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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

cuerpo curado

cuerpo curado

NO A LA DOMINACIÓN MASCULINA
Marcos, domingo decimotercero del tiempo ordinario
JOSÉ ANTONIO PAGOLA (Fotocomposición de NANO)
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 28/06/06.- El incidente narrado por Marcos es atractivo. Una mujer avergonzada y temerosa se acerca a Jesús secretamente, con la confianza de quedar curada de una enfermedad que la humilla desde hace tiempo. Arruinada por los médicos, sola y sin futuro viene a Jesús con una fe grande. Sólo busca una vida más digna y más sana.

En el trasfondo del relato se adivina un grave problema. La mujer sufre pérdidas de sangre: una enfermedad que la obliga a vivir en un estado de discriminación e impureza ritual. Las leyes religiosas le obligan a evitar el contacto con Jesús y, sin embargo, es precisamente ese contacto el que la podría curar.

La curación se produce cuando aquella mujer, educada en unas categorías religiosas que la condenan a la discriminación, logra liberarse de la ley para confiar en Jesús. En aquel profeta, enviado de Dios, hay una fuerza capaz de salvar a la mujer. Ella «notó que su cuerpo estaba curado»; Jesús «notó la fuerza salvadora que había salido de él».

Este episodio, aparentemente insignificante, es un exponente más de lo que se recoge de manera constante en las fuentes evangélicas: la actuación salvadora de Jesús, comprometido siempre en liberar a la mujer de la exclusión social, de la opresión del varón en la familia patriarcal y de la dominación religiosa dentro del pueblo de Dios.

Sería anacrónico presentar a Jesús como un feminista de nuestros días, comprometido en la lucha por la igualdad de derechos entre mujer y varón. Su actuación es más radical. La superioridad del varón y la sumisión de la mujer no vienen de Dios. Por eso, entre sus seguidores han de desaparecer. Jesús concibe su movimiento como un espacio sin dominación masculina.

La relación entre varones y mujeres sigue enferma, incluso dentro de la Iglesia. Las mujeres no pueden notar «la fuerza salvadora» que sale de Jesús. Es uno de nuestros pecados. El camino de la curación es claro: suprimir las leyes, costumbres, estructuras y prácticas que generan discriminación de la mujer, y hacer de la Iglesia un espacio sin dominación masculina. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

2 de julio de 2006
13 Tiempo ordinario (B)
Marcos 5 – 21 - 43


de la tortura

de la tortura

CARTA DE ENTIDADES CRISTIANAS A LA JERARQUÍA CATÓLICA y A LOS RESPONSABLES DE OTRAS IGLESIAS CRISTIANAS CON MOTIVO DEL DÍA INTERNACIONAL EN APOYO A LAS VÍCTIMAS DE LA TORTURA (26 de Junio)
ACCIÓN DE LOS CRISTIANOS PARA LA ABOLICIÓN DE LA TORTURA y JUSTICIA I PAU, con la adhesión de unas 50 entitades de raíz cristiana*
BARCELONA.

ECLESALIA, 27/06/06.- Las entidades que suscriben este documento denunciamos la tortura como una práctica a erradicar del mundo, prohibiéndola y sancionando su práctica. Nos indignan profundamente todas las torturas que se han realizado y se realizan en el mundo, tanto las más alejadas de nosotros como las más próximas.

Actualmente hay ciertos gobiernos que para legitimar su particular represión hacia los grupos de oposición o contra las minorías, toman como pretexto la lucha contra el terrorismo De esta manera se abre una brecha importante en el derecho internacional vigente que, de manera absoluta y universal, prohíbe la práctica de la tortura. En la actualidad, ciertas fuerzas políticas consideran legítimo torturar en nombre de la protección contra el terrorismo.

Las reprobables actuaciones que se han producido en determinados lugares del mundo (detenciones arbitrarias, internamientos indefinidos sin cargos, malos tratos, torturas y humillaciones a prisioneros, prisiones secretas, etc) identificadas como occidentales, y desafortunadamente también tildadas de cristianas por una gran parte del mundo musulmán, conducen al menoscabo y a la negación manifiesta de todo respeto a la dignidad humana.

Como dijo el 8 de marzo del 2006, el Secretario General del Consejo Nacional de las Iglesias de los Estados Unidos: «declarar que la tortura puede ser necesaria para proteger nuestra seguridad y nuestra libertad, es una cosa ilógica, inmoral y profana. Es tan horrible como decir que para salvar a una población es necesario destruirla”.

En el Estado español, unas 600 personas denunciaron haber sufrido torturas y/o malos tratos durante el año 2005. A parte, son muchos los que no se atreven a denunciarlo por miedo a represalias, en especial en el mundo de la inmigración y en el de las prisiones.

Entre el 2001 y el 2004 fueron imputados de delitos relacionados con la práctica de la tortura, 227 miembros de las Fuerzas de seguridad del Estado En demasiado numerosas ocasiones los agresores se beneficiaron de la impunidad que envuelve la práctica de la tortura, y algunos fueron indultados después de haber sido condenados con sentencia firme.

Repasando la historia, no podemos considerar a la tortura como un instrumento útil para obtener la justicia, la seguridad, la paz. La tortura nunca ha solucionado un problema político o social de manera segura y duradera. La tortura, además de atentar contra la dignidad de la persona, impide el conocimiento de la verdad, que para la acción de la justicia es imprescindible, y, por contra, facilita la mentira, la delación y la condena de inocentes. Además, admitir o facilitar la tortura por parte de las fuerzas policiales es tanto como abrir la puerta a la violencia arbitraria e irracional.

En este sentido, como en tantos otros, constatamos la sabiduría del mensaje evangélico y el valor de la compasión, tan llanamente expresado en la Carta a los Hebreos, 13,3 «Acordaos de los presos como si vosotros estuvierais presos con ellos, y de los que sufren malos tratos, como si estuvierais en su cuerpo.»

Por todo ello, desearíamos que la Conferencia Episcopal Española, los obispos del Estado y los responsables de las diferentes Iglesias cristianas, hiciesen sentir su voz pública de claro rechazo de la tortura, pidiendo a los responsables políticos del Estado español:

- una actuación firme y decidida para erradicar esta práctica en todos los ámbitos públicos del Estado (comisarías, centros de internamiento, centros de menores, así como en el seno de las Fuerzas armadas),

- que en todas las actuaciones de política exterior sea exigido el respeto a los derechos humanos para concluir cualquier tratado político o comercial,

- que los representantes del Estado español, en el Consejo de Europa, en la Unión Europea y en las Naciones Unidas, tengan una actitud valiente para condenar toda falta de respeto a los derechos humanos, sea donde sea que se produzca. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Associació Lligam – Dona (Servei a les Persones) / Centre Ecumènic de Catalunya / Centre Pare Tosca – Amics de l’Oratori, València / Centro Ecuménico Los Rubios de la Iglesia Evangélica Española, Málaga / Col·lectiu de Dones en l’Església / Col·legi la Salle de la Seu d’Urgell / Colectivo Curas obreros, sección española / Colegio Bienaventurada Virgen María, de Barcelona / Comissió Permanent de la Unió de Religiosos de Catalunya (CONFER) / Comitè de Solidaritat Òscar Romero, Tarragona i Reus / Comunidad Carmelitas Teresas de San José, de Barcelona / Comunitat de Benedictines de Sant Benet, de Montserrat / Comunitat de Benedictines de Sant Pere de les Puel·les, Barcelona / Comunitat de Salesianes de la Casa inspectorial de la provincia de Barcelona / Comunitat Educativa del Col·legi la Salle, de Berga / Comunitat Germanor, de Barcelona / Comunitat Germans de les Escoles Cristianes la Salle, de Berga / Congregación de Religiosas Misioneras de Santo Domingo, provincia de España y Portugal / Delegació Diocesana de l’Apostolat del Mar, Barcelona / Delegación Diocesana de Escultismo de Albacete – Movimiento Scout Católico / Dominicas de la Presentación, provincia España / Escola Técnico-Professional Xavier, de Barcelona / Escola Universitària Salesiana de Sarrià, de Barcelona / Fòrum Terrassenc – Nova Expressivitat, de Terrassa / Fundació Alfons Comín, de Barcelona / Germanes de la Consolació, de Reus i Tarragona / Germanes Oblates, Barcelona - El lloc de la dona / Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús del Hospital de San Rafael, de Barcelona / Institució Xaveriana, de Barcelona / Justícia i Pau, de Girona / Justícia i Pau, de Mallorca / Justicia y Paz, de Valladolid / Manos Unidas, de Bilbao / Manos Unidas, de San Sebastián / Manos Unidas, de Vitoria / Mans Unides, de Barcelona / Mercedarias Misioneras de Berriz, provincia de España / Monestir Cistercenc de Santa Maria de Solius, de Girona / Moviment d’Universitaris i Estudiants Cristians de Catalunya i les Illes (MUEC) / Parròquia de la Mare de Déu del Carme del Raval, de Barcelona / Parròquia de Sant Paulí de Nola, Barcelona / Parròquia de Sant Pere Ermengol, de Barcelona / Patronat Filles de la Caritat, de Barcelona / Red África Europa Fe y Justicia (AEFJN), antena Barcelona / Red África Europa Fe y Justicia, antena Madrid / Religiosas Filipenses, de Barcelona / Secretaria de Pastoral Penitenciària de la Província Eclesiàstica de Barcelona / Secretaría Departamento de Mujeres Iglesia Evangélica Española / Secretariado Social Diocesano Justizia eta Bakea-Donostia.


