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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

cicatrices

cicatrices

Pascua de Resurrección (A) Juan 20,1-9
LAS CICATRICES DEL RESUCITADO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 19/03/08.- «Vosotros lo matasteis, pero Dios lo resucitó». Esto es lo que predican con fe los discípulos de Jesús por las calles de Jerusalén a los pocos días de su ejecución. Para ellos, la resurrección es la respuesta de Dios a la acción injusta y criminal de quienes han querido callar para siempre su voz y anular de raíz su proyecto de un mundo más justo.

No lo hemos de olvidar jamás. En el corazón de nuestra fe hay un crucificado al que Dios le ha dado la razón. En el centro mismo de la Iglesia hay una víctima a la que Dios ha hecho justicia. Una vida «crucificada», pero motivada y vivida con el espíritu de Jesús, no terminará en fracaso sino en resurrección.

Esto cambia totalmente el sentido de nuestros esfuerzos, penas, trabajos y sufrimientos por un mundo más humano y una vida más dichosa para todos. Vivir pensando en los que sufren, estar cerca de los más desvalidos, echar una mano a los indefensos… seguir los pasos de Jesús no es algo absurdo. Es caminar hacia el Misterio de un Dios que resucitará para siempre nuestras vidas.

Los pequeños abusos que podamos padecer, las injusticias, rechazos o incomprensiones que podamos sufrir, son heridas que un día cicatrizarán para siempre. Hemos de aprender a mirar con más fe las cicatrices del resucitado. Así serán un día nuestras heridas de hoy. Cicatrices curadas por Dios para siempre.

Esta fe nos sostiene por dentro y nos hace más fuertes para seguir corriendo riesgos. Poco a poco hemos de ir aprendiendo a no quejarnos tanto, a no vivir siempre lamentándonos del mal que hay en el mundo y en la Iglesia, a no sentirnos siempre víctimas de los demás. ¿Por qué no podemos vivir como Jesús diciendo: «Nadie me quita la vida, sino que soy yo quien la doy»?

Seguir al crucificado hasta compartir con él la resurrección es, en definitiva, aprender a «dar la vida», el tiempo, nuestras fuerzas y tal vez nuestra salud por amor. No nos faltarán heridas, cansancio y fatigas. Una esperanza nos sostiene: Un día «Dios enjugará las lágrimas de nuestros ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas porque todo este mundo viejo habrá pasado». (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

de la esperanza

de la esperanza

LA PASCUA VIENE, Y ¿LA GENTE SE VA? NO
JOSÉ IGNACIO CALLEJA
VITORIA-GASTEIZ

ECLESALIA, 18/03/08.- Siento la inquietud de la gente en el ambiente. La inquietud de quien se apresta a disfrutar de un tiempo distinto, más libre y alegre, tiempo lleno de planes y expectativas. En cada tienda y esquina, en la radio y en la escalera de vecinos se escucha un “qué vais a hacer, a dónde os vais, qué tiempo nos deparará el tiempo, podéis marchar todos”… Es como una frase hecha que sale de rostros con sonrisa de oreja a oreja. Lo escucho todo, lo medito, lo entiendo y dentro de mí no puedo menos de pensar en nuestro tiempo, el tiempo de los misterios centrales de la fe en Jesucristo. Pienso también en la gente que no se irá a ninguna parte, que no puede irse a ninguna parte… me duele la indiferencia con que se les ignora, pero ésta es otra cuestión.

Pienso en todo esto, como tanta gente en el cristianismo de las sociedades modernas. Uno ya no puede sumergirse en la experiencia de la fe al margen del mundo y de la gente que nos rodea. Quisiéramos que las cosas fueran de otro modo. Lugares donde la fe cristiana resonará con sentido pleno y personal. Quisiéramos que cada persona hallara en la fe el mejor sentido para su existencia cotidiana y para los momentos más críticos de la vida. Quisiéramos que la felicidad y la inquietud, el buen hacer y el fracaso pudiese cada persona traerlo a la fe en Jesús y mejorar su existencia íntegra en la compasión del Crucificado, en su mirada llena de perdón, en su esperanza inquebrantable en el Dios de la Vida.

