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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

no congelar

no congelar

DONES CONGELADOS
Lc 19, 11-28
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@wanadoo.es
MADRID.

ECLESALIA, 07/03/08.- Onzas, monedas de plata, talentos... en la parábola se nos cuenta que aquel hombre noble puso en manos de diez empleados suyos algo que le pertenecía, en la confianza de que le sería devuelto con ganancia a su vuelta.

El día que Dios nos pensó... depositó en cada ser humano dones que le harían único sin que eso le diferenciara de sus hermanos. La especialidad del don habría de ser demostrada en la entrega del mismo y el beneficio se obtendría poniéndolo al servicio de los demás.

Aquel mismo día en que Dios siguió pensándonos... vio que podría haber un riesgo que echaría a perder los dones que pensaba distribuir: el miedo. Pero confió en que la inteligencia y la libertad nos harían ver claro el camino en la utilización de los dones.

Cada época tiene su propia epidemia y la que vivimos no iba a ser menos. Cuando nuestra sociedad sea objeto de estudio por historiadores y sociólogos de tiempos futuros concretarán cual fue la pandemia que asoló en nuestros días. Hablarán del SIDA y del cáncer, por supuesto. Pero, a mi modesto entender, ya que como ser humano de este tiempo vivo en el epicentro y es posible que me falte perspectiva, creo que habrán de concretar que el miedo fue la principal lacra para una feliz evolución y crecimiento individual y social. Y es triste porque con el potencial humano de los dones recibidos, esto debería ser el jardín del Edén.

¿Qué nos está sucediendo? Creo que hemos congelados los dones... Sí, los hemos congelado porque como son bienes perecederos y, si no se cultivan y se ponen al servicio de los demás se echan a perder, los hemos metido en el congelador, no vaya a ser que cuando nos pida cuentas el que nos los regaló, no podamos presentarle nada.

¡Ánimo!... Descubramos los dones de forma individual y comunitaria. No nos dejemos atorar por el miedo que incapacita y destruye. Si te sabes sanador, sana. Si lo tuyo es la escucha, hazlo. Si sabes hacer ricos bizcochos, invita a merendar. Si el deporte es lo tuyo, juega... no compitas a muerte. Si es la oración, ora y compártela con los demás. Si tienes el don de liderar o animar grupos humanos (empresas, comunidades religiosas, parroquias, etc.) mira a las personas con amor, más allá de los beneficios, las denominaciones, la utilización o la productividad. Si eres profeta, sé humilde, pero habla. Si eres místico, contempla, pero no te olvides que hay que comprar el pan. En fin, si eres hijo e hija de Dios -que lo eres- no pongas tus dones a congelar. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

lázaro

lázaro

LÁZARO LLEGA EN CAYUCO AL PUERTO DE LOS CRISTIANOS
BRAULIO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA, 06/03/08.-“Os repartiréis la tierra como heredad para vosotros y para los forasteros que residan junto a vosotros y que hayan engendrado hijos junto a vosotros. Porque los consideraréis como al israelita nativo” (Ez 47,22).

“Aquí no caben todos”. “Hay que dar el mensaje de que expulsaremos a todos los inmigrantes irregulares que podamos”. “Aunque no son la mayoría, muchos inmigrantes vienen a delinquir”. “Hay que poner orden” (eufemismo de mano dura). “Muchos derechos de los españoles se ven perjudicados”... etc. Este rosario de advertencias alarmando de que los inmigrantes nos están invadiendo, forman parte del “combustible electoral”. No las ha dicho un cualquiera; las ha dicho el líder de un Partido que defiende a ultranza “las raíces cristianas de Europa”; que puso toda la carne en el asador para que esta referencia cristina figurara como faro, o columna, en la Constitución Europea. En campaña electoral todos hacen cálculos. Los inmigrantes no tienen derecho al voto. Pero, ¡ay! si los inmigrantes votaran. Otro gallo cantaría. Sonaría otra canción.