- - -> Para más información: http://acat.pangea.org - acat@pangea.org - http://www.justiciaipau.org - justiciaipau@justiciaipau.org

otra voz

otra voz

OTRA VOZ EN LA IGLESIA
Presentación de "Redes Cristianas" en el Centro UNESCO de la Comunidad de Madrid el 14 de junio de 2006
EVARISTO VILLAR
MADRID.

MADRID., 23/06/06.- Es de agradecer la presencia de los medios en esta mañana, máxime cuando casi toda la información en estos días la acaparan el Campeonato Mundial de Fútbol y la consabida escena dramática que tiñe a diario de sangre el Próximo y Mediano Oriente. Nuestro reconocimiento es también para el Centro UNESCO de la Comunidad de Madrid que generosamente nos ha prestado sus instalaciones para llevar a cabo esta presentación .

Para quienes no estéis ya familiarizados con el sujeto de esta convocatoria, será preciso que comencemos haciendo una breve aproximación a lo que es o pretende ser Redes Cristianas; que descubramos, luego, su origen, sus raíces; que manifestemos, en tercer lugar, el porqué nace ahora esta institución y el para qué; que dibujemos gosso modo su estilo y talante, su espíritu; y que, finalmente, cerremos esta presentación con una lista de los colectivos que actualmente integran Redes Cristianas.

1. Digamos, como primera aproximación, que Redes Cristianas es un sujeto colectivo cristiano crítico y de ámbito estatal. Este “sujeto colectivo” está constituido, actualmente, por 150 comunidades, movimientos, grupos, instituciones, parroquias, etc. Aunque no se han descartado expresamente las adhesiones individuales, por motivos prácticos se ha comenzado por la coordinación de los colectivos. Redes Cristianas, después de mucho debate, se ha dado una Carta de Identidad que refleja en mínimos los objetivos que persigue esta institución; y se ha dotado también de una Organización Interna, suficientemente flexible para no caer en la burocracia y eminentemente práctica para ser operativa y no ceder a la ineficacia. Estas son sus mediaciones: Asamblea General, Asamblea de Representantes, Coordinadora, Equipos Especiales de Apoyo y Consejo Editorial de la página Web (www.redescristianas.net). Se pretende no duplicar ni anular la actividad particular de ningún colectivo, pero unirse para hacer juntos aquellos gestos y compromisos que en pequeño grupo no sería posible realizar.

Se trata, en segundo lugar, de un sujeto colectivo, integrado por “cristianos críticos” que pertenecen a la Iglesia católica, que son parte de la misma. Aunque pueda resultar extraño, dada la actual orientación restauracionista y conservadora que domina esta institución (que injustamente se sigue identificando casi siempre con su jerarquía y sus grupos más reaccionarios, -¡ya va siendo hora de que la prensa especializada empiece a desprenderse de su pereza mental o ignorancia crónica en este campo-), este movimiento cristiano-católico de base se caracteriza por su diálogo franco y sincero y su apertura sin prejuicios a los nuevos aires y signos de la modernidad. Se trata, pues, de unas personas abiertas y dialogantes, en nada sospechosas que, desde su fe, encuentran razones teológicas suficientes para entablar un diálogo constructivo y fecundo con no importa qué rama del saber humano siempre que sea liberador y con el pluralismo religioso que ya existe en nuestro país. Esta apertura llega, como se refleja suficientemente en su Carta de Identidad, hasta la confluencia y reforzamiento de su actual presencia en los movimientos sociales y ciudadanos, altermundialistas, que apuestan por “otro mundo y otra ciudad posibles”.

En el amplio espectro del cristianismo actualmente reinante en nuestro país, en modo alguno uniforme, Redes Cristianas se desmarca abiertamente de ese “catolicismo confuso y difuso”, sociológico, ritualista y casi siempre mudo que ha generado mayormente el nacionalcatolicismo, la cristiandad; tampoco puede identificarse con un “cristianismo eclesiástico o eclesiocéntrico”, controlado por la jerarquía y muy influyente en las altas esferas vaticanas (hasta el punto de ser calificado como “el nuevo ejército del Papa”: Opus, Neocatecumenales, Legionarios, Comunión y Liberación, etc.), pero con una presencia más bien legitimadora de la actual situación de desigualdad tanto en la sociedad como en la Iglesia..

En este panorama, Redes Cristianas, como sujeto colectivo crítico, se sitúa más bien en la base social y eclesial, más celoso roussonianamente de la participación de todos y todas que de la delegación, más partidario de la organización horizontal que de la jerárquica o vertical. Su perfil enlaza más con aquel “cristianismo de mediación” que, desde mediados del pasado siglo, ha pretendido vivir en el mundo, involucrado codo a codo en los movimientos que luchan por la transformación de la realidad desigual, injusta y esclavizante (y tipificado en militantes de la talla de un Alfonso Carlos Comín y continuado posteriormente por un Diamantino García), que con un “cristianismo de presencia” que ha necesitado siempre de instituciones confesionales propias para definir su presencia y misión en el mundo. En una sociedad laica y aconfesional como la nuestra, este cristianismo de presencia cada día se va encontrando con mayores dificultades y se va evidenciando más ineficaz. En la línea trazada por el Vaticano II, principalmente en la Constitución Gaudium et Spes, y desarrollada posteriormente en las teologías y espiritualidad de la Liberación, Redes Cristianas pretende hacer de su praxis otra forma de ser y de estar como Iglesia cristiana y católica en el mundo, participando responsablemente en su ordenamiento y transformación.

Concretando un poco más esta identidad, digamos que Redes Cristianas es una institución católica, actualmente de “ámbito estatal”. Lo que quiere decir que hoy por hoy ya cuenta con representación en cada una de las Comunidades Autónomas; pero que, en el futuro, y dadas los deseos de adhesión manifestados por varios colectivos cristianos de otros países, está llamada a abrirse a la universalidad, que es la verdadera catolicidad.

2. ¿Por qué nace ahora Redes Cristianas? Se pueden traer a colación diferentes motivos. Anotamos simplemente algunos. En primer lugar, la coordinación de los movimientos transformadores en la Iglesia católica ha sido siempre una constante en la historia de esta institución. Basta recordar los movimientos monásticos en los siglos IV y V, los movimientos pauperistas de los siglos XII y XIII o la misma Reforma Luterana en el siglo XVI. Hay siempre una llamada a unirse para vivir con mayor radicalidad el Evangelio y atraer al resto de la Iglesia a su inspiración originaria. Entre nosotros, en el mismo momento de la constitución de Iglesia de Base de Madrid, hace ahora justamente 20 años, ya se expresaba esta misma preocupación en su Documento Programa (1986, p.1) con estas palabras: “También hemos manifestado nuestra disposición a ampliar esta coordinación a otros grupos y comunidades de Madrid y del Estado español con planteamientos similares a los nuestros”. Y estos planteamientos no eran otros que “la opción por los pobres”, la “presencia profético-liberadora en la sociedad y en la Iglesia” y “la construcción de comunidades libres y corresponsables”. La misma preocupación se vuelve a expresar durante la XV Asamblea General de la Red Europea de Iglesia por la Libertad, celebrada en Madrid (mayo del 2005) en cuyo contexto se elaboró el librito Vamos a Recuperar la Alegría. Aquí se dice expresamente que “necesitamos fomentar y fortalecer una mayor coordinación... capaz de ir proyectando en la sociedad y en las iglesias un estilo de vida alternativo al actual sistema, y unos valores más cercanos a aquellos por los que estamos luchando: la igualdad radical, la justicia, la solidaridad y la paz” (p. 69). Esto por una parte.

Desde un análisis más coyuntural, la actual crispación sociopolítica que estamos padeciendo y el posicionamiento “unilateral” de la jerarquía católica en temas de reproducción y bioética, su militante actitud contra la legalización del matrimonio homosexual y la encarnizada defensa del privilegio católico en la enseñanza de la religión en la escuela pública, etc., así como la apuesta a ultranza por el jerarquismo patriarcal en su funcionamiento interno y la consiguiente marginación del laicado y especialmente de la mujer, han sido causas determinantes en este nacimiento. Redes Cristianas quiere ser legítimamente “otra voz en la Iglesia católica”, diferente, y en ocasiones alternativa, a la que se pretende única, como es la voz de la jerarquía.

