Blogia

ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

maría magdalena (6)

EL DOLOR DE UN ADIÓS (6)
(Mc 15, 14-47; Mt 27, 55; Lc 23, 49-55; Jn 20,13-15)
EMMA MARTÍNEZ

Religión y Escuela, Nº 188, marzo de 2005.- Después del encuentro con la persona de Jesús y después de la loca decisión de seguirle, tuve que “mirar” cómo lo crucificaban y experimenté un dolor que rompía las entrañas.

Uno de los momentos más duros de mi vida fue ese “mirar” cómo lo crucificaban, era un mirar que alcanzaba las entrañas y las rompía de dolor, era sentir en mi cuerpo la com-pasión que tantas veces había percibido en Jesús, sentir en tu cuerpo como propio el dolor del otro amado.

Con el corazón roto, pero con mis pies firmes, permanezco allí fijándome con detenimiento en todo lo que está pasando. Su sed, su dolor, su soledad me traspasan el corazón. Pero me consuela que él sabe que estamos allí junto a su cruz, recogiendo su herencia, aprendiendo a permanecer a los pies de todos los crucificados de la historia.

No sé dónde están los discípulos, allí estábamos las mujeres, juntas llorábamos e intentábamos consolarnos, pero no era posible.

Sí, lloraba mucho, no podía contener las lágrimas que brotaban a raudales, lloraba por su dolor, por la injusticia que se estaba cometiendo con él, por la pérdida de la persona que más amaba. Pero mi llanto no debilitó mi fortaleza para permanecer junto su madre al pié da la cruz.

Cuando se cerró la piedra del sepulcro donde quedaba enterrada la Vida, yo no podía creerme que así terminaría todo, volví a la ciudad pero sería por poco tiempo. Tenía que terminar el Sabbath y cuando acabó, escuchando mi corazón decidí volver al sepulcro, y junto a mis amigas (María la de Santiago y Salomé), al amanecer del “primer día de la semana” con los ungüentos y perfumes nos dirigimos al sepulcro.

No sabíamos qué íbamos a hacer con la mole de piedra que tapaba el sepulcro, pero nuestro dolor y las ganas de poder acariciar su cuerpo y ungirlo nos nublaba el realismo de la dificultad para moverla.

Era aún casi de noche, alumbraban las primeras luces pero en mi corazón reinaba la noche del desconsuelo.

El corazón se me salía del pecho, mi dolor de ese momento lo expresa muy bien Carmen Bernabé “Cuando llegué al sepulcro y lo encontré abierto y vacío, se me nubló la vista y me derrumbé. Sentí que todo había acabado. Comencé a llorar y así estuve no sé ni cuanto tiempo. …Él no estaba. No escucharíamos más su voz y sus palabras, ni volveríamos a sentir su presencia que nos llenaba de vida. Miré al sepulcro queriéndome morir yo también

Era necesario afrontar el dolor del “adiós” de la persona amada, saber hacer el duelo no reprimiendo mis sentimientos, ni queriendo amordazarlos, ni adormecerlos, sólo así podría, después, superar el vacío y el dolor.

El adiós es una experiencia humana por la que pasamos muchas veces en la vida y es bueno saber afrontarla lo mejor posible, dejar al llanto su palabra, buscar ayuda en las personas queridas que pueden entender tu dolor, hacer aquello que tu corazón te dicte por quienes amas y confiar en la fuerza interna del propio corazón y del Dios de la vida para poder “resucitar” y volver a decir “hola”, de nuevo, a la Vida.

María Magdalena.

- - -> Emma Martínez: EMMAMART@teleline.es

cambiar sus pasos

AMORCITO
Carta a Antonio María Rouco Varela, Cardenal/Arzobispo de la diócesis de Madrid
CRISTINA RUIZ FERNÁNDEZ
MADRID.

ECLESALIA, 29/06/05.- Querido Antonio María, soy una joven madrileña, cristiana y practicante. Practicante porque cumplo con los sacramentos y voy a misa todos los domingos que puedo. Y además practicante porque intento llevar a mi vida diaria el Evangelio, aunque con mucho esfuerzo y muchos errores.

Desde hace algunas semanas estoy sintiendo bastante inquietud en mi corazón. Por la Iglesia, por el pontificado, por el futuro, por mi fe... por eso he decidido escribirte esta carta. Y te escribo precisamente a ti porque tú eres el obispo que me corresponde, el obispo de esta diócesis en la que llevo viviendo toda la vida, el obispo al que siempre oigo mencionar en la liturgia, cuando se reza “por nuestro obispo Antonio María”. De hecho, recuerdo cuando era adolescente ir a misa en Santander y sorprenderme porque decían otro nombre en esa frase litúrgica. Para mí el concepto de obispo iba unido a tu nombre... Luego ya he ido aprendiendo un poco más de jerarquía eclesiástica, pero tampoco mucho.

