Blogia
ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Reflexiones

por la laicidad

MANIFIESTO POR LA LAICIDAD

REDES CRISTINAS, septiembre de 2008

 

ECLESALIA, 06/09/08 .- Redes Cristianas, desde su doble pertenencia a la comunidad cristiano-católica y a la sociedad civil, apuesta decididamente por la independencia, respeto y colaboración entre estos dos ámbitos y aboga por un Estado laico que supere el actual confesionalismo encubierto y por una Iglesia inspirada sólo por el Evangelio y no sometida a ningún tutelaje del Estado.

Consciente de que las actuales relaciones entre Iglesia/Estado en España, basadas en los Acuerdos del 1979, han sido el principal obstáculo a la separación entre ambos y que actualmente están generando un gran malestar en amplios sectores sean católicos o no, Redes Cristianas manifiesta claramente su postura e invita a sumarse a cuantas instituciones o personas quieran hacerlo.

El desarrollo progresivo de la laicidad debe ser considerado como un hecho positivo. Es la lenta maduración de la humanidad hacia una cultura del pluralismo, del respeto a la diferencia, es avanzar hacia la creación de aquellos espacios de libertad que hacen posible el diálogo entre todas las ideologías filosóficas o religiosas, creyentes o no. Y, puesto que el único garante de este espacio público es el Estado, laicidad significa la autonomía del Estado respecto de cualquier magisterio religioso o cosmovisión filosófica que pretenda imponerse como la única verdadera. Desde esta postura:

1. Denunciamos los Acuerdos de 1979 de Estado español con a Santa Sede -en vigor desde hace casi 30 años -y no proponemos su renovación porque, nacidos en situación de privilegio confesional católico, están afectando hoy día a una sociedad religiosamente plural y ampliamente secularizada y son causa de muchos de los conflictos que afectan a la convivencia ciudadana. Y, en consecuencia, exigimos que las entidades dependientes de la Iglesia y demás confesiones religiosas se acojan al derecho civil que regula la vida asociativa en el Estado.

2. Apostamos por una laicidad plena que reconozca la autonomía de lo político y civil respecto a lo religioso y camine hacia la separación definitiva de la Iglesia y el Estado, reconociendo la igualdad de derechos y deberes, sin privilegios ni ventajas eclesiásticas y garantizando el ejercicio de las libertades fundamentales para todos y todas. La Iglesia será libre sólo cuando esté clara y definitivamente desligada del Estado y se ponga decididamente al servicio de los pobres y excluidos de este mundo.

3. Abogamos por un “pacto por la laicidad” entre confesiones religiosas y el Estado, que de lugar a un “estatuto de laicidad” que regule la presencia y las actuaciones de los poderes políticos en las ceremonias religiosas y de las jerarquías religiosas en los actos políticos, suprimiendo los símbolos religiosos en el espacio público civil.

4. Exigimos que el funcionamiento democrático interno, la participación de las bases y la transparencia sean criterios a tener en cuenta por parte del Estado a la hora de establecer marcos de colaboración con las entidades sociales. Consecuentemente, denunciamos el clericalismo y a discriminación por razones de género y orientación sexual, aún presentes en la Iglesia católica y otras confesiones.

5. Defendemos una “laicidad escolar” que posibilite la formación integral de la persona, el aprendizaje, la socialización y la inculturación sin proselitismos ni adoctrinamientos, y que responda a principios de igualdad, libertad y formación crítica para todas las personas. Reconocemos el pluralismo religioso y cultural existente, y, en consecuencia, denunciamos la actual presencia de a religión confesional católica en el sistema educativo y en la escuela pública y concertada.

6. Apostamos por una sociedad secularizada y pluralista, organizada democráticamente desde la aconfesionalidad y sin permitir interferencias confesionales en el espacio político, ni privilegios que, desde los principios de justicia y equidad, causan agravios comparativos con el resto de las instituciones. Desde aquí denunciamos el actual sistema de financiación de a Iglesia católica por el Estado español.

7. Abogamos por mantener la autonomía de a ética en una sociedad laica en todos los ámbitos propios de una sociedad secular (en el tejido social, político, productivo, cultural, científico…), sin necesidad de acudir a motivaciones religiosas para legitimarla. Y, en consecuencia, denunciamos as presiones de a jerarquía católica para imponer su moral sobre la ética pública.

8. Defendemos la presencia de las confesiones religiosas en los medios de comunicación. Pero denunciamos a la Conferencia Episcopal Española por el intolerable abuso del derecho de la Libertad de Expresión que está haciendo la Cope. Exigimos a la Conferencia Episcopal Española el cambio radical en su línea editorial y al Gobierno mayor firmeza en la garantía del respeto a los derechos de los ciudadanos.

Urgimos, finalmente, al actual gobierno del Estado como detentor y representante de la soberanía popular y a las jerarquías de las confesiones religiosas, especialmente a la de la Iglesia Católica, que asuman responsablemente el espíritu de la Constitución, la cual, en el Art.16 párrafo 3, al afirmar que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, aboga por el establecimiento de aquel espacio laico y de diálogo al que hacemos referencia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Redes Cristianas, septiembre 2008.

 

 

Para más información: www.redescristianas.net
 

sencillo arte

sencillo arte

¿QUIÉN VIGILA LA ORTOPRAXIS?
GABRIEL Mª OTALORA

ECLESALIA, 05/09/08.- De las virtudes teologales, San Pablo dice expresamente que la caridad, el amor, es la principal de las tres. Viene esto a cuento porque buena parte de la jerarquía mantiene la peor estela de la Iglesia, la que no ha hecho de la caridad el pivote esencial de muchas de sus decisiones.

Se ha utilizado demasiadas veces a la fe como vara de medir en condenas tremendas, para luego pedir perdón; tarde y demasiadas veces. La misma palabra "infiel" viene del término latino del que deriva nuestro vocablo "fe" mostrando lo erróneo de entender este don gratuito que nos capacita para reconocer la experiencia del amor de Dios Padre, pero no a todos de la misma manera ni al mismo tiempo.

¿Existía en el siglo XIII alguna razón de justificara la creación de un tribunal que consideraba la herejía como delito punible? Ni siquiera entonces los teólogos cristianos de la talla de San Ambrosio o San Martín de Tours sostuvieron que la religión y la violencia son compatibles. Eran partidarios de la doctrina evangélica que exhorta a corregir y amonestar, con amor, ejemplo y persuasión a quien dilapida el bien común de la fe. Pero en defensa de la "verdadera" fe, no les escucharon: otros excomulgaron y quemaron a personas, libros y haciendas.

Para el actual Papa, la Congregación para la Doctrina de la Fe, "tiene la misión de promover y defender la doctrina sobre la fe y las costumbres en toda la Iglesia católica". Benedicto XVI ha recordado que esta Congregación está llamada a favorecer y recordar la centralidad de la fe católica en su expresión auténtica. Pues bien, ¿qué tal si creamos otro dicasterio paralelo al que podríamos llamar Congregación para la Práctica de la Caridad, con el objetivo de iluminar a tantos profesionales de la condena, de la falta de ejemplo y misericordia?

La caridad ha merecido una estupenda Encíclica del Papa (Dios es amor), aunque la ortodoxia sigue ocupando más desvelos que la ortopraxis. Quizá por ello, todavía hoy mantenemos un modelo eclesiástico jerárquico y político de corte imperial, burocratizado y bastante asfixiante.

El católico Morris West lo decía muy claro en boca de un cardenal en su novela Lázaro: "La Curia y la jerarquía por igual, somos los productos casi perfectos de nuestro sistema romano. Jamás lo combatimos. Recorrimos con él cada paso del camino. Y en algún lugar del camino, creo que cerca del principio, perdimos el sencillo arte de amar. El pueblo se aleja; no en busca de dioses extraños, como nos complace creer; no para entregarse a orgías y desenfrenos que no pueden permitirse; sino en busca de cosas sencillas que nosotros, los custodios, los censores y los gobernantes, les hemos arrebatado. Ansían cuidados, compasión y amor, y una mano que los guíe fuera del laberinto".

¿No es hora ya de centrarlo todo en el amor y desprendernos de poder y de tantas seguridades mundanas que en nada recuerdan la manera de actuar de Cristo, su presencia desde el amor inmenso por cada uno de nosotros, de ellos, de todos sin excepción?

Las palabras pueden convencer, pero solo el ejemplo arrastra. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

amante III

amante III

EL DIOS QUE ME HABLA III
Infiernos, doctrinas y censuras
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@orange.es

ECLESALIA, 01/09/08.- ¡Quién me mandará a mí meterme en estos charcos! Si yo no pretendía hablar del infierno. Si mi camino va en dirección contraria... Es que algunos curas ultras me han reprobado por ir más allá de la doctrina oficial y han conseguido que censuren, en algún medio, la parte anterior de este artículo. Así que no me queda más remedio que "dar razón de mi esperanza con dulzura y con respeto, con la conciencia tranquila, para que los que interpretan mal mi vida cristiana queden avergonzados de sus mismas palabras" (1Pe 3,15).

El tema del infierno -tan oscuro y oscurecido- me importa muy poco. Lo que me hiere es el desgarro del rostro amantísimo del Padre. He tenido que llegar a las canas para darme cuenta que el camino está trazado en el interior, que sólo la búsqueda personal produce avances reales: "Buscad y encontraréis" (Mt 7,7). Por fin tomé distancia de la "conciencia cerebral" y caí en la "conciencia profunda" para darme de bruces con el "discernimiento personal": "Examinaos a vosotros mismos y discernid si estáis en la fe. ¿O no reconocéis que Jesucristo está en vosotros?" (2Cor 13,5). Descubrí que las doctrinas escritas son indicadores del camino, muy útiles y recomendables, pero que no debo abrazarme a las señales de tráfico y dejar de caminar. Menos aún, hincar la rodilla ante el poste informativo y adorar un ídolo.

La doctrina auténtica no ata, sólo ilumina. La verdad está en la búsqueda y no en la posesión. Quien se cree en posesión ha matado el camino, ha dejado de ser peregrino para convertirse en abraza farolas -nunca mejor dicho-. La posesión está tras el camino. Además no puedo entregar mi confianza a quien constriñe mi fe católica con una sola pieza del puzzle -utilizada como arma arrojadiza- mientras olvida el rostro de Dios resultante del puzzle completo. La coherencia es básica para comprender la Escritura (lo expongo brevemente en el artículo "El río de la Palabra" de ECLESALIA, 12-20-26/11/07).