Desde la Fenomenología de la religión, por otra parte, estamos siendo testigos de la crisis galopante que está afectando a la fe no sólo en nuestro país sino en el conjunto del mundo occidental. Se trata de una crisis que, más allá de la religión en general y más allá de las mismas religiones históricas con notorio arraigo, afecta particularmente a la plausibilidad de la fe cristiana y a la credibilidad de las iglesias, principalmente de la católica. Y, mientras todo esto está ocurriendo, con verdaderos estragos en el pueblo cristiano, los portavoces oficiales de la jerarquía católica parecen estar mirando a otro lado: más preocupados por desacreditar a quienes buscan respuestas nuevas a los nuevos desafíos que la nueva racionalidad está presentando a la practica de la fe que por acompañarlos solidaria y pastoralmente en este empeño; más empeñados en la defensa de unos privilegios que crean desigualdad y agravios comparativos, que en la defensa de la igualdad, la justicia y las libertades a todas y a todos debidas. También esta situación ha provocada el nacimiento de Redes Cristianas.

Desde el punto de vista teológico, finalmente, tampoco, como a veces se cree, es un momento neutro o vacuo el que estamos viviendo. Los autores de la Biblia lo calificarían como un verdadero “cairós”, un tiempo particularmente propicio para volver a la cordura, a la inspiración originaria, a las verdaderas raíces de la fe cristiana. Juan XXIII no dudaría en calificar nuestros días como un verdadero signo de nuestro tiempo. Un signo que nos invita a desentrañar la densidad de la historia que van haciendo conjuntamente una sociedad siempre en cambio y una Iglesia que, para no quedar convertida en estatua de sal, deberá estar profundamente inmersa en este dinamismo. Un tiempo, pues, especialmente propicio para implicarse en la transformación radical de la Iglesia y de la misma sociedad. Todos los signos están apuntando en esa dirección.

3. Sólo una última palabra sobre lo que pudiéramos considerar el carácter, talante espíritu de Redes Cristianas. Una lectura reposada de su Carta de Identidad nos pone inmediatamente en la pista. Se trata de una institución que nace con proyecto, con propuesta, con agenda propia; no quiere poner su principal tarea en la reacción, el rechazo, el desmentido, como si tuviera que estar esperando a que otros le marcasen su propio recorrido.

Es evidente que, desde el talante profético del Evangelio de Jesús, ningún cristiano puede quedar indiferente a lo que represente un verdadero atropello a la dignidad humana, tanto dentro como fuera de la Iglesia. En este sentido, Redes Cristianas tendrá que ser firmemente crítica con todas aquellas instancias, instituciones, poderes y aun individuos que se caracterizan por un desprecio profundo de los derechos más elementales de las personas: la igualdad, la justicia, la misericordia, la paz, etc. Ante situaciones de este tenor, Redes Cristianas no puede ni debe callarse.

Pero tampoco pretende quedarse sólo en la denuncia. La sociedad y la Iglesia, para ser igualitarias y justas, para ser tolerantes y practicar la misericordia necesitan propuestas alternativas que vayan más allá de los márgenes o límites que ellas mismas han establecido como legales. La realidad siempre está desbordando la legalidad. Quedarse en la mera legalidad puede representar muchas veces un perfecto ejercicio de cinismo. Y para nadie es un secreto decir que gran parte de nuestra legalidad actual está encubriendo montañas de desigualdad y de injusticia, de falta de misericordia. Situaciones que, al fin, acaban convirtiéndose fácilmente en fuentes de conflicto, violencia y guerra. En estas situaciones, para ser justos y misericordiosos, será necesario brincar sobre los márgenes, romper las legalidades impuestas de forma injusta e inmisericorde. Los nuevos retos, en fin, están exigiendo nuevos planteamientos, nuevas propuestas. Y este parece ser el objetivo predominante que persigue Redes Cristianas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: www.redescristianas.net

con el pueblo

con el pueblo

TODOS SOMOS LA YUCA
JUAN CARLOS PINEDO IBÁÑEZ, Equipo Pastoral de Llodio (Álava), exmisionero en Los Ríos (Ecuador)
LLODIO (ÁLAVA).

El Grupo Misionero Vasco en Ecuador

ECLESALIA, 22/06/06.- El Grupo Misionero Vasco lleva más de 50 años en Ecuador, con el nombre de la provincia de Los Ríos dando identidad a su proyecto misionero. Durante ese largo tiempo, la opción preferencial por los pobres, la creación de Comunidades eclesiales de base y el trabajo en equipo han sido tres de sus rasgos diferenciales en el camino de construcción del Reino.

La Asamblea de obispos latinoamericanos en Medellín (Colombia) 1968 ha marcado nuestra marcha pastoral de estos últimos 40 años, enrumbándonos de forma clara hacia la solidaridad con los pobres. Desde su llegada al Ecuador, el GMV (Grupo Misionero Vasco) buscó estar en los lugares pobres, donde nadie quería estar, remontarse por los campos y los ríos. Medellín supuso dar forma a esa intuición y unirla a la gran corriente de la Iglesia latinoamericana iluminada por la teología de la liberación.

Muchos/as de nosotros/as hemos dicho que fuimos al Sur para evangelizar, para enseñar y hemos sido evangelizados, nos sentimos deudores de una forma de vivir el evangelio que desafía a nuestro mundo poderoso. Hoy decimos que nuestra relación con el Sur es dar y recibir, recibimos más de los que damos.

Palenque en Los Ríos

La situación de la Iglesia vasca es muy peculiar, esperanzada en el proceso de paz, preocupada por la poca implicación de los/as jóvenes, con poca conexión con otros colectivos sociales. Pero sí hay un tema alrededor de cual hay solidaridad y cercanía: el trabajo de los/as misioneros/as en pueblos del Sur, defendiendo siempre las posiciones de los más pobres y la justicia en medio de la corrupción. En esos temas, la iglesia misionera encuentra solidaridad y apoyo, como se está haciendo patente estos días en el caso de La Yuca-Palenque-Ecuador.

Un sacerdote alavés, de Artziniega (Benjamín Respaldiza) y un joven seglar vizcaíno de Orduña (Aitor Arbaiza) forman el equipo pastoral de Palenque, un remoto cantón de la provincia de Los Ríos, que forma parte del Ecuador profundo. De los 381 kilómetros de vías que tiene este cantón, solamente 15 están asfaltados. Y la pobreza extrema alcanza al 66,5% de sus 20.000 pobladores.

Grandes haciendas cacaoteras formaban el paisaje hace 100 años, cuando al cacao se le llamaba la Pepa de Oro. Los/as hijos/as de los hacendados estudiaban en París, mientras los trabajadores morían exhaustos. Al llegar las epidemias del cacao, esas haciendas quedaron olvidadas, sin cultivo durante años. En los años 70, la Reforma Agraria posibilitó que campesinos sin tierra es instalaran en estas tierras abandonadas. Uno de esos remotos poblados tomó el nombre de La Yuca: allí llevan 120 familias asentadas durante años, poseyendo el título de propiedad de las tierras otorgado por el IERAC (Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonización). Allí tienen sus escuelas, allí se reúnen como comunidad cristiana, nunca han visto a los terratenientes que viven en Guayaquil.

Contrarreforma agraria

Una nueva ley del año 2000 ha posibilitado que los antiguos propietarios hagan renacer de las cenizas las escrituras de propiedad. El nuevo organismo llamado INDA (que para más contradicción tiene como lema: La tierra para el que la trabaja) ha legalizado a favor de los herederos Pimentel una extensión de 4.600 hectáreas de tierra que hoy ocupan 10 recintos diferentes. La Yuca solamente es el ensayo para lo que vendrá después.

Basados en esa resolución del INDA, un contingente de policías ha entrado el 14 de junio en ese pueblo y lo ha desolado, con la destrucción de numerosas casas y bienes de los/as moradores. Toda esta gente, organizada en comunidades cristianas, ha recurrido enseguida a la parroquia y a la Comisión Diocesana de Derechos Humanos de Los Ríos, que han salido en su defensa. Los organismos de orden público de dicho provincia han amenazado a los agentes de pastoral con la deportación si es que se mueven.

Una Iglesia cercana al que sufre

La situación que viven hoy Benjamín y Aitor es similar a la que sufren tantos/as misioneros/as en el mundo entero, que trabajan por el Reino desde la justicia, al lado de los más pobres. Y nuestra iglesia puede sacar pecho, porque este tipo de personas atraen el aplauso y la solidaridad de personas muy alejadas de la fe. Nosotros mismos estamos orgullosos de Benjamín y Aitor, porque dejan una imagen de iglesia muy diferente de lo que normalmente vemos.

