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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

tres años

26 de octubre de 2005. Hoy estamos de fiesta. Nuestro peque cumple tres años. El pasar de la vida, de los momentos de intensa alegría, de las tristezas, gozos y esperanzas es una continua oración de gracias y alabanza a Dios. Paz y bien

en momentos así

CARTA PARA DEPRIMIDOS
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@caminantes.jazztel.es

ECLESALIA, 25/10/05.- Ha llegado el otoño con sus días grises y sus luces cortas. La naturaleza se repliega y parece que la vida se aleja de nosotros como el sol. Sé que tu llagada sensibilidad recoge todos los quejidos de la tierra y tu depresión aumenta en este tiempo. Permíteme recordarte el principio de individualidad, que rige la vida, y el privilegio de la libertad, exclusivo de la vida humana. Nadie puede vivir por ti. Eres tú quien tiene que vivir y gestionar tu libre individualidad. Si acaso, alguien podrá iluminarla, como intentan estas líneas. No puedes pretender que carguen contigo como si fueses un fósil. Tienes una responsabilidad intransferible que nace de tu libertad personal, ésa que en ocasiones con tanto ardor defiendes.

Tu tendencia a dejarte caer, a postergar toda acción, a exigir que los demás trabajen y decidan por ti, son hábitos mortíferos que vienes cultivando desde hace demasiado tiempo. Si necesitases un riñón, con celeridad me haría tu donante. Si una transfusión mía te animase, ahí me tendrías. Pero tu situación depende de tus opciones personales y tus actitudes ante la vida, que yo no puedo cambiar. A estas alturas ya sabes que la depresión no mejora huyéndote, ni compadeciéndote, ni justificándote, ni echándote a la suerte, esa fantasmal impostora. Las cosas no cambian solas, es necesario actuar, comprometerse con un plan de vida que te libere de la inacción, recobrar las aspiraciones profundas que laten en el fondo.

Te ayudará leer Romanos 8, de Pablo. Es un canto a la esperanza y a la vida. Aunque estés frío y alejado en estos momentos, tal vez encuentres el consuelo que anhelas. No puedes seguir alimentando pensamientos de muerte, no puedes seguir claudicando. “Porque el deseo de la carne es la muerte, pero el pensamiento del espíritu es la vida y la paz” (Rom. 8, 6). Tienes miedo y agigantas con tu imaginación los fantasmas del futuro omitiendo la actividad del presente. ¿Olvidaste que a “esa loca” sólo se le vence huyendo y abrazándote a la realidad? Te acongoja la soledad y olvidas que no estás ni dejado ni solo: “Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos vivificará también vuestros cuerpos mortales por obra de su Espíritu, que habita en vosotros” (Rom. 8, 11).

Sé que, en ocasiones, tus errores del pasado emergen como monstruos y te sientes culpable, derrotado, perdido. Otras veces culpabilizas a los otros y a las circunstancias. Cuando te dejas envenenar por la culpación propia o ajena estás matando el presente, único momento que realmente tienes para rectificar. Estamos sometidos a la ley de la causalidad: "a tal causa corresponde tal efecto" o, dicho de otra forma, . Ya no tienes dominio sobre los actos pasados, de nada sirve lamentarse o despreciarse por ellos. Sólo cabe aceptar las amargas consecuencias y gestionar tu presente (tus pensamientos, tus actitudes, tus actos, tus relaciones). Ése es tu gran poder: De lo que hagas u omitas AHORA dependerán los efectos futuros. No hay actos neutros, todos tienen consecuencias positivas o negativas.

Tu situación actual es consecuencia de tu pasado, el que elegiste o el que dolorosamente te impusieron. Pero no puedes hundirte en una inactiva culpación o paralizante temor. Mientras hay vida hay esperanza: “No hay condenación alguna para los que están unidos a Cristo Jesús. Porque la ley del espíritu, que da la vida en Cristo Jesús, me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Rom. 8, 1-2). “Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Porque no recibisteis un espíritu de esclavitud para recaer de nuevo en el temor, sino que recibisteis el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace exclamar: ¡Abba! ¡Padre!” (Rom. 8, 14-15). ¿Dónde nos guía ese Espíritu sino a vivir plenamente, a desarrollar nuestros talentos, a decidir nuestro presente, a ordenar nuestra existencia hacia la madurez y la felicidad? Dios siempre rema a nuestro favor: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, porque no sabemos lo que nos conviene, pero el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos inenarrables... Y sabemos que Dios ordena todas las cosas para bien de los que le aman” (Rom 8,26-28).

Si estuvieses paralítico y la rehabilitación pudiese devolverte el movimiento, harías ese esfuerzo con constancia. Pero la paciente reeducación que necesitas no la afrontas porque te falta coraje y fe en ti mismo. Cada día eliges seguir atado al inmovilismo de tus atonías. La de tu brillante inteligencia que, adormecida, ya no consigue analizar ni comprender. La atonía de tu libertad (tu capacidad de elegir) estancada en esa angustiosa indecisión permanente. La atonía de tu voluntad, que renuncia a movilizar las energías del cuerpo para ejecutar cualquier acción. Y la apatía del propio cuerpo, que te mantiene demasiado tiempo derrumbado, cuando tu movilidad está intacta y tienes sol, aire, playas y caminos que sorber. Una depresión no dura siempre. De una depresión se sale. Pero ocurre que la reeducación de los malos funcionamientos y en especial de las atonías no se consigue con farmacopea. Cuando nos rendimos a nuestros hábitos perjudiciales estamos rodando cuesta abajo, estamos renunciando a la vida y cortejando a la muerte (1).

Tengo experiencia de lo que cuesta caminar cuando las sombras nos oprimen. Sé que es imprescindible volver a lo más íntimo, a lo más profundo, allí donde todavía brotan aguas cristalinas e incontaminadas, allí donde se encuentra la motivación necesaria: “Si somos hijos, somos también herederos: herederos de Dios, coherederos de Cristo; si es que padecemos con él, para ser también glorificados con él. Estimo, en efecto, que los padecimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que ha de manifestarse en nosotros” (Rom. 8, 17).

¿Podrás decir tú que estás más perseguido que los cristianos romanos a los que escribe Pablo? Déjate vitalizar: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rom. 8, 31). En los momentos difíciles de mi vida, incluidos aquéllos triturados por la depresión o el fracaso, estas palabras fueron mi roca e íntimo gozo: “¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?... Pero de todas estas cosas salimos triunfadores por medio de Aquél que nos amó. Porque estoy persuadido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura ni la profundidad, ni criatura alguna podrá separarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rom. 8, 35-39). ¡Que su fuerza te acompañe! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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(1) Para más información sobre los funcionamientos véase “La persona y su crecimiento”, editado por PRH España: www.prh-iberica.com

disidencia eclesial

‘EL CELIBATO OPCIONAL COMO DISIDENCIA ECLESIAL’
En el “Foro de Debates” de la Universitat de València*
DEMETRIO ORTE, cura obrero, casado, miembro de MOCEOP. 18/10/05
VALENCIA.

ECLESALIA.- Esto es un foro de opinión y debate. Eso me tranquiliza para decir lo que diga sólo como una opinión, la opinión de una persona con una experiencia que la reflexiona y la comparte. Hablo en singular, como persona particular que expresa su pensamiento; pero también en plural, porque formo parte de un colectivo, Moceop (Movimiento pro celibato opcional), que ha ido elaborando una teología de caminantes: de experiencia reflexionada desde la fe. Y ya que hablamos de disidencia, espero que aquí la haya también y no estéis de acuerdo con todo lo que digo.

