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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Reflexiones

diamante

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VIVIR DE OTRA MANERA ES POSIBLE
¡Únete a nosotros!
GLORIA VERGEL
MADRID.

ECLESALIA, 30/05/08.- Somos catorce personas que vivimos en un pequeño edificio en Villaverde Bajo, calle Diamante 35, de Madrid.

Como dice Laura, desde la puerta del portal, todo es casa, aunque hay seis viviendas independientes con las puertas preciosamente abiertas y el corazón siempre a punto.

Hicimos una Comunidad de Bienes en el 2006 y “compramos” (bueno de momento es del banco) el edificio completo. Se reformaron cuatro casas y las dos restantes, se usan tal y como estaban.

En la parte de abajo disponemos de 120 m2 para la construcción de otra vivienda y/o local que puedes ocupar tú o tu grupo, si la fe alimenta tu vida para vivir en comunidad. También tenemos un magnífico patio y un amplio garaje, dónde queremos construir las zonas comunes: biblioteca, capilla, cocina, comedor y lavadero.

Lo verdaderamente importante: Todos los días somos convocados a rezar laudes a las 7,45 y los fines de semana a las 9,30, por las noches a las 10,30 más o menos rezamos completas y celebramos la Eucaristía, menos los domingos porque dice Luis, nuestro sacerdote, que ese es el momento de celebrar con toda la Iglesia.

Los sábados comemos juntos y cocinamos por turnos, uno para todos (como los mosqueteros).

Tenemos muchos privilegios, pero quizá de los más importantes son nuestros hijos, cinco en total, su pertenencia a la comunidad, está en razón de los padres, están centrados en sus estudios que también compaginan con algún trabajo y su ritmo es el de todos los jóvenes.

Por nuestra parte queremos favorecer una convivencia donde ellos se sientan integrados. Participan en la comida comunitaria y en ocasiones comparten con nosotros sus inquietudes, sus vivencias, luchas en la facultad, en casa… etc.

Serán ellos al ir madurando los que optarán. Ojalá sigan el camino de sus padres a los que tienen como referencia.

Una vez al mes organizamos una tertulia sobre temas de su interés, invitando alguna persona, que nos pueda iluminar con sus vivencias.

Os podría contar muchas más cosas, pero me parece importante que si te has tomado el esfuerzo de leer hasta aquí, te pusieras en contacto con nosotros por medio del correo electrónico o simplemente viniendo a visitarnos.

La dirección ya la conoces y seguro que serás bienvenido, porque con vuestra ayuda vivir de otra manera… es posible. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: vergelia@lycos.es


descubrir

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COMPRENDER LA REALIDAD EN CLAVE FEMINISTA
Parte de mi experiencia en EFETA
MONTSE ESCRIBANO CÁRCEL, monescri@yahoo.es
VALENCIA.

ECLESALIA, 22/05/08.- Hace algo más de dos años una amiga me comentó que iban a celebrarse en Sevilla unas jornadas sobre Teología Feminista. Mi asombro fue total. Anteriormente yo había estado estudiando durante un largo periodo de tiempo esta disciplina, pero las referencias al feminismo fueron casi inexistentes. Todo se reducía, más o menos, a que me sonaban algunos nombres de teólogas, en su mayoría estadounidenses, que tenían algunos libros publicados en castellano. Eso era todo. Por ello, la idea me pareció genial.

Sin embargo, aunque mi desconocimiento era casi total, sí soñaba con la posibilidad de poder aprender mucho más. Me llamaba la atención que otras mujeres también estuvieran interesadas en esto mismo. Sobre todo, con el tiempo, descubrí que había unas pocas que se dedicaban a la investigación teológica de modo profesional, en centros universitarios. Estas noticias revolucionaban mi imaginación, como cuando supe del trabajo realizado por Mercedes Navarro en la Universidad de Salamanca. Durante dos años tuve el inmenso placer de disfrutar de las clases de Dolores Aleixandre o Elisa Estévez, y también, de vez en cuando, de ver llegar a la biblioteca de la Universidad de Comillas a Isabel Gómez-Acebo que trabajaba durante largas horas con su portátil, mientras yo, de lejos, me fijaba en los libros que consultaba pues sabía que algo tenían que ver con la teología. Más tarde, supe de la existencia de otras teólogas que en mi misma ciudad elaboraban teología, como era el caso de Lucía Ramón.

