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cambiar el eje

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LOS TOLOMEOS DE HOY
ANTONIO ZUGASTI
MADRID.

ECLESALIA, 27/03/06.- Claudio Tolomeo fue un astrónomo y matemático que, allá por el siglo segundo de nuestra era, en Alejandría, meca de la cultura por aquel entonces, redactó un tratado de astronomía conocido como el Almagesto. Durante casi 1.500 años fue la Biblia de todos los astrónomos del mundo conocido. Realmente era una obra muy meritoria. Hizo un derroche de paciente observación del firmamento, de conocimientos matemáticos y de imaginación.

Lo malo es que tenía un fallo, y era decisivo. Partía de un principio radicalmente erróneo; un principio, que parecía muy evidente, pero que no era cierto. Imaginaba que todo el firmamento giraba en torno a la Tierra, inmóvil en el centro del universo. Con el Renacimiento las observaciones astronómicas se fueron haciendo más precisas y evidenciando que la hipótesis de Tolomeo llevaba a predicciones erróneas y problemas sin solución.

Los seguidores de Tolomeo intentaron defender el sistema complicando cada vez más las cosas (como los actuales tratados de economía). Añadían ciclos y epiciclos a las trayectorias de los planetas para tratar de ajustar sus previsiones a la realidad (algo así como las actuales crisis cíclicas de la economía), pero aquello iba cada vez peor.

Hasta que en el siglo XVI Copérnico planteó un cambio revolucionario: el centro de la esfera celeste no era la Tierra, sino que la Tierra y todos los demás planetas giraban en torno al Sol. Con esto se eliminaron de golpe todos los problemas que planteaba un sistema astronómico construido con un centro equivocado.

La vida económica de nuestro mundo está regida por un sistema como el de Tolomeo, gira sobre un centro equivocado. Todo gira en torno al dinero. El beneficio económico es el centro sobre el que pivota toda la actividad económica de los seres humanos. Así son inevitables las crisis cíclicas y los desajustes sociales, ecológicos y humanos que padece nuestro mundo y que amenazan con conflictos cada vez más graves. Porque se hace girar al ser humano en torno a lo que sólo debía ser una herramienta a su servicio. La riqueza, el capital se ha convertido en el Señor, en el ídolo, y los hombres y mujeres de este planeta en esclavos a su servicio. Es necesaria una revolución copernicana que devuelva al ser humano todo su valor y lo ponga como centro de nuestro mundo, también como centro del mundo económico.

Los primeros defensores de la revolución copernicana en astronomía no lo tuvieron fácil. Además de enfrentarse a la Inquisición, tenían que oponerse a la experiencia común de la gente que veía la Tierra quieta y al Sol moverse a su alrededor. Hoy tampoco está fácil la revolución copernicana en economía. Además de los grandes poderes económicos, que no están dispuestos a bajarse de la burra ni a soltar el mango de la sartén, la mentalidad capitalista está tan metida en la sociedad que ya se admite como lo normal el que todo gire en torno al dinero.

Por eso esta revolución económica no puede conseguirse por un simple cambio de partido en el poder político. Es necesario un profundo cambio de mentalidad, de valores, de visión de la vida. Los zapatistas hablan de “la revolución que haga posible la revolución”. Es decir, la primera tarea es conseguir un cambio de la ideología dominante, que en este momento es la ideología del capital. La ideología de los tolomeos de hoy, para los cuales todo gira en torno al beneficio del capital.

Lamentablemente el papel de la Jerarquía católica en las dos revoluciones ha sido bastante penoso. Es de sobra conocida la actitud de la Inquisición frente a Galileo y la teoría heliocéntrica. Algo menos conocido es el caso de Giordano Bruno, que mantenía unas teorías similares y, como no se quiso retractar, murió en la hoguera. Desde luego la postura de la jerarquía fue de un tremendo salvajismo y diametralmente opuesta al espíritu evangélico. Pero, por lo menos, podemos decir en su favor que ni en toda la Sagrada Escritura ni en la Tradición aparece nada en que pueda apoyarse la teoría de Copérnico. Incluso una lectura literal de la Biblia sugiere un sistema geocéntrico. Aunque nos parezca de lo más antievangélico el modo de imponer sus ideas, podemos llegar a comprender su error.

Por el contrario, en el terreno económico el Evangelio de Jesús de Nazaret es radicalmente opuesto, de arriba abajo, a un sistema en que todo, hasta la vida de los seres humanos gira en torno al dinero. Esa fue también la enseñanza de los Santos Padres de la Iglesia, que en el terreno social y económico tenían posiciones muy radicales. La postura de los cristianos tendría que ser, pues, clamorosamente opuesta a ese sistema. Sin embargo la Jerarquía ha vuelto a aferrarse a un sistema tolemaico, también en el terreno social y económico. Además ahora sin la menor justificación en las fuentes de la fe cristiana. La escandalosa oposición que existe entre la vida y la predicación de Jesús, y la estructura económica en que está envuelta la cúpula eclesiástica, trata ésta de disimularla con pomposas declaraciones, pero la realidad de cada día las muestra retóricas y vacías.

Ciertamente no es una tarea fácil cambiar el eje sobre el que gira toda la actividad humana. Es una tarea que hoy no está de moda; en la que se han cometido, y se siguen cometiendo, muchos errores. Pero es una revolución que cada uno podemos empezar a realizar en nuestra propia vida, sin necesidad de esperar a que cambie el mundo. Construyendo una vida que no esté centrada en el dinero, recuperando unos valores humanos, culturales y éticos olvidados por la ideología capitalista; con un modelo de bienestar diferente al que nos presenta la publicidad. Un estilo de vida que, además, nos va a permitir una existencia más relajada y feliz.

Para los cristianos esto no es una opción que más o menos libremente podemos aceptar o rechazar. Es lo que verifica nuestra fe y nos sitúa entre los creyentes en Jesús o no creyentes. Es una tarea que estamos apremiantemente llamados a abordar con decisión y esperanza. Tenemos la imagen luminosa de Jesús, la luz y la fuerza de su Espíritu. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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