Celibato, sí; pero opcional

Ante todo quiero hacer la precisión de que no hablo contra el celibato, y menos aún contra personas. El celibato es un estado de vida, que en muchos casos es optado por motivaciones evangélicas no sólo respetables sino también admirables. Yo conozco y aprecio a muchas personas célibes que son para mí un testimonio de vida evangélica, cristiana, entregada a los demás, y de personas que las veo felices en su opción de vida… Así que, ante todo, mis respetos a las personas célibes aquí presentes, y a las ausentes. Espero que nadie se moleste por mis comentarios.

El celibato, como la pobreza evangélica, puede ser un valor sublime. Pero una sublimación exagerada del celibato y de la virginidad ha causado en sectores de la Iglesia un menosprecio del matrimonio, que el fundador del Opus consideraba que era para “la clase de tropa”. En cambio, un amigo mío, para equiparar decía: “total, si el celibato es renunciar a todas las mujeres, y el matrimonio, a todas menos a una, no hay tanta diferencia” (para subsanar el toque machista, aplíquese la misma fórmula respecto al celibato femenino o al matrimonio, también el gay). Evidentemente, ni el celibato ni el matrimonio se pueden definir por lo que tienen de renuncia.

En la moral católica más tradicional ha estado implícito también un menosprecio de la sexualidad, vista obsesivamente como peligro de pecado, hasta el punto de que se decía que en esa materia no había “parvedad de materia”: hasta el más leve pensamiento impuro era pecado grave. Recuperar una visión positiva de la sexualidad, en sus múltiples facetas, es un reto liberador, especialmente dentro de la Iglesia.

Lo que desde Moceop cuestionamos no es el celibato en sí, sino la norma eclesiástica de exigirlo como condición necesaria para el ministerio sacerdotal.

Celibato y ministerio ¿dos en uno?

Aunque se da por sentado que celibato y ministerio han ido unidos, esto no ha sido así siempre. Empezando por el grupo de discípulos de Jesús, y por los Doce Apóstoles, que pueden parecer el origen de la estructura clerical, tampoco eran célibes. Pedro, el primer Papa, era casado (en el evangelio se habla de la suegra de Pedro, Mt 8,14)

En la Iglesia primitiva, en las primeras comunidades, para nada se habla de que los responsables fueran célibes. Recordamos que la carta a Timoteo aconseja: “que el obispo ( o dirigente) tiene que ser intachable, fiel a su mujer, juicioso…; tiene que gobernar bien su propia casa y hacerse obedecer de sus hijos con dignidad. Uno que no sabe gobernar su casa ¿cómo va a cuidar de una asamblea de Dios?... (1Tim 3,1-6); también “los auxiliares sean fieles a su mujer y gobiernen bien a su hijos y sus propias casas…”. Por lo demás, parece común que algunas mujeres, que acogían en sus casas a las comunidades, eran las que las dirigían y presidían. Prisca: 1 Cor 16,19; Ninfa: Col 4,16; Fil 1,3…

En la historia de la Iglesia, no vamos a repasar a fondo, pero hasta el siglo IV no se empezó a plantear restringir la sexualidad de los clérigos, y esto, sólo para cortar los excesos y abusos que se cometían: clérigos con mujeres y concubinas, con numerosos hijos que en casos suponía un malgasto del patrimonio eclesiástico. El famoso Concilio de Elvira, al que tanto se alude como primera norma para exigir el celibato, en realidad fue un concilio local, celebrado el año 300 cerca de la actual Granada, en el que participaron 17 obispos (sólo ellos tenían voto) y 24 presbíteros. Varios concilios locales y regionales (no había el centralismo de Roma que hay ahora) volvieron a insistir en exigir que los clérigos se abstuvieran de sus mujeres y de engendrar hijos. Pero parece que con poco éxito, pues durante varios siglos después se siguen haciendo los mismos llamamientos. El concilio de Letrán, en 1123, ratificó la ley del celibato.

En toda la Edad Media y el Renacimiento (recordemos a nuestro paisanos los Borja), aunque existiera una ley, la práctica era un generalizado incumplimiento. El concilio de Trento, en plena contrarreforma, sentó la más rígida ortodoxia moral y disciplina canónica también para el clero.

Hablamos sólo de la Iglesia Católica, y ni siquiera de toda, pues hay ritos orientales (como el rito maronita), que siendo católicos, sí admiten el matrimonio de sus sacerdotes. Y otras iglesias cristianas, como la ortodoxa, las luteranas y la anglicana. Y no por eso son menos cristianas y a veces tampoco menos clericales.

Pero, bueno. Esto no quiere demostrar nada, sino sólo ser una referencia de que la ley del celibato ministerial es sólo una norma disciplinar; y que lo mismo que se puso, se puede quitar, y no tambalearía para nada la fe, ni la verdad ni el evangelio. Sólo un poco la estructura clerical de la Iglesia especialmente patriarcal y clasista.

Estos días estamos oyendo, con motivo del Sínodo de los Obispos, por un lado el clamor de abordar el tema del celibato opcional; y por otro, la resistencia y cerrazón a querer tratarlo. El mismo Papa Juan Pablo II llegó a decir que es una disciplina que algún día cambiaría, pero que no sería en su Pontificado.

La opcionalidad del celibato, una reivindicación

Cuando hablamos de celibato opcional, como reivindicación, nos referimos en primer lugar a que los curas se puedan casar (si quieren, y “si se quieren”), pero también a que puedan ser ordenados sacerdotes personas casadas (hasta ahora está la posibilidad para diáconos; y recientemente la excepción muy excepcional del padre Evans, convertido de la Iglesia anglicana a la católica, ordenado recientemente en Tenerife).

Y también a que puedan ser ordenadas sacerdotes (o sacerdotisas) mujeres, célibes o casadas: que no sean excluidas por el hecho de ser mujer. Recientemente han sido ordenadas varias, en Canadá y en otros sitios, como una clara trasgresión simbólica, con el claro planteamiento de que una forma de cambiar una ley injusta es transgrediéndola. Es evidente que la discriminación de la mujer en la Iglesia, y en concreto su exclusión de la ordenación ministerial es una injusticia.

Y también a que puedan ser ordenadas sacerdotes personas homosexuales, a las que hasta ahora se les excluye simplemente por serlo, o si se manifiestan o son descubiertos como tales, incluso aunque se comprometan a guardar el celibato como los heterosexuales. Pero el hecho es que los hay, aunque lo nieguen o procuren que no trascienda a la opinión pública. ¿Por qué no reconocerlos y “ordenarlos”?

Moceop lo que no buscamos es una salida falsa, ni de mantener relaciones ocultas, ni de buscar subterfugios jurídicos, como sería pasarse a otro rito que lo permita. Creemos que es cuestión de derechos humanos de las personas, de vivir su afectividad con normalidad; y de sentido común del pueblo cristiano que acepta con naturalidad y no se escandaliza de que su presbítero sea homo o hétero, o se pueda enamorar y casar. Lo que no aceptan es la hipocresía, la mentira o el cinismo.

Una reivindicación “relativa”

Esta reivindicación creemos que es un derecho de personas y una necesidad de comunidades: recordar cuántas comunidades cristianas, por ejemplo en Latinoamérica se ven privadas de la Eucaristía por falta de sacerdotes. Pero es una reivindicación “relativa”, en el sentido de que no es lo más importante. Para muchos sacerdotes casados, porque no pretendemos “volver” al estado clerical, de ser sacerdotes-clero, igual que antes, pero casados. Asimismo, algunas mujeres tienen la aspiración a ser ordenadas y nos parece legítimo y dignas de apoyo; pero otras muchas mujeres no aceptarían una ordenación en este ministerio clerical, tal como hoy está institucionalizado en la Iglesia. Para este viaje no harían falta estas alforjas. Si quieren ejercer un ministerio y ser reconocidas no es precisamente para ser clero, pero en femenino.

La prioridad no es el derecho de unas personas a ser ordenadas, sino el de una comunidad a tener personas que le sirvan; es prioritario el derecho de una comunidad cristiana a celebrar la eucaristía, y muy secundario quién la presida. La cuestión de quién preside la eucaristía no puede ser el árbol que nos tapa el bosque.

