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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

felicitaciones

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FELICITACIONES POR NUESTRA ‘VIDA NUEVA’
REDACCIÓN DE ECLESALIA
MADRID.

ECLESALIA, 18/02/08.- Vida Nueva con medio siglo de vida. Desde nuestra ecleSALia queremos felicitarles por tanto camino andado. Reproducimos hoy el editorial de su último número (2.601 del 16/02/08), en el que se sienten agradecidos: “Gracias por vuestra fidelidad y confianza”.

Lo están celebrando. Desde el pasado 14 de febrero cuentan con un interesante sitio en internet (www.vidanueva.es) en el que abren sus páginas para seguir siendo “Una palabra comprometida en la Iglesia”. Un buen lugar para buscar información y reflexión sobre la vida de la Iglesia.

“Cumplimos 50 años. Número redondo, efemérides de oro. Medio siglo contando el acontecer del mundo y de la Iglesia, ofreciendo claves y comentarios, ayudando a una lectura creyente de la realidad. Medio siglo es mucho pero, ante todo, es un aval para quienes hoy componemos la familia de esta revista. Ha pasado el Concilio Vaticano II y su aire primaveral en la Iglesia. Ha pasado en España una etapa de transición política y de consolidación democrática que han marcado la historia de nuestro país. El mundo entero y la Iglesia no son los mismos hoy que hace cincuenta años. Ha pasado una importante etapa en la que Vida Nueva ha sido una referencia importante para conocer el pulso de la Iglesia y del mundo desde las claves del Evangelio y de la Iglesia. Desde sus inicios quiso ser una voz dentro de ella y hoy desea renovar su identidad. Busca ser una palabra evangélica, eclesial y siempre propositiva. Este es nuestro estilo y este debe de ser nuestro camino en la Iglesia y en el mundo.

El Evangelio es el marco de referencia de quienes desde una u otra responsabilidad hacemos cada semana Vida Nueva. Desde la empresa editora hasta el último de los lectores en cualquier rincón a donde llegamos. No pretendemos otra cosa que servir a la construcción del Reino desde el servicio de la información seria, veraz, abierta, plural y siempre untada por los valores del Evangelio. No queremos otro estilo que no sea el de la búsqueda de la verdad de Dios y de la verdad del hombre, según su estilo, su forma, su manera. Es nuestro deseo y nuestro propósito.

En segundo lugar es en la Iglesia en donde Vida Nueva desea caminar, con el Concilio Vaticano II como la mejor de las banderas. No es una revista para eclesiásticos sino una revista eclesial que vive la comunión desde la pluralidad y no desde la uniformidad. Este proyecto informativo, al igual que la propia Iglesia, tiene en cuenta, siguiendo la Gaudium et Spes que “Los Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”. Vida Nueva recoge esta sintonía y a ella desea servir.

Y en tercer lugar busca ser una palabra, además de evangélica y eclesial, comprometida. No queremos ver las cosas blancas o negras. Buscamos proponer siempre. Buscamos ser una voz nueva, fresca y que supere la diatriba y el enfrentamiento. Hoy más que nunca creemos que tenemos algo que decir y lo vamos a decir con profesionalidad, libertad y respeto.

Gracias a los lectores de antes y de ahora; a la empresa editora; al consejo editorial, al consejo de redacción, a quienes semana tras semana van haciendo la revista como colaboradores y corresponsales; a los anunciantes, a todos los que de una u otra forma están unidos a este proyecto ilusionante. “Vida Nueva. Una palabra comprometida en la Iglesia” acompaña desde este 50 aniversario la cabecera de la revista. Gracias por vuestra confianza”.

Felicitaciones y próspero año nuevo.

Paz y bien.

ojos abiertos

ojos abiertos

GUÍAS TUERTOS
MIGUEL ÁNGEL GARCÍA PÉREZ
MADRID.

ECLESALIA, 15/02/08.- Nuevamente, nuestros obispos han vuelto a centrar el debate político por unos días. Y ello a raíz de algunas reflexiones emitidas en una nota en torno al sentido del voto en las próximas elecciones generales. Como ya es costumbre, colocándose claramente a un lado del espectro político y provocando malestar en el otro… y en muchos cristianos que estamos cansados del escoramiento permanente de nuestros obispos.

He leído la nota y, salvo matizaciones puntuales, no he encontrado en ella ninguna mentira. Pero tampoco he encontrado toda la verdad. Ni una referencia a una guerra ilegítima, inmoral e injusta, que ha causado ya al menos 150.000 muertos, y a un estilo de relaciones internacionales que ironiza sobre cualquier intento de conciliación, por utópico que sea. Ni una alusión a una forma de hacer periodismo que se caracteriza por la falta más absoluta de respeto al adversario y que tiene su máximo baluarte en una cadena de radio vinculada a la Conferencia Episcopal. Ni una alusión a la desconfianza en la justicia sembrada sistemáticamente por algunos en nuestro país.

