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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Reflexiones

experimentarla

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LA NAVIDAD ES PARA EXPERIMENTARLA
FRAN SAN MIGUEL, maestro y cantautor; fransanmiguel@gmail.com
VALLADOLID.

ECLESALIA, 20/12/05.- Ahora que estamos de lleno en el Adviento, y considerando que la Navidad que ya nos quieren echar encima es una fiesta convencional y religiosamente marginada, quisiera compartir una breve reflexión abierta y entusiasta. Creo que me merece la pena afirmar con satisfacción que, a pesar de la pérdida del valor cristiano, hay en la dimensión ritual de la Navidad valores antropológicos importantes.

Esencialmente la Navidad es una fiesta que se nace en torno a un icono familiar: la Sagrada Familia. En ella descubro una serie de características que me parecen proféticas en nuestro tiempo, según interpreto en los relatos de infancia de los evangelios de Mateo y Lucas, a saber:

- la fidelidad, que se desprende del nacimiento de un varón concebido de forma desconocida para el cónyuge, pero que este acepta recibiendo el aviso divino, que intenta evitar la desintegración familiar;

- la aceptación de la realidad familiar particular, manifestada en la Escritura en que el episodio del establo no se presenta como un elemento revelador o dramático, sino puramente coyuntural, y que en ningún caso ensombrece la alegría que supone el nacimiento de Jesús para sus padres;

- el gozo contagioso que provoca la llegada de un nuevo ser humano a una familia “antes, durante y después del parto”;

- la fuerza que se revela imparable en los considerados débiles, y que sólo los foráneos saben o quieren reconocer;

- y la dimensión religiosa que tiene este acontecimiento en todas las culturas, según las cuáles todo ser nacido es una parte de la divinidad, o de la copiosidad plural de la naturaleza, según otros.

Destacar estos valores permite a la fiesta cristiana entrar en contacto fraterno con otras culturas no cristianas, e incluso no creyentes. De esta forma la Navidad es un acontecimiento abierto, inclusivo, e intrínsecamente valioso.

En este sentido, pienso que el rito navideño, aunque sea más por cómo se celebra que por lo que se celebra, es una fiesta desde y para las familias, y no se concibe vivida de ninguna otra manera que no sea en familia. Cuando no hay esta posibilidad, por la razón que sea, lo que se pierde es la experiencia colectiva del rito. Y esto suele provocar sentimientos de tristeza, por haber perdido a alguno de los celebrantes.

Sin embargo, a pesar de que la familia se pueda encontrar físicamente reunida, la Navidad a menudo no responde a aquellos valores domésticos que mencioné y ello provoca contradicciones evidentes, particularmente en nuestra sociedad española:

- No podemos celebrar la fidelidad en la constitución de la familia por parte de José, si en nuestras familias hay división parental, es decir, si nuestras tribus están desgajadas.

- No podemos vivir la Navidad si en ámbitos familiares negamos nuestro presente porque siempre necesitamos más de todo, y desgastamos el ahora pensando en un mañana que no existe.

- No podemos, si para nosotros la llegada de un bebé es, mucho antes que cualquier otra cosa, una carga y una fuente de preocupaciones.

- No podemos, si no experimentamos la enorme fuerza que tienen las personas que consideramos más débiles, la riqueza de los pobres, el poder de los desheredados de todo poder.

- No podemos sentir la riqueza trascendente de un nuevo ser humano, sea Jesús de Nazaret o sea cualquier otro, si nosotros mismos no hemos descubierto nuestra propia dimensión trascendente, si no hemos aprendido la riqueza plural de la naturaleza en la que nosotros somos también naturaleza, si no respetamos a la naturaleza y seguimos provocando extinciones.

A partir de aquí creo que se nos queda grande intentar entrar en consideraciones ontológicas sobre la naturaleza de Jesús porque de esa forma nos ponemos en un contexto reflexivo externo a la realidad en la que Dios se nos revela hoy y hacerlo no es significativo para esta realidad cultural que compartimos.

De estas sencillas reflexiones me nacen algunas tareas:

- evaluar cómo está la integridad de nuestra familia y de todo nuestro clan a pesar de lo desagradable;

- ver cómo va nuestra capacidad de vivir con conciencia el presente que existe, con lo poco o lo mucho que tenemos, más que el futuro (que si llega a existir, ya no será futuro);

- descubrir cómo está de operante nuestra alegría ante lo nuevo que nace cada día,

- relacionarnos con los más canijos de este mundo, y hacerlo de igual a igual, queriendo reconocer sus fortalezas.

- escuchar la sacralidad de todo lo existente a nuestro alrededor: personas, piedras, plantas, aire, agua, energía… y vivir en consonancia con ella, como un Jesús que viene, cuando menos lo esperamos.

Sólo me queda desear ánimo para experimentar cada día aquello a lo que cada uno se sienta llamado. Un abrazo para todas y para todos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

plena

¿NIÑO – DIOS?
JUAN LUIS HERRERO DEL POZO, teólogo; herrero.pozo@telefonica.net
LOGROÑO (LA RIOJA).

ECLESALIA, 19/12/05.- La Navidad, ya inminente, invita a muchas cosas, algunas obscenas e hirientes como el desmadre del consumo en honor del Pobre de Yahvé... Pero invita igualmente a la contemplación subversiva ¡Qué duda cabe que en este cambio de época, en que todo se mueve, incluso lo más sagrado (también en el cristianismo) la Navidad debe cesar en su papel de paréntesis en la carrera hacia el caos! Y ello cabalmente me induce a una reflexión áspera en homenaje al "cumpleañero" que recordamos con inmenso afecto, aquel Profeta que asesinaron por lo insoportable de su mensaje.

