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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Reflexiones

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KIBERA. SACUDIDA E INVITACIÓN A LA CONVERSIÓN Y LA LIBERACIÓN
JON SOBRINO
SAN SALVADOR (EL SALVADOR).

ECLESALIA, 15/02/07.- Nairobi es la capital de Kenia, país que, en la lista de pobreza, está por detrás de Haití. Uno de sus suburbios, Kibera, donde se hacinan 800 mil personas -algo así como San Salvador- es el champerío, la favela más grande de África. Hay una letrina, infame, para cada 200 personas, y a veces hay que pagar unos centavos para usarlas. En algunos lugares, hay que esperar a las lluvias para poder evacuar la basura en pequeños riachuelos.

No me gusta empezar así, sobre todo por respeto a las personas que allí viven y a su dignidad que se expresa de mil modos. Pero si ignoramos la realidad de Kibera, nos quedaremos con los modernos rascacielos del centro de la ciudad y con el inmenso estadio, muy bello por cierto, donde tuvo lugar el Foro Social Mundial, del 20 al 25 de enero, pero al que no se pudieron hacer presentes los habitantes de Kibera, por la distancia y por el precio del pasaje en bus.

Además, tuve la suerte de participar en el Foro Mundial de Teología de la Liberación, del 16 al 19. No voy a ofrecer una crónica, pues se hace en otro artículo. Pero en el trasfondo de Kibera voy a hacer algunas reflexiones alrededor del tema.

Ante todo, Kibera es principio hermenéutico, que dicen los filósofos, lugar teológico, que dicen los teólogos, para comprender la realidad e interpretar lo que debemos hacer con ella. Sin empezar por ahí, dudo que entendamos bien la teología de la liberación y cómo propiciarla de modo que ayude realmente a la liberación. Kibera abre nuestros ojos, aun cuando pensemos que ya los tenemos abiertos. Mueve nuestras entrañas a misericordia, aunque pensemos que ya nos dedicamos a los pobres. Y bien se nos puede ofrecer como sacramento del misteryum fascinans et tremens, misterio fascinante y aterrador, aunque pensemos que sobre el misterio de Dios ya sabemos lo suficiente -o que lo podemos ignorar sin mayor pérdida. Pero para los creyentes en el Dios de Jesús, dudo que haya mejor lugar para escuchar sus palabras: “Estos son mis privilegiados. Para ellos vivió y murió mi Hijo. Desvívanse para que tengan vida y libertad, y recuperen la dignidad. Aprendan de ellos a vivir, a resistir, a mantener esperanza. Y desde ellos tengan una utopía: ser todos hermanos y hermanas, no en abstracto, sino con ellos y ellas. Y recuerden lo que dijo Oscar Romero: ‘La gloria de Dios -mi gloria- es que éstos hombres y mujeres vivan’”. Y a Kibera hay que añadir otras 1.600.000 personas que en Nairobi viven en tugurios miserables. Son el 60% de la población, y viven en el 5% del territorio. Desde esa realidad voy a hacer las siguientes reflexiones.

1. “Realmente mundial”. Así se llaman estos foros: “mundial”, y es bueno que así se llamen. Lo importante es que en ellos se haga presente el “mundo real”, y de eso saben mucho en Kibera. El lugar en que se celebra un foro no debe fungir sólo como mero lugar (un ubi categorial), sino como realidad (un quid sustancial). Con muchas miserias y muchas esperanzas, en lugares como Kibera todo es más real que cuando se habla de nuestro planeta en el consejo de seguridad de Naciones Unidas o en el Banco Mundial, en la noche de los Oscars o en campeonatos mundiales -y ciertamente más que en Davos. Y en esos foros hablan gentes reales de muchas y variadas partes. Lo harán mejor o peor, pero son palabras “suyas”, de esos “otros” que normalmente no hablan: mujeres africanas que nos cuentan lo que les aflige -ablaciones, por ejemplo- y lo que les da esperanza -se organizan para luchar. Otros, los del primer mundo, aunque no insertos, nos sentimos al menos reubicados en la verdad del planeta. Y desde la distancia, fuera de los foros, Kibera sigue siendo la pregunta de si somos reales, o si vivimos en el docetismo, en la irrealidad -el peligro de siempre. Y lanzan esta otra pregunta: “¿quién se responsabiliza de este mundo?”. Responsabilizar a otros no es difícil, y hay que hacerlo. Pero preguntarnos por nuestra propia responsabilidad no suele ocurrir, y también hay que hacerlo.

2. “Liberación redentora”. Hay que insistir -y se insistió- hasta la saciedad en la liberación de un mundo “gravemente enfermo”, que decía Ellacuría, “amenazado de muerte”, que dice ahora Jean Ziegler. Hay que liberar de la pobreza y de la injusticia, de la discriminación de razas y de género, del silencio y de la mentira, de la crueldad y la trivialización de lo humano. También de aquellas formas religiosas, democráticas, teológicas, que oprimen más que liberan. Y hay que liberar para la utopía de la vida y la fraternidad. La esperanza grita “otro mundo es posible”, pero antes la compasión grita “otro mundo es necesario”. Esta liberación es articulus statis vel cadentis humanitatis. La liberación tiene una necesaria dimensión de lucha, lo cual es, al menos, proclamado. Pero también de redención, de erradicar las raíces estructurales del mal. Para ello se necesita entrega y generosidad sin límites, lo que antes se enfatizaba en presencia de los miles de mártires que ofrecieron todo por la liberación de sus gentes, y de lo que hoy se habla menos, como si se hubieran encontrado caminos de una “liberación sin dolor”. Eso es no tomar en serio la dimensión agonista de la existencia cristiana, ni el dolor de la gente.

3. “El Theos de la teología”. El Theos mueve a la praxis de liberación, pero también exige e invita a un modo humano y cristiano de llevarla a cabo. En concreto, se necesita humildad, pues a veces da la sensación de que sólo los otros, los opresores, tuviesen necesidad de conversión, y como si a nosotros no nos salpicase la arrogancia, la hybris contra la que nos avisa Pablo. Sigue siendo necesario “hacer la revolución como un perdonado”, que decía González Faus hace treinta años. La conversión siempre es necesaria, aunque como todo realidad expresada en lenguaje religioso está siendo silenciada. También las praxis de liberación llevan el lastre de todo lo humano: incoherencias, personalismos, protagonismos, facilismos, y a veces también corrupción, encubrimiento… El Theos nos mueve a liberar a otros de la opresión que sufren, pero mueve también a liberarnos a nosotros mismos. Y, liberados, a liberar mejor a los demás.

4. “El misterio del Theos”. Dios nos remite a las víctimas para liberarlas. Y las víctimas, a su vez, nos remiten -o nos pueden remitir- a Dios, con toda seriedad. No es bueno para la teología ni es fructífero para la liberación que se haga de Dios un problema resuelto -o simplemente que se lo ignore. Buena es, por ello, la pregunta de la teodicea: el misterio del Dios ausente, y preguntarnos “si podemos encontrar a Dios en Kibera”. Sin hacernos esa pregunta no crecemos en humanidad. Pero, como en el final del evangelio de Marcos, el crucificado puede expresar también el misterio del Dios presente. En Kibera, en sus hombres y mujeres, podemos encontrar a Dios aun en medio de mil penurias, debilidades y desafueros. Lo podemos encontrar en su cotidiano vivir, en su firmeza y resistencia, en la dignidad y esperanza que podemos intuir cuando nos acercamos a ellos. En lo que cuentan las personas que les acompañan diariamente, sencillas religiosas muchas veces. En los niños -siempre sonrientes- que van a una destartalada escuela, con el afán de aprender y con muy poco más. Allí se asoma Dios, el Dios de pobres y víctimas. No estamos en disposición ahora de detallar más lo bueno y positivo. Lo que hemos dicho puede parecer poca cosa a los que damos la vida por supuesto, pero es un máximo. Es la santidad primordial. Existe vivo un principio de vida que genera vida. Y como dicen muchos allí, es su riqueza. Que Dios esté presente en esto podrá ser objeto de discusión. Pero mal haría una teo-logía de la liberación en no buscar a Dios allí. Y en no celebrarlo, cuando lo encuentra.

5. “Ecumenismo de religiones con vigor”. Ecumenismo, diálogo interreligioso, me parece bueno y necesario. Y existe. Nairobi y El Salvador están a miles de millas de distancia, y raro es que sus pueblos se conozcan. Sin embargo, algo los une. En una escuelita de Kibera, una niña me dijo: “¿El Salvador? La tierra de un obispo”. Se refería a Monseñor Romero. Un compañero jesuita de la República Democrática del Congo me habló de una tesis doctoral, escrita en la Universidad de Lovaina en el 2004, con el siguiente título: “El obispo Munzihirwa, ¿el Romero del Congo?”. Munzihirwa, muy parecido a nuestro Monseñor, fue asesinado en 1996. Y en la clausura del Foro de Teología, al final tuve la oportunidad de saludar a Desmond Tutu. Había tenido una ponencia impresionante, por la hondura de compasión, el hambre de justicia y la profundidad de fe. Se lo agradecí, y sólo añadí que venía de El Salvador, la tierra de Monseñor Romero. Entonces, como ensimismado, comentó con convicción y agradecimiento: “¿Romero? He inspired us”. Nuestro Monseñor, salvadoreño y católico, estaba presente en la Sudáfrica anglicana. Sin conocerse, Desmond Tutu y Oscar Romero, llegaron a ser hermanos, no sólo dialogantes ecuménicos. Y lo que ahora quiero enfatizar, lo fueron sin dejar ninguno de los dos su Iglesia, y sin buscar, para que prosperase el ecumenismo, mínimos comunes, sino verdaderos máximos: en ambos casos el gran amor por sus pueblos oprimidos, y la disposición a darlo todo por su liberación.

Este ecumenismo -o diálogo- debe ocurrir también entre las religiones. Pero quiero mencionar un peligro, tal como lo veo, y apuntar a una solución. El peligro es que el diálogo interreligioso se conciba desde lo que puede ser común a todos, aunque para ello haya que contentarse con mínimos, terminar con religiones diluidas, sin vigor. Entonces, todos podremos estar de acuerdo, pero lo acordado será poco y muy débil para revertir este mundo. La solución, pienso, va por otro lado: que cada religión profundice en lo suyo propio, en lo mejor que tiene y en lo que piensa que más va a transformar a este mundo enfermo. No sé cuánto ecumenismo generará, pero estará basado en la hondura de lo religioso. Es necesario expandir los acuerdos, aunque sean mínimos, pero a la larga es más fructífero profundizar en lo positivo de cada religión. Y no creo que esto dificulte el ecumenismo. Pienso que profundizar en Jesús de Nazaret, en el Gandhi del hinduismo, en el Buda, puede unificar a los hombres y mujeres de buena voluntad. Y me fijo aquí en testigos antes que en textos.