España, tradicionalmente, ha sido un país de emigrantes. Y de misioneros. Muchos hombres y mujeres han dedicado, y dedican, sus vidas a los más desfavorecidos, especialmente en África y Latinoamérica. Ahora España se ha convertido en un país de acogida; y “en la octava potencia económica mundial” gracias a la inmigración. Pero hay quienes lo tienen más difícil, casi imposible, para conseguir papeles y trabajo, el nuevo maná bíblico . Son los jóvenes africanos, la flor y nata de sus países, que, con su marcha, se desangran. Huyen de la miseria buscando porvenir. Pero un número incontable de ellos -tras lograr sobrevivir meses enteros cruzando penosos desiertos- terminan su éxodo de modo trágico, engullidos por las aguas del Océano. Hay una playa tinerfeña, curiosamente llamada de Los Cristianos, donde arriban cientos de Lázaros. Llegan exhaustos, con lo puesto; algunos llegan muertos por agotamiento. Es la inmigración Sur-Norte, la más visible. Porque hay otra inmigración, la Sur-Sur, tan numerosa como la primera, de la que no se habla.

La inmigración es un fenómeno tan antiguo como la historia de la humanidad. La situación de fragilidad del extranjero es muy tenida en cuenta en la Biblia. En una catequesis reciente sobre la inmigración, "Fuisteis extranjeros", (www.comayala.es), el cura Jesús López Sáez (fundador y responsable de la madrileña Comunidad de Ayala) nos recuerda que “La Biblia nos obliga a tener memoria” en las situaciones de desarraigo y de éxodo. “El gran problema no es la inmigración. Es el abismo global entre ricos y pobres. Es el pobre que muere en el portal de la rica Europa, deseando comer las migajas que caen de la mesa”. Además, olvidamos que los más excluidos de entre los excluidos ni siquiera tienen la opción de intentar emigrar.

La inmigración es un fenómeno muy complejo sobre el que abundan los tópicos, los prejuicios y los estereotipos. A punto de publicarse la Primera Encuesta Nacional de Inmigrantes, del INE, se ha adelantado que la mayoría de inmigrantes entran en España según las normas de extranjería, mientras que los que entran en pateras y cayucos es un “aspecto totalmente ínfimo”. España ocupa el segundo puesto entre los países de la OCDE en el que más inmigrantes ocupan puestos de trabajo por debajo de su cualificación profesional, con un nivel educativo a menudo superior al de la sociedad que los acoge (informe de 2007). Los motivos de los que vienen no son sólo económicos, ni la mayoría de los inmigrantes proceden de los países pobres; la mitad son europeos, de países desarrollados, entre ellos muchos jubilados que eligen España como un retiro dorado; otros son estudiantes, o personas que vienen a emprender un negocio.

De los 6.500 millones de seres humanos, apenas 200 son inmigrantes. Hay un rosario tópicos negativos. Hay que hablar con los datos, no con los prejuicios. Los beneficios de los emigrantes no se ven, son más macroeconómicos. Con sus aportaciones a la Seguridad Social, se abonan casi un millón de pensiones de los nativos. En cambio, los problemas que genera la inmigración -aumento de la escolarización, de la atención sanitaria, etc. (por falta de una mayor dotación) enseguida salen a relucir. Hay un catastrofismo irresponsable empeñado en relacionar inmigración y delincuencia, a pesar de que los datos lo desmienten: "En 2002, con la mitad de inmigrantes, la tasa de criminalidad era 1,5 puntos superior a la de 2006”. La ONU ha reconocido que "la inmigración neta a Europa tendría que cuadriplicarse para mantener constante el porcentaje de población en edad laboral". La catequesis aludida plantea, entre otros, este test: ¿Estaba España mejor antes, cuando era un país de emigrantes? ¿Está mejor ahora, convertida en país de acogida?

¿Qué pasaría si todos los inmigrantes regresaran a sus tierras, o se declararan en huelga? Una pregunta que, en voz baja, nos habremos hecho más de una vez. Sería un caos. Sectores enteros se paralizarían. Se calcula que en el sector servicios trabajan 1.700.000 inmigrantes; en la construcción 650.000. Otros cientos de miles trabajan en la industria, en la agricultura, en los hogares. Muchos inmigrantes trabajarán en condiciones indignas de trabajo. Hace falta una buena inspección. La economía sumergida, de supervivencia, también daña al resto de los trabajadores. Gracias a la inmigración, la tasa de natalidad ha aumentado en España; los hijos de los inmigrantes serán quienes renueven las capas laborales a medida que la población envejezca. Hay regiones –como Castilla, por ejemplo- que ve en los inmigrantes una solución de regeneración poblacional. En una palabra, “La emigración ¿es un problema o una oportunidad?”: es el trasfondo de la catequesis “Fuisteis extranjeros”.