Seguir el ejemplo de Jesús y vivir el espíritu de las bienaventuranzas siguen siendo actitudes atrayentes para nuestro mundo de hoy, siempre que sean vividas desde el pueblo y con el pueblo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Solidaridad

Eclesalia llega a los rincones más apartados y sirve como enlace y revulsivo para quienes sentimos que nuestra iglesia debe ser Pueblo de Dios. Te invitamos a que te solidarices con Benjamín y Aitor enviándoles un mensaje a esta dirección de correo electrónico: palenque@easynet.net.ec


¿miedo?

¿miedo?

¿POR QUÉ TANTO MIEDO?
Marcos, duodécimo domingo del tiempo ordinario
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 21/06/06.- La tempestad calmada por Jesús en medio del lago de Galilea siempre ha tenido gran eco entre los cristianos. Ya no es posible conocer su núcleo histórico original. Marcos ha trabajado el relato para invitar a su comunidad, amenazada por la persecución y la hostilidad, a confiar en Jesús.

La escena es sobrecogedora. La barca se encuentra en medio del mar. Comienza a echarse encima la oscuridad de la noche. De pronto, se levanta un fuerte huracán. Las olas rompen contra la barca. El agua lo va llenando todo. El grupo de Jesús está en peligro.

Dentro de la barca, los discípulos están angustiados: en cualquier momento se pueden hundir. Mientras tanto, Jesús «duerme» en la parte trasera, tal vez en el lugar desde el que se marca el rumbo de la embarcación. No se siente amenazado. Su sueño tranquilo indica que en ningún momento ha perdido la paz.

Los discípulos lo despiertan: «¿No te importa que nos hundamos?». El miedo les impide confiar en Jesús. Sólo ven el peligro. Dudan de Jesús. Le reprochan su indiferencia: ¿por qué se desentiende?, ¿ya no se preocupa de sus seguidores? Son preguntas que brotan en la comunidad cristiana en los momentos de crisis.

La respuesta de Jesús es doble: «¿Por qué sois tan cobardes?», ¿por qué tanto miedo? A los discípulos les falta confianza, no tienen valor para correr riesgos junto a Jesús. «¿Aún no tenéis fe?». Los discípulos viven la tempestad como si estuvieran solos, abandonados a su suerte; como si Jesús no estuviera en la barca.

Nuestro mayor pecado en una Iglesia en crisis es cultivar el miedo. El miedo agiganta los problemas y despierta la añoranza del poder del pasado. Nos lleva a culpabilizar el mundo, no a amarlo. Genera control y ahoga la alegría. Endurece la disciplina y hace desaparecer la fraternidad. Donde comienza el miedo termina la fe.

Lo que necesitamos en momentos de crisis es reflexión valiente y lúcida sobre la situación, autocrítica serena de nuestros miedos y cobardías, diálogo sincero y colaboración confiada. ¿Qué aporto yo a la Iglesia?, ¿miedo o fe?, ¿pesimismo o confianza?, ¿turbación o paz? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

25 de junio de 2006
12 Tiempo ordinario (B)
Marcos 4 – 35 - 41


justicia y paz

justicia y paz

ESPAÑA EN TORNO A LA PAZ Y EL TERRORISMO
Reflexiones de la Comisión General de Justicia y Paz
JUSTICIA Y PAZ - COMISIÓN GENERAL DE ESPAÑA, juspax@juspax-es.org
MADRID.

ECLESALIA, 21/06/06.- Ante el debate surgido en la sociedad española sobre el alto el fuego permanente de ETA y las posibles consecuencias que se pueden derivar de este hecho, la Comisión General de Justicia y Paz, quiere dar a conocer a la opinión pública sus reflexiones pensando que con ello puede contribuir de una forma positiva a todo este proceso.

1.- Consideramos necesario contribuir a afianzar en nuestra sociedad una cultura de paz. La paz es un logro que nos incumbe a todos y que afecta por completo a nuestra vida. Todos nuestros actos deben ser guiados por el deseo de que existan unas relaciones positivas entre las personas. Construir la paz supone un proceso dinámico en el que unos pasos ayudan o favorecen a que se realicen otros. La paz no será el resultado de un solo factor, sino de un conjunto de iniciativas positivas y de múltiples factores. Para generar una cultura de paz y conciliación se requiere la implicación de toda la sociedad, de todos los estamentos e instituciones. Todos juntos podemos conseguir que la violencia terrorista pase a ser una cosa del pasado. El conseguirlo exige la participación de cada uno de nosotros (vascos y no vascos) y nos ofrece a nosotros y a las generaciones futuras, valores para construir un mundo más justo, más solidario, más libre, más digno y más armonioso porque la premisa básica está en cada uno. Para construir la paz hay que ser en primer lugar, pacíficos. Se trata de promover entre todos la generosidad, la empatía, el respeto a la diferencia, la autoestima, el arrepentimiento y el perdón. Esto no se conseguirá si no transformamos las dificultades que van apareciendo en nuestras relaciones con los demás en una oportunidad para dialogar. Es necesario también que cuidemos el lenguaje: las palabras no son neutras y pueden contribuir de forma positiva o negativa al entendimiento entre personas.

Los medios de comunicación no son ajenos al proceso de potenciar una cultura de paz. Ellos tienen un papel destacado en la educación de los sentimientos, los valores y las actitudes. Hacemos un llamamiento a quienes en radio, prensa y televisión trabajan para informarnos, pidiéndoles precisamente eso: que informen con mesura, que busquen la reflexión, que propicien la serenidad, el equilibrio. En definitiva, que asuman un papel educativo, a favor de la construcción de la paz.

Este mismo interés deben tener todas aquellas personas que pueden ser escuchadas en la sociedad, especialmente los políticos. Les pedimos a ellos que antepongan los intereses de la ciudadanía a los de su partido. Ellos tienen una gran responsabilidad en hacer una sociedad más tolerante y dialogante, poniendo cuantos medios estén a su alcance para conseguir un amplio consenso en aquellos aspectos que sean más difíciles de asumir por todos.

2.- Consideramos que el diálogo es fundamental para construir la paz. El diálogo y la palabra son los únicos medios para abordar cualquier conflicto. Este ha de ser sincero, libre, sereno y abierto. Por ello, animamos a crear espacios múltiples y variados donde se puedan encontrar y escuchar todas las opiniones, debatir puntos de vista diferentes, oír los temores, preocupaciones, miedos, esperanzas… de todos.

El diálogo que propiciamos no debe ser dejado sólo a los políticos y entre políticos, sino que debe extenderse a todos los ciudadanos. Cuantas más instituciones participen, cuantos más foros de diálogo existan, mejor podrán llegar a todos opiniones diferentes, puntos de vista distintos, argumentos complementarios. Es bueno escuchar a los demás. Vivámoslo como una oportunidad para el enriquecimiento mutuo, para el acercamiento entre personas.

Admitamos que se puede y debe hablar con cualquiera, sea cual sea su visión o adscripción política e incluso su comportamiento personal ético, pasado o actual, lo que no supone la aceptación de posturas antiéticas y violentas. Una vez oídos todos, hay que dejar que las decisiones se tomen por procedimientos democráticos.

Por ello, dicho diálogo deberá alcanzar y afrontar también, en la forma y momento oportunos, el núcleo de las discrepancias políticas relacionadas o que explican (aunque nunca justifican) aquella violencia, sin pretender excluir o dejar al margen ninguna cuestión que los diferentes interlocutores pretendan seriamente plantear.

En ese diálogo, cada uno de los intervinientes deberá aceptar previamente que los otros pueden tener parcialmente razón en sus análisis o visión política y todos deberán estar siempre abiertos a cuestionarse las propias preconcepciones, incluidas las más arraigadas, como aquellas que tienen que ver con los criterios respecto de los cuales debe conformarse o mantenerse una unidad política.

El objetivo de dicho diálogo deberá ser el de buscar, con imaginación y apertura de miras, con paciencia y constancia, la formulación de mecanismos que permitan gestionar pacíficamente las discrepancias políticas existentes en la sociedad y alcanzar marcos políticos e institucionales donde todos los grupos sociales y sensibilidades, sin exclusión, puedan convivir cómodamente sin la percepción de sentirse perjudicados y sin la tentación de recurrir a la violencia para justificar posiciones políticas.

3.- La diversidad es enriquecedora. Es imposible que todos pensemos lo mismo, sintamos lo mismo, queramos lo mismo. Tenemos que llegar a la aceptación cordial del pluralismo. Esta nos lleva a la aceptación de actitudes distintas y nos invita a ver las oportunidades que nos ofrece. Es empobrecedor verlo como una carga o amenaza. De nuestra actitud personal dependerá la interpretación, positiva o no, que debemos dar a la pluralidad propia de toda comunidad humana.

