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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Denuncia

sin paños calientes

EL ORO DEL BECERRO
JUAN DE DIOS REGORDÁN DOMÍNGUEZ
ALGECIRAS (CÁDIZ).

ECLESALIA, 23/06/05.- Todavía recuerdo cómo, en la década de los cincuenta, la dueña de un cortijo andaluz organizaba meriendas con los niños y niñas de los obreros de su finca. Les preguntaba si querían “merienda de pobres o de ricos”. Casi todos exclamaban: “¡de rico…!” Ya desde pequeños aspiraban a eso. Pero, a estos les daba pequeños bocadillos y un trocito de tarta y a los que se quedaban “en pobre” les daba más cantidad.¿Quería ella luchar contra el concepto que se tenía de pobreza y riqueza? Durante mucho tiempo se ha defendido que la riqueza y la pobreza entraban en los designios de Dios. Si los pobres se resignaban con su pobreza, recibirían en la otra vida la recompensa que en esta se les negaba. Nadie se podía rebelar contra todo orden establecido. A Dios se le utilizaba y se le echaba la culpa de todos los males del mundo. No se si aquella señora era sincera o jugaba a distraerse con la inocencia de aquellos niños pobres.

Pretender responsabilizar a Dios de la injusticia y del mal del mundo es ofenderle. Las injusticias tienen sus autores instalados en la macroeconomía mundial en donde no abundan sentimientos ni corazones abiertos a la solidaridad. La ambición y el ansia de poseer riquezas a cualquier precio llevan a la usura extrema. Pero todo esto lo mueven mentes retorcidas, sin sentimientos, a quiénes no les interesa ni la sonrisa de un niño ni les interesan los problemas humanos. Utilizan la religión pero no son religiosos ni adoran al Becerro de Oro, sino que su objetivo es apoderarse del Oro del Becerro. Las mentes embriagadas por la macroeconomía cobijan a dirigentes de países ricos, convirtiéndoles en sus marionetas aliadas. Así nace y se amasa la deuda externa de los países pobres que provoca la muerte prematura de millones de inocentes, la ignorancia y la explotación de millones de trabajadores y de niños que nacen la miseria.

Hace poco se anunció la condonación de parte de la deuda externa. Pero esto responde más a los intereses de los acreedores que a los derechos de las víctimas. En los momentos actuales la deuda externa, injusta e inmoral es imposible que la puedan pagar los países altamente endeudados. A gobernantes que han preferido “merienda de ricos” se les dice ahora que sus países recibirán ya sólo “algo de tarta”. Su actitud ingenua de grandeza les ha llevado a ser responsables de que aumenten los estómagos hambrientos y los puestos de trabajo precarios. Olvidaron que los ricos jamás renuncian a su afán de ganar más. Los desheredados de la tierra han llegado al límite de su paciencia y el clamor de los pobres ha llegado a los oídos del Señor de la Historia.

El día 16 de Junio el Papa actual invitó a “comprometerse en la creación de una civilización cada día más fraternal, con renovada atención a las personas, especialmente a los más pobres y a los marginados de la sociedad” Afirmó que “la tierra tiene capacidad para nutrir a todos sus habitantes a condición de que los países ricos no se queden con lo que pertenece a todos”. Ante las graves injusticias, el compromiso de los cristianos debe inspirarse en la actitud de Jesús. Él quiere paz para todos, pero una paz basada en la justicia y la solidaridad. Que todos tengan el estómago lleno para que puedan desarrollarse como personas libres. La Iglesia, como comunidad de creyentes, ha de estar al servicio del Reino de Dios en la sociedad actual, con rigor y sin paños calientes. Si la Iglesia calla ante los grandes desafíos, gritarán las piedras. El carisma de denuncia profética, hoy más que nunca, tiene que brotar en la Iglesia frente a los poderes de este mundo desde la opción de los pobres.

manifiesta te

manifiesta te NOS SUMAMOS A LA MANIFESTACIÓN "POBREZA CERO"
En la clave del anuncio y la denuncia profética

REDACCIÓN de ECLESALIA
MADRID.

ECLESALIA, 22/06/05.- Nos sumanos: Manifestación "Pobreza cero sin excusas ¿Quién debe a Quién?" el 26 de junio de 2005 a las 12'00 horas de la plaza de Cibeles a la Puerta del Sol en Madrid. Movilizaciones también en otras ciudades. Para más información: http://www.pobrezacero.org

Paz y bien.

manifiesta divergencia

¿CATÓLICOS A LA CALLE?
EDITORIAL

Reinado Social, Nº 878, junio de 2005.- Si el sentido común no lo remedia, las calles de Madrid serán este junio testigo de una manifestación católica. Convoca el Foro de la Familia apoyado por otras organizaciones católicas. "A la calle", titulaba hace un par de semanas el hebdomadario católico Alba a toda página, en son de zafarrancho de combate. Nada que objetar en principio: la calle es de todos y las decisiones personales. A ella hemos salido con gusto a protestar, por ejemplo, contra la guerra de Irak (contra la que, por cierto, no se movilizaron quienes ahora lo hacen con tanto fervor). Y, por supuesto, con gusto seguimos asistiendo a muchas procesiones. (Claro que, en este caso, no parece que se nos convoque precisamente a una procesión. Hasta ahora, las procesiones no necesitaban el adjetivo católico ni se organizaban contra nadie, sino sólo como manifestaciones públicas de fe.)

Pero, bueno, no tratamos de valorar aquí la legitimidad o no de esta convocatoria. Que cada palo aguante su vela. Sí nos permitimos hacer, con todo respeto, un par de consideraciones sobre su oportunidad. Ante todo, pensamos que es peligroso dar gato político por liebre religiosa; o sea, so capa de manifestación católica, de desagravio a la Iglesia católica "perseguida", arrimar el ascua de la fe a la sardina de la política partidista pura y dura. En la medida que se haga, y no faltan señales, eso se llama en castellano engañar y manipular. Y no porque la política de partido no sea noble, que lo es cuando se hace a cara descubierta; pero no lo es tanto cuando se realiza con disfraces y caretas engañosas. ¿De verdad, con el corazón en la mano, y con un análisis mínimamente sereno de la realidad, alguien puede probar que la Iglesia española está perseguida? ¿Están las cosas tan mal como para organizar cruzadas, exacerbar ánimos o más bien para buscar puntos de encuentro?