Moceop tiene muy claro, en sus objetivos, que lo primero es el Reino de Dios, posibilitado desde nuestro compromiso evangelizador; en un segundo nivel está nuestro compromiso por la renovación eclesial, junto con otros grupos; y específicamente por la desclericalización de los ministerios, reivindicando la no vinculación obligatoria de ningún ministerio a un sexo o estado de vida. Esta prioridad se concreta en que muchos miembros de MOCEOP (y comunidades…) están más comprometidos en causas sociales que eclesiásticas.

Y en sus presupuestos, lo primero que afirma y defiende rotundamente es la dignidad de ser personas, por encima, por tanto de normas, leyes, tradiciones, dogmas, estructuras o prejuicios. Esto se aplica a lo religioso, a la orientación sexual, o a cualquier ideología.

Por qué precisamente el celibato

Moceop; mantenemos el nombre y la reivindicación no porque sea lo que principalmente queremos conseguir, sino porque creemos que cuestionando la norma del celibato obligatorio atinamos a incidir en el puntal que, suprimido, o al menos cuestionado, tambalearía el sistema eclesiástico clerical. En la norma del celibato obligatorio se sustenta la división clasista en la Iglesia entre clero y laicos. La Iglesia se configura así de hecho como una celibatocracia: son sólo hombres y sólo célibes los que realmente deciden y mandan en la Iglesia. El Papa nombra obispo para una diócesis que en muchos casos ni siquiera es la suya. El obispo nombra párrocos o los traslada, en casos, sin contar para nada con la comunidad parroquial. El cura hace y deshace en su parroquia sin tener que rendir cuentas más que a su obispo. ¿Qué democracia es ésta?

Cuestionar el clericalismo, del que el celibato obligatorio es un puntal, conlleva también cuestionar el patriarcalismo y el machismo que hay detrás: en la Iglesia es notoria la misoginia institucional: la mujer es vista como peligro, despreciada como incapaz, marginada y excluida de los ámbitos de decisión, y de pensamiento. Es, eso sí, ensalzada como madre, o como virgen consagrada; pero no incorporada a la estructura de la Iglesia, totalmente masculina.

Otro tanto podemos decir de la patológica homofobia eclesiástica, con el “inri” de la hipocresía y el cinismo. Hablan de respeto a las personas homosexuales, pero nos resuenan las palabras de Jesús: “Lían fardos pesados y los cargan en las espaldas de los demás, mientras ellos no quieren empujarlos ni con un dedo” (Mt 23,4) ¿Por qué se excluye de la ordenación ministerial a las personas que se manifiestan como homosexuales? ¿Hay alguna razón?

Más que una reivindicación

Moceop surgió hace ya más de 25 años, como un movimiento reivindicativo y de apoyo a compañeros que en un determinado momento de su vida se cuestionaron el celibato, pero no se cuestionaban su disponibilidad para el ministerio presbiteral. La dispensa del celibato (pedida en unos casos; en otros, no; concedida en unos casos, en otros, no) conllevaba canónicamente la “reducción al estado laical”. Esa fue una primera paradoja: ¿es “menos” ser laico que ser clero?. Pues dejamos de ser clero. Somos laicos, (somos ”Pueblo de Dios”), volvemos a ser lo que nunca debíamos haber dejado de ser. Ese fue un primer filón de reflexión teológica que nos fue llevando a cuestionar la eclesiología de clero y laicos para ir planteando una eclesiología de comunidad y ministerios, donde no haya la división clasista de que unos son más que otros, sino todos iguales en dignidad (el sacerdocio común de los fieles), y diversos en carismas y ministerios. Es la comunidad cristiana quien estructura los ministerios que necesita y las personas que los pueden ejercer. Por eso Moceop apuesta por la pequeña comunidad cristiana como ámbito más adecuado para un nuevo ministerio desclericalizado. Desde la experiencia de comunidad entendemos la Iglesia como comunidad.

En esa perspectiva, se abre el horizonte de que la Iglesia, y nosotros en ella, hemos de encontrar el núcleo de nuestra fidelidad evangélica sobre todo en la opción por los pobres. De nada sirve que el celibato sea opcional, o que la iglesia se democratice o modernice, si no es para que sea más fiel a su misión evangélica: proclamar la buena noticia a los pobres, la liberación de los oprimidos… (Lc 4,18) y el anuncio del Reino de Dios concretado en signos liberadores. La opción por los pobres es la prueba fundamental de fidelidad evangélica.

Desclericalización

Uno de los aspectos que configura el clericalismo es la profesionalización del ministerio: ejercer el ministerio como una profesión convierte al sacerdote en funcionario de la Iglesia. Ejercer el ministerio como un trabajo profesional convierte la religión en un modus vivendi: vivir de la religión, vivir del altar, lo cual en una sociedad secular, laica, hace de la religión una mercancía más, echando a perder la gratuidad del Evangelio como Buena Noticia.

Ese clericalismo no depende sólo de la actitud de las personas: no es cuestión de que el cura sea más o menos mandón o abierto. Es la estructura misma de la Iglesia la que es clerical: ella hace que el cura, por majo que sea, al final es el cura, y es quien decide. ¿O hay alguna parroquia en la que realmente se hace lo que decida la comunidad parroquial?

En esto, los curas obreros han sido pioneros en vivir el ministerio como un servicio gratuito, desprofesionalizado, encarnándose en un mundo obrero secularizado, con un trabajo profesional civil con el que ganarse la vida y además vivir la fe y un ministerio de encarnación y evangelización. Ser “uno de tantos” es la condición previa para anunciar el evangelio no desde el púlpito sino desde la vida compartida. Con metáfora evangélica, no es en la Jerusalén del Templo y del poder, sino en la Galilea de los gentiles, en la periferia de la marginación, donde escuchamos la llamada de Jesús: “Id a Galilea; allí me veréis” (Mt 28,10).

Curas obreros y curas casados somos en este sentido “primos hermanos”; de hecho, coincidimos en el colectivo de curas obreros un significativo número de curas casados; y en Moceop participan también curas obreros célibes y casados. Ambos colectivos compartimos planteamientos muy similares en muchos temas, y experiencias vitales muy próximas. ¿Por qué a la Iglesia no le ha gustado ni una ni otra opción, y ha propiciado un clero dedicado a lo eclesiástico, dejando sólo para los laicos los compromisos civiles o seculares?

En muchos de nosotros, al dejar el celibato o alcanzar la secularización, empezó un proceso de conversión personal para superar la formación, los prejuicios, los condicionamientos de ser “clero” y para descubrir un nuevo ministerio no clerical.

Cuando hablamos de desclericalización no nos referimos sólo a los curas secularizados. Hay mucho clericalismo también en muchos laicos y laicas que aceptan pasivamente esa división entre clase docente y clase discente, los que dirigen y los que son dirigidos, los pastores y la grey…, aceptando una sumisión, una dependencia y una minoría de edad, que creemos impropias de una comunidad de personas creyentes adultas, de iguales y coorresponsables

El Obispo , poeta y profeta, Pere Casaldáliga tiene un breve poema que dice: “Dios nos libre de seglares con sotana en el espíritu. Dios nos libre de curas sin Espíritu Santo. Dios nos libre de espíritus sin la carne de la vida”.