Mi esperanza es que coincidamos en lo profundo, en lo que -dicho ahora en terminología del cristianismo- queda expresado por reino y Dios, profecía y utopía, compasión y justicia, praxis y gracia… El ecumenismo que el mundo necesita no es simplemente que todos nos encontremos en algún lugar, sino que nos encontremos haciendo, esperando y rezando por la salvación, la redención y la humanización que el mundo necesita. Y esto se logra cuando una religión -o religiones- es una religión con vigor.

En Nairobi -a la luz de Kibera- recibimos algo importante que he intentado poner en palabra. Y regresamos con una esperanza: con conversión y sin hybris, con compromiso y sin docetismo, todos nos podemos unir para que la vida sea posible. Y así, la gloria de Dios. Monseñor Romero y Kibera, cada uno a su modo, lo proclaman: “La gloria de Dios es que el pobre viva”. Y “la gloria del pobre -prosiguiendo y parafraseando a Ireneo- es la visión del rostro del hermano y, en definitiva, del rostro de Dios”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


30 de enero

30 de enero

LA PRÁCTICA DE LA JUSTICIA
30 de enero. Aniversario de la muerte de Gandhi. Día de la lucha no-violenta
COMISIÓN DIOCESANA DE JUSTICIA Y PAZ DE TENERIFE
TENERIFE (ISLAS CANARIAS).

ECLESALIA, 30/01/07.- El 30 de enero se conmemora el aniversario del asesinato de Mohandas Gandhi en 1949, precursor de la lucha no-violenta en nuestro tiempo, junto a otros grandes personajes entre ellos Martin Luther King.

Mohandas Gandhi se enfrentó a un imperio mediante la desobediencia civil y la resistencia pasiva, devolviendo a millones de indios su dignidad cuando puso en sus manos el “arma” de la no-violencia, para combatir y derrotar a un enemigo poderosamente armado.

También hoy, en un mundo amenazado por grandes imperios económicos y políticos, “las desigualdades en el acceso a bienes esenciales como la comida, el agua, la casa o la salud; así como, las persistentes desigualdades entre hombre y mujer en el ejercicio de los derechos humanos fundamentales... están en el origen de reivindicaciones violentas y son por tanto una tremenda herida infligida a la paz.” (Benedicto XVI, mensaje en la jornada de la Paz, 1 enero 2007).

"La paz no es la ausencia de tensiones, sino la práctica de la justicia” (Gandhi). Es por tanto imprescindible no confundir no-violencia con pasividad ante la injusticia. La no-violencia es una forma de lucha que presupone el amor al enemigo y el respeto a la vida, pero nunca la cooperación, la indiferencia o el sometimiento al mal. La mayor forma de violencia es la injusticia y, en palabras de Gandhi, cuando no nos oponemos a ella, colaboramos: “la no cooperación con el mal, es un deber tan evidente como la cooperación con el bien”.

No es cierto que la única forma de respuesta ante la injusticia sea la violencia; esto es lo que les interesa que creamos a los que están poderosamente armados. A esta altura de la historia de la humanidad sabemos que “La guerra es siempre un fracaso para la comunidad internacional y una gran perdida para la humanidad” (Benedicto XVI, mensaje en la jornada de la Paz, 1 enero 2007).

Lo que si es cierto es que ante la injusticia siempre tiene que haber una respuesta, salvo que nos convirtamos en cómplices. Pero en esa respuesta tiene que estar ya contenido el germen del resultado que queremos conseguir, de ahí la importancia de la lucha no-violenta, para que a corto o largo plazo no se nos vuelva en contra, tal como ha ocurrido en tantas revoluciones: “El fin está contenido en los medios, como el árbol en la semilla” (Gandhi). Pretender acabar la violencia con más violencia es imposible. Es como querer apagar el fuego… con gasolina.

Nosotros debemos realizar la tarea de trabajar por un mundo más justo, más fraterno y más humano. Un mundo donde el amor sea el primer artículo de las constituciones de todos los pueblos y en la actualidad, la gran revolución pendiente.

A pesar de los desastres e injusticias que vemos a nuestro alrededor y la tiranía de algunos imperios, vivimos un tiempo de esperanza, porque nunca en la historia de la humanidad ha existido tanta conciencia y tantas personas trabajando por cambiar las condiciones y las actuales reglas que nos llevan a la autodestrucción.

En esta fecha que se conmemora el día de la lucha no-violenta, nos volvemos a sumar al grito de tantos hombres y mujeres de toda raza, ideología y creencia que se unen ante un único objetivo “Otro mundo es posible y urgente” y está en nuestras manos empujar para alumbrarlo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: jp.tenerife@juspax-es.org

diversidad

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ESPIRITUALIDAD Y RESPETO DE LA DIVERSIDAD
Conferencia pronunciada en el II Foro Mundial de Teología y Liberación celebrado en Nairobi (Kenya), del 16 al 19 de enero de 2007-01-23
JUAN JOSÉ TAMAYO, Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría” de la Universidad Carlos III de Madrid. Miembro del Comité Internacional del Foro Mundial de Teología y Liberación

ECLESALIA, 25/01/07.- A los niños y niñas de Kibera, en Nairobi, suburbio más poblado de África -800.000 personas- y símbolo de la exclusión por mor de la globalización neoliberal, que me acogieron cariñosamente con el saludo de “karibu” (= bienvenido) y con quienes soñé por una horas en “otro mundo posible”. Ojalá que el Foro Mundial de Teología y Liberación y el Foro Social Mundial, celebrados estos días en la ciudad de Nairobi, despierten la conciencia de los gobernantes y generen la rebelión de los excluidos

Deseo expresar mi agradecimiento por la invitación a participar en este panel sobre “Espiritualidad y respeto a la diversidad” dentro del II Foro Mundial de Teología y Liberación, que estamos celebrando en Nairobi del 16 al 19 de enero de 2007. Es para mí un honor y un privilegio compartirlo con la Sra. Eunice Santa de Velez y con mi colega la teóloga nigeriana Teresa Okure. Participé también en el I Foro Mundial de Teología y Liberación, celebrado en enero de 2005 en Porto Alegre (Brasil) donde iniciamos la construcción de una teología mundial de la liberación con la participación de teólogas y teólogas de todos los continentes. Me gustaría que esta conferencia contribuyera a avanzar y a profundizar en el objeto de una teología intercultural e interreligiosa de la liberación. Me centraré en la diversidad religiosa y cultural en cuyo horizonte es necesario re-pensar y vivir la espiritualidad.

Divido mi exposición en tres partes. La primera se refiere a las patologías de la espiritualidad. La segunda analiza el fenómeno de la diversidad religiosa y cultural como un hecho, como una necesidad y como riqueza de lo humano que debe potenciarse. La tercera es la propuesta de un nuevo paradigma de espiritualidad que presenta cinco características: inter-culturalidad, inter-identidad, inter-espiritualidad, inter-liberación y perspectiva feminista. Comienzo con una breve introducción sobre la espiritualidad como dimensión fundamental del ser humano y su relación otras dimensiones.

1. La espiritualidad, dimensión fundamental del ser humano

La espiritualidad es una dimensión fundamental del ser humano. Le es tan inherente como su corporeidad, su sociabilidad, su praxicidad. Pertenece, por tanto, a su sustrato más profundo[1]. Ahora bien, la espiritualidad no es independiente de otras dimensiones, su autonomía no es absoluta, como tampoco puede reducirse o deducirse mecánicamente de las condiciones materiales de existencia. Posee autonomía, ciertamente, pero es relativa, ya que se sustenta en las condiciones en que vive el ser humano: políticas, sociales, económicas, culturales, biológicas, al tiempo que las ilumina y transforma.

Es necesario, por ello, evitar dos peligros: la separación absoluta de la espiritualidad de las demás dimensiones del ser humano, que desembocaría en dualismo y espiritualismo; y la identificación con dichas dimensiones, formando un todo indiferenciado. La relación entre las diferentes dimensiones es dialéctica: todas ellas son codeterminantes y se codeterminan[2]. Entre lo espiritual y lo material se da una unidad diferenciada.

La espiritualidad no es una dimensión independiente de la liberación, como el espíritu no está, o no debe estar, separado de la totalidad del ser humano. Jon Sobrino habla de la necesidad de imbuir de espíritu la práctica de la liberación, de la necesidad de unir espíritu y práctica. “Sin espíritu –afirma-, la práctica está siempre amenazada de degeneración; y sin práctica, el espíritu permanece vago, indiferenciado, muchas veces alienante”[3]. No es posible la vida espiritual sin vida real e histórica, como tampoco vivir con espíritu sin que éste se haga carne. Tres son los presupuestos que establece Sobrino para toda espiritualidad, tanto antropológica como teologal: la honradez con la realidad, la fidelidad a lo real y el dejarse llevar por el “más” de la realidad

2. Patologías de la espiritualidad, hoy

La espiritualidad vive hoy una serie de patologías que la desdibujan y falsean de manera extrema, alejándose de su función liberadora y trasformadora, de la que se ha hablado reiteradamente en este Foro. Me centraré en cinco: a) Espiritualidad entendida y practicada como negocio y sometida al asedio del Mercado; b) Espiritualidad manipulada políticamente por intereses espurios al servicio del Imperio y sometida a su servicio; c) Espiritualidad vivida y practicada patriarcalmente en las religiones monoteístas; la como discriminación femenina bajo el asedio del patriarcado; d) Espiritualidad uniforme y monolítica en los discursos identitarios y en los monoteísmos; e) Espiritualidad institucional sin e(E)píritu; f) Privatización y despolitización de la espiritualidad.

a) El negocio de la espiritualidad en la religión del Mercado

Cada vez son menos los ámbitos de la existencia que escapan al mundo del negocio. El ocio, la vida privada, las relaciones personales, la cultura, espacios vitales que otrora estaban más o menos preservados de los círculos venales, han caído en la trampa de la racionalidad calculadora, productivista, interesada, instrumental, en una palabra, científico-técnica, que busca resultados en forma de beneficios contantes y sonantes. La dialéctica medios-fines y el principio “tanto vales cuanto produces” han terminado por regir el mundo de las experiencias de profundidad del ser humano. Hasta la espiritualidad ha terminado por caer en las redes del mercado, sometiéndose a sus leyes férreas, y por entrar en los circuitos económicos y financieros, que la han convertido en un objeto más de consumo y compra-venta.