Por eso mismo, en segundo lugar y sobre todo, nos permitimos advertir del riesgo de convertir en sima la brecha cada vez más profunda dentro de la comunidad católica, con este tipo de manifestaciones. Mientras nos alejamos felizmente de las dos Españas, constatamos con preocupación el riesgo, si no de dos Iglesias, sí el de una polarización peligrosa de posiciones dentro de la Iglesia. En efecto, en las últimas décadas, casi todos los problemas (Sobre la fe, la moral, la liturgia, las decisiones políticas, económicas, sociales, sexuales y familiares), han sido objeto de interpretaciones de tal manera divergentes por parte de los católicos, no sólo en España, que han conducido a una división intra eclesial quizás sin precedentes en la historia. Así lo reconocía, ya en el 99, el documento preparatorio del Sínodo de los Obispos: "Hay en realidad dos modos diversos de concebir y de vivir la Iglesia que se confrontan y desgraciadamente se contraponen" (Nº 69)

De ahí que, sobre todo después del acontecimiento mediático del relevo papal, la Iglesia Católica proyecte una imagen mezcla de uniformidad casi militarizada (un solo pastor, un solo rebaño, un solo dogma, una sola liturgia… Una tropa superdisciplinada) y de pura anarquía a la vez: cada uno compra o vende lo que le place en el supermercado católico: "Creo en Jesucristo, pero no en la Iglesia". "Sí en la Iglesia, pero no en la jerarquía ni en los curas". "Soy católico, pero no practico". "El sexto me trae al pairo"...

Lo más serio de esta imagen de la Iglesia, mezcla de uniformidad y anarquía, es que corresponde a la convivencia, nada pacífica, de dos cosmovisiones profundamente diversas. Una, patriarcal-dogmática-clerical(de sólo varones)-monárquica e individualista: lo importante es salvar la propia alma, y el criterio de discernimiento del creyente es el grado de ortodoxia. La otra visión del mundo que anima a la Iglesia es diametralmente opuesta, o sea: fraterna-igualitaria-democrática-laica y carismática. La ortodoxia se identifica con la ortopraxis. Nos salvamos en racimo dando de "comer al hambriento…".

Brecha y división que se visualiza sobre todo en los movimientos eclesiales: mientras unos, más tradicionales y potentes, que enfatizan la ortodoxia, gozan de la simpatía de la Jerarquía; otros, más progresistas, que dan prioridad a la praxis de la justicia, de la paz… tienen una vida menos reconocida y más difícilmente reconocible.

Así las cosas, creemos que es urgente mover ficha, blancas y negras, en este tablero complicado de la Iglesia y el mundo. No valdría la pena preguntarse ¿cómo aparecería la Iglesia ante el mundo si los cristianos nos caracterizáramos por una búsqueda insaciable de justicia y de armonía? ¿Cómo, si nuestras prioridades fueran de verdad vivir en solidaridad con los más pobres de los pobres? ¿Cómo sería la autoridad en la Iglesia si sus líderes supieran que, en definitiva, la autoridad se gana desde la gente, desde la comunidad cristiana? Desde su corazón, no desde la calle.

- - -> Para más información: http://www.reinadosocial.net

compañía digna

RECONOCIMIENTO MUTUO Y COMPAÑÍA DIGNA*

JUAN MASIÁ, jesuita, facultad de teología de la Universidad Pontificia de Comillas
MADRID.

ECLESALIA, 03/06/05.- "No conviene, dice el Señor, que los seres humanos vivan solos. Hagamos que se reconozcan mutuamente y se acompañen dignamente" (cf. Gen 2, 18).

Hoy la primera lectura es la boda de Sara y Tobías (Tob 7). Coincidencia, quizás menos oportuna, con un tema que está en la calle: matrimonio y familia. ¿Coincidencia inoportuna? Este texto de la Biblia se interpreta, a veces, de un modo "espiritualista y machista". La lectura espiritualista menosprecia el deseo corporal mutuo de la pareja y se fija sólo en Sara y Tobías rezando antes de acostarse. La lectura machista acentúa la frase repetida: "se te da por mujer, según la Ley", y cita el Génesis, leyendo: "la mujer, ayuda y auxiliar del varón". Para el Concilio Vaticano II, el matrimonio es "mutua entrega" (GS, 48) y no mero contrato. En el Derecho Canónico, es "comunidad de vida y amor" (CIC, n.1604).

El P. Alonso Shökel explicaba la "ayuda adecuada": no tratar a la otra persona como animal de carga o en relación de esclavitud. El P. Leon Dufour comenta: "una relación cara a cara, de reconocerse mutuamente al desnudo". En la Carta sobre la vida (2001), los obispos japoneses dicen: "ayuda adecuada" significa "compañía digna", acompañarse mutuamente. Esto vale para el varón y la mujer y para otras relaciones, de pareja o amistad, sea cual sea su orientación sexual. Se aplica también a las relaciones dentro de comunidades que viven con sentido su celibato. La imagen grotesca de los siete maridos de Sara, fallecidos la noche de bodas, vale como símbolo de posesividad, dominio o dependencia en relaciones humanas inmaduras.

¿De qué sirve discutir a favor o en contra de cierta legislación matrimonial, si no suprimimos las situaciones de maltrato en toda clase de relaciones? Sería incoherencia o hipocresía. En vez de manifestarnos a favor o en contra de un nombre, un trámite o una ceremonia, ¿no es más importante fomentar relaciones de reconocimiento mutuo? Ya sean relaciones de pareja, de amistad o de diversos tipos de comunidades, que sean de "compañía digna": ayudarse mutuamente a crecer en una sociedad que integre amistad y justicia. Para aproximarnos a este ideal, en vez de manifestarnos con ruido, oremos juntos en silencio en esta eucaristía.

*Texto de la homilía del 2 de junio en la eucaristía de la comunidad universitaria.

relación estable

RELACIÓN ESTABLE
JOSÉ ANTONIO MORILLAS BRANDY, jesuita

ECLESALIA, 30/05/05.- Estamos viviendo una etapa de profundas transformaciones en lo que afecta a las formas de convivencia entre los humanos y tampoco la comunidad eclesial debería quedarse en la trastienda del mundo de los afectos. Y uno de los focos de conflictos es encontrar el fondo y la forma para “hablar” de los matrimonios homosexuales, o “sociedades de vida registrada”, como son nombrados en Alemania. Y aunque algunos grupos se encastillen en considerar como válida la unión de hombre y mujer, no cabe duda de que existe una demanda social para abrir horizontes de sentido a otras formas de amistad y de amor. Hasta la Real Academia Española de la Lengua reconoce que tendría que aceptar el término “matrimonio” para las bodas gays “si tal ampliación de significado se consolidara en el uso general de los hispanohablantes”.

