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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Reflexiones

a unos amigos

a unos amigos

EL MONSEÑOR ROMERO “MAESTRO Y PEDAGOGO”
Introducción a la publicación de sus Cartas Pastorales y Discursos en el XXVII aniversario de su martirio
JON SOBRINO
SAN SALVADOR (EL SALVADOR).

ECLESALIA, 25/03/07.- “La palabra queda”, dijo Monseñor Romero, y ciertamente ha quedado en sus homilías en forma de profecía y eu-aggelion. Un experto en Antiguo Testamento nos dijo poco después del asesinato de Monseñor que en Israel hubo unos ocho grandes profetas, y que, en nuestros días, Monseñor sería uno de ellos. En El Salvador eso lo sabe todo el mundo. Y sabe también que Monseñor fue hombre de eu-aggelion, de buenas noticias, compasión y justicia para pobres y víctimas, como Jesús. Monseñor, en efecto, amó a su pueblo, y nadie recuerda a alguien que lo haya amado más que él. Eso es lo que ponía en palabra todos los domingos.

Pero esa palabra fue también una palabra lúcida. Sin ser teólogo profesional, pensó las cosas a fondo. Y fue una palabra pastoral y creativa, pronunciada en la historia concreta para rechazar concretos caminos del mal y animar a recorrer concretos caminos del bien. Fue, pues, y de manera eximia, “maestro y pedagogo”.

Eso es lo que aparece con claridad en las cartas pastorales y discursos que publicamos en este Cuaderno del Centro Monseñor Romero. La temática fundamental de su magisterio, dicho en síntesis, pensamos que fue la siguiente: la Iglesia y su relación salvadora con el pueblo, tomando absolutamente en serio la realidad histórica de aquellos tres años.

Indicios de ello se observan en su primera carta, “La Iglesia de la pascua”, 10 de abril de 1977, con la que se presentó a su pueblo, cuando ya había comenzado la represión y ya había sido asesinado el P. Grande. En su segunda carta, “La Iglesia cuerpo de Cristo en la historia”, 6 de agosto de 1977, y en el discurso de Lovaina, “La dimensión política de la fe desde la opción por los pobres”, 2 de febrero de 1980, desarrolla los grandes principios teológicos para comprender el ser y hacer de la Iglesia. La Iglesia es el cuerpo de Cristo en la historia, servidora del reino y de Dios, anunciando a los pobres la buena noticia y trabajando por su liberación. Y -lo que ocurre más infrecuentemente- desenmascarando los ídolos de muerte y luchando contra ellos. Y siempre dispuesta, por amor al pueblo y en fidelidad a Dios, a sufrir la persecución, la verificación más clara del seguimiento de Jesús.

Esto aparece con toda claridad en sus dos últimas cartas pastorales: “Iglesia y organizaciones políticas populares”, 6 de agosto de 1978, y “Misión de la Iglesia en medio de la crisis del país”, 6 de agosto de 1979. En ellas Mons. Romero se enfrentó con las idolatrías, causa última de todos los males: el capital y la seguridad nacional. Y se enfrentó con sus consecuencias: conflicto y violencia reinantes, represión al pueblo y persecución a la Iglesia -y se enfrentó también con el peligro de convertir en ídolo a las organizaciones populares. Y siempre buscó caminos de solución. Ante todo la implantación de la justicia, y a punto de estallar la guerra, el diálogo nacional.

En estas cartas toma la palabra la realidad de un país en llamas y una esperanza que él mantuvo siempre. Desde ahí, y con el evangelio en la otra mano, buscó siempre lo específico de la Iglesia y el servicio que ofrece el evangelio. Esa mirada a la Iglesia, desde el servicio al pueblo sufriente, le llevó a encarnarla en el pueblo crucificado y a analizar desde él las novedades que iban surgiendo dentro de ella: las comunidades de base, la religiosidad popular, los agentes de pastoral, la pastoral de acompañamiento de los cristianos comprometidos políticamente...

Esas dos últimas cartas causaron conmoción social. En el país fueron acogidas por muchos con gran sorpresa y con inmensa alegría, como una luz en medio de la oscuridad que daba esperanza. Otros las rechazaron, incluso varios obispos. En el exterior Monseñor Romero llegó a ser considerado como verdadero maestro.

