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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

inquisiciones

ENTRE DOS INQUISICIONES*
JUAN MASIÁ, Universidad de Comillas
MADRID.

ECLESALIA, 13/01/06.- Se quejaba Unamuno del “odio teológico” y le dolía el “odio anti-teológico”, típicos del extremismo castellano. El primero atacaba desde el ala conservadora de los dogmatistas fanáticos, convirtiendo la fe en ideología. El segundo, desde las filas del cientificismo decimonónico, convirtiendo la ciencia una religión. Ambos prohibían pensar y no dejaban vivir.

También hoy, en nuestra sociedad e iglesia, cuesta la transición “del anatema al diálogo”. En los debates bioéticos, desentonan portavoces de “moralismo teológico” junto a los del “a-moralismo anti-teológico”.

La filosofía, en apuros entre “teólogos y científicos confesionales”, baila en la cuerda floja, entre la inquisición científica por la izquierda y la eclesiástica por la derecha, entre dogmatismos teológicos y exclusivismos científicos. Pero en foros sin crispación, la filosofía recupera un papel de puente y crítica, de recociliación y creatividad. Así es posible plantear la relación de bioética y religiones: 1) Las religiones se suman al diálogo interdisciplinar de la bioética, a la búsqueda común de criterios; pero sin arrogarse el dictar normas de moralidad a la sociedad civil, plural y democrática. 2) La Bioética se suma al diálogo interreligioso, ayudando a transformar modos de pensar y a revisar conclusiones a la luz de nuevos datos; pero sin imponer exclusivamente interpretaciones de sentido o perspectivas de valores sobre vida y muerte, dolor, salud o enfermedad. (Lo esxpuse en Bioética y Antropología, La gratitud responsable y Tertulias de Bioética). Pero habrá que evitar extravíos: a) El paternalismo moral o el fundamentalismo religioso, que convierten a la religión en ideología. B) El exclusivismo, que convierte a la tecnociencia en ideología.

La bioética reta a las religiones a tomar en serio ciencias y biotecnologías; perder el miedo a revisar radicalmente lo que se dice sobre comienzo y fin de la vida, sexualidad o manipulación biológica. Proponer datos y hacer pensar, pero sin imponer cosmovisiones.

La religiones pueden proponer (no imponer) horizontes de sentido y esperanza; mirar cara cara a la muerte, sin empeñarse en prolongar la vida; paliar el dolor, sin hacer un ídolo del sufrimiento; asumir el derecho de las personas a decidir el modo de recorrer el proceso de morir o de intervenir responsablemente en los procesos de nacer y en el tratamiento de la salud. Proponer valores, pero sin dictar normas.

Las religiones tomando en serio a las ciencias y la bioética contando con la aportación de las religiones (sin privilegiarlas ni excluirlas) conducen a una fecundación mutua. Pero cuando una persona o asociación, científica o religiosa, se hace sectaria, se oponen ciencias y religiones, convertidas en ideologías.

¿Qué decir de la teología católica y la relación entre biotecnologías y creencias? Pondré tres ejemplos de funcionamiento de esa relación: bueno, regular y malo, respectivamente.

1) En los debates sobre trasplantes de órganos y constatación neurológica de la muerte, dicha relación funcionó bastante bien. 2) En los debates sobre limitación del esfuerzo terapéutico, cuidados paliativos y situaciones excepcionales de acelerar el proceso de morir, dicha relación está funcionando de un modo medianamente regular. 3) En los debates sobre sexualidad, reproducción médicamente asistida, tecnologías de clonación y manipulación de pre-embriones, dicha relación está funcionando bastante mal.

¿Las causas? Entre otras, paradigmas de pensamiento anquilosados, a nivel teórico, e intereses de política eclesiástica, a nivel práctico; ambos condicionados por un componente psicológico de miedo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> *Resumen de la conferencia pronunciada el 21 de diciembre de 2005 en el ciclo sobre Bioética y Religiones organizado por la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, en la Universidad Carlos III de Madrid.

inquisiciones

ENTRE DOS INQUISICIONES*
JUAN MASIÁ, Universidad de Comillas
MADRID.

ECLESALIA, 13/01/06.- Se quejaba Unamuno del “odio teológico” y le dolía el “odio anti-teológico”, típicos del extremismo castellano. El primero atacaba desde el ala conservadora de los dogmatistas fanáticos, convirtiendo la fe en ideología. El segundo, desde las filas del cientificismo decimonónico, convirtiendo la ciencia una religión. Ambos prohibían pensar y no dejaban vivir.