Estamos, pues, ante una visión parcial de la realidad. Y si hemos de hacer caso de la introducción de la propia nota, habría que descartar cualquier tipo de malicia en ello. Se trataría, por tanto, de una incapacidad real para ver, de una limitación de la mirada que sólo permite ver una parte de la realidad. De una visión “tuerta”, en definitiva.

¿Cómo se podría haber llegado hasta esta situación? Dos mecanismos se me ocurren para ello, que no son excluyentes entre sí:

Uno constitucional o genético: la Iglesia está sociológicamente estructurada como una gerontocracia endogámica. La edad media de sus gobernantes/servidores es elevada, consecuencia de una elección que en el mejor de los casos se realiza en torno a la edad media de la vida, y que se mantiene hasta una avanzada edad. Por otro lado, el control que mantiene la estructura jerárquica de la Iglesia sobre sus nuevos miembros facilita la perpetuación de visiones que, a fuerza de repetirse de forma reiterada, pueden dejar de responder adecuadamente a la realidad. A nivel biológico, por poner un ejemplo, ninguna especie se caracteriza por el predominio de los más ancianos, que, generalmente, dejan su lugar a individuos más jóvenes y mejor adaptados; y la endogamia reproduce hasta el infinito los errores genéticos, lo que deteriora inevitablemente a la especie multiplicando sus malformaciones, lo que acaba en un debilitamiento evidente de la población. Ambos fenómenos unidos, en el caso de la jerarquía eclesial, favorecen la extensión de comportamientos inadaptados que, curiosamente, alcanzan la pretensión de normalidad.

El otro podría interpretarse, por el contrario, como consecuencia de un comportamiento adquirido: son tantos los guiños que la Iglesia ha dirigido al poder a lo largo de la historia, y a los partidos de derecha en el último siglo, que el ojo afecto puede haber perdido transitoriamente la posibilidad de abrirse.

De ninguna manera se debe entender lo anterior como una negación de la acción del Espíritu en la Iglesia. Más bien, considerando que la acción de Dios en la historia tiene lugar en muchas ocasiones a través de mediaciones humanas, tienen la intención de valorar las limitaciones históricas que pueden reducir la transparencia de estas mediaciones a dicha acción.

¿Qué podemos hacer, pues, quienes, como creyentes, queremos mantener los dos ojos abiertos? Pues aceptar también las limitaciones de las mediaciones humanas, y asumir la imperfección de cualquiera de los proyectos políticos que confluyen a las elecciones. Si desde la derecha política se suele mantener una alta sensibilidad a valores como la tradición, la libertad individual, el mérito y la dignidad de la vida humana en su comienzo y en su final, desde la izquierda se pone más énfasis en la justicia social, la igualdad, la dignidad del hombre entre el nacimiento y la muerte y la búsqueda de nuevos modelos de organización que posibiliten un desarrollo real de los derechos de las personas. Lamentablemente, unos y otros lo hacen a costa de negar al contrario y, con ello, de empobrecer la perspectiva.

Habremos de decidir a quién votamos conscientes de su limitación y, por tanto, de la limitación de nuestro voto. Con una consciencia responsable, que nos lleve a intentar compensar, en nuestra vida y compromiso cotidianos, aquellos valores que descuide la opción política elegida por nosotros, o la triunfante en las contienda electoral. Será posible que algunos podamos llegar a la decisión de no votar, o de hacerlo en blanco, pero eso no nos permite olvidarnos del compromiso personal y diario por una sociedad más justa.

De cualquier manera, nuestra opción electoral será humilde y consciente de su limitación. Y ello nos llevará a aceptar, y no rechazar, al que piense de manera distinta a la nuestra, aún cuando ello no lleve a que dejemos de defender las posturas que creemos más justas. Pero no, desde luego, al modo de los políticos: a costa de reducir la realidad a planteamientos maniqueos y de faltar al respeto político a quienes no piensan como ellos. Y eso que muchos de ellos se reconocen católicos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Con esta postura estaremos contribuyendo, sin duda, a la construcción de una sociedad más justa y democrática, de una política más respetuosa y fiel a la realidad, y de una Iglesia más significativamente evangélica. Y, quién sabe, quizás acabemos consiguiendo guiar a quienes, obispos o no, se empeñan en vivir su vida y su fe con una percepción tuerta de la realidad.


tocar

tocar

2 Cuaresma (A) Mateo 17, 1 – 9
ESCUCHAR SÓLO A JESÚS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 13/02/08.- Jesús toma consigo a sus discípulos más íntimos y los lleva a una «montaña alta». No es la montaña a la que le ha llevado el tentador para ofrecerle el poder y la gloria de «todos los reinos del mundo». Es la montaña en la que sus más íntimos van a poder descubrir el camino que lleva a la gloria de la resurrección.

El rostro transfigurado de Jesús «resplandece como el sol» y manifiesta en qué consiste su verdadera gloria. No proviene del diablo sino de Dios su Padre. No se alcanza por los caminos satánicos del poder mundano, sino por el camino paciente del servicio oculto, el sufrimiento y la crucifixión.