Así que cuando vi la posibilidad de asistir a las jornadas de Teología Feminista no lo dudé. Allí comencé a tener una ligera idea del recorrido histórico de esta disciplina, de lo que suponía y sobre todo, que era algo que se estaba desarrollando con fuerza. Escuché por primera vez nombres de mujeres tales como Elizabeth Cady Stanton o Mathilda Joselyn Gage que habían arriesgado todo por conseguir un reconocimiento pleno a nivel legal y social. Ellas junto con otras defendieron el derecho al voto y descubrieron que muchas de las desigualdades que padecían se apoyaban en modos erróneos de comprender los textos religiosos. Pero lo mejor de estas jornadas fue que se nos presentó la posibilidad de poder iniciar a través de la red unos cursos de Teología Feminista de un modo sistemático. Sin saber demasiado lo que aquello iba a suponer para mí, decidí inscribirme en EFETA.

Comenzó así un tiempo de estudio riguroso y exigente por las diferentes materias teológicas a las que iba asomándome –gracias a las unidades didácticas de cada una de las profesoras– a los textos de muchas de estas autoras feministas. Se convirtió en un espacio en el que podía pensar, descubrir y escribir al trabajar cada una de estas Unidades pero sobre todo me permitió disfrutar de nuevas perspectivas. No se trataba únicamente de conocer a otras/os autores, que antes sentía inaccesibles y que ahora, por fin, podía leer. Sino que estas lecturas me capacitaban para reflexionar desde otras perspectivas. Entendí que comprender la realidad en clave feminista me permitía valorarla de modo diferente y a la vez, me urgía a buscar alternativas que tenían mucho más que ver con mi modo de ser creyente. Esto supuso una gran revolución. Tanto en el ámbito intelectual como en el experiencial. Había otros modos de nombrar a la divinidad y ello conlleva siempre unas consecuencias políticas determinadas.

Sabía de la existencia de una pobreza que es mucho más desgarradora en el caso de las mujeres. Pero aprendí a ver cómo esta opresión multiplicativa es, a menudo, justificada por estructuras políticas, religiosas y sociales. De ahí que la Teología Feminista crítica pretendiera ser cauce de liberación de estas situaciones.

El estudio en EFETA me está permitiendo también diferenciar teologías elaboradas por mujeres de otras teologías, con marcado acento feminista, insertas dentro de las tradiciones religiosas mayoritarias. Éstas se esfuerzan en rastrear y desenmascarar modos de comprensión que lleven a valorar de modo negativo a las personas y a la vez buscan concienciar y facilitar posibilidades en las que se den un diálogo eclesial entre semejantes.

Esta mirada diferente me ha preparado para una lectura distinta de los textos sagrados y de la Tradición. Ver que hay otros métodos teológicos de acercamiento, que ofrecen interpretaciones variadas e igual de legítimas, y que exigen el rescate de personajes, en su mayoría mujeres, que intencionadamente han sido silenciados. Todo ello me ha hecho cuestionarme sobre mi propio modo de pertenecer y de ser Iglesia.

Así que lo que no hace mucho comenzó como una posibilidad de ampliar mis estudios, más bien los ha puesto primero en cuestión y me ha forzado a verlos desde una perspectiva metodológica novedosa y obligándome como dice, Adrienne Rich, a acostumbrarme a inventar aquello que deseo.

Pero no toda mi experiencia en EFETA se reduce a lo aprendido con cada una de las profesoras y de las unidades didácticas en internet. He conocido, principalmente a través de las Jornadas presenciales, a otras mujeres como son las diferentes Mercedes que trabajan, de modo menos visible, por ejemplo en la secretaría. Ellas se esfuerzan en que este proyecto salga adelante y me han enseñado que parte del éxito de este sueño es el trabajo constante mediante la creación de redes que nos vinculen y potencien. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Gracias por tener la valentía de poner este proyecto en marcha.

- - -> Para más información: http://www.efeta.org


el corpus

el corpus

EL BOXEADOR
ALMUDENA GARCÍA DE PEDRAZA y PACO MESTRE MOLTÓ, voluntarios del Programa Simón de Cáritas Diocesana de Valencia
VALENCIA.

ECLESALIA, 20/05/08.- Así era, así gustaba le conociesen y continuamos conociéndolo nosotros, “El Boxeador”, Manolo, que “se bajó del ring”, tras muchos años en él, el pasado día 2 de enero.

Manolo fue campeón de pesos welters en España y recorrió media Europa, peleando, de la mano de su manager Baltasar Sanchili, único campeón del mundo valenciano. Un accidente de caza le afectó seriamente una mano, impidiéndole continuar combatiendo, cosa que le transformó su vida de forma radical, incluido el abandono de su mujer e hijos, seguramente por esa “falta de corazón” para hacer frente a la vida, que también le faltó en sus combates y que le impidió ser un gran campeón según comentan algunos que le conocieron, y, seguramente, por la inmadurez de una persona que, fue creciendo como tal, conforme le dictaban los pensamientos e intereses de otros.