Ante esta realidad, la comunidad eclesial, con razón y compasión, debiera mostrar una actitud abierta y comprensiva, sin ignorar los datos de la ciencia y la cultura para así responder a los “signos de los tiempos”. Sin dejar de reconocer la dimensión integradora de la familia, entendida como unidad de convivencia y afecto, grupos cristianos militantes reclaman una actitud positiva hacia la sexualidad como un don de Dios para todas las personas, independientemente de su orientación o identidad sexual. Y tampoco sería correcto, arguyendo textos bíblicos, hacer condenas en bloque y sin matices. Como decía el malogrado Goyo Ruiz, SJ, la Biblia pone el acento ético en problemas de más calado como el de la injusticia, la idolatría, el ignorar al pobre, o incluso el adulterio. Es preciso ponderar los pecados más graves y condenables y no extrapolar una conducta de la que se encuentran pocas referencias escriturísticas.

Como afirma el benedictino A. Grün se dan experiencias de amistades realmente intensas en las que el varón puede mostrarse como es, sintiéndose comprendido y aprendiendo a exteriorizar sus sentimientos. Todo ello sumergido en un Amor que ha sido derramado en nuestros corazones. A propósito de una encuesta sobre el orgasmo de los españoles en cuyas conclusiones se decía que en nuestro país se hace el amor “poco y mal”, me gustó el comentario del obispo emérito Alberto Iniesta, al invitarnos a amar, hablar con los seres humanos, ir por la calle amando y sembrando amor; todos los días y cuantas más veces, mejor. No basta con ser amables, sino que debemos ser amantes, ofreciendo el buen amor cristiano y no sólo el corporal. Y hay muchas maneras: una mirada, una sonrisa, un pequeño favor, una palabra, un silencio respetuoso, una atención, una conversación. ¿Tan difícil sería añadir: una relación estable? Entonces se abriría una equiparación de oportunidades de acceso al matrimonio y no habría que considerar la orientación sexual como algo desordenado, intrínsecamente malo. Idea que sería el caldo de cultivo para afirmar -como se ha hecho en estos días- que la homosexualidad en pareja es como la unión de “un hombre y un animal”, o que puede ser un precedente de la poligamia. Qué lindo sería respetar esta forma de amor y al menos, defender una igualación cívica, más allá de juegos semánticos que a nada conducen. A la par que se deberían evitar juicios catastrofistas como los realizados por una licenciada en psicología cuando afirma que estamos en tiempos decadentes, en una intemperie existencial y que somos esclavos de apetitos y tendencias sensitivas. Y para esta señora la homosexualidad sigue siendo “desviación sexual”.

A Cristo sólo le preguntaron si era lícito a un hombre casarse con más de una mujer y cómo sería “después” la relación, en la otra vida. Aunque sí le preocupó la “pureza de corazón”, es decir, que la persona fuese buena, honrada, generosa y pacífica. Y entonces estará viendo a Dios, ahora indirectamente, y después cara a cara, bajo una dulce mirada de Amor. Amén de que nuestra forma de relacionarnos en este mundo es diferente, el Amor y la Misericordia deben ser los indicadores de un verdadero cristiano. Un amor ilusionado como un licor que embriaga, porque no es egoísta ni discrimina. En este contexto, no debe alterarse el concepto de justicia ni el de igualdad del individuo y valorar que “también” en la pareja homóloga se puede desarrollar la personalidad. Porque ha cambiado la conciencia social de las gentes y porque no debemos ignorar la realidad antropológica de hoy. El dilema entonces sería como dice Thielicke, “sexo como fuerza despersonalizante, frente a sexo como plenitud de relación humana”. Por lo que habría que podar el aspecto folklórico y morboso de estas relaciones, las “salidas de armario” que a veces desnudan tantas intimidades o muestran un escaparate superficial. Es decir, construir un marco vital que posibilite una madurez adulta capaz de mantener una relación de amor recíproco. Que viene a ser la argumentación, desde el derecho constitucional, para que no sean prevalentes los aspectos procreativos y que se consideren otros, como el afecto recíproco, la satisfacción sexual, la lealtad y la fidelidad. En una época de fuerte vacío existencial, sin anatemas, la pareja gay puede mostrar su orgullo no sólo en un día del año, con armonía, sometiendo su vida sexual y afectiva a las exigencias del amor, y con mucho gozo, con espontánea “alegría”, que es el significado de la palabra.

dolor y silencio

DOLOR Y SILENCIO
El caso de una comunidad parroquial que desaparece

CÉSAR ROLLÁN SÁNCHEZ
MADRID.

ECLESALIA, 25/05/05.- En el último número del semanario Vida Nueva (21 de mayo) se incluye un doloroso escrito de Vanesa Nieto, “portavoz de un amplio número de laicos preocupados por la situación que vive nuestra Parroquia en la actualidad”.

Resulta que a finales del 99 la Parroquia del Santo Cristo de San Fernando en Cádiz fue protagonista de las páginas de Vida Nueva en relación a su vivencia de “Parroquia Viva”. Durante quince años este grupo de laicas y laicos, ha “trabajado desde la fe en un intento constante de ser una comunidad abierta, joven, diversa, activa, preocupada por llevar a nuestros entornos una fe comprometida, abarcando las áreas de liturgia, formación y caridad con esmero y dedicación”, según describe el artículo mencionado. Pero el último párroco “ha hecho desaparecer estas características para comenzar una nueva etapa sombría y vacía en la que han desaparecido la mayor parte de los grupos de comisiones, con lo que es más importante: un gran número de niños, jóvenes y adultos a quienes ofrecíamos nuestro tiempo y trabajo”.

El editorial de la revista reflexiona respecto a estos acontecimientos cuando dice, a propósito de aquellas personas con cargo en la Iglesia, que “es de desear que sea siempre la más adecuada y que, en el desempeño de su misión, dé lo mejor de sí, pero la marcha de la Iglesia no depende sólo de sus pastores” y añade “cada uno de ellos deja su impronta, pero la Iglesia no se detiene por el hecho de que haya cambios al frente de cada comunidad”.