Nos preguntamos ahora qué nos dice Mons. Romero, el maestro y pedagogo, treinta años después, a través de esos escritos. No faltará quien diga que las cosas han cambiado, lo cual es verdad. Pero sigue siendo muy fundamental y muy necesario mantener vivo ese legado, sobre todo en el silencio actual. Sus textos sobre la Iglesia se pueden seguir leyendo con gran provecho. Y basta con cambiar algunas palabras para leer también con provecho sus textos sobre la realidad: lo que dice de ídolos y víctimas, de necesidad de justicia y de verdad, de honradez y de esperanza.

Y también es importante para nuestros días el modo de proceder de ese maestro y pedagogo, en lo que nos queremos concentrar.

1. En sus escritos Mons. Romero se dejó guiar ante todo por el evangelio. No citaba textos numerosos pero sí fundamentales, y no aparecen como acompañantes decorativos, sino como fundamentos reales del ser y la acción de la Iglesia: proseguidora de la obra de Jesús, del anuncio de la fe en su Padre Dios y de la encarnación en el mundo concreto de los pobres. Por ser ése su fundamento Monseñor estaba convencido de que su palabra tenía fuerza. “La palabra de Dios no está encadenada”, decía -y gran aporte suyo fue no hacerla languidecer, ni mucho menos manipularla. A Monseñor, además, el Jesús del evangelio se le apareció en los pobres. Lo agradeció infinitamente, y nunca se le pasó por la mente, aun en medio de todos los problemas que eso le produjo, decir como el gran inquisidor: “Señor, no vuelvas”.

2. Monseñor usó abundantemente el magisterio de la Iglesia, en especial el Vaticano II, las encíclicas sociales de Pablo VI -más la Evangelii Nuntiandi- y Medellín y Puebla. Lo hizo sin ninguna rutina sino con audacia, creatividad y compromiso. Con audacia, pues citaba pasajes sobre temas que en nuestro país generaban gran conflicto: derecho a la organización popular, violencia, su legitimidad e ilegitimidad, diálogo -en este caso con grupos marxistas-, asesinatos y martirio, la hipoteca social de la propiedad privada… Con creatividad, pues la realidad concreta salvadoreña escapaba muchas veces a la realidad universal que aborda el magisterio. La pastoral de acompañamiento, por ejemplo, fue algo verdaderamente nuevo. Y con compromiso. En aquellos días, hablar de “magisterio”, “doctrina social de la Iglesia”, era lenguaje terrible para los opresores. Por eso, cuando en Roma -en el proceso de beatificación- investigaron si Monseñor se dejaba guiar por la doctrina social de la Iglesia, y no por ideologías peligrosas, la respuesta fue clara: evidentemente. Pero además, se encontraron con estas palabras de Monseñor: “Es muy fácil hablar de doctrina social. Lo difícil es ponerla por obra. Entonces vienen los ataques y la persecución”. Las mayorías sí entendían que esa doctrina social, aunque no acababan de entenderla a cabalidad, debía de ser algo bueno, y algo que estaba en su favor, pues Monseñor la invocaba.

3. Monseñor tomó también muy en serio lo que, análogamente, podemos llamar el “magisterio de la Iglesia local”. En concreto, recordaba la Segunda Semana Pastoral Arquidiocesana de 1976, y dos mensajes episcopales. Uno, del 5 de marzo de 1977, en el que denunciaban los atropellos y represión a campesinos y la persecución a la Iglesia que entonces comenzaba. El otro, del 17 de mayo, en el que volvía a denunciarlos toda la Conferencia Episcopal. Eran los inicios de un magisterio salvadoreño, nuevo, evangélico y popular. El que Monseñor recordase ese “magisterio salvadoreño” era importante para que sus cartas fueran bien recibidas -la necesaria receptio, que se dice técnicamente.

4. Monseñor era bien consciente de que la verdad expresada en textos puede quedar a un nivel abstracto, y por ello manipulable, si no se concretaba desde y para la situación del país. Por ello fue siempre constante preocupación suya iluminar los problemas concretos del país, y de la Iglesia, aun cuando no siempre hubiese respuesta para ellos en los documentos universales de la Iglesia. A la tercera carta pastoral sobre “Las Organizaciones Políticas Populares”, considerada universalmente como pionera en este campo, añadió un anexo con datos fundamentales de la realidad económica y política, y con textos de la Escritura y de la doctrina de la Iglesia. Y añadió un cuestionario. Así podía ser leída con más interés y podía ser mejor comprendida.