Tras jugarse el patrimonio heredado de sus padres y algunas aventuras más, fue a parar, junto con su hermano, al descampado del antiguo Hospital Psiquiátrico Padre Jofré en Jesús, barrio de Patraix, donde iniciamos con él la relación de acompañamiento hace, aproximadamente, dos años.

Su vida fue un paso, lento pero firme, de la comodidad y el lujo, a un cartón sobre el que dormir, intentando, con él, protegerse del frío suelo. Pero en ese camino, él nunca olvidó su pasado. Y recordaba, una y otra vez, sus conquistas –sentimentales-, sus éxitos –en el combate-, y… su inmadurez, esa que él reconocía y que le quemaba por dentro como un remordimiento constante de tantas oportunidades perdidas y tantos pasos dados en falso. ¡Cuántas veces, con ojos tristes, nos pintaba el cuadro de su elegancia –con su buen vestir, siempre fue considerado un señor-, para enfrentarlo al estado de suciedad en el que se encontraba entonces! Sólo quedaba de su prestancia un fuerte olor a colonia de la que nunca prescindió y… su forma de vestir la misma ropa de siempre, con una pose de dignidad aún conservada.

Con su situación, el boxeador nos enseñó que cualquier persona puede finalizar en la calle por muy triunfador que haya sido. Con su andar, con esa mirada fija como si mirase al punching, conteniendo su vida actual, al que destrozar de múltiples golpes, nos enseñó que es bueno abstraerse de la dureza de la calle cuando no se pasea sino se vive en ella. Con sus recuerdos, reiterados una y otra vez y amarillentos como las hojas de un periódico antiguo, nos transportaba a su época de esplendor que nosotros apoyábamos para mejorar su autoestima. Con sus palabras pidiendo disculpas a su familia por la situación en la que se encontraba por su irresponsabilidad nos hizo conocerle mejor, quererle más y acompañarle tratando de que abandonase la calle, primero aceptando una habitación que no quiso y posteriormente una Residencia de la Tercera Edad a la que fue llevado y en la que estuvo cuidado hasta que, como decía al principio, “se bajó del ring” para dirigirse a la Vida. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

te llamo

te llamo

ESTOY ENAMORADO DE TI
MONJAS TRINITARIAS DE SUESA, montrinisuesa.net
SUESA (CANTABRIA).

ECLESALIA, 13/05/08.- ¿Si creo en ti? Sí, claro que sí. Llevo toda la vida creyendo en ti. No recuerdo el primer momento en el que empecé a creer en ti. Supongo que me vino dado, no sé si con la leche materna o con el primer aliento pero, desde luego, muy al principio de mi vida.

Desde muy pequeña me gustó leer las historias de la Biblia. Tenía un ejemplar heredado de “La Biblia contada a los niños” y lo leía y releía. Sobre todo las narraciones del Antiguo Testamento; las he leído cien veces más que las del Nuevo.

Recuerdo las ilustraciones, nada parecido a los dibujos llenos de color de ahora. Qué va. Eran dibujos más bien feos, ciertamente, a dos colores, casi sugeridos. Adán y Eva saliendo del Paraíso, Agar llorando, Jacob vestido con una piel, David tocando un arpa, Absalón colgado de las ramas de un árbol por el cabello..., y Samuel, el pequeño Samuel levantándose de un camastro. Me encantaba leer el texto que narraba cómo un niño oía la voz de Dios. Eso era magia, claro. Yo leía la historia y después me acurrucaba e la cama, muy atenta, por si oía que Dios me llamaba. Ponía tanta atención que cualquier ruido me parecía la voz del Señor, hasta que, cansada de la tensión, me dormía. Y así muchas, muchas noches.

Hoy casi me suena cursi aquel recuerdo, por lo menos muy ingenuo. No sabía nada de vocación religiosa, ni de seguimiento a Cristo, ni de discipulado, ni de nada similar. Sólo sabía que Dios existía y que Samuel había oído su voz por la noche estando en la cama. Así que yo... también podría vivir eso si prestaba atención, ¿no?

Una noche, hace diez años, me desperté dando un salto en la cama, alguien me había susurrado: “el Señor es mi pastor, nada me falta”. Recordé a Samuel y yo también decidí contestar. Claro que, llevaba años oyendo la pregunta. El muchacho bíblico había sido más rápido en contestar. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Hoy el Señor me pregunta de nuevo, pero va más allá:

Es cierto que crees en mí, que crees en mí desde siempre, que estoy bastante presente en tu vida, que en tu boca está mi nombre de forma más o menos consciente pero... ¿me crees a mí? No te pregunto si crees en mí sino si me crees.