También hoy, en nuestra sociedad e iglesia, cuesta la transición “del anatema al diálogo”. En los debates bioéticos, desentonan portavoces de “moralismo teológico” junto a los del “a-moralismo anti-teológico”.

La filosofía, en apuros entre “teólogos y científicos confesionales”, baila en la cuerda floja, entre la inquisición científica por la izquierda y la eclesiástica por la derecha, entre dogmatismos teológicos y exclusivismos científicos. Pero en foros sin crispación, la filosofía recupera un papel de puente y crítica, de recociliación y creatividad. Así es posible plantear la relación de bioética y religiones: 1) Las religiones se suman al diálogo interdisciplinar de la bioética, a la búsqueda común de criterios; pero sin arrogarse el dictar normas de moralidad a la sociedad civil, plural y democrática. 2) La Bioética se suma al diálogo interreligioso, ayudando a transformar modos de pensar y a revisar conclusiones a la luz de nuevos datos; pero sin imponer exclusivamente interpretaciones de sentido o perspectivas de valores sobre vida y muerte, dolor, salud o enfermedad. (Lo esxpuse en Bioética y Antropología, La gratitud responsable y Tertulias de Bioética). Pero habrá que evitar extravíos: a) El paternalismo moral o el fundamentalismo religioso, que convierten a la religión en ideología. B) El exclusivismo, que convierte a la tecnociencia en ideología.

La bioética reta a las religiones a tomar en serio ciencias y biotecnologías; perder el miedo a revisar radicalmente lo que se dice sobre comienzo y fin de la vida, sexualidad o manipulación biológica. Proponer datos y hacer pensar, pero sin imponer cosmovisiones.

La religiones pueden proponer (no imponer) horizontes de sentido y esperanza; mirar cara cara a la muerte, sin empeñarse en prolongar la vida; paliar el dolor, sin hacer un ídolo del sufrimiento; asumir el derecho de las personas a decidir el modo de recorrer el proceso de morir o de intervenir responsablemente en los procesos de nacer y en el tratamiento de la salud. Proponer valores, pero sin dictar normas.

Las religiones tomando en serio a las ciencias y la bioética contando con la aportación de las religiones (sin privilegiarlas ni excluirlas) conducen a una fecundación mutua. Pero cuando una persona o asociación, científica o religiosa, se hace sectaria, se oponen ciencias y religiones, convertidas en ideologías.

¿Qué decir de la teología católica y la relación entre biotecnologías y creencias? Pondré tres ejemplos de funcionamiento de esa relación: bueno, regular y malo, respectivamente.

1) En los debates sobre trasplantes de órganos y constatación neurológica de la muerte, dicha relación funcionó bastante bien. 2) En los debates sobre limitación del esfuerzo terapéutico, cuidados paliativos y situaciones excepcionales de acelerar el proceso de morir, dicha relación está funcionando de un modo medianamente regular. 3) En los debates sobre sexualidad, reproducción médicamente asistida, tecnologías de clonación y manipulación de pre-embriones, dicha relación está funcionando bastante mal.

¿Las causas? Entre otras, paradigmas de pensamiento anquilosados, a nivel teórico, e intereses de política eclesiástica, a nivel práctico; ambos condicionados por un componente psicológico de miedo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> *Resumen de la conferencia pronunciada el 21 de diciembre de 2005 en el ciclo sobre Bioética y Religiones organizado por la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, en la Universidad Carlos III de Madrid.

inquisiciones

ENTRE DOS INQUISICIONES*

JUAN MASIÁ, Universidad de Comillas

MADRID.

ECLESALIA, 13/01/06.- Se quejaba Unamuno del “odio teológico” y le dolía el “odio anti-teológico”, típicos del extremismo castellano. El primero atacaba desde el ala conservadora de los dogmatistas fanáticos, convirtiendo la fe en ideología. El segundo, desde las filas del cientificismo decimonónico, convirtiendo la ciencia una religión. Ambos prohibían pensar y no dejaban vivir.

También hoy, en nuestra sociedad e iglesia, cuesta la transición “del anatema al diálogo”. En los debates bioéticos, desentonan portavoces de “moralismo teológico” junto a los del “a-moralismo anti-teológico”.

