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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

así son

ASÍ SON LAS COSAS…
JUAN DE DIOS REGORDÁN DOMÍNGUEZ
ALGECIRAS (CÁDIZ).

ECLESALIA.- Después de una guerra, los vencedores suelen tener prisa por quitar todos los signos que reflejen el poder anterior. Es difícil mantener el equilibrio para saber valorar las huellas positivas que cada momento histórico. Algo parecido pasa también cuando un partido político gana las elecciones. Les cuesta respetar las acciones y decisiones que se hacían desde otras esferas ideológicas. No obstante, las cosas son ahora como son porque son hijas de una historia y de unos acontecimientos que queramos o no han sucedido. Es difícil imaginar cómo sería el mundo actual, por ejemplo, sin la existencia del cristianismo, en lo negativo y en lo positivo que esta religión ha aportado. El mundo sería distinto sin el cristianismo, pero es imposible saber si mejor o peor. Es evidente que muchas de las culturas y literaturas no habrían llegado a nosotros.

La Iglesia, con sus fallos, sus cismas, sus contradicciones, sigue viva y en pie y aportando mucho positivo a la historia. Por ello, cuando se pretende relegar la religión a la esfera privada se perjudica a la sociedad, ya que muchas instituciones sociales y civiles se empobrecen cuando la legislación, al violar la libertad religiosa, favorecen y promueven la indiferencia religiosa, justificándolo con una comprensión errónea de la tolerancia. Por el contrario, cuando se valoran las tradiciones religiosas con las que muchas personas se identifican, los ciudadanos en general se benefician. El respeto de toda expresión religiosa es un medio eficaz para garantizar la identidad, la seguridad y la estabilidad en el ámbito familiar, en los pueblos y naciones en el siglo XXI.

Jesús de Nazaret rompió muchos tabúes de su tiempo y fue condenado a muerte de cruz por el simple pecado de haber provocado, con sus utopías libertarias, a los dos grandes poderes de su época: el religioso y el político. Se enfrentó a la “institución” y se convirtió en Cristo. Entonces y ahora, la institucionalización es miedo al riesgo, al viento contrario, miedo al fracaso, a perder privilegios, miedo a aceptar a los otros, miedo a la libertad y responsabilidad. Hoy, al menos en ciertos ambientes, resulta difícil aceptar que Jesús, el rostro que nosotros podemos ver de Dios, es un hombre cualquiera, uno de tantos. Quizá sea fácil verle haciendo milagros o andando por encima de las aguas del mar. Pero resulta difícil imaginarlo sudando por los caminos de Palestina, participando de la alegría de una boda o apasionado en la defensa de la justicia y en la denuncia de los abusos de los poderosos y el cinismo de los sumos sacerdotes.

Se mostró firme y enérgico en ocasiones, débil y tierno en otras, sintiendo angustia ante la soledad y miedo ante la muerte, pero siempre dando un paso adelante. Pisó su miedo, hizo que venciera la fuerza del amor. Se mordió los labios para no gritar ante la incomprensión y gritó de dolor cuando lo clavaron en la cruz y enseguida perdonó a los que lo clavaron. Él rompió moldes. En nuestra época, algunos, a quiénes tal vez les gustaría ocupar el puesto de Dios, procuran disimular que se hizo presente en el hombre y en el ser humano sigue presente. Para hacer un mundo nuevo hace falta mucha fe, mucho poder creativo, ilusión y ensueño. No es cuestión de medallas sino de corazón y dolor en las entrañas. A pesar de las dificultades, no tenemos derecho a tirar la toalla; hay que morir con las botas puestas. Así hacemos historia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

securalización

SECULARIZACION
JUAN LUIS HERRERO DEL POZO, herrero.pozo@telefonica.net
LOGROÑO (LA RIOJA).