El caso es que últimamente he estado leyendo textos y acercándome a la figura de Monseñor Óscar Arnulfo Romero. A través de sus palabras y de su biografía he conocido otra manera de ser obispo... y estoy gratamente sorprendida. En textos sobre Romero leí la anécdota de una señora, anciana y pobre, que se acercó llorando al cuerpo de Moseñor durante el velatorio en la Catedral de San Salvador y exclamaba: “amorcito, ¿por qué te dejaste matar?”. Una y otra vez: “amorcito, ¿por qué te dejaste matar?”... Así hasta que llegó al cadáver de Romero y sentenció: “es que tú sí nos querías”. Esta anécdota me revolvió por dentro y me hizo pensar ¿por qué jamás en la vida llamaría yo “amorcito” a nuestro obispo Antonio María?

Entonces me di cuenta de que, pese a ser cristiana comprometida y practicante, te desconozco por completo y para mí eres una figura lejana, incluso oscura. Casi, casi, ni siquiera sé cómo suena tú voz. He intentado leer alguna de tus cartas pastorales, pero se me han caído de las manos. No tengo ningún recuerdo de tu imagen que no sea de negro y con tirilla o engalanado para oficiar alguna misa, boda o funeral solemne. La única anécdota que conozco de tu vida es aquel rumor que trascendió hace tiempo que afirmaba que llevabas más de diez años sin ir al cine. No sé si es verdad ni tampoco sé si te sientes cerca o lejos de la sociedad. Sólo sé que yo te siento lejos.

Siento lejanía e incluso a veces siento incomprensión, cuando me entero de que no permites que se apoye la campaña Pobreza Cero en las parroquias y apareces, sin embargo, embarcado en una especie de “cruzada” contra el matrimonio homosexual. ¿Por qué, Antonio, es más importante la moral sexual que la lucha contra la pobreza, que es el mayor mal al que se enfrenta nuestro mundo de hoy? ¿Por qué te preocupa más que se niegue las derecho de igualdad a las personas –muchas de ellas no católicas y otras muchas sí– por el simple hecho de que aman a alguien de su mismo sexo? ¿Es esta “cruzada” más importante, por ejemplo, que los Objetivos del Milenio?

Eso es sólo un ejemplo y no quiero enumerar tampoco todas mis propuestas y mis demandas para la renovación de la Iglesia. A través de esta carta, simplemente quiero decirte que necesito sentirte más cercano, que quiero conocerte, humanizarte, saberte cerca del pueblo, de los cristianos, de las cristianas y también de los no creyentes. Por eso en esta carta he optado por llamarte “de tú” en vez de “de usted”, para sentirte cerca. Eres mi obispo, por el que rezo todos los domingos, y quiero estar segura de que estás al lado de la gente, de que conoces nuestras necesidades y de que te implicas a fondo con nuestras vidas. Quiero quererte, Antonio María, aunque me cueste... y espero poder algún día llamarte “amorcito, amorcito”; ¿te lo imaginas?, sería tan bonito...

Todo el mundo, tenga la edad que tenga y lleve el recorrido que lleve, tiene derecho a abrir los ojos, mirar la realidad y cambiar sus pasos. Por eso no pierdo la esperanza.

Un abrazo fraterno,
Cristina Ruiz Fernández (cristina-ruiz@wanadoo.es).

celebrando diferencias

CELEBRANDO LAS DIFERENCIAS
Manifiesto del grupo cristiano ‘Dedide-T’

GRUPO CRISTIANO ‘DECIDE-T’, 25/06/05
ALICANTE.

ECLESALIA, 28/06/05.- Este pequeño comunicado nace de nuestra alegría de ser cristianos y cristianas homosexuales, pero sin eludir la tristeza e indignación que nos producen las manifestaciones que algunos de nuestros hermanos que, compartiendo la misma fe y siendo creyentes, no respetan la diversidad dentro de la misma comunidad. Pensamos que nos juzgan cuando Cristo nunca condenó, sino que únicamente predicó la verdad del Amor.

Ante la congoja que nos producen las continuas declaraciones y ataques por parte de determinados sectores de la Iglesia, presentamos el siguiente manifiesto, en el que expresamos nuestro respeto por la manifestación que tuvo lugar en Madrid el pasado 18 de junio. No obstante, creemos que no representa la totalidad de la opinión del pueblo cristiano, sino únicamente la de esos sectores. Nuestra Madre Iglesia debería acercarse más al mensaje de amor de Cristo, y no ser reflejo de la intolerancia y opiniones de determinadas personas. La posición política de los representantes de la Iglesia no hace más que dividirla. Las afirmaciones sobre determinados temas deberían hacerse desde un punto de vista social, no político. Y mucho menos usarlo como arma arrojadiza sobre algunos grupos de personas.

Desde nuestra realidad como cristianos y cristianas homosexuales nos declaramos creyentes, defensores del matrimonio y de los valores familiares, porque creemos que son importantes y que gracias a ellos se crea una sociedad más justa, pacífica y solidaria. Por supuesto, estamos a favor también del matrimonio entre personas del mismo sexo, como base legítima y válida de familia, que no puede ni debe ser motivo de condena ni de repulsa. No atacamos en ningún caso los derechos de la familia formada por un hombre, una mujer y su descendencia. Por el contrario, lo que verdaderamente se está atacando es la familia homoparental, que es una realidad que existe pero no quiere ser reconocida. Es en la familia donde crecimos, crecemos y nos formamos como personas. Defendemos y deseamos que siga siendo así, modelo de convivencia y patrón a seguir para construir un mundo más cercano al modelo de amor que Dios predicaba.