“Los inmigrantes nos invaden”, “colapsan las urgencias” ("Para una mamografía en Ecuador se paga el sueldo de nueve meses; vienen aquí y tardan un cuarto de hora" dijo, irresponsablemente, un dirigente político del PP. A base de repetirlo, se cultiva la xenofobia. Casualmente, varios días después de que la inmigración fuera puesta como tema de bandera en la campaña electoral por el principal partido de la oposición, el PP, en todas las Iglesias se leía el pasaje del Juicio Final: “porque estuve hambriento y me disteis de comer… era forastero y me hospedasteis…” (Mt 25, 31-46). Para pasar este examen final no cuenta (no da puntos), ser de raza blanca, ni practicar la religión católica o tener las mismas costumbres, sino practicar la compasión, poniéndose, como Jesús, en el lugar del otro, del perdedor; en el lugar de Lázaro recogiendo las migajas. Suele suceder: se puede defender a los débiles y no ir los domingos a misa. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

están vivos

están vivos

5 Cuaresma (A) Juan 11, 1 – 45
¡EN LOS SEPULCROS HAY VIDA!
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 05/03/08.- El adiós definitivo a un ser muy querido nos hunde inevitablemente en el dolor, la impotencia y la falta de sentido. Es como si la vida entera quedara destruida. No hay palabras ni argumentos que nos puedan consolar. ¿En qué se puede esperar?

El relato de Juan no tiene sólo como objetivo narrar la resurrección de Lázaro, sino, sobre todo, despertar la fe, no para que creamos en la resurrección como un hecho lejano que ocurrirá al fin del mundo, sino para que «veamos» desde ahora que Dios está infundiendo vida a los que nosotros hemos enterrado.

Jesús llega «sollozando» hasta el sepulcro de su amigo Lázaro. El evangelista dice que «está cubierto con una losa». Esa losa nos cierra el paso. No sabemos nada de nuestros amigos muertos. Una losa separa el mundo de los vivos y de los muertos. Sólo nos queda esperar el día final para ver si sucede algo.

Esta es la fe judía de Marta: «Sé que mi hermano resucitará en la resurrección del último día». A Jesús no le basta. «Quitad la losa». Vamos a ver qué es lo que sucede con el que habéis enterrado. Marta pide a Jesús que sea realista. El muerto ha empezado a descomponerse y «huele mal». Jesús le responde: «Si crees, verás la gloria de Dios». Si en Marta se despierta la fe, podrá «ver» que Dios está dando vida a su hermano.

«Quitan la losa» y Jesús «levanta los ojos a lo alto» invitando a todos a elevar la mirada hasta Dios antes de penetrar con fe en el misterio de la muerte. Ha dejado de sollozar. «Da gracias» al Padre porque «siempre lo escucha». Lo que quiere es que los que lo rodean «crean» que es el Enviado por el Padre para introducir en el mundo una nueva esperanza.

Luego «grita con voz potente: Lázaro, sal fuera». Quiere que salga para mostrar a todos que está vivo. La escena es impactante. Lázaro tiene «los pies y las manos atados con vendas» y «la cara envuelta en un sudario». Lleva los signos y ataduras de la muerte. Sin embargo, «el muerto sale» por sí mismo. ¡Está vivo!

Esta es la fe de quienes creemos en Jesús: los que nosotros enterramos y abandonamos en la muerte viven. Dios no los ha abandonado. Apartemos la losa con fe. ¡Nuestros muertos están vivos! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

humanos

humanos

DEMOCRACIA EN LA IGLESIA
JOSÉ MARÍA GARCÍA-MAURIÑO, Cristianos por el Socialismo
MADRID.

