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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

del amor

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EL “VIA CRUCIS” NUESTRO DE CADA DÍA
Oración comunitaria al caer la tarde del viernes
COMUNIDAD DE BEGOÑA, encomunidad@encomunidad.org
MADRID.

ECLESALIA, 26/03/10.- En este rato de oración me propongo que pensemos nuestra vida en compañía de Jesús. El auténtico camino de la cruz lo conocemos todos. El final trágico de nuestro Señor lo tenemos presente. En la vida cotidiana encontramos momentos cargados, que no nos dejan ver el auténtico final de la historia: Jesús resucita. Nuestros días son un regalo para disfrutarlo a cada minuto. Cada momento es una oportunidad de encontrarnos con Dios y en Dios dar sentido a todo.

1ª estación: despertar a un nuevo día
El primer minuto del día, justo después de que suena el despertador o que mamá o papá me llaman para comenzar es un minuto glorioso. Cambiar de los sueños calentitos y arropados al frío mañanero y la luz tenue de la bombilla de bajo consumo que se va encendiendo poco a poco es un triunfo. Es el momento de empezar y esperar, con la canción, que “hoy puede ser un gran día”.

2ª estación: ponerse en marcha
La ducha, el desayuno, vestirme y dejar todo listo para salir de casa son cosas tan cotidianas que se parecen de un día a otro sin darnos cuenta de que el tiempo pasa. Vamos de forma casi automática haciendo estas tareas y cogiendo fuerzas para no desfallecer en las primeras horas de la jornada.

3ª estación: acudir al trabajo o al cole
Con mayor o menor fortuna nos acercamos a nuestro lugar de trabajo, laboral o de estudio. En coche, en metro, en autobús, con atascos, retrasos, apretujones, maleducados, encarados, listillos… El camino se colma de baches cuando la cosa no va bien. Y cuando todo sale según lo previsto, se nos olvida.

4ª estación: convivir
En la oficina, el hospital, el cole… en todos los sitios en los que trabajamos tenemos personas a nuestro lado para convivir. Cada una de ellas tiene una historia personal, un humor diferente una mañana particular y muchas ganas de no estar allí. Nuestra tarea se realiza con otros, auténticos rostros de Dios, aunque, a veces, no lo parezcan.

5ª estación: atender
Cuando el trabajo es de servicio público nos toca estar atentos a los demás con la mejor de nuestras disposiciones. No sabemos más que lo que nos vienen a contar, a pedir, a solicitar. Desconocemos sus sentimientos, emociones, gozos y tristezas que le acompañan y, sin embargo, debemos responder atinadamente. También Dios está ahí.

6ª estación: la casa te espera
Quedaron cosas pendientes por la mañana. El hogar es el lugar en el que estirar lo encogido y encontrar paz. La casa es el templo de nuestras cosas, nuestros recuerdos acumulados que debemos observar con devoción para no perder la perspectiva de quiénes somos y a dónde hemos llegado.

7ª estación: los padres de la criatura
Para nuestros hijos somos fuente de cariño y motivo de disgusto. “Qué mejor que dejar que cada uno haga lo que le parezca en cada momento”, piensan, “y que me arreglen los problemas después”. Para con nuestros padres somos el siguiente corredor de la carrera de relevos, la responsabilidad traspasada y el cuidado solicitado. La edad los hace diferentes y en casa parece que se multiplican los niños. Jesús dijo “Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”.

8ª estación: las extraescolares
Parecemos taxistas, de acá para allá. Las extraescolares conforman una prolongación de la jornada escolar. En ellas invertimos tiempo y esfuerzo esperando un segundo idioma notable, una intérprete destacable, un deportista convencido, una primera comunión responsable. Turnos para llevar y recoger, salir y entrar en casa sin parar. ¡Cuántas esperanzas!

9ª estación: los deberes
No hay día que no pase por una buena sesión de trabajos del cole. Pueden ser cuadros de dibujo, una redacción de lengua o un examen de cono. Las matemáticas se complican y el inglés se atraviesa. Los deberes son compartidos por todos y todos esperamos la respuesta positiva a la pregunta ¿has hecho ya los deberes? Educar en la responsabilidad de estar preparados para construir un mundo mejor.

10ª estación: en torno a la mesa
Desayunos, comidas, meriendas, cenas... Hay que proveer la nevera y la despensa de alimentos. Hay que hacer la lista, comprar, colocar, cocinar... y compartir. Esto lleva su tiempo y no siempre se valora. Los esfuerzos por “comer sano” se van al traste cuando, tras un día duro, no podemos más que preparar una pizza congelada. Y a veces la mesa se convierte en un campo de batalla: no me gusta, no quiero, otra vez pescado, yo quiero alitas de pollo... No olvidemos dar gracias por lo que compartimos en la mesa y por quienes hacen posible que tengamos la mesa puesta...

11ª estación: papeles y documentos
La consulta del oftalmólogo para mañana y el informe de la vez anterior, la carta del impuesto de las basuras, el acta de la reunión de la comunidad de vecinos… “la biblia en verso” y ahí está Dios, como en los pucheros de la santa de Ávila. ¡Ah! Y que no le pase nada al frigorífico o a la línea de teléfono. El “sistema” busca la manera de colártela. Es mejor que todo funcione como es debido porque sino tocará reclamar y buscar la manera de hacer justicia en este mundo, una justicia pequeñita… Pero por algo se empieza.

12ª estación: de la lavadora a la plancha
Si quedan fuerzas y ganas y si no para mañana. Los días pasan y se mancha la ropa. Hay que poner la lavadora. Cuesta empezar pero todos iremos más guapos con la ropa limpia y planchada. La plancha, las tareas del hogar, son lugares de santificación por el sacrificio y la generosidad de aquellos que tienen el carisma de hacerlo “como Dios manda”.

13ª estación: el telediario
Es nuestra ventana al mundo exterior. Es momento para darse cuenta de la multitud de seres humanos que en este mundo sufren y mueren de mala manera y lo poco que deberíamos quejarnos. La mayor parte de las cosas que vemos y escuchamos están muy lejos de nuestra realidad y sin embargo las sentimos como nuestras: “nada de lo humano puede resultarnos ajeno”.

14ª estación: vamos a la cama que hay que descansar
Estamos llegando al final de este vía crucis. Sabemos que no termina todo al ocultarse el día. Mañana vendrá otro con sus estaciones correspondientes. Sabemos que al final resucita, por eso todas nuestras preocupaciones y anhelos los dejamos en su presencia, sabiendo que cobrarán sentido con la fe y la esperanza que creemos. El amor hará el resto y de eso solo nos examinarán. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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