El Wall Street Journal revelaba el año 2000 que la espiritualidad movia en el mundo más de mil millones de dólares. Creo que se quedaba corto. Ahí está para demostrarlo el mundo de la magia y de la superstición, en su versión religiosa y laica, que se ha apropiado de la espiritualidad y comercia con ella a precios de mercado, tras vaciarla de su dimensión vital profunda. Se aprovecha de la debilidad psicológica y cultural de la gente y negocia con los sentimientos, que es lo más sagrado de la persona. Crece el número de adeptos a la “cultura de los horóscopos”, que se ha convertido en una religión de gente crédula, carente de sentido crítico ante el bombardeo de una publicidad engañosa. Aumenta, asimismo, la clientela en las consultas de videntes, cartomantes, magos/as, adivinos, etc. Clientela de toda condición y edad en busca de mensajes optimistas que arrojen un rayo de esperanza en medio de una vida rota o desgarrada por múltiples conflictos. El precio a pagar es muy alto tanto en el plano económico como en el humano. Estamos ante una nueva forma de simonía, todavía más perversa que la de Ananías y Safira, descrita en Hechos de los Apóstoles (Hch 5, 1-11), ya que se aprovecha de la debilidad psicológica y cultural de la gente y negocia con los sentimientos, que es lo más sagrado que tiene la persona.

A la espiritualidad se le puede aplicar lo que Sygmunt Bauman dice de la ética: que está sometida al asedio del mercado. La espiritualidad en la religión del mercado se convierte en idolatría, en adoración, en este caso no al becerro de oro, como en tiempos de Moisés en el Sinaí, sino al oro del becerro.

También las religiones orientales se han convertido en Occidente en negocio por mor de violadores de lo sagrado. Lo que es un maravilloso capital antropológico, sapiencial y místico de la humanidad ha pasado a ser una forma de explotación de gente crédula, sin capacidad de autodefensa frente a las agresiones de los manipuladores sin escrúpulos.

En la religión del Mercado no hay lugar para la gratuidad, la com-pasión, el com-partir. Se imponen la espiritualidad del consumo y el pago de la deuda, hasta el último chelín. El neoliberalismo opera como una religión monoteísta que profesa la fe en el dogma de la Unicidad del Mercado, como un sistema de creencias con su credo económico único cuyos artículos se encuentran en el “Consenso de Washington”, del que habló François Houtart en su conferencia, con sus sacramentos, templos, sacrificios y clero, con su evangelio, el de la competitividad. Una competitividad que afecta a todos los ámbitos de la vida es la única tabla de salvación: “es como la gracia –dice Riccardo Petrella-: se tiene o no se tiene. No es divisible. Aquellos que la tienen se salvarán. Aquellos que cometen el pecado de no ser competitivos están condenados a desaparecer”[4]. La religión del Mercado tiene también sus Tablas de la Ley, su ética propia, su código moral específico, que ensalza la libertad individual como valor absoluto sin referencia comunitaria ni dimensión social, la libre iniciativa como desarrollo de la libertad individual, el culto al dinero, convertido en ídolo y la insolidaridad como estilo de vida.

Los rasgos comunes a toda espiritualidad, religiosa o no, son los siguientes: el respeto por el ministerio, que es inmanipulable, la gratuidad, el encuentro gozoso con la naturaleza, la experiencia comunitaria de la fe, la relación personal con la divinidad o las divinidades, con lo que nos trasciende, la contemplación, el silencio, la estética de lo sagrado, la fascinación por lo santo, la veneración hacia la naturaleza, el compartir, el reconocimiento del O(o)tro y sus consecuencias éticas, la com-pasión, incluso la religión como consuelo. En la religión del Mercado, empero, no hay lugar para nada de esto. Estos valores que apenas se cultivan ya, ni siquiera en el seno de las religiones o iglesias –al menos en Occidente-.

Es necesario liberar a la espiritualidad de las fauces del mercado y devolverle su profundidad y “trans-descendencia” viviendo la experiencia de fraternidad-sororidad-sociocósmica que abarque todos los niveles de la existencia. De lo contrario, el E(e)spíritu –como mayúscula y minúscula- será engullido por el sistema, y nos quedaremos privados de una de las fuentes de energía para la humanidad y la naturaleza. Sin el E(e)spíritu no habrá más día, sólo noche, no habrá más vida, sólo muerte. La espiritualidad, sin embargo, desemboca en la resurrección, que es la utopía en la que todos soñamos y que todos queremos ver realizada.

b) La manipulación de la espiritualidad en la religión del Imperio

La espiritualidad está sometida igualmente al asedio del Imperio en la nueva religión que éste se ha construido a su imagen y semejanza. El Imperio se apropia del Dios cristiano como aliado suyo a quien pone a su servicio, en este caso al; servicio de la guerra. Se apropia de Jesús de Nazaret cuya personalidad suplanta. Hace del cristianismo su religión oficial y la convierte en una espiritualidad de reconquista, de combate, de trinchera contra el Islam, considerada por Samuel Huntington, uno de los ideólogos del Imperio, “la civilización menos tolerante de las religiones monoteístas”. El Dios del cristianismo se convierte en ídolo y la religión cristiana, en mediación idolátrica. La manipulación de ambos termina por legitimar los comportamientos bélicos del Imperio. En esta religión se produce un uso y abuso de Dios, hasta matar en su nombre, con lo que se convierte a Dios en un asesino y ávido de sangre para aplacar su ira, como el dios Moloc. El Dios de vida se torna Dios de muerte. ¿Cómo se puede creer en un Dios asesino? La palabra “Dios” es, entonces la palabra más vilipendiada, mutilada, vilipendiada, como dijera Martín Buber: “Las generaciones humanas han hecho rodar sobre ella el peso de su vida angustiada, y la han oprimido contra el suelo. Yace en el polvo y sostiene el peso de todas ellas. Las generaciones humanas, con sus partidismos religiosos, han desgarrado esta palabra. Han matado y se han dejado matar por ella. Esta palabra lleva sus huellas dactilares y su sangre”. La espiritualidad del Imperio es necrófila, siembra la muerte y la destrucción por doquier: en la humanidad, en la naturaleza, en la atmósfera.

c) Espiritualidad androcéntrica en las religiones monoteístas

Las religiones están configuradas patriarcalmente. Y la espiritualidad institucional se corresponde con su carácter patriarcal y androcéntrico. El varón constituye el modelo de espiritualidad, de encuentro con Dios. Las mujeres son alejadas del mundo de lo sagrado, fuera del altar y sometidas a la invisibilidad. Su lugar, en la tradición cristiana, es junto a la cruz, su espiritualidad, la del sufrimiento redentor, imitando a Cristo, nunca participando en su gloria, en la resurrección, cuando fueron las primeras testigos del Resucitado, las primera creyentes en la Iglesia cristiana y las que difundieron el mensaje de Jesús de Nazaret con plena autenticidad más allá del mundo judío. La espiritualidad del varón es la del mérito, de la autoridad, del éxito, del reconocimiento, de la visibilidad, en definitiva, de la apariencia, muy parecida a la del fariseo del evangelio. La espiritualidad de las mujeres, por el contrario, se caracteriza por el silencio, la abnegación, la sumisión, la invisibilidad, el cuidado, la entrega, el servicio, a imagen de Cristo que no vino a ser servido sino a servir. Dicho modelo de espiritualidad no es específica del cristianismo. Suele ser común a todas las religiones, especialmente a las monoteístas, con un Dios varón, patriarca, señor y dueño de personas, vidas y haciendas.

d) Espiritualidad uniforme en los discursos identitarios y en los fundamentalismos

Hoy predominan los discursos identitarios, que se elaboran en torno a una concepción cerrada de la propia identidad, sea ésta étnica, cultural o religiosa. Una identidad pura, incontaminada, que se construye de manera solipsista, autista, en el interior de cada tradición, sin diálogo ni comunicación con otras identidades. Una identidad que opera como muro protector frente a otras identidades y como trinchera en lucha contra otras identidades. Son discursos frentistas del “yo” frente al “otro”, del “nosotros” frente a los otros, que no asumen ni integran la las diferencias culturales y religiosas, sino que fomentan el choque, la confrontación y desembocan con frecuencia en nuevas guerras de religiones y de culturas.

Dos ejemplos emblemáticos de discurso identitario cerrado: uno, cultural, y otro, religioso. El discurso identitario cultural está representado por Samuel Huntington, para quien las identidades culturales están configurando las pautas de cohesión y de desintegración en el mundo de la posguerra fría. La fidelidad cultural es lo que, a su juicio, resulta más pertinente y significativo[5]. Huntington defiende el choque de culturas y civilizaciones como ley de la historia en el siglo XXI: “La fuente esencial de conflicto en este mundo nuevo no será fundamentalmente ideológica ni fundamentalmente económica. Las grandes divisiones de la humanidad y la fuente predominante del conflicto serán de tipo cultural. Las naciones Estado seguirán siendo los actores más poderosos en la política mundial, pero los principales conflictos de dicha política se producirán entre naciones y grupos de civilizaciones distintas. El choque de civilizaciones dominará la política mundial. Las líneas divisorias entre civilizaciones serán los frentes de batalla del futuro”.

El discurso identitario religioso está representado por la encíclica Dominus Iesus, publicado el 2000 por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Su objetivo es doble: a) fijar nítidamente la ortodoxia católica en relación con la figura de Jesús, la identidad de la Iglesia y la relación con las otras religiones, recuperando el viejo principio excluyente “fuera de la Iglesia no hay salvación” y presentando a Jesús de Nazaret como salvador único y universal (cristología y eclesiología excluyentes). b) condenar las teologías del dialogo interreligioso y la complementariedad del cristianismo y de las religiones, defendiendo la identidad específica y la superioridad del cristianismo sobre las demás. “Es, por tanto –afirma- “contrario a la fe de la Iglesia la tesis del carácter limitado, incompleto e imperfecto de la revelación de Jesucristo, que sería complementaria a la presente en las otras religiones. La razón que está a la base de esta aserción pretendería darse sobre el hecho de que la verdad acerca de Dios no podría ser acogida y manifestada en su globalidad y plenitud por ninguna religión histórica, por lo tanto, ni por el cristianismo ni por Jesucristo” (n. 6). Dos son las afirmaciones que refuerzan el discurso identitario cerrado que desemboca en autismo y exclusión: una, que la revelación ofrecida por Cristo comprende la plenitud de la verdad sobre Dios; otra, que sólo la Iglesia católica romana ha conservado de manera fiel el testimonio de la plenitud de esa verdad.