ECLESALIA, 03/03/08.- La jerarquía de la Iglesia católica va a realizar unas elecciones para elegir a su Presidente. No sabemos hasta qué punto puede llamarse democrática. Estos obispos no han sido elegidos por la ciudadanía católica. Y ahora se eligen entre ellos mismos excluyendo de entrada a los católicos y católicas de a pie.

Todos sabemos que la organización de la Iglesia tiene una estructura jerárquica y vertical, no democrática ni horizontal. Por eso, se trata de la elección del presidente con un tipo de democracia muy especial, si es que se le puede llamar democrática.

Además, el Jefe supremo de la Iglesia es el Jefe de Estado del Estado de la Ciudad del Vaticano. Este Pontífice Supremo tiene un poder total, propio de una Monarquía absoluta (cánones 331 y 333). Y como tal Jefe de Estado no ha firmado la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ni el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966, como la han firmado otros jefes de Estado.

En este momento es urgente que la Jerarquía de la Iglesia se ponga al día en los Derechos Humanos. Si no pueden defenderlos, es porque el Papa no los ha firmado, y por tanto, no pueden tener credibilidad. Los fieles no tienen garantías de que sus pastores defiendan sus derechos dentro de la Iglesia, entre otras cosas porque niegan el derecho a la igualdad entre hombres y mujeres. Si algo tienen que hacer ahora los obispos es defender los Derechos Humanos, mucho antes que defender otros temas de menor importancia. Los Derechos Humanos son sobre todo los derechos de los pobres y la dignidad y los derechos de todos los pueblos de la tierra. Es algo previo y fundamental. ¡Qué lejos se sienten los ciudadanos y ciudadanas creyentes de esa jerarquía tan encumbrada y tan distante! ¿Acaso les preocupa este problema? ¿Tienen en cuenta este punto de vista, o en esta elección lo que les preocupa fundamentalmente es ver lo que agrada a Roma? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

siglo veintiuno

siglo veintiuno

4 Cuaresma (A), Juan 9, 1 – 41
JESÚS ES PARA EXCLUIDOS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 20/02/08.- Es «ciego de nacimiento». No sabe lo que es la luz. Nunca la ha conocido. Ni él ni sus padres tienen la culpa, pero allí está él, sentado, pidiendo limosna. Su destino es vivir en tinieblas.

Un día, al pasar Jesús por allí, ve al ciego. El evangelista dice que Jesús es nada menos que la «Luz del mundo». Tal vez recuerda las palabras del viejo profeta Isaías asegurando que un día llegaría a Israel alguien que «gritaría a los cautivos: ¡salid! y a los que están en tinieblas: ¡venid a la luz!».

Jesús trabaja los ojos del pobre ciego con barro y saliva para infundirle su fuerza vital. La curación no es automática. También el ciego ha de colaborar. Hace lo que Jesús le indica: se lava los ojos, limpia su mirada y comienza a ver.

Cuando la gente le pregunta quien lo ha curado, no sabe cómo contestar. Ha sido «un hombre llamado Jesús». No sabe decir más. Tampoco sabe dónde está. Sólo sabe que, gracias a este hombre, puede vivir la vida de manera completamente nueva. Esto es lo importante.

Cuando los fariseos y entendidos en religión le acosan con sus preguntas, el hombre contesta con toda sencillez: pienso que «es un profeta». No lo sabe muy bien, pero alguien capaz de abrir los ojos tiene que venir de Dios. Entonces los fariseos se enfurecen, lo insultan y lo «expulsan» de su comunidad religiosa.

La reacción de Jesús es conmovedora. «Cuando se enteró de que lo habían echado fuera, fue a buscarlo». Así es Jesús. No lo hemos de olvidar nunca: el que viene al encuentro de los hombres y mujeres que se sienten echados de la religión. Jesús no abandona a quien lo busca y lo ama, aunque sea excluido de su comunidad religiosa.