La filosofía, en apuros entre “teólogos y científicos confesionales”, baila en la cuerda floja, entre la inquisición científica por la izquierda y la eclesiástica por la derecha, entre dogmatismos teológicos y exclusivismos científicos. Pero en foros sin crispación, la filosofía recupera un papel de puente y crítica, de recociliación y creatividad. Así es posible plantear la relación de bioética y religiones: 1) Las religiones se suman al diálogo interdisciplinar de la bioética, a la búsqueda común de criterios; pero sin arrogarse el dictar normas de moralidad a la sociedad civil, plural y democrática. 2) La Bioética se suma al diálogo interreligioso, ayudando a transformar modos de pensar y a revisar conclusiones a la luz de nuevos datos; pero sin imponer exclusivamente interpretaciones de sentido o perspectivas de valores sobre vida y muerte, dolor, salud o enfermedad. (Lo esxpuse en Bioética y Antropología, La gratitud responsable y Tertulias de Bioética). Pero habrá que evitar extravíos: a) El paternalismo moral o el fundamentalismo religioso, que convierten a la religión en ideología. B) El exclusivismo, que convierte a la tecnociencia en ideología.

La bioética reta a las religiones a tomar en serio ciencias y biotecnologías; perder el miedo a revisar radicalmente lo que se dice sobre comienzo y fin de la vida, sexualidad o manipulación biológica. Proponer datos y hacer pensar, pero sin imponer cosmovisiones.

La religiones pueden proponer (no imponer) horizontes de sentido y esperanza; mirar cara cara a la muerte, sin empeñarse en prolongar la vida; paliar el dolor, sin hacer un ídolo del sufrimiento; asumir el derecho de las personas a decidir el modo de recorrer el proceso de morir o de intervenir responsablemente en los procesos de nacer y en el tratamiento de la salud. Proponer valores, pero sin dictar normas.

Las religiones tomando en serio a las ciencias y la bioética contando con la aportación de las religiones (sin privilegiarlas ni excluirlas) conducen a una fecundación mutua. Pero cuando una persona o asociación, científica o religiosa, se hace sectaria, se oponen ciencias y religiones, convertidas en ideologías.

¿Qué decir de la teología católica y la relación entre biotecnologías y creencias? Pondré tres ejemplos de funcionamiento de esa relación: bueno, regular y malo, respectivamente.

1) En los debates sobre trasplantes de órganos y constatación neurológica de la muerte, dicha relación funcionó bastante bien. 2) En los debates sobre limitación del esfuerzo terapéutico, cuidados paliativos y situaciones excepcionales de acelerar el proceso de morir, dicha relación está funcionando de un modo medianamente regular. 3) En los debates sobre sexualidad, reproducción médicamente asistida, tecnologías de clonación y manipulación de pre-embriones, dicha relación está funcionando bastante mal.

¿Las causas? Entre otras, paradigmas de pensamiento anquilosados, a nivel teórico, e intereses de política eclesiástica, a nivel práctico; ambos condicionados por un componente psicológico de miedo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*Resumen de la conferencia pronunciada el 21 de diciembre de 2005 en el ciclo sobre Bioética y Religiones organizado por la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, en la Universidad Carlos III de Madrid.

enseguida estamos...

jon cortina

jon cortina

JON CORTINA DEJA HUELLA EN EL SALVADOR
IOSU PERALES, escritor y miembro de PTM - mundubat

ECLESALIA, 12/01/06.- En los pueblos de la mon­taña salvadoreña, en Chalatenango, en Las Vueltas, en San José Las Flores, allí donde aún permanecen vivas y dolientes las cicatrices que dejara la gue­rra civil (1980-1992) la sola mención del nombre de Jon - Cortina abría puertas y propor­cionaba amparo.

Los campesinos de la zona tienen buena memoria. Han de tenerla si quieren recordar los nombres de todos los familiares y amigos muertos y mutilados por el Ejército y los paramilita­res durante la guerra. Es por eso que no olvidan que, en los años de plomo y sangre, Jon Cortina no se refugió en la capi­tal y a diario se desplazaba con su todoterreno por las aldeas proporcionando auxilio espiri­tual y humano. Ayudando sin complejos a la castigada pobla­ción civil, diciendo misa sí, pe­ro también llevando medicinas, transportando heridos, constru­yendo pozos...