La expresión Niño-Dios sintetiza la forma tradicional de entender a Jesús. Cometiendo un grave anacronismo se interpretó al pie de la letra y como relato histórico aquel metafórico cuadro lírico-épico del llamado "Evangelio de la Infancia". Los seguidores y seguidoras de Jesús, deslumbrados -con sobrada razón- por el impacto de su desconcertante figura, colocaron en el atrio de su trayectoria humana una reflexión catequética para ensalzarlo por encima del mismísimo César. Lo que para ellos era exordio épico en clave de homenaje de fe lo hemos interpretado nosotros como protocolo histórico de su nacimiento e infancia:

Para Dios nada hay imposible: mejor que cualquier faraón, Emmanuel, el 'Dios con nosotros' tiene por padre no a un simple mortal sino al propio Dios. La comunidad creyente inventa un edicto imperial para sustituir la humilde aldea de Nazaret por la 'ciudad de David', el rey fundador.

Una señal brilla en el firmamento del lejano Este y pone en movimiento hacia Judea a tres magnates. La corte de Herodes se conmueve y los padres de Jesús retoman el camino del Egipto, refugio primero luego pesado yugo de sus ancestros. También los sencillos pastores reciben su mensaje celeste y convergen con los orientales en la pleitesía al enviado de Dios. Es suficiente para completar el cuadro. De los varios escritos laudatorios, la comunidad desestimó otros más barrocos, trufados de portento, los que denominamos apócrifos, reteniendo sólo el de más frugal grandeza. Completa el cuadro el toque -que hoy consideraríamos de niño repelente- de un Jesús imberbe dando lecciones bíblicas a los sesudos doctores de la capital. Y, por fin, suavizado el tránsito de la ficción a la realidad, el primo de Jesús, el austero Juan, lo introduce en la saga de los grandes profetas, mediante la teofanía del Jordán...

Sobre semejante catequesis poética ¡menudo "belén" hemos montado! Sin duda, nos sirvió durante siglos para suplantar la magia de las celebraciones paganas de invierno. Pero hoy la magia nos devuelve la moneda suplantando a su vez al hijo pobre de María con las orgías del consumo. Y así, entre mito y despilfarro, hemos sacado de quicio la sencilla y razonable realidad. Lo que era atrio poético de la vida de un ajusticiado contribuyó a hacer de Jesús el mayor dios del Olimpo y hoy pretexto de una bacanal. Sin embargo ¿cómo debieron ser las cosas de su infancia?

Puesto que el mito no se deja manejar bien, hagamos un simple ejercicio de buen sentido para hacernos una idea de la infancia de Jesús de cuyos casi únicos 30 años de vida apenas disponemos de un solo elemento histórico. De estar vivos aún José y María cuando la comunidad más cercana a ellos comenzó a fabular religiosamente con el 'evangelio de la infancia', ellos fueron de los primeros en aprender a interpretar en clave de fe a su hijo asesinado.

Al admirar estos días a mi primer nieto mamando, he pensado en Jesús: frágil, ausente la mirada, siempre dormido. El contacto con el entorno se hará lentamente y los mayores veremos sonrisa en la primera mueca. Más adelante Jesús correteó con algún vecino, estorbó más que ayudo a su padre en la labor, se sorprendió con esa bola de masa de harina morena que se iba hinchando hasta que María le contó lo de la levadura. Ya adolescente, sintió estremecerse su cuerpo a la vista de alguna muchacha. Trascurrieron los años "en todo semejante a nosotros" ¿En qué mistificación apoyaría Pablo su salvedad "menos en el pecado"? ¿Ni el más mínimo eco encontró en el interior de Jesús la tentación? No es desdoro que su libertad se construyera, como la de cualquiera, en el esfuerzo titubeante. Nada en el Jesús recién nacido, como en ningún otro humano, estaba predefinido, predestinado ni siquiera por Dios. Jesús no estaba programado. Jesús pudo no llegar a ser lo que devino. Su libertad lo construyó. Por eso erraba de medio a medio el cardenal Ratzinger cuando, con pretensiones de científico, afirmaba en el 2000 "Según mis conocimientos de biología, una persona trae consigo, desde el comienzo, el programa completo del ser humano, que luego se desarrolla". Ratzinger confunde en el genoma humano programa e información y se carga obtusamente la libertad. Desde la información de nuestro genoma cada uno de nosotros elabora, crea libremente su propio programa. Ese es precisamente el enigma del niño que contemplamos en la cuna, el de estar abierto a su yo futuro, incierto y abismal. Ahí es donde cabe extasiarse, contemplativo, ante el Niño, y ante cualquier infante: ¿Qué decidirá ser? Ninguna apoteosis, ni ninguna cruz se proyectaban sobre aquel pesebre. Lo de la 'espada que te atravesará el corazón" de Simeón a María era o una obviedad o una proyección teológica del futuro sobre el presente. Jesús, pues, ni nace Dios (un cuadrado no es un círculo) ni lo deviene propiamente sino que "es constituido hijo de Dios por la resurrección" (Rom 1,4), desvelando de tal suerte lo que ocurre a cada uno de nosotros en nuestra muerte.

Aprendió a orar de sus padres, descubrió al Dios de Abraham en la sinagoga, asimiló a Yahvé más a la jovialidad de José que a las manos ensangrentadas del Sacerdote del Templo y comenzó a llamarle secretamente "papá", un papá especial que daba de comer a los pajarillos, granaba las espigas, iluminaba los amaneceres.