En la sección “cuatro líneas” del weblog de Eclesalia se recordaba el lunes 23 de mayo las palabras de Jesús: “lo que dijo fue que Él es como el buen pastor, que da la vida por sus ovejas”, para preguntar a continuación: "¿Nos habremos quedado en lo de las ovejas olvidando el dar la vida?”

No cabe duda de que lo sucedido en San Fernando es un hecho grave, con graves precedentes en otros lugares de nuestra querida Iglesia católica en los que se repiten las mismas circunstancias y respuestas oficiales “de los 96 agentes de pastoral, 84 hemos presentado nuestra renuncia sin que hasta la fecha nadie se haya preocupado por esta decisión”; envíos de cartas y comunicaciones al párroco, al obispo para entablar un diálogo y llegar a una solución pero “la respuesta ha sido negativa cuando no nula”.

La secretaría general de la conferencia episcopal española acaba de emitir recientemente una nota de prensa en la que denuncia la poca sensibilidad y respeto de los políticos Maragall y Carod en su reciente visita a Israel y Palestina al bromear de mala manera con una corona de espinas. En ella dicen que un buen grupo de obispos que se vieron en Zaragoza el domingo “han expresado su hondo malestar y su disgusto ante un comportamiento impropio de ciudadanos respetuosos y menos aún, si cabe, de quienes en virtud de sus responsabilidades políticas habrían de mostrar exquisito respeto a los derechos fundamentales de aquéllos a quienes representan”. No les falta razón.

En el caso de Cádiz se trata de personas y se puede denunciar el mismo comportamiento agresor hacia los expulsados del Santo Cristo: “un comportamiento impropio de ciudadanos respetuosos” con responsabilidades hacia la comunidad de creyentes que deberían de mostrar “exquisito respeto a los derechos fundamentales de aquéllos a quienes representan”.

Al final de la carta, Vanesa pide ayuda a la revista que años atrás les abrió sus páginas “en nuestra denuncia de situaciones injustas como la que estamos viviendo y sufriendo con inmenso dolor, y puedan atender la voz que muchos quieren silenciar”.

Personalmente siento profundamente lo sucedido como una falta tan grave o más que la que denuncia del grupo de obispos sobre la mofa al símbolo de Cristo. Símbolo vivo de Cristo somos cada uno y cada una de los que somos Iglesia, símbolo vivo cargado de significado, símbolo constructor de Reino y no se nos puede tratar de cualquier manera y menos aun por parte de hermanos con un cargo supuestamente representativo de la comunidad.

No conozco a la comunidad a la que pertenece Vanesa pero sí he sentido el dolor de otros grupos de laicos que no se pueden creer lo que les pasa y más aún, no se pueden permitir la desesperanza porque han descubierto la profundidad del proyecto de Jesús. Cuando les dicen que por qué siguen ahí si no les quieren, si les expulsan, si no les dejan hacer, sonríen defendiendo las bondades de la Iglesia en la que creen, la de la Tradición de Jesús, el buen pastor, el que da la vida por sus ovejas como intentamos hacer cada uno de nosotros “nuestro tiempo y trabajo”, con nuestra vida… nadie más que nadie si no es para servir. ¿Hasta cuándo así?

en las fuerzas

---> … continuación del artículo publicado por Eclesalia Informativo el 23 de mayo de 2005. El comienzo del escrito se puede ver al final del texto.

1. Algunos datos y algunas preguntas

- El 3 de enero de 1979 se ratificó el acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede sobre la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas y el servicio militar de religiosos y clérigos (BOE 15 de diciembre). El obispo castrense es el único obispo que se nombra mediante propuesta de una terna de nombres, formada de común acuerdo entre la Nunciatura y el Ministerio de Asuntos Exteriores, y sometida a la aprobación de la Santa Sede. El Rey es quien presenta uno de ellos para su nombramiento por el Romano Pontífice, según el acuerdo entre la Santa Sede y el Estado Español del 28 de julio de 1976. Comprensible por un lado y extraño por muchos otros. ¿No debería ser esta una cuestión superada si la configuración del servicio religioso a las Fuerzas Armadas se hiciera de otra manera más propia de un Estado no confesional, de una sociedad moderna y de una Iglesia más despegada del poder?

- El gobierno de la República restringió primero y suprimió después por ley el Servicio Religioso Castrense ( 30 de junio de 1932). La jurisdicción eclesiástica castrense cesó durante varios años; de 1936-1939 en la zona regida por el General Franco se restablece el servicio religioso en los cuarteles recuperando a los que habían sido capellanes castrenses e incorporando otros nuevos. En julio de 1940 se restablece por ley el Cuerpo Eclesiástico del Ejército. Los capellanes, desde el momento del ingreso, tenían grado y empleo de oficial, e iban ascendiendo según la normativa propia del ejército; es decir, ingresaban como teniente capellán y se podían jubilar como coronel capellán. Las percepciones económicas, trienios, complementos, etc. correspondían a los diferentes grados y empleos que iban teniendo. El Vicario General Castrense, después Arzobispo Castrense, ostentaba el grado de general de brigada. Curiosa mezcla de oficios y beneficios. Los capellanes castrenses eran, al tiempo, sacerdotes, militares y funcionarios del Ministerio del Ejército correspondiente. ¿Cómo se podía servir al tiempo a tantas cosas al tiempo en respeto y libertad a los diferentes ámbitos?