Junto a Jesús aparecen Moisés y Elías. No tienen el rostro resplandeciente, sino apagado. No se ponen a enseñar a los discípulos, sino que «conversan con Jesús». La ley y los profetas están orientados y subordinados a él.

Pedro, sin embargo, no logra intuir el carácter único de Jesús: «Si quieres haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Coloca a Jesús en el mismo plano que a Moisés y Elías. A cada uno su choza. No sabe que a Jesús no hay que equipararlo con nadie.

Es Dios mismo quien hace callar a Pedro. «Todavía estaba hablando» cuando, entre luces y sombras, oyen su voz misteriosa: «Este es mi Hijo amado», el que tiene el rostro glorificado por la resurrección. «Escuchadlo a él». A nadie más. Mi Hijo es el único legislador, maestro y profeta. No lo confundáis con nadie.

Los discípulos caen por los suelos «llenos de espanto». Les da miedo «escuchar sólo a Jesús» y seguir su camino humilde de servicio al reino hasta la cruz. Es el mismo Jesús quién los libera de sus temores. «Se acercó» a ellos, como sólo él sabía hacerlo; «los tocó», como tocaba a los enfermos, y les dijo: «Levantaos, no tengáis miedo» de escucharme y de seguirme sólo a mí.

También a los cristianos de hoy nos da miedo escuchar sólo a Jesús. No nos atrevemos a ponerlo de verdad en el centro de nuestras vidas y comunidades. No le dejamos ser la única y decisiva Palabra. Es el mismo Jesús quien nos puede liberar de tantos miedos, cobardías y ambigüedades, si le dejamos acercarse a nosotros y dejarnos tocar por él. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

podíamos esperar

podíamos esperar

LA NOTA QUE PODÍAMOS ESPERAR DE LOS OBISPOS
Ante las elecciones generales 2008
CRISTIANOS SOCIALISTAS, 11/02/08
BILBAO.

ECLESALIA, 12/02/08.- Como Cristianos Socialistas hemos hecho un esfuerzo por elaborar una Nota que razonablemente podíamos esperar de los obispos ante las elecciones generales 2008. Está redactada de acuerdo al género propio de los documentos de Iglesia y desde la tradición de la misma. Con ánimo de propuesta y de diálogo.

“1. Voto en conciencia y responsable. Los ciudadanos y ciudadanas españoles hemos sido convocados a las urnas para el próximo 9 de marzo. Como en otras ocasiones ofrecemos a las personas y comunidades católicas y a quienes deseen tomar en cuenta la perspectiva que nace del Evangelio algunas consideraciones que estimulen el ejercicio de un voto que en todo caso debe ser en conciencia y responsable. Creemos que nos habita el derecho democrático y el deber cristiano de proponer criterios de discernimiento moral. La reflexión ética es del todo necesaria cuando se toman decisiones, como en unas elecciones, que han de contribuir al pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todas las personas y a la promoción del bien común.

2. Fe católica y pluralismo político. Hombres y mujeres católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, “una misma fe puede conducir a compromisos políticos diferentes” (Octogesima adveniens n. 50). Este pluralismo no es indiscriminado. Del Evangelio y la Doctrina Social de le Iglesia emanan unos criterios éticos que identifican una inspiración católica de la política. En cualquier caso ninguna opción política se puede identificar con el Evangelio. Los diferentes programas presentan contenidos más próximos o más lejanos a la fe y a las exigencias de la vida cristiana. Hay una tensión irreducible que debe convertirse en contribución y enriquecimiento cristiano de la vida pública. Un voto responsable exige la atención detenida a las ofertas de cada partido y un discernimiento de la tarea realizada a lo largo de la legislatura -“por sus frutos les conoceréis” dijo Jesús (Mt. 7,16)-.

3. Ética de los políticos y electores. Tanto católicos como ciudadanos que actúan responsablemente, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida, que en política es singularmente la consecución del Bien Común. La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas. La legitimación democrática no exime sino que exige a los representantes de la soberanía popular una acción política de acuerdo a los valores éticos compartidos que dimanan de la Constitución y de la Carta de los Derechos Humanos (“En los derechos humanos están condensadas las principales exigencias morales y jurídicas que deben presidir la construcción de la comunidad política. Estos constituyen una norma objetiva que es el fundamento del derecho positivo […] porque la persona es desde el punto de vista ontológico y como finalidad, anterior” -Compendio DSI, 388-).

4. Derecho a la vida y terrorismo. La defensa del inviolable derecho a la vida es el primer valor que debe ser defendido en la sociedad española. No cabe justificación explícita ni implícita de la acción terrorista, ni de sus formas de legitimación ideológica totalitarias y dogmáticas, “el terrorismo es intrínsecamente perverso, nunca justificable” (Valoración moral del terrorismo, 12). La memoria de las víctimas es el mejor antídoto contra el principio de la eficacia política del terrorismo, también la solidaridad y el reconocimiento social hacia sus familiares. Los modos para la erradicación del terrorismo corresponden a los representantes legítimos de la voluntad ciudadana que “pueden con todo derecho inclinarse hacia soluciones diferentes” (Gaudium et Spes, 74) en orden a la consecución definitiva de la paz sobre la base de la libertad y la justicia.