Las mujeres, protagonistas de primera

En Moceop han tenido un papel muy importante las mujeres. No sólo las mujeres de curas para “desclericalizar” a sus compañeros, sino las mujeres como personas comprometidas con una causa, como protagonistas. Unas son compañeras de curas, otras no. Moceop ha dejado de ser un movimiento de curas casados, para ser un movimiento de renovación eclesial, en el que participan sacerdotes célibes y casados, mujeres compañeras o no de sacerdotes, y personas miembros de comunidades de base. Ha sido ámbito para la participación igualitaria, para la libertad, para la imaginación y la creatividad…Por eso Moceop ha estado íntimamente vinculado con los movimientos de mujeres, dentro y fuera de la Iglesia: dones creients, mujeres y teología, movimiento feminista…

Teresa Cortés al recibir el premio Alandar en nombre de Moceop, el mes de junio, decía: “Nos ha costado mucho desclericalizar a nuestros maridos y ahí hemos estado las mujeres para que tomaran conciencia de que estaban en el mundo y de que el mundo no era el púlpito ni ese ámbito de aislamiento donde meten a muchos curas. Yo quiero agradecer mucho a todas las mujeres que han trabajado en el MOCEOP porque considero que éste es uno de los movimientos más libres que conozco, se atreve a decir lo que piensa, lo que siente, y, sobre todo, se atreve a vivirlo. Se atreve a vivir la igualdad entre hombres y mujeres, se atreve a que una mujer presida la eucaristía, se atreve a que una mujer desarrolle su carisma en el culto”.

La disidencia

Si Moceop se hubiera conformado con la reivindicación puntual del celibato opcional, no habría sido tan incómodo en la Iglesia. Pero al cuestionar la estructura clerical ha sido una disidencia mal vista y no aceptada por la Jerarquía. Y especialmente porque no ha sido una disidencia meramente teórica, sino práctica. Sin pedir permiso al Obispo se ha empezado a funcionar de forma distinta a la permitida. En Moceop siempre hemos pensado que la vida va por delante de las leyes, y, en cristiano, el amor y el evangelio, muy por delante del Derecho Canónico. Hemos preferido hacer camino al andar que esperar a que cambie el Código de Derecho Canónico o venga permiso de Roma para un ministerio diferente. Esa ha sido nuestra experiencia en pequeñas comunidades cristianas, y es la oferta eclesial que hacemos: hacer ya iglesia de otra manera.

Pero esto, no a la ligera, sino “con fundamento”.

-En primer lugar tenemos la referencia a Jesús de Nazaret que fue un disidente con la religión y con el poder establecido: cuestionó una religión sin corazón, sin humanidad; puso por delante a las personas, especialmente a las más marginadas, desobedeciendo si era preciso leyes y normas; denunció la hipocresía de los dirigentes legalistas y se acercó a las personas excluidas y malditas; rompió moldes machistas aceptando a las mujeres en su grupo y haciéndolas las primeras testigas del mundo nuevo inaugurado con su resurrección…

-En el nuevo testamento vemos disidencias entre Pedro y Pablo, entre las comunidades del ambiente judío y las del mundo helénico, entre los carismas y las teologías de Juan, de Santiago o de Pablo.

-Los antiguos Santos Padres ya decían “conviene que haya herejes”, y hubo sus discusiones teológicas entre diferentes concepciones. Toda la historia de la Iglesia es un vaivén de reformas y contrarreformas. Lo lamentable es cuando la Iglesia, para evitar disidencias, establece una ortodoxia tan rígida e intransigente, que acaba siendo contraproducente: ni evita que surjan nuevas disidencias, ni su pretendida ortodoxia acerca más a la verdad del Evangelio.

Nuestra fe no depende del Vaticano

- Hoy día, el Papa advierte desde el inicio de su pontificado de la “dictadura del relativismo”. Si lo contrario de relativismo es absolutismo, y lo contrario de dictadura es democracia o libertad, ¿qué propugna el Papa: la libertad del absolutismo, la democracia del absolutismo? ¿cómo se come eso?

- Creemos que en la estructura actual de la Iglesia, el Papado se ha convertido en una monarquía absoluta, con tal rigidez dogmática que recuerda la nada santa Inquisición de otros tiempos, acompañada de movimientos que se suele llamar neoconservadores, y que a veces parecen más papistas que el papa. Todo eso no evita que haya de hecho una disidencia dentro de la Iglesia, una disidencia consciente y comprometida, pero también un gran desencanto en mucha gente, una desafección, una indiferencia que muestra la no credibilidad de la institución eclesial en muchos ámbitos sociales. Las condenas del laicismo, de la descristianización denotan más su propio miedo a perder sus privilegios y su poder, que una verdadera fe en la capacidad transformadora del Evangelio como buena noticia liberadora.

Aún está reciente la estampa de los funerales del Juan Pablo II y la toma de posesión del nuevo Papa. Ver la Curia con sus ropajes, y ver a los más poderosos de este mundo en el Vaticano es todo un signo de lo que es la Iglesia-Institución hoy. Ver una Iglesia rica, poderosa, arrimada a los poderes de este mundo y encastillada en sus dogmas e instituciones muchas veces anacrónicas, no suscita credibilidad sino perplejidad y escándalo, o rechazo e indiferencia, en muchas personas creyentes y no creyentes. ¿Cómo podemos estar de acuerdo con esa imagen de Iglesia?

- Más en concreto, en la Iglesia española, la disidencia no es sólo un derecho genérico, sino que muchas personas la sentimos como una necesidad de conciencia. Nos duele que sociológicamente e ideológicamente se identifique a la Iglesia con la extrema derecha. Nos duele que los obispos demasiadas veces se definen con posturas sumamente reaccionarias, y bien pocos de ellos disienten abiertamente. Muchos cristianos y cristianas, que nos sentimos de izquierdas, con pluralismo de posturas, hemos expresado nuestra disidencia eclesial con nuestros obispos (Moceop entre otros colectivos), por ejemplo respecto al tema de los matrimonios homosexuales, las clases de religión, la financiación de la Iglesia con los acuerdos con el Estado, la presencia militar en actos religiosos, etc.

Disidencia y coherencia

Entendemos la disidencia no como un simple ir en contra de lo establecido, sino revisarlo críticamente, y, a la luz del Evangelio, buscar lo que sea más coherente. La disidencia es pues una cuestión de coherencia personal y grupal, y una cuestión de fidelidad a lo más profundo de la tradición recibida. Y es también, por qué no decirlo, una forma de amor a la propia Iglesia: porque la queremos nos duelen sus defectos y la queremos mejor de lo que la vemos, y estamos dispuestos a transformarla. Si no, sería más cómodo aceptarla resignadamente como está, o darla por imposible y abandonarla.

La fe no es simplemente una doctrina a seguir fielmente, sino una fidelidad al camino indicado por Jesús. El cristianismo no es una religión con unos dogmas absolutos, unas creencias incuestionables, unas leyes inevitables, una institución divinizada. La Iglesia es una institución que se ha ido conformando durante siglos, con tradiciones recibidas y con aportaciones nuevas. Pero es más que una Institución: es un misterio, es la comunidad de las personas creyentes en Jesús, animada por su Espíritu. Creemos que la fidelidad a la tradición no es conservarla congelada ni anquilosada, sino viva. El respeto a la tradición recibida comporta seguir enriqueciéndola con nuevas aportaciones para transmitirla a quienes vengan detrás, actualizada, que responda a los signos de los tiempos de cada momento histórico.

El Concilio Vaticano II, una referencia importante

El Concilio Vaticano II supuso para la Iglesia un abrir puertas y ventanas, una apertura al mundo y a los signos de los tiempos, y una renovación en la visión que la Iglesia había de tener de sí misma y del mundo. Fue más un “espíritu” que una doctrina o unas normas.

Desgraciadamente, pronto empezaron las reticencias, que luego se convirtieron en freno y luego en marcha atrás. En los años de la transición, el famoso cardenal Tarancón decía que algunos obispos españoles tenían tortícolis de tanto mirar a Roma. Hoy, en algunos, esa tortícolis ha derivado en hemiplejia, pues parece que sólo mueven la parte derecha. Creemos que el pontificado de Juan Pablo II y los antecedentes y los indicios del actual han marcado una involución enorme. Así que nuestra esperanza de que de Roma venga ninguna renovación es mínima, aunque creamos en el Espíritu Santo y en los milagros.