- En 1986 el Papa Juan Pablo II por la Constitución Apostólica “Spirituali Militum Curae” transforma los Vicariatos Castrenses en circunscripciones eclesiásticas particulares, asimiladas jurídicamente a las diócesis; son los “Ordinariatos Castrenses”. El obispo castrense tiene los mismos derechos y obligaciones que los obispos diocesanos; en consecuencia, puede erigir seminario propio, promover alumnos a las sagradas órdenes e incardinar a sacerdotes a su diócesis. ¿Qué peculiaridades positivas tiene la atención religiosa a las Fuerzas Armadas para que la Iglesia Católica la conciba de esta manera? ¿Cómo justificar un seminario propio donde se formen sacerdotes castrenses? Que yo sepa, en ninguna otra especialidad de dedicación pastoral existe una institución de tipo seminario para la formación básica de sacerdotes Parece algo extraño, aparte de retrógado, y muy poco en consonancia con la eclesiología del Concilio Vaticano II-

- En 1989 los Cuerpos Eclesiásticos se declaran a extinguir por Ley del Estado. Sin duda alguna esto fue una muy buena noticia; aunque llegó un poco tarde el cambio era para alegrarse por ello. Sería interesante saber de quién partió la iniciativa de esta reforma y cómo se situó la Iglesia; sin duda alguna, los responsables del Ministerio de Defensa y del Arzobispado Castrense de entonces podrían aportar algunos datos sobre cómo se desarrollaron las negociaciones que terminaron en esta ley. Si un cuerpo de estas características se suprimió sería por motivos serios e importantes. Como es lógico, cuando un cuerpo oficial se extingue, sus componentes conservan los derechos adquiridos en grados, ascensos, retribuciones, trienios, complementos, escalafón y jubilación (en este caso a los 61 años). ¡Qué oportunidad perdieron los componentes de los Cuerpos Eclesiásticos a extinguir de renunciar evangélicamente a todos sus “derechos”, y asimilarse a la nueva situación aunque fuera menos ventajosa en privilegios y percepciones económicas! Como cristianos y sacerdotes hay que reconocer que no dieron buen ejemplo, aunque legalmente nada se les puede decir. Por curiosidad, ¿hubo alguno que renunció a los “derechos adquiridos”? ¿El obispo castrense de entonces les animó a hacerlo?

- Al tiempo que se suprimen los Cuerpos Eclesiásticos se crea un nuevo Servicio de Asistencia Religiosa a las Fuerzas Armadas. Los sacerdotes que los componen ya no son militares; con todo, están adscritos a la Subsecretaría de Defensa (Ley 17/1999, de 18 de mayo), la asignación de puestos, movilidad y régimen retributivo se establece de “forma similar” al del personal de las Fuerzas Armadas, y la situaciones administrativas se regulan de “forma similar” a las de los funcionarios de la Administración del Estado. ¿Significa que los capellanes castrenses se “asimilan” a uno de los grados propios de los oficiales del ejército según la antigüedad y otros requisitos?. Parece que sí. También existen sacerdotes que prestan temporalmente servicios, y otros que no son capellanes castrenses, pero colaboran en los servicios religiosos con autorización de su obispo o superior religioso.

- Según datos oficiales del Arzobispado Castrense (30 de octubre de 2003) los sacerdotes que ejercen su ministerio pastoral son: 112 capellanes castrenses en activo; de ellos 46 pertenecen a los extinguidos Cuerpos Eclesiásticos y 66 al SARFAS (Servicio de Atención Religiosa a las Fuerzas Armadas), 17 son capellanes castrenses activados (administrativamente en situación de reserva o jubilados) que ejercen su ministerio con “misión canónica” del obispo, y 26 sacerdotes colaboradores. En total son 155 capellanes. Según los datos que manejamos, los 46 capellanes castrenses pertenecientes a los Cuerpos Eclesiásticos extinguidos tendrán actualmente el grado de comandante, teniente coronel y coronel; la Ley 17/1999 en la Disposición final cuarta (punto 4) les asegura los derechos y obligaciones aplicándoles lo establecido en el artículo 144 de esta ley. Pasan los años, pero ninguna conversión se ha dado, pues siguen manteniendo los derechos hasta el final, cosa que protege la ley si ellos no renuncian. ¿Qué justificación evangélica pueden dar a su posición?

- En 1996 se sustituyó el servicio militar obligatorio por el Ejército Profesional. Se preveía un número de soldados de 150.000 a 180.000; en 1999, vistas las dificultades de reclutamiento, el número se fijó entre 102.000 y 120.000. En la actualidad, según los últimos datos hay unos 70.000 efectivos; no hay buenas perspectivas de mejora, según las noticias que, en estos días, hablan de facilitar el ingreso a personas que no tienen la nacionalidad española y mejorando los incentivos económicos. Según información del Arzobispado Castrense, los fieles que le pertenecen son “los miembros católicos de los tres ejércitos y guardia civil, los alumnos de Academias y Escuelas Militares, sus esposas e hijos y familiares que viven en su compañía, y todo el personal seglar o religioso que prestan sus servicios o residen habitualmente en cuarteles o dependencias militares, así como los huérfanos menores y viudas de militares mientras conserven este estado. También lo son los miembros de la Casa Real de Su Majestad por la condición que el rey ostenta de Jefe supremo de las Fuerzas Armadas. Los datos dicen que son 800.000 las personas que tienen derecho a ser asistidos por el Arzobispo Castrense y su presbiterio” (Actualidad Informativa del 30 de octubre de 2003). Como posibilidad está bien extender de esta manera la jurisdicción del arzobispado castrense, pero es poco real. ¿Hacen lo mismo los capellanes de hospitales y de cárceles? Seguramente estos tienen un trato frecuente y específico con las familias de los internados y de los privados de libertad que los capellanes castrenses con las familias de los militares.

2º Criterios para analizar la situación

- El criterio de laicidad. Este criterio define el carácter y los comportamientos del Estado no confesional con las confesiones religiosas. Entre el Estado y las confesiones religiosas debe existir la más estricta neutralidad. En este campo los españoles tenemos una historia poco ejemplar, tanto por parte de los poderes públicos como de la Iglesia. Con buena perspectiva, pero bastante tarde, el episcopado español en la Declaración Colectiva (enero de 1973) nos alertó de los peligros del Estado confesional. La Iglesia debe ser crítica consigo misma y con las propuestas que hace en el ámbito de la vida pública. Los artículos 16 y 27 de la Constitución son una garantía de la libertad de las confesiones religiosas. José M. Martín Patino dice: “Por otra parte, corremos el riesgo de identificar al anticlericalismo con el laicismo. Nos sentimos como trasladados a las primeras décadas del siglo pasado. Sería bueno releer los documentos que reproduce el profesor Manuel Revuelta en su estudio “El anticlericalismo español en sus documentos”. No es lo mismo quejarse del peso social de la Iglesia en la vida pública y protestar contra el intervensionismo de sus representantes que pretenden borrar la experiencia religiosa de nuestras vidas.... La nueva laicidad es la convicción de que no existe cultura alguna que no pueda contribuir a la elaboración de este nuevo códice ético ideal” (El País, 5-XI-2004).