ECLESALIA, 04/10/05.- Ya no es algún que otro sacerdote que cuelga los hábitos (dicen que entre 60 y 80 mil hasta ahora en el mundo), son todos los efectivos de la casta sacerdotal los que acabarán trasvasados al laicado. Si bien se mira, no es pérdida sino ganancia. Me encontraba en Nicaragua cuando me enteré de que Leonardo Boff se había secularizado y escribí en la prensa de Managua “Leonardo Boff recuperado para el laicado”; de esto hace ya trece años y recuerdo que lo de “recuperado” escandalizó, como es lógico a más de uno. Este fenómeno de adelgazamiento de la clerecía y trasvase al laicado que es una de las formas de la secularización que se inició en la Ilustración, espanta a la institución eclesial, libera el buen metal de la ganga en el crisol, alivia de traumas muchas conciencias clericales, sanea el mundo de lo religioso, y anuncia un retorno a la limpieza del evangelio de Jesús. Visto así, no es de preocupar –por hablar a lo antiguo- que el Espíritu Santo no suscite vocaciones salvo en psicologías débiles necesitadas de invernaderos conservadores. (El caso de la vocación contemplativa merecería otras consideraciones). Si los cristianos convencidos garantizáramos a los clérigos, tan poco preparados para lo civil, en general, un medio de vida independiente de la paga oficial (¡por fortuna muchos ya se liberaron de la “simonía” sacramental!), estaríamos ayudando a dar un paso de gigante al proceso desclerizador de la iglesia. Por eso muchos cristianos abogamos por el corte de suministros estatales a este modelo dispendioso e inútil de organización eclesial (no a sus obras sociales). Sin gestos rotundos de este estilo en el mundo cristiano, el vino nuevo de Jesús tiene odres viejos para rato. Por desgracia, nuestra atonía de creyentes, si no ya encefalograma plano, prefiere escudarse en la prudencia. Por estas y otras razones la desclerización, como parte de la secularización eclesial irá por partes y pasará por etapas variadas. Pero es sumamente importante atisbar los objetivos últimos (y tener clara la teología subyacente) para no perder de vista el carácter provisional de ciertas metas. Lo explico en un próximo libro.

Como por ejemplo la provisionalidad de las siguientes etapas: celibato opcional del clero, sacerdocio femenino y misas sin cura. Lo que no resta valor al denodado esfuerzo del Movimiento pro celibato opcional (MOCEOP), del “Somos Iglesia” y de los diversos cambios que van introduciendo muchas comunidades de la llamada Iglesia de Base.

La transformación de la época, en todos los ámbitos, es tan acelerada que, si no se está atento, puede ocurrir que cuando creemos alcanzar una meta…ya la hayamos superado. Sería absurdo tomar el ramal de un centro urbano si pretendemos ir más allá y existe una circunvalación. Que no se me malentienda. Soy consciente de simplificar: si apunto en el mapa adónde entiendo que debemos llegar, aparte de poder equivocarme, no me detengo ni en itinerarios ni en tiempos. Júzguense, pues, las presentes reflexiones desde un enfoque teológico alternativo del ‘ministerio ordenado’ o jerarquía eclesiástica o ‘casta sacerdotal’ (expresión para algunos tan definidora)... que subyace y que sólo apuntaré al final. Es tarea aventurada y no pretendo, en modo alguno, molestar a nadie ni imponer mi opinión. Simplemente la expongo con libertad porque la creo fundada y, pese a revuelos momentáneos, benéfica y fructífera para el futuro.