Renovación eclesial, un proceso abierto

Hoy parece paradójico que se formule como progresista reivindicar algo de hace 40 años, con lo que ha cambiado el mundo en este tiempo. Juan XXIII hablaba de “aggiornamento”: puesta al día. Yo creo que la fidelidad al propio espíritu conciliar estaría hoy no tanto en “cumplirlo” ni “recuperarlo”, cuanto en “superarlo”. El día de hoy tiene retos y necesidades diferentes a hace 40 años. Es por eso que ya va surgiendo en ámbitos eclesiales de base la propuesta no tanto de un nuevo concilio (que en estos momentos sería de reafirmación de la restauración dominante), sino de un proceso conciliar, de abrir cauces de reflexión, de opinión, de debate, de participación de todos los sectores eclesiales… que podrían culminar, con tiempo, en un nuevo concilio que se planteara y buscara respuesta a los nuevos signos de los tiempos que hoy interpelan a la Iglesia. Ese proceso lo estamos haciendo ya, por ejemplo con esta reflexión y debate.

La Iglesia necesita este proceso de renovación, en primer lugar por salud propia, para no encerrarse en el búnker de su propia adoración; y para no convertirse en una gigantesca secta, alejada del espíritu del Evangelio de quien llama su fundador. Y en segundo lugar (pero más importante), para estar en condiciones de poder cumplir su misión de anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios y comprometerse en irlo construyendo ya, siendo ella misma signo y testimonio de lo que proclama.

Disidencia constructiva

Al mirar hacia atrás y repasar los disparates que se han hecho en la historia, no lo hacemos con ira, sino más bien con un toque de humor y de relativismo. La historia avanza despacio y a trompicones. Antes quemaban a los herejes; luego, sólo quemaban sus libros. Ahora hay otras formas de represión, a veces más sutiles, pero también crueles. Aún así creemos que la libertad avanza con el empuje de muchos (“pero habrá que forzarla para que pueda ser”).

Al futuro preferimos mirar con esperanza no en las probabilidades (que a veces son pocas o pesimistas), sino en el factor sorpresa de que el Espíritu sopla donde quiere, y que Dios a veces escribe recto con renglones torcidos.

Y al mirar el presente, la realidad eclesial general, lo hacemos con un realismo crítico; aceptamos que la realidad es la que es, pero no la aceptamos como definitiva, sino como punto de partida para cambiarla.

La Iglesia es a la vez institución y profetismo. Como ya hay quien se encarga de defender y consolidar la instancia institucional, creemos que a otras personas y grupos nos toca cultivar la instancia profética, y ello conlleva denuncia y anuncio, protesta y propuesta.

Para eso preferimos una postura positiva y constructiva, de hacer lo que creemos y podemos, de encontrar sentido a lo que estamos haciendo más que a los resultados. A veces toca sembrar, no cosechar, y hacer camino al andar.

Eclesialmente, estamos convencidos de que somos Iglesia y hacemos Iglesia: ni nos excluimos ni nos dejamos excluir. Tampoco excluimos ni condenamos, aunque protestemos, critiquemos y denunciemos. No pretendemos imponer nuestro modo de ver, pero tampoco renunciamos a ser lo que somos, y a caber en la Iglesia siendo diferentes. Ofrecemos nuestra experiencia como una aportación al pluralismo y a la comunión eclesial.

El margen, lugar privilegiado

Algunos grupos críticos nos sentimos realmente marginados. Hablo de CCP, Moceop, grupos homosexuales cristianos, Somos Iglesia, incluso curas obreros (y nombro sólo aquellos en los que yo estoy más o menos implicado). Por parte de la jerarquía nos sentimos ninguneados, cuando no excluidos y condenados. No somos clandestinos, no nos ocultamos, ni huimos ni nos salimos. Pero es la Institución la que nos condena a la clandestinidad. Experimentamos la realidad eclesial como un invierno. Lo lamentamos, pero tampoco lo vivimos con resentimiento. El hermano Roger, de Taizé, a quien recordamos con admiración, auguraba una primavera de la Iglesia. Eso es lo que esperamos, cuando pase el invierno. La esperanza es aspirar a lo que no se ve; lo que se ve ya no es objeto de esperanza.

Sintiéndonos tan al margen eclesial, ahí hemos ido encontrando nuestro sitio en la Iglesia: somos marginales; estar en la periferia nos hace sentirnos más cerca de los excluidos, de los que están fuera del sistema. Y ellos son los privilegiados para el Reino de Dios. Ellos nos transparentan a Dios a veces más y mejor que la propia Iglesia, que en vez de ser signo transparente, se hace opaco y tapa lo que debería mostrar.

Frente a la resistencia de la Jerarquía a aceptar nuestros planteamientos y sobre todo nuestra praxis, ha sido sorprendente en cambio, cómo los grupos y comunidades de base, y una buena parte de opinión pública ha ido aceptando con toda naturalidad nuestros planteamientos y experiencias, sin escándalos como algunos agoreros pronosticaban, y con más sentido común que planteamiento teológico. Tampoco nosotros hemos pretendido nunca provocar ni a la Jerarquía con enfrentamientos inútiles, ni a la gente imponiendo planteamientos o prácticas que no estuvieran consensuadas por los grupos o comunidades en que vivimos y que nos conocen y aceptan. Creemos que el avance ha de ser con naturalidad, con respeto, con diálogo, con testimonio y coherencia.

Otra Iglesia es posible y otro mundo es posible

Creemos que la Iglesia no ha de mirarse tanto a sí misma, ni los cristianos encerrarnos en nuestras capillitas. El reto para que la Iglesia se renueve es “descentrarse”: poner el centro fuera de sí: mirar al mundo, descubrir los signos de los tiempos que la interpelan y procurar responder a ellos.

¿Qué signos?

- El primero, el más grave, el insoslayable, es el creciente abismo entre ricos y pobres, entre personas, países, continentes… ricos y pobres. Pero hoy con la conciencia más clara que la riqueza de unos es a costa de la pobreza de otros. Y que el hambre y la muerte prematura y violenta de millones de personas, el desplazamiento y emigración de millones de personas… es responsabilidad de todos. También de la Iglesia.

- Otro signo; la globalización, que en su faceta más neoliberal es dejar manos libres a las multinacionales económicas, por encima incluso de los estados, para hacer y deshacer a su antojo, incluso a costa del expolio de la naturaleza, del empobrecimiento de países enteros, del incumplimiento de los compromisos internacionales (ONU, KYOTO, objetivos del milenio…). Pero puede haber una globalización de la solidaridad: Hacer una familia humana más humana es puro evangelio.

- Otros muchos signos, tal vez menores en tamaño, y esta vez en positivo: el ansia de paz, la mayor sensibilidad ecológica de mucha población, la creciente conciencia solidaria universal, la exigencia de respeto a los derechos humanos; la creciente conciencia de igualdad de las mujeres; la necesidad de la democracia como participación responsable de los pueblos en sus destinos, el respeto a las minorías, el necesario diálogo interreligioso…

Una utopía en el horizonte

Hemos empezado hablando del celibato, y acabamos cuestionando el nuevo orden mundial.

El celibato opcional resulta una pequeña utopía, no por inalcanzable, sino porque abre el horizonte para mucho más. Al final resulta, que lo del celibato opcional casi es lo de menos, pero nos ha servido de motivo para soñar una Iglesia diferente y un mundo más humano. Otro mundo es posible. Otra Iglesia es posible, y necesaria. La prueba de que es posible es que la estamos haciendo ya: muchas personas y comunidades, con muchos defectos, estamos siendo iglesia de otra manera.