Mis opositores me condenan por afirmar que el infierno no puede ser definitivo. Ni siquiera me conceden el derecho a mi insignificante libertad de expresión. Sin embargo, ha habido católicos eminentes que han afirmado que el infierno ha de estar vacío. Como el dominico Yves Congar, teólogo del Vaticano II, que primero fue duramente censurado y después nombrado cardenal. La lista de grandes teólogos y personas de Iglesia que han esperado esa "salvación de todos" sería interminable. Mi intuición de enano está pegada a ellos.

El purgatorio es la situación de "alejamiento del bien", mientras que el infierno es la situación de "rechazo del bien", es decir, de Dios. No son castigos, son situaciones que la persona elige con su libertad individual. Quien, desoyendo consejos e inspiraciones, elige buscar la felicidad sorbiendo, hiriendo o matando a otros, antes o después se dará de bruces con sus crímenes.

Creo en el infierno porque basta abrir los ojos para verlo en nuestro mundo, plagado de rechazos a Dios y a sus criaturas. En el reverso del tiempo, los amantes del mal se encontrarán con el reino del bien y el orden. Se descubrirán desnudos y los verdugos se hallarán convertidos en víctimas de sí mismos. ¡Pobres quienes hayan de pasar por la experiencia de todas sus víctimas para comprender, por fin, sus errores y horrores! Será difícil y penoso deshacer todo lo cosido con el hilo del mal. Pero, en algún momento, la rehabilitación terminará y verán lo que no quisieron ver en su vida terrena. ¿Cómo, dónde, cuánto? ¡No juguemos a ser dioses y saberlo todo! Sólo podemos vislumbrar -a partir del bellísimo Rostro revelado e intuido- el destino final de las criaturas. Intentémoslo.

1. "Había un rey con muchos hijos. A todos les repartió muchas riquezas. Pero mientras unos las administraron y multiplicaron, otros las aprovecharon para rebelarse contra su padre. Al final el rey se impuso y encerró a los hijos rebeldes en la mazmorra de palacio. Encima de la puerta pendía un enorme reloj cuyo segundero repetía: para siempre, para siempre, para siempre... En los salones de arriba los hijos fieles disfrutaban con gran alegría y regocijo. Abajo los condenados gritaban, pedían socorro y se retorcían de dolor. Pero los hijos fieles seguían festejando, junto a su bondadoso padre, sin prestar la más mínima atención a los gritos de sus hermanos infieles".

¿Se parece esa estampa a la revelación del Señor? Al perdón de los enemigos, por ejemplo. ¿El rey vengativo e inconmovible de mi parábola se parece al padre del hijo pródigo? Luego algo no se ha explicado bien. El Padre-Madre que yo amo no permitiría un dolor "definitivo" y "eterno" para sus hijos rebeldes, aunque por su libertad errada se hubiesen metido en el agujero. Buscaría a toda costa que subiesen las larguísimas escaleras -metafóricamente eternas- que conducen a la reconciliación.

2. En las sociedades modernas nos hemos humanizado. En muchos países ya no se aplica la pena de muerte, ni la cadena perpetua. ¿Será que nuestro Dios es menos civilizado que los humanos y aplica "penas eternas" a las barbaridades temporales? ¿O será que el Dios de los católicos es más cruel que el de los orientales? Éste, al menos, les va perfeccionando a través de varias vidas terrenas, hasta que están maduros para el cielo.

3. Dicen los teólogos que Dios no puede "desdecirse". Si nos ha creado libres, tiene que respetar su obra y sus consecuencias, incluida la elección de rechazarle (infierno). ¡Demasiado duro y cerebral! La libertad es parte del parecido con el Creador, un don, un precioso regalo. No es una prueba que hemos de superar, como si jugase con nosotros a carreras de bólidos: ¡A ver quién conduce bien y quién se estrella! Tampoco es una trampa que le sirva de coartada para enviarnos al infierno porque "nosotros lo hemos elegido". Sería una broma macabra.

Estoy seguro -hay argumentos que sólo el corazón puede leer- que el Padre nunca, nunca, abandona a sus hijos, aunque tenga que retirarles el carné de conducir o llevarles al cirujano. Puedes elegir ahora la auténtica Felicidad -para abrazarla entera tras el último sueño- o prologar la pesadilla de correr tras el agua de una sed "infinita". La encontrarás, pero no te arriendo la ganancia.

4. En mis años jóvenes se me proponía, como ideal cristiano, esta máxima: "odiar el pecado pero amar al pecador". ¿Será que en el Cielo se rebajará ese ideal y ya se podrá odiar al pecador? ¿Qué va a ser de mi hábito de amar a los pecadores tan arduamente conseguido? No puedo concebir siquiera que lo que aquí es bueno, deje de serlo en la otra vida y que la doctrina evangélica no tenga plena continuidad en el Cielo.

5. Queda aún otra reflexión más rotunda. El Dios que a mí me habla lo ha creado todo, lo puede todo, lo ilumina todo y es el bien absoluto. Si yo admito que algunas de sus criaturas van a estar "toda la eternidad" rebelándose y luchando contra Él, estoy afirmando que ha creado su propia oposición, a la que no es capaz de vencer y que no existía antes de su acto creador.

Tengo la certeza de que "todo lo hizo bien" (Gen 1,31) (para mayor abundamiento véase mi artículo "Todo lo hizo bien" de ECLESALIA, 21/03/05), "que el mal se vence con el bien" (Rom 12,21) y que al final de los tiempos "pondrá a sus enemigos como estrado de sus pies" (Lc 20,43). No quedará vestigio de rebeldías, rechazos, ni oscuridad. Resplandecerá la Luz eternamente junto a todas sus criaturas, sin opositores, sin poderes paralelos, como resplandecía antes de la creación del universo. ¿Qué otra cosa puede significar "vi un cielo nuevo y una tierra nueva" (Ap 21,1), "ahora hago nuevas todas las cosas" (Ap 21,5)? Y esto otro: "Luego, el resto, cuando haya aniquilado toda soberanía, autoridad y poder y entregue el reino a Dios Padre... Y cuando el universo le quede sometido... Dios lo será todo para todos" (1Cor 15,24-ss).

Hace años, el nuncio del Papa en España, Mario Tagliaferri, en uno de nuestros encuentros privados me decía: "Mira hijo, si la gente no ama a Dios, es porque nosotros no sabemos transmitirles su verdadero rostro". ¡Estoy convencido! Estamos tan atados a doctrinas de papel, a interpretaciones inamovibles, a verdades absolutas "fabricadas por hombres", que se nos olvida buscar apasionadamente el rostro amabilísimo del Padre donde realmente brilla: en la hondonada del corazón sincero. No se puede predicar con una mano el Dios amante y con la otra el "dios espeluznante" (para mayor profundización véanse los libros: "El dios sádico" de François Varone y "Matar a nuestros dioses" de José Mª Mardones). No podemos aferrarnos a las farolas -interpretadas a nuestro modo y manera- y negarnos a caminar. "Y como éstas hacéis muchas" (Mc 7,13).

¿Lo hemos olvidado? "Muchas cosas tengo que deciros todavía, pero ahora no estáis capacitados para entenderlas. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa. Pues no os hablará por su cuenta, sino que os dirá lo que ha oído y os anunciará las cosas venideras" (Jn 16,12). O aquello otro: ?Nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser servidores de una alianza nueva: no basada en pura letra, porque la pura letra mata y, en cambio, el Espíritu da vida? (2Cor 3,4).

¿Cómo podremos entender si nos cerramos a las "muchas cosas" que quedan por decir y nos encadenamos a la verdad total que decimos poseer? ¿Cómo podremos ver las "cosas venideras" si sólo miramos hacia atrás? ¿Por qué malversamos "nuestra capacidad" aprendiendo sólo letras y despreciando la Música?

Me duele que en nuestra Comunidad se multipliquen los censores y disminuyan los motivadores, aquéllos que sientan sinceramente las palabras del Señor: "Fuego he venido a traer a la tierra..." (Lc 12,49) ¿Será que nuestra actualidad eclesial está compuesta sólo por apóstatas, copistas y herejes? ¿Será que, en nuestra Comunidad, no se puede utilizar la inteligencia, la libertad, el discernimiento personal, la conciencia profunda? ¿O será que el trato personal con el Resucitado ya no es recomendable porque sus inspiraciones son poco católicas? No podemos olvidar la advertencia de Pablo: "Si os mordéis y os devoráis mutuamente, ¡mirad no vayáis mutuamente a destruiros!" (Gal 5,15).

¡Que nadie se confunda! Amo a mi Iglesia con la pasión del amor primero y la ternura de la madurez. Si me arriesgo a sembrar "palabras nuevas" es para disuadir a los embalsamadores de uno u otro signo. ¡No, por favor! ¡Hay mucha vida multicolor brotando en su seno! Somos muchos los hijos bien vivos que -ante alabanzas o condenas- cantamos con gozo el himno de la fidelidad perpetua:

"¿Quién podrá acusar a los hijos de Dios? Dios es el que absuelve. ¿Quién será el que condene?... ¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?... Pero en todas estas cosas salimos triunfadores por medio de Aquel que nos amó. Porque estoy persuadido que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes ni las futuras, ni las potestades, ni la altura ni la profundidad, ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Rom 8,33). Amen, amen. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

para repasar

para repasar

LECCIONES DE LA IGLESIA PRIMITIVA
GABRIEL Mª OTALORA

ECLESALIA, 31/07/08.- Todo “comenzó” en la experiencia pascual de la Última Cena en torno al mensaje de Jesús: amar a todos como él nos amó; ahí se condensa toda la fuerza del Dios-Amor que llegaría hasta su entrega total pocas horas más tarde, haciendo inseparables el culto de la vida. Desde entonces, nada es igual, hay un antes y un después porque Él es el motor de la Historia.

El término Iglesia (del griego Ekklesia) significa asamblea. Se puede decir que la Iglesia nació a partir de Pentecostés, cuando las primeras comunidades desarrollaron una sorprendente vitalidad y su notoriedad ejemplar al propagar la Buena Nueva gracias a la llegada del Espíritu cuando más temerosos estaban.

A los que no eran seguidores de Jesús les parecía más una secta que una nueva religión (les llamaban la secta de los Nazarenos). Nada les resultó fácil a aquellos primeros cristianos, guiados por ese Dios que respeta la libertad y la condición humana en toda su extensión, como nos cuentan los Hechos de los Apóstoles, el “quinto Evangelio”.