5. Derecho a la vida en el ordenamiento jurídico. En el ordenamiento jurídico se deciden de modo particular como dice Benedicto XVI “valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural”. La Iglesia nunca desfallecerá en la defensa moral del don de la vida, menos aún la más débil. Sin embargo la tradición cristiana no exige imponer estos valores por la persecución a través del código penal al conjunto de la sociedad (cfr. Católicos en la Vida Pública, 40). Corresponde a la prudencia política determinar los modos legislativos más adecuados para una preservación inequívoca de estos valores en situaciones límite y en cada contexto social (cfr. Gaudium et Spes, 36 y 76).

6. La promoción de la familia. La familia es el primer campo en el compromiso social. Es célula fundamental de la sociedad. Su apoyo necesita también medios económicos y legislativos dirigidos a asegurar su lugar primario en la humanización de la persona y de la sociedad. En tiempos en que el vínculo familiar se hace más vulnerable es precisa la promoción de la familia fundada en el matrimonio. En este ámbito familiar y afectivo, en el que hay no sólo humillación y amenaza, sino muerte violenta de mujeres a manos de sus esposos y parejas, es preciso un combate que debe alcanzar sus mismas raíces ideológicas y culturales. Al mismo tiempo el Evangelio es contrario a cualquier tipo de discriminación, también de las personas homosexuales. En Jesús no se puede fundar ninguna mentalidad cultural, por secular que sea, en contra de la dignidad humana. “el sábado está hecho para el hombre no el hombre para el sábado” (Lc. 2, 27). Como ha dicho el actual Papa siendo Prefecto de la Doctrina de la Fe en referencia a la homofobia “la dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones” (1 de octubre de 1986).

7. La opción preferencial por los desfavorecidos. En nuestra sociedad persisten e incrementan múltiples formas de dominación que no son conformes a la dignidad propia de los hijos de Dios. Es criterio central del Evangelio la prioridad de los desfavorecidos y de los últimos. Así lo dice el juicio a las naciones, “lo que hayáis hecho a cada uno de estos mis hermanos menores me lo hicisteis a mi” (Mt. 25, 40). Se han de priorizar políticas como las siguientes: de acogida y de integración de las personas inmigrantes y de sus familias, inspirada en principios de humanidad, vigilando para que no se difunda la tentación de explotar a los trabajadores extranjeros, privándoles de los derechos garantizados a los trabajadores nacionales; también políticas de educación, de salud, de atención social y de vivienda de acuerdo a la primacía del destino universal de los bienes, especialmente pensando en los desfavorecidos, en los jóvenes, los enfermos y las personas dependientes; políticas de empleo, con dignidad y seguridad, porque el trabajo es un derecho fundamental para la persona; políticas dirigidas a impulsar la corresponsabilidad de hombres y mujeres tanto en la vida pública, económica y laboral como en la familiar; políticas de cooperación al desarrollo y de solidaridad con los Países del Tercer Mundo.

8. Bienaventurados los que trabajan por la paz y la justicia en el mundo. El desarrollo económico y técnico ha incrementado la riqueza de forma exponencial. La humanidad tiene al alcance de la mano la superación del hambre, de las grandes enfermedades vinculadas a la pobreza y de las carencias estructurales en educación, trabajo y vivienda. Sin embargo, la desigualdad no sólo persiste sino que se acrecienta. Bienaventurados los que trabajan por la paz y la justicia (cfr. Mt. 5, 9-10). Son urgentes políticas nacionales y a escala internacional bajo el principio de que la persona, no el capital, constituye el centro de la vida económico-social. Han de eliminarse las enormes desigualdades económico-sociales. Lejos de la cooperación, se incrementan los conflictos bélicos y terroristas. “Nunca más la guerra” (Juan Pablo II). Las diferentes culturas y países deben cooperar hacia la construcción de un orden mundial más justo, solidario y en paz. En nuestro mundo globalizado la moralidad de la política internacional es una exigencia moral de primer orden. Una justa concepción del desarrollo ha de incorporar también la cuestión ecológica y la necesidad de políticas que preserven solidariamente el don de la Creación a futuras generaciones. “Es necesario un sí decisivo en las decisiones para proteger la creación, así como un compromiso firme para cambiar las tendencias que arriesgan con llevar a situaciones irreversibles de degradación” (Benedicto XVI).