Todo tan natural, tan sencillo, tan simplemente humano. Colaborador en el hogar, impaciente en alguna ocasión, fiel con los amigos, sensible con las mozas... ¡Todo tan sencillo y humano! Lo que no le impedía rebelarse y protestar contra tanta injusticia y marginación. Al contrario, si por algo comenzó a destacar fue por esto... Y así le fue.

Reflexionando así estos días y reconstruyendo espiritualmente los primero días y años de Jesús he comenzado a reconciliarme con unas fechas que cada año me desazonaban más. Y he podido recuperar un nuevo sentido, el de la verdadera encarnación de Dios que me gusta formular así: Sólo Dios es grande. Lo humano es sólo humano pero cuanto más humano, más divino. Por eso, Jesús fue gran revelador de Dios, por ser plena y cabalmente humano.

Si algo específico podemos celebrar en Navidad es que, como en el nacimiento de Jesús, en lo más sencillo e insignificante de nuestra existencia se encierra una gran esperanza de plenitud. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

señuelo

señuelo

FUNDAMENTALISMO A LA CARTA
EUSEBIO LOSADA `Uxe´, miembro del foro Kristau Sarea
SESTAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 16/12/05.- La espiritualidad vivida desde la fe como confianza en Dios tiene tal fuerza liberadora que es uno de los motores que empujan la corriente humanizadora que recorre toda la historia de la humanidad. Lo que en estos albores del siglo XXI está en franca decadencia no es la espiritualidad en cuanto búsqueda y anhelo de profundidad, de horizontes de esperanza, de sentido y de vida plena. Lo que no resiste ya los embates del viento de la autenticidad es la religión si se entiende como sistema de encorsetadas doctrinas, de dogmas inmutables, de anacrónicas normas que más que liberar esclavizan y son fuente de exclusión de las personas, de lenguajes lejanos a la vida, de liturgias cuyo fin son ellas mismas, de poder que se resiste al cambio para no perder su parcela del mismo. El mal mayor para toda buena espiritualidad, a mi modo de ver, es el fundamentalismo; y especialmente para la espiritualidad cristiana, que la mina hasta hacer de ella una mera caricatura. No creo yo que el mayor enemigo de la fe sea la secularización de la sociedad, que tiene aspectos positivos y negativos; mientras que el fundamentalismo es siempre negativo porque es causa de intolerancia, de división y de enfrentamientos.

Estábamos tan acostumbrados a calificar como fundamentalistas e integristas a otros, fuesen miembros de otras tradiciones religiosas, de lo que denominamos sectas, de defensores de ciertas ideologías políticas, que no nos parábamos a pensar y a reconocer que ese mismo fenómeno se produce en el interior de nuestros propios grupos e instituciones. Veamos cuál es su raíz psicológica, su postura filosófica, su modo de comprender los textos referenciales y su utilización del lenguaje.

La raíz psicológica de los fundamentalismos –religiosos o no- es el miedo. Y en el saco de los miedos están el miedo a lo diferente y a los diferentes (causa primera de las discriminaciones), el miedo a pensar con autonomía desde la propia conciencia personal, el miedo a la inseguridad, el miedo al pluralismo por lo que puede implicar de perder significatividad y protagonismo, el miedo a la libertad, el miedo a la verdad en cuanto que la realidad puede ser de modo distinto a como yo la veo, el miedo al cambio y a perder poder, el miedo a amar y a ser amados, que lleva consigo el gozo y el sufrimiento... Cuando nos sentimos dominados por los miedos se paraliza nuestra conciencia, esa situación nos infantiliza y pone frenos a nuestra madurez emocional e intelectual. Los mecanismos de defensa que utilizamos van desde la negación de la realidad misma hasta la adhesión a normas “seguras”, pasando por la proyección de nuestros miedos en otros, intentando desplazarlos de nosotros mismos, y el autoritarismo. Todos los sistemas totalitarios manejan a su gusto el miedo colectivo y lo incentivan; en ello se juegan su propia supervivencia. A ello han jugado también las religiones cuando han funcionado como sistemas de dominio y control de las personas y de los grupos humanos. A unos y a otros les interesa tratarnos contínuamente como cuando se trata mal a los niños, como quienes han de ser adoctrinados y no escuchados, como los que han de permanecer callados y sumisos ante la voz de la autoridad competente. Ni que decir tiene que el miedo también puede suscitar en nosotros mecanismos positivos, como son el arrojo, la valentía, la resistencia al mal, el atrevimiento y la prudencia activa.

El fundamentalismo es una postura que, filosóficamente, absolutiza lo que es relativo y relativiza lo que es absoluto. ¡Cuántas veces hemos sido testigos en otros o sufridores en nosotros mismos de las sacudidas en forma de amenaza, de represión de la libertad, de reducción al silencio, de abuso de poder, de exclusión e incluso de violencia física por parte de personas que absolutizan una ideología o una religión ideologizada y dogmatizada con todo su sistema de doctrinas pretendidamente inamovibles!. ¿Puede haber algo más relativo?. Incluso se invoca -en vano- el nombre de Dios, y se deja de lado lo absoluto del amor, de la fraternidad, de la igual dignidad de todas las personas. Por lo que respecta a la fe cristiana esas actitudes y comportamientos se encuentran muy lejos de la espiritualidad de las Bienaventuranzas, que lo relativiza todo al servicio de los pobres y los excluídos, de la justicia y la paz, de los que sufren, de la misericordia como amor de entrega. Las Iglesias cristianas, si son comunidades de Jesús, no están al servicio de sí mismas, sino de la liberación y humanización de las personas y los grupos humanos; no desde el miedo sino desde el amor, como primera y principal virtud humana y cristiana.