El rechazo histórico que sufrieron entre su propio pueblo judío activó su labor misionera, acrecentada por sus primeros éxitos con los gentiles. Antioquía fue el primer lugar donde Pablo y los suyos recibieron el nombre de cristianos.

Pronto empezaron a ser vistos como un peligro que chocaba con los intereses del Imperio y con los de muchos ciudadanos romanos que se sentían incómodos con su apuesta de fe y de vida. A principios del siglo III comienza una represión brutal de casi dos siglos, planificada para hacer desaparecer a los cristianos.

En el siglo IV aparece Constantino y cambian las cosas. Cierto es que se consolida la Iglesia institución, pero tuvo su lado oscuro porque el cristianismo empezó a ser la religión de un emperador utilizando en su provecho a la Iglesia. Y sus sucesores siguieron la táctica de otorgar privilegios y ventajas para controlarla mejor como instrumento de su política imperial.

Pero aquella Iglesia primitiva, la más cercana en el tiempo a Jesús,

- Tenía atractivo, su estilo de vida era una Buena Noticia.
- Era una Iglesia con una vivencia comunitaria y solidaria.
- Las dificultades existieron desde el principio: grandes diversidades culturales y con visiones teológicas diferentes. Pero el Mensaje no podía estar anclado en la ley sino en la vivencia religiosa de la entrega a los demás, frente al judaísmo clásico.
- Aquellos cristianos no arrugaban su testimonio ante las dificultades.

En ella tendremos siempre un ejemplo a seguir en nuestras comunidades cristianas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

en nuestro tiempo

en nuestro tiempo

MISERICORDIA MÁS QUE SEVERIDAD
Consideraciones para una valoración crítica de la Nota de clarificación de la Comisión Episcopal de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe sobre el libro de J. A. Pagola Jesús. Aproximación histórica (PPC, Madrid 2007, 544 pág.)
RAFAEL AGUIRRE, XAVIER ALEGRE, DOLORES ALEIXANDRE, JOSÉ ARREGUI,CARMEN BERNABÉ, TONI CATALÁ, ENRIC CORTÉS, JOSÉ MARÍA DÍEZ-ALEGRÍA, JUAN ANTONIO ESTRADA, JOAQUÍN GARCÍA ROCA, CARLOS GIL, JOSÉ IGNACIO GONZÁLEZ FAUS, JOSÉ MARÍA LACASIA, LOIS, JULIOJUAN MARTÍN VELASCO, JESÚS MARTÍNEZ GORDO, GUILLERMO MÚGICA, JOAQUÍN PEREA, XAVIER QUINZÁ, JOSÉ MARÍA RAMBLA, LUCÍA RAMÓN, MANUEL REUS, IGNASI RICART, ANDRÉS TORRES QUEIRUGA, PIUS-RAMÓN TRAGAN, ORIOL TUÑÍ, JAVIER VITORIA, JOSEP VIVES.

1. CONSIDERACIONES GENERALES

ECLESALIA, 24/07/08.- 1.1.- La Nota no menciona en ningún momento los criterios metodológicos que emplea Pagola en su libro y que expone claramente en su obra: son los criterios que ofrece la Pontificia Comisión Bíblica (PCB) (págs. 477-480) y los criterios de historicidad de carácter general (págs. 488-490). Sin tener en cuenta los criterios metodológicos que emplea Pagola es imposible enjuiciar de manera correcta la metodología de su investigación.

1.2.- La Nota ignora totalmente el citado Documento de la PCB, «La Interpretación de la Biblia en la Iglesia» (Madrid, PPC, 20078), que es, precisamente, el único documento al que pueden acudir los investigadores católicos, ya que expone directamente y de manera sistemática y prácticamente exhaustiva la posición de Roma sobre la naturaleza, las posibilidades y los límites del método histórico-crítico. Es difícil saber si se trata de ignorancia, olvido u omisión deliberada. En cualquier caso, no es posible juzgar correctamente la obra de Pagola y su conformidad o no con el sentir de la Iglesia, sin tener en cuenta este Documento al que el autor ha seguido fielmente.

1.3.-La Nota ignora en todo momento el «método histórico-crítico» y la utilización de los «métodos científicos», considerados hoy en la Iglesia como indispensables para la investigación histórica de Jesús. Benedicto XVI afirma que «es y sigue siendo una dimensión del trabajo exegético a la que no se puede «renunciar» (Jesús de Nazaret. Madrid 2007, p.11). Esta ignorancia coloca todo el estudio de la Nota en el terreno peligroso de una lectura fundamentalista que consiste precisamente en «oponerse al empleo del método histórico-crítico, así como de todo otro método científico para la interpretación de la Escritura» (PCB, p.67). «En lo que concierne a los evangelios, el fundamentalismo no tiene en cuenta el crecimiento de la tradición evangélica, sino que confunde ingenuamente el estadio final de esta tradición (lo que los evangelistas han escrito) con el estadio inicial (las acciones y la palabra del Jesús de la historia)… El fundamentalismo desnaturaliza así la llamada lanzada por el evangelio mismo».

2. RUPTURA ENTRE FE E INVESTIGACIÓN HISTÓRICA

2.1.- La Nota confunde erróneamente dos realidades diferentes cuando identifica «la ruptura entre investigación histórica sobre Jesús y la fe en Él» con la ruptura entre el llamado «Jesús histórico» y «el Cristo de la fe» (n.5). Una cosa es el papel que ha de ocupar la fe en el ejercicio de la investigación histórica de Jesús y otra muy distinta, la continuidad que ha de existir entre el «Jesús histórico» y el «Cristo de la fe» para entender de manera correcta el nacimiento y desarrollo de la fe en Jesucristo.

2.2.- En contra de lo que hacen la mayoría de los investigadores católicos, que concluyen su estudio en la crucifixión, Pagola ha añadido dos capítulos más: el 14 sobre «Jesús resucitado por Dios» y el 15 «Buscando un nombre para Jesús». De esta manera, subraya la continuidad que existe entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe. Este planteamiento de Pagola ayuda a los lectores a entender mejor cómo va emergiendo la fe en Cristo a partir del conocimiento de Jesús que tienen sus discípulos, interpretado ahora a la luz de la resurrección (págs. 435-439) y formulado cada vez con nombres y títulos más profundos para expresar la verdadera identidad de Jesús (págs. 449-461). Es incomprensible que la Nota ignore toda esta aportación de Pagola, tan importante para clarificar la relación entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Sólo así se le puede acusar de ruptura entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, distorsionando toda su obra.

2.3.- La Nota censura a Pagola de intentar «reconstruir la figura histórica de Jesús» prescindiendo de la fe. Si con ello, se quiere afirmar que el investigador católico ha de utilizar la fe como instrumento de su trabajo de investigación de la historia de Jesús, hay que decir que esta posición no parece conforme con la doctrina de Juan Pablo II que proclama: «La exégesis católica no tiene un método de interpretación propio y exclusivo, sino que, partiendo de la base histórica, sin presupuestos filosóficos u otros contrarios a la verdad de nuestra fe, aprovecha todos los métodos actuales, buscando en cada uno de ellos las semilla del Verbo» (Discurso del 23 de abril de 1993 en la presentación del Documento de la PCB: La Interpretación de la Biblia en la Iglesia, pág.16).

2.4.- La posición de Pagola es la del exegeta norteamericano John. P. Meier, el más eminente investigador católico de la historia de Jesús, elogiado por el Papa como «modelo de exégesis histórico-crítica» (Jesús de Nazaret, pág.144). La posición de J. P. Meier es prescindir de la fe como método de investigación histórica, para empeñarse en la reconstrucción de la figura de Jesús «mediante métodos puramente científicos». Meier advierte que «prescindir de la fe no es negarla» (Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. Tomo I. Estella, Verbo Divino, 2001, pág.56).

3. LA AUTORIDAD DE LOS LIBROS CANÓNICOS Y APÓCRIFOS

3.1.- La Nota afirma que en la obra de Pagola “se citan con igual autoridad escritos canónicos y apócrifos” (n.6). Esto genera en su libro dos graves consecuencias: «la confusión sobre el valor histórico de las fuentes empleadas» y «la asunción acrítica del prejuicio liberal que considera la fe y su formulación dogmática (el dogma) como una adulteración del auténtico dato histórico».

Es injusto que la Nota haga esta acusación al libro de Pagola ignorando totalmente la valoración que él mismo hace de los libros apócrifos (págs.486-487). Pagola se suma al juicio crítico de J. P. Meier que dice así: «No creo que el material rabínico, los agrapha, los evangelios apócrifos y los códices de Nag Hammadi (en particular, el evangelio de Tomás) nos ofrezcan información nueva y fiable ni dichos independientes del Nuevo Testamento» (pág.487).

3.2.-Además, la Nota no examina la utilización que Pagola hace de los libros apócrifos a lo largo de su trabajo. Un examen riguroso del libro muestra que en su obra estos libros (presentados siempre explícitamente como «apócrifos») son utilizados, no para fundamentar hipótesis ajenas las tradiciones evangélicas sino para reafirmar lo señalado por los evangelios canónicos.

4. DESCONFIANZA EN LA HISTORICIDAD DE LOS EVANGELIOS

4.1.-La Nota afirma que, para Pagola, «la desconfianza frente al dato de los evangelios es una condición para proceder con rigor en la investigación histórica» (n.7). Curiosamente, la Nota no habla aquí de un error metodológico de carácter objetivo, sino que atribuye a Pagola una actitud interior subjetiva de «desconfianza» ante la historicidad de los Evangelios. Esto que la Nota llama ligeramente «desconfianza» es sencillamente la actitud responsable de todo investigador que ha de proceder a analizar los evangelios con métodos científicos si no quiere caer en una lectura fundamentalista que, como decíamos más arriba, «confunde ingenuamente el estadio final de la tradición evangélica (lo que los evangelistas han escrito) con el estadio inicial (las acciones y las palabras del Jesús de la historia)» (PCB, pág.67).