El diálogo es breve: «¿Crees tú en el Hijo del Hombre?» Él está dispuesto a creer. Su corazón ya es creyente, pero lo ignora todo: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dice: no está lejos de ti. «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es». Según el evangelista, esta historia sucedió en Jerusalén hacia el año treinta, y sigue ocurriendo hoy entre nosotros en el siglo veintiuno. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


de urnas

de urnas

URNAS NUEVAS - TENTACIONES VIEJAS
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@orange.es

ECLESALIA, 25/02/08.- Hay cosas difícilmente explicables. Que personas cristianas voten a partidos materialistas, enemigos declarados de su propia Iglesia. Que se alineen con gente agnóstica o atea que "ni teme a Dios ni respeta a los hombres" (Lc 18,2). Que aten su voto a unas siglas porque contiene tal palabra atractiva. Que prefieran políticas fracasadas en el pasado. A la vuelta de la esquina tenemos el estrepitoso fracaso mundial del comunismo. Y, un poco más allá, las aberraciones del nacional-socialismo fascista cuya erradicación necesitó una guerra mundial.

Uno no se explica que haya cristianos que voten por impulso, sin analizar los principios y programas del partido al que votan, sin ver si sus votos horadan su propio tejado. Que cierren los ojos a la historia y olviden lo que pasó cuando gobernaron esos en los que dicen confiar. Aún menos explicable que dejen de votar, que se sacudan su participación en la construcción del Reino en el que dicen creer. Caen de bruces en la tentación del talento enterrado (Mt 25,24) y desprecian su "poder de decidir" sobre el curso de nuestra historia.

Ningún partido representa los ideales cristianos. Ni siquiera aquéllos que incluyen nuestro nombre en su denominación política. Pero los hay que coinciden más con nuestros principios. Ese grado de coincidencia es lo que hay que analizar tanto en sus programas como en las experiencias que ya tenemos de ellos.

Por ejemplo: ¿Qué opinan sobre la familia, el matrimonio, la vida, la religión, la enseñanza? No se trata tanto de si ponen más o menos dinero sobre la mesa. Se trata, sobre todo, de si creen en estas realidades básicas, si colaboran en su construcción o en su descomposición. Hay realidades sociales cuyo deterioro arruina al propio ser humano.

Otro ejemplo: ¿Qué medios de comunicación promueven? ¿Los que difunden valores y promocionan al hombre o los que contaminan, manipulan, degradan y embrutecen? No podemos olvidar que los medios modernos son una parte importante del "ambiente humano" que respiramos.

Por desgracia, estamos acostumbrados a la sutil o descarada demagogia[1] de algunos partidos. Los sentimientos con que más juegan son la solidaridad, la justicia y la libertad. Utilizan las necesidades básicas del ser humano como anzuelo para erigirse en únicos salvadores. Conmigo "pan y circo" -vienen a decir- y después "haz lo que quieras".

Estas tentaciones son muy antiguas. Jugar con el hambre es diabólico. Prometer libertad sin límites también. Hace casi dos mil años "el tentador se acercó y le dijo: Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. Pero Él respondió: Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,3). Es la tentación del pan, es decir, la tentación del materialismo.

Hay quienes creen en la diosa Democracia o en el dios Estado resucitando un absolutismo de nuevo corte. No existen leyes previas, ni instituciones naturales, ni respeto a la naturaleza humana, ni nadie que la trascienda. Todo es circunstancial y mudable. El imperio absoluto de la mayoría lo rige todo. Es la tentación del laicismo deicida[2]: "Todo esto te daré si te pones de rodillas y me adoras. Jesús le dijo: Retírate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás" (Mt 4,9).

Y, por supuesto, no podía faltar la primera tentación de la humanidad, la tentación del autosuficiente libertinaje[3]: "Entonces la serpiente dijo a la mujer: ¡No, no moriréis! Antes bien, en el momento en que comáis se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses" (Gn 3,4).

Estos redivivos tentadores son los que afirman que la fe es del ámbito privado y para nada puede ni debe influir en la vida pública.

Estas tentaciones deberían ser conocidas y detectadas por los cristianos. No deberíamos ser ingenuas piezas de ávidos cazadores. Tendríamos que saber distinguir quién está con nosotros y quién contra nosotros: "El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo desparrama" (Mt 12,30). Por desgracia, los apasionamientos, los resentimientos del pasado, la ignorancia, la falta de interés por ver y analizar, oscurecen o paralizan a muchos.