Pedimos a nuestros hermanos y hermanas cristianas que compartan con nosotros la alegría de encontrarse en el amor de Cristo. Que, como seres creados por Dios a su imagen y semejanza, y bendecidos por el amor de Nuestra Madre la Virgen María, queremos vivir desde nuestra propia naturaleza sexual. De esta manera, reconocemos la creación de Dios y su diversidad, sin hacer distinciones, sino celebrando las diferencias y contrastes como sal que alimenta la Tierra y la Obra de Dios.

Y, con motivo del día del Orgullo Gay, queremos compartir la alegría de ser Hijos de Dios, de poder vivir nuestra fe en Cristo, de escuchar la Buena Nueva, de recibir la bendición de haber crecido en una familia y de poder seguir construyendo un mundo mejor con el ejemplo de Cristo Vivo. Y, por supuesto, la alegría de ver aprobada una ley, la del reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo, que nos iguala en derechos y obligaciones para con la sociedad, con la que nos comprometemos a trabajar y mejorar. Queremos ser instrumentos activos de Dios en este mundo a través de la realización de nuestro amor en el seno de una pareja.

- - -> Para más información: jaferrizp@ono.com

magnos y menores

PAPAS MAGNOS Y PROFETAS MENORES
BRAULIO HERNÁNDEZ
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA, 27/06/05.- “Por eso os herí por medio de profetas, porque quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos” (Os 6,3-6). Se leía el primer sábado-domingo de Junio.

El papa Wojtyla ha sido el centro absoluto de todo en esta primera mitad del 2005. En enero comenzó su declive definitivo, siendo hospitalizado el 1 de febrero en el policlínico Gemelli (donde disponía de “una ‘suite’ de 200 metros preparada siempre “a su disposición”). Y el 28 de junio inician su proceso de beatificación. En medio, dos meses de agonía, su muerte y funerales de Estado; y el conclave donde salió elegido su delfín. El Vaticano alentó convertirlo en un espectáculo mediático: un tsumani de papolatría se decía.. Y fue una casualidad, misteriosa, que todas las catequesis programadas para ese mismo período estuvieran dedicadas a los profetas menores. Excepto la primera, sobre la libertad cristiana de la Carta a los Gálatas, Llamados a la libertad, justo cuando moría J.M. González Ruiz, un teólogo baluarte del Concilio Vaticano II y de esa libertad. De paso, recordar que quienes atacan el pluralismo de los hijos de Dios son los que crean la división en la Iglesia. También coincidía el relevo angustioso de Casaldáliga, “el obispo de los pobres”, un obispo profético como Romero. Estas catequesis eran un buen contrapunto contra tantos excesos.

¡Recontruid la casa!, de Ageo, ha sido la última, de cierre. Sorprende saber que el mensaje de este profeta menor, del que nadie se acuerda, fue el que inspiró a Juan XXIII la renovación del Concilio. Le precedieron otras como: “Conocerás al Señor” (Oseas), “Derramaré mi espíritu” (Joel), “Levantaré la tienda” (Amós), “Y tu, Belén” (Miqueas). “Es un milagro poder contactar con la experiencia de Miqueas ¡veintiocho siglos después!”, se maravilla el ponente. (Están en www.comayala.es).

Juan XXIII convocó el Concilio (una “locura papal” dijeron) siendo un papa que ya no estaba como para escalar montañas. Pero él confesó: “El primer sorprendido de esta propuesta mía fui yo mismo (...) Después de tres años de preparación laboriosa, aquí estoy yo a los pies de la santa montaña”. En cambio, Juan Pablo II llegó al papado pletórico, con fama de escalador: un papa moderno. Pero aquel “aire fresco” serrano que el papa bueno reclamaba, se fue transmutando de nuevo, con Wojtyla, en el viejo “ polvo imperial que se ha acumulado en el trono de Pedro desde Constantino” como lo describía JUAN XXIII.

A Juan Pablo II lo han descrito como “El gran restaurador” (Leonardo Boff); se ha dicho que convirtió el Vaticano en “una factoría de santos”: 1.338 beatos (“10 veces más que sus antecesores”) y 482 santos. Un record absoluto. Pero, entre tantos, ni uno solo de los muchos crucificados en América latina como Jesús de Nazaret, se sorprendía Jon Sobrino. “¿Qué hubiese ocurrido si en un país del Este hubiesen asesinado a 17 sacerdotes como ocurrió con El Salvador?”, se preguntaba Jon. O, lo que es lo mismo: ¿Cómo habrían valorado a Oscar Romero en Roma si, en vez de nacer en el Salvador, hubiera nacido en la Polonia de Wojtyla? Tuvo que acercarse el 25 aniversario de su asesinato para que la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex-Santo Oficio) declarara, tras casi una década de investigaciones, que "no existen obstáculos de naturaleza teológica que puedan impedir el normal desarrollo del proceso". La Congregación para la Causa de los Santos, asustada, le había pasado los papeles. Wojtyla no planteará dudas. Le pondrán una autopista.