Pero el horizonte es mucho más amplio aún. Porque la Iglesia no tiene por fin servirse a sí misma. Aunque consiguiéramos una Iglesia democrática, igualitaria, participativa, ¡y con celibato opcional!…, si no es para que la Iglesia pueda servir mejor a la Causa del Reino, que es la Utopía evangélica de una sociedad más justa, una familia humana más humana… Si la Iglesia no sirve para eso, no sirve para nada.

Al final te das cuenta de que la utopía no está ni siquiera en conseguir lo que quieres, sino que está en el camino mismo. Pero para caminar, hay que soñar con llegar. Como Ulises en su azaroso viaje a Ítaca. “Ítaca t’ha donat el bell viatge, sense ella no hauries sortit. I si la trobes pobra, no és que Ítaca t’hagi enganyat. Savi, com bé t’has fet, sabràs el que volen dir les Ítaques”. O en palabras de Eduardo Galeano: La Utopía, “Ella está allí, en el horizonte. Doy dos pasos, y ella retrocede dos pasos. Avanzo diez pasos, y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo avance, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve entonces la utopía? Para eso sirve… Para caminar“. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*http://www.uv.es/cultura/c/docs/actdebatescast



la sierra

EL MITO DE LA SIERRA

JUAN CARLOS ESPINOZA

MICHOACÁN (MÉXICO).

ECLESALIA, 21/10/05.- “Para una auténtica promoción humana, la Iglesia quiere apoyar los esfuerzos que hacen los pueblos... a fin de garantizar el derecho que tienen de vivir de acuerdo a su identidad, con su propia lengua y costumbres ancestrales, y de relacionarse con plena igualdad con todos los pueblos de la tierra. Por tanto asumimos los siguientes compromisos: -Superar la mentalidad y la praxis de desarrollo inducido desde fuera, a favor del autodesarrollo a fin de que estos pueblos sean artífices de su propio destino...” (Sto. Domingo 251).

Esta historia tan cierta como el sol empezó muchas lunas atrás cuando la tortilla y el pan servían de alimento y de unión. Quisimos extender el evangelio (que significa Buena Nueva) hacia todos los pueblos de la tierra pues ése era el mandato principal de nuestro Hermano Mayor. Por siglos, el mensaje fue aceptado tal cual. Hicimos de los pobres nuestra opción preferencial (al menos en teoría) y enarbolamos la bandera de la comunión mediante la imposición.

Las comunidades poco a poco se fueron adaptando al mensaje o, lo que es lo mismo, se fueron sometiendo a la cultura, el lenguaje, las tradiciones y hasta a una nueva manera de experimentar a Dios. Paulatinamente las tradiciones ancestrales fueron dando paso a la verdadera y única religión (que irónicamente significa atar). Los símbolos y sentidos propios de su cultura fueron desapareciendo ante el peso de la Palabra y se fueron enriqueciendo con algunos aportes cristianos. La concepción que manifiestan ante los principales problemas de la existencia y su relación con Dios Padre-Madre se fue depurando y pasó por el filtro de la ortodoxia. Una cultura tan compleja y variada en contenidos éticos fue condenada a desaparecer en nombre de la vera religión.

La conciencia implícita de oprimido-opresor fue puesta en práctica con sus consabidas consecuencias. Abrimos los ojos y las conciencias de nuestras comunidades autóctonas para insertar en ellos la dignidad de ser hijos en el Hijo. Luchamos por mantener vivo el recuerdo de Aquél que un día vino y nos dejó pero que sigue estando entre nosotros en el otro. Los cielos nuevos y la tierra nueva prometidos por nuestros profetas estaban tomando ciudadanía y podíamos palparlos.

Y así... entre cantos de ironía y de tristeza, el mensaje llegó y se implantó.

Nació pues otra historia de despojo y de apoyo, de muerte y de vida, de odio y de amor. La historia vieja daba paso necesario a lo que venimos a ofrecer como nuevo... (y es que no se puede poner vino nuevo en odres viejos, es fundamental en todo proceso ofrecer el vino y los odres nuevos). La lengua desapareció igual que las ganas de estar. La identidad se vio entrampada en un laberinto del cual era difícil salir. Las costumbres se apagaron al igual que el sol al comenzar la noche...

...pero hubieron grandes hombres que lucharon por volver a las fuentes. Tomaron partido por los oprimidos concientizándolos de su labor importante dentro de la Iglesia. Grandes hombres que quedaron grabados en la memoria y en el corazón de nuestra gente. Hombres que siguieron con la misma patología básica pero que estaban con...

La teología de la liberación nacida en un contexto de opresión en nuestras comunidades latinoamericanas ha producido gran cantidad de textos sociales y teológicos que quieren iluminar el caminar de ellos con el pueblo y la posible liberación integral de nuestra gente. Entre los puntos a reflexionar está la liberación integral del hombre a la luz del Evangelio que se planta ante ellos como una propuesta humanizante y renovadora de la situación vigente. Claro está que tomada en serio la propuesta tendría unas consecuencias de confrontación con todo lo que huela a opresión-dominación. Y así, los sistemas clásicos empezarían a debilitarse por el peso del Evangelio y el sistema imperante se desquebrajaría poco a poco. Se identificarían los mecanismos que generan el empobrecimiento y con el planteamiento de problemas tan candentes debilitarían, necesariamente, la soberanía del poder reinante... y los sistemas comenzarían a desmoronarse. La crítica llegaría también a las estructuras internas de la Iglesia pues al hacer de los pobres una opción preferencial, implícitamente, se tendría que renovar toda la producción teológica que se realice y la consiguiente puesta en práctica en las comunidades.

Más actualmente siguen transmitiendo el Evangelio (que significa Buena Nueva) y se presentan ante nosotros como los luchadores que hombro con hombro, enfrentan las adversidades propias de la era trans-moderna (como algunos han llamado ya a esta época sin hilo conductor) y se erigen (nuevamente) en pequeños fetiches de carne y hueso que tratan de suplir a los verdaderos ídolos de piedra que antes veneraban. Y entre azul y buenas noches se comienza a trabajar en un "proceso" por el cual y mediante el cual se tratará de recuperar la dignidad perdida.

Se implantan nuevamente métodos que redundan en el beneficio de todos (al menos en teoría) y se elaboran las normas y líneas fundamentales que darán paso a una nueva Civilización que refleje la utopía de Isaías (65,17ss). La adaptación se respira en un ambiente apologético en ambos extremos. Se trata de liberar al pueblo pero desde una conciencia muy propia, con unos matices implantados en épocas anteriores que dejan de lado completamente a los miembros del pueblo. Algunos sacerdotes se convierten en una especie de Pantocrator que está generando la misma situación de oprimido-opresor solo que de una manera más comprometida (al fin de cuentas la situación persiste) en tareas propias del pueblo. Nacen caciques modernos sobre los cuales giran las acciones pastorales y sin los cuales el progreso no podría ser. Situación tan peligrosa y tan arraigada en nuestras comunidades purépechas.

El gran Jubileo celebrado en la Villa de Guadalupe el 9 de Diciembre del 2000 recordó a los pueblos indígenas su dignidad como seres humanos y se les invitó a que fueran ellos mismos sujetos de desarrollo. Se dijo que las semillas del verbo actuaban como aliciente en su cultura. Y aquello que se erigió (originalmente) como fermento de libertad y de progreso, de fraternidad, de unidad y de paz (Ad gentes 8; Cf. Evangelii nuntiandi 31) hoy sirve de justificación para formas de dominación.

El mito de la sierra toma un matiz especial y se convierte en especie de tabú hacia las estructuras internas de la Iglesia. La sierra aparece ante nosotros como el "verdadero" campo de trabajo y, con esta justificación poco común pero muy convincente en nuestro ambiente, se pueden estar elaborando las bases de una auténtica dominación eclesiocentrista muy contraria a lo que realmente se cree que se hace. Pero comamos y bebamos... (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


alcanzada

MARÍA MAGDALENA: APÓSTOL DE LOS APÓSTOLES
EMMA MARTÍNEZ
MADRID.