Quisiéramos tantas cosas… pero la realidad es otra, tan diversa y tan compleja que los nuevos cristianos podemos sentirnos demasiado distintos… Quisiéramos, pero ¿es éste el querer de Dios? Decimos que hay que leer los signos de los tiempos. Los signos de los tiempos son las experiencias históricas donde Dios se revela con la identidad paternal que en Jesús alcanzó su definitiva claridad. No nos importa sólo el dato social de qué fenómenos sociales destacan en nuestra época y qué preferencias están en el corazón de la gente, sino también, y primero, cuáles de entre esas experiencias revelan la presencia salvífica de Dios en el Mundo, y cuáles la ocultan más y están más necesitadas de purificación. Conversión decimos nosotros.

Un conocido teólogo, y con el don de escribir con máxima sencillez, Luis González Carvajal, escribe no importa dónde, -cito de memoria y acomodándolo a mi “teología”-, que los signos de los tiempos hemos de discernirlos a la luz de la vida y la persona de Jesús; y especialmente, a la luz de su radical intimidad con Dios como Dios de Amor y Compasión; como Padre; y a su lado, la compasión extrema de ese Dios de Jesús para con los pobres, sencillos, enfermos, proscritos y pecadores; y por fin, a la luz de un Dios que se desvive en el respeto por el hombre como ser de conciencia libre, como aquél que es mayor que el sábado, como aquél a quien la salvación le es ofrecida como gracia y recibida, en su caso, con libertad humilde; y que éste es el camino de su cristificación.

Algo así dice Luis, y algo así quisiera repetir yo, al traer aquí esta intuición de que hay que estar muy abiertos y ser perspicaces para captar los signos del Reino de Dios creciendo aquí, en la Iglesia confesante, sí, y en mucha gente de toda condición, en el mundo del día a día, tan aparentemente alejado de la fe, y a la vez, tan sensible en tantos casos a la vida y la libertad. ¿De todos? Ésta es la cuestión, que a menudo es un mundo tan sensible a la vida y la libertad como reacio a mirar esto desde los más pobres y débiles. No entraré por este camino, pero sin duda es la senda por dónde nuestro mundo, leído en positivo, se pierde en un solipsismo desesperante: al hablar de derechos, al hablar de vida digna, al hablar de paz, al hablar de bienestar, al hablar de salud, hablar de desarrollo, al hablar de niñez, al hablar de injusticia… ¿Debo decir más?

En estos días, al coincidir con la gente, al observarla de cerca, al escuchar cada conversación y atender a cada mirada, a esa inmensa riada de gente la acogemos como Dios acoge en el calvario de Jesús y en su resurrección a todos; y como buena noticia ofrecida gratuitamente al corazón libre de cada uno, quisiéramos que le resonara por distintos caminos la misma noticia: Jesucristo es el Señor de la Vida, lo es para todos, como regalo siempre ofrecido; los cristianos queremos contarla como el mensajero que trae la noticia que le encargaron, más aún, que le requema el corazón; noticia que le hace vivir, que es de esperanza y confianza en la vida y en los otros; convencidos de que siempre habrá en el mundo quien la reciba ilusionado y se confíe a ella, y de que siempre el mundo, en la misma medida que sea humano, la encontrará digna de respeto y aprecio; ¡digna de fe, por qué no! No estamos solos, ni corremos como locos por exprimir una existencia en solitario, sino que el Dios de la Vida, en su Hijo, Jesucristo, hizo y hace para siempre el camino de cada persona, y especialmente, el camino de los que más sufren.

El via crucis de los más tirados del mundo siempre concluye en el corazón de Dios. Tengamos así una palabra de paciencia con el distinto, y de firmeza con el injusto; una palabra de respeto con todos y de sincera corrección con quien abusa del débil; una palabra de fe en la vida y una disposición bien probada a la fraternidad samaritana. Tengamos la disposición de dar razón de la esperanza que nos anima, Jesucristo es el Señor; y, vosotros, hermanos del mundo, ¿quién decís que soy yo”? Felices días. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


de noche

de noche

CON NOCTURNIDAD
Es la hora de las tinieblas
JUAN YZUEL - Ciberiglesia.net
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 17/03/08.- A Jesús lo fueron a arrestar de noche, y él increpó a los acompañantes de Judas: "Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido. A diario he estado enseñando en el templo, y no me apresasteis..."