- Cristianos en nuestro tiempo. La vida humana evoluciona constante y rápidamente; el progreso es ambiguo, pero creemos que la historia humana va avanzando a pesar de las dificultades, retrocesos e incoherencias. Como católicos no podemos creer ni pretender que la verdad moral únicamente la tenemos nosotros y, desde ahí, reclamar una posición privilegiada de tutela y orientación de la vida social. El reinado de Dios no se identifica con la Iglesia, pues es universal, y en toda cultura aparecen signos y concreciones del mismo; en consecuencia, la Iglesia para ser fiel a lo que es y a la misión que tiene encomendada, también ha de examinarse y convertirse constantemente. La Iglesia tiene que valorar la “adultez” de las sociedades modernas en lo que tienen de igualdad, democracia y búsqueda del bien común para poder dialogar con ellas sin complejos, prevenciones e imposiciones. Es la mejor manera para que la Iglesia pueda aportar al mundo la riqueza de experiencia, sabiduría y valores éticos; la afirmación del Dios cristiano es inseparable de la afirmación de todos y cada uno de los hombres, sobre todo de los más necesitados. Gracias a Dios y a la labor del magisterio de la Iglesia, los católicos disponemos de unos documentos extraordinarios sobre la presencia y acción del cristiano en la vida pública; sería muy conveniente que las comunidades cristianas los recataran del olvido y los releyeran en la situación actual.

- Laicismo, Estado e Iglesia. El grupo socialista ha puesto en marcha una iniciativa para elaborar el “Estatuto de Laicidad” con el que poder revisar el ordenamiento jurídico, ver si está de acuerdo con el artículo 16 de la constitución que se refiere a la aconfesionalidad del Estado y promover los cambios necesarios sin prisas ni atropellos. Es una buena oportunidad para que la Iglesia Católica se sume a la iniciativa y revise a fondo los aspectos en que se pueda ver afectada, y que no son otros que los que están actualmente en los medios de comunicación y en el debate político y social. El diálogo es el medio más eficaz para resolver las cuestiones en conflicto. Es también de inteligentes el adelantarse a aquello que va a terminar imponiéndose; y no sólo por una cuestión pragmática, sino por algo profundamente evangélico como nos recordó el Concilio Vaticano II a los católicos: la Iglesia católica “no ponga su esperanza en privilegios concedidos por el poder civil, renunciando incluso al ejercicio de ciertos derechos legítimamente adquiridos tan pronto como conste que su uso puede empañar la pureza de su testimonio o las nuevas condiciones de vida exijan otra disposición” (GS 76). En la presente situación, la Iglesia debe luchar por todo lo que considere justo y legítimo, pero también debe hacer un esfuerzo de revisión y conversión, situando la solución de los problemas donde debe estar, en la comunidad cristiana, no tanto en conciertos y arreglos.

3º Algunas reflexiones

- En los últimos 30 años la sociedad española y sus instituciones han tenido muchos cambios. Cuando se produce un cambio hay que saber adaptarse a la nueva situación. Al suprimirse el Cuerpo Eclesiástico de Capellanes Castrenses, se presentó una buena oportunidad para haber hecho una configuración nueva, no “asimilada” del Servicio Religioso a las Fuerzas Armadas. Los antiguos capellanes castrenses, tratándose de personas célibes, y conociendo las percepciones económicas de los sacerdotes en parroquias, bien podrían haber tomado una actitud más ejemplar y evangélica renunciando a lo que “legalmente” tenían derecho, pero que ya no era de recibo en la sociedad española ni en la Iglesia postconciliar. Entraron como sacerdotes, les dieron grados militares, cobran como militares con grado y empleo de oficiales y prestan un servicio religioso; algo no cuadra en este galimatías. Yo invito a alguno de los interesados a que lo explique públicamente para que nos podamos convencer de lo acertado de esta configuración de la presencia de la Iglesia Católica en el ámbito castrense. Que esto se haya dado en la época del nacionalcatolicismo, pase; pero, ¿cómo entenderlo en la situación actual? Los capellanes castrenses, unos como militares que son y otros como asimilados, no creo que hayan podido expresar libre, crítica y evangélicamente sus opiniones en cuestiones como, por ejemplo, el envío de tropas a Irak por el gobierno del Sr. Aznar o el caso del Yak-42 en que 62 militares murieron en accidente a la vuelta de Afganistán. ¿Qué tipo de ministerio sacerdotal es ese que mantiene la “boca cerrada”? ¿No sería conveniente buscar una configuración que diera más autonomía y libertad a los capellanes castrenses en el ejercicio de su ministerio?

- Las percepciones económicas que perciben los capellanes castrenses son bastante sustanciosas para su condición y vocación. Según La Ley 30/1984 modificada en el Real Decreto 662/2001 y el Real Decreto 1745/2003, las retribuciones básicas brutas mensuales que cobran los militares con grado de oficial son las que figuran en la siguiente tabla:

SUELDO
General de Brigada (*): 1084,64 / Coronel: 1084,64 / Teniente Coronel: 1084,64 / Comandante: 1084,64 / Capitán: 1084,64
COMPLEMENTO DE EMPLEO
General de Brigada (*): 920, 80 / Coronel: 825,94 / Teniente Coronel: 791,20 / Comandante: 756,46 / Capitán: 663, 65
COMPONENTE GENERAL DEL COMPLEMENTO ESPECÍFICO
General de Brigada (*): 760, 51 / Coronel: 622,14 / Teniente Coronel: 426, 5 / Comandante: 265,18 / Capitán: 225, 54
AYUDA DE VESTUARIO
General de Brigada (*): 22,65 / Coronel: 22,65 / Teniente Coronel: 22,65 / Comandante: 22,65 / Capitán: 22, 65
(*) Lógicamente, las retribuciones básicas aumentan en el caso de empleos superiores a General de Brigada

Como retribuciones complementarias se pueden mencionar las siguientes: a) trienios (carácter mensual): 40, 29 euros por cada trienio; b) pagas extraordinarias (dos al año): cada una se compone de la suma de los siguientes conceptos: sueldo, trienios, y el 40% del complemento de empleo correspondiente a cada empleo; c) componente singular del complemento específico (carácter mensual): lo cobran prácticamente todos los militares (de soldado a general). Las cuantías varían mucho, dependiendo del puesto que se ocupe y del empleo. Los márgenes aproximados son los que figuran a continuación:

- General de Brigada: 425, 19 Euros (cantidad fija).
- Coronel: desde 141, 76 hasta 426, 28 Euros.
- Teniente Coronel: desde 102, 90 hasta 316, 90 Euros.
- Comandante: desde 86, 43 hasta 242, 11 Euros.
- Capitán: desde 86, 15 hasta 261, 65 Euros.

d) Complemento de dedicación Especial (carácter mensual): aproximadamente un 80% del personal de los empleos propios de oficiales lo cobran. Las cuantías pueden ser de un 35% ó un 70% del complemento de empleo, dependiendo del puesto ocupado; normalmente el 70% está asignado a puesto altos del escalafón.