Sí las tuvieron con Oscar Romero que, como Jesús, hizo el viaje a Jerusalén y tuvo visitas apostólicas, idénticas a las que Anás, Caifás y Alejandro hicieron a Pedro y a Juan (Hch 4,1-12). Asumió ser “un pobre de espíritu” como en el Sermón de la montaña; y fue cuestionado, como los profetas, por anteponer la justicia del pueblo al culto formalista de la “Sinagoga bien montada”. Incluso, como Jesús, lloró sobre Jerusalén, al sentir desolación en Roma tras aquella fría audiencia con Juan Pablo II, su papa y colega, que le despidió con este consejo: “procure ir de acuerdo con su gobierno”. Como remate final, también murió crucificado, en pleno tajo, en una modesta capilla de un modesto hospital de cancerosos. Jon Sobrino fue testigo de su calvario: “Conocí a Casaldáliga en el mes de febrero del 80 y le dije: 'Escribe a Romero y anímale a que siga'. Porque monseñor Romero sufría mucho en El Salvador con los obispos. A los pocos días lo mataron. Cuando volví a ver a Casaldáliga, me dijo: 'Nunca le escribí aquella carta, pero te mando esta poesía'. Es el famoso poema sobre San Romero de América. Claro que es santo, Romero, porque ha cumplido todos los cánones y las normas de Dios. Aunque, al parecer, todavía no ha cumplido las normas de la Iglesia”.

Juan Pablo II tuvo “el funeral más grande de la historia”. Los grandes del mundo pasaron por la sede de Pedro. Los titulares decían: “2.500 personalidades”, “200 Jefes de Estado y de Gobierno”, “3.500 periodistas acreditados...”. (Tres presidentes del país más poderoso de la tierra lo acompañaron). Hubo miles de banderas; y pancartas que decían: ¡Santo subito!, Giovanni Paolo II il Grande. La homilía, hecha por su delfín y sucesor, fue interrumpida (“en 13 ocasiones”) con aplausos y una exigencia: “Santo, santo, santo”. El mismo día después de su muerte, su Secretario de Estado ya lo había postulado: “Juan Pablo II El Grande” (un calificativo reservado a los papas ya canonizados). Uno de los más prestigiosos historiadores de la Iglesia, Juan María Laboa, autor de “La historia de los Papas“, nos recuerda que los poquísimos Papas Magnos que hubo los hizo la historia. Declararlo Magno al día después de su muerte, me parece una insensatez”. Su jefe prensa, el Sr. J. Navarro-Valls, el apóstol de un nuevo carisma, el de la imagen de la Sede de Pedro, y miembro de la “Obra de Dios” (en latín Opus Dei), declaró, seguro de sí mismo, 15 días después de su muerte: “Yo veré a Juan Pablo II en los altares” (ABC domingo 17 de abril). Ni Jesús ni ningún profeta tuvieron tan rápido reconocimiento. El discípulo Wojtyla se mostraba como más grande que el Maestro; lo contrario que Juan el Bautista: “Es preciso que él crezca para que yo disminuya” (Jn 3,30).

Amós, un pastor y recolector de higos, no un profesional del culto, denunció, como Oseas y compañía, la idolatría del pueblo que se dice creyente pero que, en el fondo, es un mero consumidor de ritos vacíos, sin experiencias de fe. También la corrupción religiosa, social y política, con sus guiños y extrañas alianzas. Los grandes santuarios pueden estar llenos, pero la religión puede estar paganizada, denuncian. Un culto esplendoroso que encubre la injusticia social y que la tienda de David está en ruinas. De Miqueas salió el trillado “Y tu, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre las aldeas de Judá, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo”. Todo lo opuesto a un monarca absoluto; un pastor laico de vestir normal para no marcar diferencias, no un profesional de lo religioso; y que exclamó ante la gran Jerusalén: “Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados” (Mt 23,37-38).

Anda y repara mi casa que amenaza ruinas, escuchó Francisco de Asís. Oscar Romero escuchó la voz de la conciencia antes que ciertos consejos de la santa alianza, “la mayor alianza secreta de los tiempos modernos” (como diría Richard Allen, presidente del Consejo de Seguridad Nacional de Reagan). Alguien lo recordaba hace unos días, y con otras palabras así lo resumía: yo te ayudo a desmantelar el régimen de Polonia y tu me ayudas a desmantelar la teología de la liberación en América latina. Mientras monseñor Romero defendía con hechos que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 4,19) –esto, precisamente, se leía en las Iglesias cuando expiraba Juan Pablo II- otros compañeros de báculo y nuncios vaticanos miraban “con tortícolis” a Roma; y algunos quizá alternaban en cócteles sociales con dictadores que firmaban sin escrúpulos, incluso en nombre de Dios, encarcelamientos, torturas, incluso asesinatos de Estado. No olvidemos que ha sido posible conceder el Nobel de la Paz a quien alentó tantas guerras. Hablando de libertad de conciencia, el joven Ratzinger, en el 68, así se explicaba: "Aún por encima del Papa como expresión de lo vinculante de la autoridad eclesiástica, se halla la 'propia conciencia', a la que hay que obedecer la primera, si fuera necesario incluso en contra de lo que diga la autoridad eclesiástica" (El País, Cartas al Director, 27/05/05).