Como acabo de mencionar, en estos últimos tiempos suenan algunas reivindicaciones más específicas del pensamiento cristiano alternativo que están pidiendo paso cual mascarones de proa. Se pide al Papa –cuello de botella en el cambio puesto que todo, dicen, ha de pasar por él- que acabe cediendo al clamor de las bases y concediendo la libertad del celibato en los sacerdotes y el acceso de la mujer al ministerio ordenado. Lo que ya pocos nos atrevemos a reclamar –aunque algunos lo practicamos tímidamente- es celebrar la eucaristía cuando falta el sacerdote. La cosa no es fácil y hay “progres” que hacen trampa: algunos sacerdotes secularizados que, por lo tanto, no pueden oficiar lícitamente sin supuesto pecado grave, viven una penosa ambigüedad. Celebran misa con buen criterio por el bien de la comunidad que se lo solicita, mas, al mismo tiempo, sienten que no pueden dejar que oficie otro no ordenado si ha de haber “consagración” que para algunos de sus fieles es imprescindible para que baje Jesús al altar. Es decir, con tal de garantizar la consagración muchos no ponen reparo en que celebre un secularizado. Aunque a otros les frena que se entere el obispo y sancione al capellán titular de la comunidad.

Estos tres casos constituyen precisamente un ejemplo de cómo la falta de objetivos claros induce a perseguir metas intermedias falsas. Celibato opcional, ordenación de mujeres y misas a medias (sólo con un diácono o con hostias pre-consagradas) son, para algunos, una necesidad para obviar la creciente escasez de clero. Mientras que para otros éste sería el efecto benéfico de una legislación obsoleta: la desaparición del poder sagrado o jerarquía. De tal modo que el hecho de consolidar las tres metas mencionadas sólo serviría a prolongar la crisis de la iglesia. Así, pongo por caso, si yo volviera al año 71 no pediría exclusivamente la dispensa del celibato, como explícitamente formulé en la carta al Papa, sino lo que en cualquier caso me iban a imponer, la baja en mi oficio. En otro de los ejemplos, si hoy una señora devota y progre me pidiera consejo (pura ficción) para ordenarse de sacerdote le diría: No pierda el tiempo, señora, el tren ya ha salido y se encamina a una vía muerta. Y si mi comunidad cristiana se negara a celebrar misa sin cura ordenado (incluso aceptando a un secularizado), no faltarían quienes rememoraríamos, dentro de una verdadera comida, la ‘fracción del pan’ de Jesús, a guisa de liturgia o de paraliturgia. Digo paraliturgia para no violentar ninguna conciencia ni ofuscar al obispo (Pikaza).

Mas… ¡alto! Que no todo el personal está de acuerdo con lo de celebración paralitúrgica. Y miren por dónde, esta vez no por lo de si se asegura o no la ‘presencia real’. Al parecer, la razón es de mayor calado teológico aún: está en peligro la identidad y supervivencia del clero. Si el sacerdote para el bautizo no es necesario, si en las bodas es sólo testigo, si ya no confiesa y, ahora, puede haber misas sin él… ¿qué le queda al clero?

Si observamos de cerca, el punto clave es el clero: curas casados, señoras curas, misas sin cura… A bote pronto se me ocurren tres observaciones:

1.- Como en tantas ocasiones, no esperemos a que nos llegue de arriba algo que depende de abajo. Las comunidades son organismos vivos y no es preciso pedir permiso para vivir. Por otro lado ¿quién puede señalar en el devenir de la iglesia alguna nueva ley, o norma liberalizadora de algo, que no haya sido precedida por una costumbre anterior contra o praeter legem? La lengua popular en la liturgia, la comunión bajo las dos especies, o en la mano, la vestimenta civil en curas y religiosos, etc. De modo que lo quiera o no la jerarquía, acabará aceptando lo ahora inconcebible cuando haya prevalecido la costumbre contraria.