9. Estado e Iglesia católica. Debe promoverse el principio de la “sana laicidad” (Benedicto XVI) que reconocemos en la Constitución española en la triple afirmación de la libertad religiosa, la no confesionalidad del Estado y la cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones religiosas. La Iglesia “no pone su esperanza en privilegios dados por el poder civil” (Gaudium et Spes, 76). Saludamos la política de igualdad de trato hacia las confesiones religiosas con notorio arraigo. El estatus de la enseñanza de la religión en la enseñanza pública es bien mejorable, no obstante valoramos los avances alcanzados con la enseñanza concertada católica, los relativos al profesorado de religión y a la colaboración del Estado en la autofinanciación de la Iglesia católica. Estimamos Educación para la Ciudadanía y los Derechos humanos como una contribución al pleno desarrollo de la personalidad humana a que debe contribuir la escuela, lo que en cualquier caso debe darse de acuerdo con el derecho de los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral de acuerdo a sus convicciones.

10. Bien común e identidades nacionales. La Iglesia católica reconoce la legitimidad ética de las posiciones nacionalistas que por métodos democráticos pretenden modificar la configuración política de la unidad de España en el ejercicio propio de la libertad de los ciudadanos y de los pueblos (Valoración moral del terrorismo, 31). Al mismo tiempo sostiene que, también en este caso, es necesario valorar el bien común de una sociedad pluricentenaria. Se trata de la difícil tarea de gobernar la pluralidad, de ir dando con fórmulas de convivencia que conjuguen identidades plurales y garanticen la solidaridad entre unas y otras comunidades, nacionalidades o regiones. Corresponde a todos hacer de la verdad histórica, un motivo para la reconciliación y la convivencia en libertad entre los ciudadanos españoles, no una excusa en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas, de las que la propia Iglesia católica no está libre por principio.

11. Espíritu de colaboración en libertad. A través de esta nota deseamos colaborar sinceramente en el enriquecimiento espiritual de nuestra sociedad, en la consolidación de la auténtica tolerancia y de la convivencia en el mutuo respeto, la libertad y la justicia, como fundamento imprescindible de la paz verdadera. Respetamos a quienes ven las cosas de otra manera. Sólo pedimos respeto para proponer libremente nuestra manera de ver las cosas, que hemos dialogado con hombres y mujeres que honradamente viven su fe en diferentes mediaciones socio-políticas, sin que nadie se sienta amenazado ni nuestra intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás.

Que el Señor ilumine y fortalezca a todos para actuar en conciencia y conforme a las exigencias de la convivencia en justicia y libertad”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: http://cristianos.psoe.es

comunicadora

comunicadora

LA IGLESIA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
GUZMÁN PÉREZ, salesiano, editor de la revista FAST, miembro de Darío & Guzmán
SEVILLA.

ECLESALIA, 07/02/08.- Si buscas en Google las palabras “Iglesia católica” o “fe católica”, aparecerán al instante cientos de miles de entradas relacionadas. Una enorme cantidad de páginas web, blogs, portales, foros, podcasts… que tiene su lugar en la Red. Los creyentes estamos, sin duda, cada vez más presentes en internet y otros medios de comunicación, y en ciertos casos con bastante calidad de forma y de contenidos. Pero a menudo, cuando navego por algunas de esas páginas, o escucho ciertas emisoras de radio, o leo ciertos suplementos y revistas religiosas, me surgen cuestiones como éstas: ¿estamos utilizando bien estos medios para ser Buena Noticia? ¿Estamos siendo levadura en la masa de los internautas, lectores, oyentes, espectadores? ¿Estamos sembrando semillas del Reino o, por el contrario, sembrando polémicas, politizando la fe, marcando los límites entre los “buenos” y los “malos”? ¿No estaremos aburriendo a la gente con nuestros “tejemanejes” eclesiales? ¿Cuándo dejaremos el “Salsa Rosa” de la Iglesia para centrarnos en lo verdaderamente importante? Los medios de comunicación social, e internet en especial, son una herramienta muy útil para la transmisión del Evangelio. Pero a veces uno se pregunta si no se nos va la fuerza en lo más secundario…

De ninguna manera quisiera ser pesimista en esta reflexión, por lo que en primer lugar diré que existen, en mi opinión, un buen número de páginas web, revistas, programas de radio o de TV que merecen una palabra de alabanza. Son “lugares” en los que uno se encuentra una visión positiva y estimulante de la fe, un testimonio de Buena Noticia, una muestra de creyentes sanos, comprometidos, con los pies en la tierra, optimistas y entusiastas con Jesús y su mensaje. Son reflejo de una fe vivida desde lo esencial, sin perderse en grandes problemas dogmáticos ni institucionales, sino con la frescura del Evangelio y la generosidad para implicarse en la vida y los problemas de nuestro mundo. Son páginas, programas, revistas y otras publicaciones cuya preocupación principal no son las declaraciones más o menos acertadas de los obispos, ni los nombramientos cardenalicios, ni la proximidad de la Iglesia a un partido político u otro. Su interés se centra en encontrar la manera mejor y más acertada de comunicar el Evangelio de Jesús, aportar y sumar algo a la construcción del Reino. Me atrevo a decir que si un no-creyente se topase por casualidad con una de esas publicaciones, se llevaría al menos una buena impresión de lo que somos y hacemos los cristianos.