Si por algo debiéramos ser perseguidos los cristianos no sería por las alianzas con los poderosos, ni por contribuir a la perpetuación del injusto sistema capitalista en sus nuevas versiones, ni por ahogar libertades personales. La persecución nos vendría por estar con los pobres, con los desheredados, con los sin tierra, con los emigrantes, con los desechados por la sociedad; por defender y practicar la igualdad de hombres y mujeres (empezando por nuestras propias Iglesias y comunidades), por la aceptación y el reconocimiento en igualdad de las personas homosexuales y de otras orientaciones (que son iguales a las demás personas también en lo que a la madurez se refiere), por practicar la laicidad y la presencia transformadora en la sociedad, por reconocer y valorar el pluralismo y ejercitar la democracia y la horizontalidad en el interior de nuestras Iglesias y en la vida social y política, por practicar la no violencia activa, por responder a los “nuevos desafíos en un mundo que ansía la paz”. ¿Somos perseguidos por esto los que nos llamamos cristianos?.

Es propio de los fundamentalistas religiosos no tener en cuenta la historicidad y el carácter situacional y cultural de los textos de los libros sagrados, elevando lo que no hay por qué a la categoría de universal para todos los tiempos o interpretarlos como un código de normas morales intangibles y sacadas de su contexto, haciéndoles decir incluso lo que no dicen. Sin embargo, la carta del fundamentalismo está servida y en nuestro propio mesón. Los platos no son nada sabrosos. No merece la pena hacer aquí un elenco de frases que hemos tenido que oir y que hacen que a muchísimos cristianos con sentido común de nuestras comunidades les chirríen sus tímpanos. Continuamente se olvida lo que es de verdad absoluto para el seguidor de Jesús: el amor y la fraternidad, la comprensión y el respeto, el ayudar a poner en pie al hermano herido, el colaborar en elevar la dignidad no reconocida o pisoteada. Esto sí que recorre toda la espiritualidad del Evangelio como columna vertebradora.

Observo también que hay un fenómeno nuevo en los fundamentalistas de nuestra época. Se trata de la apropiación de un lenguaje que no les corresponde, contaminándolo y vaciándolo casi de contenido para defender lo que se quiere defender. Así, palabras como “dignidad”, “liberación”, “igualdad”, “no discriminación”, “comunión”, “democracia” son utilizadas desde posiciones fundamentalistas para, a renglón seguido, no reconocer la igual dignidad de toda persona, para negar derechos civiles o religiosos (y dones del Espíritu en cada persona, sea de la condición que sea), para mantener privilegios de unos sobre otros, para obstaculizar el funcionamiento democrático y horizontal en el interior de las confesiones religiosas e Iglesias, para seguir discriminando a la mujer, para controlar a las personas y no permitir la libre expresión... La “comunión” es entendida desde esta posición como sumisión ciega a doctrinas y a cadenas jerárquicas, no como lo que es su sentido cristiano: unidad de fe y amor, unidad en la pluralidad (que ha de ser reconocida y valorada como riqueza). Usadas de esta forma, se convierten prácticamente en palabras vacías, no creíbles, que desprestigian a las personas que las pronuncian y a las instituciones a las que pertenecen. Ello influye a la baja en la estimación social de las Iglesias, provocando más abandono de esas instituciones o defección práctica por parte de personas creyentes y dificultando enormemente la labor de la transmisión de la fe a generaciones enteras de jóvenes y de adultos. Tristemente, coinciden y se alinean con las corrientes más conservadoras de nuestra sociedad, las más reacias a los cambios humanizadores y a los vientos de libertad.

Nadie estamos libres de caer en intransigencias y en actitudes cerradas, excluyentes e integristas; quizá yo mismo haya contribuido a ello en algún momento, consciente o inconscientemente. Los tics verticalistas, de dominio sobre otros, de manipulación de las personas o de imposición anidan fácilmente en este barro del que estamos hechos. En nuestro caso, el de las Iglesias cristianas, el hecho de la agravación actual de las posiciones fundamentalistas en su interior quizá se trate de los últimos coletazos de un sistema que se desmorona por sí mismo; quizá sean sólo los antepenúltimos. En todo caso, yo los interpreto como señuelo para volver a la autenticidad de las propuestas del Evangelio, para reformular nuestra fe, para situarnos en la sociedad al estilo de Jesús de Nazaret, perseguido por los fundamentalistas de su tiempo –dirigentes político-religiosos y sus seguidores-, para convertirnos a los pobres y a los excluidos, para dejar a Dios ser Dios y no manipularlo a nuestro antojo. Y la razón de esta sensibilidad es el seguimiento a Jesús, el compromiso con el ser humano y el amor a mi Iglesia; un amor que me duele si percibo que su barca pierde el Norte. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


en adviento

VIVIR EN ADVIENTO
La esperanza escatológica en una cultura antiutópica
JOSÉ IGNACIO CALLEJA, Profesor de Moral Social Cristiana
VITORIA-GASTEIZ.