2.- Lo que vaticino en teoría es ya realidad práctica aunque todavía tímida y minoritaria. Los obispos saben de sobra que comienzan a proliferar curas casados o que viven en pareja. Y, al parecer, desvían la mirada para otro lado y sólo piden discreción. Últimamente han sido ordenadas como sacerdotes o sacerdotisas católicas unas cuantas señoras. En otras iglesias cristianas el hecho es ya normal; en la nuestra llegará a serlo por mucho que se resista la jerarquía; el movimiento es imparable. Sucederá como con la prohibición de los anticonceptivos que cualquiera los usa sin problema de conciencia. Me cuesta no sonreir imaginando a Pío IX, Pío X, Pío XII, Juan Pablo II o Benedicto XVI, entre muchos otros, echando una ojeada a la tierra desde el cielo de aquí a unos años. Si ello fuera posible en el cielo se morirían de la vergüenza contemplando el nulo efecto de sus esperpénticos argumentos contra las libertades modernas, la evolución de las especies, los anticonceptivos, los matrimonios homosexuales, las leyes de divorcio, el casamiento de los curas, la ordenación de mujeres, las misas sin cura, etc. La lista de despropósitos es interminable hacia atrás en la historia. Ello mismo, a medida que nos despierte el sentido común, impedirá que prosiga hacia adelante: el desprestigio de su magisterio tal vez les haga callar.

3.- Lo de la misa sin cura, por muy extraño que parezca, es lo que más va a propiciar los cambios de fondo. Estoy constatando que el fenómeno se extiende: se multiplican los casos de eucaristías presididas y animadas por curas casados y, más aún, por ‘simples’ laicos, ya sean varones, ya sean mujeres… Son hechos y contra los hechos no valen razones, contra facta nihil. Pero es que, además, los hechos son portadores de mucho significado.

4.- Es inútil que la jerarquía reaccione asegurando que tales comportamientos se sitúan fuera de la iglesia. Cada día son más quienes no le creen ni entienden justificados tales criterios sobre la pertenencia a la iglesia o sobre su unidad. No es inteligente, señores obispos, patalear contra el viento. Crece el número de seguidores de Jesús a quienes nos sobran todas las leyes y nos bastan Jesús y los hermanos.

5.- Decía que lo de las misas sin cura, a mi modesto entender, es lo más significativo de por dónde se van a superar los otros problemas y se van a dejar atrás las metas que hoy todavía perseguimos. Si ya no acudimos al ‘confesor’ y ahora dejamos de hacernos problemas en cuanto a esa necesidad de juntarnos entre hermanos para “la fracción del pan”, es decir, para el más bello gesto comunitario de compartir el alimento como símbolo de vida compartida (que en eso consiste la ‘presencia real’ de Jesús) ¿qué papel le queda a la jerarquía? Ya ha perdido el poder de dominación del pensamiento y de las conciencias: ¿cuántos cristianos leen documentos papales o pastorales episcopales? (Por cierto ¡menudo esperpento el reciente catecismo universal abreviado!) Pues bien, en cuanto pierdan el poder mágico sobre “el cuerpo y la sangre del Señor”, se habrá acabado el poder sagrado que eso significa jerarquía.

Todo llegará. Pero que nadie se alarme. Las comunidades cristianas, no menos -¡ni más!- que cualquier grupo humano es realidad viva pero articulada. Jesús rechazó cualquier tipo de poder (¿Lo de los jefes de las naciones? ¡Nada de eso entre vosotros!) San Pablo habló de carismas o aptitudes al servicio de la comunidad. Todos tenemos algo en qué servir a los demás. Por eso toda comunidad organiza sus coordinadores, escucha a sus mayores (sus presbíteros), envía a sus delegados a otras comunidades… y hasta llegará el día en que alguna buena persona, estilo Dalai Lama, en alguna modesta vivienda, simbolice la unión de todos losa cristianos. Pero de ahí a asegurar que la verdad y el poder de Dios, por revelación y disposición suya, se han materializado en un cuerpo de sacerdotes… hay un abismo. No cabe duda que poderes y jerarquías son algo muy en lo más negativo de la naturaleza humana pero el estamento jerárquico es el colmo de la perversión. Lo que representa el virus de la magia en la ideología religiosa, lo representa el estamento jerárquico en la organización: ambas realidades pervierten la médula misma del evangelio de Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Melilla y Ceuta

MELILLA Y CEUTA: MUERTOS POR BUSCAR LA VIDA
ESTEBAN TABARES, CCP-Sevilla, comunidad cristiana de "Palmete”, asociación “Sevilla Acoge”
SEVILLA.