4.2.- Para sustentar su acusación, la Nota afirma que en su libro hay «frecuentes referencias al carácter no histórico de muchas escenas evangélicas o a la dificultad para determinar si describen acontecimientos reales o invenciones de los evangelios» (n.7). Los autores de la Nota parecen ignorar la exégesis contemporánea de manera supina. Pagola no se distancia en absoluto de los investigadores católicos de mayor autoridad y solvencia. J. P. Meier, en su estudio de los milagros, considerado hoy como el más exhausto y completo llevado a cabo por la exégesis católica (Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. Tomo II/2 Los milagros. Estella, Verbo Divino, 2002), ofrece estos resultados: «Cinco relatos de curación con posibilidades de remontarse a algún acontecimiento de la vida del Jesús histórico» (págs.838-839). Relatos de curación cuya historicidad no es posible decidir: curación de la suegra de Simón, curación del hidrópico, curación de la oreja del criado del sumo sacerdote. Relatos que «pueden ser creación cristiana»: el endemoniado de la sinagoga de Cafarnaún, el endemoniado mudo; la mujer sirofenícia (pág.763). Según Meier, todos los relatos de los milagros sobre la naturaleza, «con la sola excepción de la multiplicación de panes, parecen haber sido creados por la Iglesia primitiva para servir a diversos fines teológicos (pág.1113). ¿Son conscientes los autores de la Nota que, censurando de manera tan ligera y arbitraria el libro de Pagola, están censurando el trabajo de investigación que están llevando a cabo lo exégetas católicos del mundo entero, sin recibir condena alguna ni desde Roma ni desde sus Conferencias Episcopales?

5. APROXIMACIÓN A LA HISTORIA DESDE PRESUPUESTOS IDEOLÓGICOS

5.1.- La Nota censura a Pagola el adoptar «el análisis propio de la lucha de clases para describir el entorno familiar, social, económico, político y religioso» (n.8). Según la Nota, el «objetivo de esta descripción es situar la actividad de Jesús y su predicación del Reino en un horizonte preferentemente terreno» (n.8). Por último, sin aportar ninguna prueba, se acusa a Pagola de emplear en su libro este criterio metodológico torpe y simplista: «los relatos evangélicos son adaptaciones posteriores cuando desmienten la propia tesis; son históricos cuando concuerdan con ella» (n.8).

5.2.- Esta acusación que ve en el libro de Pagola una obra inspirada en el análisis marxista de la lucha de clases o alguna ideología semejante es sencillamente injusta y distorsiona totalmente su trabajo. Nadie encontrará en su investigación nada que justifique ni remotamente este juicio gratuito y arbitrario. Lo que sucede es que los autores de la Nota no conocen los criterios metodológicos que ofrece la PCB al exégeta católico para que lleve a cabo correctamente el acercamiento sociológico (págs. 55-57) y el acercamiento por la antropología cultural (57-58). La PCB afirma que «el conocimiento de los datos sociológicos que contribuyen a hacer comprender el funcionamiento económico, cultural y religioso del mundo bíblico, es indispensable a la crítica histórica» y pone, como ejemplo, su importancia «para explicar el género de vida pre-pascual adoptado por Jesús y sus discípulos» (pág.56). El documento de la PCB habla también de la importancia de «la antropología cultural» para conocer «los valores reconocidos por la sociedad (honor y deshonor… tradición, genero de educación y de escuelas); el modo como se ejerce el control social; las ideas sobre la familia, la casa, la relación familiar, la situación de la mujer; los binomios institucionales (patrón-cliente, propietario-arrendatario…, libre-esclavo) (pág.58). El documento señala que «en la enseñanza de Jesús, por ejemplo en las parábolas, muchos detalles pueden ser clarificados gracias a este acercamiento»; lo mismo ocurre «con concepciones fundamentales como la del reino de Dios» (pág.58).

5.3.- Benedicto XVI agradece a la exégesis contemporánea que «nos ha proporcionado una gran cantidad de material y de conocimientos a través de los cuales la figura de Jesús se nos pude hacer presente con una vivacidad y profundidad que hace unas décadas no podíamos ni imaginar» (Jesús de Nazaret. Págs.19-20). La Nota de la “Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe” debería mostrar un agradecimiento parecido a Pagola por habernos aportado en su libro lo mejor de la investigación sociológica y de la antropología cultural contemporáneas, divulgando los estudios de Malina, Rohrbaugh, Theissen, Stegemann E.W. y Stegemann W., R. Aguirre, S. Guijarro, Freyne, Horsley, Hanson, Oakman…, y permitiendo a sus lectores aproximarse a Jesús con esa «vivacidad y profundidad» de las que habla el Papa.

5.4.- La Nota atribuye al libro de Pagola todo un conjunto de «deficiencias doctrinales» (3 y 9-18). Sin embargo, en ningún momento explica cuál es la naturaleza de un libro de investigación histórica (así lo presenta Pagola), cuáles son sus límites y cómo ha de ser leído por los cristianos. Tampoco ayuda a diferenciar lo que es una aproximación histórica a Jesús (Jesús histórico) y lo que es un tratado de cristología que tiene como objeto exponer la doctrina de la fe cristiana (el Cristo de la fe). El libro de Pagola puede contener alguna afirmación histórica discutible, como pasa siempre en el campo de la exégesis bíblica, pero no parece legítimo atribuir a un trabajo de naturaleza histórica «deficiencias doctrinales». La Nota lo hace sin explicar en ningún momento cuál es el sentido de sus acusaciones de carácter doctrinal a un libro de carácter histórico.

EN CONCLUSIÓN

No negamos en absoluto que la Iglesia necesita un servicio de vigilancia por la pureza y la integridad de la fe. Pero estamos convencidos de que no cabe confundir esa pureza con nuestra pereza intelectual, ni la integridad con un integrismo que excluye toda pluralidad. Creer que la asistencia del Espíritu puede conseguirse a base de ignorancia y cerrazón sería una especie de “monofisismo eclesiológico” que revelaría un monofisismo cristológico heterodoxo. Todo lo cual hace un enorme daño a la misión de vigilar por la fe.

Sin juzgar la intención de sus autores, la Nota de la Comisión Episcopal traspira más ganas de agredir a una persona que de defender una verdad. Por eso quisiéramos terminar evocando tanto las antiguas palabras de san Agustín (“no se llega a la verdad más que a través de la caridad”: non intratur in veritatem nisi per charitatem), como las más recientes de Juan XXIII en el discurso inaugural de concilio Vaticano II: “En nuestro tiempo la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que de la severidad”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más infornación: JLOISFER@telefonica.net


de beber

de beber

SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@orange.es

ECLESALIA, 21/07/08.- Pocas cosas más refrescantes y pacificadoras que sentarse junto a un pozo de agua fresca, cristalina y saludable. Imagino a "la samaritana" y me asombro -más que ella- ante la actitud de Jesús. Se detiene a hablar con una mujer y además cismática. No sólo le habla, le pide un favor y le hace otro. Hace intercambio de bienes. Este Galileo sorprendente acoge a todos y no hace acepción de personas.

¡Los católicos de hoy, sin embargo, cuántos muros levantamos! Nos encerramos en nuestro grupito, entre los de nuestra cuerda. Juzgamos y despreciamos cualquier disidencia, novedad o cuestionamiento de la rutina. El respeto es el quicio de cualquier convivencia pero con cuánta reiteración agredimos con la bandera de Apolo, de Pablo o de Pedro, en vez de construir la “común unidad”. Si esto hacemos con “los nuestros”, ¿qué no haremos con los de otra raza, otro país u otro credo?

Vivimos en un mundo lleno de rivalidad, competencia y localismo. La lista de ejemplos sería interminable. Los católicos, es decir, los universalistas, los que teóricamente defendemos la unidad e igualdad entre todos los seres humanos ya tenemos clérigos que introducen en la oración común distingos entre “hermanos” y “hermanas”, plagiando a políticos manipuladores. ¿No somos todos personas, hijos del mismo Padre? ¿Por qué esa innecesaria división, ese enfrentamiento falaz entre hombres y mujeres? ¿Por qué dividir el mundo en bandos? ¿Por qué repudiar palabras genéricas que engloban, que unen, que abrazan, para usar expresiones que fraccionan la familia de los orantes?

Si esto ocurre en lo sagrado, cómo extrañarnos -otro ejemplo- de que el omnipresente fútbol se haya convertido en semillero de animadversión y odio, además de derrochar cifras espeluznantes. ¿Has visto algo de Operación Triunfo? Otro actualísimo ejemplo de nuestra atávica tendencia a la tribu. La gente se arremolina y hasta malgasta dinero del pueblo para apoyar a sus particulares ídolos de barro. ¡El mejor el de mi pueblo!, gritan, que es como decir: ¡yo, el mejor! Actitud ridícula e infantil, expresión del egoísmo más cavernícola.

A los cristianos (¿fermento del mundo?) deberían resonarnos las palabras de Jesús: “Si conocieras el don de Dios...” (Jn 4,10). Si supieras que nos han creado a todos con amor, que no hay fronteras, que todos somos humanos y hermanos, que salimos de la Unidad, a su imagen y semejanza. Si comprendieras que la unidad está hecha de amor y, como mínimo, de respeto, de mutua consideración, de mutua libertad, de mutuo apoyo...

Al menos los cristianos deberíamos identificar el agua que sacia. “Si conocieras el don de Dios...”. Si supieras que está dentro de ti, que eres su gloria y en ti está su reino. Si te percatases de que eres un ser positivo, bello y fecundo. Si descubrieses las cualidades que ha puesto en tu interior para que las desarrolles, las disfrutes y las compartas. Si te dejases sentir la energía que te empuja a desarrollar todos tus dones, a ser tú mismo, todo tú y sólo tú, sin ambiciones fatuas. Si oyeses cómo la semilla, que te ha sembrado, se muere de ganas por crecer. Si comprendieses que sólo la maduración de esa semilla, te saciará para siempre. Si te sumergieses en ese agua viva, en ese manantial íntimo y personal que empuja, brota, y después inunda a los que tienes cerca. Si creyeses que te ha creado para que seas pleno y libre sin atarte a espejismos de felicidad...

Me asalta el recuerdo de los pozos de mi vida, pozos afamados, muy frecuentados, muy reconocidos, muy antiguos. De joven bebí en el pozo de la fuerza, siendo fuerte estaría a salvo, ya no tendría miedo a los otros. Después bebí en el pozo del saber para subir, para superar la competencia y la precariedad. Intenté beber en el pozo del tener, ganar mucho para disfrutar de la vida y sentirme seguro. También intenté escalar el brocal del poder social, reunir prestigio, imagen, mando, jerarquía, distinción, honores, para superar mis inseguridades, mis miedos y mi sed de ser más.