ECLESALIA, 20/10/05.- Después de la profunda emoción del encuentro con el Resucitado, Él me confiere una misión > era la confirmación de mi misión como apóstol de mis hermanos los apóstoles. Yo, era enviada a proclamar la gran noticia: que Jesús había resucitado de entre los muertos y nos esperaba a todos/as en Galilea.

Se me confiaba la gran misión de ser testigo de lo que había “visto” y “oído” la nueva identidad de Jesús, el Crucificado era el Resucitado.

Parecía que la última palabra sobre la vida era la muerte y el poder de los poderosos. Pero, ahora, sabíamos que eso no era verdad, esas son palabras penúltimas, las últimas se las reserva Dios el Dios de los vivos, el que resucita a los muertos. La última palabra no es muerte sino Vida Plena.

Lo mataron pero Él no está muerto. La asesinaron, pero sigue actuando con su fuerza salvadora, está vivo y nos llama a todos a la Vida.

Con el corazón desbordante de alegría corrí a comunicarle a Pedro y a los demás discípulos que Él había resucitado. Mi corazón desbordaba de alegría de pronto comprendí las palabras de Jesús: ¡Felices los que lloran porque serán consolados! Era verdad, yo había llorado mucho pero su consuelo ahora desbordaba con creces el dolor, mi llanto se había convertido en gozo.

Entré donde ellos estaban y les dije que había visto al Señor y les comuniqué todo lo que Él me había dicho. No podían creerme, era demasiado para ellos y era demasiado para mí. ¿Cómo yo, una mujer, iba a ser la primera depositaria de esa revelación?

De todos modos Pedro y Juan salieron hacia el sepulcro y aunque ven las cosas tal y como les dijimos, no pueden creerlo. Como mucho, como dirán después los discípulos de Emaús, les dimos “un susto”, pero… creer que la revelación de Dios acontece en dónde ellos sólo ven irrelevancia, no poder, no saber… ¡eso no!

Pero eso no les pasó sólo a ellos, ¿no te pasa también a ti lector/a que sigues esperando que las grandes y significativas noticias vengan de “los importantes”, los que tienen autoridad, poder, “sabiduría”? Pues, una vez más, la Vida se estaba revelando a los pequeños, a quienes la sociedad no considera significativos, ni “valiosos”.

No sé si puedes hacerte una idea de lo que esa experiencia supuso para mi vida, quizá si algún día te has sentido como yo, ante una tumba vacía, al límite de tu dolor y de tus fuerzas y alguien te llama por tu nombre y te devuelve la esperanza y la Vida… entonces, si sabrás de que te estoy hablando.

Hoy recordando la mañana de Pascua, te grito: Así como Dios actuó en Cristo, así también actúa en nosotros. “Su” Padre, es “nuestro”, Padre “su” Dios es “nuestro” Dios. Nuestra vida como la suya está en sus manos y nada ni nadie se la va a arrebatar. Esta era la BUENA NOTICIA definitiva, EL AMOR ES MAS FUERTE QUE LA MUERTE.

No lo olvides nunca ni en los momentos en los que es fácil creerlo, ni en los que resulta duro y difícil.

Me despido de ti querido/a lector/a, deseo que mi experiencia provoque en ti una llamada y buscar y seguir a Jesús con la pasión con la que yo le busqué y le encontré, porque antes yo había sido ya alcanzada por Él.

María Magdalena

- - -> Enma Martínez: EMMAMART@teleline.es

las cosas

EN CASO DE EXTREMA NECESIDAD, ¿DE QUIÉN SON LAS COSAS?
JOSÉ IGNACIO CALLEJA, Profesor de Moral Social Cristiana
VITORIA (ÁLAVA).

ECLESALIA, 19/10/05.- La mayoría de nosotros estamos viviendo lo de las deportaciones de inmigrantes africanos con verdadero estupor. Es un dolor moral que casi podemos sentir de forma física.

Oímos noticias de destierros que no queremos asumir y vemos unas imágenes que no podemos reconocer. Pero las noticias son ciertas y las imágenes nos inculpan.

Vamos a dejarnos de disculpas. Que si es competencia de Marruecos. Que si tiene unos compromisos internacionales que no cumple. Que si hace la vista gorda y presiona para lograr más ayuda de Europa. Que si aspira a hacerse con Ceuta y Melilla. Bien. Enredos políticos. Interesante.

Pero la gente, la gente que huye de la miseria de África, está ahí, con todos sus derechos de persona y con toda la urgencia de un estado de necesidad. Y en caso de extrema necesidad, todos los bienes de la tierra son comunes, hasta cubrir los mínimos de una vida digna del ser humano.

La tradición moral cristiana, y en esto sólo apela al sentido común de las cosas, enseña que, en caso de extrema necesidad, el derecho al uso común de los bienes de la tierra es anterior a los demás derechos sobre ellos. La propiedad privada y los derechos derivados de la soberanía de los Estados son derechos subordinados. Es antes, por tanto, atender las necesidades extremas de esta gente, que valorar si es legal o ilegal su entrada en España; es antes atender esas necesidades extremas que si nos viene mal o bien que vengan.

Hay derechos de propiedad y de soberanía en nuestras sociedades que representan tanto poder que, en su forma actual, pueden y deben considerarse estructuras de opresión humana. En lenguaje del cristianismo, estructuras de pecado, es decir, pecados que han cristalizado como estructuras de esclavitud contra los pobres.

Se dice que el problema es muy complejo, y es cierto. Pero se están proponiendo medidas, en especial con respecto a África, que no son tan difíciles. Es la hora de exigirlas y pagarlas.

Decimos, “que lo hagan, los políticos”. Pero los políticos son nuestros políticos, alguien los elige, o ¿no? Y si los políticos necesitan más dinero, alguien tiene que ahorrarlo, o ¿no? Y si el comercio internacional es más libre para todos, alguien tiene que permitirlo, ¿o no? Decimos, que ahorren los gobernantes de lo suyo, sobre todo, en festejos y boato. Cierto. Pero en algo nos tocará a nosotros, ¿o no?

Valga decir la verdad: Zapatero y otros hacen, en buena medida, lo que nosotros pedimos, porque, en caso contrario, los echamos. Los echamos nosotros y hacemos así el trabajo sucio de los poderosos. Los echan ellos, pero valiéndose de nosotros y de nuestro miedo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

denario justo

denario justo

LA IGUALDAD: DENARIO DE LA JUSTICIA DE DIOS
Mt 20, 1-16

JOSÉ RAFAEL RUZ VILLAMIL, jrrv@sureste.com
YUCATÁN (MÉXICO).


ECLESALIA, 18/10/05.- La situación socioeconómica del sector agrícola de la Galilea del siglo I viene a ser el contexto natural de la parábola que me ocupa, conocida como “los obreros de la viña”; situación que —según la mayor parte de los estudiosos actuales del medio de Jesús de Nazaret— tiene como rasgo característico la desigualdad traducida en “la fuerte polarización entre el rico propietario y el jornalero miserable en una situación realmente precaria. Incluso el pequeño propietario independiente, que explotaba su terruño para alimentar a su familia, no se encontraba al abrigo de la miseria. Los impuestos a pagar eran sin duda pesados: había que llenar las cajas de los romanos y de Herodes, y podemos pensar que a ellos se añadían con frecuencia otras tasas ocasionales. Bastaba una mala cosecha o una enfermedad, para que se degradase el estatus social del campesino; desposeído de sus tierras, podía convertirse en colono de las mismas si tenía suerte; si no, entraba él mismo en la categoría de jornalero agrícola” (así J. Schlosser, Jesús, el profeta de Galilea, Salamanca 2005). Vale añadir que la formación de latifundios es consecuencia directa de haber convertido en papel mojado la Ley del Año Jubilar, ordenada por Yahvé en el Levítico: «La tierra no puede venderse a perpetuidad, porque la tierra es mía, y vosotros sois forasteros y huéspedes en mi tierra» (25,8-55).