Sigo defendiendo, como los griegos, que hay que elegir a "los mejores", a los más capaces, preparados y experimentados. "¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?" (Lc 6,39). Y, como la perfección no existe, en realidad hay que votar a "los menos malos", los que menos contradigan mis principios cristianos, los que hayan demostrado su honradez y su capacidad para hacernos avanzar. Éstos, precisamente éstos, son los que mejor consiguen la solidaridad, aunque no la utilicen como señuelo, porque cuando la nación mejora mejoramos todos. Un político honesto que comparta nuestros valores apoyará a los más frágiles. Está en el corazón de nuestro ideario. Pero hay que distinguir entre los que sirven a los pobres y los que se sirven de ellos.

No merecen el voto de los cristianos quienes quieren recluirnos en las sacristías, silenciarnos o excluirnos de la vida pública. O quienes pretenden amordazar a nuestros Obispos y amedrentarlos con la eliminación de las ayudas estatales.

Si políticos de cualquier pelaje quieren darnos lecciones de justicia, estudien primero la "doctrina social de la Iglesia". Si prefieren realidades, hagan recuento: colegios, universidades, guarderías, orfanatos, hospitales, leproserías, asilos, centros de día, comedores, refugios, roperos, talleres, dispensarios, asesorías, voluntariados, etc. En nuestra nación y por todo el mundo. Después dígannos si no son ellos los deudores y si insisten en que mejor estábamos en la cuneta.

Desde luego yo no me dejaré engañar por buhoneros de feria que hacen negocio con los sentimientos de los más humildes para conseguir cómodas poltronas y pingües beneficios. Una vez más, “por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,16). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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[1] Demagogia: "Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder" (DRAE).
[2] Laicismo deicida: Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa, negando toda Trascendencia o leyes emanadas de ella.
[3] Libertinaje: Desenfreno en las obras o en las palabras. Falta de respeto a la religión.

de campaña

de campaña

Comienza en España la campaña electoral para las elecciones generales del 9 de marzo de 2008
ACTITUDES POLÍTICAS PARA UNA VIDA CRISTIANA
JOSÉ IGNACIO CALLEJA, profesor de Moral Social Cristiana
VITORIA-GASTEIZ.

ECLESALIA, 21/02/08.- Cuando pensamos en nuestras opciones “políticas”, en toda la gama de supuestos que van desde la simpatía y la opinión, hasta el voto y la afiliación, los cristianos estamos habituados a recordar amplias relaciones de criterios morales para el caso. Los criterios son, generalmente, los mismos, con la acomodación en su orden y matices al tiempo preciso en que se nos ofrecen. Según qué problemas políticos destaquen en ese momento, en el ámbito de la llamada moral personal más que en el social, los criterios toman uno u otro sesgo.

Me propongo ahora dar un paso más, y descender un peldaño en relación al discernimiento “político”, buscando la máxima honestidad en nuestra condición de cristianos y ciudadanos.

A tal fin, hablo algunas de actitudes “políticas” y hasta pastorales que pueden ayudarnos a responder mejor a esa identidad doble y única a la vez. Ante el pluralismo de nuestras sociedades y la diversidad de sus convocatorias en la vida pública, ¿qué actitudes “políticas” y pastorales deberíamos primar los cristianos, como individuos, y la Iglesia como realidad social, en orden a nuestro propósito de una evangelización que mejore integralmente la vida humana? Veamos.

- Antes de nada yo reclamaría ser “honestos con lo real”. Una actitud que se sustancia en la voluntad firme y objetivada de conocer los hechos en su verdad y complejidad. Y para ello, dos criterios, conocer conforme a los saberes humanos y sociales más reconocidos, argumentando desde ellos, para escapar en lo posible a las ideologías; y aprender a ponerse en el punto de vista de los otros, especialmente de los más débiles, para conocer qué derechos reclaman o qué razones aducen, si no ha lugar a derechos. Si no nos ponemos de algún modo en el lugar del otro, no hay discernimiento moral propiamente hablando.