Hoy, como entonces, como en tantos momentos antes, las vidas y las puertas de mucha gente buena han sido arrancadas a patadas, de noche, por los poderosos y sus sicarios. Hoy, como entonces, millones de inocentes han sido arrastrados a culatazos hacia Sanedrines, tribunales populares, consejos de guerra o simples jaurías humanas para ser crucificados, ahorcados, quemados, apedreados o fusilados en las cunetas de la Historia.

Jesús hizo suya la causa de los más pobres y débiles, los olvidados y los marginados. Y acabó haciéndose totalmente uno con ellos, sometiéndose incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Al compartir la Eucaristía, asumimos plenamente participar con él del mismo cáliz, de la misma entrega, de la misma suerte. De allí la obligada pregunta: ¿En qué bando estoy yo?, ¿con quienes podrían ser arrastrados a patadas o con los que llegan con palos a prender a otros? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

se puede

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¿INVISIBLES? ¿ ?
VICTORIA EUGENIA BRAQUEHAIS CONESA

ECLESALIA, 14/03/08.- “¿Qué es eso de hacer invisibles a las personas? Parece algo de la literatura más que de la vida real”. Eso decía un correo que acabo de recibir y por eso estoy escribiendo estas líneas, porque no quiero que me hagan invisible por usar la razón ni que otros sigan invisibles en nuestra conciencia.

Visibilizar es, entre otras cosas, narrar, porque “la narrativa es el arte primordial de los humanos” (Montero, R. La loca de la casa. Ed. Punto de lectura. Madrid 2007) y las personas necesitamos contar historias, crear relatos. La invención de la escritura marca la división entre la Prehistoria y la Historia. A través de las palabras podemos mirar nuestra realidad, imaginar mundos diferentes, recrear la cotidianeidad, y percibir destellos de inmortalidad. Necesitamos la ayuda de las palabras para ordenar y dar forma a nuestro mundo. Gracias a las palabras han surgido universos mágicos que escondían o en los que se escondían “invisibles” faunos, duendes y hadas... A lo largo de los siglos, han brotado cientos, miles de historias, para expresar mundos interiores y modos de entender la existencia humana.

Las palabras también nos sirven para describir lo que nuestros ojos preferirían no ver. En la lengua castellana, “invisible” significa “que no puede ser visto” (http://buscon.rae.es/draeI (9/03/08)) y eso es lo que precisamente sucede con tantas víctimas de la violencia, del odio, de la opresión, de la desigualdad. Hace tan sólo 60 años más de 6.000.000 de judíos murieron exterminados en los campos de concentración; de nuevo se están revolviendo las turbulentas aguas de los Balcanes; cientos de inocentes han muerto literalmente congelados de frío en Afganistán... Nunca ha estado nuestro mundo tan necesitado de ese instrumento tan frágil, tan preciado, tan vulnerable, tan hermoso, como es la palabra humana. Hablar del drama de los pueblos “invisibles” supondría llenar muchas páginas para compensar el vacío de los medios sobre los conflictos olvidados, la explotación laboral infantil, el uso de la violación como instrumento de guerra, las muertes por hambre, la falta acceso a la sanidad o a la educación, entre otros muchos casos. La “invisibilidad” no afecta sólo a la Literatura, sino a las existencias cotidianas de millones de seres humanos, la mayoría del planeta Tierra.

En “Cartas a Nora”, la historia que abre el documental “Invisibles”, producido por Javier Bardem para Médicos sin Fronteras, se nos habla de “aquellas personas que no queremos ver, pero que acaban apareciendo detrás de nuestros miedos y aprensiones, entre otras cosas, porque nunca dejaron de existir” (http://www.formulatv.com/1,20070326,4077,1.html (9/03/08)). Con fecha de 25 de febrero de 2008, nuestras misioneras escribían:

“El viernes vimos "Invisibles", es escalofriante oír a las mamás que tan solo viven a unos 500 Km. de Lubumbashi. Todo es muy real, Cruz Roja Internacional da como media unas 2000 al mes las mujeres que son víctimas de violencia sexual en el Este”.

Pensemos en la “invisibilidad” que padece el pueblo Saharaui. El Sahara Occidental fue territorio español desde finales del siglo XIX hasta el año 1976. En el año 1975 estaba previsto un referéndum de autodeterminación, organizado por el gobierno español, mediante el cual este pueblo iba a decidir su futuro libremente. Marruecos y Mauritania deseaban anexionarse el país y, aprovechando la coyuntura política de España, impidieron al pueblo saharaui expresarse libremente. Casi 25 años más tarde, este pueblo sigue luchando por su identidad y por sus costumbres, pero olvidado en la mayoría de los casos por la comunidad internacional.