ECLESALIA, 14/12/05.- Vivir hoy el adviento y vivir en adviento, no es fácil; es difícil. El mundo en el que somos ciudadanos, nuestro querido mundo, no invita a expectativas como la de Jesús y su Dios. Sus esperanzas son de corto alcance y plazo. Se tienen que sustanciar en salud, dinero, ocio y familia. Con todo, el mundo, nuestro querido mundo, merece muchas críticas, pero no nos ensañemos con él y menos verlo como si nos fuera ajeno. Estamos llamados a reconocerlo en tantas y tantas cosas, y, a la vez, a compartir sincera y cada vez más atrevidamente lo que no vemos bien. Pero eso sí, desde dentro, sin creernos con una carga de valores y normas que como nuevas filacterias y orlas adornan nuestro vestido, imponiendo pesadas cargas a la gente sencilla (Mt 23, 1-12). ¡Cómo nos ronda la religión de “la ley y el clericalismo” a la hora de comprendernos!

Y es que “te doy gracias, Señor del Cielo y de la Tierra, porque has revelado estas cosas a la gente sencilla” (Lc10, 21-24). Por eso evangelizar es vivir y contar el misterio de la misericordia de Dios como buena noticia ofrecida, regalada, celebrada y consoladora: “Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha” (Salmo 32, 2-3).

En medio de las idas y venidas diarias, nuestro cristianismo no espera en serio al Hijo, y el mundo no espera a menudo más que el próximo puente festivo. Se podía leer en el metro de París, y decía eso mismo, “en un mundo tan absurdo, lo único verdaderamente importante consiste en pensar dónde pasaremos las próximas vacaciones”. En medio de la insoportable levedad del mundo, rememorando a Milan Kundera, y con todas las condiciones propias de una sociedad neoliberalmente gestionada, el anuncio del Evangelio, la Buena Nueva del Reino de Dios, el anuncio significativo de la persona, la vida y las palabras de Jesús, el Cristo, las bienaventuranzas, constituyen un anacronismo cultural. Y, sin embargo, para nosotros sigue siendo el meollo de la misión evangelizadora.

Debemos reconocer este conflicto de fondo, antes de pensar en otras causas reales, pero menos decisivas a la hora de valorar las posibilidades y dificultades de la evangelización. Por eso decimos que el Concilio Vaticano II, el genial Vaticano II, no percibió esta novedad cultural. Nosotros debemos hacerlo y, tras considerarla, confiar sin titubeos en que anunciar la Buena Nueva de Jesucristo, íntegra y significativamente, al hombre y la mujer de hoy, es un reto hermoso e inexcusable. Reconocida aquella dificultad, lo hacemos con nuestra sinceridad y coherencia de vida, y con coraje, libertad y sencillez, con el atrevimiento de la sencillez: “Te doy gracias, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado estas cosas a la gente sencilla” (Lc 10, 21). Esta fuerza interior va a ser más necesaria que nunca.

Tengo para mí que estamos ante uno de los momentos más difíciles para la evangelización. Os acabo de decir por qué. Porque nos encontramos, por primera vez, ante destinatarios que, en muchas cosas, no tienen conciencia religiosa, no la reconocen en su intimidad. En el inicio mismo del cristianismo, tan difícil, los destinatarios eran judíos o paganos, pero siempre con una conciencia religiosa. Por primera vez estamos ante gente que, culturalmente, no aprecia la respuesta religiosa ni como inquietud personal. Sólo quería mencionar esta dificultad tan nueva, no conduciros al desánimo. “Bendito seas, porque si has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla”. Pero hay que saberla, para no dar palos de ciego y creer que de modernizar un poco la cara del clero y otro poco las eucaristías, esto sería otra cosa. No, el asunto es distinto. Algunos huyen hacia el pasado, y no les va mal, pero ¿son cristianismo de Jesús, o también, y más, religión a la medida de la nueva burguesía? El asunto tiene que ver, según creo, con la conversión del cristianismo a los Pobres, o sea, al Dios de los Pobres, y tiene que ver, también, con la conversión de la cultura a los mismos Pobres, o sea, a quienes constituyen sus víctimas y desecho. Estoy convencido de que el discurso religioso y, por ende, la evangelización, sólo recobrará sus verdaderas oportunidades, hablo más de calidad que de cantidad, si apuesta, claramente, por una realidad social, cultural y moral de corresponsabilidad planetaria, de todos con todos, en la justicia, la solidaridad, la moderación y la sostenibilidad. No me atrevo a proclamar, sin más, con Jon Sobrino, rememorando a Ellacuría, que la "salvación" nos viene de la "civilización de la pobreza". No me atrevo, todavía. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

bendición

LA BENDICIÓN DEL ÁNGEL
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@caminantes.jazztel.es

ECLESALIA, 13/12/05.- ¡Hola Clara! Soy Gabriel y vengo a ayudarte. No mujer, no te asustes. No hay nada de extraordinario en esta visita, forma parte de mi rutina. No mires la vidriera... ni la hornacina. ¡Estoy aquí, en tu cielo! ¿No llamáis cielo a la morada de Dios? Pues desde ahí te hablo. Que no Clarita, que no es arriba. Te hablo desde tu interior, ahí donde bullían ahora mismo tus mejores aspiraciones. Por eso he venido. ¿No querías bendecir?

Conviene precisar bien. Bendecir significa "bien decir", decir bien de alguien. No de boquilla, no. Eso es palabrería, cuando no manipulación. Bendecir es reconocer lo positivo que hay en cada ser y decirlo, ponerle palabras, expresar nuestra admiración. ¡Ni te imaginas las bendiciones que cantamos a nuestro Padre Dios! Es inevitable. Su sola presencia desata alabanzas sin fin, "su amor no sólo deja sitio a cualquier otro amor, sino que le hace sitio y le da holgura... Su amor crea amor, lo mismo que su presencia crea espacio..." [1]

Escucha lo que hoy te digo en su nombre: "Dios te salve Clara, llena eres de gracia, el Señor está contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito sea Dios que habita dentro de ti".

