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irreversible esperanza 2/2

CRISIS IRREVERSIBLE EN LA IGLESIA CATÓLICA
Pero otra manera de ser iglesia también es posible

PABLO RICHARD, doctor en Biblia y en Sociología de la Religión, director del Departamento Ecuménico de Investigaciones, DEI
SAN JOSÉ (COSTA RICA).

---> Segunda parte. (Primera parte publicada en Eclesalia el 05 de mayo de 2005)

¿Porque el pueblo quiere tanto a Juan Pablo II? ¿Porque Benedicto XVI necesita mejorar su imagen?

ECLESALIA, 06/05/05.- Se podría deslegitimar nuestro pensamiento crítico como el pensamiento típico de los pequeños grupos intelectuales, aislados del sentir y pensar del pueblo sencillo. Esta es una manera muy tradicional para descalificar todo análisis crítico y ocultar la utilización que se hace de la exaltación de hechos religiosos para intereses institucionales de la iglesia.

Es un hecho evidente que los medios de comunicación dieron una cobertura inusual a todos lo hechos relativos a la enfermedad, muerte y entierro de Juan Pablo II y a la exhibición majestuosa de los cardenales que en el conclave eligieron a Joseph Ratzinger como Papa. Fue una verdadera apoteosis mediática. Esto necesariamente tuvo un influjo directo y eficaz en la opinión popular.

Los medios de comunicación que exaltaron todos los hechos “pontificios” de este período fueron en su mayoría los medios más poderosos e influyentes en el poderoso sistema económico actual. ¿Porque esta exaltación de los hechos? Mi hipótesis es que era necesario responder a la carencia en el sistema actual de globalización de un líder espiritual fuerte y reconocido universalmente. Los grandes líderes políticos del mundo actual son profundamente corruptos, ambiciosos, violentos, sin valores éticos y sin ninguna preocupación por la mayoría pobre y excluida en el sistema actual de libre mercado. Nadie niega la santidad personal y el carisma de Juan Pablo II, sus valores éticos y sus intervenciones proféticas en momentos difíciles de la historia moderna. Un ejemplo fue su oposición a la guerra de Irak, su visita solidaria a Cuba y su preocupación por la paz en el medio oriente, donde ha buscado destruir muros y construir puentes. Pero otra cosa es la manipulación que hacen los medios globales de comunicación de la figura de Juan Pablo II como el líder que derrotó el comunismo y el defensor de los valores éticos que necesita la humanidad actual. Con esta manipulación buscan construir el líder espiritual que el sistema actual de globalización necesita para funcionar. Esta manipulación está en contra de las intenciones y el ser espiritual de Juan Pablo II. También es escandaloso como las Iglesias locales aprovechan esta apoteosis manipuladora de los medios de comunicación para sus propios intereses institucionales. Muchas Iglesias se sienten ahora importantes al ser incluidas en las necesidades “espirituales” de la globalizacion y de la construcción de un “Imperio cristiano”.

El impacto de los medios de comunicación en la Iglesia como Pueblo de Dios se debe también a la falta de conducción espiritual. La generación de obispos profetas, llamada la generación del Concilio Vaticano II y de las conferencias episcopales de Medellín y Puebla, que algunos también llaman “los Padres de la Iglesia laltino-americana”, es una generación que está desapareciendo simplemente por edad. Esos obispos han sido programáticamente sustituidos por obispos contrarios a la tradición profética y renovadora de la iglesia de Medellín y Puebla. Otro factor que ha influido en la carencia de conducción espiritual en la Iglesia ha sido el silenciamiento de mas de 140 teólogos y teólogas de la Liberación, realizado por la Congregación de la Doctrina de la Fe que condujo por 23 años el Papa actual Joseph Ratzinger. También ha sido negativo el regreso a la estructura tridentina de poder en la Iglesia: el Papa en Roma, el Obispo en su diócesis y el Cura en su parroquia. Los laicos marginalizados a tareas cada vez menos importantes y las laicas casi no existen. Benedicto XVI tendrá que hacer un esfuerzo importante para cambiar su imagen negativa de “guardian de la ortodoxia” para ganar la simpatía del Pueblo de Dios. Nunca un inquisidor ha sido popular.

Por último, el atractivo de Juan Pablo II, especialmente en las masas católicas, responde a la necesidad del pueblo de tener una referencia de poder espiritual y global que los represente y con la cual se sientan identificados. Juan Pablo II, por su carisma personal, por sus viajes y gestos muy significativos, se ganó un reconocimiento universal. Todo pueblo necesita tener un Papa, un Rey, un símbolo de poder. Es paradigmático el hecho bíblico en el primer libro de Samuel cap. 8, donde el pueblo pide a Samuel un rey. Después de 200 años que el pueblo ha vivido feliz sin rey, sin templo, sin ejercito permanente, ahora quiere tener un rey como los demás pueblos. Samuel les replica todo lo negativo que es tener un rey, pero el pueblo insiste en tener un rey. Nace así la monarquía en Israel, que durará mas de 400 años y que será, salvo algunas pocas excepciones, una experiencia negativa y fuertemente criticada por los profetas.

