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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

del destierro

del destierro LA IGLESIA DEL DESTIERRO
JUAN DE DIOS REGORDÁN DOMÍNGUEZ
ALGECIRAS (CÁDIZ).

ECLESALIA, 05/09/05.- Han pasado ya cuarenta años y el espíritu del Concilio Vaticano II aún sigue vivo y virgen en muchos de sus aspectos. Las ventanas que Juan XXIII abrió para recibir aires y brisas nuevas que inundaran un espíritu de renovación y vida poco a poco fueron cerrándose los quicios sin proteger el chirrido de quienes sufrían la paralización de aspiraciones profundas. Cuarenta años necesitó el Pueblo de Israel para que, entre adversidades, encontrara la fidelidad al único Dios. Tal vez ahora, la Iglesia necesite una reflexión pausada y valiente para despojarse y liberarse de adherencias no evangélicas y tomar una actitud profética acorde con las necesidades del siglo XXI.

Es llamativo que el Pueblo de Dios, en sus orígenes, hubiera estado tanto tiempo en el desierto hasta tomar conciencia de su realidad. ¿Será también ahora para la Iglesia un signo de los tiempos pararse a reflexionar y encontrarse a sí misma? Israel intentó salir de prisa y llegar pronto a la Tierra Prometida, pero surgieron dificultades. Unas veces encontrarán fronteras cerradas como Edón, Moab o Palestina y otras la obligación de replegarse de nuevo en el desierto esperando un tiempo más favorable para encontrar una ruta de penetración en la ruta de la Promesa. ¿Era ahora el momento de cambios y renovación de la Iglesia? Hace días me decía un amigo sacerdote que el Espíritu Santo había sido más inteligente aún que los Cardenales. Con alegría y esperanza comentaba: “La Iglesia necesita pasar no solo el desierto sino también el destierro para despojarse de todo lo no evangélico”. “Todos nos hemos de convencer de que así no se puede continuar...el cambio y la renovación están a la puerta de la esquina…”

Probablemente Moisés pensaba llevar a los Israelitas hacia Palestina a través de los Lagos Amargos, por la franja de la parte Norte del Mar Rojo, llegar por Cisjordania para inmediatamente ir hacia Palestina. Pero la caravana tuvo que permanecer un año en el Sinaí, el tiempo suficiente para dar las instituciones necesarias para tomar conciencia de ser Pueblo de Dios. Al año se reanuda la peregrinación. Cuando llega a la frontera sur de Palestina, Moisés envía unos exploradores para ver si está expedito el camino Los exploradores vuelven desanimados. Han visto distorsionada la realidad y cunde el miedo. También en nuestros tiempos se han sacado de quicio hechos vitales para nuestra Iglesia. ¿ Por qué asusta la Teología de la Liberación bajo la visión de Iglesia de los Pobres, de los Excluidos, de la Iglesia de Jesús...?

Son muchos los teólogos, cristianos de base y un puñado de obispos actuales los que han perdido el miedo y se han lanzado, con la fuerza de Espíritu y la desnudez de la pobreza, para abrir caminos que lleven hacia la comunidad de Jesús de Nazaret, único Salvador. Sin embargo, los exploradores enviados desde la institución ven fantasmas y enemigos, ciudades amuralladas y torres que llegan hasta el cielo. La historia se repite. Aunque se ve que otra Iglesia es posible, que la tierra es fértil y traen como recuerdo y prueba de ello el “famoso racimo”- ¿Signo de la Comunidad?- al pueblo sencillo y llano se les considera “enanos”. Lo mismo que entonces cundió en Israel el pánico, el desánimo y el pesimismo, ahora todo lo que signifique cambio y renovación se presenta al pueblo como signo del mal.

Llegar a la Tierra Prometida les era dificilísima. Venían del Desierto sin material de guerra. Habían salido apresuradamente la noche de Pascua. Siendo un Pueblo pobre y oprimido no podían pensar en una penetración armada. La única forma era intentar otra forma de penetración, bordeando el sur. Moisés envía emisarios para pedir permiso de tránsito y negociar el pago del uso de los pozos, pero Edón se negó. Moisés decidió una vez más saber esperar porque Edón era un pueblo emparentado con los Israelitas (provenían de Esaú, hijo de Isaac). Si tenían un mismo tronco, no se debía pelear. El único remedio era esperar nuevamente en el desierto, vagando durante cuarenta años. En esta larga permanencia quedó conformada el alma del Pueblo de Dios. Al negarse Edón y Moab, la única solución era bordear la frontera por una tierra de nadie. Así no se creaba conflicto a nadie.

La permanencia en el desierto durante cuarenta años fue providencial para que la fe penetrara hondamente en el alma de Israel. Un pueblo salido de la opresión de Egipto, con euforia de la liberación escoge a Yavé como su Dios, hace una alianza pero sigue con su mentalidad politeísta de Egipto. Luego, encontrándose frente a los cananeos que tienen unos cultos totalmente politeístas, había un peligro de que la experiencia no tocara sino la superficie del alma de Israel. Sin embargo, permaneciendo en aquel retiro 40 años del mundo civilizado, profundizan en las experiencias del monte Sinaí, en la idea del Dios único que les había liberado, en la alianza contraída con Yavé, en el Decálogo y el Pueblo se compromete y se desposa con su Dios. Al final de esta peregrinación se sitúa la muerte de Moisés y la entrega de poderes a Josué.

¿Qué significa el Vaticano II después de cuarenta años? Jesucristo establece su Reino sobre una base que no se parece en nada a la teocracia de Israel. Afirma que para entrar en el Reino hay que nacer desde arriba, hay que convertirse y hay que hacerse niño. La Iglesia es la institución de Salvación y forma un cuerpo social. La Iglesia es, según el pensamiento de Cristo, la institucionalización del SERVICIO. La Iglesia es la comunidad de los pobres. Una Iglesia de los pobres encuentra tiempo y recursos para aliviar el sufrimiento. Es capaz de trabajar con todos los sectores de la sociedad, incluidos los pobres, en busca de soluciones a los problemas de la pobreza. La Iglesia de los pobres es una Iglesia en la que los pobres son bienvenidos, escuchados y participan activamente para encontrar, dentro de la Iglesia y apoyados por ella, su liberación de la opresión de la injusticia. Los hombres deben reconocer en ella el rostro de Cristo.

El hecho de que Jesús pidiera un “borriquillo prestado para entrar triunfante en Jerusalén” no se ha interpretado bien. Se han aplicado los avances más sofisticados para mostrar, desde el poder, la gran autoridad que se tiene. Sin embargo, la Iglesia de Cristo, como Institución de Salvación, en vez de utilizar su poder en un sentido dominador, debe ser testimonio, en medio de los hombres, de servicio y de pobreza. Jesucristo no sólo habla de la pobreza de bienes materiales, sino también de una renuncia y desnudez de espíritu, en la que no pueden caber la ambición y el deseo de grandeza y poder. A Jesús nunca le interesó conseguir la adhesión de las gentes por medio de procedimientos espectaculares. (Mt.4,5-7). Ni quiso acceder a los deseos de la gente, que quisiera ver “señales espectaculares” para creer (Mt.12, 39-42).Al ver que todos se admiraban de sus obras, anunció su pasión (Lc. 9,43-44). Jesús prefiere pasar desapercibido (Mt. 8,4; Mc.7, 24ss). El lenguaje y el testimonio de Jesús a de marcar siempre el camino de sus seguidores y de su Iglesia, renunciando a toda denominación de poder. La fuerza de la Iglesia no reside en su poderío humano o en la consideración social, sino en la fuerza del Espíritu.
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