Frente a las 650 audiencias o encuentros privados del papa Wojtyla con Jefes de Estado, y 212 con primeros ministros, (así como con presidentes de multinacionales, con los más famosos de la tierra, o con parejas principescas para darles una bendición apostólica a su nuevo matrimonio canónico..., monseñor Romero, por ejemplo, recibiría a campesinos, clérigos o catequistas comprometidos, amenazados por unos gobernantes y familias pudientes que se declaraban católicos fervientes.

Una de las sorpresas de Benedicto XVI fue anunciar la primicia, ante un círculo de selectos, y en latín, del proceso de beatificación de Juan Pablo II “cuanto antes”. No lo hizo un día cualquiera, sino un día 13, festividad de la virgen de Fátima, el día del atentado del pistolero Alí Agca contra Juan Pablo II, quien visitó y perdonó públicamente a Agca. Juan Pablo II convirtió este atentado en la piedra angular de su pontificado: “fue la intercesión de la virgen de Fátima quien desvió la bala”. Él mismo discernió que el “hombre vestido de blanco que cae muerto” (tercer secreto de Fátima) era él; y no, por ejemplo, su predecesor, Albino Luciani, el papa revolucionario que se negó a ser coronado, el monarca que cedió el sitio al pastor.

Juan Pablo II se declaraba en deuda con el Concilio Vaticano II a la par que impulsaba un modelo de Iglesia que contradecía aquel deseo de aire fresco de Juan XXIII, el ¡reconstruir la casa! volviendo a las fuentes de la experiencia comunitaria de los Hechos de los Apóstoles, a “los rasgos más sencillos y puros” de la Iglesia naciente. Y asentó como modelo de Iglesia a los movimientos preconciliares, que la controlan, y basan su prestigio, y su supervivencia de casta, en el sentimiento de culpa del pueblo, menor de edad: No tengas más que dos años de edad, tres a lo sumo. Porque los niños mayores son unos pícaros que ya quieren engañar a sus padres con inverosímiles mentiras’ (Escrivá de Balaguer n. 868). “Roma propuso la pastoral de tipo espiritualista para frenar la garra de las comunidades de base y de la Teología de la Liberación” (Jon Sobrino). Esto mismo, anticipándose a Jesús, lo denunció Miqueas, hace 28 siglos.

Tras la elección de Benedicto XVI, Casaldáliga reivindicaba la dimensión profética de la Iglesia; y que “El Papa no debería ser Jefe de Estado de ningún modo (“su único estado es el de gracia, que es el que le corresponde”, suele decir). El Papa no puede ser un monarca absoluto, la Iglesia no puede ser una comisión de aristócratas espirituales...” (Declaraciones a la Cadena SER).

Y, puestos a imaginar, imaginemos que un día los medios nos sorprendieran con este titular: El Papa promulga una encíclica renunciando a todo status, títulos, honores y riturgias de Jefe de Estado; y a ser venerado y adulado como “Su Santidad”, o “Sumo Pontífice”. Para legitimar su decisión no tendría que indagar mucho, buscando textos de apoyo, en los fondos de la gran Biblioteca Vaticana: los evangelios y los escuetos textos de los profetas menores tienen todos los ingredientes a flor de piel.

El día que Benedicto XVI anunciaba la primicia de la apertura del proceso de beatificación de Juan Pablo II, el evangelio propio del día decía: “Simón, ¿me amas más que éstos? (por tres veces...). Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió: «Sígueme»”.

biblia en tierra

EL II CONGRESO BÍBLICO NACIONAL
JAIME BARCÓN, de la asociación Proteología
CARACAS (VENEZUELA).

ECLESALIA, 24/06/05.- Los que asistimos al Congreso, organizado por la Sociedad Bíblica SOBICAÍN y celebrado en Caracas del 17 al 19 de febrero, 2005, tuvimos oportunidad de apreciar el evangélico entusiasmo con que la mayoría de los expositores arremetieron contra el Capitalismo, el Imperialismo y el Neoliberalismo. Cuan modernos Quijotes, y Biblia en ristre, no dejaron títere con cabeza. Naturalmente que no es difícil encontrar en la Biblia, y especialmente en el Evangelio, buenos argumentos para desautorizar las ideas subyacentes del Capitalismo Liberal, en las cuales se supone que si cada individuo se preocupa sólo de su bienestar, habrá una Mano Invisible, el modernista sustituto del Dios tradicional, que todo lo arreglará, y el bienestar social, suma de los bienestares individuales, quedará maximizado.

No cabe duda que las ideas liberales constituyeron un significativo avance con respecto a los sistemas autocráticos anteriores. Por otra parte, como los inquisidores del Medioevo hicieron, una astuta manipulación de la Biblia, y del mismo Evangelio, puede pretender justificar muchas cosas. Y más adelante, la interpretación de Calvino, con sus ideas de predestinación y su estoico estímulo al ahorro y la inversión, vinieron de perillas para el desarrollo capitalista. Pero el Evangelio leído desde el Tercer Mundo, y no olvidemos que Jesucristo era un tercermundista, parece justificar mejor un sistema socialista que uno capitalista, como quedó de manifiesto, por el varapalo que recibió el Capitalismo, en el II Congreso Bíblico de Caracas, el cual a su vez se hacía eco del Foro Mundial de Teología y Liberación, celebrado en Porto Alegre, Brasil, en enero de este año de gracia, bajo el lema "Otro Mundo es Posible".