Finalmente, encontré el sutil brocal del poder religioso, de la libertad transferida, del perfeccionismo, del cumplimiento estricto, de la seguridad de "los elegidos", de la verdad absoluta, de la rectitud total, del aplauso a mi santidad. Hasta que descubrí mi codicia de "un dios de mi propiedad", más poderoso que el del otro, que eliminase mis inseguridades y me sentase a su derecha para ser finalmente el primero. Ciertamente ninguno de esos pozos me dejó satisfecho, en ninguno hallé la paz.

Por eso desconfío de promesas de plenitud, de saciedad, de felicidad. Por eso en mi interior surgen preguntas y estoy a la escucha. "El que bebe este agua tendrá otra vez sed, pero el que beba del agua que yo le dé no tendrá sed jamás; más aún, el agua que yo le daré será en él manantial que salta hasta la vida eterna" (Jn 4,13). ¡Esa es la prueba que yo buscaba! Está dentro de mí, en mi misma vida, en mi propia experiencia: ¿La sed se repite o se calma?

Buscas fuera y sigues insatisfecho. Buscas seguridades en el poder religioso o en el poder mundano y te frustras. Olvidas que "llega la hora, y en ella estamos, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad" (Jn 4,23). Sólo en tu autenticidad, en el manantial interior, apagarás la sed de Absoluto que te abrasa, la orientación de tus búsquedas, la seguridad de tus fragilidades. Ese agua interior no es otra cosa que la "vida de Dios", ésa que te dinamiza y humaniza, ésa que llamó "mi reino".

“Si conocieras quien es el que te pide de beber...” Si abrieses el corazón y te dieses cuenta, por fin, de que ha venido a tu encuentro el Hijo de Dios, el que te creó, el que te amó primero. Si vieses que, al mismo tiempo, es el Hijo del Hombre, el Humano, tu cercano modelo de humanidad, tu posibilidad de ser, tu proyecto de plenitud…

"Soy yo, el que habla contigo" (Jn 4,26). ¿Por qué dudas? Observa tu sed y dónde se sacia. Tu propia experiencia interior te dará las certezas y evidencias que necesitas para sentirte seguro. El síntoma, la señal, es la paz interior: siempre brilla en la penumbra del manantial.

Naciste del beso creador del Padre, estás llamado a desarrollar la naturaleza divina que hay en ti y a ser plenamente humano. Ambas cosas están unidas porque no hay hombre sin Dios. ¡Ojalá encuentres la seguridad y la paz que buscas en el susurro del manantial de tu pozo! Sin la menor duda, Él te espera sentado en el brocal. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


nos movemos

nos movemos

PLURALISMO EN LA IGLESIA DE MADRID
Reflexión del Foro “Curas de Madrid”
FORO “CURAS DE MADRID”, 21/07/08
MADRID.

ECLESALIA, 26/07/08.- “Hablad y actuad como quienes van a ser juzgados por una ley de hombres libres” (Sant. 2 / 12).

Presentación

1.- Como curas de Madrid nos sentimos corresponsables con todo el pueblo de Dios y sus obispos en la evangelización de nuestros barrios. Esa responsabilidad es la que nos motiva para exponer nuestras opiniones. No queremos limitarnos a permanecer como meros “peones ejecutivos” de lo que se nos dice, sino aportar nuestro punto de vista formado desde la tarea pastoral.

2.- No se trata de sustituir a la jerarquía, pero sí de ofrecer nuestra perspectiva: cómo vemos las cosas desde los lugares socio-culturales y eclesiales en que nos movemos, con la intención de iniciar un diálogo entre los distintos sectores y sensibilidades que coexisten al interior de la Iglesia.

3.- Estas reflexiones las agrupamos bajo el título: “Pluralismo en la Iglesia de Madrid”. Creemos que es un problema a tener en cuenta en nuestras diócesis madrileñas. De hecho se toleran voces distintas, la existencia del Foro “Curas de Madrid” es una muestra, pero se promueve una uniformidad, a nuestro juicio, empobrecedora y no pocas veces preocupante. Ha sido, en buena medida, la razón de ser de este Foro.

A.- FUNDAMENTACIÓN

4.- Nos parece que el pluralismo actualmente existente en todos los campos del saber humano no sólo es un dato de la realidad sino que es también una riqueza irrenunciable, siempre preferible a la falsa unidad que genera aquel pensamiento que pretende imponer su particularidad como universal. La filosofía actual insiste en que el sujeto que conoce interviene en el proceso del conocimiento y que, en consecuencia, la comprensión de la realidad pasa necesariamente por la interpretación. El pensamiento único no parece ya posible ni deseable, ni en la Iglesia ni en la sociedad civil.

5.- Postular el pluralismo legítimo de interpretaciones de la fe cristiana y de la práctica pastoral no conduce a la "dictadura del relativismo", es decir a sostener la incapacidad de acceder a la verdad o a la imposibilidad de presentar valoraciones morales válidas. Supone, eso sí, superar toda forma de fundamentalismo excluyente, vinculado a la pretensión de "poseer" la totalidad de la verdad. Implica además, desde la apertura al Espíritu del Resucitado, la necesidad apremiante del diálogo enriquecedor, que es lo que demandamos en nuestra Iglesia (G.S. 92).

6.- El Nuevo Testamento nos muestra una Iglesia plural. Porque plurales son las situaciones, grupos humanos, culturas... con las que la Palabra se va encontrando y en las que tiene que ir “tomando cuerpo socio-cultural”, para poder hacerse presente sin otras dependencias que lo fundamental de su mensaje

Una Iglesia plural, que afronta diversidad de conflictos según relata el libro de los Hechos de los Apóstoles: conflicto de las primeras comunidades con los saduceos, con las sinagogas de la diáspora, el paganismo, la aparición de la secta Camino en el seno del judaísmo, el conflicto entre los autóctonos de habla aramea y los inmigrados procedentes de la diáspora, las imposiciones legalistas de los partidarios de la circuncisión, etc.

7.- Un especialista como Josep Rius-Camps escribe: “La existencia de conflictos en el seno de Iglesia no es de ahora. Siempre, desde sus inicios, los ha habido, por ser humanos quienes la componen; en realidad son signo de vitalidad y pluralismo. Para los fariseos, por ejemplo, los publicanos eran recaudadores y descreídos; para los judeo-creyentes, eran impuros. Para Pablo, los paganos eran ciudadanos de segunda clase respecto a los judíos. Para Jesús y el Espíritu Santo eran personas humanas. Los conflictos no se resuelven a base de estrategias o imposiciones, por muy santas que aparezcan o se revistan de seda. El único que puede conducir a la unidad es el Espíritu de Jesús”. (Revista “Éxodo”, “Conflictos en la Iglesia primitiva”, nº 19, 1993, p. 33).

8.- La acción del Espíritu es universal y se manifiesta de maneras muy diversas. La unidad básica en la fe, en un mismo Espíritu, no elimina la diversidad; al contrario, la presupone, para que todos los distintos puedan sentirse en la Comunidad como en su propia casa. En la Comunidad cristiana, por tanto, comunión y pluralismo se complementan recíprocamente. El Espíritu que suscita y anima los diversos carismas y responsabilidades es el mismo que nos conduce hacia la unidad ( Gal. 2 / 9-10; I Cor. 12 / 4-11).

9.- Esa unidad en la diversidad capacita a la Iglesia para ser vínculo de unión universal: “La Iglesia, para congregar a todos los hombres de cualquier nación, raza o cultura que sean bajo un mismo Espíritu, se convierte en el signo de la fraternidad, que permite y consolida la sinceridad del diálogo. Pero eso exige, en primer lugar, que en la misma Iglesia promovamos la estima mutua, el respeto y la concordia, reconocidas todas las legítimas diversidades, para instituir un diálogo, cada vez más fructuoso, entre todos los que constituyen el único pueblo de Dios. Haya en lo necesario unidad, en lo dudo libertad, y caridad en todo” (G.S. 92).

10.- Una excesiva pretensión de uniformidad significa, en consecuencia, infidelidad al Espíritu y daño grave para la Iglesia, para su presencia real en los distintos grupos humanos y mundos culturales con los que se va encontrando. Entendemos que la comunión cristiana presupone necesariamente el pluralismo. De otra manera se dará uniformidad, sometimiento, pero no verdadera comunión. No somos otra cosa que “administradores de la múltiple gracia de Dios” (I P. 4 / 10).

11.- Creemos, en consecuencia, que la función del obispo es servir a esta comunidad diocesana una y plural, para valorar y promocionar los distintos carismas y sensibilidades en que el Espíritu se hace presente. Por supuesto, también para discernirlos, pero en diálogo abierto y respetuoso con todos, desde la fidelidad al Evangelio y la Tradición.

12.- El obispo y el presbítero que son también discípulos del Señor, hermanos entre los hermanos, han de ser promotores de la dignidad de los seglares desde su justa libertad y competencia en la ciudad terrestre, “tratarán de conocer con ellos las señales de los tiempos, examinarán juntos los espíritus para ver si son de Dios y cuidarán de descubrir los multiformes carismas de los seglares, desde los más modestos hasta los más altos, los reconocerán con gozo, los fomentarán con diligencia y tratarán de armonizar las diversas mentalidades, de tal modo que nadie se sienta extraño en la comunidad” (P.O. 9).

13.- Consecuentemente, obispos y presbíteros debemos servir en sus respectivos campos a la comunidad diocesana una y plural, para valorar y promocionar los distintos carismas y sensibilidades en que el Espíritu se hace presente. Creemos, por tanto, que el obispo no ha de conformar la comunidad diocesana a su imagen y semejanza, configurándola exclusivamente según sus propios orígenes y tradiciones socio-culturales, según su particular pertenencia ideológica.

14.- Obispos y presbíteros no crean la norma esencial del seguimiento de Jesús, la reciben como todos los demás, y en comunidad buscamos, en cada tiempo, su interpretación y aplicación. Todos debemos ser formados para conocer cada vez mejor la enseñanza y praxis de Jesús, en su origen y contexto histórico y en una sociedad como la nuestra. Jesús es el modelo, camino y meta de la norma evangélica: “Sed compasivos como vuestro Padre celestial es compasivo”.

B.- LA IGLESIA DE MADRID

Teniendo en cuenta estos presupuestos, pasamos a exponer nuestra opinión sobre algunas de las situaciones de nuestra Iglesia local.

Pluralismo en la sociedad:

15.- Que la sociedad española ha cambiado radicalmente en los últimos treinta años no lo duda nadie. El caso español es, incluso, un modelo que se estudia en las ciencias sociales, para analizar la rápida transformación de una sociedad en lo económico, político y lo sociocultural.