En el Foro de Vida Religiosa celebrado en Palma el 8 de marzo de 2008, Día de la Mujer, los religiosos pedimos perdón por ignorar aquello que nos molesta o complica, por nuestros silencios y conformidades, por nuestra voluntad de dominación. Avivamos en nuestro corazón la presencia de Jesús que supo romper moldes y superar costumbres que dejaban en las orillas de la vida a unas personas mientras que enaltecían a otras. Allí pusimos en común nuestro deseo de hacer visibles a todas las personas, poniendo de manifiesto su igualdad y dignidad. En concreto, las mujeres consagradas expresamos que no queremos ser sólo el “corazón” de la Iglesia, sino también la “cabeza”. Esto implica la reflexión teológica, científica, literaria y cultural en general; supone un acercamiento a la lectura y conlleva, en la medida de lo posible, escribir sobre lo que descubrimos, pensamos y vivimos. En ese proceso de cambio, la educación en general y la enseñanza en particular tienen un papel fundamental. También lo tienen el diálogo con las otras confesiones y con el mundo laico. Hay que aunar fuerzas para combatir la violencia de género y para favorecer la cooperación al desarrollo. Son dos caminos que harán caer muchas barreras, muchos muros y muchos prejuicios.

Hay una magnífica novela de Rosa Montero, Historia del Rey Transparente, que nos habla de la fuerza de la palabra, de la importancia del diálogo y de los peligros del fundamentalismo. Porque no sólo la marginación puede hacernos “transparentes” o “invisibles”, sino también el abuso de poder y la manipulación, que al final acaban destruyéndonos a nosotros mismos. Si no nos dejamos obnubilar por ese poder, cada uno de nosotros puede aportar algo para hacer de este mundo un lugar más habitable. Y todo esto pertenece a la vida real, no a la Literatura. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


se siente

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PASTORES IMPUESTOS
BITTOR URAGA LAURRIETA, b-uraga@euskalnet.net
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 13/03/08.- Bittor era secretario del Consejo de Pastoral Diocesano de Vizcaya. Publicamos hoy en Eclesalia la carta que leyó el pasado 23 de febrero en la sesión plenaria del Consejo con motivo del reciente nombramiento del nuevo obispo auxiliar de su diócesis.

Queridos hermanos y hermanas: Me dirijo a vosotros con motivo del reciente nombramiento de obispo auxiliar que ha cogido por sorpresa a prácticamente toda la Iglesia de Bizkaia, para compartir algunas reflexiones y comunicaros mi decisión al respecto. De todas formas, quiero deciros antes de empezar que tanto esta como aquellas son absolutamente personales, si bien, por lo que he podido constatar, estoy convencido de que son compartidas por muchísimos de los que formamos la Iglesia en nuestra Bizkaia.

Yo me enteré, como muchos de vosotros, por televisión. En un primer momento de ingenuidad pensé que me había confundido e inmediatamente después me sentí culpable, creyendo que estaba incumpliendo el compromiso contraído al aceptar el cargo de secretario del Consejo de Pastoral Diocesano, pues consideré que tenía que haber estado al tanto de una noticia de ese calibre. Pero desgraciadamente no tardé mucho en comprobar que el problema no era yo: otras personas con mucho más conocimiento de la diócesis que yo y responsabilidades cotidianas en todos los ámbitos de la Iglesia de Bizkaia lo habían sabido sólo unas horas antes. Es decir, habían nombrado obispo sin consultar con nadie. Y creo que esto se puede decir así, porque, aunque evidentemente sí había en la diócesis quien supo de todo ello con anterioridad, es igual de cierto que no se ha cumplido ni de cerca el mínimo imprescindible para poder decir que habían consultado a alguien. De hecho, es bastante significativo el que el secretario del CPD –y os aseguro que no digo esto por razones personales—, es decir, el secretario del órgano más representativo del pueblo de Dios en la Iglesia de Bizkaia, se haya enterado por televisión.