El problema que aquí se plantea es epistemológico: ¿Qué es la verdad? ¿Cómo definirla? Recurro a la pregunta y a la respuesta de Nietzsche: “¿Qué es, entonces, la verdad? Una hueste ambulante de metáforas, metonimias y antropomofirmos”[6].

Dominus Iesus subraya la perennidad del anuncio misionero de la Iglesia y viene a afirmar que el pluralismo religioso desemboca en relativismo. He aquí el texto: “La perennidad del anuncio misionero de la Iglesia está actualmente en grave peligro por las teorías relativistas que tratan de justificar el pluralismo religioso, no solamente de facto sino también de iure (o por principio)” (n. 4). Ignace Berten ve en este texto un claro reflejo de la distinción que, a propósito de las libertades modernas, establecía entre tesis e hipótesis La Civiltá Catolica en 1863: “Las libertades modernas, en cuanto tesis, es decir, en cuanto principios universales sobre la naturaleza humana en sí misma y el orden divino del mundo, son absolutamente condenables… Pero en cuanto hipótesis, es decir, como disposiciones características y especiales de tal o cual país, pueden ser legítimas”.

El discurso identitario cristiano específico e incontaminado es una constante en la jerarquía católica española y en determinados teólogos a ella vinculados. Se manifiesta de manera especial en el reciente documento Orientaciones morales sobre la situación en España (matizar el título y citar algunos párrafos más significativos) Identidad que ven amenazada, cuestionada, perseguida y negada por el clima de laicismo creciente de la sociedad española.

Los discursos identitarios, instaladas con frecuencia en las cúpulas de las religiones y de la política, dan lugar a una espiritualidad uniforme, cerrada sorbe sí misma, sin comunicación con otras espiritualidades y experiencias, con clara intención apologética de la propia espiritualidad y condenatoria de otras espiritualidades.

e) Espiritualidad institucional sin espíritu

Las religiones tienden a preservar las instituciones de toda amenaza externa e interna y a blindarlas frente a toda crítica. De esa manera creen asegurar mejor su estabilidad y garantizar su supervivencia. Sin embargo, se olvidan con frecuencia del mensaje originario, del espíritu de sus fundadores y del contexto en que surgieron. ¿Cuál es el resultado? Una espiritualidad con poder -en algunas religiones, en competencia con el poder político, económico y militar, y en otras en clara alianza con dichos poderes- pero sin espíritu, con disciplina rígida pero sin dinamismo, con autoridad pero sin libertad, con robustez institucional, pero sin profecía[7].

f) Privatización y despolitización de la espiritualidad

Existe una tendencia cada vez más acusada a dividir la realidad en dos planos perfectamente diferenciados y incomunicados: público-privado, sagrado-profano, material-espiritual, celeste-terrestre, real-ideal, humano-divino, religión-sociedad, mito-historia. Dicha división de espacios se deja sentir de manera especial en el terreno de la espiritualidad, que suele ser reducida al ámbito privado, recluida en la esfera de la conciencia y a ubicada sólo en los espacios de culto, para preservarla de las asechanzas exteriores. Como justificación de tal separación suele citarse, fuera de contexto y con una fuerte carga ideológica, el texto evangélico que se pone en labios de Cristo: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Según esto lo divino se encuentra fuera de lo humano y el lugar natural de la espiritualidad es el alma. Estamos en el grado máximo de privatización, despolitización y espiritualización.

Ahora bien, sin dimensión política, la espiritualidad desemboca en espiritualismo, y sin espiritualidad –no necesariamente religiosa-, la política se convierte en razón de Estado y pasa a ser pura gestión administrativa rutinaria y técnica electoral, que viene a legitimar el orden establecido y renuncia a su función liberadora.

3. Diversidad religioso y cultural

La diversidad es una dimensión de lo humano y constituye su verdadera riqueza de la humanidad. Es un hecho, una realidad, así como un derecho y una necesidad. La diversidad está en la naturaleza de las cosas, es un valor a potenciar, más aún, es la perfección del universo, como aseveraba Tomass de Aquino en la Summa Theologica: “La perfección del universo consiste en la diversidad de las cosas. Así como la Sabiduría divina es causa de la distinción de las cosas, así lo es de la diferencia de las cosas”[8]. Lo subraya el Corán: “Os hemos creado a todos de varón y hembra, y os hemos hecho naciones y tribus, para que os reconozcáis unos a otros” (49.13). La diversidad ofrece una riqueza de posibilidades y posee un gran potencial creativo del que carecen el pensamiento único y la uniformidad.

Lo mismo sucede en el terreno religioso. Vivimos en un pluriverso religioso, no en un universo religioso. La historia de las religiones es un largo viaje por la geografía y por el tiempo en busca de las huellas religiosas dejadas por el ser humano en las diferentes culturas. Esta disciplina muestra la gran creatividad mítica, sapiencial, ritual, ética y simbólica de la humanidad. Da cuenta de la desbordante imaginación de los seres humanos en la búsqueda de caminos de salvación tanto inmanentes como trascendentes Muestra, a su vez, con todo lujo de detalles la pluralidad de manifestaciones de lo divino, de lo sagrado, del misterio en la historia, la pluralidad de religiones y de movimientos espirituales radicados en distintos contextos culturales y sociales, la pluralidad de mensajeros, profetas, personalidades religiosas, la pluralidad de preguntas en torno al sentido de la vida y al sinsentido de la muerte, la pluralidad de respuestas a dichas preguntas sobre el origen y el destino del mundo, el sentido de la historia y el lugar del ser humano en el universo y en la historia, la pluralidad de mediaciones históricas a través de las cuales se han expresado las religiones. Muestra, en definitiva, que existen múltiples y muy variados universos religiosos, cada uno con su especificidad cultural, pero no cerrados e incomunicados entre sí, sino en constante intercambio y reformulación de sus respectivos patrimonios culturales.

La diversidad religiosa se da en un mismo territorio. Sirvan dos ejemplos. El suburbio de Kibera en Nairobi, que visitamos ayer, y mi país, España. En Kibera existen más de 300 denominaciones religiosas y 50 etnias y no suele haber conflictos por razones religiosas. España, país de religión y cultura únicas durante siglos, la católica –por la expulsión de los judíos y de los musulmanes y por la persecución del protestantismo-, es hoy un cruce fecundo de culturas, religiones y movimientos espirituales en diálogo.

La diversidad religiosa no constituye una amenaza contra la vivencia y el desarrollo de la propia religión. Todo lo contrario, es una ventaja porque contribuyen a enriquecerla. “Podemos aprender de otras religiones sin sacrificar la fidelidad a nuestra propia tradición o se trata, más bien, del sincretismo doctrinal de la Nueva Era contra el que el Papa no has advertido recientemente?”, se pregunta Gwen Griffith-Dickson[9]. La respuesta no puede ser más que afirmativa. En la cosmovisión cristiana occidental dominante, por ejemplo, existen elementos espurios, que no pertenecen están muy alejados del mensaje originario del cristianismo y de los primeros seguidores de Jesús de Nazaret y de los que puede prescindirse, sin que ello suponga traicionar el mensaje y la praxis liberadores del Evangelio. Todo lo contrario, la renuncia a dichos elementos es condición necesaria para la recuperación del núcleo auténtico de la fe cristiana.

Tanto los textos sagrados del cristianismo como los del islam reconocen el pluralismo religioso, la pluralidad de manifestaciones y revelaciones de Dios y valoran todas ellas positivamente. La carta a los Hebreos, de la Biblia cristiana, afirma que en otras épocas Dios habló de distintas maneras a través de los profetas y que entonces lo hacía por medio de Jesucristo. El Corán se refiere de manera insistente a las distintas revelaciones de Dios: a Abraham, Isaac, Ismael, Jacob, a las 12 tribus de Israel, a los profetas y a Jesús de Nazaret, así como a las diferentes libros sagrados: La Torá, La Sabiduría, el Evangelio, el propio Corán (3,3; 3,48). Para el Corán, la diversidad religiosa no es, por tanto, una desviación del camino de Dios, sino algo querido por Él. Pero no se queda en el reconocimiento y en la valoración positiva del pluralismo religioso, sino que invita al debate, a la discusión, entre judíos, musulmanes y cristianos. Una discusión que debe caracterizarse por el respeto y los buenos modales (confirmar cita de El Corán).

¿Llevan la diversidad religiosa, la aceptación del pluralismo y la apertura a otras religiones al relativismo e incluso a la crisis de las creencias y a la pérdida de la práctica religiosa? Así pensaba el cardenal Ratzinger, quien, en la homilía previa al comienzo del cónclave en el que fue elegido papa, denunció la dictadura del relativismo, pero lo hizo desde el dogmatismo, desde la creencia de que el cristianismo es la religión verdadera. Así lo creen también algunos dirigentes eclesiásticos, para quienes la existencia de varias religiones en un mismo territorio genera desconcierto en la ciudadanía y desemboca en escepticismo y, en definitiva, en increencia generalizada. No parece ser ésa, sin embargo, la realidad. Diferentes estudios sociológicos coinciden en que los países y las ciudades con mayor grado de diversidad religiosa poseen los índices más altos de creencia y práctica.

4. Nuevo paradigma de espiritualidad en el horizonte de la diversidad

La diversidad cultural y religiosa de nuestro mundo y de nuestras sociedades requiere repensar, reformular y re-vivir la espiritualidad dentro de un nuevo paradigma que propongo a continuación en torno a cuatro ideas fundamentales: inter-espiritualidad, dálogo de civilizaciones, inter-identidad, inter-espiritualidad e inter-liberación.

a) La interculturalidad, signo de los tiempos e imperativo ético

Yo creo, en contra de Samuel P. Huntington, que el choque de civilizaciones no es una ley de la historia humana, como tampoco el signo de nuestro tiempo, y menos aún una especie de imperativo ético. En realidad se trata de una patología, de una construcción ideológica del Imperio para seguir dominando el mundo y, cual detective privado y “gran hermano”, las conciencias de sus habitantes. El signo de los tiempos y el imperativo ético es la interculturalidad, que da lugar a la interidentidad y a la interespiritualidad.