En política también el pluralismo es un valor y tenemos que ver como positivo el convivir, compartir espacios, superar dualidades (derecha-izquierda, nacionalista-no nacionalista…) siempre que cualquier postura política respete la dignidad, la libertad de todas las personas y el rechazo de la violencia y la coacción. Esto es un valor irrenunciable.

4.- Es necesario construir la paz y la convivencia con esperanza en el futuro, sin que ello signifique olvidarnos de las víctimas. Ellas deben ser escuchadas, atendidas, respetadas. Con ellas tendremos siempre un deber de memoria, de cercanía, de respeto, de atención, sin intentar sacar provecho político de su dolor y de su sufrimiento. En este proceso no hay que forzar situaciones, no hay que violentar sentimientos. Lo que nos toca hacer a todos es trabajar porque el odio y el rencor vayan desapareciendo de nuestras vidas.

Por eso es importante también hablar de arrepentimiento, perdón y reconciliación. Son valores cristianos que debemos potenciar, aceptando que para algunas personas les será difícil, que llegar a ello será lento pero también hay que reconocer que muchas personas ya lo han hecho y que en otros muchos conflictos internacionales esta reconciliación ha sido posible.

5.- En un Estado de Derecho, como es el nuestro, es imprescindible el respeto y aplicación de leyes mediante el funcionamiento independiente de los tribunales, sin presiones externas de ningún tipo. Cuando se cometen acciones delictivas es procedente la aplicación de las penas previstas por la ley sin excepción, estableciendo la forma de reparación del daño causado a las víctimas, evitando en todo momento abrir espacios arbitrarios de impunidad.

Ahora bien, las leyes deben ser aplicadas según una interpretación acorde con la realidad social del momento en que se aplican. Y más concretamente, la existencia de un camino hacia la paz debe ser tenida en cuenta en el momento de aplicar las leyes que regulan el cumplimiento de las penas de aquellos que han recurrido a la violencia por motivos relacionados con ese proceso, especialmente cuando estos renuncian formalmente y de manera definitiva a la violencia.

Por otra parte, nuestras leyes penales se orientan a la reinserción social de los penados (esto es, que abandonen el delito), orientación que es la que marca la forma y régimen de su cumplimiento de las penas de prisión.

Miremos al futuro con esperanza, trabajemos por conseguir la paz, hagamos un futuro mejor, más tolerante y abierto para nuestros hijos. Digamos con Juan Pablo II: “No tengáis miedo”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

sueño de verano

sueño de verano

SUEÑO DE VERANO
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@caminantes.jazztel

ECLESALIA, 20/06/06.- Soñé que nuestra santa Iglesia era una inmensa y preciosa parcela. Sobre ella muchísimas personas y grupos se afanaban por encontrar el agua que mana hasta la vida eterna. Unos medían, otros proyectaban, otros dirigían, algunos excavaban. Había quienes teorizaban sobre la naturaleza del agua y la tierra a perforar. Todos iban y venían, se agitaban, discutían, competían por el lugar exacto del manantial verdadero.

Pero… todos pasaban sed, todos estaban insatisfechos. Algunos, más avanzados y pudientes, se habían procurado unas enormes máquinas. Con ellas -decían- seremos más eficientes y alcanzaremos el agua sin tardar. De pronto se oyó un silencio imponente. Y una voz suave se expandió como un perfume:

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Me desperté y me inundó aquella frase: "Una sola cosa es necesaria" (Lc. 10, 42). No he logrado quitarme de encima ni el sueño ni el despertar. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

En los cielos

En los cielos

KAROL WOJTYLA QUE ESTÁS EN LOS CIELOS
‘Pasa esta carta en la comunión de los santos’
JOSÉ ENRIQUE MARTORELL
VALENCIA.

ECLESALIA, 16/06/06.- Ahora que Benito viene a Valencia y que tú, Karol, por fin estás ahí, en los cielos, y seguramente te importa muy poco que te hagan o no santo, dile, dile a Benito, si puedes…

Que lo de Valencia no debería ser esto que se está preparando.
Que no haga estas cosas más, por favor.
Que esto que se está planeando no tiene sentido.

Dile a Benito, si puedes…
Que no se constituya en escándalo.
Que no se deje utilizar con fines políticos.
Que no sirva de estandarte para las guías turísticas.

Que en esta tierra somos muy aficionados al travestismo, que igual vamos de falleros, de romeros, que de paperos… que de papistas; que es algo innato a este pueblo el vivir de carnaval permanente para escarnio de propios y ajenos.

Dile que no caiga en la trampa de las multitudes, de la aclamación, del oropel, del fasto; porque en cuanto se vaya quemaremos “su falla” y nos dedicaremos a otra cosa, sin pena ni gloria, sin más consecuencias; y lo que es peor, lo haremos sin sentido, o con el mismo que nos anima a ser travestidos de la vida; hoy contigo, mañana sin ti; sin malicia, pero irresolutos totales.

Dile, que ojalá sea este el último espectáculo, la última función.

Dile que la fe, nuestra fe, no es un artículo de compraventa.

Dile que a la larga, y casi siempre a la corta, todo se queda en unos bonitos fuegos artificiales, que alegran la vista, pero dejan indiferente los corazones; sin huellas perdurables, sin referencias tangibles. Ahora que tú ya sabes todo esto… díselo a él, por favor… Aunque a lo peor ya lo sabe.

Dile que la Buena Nueva se nos reveló para gloria y consuelo sobre todo de pobres y mujeres, de malditos y malditas, de excluidos y excluidas.

Dile que a las mujeres las perdimos por el camino muy pronto, con Pablo, a pesar de su pertinaz presencia en el Evangelio, dejándolas como meros adornos, cuando no como esclavas.

Dile, aunque lo sepa, que a los pobres también los perdimos, sobre todo cuando nos “salvamos” con Constantino, cuando nos aliamos definitivamente con el poder para no querer perderlo nunca más.

Dile, ahora que ya sabes de primera mano la verdad sobre la cadena apostólica y el magisterio, de cómo sólo quedaron cuatro evangelios y un puñado de cartas…

Dile, ahora que sabes la verdad sobre los concilios, lo que se coció y cómo se coció; la verdad sobre toda la sangre derramada en nombre de Dios…

Dile, ahora que ves con toda claridad a una Iglesia que ha perdido sus objetivos de misericordia y compasión, de amor y libertad; a una Iglesia que ha dejado en el camino a los que con fe y esperanza creyeron en ella y con ella en Dios… Dile que esa Iglesia se ha convertido en una fuerza arrolladora de arrogancia sólo digna del poder con que se ha rodeado. Aunque seguramente ya lo sepa…

Dile que tiene a todos los creyentes angustiados de tanta moral y de tantos reglamentos, de los miles de consideraciones de los catecismos; de saber tanta posibilidad de pecar. Dile que a la mayoría ni se nos ocurriría enumerarlas de forma tan precisa y ordenada. Si hasta no sabemos ni pecar como la Iglesia sabe que se puede pecar.

Dile que algunas de sus tropas de a pie tienen que auxiliar de continuo a las conciencias desconcertadas deshaciendo un camino que jamás se debiera haber recorrido.

Dile, aunque ya lo sabe, que queremos escuchar que Adán y Eva esos personajes distintos, son la misma persona, que son él mismo, tú mismo, yo mismo. Que todos tenemos el germen de los dos: el de la libertad, el de la elección, el de la caída, el del arrepentimiento, el del trabajo día a día para crecer.

Dile que Eva no es una mujer maldita, que somos tú y yo, y él, y todos y todas. Dile que Adán no es un hombre condenado, dile que somos tú y yo, y él y todos y todas. Dile que por no explicar esto claramente, todavía hoy, y durante mucho tiempo más seguirán pagando las consecuencias miles y miles de mujeres.

Dile que Caín y Abel esos personajes distintos, son la misma persona; que nadie es un Caín, que nadie es un Abel. Que todos somos los dos, con la posibilidad de ofrendar o con la posibilidad de matar. Que nadie se puede arrogar nada a título propio. Que todos tenemos la misma posibilidad de amar o de pecar. Porque el pecado es solo falta de amor. Díselo, aunque sabes que ya lo sabe. Díselo otra vez por favor. Dile a Benito que él es Abel y Caín, y tú también lo fuiste, y yo lo soy, y todos y todas.

Dile que a qué tiene miedo. Si Dios está con nosotros ¿a qué tiene miedo? ¿a qué teme la Iglesia? ¿no se fía de la asistencia del Espíritu Santo?

Dile que o se tiene fe o se tiene miedo y que a lo mejor lo que tenemos es una fe de miedo.

Dile que si Jesús, que nació y vivió como un hombre y fue constituido Señor como muestra del poder de Dios y su amor infinito, por qué se nos habla tanto de cruz y tan poco de resurrección. Si Cristo no resucitó vana es nuestra fe, si Cristo no resucitó nuestra fe se acaba en un madero, sin esperanza. Nos hemos quedado en la cruz. Y eso no es cristiano. Es lo más pagano de todos los paganismos.