ECLESALIA, 03/10/05.- Nos enseñaron un conocido refrán: “¿Quién le pone puertas al campo?” para expresar que hay situaciones que no se pueden controlar o limitar. Pero ese viejo refrán ya no vale, porque al campo le ponen todas las puertas que se quieran. Recordemos a los palestinos ante el inmenso muro de nueve metros de altura que divide el territorio en varios trozos e incomunica a poblaciones enteras. ¿Qué sentirán? A casi todos nos parece una injusta barbaridad. Sin embargo, llama menos la atención el doble muro –esta vez de alambradas de púas cortantes y tres metros de altura, que ahora están alzando hasta seis- que separa a Ceuta y Melilla de Marruecos. Un muro costeado en gran parte con dinero de la UE y legitimado políticamente porque frena la entrada clandestina de inmigrantes africanos. Y éstos, ¿qué sentirán?

En una ocasión visité el perímetro de doble vallado de Melilla. Me embargó la sensación de estar ante un campo de concentración y una lágrima de impotencia nubló mi vista. Allí se materializaba en toda su crudeza eso de la “Europa Fortaleza” y que quienes vivimos en la abundancia somos una isla en medio de un inmenso océano de necesidades. Esa valla y muchas otras nos ponen a salvo del asalto de los empobrecidos, que ahora se les denomina “menos favorecidos”, pues la palabra “pobre” hoy día suena mal y parece demagógica.

Al otro lado de la valla-frontera de Melilla y Ceuta acechan a la suerte varios cientos de africanos procedentes del Congo, Mali, Níger, Burkina... donde la guerra, la sequía, la inseguridad, la necesidad hacen insufrible la vida de las mayorías. Han viajado miles de kilómetros, atravesado el desierto, pagado sobornos y padecido mil abusos –especialmente las mujeres- para entrar finalmente en vía muerta: no pueden volver ni avanzar. Semiescondidos y refugiados en las colinas cercanas de la zona marroquí, malviven en condiciones indescriptibles. “Tengo envidia de los perros porque ellos tienen comida y nosotros no”, decía un inmigrante. Se están alzando y reforzando las vallas y la vigilancia. Además, con el frío del invierno vendrá lo peor: cómo cobijarse y abrigarse en medio del monte, sin nada de nada. De ahí los repetidos intentos que han protagonizado en las últimas semanas para saltar la dos vallas. No pueden esperar mucho más.

Ya han perdido la vida varias personas en el arriesgado salto, que realizan con la ayuda de precarias y frágiles escaleras hechas con ramas de pino o eucalipto y recios guantes en las manos para protegerse de la afilada alambrada que corona la valla metálica. Muertos, heridos, apaleados, hospitalizados, detenidos. Y seguirán más y más.

Al margen de los detalles y culpabilidades a esclarecer, las muertes están ahí. La cuestión de fondo es qué hacer para que no sucedan nunca más. Carlos Cano cantaba: “Si estuvieran abiertas todas las puertas / nadie las abriría con violencia / y habría paz / y habría amor / y el mundo estaría mejor”. Pero no, la orden es cerrarlas más aún. Nuestro Ministerio del Interior ha decidido acelerar los trámites para completar la elevación de la altura de la valla que marca la frontera y controlarla más fuertemente con la intervención ahora de nuestro ejército, como si de una invasión o una guerra se tratase. Por eso interviene el Ministerio de Defensa: los empobrecidos son “peligrosos”.