5. Esta tercera carta pastoral fue todo un acontecimiento. Su redacción es un ejemplo de trabajo en equipo y de tomar absolutamente en serio a los laicos. Monseñor se juntaba, normalmente en desayunos de trabajo, con unas quince personas, sacerdotes en pastoral, teólogos, analistas sociales y políticos. Entre todos aparecía la realidad con todos sus problemas y posibilidades, y se la analizaba en profundidad, con lo cual se evitaba la mera repetición de juicios verdaderos pero inoperantes. Y aparecía también el juicio desde la palabra de Dios, y se analizaba la realidad teológicamente, con lo cual la carta pastoral aparecía enraizada en la fe cristiana, y podía defenderse en contra de los innumerables ataques de la extrema derecha. Hay que recordar que la carta también fue firmada por Monseñor Rivera Damas, entonces obispo de Santiago de María. El resto de la Conferencia Episcopal, y la nunciatura, de diversas formas mostraron su desagrado y desacuerdo con esta carta. Sobre el tema de las organizaciones populares publicaron un breve mensaje, sumamente pobre, que dejaba a las mayorías populares abandonadas a su suerte. El escándalo fue grande ante el hecho de dos textos tan diferentes. Y muestra que para Monseñor Romero escribir una carta pastoral era todo menos rutinario.

6. Su cuarta y última carta expresa espléndidamente otra dimensión del modo de proceder de Monseñor Romero: compartía con su pueblo la confección de su magisterio doctrinal. Antes de escribirla, en efecto, envió a los sacerdotes y a las comunidades una larga encuesta. En ella preguntaba cosas importantes: “¿Quién es para usted Jesucristo?”. “¿Cuál es el mayor pecado del país?”. “¿Qué piensa usted de la Conferencia Episcopal, del Nuncio, de su arzobispo?”. Y tomó en serio las respuestas. En el n. 7 de dicha carta recuerda que “todo el pueblo de Dios participa de la función profética de Cristo… guiado por el sagrado Magisterio” (LG 12). Lo importante, y típico de él, es que sacó las consecuencias:

“Teniendo en cuenta este carisma del diálogo y de la consulta quise iniciar esta carta pastoral con una encuesta al querido Presbiterio y a las comunidades eclesiales de base de la Arquidiócesis. Y una vez más, he quedado admirado de la madurez reflexiva, del espíritu evangélico, de la creatividad pastoral, de la sensibilidad social y política expresadas en las numerosas respuestas que he leído detenidamente. Incluso algunas inexactitudes y audacias doctrinales y pastorales han servido de estímulo al carisma de magisterio y discernimiento que el Señor me ha confiado. Pero todas las inquietudes y sugerencias aportadas fueron tomadas en cuenta. Al agradecerles muy cordialmente, quiero repetir mi invitación a continuar este diálogo y esta reflexión, tal como lo hice, con la conciencia de mi limitación, al entregar, el año pasado, mi tercera carta pastoral “que llama a todo el Pueblo de Dios a reflexionar, desde sus comunidades eclesiales y en comunión con sus pastores y con la Iglesia universal, sobre estos temas a la luz del Evangelio y desde la auténtica identidad de nuestra Iglesia” (n. 17)”.

Monseñor enseñó con autoridad, pero no con exclusividad; ofreció su enseñanza con firmeza, pero no como mera imposición formal. Sus escritos son fruto de la reflexión sobre los problemas de los pobres y en diálogo con ellos. Por ello, se observa también una evolución en su magisterio. Mons. Romero enseñó, pero en la medida en que él mismo iba aprendiendo, estudiando los nuevos documentos del magisterio, consultando a todos los salvadoreños de buen corazón y dejándose interpelar por las angustias, esperanzas y lucidez de los pobres. Su magisterio trató de iluminar los problemas sociales y políticos desde la especificidad de la Iglesia, pero la problemática histórica iluminaba a su vez en qué debía consistir la actuación pastoral de la Iglesia.

7. Con sus cartas pastorales y discursos Monseñor Romero expresó el servicio que la Iglesia debía prestar al país, sin miedo a la novedad y sin que el no saberlo todo la paralizase. Y arriesgaba. Monseñor pensaba que así la Iglesia estaba colaborando con todas las fuerzas vivas que querían la salvación del país. Pero tenía también la profunda convicción de que la Iglesia tenía su propio aporte específico. Pero no cualquier forma de ser Iglesia, sino una Iglesia seguidora de Jesús, que recuerda a Jesús. Así lo dijo la noche de navidad de 1978: “La Iglesia se predica desde los pobres, y no nos avergonzamos nunca de decir la Iglesia de los pobres, porque entre los pobres quiso poner Cristo su cátedra de redención”.