¿Me crees cuando te digo que estoy enamorado de ti?

¿Me crees cuando preparo caminos anchos bajo tus pies para que no te caigas a los lados?

Cuando hago amanecer cada mañana y oscurecer al final del día, cuando recorto o relleno la luna, o coloco en la misma posición las estrellas cada noche... ¿me crees entonces?

Cuando deposito retazos de niebla sobre la ría por la mañanas (porque sé que te encanta ese momento), o hago que las ranas croen ensordecedoramente para que sonrías antes de cerrar tu ventana e irte a dormir ¿me crees?

Cuando aspiro sobre tu boca, cuando te toco con el aire o te abrazo a través del cariño de otros... ¿crees lo que quiero decirte?

¿Crees que puedo sanarte si te pido que extiendas tu brazo enfermo?

¿Me crees cuando doy saltos de alegría porque te he encontrado mientras te buscaba barriendo la casa?

Mírame a los ojos y dime si me crees cuando te he contado que vendí todo lo que tenía para comprar el campo en el que te hallé en forma de perla.

¿Me crees cuando te prometo que la tierra por la que caminas es firme porque ha sido pisada y asentada por otros muchos pies antes que los tuyos?

No quiero que creas en mí sólo. Quiero más. Quiero que me creas cada vez que te hablo. Y tú sabes que soy Palabra en mil formas.

¿Me crees cuando te digo que sólo yo puedo saciarte, que soy la sed que tienes y el agua que pides?

¿Me crees cuando recorro los caminos ansioso, buscándote, cuando pregunto por ti y grito al viento, a todos y a nadie: “¡amada mía, hermosa mía, ven!”.

Cuando te rompes y te rehago de nuevo, una y mil veces, con el mismo cariño y el mismo material porque así te quiero, entonces, ¿me crees?

Sigue escuchándome.

Cuando te digo que te amo y que eres valiosa para mí y que iremos juntos y solos al desierto para poder tomar tu corazón en mis manos y susurrarle poniéndolo cerca de mis labios, ¿me crees?

¿Me crees cuando te digo que no tengas miedo, que confíes en mí, que yo soy la paz?

¿Y cuando me buscas y llamas y te respondo “heme aquí”?

Cree en mí, por favor. Aunque te derrumbes mil veces, aunque te tropieces con tu miseria cada mañana y sientas vives en retroceso. Créeme.

Mírame. Soy el Señor, que de nuevo te llamo.

Mírame suplicante.

Escúchame una vez más.

Calla.

Estoy

enamorado

de ti.

al papa

al papa

PARA SERVIR MEJOR
Carta de Somos Iglesia al papa Benedicto XVI
RAQUEL MALLAVIBARRENA, Coordinadora del Movimiento Internacional Somos Iglesia; 07/05/08
MADRID.

ECLESALIA, 12/05/08.- Querido Papa Benedicto XVI, querido hermano en Cristo, nosotros, que formamos parte del Pueblo de Dios, mostramos nuestra gran preocupación ante la creciente escasez de sacerdotes ordenados en todo el mundo. A causa de esta situación la Eucaristía no puede celebrarse en un número de parroquias que va en aumento. Esto lleva inevitablemente a las normas de organización de la Iglesia en lo referente al celibato obligatorio en el ministerio ordenado. Por otra parte hay una contradicción con el canon 213 que otorga a los cristianos el derecho a recibir la Comunión cada domingo.

La Eucaristía es "fuente y cumbre de la vida y la misión de la Iglesia" (XI. Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos en Roma, Octubre de 2005). Pero el hecho de que la Eucaristía ya no se celebre en muchas parroquias, pone en cuestión la credibilidad de nuestra iglesia e impide que los fieles puedan participar en el sacramento más importante de la comunidad. Por el hecho de mantener el celibato obligatorio, los católicos no deben verse privados de esta celebración central. La posibilidad de celebrar la Eucaristía debería tener preferencia sobre la ley eclesiástica de la obligación del celibato para los presbíteros.

La carencia grave de sacerdotes, la cual conocemos por el "Annuario Pontificio", no sólo afecta a Europa y a los Estados Unidos de América, país que acabas de visitar, sino también y especialmente a las parroquias y misiones de América del Sur. Es un problema global que requiere urgentemente una solución global y una que a una gran mayoría de católicos practicantes nos gustaría ver hecha realidad. Los cristianos no deben verse privados de este sacramento por el hecho de mantener el celibato obligatorio para los presbíteros (una norma establecida en el siglo XI). "La celebración de la Misa, como la Acción de Cristo y de la Iglesia, es el centro de toda la vida cristiana" (Instrucción "Redemptionis sacramentum").