La inmigración actual en todo el mundo es un fenómeno muy complejo y no puede abordarse con un simple control de fronteras, ni sólo con admitir cupos de “mano de obra” que aquí necesitemos según cada campaña o momento económico. No hay soluciones simplistas ni a corto plazo. Abordar la inmigración como un problema de orden público es un camino sin salida. Dejarla en manos únicamente de la solidaridad de la buena gente es eludir la responsabilidad política de quienes fueron elegidos para hacer una sociedad más justa.

La inmigración plantea un hondo desafío a nuestro discurso sobe los derechos humanos y a nuestra ensalzada globalización económica. No hay verdadera universalidad de los derechos si éstos son únicamente para nosotros, los privilegiados. El discurso universalista es mera retórica si siguen fuera del mismo los empobrecidos y excluidos sociales por miles de millones. Lo acabamos de constatar en la última asamblea general de la ONU: pocos acuerdos se han anudado para combatir la pobreza en el mundo.

Es injusta y falsa la llamada globalización cuando ésta sólo a nosotros beneficia, mientras que el 85% de la Humanidad queda al margen y es excluida como “no solvente”, como población “excedente”. La inmigración viene a sacar a la luz las propias contradicciones internas de nuestro ensalzado modelo económico y social. Si no sabemos o no queremos resolverlas, la cuestión de la inmigración seguirá agudizándose como asignatura pendiente. Mientras tanto, nos quedamos tranquilos haciendo a las víctimas culpables de su situación insostenible; o protegiéndonos ilusamente contra sus intentos de llegar a este lado. ¿Hasta cuándo?"

hecho religioso

Título oficial de la Universidad de Alcalá de Henares
‘EXPERTO UNIVERSITARIO EN EL HECHO RELIGIOSO’
Una oportunidad de aprender con grandes maestros

FERE-Madrid, INSTITUTO DE ESTUDIOS MEDITERRÁNEOS Y DE EUROPA ORIENTAL y ESCUELA UNIVERSITARIA CARDENAL CISNEROS
MADRID.

ECLESALIA, 30/09/05.- Juan Martín Velasco, José María Mardones, Ana María Schlüter, Luis González-Carvajal, Ionel Mihalovici... Un buen número de reconocidos especialistas en diversas dimensiones del hecho religioso colaboran con la Universidad de Alcalá, la Escuela Universitaria Cardenal Cisneros y FERE-Madrid para ofrecer una nueva oportunidad de formación, urgente en el contexto de nuestra sociedad, cada vez más multicultural. La premisa de que conocer lo que piensa, vive y celebra el otro es un buen camino para la tolerancia y la convivencia, es una de las líneas-base de este curso, que quiere servir de base para iniciar una actitud dialogal en el mundo de las religiones.

En esta tarea de aprender a vivir en una sociedad plural los educadores tienen una misión fundamental. Ellos y ellas serán los que den los elementos a los niños y jóvenes para que sepan desarrollar esa sociedad. Todo ello exige una preparación que el curso proporciona.

Programa

Bloque 1º: El hecho religioso y la sociedad.
Bloque 2º: Panorámica de las religiones: Religiones abrahámicas (Judaísmo, Islam), Religiones antiguas (Egipto, Mesopotamia, clásicas); religiones orientales (budismo e hinduismo). El cristianismo frente a las religiones (bases del diálogo interreligioso).
Bloque 3º: Religión y modernidad.
Bloque 4º: Hecho religioso y educación.
Bloque 5º: Práctica y visitas a centros religiosos.