Y una última cosa. Monseñor escribió cartas pastorales. Pero éstas en definitiva no son tanto epístolas doctrinales, sino cartas a unos amigos. Son cartas de cariño a su querido pueblo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


principio misericordia

principio misericordia

NO SE DONDE ESTÁ LA VERDAD
JOAQUÍN AUTRÁN, jautran@ole.com
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA, 20/03/07.- No se donde está la verdad, y como no tengo estudios oficiales de teología parece ser que no puedo deducirla, de modo que como buen católico no me queda más remedio que aceptar la que me ofrece la jerarquía, no vaya a ser que piense, sienta o viva algo diferente a la doctrina oficial.

Así que cuando quiera saber sobre el amor y en especial el matiz del amor cristiano, leeré aquél impecable documento teológico que me deja frío como una piedra, en vez de acudir a la gente que me transmita amor vivido y misericordia experimentada, gente que deja la vida por los demás.

Cuando quiera entender más y mejor al Jesús de los pobres, me iré al catecismo oficial aprobado en el palacio del Vaticano.

Tendré que desechar la imagen que nos da Jon Sobrino, de ese Jesús identificado con los pobres, la imagen de un Jesús cercano que me calienta el corazón. De un Jesús que no nos deja mirar hacia otro lado ante la injusticia de los pobres y nos anima a actuar según el principio de misericordia. A pesar de que esa imagen de Jesús me haya “convertido” en un cristiano más maduro, comprometido y más creyente.

A pesar de que mi corazón vibre y salte de alegría como el de Zaqueo con el encuentro del Jesús que me presenta Jon Sobrino. Ese Jesús sí lo entiendo, lo siento resucitado y me encaja con el evangelio, no tengo que hacer cuarenta piruetas intelectuales para justificar la esquizofrenia evangelio-Iglesia.

Pero ya digo que a lo mejor es que no se suficiente teología.

Así que a partir de ahora, para no equivocarme mantendré cerrados mis ojos, mis oídos, mi sentido común y no haré caso a mi corazón. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

en quien somos

en quien somos

PADRE NUESTRO DE LA CONFIANZA
DANIEL TORRES

ECLESALIA, 15/03/07.- Padre y Madre nuestra,
en quien somos y vivimos,
santificado sea tu Nombre,
venga tu Reino,
hágase tu Voluntad.
en la tierra como en el cielo.

Nos das hoy nuestro pan de cada día,
perdonas nuestras ofensas
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
nos libras del mal
y no nos dejas caer en la tentación.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda
la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


vida bonita

vida bonita

PADRE NUESTRO CON CORAZÓN DE NIÑO
MIGUEL ÁNGEL GARCÍA
MADRID.

ECLESALIA, 13/03/07.- Padre nuestro,
que desde el cielo nos cuidas:

que todo el mundo te quiera;
que la vida sea bonita,
como tú quieres que sea;

que no nos falte de nada
a los que vivimos en esta Tierra.

Perdónanos, Padre Dios,
cuando hagamos mal a alguien,
y enséñanos a perdonar.

Haz que sepamos ayudar a los demás.

Y no dejes que nos pase nada malo.

Amén.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda
la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

alabar tu nombre

alabar tu nombre

PADRE NUESTRO DE HOY
JOSÉ VIDAL, jvidalt@able.es
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 12/03/07.- Padre nuestro, que no estás en ese cielo lejano que nos dicen, sino aquí, junto a tus hijos, especialmente con los más necesitados.

Quiero alabar tu nombre, como creador de toda la naturaleza, de todas las cosas bellas que nos rodean, las plantas, los animales, los ríos con sus preciosas cascadas, y del hombre y de la mujer, a los que has hecho a tu imagen y semejanza.

Ayúdanos a hacer tu Reino aquí en la tierra, pero que sea con nuestro esfuerzo, a pesar de todas nuestras contradicciones.

Pero que esa construcción de tu Reino sea como tu quieres, un Reino de justicia y equidad, donde, para que todos/as tengamos nuestras necesidades cubiertas a nadie le sobre nada.

Haz Padre que todos/as podamos conseguir el pan, las alubias o cualquier alimento necesario, así como el vestido y todo lo que necesitamos para tener una vida digna, pero que sea con nuestro trabajo, porque el pan con esfuerzo es mas pan.