Para que sea posible que todos los cristianos puedan beneficiarse de esa celebración central, el Movimiento Internacional Somos Iglesia te pide respetuosamente que se reconsidere la organización actual de los ministerios en la Iglesia, para revocar urgentemente la actual norma de la Iglesia occidental sobre el celibato obligatorio y se vuelva a instaurar el celibato opcional para los sacerdotes ordenados como un primer paso hacia un presbiterado renovado que pueda servir mejor al Pueblo de Dios.

Sabemos y tú también conoces que hay miles de sacerdotes casados que les gustaría volver al ministerio activo, por no mencionar a tantos que elegirían el camino del sacerdocio si fuese compatible con el sacramento del matrimonio. Parece un extraordinario, inexplicable e inaceptable desaprovechamiento de un servicio potencial. Hemos sido enviados por Jesús para traer la Buena Noticia a todos los pueblos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Saludos cordiales.

- - -> Para más información: http://www.we-are-church.org

laico

laico JESUS, PROFETA LAICO
JOSÉ MARÍA GARCÍA-MAURIÑO

ECLESALIA, 06/05/08.- Los cristianos no somos seguidores de un líder religioso, sino que seguimos a un Profeta laico. Jesús fue un laico. Ni fue sacerdote, ni funcionario de la religión, ni nada parecido. Es más, Jesús vivió y habló de tal manera que pronto entró en conflicto con los dirigentes de la religión de su tiempo, los sacerdotes y los funcionarios del Templo, los representantes oficiales de “lo religioso” y “lo sagrado”. La gran revolución religiosa llevada a cabo por Jesús consiste en haber abierto a los seres humanos otra vía de acceso de Dios distinta a la de lo sagrado. Es decir, la vía profana de la relación con el prójimo que no pasa por la Ley. Y la relación ética vivida como servicio al prójimo y llevada hasta el sacrificio de uno mismo. Jesús abrió otra vía de acceso a Dios a través de su propia persona, aceptando pagar con su vida al combatir esa creencia de que el culto religioso de los sacerdotes tenía el monopolio de la salvación. La salvación venía de otra parte. Jesús denunció los abusos del poder religioso y del poder político.

“Jesús dejó sentado que el camino hacia Dios no pasa por el Poder, ni por el Templo, ni por el Sacerdocio, ni por la Ley. Pasa por los excluidos de la historia.” (González Faus.).

Una de las equivocaciones más peligrosas en que ha incurrido la Iglesia ha sido identificar la fe con la religión y con lo sagrado. De forma que, para obispos, clérigos y fieles incondicionales, tener fe es lo mismo que ser religioso, con una religiosidad que tiene su centro en lo sagrado, es decir, en lo separado de lo profano y lo laico. Además, “lo religioso” y “lo sagrado”, cuando se ve como lo único verdadero, es “lo privilegiado”. Es decir, lo que merece y debe tener derechos y privilegios que no están al alcance de los que practican otras religiones, los agnósticos y los ateos. Es lo que dicen ellos. Nosotros creemos que la comunidad de creyentes debe acabar con los privilegios de la Iglesia. Y esto, es importante por motivos jurídicos, sociales y políticos, pero lo es, además, por razones estrictamente teológicas. La Iglesia tiene su origen en Jesús. Y su primera preocupación ha de ser intentar vivir y hablar como vivió y habló Jesús.

Resulta significativo y extraño que siempre que los evangelios mencionan a los Sumos Sacerdotes es para presentarlos como agentes de sufrimiento y de muerte. Y en la parábola del buen samaritano, a Jesús no se le ocurrió otra cosa que presentar como modelo de humanidad solidaria a un hereje y un infiel (el samaritano), mientras que fueron precisamente los representantes oficiales de la religión los que pasan de largo ante el sufrimiento humano. El samaritano andaba mal de religión, pero tenía humanidad. Y eso es lo que destaca Jesús. En eso se centraba su gran preocupación. Para Jesús era más importante “lo humano” que “lo religioso” y “lo sagrado”. Lo humano es “lo laico”, lo común a todos. “Laico” viene del término griego “laos”, el “pueblo”. Y está claro que Jesús antepuso lo laico a lo religioso. Cuando Jesús, en la boda de Caná, convirtió el agua en vino, no utilizó un agua cualquiera, sino precisamente aquella que tenían en la casa “para las purificaciones rituales”. Es decir, Jesús convirtió el enorme y pesado ritual religioso (6 tinajas de piedra de unos 100 litros cada una) en el mejor vino, para que la fiesta, la alegría y el disfrute de la vida no se pudiera acabar. Esto es lo propio del Reino de Dios, la felicidad y la alegría para todos y todas. Jesús antepuso siempre lo humano y lo laico a lo religioso y lo sagrado.