Pero los sistemas socialistas, que se han intentado instrumentar hasta la fecha, no han sido muy exitosos que digamos, y muchas veces han terminado en estruendosos fracasos. Vale la pena detenernos en analizar el primer experimento cristiano, que más que socialista, podríamos denominar de comunismo radical, puesto que disponía la propiedad común de todos los bienes, tanto medios de producción como bienes de consumo. Como el lector habrá anticipado nos estamos refiriendo a lo que encontramos en los Hechos de los Apóstoles. En Hch 4:34-35, leemos: "No había entre ellos ninguna necesidad, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad". Naturalmente que si el Reino de Dios, anunciado en el Cristianismo, aspira a ser universal, sin excluir a nadie, el procedimiento anterior sería ruinoso, pues si todos quieren vender y nadie comprar, el mercado inmobiliario, entre otros, se vendría abajo, y poco después nadie tendría casa donde vivir. El repartir equitativamente "según la necesidad" forma parte del desideratum del Socialismo de la Modernidad, lo cual pone de manifiesto sus raíces cristianas, o si se quiere, la puesta al día del Cristianismo.

Pero la armonía de aquel comunismo primitivo no duró mucho. Un poco más adelante, en Hechos 6,1, leemos: "Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana". Y aquí nos encontramos con el meollo del problema que todo sistema que aspire a ser considerado como Socialista debe resolver. Si se aspira a repartir equitativamente los bienes colectivos de acuerdo a las necesidades, ¿quién, o mediante que procedimiento se determinan las necesidades? Si son funcionarios públicos estos serán vulnerables a todo tipo de presiones, por razones de amistad, lazos familiares, compadrazgo, paisanaje --¿hebreos o helenistas?-- además de las consabidas mordidas y sobornos que proliferan en toda administración pública. A lo anterior habría que agregar, que aún con la mejor voluntad del mundo, no es fácil anticipar las necesidades del prójimo. Creo que fue G. B. Shaw que dijo: "No ames a tu prójimo como a ti mismo. Puede tener otros gustos --o necesidades". En la Venezuela de estos días hemos experimentado esta situación. Con ocasión de los deslaves ocurridos recientemente mucha gente quedó sin vivienda. El gobierno otorgó nuevas viviendas a los damnificados. A gente que había vivido toda su vida al lado del mar, les asignó viviendas en los sitios menos acordes con sus costumbres e idiosincrasia. Naturalmente que al poco tiempo, la gran mayoría, abandonó las viviendas asignadas, que nunca llegaron a ser hogares.

Ahora bien, existe un mecanismo de asignación de bienes, servicios y actividades, que es eficiente, equitativo, y poco vulnerable a manipulaciones non sanctas. Pero este mecanismo queda también satanizado bajo las iras evangélicas a las que nos referíamos anteriormente, por estar asociado en el imaginario popular y teológico con el odiado Capitalismo. Se trata del Mecanismo del Mercado. Y resulta que las perversidades que se le achacan, son más bien debidas a su ausencia, que a su presencia. Volvamos al desideratum evangélico-socialista que podríamos resumir en la fórmula, "A cada cual según sus necesidades; de cada cual de acuerdo a sus habilidades". En general hay que suponer que es la misma persona quien mejor conoce sus necesidades y habilidades. Pero a la hora de asignar recursos y actividades hay que tener en cuenta dos factores. El primero, que dependiendo del mecanismo de reparto que se utilice, puede haber incentivo estratégico para sobreestimar necesidades --"pedigüeños de oficio" con destrezas histriónicas--, y subestimar habilidades personales. El segundo es que tanto las necesidades como las habilidades son relativas dentro de la colectividad, por aquello de que "en el país de los ciegos, el tuerto es Rey".

Pues el Mecanismo del Mercado evita la manipulación de necesidades y habilidades personales. También es eficiente tanto en la asignación de bienes y recursos humanos y materiales. Además es imparcial evitando irritantes favoritismos tan comunes en los decisores públicos. Lo que no puede hacer por si solo es compensar desigualdades iniciales entre los individuos, y es aquí donde la mano visible del Estado debe complementar a la invisible del Mercado. Claro que por muy automatizados que estén los procedimientos gubernamentales siempre se requerirá la intromisión, y discrecionalidad, de funcionarios públicos en la vida privada de los ciudadanos, en la de aquellos que requieran asistencia especial en virtud de sus necesidades, con la consiguiente limitación de las libertades individuales. Como en general estas intromisiones son indeseables, es de suponer que esto servirá de incentivo para la superación individual de aquellos menos favorecidos, con la subsiguiente disminución de las desigualdades.