El Ejército le tuvo en la lista negra durante mucho tiempo pero el destino quiso que de una forma u otra sobreviviera a los, al menos, tres atentados di­rectos que padeció.

Jon reconocía que uno de sus momentos vitales más duros había sido el asesinato a manos del Ejército salvadoreño de sus compañeros jesuitas la noche del 17 de noviembre de 1989. Aquella salvajada puso a prue­ba la determinación de Jon, quien finalmente decidió que continuar con su labor pastoral y humana era la forma de ayu­da más eficaz que podía prestar al pueblo salvadoreño.

Los campesinos de Guarjila, en plena sierra, le construyeron una casa en la cima de una coli­na desde la que se domina una amplia panorámica de una de las tierras más exuberantes y atormentadas de Centroaméri­ca. Los fines de semana, y coin­cidiendo con su llegada, la casa se llenaba de gente que acompañaba a Jon en su descanso. Su jardinero, Avelino, un ex guerrillero de ojos de niño, dientes de oro y manos de oso, le echaba una mano con las or­quídeas del jardín y contaba, paternal, al que quería oírle los mil y un despistes diarios que Jon tenía en aquel hogar.

PRO BUSQUEDA

La actividad diaria de Jon era frenética. Después de dar clase de ingeniería en la Universidad Centro Americana de El Salva­dor dirigía Pro búsqueda, un proyecto que buscaba reunir a las familias salvadoreñas sepa­radas por la guerra. Pro bús­queda era su gran ilusión y también su mayor preocupa­ción. Cada vez que un niño desaparecido tenía ocasión de vol­ver a ver a sus padres, Jon y su numeroso y variopinto equipo sentían que su trabajo merecía la pena. Sin embargo, Jon sabía que su trabajo molestaba, y mu­cho, a sectores importantes del país. La búsqueda de los niños desaparecidos destapaba co­rrupciones y negligencias gra­ves a todos los niveles. Jon no descartaba que él mismo, o más probablemente alguien de su equipo, sufriera un atentado, y ése era su gran desvelo.

Jon era, ante todo, un hombre con las ideas claras y nunca se esforzó en ocultarlas. No comprendía la vuelta a la ortodoxia de una Iglesia Católica encabe­zada por Ratzinger, más preo­cupada por las formas que por los problemas tangibles del mundo, y lo decía. La indigna­ción en algunos temas había de­jado paso a una ironía abierta.

El hecho de que el asesinado Monseñor Romero ni siquiera estuviera en camino de la beati­ficación le provocaba una abierta sonrisa. Tampoco asu­mía que el papel del país al que tanto quiso se redujera a pro­porcionar mano de obra barata al gigante del norte. Denuncia­ba que la violencia de las pandi­llas deja más muertos ahora en las calles de San Salvador que en los años de la guerra civil y afirmaba que ese dato y sus te­rribles consecuencias ya no im­portaban a nadie. Con la excep­ción, quizá, de su íntimo amigo el teólogo Jon Sobrino, poca gente conocía como él la reali­dad social de El Salvador.

La clarividencia de sus análi­sis era tan certera como demo­ledora. «Una vez que concluyó la guerra de forma oficial, El Salvador -decía- dejó de ser noticia. De vez en cuando un te­rremoto, un huracán o una inundación nos hacen salir en la televisión. Nos dedican un par de minutos intercalados entre anuncios y hasta otra».

Dotado de una mente científi­ca y analítica pero con una sóli­da formación humanística, Jon pregonaba que la salvación de El Salvador sólo podía llegar de la mano de profundos cambios estructurales en materia de educación, sanidad, investiga­ción y desarrollo. Cambios necesarios que él afirmaba no ver por ninguna parte.

En su pequeño despacho de la universidad, allí donde alumnos y visitas entraban con una mez­cla de familiaridad y respeto, allí donde colgaba un póster con la silueta del Guggenheim y un banderín del Athletic de Bilbao, en ese reducido espacio atestado de libros donde el telé­fono sonaba sin interrupción solicitando su presencia en con­ferencias o su supervisión de una tesis doctoral, allí, Jon Cor­tina, el ex fumador empederni­do y no resignado, hablaba con franqueza del mundo que lo ro­deaba.

Afirmaba que la unión adua­nera y comercial de El Salva­dor con Estados Unidos conver­tiría a este pequeño país centroamericano en un peón sin futuro, con los muy ricos cada vez más ricos y con los po­bres convertidos en parias.