Llama la atención el carácter tan poco “religioso”, en términos de aquella época, que Jesús atribuye al Reino-Reinado de Dios. No gira en torno al templo, ni se prescriben sacrificios o actos de culto. Tampoco existen funciones sacerdotales ni personas que actúen como intermediarias. Sin duda que Dios está muy en el centro de este mensaje que lleva su nombre. Pero es un Dios desplazado de los lugares sagrados. Ahora se encuentra en plena vorágine de la vida, sobre todo de personas y colectivos marginados: los chiquillos, los enfermos, los recaudadores, las prostitutas, los pobres, lisiados, ciegos y cojos.... Y se identifica con las tareas corrientes que hace la gente en su vida diaria: el sembrador, el pastor, la pesca, la mujer que amasa la harina o que limpia su casa... Esa identificación con el ser humano, con su felicidad, con su sufrimiento y con su marginación, permite al Reinado de Dios superar los límites culturales y religiosos en que vivió el propio Jesús. Por eso, mantiene una universalidad, una modernidad y una “laicidad” actual. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


ética asistencial

ética asistencial

CURAS EN COMITÉS DE ÉTICA ASISTENCIAL
FRANCISCO PRAT, experto en bioética, Cristianos en el PSOE
MADRID.

ECLESALIA, 25/04/08.- De nuevo, la bioética se convierte en cuestión polémica, controvertida. En este caso, a cuenta de la noticia, aireada la semana pasada, de la presencia de los curas en los Comités de Ética Asistencial en los hospitales públicos de la Comunidad de Madrid. Los medios, con frecuencia, tergiversan la realidad. Así, rezaba un titular que “los comités de Ética Asistencial son los que deciden la aplicación de la sedación o la eutanasia en los cuidados paliativos”. Es inexacto e incierto.

Los Comités de Ética Asistencial (CEAs) son un órgano de carácter consultivo y entre las funciones expresamente excluidas de su competencia está la toma de decisiones vinculantes o el subrogarse en la responsabilidad de quien presenta una consulta. Es decir, las decisiones de carácter clínico le corresponden al médico siempre. El Comité tan solo emite informes no vinculantes a solicitud de un profesional que desea consultarle sobre aspectos éticos. No puede tampoco juzgar la corrección o incorrección ética de la actuación de un profesional.

Respecto a su composición, suele ser plural; es decir, médicos, enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales, juristas, expertos en bioética, miembros “legos” ajenos a la institución, etc. En aquellas instituciones en las que se cuenta con asistencia religiosa católica, los curas suelen pertenecer a los CEAs. Entre otras cosas, porque no es fácil encontrar a personas disponibles para participar en esos grupos, y los curas suelen estarlo.

En los hospitales públicos rige un Acuerdo Iglesia-Estado sobre Asistencia Religiosa Católica en los Centros Hospitalarios Públicos de 1985, que se enmarca en los acuerdos entre el Estado y la Santa Sede de 1979. Es en ese contexto en el que se firma el polémico Convenio entre la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid y el Arzobispado madrileño. Dicho Convenio se firmó en 1997 y ahora en 2008. En él se dice que “el Servicio de Asistencia Religiosa, a través de sus legítimos representantes, formará parte del Comité de Ética y del Equipo Interdisciplinar de cuidados paliativos.

¿Deben los curas formar parte de los Comités? La tradición ha atribuido al clero cierto halo de “expertía” en el manejo de los temas morales. De algún modo, la sociedad reconocía a los sacerdotes el papel de “guía moral” o depositarios de la verdad moral. Hoy, en la España del siglo XXI, afortunadamente las cosas han cambiado mucho. La pluralidad de nuestra sociedad hace que convivan diversos “universos morales”, superando el escenario del pasado en el que había un único “código moral” que era, huelga decirlo, el católico. Entonces, nadie ponía en cuestión que los intérpretes del código fueran los sacerdotes. Cosa distinta es que algunos sectores de la Iglesia añoren aquel estado de cosas y deseen volver a esa situación pasada. Es el caso de buena parte de nuestra jerarquía.