Nuestra sociedad madrileña de hoy está irremediable y afortunadamente marcada por la pluralidad: socio-política, cultural, moral, religiosa... Es fruto de la democracia y la libertad y, en los últimos años, de la llegada entre nosotros de manera significativa de personas procedentes de prácticamente todos los países del planeta. Y ello lo consideramos una riqueza y una oportunidad nueva para la evangelización, con tal que los cristianos sepamos situarnos también de manera nueva.

16.- Que la Iglesia se sitúe en una sociedad laica, secular, plural y diversa en filosofías y concepciones religiosas, implica reconocer de hecho que el Estado es aconfesional. Por tanto, la Iglesia es una institución más que tiene su incidencia pública, su oferta que hacer gratuitamente, pero no ha de imponer su propia ética o concepción de la vida como la única forma de vida válida para todo el cuerpo social. El Estado ha de legislar teniendo en cuenta la pluralidad y diversidad de formas de vida y concepciones éticas que se dan en nuestra sociedad.

17.- En cuanto a la organización de la convivencia social: Creemos que la jerarquía eclesiástica ha de abrirse al cambio desde el diálogo. Sin caer en una postura cerrada y apologética sobre derechos y privilegios que, antes o después, tienen que ser replanteados porque lo pide un amplio sector de la opinión pública. Una actitud de apertura y de búsqueda de nuevos acuerdos la favorecería a corto y largo plazo. Hay que asumir la sensibilidad de los no católicos, de los que no pertenecen a ninguna religión y de un número creciente de católicos disconformes, que abogan por replantear la postura de la Iglesia en una sociedad secularizada y un Estado laico.

18.- Diálogo y Celebraciones interreligiosos: El Concilio Vaticano II, en su Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas nos advierte : “La Iglesia, en su tarea de promover la unidad y la caridad entre los hombres y los pueblos, considera ante todo aquello que es común y conduce a la mutua solidaridad... Por consiguiente, exhorta a sus hijos a que, mediante el diálogo y la colaboración con los adeptos de otras religiones...” (“Nostra,Aetate”. 1-2).

Por su parte, el “Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española 2006-2010” en relación con el diálogo interreligioso con los no cristianos, nos invita a entablar tres tipos de diálogo: “Diálogo de la vida, de la acción, de la experiencia religiosa” (nº 37).

18.- En los últimos años ha habido no pocas ocasiones en la vida social para haber realizado alguna iniciativa en este sentido: debates sobre cuestiones que nos afectan a todos, celebraciones interreligiosas ante acontecimientos y situaciones que hemos vivido-sufrido todos y no se ha hecho. Incluso se han censurado iniciativas en este sentido. Creemos que se trata de una falta de convicción o sensibilidad para estar presentes de manera significativa en una sociedad plural, desoyendo las orientaciones del Concilio.

20.- Diálogo intercultural: El mismo cardenal Ratzinger ha mantenido públicamente interesantes debates con conocidos representantes de la cultura no religiosa como Habermas y otros. ¿Para cuándo, entre nosotros, debates abiertos con aquellos que no piensan como nosotros o no creen lo que nosotros creemos?. Aquí no encontramos otra cosa que lamentos “porque nos persiguen”, porque “no nos quieren”... En el campo de la bioética, por ejemplo, necesitamos hoy encontrarnos creyentes y no creyentes en una moral de mínimos o de consenso sin tener que renunciar nadie a sus máximos o diversidad de códigos morales.

Pluralismo en la Iglesia:

21.- Consideramos que, para afrontar estas nuevas situaciones, ciertamente complejas, se precisan todas las manos, todas las inteligencias y todas las mentalidades. Puesto que la situación plantea problemas nuevos habrá que atreverse a experimentar (con el riesgo de equivocarse) y a debatir en libertad comunitariamente. Son los caminos por los que la Iglesia ha ido encontrando salidas desde sus primeros momentos (Hech. 10; 11; 15)

22.- Vemos a nuestra Iglesia demasiado homogeneizada por una jerarquía y unos movimientos conservadores que pretenden imponer una única postura del cristiano en relación con el mundo. Sin embargo, hay diversas escuelas y teologías que dan respuestas diversas o matizadas sobre el matrimonio, comienzo y final de la vida... así como sobre la diversidad de posturas en relación con la presencia de la Iglesia en la sociedad civil, desde cristianos de presencia a cristianos de mediación, pasando por fórmulas intermedias no excluyentes, pero no únicas ni impositivas.

23.- El compromiso político de los católicos: Estos cambios en la sociedad española han comportado un pluralismo político. Ahora bien, en política la diversidad no pasa por “católicos/no católicos”, sino por los distintos modelos de organizar la convivencia ciudadana y los católicos pueden estar presentes en todos estos modelos. Una misma fe puede dar lugar a compromisos socio-políticos diversos, con tal que estén al servicio del bien común, particularmente de los más pobres del cuerpo social, y se utilicen métodos democráticos.

24.- Lo dice el Concilio: “El orden social y su progreso deben redundar en bien de las personas, ya que el orden de las cosas debe subordinarse al orden de las personas y no al contrario... Debe fundarse en la verdad y edificarse sobre la justicia y la libertad” (G. S. 26).

“Como en virtud de su misión y naturaleza la Iglesia no está encadenada a ninguna forma particular de cultura humana o sistema político, económico o social, puede ser por esta universalidad peculiar el lazo que estreche íntimamente a las diversas comunidades, puede ser signo y defensora de la trascendencia de la persona humana” (G. S. 42).

“Muchas veces la visión cristiana de las cosas les inclinará a una determinada solución. Sin embargo otros fieles, con no menos sinceridad, juzgarán del mismo asunto de modo diferente... Conviene que recuerden que a nadie le es lícito arrogarse en exclusiva a favor de su parecer la autoridad de la Iglesia” (G. S. 43).

25.- Sin embargo creemos que, de hecho, esta pluralidad no es reconocida ni bien vista en nuestra iglesia local. Lamentablemente todavía quedan reductos del nacional-catolicismo por el que parte de la jerarquía y sus medios de comunicación se presentan socialmente identificados con ciertos valores de partidos políticos de derechas en relación, por ejemplo, con la comprensión del matrimonio, familia, educación... No tienen en cuenta que la Iglesia no es un partido político que apoya e identifica su misión evangelizadora con los valores que preconizan esos partidos para adoctrinar a sus votantes.

26.- Faltan plataformas donde se pueda debatir abiertamente, con la libertad de los hijos de Dios, sobre tantos problemas que nos vemos obligados a afrontar en la reflexión teológica, en la práctica pastoral. Necesitamos espacios donde podamos oír y contrastar las diversas posturas que de hecho se dan en nuestra Iglesia. Necesitamos perder el miedo a experimentar, a equivocarse y corregir para ir encontrando caminos nuevos.

Medios de Comunicación de la Iglesia:

27.- Lamentamos una vez más -nos tememos que inútilmente- que los Medios de Comunicación del Arzobispado y de la Iglesia española en general no tienen en cuenta este pluralismo de la comunidad eclesial. Es evidente su alineamiento político exclusivo, en estos últimos tiempos, no sólo a favor del Partido Popular, como ya venía haciendo, sino que ha optado públicamente, en la lucha al interior del Partido, por los intereses y estrategias de una de sus facciones.

28.- Desde la sensibilidad de las comunidades cristianas, de las que somos responsables, y desde nuestra propia opinión, no podemos aceptar que esas posturas partidarias monopolicen la imagen de “católicos en la vida pública”. Tenemos el sentimiento de que pretenden acaparar, privatizar y recluir la imagen de la Iglesia Católica en un sector y excluir, en la práctica, de la comunión eclesial al que no se identifica con una determinada postura socio-política demasiado reducida.

29.- No pocos sectores de la Iglesia nos sentimos sencillamente excluidos. No tenemos ninguna posibilidad de hacer oír nuestra voz y nuestros planteamientos. Todo sucede como si, de hecho, se nos considerara “heterodoxos”. Se nos valora, al menos verbalmente, nuestro trabajo, pero prefieren que nos mantengamos callados. Son otros, y sólo ellos, los que elaboran y publicitan su propia imagen pública de la Iglesia madrileña.

30.- Un ejemplo: Se quitó a la CONFER el programa que dirigía sobre la vida religiosa en la COPE. Argumentaron que se trataba de reorganizar la información religiosa y que de la vida religiosa se seguiría evidentemente hablando. El "matiz" está en que se sigue hablando de la vida religiosa, pero no son los religiosos los que determinan lo que hay que decir. La CONFER (su presidente al menos) expresó su malestar con fuerza, pero no se le ha tenido en cuenta.

Sínodo diocesano:

31.- Con el paso del tiempo, cada vez estamos más convencidos de que el Sínodo madrileño recientemente celebrado ha constituido una oportunidad perdida. De hecho las conclusiones oficiales no recogieron las aportaciones de tantas personas y grupos que con esfuerzo y entusiasmo discutieron, elaboraron y presentaron.

32.- A nuestro juicio no se tuvieron en cuenta en el análisis inicial de la realidad muchos de los rasgos que caracterizan la mentalidad de la gente de nuestros barrios, la problemática socio-cultural y religiosa que están viviendo. Por lo que los temas abordados, la forma de hacerlo y las conclusiones operativas, en muchos casos, no se corresponden con la realidad y la problemática que estamos viviendo en el día a día.

33.- Ya en su desarrollo se fue acentuando el centralismo y el control que se manifiestan de manera clara en su sección normativa. Los aportes de los grupos se recogieron de forma muy precaria y, aún así, estos aportes fueron sufriendo sucesivos recortes. Sería interesante analizar cómo fueron evolucionando y “domesticándose” las propuestas en el paso de lo expuesto en la asamblea sinodal al texto definitivo de las "Constituciones sinodales y Decreto general".

34.- En consecuencia, este Decreto General emplea comúnmente un lenguaje de ordeno y mando, de excesivo control y centralismo, reiterándose la autoridad del obispo y de los párrocos, en términos incluso contrarios a lo aprobado por la Asamblea.

A continuación presentamos algunos ejemplos:

Art. 41: Todas las instituciones eclesiales que organicen actividades de formación en la fe, deberán informar al obispo diocesano de las actividades que pretenden realizar antes de su publicación y desarrollo. (Ver también art. 42, §3 y art. 44).

