer en plural unidad en el Dios de la vida y del amor y de practicar la religión como justicia, servicio y compañía. Un Dios que separa la Humanidad es un ídolo mortífero.

Esa tarea primordial y común de humanizar la Humanidad se hace practicando la proximidad. El Evangelio de Lucas (10, 25-37) nos ofrece la parábola paradigmática para esa praxis humanizadora. El maestro de la ley responde correctamente a la pregunta de Jesús sobre los mandamientos. Sabía el catecismo, por lo menos en su letra. Pero “para justificarse” el doctor en religión pregunta a su vez: “¿Y quién es mi prójimo?” La respuesta de Jesús es desconcertante y provocadora; para el doctor de la ley, para todo el pueblo que escucha “en aquel tiempo” y también para nosotros que la escuchamos hoy, aquí. Prójimo es aquel o aquella a quien yo me aproximo y, en primer lugar, los caídos en el camino, las personas al margen, las mujeres violentadas y sometidas, los emigrantes sospechosos, los extraños de quien no quiero ni saber, ocupado como estoy en mis negocios o tal vez con mi culto…

Yo me debo hacer prójimo descubriendo al prójimo, buscándolo, acogiéndolo, dando y donándome en su servicio. Sin hacer acepción de personas. Sin miedo de contaminarme con un samaritano heterodoxo.

Solamente amo al prójimo en la medida en que salgo, libre, abierto, solidario, al encuentro del prójimo, aproximándome a él, aproximándolo a mí.

No se humaniza la Humanidad con máquinas y formulaciones (útiles en su tiempo y a su debido modo), sino con la aproximación humana de cada uno y cada una, de cada persona y de cada pueblo. Humanizar la Humanidad practicando la proximidad. La Teología de la Liberación nos ha recordado que la verdadera ortodoxia se verifica en la ortopraxis. El propio ser de Dios “consiste en estar amando”, nos dice en el Nuevo Testamento la primera carta de Juan (4, 8-16).

Haber salido de Cataluña, de España, de Europa, pasar por África y venir a vivir definitivamente en este brasileño Mato Graso de esta Nuestra América, me ha universalizado el alma. Y el contacto apasionado con la causa indígena y la causa negra me han ayudado a redescubrir la identidad de las personas y de los pueblos como alteridad y como complementariedad. Aproximarme “al poder de los sin poder” (Václav Havel), en la opción por los pobres, en el movimiento popular, en las comunidades de base y en las pastorales sociales, me despertó definitivamente a la indignación y al compromiso; y también a la esperanza

Agradeciendo de corazón este Premi Internacional, quiero pedir a mi Cataluña que continúe siempre abierta al mar; que, desde el alero de la casa solariega (des de l’eixida pairal), se abra siempre más al infinito mundo. Dentro y fuera de casa; con “els altres catalans” y con los emigrantes que van llegando y con toda la Humanidad. Siendo ella, libre, justa, humanizada y haciéndose proximidad de todos los pueblos de la tierra. “La clau i la lletra” de la escultura del maestro Tàpies es también una parábola de apertura y de comunicación; llave para abrir, letra para hablar. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Humanicémonos siempre más, humanicemos siempre, practicando la proximidad.

Muchas gracias.

Pedro Casaldáliga
São Félix do Araguaia, 9 de marzo de 2006

hazte cura

hazte cura

¿SE NOS ACABAN LOS CURAS?
GREGORIO FERNÁNDEZ
VALLADOLID.

ECLESALIA, 17/03/06.- Se nos acaban los curas. Llega el día del seminario y volvemos sobre lo mismo: que hay que rezar por las vocaciones sacerdotales y que a ver si animamos a los jóvenes a hacerse curas.

Se nos acaban los curas. “Hazte cura”, dice el lema de este año, “por Cristo y por los demás”; “para dar a conocer el seminario, corazón de la diócesis”.

Se nos acaban los curas. ¿Qué diría Jesús? ¿Cómo nos miraría? Me imagino su cara al vernos tan preocupados, su rostro sonriente y compasivo.

Se nos acaban los curas… sin darnos cuenta. En las ciudades seguimos teniendo misas y sacramentos para elegir. En los pueblos se acercan para las fiestas y dicen la misa mayor ¿Qué más se puede pedir?

Se nos acaban los curas. A las parroquias se les empieza a llamar “unidades parroquiales y de atención pastoral” y nos piden que colaboremos todos, que “don José” vendrá de vez en cuando.

Se nos acaban los curas. Parece que este es el mayor problema y la más grande necesidad que tenemos los católicos en los comienzos del siglo XXI.

Se nos acaban los curas. ¿Qué curas? Los curas solitarios y entregados totalmente a su labor de pastores, los curas sin familia y a tiempo completo, los curas varones y de ninguna manera mujeres, los curas de parroquia y sin hogar…

Se nos acaban los curas de hoy porque su media de edad es de 67 años y un 40% pasan de los 75. Según cuentan en España hay todavía unos 18.000 sacerdotes diocesanos, pero los que fallecen duplican a los que se ordenan.

Se nos acaban los curas… y ahora qué.

No cabe ninguna duda de la cura que han supuesto muchos sacerdotes a lo largo de la historia. No sería ningún disparate otorgar un “premio Nobel” a este colectivo. No pararíamos de contar las bondades de su buen hacer por toda la tierra… pero, ojo, entre nosotros son una parte y no lo son todo.