La pregunta sobre si deben los curas formar parte de los Comités podría reformularse en estos términos: ¿qué curas en los Comités? Si son curas que se sienten en posesión de la verdad moral, es mejor –mucho mejor- que no formen parte de los CEAs. El sacerdote –el creyente, en definitiva- que quiera tener cierta “autoridad” en temas de bioética y asistencia a la persona enferma, deberá ser creíble por sus actos, por su formación seria y rigurosa en bioética, por su talante abierto y dialogante, por su capacidad de reconocer en el otro, en el que no piensa como él, su “pedazo” de verdad moral, por su capacidad de trabajar en equipo como iguales. Si el cura es así, entonces resultará evidente al resto de los miembros del Comité, que debe seguir perteneciendo al mismo. Y lo será no en cuanto sacerdote, sino en cuanto persona.

Porque, de hecho, los miembros del Comité lo son a título personal y no en razón de su cargo; es decir, cuando un médico habla en un Comité no representa a los médicos, ni cuando una enfermera habla lo hace en nombre del colectivo de enfermería; no es así en los CEAs, sino que, al contrario, cada uno habla desde su experiencia y opinión personalísima. Así, nadie puede pretender ver en la opinión de un médico la opinión de la Medicina. Del mismo modo, nadie debería pretender ver en la deliberación de un cura en un CEA la opinión de la Iglesia Católica. Por tanto, en mi opinión, los curas no deberían pertenecer “de oficio” a los Comités, sino como expertos en cuestiones bioéticas.

El problema es que, en general, pocos –muy pocos- sacerdotes tienen formación en bioética, en habilidades de comunicación con el paciente, en enfermería, en pastoral de la salud. La falta de preparación del clero español en estos temas es alarmante. Y, en muchos casos, por esa posición del falso sabio para quien no es necesario saber otras cosas si se sabe de una sola. Y como saben mucho de “cosas de la Iglesia” poca falta les hace lo demás. Por eso, entonces, son percibidos como alguien que se sitúa por encima de los demás. En mi opinión, es preferible que curas con ese perfil se mantengan fuera de la deliberación moral. Simplemente, porque no están preparados.

Por tanto, el sacerdote en el Comité, sí y no. Sí, en cuanto experto en bioética y no en cuanto representante de una confesión religiosa. Lo que los CEAs necesitan son personas abiertas al diálogo, prudentes y con conocimientos en bioética. Sean o no curas. A efectos del Comité, la condición de uno de sus miembros (casado o soltero, hombre o mujer, cura o laico) debería ser irrelevante. Porque además, otras confesiones religiosas tienen todo el derecho a reclamar que, si hay curas en los Comités en calidad de representantes de una confesión, también haya representantes de la suya.

En esta polémica que os ocupa, toca reconocer el importantísimo papel que la institución eclesial ha jugado y juega en la asistencia sanitaria en nuestro país. Y, desde esa valoración positiva, explorar caminos en pos de una sociedad más democrática y participativa. Ello implica ir implementando el principio de una sana e incluyente laicidad, que respete el hecho religioso como fuente de valores e impulse el diálogo cívico en busca de puntos de acuerdo laicos en los que todos, independientemente de nuestras creencias, podamos vernos reflejados. Y la inclusión de sacerdotes en los Comités en virtud de un Convenio no camina en esa dirección. Camina más bien en la dirección contraria.

Por tanto, desde mi postura de creyente católico y militante socialista de Madrid, comparto la demanda de que se derogue el vigente Convenio entre la Comunidad de Madrid y el Arzobispado. Eso sí, hágase sabiendo por qué y para qué, y no como una visceral reacción anticlerical. Porque si lo hacemos de este modo, tampoco estaremos contribuyendo a una sana e incluyente laicidad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


de la esperanza

de la esperanza

LA PASCUA VIENE, Y ¿LA GENTE SE VA? NO
JOSÉ IGNACIO CALLEJA
VITORIA-GASTEIZ

ECLESALIA, 18/03/08.- Siento la inquietud de la gente en el ambiente. La inquietud de quien se apresta a disfrutar de un tiempo distinto, más libre y alegre, tiempo lleno de planes y expectativas. En cada tienda y esquina, en la radio y en la escalera de vecinos se escucha un “qué vais a hacer, a dónde os vais, qué tiempo nos deparará el tiempo, podéis marchar todos”… Es como una frase hecha que sale de rostros con sonrisa de oreja a oreja. Lo escucho todo, lo medito, lo entiendo y dentro de mí no puedo menos de pensar en nuestro tiempo, el tiempo de los misterios centrales de la fe en Jesucristo. Pienso también en la gente que no se irá a ninguna parte, que no puede irse a ninguna parte… me duele la indiferencia con que se les ignora, pero ésta es otra cuestión.