No tengo nada que decir sobre este hombre que viene a nosotros como obispo, ya que es un perfecto desconocido para casi todo el mundo en Bizkaia y, claro está, también para mí. Sin embargo, sí tengo que manifestar que precisamente por ello, no me parece un buen comienzo: un vizcaíno que no ha estado aquí en el seminario ni ha ejercido como presbítero en esta iglesia local, sí quiere, en cambio, venir a Bizkaia como obispo, es decir, con mando. De esta manera queda desautorizada la trayectoria de nuestra Iglesia en los últimos años, tanto en lo que se refiere a los tímidos pasos hacia formas de ser más participativas y corresponsables (y digo "tímidos pasos", porque me reconoceréis que esto dista mucho de ser lo que la mayoría querríamos e incluso de los mínimos homologables con cualquier otra estructura social de nuestro entorno), sino también en lo relativo a la forma en que esta diócesis ha organizado su seminario y su presbiterio. Es decir: de un solo plumazo nos han desautorizado a todos, a los curas y a quienes no lo somos. Creo que se podría discutir sobre si es ético o no, pero hay que reconocer que es altamente eficaz. Sólo nos falta saber cuál es el objetivo último de todo esto.

Me parece, así las cosas, que este nombramiento constituye una falta de respeto para con la Iglesia difícilmente tolerable. Es más, si un poco más arriba dudaba de la condición moral de esa actuación; no tengo ninguna duda, en cambio, sobre que no es en absoluto acorde con las enseñanzas del Señor. En concreto creo que se puede decir que aquí se ha aplicado exactamente lo contrario de lo que nos dice el evangelio: “Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros” (Mt 10, 42-43): es decir, quienes tenían la responsabilidad de ese nombramiento se han comportado como si fueran señores absolutos y han ejercido su poder para imponernos por segunda vez consecutiva un obispo, de manera que a nosotros y nosotras no nos queda más remedio que decir algo parecido a lo que decía aquel catecismo preconciliar: “No me preguntéis a mí, que soy un borrego; pastores tiene la Santa Madre Iglesia que sabrán disponer”. Lo siento. A mí me resulta mucho más cercano al Reino de Dios que Jesús proclamó, aquello que decía San Pablo: “No extingáis el Espíritu. No despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno” (1Tes 5, 19-21). Creo que es más acorde con el mensaje de Jesús, sobre todo en los tiempos que vivimos.

Por todo lo que os he dicho, he decidido dimitir de mi cargo de secretario. No abandono el CPD, que es el órgano de participación del que se dotó nuestra Iglesia. Seguiré en él intentando, entre otras cosas, oponerme a esta especie de despotismo ilustrado –“Todo para el pueblo pero sin el pueblo” ¿recordáis?— que, dicho sea de paso, no por ser ilustrado es menos déspota y, por tanto, antievangélico, a no ser que entre todos y todas pensáramos que una dimisión en bloque es una respuesta adecuada a este trato que estamos recibiendo (y repito, no es nada personal, sino que me parece que no debemos admitir que se trate así a la Iglesia). Pero creo que es diferente participar en la Iglesia de ocupar cargos en su gobierno; y me parece que no debo legitimar con mi presencia en este cargo actuaciones como la que acaban de perpetrar. Así, os escribo esta nota para que sepáis que próximamente –lo notificaré oficialmente en su momento- dejaréis de verme sentado en el lugar del secretario y por qué.

Estas líneas van dirigidas a vosotras y vosotros, como os decía al principio, ya que sois quienes me elegisteis para el cargo de secretario, pero voy a mandar copia de ellas a alguna gente con la que tengo cierta confianza y también os autorizo, por supuesto, a mostrarlas a quien os parezca oportuno. Será la forma de invitar a cuantos ocupan cargos en la diócesis –y me permito dirigirme absolutamente a todas y todos, empezando por los vicarios, a los que me dirijo especialmente ahora- a considerar su postura, a este respecto: ya hemos visto lo que da de sí el posibilismo, el creer que entre todos podemos reconducir algunas cosas, el pensar que si nosotros lo dejamos, quien venga detrás puede ser peor. Para hacer un buen vino no es suficiente una buena barrica, sino que hace falta buena uva y desencadenar procesos internos que controla conscientemente el enólogo. De la misma manera, no vamos a tener un gobierno de la diócesis acorde a las necesidades reales de la Iglesia de Bizkaia sólo porque ésta sea una “buena barrica”. También nos puede suceder que, a pesar de estar hecho en nuestra barrica, el vino resultante sea del gusto de otros pero a nosotros nos resulte inaceptable. Cada quien sabrá lo que tiene que hacer y no pretendo prejuzgar ninguna decisión, pero sí quiero pedirles que lo piensen y lo recen.