Te pedimos Padre que nos perdones, nuestros egoísmos, nuestras incomprensiones y todas nuestras faltas de sensibilidad hacia los demás, así como nuestras omisiones en el proceso del Reino y nuestras actuaciones contra la belleza de tu creación.

Te lo pedimos, con la intención nuestra de perdonar a todos/as los/as que nos ofenden, y de no retener en nuestro interior ningún resquemor, de tener siempre los brazos abiertos a todos.

No dejes que deseemos riquezas o bienes que no necesitamos, porque para que a nadie le falte lo necesario, nadie debe de tener lo superfluo.

Y líbranos de estar cansados o agotados en nuestra labor, porque siempre hay algo que hacer, hasta que llegue tu Reino. Amen. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

provocando

provocando

25 de febrero de 2007
PROVOCANDO LA PARTICIPACIÓN ACTIVA
Comunicado final de la XXXIX Asamblea General del Movimiento Rural Cristiano de Adultos
ALCALÁ DE HENARES (MADRID).

ECLESALIA, 06/03/07.- Los militantes del Movimiento Rural Cristiano de Adultos, reunidos en su 39 Asamblea General, conscientes de que somos presencia de la Iglesia en los ambientes rurales, queremos expresar que nos sentimos llamados y enviados a la misión, que consiste en comunicar la vida nueva de Jesucristo y trabajar por la transformación del mundo según los designios de Dios.

Siempre hemos estado presentes en las plataformas populares de nuestros pueblos (partidos, sindicatos, cooperativas, asociaciones sociales…) y continuamos estando presentes además de revisando nuestra militancia para crecer. Ahora es tiempo de centrarnos en lo esencial, no hay que asustarse ni tener miedo, el presente es una realidad que hay que afrontar desde la esperanza para transformarla y mejorarla.

La reflexión de estos días y las nuevas realidades que viven nuestros pueblos y nuestra Iglesia, a raíz de la ponencia, nos exigen un talante y una espiritualidad que nos lleva a:

- Descubrir las causa profundas de los acontecimientos en el Mundo Rural.

- Favorecer y motivar al compromiso ahondando en la mediación política, sindical y social (no exclusivamente refiriéndose a partidos políticos) sino estar allí donde algo se decide.

- Animando y provocando la participación activa desde un análisis crítico de la realidad donde estamos.

Por todo esto queremos y nos proponemos afrontar durante los próximos dos años el siguiente objetivo:

Motivar a militantes y personas afines a participar en plataformas sociales, sindicales y políticas, así como hacer un seguimiento y apoyo de todo esto desde el Movimiento Rural Cristiano. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: admmilitante@ruralescristianos.org


comunidad

comunidad

IGLESIA… ¿QUÉ IGLESIA?
SANTIAGO DANIEL CATALÁN
LA LAGUNA (TENERIFE).


ECLESALIA, 23/02/07.- Preguntaba la semana pasada a mis alumnos de 6º de Primaria “¿qué entendían por la palabra IGLESIA?”.

La cuestión fue planteada con la idea de poner sobre el tapete todas las concepciones que cada cual se ha ido haciendo sobre ella a lo largo de sus 11-12 años de edad. Salvo algunos niños y niñas a quienes este término no les decía nada (porque para ellos Dios no existe o porque han tenido una experiencia desilusionante de ella)… el resto me sorprendió por sus respuestas tremendamente positivas (basadas en su experiencia de la misma).

Acabada la clase de Religión me quedé pensando en sus comentarios y el diálogo-debate que luego se derivó de las distintas opiniones expresadas y comprobé cómo esta Iglesia que los “entendidos” disocian y catalogan –según sus propios prejuicios y no según su realidad, todo hay que decirlo- como “integrista o arcaica, inmovilista y tradicional, conservadora” o “progresista, renovadora, más fiel al Evangelio y, por lo tanto, más cercana al ser humano y a los valores evangélicos” no se corresponde con lo que es realmente (los niños dicen lo que ven y en esa sencillez descubren verdades como catedrales) y yo, francamente, prefiero creerles a ellos que a las elucubraciones de tanto iluminado que se cree con la capacidad de juzgar y condenar no sólo hechos y/o apariencias de algunos sino de entrar en las descalificaciones o juicios gratuitos sobre algunas de las personas que forman esta Iglesia.