Lo malo del asunto es que, para dar con esos “lugares”, hay que saber buscar, hace falta pasar el “filtro” del sentido común y de la fe sincera a todas esas publicaciones. No quiero alzarme aquí en juez ni criterio de selección ante estos medios de comunicación; ni mucho menos. Las posibilidades que nos ofrecen para expresar opiniones, reflexiones o experiencias de fe son muchas, como nunca hasta ahora habíamos tenido en la Iglesia. Y esa diversidad ciertamente es una riqueza, al menos a priori. Pero lo que me parece un poco triste y nada estimulante es encontrarme cada día con artículos, programas, páginas, blogs, que pierden muchas energías y posibilidades en hablar de los entresijos de la jerarquía, en faltar al respeto a hermanos en la fe, en crear polémicas internas en la Iglesia, o en estigmatizar a quienes no piensan como ellos. Quizá al escribir estas líneas pueda caer yo en lo mismo que ellos, pero me duele tremendamente que hagamos eso en el interior de nuestra propia Iglesia, con los que son nuestros hermanos. Algunos, en nombre de no sé qué doctrinas, se permiten el lujo de descalificar y ridiculizar a quienes no son “de su cuerda”, y encima se enorgullecen de que así son más libres, más evangélicos, y de que aumentan el número de visitas de su página web o de oyentes de su programa.

Me duele también que, casi siempre, la única Iglesia que se muestra en estos medios es la institucional, como si la comunidad de seguidores de Jesús se redujese a esos pocos miembros que la encabezan. Evidentemente, la Iglesia tiene unos pastores, servidores del pueblo de Dios, que tienen voz pública y han de ser modelos de caridad y velar por la unidad de los creyentes. Y es positivo y necesario que los cristianos podamos escuchar su palabra y sus orientaciones, no lo pongo en duda. Pero, ¿significa eso que tenemos que privarnos de conocer lo mucho y bueno que hacen otros miembros de la Iglesia? Porque muchos medios sólo se hacen eco de esa Iglesia institucional, especialmente aquellos que tienen más posibilidades, los que llegan a más gente.

Creo sinceramente que muchos cristianos están —o estamos— un poco cansados de que sólo sea noticia lo que los obispos dicen o dejan de decir. Cansados de que en la calle la gente los critique por las declaraciones de uno u otro pastor. Cansados, sobre todo, de que la imagen de la Iglesia sea siempre ésa, cuando —gracias a Dios— es mucho más grande y rica, cuando hay mucha gente anónima que está aportando su granito de arena en la misión de la Iglesia: ser comunicadora de la Buena Noticia de Jesús y constructora del Reino de Dios.

No pretendía con estas palabras provocar más crispación (como a menudo se dice hoy), echar más leña a este fuego tan encendido que tenemos en nuestra querida Iglesia. Mi intención no ha sido otra que la de llamar la atención sobre esta realidad que nos va minando por dentro (y por fuera). Desde esta revista (y desde otros medios), algunos creyentes tratamos de mostrar un rostro comprometido y esperanzador de la Iglesia, de la fe, de los cristianos. Un rostro que resulte convincente y significativo, que suscite cercanía y optimismo, no animadversión. Un rostro que rompa tópicos y esquemas preconcebidos. Un rostro que sea reflejo de Jesús y su Evangelio, que sea semilla de su Reino. Ojalá sepamos utilizar los medios cada vez más y mejor para ser fiel rostro de nuestro Maestro ante el mundo, para ser comunicadores de la mejor de las noticias. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: http://revistafast.wordpress.com

dignidades

dignidades

1 Cuaresma (A) Mateo 4, 1 – 11
VÉTE, SATANÁS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 06/02/08.- La primera tentación acontece en el «desierto». Después de un largo ayuno dedicado al encuentro con Dios, Jesús siente hambre. Es entonces cuando el tentador le sugiere actuar pensando en sí mismo olvidando el proyecto de Dios: «Si eres Hijo de Dios di que estas piedras se conviertan en pan». Jesús, desfallecido pero lleno del Espíritu de Dios, reacciona: «No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de Dios». No vivirá buscando su propio interés. No será un Mesías egoísta. Multiplicará panes cuando vea pasar hambre a los pobres. Él se alimentará de la Palabra viva de Dios.

Siempre que la Iglesia busca su propio interés olvidando el proyecto del reino de Dios, se desvía de Jesús. Siempre que los cristianos anteponemos nuestro bienestar a las necesidades de los últimos, nos alejamos de Jesús.

La segunda tentación se produce en el «templo». El tentador propone a Jesús hacer su entrada triunfal en la ciudad santa, descendiendo de lo alto como Mesías glorioso. La protección de Dios está asegurada. Sus ángeles «cuidarán» de él. Jesús reacciona rápido: «No tentarás al Señor tu Dios». No será un Mesías triunfador. No pondrá a Dios al servicio de su gloria. No hará «señales del cielo». Sólo signos para curar enfermos.