¿Y hablamos de herejías, de ortodoxias? Nos hemos constituido en una secta, una secta poderosa y miedosa.

Dile que sí, que hay mucho miedo y demasiado poder. Dile que muchos hemos soñado con que el Vaticano, “ese poder”, desapareciese como centro y símbolo de la Iglesia, que se quedase en un bello centro artístico, en un museo de la ciudad; y el Poder de verdad, el Poder del Amor, la herencia de Jesús se dispersase por el mundo, repartida, sin refugios de mediocres, sin murallas donde encerrarse… de tanto miedo. Sin nada que ocultar, sin archivos secretos, con toda la Verdad en la calle… esparcida a borbotones, sin poder contenerla. Porque eso es lo que sucedió una vez… aunque ya no nos acordemos… ¿o sí? Pero esto creo que también lo sabe.

Dile que ya no le quedan Profetas, que por eso tiene sus iglesias vacías. Ya no quedan Profetas que remuevan los corazones de las gentes. Profetas del Amor, de la Vida. Sólo nos quedan funcionarios, anodinos y oscuros seres que buscan fundirse en la anodina y oscura vida que fabrican a su alrededor para perpetuarse indefinidamente y poder, con el poder, matar a todo mensajero, eliminar cualquier discrepancia, asesinar las conciencias, linchar al pensamiento, ejecutar las buenas voluntades, ajusticiar la verdad, sacrificar la diversidad, inmolar la Palabra, en suma, crucificar al hombre… ¡si que se aprendió bien el sistema!

Karol Wojtyla que estás en los cielos, resucitado, salvo, esplendoroso, sin tu carne maltrecha, con tu cuerpo glorioso, alegre, en dicha permanente, vivo por fin para no morir, alejado de tanta inquina y tanta manipulación que te plantó en el altar de Abraham, aferrado a tu cruz; expuesto sin piedad por los que se llamaban tus hermanos, inmolándote en medio de la multitud enfebrecida, adorándote en un sacrificio sin sentido, sacrificio pagano con el que curar nuestras almas maltrechas y desorientadas porque se nos murieron nuestros profetas, los del amor, los del discernimiento, los de la luz.

Karol Wojtyla, ahora que estas encarnado en la Gloria dile a Benito, si puedes, y aunque él lo sepa, que estos dos mil años de poder no son nada, que son una anécdota temporal en medio de la grandiosidad de la Creación, en medio de la desmesura de Dios, que lo mejor sería el colapso total de este universo de despropósito que ha creado la Iglesia en estos años. Que mejor sería partir de cero otra vez, con un puñado de gentes, las que Dios ilumine. Que no hay que tener miedo a que “esto” se vaya abajo. Porque “esto” es tan solo un montaje sin sentido. Una representación bufa con vestimentas “simbólicas” heredadas del poder de los emperadores, para regocijo del público en el circo del mundo. Dile, ahora que tú lo ves así, que desde fuera parece una tomadura de pelo.

Dile, que mientras esto se va hundiendo poco a poco, o mucho a mucho; le pida a Dios y nos haga pedir a todos para que surjan Profetas verdaderos que mientras tanto nos animen a mantener la fe, la esperanza, el amor, la misericordia, la compasión, la caridad; y que nos iluminen para poder trasmitirlo a nuestros hijos, con sinceridad, sin ropajes ajenos, sin vestimentas inútiles. Y mientras tanto que nuestros hijos no se escandalicen de la Iglesia, de su Iglesia. Que les sepamos hacer discernir entre el entramado del poder y el Pueblo de Dios. Que distingan la fe y su comunidad de fe; de la tiranía y de las servidumbres del poder, aunque suponga la más ardua de las tareas.

Dile que esperamos una generación de creyentes sin “templo”, de creyentes que transmitan la fe en su propio cuerpo, en su propia vida, testigos auténticos de la fe en Jesús, portadores del Espíritu Santo, “Ése” al que tanto invocamos y al que nunca dejamos que entre en nuestras vidas. Ese al que no le hace falta ninguna edificación, ningún templo, ningún receptáculo sobrecargado de oro y piedras preciosas, ningún aposento de deslumbrante magnificencia. Ese que sólo con que dos nos reunamos en su nombre aparece en nuestras vidas. Eso es lo que decimos… pero que nos creemos tan poco.

Dile a Benito, ahora que estás “arriba”, que ahí no importa prácticamente nada o casi nada por lo que nos afanamos aquí abajo. ¿Has amado? ¿te has entregado? ¿has sido justo? Seguro que nadie preguntó por el kilometraje de los viajes, ni por las multitudes congregadas, o el número de bautizados antes y después… ¿Has sido escándalo para propios y ajenos?, ¿has escuchado las gentes que te hablaban? ¿las has sentido en tu corazón? ¿te has compadecido?...

Dile a Benito ahora que sabes que hay tantas sensibilidades distintas en el Cielo, tantas concepciones distintas que se han “salvado” a pesar de su condena y exterminio aquí abajo que abra su oído, que deje de par en par la ventana de su corazón para que pueda sentir el aire que le viene de tantos sitios, de tantos lugares, de tantos corazones distintos al suyo, pero unidos en lo fundamental: el amor. El amor al propio y al extraño. Dile que su casa nunca debe tener la puerta cerrada, ni para entrar, ni para salir, díselo por favor… aunque a lo mejor él ya lo sabe. Dile que lo único que ha de retener a la gente en casa es el amor, que cuando esto falla, la gente se va; que cuando esto falla, nadie entra. Díselo por favor.

Dile que suscite Profetas que nos hablen al corazón, que enjuguen las lágrimas de nuestros ojos, que proyecten en nuestros labios palabras de sanación, que expelan su aliento sobre nosotros para que nuestra voz proclame las grandezas de nuestras vidas, que sintamos en la piel la presencia de Dios, que se nos ericen los cabellos al proclamar nuestra fe, que nos hagan estar alegres porque Dios está con nosotros, porque Dios lleva nuestra vida y sustenta nuestras esperanzas, porque sabemos que no estamos abandonados en medio del caos…

Dile a Benito, cuéntale, susúrrale en el alma, alcánzale el corazón, sóplale suavemente, cógele de la mano, lluévelo, mójalo, empápalo, enchárcalo, aliéntalo, deslízate a su lado, escóndete tras él, ábrele la vida, agítalo de emoción, que vibre de Dios, que cante de Dios, que baile con Dios, que ría con Dios para poder llorar con los hombres, que sueñe con Dios para poder hablar a los hombres, que ande con Dios para acompañar a los hombres, que coma de Dios para llenar a los hombres, que sienta a Dios para poder sentir a los hombres. Porque eso es lo que hizo Jesús, sentir a los hombres, a las mujeres, a los pobres, a los oprimidos, a los desechos, a los expulsados de la comunidad, con una compasión tan infinita tal que nunca jamás el hombre y la mujer fueron más hombre y más mujer, que nunca jamás el hombre y la mujer se sintieron tan comprendidos, tan entendidos, tan llenos, tan cumplidos, tan dignificados, tan divinos y tan humanos.

Dile a Benito que no tenga miedo, ahora que ya tú no lo tienes y dile que en Pentecostés (aunque él ya lo sabe, recuérdaselo) lo que hizo el Espíritu Santo, fue sencillamente eso, quitar el miedo, definitivamente, a aquellos que compartieron los años de plenitud; pero dile también que la única diferencia es que ellos tenían los corazones abiertos, la casa abierta, la puerta sin llave, las ventanas sin pestillos, las verjas sin cerrojos… ¿qué nos ha pasado desde entonces? ¿cuántos candados hemos puesto desde entonces para crear esta cárcel absurda e inútil? ¡a cuántos hemos encerrado! y a cuantos hemos cerrado sus bocas, sellado sus letras, sesgado sus gargantas desgañitadas de tanto gritar: “¡No comprendéis, es el hombre!, ¡luchamos por el hombre!, ¡luchamos por su liberación!, ¡liberado en Jesús, rescatado en Cristo, amado en el regazo de Dios!” Y los hemos condenado al ostracismo, a la oscuridad, y con ellos a muchos de los que por ellos creyeron, y quedaron desengañados, olvidados, apartados, enjuiciados y condenados sólo por querer ser hombres… hombres que miraban de otra forma, pero que amaban igual que los demás hombres. Condenados por miedo. ¡Qué infamia!