Jesús llamó a su seguimiento lo necio, lo insignificante… para confundir a los sabios

Lo dijo un conocido, ¿le recuerdan? Cada vez que releo ese texto… y pienso en mí mismo… le doy toda la razón. Aquel hombre tenía un profundo sentido de la humildad; tampoco en todos sus escritos he visto ni una sola expresión de condena a nadie ni de atreverse a juzgar a los demás, siguiendo así fielmente las enseñanzas del Maestro.

Pero ¿qué es lo necio?, ¿qué es lo insignificante? ¿Son los teólogos de una y otra escuela teológica?, ¿son los gnósticos autoidentificados como cristianos?, ¿son los miembros de movimientos cristianos vanguardistas, progresistas, cristianos por el socialismo, etc...? No, ¿verdad?, no se nos ocurriría pensar en ellos; yo, al menos, no creo que lo sean. ¿Cómo van a ser éstos los necios e insignificantes con lo que saben –o creen que saben-? No, nada de eso, los necios e insignificantes son los otros, los que no comparten los análisis de estos grupos (según he podido leer en ecleSALia en más de una ocasión).

Pablo se refería no a algo estúpido -o con las connotaciones que hoy le damos a esos términos- sino a aquello o aquéllos que en su pequeñez, en su sencillez viviesen enamorados de Cristo y a Él se entregaran por entero sin buscar hacerle el juego al sistema, sin entrar en diatribas contra nadie, sin apologías o demagogias,… pero viviendo intensamente sus propia fe con la simpleza e ingenuidad candorosa de quien todo lo cree por Él y en todo se confía en Él porque se siente con Él como un niño con su padre/madre.

Quien vive así… no se entretiene en juzgar ni en condenar a nadie; sencillamente vive y es coherente en esa vida, no excluye a nadie quizás porque no se cree superior a nadie, puede que sea porque –como Pablo- se siente como el último, humilde y sencillo que ha entendido que “no es a él a quien le corresponde segar la cosecha y separar el trigo de la cizaña”.

Pues bien, mis alumnos de 6º de Religión… me dieron a entender que “captaron esto perfectamente” porque al hablar de sus concepciones de la Iglesia me hablaron de personas y de palabras que en medios “muy progresistas”, muy por lo de “cristianos por el socialismo y demás”, se tacharían de todo menos de reconocer que son tan iglesia como el que MÁS. Me hablaron de personas, hechos y actitudes por ellos y ellas observadas que muestran muy a las claras “como Dios llega al corazón de todos a través de lo que puede ser decepcionante a todas luces para otros”.

¿Es esto un misterio? No, yo no le llamo “misterio” (ya hay bastantes y de mayor calado para que vaya yo ahora a incluir otro más). Yo le llamo a esto “mirar la realidad con ojos limpios”, observar la vida desde ella misma, no desde los propios pre-juicios. Estos niños y niñas dejarían confundidos a muchos sabiondos y no sería, precisamente, por sus apabullantes argumentos teológicos, sociológicos, filosóficos ni antropológicos…. sino por la contundencia incontestable de lo que ellos constatan a diario.

Somos todos como nuestro propio cuerpo

También es del amigo Pablo esa comparación y es acertada porque… así es esta Iglesia en la que no sobra nadie, ni siquiera los curas carcas, ni algunos obispos (los “purpurados” que dicen algunos), ni los niños que quieren que no repriman su derecho a expresar su fe haciendo un belén en su colegio que, dicho sea de paso, es más de ellos que de los profesores que trabajan allí porque son sus familias quienes lo pagan y no la directiva de turno de ese colegio,… ni tampoco sobra el militante de partidos “no-progresistas” (como si fueran realmente “progresistas” los que se autodenominan como tales) que profese la fe cristiana...

¿Le sobró a Jesús alguno de los apóstoles que decidieron dejarlo todo para seguirle? ¿Recibió Pedro la condena y reprimenda del siglo por negarle tres veces antes de cantar el gallo?, ¿cómo le miraría Jesús para que rompiera a llorar como lo hizo?... yo juraría que aquella mirada debió ser la más tierna y amable que jamás aquel rudo pescador pudo haber recibido; lo sé porque en mi ejercicio docente… sé que es ese tipo de miradas las que mejor reacción produce en los niños y niñas, aún en las peores catástrofes.

No, no sobró nunca nadie; tampoco hoy sobra nadie… ni sobrará, aunque el mundo viva su cristianismo, su adhesión a Cristo de manera incomprensible para los demás. ¿Por qué pues nosotros sí perdemos el tiempo en juzgar y condenar?