¿Se nos acaban los curas? Cuidemos a los que quedan, recemos por los que fallecen y busquemos la manera de distribuirnos las tareas en comunidad.

¿Se nos acaban los curas? Sería bueno volver los ojos atrás, a los orígenes, y volver a comprender cómo vivir en cristiano en nuestros tiempos.

¿Se nos acaban los curas? Los tiempos anteriores no son más importantes que los primeros. En los primeros tiempos se repartían las tareas.

¿Se nos acaban los curas? Busquemos de entre nosotros quién se puede encargar de animar la fe, coordinar la pastoral, dinamizar las celebraciones…

¿Se nos acaban los curas? Volvamos nuestros ojos a la mirada que Jesús dirigió a mujeres y hombres para que le siguieran y no discriminemos nunca más en la Iglesia.

¿Se nos acaban los curas? La comunidad permanece y en ella la mayoría vive en familia; no deberíamos privarnos de personas vocacionadas por el hecho de estar casadas.

¿Se nos acaban los curas? También se irán acabando los obispos tal y como los solemos ver hoy en día. “Nadie es más que nadie entre vosotros”, se nos dijo.

¿Se nos acaban los curas? Que la comunidad los busque entre las personas a las que Dios suscite pasión por servir en la comunidad. Que la comunidad rastree de entre nosotros el rostro de Dios para que se haga presente. Que la comunidad elija a sus dirigentes, animadoras y animadores… servidores.

Se nos acaban los curas pero queda mucho Reino por hacer. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

caminos

caminos

Más de 140 actos
FORO ESPIRITUAL ESTELLA-2006
Con el lema “Allí donde se juntan los Caminos”, el evento reunirá entre el 23 y el 29 de Junio a las más variadas comunidades espirituales y religiosas
FUNDACIÓN ALALBA
ZUBIELKI (NAVARRA).

ECLESALIA, 16/03/06.- Recién inaugurado el verano, a lo largo de una semana, Estella (Navarra) será capital del mundo de la paz y del diálogo interreligioso. La ciudad del Ega se está configurando como plaza de encuentro espiritual gracias al Foro y al largo proceso preparativo que está conllevando.

El magno evento, de carácter popular y abierto, está orientado a la búsqueda de un nuevo paradigma socialmente conciliador, promotor de paz, amante de la naturaleza. Se trata de explorar entre todos los asistentes un nuevo orden universal, las bases de un mundo más fraterno.

Para propiciar este espíritu de compartir y armonizar, se han habilitado seis amplios espacios. El programa consta de mesas redondas sobre los problemas que aquejan a la humanidad, conferencias , talleres, seminarios, actuaciones artísticas…, así como prácticas espirituales matutinas dirigidas por las diferentes comunidades y movimientos participantes. Habrá igualmente espacios para la oración, el canto y la danza. El programa contará por último con tres diferentes ceremonias de carácter universal en las que se celebrará la unión que desde la diversidad va poco a poco emergiendo.

El evento, organizado por la Fundación Alalba, tiene un coste muy popular de 50 euros para toda la semana, gracias a las subvenciones recibidas que han sido gestionadas por la Asociación TEDER. El Ayuntamiento de Estella también ha apoyado al iniciativa en todos los sentidos. El Foro cuenta también con el apoyo de Asociación UNESCO para el Diálogo interreligioso y el auspicio de “Alianza de la Civilizaciones” de la ONU.

Se acercarán como invitados José Javier Prado, decano de la Facultad de Teología de la Universidad de Deusto Javier Melloni, escritor, teólogo, sacerdote jesuita; María Toscano, filósofa, escritora y estudiosa de los místicos en las diferentes tradiciones, Jalil Barcena, Doctor en Ciencia de las Religiones y Director del Centro de Estudios Sufíes, Bhakti Das, Director del Centro Vedanta Sivananda de Barcelona, Juan José Tamayo, teólogo, presidente de la Asociación de teólogos/as Juan XXIII, José Arregi, teólogo franciscano del Monasterio de Arantzazu y organizador de encuentros ecuménicos, María José Arana, monja , ex-presidenta de la Asociación de mujeres teólogas de Europa, Nekane Adrien, antropóloga especializada en Religión y Símbolo, Gabriel Massen, rabino de la Comunida Judía de Barcelona, Montse Castellà Olivé, traductora de textos budistas e instructora de meditación, Natalie Reverdin, pastora evangélica, Chus Sanz, téologa católica, animadora de grupos de pastoral, Francesc Torradeflot, teólogo y secretario ejecutivo de la Asociación Unesco para el Diálogo interreligioso, Joaquín Tamames, empresario y patrono de la Fundación Ananta, Emilio Fiel, líder nueva conciencia, María Pinar escritora y editora, Javier Martínez, director en España de la revista Biosofía, Óscar Muñoz (Escritor y especialista en temas sufíes), Jordi Orús, director de la Revista Athanor, Luis Paniagua, músico y compositor, Fernando Esparza Ventura, artista, Eduardo Laguillo, músico y compositor...

Hay muy diferentes opciones de alojamiento, desde el saco de dormir en salas habilitadas, hasta albergues, campings y hoteles. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: www.foroespiritual.org / foroespiritual@foroespiritual.org / Telf.: 948 72 06 68