No te sonrojes, mujer, ésa eres tú: graciosa y bendita. Así te creó y así te ve el Padre. Ya sé que os habéis deslizado por una religión negativa y esta bendición os asusta. Pero intenta acostumbrarte, repítela muchas veces, hasta que estés convencida. ¿Que te parece excesiva? ¡Ah, ya, es eso! Tu humildad te impide decir "bendita entre todas". Entiendo. ¿Cómo te suena, entonces, aquello de "en la palma de mis manos te llevo tatuada"? (Is. 49,16) ¿Todavía no has caído en que eres única e irrepetible? Mira tu cara, mira tus manos. Nadie hay igual. Es el signo de que te han creado individualmente, elegido expresamente, amado particularmente. ¿Todavía te crees hija del azar, del instinto, de la imprevisión? Además, por qué esa manía de compararos. Cada uno de vosotros brilláis en sus pupilas y latís en su corazón. Te lo puedo asegurar.

Cada uno con su estatura, su forma y su color. Acogido, bendecido, cuidado.

¿Que eres una pecadora indigna? Ya veo. Otra vez la contaminación de la religión negativa de antaño... No mi niña, no. Antes que pecadora has sido amada, creada llena de dones. Eres hija de la Luz y por tanto eres luz, tu interior rebosa potencialidades, tu ser se muere de ganas por expandirse como una galaxia. Haces bien en identificar tus malos funcionamientos, pero si te obsesionas con tus sombras no lograrás ver lo positivo de tu corazón. ¿Dónde te apoyarás entonces para caminar segura por la vida?

Sí, lo sé. Estás condicionada, herida y maltrecha, por el ambiente que respiraste en tu vida temprana y por la oscuridad actual. Ése es precisamente el pecado original que hay que superar, el daño de quienes te contagiaron desequilibrios (violencia, temor, inseguridad, rechazo, etc.). De generación en generación. Pero olvidas que también hubo quien te sembró esperanza, fe en ti misma, libertad, bondad, paz... Por eso estabas ahora rezando, suspirando por ser más y mejor, mientras te abrumabas con tus fracasos. Habéis olvidado lo escrito: "Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rom. 5, 20). Sois totalmente positivos en el fondo, nada se ha perdido, nada se ha dañado definitivamente.

¡Por supuesto que no podéis abandonaros a las tinieblas de fuera ni a las oscuridades de dentro! Debéis trabajar por acrecer el tesoro que sois y la fuerza que portáis. No es mérito vuestro, todo lo habéis recibido. ¿No te das cuenta de vuestra ingratitud al no reconocer vuestra herencia? ¿Por qué vivís como hijos pobres... de Padre millonario?

Te contaré otro secreto. En ocasiones le oigo repetir: "Hija mía que estás en el mundo. Eres mi gloria y en ti está mi reino. Eres mi voluntad y mi querer. Te sostengo y mantengo cada día, no temas. Te perdono siempre, para que perdones. Yo te libraré del mal y de las dudas"[2]. Hoy estoy parlanchín -bueno, en realidad es parte de mi don de anunciador-. Una confidencia más: Muchas veces he visto al Padre inclinarse a tu oído y susurrar: "Clara, hija mía, gracias por todo lo que has hecho por mí". Tú no le oías. Estabas concentrada en la lista de tus pecados.

¡Vaya! ¿Ahora lloras? Lo comprendo. La emoción te hierve. Ahora te atreverás a repetir mi bendición, a creer que Dios te hizo luminosa y siempre te amó, siempre te acompañó, siempre te esperó, por encima de tus "terribles" pecados. Reconócelo, agradécelo, salta de alegría.

Un último mensaje. Has recibido de mi boca una bendición nueva y antigua. Ahora ve y haz tú lo mismo. Reconoce lo bueno que hay en tus hermanos, desciende a su interior, no te fijes tanto en sus heridas y cicatrices, siente su luz y bendícelos. Es decir, diles el bien que descubres en ellos. En momentos especiales, cuando quieras transmitir a alguien tu fuerza, tu apoyo, tu amor, haz esto: Elige el lugar adecuado, pon tus manos sobre su cabeza o sus hombros y bendice lentamente: "Dios te salve (pon aquí su nombre) lleno eres de gracia, el Señor está contigo, bendito tú eres entre todas las criaturas, y bendito sea Dios que habita dentro de ti". Puede que te sorprendan los efectos de esta costumbre de bendecirte y bendecir. ¡Que aprendas a ser feliz con lo mucho que Dios te ha dado! ¡Que aprendas a descubrir lo divino que late en el fondo de cada ser humano! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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[1] José Mª Cabodevilla en "365 nombres de Cristo" (BAC).
[2] Del jesuita Peter Fraile, iniciador de los cursos de "Integración de valores" y "Dinámica de la Bondad".

por llegar

por llegar

EL NIÑO ESTÁ POR LLEGAR
ENCAR GONZÁLEZ-CAMPOS, agustina misionera, encarweb@yahoo.es
VALLADOLID.