Pienso en todo esto, como tanta gente en el cristianismo de las sociedades modernas. Uno ya no puede sumergirse en la experiencia de la fe al margen del mundo y de la gente que nos rodea. Quisiéramos que las cosas fueran de otro modo. Lugares donde la fe cristiana resonará con sentido pleno y personal. Quisiéramos que cada persona hallara en la fe el mejor sentido para su existencia cotidiana y para los momentos más críticos de la vida. Quisiéramos que la felicidad y la inquietud, el buen hacer y el fracaso pudiese cada persona traerlo a la fe en Jesús y mejorar su existencia íntegra en la compasión del Crucificado, en su mirada llena de perdón, en su esperanza inquebrantable en el Dios de la Vida.

Quisiéramos tantas cosas… pero la realidad es otra, tan diversa y tan compleja que los nuevos cristianos podemos sentirnos demasiado distintos… Quisiéramos, pero ¿es éste el querer de Dios? Decimos que hay que leer los signos de los tiempos. Los signos de los tiempos son las experiencias históricas donde Dios se revela con la identidad paternal que en Jesús alcanzó su definitiva claridad. No nos importa sólo el dato social de qué fenómenos sociales destacan en nuestra época y qué preferencias están en el corazón de la gente, sino también, y primero, cuáles de entre esas experiencias revelan la presencia salvífica de Dios en el Mundo, y cuáles la ocultan más y están más necesitadas de purificación. Conversión decimos nosotros.

Un conocido teólogo, y con el don de escribir con máxima sencillez, Luis González Carvajal, escribe no importa dónde, -cito de memoria y acomodándolo a mi “teología”-, que los signos de los tiempos hemos de discernirlos a la luz de la vida y la persona de Jesús; y especialmente, a la luz de su radical intimidad con Dios como Dios de Amor y Compasión; como Padre; y a su lado, la compasión extrema de ese Dios de Jesús para con los pobres, sencillos, enfermos, proscritos y pecadores; y por fin, a la luz de un Dios que se desvive en el respeto por el hombre como ser de conciencia libre, como aquél que es mayor que el sábado, como aquél a quien la salvación le es ofrecida como gracia y recibida, en su caso, con libertad humilde; y que éste es el camino de su cristificación.

Algo así dice Luis, y algo así quisiera repetir yo, al traer aquí esta intuición de que hay que estar muy abiertos y ser perspicaces para captar los signos del Reino de Dios creciendo aquí, en la Iglesia confesante, sí, y en mucha gente de toda condición, en el mundo del día a día, tan aparentemente alejado de la fe, y a la vez, tan sensible en tantos casos a la vida y la libertad. ¿De todos? Ésta es la cuestión, que a menudo es un mundo tan sensible a la vida y la libertad como reacio a mirar esto desde los más pobres y débiles. No entraré por este camino, pero sin duda es la senda por dónde nuestro mundo, leído en positivo, se pierde en un solipsismo desesperante: al hablar de derechos, al hablar de vida digna, al hablar de paz, al hablar de bienestar, al hablar de salud, hablar de desarrollo, al hablar de niñez, al hablar de injusticia… ¿Debo decir más?

En estos días, al coincidir con la gente, al observarla de cerca, al escuchar cada conversación y atender a cada mirada, a esa inmensa riada de gente la acogemos como Dios acoge en el calvario de Jesús y en su resurrección a todos; y como buena noticia ofrecida gratuitamente al corazón libre de cada uno, quisiéramos que le resonara por distintos caminos la misma noticia: Jesucristo es el Señor de la Vida, lo es para todos, como regalo siempre ofrecido; los cristianos queremos contarla como el mensajero que trae la noticia que le encargaron, más aún, que le requema el corazón; noticia que le hace vivir, que es de esperanza y confianza en la vida y en los otros; convencidos de que siempre habrá en el mundo quien la reciba ilusionado y se confíe a ella, y de que siempre el mundo, en la misma medida que sea humano, la encontrará digna de respeto y aprecio; ¡digna de fe, por qué no! No estamos solos, ni corremos como locos por exprimir una existencia en solitario, sino que el Dios de la Vida, en su Hijo, Jesucristo, hizo y hace para siempre el camino de cada persona, y especialmente, el camino de los que más sufren.

El via crucis de los más tirados del mundo siempre concluye en el corazón de Dios. Tengamos así una palabra de paciencia con el distinto, y de firmeza con el injusto; una palabra de respeto con todos y de sincera corrección con quien abusa del débil; una palabra de fe en la vida y una disposición bien probada a la fraternidad samaritana. Tengamos la disposición de dar razón de la esperanza que nos anima, Jesucristo es el Señor; y, vosotros, hermanos del mundo, ¿quién decís que soy yo”? Felices días. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).