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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

con ellas

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DANZANDO CON LAS MATRIARCAS
MAGDALENA BENNASAR, Espiritualidad Integradora
LOGROÑO (LA RIOJA).

ECLESALIA, 13/12/07.- Si dejas que las lecturas de Isaías de este tercer domingo de Adviento resuenen dentro de ti, como la música, tal vez sentirás que tu cuerpo y tu alma se mecen y empiezas una danza. La danza de la espera confiada y segura, a pesar de las espesuras del momento, la danza de nuestras matriarcas Noemí y Rut retornando a Belén después de hondas perdidas y en la mas absoluta de las indigencias: mujeres, viudas, una mayor, la otra extranjera, es decir, con otro dios... Danza en la que debieron inspirarse las gestantes Isabel y María.

Dios elige dos mujeres, una estéril, la otra casi niña, en una cultura patriarcal hasta la saciedad. Y Dios, con el ángel danza con ellas y llena su “rahúm”sus entrañas de la gracia de la vida de Dios, y los niños danzan en sus senos y empiezan así a preparar el reino, la gozada de Jesús, la fuerza de lo débil, la energía de Dios en las indigentes, estériles... dejando mudo al sacerdote y con él al templo.

Isabel, la estéril inicia el nuevo testamento y es fecundada con la plenitud de lo que esperamos también nosotras hoy, y María acoge y recibe porque su “rahúm” sus entrañas están abiertas al Dios de Sara, de Noemí, de Judit, de Rut, de Raquel...

¿Que tendrá el Adviento que nos gusta tanto a las mujeres? Pues creo que son las paginas mas integradoras de todo el ser de la mujer en la Escritura, y nos identificamos en casi todo.

Para mí empezó en Galilea, pueblo de la Rioja, el primer domingo de Adviento. Éramos un grupo de Mujeres y Teología de Logroño. Escuchamos los textos del día con el lado derecho (lo femenino) del cerebro, y algo empezó a gestarse en nosotras. El silencio, el compartir, el compromiso fue fecundo, arriesgado (indagar porque no se le paga un sueldo a una mujer que trabaja en la misma plaza que un varón, al, cura, le pagaban a ella no) proveniente de mujeres que estamos en la vida, en la Galilea real día a día desde nuestras profesiones: médicos, enfermeras, concejala, trabajadoras sociales, teólogas...

Terminábamos el día danzando la danza de las matriarcas, nuestras manos entrelazadas y la seguridad de que estamos gestando la vida.

Y siguió el segundo domingo de Adviento, tuvimos la suerte de ofrecer un retiro al que asistimos doce mujeres, y danzamos de la mano de las gestantes Isabel y María y Rut y Noemí dirigieron nuestras meditaciones, en el silencio de nuestros corazones indigentes, de nuestras bocas silenciadas en el templo, de nuestras manos llamadas a consagrar, por Bautismo, la vida, la historia, el presente.

La Buena Noticia es que Dios elige una mujer para tomar carne en la historia concreta de la humanidad. Dios sigue eligiendo la mujer para tomar carne, rostro en la historia hoy. Tenemos que validar nuestra intuición, nuestra inteligencia emocional y dejarnos “afianzar las rodillas vacilantes” (Is 35,3) para que no solo no temblemos ante tantas fuerzas devastadoras sino que fortalezcamos nuestras rodillas danzando con las matriarcas de antes y de ahora. Y que como dice Jesús en el evangelio de este domingo, vayamos a contar a Juan (bastante lado izquierdo del cerebro) lo que estáis viendo y oyendo: las ciegas ven, las cojas andan, las leprosas quedan limpias, las sordas oyen, las muertas resucitan, y a las pobres se les anuncia la buena noticia.

Esto es una gozada, con razón que a este tercer domingo de Adviento se le llama del gozo. Pero para que no se quede en el templo, tenemos que ir a nuestras amigas que cojean y a las que ven poco, y a las que prefieren no oír, y a las alejadas por impuras, y a las que prefieren no vivir esas experiencias, y a todas las que no cuentan, las “anawim”, tenemos que ir donde ellas están e invitarlas a la danza de las matriarcas.

¿Te sumas al corro o eres demasiado seria o serio para todo eso? Tal vez Navidad pase de largo si no relajamos el ceño y las manos y los pies, y sobre todo el corazón aunque no sepamos danzar y nos pisemos y nos riamos y nos abracemos en esa alegría de esperar al Amado danzando. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


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