Como se puede ver, sólo la suma de los complementos (de empleo y específico)de cualquier oficial supera con mucho el sueldo de un sacerdote en parroquia. Sería interesante saber con qué grado militar y sueldo se jubiló el anterior obispo castrense. No basta con decir que con los elevados sueldos percibidos por los capellanes y obispo castrense estos hacen obras de caridad o apostolado, cosa que no dudo, pero que tampoco es evidente para muchas personas. Es necesario ir al fondo de la cuestión y cuestionar la legitimidad ética y cristiana de esta configuración de los servicios religiosos en las Fuerzas Armadas, por más que, en la letra jurídica, sean constitucionales y legales. Algo habrá que cambiar. ¿No sería mejor que se adelantara la Iglesia a los cambios que, pronto o tarde se impondrán?

- Para avanzar en un nuevo modelo de asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas, preguntamos a los sacerdotes que integran el actual servicio de Asistencia Religiosa a las Fuerzas Armadas si la configuración en que ejercen su ministerio les parece la más idónea para ejercer su ministerio. ¿Es necesario que se les asimile a los diferentes grados de oficiales? ¿Qué justifica el ascenso, con o sin estrellas, para la realización del mismo ministerio pastoral? El ejército profesional tiene una configuración distinta del servicio militar obligatorio en lo referente a internamiento en los cuarteles, edad de los soldados, percepción económica, estabilidad, etc. Estas características piden una atención religiosa distinta en un marco vital distinto. ¿La mejor manera de atender al ejército profesional es el servido religioso que mantiene la Iglesia Católica? ¿No deberían ser Vds, los capellanes castrenses, más imaginativos, desprendidos y comprometidos para proponer algo distinto, mejor y con más aceptación por la sociedad? Hagan algún tipo de encuesta a los militares y a la ciudadanía en general para que puedan tener una apreciación más ajustada de lo que piensa el ciudadano medio de su presencia y actuación en los cuarteles. En la Encuesta Jóvenes 2002 se propuso a los jóvenes 12 profesiones para que las valoraran de 1 a 4 según el grado de utilidad de las mismas; las dos profesiones que recibían suspenso eran la de sacerdote y la de militar, y por este orden. Si se hubieran juntado las dos el suspenso hubiera sido mayor todavía. Son datos que dan que pensar si uno no vive de espalda a la realidad. A todos los comprometidos en la pastoral de la Iglesia nos gustaría conocer sus reflexiones valorativas sobre los proyectos pastorales que realizan, los retos que encuentran y las propuestas que hacen. En todo esto la defensa de su estatuto legal no el lo primero ni más importante; no tengan miedo en perderlo.

- El fondo del problema, repetimos una vez más, no es de orden jurídico o canónico, sino ético, que sea conforme a un estado no confesional y a la Iglesia surgida en el Concilio Vaticano II. Quien pretenda justificar el status actual de los capellanes castrenses aludiendo únicamente a los acuerdos entre la Santa Sede y el Estado Español no va al núcleo del problema. El anticlericalismo que padecemos viene, en buena medida, de la no correcta comprensión de los poderes públicos que tienen bastantes católicos, de la imagen de Iglesia que estamos dando y de la poca significatividad de la misión de la Iglesia en los diferentes ámbitos. Una vez más, es necesario comprender la sensibilidad del mundo actual, los signos de los tiempos y las características de una sociedad democrática para dar respuestas al hombre de hoy.

En uno de los boletines informativos del Arzobispado Castrense (octubre 2003) se dice que en los últimos años 67 capellanes han participado en misiones internacionales, y más de la mitad de ellos han asistido en tres, cuatro, cinco y seis misiones. Actualmente hay capellanes en Bosnia (1), Afganistán (1), Kosovo (2) e Irak (1); esos capellanes se renuevan cada seis meses. Se explica su misión diciendo que comparten trabajos y dificultades, realizan el ministerio pastoral como sacerdotes, reconfortan espiritualmente, hacen funciones de asistencia social y humana y “Por qué no decirlo?, comparten también la satisfacción del bien hecho a los demás y el verse instrumento eficaz a favor de la paz”. A esta enumeración, con la que estoy de acuerdo, falta añadir, si es así, que por estas misiones perciben las “retribuciones en casos particulares” a tenor de lo dispuesto en el Real Decreto 662/2001, del 22 de junio (capítulo IV, art. 17). Por comisiones en el extranjero los militares perciben unas cantidades que no es sencillo detallar exactamente, ya que es resultado de bastantes variables, como son entre otras: el país en el que se realiza la comisión, el empleo militar, el puesto que se va a ocupar en la comisión (por ejemplo, se cobra más si se va a un Cuartel General multinacional que si se va con Unidades españolas). A modo de ejemplo: un comandante en el año 2002 estuvo seis meses en Sarajevo, en el Cuartel General de la OTAN que mandaba las fuerzas desplegadas en Bosnia cobró entonces mensualmente, aparte de lo que recibía en España, casi 700 mil de las antiguas pesetas (unos 4.208 euros); además la comida y el alojamiento gratis. Siguiendo el mismo criterio reflejado en los apartados anteriores, conforme aumenta el empleo militar aumenta la retribución, y viceversa. Los militares que están en Afganistán cobran un poco más que los que están en Bosnia. ¿Qué cantidades perciben los sacerdotes castrenses, con estrellas o asimilados, cuando van al extranjero? Si son las anteriormente descritas para un sacerdote célibe por el reino de Dios, no está nada mal las percepciones económicas suplementarias del personal militar o asimilado que participe o coopere en operaciones de mantenimiento de la paz, humanitarias o de evacuación de personas en el extranjero. ¿Cuántos sacerdotes, religiosos, religiosas, matrimonios y laicos, en sitios difíciles y complicados, de manera permanente, o varios meses al año, están dándolo todo, corriendo con sus gastos e incluso aportando dinero? Una vez más, conviene que los capellanes castrenses estén en un encuadre jurídico donde la gratuidad evangélica con los más necesitados la puedan ejercer más y mejor. ¿No es un contrasentido, desde el punto de vista vocacional cristiano, recibir un sobresueldo por ayudar a los más necesitados? Este tipo de cosas explica que los jóvenes, según la encuesta del 2002, valoren más como “muy útil” a uno que colabora en una ONG (57%) que a un sacerdote (15,8%).