Profesorado

Juan Martín Velasco, Universidad Pontificia de Salamanca
Luis González-Carvajal, Universidad Comillas
José Mª Mardones Martínez, Investigador del Instituto de Filosofía del CSIC-Madrid
Enrique Gallud, Universidad Francisco de Vitoria.
Juan Masiá Clavel, Universidad de Sofía (Tokio) y Universidad P. de Comillas
Juan José Sánchez, UNED
Miguel García Baró, Universidad Comillas
Jacobo Israel, Federación de comunidades israelitas de España
Riay Tatari, Mezquita central de Madrid
Teófilo Moldován, Iglesia Otodoxa
Miguel Olaiz, Iglesia española reformada episcopal
Antonio Salas Ximelis, Universidad Pontificia de Comillas
Federico Pastor Ramos, Saint Louis University
Emilio Galindo Aguilar, Dto. del centro de e. árabes e islámicos Darek-Nyumba
Jaime Contreras Contreras, Catedrático UAH y Dtor. IEMEO
José María Pérez-Soba Díez del Corral, Escuela Universitaria Cardenal Cisneros
Ionel Mihalovici, Centro de Estudios Judeocristianos
Juan Ignacio Pulido Serrano, I. E. Mediterráneos y de Europa Oriental.
Equipo Pedagógico de FERE MADRID.

Datos

Lugar: Colegio Agustiniano. Madrid
Duración: 160 horas (110 h. teóricas, 20 h. prácticas, 30 h. trabajo personal).
Matrícula: 20 septiembre – 30 octubre 2005
Duración del curso: 26 de octubre de 2005 a mayo de 2006
Horario: Lunes y miércoles 18:00-21:00 y algún día de visita a centros religiosos

Matrícula: 550 €

La matrícula se puede dividir en dos pagos.
El precio de la matrícula ha sido reducido al 50% gracias a las becas previstas por los organizadores (Federación Española de Religiosos de Enseñanza Comunidad de Madrid, Instituto de Estudios Mediterráneos y de Europa Oriental, Escuela Universitaria Cardenal Cisneros) y a las editoriales colaboradoras (Anaya, Bruño, Edebé, SM, Everest).

Titulación

- Titulación oficial de 'EXPERTO UNIVERSITARIO EN EL HECHO RELIGIOSO', por la Universidad de Alcalá de Henares.
- Para profesores en activo: Certificación de créditos cursados por la Comunidad de Madrid.

Información, preinscripción y matrículas

Departamento Pedagógico de FERE MADRID
Hacienda de Pavones 5, 1º 28030 Madrid
Télefono: 91 328 80 00 ; Fax: 91 328 80 03
E-mail: miguel@feremadrid.com
Consultar: www.feremadrid.com

por luciani

por luciani

“SON LAS LÁGRIMAS DE LA MONTAÑA”
Dice el Señor a Sobna, mayordomo de palacio: -Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo (Is 22,19-21)
BRAULIO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA, 29/09/05.- Se cumplen 27 años de la muerte de Albino Luciani, el “Papa de la sonrisa”. De aquella madrugada del 29 de septiembre de 1978 cuando sor Vincenza, la primer testigo, encontró su cuerpo, aún tibio, sentado sobre la cama, iniciando una leve sonrisa, y con unos folios en la mano. Una muerte dulce, sin lucha, que no encajaba con la versión oficial: “infarto de miocardio”. La fatal noticia se anunciaba al mundo casi tres horas después. Sor Vincenza lamentaba: “no se ha redactado un verdadero certificado médico oficial sobre la verdadera causa mortis del Papa Luciani... como sin embargo se hizo con el Papa Juan y con Pablo VI”. Lo confesaba ante Camilo Bassotto, periodista, el amigo fiel de Luciani y “la principal fuente veneciana”. Él fue recogiendo el testimonio de la línea caliente de testigos que, con el tiempo, empezaron a hablar. “Un enfermo de corazón no escala montañas, como hacía el patriarca conmigo todos los años. Íbamos a Pietralba, cerca de Bolzano, y subíamos al Corno Bianco, desde los 1500 hasta los 2400 metros, a buena velocidad… Aquel verano del 78, con la muerte de Pablo VI, cambió su programa”, confesaba, años después, Mario Senigaglia, su secretario en Venecia. En 1998 el cardenal brasileño, Aloisio Lorsheider, tuvo el coraje de romper el silencio oficial: “Las sospechas siguen en nuestro corazón como una sombra amarga, como una pregunta a la que no se ha dado respuesta”.