A esto sólo le encuentro una explicación: no hay verdadero amor en nosotros, no creemos que de verdad Él está presente en cada hermano, en todos, por favor, en todos, entendámoslo bien y de una vez. Dios es amor y si eso lo fuera de verdad para nosotros… también nosotros seríamos amor para todos sin ninguna exclusión. Quien ama… no juzga ni condena. Quien ama no cataloga ni encasilla ni se autocataloga ni autoencasilla.

Estamos llamados a ser la Trinidad entre los hombres y mujeres de nuestro mundo

Si hay en nosotros amor de verdad… irradiaremos amor: no podemos rezar el Padrenuestro si no podemos llamar “HERMANO” al de derechas y al de izquierdas, al conservador y al progresista, al de aquí y al de allá, al españolista y al independentista, al que habla castellano y al que habla cualquier otro idioma,… por igual,… porque “para Dios no hay ya esclavo ni libre” en esta Iglesia sino que todos y todas gozamos de la misma dignidad humana que está basada nada más ni nada menos que en ser imagen y semejanza de Dios. (Y en eso está toda la humanidad, dicho sea de paso). La diversidad no sólo no es mal alguno sino que es algo connatural, es una riqueza y no un problema. (El único problema es la intolerancia que practicamos con aquéllos a los que tachamos de lo que somos nosotros, proyectándonos en ellos, creyéndonos mejores que ellos).

Si nos fijamos en la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y en sus relaciones y cómo habla de ella la Biblia –no hace falta ni siquiera acudir a tratado teológico alguno sobre este tema, basta sólo la Biblia, como si ella fuera poco- nos daremos cuenta de que nuestra dignidad humana se fundamenta no sólo en los atributos de Dios sino también en las particularidades de esta Trinidad; estamos llamados a vivir en comunidad al estilo de la Trinidad: amor, donación mutua, identificación con el otro (a pesar de las diferencias), búsqueda del bien común (común a todos, no sólo el de unos ignorando el del resto),… ¿hacen falta más “detalles”?

¿Es así la Iglesia que queremos construir?,… o ¿qué Iglesia queremos hacer si no es ésta? ¿Es ésta la Iglesia que estamos haciendo con nuestros atrincheramientos, descalificaciones, exclusiones y demás?… o ¿estamos depositando en sus cimientos la dinamita que la acabará desintegrando?

Conclusiones

Con razón me decían unos abuelos de mi pueblo natal cuando yo rondaba los 8 años: “Mira, Danielico, lo más importante de todo es que no hagas mal a nadie, ni siquiera con el pensamiento, y hagas todo el bien que puedas a quien puedas”.

Ninguno de ellos sabía siquiera leer; “sólo” iban a Misa los domingos y solían rezar el rosario los sábados por la tarde en la parroquia del pueblo (sólo había y hay una); no habían leído en su vida un solo libro de Teología ni tampoco se las daban de sabios…; no eran franquistas ni antifranquistas, ellos no sabían de estas fronteras que nos hemos inventado para justificar nuestra negación a mirar al otro con ojos limpios y verle como HIJO de Dios y hermano nuestro (ya habían vivido el absurdo de una guerra civil que rompió familias y generó un enorme dolor que algunos ahora se empeñan en resucitar apelando a la “memoria histórica” cuando no fue otra cosa que “la peor de las aberraciones humanas” de la que sólo vale la pena saber “qué no debemos volver a repetir: ni en sus causas que la provocaron, ni en su desarrollo ni en sus consecuencias”… porque en ella todos y todas perdimos y nadie ganó; todos nuestros políticos debieran haber enterrado ya lo que ni siquiera vivieron –como así parecía en aquel consenso de 1978- y mirar hacia el futuro de una vez por todas).

Iglesia… sí, la de Jesús, la que no excluyó a nadie y la que desde lo sencillo, lo humilde y necio… pero con la presencia del Espíritu de Dios que la hacía vivir como tal, aún a pesar de las diferencias o discrepancias; la que no excluye ni demoniza a nadie, la que es capaz de pronunciar la palabra hermano con la más absoluta naturalidad a todo ser humano sean cuales sean sus circunstancias ambientales y/o personales. En ésa sí cabemos todos y todas y a ésa me apunto yo, no a la de los nuevos fundamentalistas que tratando de ridiculizar posturas de otros miembros de la Iglesia y reclamando fidelidad al Evangelio caen en las mismísimas acusaciones que vierten sobre los demás.