Art. 45: Todas las parroquias e instituciones que imparten catequesis de iniciación cristiana en la diócesis de Madrid deben utilizar los textos diocesanos para la catequesis y para la formación de los catequistas. (Cf art. 57 §2). Parece claro que unos textos ofrecidos en una diócesis grande como Madrid no serán lo más adecuados en todos los ambientes: “La adaptación de la palabra revelada debe seguir siendo la norma de toda evangelización; pues así se hace posible en toda nación expresar el mensaje de Cristo a su modo” (G.S. 44).

Art. 48: Es necesario el permiso del vicario de zona, previo dictamen de la delegación diocesana de catequesis, para hacer funcionar una escuela de catequistas.

Art. 74: Las declaraciones públicas de las asociaciones y movimientos apostólicos en el ámbito de la caridad y de la denuncia de las situaciones injustas han de realizarse de acuerdo con el obispo diocesano, según las normas canónicas vigentes, por lo que le informarán previamente.

Art. 76: Los clérigos y miembros de institutos religiosos que participen en los medios de comunicación social para tratar cuestiones referentes a la doctrina católica a las costumbres... habrán de obtener licencia del ordinario del lugar, previo informe de la Oficina de Información del Arzobispado.

35.- No rechazamos la autoridad en la Iglesia pero, desde nuestra propia experiencia como responsables de comunidades cristianas, sabemos que la autoridad no se puede ejercer simplemente dando órdenes y pretendiendo controlarlo todo. Es más importante, más educativo y contribuye más a la comunión eclesial que la autoridad tenga la capacidad de implicar y conseguir la participación de todos en las tareas comunes, respetando los diferentes carismas y aportaciones. Y, en una época como la nuestra de cambios profundos y mentalidad democrática, este modo respetuoso de ejercer la autoridad lo consideramos insoslayable.

Centros de reflexión y estudio teológicos:

36.- Constatamos con preocupación cómo, en nuestra Iglesia de Madrid, diferentes centros de Formación Teológica están siendo directa y sistemáticamente controlados, limitados, arrinconados e incluso a veces perseguidos. Aunque viene de lejos, creemos que este proceso se ha acentuado estos últimos años. Los mecanismos de presión empleados desde la Archidiócesis son variados: unas veces sutiles y otras descarados, directos o indirectos, progresivos o fulminantes, y casi siempre sin derecho a diálogo, réplica o defensa alguna. Muchos de nosotros hemos sido testigos -cuando no víctimas- de esta lamentable actuación por parte de Obispos y Vicarios.

37.- En Madrid, la “Facultad de San Dámaso” ha sido la gran apuesta del Cardenal y su propuesta docente no ha dejado de consolidarse y crecer. Esto nos parece no sólo necesario y legítimo, sino una riqueza para el conjunto de la Diócesis. No entendemos, sin embargo, que esta consolidación y crecimiento se haya hecho, al menos en parte, a costa de la asfixia y marginación de otros Centros de Formación Teológica como la “Universidad Pontificia de Comillas”, el “Instituto San Pío X”, el “Instituto de Pastoral” y otros. Estos centros, que están teniendo que afrontar muchas dificultades, no sólo reciben poco apoyo de la Diócesis, sino que son mirados con recelo y sospecha.

Un ejemplo: cualquier sacerdote (español o extranjero) que quiera estudiar, por ejemplo, en el Instituto de Pastoral y solicite para su sustento y ejercicio ministerial la adscripción a una parroquia, recibe una respuesta negativa. Para que le sea concedido, debe matricularse en la Facultad de San Dámaso y si no lo hace no recibe ningún apoyo.

38.- Aunque se mantiene una variedad de ofertas de Centros de estudios teológicos en Madrid, en la práctica sólo se apoya uno –“San Dámaso”-, condenando así al resto a buscar sus propias estrategias de supervivencia. De hecho son muy pocas -a veces inexistentes- las relaciones, colaboraciones y convenios que existen entre los tres centros citados y “San Dámaso”. Creemos que esta situación no le hace ningún bien a la Iglesia de Madrid, pues corta de raíz la necesaria pluralidad y variedad, el intercambio entre las diversas escuelas, que por definición debe impregnar el estudio y la reflexión de la Teología.

39.- Lo mismo sucede con no pocos teólogos -españoles y extranjeros- que tienen vetada no sólo la enseñanza, sino la participación en jornadas, cursos y conferencias de Teología que tienen lugar en nuestra Archidiócesis. Por desgracia, la lista es extensa y dada la relevancia teológica de muchos de ellos y lo conocido del veto que padecen, no es necesario dar nombres.

Si de pluralismo hablamos, éste debe existir sobre todo en el pensamiento y el quehacer teológico, siempre dentro del marco de la Tradición. De hecho, ha sido gracias a este pluralismo que la Teología ha podido avanzar históricamente y se ha ido forjando el Magisterio de la Iglesia.

40.- Desde esta perspectiva consideramos que la formación de los sacerdotes jóvenes adolece de excesiva uniformidad. Desde nuestro trato con los curas jóvenes y seminaristas que conocemos, tenemos la impresión de que no se les está formando para una sociedad cultural y religiosamente plural, en la que para anunciar el Evangelio, consideramos importante una capacidad de comprensión y diálogo con otras formas de ver la vida.

41.- Nuestra convivencia con ellos no suele crear problemas en cuanto a relaciones personales. Pero en el trabajo pastoral se nos presentan, a menudo, como personas indoctrinadas en una postura intelectualmente rígida. Los vemos con poca capacidad de reflexión cristiana desde las situaciones concretas de la vida y la problemática que plantean los distintos grupos humanos. Los vemos también con dificultad para actuar como animadores respetuosos de la pluralidad al interior de la Iglesia. Estas son nuestras impresiones que compartimos.

42.- El uniforme clerical como síntoma: Nos referimos a la excesiva importancia que se le da en la formación de los curas al ir vestidos de negro. Al fin y al cabo “uniformidad” (que se opone a “pluralidad”) viene de “uniforme”. Nos parece bien que si a uno le gusta esa manera de vestir la utilice, pero hacer de ello una especie de norma de obligado cumplimiento e imponer en la práctica su uso, nos parece sencillamente algo desproporcionado.

Se les asegura que no hemos de tener miedo a mostrar en la vida social lo que somos, también en nuestra manera de vestir. Pero, ¿por qué vestir uniformemente de negro es una manera de “mostrar lo que somos”?. Nos tememos más bien que, en el imaginario social, tal vestimenta puede ser percibida simplemente como la de un grupo uniformemente oscuro, como “funcionarios de la religión”.

Liturgia y Celebraciones:

43.- En las celebraciones no podemos tener únicamente en cuenta las normas litúrgicas emanadas de las Congregaciones vaticanas, - como a veces se nos insiste - si queremos que resulten significativas para la cultura y las formas de vivir y expresarse de los diversos grupos humanos donde nos movemos. La unidad de la fe no puede obligar a la uniformidad de expresiones culturales y simbólicas.

“Los pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no sólo se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino también para que los fieles participen en ella consciente, activa y fructuosamente” (Concilio Vat. II, Constitución sobre Sagrada Liturgia,- S.C. - nº 11). “La evangelización pierde mucho de su fuerza y eficacia si no toma en consideración al pueblo concreto al que se dirige, si no utiliza su lengua, sus signos y símbolos, si no responde a las cuestiones que plantea, no llega a su vida concreta” (E.N. 63).

44.- Consideramos que para cumplir con estas orientaciones pastorales es preciso actuar con mayor libertad que la que permiten las normas del Ritual, ya que estas normas a menudo impiden la creatividad necesaria en la tarea evangelizadora, para que la Palabra a transmitir resulte significativa. Sin embargo, percibimos por parte de la jerarquía una cada vez mayor insistencia en el estricto y minucioso cumplimiento de todas y cada una de las rúbricas y normas litúrgicas que se parece demasiado a las obsesiones legalistas que Jesús rechaza (Mc. 7, 1-23).

45.- El argumento esgrimido para ello es el mantenimiento de la comunión eclesial y la salvaguarda de la autenticidad de lo que se celebra. Ahora bien, ¿cómo y desde dónde se debe medir la autenticidad de nuestras celebraciones? ¿Cómo saber si -como decimos en la misa- “nuestro sacrificio es realmente agradable a Dios Padre Todopoderoso”? ¿Qué principios deben regir nuestras liturgias para que Pablo no pueda decirnos como a los cristianos de Corinto: “vuestras reuniones causan más daño que provecho” (1Cor 11,17)?...

46.- Ante la tentación de caer en un rigorismo litúrgico y una fijación en las normas que a veces terminan traicionando el sentido último de la liturgia, consideramos necesario recuperar el espíritu de los profetas del AT y hacer nuestras sus reservas y sospechas (cuando no abierto rechazo) a una comprensión meramente formalista del culto. Para los profetas no sólo es incomprensible e inaceptable un culto que se desentienda del amor, la justicia y el derecho, sino que éste es definido como una burla y una ofensa al mismo Dios: “Detesto y rehúso vuestras fiestas, no me aplacan vuestras reuniones litúrgicas; por muchos holocaustos y ofrendas que me traigáis, no los aceptaré, ni miraré vuestras víctimas cebadas. Retirad de mi presencia el barullo de vuestros cantos, no quiero oír el ruido de vuestras cítaras” (Am. 5 / 18-24). De manera parecida se expresan Isaías 1,1-15 y Jeremías 7,

47.- Frente al rigorismo y la negación del pluralismo litúrgico, en relación con la Eucaristía, el mandato de Jesús es claro: lo determinante en ella es “hacer lo mismo que Él, en memoria suya”. Se trata pues de repetir no un rito, ni unas normas, sino un proyecto y un estilo de vida. Todas las fórmulas, oraciones y signos de la Eucaristía están al servicio de esa verdad última de nuestra fe que es vivir como Jesús vivió, hacer lo mismo que Él hizo.

“La participación en la sagrada liturgia no abarca toda la vida espiritual,.. La vida de Jesús ha de manifestarse en nuestra carne mortal. Por esta causa pedimos al Señor en el sacrificio de la Misa que “recibida la ofrenda de la víctima espiritual”, haga de nosotros mismos una “ofrenda eterna” (S. C. 12), “Que haga de la Iglesia un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia, de perdón y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando” (Anáfora V - b)

48.- Somos muchos los convencidos de que la fijación por las rúbricas y el escrupuloso cumplimiento de las normas litúrgicas, difícilmente permitirán encontrar nuevos cauces de transmisión de la fe y participación comunitaria en la celebración de los sacramentos y seguirán haciendo de nuestras celebraciones unos ritos encorsetados, monótonos y repetitivos, de los que es imposible salirse y que cada vez dicen menos a la gente.