El Concilio Vaticano II dejó claro que la Iglesia no es una sociedad desigual, en la que por deseo de Dios unos mandan y otros obedecen, y que los cristianos no somos un rebaño de ovejas dirigidas por pastores, por mucho que algunos hayan interpretado el sentido de su oficio de pastores tan literalmente como para pensar que los demás somos sólo borregos, sino un pueblo de sacerdotes, profetas y reyes en el que todos los fieles tienen la misma dignidad. Soy consciente de que el Concilio es todavía relativamente reciente y de que la Iglesia necesita más tiempo para su recepción. Creo sin embargo que es hora de que proclamemos esto en voz alta con palabras y con hechos ante quienes quieren volver atrás, hacia las posiciones de los que perdieron en el Concilio, porque el respeto en el trato a la dignidad de todos es condición indispensable para poder transmitir el mensaje de Jesús en esta sociedad europea occidental de principios del siglo XXI. Estoy convencido de que esta proclamación es una contribución indispensable para que la recepción del Concilio se lleve a cabo y para que la Iglesia pueda sobrevivir en nuestro entorno. Un abrazo fraterno. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Domingo de Ramos (A) Mateo 26,14 ― 27,66
CARGAR CON LA CRUZ
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 12/03/08.- Lo que nos hace cristianos es seguir a Jesús. Nada más. Este seguimiento a Jesús no es algo teórico o abstracto. Significa seguir sus pasos, comprometernos como él a «humanizar la vida», y vivir así contribuyendo a que, poco a poco, se vaya haciendo realidad su proyecto de un mundo donde reine Dios y su justicia.

Esto quiere decir que los seguidores de Jesús estamos llamados a poner verdad donde hay mentira, a introducir justicia donde hay abusos y crueldad con los más débiles, a reclamar compasión donde hay indiferencia y pasividad ante los que sufren. Y esto exige construir comunidades donde se viva con el proyecto de Jesús, con su espíritu y sus actitudes.

Seguir así a Jesús trae consigo, más tarde o más temprano, conflictos, problemas y sufrimiento. Hay que estar dispuesto a cargar con las reacciones y resistencias de quienes, por una razón u otra, no buscan un mundo más humano, tal como lo quiere ese Dios revelado en Jesús. Quieren otra cosa.

Los evangelios han conservado una llamada realista de Jesús a sus seguidores. Lo escandaloso de la imagen sólo puede provenir de él: «Si alguno quiere venir detrás de mí… cargue sobre las espaldas su cruz y sígame». Jesús no los engaña. Si le siguen de verdad, tendrán que compartir su destino. Terminarán como él. Esa será la mejor prueba de que su seguimiento es fiel.

Seguir a Jesús es una tarea apasionante: es difícil imaginar una vida más digna y noble. Pero tiene un precio. Para seguir a Jesús, es importante «hacer»: hacer un mundo más justo y más humano; hacer una Iglesia más fiel a Jesús y más coherente con el evangelio. Sin embargo, es tan importante o más «padecer»: padecer por un mundo más digno; padecer por una Iglesia más evangélica.

Al final de su vida, el teólogo K. Rahner escribió así: «Creo que ser cristiano es la tarea más sencilla, la más simple y, a la vez, aquella pesada «carga ligera» de que habla el evangelio. Cuando uno carga con ella, ella carga con uno, y cuanto más tiempo viva uno, tanto más pesada y más ligera llegará a ser. Al final sólo queda el misterio. Pero es el misterio de Jesús». (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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LA BÚSQUEDA DE DIOS HOY
MIGUEL ESQUIROL VIVES
COCHABAMBA (BOLIVIA).

ECLESALIA, 11/03/08.- Se dijo que para encontrar a Dios hacía falta algo de ascesis, de sacrificio, de oración, pero hoy no se habla de ascesis ni de sacrificio, tampoco de oración y no mucho de Dios y si se habla de Él, es de un dios etéreo, como si no se hubiese encarnado nunca o se hubiese desencarnado para siempre o un dios al gusto de cada uno.

