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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

en los puentes

ENCONTRARSE EN LOS PUENTES*
RAFAEL CASTELLANO
SEVILLA.

ECLESALIA, 09/03/06.- Educar en la fe a los jóvenes es preparar el terreno para la llamada: es crear el contexto o la textura donde sembrar presencias de trascendencia y cultivar experiencias de Reino de Dios y del Dios del Reino. Y además, acompañar en el crecimiento y maduración de la fe cuando surja, así como compartir la esperanza y gozar fraternalmente de la caridad. Y acompañar mostrando que sabemos por experiencia personal que sabemos lo que le pasa y de lo que estamos hablando.

¿Cómo suscitar la experiencia de Dios - y, por tanto, la experiencia de Dios cristiana - en un mundo de tantas lábiles convicciones, en una cultura que genera muchas personas frágiles y a casi a la deriva, en una sociedad que fragmenta a las personas y las relaciones humanas, en unos tiempos de tanta saturación de experiencias? ¿Cómo ayudar a la madurez humana - psicológica, social, moral, espiritual y religiosa - en una sociedad en la que cuesta mucho trabajo “mantenerte en tus cabales“? ¿Hay posibilidades de creer que Jesús es el Señor sin la experiencia de querer tomarse la vida en serio, a fondo, intensamente y dar pasos autoconstructivos para ello?

Entre tanta variedad y cambio... ¿Hay posibilidad de lugares, tiempos, personas y experiencias teofánicas que seamos capaces de reconocer, de posibilitar, e incluso de intentar implementar de una manera intencional? Creo que sí. Si no los hubiera Dios no sería fiel y el hombre no sería hombre. Dios siempre ama y propone caminos de salvación y el ser humano es capaz de reconocer ese amor, esa presencia y orientar su vida, religiosamente, en esa dirección.

Ahora bien: lo joven es y se expresa de muchas maneras, y más en los tiempos que corren. Cuando se siembran esas presencias de trascendencia, esas experiencias de Reino, esas experiencias de Dios hay muchas calidades de recepción. Además, no perdamos de vista que “ cada uno es cada uno bregando con Dios” y que la historia de salvación personal - nuestros más o menos con Dios en nuestras vidas- es un misterio entre el amor de Dios y la libertad y las posibilidades de cada ser humano.

Detecto unos posibles puentes -latidos, latencias, intuiciones, experiencias- en los que encontrarse como evangelizadores con los jóvenes. Son posibilidades de abrir experiencias profundamente jóvenes -reales, intensas y muy a mano- a la presencia del Evangelio. Son grandes puentes o ámbitos de apertura en los que ayudar a leer, a interpretar y a vivir en profundidad la propia vida. Son posibilidades de educar en la fe, para la fe, desde la fe. Y es que cuando se anhela vivir en profundidad la vida, ya se está en camino, aunque sea incipiente, aunque sea incoado, aunque sea casi latente, hacia Dios. Dios y el hombre somos así.

Además, al adentrarnos en esos puentes, tendremos una magnífica oportunidad de sanear esa compleja y muy arraigada maraña de prejuicios antirreligiosos y anticristianos que desde las redes audiovisuales se inoculan. Y se rompen mostrando que la pasión por la libertad y la felicidad tienen mucho que ver con un tal Jesús de Nazaret, el Señor, el Mesías, el Hijo de Dios. Mostrando que, si la fe no hace feliz en este mundo, no es fe... es otra cosa, patológica... y que si la fe no da libertad, no es fe... es otra cosa, alienante.

Un puente: el deseo de silencio y de encuentro con uno mismo. Hay ya muchos jóvenes conscientes de que no se conocen, de que están desparramados, de que están “troquelados” por tanta “fashion”, que están hartos de tanto ruido... físico, emocional, consumista... y no saben por dónde crecer como seres humanos en lo mejor que hay en ellos. Por tanto, posibilitemos ámbitos de silencio. Acompañemos esas experiencias. Mostremos que sabemos de lo que estamos hablando: Dios habla al corazón de cada uno y posibilita que cada uno seamos únicos e irrepetibles. Además, la Iglesia sabe mucho de silencio: narremos nuestras experiencias de silencio.

Otro puente: la experiencia de la fragilidad personal: la enfermedad, el dolor y la muerte. Las experiencias de fracaso afectivo o de fracaso vital. Las experiencias de desolación. Cuando se toca fondo, uno se pregunta si está solo, aislado, en este duro mundo. Acompañemos esos momentos, mostremos que sabemos de qué estamos hablando: a pesar de la dureza de la vida no estamos solos: hay alguien más, alguien que es un Amor sobre todo Amor. Además, la Iglesia sabe mucho de misericordia: narremos nuestras experiencias de misericordia.

Otro puente: la experiencia del amor. Sea el deseo, sea el dar de sí hacia los demás. Sobre el deseo: existe juventud mientras hay deseo de otro mundo, mientras hay intensidad cuando se vive lo que se vive y se desea vivir humanamente mejor - más justicia, más libertad, más vida.-. Acompañemos esas experiencias mostrando que sabemos de qué hablamos: la pasión por el Reino, por la vida: para que todos tengan vida y vida en abundancia. A esto nos llama el Dios de Jesucristo. Eso es el seguimiento de Jesucristo. Esa es la misión de la Iglesia. Sobre el dar de si hacia los demás: eso es la gratuidad. Hay juventud cuando hay generosidad, Acompañemos esas experiencias. Mostremos que sabemos de qué estamos hablando: el dar gratis lo que gratis hemos recibido, el darse a los demás como signo de que hemos sido creados por amor y de que al amor estamos llamados individual y colectivamente.

Otro puente: la pasión por la verdad. Se es joven cuando se dice no a la impostura, no a la falsedad. Cuando no se pacta con la mentira. Se es joven cuando se desnuda al comediante. al falsario, al funcionario - sea político, sea educador, sea eclesiástico-. Acompañemos esas experiencias, mostremos que sabemos de qué estamos hablando: el anuncio profético del Reino y la denuncia profética de todo lo que impide que el ser humano sea auténticamente ser humano. Además la Iglesia sabe mucho de la búsqueda de la verdad: narremos nuestras experiencias con la verdad.

Otro puente: la inquietud por la unidad, por la comunión, por la creación de redes de solidaridad. Acompañemos esas experiencias. Mostremos que la comunión es algo muy claro por muy vivido por los cristianos actuales y de todos los tiempos. Indiquemos la llamada a la unidad de todo el género humano que constantemente nos lanza Dios Padre de todos los hombres: todos somos hermanos. Además, la Iglesia sabe mucho de comunión: narremos nuestras experiencias de comunión.

Hay más puentes: el deseo de encontrar en la naturaleza la liberación de la alienación del modo de vida urbanita, el deseo de belleza en la creación artesana de obras de arte, el deseo de sentido de la vida en el que uno puede ser uno mismo y participar con lo mejor de unos mismo...

Hay puentes. No hay que hacer “obras de romanos” para conectar con los jóvenes. Sólo hay que salir y caminar con ellos por sus puentes y narrar, humildemente, nuestras experiencias como seres humanos, gracias a Dios. Salir, acompañar y narrar... ¿ No nos damos cuenta de que cada vez vienen menos a nuestros locales? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> *Texto basado de una conferencia de Fransec Torralba en el acto inaugural del curso 2004-2005 del Máster en Pastoral Juvenil organizado en Sevilla por los Salesianos y el Centro de Estudios Teológicos del Seminario de la Metropolitano de la Diócesis de Sevilla.

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