Reivindicamos, pues, un sano pluralismo y una discernida “fidelidad creativa” en nuestras celebraciones litúrgicas: fidelidad a la hondura del misterio que celebramos y su sentido último; creatividad como consecuencia de la acción del Espíritu y de los signos de los tiempos que nuestra sociedad plural nos presenta.

49.- Consecuentemente, hemos de lamentar una costumbre, que se va extendiendo, de “espionaje”, alentada o al menos bien acogida por la propia jerarquía. Con cierta frecuencia nos encontramos con denuncias a sacerdotes o comunidades por no seguir al pie de la letra las normas litúrgicas. Esta forma de actuar nos parece impresentable. En cuanto al fondo de las cuestiones, creemos que, si hay algo que corregir, antes habrá que dialogar con los interesados sobre sus razones para actuar de esa manera.

C.- A MODO DE CONCLUSIÓN:

50.- Valoramos como algo positivo e irreversible la pluralidad de nuestras sociedades. No como amenaza o relativismo sino como riqueza y oportunidad para el crecimiento mutuo. Constituye una posibilidad de interacción enriquecedora con otras maneras de vivir y concebir el mundo y la presencia eclesial en ese mundo a las que consideramos con iguales derechos que la nuestra.

Nuestra voluntad, al plantear estas cuestiones, no es simplemente quejarnos de lo que no nos gusta. Por amor y fidelidad a la Iglesia queremos decir nuestra palabra ante situaciones que, desde nuestro punto de vista, están dificultando la tarea evangelizadora en una sociedad plural, con la intención de participar en la superación de estas situaciones. Queremos ser y construir Iglesia, queremos fomentar la comunión, pero siempre desde el pluralismo y la expresión en libertad de nuestras opiniones. El Evangelio nos advierte de que “la verdad nos hará libres” (Jn. 8,32). Creemos asimismo que la libertad nos hace verdaderos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Foro “Curas de Madrid”, 21 de Junio de 2008

amante II

amante II

EL DIOS QUE ME HABLA II
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@orange.es

ECLESALIA, 09/06/08.- Me dices que te ha hecho mucho bien el artículo "El Dios que me habla" (ECLESALIA, 11/10/07), que coincide con tus intuiciones. ¡Gracias por decírmelo! Eso alimenta mi búsqueda y mi deseo de ayudar. Me envías además un documento oficial que ratifica mis afirmaciones: el infierno no es castigo sino autoexclusión. Pero... sigue considerando que esa actitud del hombre lleva consigo el rechazo definitivo de Dios.

Me parece una afirmación exagerada con la que no puedo estar de acuerdo. Me explico: Usamos irremediablemente un "lenguaje humano" (castigo definitivo, infinito, eterno). Son expresiones pedagógicas que advierten de la gravedad y desdicha de abandonar el camino de la felicidad (Dios mismo). Puede que esa humana pedagogía del horror y pavor haya dado frutos positivos. Pero también ha servido y está sirviendo al falseamiento del rostro de Dios y a su rechazo por quienes no pueden vivir amedrentados. El Dios que a mí me habla utiliza la divina pedagogía del amor: siempre llama y espera con infinita paciencia, aquí y en la otra vida. Mamá seguirá clamando "con gritos inenarrables" (Rom 8,26) hasta que recoja a todos sus polluelos bajo su alas. Lo cuenta la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11), lo afirma Pablo: "Si nosotros no le somos fieles, Él seguirá siendo fiel, pues no puede negarse a sí mismo" (2Tim 2,13).

La interpretación del infierno no puede quedar al margen del rostro de Dios revelado por Cristo. La Escritura tiene que ser coherente o no es Palabra de Dios y no nos sirve (lo explico brevemente en los tres apartados de mi artículo "El río de la Palabra" de ECLESALIA, 12-20-26/11/07). La condenación "eterna" es incompatible con un Dios-Amor-Padre. Es expresamente contraria a la parábola de la oveja perdida: "De la misma manera vuestro Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de esos pequeñuelos" (Mt 18,14). ¿Cómo imaginar siquiera que quien nos enseñó el amor a los enemigos pueda sentenciar a "sus enemigos" al rechazo eterno?

El otro día, en una charla, le rogué a una madre de familia numerosa que eligiera cuál de sus hijos habría de condenarse. Estadísticamente -le dije- y tal como está el mundo alguno será "infiel". Por mucho que la fui acorralando no hubo manera de moverla del "todos mis hijos se salvarán". La conclusión está escrita: "Si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuanto más vuestro Padre celestial..." (Mt 7,11).

Es totalmente incongruente que a un Padre Todopoderoso se le escape alguna de sus criaturas, creadas por amor para la felicidad eterna. Seguimos pensando, con nuestra limitadísima inteligencia humana, que Dios es un alfarero al que le pueden salir chamuscados o rotos sus cacharros. Dios todo lo hace bien (lo expreso más ampliamente en el artículo "Todo lo hizo bien" de ECLESALIA, 21/03/05). Respeta nuestra libertad, cierto, pero ¿quién crees que ganará el pulso, su llamada o nuestra ceguera?

La imperfecta, condicionada y voluble libertad del ser humano nunca podrá merecer un rechazo eterno. Sería una respuesta desproporcionada, es decir, injusta. ¿Cómo hemos podido imaginar siquiera que a un ser finito, por sus errores finitos, se le pueda sentenciar a un castigo infinito, sin retorno?

La eternidad del infierno es simbólica. Se refiere a la distancia entre el mal (ausencia de Dios o infierno) y el bien (Dios mismo). Esa distancia es insalvable, eterna, definitiva, porque se trata de conceptos opuestos. Otra cosa muy distinta es que a un hombre, criatura de Dios, se le pueda encasillar en la categoría de "absolutamente opuesto a Dios". Es imposible. Dios y hombre pertenecen a categorías distintas, a planos distintos. Los hombres podemos perdernos, alejarnos, equivocarnos, pero nunca oponernos esencialmente a un Dios al que apenas intuimos. Por eso Él siempre seguirá llamando y, con toda seguridad, le encontraremos.

En las religiones orientales se cree en las sucesivas reencarnaciones hasta conseguir la rectificación e iluminación. Así, el rico Epulón se reencarnaría en otro Lázaro para adquirir misericordia o el juez injusto se reencarnaría en viuda necesitada para crecer en justicia. En el fondo, es la misma intuición que la de nuestro purgatorio e infierno: Si no consigues tu humanización plena en esta vida, tendrás que trabajártela en la otra; cuanto más bajo caigas, más "tiempo y esfuerzo" tendrás que sufrir en la otra para humanizarte.

No creo en la reencarnación circular, por supuesto. Pero tampoco creo en los castigos, Dios no castiga. Creo en el camino de humanización presente (resumido en el Evangelio) y en la rectificación o progreso futuros. Sin volver al Padre es imposible aposentarse en su Casa. O caminamos ligeritos ahora o tendremos que caminar después, tal vez con más esfuerzo y dolor al darnos cuenta de la oportunidad perdida y de la felicidad retrasada por nuestra estupidez. Cuando los que neciamente llamamos "condenados" (¡qué floja tenemos la mano de juzgar y condenar!) descubran -libres de esta cegante materialidad- el camino de regreso, gritarán con gran desgarro, dolor y llanto como Agustín: ¡Tarde te amé Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Desde luego, yo prefiero gritar ya y dejarme cautivar por la Hermosura cuanto antes.

Respecto al Magisterio hay que empezar diciendo que no todo tiene el mismo rango. No es lo mismo, por ejemplo, una definición dogmática que una interpretación bíblica o una orientación pedagógica. Agustín escribió: "Unidad en lo esencial; en lo opinable libertad; y en todo caridad”. Y Pablo nos dejó esta perla: “Nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser servidores de una alianza nueva: no basada en pura letra, porque la pura letra mata y, en cambio, el Espíritu da vida” (2Cor 3,4).

Por eso intento en todo momento comprender la llamada "doctrina oficial" pero no puedo evitar que en mi interior nazcan certezas o evidencias que la sobrevuelan. Además, la última instancia de la persona es su conciencia (bien formada, añaden los clérigos, pero lo definitorio es que sea "conciencia profunda" -donde mana el Espíritu- aunque la formación intelectual no la alcance). Este principio es confesado también por el Magisterio, luego forma parte de él. No podría ser de otra forma: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (He 5,29).

Por otro lado el Magisterio es dinámico. Su finalidad es facilitar la vida, nunca mermarla: "He venido para que tengan vida y la tengan abundante" (Jn 10,10). De tu fidelidad a la conciencia profunda -es decir, al Espíritu- junto con la mía y la de otros dependerá el progreso de esos textos oficiales que se alimentan del "sensus fidelium" (el sentir de los fieles), de todos los fieles: jerarquía, clérigos y laicos. Sigo pensando que los consagrados al cuidado del Pueblo de Dios tienen que escuchar sus necesidades, sus oscuridades y sus inspiraciones (véase mi artículo "Es tiempo de escucha" de ECLESALIA, 05/10/04). Si no, es que se están apropiando de lo que no es suyo.

Todos, absolutamente todos, venimos urgidos por el Evangelio a "poner la luz en el candelero para que alumbre a cuantos hay en la casa" (Mt 5,15). Mi casa es mi Iglesia y humildemente la siembro con mis diminutas lamparillas en forma de artículos. Me lo exige mi conciencia, mi fidelidad al Evangelio y mi amor a este Pueblo de Dios que llamamos Iglesia Católica.

No me resisto a plasmar aquí unos párrafos de alguien con mucha más sabiduría que yo: “La verdadera obediencia no es la obediencia de los aduladores, que evitan todo choque y ponen su intangible comodidad por encima de todas las cosas. Lo que necesita la Iglesia de hoy y de todos los tiempos no son panegiristas de lo existente, sino hombres en quienes la humildad y la obediencia no sean menores que la pasión por la verdad; hombres que den testimonio a despecho de todo ataque y distorsión de sus palabras” (Joseph Ratzinger: El verdadero pueblo de Dios, Herder, Barcelona 1972, p. 293).

A los inmovilistas rígidos e intransigentes podemos responderles: “No creemos ya por lo que tú nos has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y estamos convencidos de que éste es ciertamente el Salvador del mundo” (Jn 4,42).

Y sí, Oliva existe. Es una viejita de 92 años y paso quedo, que habla con Dios y a la que Dios habla. Ella me estimula constantemente a escucharle y revelarle. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).