La búsqueda de la felicidad, de la paz, de Dios no está en la ascesis ni en la abnegación ni el sacrificio a secas ni en las plegarias, sino, sobre todo, en la aventura de todos los días de comprender al otro, de acercarse al otro, de hacerse el otro, como nos enseña el mito profundo de la encarnación.

Ponerse en el lugar del otro, en la piel del otro, como primer paso para salir de nosotros mismos, esta es la ascesis de hoy, es ese vaciamiento como el de Dios al hacerse humano y que hoy se nos presenta urgente en la era de la comunicación. Actitud indispensable para el diálogo auténtico y constructivo, para una nueva convivencia humana, para unas más justas relaciones familiares, económicas, educativas, laborales, políticas y sociales y sobre todo para la amistad y para el amor y desde luego para el diálogo político, para vivir en democracia, en comunidad, para el diálogo intercultural, para el diálogo ecuménico e interreligioso.

Diálogo que se alimenta de silencios, lo que se llamaba oración, pues como dice Javier Melloni, jesuita: “Urge encontrar la manera de disponer de tiempos y espacios diarios de silencio, que permitan asimilar las vivencias experimentadas en el transcurso del día. El ser humano crece cuando dedica tiempo a acoger lo que le es dado para vivir, para hacerlo propio y después ofrecerlo.” Esto nos enseñaría a escuchar antes de hablar, a pensar ante de decir, nos enseñaría a dialogar y por tanto a encontrarnos con el otro, con el Misterio profundo personal y comunitario que se ha llamado Dios.

En este comienzo del siglo XXI, me parece que uno de los signos más importantes de la manifestación de Dios es el diálogo, la ausencia de diálogo es la ausencia de Dios, Jesús es palabra, pero sobre todo es diálogo, diálogo tan necesario en un mundo polarizado y en una iglesia también polarizada. Hoy necesitamos más del diálogo que del Dios que nos enseñaron nuestros padres, que más que unirnos nos divide. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

se vive

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Con Dios al fondo
DEL “SUPERHOMBRE” AL "SUPERMERCADO"
Reflexiones sobre Nietzsche en clase de filosofía
CÉSAR ROLLÁN, profesor
MADRID.

ECLESALIA, 10/03/08.- Cuando Nietzsche habló de la “muerte de Dios” anunció la llegada de un ser humano superior que “transvaloraría” los valores cristianos. La intuición de Nietzsche marcó la historia de la filosofía con el sello de la voluntad de poder: la persona es capaz de otorgarse una moral liberada de la esclavitud doctrinal de la religión y de todo tipo de deber. “Superhombre” es aquel que tiene voluntad para poder superar el arraigo de la moral cristiana y volar con valores nuevos.

Friedrich Nietzsche falleció en los primeros balbuceos del siglo XX o, si se quiere, en los últimos estertores del XIX. Cien años después, ya en el siglo XXI, los “Derechos Humanos” nos ofrecen la posibilidad teórica de vivir plenamente como personas, pero es el “supermercado” el que ha realizado la verdadera “transvaloración” de los valores cristianos.

Hoy en día, la economía es la piedra angular de nuestra sociedad y el beneficio el único mandamiento. Consumo es sinónimo de libertad, autoridad y creatividad. El sistema de las sociedades occidentales genera necesidades, compromisos, anhelos en los que todos sucumbimos. Estamos capturados en una red inmensa de retículas tan pequeñas que nos impiden pensar tan siquiera, en otro mundo posible.

De todas estas cosas hablábamos el otro día en clase de filosofía de segundo de bachillerato. Hubo muchas intervenciones, algunas apelaban a la historia que nos ha hecho ser como somos, otras a la utopía de frenar este consumo constante y siempre a costa de cantidades ingentes de empobrecidos.

No ha sido el “superhombre” sino el “supermercado” el que ha conseguido liberar a la sociedad de la compasión, la igualdad, la templanza, el amor al prójimo y se ha encumbrado por encima de pueblos enteros sobre los que desata su egoísmo, avaricia, injusticia, causando muerte y destrucción.

Fue una clase muy interesante. A todos nos hizo pensar. Quizá hayamos empezado a cortar la red que nos retiene. Quizá veas tú también un poco más allá del cerco de occidente. Quizá así comencemos muchos a vivir de otra manera; Dios vive cuando se vive así. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).