- La segunda de esas actitudes viene con la laicidad misma, pues sabemos que ésta se expresa a través de hábitos democráticos y dialogantes en todos, ante el debate cosmovisional, moral y político de nuestras sociedades. Todo nos incita como oportunidad y tarea a un compromiso cívico más y más dialógico y democrático. Como ha dicho Adela Cortina, no deberíamos confundir el pluralismo legítimo, irrenunciable, con el relativismo general, denunciable. Algunos lo hacen a menudo.

- Necesitamos a la vez mantener un talante muy crítico, en el sentido más preciso del término, para salir al paso con buenas razones de la gran vigencia cultural de que gozan los “procesos de descrédito de lo religioso”, es decir, su consideración como pensamiento caduco y convicciones anacrónicas, casi siempre, y totalmente subjetivas, siempre. En castellano, que lo cortés y debido, el diálogo, no quita lo valiente, el razonamiento y el testimonio de la fe.

- Ha de ser algo natural recordar que una sociedad tan racional, argumentativa y procedimental como la nuestra, sigue teniendo su mínimo moral inexcusable en los derechos iguales de los más débiles. Este elemento básico es irrenunciable. ¡Alto a los planteamientos democráticas “inocentes”! El debate siempre tiene que ser democrático, incluso cuando alcanza formas de objeción de conciencia, pero el fundamento último de lo bueno y de lo malo no son los procedimientos electorales. Esto es delicado, pero hay que saber ser demócrata, obrar en consecuencia y, sin embargo, poder decir cuándo a uno le parece que la democracia se ha quedado muy corta en su ley, respecto a los derechos de los más débiles.

- Sabemos que la ley debe proteger aquello que es imprescindible para el bien común, y esto exigimos de su parte, pero el cambio de ideas es un acto de libertad que corresponde, en conciencia, a cada ciudadano. Si hay que practicar, en su caso, la objeción de conciencia, hablemos directamente de esto y veamos cuándo, cómo y por qué.

- Sabemos vivir en medio de un pluralismo social y eclesial inconfortable. En el caso de la Iglesia, conocemos los criterios capaces de sostener el equilibrio imprescindible en esa experiencia; hablamos de Jesucristo, los pobres, la caridad y la comunión en la tradición viva de la Iglesia, conducidos por los “Pastores”; en el caso de la sociedad, hablamos de los derechos humanos de todos, y todos, y del principio de solidaridad entre todos, y especialmente con los más débiles y olvidados.

- Vigilamos el respeto de los derechos humanos en la Iglesia, y en nuestra acción pastoral, y su recuerdo no nos incomoda por “política”, sino por lo que tiene de interpelación “moral” y “evangelizadora”. Además, si se piensan desde la fraternidad evangélica, mejor se podrá reconocer su riqueza de matices y efectos democratizadores en la Iglesia[1].

- Queremos servir a la gente, sin ignorar aquello en que el mundo quiere ser servido; aspiramos a un discernimiento, de ida y vuelta, entre la Iglesia y los diferentes grupos de la sociedad. Cómo y en qué quiere la gente ser servida y si podemos hacerlo, o no, y por qué, estas son las preguntas que nos ocupan.

- Más allá del derecho que nos pueda asistir, como Iglesia, en una sociedad democrática, nos importa cómo somos percibidos por esa sociedad a la que queremos evangelizar y por qué razón las cosas suceden así. Argumentar reiteradamente desde el Concordato es un fracaso pastoral y moral.

- Creemos que la mejor aportación cristiana a estas sociedades, plurales, complejas y hasta desconcertadas, ha de consistir en hombres y mujeres de fe, sí, pero con otros hábitos de juicio y de consumo, otra mentalidad o cultura, una manera de sentir e interpretar el mundo que destaca el ser sobre el tener, lo nuestro sobre lo privado y corporativo[2], las personas sobre las cosas, la justicia social sobre el “registro de la propiedad”.

- Más en concreto, pienso que a la hora de elegir soluciones partidistas hay que comparar propuestas reales con otras que también lo son, para no falsificar el discernimiento moral por carencia de sentido histórico. ¡No podemos saltarnos nuestra propia sombra! Y en todo caso, ejemplarizamos la presencia pública en los ambientes y problemas sociales con menor eco político y mediático, es decir, pobres hasta el extremo de no tener poder de presión y negociación. Nos iniciamos además en formas y ocasiones cotidianas de presencia pública comprometida, porque es el camino privilegiado para crecer en conciencia social. Y, siempre que es necesario, compartimos la solidaridad con los mejores empeños “laicos”, renunciando al protagonismo por el hecho de la exclusiva cristiana en su inspiración y reconocimiento social.