- ¿Por qué los militares que sean católicos no pueden acudir a sus respectivas parroquias para compartir y celebrar la fe como hacen los que no están impedidos (enfermos) o privados de libertad (presos). La situación actual supone un privilegio innecesario, tanto para los que prestan los servicios religiosos como para los que de ellos se benefician. Si hay situaciones en que las Fuerzas Armadas necesitan una atención religiosa, atiéndase por parte de los poderes públicos y de la Iglesia, sin que suponga personas con integración y dedicación total a las Fuerzas Armadas. Con realismo habría que ver qué tiempo real es el que los capellanes castrenses dedican a la prestación de servicios religiosos, no a cumplir un horario estando en el puesto de trabajo. La situación actual de los capellanes castrenses es difícilmente comprensible y justificable por la mayoría de los ciudadanos de este país y de no pocos católicos comprometidos. Además, no olviden los capellanes castrenses que sus salarios, complementos y otras gratificaciones salen de los presupuestos del Estado recaudados con los impuestos que pagamos todos los ciudadanos en un país donde el 90% se declara católico y sólo el 35% pone la cruz para destinar el 0,5239% en la Declaración de la Renta a la Iglesia Católica ¿No sería más acorde con la situación actual que los capellanes y el obispo castrense renunciaran a semejantes prestaciones? La situación y percepciones económicas de los sacerdotes en las parroquias son una referencia para configurar la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas con las adaptaciones necesarias. “La condición eclesiástica del capellán es la del párroco personal de las unidades, centro o ámbitos de las Fuerzas Armadas que el Arzobispo propone” (Actualidad Informativa, Arzobispado Castrense, 30 de octubre de 2003). Ya sabemos que el párroco tiene que estar con el pueblo de Dios a él confiado; en el caso de los capellanes castrenses todos los militares, pero muy especialmente los soldados profesionales, que son mayoría. Cuanto más se iguales a ellos, en cercanía, grados y percepciones económicas, tanto más significativa será su misión. El pegarse a las ubres del Estado y mantener la “mamandurria” es lo más fácil, pero no lo más justo y evangélico; por este camino, los capellanes castrenses recibirán muchos interrogantes y no pocos desprecios. Estamos en buen momento para revisar los acuerdos firmados entre la Santa Sede y el Estado Español; un paso importante es que la Iglesia asuma como propia el hecho de su propia autofinanciación y de pasos en una nueva configuración del Servicio Religioso a las Fuerzas Armadas. Estamos en tiempos de escucha y de discernimiento para repensar lo que tenemos y hacer nuevas propuestas de cara al futuro próximo; en ello la Iglesia Católica se juega buena parte de su credibilidad en la sociedad española.

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A PROPÓSITO DE LA PRESENCIA DE LA IGLESIA EN LAS FUERZAS ARMADAS

LUIS NARVARTE
MADRID.

ECLESALIA, 16/05/05.- Con frecuencia me he preguntado principales motivos que llevan a algunos sacerdotes a prestar sus servicios en las Fuerzas Armadas como capellanes castrenses. El caso de los capellanes de instituciones penitenciarias y de hospitales siempre me ha resultado mucho más claro en las motivaciones y la configuración de su servicio; además están con personas muy necesitadas y privadas de libertad de movimientos que necesitan mucho apoyo, especialmente, de sus familias.

La reflexión que expongo a continuación me la ha suscitado el nombramiento, hace unos meses, del nuevo arzobispo castrense, Monseñor Francisco Pérez González. Al escuchar esta noticia recordé algo que leí en un boletín informativo de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas en 1997; el título del artículo era “¿No saben leer las señales del cielo?” (A propósito del ascenso a General del Señor Arzobispo).Se referían al arzobispo de San Salvador. Archivé este artículo, así como los comentarios de teólogos y comunidades ante tal acontecimiento. En alguna nota de prensa española creo haber leído que el nombramiento del nuevo arzobispo castrense le “asimilaba” a general de brigada. Si es cierta esta noticia, no logro entender el alcance del término “asimilación”; como no tenía a nadie entendido en estos temas para que me clarificara las ideas, investigué algunas cosas por mi cuenta. Me imagino que una institución tan jerarquizada como el ejército procurará que todos sus miembros estén bien clasificados de una u otra manera. La asimilación a un grado militar propio de los oficiales generales del grupo A, supone que no se es militar; pero no sabía si la asimilación conllevaba los honores, distinciones y percepciones económicas (sueldo más complementos) propias del grado y empleo al que la persona ha sido asimilado. Este hecho me ha llevado, como católico convencido y comprometido, a reflexionar sobre el fundamento y configuración de la Asistencia Religiosa a las Fuerzas Armadas según la Constitución y la Ley Orgánica de Libertad Religiosa. El problema que veo no está en la fundamentación de la atención religiosa a las Fuerzas Armadas por parte de la Iglesia Católica, sino al modo como se ha ido configurando en el pasado y en el presente. Un segundo motivo para pensar en este tema reside en algunos artículos aparecidos en los últimos meses en que se aborda de manera crítica y cuestionadora las ayudas que el Estado, de uno u otro modo, da a la Iglesia Católica para desarrollar los cometidos que le son propios, las acusaciones de laicismo al gobierno socialista y la movilización eclesial para defender algunas cuestiones. En varios de estos artículos se mete en el mismo saco a los capellanes de hospitales, cárceles y castrenses; como dije antes, la configuración del servicio religioso católico en hospitales y centros penitenciarios está mejor conseguida que la que se realiza en ámbitos castrenses. Me centraré, con el mejor de mis propósitos, en la configuración del servicio religioso a las Fuerzas Armadas.