Entiendo la interculturalidad como comunicación simétrica, interrelación armónica e interacción dinámica de diferentes culturales, filosofías, teologías, concepciones morales, sistemas jurídicos, modos de pensar, estilos de visa y formas de actuar, en un clima de diálogo entre iguales y sin jerarquizaciones previas. La interculturalidad parte del valor y de la dignidad de todas las culturas, de la no superioridad apriorística de una sobre las demás y de la relación no jerárquica entre ellas. Es un antídoto contra el fundamentalismo político, cultural y económico.

Amén de tolerancia, la interculturalidad implica comunicación fluida entre grupos cultural, religiosa, étnica y socialmente diferentes, diálogo inter-religioso y convivencia inter-étnica dinámica en cuanto eso supone enriquecimiento de la propia cultura y de las demás. Y todo ello asumiendo los conflictos que puede generar, y de hecho genera, la interculturalidad.

Desde el punto de vista moral, la interculturalidad implica llegar a unos mínimos éticos comunes para una convivencia armónica. Desde el punto de vista de la identidad, exige flexibilizar el concepto de identidad cultural, abriéndolo a otras identidades como forma de enriquecimiento, cuestionamiento y recreación de la propia cultura. En ese sentido constituye un importante correctivo al fundamentalismo cultural, instalado en la cultura occidental.

La interculturalidad constituye una experiencia de apertura respetuosa al “otro”, a los “otros”, mediante el diálogo y la acogida, que obliga a replantear la propia vida personal y la vida social. No se trata de una adaptación forzada o impuesta por las circunstancias. Implica, más bien, la apertura a la pluralidad de textos y contextos considerados todos ellos como fuentes de conocimiento, a la pluralidad de culturas consideradas como fuentes inagotables de sabiduría, y a la pluralidad de religiones, consideradas como espacios antropológicos privilegiados donde, donde como vimos, se han planteado las grandes preguntas de la humanidad sobre el origen y el fin del universo, el sentido y el sin-sentido de la vida, del dolor y de la muerte y se han propuesto plurales caminos de salvación.

b) La espiritualidad en el diálogo de civilizaciones

La interculturalidad da lugar al diálogo de civilizaciones, iniciativa propuesta en década de los setenta del siglo pasado por Roger Garaudy, retomada dos décadas después por Jatamí, presidente de Irán, reconvertida en Alianza de Civilizaciones por los presidentes de gobierno de España y de Turquía en 2004 y asumida por la ONU. El diálogo de civilizaciones presenta las siguientes, según Garaudy,

- Lucha contra el aislamiento pretencioso del ‘pequeño yo’ e insiste en la verdadera realidad del yo, que es ante todo relación con el otro y relación con el todo.

- Enseña a concebir el futuro no como una creencia plácida en el ‘progreso’, ni como una simple extrapolación tecnológica de nuestros proyectos, sino como la aparición de algo radicalmente nuevo mediante la ascesis del no yo, del no obrar, del no saber.

- En el plano de la cultura nos ayuda a abrirnos a horizontes infinitos.

- “Ayuda a descubrir (tomar conciencia) de que el trabajo no es la única matriz de todos los valores; además de él están la fiesta, el juego, la danza como símbolo del acto de vivir

- Pone en tela de juicio un modelo de crecimiento ciego, sin finalidad humana, un crecimiento cuyo único criterio es el incesante aumento cuantitativo de la producción y del consumo.

- Exige una política que no sea solamente del orden de los medios, sino del orden de los fines, una política que tenga por objeto, por criterio, por fundamento, una reflexión sobre los fines de la sociedad global y una participación de cada cual, sin alienación de poder, en la búsqueda y realización de esos fines.

- Descubre la dimensión nueva de la fe en la política y en la cultura y vive la libertad como participación de cada persona en el acto creador.

- Interrogar sobre los fines, el valor y el sentido de nuestras vidas y de nuestras sociedades que permita a la vez una transformación de los seres humanos y de las estructuras, es, tradicionalmente, papel y función reservados a las religiones[10].

Para Garaudy en el diálogo de civilizaciones resulta fundamental la espiritualidad entendida como el esfuerzo por encontrar el sentido y la finalidad de nuestras vidas. Una espiritualidad que puede y debe vivirse en las sabidurías sin Dios, como el buddhismo, en el Tao en China, en los Upanishad en la India, en las religiones tradicionales africanas, . Todas ellas ayudar a dominar, e incluso a extinguir, “el yo pequeño” y a tomar conciencia de que “el centro más íntimo del yo es el centro del universo” y son “una llamada a ser uno con el todo”[11] Yo añadiría: en las religiones africanas, en las teologías de la liberación.

Es la espiritualidad así entendida la que puede librarnos del “suicidio planetario”, que se manifiesta en los siguientes fenómenos: crecimiento de la desigualdad entre Norte y Sur y, dentro de los países desarrollados, entre quienes y quienes no tienen; naturaleza en vías de extinción por la contaminación y el agotamiento de los recursos; tren de vida occidental insostenible y no universalizable; lógica de la vida sometida a la lógica del mercado. “Una revolución tiene más necesidad de trascendencia que de determinismo”, sentencia Garaudy[12].

c) Inter-identidad

La intercultutralidad y el diálogo de civilizaciones llevan derechamente a la inter-identidad. No existen identidades puras, incontaminadas, ni religiosas ni culturales. La identidad se construye en diálogo con y en apertura a otras identidades. Culturas y religiones se desarrollan en interacción, en permanente comunicación, en constante tensión dentro la dialéctica de encuentro y de enfrentamiento.

La identidad, afirma Zygmunt Bauman, es como un mosaico al que le falta una tesela. El que yo descubra mi propia identidad –afirma Charles Taylor- no significa que yo la haya elaborado en el aislamiento, sino que la he negociado por medio del diálogo, en parte abierto, en parte interno, con los demás. Por ello, el desarrollo de un ideal de identidad que se genera internamente atribuye una nueva importancia al reconocimiento. Mi propia identidad depende, en forma crucial, de mis relaciones dialógicas con los demás”

La Biblia hebrea y la Biblia cristiana son un buen ejemplo de esa relación dialógica, crítica y mutuamente fecunda entre helenismo y judaísmo, entre pensamiento griego y cristianismo. Ambos libros representa uno de los ejemplos más luminosos de inter-identidad, de diálogo intercultural e interreligioso entre Atenas y Jerusalén, entre cristianismo, judaísmo y helenismo, aunque no exento de conflictos e incluso de guerras. Un diálogo que debe proseguir hoy en su estudio e interpretación[13].

d) La inter-espiritualidad como alternativa

La interculturalidad, el diálogo de civilizaciones y la interidentidad lleva derechamente a la inte-respiritualidad. en correspondencia con la actual era interespiritual en la que van eliminándose las fronteras y antagonismos que a lo largo de milenios han separado y enemistado a las religiones[14]. El momento presente se caracteriza por la transgresión de fronteras y el surgimiento de nuevas identidades interreligiosas. La interespiritualidad tiene el mismo signo: ser cruce de las experiencias espirituales, morales y rituales de las diferentes tradiciones religiosas,, dentro del respeto y del reconocimiento de las diferencias y participar “en los tesoros espirituales, ascéticos, morales y psicológicos que existen en las diferentes tradiciones de espiritualidad que viven en las religiones del mundo” (Teasdale).

Uno de los lugares privilegiados para dicho encuentro es la mística, que, según la fenomenología de la religión, constituye la esencia de la religión, entendida ésta como dimensión del ser humano y no organización, según Raimon Panikkar, quien cree necesario liberar a la religión de los estrechos moldes en los que ha sido encajonada en Occidente[15].

En el origen de las religiones hay una experiencia mística, vivida en su radicalidad por los fundadores y los primeros seguidores, que brota de del encuentro con el misterio. El hinduismo se remonta a los rishis, es decir, los sabios del bosque[16]. El Dharma buddhista arranca del momento de la Iluminación de Siddharta Gautama, el Buddha[17]. El judaísmo tiene su origen en la revelación de Yahvé a los patriarcas y las matriarcas de Israel Abrahám, Isaac y Jacob, a Moisés el Libertador y a su hermana Miriam, a los profetas y profetisas críticos del culto y defensores de la justicia y de la subjetividad de la fe. El cristianismo nace del encuentro de Jesús con Dios, a quien, en un gesto de confianza, se dirige llamándole Abba (=papá-mamá).[18]. El origen del islam se encuentra en la revelación de Al-lah a Muhammad y en la experiencia mística del Profeta, que tiene su continuidad en el sufismo, cuya máxima figura y autoridad es el teólogo y poeta español Ibn-Al´-Arabi (1165-1240)[19]. La mística constituye el elemento de inspiración y de dinamismo de las religiones indígenas de Amerindia y de la religión africana, como hemos podido conocer en distintas exposiciones de este Foro. Lo que pasa es que la religión y la cultura dominantes han intentado sofocar y desacreditar la experiencia mística en estas religiones, acusándolas de idolátricas, anticuadas y ahistóricas. Expresa muy bien esta actitud de superioridad de la cultura dominante en relación con las religiones y culturas indígenas de Amerindia Eduardo Galeano: “La cultura dominante –afirma Eduardo Galeano- admite a los indígenas y negros como objetos de estudio, pero no los reconoce como sujetos de historia; tienen folklore, no cultura; practican supersticiones, no religiones; hablan dialectos, no idiomas; hacen artesanías, no arte".

Un ejemplo del encuentro de espiritualidades, dentro del respeto a la diversidad cultural y religiosa, puede encontrarse en un texto paradigmático del místico musulmán español Ib-Al´Arabi: “Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo si su religión no era como la mía. Ahora, mi corazón se ha convertido en receptáculo de todas las formas religiosas: es pradera de gacelas y claustro de monjes cristianos; templo de ídolos y Kaaba de peregrinos; tablas de la Ley y pliegos del Corán. Porque profeso la religión del amor y voy a donde quiera que vaya su cabalgadura, pues el amor es mi credo y mi fe”.