Presupuestos para la construcción de una nueva manera de ser Iglesia

Ya hemos dicho que la crisis irreversible de la Iglesia Católica y la contra-reforma en contra la reforma realizada por el Concilio Vaticano II y por los eventos de Medellín, Puebla y Santo Domingo, no niega la posibilidad de construir una nueva manera de ser Iglesia, un nuevo modelo de Iglesia o una nueva tendencia dentro de la Iglesia. Ahora veremos los presupuestos para esta reconstrucción y la fuerza que lo hace posible.

Primero: será muy importante la ruptura con el euro centrismo de la Iglesia y con el mito de una Europa cristiana evangelizadora. Esto no significa romper nuestra comunión con el obispo de Roma, como centro de unidad de toda la Iglesia católica.

Segundo: el nuevo modelo de Iglesia tendrá como espacio fundamental el Tercer Mundo, definido por la contradicción Norte – Sur. Para nosotros el sur existe y la relación sur-sur afirma nuestra identidad. El horizonte de la nueva manera de ser Iglesia será América latina, Caribe, Africa, Asia y Oceanía.

Tercero: el nuevo modelo será radicalmente ecuménico. Solo con una profunda solidaridad ecuménica podremos resistir la crisis del modelo conservador de Iglesia, generado por el proceso de contra-reforma en la Iglesia católica. Solidaridad con las Iglesias protestantes, evangélicas, pentecostales y otras iglesias cristianas del oriente y todas aquella que tienen una dimensión ecuménica. El ecumenismo es un espacio de libertad y diálogo, donde se respeta la pluralidad de tradiciones y confesiones. El ecumensimo recupera la pluralidad de las Iglesias que los Apóstoles nos dejaron.

Cuarto: el diálogo inter-religioso, especialmente con el Judaísmo y el Islam, las tres religiones así llamadas abrahámicas. Diálogo también con otras religiones importantes del Asia, Africa y religiones autóctonas de América latina. El diálogo inter-religioso mas que “diálogo”, será una profunda comunión espiritual y solidaria. Los temas del diálogo inter-religioso no serán temas dogmáticos, sino temas de vida o muerte como la paz, la guerra, el hambre y otros. El objetivo principal de la “misión” ya no será la ”conversión" del otro, sino el sumar fuerzas en la construcción de la paz. “Sincretismo” no significa relativismo o confusión, sino literalmente significa “sumar fuerzas” en función de la paz. Por eso el diálogo inter-religioso practica el sincretismo, la oración en común, la solidaridad y el respeto mutuo.

Quinto: fidelidad irrestricta al Concilio Ecuménico Vaticano II (1962 -1965). Recordemos aquí algunos temas teológicos mínimos, para no olvidarlos o para darlos a conocer a muchos alos que nunca se los dieron a conocer. Estos temas son:

a) La Iglesia es el Pueblo de Dios, no solo su estructura jerárquica. Su razón de ser no está en ella misma, sino en el Reino de Dios. La Iglesia subsiste en la Iglesia católica. Sacerdocio común de los fieles, dotados éstos de múltiples carismas. Colegialidad episcopal (Lumen Gentium).

b) La Sagrada Escritura es el fundamento de la Iglesia y el alma de la teología. El Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino totalmente a su servicio. La Iglesia, más que poseer la verdad, camina hacia la plenitud de la verdad (Dei Verbum).

c) La Iglesia tiene su lugar propio en el mundo, abierta a la modernidad y al humanismo contemporáneo. Autonomía de lo temporal frente a la Iglesia (Gaudium et Spes).

d) Otros temas importantes en el Concilio son: la reforma litúrgica, el ecumenismo, la libertad religiosa, los medios de comunicación y los Derechos Humanos.

Sexto: fidelidad a la Segunda Conferencia del Episcopado latinoamericano en Medellín (1968). Recordemos algunos textos: “Los principales culpables de la dependencia de nuestros países son aquellas fuerzas que, inspiradas en el lucro sin freno, conducen a la dictadura económica y al ‘imperialismo internacional del dinero”; “situación de injusticia que puede llamarse de ‘violencia institucionalizada”; “educación liberadora: la que convierte al educando en sujeto de su propio desarrollo”; “un sordo clamor brota de millones de hombres, pidiendo a sus pastores una liberación que no les llega de ninguna parte” ; “En nuestra misión pastoral confiaremos ante todo en la fuerza de la Palabra de Dios”; “La comunidad cristiana de base es el primero y fundamental núcleo eclesial… célula inicial de estructuración eclesial, y foco de la evangelización, y actualmente factor primordial de promoción humana y desarrollo”.