ECLESALIA, 12/12/05.- Hace ya más de veinte años que, llegando las fechas de Navidad, entonamos de nuevo esa antigua canción de José Luis Perales: “Navidad es Navidad”… Se ha convertido en slogan navideño para aquellos que deseamos un mundo mejor y para aquellos a los que la Navidad toca especialmente el corazón queriendo recordar situaciones de nuestro mundo en las que queremos que Jesús de nuevo vuelva a nacer.

Hoy esta canción resuena por dentro con toda la novedad del momento. Sus acordes se acompasan en la actualidad de nuestra historia..

La tierra se alegra y se entristece la mar, ese mar azotado por los huracanes, desbordado por el viento impetuoso que hace de las aguas serenas y tranquilas un oleaje devastador.

¡Dejan sus redes y rezan tantos y tantos habitantes de las costas tropicales que lo han perdido todo! ¡Tantos niños visitados por Katrina, Wilma, Alpha… que vieron cómo se marchaban sus familiares más cercanos!

¡Miran la estrella pasar los tripulantes de las pateras que, cargados de esperanza y miedo, se lanzan a la aventura de buscar una vida más digna y justa!

Hacen en su barco un altar los subsaharianos que se preparan para el asalto de la muralla que les conducirá a un país en el que reine la paz y prosperidad. Tantas personas sencillas y humildes que hacen de Jesús, niño y pobre, elemento fundamental en el camino de cada día.

Las noches blancas de hospital desean dejar su llanto en la noche de Navidad pero el dolor y la pérdida de los seres más queridos hacen que su llanto se prolongue. Hospitales africanos, asiáticos, latinoamericanos… que carecen de los elementos básicos para atender a los cientos de personas enfermas que alargan sus manos esperando encontrar una mano amiga cargada de ayuda y solidaridad.

Deseo decirles a los caminantes sin hogar, que vengan a mi casa esta noche, la casa de un mundo que albergue a todos por igual sin distinción de raza o color, de posición económica o social. Una casa de puertas abiertas a compartir amor y felicidad.

Caminante refugiado, caminante doliente, deja tu alforja llenar de esperanza, de confianza en que este mundo puede cambiar. Que las riquezas pueden ser repartidas equitativamente y… que la mayor riqueza reside en nuestro interior, esa que nadie nos puede quitar. Si miras hacia atrás sufres, si miras hacia delante te entristeces, pero si miras a los lados verás a Jesús caminando contigo acompañando todo lo que vives y eres.

¡Ven soldado, vuelve ya!, para sanar tus heridas, para prestarte esa paz que deseas encontrar en Irak y en tantos pueblos donde la violencia se adueña de nuestros corazones. Donde es más importante el dinero conseguido con la exportación de armas que la vida humana, donde la violencia se alza como bandera de las naciones queriéndonos recordar que la persona no cuenta, que el dinero es el rey.

Si escuchamos el mensaje, dejaremos el odio y construiremos la paz que une a los pueblos y a las personas. Iremos con Él en Navidad, en verano y en pascua, porque Él será el centro que nos mueva a vivir en armonía y fraternidad.

Que las notas de esta canción sigan haciendo eco en este nuestro mundo, tan dividido y fragmentado. Que cuidemos la tierra que Dios nos ha dado colaborando y mimando cada una de sus criaturas.

Que seamos artífices de la paz en nuestro entorno más cercano y también en el más lejano.

Que no cerremos los ojos ante la llegada de la Navidad pensando en luces de colores y árboles decorados de bonitas figuras. Que nuestra figura principal y central sea la de un Dios hecho niño que se hizo débil con el débil y humilde por siempre jamás. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


por llegar

por llegar

EL NIÑO ESTÁ POR LLEGAR
ENCAR GONZÁLEZ-CAMPOS, agustina misionera, encarweb@yahoo.es
VALLADOLID.

ECLESALIA, 12/12/05.- Hace ya más de veinte años que, llegando las fechas de Navidad, entonamos de nuevo esa antigua canción de José Luis Perales: “Navidad es Navidad”… Se ha convertido en slogan navideño para aquellos que deseamos un mundo mejor y para aquellos a los que la Navidad toca especialmente el corazón queriendo recordar situaciones de nuestro mundo en las que queremos que Jesús de nuevo vuelva a nacer.

Hoy esta canción resuena por dentro con toda la novedad del momento. Sus acordes se acompasan en la actualidad de nuestra historia..

La tierra se alegra y se entristece la mar, ese mar azotado por los huracanes, desbordado por el viento impetuoso que hace de las aguas serenas y tranquilas un oleaje devastador.

¡Dejan sus redes y rezan tantos y tantos habitantes de las costas tropicales que lo han perdido todo! ¡Tantos niños visitados por Katrina, Wilma, Alpha… que vieron cómo se marchaban sus familiares más cercanos!

¡Miran la estrella pasar los tripulantes de las pateras que, cargados de esperanza y miedo, se lanzan a la aventura de buscar una vida más digna y justa!

Hacen en su barco un altar los subsaharianos que se preparan para el asalto de la muralla que les conducirá a un país en el que reine la paz y prosperidad. Tantas personas sencillas y humildes que hacen de Jesús, niño y pobre, elemento fundamental en el camino de cada día.

Las noches blancas de hospital desean dejar su llanto en la noche de Navidad pero el dolor y la pérdida de los seres más queridos hacen que su llanto se prolongue. Hospitales africanos, asiáticos, latinoamericanos… que carecen de los elementos básicos para atender a los cientos de personas enfermas que alargan sus manos esperando encontrar una mano amiga cargada de ayuda y solidaridad.

Deseo decirles a los caminantes sin hogar, que vengan a mi casa esta noche, la casa de un mundo que albergue a todos por igual sin distinción de raza o color, de posición económica o social. Una casa de puertas abiertas a compartir amor y felicidad.