La mística como lugar de experiencia inter-religiosa e inter-espiritual, es incompatible con los dogmatismos, instalados en las religiones, y constituye un buen antídoto contra el fundamentalismo. Representa, a su vez, la mejor respuesta y superación a todos los fundamentalismos y, por supuesto, al choque de culturas y civilizaciones[20].

e) Inter-liberación

La inter-espiritualidad debe integrar los diferentes caminos y dimensiones de la liberación: personal y comunitaria, política y económica, interior y estructural, religiosa y cultural. 9. Es necesario llevar a cabo la gran revolución de los valores, que empiece por el propio ser humano y se extienda hasta las estructuras. Una revolución que implica:

. la liberación de nuestra riqueza y bienestar sobreabundantes y la opción por una cultura del compartir;

. la liberación de nuestro consumo, en el que terminamos por consumirnos nosotros mismos, y la opción por la austeridad;

. la liberación de nuestra prepotencia, que nos hace fuertes ante los demás, pero impotentes ante nosotros mismos, y la opción por la virtud que se afirma en la debilidad;

. la liberación de nuestro dominio sobre los otros, a quienes tratamos como objetivos de uso y disfrute, y sobre la naturaleza, de quienes nos apropiamos como si se tratara de un bien sin dueño, y la opción por unas relaciones simétricas y no opresivas;

. la liberación de nuestra apatía ante el dolor humano, y la opción por la misericordia con las personas que sufren;

. la liberación de nuestra supuesta inocencia ética, de nuestra falsa neutralidad política y de nuestra tendencia a lavarnos las manos ante los problemas del mundo, y la opción por el compromiso en la vida política, en los movimientos sociales y en las organizaciones no gubernamentales;

. la liberación de nuestra mentalidad patriarcal y machista, y la opción por la igualdad, no clónica, de hombres y mujeres.

. la liberación de todo poder opresor y la opción por las virtudes que no tienen que ver con el dominio, como son: la amistad, el diálogo, la convivencia, el goce de la vida, el disfrute, la gratuidad, la solidaridad, la compasión, la proximidad, el desasimiento, la contemplación, en una palabra, la fraternidad-sororidad.

. la liberación de nuestra tendencia excluyente, y la opción por un mundo donde quepamos todos y todas.

. la liberación de espiritualismos evasivos y la opción por la “santidad política”, como reclamara Dietrich Bonhoeffer en sus cartas desde la prisión.

5. El gentil y los tres sabios: una espiritualidad abierta

Termino con el relato de Ramon Llull en su Libro del gentil y los tres sabios[21], escrito en el siglo XIII, todo un ejemplo de inter-espiritualidad entre las religiones monoteístas, que debería extenderse al conjunto de las religiones. Un gentil que no conocía a Dios, ni creía en la resurrección, ni que hubiera nada después de su muerte, vivía en un permanente estado de insatisfacción. A cada paso sus ojos se llenaban lágrimas y su corazón de tristeza. Salió de su tierra y fue a un bosque solitario en busca de la verdad. El gentil se encontró con tres sabios, un judío, un cristiano y un musulmán, quienes le fueron demostrando la existencia la existencia de Dios y su relación con las criaturas, y le expusieron lo peculiar y distintivo de cada religión. Llull describe las leyes de cada una de las religiones con gran erudición. Previamente se habían fijado las condiciones a tener en cuenta en el diálogo, compartidas por las tres religiones. Tras escuchar los argumentos de los tres interlocutores, el gentil pudo constatar que cada religión posee sus propias leyes, pero tenía que tomar una decisión sobre la religión a abrazar. El gentil dirigió una oración de adoración y de acción de gracias a Dios en actitud reverente. Cuando terminó de rezar se lavó las manos y la cara en una fuente que había allí y dijo a los tres sabios: “En este lugar donde tanta buenaventura, felicidad me ha sido dada, quiero, en presencia de vosotros, elegir aquella ley, ley que me es significada como verdadera, por la gracia de Dios y por las palabras que vosotros me habéis dicho. En esta ley, quiero estar, y por ella quiero trabajar todos los días de mi vida” (p. 268). Los tres sabios bendijeron al gentil y éste a los tres sabios. Se abrazaron, besaron y lloraron de alegría juntos. Antes de que los tres sabios partieran de allí, el gentil se maravilló de que no le preguntaran qué ley elegiría. Los tres sabios respondieron que, cualquiera fuere la opinión de cada uno, no querían saber qué ley había abrazado. Si hubieran conocido la elección del gentil se habría dado por terminado el diálogo entre las tres religiones. La actitud del gentil abre el camino también al diálogo con los no creyentes, y no sólo al interreligioso. Antes de despedirse y de partir cada uno para su lugar de residencia, los tres sabios se pidieron perdón y acordaron seguir dialogando. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Nairobi, 19 de enero de 2007


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[1] Cf. Jon Sobrino, Liberación con espíritu. Apuntes para una nueva espiritualidad, Sal Terrae, Santander, 1985.

[2] Cf. Ignacio Ellacuría, “Espiritualidad”, en casiano Floristán y Juan José Tamayo (eds.), Conceptos fundamentales del cristianismo, Trotta, Madrid, 1993.

[3] Jon Sobrino, o.c., p. 7.

[4] Riccardo Petrella, “El evangelio de la competitividad”: Le Monde Diplomatique, diciembre 2003-enero 2004.

[5] S. P. Huntington, El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, Paidós, Barcelona, 1997; id., ¿Quiénes somos?, Paidós, Barcelona, 2004.

[6] F. Nietzsche, El libro del filósofo, Taurus, Madrid, 1974, p. 91.

[7] He desarrollado esta idea en José María Castillo y Juan José Tamayo, Iglesia y sociedad en España, Trotta, Madrid, 2005, pp. 97-137.

[8] Summa Theologica I, q. 47, a. 1-2.

[9] Gwen Griffith-Dickson, “¿Es la religion una invención occidental?”: Concilium 302 (septiembre 2003), p. 24.

[10] Ibid., p. 228.

[11] Roger Garaudy, El diálogo entre Oriente y Occidente. Las religiones y la fe en el siglo XX, El Almendro, Córdoba, 2005, p. 9. Cf. también, Roger Garaudy, Diálogo de civilizaciones, Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1977.

[12] Roger Garaudy, El diálogo entre Oriente y Occidente, o. c., p. 12.

[13] Antonio Piñero, Biblia y judaísmo, El Almendro, Córdoba, 2006.

[14] Me parece muy iluminador en este tema el n. 280 (1999) de la revista Concilium dedicado a la Transgresión de fronteras: ¿Surgimiento de nuevas identidades?, y especialmente, el artículo “El misticismo como cruce de fronteras últimas: reflexión teológica”, de Wayne Teasdale, pp. 122-128, que inspira este apartado.

[15] Cf. Raimon Panikkar, “Hacia una teología de la liberación intercultural e interreligiosa”, en Juan José Tamayo y Raúl Fornet-Betancourt (dirs.), Interculturalidad, diálogo interreligioso y liberación. I Simposio Internacional de Teología Intercultural e Interreligiosa de la liberación, Verbo Divino, Estella (Navarra), 2005, pp. 61-68.

[16] Cf. Gallul Jardiel, E., El hinduismo, Ediciones del Orto, Madrid, 2000; Ramana Maharshi, Enseñanzas espirituales, Kairós, Barcelona, 1986.

[17] Nyanaponika, B., El corazón de la meditación budista, Cedel, Barcelona, 1992, Panikkar, R., El silencio del Buddha, Siruela, Madrid, 1996; Román, T., Buda. El sendero del alma, UNED, Madrid, 1997; Vélez de Cea, A., Buddha, Ediciones del Orto, Madrid, 1998; Id., El buddhismo, Ediciones del Orto, Madrid, 2000.

[18] Cf. Jeremias, J., “Abba”, en Id., El mensaje central del Nuevo Testamento, Sígueme, Salamanca, 1966. 11-37. Para la mística europea, cf. Haas, A. M., Visión en azul. Estudios de mística europea, Siruela, Madrid, 1999.

[19] Cf. Ibn-Al-Arabi, El secreto de los nombres de Dios, Introducción, traducción y notas de Beneito, P., Editora Regional de Murcia, Murcia, 1996; Id., Las contemplaciones de los misterios, traducción de Hakim, S. y Beneito, P., Editora Regional de Murcia, Murcia, 1995; Id., Guía espiritual, traducción de M. Amrani, T. Bayrak, Editora Regional de Murcia, Murcia, 1995; Pablo Beneito, Galindo Aguilar, E., La experiencia del fuego. Itinerario de los sufíes hacia Dios, Verbo Divino, Estella (Navarra), 1994; Idries Shah, Los Sufis. Introducción de Graves, E., Kairós, Barcelona, 1996.

[20] He desarrollado esta idea más extensamente en “La mística como superación del fundamentalismo”, en Francisco Javier Sánchez Rodríguez (ed.), Mística y sociedad en diálogo, Trotta, Madrid, 2006, pp. 155-180.

[21] “El llibre del gentil e dels tres savis”, en Obres selectes de RamonLlul (132-1316), edició, introducción y notas de Antoni Bonner, Editorial Moll, Mallorca, 1989, pp. 89-272.

terapia

terapia

ORATIOTERAPIA
Experiencia comunitaria
MONJAS TRINITARIAS DE SUESA
SUESA (CANTABRIA).

ECLESALIA, 23/01/07.- Docenas. Hay docenas de terapias para estar mejor, para ser más felices, para solucionar conflictos personales que se hacen comunitarios, sociales,...

Existe un porcentaje elevadísimo de personas que han hecho alguna clase de terapia. Yo entro en el tanto por ciento. Cada día hay más tipos: psicoterapia, logoterapia, auriculoterapia, risoterapia, reflexoterapia, terapias de escucha, corporales, cognitivas, de profundización, de comunicación, con personas, con animales, con cosas, con elementos naturales,... breves, más largas, más o menos intensas..., en grupo, individuales, con o sin deberes para casa..., más o menos creativas, más o menos clásicas..., más o menos caras... La variedad es increíble. El objetivo prácticamente el mismo.

Algo nos pasa si necesitamos tanta terapia y tanto terapeuta. Quizás tenemos que acudir a un terapeuta para averiguar porqué necesitamos hacer terapia... No sé.

¿Es bueno hacer terapia? Ni idea. No es malo ni bueno, es necesitarlo o no. Y viceversa. Y no siempre. Depende, de según cómo se mire todo depende, dice la canción.