¿Es tan difícil concluir en que “aquí no sobra nadie” y que otra Iglesia es posible si dejamos de excluir al resto? ¿Es tan difícil entender que esta comunidad que es la Iglesia (eso significa, precisamente, esta palabra) necesita ser construída entre todos y todas? ¿Es tan difícil comprender que no somos competidores unos de otros sino que todos somos complementarios y que de todos podemos aprender a poco que tengamos algo más de humildad? ¿Es tan difícil darnos cuenta de que la autosuficiencia que ya tentó a Adán en el mito del paraíso es la que nos está llevando a no ver en el otro a Dios mismo? ¿Es tan difícil reconocer la esencia misma de nuestro ser personal y comunitario a imagen y semejanza de Dios? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Invito a entrar en éstas y las cuestiones que se quiera –o discutir cualquier parte de este escrito- con quien lo desee contactando con santi_25_7@yahoo.es

¡Un abrazo!.
Paz y bien.
Santi, un cristiano de a pie.

cuaresma nueva

cuaresma nueva

FELIZ CUARESMA
JOSÉ LUIS GRAUS, miembro de la comunidad Quédate de la parroquia de San Ambrosio de Vallecas joseluisgraus@yahoo.es
MADRID.

ECLESALIA, 19/02/07.- Sí, feliz Cuaresma, porque un año más Dios nos vuelve a regalar una oportunidad, y van tantas, de conversión y eso no deja de ser motivo de gozo en nuestra pequeñez.

Feliz Cuaresma, porque re-iniciamos un camino que sin eludir la muerte, nos conduce a la Vida Verdadera, gracias a la Resurrección del Maestro y eso no deja de ser motivo de esperanza en nuestras miserias.

Feliz Cuaresma porque ante las tentaciones de vivir en blanco y negro, Dios nos habla en colores, intensos y vivos, y nos ofrece la reconciliación, Su Reconciliación como instrumento de conversión y de cambio.

Os proponemos, nos proponemos vivir esta cuaresma, estos días, este camino regalado desde la reconciliación. El mundo que estamos viviendo, la realidad que nos acontece, está rota, divida, fragmentada, casi muerta, sino del todo, en viernes santo permanente, por eso la necesidad de hacer feliz esta cuaresma desde la reconciliación. No desde la nuestra, sino desde la que Dios se empeña en regalarnos cada día.

Reconciliación con Dios, Principio, Amor de nuestras vidas, Misericordia regalada a cada instante, abrazo de Madre/Padre, como a hijas e hijos que regresamos al hogar después de haber dilapidado la herencia. Reconciliación con quien no deja de reconciliarse eterna y fielmente con cada una, con cada uno.

Reconciliación conmigo. A pesar de mis miserias, de mi pecado, de mi limitación, de todo lo necio, lo inmaduro, lo pobre… que hay en mi, puesto que Dios, Abbá, no ha dejado de amarme ni un solo instante, puesto que me ha hecho una persona amable a Sus Ojos y a los ojos del resto de la humanidad, no puedo ser yo quien me haga odiable. Es necesario en esta cuaresma hacer un pequeño ejercicio de acogerme y reconciliarme conmigo, para así poder ofrecerme y entregarme a esta humanidad nuestra de cada día como lo hizo Jesús nuestro maestro.

Reconciliarme con mi entorno más próximo, crear lazos de religación como decía Zubiri. Reconciliarme con mi familia, con mis vecinos y vecinas, con mi trabajo. Reconciliarme y mientras lo hago, sanar heridas, ofrecer abrazos, amar mucho y amar bien, pues solo el Amor recibido y entregado es el que transformará lo cotidiano, pasando de la muerte a Su Vida.

Reconciliarme con la Creación, con la humanidad y con la naturaleza y por tanto vivir en coherencia con mis Hermanas y Hermanos sufrientes, dolientes. Vivir en armonía ecológica con la naturaleza, desde el compartir, más que desde el consumir, desde el trabajo por una realidad sostenible y solidaria…

Tratar de vivir estos días que se nos regalan, en clave de reconciliación nos ayuda a asumir las muertes y La Muerte que no dejan de producirse en nosotros y por nosotros, pero también nos ayuda a luchar, a colaborar en la tarea de transformación de la realidad. Nos ayuda a creer, a Creer que Su Muerte tuvo sentido y que como dice Pedro Sus Heridas nos han curado…

Por eso y con eso me atrevo a deciros y a desearos feliz Cuaresma, Hermanas y Hermanos en Jesús Resucitado por Dios Abbá de la muerte. Feliz Cuaresma. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).