Dile que tenemos mucha religión, pero básicamente hemos perdido la fe, esa certeza razonable de la confianza en Dios. Esa fe que no es un salto en el abismo, que es un proceso muy humano, ¡y sólo humano!; un desarrollo extraordinario de la capacidad de confiar. Por qué hemos perdido esa capacidad para el abandono, para la entrega sin contraprestaciones… cuando es tan humano ¿Por qué no somos capaces de ser sencillamente hombres y mujeres? Díselo a Benito, nos estamos deshumanizando, y muchos a través de la Iglesia, o por la Iglesia, o en… la Iglesia… ¡qué pena!

¡Qué gran religión para tan poca fe!

Dile que hable a los hombres al corazón, pero ya sabes y él también lo sabe que corazón en sentido bíblico es la mente, es la razón, es el entendimiento; y no sabemos que pasa pero casi nunca entendemos nada, se nos habla en un lenguaje abstracto, distante, complicado, como salido de las profundidades del tiempo; mientras que a Jesús le entendía todo el mundo, a muchos de nuestros teólogos casi nadie los entiende, viven allá arriba, viven allá lejos, sin corazón, sin entendimiento; han perdido la palabra, el don de comunicarse, por eso no pueden ser Profetas; no pueden proclamar, ni anunciar, ni festejar, ni… nada. Necesitamos escuchar a los Profetas de nuevo. Díselo, Karol, por favor.

No hay nada que duela más que oír al mismo Benito preguntarse por el silencio de Dios ante el Holocausto. ¿Silencio? ¿Nadie oyó Sus gritos? Pues estaba en cada una de sus criaturas muertas, maltratadas, violadas, huérfanas, desnudas, quemadas, gaseadas; estaba en cada lágrima derramada, en cada sollozo convulso, en cada gemido desalentado, en cada suspiro desesperado, en cada grito de horror, de miedo, de espanto, en cada mirada sin sentido, en cada cuerpo golpeado, en cada uno de los jirones de vida destruida y estérilmente derramada en que aquello se convirtió. Es más, por qué no se pregunta cuántos se taparon los oídos, cuántos volvieron la cara, cuántos dieron la espalda, cuántos aprovecharon para saldar cuentas, cuántos, cuántos…. ¿Cuántos sacaron tajada?

Por qué en lugar del silencio nadie se pregunta por la paciencia de Dios, por el “padecer” de Dios ante el abuso propio de nuestra mal llevada libertad; por esa incapacidad de saber elegir en los momentos decisivos, por ese discernimiento tan mal usado, tan abusado.

¡Qué infinita la paciencia de Dios! Díselo, Karol, ahora que lo sabes, ahora que ya no te importa ser infalible o no; es más, seguro que te hace gracia eso de la infalibilidad ¡menuda ocurrencia! Y la que está cayendo y caerá por tan gran desmesura, y todo en nombre de Dios. Además la primera semilla del Holocausto la pusimos nosotros, lo demás ha sido dejarla crecer y regarla con mimo, con aquello de que “los judíos han matado a Dios”. Fue suficiente para todo lo que vino después.

¿quién puede tirar la primera piedra?

Díselo si puedes, Karol, que Dios no se calló en aquel Holocausto, como tampoco lo está haciendo en los de ahora, en los que sistemáticamente se deja morir de hambre a niños, mayores, mujeres y hombres; donde se les deja morir de sed, sistemáticamente; donde se viola constantemente el cuerpo y el espíritu, sistemáticamente; donde se explota con trabajos infantiles, prostitución y niños soldados, sistemáticamente. ¿Acaso no oímos esos Holocaustos, todos los días, sistemáticamente?

Luego preguntaremos donde estaba Dios cuando veamos las matanzas de todo el horror del mundo, los cadáveres de los muertos por inanición, los cadáveres de los exhaustos, los cadáveres de los emigrantes, los cadáveres del tráfico humano, los del nuevo esclavismo, los cadáveres de las enfermedades curables, los del hambre saciable, los de la guerra consentida. Qué gran Holocausto en cada esquina del mundo y Dios, no grita, chilla todos los días, en todas las esquinas del mundo. Dónde queda la verdad de estos inocentes, quién la proclamará, quién pedirá cuentas, quién hará su justicia, quién perseguirá al malvado. Ni fuerza tienen para mostrar al mundo toda la maldad que les estamos infligiendo, entre unos y otros, unos por acción, otros por omisión. Dios mío, eso sí que es pecado. Y nosotros… hablando del sexo de los ángeles, o de los condones que es peor. Con la que está cayendo con el sida, y nuestra única preocupación es una goma de más o de menos. Pero ¿qué mentes conforman la “dirección” de nuestra Iglesia? Qué gran religión, qué poca fe, que poco amor, qué poca esperanza que damos.

Es la Iglesia de la vanidad, de lo superfluo, del boato sin sentido, con su carrera eclesial, con sus cargos, con su escalafón… qué vergüenza. Díselo Karol, ya no tenemos carismas, ya no servimos, ya no estamos para servir, sólo estamos para intentar crecer en número, para ocupar un espacio en el mundo, aunque sea el espacio más solitario y vacío, el lugar con más falta de amor.

Dile Karol, dile a Benito que al final lo que importa no son los hechos en sí, sino la reacción ante los hechos, la respuesta al acontecimiento; por eso fallamos en aquel Holocausto, por eso fallamos ante los Holocaustos que siguen sucediendo: Nuestro abuso de libertad, esa carencia tan grande que tenemos de discernimiento. Sólo con que la Iglesia nos enseñara en la libertad, sería suficiente; nada más haría falta. Porque nuestros dones, nuestros talentos evangélicos, no son ni más ni menos que nuestra capacidad de reacción, nuestro levantarnos en la caída. Pero ni eso. Sólo nos enseñan el talento como rendimiento, como productividad, y la Iglesia la primera, siempre con sus cifras de mercadotecnia. Así nos va.

Karol Wojtyla que estas en los cielos, ahora que estas cara a cara con el Creador, en su presencia, disfrutando, ¿vale la pena todo este montaje que tenemos aquí abajo? Pues díselo a Benito, que sepamos ver la paciencia de Dios, no su supuesto silencio, que sepamos que si fuéramos nosotros, con poder de Dios, ya nos habríamos cansado de estos hombres y los habríamos eliminado de la faz de la tierra.

Pero dile que Dios es misericordioso y siempre encuentra algún justo que justifica a todos los demás, que nos salva, y Dios no hace acepción de personas, los justos y las justas son de cualquier clase, condición, religión, color o sexo. Y cualquiera le vale. Un espejo en el que mirarnos, un Profeta para salvarnos, y seguro que tenemos a alguien cerca, a su marcha, con la bondad como equipaje, con la compasión como documentación. Y eso nos salva, eso y Dios en su infinita misericordia, que tiene a bien consentirlo, porque esto no hay que olvidarlo, somos unos consentidos. Dios es así, sus hijos somos unos auténticos consentidos. Vivimos porque Él lo consiente. Qué gran esperanza, vivir por la Voluntad de Dios. Díselo Karol, aunque él ya lo sabe.

Díselo Karol, que debemos ser comunidades de amor, no centros de poder. Ya lo sabe, pero dile también que la relación de Jesús con el poder, religioso y político, lo llevó a la muerte, a la cruz, al escarnio, al insulto, al abandono. Y que precisamente la Iglesia es la gran maestra en aliarse con el poder con el fin de evitar la cruz: la consecuencia de la verdad. Y todo porque no cree en la vida eterna, en la resurrección, en la salvación. Qué gran contradicción: lo bien que la institución vaticana se lleva con el poder. Qué clarificador, a la luz de Jesús, a la luz del Evangelio. Y lo que hemos aprendido todos nosotros de eso, arrimándonos a la mejor sombra, aún sabiendo que escogemos mal el árbol. Buena maestra tenemos.

Dile Karol, ahora que puedes, que hemos dejado de ser lo único que daba sentido a nuestras vidas, testigos de la fe, testigos de lo que sucedió, testigos de la esperanza, apóstoles de la vivencia pascual, mensajeros del Espíritu Santo, proclamando a los cuatro vientos nuestra experiencia de salvación; y que por eso estamos en el Desierto, donde más se sufre a Dios, pero donde también se le vive más intensamente; donde más se pierde a Dios pero donde más se le busca, donde más se adoran a otros dioses pero donde únicamente se encuentra al verdadero.

Dile Karol a Benito, que en este desierto de idólatras donde nos hallamos, guiados con mano firme por nuestra curia, preocupada siempre por el asiento, pendiente sus pastores de resguardarse de cualquier tormenta, nunca junto a sus ovejas, nunca guiando, siempre mandando, nunca buscando a las perdidas, siempre apaleándolas; dile, ahora que lo sabes, que estamos aquí porque en algún lugar del camino no fuimos capaces de convencer, sino únicamente de vencer, porque al final no nos fiamos de Dios y recurrimos a nuestra propias fuerzas, porque dudamos de nuestra fe, de nuestra verdad, tanto que al final resultamos patéticos con tanta pataleta nuestra. ¡Qué vergüenza! ¡Qué pecado!

