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otra Europa

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¿OTRA EUROPA ES POSIBLE?
JOSE MARIA GARCIA-MAURIÑO, Cristianos por el Socialismo

ECLESALIA, 20/04/06.- No es una pregunta retórica. Es una seria duda. Tal y como están las cosas no creemos que se pueda construir otra Europa que no esté sometida a los dictámenes del capitalismo. No estamos de acuerdo con la Europa del Capital y de la Guerra. En el Referéndum español de febrero de 2005, unos pocos votamos en contra del Tratado Constitucional (TC) y después nos dieron la razón los franceses y los holandeses. La construcción de Europa es algo muy complejo, pero irá siempre por otros derroteros que los del actual TC. No estamos de acuerdo con la orientación político-militar que se está llevando a cabo. Quedan muchos Estados por ratificar el TC. Y en el futuro, no se va a someter nada a referéndum. Tienen miedo a que se repita el NO a su proyecto, a que aparezca la realidad social de una Europa de 109 millones de pobres, de 32 millones de parados y 8 millones de inmigrantes sin papeles. Para gobernar Europa se intentará imponer lo que resulte del nuevo texto de forma autoritaria o someterse sólo a la aprobación parlamentaria. Ya sabemos que todos los Parlamentos europeos son conservadores.

Si buscamos “Otra Europa” no es posible que vaya por la vía de las reformas, luchamos por una reestructuración radical, revolucionaria, de grandes transformaciones. O nos quedaremos sin eso que llaman Unión Europea (UE). Hay muchas fuerzas de resistencia que se oponen a ese proyecto neoliberal. Es un proyecto propio de las élites financieras, económico y políticas que quieren seguir desarrollando un capitalismo global puro y duro No solamente la izquierda institucional que parece preferir “retoques” a la orientación neoliberal, sino también la izquierda radical que propone una refundación del proyecto europeo. Nos oponemos a esas privatizaciones de los servicios públicos, que es lo que quiere la Directiva Bolkestein, y esos sectores controlados por el Estado como las pensiones, la sanidad o la educación Todo está englobado por un denominador común que es el Mercado Único. El que manda en la UE es el Mercado.

Después del levantamiento de la ciudadanía franco-holandesa, es la hora de replantearse una cierta reconstrucción: qué queremos hacer con esta Europa. La construcción europea es un problema enormemente complejo que no pretendemos abordar aquí. Pero, ahí están las fuerzas de resistencia de la clase obrera y estudiantil en Francia y en varios países de la UE. La lucha de clases no ha terminado, no ha hecho más que empezar.

¿Hay esperanzas de poder reconstruir esta Europa tan debilitada, tan dividida a causa de este capitalismo que la atraviesa toda entera? Para reconstruir hay que de-construir. Porque lo que se ha construido hasta ahora se asemeja a un Monstruo: una federación técnico-económica-jurídica fuera del alcance de los ciudadanos y sus preocupaciones. La construcción europea se ha identificado progresivamente con la globalización liberal, vivida como una jungla por las clases populares. Existe una gran perversidad: se ha ampliado la UE a 10 países más, en nombre de una solidaridad puramente retórica con los países del Este y de Europa Central, esperando ganar cerca de 10 millones de consumidores para el mercado. Pero, sin contar con los ciudadanos. “La voluntad del pueblo es el fundamento de la autoridad de los poderes públicos” (art. 21,3 de los Derechos Humanos). Y por otro lado, empujamos a la competencia de unos contra otros. El denominador común a los 25 es el Mercado, no es la unión política de los ciudadanos. Y este mercado común ha desembocado en la creación de una moneda única, el Euro, y de un Banco Central, sobre el que ningún gobierno ni ciudadanía tiene control alguno.

La búsqueda de esta Otra Europa es difícil porque actualmente se asemeja a un laberinto kafkiano: los ciudadanos europeos nunca lograrán llegar al final de interminables pasillos y nunca descubrirán quien ha dictado la sentencia fatal. ¿Hay alguna salida al laberinto de la Unión Europea? Ya no hay una Alemania aislada, ni una Dinamarca aislada, ni una Europa aislada. Ya no hay naciones aisladas. Estamos todos condenados a vivir y a convivir europeos y no europeos. Quien piensa sobre Europa en términos nacionales, despierta los miedos ancestrales europeos mediante una falsa alternativa: o Europa o las naciones europeas, un tercero es imposible. ¿Puede esta Europa eurocéntrica, militar y sin apenas tener en cuenta el resto del Planeta, despertar a los ciudadanos de este letargo, incluso entusiasmarles para un proyecto futuro? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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