Pese a tan negros designios para el futuro de su país de adopción, Jon Cortina fue siem­pre un hombre esperanzado. «La esperanza -sostenía- es re­volucionaria. Desestabiliza el sistema. Mientras haya gente que lucha hay motivos para la esperanza».

CONDENA AL ESTADO

Hace pocos meses Jon recibió una noticia feliz y trascenden­te. El Tribunal de Justica Inte­ramericano condenaba al Esta­do salvadoreño por violación flagrante de los derechos hu­manos en la guerra civil. El alto tribunal apoyaba también la creación de una comisión que investigara el paradero de los cientos de niños desaparecidos durante el conflicto. Cortina creía que esta sentencia favora­ble pudiera ser un primer paso para el esclarecimiento de los casos y la delimitación de las responsabilidades.

La muerte le llegó en plena actividad, pronunciando una conferencia relacionada con Pro búsqueda.

A Jon Cortina le sobrevive el testimonio ejemplar de su vida, el recuerdo de quienes le trata­ron y el proyecto ambicioso de juntar a las familias separadas por la guerra. Un proyecto que él inició y que trascendiendo su propia vida otros habrán de continuar en beneficio de la dignidad humana. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


enseguida estamos...

ayer y hoy

ayer y hoy

LA UTOPÍA AYER Y HOY
JUAN DE DIOS REGORDÁN DOMÍNGUEZ
ALGEZIRAS (CADIZ).

ECLESALIA, 11/01/06.- Un amigo me decía hace unos días: “al escucharte se puede pensar que eres un utópico”. Mi respuesta no se hizo esperar: “Me encanta que me puedan considerar utópico porque la utopía da origen y favorece la ilusión y las ganas de encontrarle sentido a la vida”. Me vino a la mente la imagen de los Reyes Magos (Mt.2). Después de la Navidad viene la Epifanía, el Día de Reyes. La ilusión se palpa y los sentimientos de agradecimiento también se repiten.

Sin embargo, los que tienen “el poder” se inquietan ante la simple luz de un Niño. Ellos no quieren inclinarse ante la humilde realidad. “Cuando los oyó el rey Herodes, se turbó, y todo Jerusalén con él. Entonces reuniendo a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, indagó de ellos dónde había de nacer el Cristo”. Pero tú, Belén, pueblo pequeño y humilde, no temas a los que te rodean de muros para ahogarte. De los humildes vendrán los cambios que necesitan nuestra sociedad. Ahí está el reto.

“Entonces -y ahora- Herodes llamó (y llama) a los Magos en secreto y se cercioró con ellos del tiempo en que había aparecido la estrella. Y enviándolos a Belén, dijo: “Id y buscad con diligencia al niño”; y cuando le encontréis, avisadme para que yo también vaya y le adore”. Pero en boca de Herodes, ayer y ahora, la religión es una hipocresía. Es fácil la manipulación. Sólo los humildes, los que buscan apasionados por la utopía, tienen limpio el corazón para “buscar y adorar”.

“Ellos, después de oír al rey, se marcharon, y la estrella, que habían visto en Oriente, iba delante de ellos hasta que llegó y se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella experimentaron una grandísima alegría”. También en ocasiones, cuando las cosas se hacen difíciles en los momentos actuales, si miramos al Cielo, incluso en las noches más oscuras, encontraremos una “estrella” que nos guíe hacia el “Niño” que todos llevamos dentro.

“Entraron en la casa y vieron al Niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron”. Le ofrecieron oro como Rey, incienso como Dios y mirra como Hombre. Estos Magos muy bien pueden representar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. La pregunta interior vendría a plantearnos qué ofrecemos cada uno de nosotros. Pero no una vez al año, sino cada día y a las personas que nos rodean.

“Luego, habiendo sido avisados en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su país por otro camino”. Belén transformó a los Magos en hombres Nuevos. La verdadera oración les cambió para regresar a la realidad de la vida sin hacer daño. Hoy ir hacia el Niño es andar por caminos de sencillez. Es ponerse en fila, como un pecador más, para ser purificado en la carne mortal y transformar a la humanidad en divinidad.