Dile que no sea amo, y menos que pretenda ser amo del mundo, del orbe, aunque tenga que romper con todo y con todos. Qué vergüenza y que escándalo la desunión de los propios cristianos, no tiene nombre. Bueno, sí, tiene uno: Poder. Díselo ahora que lo ves tan bien. Qué vergüenza no tender la mano al resto de los creyentes, de otras culturas, de otros prados, de otros páramos por los que también pacen los hombres y las mujeres de otras tierras, de otros lares. Si todos tenemos las mismas intenciones: la salvación y la felicidad del hombre, por qué es tan caro poder acercarnos, poder ayudarnos unos a otros, compartiendo, sirviendo, auxiliándonos como el samaritano, unos a otros, creciendo juntos todos, dignificándonos en el amor, en la entrega, enriqueciéndonos con la experiencia mutua. Qué arrogantes somos. ¿Acaso el espíritu de Dios no sopla donde quiere y cuando quiere? A qué tanta prepotencia por nuestra parte. Hemos perdido la humildad de los hijos de Dios, díselo Karol, por favor. Otro pecado más en nuestra cuenta… y cuántos. ¡Qué gran impedimento el poder!

Karol, que estas en los cielos, dile a Benito que cuando venga a Valencia, a esta ciudad de la desmesura y la incontinencia, que grite bien fuerte para que se oiga por todo el orbe, que grite a los cuatro vientos:

Que Dios está en medio de nosotros y no tenemos miedo.
Que su Espíritu nos acompaña día a día y nos sentimos consolados.
Que Jesús de Nazaret es nuestro modelo de vida.
Que nuestra ley es el Sermón de la montaña, y su interpretación, el amor.
Que cuando estamos angustiados gritamos: “¡abba!”, papá, papaíto, porque confiamos en Él.
Que oramos y hablamos con el Padrenuestro.
Que fortalecidos y sanados por esa oración:

Renunciamos a la financiación de la Iglesia a través del estado porque grande es nuestra fe. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Renunciamos a la asignatura de religión en los colegios porque no queremos ser una religión, queremos ser un estilo de vida, una nueva forma de vivir. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Confiamos en la ciencia y en su interpretación de los fenómenos del hombre y del mundo. Oramos por nuestros científicos para que orienten su saber en orden al bien común de todas las gentes. Y especialmente en el campo de la bioética, donde estamos con ellos en su horizonte de dignificar al hombre y su relación con los demás hombres. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Luchamos, desde la concepción de un Jesús universal y cósmico, por una explotación sostenible y duradera de todos los recursos del planeta y de la creación; puestos al alcance de los hombres desde el mismo instante de su concepción para su desarrollo y felicidad. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Declaramos que la última frontera del libre albedrío es la conciencia de cada persona, enfrentada al misterio de la vida y de su relación con Dios y los demás hombres, y ello en la confianza de la asistencia permanente del Espíritu Santo. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Proclamamos las palabras del mismo Jesús para el orden familiar: “estos son mi hermano y mi hermana, mi padre y mi madre” refiriéndose a los que le seguían. Y proclamamos igualmente que cualquier unión, cualquier relación familiar es lícita a los ojos de Dios si está basada en el amor. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Afirmamos que cualquier relación sexual, sea del tipo que sea, es lícita si se sustenta en el amor. Y es maravillosa porque está concebida para la felicidad, el entendimiento y el crecimiento de todas las personas, sean del sexo que sean, se relacionen del modo que se relacionen, porque es una creación del Señor para edificación de la propia humanidad. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Atestiguamos que las mujeres tienen la misma dignidad que los varones, los mismos derechos, el mismo orden de santidad y realización plena; y esto se pone especialmente de relieve en su relación con el servicio especialmente dedicado a Dios; donde refrendamos su pleno acceso al ministerio sacerdotal y determinamos su participación plena en todos los sacramentos. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Afirmamos que cualquier sacerdote o sacerdotisa tiene libertad plena para formar familia si lo desea, siendo especialmente modelo de vida por su apostolado particular, siendo fermento de profecía y fermento de fe en la comunidad. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Proclamamos que esas familias, junto con todas las demás, basadas en el amor, son las auténticas trasmisoras de la fe, junto a las comunidades donde compartan esa misma fe. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Declaramos que la Iglesia se constituye en foro de libertades permanentes y que en su seno se anima especialmente la libertad de expresión, sin cortapisas, como referente de la plenitud del amor y donde nunca, nunca, nadie será condenado por sus ideas. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Renunciamos al papado con todas sus consecuencias y reconocemos la colegialidad apostólica como forma más perfecta de ordenar la Iglesia. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Renunciamos al Vaticano como “Estado” con todas sus consecuencias, retiramos a todos nuestros diplomáticos, renunciamos a todas nuestras embajadas, para vivir de ahora en adelante en la fraternidad de la caridad. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Declaramos que todos los hombres y mujeres del mundo, de cualquier color, religión o condición que en su fuero interno buscan a Dios; o si no lo conocen, se orientan a la verdad y la justicia, al amor y a la entrega de sus semejantes están justificados ante Dios por su misericordia divina, y nosotros desde nuestra experiencia de fe participamos con alegría de esta comunión de los justos. Porque Dios está con nosotros y no tenemos miedo.

Promovemos y convocamos la celebración de un próximo Concilio Ecuménico en la tierra que nos quiera dar acogida, donde con la ayuda del Espíritu Santo se nos deje mostrar al mundo la fuerza, la belleza y la verdad del mensaje de Jesús de Nazaret.

Y confesamos que Jesús es el Señor, que es el único Señor de nuestras vidas. Que no se puede servir a Dios y al dinero. Que en virtud de nuestra fe exhortamos a que reunidos de dos o de más, en comunión y en su nombre lo hagamos presente cada instante de nuestras vidas.

Dile querido Karol que diga todo esto, si tiene a bien.

Y que mientras llega el próximo concilio, dile que le diga al mundo: ¡Basta ya! A todos los gobiernos que basta ya, ¡a todos sin excepción! ¡Que con los pobres basta ya! ¡Que con los niños, basta ya! ¡Que con las mujeres, basta ya! ¡Con el hambre, basta ya! ¡Con la violación de los derechos humanos, basta ya! ¡Con la explotación de los oprimidos, basta ya! ¡Basta ya de una vez por todas!

Dile a Benito, a tu sucesor, ahora que estás en los cielos, ahora que seguro lo tienes que ver todo tan claro, que deje de ser un “Estado” para poder hablar con autoridad a cualquier estado; que sólo así con autoridad y no con poder es como conseguirá el respeto de cualquier pueblo, de cualquier persona; que sólo cuando tenga la autoridad y la fuerza de la verdad del amor podrá plantar cara sin medias tintas, sin diplomacias, sin argucias, sólo desde la verdad y la fuerza de la humildad, sólo desde la verdad y la fuerza de la humanidad podrá hacer frente al desafío del hombre.

Díselo Karol, por favor, díselo, porque entonces se dará cuenta de que ya no será necesario tener una dirección única, monolítica, absolutista y absurda; entonces se dará cuenta de que cuando más comparta más se fortalecerá, cuando más comparta más servirá, cuando más comparta, más crecerá, y que cuando las pirámides del poder se vengan abajo y las decisiones se basen en el amor, fruto de la experiencia, y no en la imposición, fruto de la ambición; más pronto llegarán a todos los fieles, a todos los creyentes; y dile que no tema, porque llegarán con autoridad, con el auténtico poder que da la autoridad.

Pero para eso antes hay que limpiar la casa porque si no nadie nos creerá, para eso hay que abandonar esta casa que ya no nos sirve con tantas comodidades, con tanto lujo, con tanto boato; porque si no nadie nos creerá. Porque por eso, hoy, casi nadie nos cree ya.

Y si al final no le puedes decir nada a Benito, por aquello de la cláusula de confidencialidad celestial, por lo menos pásala, pasa esta carta en la comunión de los santos, pásala, porque entre todos somos muchos y sin miedo muchos más.

Y ya ves a donde va a venir Benito, a una tierra desmesurada para todo, para lo bueno y lo malo, para lo humano y lo divino. Díselo a Benito, Karol, dile que tenga cuidado en esta tierra, donde los cantos de sirena se confunden con la música celestial. Díselo, que nadie le engañe, que nadie le confunda.

Que podamos decir al fin en esta ciudad de lo efímero que aquí, en un nuevo Pentecostés, se inmoló el Vaticano para gloria de Dios y esperanza de los hombres.

Y parafraseando el evangelio de Juan: otras muchas cosas tendrías que decirle Karol, a Benito. Si se escribieran una por una, me parece que todos los libros ocuparían mucho en el mundo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Ya lo sabes, si puedes, pásala.


Un abrazo,
Enrique
Valencia, a 14 de Junio de 2006.