Como dicen los ingleses, "hay que tener cuidado de no arrojar al bebé con el agua del baño". Si en el Tercer Mundo se decide emprender la construcción de un sistema de corte socialista --lo que no es descabellado, dado que el sistema capitalista no ha sido capaz de resolver el problema fundamental de la distribución de la riqueza, como en cierta medida se ha resuelto en el Primero-- este socialismo no debe descartar mecanismos, como el del mercado, que se ha visto tiene interesantes atributos. Así mismo debe aprender de los errores que se han cometido en el pasado, tanto en movimientos cristianos a lo largo de los siglos, como más recientemente en los países socialistas, que constituían el llamado Segundo Mundo, en donde un ineficiente manejo del sistema de precios, y del mercado por supuesto, unido a una falta casi total de incentivos, precipitaron su estrepitoso colapso.

Tenemos entonces, que dar la bienvenida a estos teólogos, quienes dejan la torre de marfil que ha sido la tentación en donde ha caído mucho del quehacer teológico, por no saber enfrentar -ni por consiguiente aprovechar- los retos del Modernismo. Naturalmente que estos teólogos, al entrar en el campo de la Economía Política, deberán esforzarse en dominar las herramientas que se han desarrollado profusamente desde los tiempos de aquellos, los teólogos escolásticos, quienes daban vueltas a problemas como el del "Precio Justo", y similares, tratando de incorporar conceptos tan importantes como el del "Precio de Mercado", el cual no es necesariamente injusto, como esperamos haber argumentado con éxito, en esta reflexión.

Aprovecho la ocasión, para felicitar al Hno Bernardo, a nuestra compañera Rebeca, y ese simpático grupo de SOBICAÍN, que junto a los cristianos maronitas del Monasterio de San Charbel, hicieron posible la realización de tan interesante, y polémico, Congreso Bíblico.

sin paños calientes

EL ORO DEL BECERRO
JUAN DE DIOS REGORDÁN DOMÍNGUEZ
ALGECIRAS (CÁDIZ).

ECLESALIA, 23/06/05.- Todavía recuerdo cómo, en la década de los cincuenta, la dueña de un cortijo andaluz organizaba meriendas con los niños y niñas de los obreros de su finca. Les preguntaba si querían “merienda de pobres o de ricos”. Casi todos exclamaban: “¡de rico…!” Ya desde pequeños aspiraban a eso. Pero, a estos les daba pequeños bocadillos y un trocito de tarta y a los que se quedaban “en pobre” les daba más cantidad.¿Quería ella luchar contra el concepto que se tenía de pobreza y riqueza? Durante mucho tiempo se ha defendido que la riqueza y la pobreza entraban en los designios de Dios. Si los pobres se resignaban con su pobreza, recibirían en la otra vida la recompensa que en esta se les negaba. Nadie se podía rebelar contra todo orden establecido. A Dios se le utilizaba y se le echaba la culpa de todos los males del mundo. No se si aquella señora era sincera o jugaba a distraerse con la inocencia de aquellos niños pobres.

Pretender responsabilizar a Dios de la injusticia y del mal del mundo es ofenderle. Las injusticias tienen sus autores instalados en la macroeconomía mundial en donde no abundan sentimientos ni corazones abiertos a la solidaridad. La ambición y el ansia de poseer riquezas a cualquier precio llevan a la usura extrema. Pero todo esto lo mueven mentes retorcidas, sin sentimientos, a quiénes no les interesa ni la sonrisa de un niño ni les interesan los problemas humanos. Utilizan la religión pero no son religiosos ni adoran al Becerro de Oro, sino que su objetivo es apoderarse del Oro del Becerro. Las mentes embriagadas por la macroeconomía cobijan a dirigentes de países ricos, convirtiéndoles en sus marionetas aliadas. Así nace y se amasa la deuda externa de los países pobres que provoca la muerte prematura de millones de inocentes, la ignorancia y la explotación de millones de trabajadores y de niños que nacen la miseria.

Hace poco se anunció la condonación de parte de la deuda externa. Pero esto responde más a los intereses de los acreedores que a los derechos de las víctimas. En los momentos actuales la deuda externa, injusta e inmoral es imposible que la puedan pagar los países altamente endeudados. A gobernantes que han preferido “merienda de ricos” se les dice ahora que sus países recibirán ya sólo “algo de tarta”. Su actitud ingenua de grandeza les ha llevado a ser responsables de que aumenten los estómagos hambrientos y los puestos de trabajo precarios. Olvidaron que los ricos jamás renuncian a su afán de ganar más. Los desheredados de la tierra han llegado al límite de su paciencia y el clamor de los pobres ha llegado a los oídos del Señor de la Historia.

El día 16 de Junio el Papa actual invitó a “comprometerse en la creación de una civilización cada día más fraternal, con renovada atención a las personas, especialmente a los más pobres y a los marginados de la sociedad” Afirmó que “la tierra tiene capacidad para nutrir a todos sus habitantes a condición de que los países ricos no se queden con lo que pertenece a todos”. Ante las graves injusticias, el compromiso de los cristianos debe inspirarse en la actitud de Jesús. Él quiere paz para todos, pero una paz basada en la justicia y la solidaridad. Que todos tengan el estómago lleno para que puedan desarrollarse como personas libres. La Iglesia, como comunidad de creyentes, ha de estar al servicio del Reino de Dios en la sociedad actual, con rigor y sin paños calientes. Si la Iglesia calla ante los grandes desafíos, gritarán las piedras. El carisma de denuncia profética, hoy más que nunca, tiene que brotar en la Iglesia frente a los poderes de este mundo desde la opción de los pobres.

manifiesta te

manifiesta te

NOS SUMAMOS A LA MANIFESTACIÓN "POBREZA CERO"
En la clave del anuncio y la denuncia profética

REDACCIÓN de ECLESALIA
MADRID.