Caminante refugiado, caminante doliente, deja tu alforja llenar de esperanza, de confianza en que este mundo puede cambiar. Que las riquezas pueden ser repartidas equitativamente y… que la mayor riqueza reside en nuestro interior, esa que nadie nos puede quitar. Si miras hacia atrás sufres, si miras hacia delante te entristeces, pero si miras a los lados verás a Jesús caminando contigo acompañando todo lo que vives y eres.

¡Ven soldado, vuelve ya!, para sanar tus heridas, para prestarte esa paz que deseas encontrar en Irak y en tantos pueblos donde la violencia se adueña de nuestros corazones. Donde es más importante el dinero conseguido con la exportación de armas que la vida humana, donde la violencia se alza como bandera de las naciones queriéndonos recordar que la persona no cuenta, que el dinero es el rey.

Si escuchamos el mensaje, dejaremos el odio y construiremos la paz que une a los pueblos y a las personas. Iremos con Él en Navidad, en verano y en pascua, porque Él será el centro que nos mueva a vivir en armonía y fraternidad.

Que las notas de esta canción sigan haciendo eco en este nuestro mundo, tan dividido y fragmentado. Que cuidemos la tierra que Dios nos ha dado colaborando y mimando cada una de sus criaturas.

Que seamos artífices de la paz en nuestro entorno más cercano y también en el más lejano.

Que no cerremos los ojos ante la llegada de la Navidad pensando en luces de colores y árboles decorados de bonitas figuras. Que nuestra figura principal y central sea la de un Dios hecho niño que se hizo débil con el débil y humilde por siempre jamás. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


por llegar

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EL NIÑO ESTÁ POR LLEGAR
ENCAR GONZÁLEZ-CAMPOS, agustina misionera, encarweb@yahoo.es
VALLADOLID.

ECLESALIA, 12/12/05.- Hace ya más de veinte años que, llegando las fechas de Navidad, entonamos de nuevo esa antigua canción de José Luis Perales: “Navidad es Navidad”… Se ha convertido en slogan navideño para aquellos que deseamos un mundo mejor y para aquellos a los que la Navidad toca especialmente el corazón queriendo recordar situaciones de nuestro mundo en las que queremos que Jesús de nuevo vuelva a nacer.

Hoy esta canción resuena por dentro con toda la novedad del momento. Sus acordes se acompasan en la actualidad de nuestra historia..

La tierra se alegra y se entristece la mar, ese mar azotado por los huracanes, desbordado por el viento impetuoso que hace de las aguas serenas y tranquilas un oleaje devastador.

¡Dejan sus redes y rezan tantos y tantos habitantes de las costas tropicales que lo han perdido todo! ¡Tantos niños visitados por Katrina, Wilma, Alpha… que vieron cómo se marchaban sus familiares más cercanos!

¡Miran la estrella pasar los tripulantes de las pateras que, cargados de esperanza y miedo, se lanzan a la aventura de buscar una vida más digna y justa!

Hacen en su barco un altar los subsaharianos que se preparan para el asalto de la muralla que les conducirá a un país en el que reine la paz y prosperidad. Tantas personas sencillas y humildes que hacen de Jesús, niño y pobre, elemento fundamental en el camino de cada día.

Las noches blancas de hospital desean dejar su llanto en la noche de Navidad pero el dolor y la pérdida de los seres más queridos hacen que su llanto se prolongue. Hospitales africanos, asiáticos, latinoamericanos… que carecen de los elementos básicos para atender a los cientos de personas enfermas que alargan sus manos esperando encontrar una mano amiga cargada de ayuda y solidaridad.

Deseo decirles a los caminantes sin hogar, que vengan a mi casa esta noche, la casa de un mundo que albergue a todos por igual sin distinción de raza o color, de posición económica o social. Una casa de puertas abiertas a compartir amor y felicidad.

Caminante refugiado, caminante doliente, deja tu alforja llenar de esperanza, de confianza en que este mundo puede cambiar. Que las riquezas pueden ser repartidas equitativamente y… que la mayor riqueza reside en nuestro interior, esa que nadie nos puede quitar. Si miras hacia atrás sufres, si miras hacia delante te entristeces, pero si miras a los lados verás a Jesús caminando contigo acompañando todo lo que vives y eres.

¡Ven soldado, vuelve ya!, para sanar tus heridas, para prestarte esa paz que deseas encontrar en Irak y en tantos pueblos donde la violencia se adueña de nuestros corazones. Donde es más importante el dinero conseguido con la exportación de armas que la vida humana, donde la violencia se alza como bandera de las naciones queriéndonos recordar que la persona no cuenta, que el dinero es el rey.

Si escuchamos el mensaje, dejaremos el odio y construiremos la paz que une a los pueblos y a las personas. Iremos con Él en Navidad, en verano y en pascua, porque Él será el centro que nos mueva a vivir en armonía y fraternidad.

Que las notas de esta canción sigan haciendo eco en este nuestro mundo, tan dividido y fragmentado. Que cuidemos la tierra que Dios nos ha dado colaborando y mimando cada una de sus criaturas.

Que seamos artífices de la paz en nuestro entorno más cercano y también en el más lejano.

Que no cerremos los ojos ante la llegada de la Navidad pensando en luces de colores y árboles decorados de bonitas figuras. Que nuestra figura principal y central sea la de un Dios hecho niño que se hizo débil con el débil y humilde por siempre jamás. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).