En el mismo orden de cosas, el denario, moneda romana estándar en la cuenca del Mediterráneo en el siglo I y acuñada en plata por el emperador romano, acaba siendo la unidad monetaria corriente usada como referencia para el valor de cambio en el incipiente sistema monetario-capitalista de la Palestina de entonces: un denario es la paga habitual por un día de trabajo a un jornalero. Así, para una familia con cuatro adultos dos denarios suponen 3,000 calorías diarias durante cinco o siete días, o 1,800 durante nueve o doce. Este cálculo se refiere sólo a la alimentación; no tiene en cuenta otras necesidades, como ropa, impuestos, deberes religiosos, etc. (así B. J. Malina, R. L. Rohrbaugh, Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I, Estella 1996).

Dando por sentado que en ésta, como en otras parábolas, Jesús no consagra el statu quo sino que apela a la experiencia inmediata de sus oyentes para estimular la reflexión, no deja de llamar la atención que el terrateniente de la parábola luego de contratar —por, obviamente, un denario— trabajadores al comenzar la jornada, e incluso ya entrado el día, en una segunda vuelta, a eso de la 9 de la mañana y ofreciendo a éstos “lo que sea justo”, regrese, de modo inusual, a la plaza a medio día y a las tres de la tarde con la misma oferta. Más extraño resulta que, faltando una hora para terminar las labores, llame a la viña a quienes encuentra parados en la plaza por que nadie los ha contratado. Esta contratación habla, por un lado, del hecho de que la vendimia requiere rapidez en la cosecha para recoger la uva a punto y aprovechar lo más posible la producción de la viña; pero, por otro, revela también una situación de desempleo, totalmente factible para entonces y que el agricultor en cuestión pudo haber aprovechado para obtener mano de obra por abajo del costo.

De modo sorprendente no resulta así: siendo habitual la paga al término de la jornada (cf. Lv 19,13; Dt 24,14), la orden dada al administrador de cómo pagar a los trabajadores indica que el dueño de la viña tiene alguna intención, que no es por cierto tanto que los últimos reciban su salario en primer lugar, cuanto que a todos se ha de pagar el jornal completo, cosa que produce la irritación consiguiente de quienes han tenido que fastidiarse durante doce horas, a diferencia de quienes lo hicieron solamente una, a más de haber soportado el calor del siroco, mientras los otros lo pasaron en el frescor de la tarde: doble injusticia que provoca la protesta airada en boca de uno del jornaleros agraviados (así J. Jeremias, Las parábolas de Jesús, Estella 1997).

Es esto, evidentemente, el núcleo de la parábola: con una indudable inversión de valores Jesús de Nazaret rompe la lógica que asocia recompensa con mérito, rendimiento con premio, y que priva tanto en el ámbito económico como en la esfera religiosa —de entonces y de ahora— para proponer que la medida de la retribución es, por una parte, la pura gratuidad que signa el Reino de Dios, y por otra el hombre en sí, la necesidad y el bienestar humanos más allá de la productividad en cualquier orden, siendo la premisa para semejante propuesta la praxis del mismísimo Jesús: “igual que se portó el agricultor con los últimos, se porta Jesús con aquellos que, en una evaluación normal, no tienen derecho a recompensa alguna de Dios: Jesús se dirige en nombre de Dios a los pecadores que no observan la Torá; a las mujeres y a los pobres que no pueden observarla del todo, por diversas razones; a los enfermos que son excluidos de la comunión del pueblo; y al ‘am ha’arets [miserable entre los miserables] inculto que nada sabe de la Torᔠ(así U. Luz, El evangelio según san Mateo, Salamanca 2003).

Ante el resultado evidente de la globalización del modelo económico neoliberal que aumenta, minuto a minuto, la brecha entre países pobres y ricos —y, dentro de ellos mismos, entre segmentos sociales diferenciados por la injusta distribución de la riqueza— no cabe duda que hay que leer esta parábola —de modo perentorio y urgente— como un texto privilegiado que muestra la decisión de Jesús de Nazaret de abrir el horizonte de la igualdad radical como rasgo esencial del Reino de Dios y, correlativamente, de la praxis de sus discípulos orientada, por cierto, a ajustar tanto la vida de la Iglesia como lo la dinámica socioeconómica de la sociedad a la mirada del Padre para quien todas sus criaturas valen lo mismo: el denario de Su justicia.

cristiana

El día 14 de septiembre informábamos desde nuestro informativo de la iniciativa de grupos y colectivos cristianos aperturistas que buscan coordinarse. Desde entonces recibimos en torno a setenta respuestas de suscriptoras y suscriptores interesados en contactar con la persona de contacto de su comunidad autónoma. Hemos mandado ya sus datos a los contactos de cada lugar. La iniciativa parte y es para España, sin embargo hemos recibido también adhesiones de otros países. A todas ellas, las de aquí y las de allá, les informamos que en el encuentro "Asamblea 2005" (http://www.asam2005.info) nos encontraremos las mismas personas que nos vimos en el XV Congreso de Teología para poner en común las referencias de los grupos y colectivos interesados en coordinarse.

Para más información: "Coordinación esperada" en el weblog de Eclesalia www.eclesalia.blogia.com del día 14 de septiembre de 2005. También "El alegre compromiso cristiano" en la página del periódico Alandar www.alandar.org


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EN NOVIEMBRE EN LOS QUIOSCOS
EL BLOG DE 21RS

ECLESALIA, 17/10/05.- A principios del próximo mes de noviembre 21rs, la revista cristiana de hoy se bautiza en los quioscos. Sale a la calle. ¿Una revista cristiana en la calle? Cristiana y sin complejos. Católica sin esconderse. Porque no todos los católicos piensan igual. Porque no todos los católicos piensan, sienten, viven y actúan como los sectores más "reaccionarios" de la Iglesia.

Porque se puede ser católico y mirar al mundo con alegría y esperanza. Sin condenas ni excomuniones. Como la patria común de los ciudadanos y de los hijos de Dios. Porque no buscamos imponer, sino proponer. Aportar nuestro grano de arena a la construcción de un mundo mejor.

La puesta informativa de 21rs se centra en criterios de profesionalidad y de pluralismo. En esta revista cristiana cabemos todos, excepto los intransigentes. Porque la Iglesia es la casa de todos.

Si buscas una revista de actualidad moderna, seria y atractiva a la vez. Con temas que enganchan. Con ángulos novedosos. Con perspectivas nuevas. Y con sabrosos debates de fondo. Si buscas algo de eso, 21rs es tu revista.

Si, además, buscas a los mejores columnistas religiosos, aquí encontrarás un buen ramillete de ellos. Desde José Ignacio González-Faus, a Juan de Dios Martín Velasco, pasando por Norberto Alcover, Pedro Miguel Lamet, Mercedes Navarro, Isabel Gómez Acebo, Luis González de Carvajal. Manuel Unciti, Xabier Pikaza, Javier Alvarez-Ossorio, Mari Patxi Ayerra... Sin contar con el cardenal-arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo.

Además te encontrarás con testimonios impactantes, con entrevistas a personajes que cuentan y dicen cosas y con propuestas culturales a la última en manos de Luis Algorri.

Y con un diseño excelente obra de Siro López, uno de los más prestidiosos y prestigiados diseñadores religiosos.

Todo ello bajo la dirección magistral de Fernando Abalos, Santiago López y Mari Angeles López. Con la colaboración especial de José Manuel Vidal.

Todo eso y mucho más en rs21, la revista cristiana de hoy, que te espera, a partir del próximo mes de noviembre en tu quiosco.

- - -> Para más información: http://blogs.periodistadigital.com/revista21.php