ECLESALIA, 22/06/05.- Nos sumanos: Manifestación "Pobreza cero sin excusas ¿Quién debe a Quién?" el 26 de junio de 2005 a las 12'00 horas de la plaza de Cibeles a la Puerta del Sol en Madrid. Movilizaciones también en otras ciudades. Para más información: http://www.pobrezacero.org

Paz y bien.

abismo 1/2

EL GRAN ABISMO*
JOSEP CASTELLÓ RÍOS, pepcastello@ya.com

ECLESALIA, 17/06/05.- Aquí donde yo vivo hay un profundo abismo entre el mundo religioso y el profano. Es difícil salvarlo. Querer aproximar esos dos mundos es como querer mezclar el agua y el aceite. Ya puedes remover, que al instante una y otro se separan claramente.

Sin entrar a analizar las causas de esa separación, porque sería largo y daría lugar a desacuerdos difícilmente superables, es fácil observar que mientras en el mundo profano se confía tan sólo en el hacer humano y se busca por encima de todo el bienestar material, especialmente el propio, en el mundo religioso, pese a que se viva más o menos de igual modo, se afirma la existencia de ese Dios que dicen rige el Universo y que cuida de sus humanas criaturas.

No voy a entrar en teologías, que no es lo mío, pero si no ando muy errado sé que hay maneras de entender la Fe que son capaces de hermanar el pensamiento religioso con el laico. No obstante, la doctrina oficial de la Iglesia Católica y Romana, principal representación cristiana en el ámbito geográfico desde donde escribo, sigue siendo la misma que abrió esa profunda brecha entre los dos mundos. La doctrina y la acción política, que si de la doctrina tan sólo se tratase poco daño tendríamos que esperar.

No me cabe la menor duda de que la Humanidad está desatendiendo peligrosamente la dimensión espiritual de la persona, esa dimensión de la mente que nos caracteriza como humanos. Vivimos cada vez más como animales inteligentes desde el individualismo, sin tener en cuenta nuestra pertenencia al cosmos del cual formamos parte ni a la gran familia humana de la que somos miembros inseparables. Y ese modo de vivir, que no es sino una clara muestra de poco raciocinio, tiene nefastas consecuencias para la Humanidad entera, ya que nos lleva directamente al enfrentamiento permanente de unos contra otros y a la destrucción ininterrumpida del medio natural del cual formamos parte.

El estado del mundo global en que vivimos exige con carácter de urgencia la colaboración de todos los colectivos con conciencia, religiosos y laicos. Nadie con sentido de responsabilidad debiera excluirse ni excluir a nadie de ese diálogo fraterno necesario para salvar la Humanidad en la medida que se pueda. Desde diversas esferas del mundo religioso y del profano se alzan continuamente voces alertando de cuanto aquí estamos diciendo, pero una falta de auténtica colaboración entre ambos favorece que no sean oídas, que no trasciendan a la totalidad de la población, como sería deseable, y que avance triunfante la ideología neoliberal que nos destruye. A mi ver, hoy el conocimiento humano no debiera prescindir de todo cuanto consideran esencial las diversas tradiciones religiosas, ni estas debieran prescindir de las explicaciones que la ciencia puede dar del fenómeno religioso. Pero en cambio, andan cada una por su lado. La Religión, aferrada a sus mitos ancestrales. El humano saber al pragmatismo por encima de todo, sin contemplar las consecuencias deshumanizadoras que este conlleva. O por lo menos, sin conceder demasiada atención a los valores espirituales que constituyen el gran bagaje que encierra el conjunto de las religiones.

El alto grado de intolerancia mutua a la vista está. Nombrar la religión en un ambiente laico genera, en los más de los casos, un rechazo tanto más evidente cuanto más distendido es el contexto. Del mismo modo que decir a los creyentes que la religión es una elaboración cultural, y que la neurología está investigando el proceso por el que la mente humana genera los estados místicos de los cuales procede la vida religiosa equivale, a su modo de ver, a blasfemar o si más no a proponerles cambiar su Fe por ateísmo. Es evidente que ambos mundos tienen el corazón en carne viva y una extrema sensibilidad a flor de piel, y esa es una dificultad inmensa para el diálogo.

Las religiones han hecho a lo largo de los siglos sobrados méritos para que desde una óptica humanista no se quiera saber nada de ellas, y los siguen haciendo, y eso sólo ya basta en principio para explicar la prevención que despiertan en el mundo profano. Y aunque no es menos cierto que desde ese otro bando se han tomado revanchas a veces excesivas e innecesarias, en buena lógica cristiana cabe preguntar: ¿quien debe dar en el presente el primer paso?

*Escrito para la lista de Tambo, foro de diálogo de los Servicios Koinonía (http://servicioskoinonia.org/tambo).

- - -> Fin de la primera parte (segunda parte publicada en ecleSALia el 21 de junio de 2005)