Séptimo: fidelidad a la Tercera Conferencia del Episcopado latinoamericano en Puebla (1979) Pro memoria algunos textos: “La situación de extrema pobreza generalizada, adquiere en la vida real rostros muy concretos en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela”; “está subiendo hasta el cielo un clamor cada vez más tumultuoso e impresionante. Es el grito de un pueblo que sufre y que demanda justicia…”; La Iglesia asume “una clara y profética opción por los pobres”; “afirmamos la necesidad de conversión de toda la Iglesia para una opción preferencial por los pobres, con miras a su liberación integral”; “El compromiso con los pobres y los oprimidos y el surgimiento de las Comunidades de Base han ayudado a la Iglesia a descubrir el potencial evangelizador de los pobres”; “Exigencia evangélica de la pobreza como solidaridad con el pobre y como rechazo de la situación en que vive la mayoría del continente”.

El Concilio Vaticano II y las Conferencias de Medellín, Puebla y Santo Domingo fue un momento de gracia y una oportunidad única que Dios nos dió (un “kairós”) para una auténtica reforma de la iglesia católica. Esta reforma la iniciaron los mismos obispos y ellos tienen la responsabilidad de mantener viva y de desarrollar esta tradición en la iglesia. Solo nuestra fidelidad a la Reforma de la Iglesia la hará posible.

Donde está nuestra fuerza para construir un nuevo modelo de Iglesia

Nuestra práctica fundamental para construir un nuevo modelo de Iglesia o una nueva manera de ser Iglesia, no será la confrontación con el modelo conservador, actualmente dominante y en crisis irreversible en la Iglesia, sino una practica positiva de crecimiento, al interior de la Iglesia, justamente ahí donde está realmente nuestra fuerza.

¿Dónde está nuestra fuerza? Sólo enumeramos:

Primero: en la opción por los pobres, por los excluidos y en la opción por la vida de la tierra y del agua. En la opción por una sociedad donde quepan todos y todas en armonía con la naturaleza. En la crítica radical al actual modelo de mercado global de inspiración neo-liberal. En la esperanza de que otro mundo es posible y que es posible construir el sujeto capaz de hacerlo posible.

Segundo: en una espiritualidad liberadora y en una ética de la vida (“la Gloria de Dios es el ser humano vivo; la gloria del ser humano es la Visión de Dios”: San Irineo).

Tercero: en la Lectura Popular de la Biblia, llamada también lectura pastoral o comunitaria de la Biblia Todo movimiento de reforma de la iglesia ha comenzado cuando se devuelve al Pueblo de Dios la Biblia, cuando ponemos la Biblia en las manos, el corazón y la mente del Pueblo.

Cuarto: en la Teología de la Liberación. La Teología es una fuerza, sobre todo cuando constatamos que el modelo conservador de Iglesia, justamente está en crisis por tener mucho poder y poca teología. La Teología de la Liberación construida por los nuevos sujetos: mujeres, afro-americanos, indígenas, campesinos, jóvenes, niños, indigentes, los de una opción sexual diferente, etc. Nuevos sujetos todos unidos en una crítica radical al sistema actual de dominación.

Quinto: en la construcción de Comunidades Eclesiales de Base y organizaciones similares. En la renovación de la vida religiosa. En los movimientos apostólicos con un claro sentido de participación y liberación en la Iglesia.

Sexto: En la formación de agentes de pastoral dentro de la iglesia y líderes cristianos militantes en los Movimientos Sociales y políticos. Participación prioritaria de la mujer en todos los espacios, niveles y liderazgos, en la Iglesia y en la sociedad.

Séptimo: en la Iglesia concebida fundamentalmente como Pueblo de Dios, con una fuerte participación de hombres y mujeres en todos los niveles eclesiales y pastorales. Multiplicación de los carismas y ministerios laicales dentro de la iglesia. Celibato como carisma voluntario y universal, no integrado necesariamente al ministerio presbiteral o episcopal.

Octavo: en los profetas, tanto dentro de la iglesia como fuera de ellos. Con el desaparecimiento progresivo de la generación de los obispos profetas de Medellín y Puebla, surgen ahora también profetas laicos fuera de la iglesia, en el ámbito de la economía, la política y la cultura.

Terminamos repitiendo lo que dijimos al comenzar: la elección de Joseph Ratzinger como sucesor de Juan Pablo II nos ha revelado finalmente cuál es la crisis que realmente vive la Iglesia Católica, pero al mismo tiempo nos ha clarificado cual es nuestra propuesta positiva de construir una nueva manera de ser Iglesia. Con lo dicho queda claro que ese otro modelo de ser Iglesia es posible y que tenemos la fuerza para construirlo. La crisis del modelo conservador de Iglesia, que ahora ha llegado a ser una crisis irreversible, inserta en el contexto mayor de crisis de la civilización occidental y cristiana y de crisis de un Imperio que se define como Cristiano, es una crisis que nos llena de perplejidad, temor, angustia y desesperanz. Pero la posibilidad histórica y real de construir un nuevo modelo o manera de ser de la Iglesia nos llena de esperanza y alegría. fin
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