Las terapias ayudan a parar el ajetreo diario, a dedicar un tiempo a mejorar la calidad interior de nuestra vida. Obligan a hurgar en una misma, a sacudir algunas alfombras viejas, a descubrir otros muebles nuevos que no conocíamos y a pasar un trapo a parte del alma. Digo a parte, no digo a toda el alma.

Para hacer este ejercicio de “empleada de hogar” es preciso cierto silencio, algo de calma, bastante sinceridad e ir dejando de lado el pudor, mientras se adquiere la capacidad de abandono. De esta manera es más fácil investigar nuestros conflictos, reconocer su origen y buscar la solución (si la tiene), para encontrarnos más livianas, más libres, llenas de energía positiva.

Y, sin embargo, mi experiencia me enseña que las terapias tienen un techo, un tope. Ayudan hasta un punto del cual ya no pueden avanzar más. Por eso decía anteriormente que facilitan la limpieza de parte del alma. Otra parte queda sin pulir. Pero indudablemente son el comienzo de un nuevo camino. Y todo empieza por un principio.

Después de buscar, e incluso practicar, terapias y métodos que me ayudasen a crecer, a solucionar conflictos personales, a liberarme de ataduras propias y sociales, a sacudirme comportamientos adheridos con el paso de los años..., he encontrado la que mejor me va. Se llama “oratioterapia”. Es perfectamente adaptable a cualquier edad, no es excesivamente complicada y, con el tiempo, puede hacerse en cualquier momento y lugar, de hecho puede ser algo intrínseco a la naturaleza propia.

Bromas aparte, en mis prácticas terapéuticas llegó un momento en el que ya no sabía si me encontraba mejor por el ejercicio de reflexión o por el ejercicio, más intenso, de la oración.

La oración, la “oratioterapia”, exige intimidad, discreción, sinceridad, docilidad ante lo que puedas encontrarte en el avance de la “terapia”. Conlleva silencio interior, confrontación con tu propia realidad y con el yo imaginado y creado, el que se alza como un gigante pero con pies de barro.

Sentarse a hacer oración significa derramar muchas lágrimas, descubrir varios cajones revueltos y bastantes paquetes de regalos entregados en nuestro nacimiento y aún sin desenvolver.

Es un misterio. La oración es misterio, apertura a la comunicación, desarraigo. La oración es sanación, por eso es terapéutica, pero sin techo, una especie de terapia infinita, en la que avanzarás tanto como quieras avanzar, y siempre en compañía.

Comenzar un camino de oración, o retomarlo, no es sólo recitar fórmulas ya aprendidas sino que es inventar palabras nuevas, saborear frases que se han quedado vibrando en nuestra piel, que despiertan la belleza que espera tras nuestra mirada. Dejar al alma deslizarse, como la niebla sobre la ría, e ir haciéndola cálida y húmeda, fértil.

La mayor parte de las técnicas utilizadas en terapias son válidas para la oración: la relajación, las visualizaciones, la introspección, la confrontación, el ejercicio de la consciencia atenta y motivada, el descubrimiento propio, los pensamientos positivos, la aceptación,... todo entra en la “oratioterapia”, todo y más, porque aunque son elementos útiles para la oración no son en sí oración.

La oración te religa con Alguien que está en ti y más allá de ti, Alguien que te suscita preguntas y te sugiere respuestas, Alguien que te desnuda y te cubre,... Alguien que te sana, que cauteriza tus heridas, que las besa, en silencio, que no las borra pero sí las cicatriza y honra. En las heridas está escrita una parte de nuestra historia, ellas mismas son elemento constitutivo de la tinta con que se ha escrito.

La oración es como la sal: intensifica los sabores, hace los alimentos más sabrosos.

La “oratioterapia” es técnica viejísima, adaptada a lo largo del tiempo, con diferentes métodos y corrientes, con distintos maestros. Y siempre hay expertos ejercitantes dispuestos a iniciar y acompañar, por ejemplo, monjes y monjas, verdaderos terapeutas y sanadores, compañeros en el camino ajeno.

Invito, humildemente, a practicar “oratioterapia”, sin prejuicios, con absoluta desnudez, olvidando lo que creemos saber.

Acércate a alguien que ore con las entrañas descarnadas, alguien que esté reconstruyendo su vida tal y como un día la ideó Dios.

Sé tú oración, para ti y para otros. Ya sabes lo que se dice: “año nuevo, vida nueva”... (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


Es tarde

Es tarde

ES TARDE, PERO ES NAVIDAD, SI INSISTIMOS UN POCO
GINÉS J. PARRA CÓRDOBA, Comunidades Cristianas Populares de Almería
ALMERÍA.

ECLESALIA, 16/01/07.- Tal vez muchos piensen que es tarde, probablemente demasiado tarde, que ya nada es posible. Es probable que esta sea la postura pesimista de alguna personas que observan todo lo negativo y desagradable que nos rodea; que puedan ver que la botella está medio vacía y que cada vez queda menos en su interior. Hay quienes leen el periódico cada día y se resignan al ver como determinadas cosas lejos de mejorar, empeoran; miserias, guerras, catástrofes naturales, indigentes,…

Muchos piensan que esto siempre ha sido así, que no hay quien lo arregle y que “siempre ha habido ricos y pobres”.

Aquellos que carecen de optimismo, llegan a pensar que ni si quiera en Navidad es posible que todo, o algo cambie, que esa mal llamada solidaridad de “Siente un pobre en su mesa” o “el magnifico Telemaraton” de turno… son montajes que no resuelven nada o solo alivian determinadas conciencias. Piensan, irremediablemente, que “es tarde”, que ya nada tiene vuelta atrás.

A la luz de esta reflexión catastrofista, se reunían un centenar de personas, la mayoría familias matrimonios, comunidades religiosas insertas en barrios, sacerdotes casados y otros ocupando parroquias, …para manifestar que desde la Iglesia de base, desde el compromiso, estando al lado de los que mas sufren es posible cambiar las situaciones de injusticia.

“Es tarde, pero es nuestra hora. Es tarde pero es todo el tiempo que tenemos a mano para hacer el futuro. Es tarde pero somos nosotros esta hora tardía. Es tarde, pero es madrugada si insistimos un poco”. Estas son palabras del Obispo español en Brasil Pedro Casaldaliga y ellas sirvieron para ilustrar la Eucaristía que cada año celebran las Comunidades cristinas populares, cristianos, grupos y Movimientos de base de nuestra ciudad.

Y precisamente de eso se trata, de insistir un poco, un poco cada uno, no resignarnos, no quedarnos con los brazos cruzados, “porque esta es nuestra hora”, es el tiempo del que disponemos, para hacer posible otra realidad, para demostrar que otro futuro puede existir, si pensamos que la justicia puede ser realidad, que la solidaridad es algo mas que una palabra maravillosa.

Esto no pueden ser solo palabras bonitas, o un instante en la navidad donde el corazón se esponja; si no que es algo que tiene que traducirse en el día a día, en el compromiso concreto y constante, durante todo el año, durante toda la vida. Como hacen estas personas demostrando que hay otra forma de hacer Iglesia, con todos, de todos y para todos, lejos del lujo, el boato los golpes de pecho y las lamentaciones.

Como cada año, en el momento de las ofrendas se realiza una aportación a un proyecto concreto, es esta ocasión se trataba de apoyar un proyecto de codesarrollo de una Escuela Infantil en Bamako (Senegal) y como cada año el “milagro” del compartir se produjo recogiéndose casi tres mil euros, asegurando la continuidad de esta escuela durante casi dos años.

Ante este ejemplo, podemos pensar que es tarde, pero también que es Navidad si apostamos por cambiar, por arrimar nuestro hombro, y podemos hacer realidad que “…es madrugada, si todos insistimos un poco”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


contemplar

contemplar

CONTEMPLAR
JOSÉ LUIS GRAUS PINA, miembro de la comunidad Quédate, Parroquia de San Ambrosio de Vallecas; joseluisgraus@yahoo.es
MADRID.

ECLESALIA, 15/06/07.- Ya han recogido las luces de navidad, la realidad vuelve de golpe a la normalidad, casi sin darse cuenta, casi sin darse tiempo. Los villancicos dejan de oírse hasta el año que viene. Los Magos de Oriente descansan a años luz.

Parece como si hubiera pasado una riada que se lleva todo; el jaleo, los nervios de la gente menuda, los cartones y envoltorios de los regalos… En las casas, guardamos los belenes, aunque parece que más que recogerlos, los escondemos.

Las navidades han terminado. Y ahora que terminan, es cuando recobra más fuerza que nunca la Navidad.

Tres palabras pueden definir este nuevo tiempo de Navidad que nos empieza: Contemplar el Misterio de la Encarnación.

Contemplar como llamada a educar la mirada, a no consumir imágenes a apreciar las variaciones de gestos en los rostros de las personas, a reír con la sonrisa de quien está al lado, a dejarnos afectar por las lágrimas de tristeza o de dolor. Contemplar, dejar que la realidad me hable y escucharla y acogerla y descubrir la Presencia de Dios en medio de las personas y de los acontecimientos. Contemplar, dejar que todo, absolutamente todo lo que entra por los ojos, llegue al corazón y lo transforme y no lo deje indiferente y lo mueva. Contemplar…

El Misterio, pues no todo tiene respuesta, pues lo más importante no puede ser aprendido. Pues el Misterio de la vida requiere de nosotros apertura, humildad, acogida, gratitud, confianza, abandono. Pues en la Vida regalada de Dios, cada mañana al levantarnos se nos da la oportunidad de vivir desde el Misterio, de vivir en el Misterio. De Contemplar el Misterio.

De la Encarnación. Dios ha decidido hacerse carne, uno/a con-por-en nosotros/as. Frágil, pobre. Encarnación, bajar a las profundidades más profundas de nuestra existencia para provocar que emerja nuestra Hermosura. Nadie sabe cómo, pero se Encarna, por eso es un Misterio. Acogiendo nuestra humanidad en su cuerpecito de bebé, acoge todas y cada una de las humanidades y por eso con “brotes de olivo” cantamos Cristo nace cada día… en tantas y tantas realidades que se nos cruzan ante los ojos, ante los corazones.