Siempre que la Iglesia pone a Dios al servicio de su propia gloria y «desciende de lo alto» para mostrar su propia dignidad, se desvía de Jesús. Cuando los seguidores de Jesús buscamos «quedar bien» más que «hacer el bien» nos alejamos de él.

La tercera tentación sucede en una «montaña altísima». Desde ella se divisan todos los reinos del mundo. Todos están controlados por Satanás, que hace a Jesús una oferta asombrosa: le dará todo el poder del mundo. Sólo una condición: «si te postras y me adoras». Jesús reacciona violentamente: «Vete, Satanás». «Sólo al Señor tu Dios adorarás». Dios no lo llama a dominar el mundo como el emperador de Roma, sino a servir a quienes viven oprimidos. No será un Mesías dominador sino servidor. El reino de Dios no se impone con poder, se ofrece con amor.

La Iglesia tiene que ahuyentar hoy todas las tentaciones de poder, gloria o dominación, gritando con Jesús «Vete, Satanás». El poder mundano es una oferta diabólica. Cuando los cristianos lo buscamos nos alejamos de Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

caretas

caretas

LAS CARETAS CON QUE VIVIMOS
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@orange.es

ECLESALIA, 04/02/08.- En las carnavaladas modernas algunos se disfrazan de aquello que habrían querido ser y no han sido. Otros se apropian de personajes o símbolos para ridiculizarlos. Otros, finalmente, buscan la ocultación para conseguir impunidad y anonimato a su conducta desinhibida, abusiva, grotesca o delictiva. Sin embargo, estos desahogos puntuales tienen menos repercusión en nuestra personalidad que los disfraces que nos fabricamos para vivir, habitualmente subconscientes.

En la vida ordinaria solemos usar distintas caretas que podemos sintetizar en estos cuatro tipos: la negra, la negra con purpurina, la brillante y la transparente.

- La careta negra es la de quien se ve y se muestra en negativo. Quizás reconozca en sí algún rasgo positivo "pero"... siempre relativiza y neutraliza lo positivo. La imagen de estas personas se estructura a partir de lo negativo y de sus carencias. Con frecuencia el origen estuvo en la comparación con un hermano o en una educación exigente, en vez de estimulante, que subrayó los fracasos exigiendo siempre más. Puede enraizarse también en un gran fracaso o en una serie de fracasos en edad más avanzada. Si nadie le ayuda a encontrar su caudal positivo, dudará de sí mismo y se hundirá en la negrura de su imagen negativa.

Estas personas carecen de confianza en sí mismas porque no encuentran nada en qué apoyarse. Eso no les impide llevar adelante lo que emprenden pero no se atribuyen el mérito sino que lo achacan a la suerte, a los otros, etc. No se sorprenden nunca de sus fracasos o sus defectos, como si siempre los esperasen. Esto refuerza su imagen negativa, aunque no la acepten ni sean muy conscientes de ella. Hay quien la sublima bajo el concepto de humildad y encuentra una compensación en el reconocimiento de su falsa virtud.

- La careta negra con purpurina la portan quienes se supervaloran para defenderse de lo negativo. Ellos se reconocen con sombras y luces pero la forma de defenderse cuando les critican es lo que hace decir a los otros que son muy orgullosos, que viven sobre zancos. Se descubre fácilmente a estas personas por la "desproporción" con que se defienden de lo negativo, real o supuesto.

Detrás de esta careta hay una "gran inseguridad" con raíces en un pasado doloroso. En realidad su imagen es negativa, pero la ocultan tras grandes chorreras de purpurina dorada. Se defienden de su secreta imagen negativa con una artificial y exagerada estima. Ante los demás pueden pasar como orgullosos, vanidosos o chulos, cuando en realidad son pobres personas sin una autoestima real.

- La careta brillante se la encajan a fuego quienes se sobrestiman siempre. Tienen un concepto muy elevado de sí mismos y se afanan a toda costa para que los otros les vean brillar. Su vida se organiza en torno al "éxito social".

El origen pudo ser un ambiente familiar preocupado solamente por el éxito, en el que al niño se le valoró por sus triunfos sociales, escolares, deportivos, etc. sin que importasen los medios empleados o su auténtica personalidad. Se puso el acento sobre el "parecer" y no sobre el "ser". Esta influencia se acentuó por un sistema educativo y social que valora el éxito intelectual (culto a los títulos) y el éxito social (culto a la carrera, a las relaciones, a la buena posición). Dentro de estos ambientes el niño, el joven y más tarde el adulto no se estructura sobre "lo que es" en su fondo sino sobre lo que los demás aplauden. No se apoya en sus propios cimientos sino en la quebradiza peana de los otros. No se preocupa de su realización personal sino de su actuación teatral y su hambre de aplausos.