En la adoración de los Magos, en la Epifanía, en la ilusión de los niños y de las utopías de muchos se manifiesta la grandeza de Dios en estos días y en esta época. Sólo las grandes personas, zambullidas en la realidad humilde de la vida, son capaces de lanzarse hacia los grandes ideales. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

hoy

SI JESÚS HUBIERA NACIDO HOY
ÁNGEL OLARAN
ETIOPÍA.

ECLESALIA, 10/01/06.- Si Jesús hubiera nacido hoy, y de una madre pobre, embarazada siendo soltera, en uno de los millones de “portales” del mundo, ¡qué mal lo hubiera tenido!. Y peor aun, si este 25 de diciembre hubiera nacido en Níger. ¿Llegaría a los 5 años de edad? ¿Hubiera podido ir a la escuela, tener un techo que lo identificara entre sus vecinos de barrio? ¿O hubiera sido la calle su casa?

Igual con mucha suerte, hubiera sobrevivido, y entonces hubiese tenido muchas probabilidades de pertenecer al grupo de los millones de niños que son explotados sin escrúpulos por empresarios honestos que posiblemente celebraran la Navidad con el respeto que la ocasión solicita, quizás besando con devoción la rodilla infantil de Niño al final de la Eucaristía.

¿Le hubieran abierto las fronteras si sus padres hubieran tenido que emigrar? ¿O hubiera sido de los “sinpapeles”?

Pero con toda seguridad, ya desde su nacimiento se encontraría “protegido” por cientos de decretos y documentos asegurándole que como niño sólo tiene derechos; que como niño la comida, la escuela, la sanidad, el techo, la dignidad… las tiene aseguradas, Derechos Humanos que son suyos solo por nacer ¿Lo llegarán a saber los niños del Níger?

Y nuestro Niño Jesús de hoy seguiría preguntando ¿cómo es posible que no se materialice mínimamente tanto derecho? El Niño se extrañaría de tanta falsedad política, social, económica, religiosa. Preguntaría a los poderosos si creen alimentarlo por el solo hecho de haber producido otro documento inteligente, o rezado a Dios para que no los olvide.

Y les preguntaría que por qué han consentido que su madre, y millones de madres, sin el más mínimo deseo ni cariño, se haya tenido que acostar con su padre que, además de abandonarla y dejarla embarazada de el-ella, le ha infectado con un virus mortal. ¡Cuánto “sanjosé” deshumanizado! Y les hablaría de sus 1.600 amiguitos huérfanos en Wukro (Etiopía), por ejemplo, productos del SIDA y la tuberculosis.

Como niño hubiera agradecido a los millones de personas que han defendido su derecho a nacer, pero a la vez les hubiera preguntado qué están haciendo por esa vida que han protegido desde antes de su gestación hasta el nacimiento. Les hubiera recordado que el haber nacido exige unos mínimos de dignidad humana. El “Sí a la Vida”, exige un compromiso con cada Vida concreta. Lo contrario conlleva una falsedad muy fea, por no decir grotesca.

¿Sabes, pobre Niño? Si hubieras sido una vaca, como la del portal de Belén, y estuvieras en Europa, tendrías un subsidio de 2 dólares. Pero tuviste la mala suerte de nacer niño-niña, por esos mundos de Dios, y de entrada perteneces al grupo de los 30.000 niños/as que mueren diariamente porque a penas te llegan unos céntimos de todo lo que necesita una vaca. Por otra parte, tienes que comprenderlo: ¡se necesita tanto dinero para enterrar a nuestros hijos entre juguetes, curarles de su obesidad, no negarles sus caprichos más imbéciles...! Gracias, se que me entiendes mejor que mis mal criados hijos. Y quizás el Niño inocentemente respondería que también tenemos gestos hacia ellos y que les mandamos costosos juguetes que los chicos un poco mayores utilizan en juegos de guerras. Les llamáis armas.

¿Te imaginas la reacción de todos nosotros si un grupo humano declarara que va a matar, sin más, 30.000 niñas/os al año? Los perseguiríamos a muerte. Pero por suerte para ti, no existe esa gente tan mala. El ejemplo de los otros 30.000 tampoco tiene que preocuparte, se trata de gente buena.

Os deseo que, desde el ángulo que la celebréis, desde el sentido que este hecho del nacimiento de Jesús tenga, o no tenga para vosotros, os deis la oportunidad de haceros mejores personas, de comprometeros mas con el niño pobre, mal-alimentado, deshumanizado.

Os deseo eso que puede haceros felices. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).