La Navidad no es el recuerdo de lo que en Belén sucedió, sino actualización una y otra vez del Misterio Encarnado de nuestro Dios, que no deja de llamarnos a la Contemplación, para que desde esa fuente, tan amorosamente regalada nos dirijamos a cada rincón de la realidad y ahora sí, ahora con más fuerza, ahora con más empeño, ahora con más creatividad, ahora con más austeridad, ahora con más esperanza, podamos decir sin desfallecer feliz Navidad, Cristo nace cada día, feliz Navidad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


tomar en serio

tomar en serio

CUANDO LOS POLÍTICOS NO RESPETAN LA RELIGIÓN
JOSÉ M. CASTILLO

ECLESALIA, 09/01/07.- La abundante información, que hemos tenido estos días, sobre el reciente atentado de ETA, nos ha proporcionado, entre otras, la desagradable noticia según la cual, cuando iban a trasladar a su país los restos mortales del joven Carlos Alonso Palate, la familia, “rota por el dolor”, pidió “al capellán castrense que hiciera un responso ante el cadáver en la misma base de Torrejón, antes de partir para Ecuador. Pero lo que no podían esperar (los familiares) es que el secretario de Estado para la Seguridad, Antonio Camacho, y el subsecretario, Justo Zambrana, hubieran dado instrucciones al capellán para que no se hiciera ninguna oración, según fuentes del entorno familiar”. Ésta es la noticia que se ha publicado en un diario de ámbito nacional.

Si es que esta información refleja exactamente lo sucedido en el aeropuerto de Torrejón, lo primero que hay que decir es que las instrucciones dadas al capellán del aeropuerto, por altos cargos del Estado, seguramente afines al PSOE, son contrarias a la vigente Constitución, que, en su artículo 16, garantiza la libertad religiosa y de culto... sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público”. Es evidente que rezar un responso ante un difunto no perturba para nada el orden público. Como es igualmente cierto que quienes lo perturban son los que utilizan su poder para limitar los derechos y libertades de los ciudadanos. Pero hay algo más grave en el hecho que nos indica esta información. Prohibir rezar ante un difunto, a una familia rota por el dolor, antes que inconstitucional, es inmoral. Porque, en una situación así, se utiliza el poder de forma que con ello se provoca un destrozo mayor en quienes ya tiene que soportar un dolor inhumano.

Ante hechos como el que refleja esta información, yo me pregunto: ¿por qué pasan estas cosas? Vamos a pensar en este asunto. Durante buena parte del siglo XIX y en la primera mitad del XX, la confrontación política de derechas e izquierdas fue la confrontación de dos sistemas económicos: el capitalismo contra el socialismo. Pero hoy ocurre que tal confrontación ya no existe. Porque el socialismo real quedó derrotado hace ya varias décadas. Y en este momento el sistema económico que se ha globalizado es el capitalismo. De forma que, ahora mismo, quien realmente manda en el mundo, no es ya la política, sino la economía de mercado. Es verdad que, en este punto concreto, la derecha tiende más a beneficiar a los particulares, lo que explica su preferencia por privatizar todo lo que puede, mientras que la izquierda piensa que es mejor dar más protagonismo al Estado, sobre todo en la gestión de los asuntos sociales. Pero está visto que la derecha y la izquierda no tienen bastante con eso. De ahí, que PSOE y PP hayan llevado su confrontación a otros asuntos, entre los que está la religión, cosa que, por lo que dice la derecha, se puso en evidencia el otro día en Torrejón.

Pero, si es que nos ponemos de parte de la religión, vamos a tomar la religión en serio. Ahora bien, la religión prohíbe mentir. Y prohíbe las agresiones que genera la violencia. Y la ambición por el lucro y la ganancia, etc, etc. Ahora bien, en esta cosas, el que tenga las manos limpias, en España, que tire la primera piedra. Y, desde luego, si alguien no tiene autoridad moral para tirar piedras, en este momento y por alardear de defensa de la religión, son algunas gentes del PP, especialmente algunos de sus dirigentes y los medios de comunicación que están a su servicio. Y no tienen autoridad para eso porque, quizá sin darse cuenta, puede resultar que son piedras contra su propio tejado. A España se ha mentido diciendo que en Irak había armas de destrucción masiva. Se nos ha engañado al convencer a mucha gente de que era necesario desencadenar una guerra en Afganistán y en Irak para acabar con el terrorismo en Asia y en el mundo. Se nos ha engañado cuando se nos ha dado a entender que el PSOE estaba haciendo concesiones políticas y anticonstitucionales a ETA, cuando en realidad nada de eso se ha demostrado, sino todo lo contrario, como ha quedado patente con la exasperación y la rabia que ha llevado a los etarras a poner en marcha de nuevo la máquina del terror y de la muerte.

Al decir estas cosas, no estoy revelando ningún secreto. Lo sabe todo el mundo. Si hablo de esto es porque estoy de parte de la religión y de los que defienden los derechos de las personas religiosas. Y porque estoy de parte de todo eso, estoy en contra de los que se sirven de la religión para defender sus propios intereses y para desgastar los intereses del contrario. ¡No, por favor! La religión merece un respeto. Aquí recuerdo lo que dice el Nuevo Testamento en la carta de Santiago: “Religión pura y sin tacha a los ojos de Dios Padre, es ésta: mirar por lo huérfanos y las viudas en sus apuros y no dejarse contaminar por el mundo” (Sant 1, 27). Pues bien, si esto es verdad, cualquiera entiende que se practica la religión pura y sin tacha cuando se aprueban leyes de contenido social que intentan hacer más soportable la vida de los “huérfanos y las viudas”, que son la antigua expresión de quienes más sufren. Ahora hablaríamos de acoger a los extranjeros, de acompañar a los ancianos, de subir las pensiones más bajas, de que haya una buena sanidad para todos, etc, etc. Por supuesto, también es religión rezar por los difuntos. Pero utilizar ese tema (y tantos otros) para fomentar más la crispación y el enfrentamiento que ya existe entre los españoles, eso no es religión. Como tampoco es religión impedir a un sacerdote que rece por un difunto. El día que todos tomemos en serio la religión, se acabarán estas cosas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

humanizado

humanizado

DIOS HUMANIZADO
MIGUEL ESQUIROL VIVES
COCHABAMBA (BOLIVIA).

ECLESALIA, 04/01/07.- “¿De qué lado de la ventana quiere que esté su hijo?” Así hacía publicidad una universidad privada del país. En su propaganda se veía un gran edificio moderno con fachada de vidrio y en la parte exterior del mismo, colgado en un andamio, un obrero limpiando las ventanas. Metáfora inteligente y también de mal gusto, pero que encierra la situación de nuestro país. Los que han nacido en la parte interior de la ventana desconocen la vida de los de afuera, los de afuera ingresan muchas veces dentro del edificio, pero para servir y no sabemos los de adentro lo que el inconsciente irá construyendo en aquellos que ven el contraste de su vida con la vida cómoda y a veces de lujo o despilfarro de los de adentro, claro que nadie tiene la culpa de haber nacido dentro o fuera, pero los de adentro tampoco les ha interesado mucho saber cómo sienten los de afuera. Y eso es lo que hace imposible el diálogo hoy.

Nuestro país, Bolivia, está dividido, y siempre lo ha estado, desde su fundación. Antes gobernaba la clase rica y los pobres bloqueaban y ahora gobiernan los campesinos y bloquean las clases acomodadas, y estando en las entrañas de esta Navidad, podríamos preguntarnos: ¿Qué importancia tendrá esta fiesta ante tal situación? Quizás ninguna o como una pausa, pues seguramente las fuerzas en pugna se replegarán hasta el mes de enero y cada uno interpretará y celebrará la fiesta a su modo. Y eso sí, los comerciantes harán su agosto.

Y yo me preguntaba: ¿Qué querrá decir eso de que Dios se hizo hombre? Y me pareció que lo más lógico, -pues la religión debe ser lógica, no en contra de nuestra inteligencia aunque pueda superarla, pero nunca ir en contra de ella-, que el hacerse hombre era humanizarse.

Sí, me pareció que eso que llamamos Dios, el Misterio de ese cosmos infinito, el Aliento de futuro, el Ansia de vivir, la Capacidad de amar por encima de nuestro instinto, el Deseo de perfección, de belleza y de eternidad se hizo primero agua, tierra y barro, luego sol y luna, y también se hizo planta, se hizo pez y pájaro, es lo que se ha llamado la creación, pues entonces el espíritu de Dios se zambullía en las aguas, como dice la Biblia. Y por fin se hizo niño para llegar a ser hombre y ¿porqué no niña para hacerse mujer? Y todo ello es lo que los cristianos llamamos encarnación.

Y eso es la Navidad. Dios de carne y hueso, lo que nunca nos lo hemos creído del todo y siempre hemos levantado los ojos al cielo para nombrar a Dios o para hablarle y no los hemos dirigido a los demás, sobre todo si son de otra clase u otra raza o diferentes, ni tampoco lo hemos encontrado dentro de nosotros mismos. Es más fácil y cómodo tener a Dios fuera y acudir a Él según nuestras necesidades e intereses.

Y a eso es a lo que somos llamados los seres humanos, esa es nuestra vocación, la misma de Dios, humanizarnos. Pero después de tantos miles o millones de años de estar el ser humano sobre la tierra, seguimos a tientas acertando y equivocándonos en el camino de nuestra humanización. Creyendo que acumulando dinero olvidándose del otro o a costa del otro nos humanizamos. O manipulado al otro o despreciándolo para sentirme más y venciéndolo hasta saborear su derrota. Seguimos mirando sólo nuestro lado, nuestro interés y no el del otro para poder llegar a un acuerdo, preferimos enfrentarnos antes que encontrarnos.

Y ¿cómo se humaniza Dios? Se humaniza haciéndose el otro, poniéndose en la piel del otro, poniéndose en el lugar del otro, comprendiendo al otro. Y si nuestra misión en la vida es humanizarnos para ser felices, ponernos en la piel del otro será el camino para ser felices. Eso será hacerse hombre o mujer, eso será crecer, pero de verdad, no sólo por un crecimiento sólo físico o sólo económico o sólo estético, sino en humanidad completa, Y esta es nuestra misión en el mundo, humanizarlo, humanizar la naturaleza, las cosas, nuestros trabajos, nuestras familias, nuestras relaciones, nuestras estructuras sociales, nuestras ciudades, nuestras vidas. Que nuestras relaciones sean humanizadoras y no cosificadotas y facilitemos y no estorbemos la humanización de los otros, sólo así creceremos nosotros y crecerá el país. Y nuestros hijos crecerán y se humanizarán, estén dentro o fuera de la ventana, si logran ponerse en el lugar del otro. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).