Detrás de estas tres caretas hay inseguridad subconsciente, una personalidad sin cimiento, un ser atrofiado. Estas personas son sicológicamente enanas, les es imposible apoyarse en sí mismas para existir y avanzar en la vida. Esta inseguridad se compensa con los éxitos (o con la apariencia de virtud, que también es un éxito), por lo que el hambre de gloria se acentúa. Si el individuo está bien dotado y nunca tiene fracasos, esto puede durar toda la vida, aunque con una sensación de vacío e infelicidad. Cuando fracasan vuelven a empezar, salvo si el fracaso es demasiado grave. Entonces viene el derrumbamiento y la depresión.

La relación con los demás no es armoniosa, desprecian a los débiles (o no virtuosos), a los que no tienen éxito. Hay "dependencia" de las personas cuyas opiniones pesan. Hay "incapacidad para aceptar la interpelación de los otros" porque falta solidez interior. La respuesta a quienes les cuestionan es la ironía, el desprecio, la suficiencia, la justificación o la prepotencia, a veces la humillación, que oculta la "prepotencia de la virtud". Esta última es una forma sutil de prepotencia: la de sentirse y hacerse ver "mejores" que los otros. Estas personas se reconocen algún defecto, pero sólo porque es de buen tono tener algo que reprocharse. Sobrevaloran la importancia de los modales refinados a los que estas personas son sensibles en exceso.

- La careta transparente, para terminar, corresponde a quienes tienen una imagen normal, ajustada a la realidad de su persona. Las caretas anteriores son opacas y buscan aparentar. La transparente se estructura a partir de lo que uno es realmente. Las personas que la consiguen se perciben hechas de riquezas y sombras. Pueden caer en la tentación de aplicarse algún colorín o sombra pasajeros, pero se desmaquillan con rapidez cuando se detectan embadurnados. Su verdad de fondo les sirve de guía.

Frente a los otros no tienen dificultad en reconocer tanto sus riquezas como sus límites. Los reconocimientos positivos no les provocan euforia. Los comentarios negativos no les llevan a la desvalorización o a la duda sobre sí mismos. La percepción de su imagen no es rígida ni fija. Su imagen cambia y evoluciona porque integran en ella los elementos nuevos, consecuencia de sus descubrimientos y sus cambios. Frente a las críticas son capaces de dejarse cuestionar sana y serenamente sin buscar la justificación. Son capaces de discernir el valor de sus actos y de sus actitudes sin alienarse a los otros y al ambiente.

Paradójicamente estos últimos -menos protegidos porque no ocultan su personalidad- se suelen sentir más felices dentro de la naturalidad y verdad de sus sonrisas o de sus arrugas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¿Con cuál de ellas quieres vivir?

dichosa

dichosa

4 Tiempo Ordinario (A) Mateo 5, 1 – 12a
ESCUCHAR DE CERCA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 30/01/08.- Cuando Jesús sube a la montaña y se sienta para anunciar las bienaventuranzas, hay un gentío en aquel entorno, pero sólo «los discípulos se acercan» a él para escuchar mejor su mensaje. ¿Qué escuchamos hoy los discípulos de Jesús si nos acercamos a Jesús?

Dichosos «los pobres de espíritu», los que saben vivir con poco, confiando siempre en Dios. Dichosa una Iglesia con alma de pobre porque tendrá menos problemas, estará más atenta a los necesitados y vivirá el evangelio con más libertad. De ella es el reino de los cielos.

Dichosos «los sufridos» que vacían su corazón de resentimiento y agresividad. Dichosa una Iglesia llena de mansedumbre. Será un regalo para este mundo lleno de violencia. Ella heredará la tierra prometida.

Dichosos «los que lloran» por sus pecados y sufrimientos. Con ellos se puede crear un mundo mejor y más digno. Dichosa una Iglesia que llora sus errores porque caminará hacia su conversión. Un día será consolada por Dios.

Dichosos «los que tienen hambre y sed de justicia», los que no han perdido el deseo de ser más justos ni el afán de hacer un mundo más digno. Dichosa la Iglesia que busca con pasión el reino de Dios y su justicia. En ella alentará lo mejor del espíritu humano. Un día su anhelo será saciado.

Dichosos «los misericordiosos» que actúan, trabajan y viven movidos por la compasión. Son los que, en la tierra, más se parecen al Padre del cielo. Dichosa la Iglesia a la que Dios le arranca el corazón de piedra y le da un corazón de carne. Ella alcanzará misericordia.

Dichosos «los que trabajan por la paz» con paciencia y fe, buscando el bien para todos. Dichosa la Iglesia que introduce en el mundo paz y no discordia, reconciliación y no enfrentamiento. Ella será «Hija de Dios».

Dichosos los que, «perseguidos a causa de la justicia,», responden con mansedumbre a las injusticias y ofensas. Ellos nos ayudan a vencer el mal con el bien. Dichosa la Iglesia perseguida por seguir a Jesús. De ella es el Reino de los cielos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).