- Como cristianos particulares, valoramos la importancia de una comunidad cristiana para vivir la fe con toda la riqueza de sus expresiones; creemos que en ella puede animarse alguna forma de presencia pública (campañas, acciones, proyecto) y hasta de vida alternativa (compartir algo nuestro con los necesitados) y, en todo caso, hallar numerosos estímulos para hacer más fácil la sintonía con la vida digna en todas sus expresiones. “El seguimiento (de Jesús), escribe J. B. Metz, se opone más bien al peligro de una reflexión permanente, piadosa e inútil, que no hace sino reflejarse a sí misma, porque dicho seguimiento empuja a la acción y no admite aplazamientos”.

- Sabemos, por fin, que nada ni nadie nos librará del esfuerzo requerido por un discernimiento prudencial, hecho a la luz del Evangelio, muy atento a una específica situación local (OA 4) y al modo de vida más justo o menos de cada uno. Al fin y al cabo, se trata de aceptar y de ejercer la mayoría de edad que, como cristianos y ciudadanos, nos corresponde. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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[1] Cf., VELASCO, D., Derechos humanos y Doctrina Social de la Iglesia: del anatema al diálogo, Bilbao, Universidad de Deusto, 2000.

[2] Sobre la cuestión de una cultura específicamente cristiana, en una de las propuestas más primitivas, la de la Conferencia Episcopal Italiana, Cf., Evangelizzare il sociale, en Il Regno Documenti 1 (1993) 11-30. (Aprobado el 29.X.92).


a las mujeres

a las mujeres

3 Cuaresma (A) Juan 4, 5 – 42
DIÁLOGO MÁS HUMANO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 20/02/08.- La escena es cautivadora. Llega Jesús a la pequeña aldea de Sicar. Está «cansado del camino». Su vida es un continuo caminar y recorrer los pueblos anunciando ese mundo mejor que Dios quiere para todos. Necesita descansar y se queda «sentado junto al manantial de Jacob».

Pronto llega una mujer desconocida y sin nombre. Es samaritana y viene a apagar su sed en el pozo del manantial. Con toda espontaneidad Jesús inicia el diálogo: «Dame de beber».

¿Cómo se atreve a entrar en contacto con alguien que pertenece a un pueblo impuro y despreciable como el samaritano? ¿Cómo se rebaja a pedir agua a una mujer desconocida? Aquello va contra todo lo imaginable en Israel. Jesús se presenta como un ser necesitado. Necesita beber y busca ayuda y acogida en el corazón de aquella mujer. Hay un lenguaje que entendemos todos porque todos sabemos algo de cansancio, soledad, sed de felicidad, miedo, tristeza o enfermedad grave.

Las necesidades básicas nos unen y nos invitan a ayudarnos, echando por tierra nuestras diferencias. La mujer se sorprende porque Jesús no habla con la superioridad propia de los judíos frente a los samaritanos, ni con la arrogancia de los varones hacia las mujeres.

Entre Jesús y la mujer se ha creado un clima nuevo, más humano y real. Jesús le expresa su deseo íntimo: «Si conocieras el don de Dios», si supieras que Dios es un regalo, que se ofrece a todos como amor salvador… Pero la mujer no conoce nada gratuito. El agua la tiene que extraer del pozo con esfuerzo. El amor de sus maridos se ha ido apagando, uno después de otro.

Cuando oye hablar a Jesús de un «agua» que calma la sed para siempre, de un «manantial» interior, que «salta» con fuerza dando fecundidad y vida eterna, en la mujer se despierta el anhelo de vida plena que nos habita a todos: «Señor dame de beber».

De Dios se puede hablar con cualquiera si nos miramos como seres necesitados, si compartimos nuestra sed de felicidad superando nuestras diferencias, si profetas y dirigentes religiosos piden de beber a las mujeres, si descubrimos entre todos que Dios es Amor y sólo Amor. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).