Todo lo que rodea al papa Luciani es sorprendente, y misterioso. Pablo VI se quitó su estola papal para colocársela sobre los hombros. Sor Lucía, la vidente de Fátima, le auguró en su encuentro con el patriarca en Coimbra que él sería el próximo Papa pero que su pontificado sería breve. “Un hecho que me ha turbado durante un año… desde aquel día no he olvidado Fátima… Ahora la previsión de sor Lucía se ha verificado… Siento repugnancia por contar estas cosas… no he pensado nunca, y menos deseado, ser Papa”. Él mismo recalcó, misteriosamente, que su pontificado sería corto y que le sucedería “el papa extranjero”, “el que estaba sentado junto a mí en el cónclave”. Era el cardenal Wojtyla (el candidato del Secretario de Estado, Villot, del sector conservador de la Curia, y del Opus). Una mística, Erika, asegura en el último libro preparado por el famoso teólogo Urs Von Baltasar, Erika, haber tenido una revelación: ve a dos hombres entrando en sus aposentos e inyectan una medicina mortal al Papa Luciani… y “el Santo Padre lo sabe y lo cree”. Poco después, Juan Pablo II concedía el capelo cardenalicio a Von Baltasar. El periodista Mino Pecorelli, famoso por sus revelaciones en artículos crípticos en la revista OP, escribía, 16 días antes de la muerte del Papa Luciani, un artículo sobre la Gran Logia Vaticana y un artículo de ficción, sobre un Papa (Petrus Secundus) que muere tras un breve e infernal pontificado: “Está loco como Cristo y es tan peligroso, dijo el presidente del Consiglio...”.

Pero más sorprendentes, para un oyente de la Palabra, fueron las tres lecturas y el salmo del calendario litúrgico correspondientes al día 26 de agosto de 1978, el día de su elección. Hablaban de la destitución del mayordomo de palacio, de Isaías; de que “El Señor se fija en el humilde”, como decía el salmo 138; un salmo que, casualmente, también se leía el día de su muerte. “Qué insondables son tus decisiones, qué irrastreables tus caminos” decía la segunda lectura, de la carta a los Romanos (11,33-36). Y, como remate, el evangelio era el de la confesión (y la elección) de Pedro: “Tú eres el Cristo… Tu eres Pedro…” (Mt 16,13-20). Su última jornada como Papa, en la mañana del 28, recibió a unos obispos filipinos dándoles la bienvenida con el pasaje que se había encontrado en el breviario, casualmente el mismo que citó Pablo VI en su visita a Filipinas: Yo debo dar testimonio de su nombre: Jesús es el Cristo. Era la confesión de Pedro cumplida en Juan Pablo I..

En su funeral, la curia, a través del cardenal decano monseñor Confalonieri, “utilizó” en la homilía la segunda lectura de Romanos, la del día de su elección: “Qué inescrutables son tus juicios…”. A la vez que ponían impedimentos para investigar su muerte tan extraña. De forma tajante, el cardenal Oddi, ayudante de Villot durante la sede vacante, dijo que no habría ninguna investigación, ni se aceptaría el menor control por parte de nadie. La tan proclamada libertad profética del “¡No tengáis miedo!”, porque La verdad os hará libres (Jn 8,32) no tenía sitio en la sede de Pedro. Se cumplía, una vez más, el dicho de que en el Vaticano lo que no es sagrado es secreto. Después de la homilía, “un violento aguacero cayó sobre Roma: ¿Desde cuándo no se recuerda en Roma una cosa así?”, advertía, como detalle, un sacerdote.

Albino Luciani eligió llamarse Juan Pablo I por fidelidad al Concilio, asumiendo el nombre de sus dos predecesores. No lo hacía por imagen. Eligió HUMILITAS como lema papal: no quería ser un papa estrella, ni un monarca absoluto. “En estos días he sentido curiosidad de leer en el Anuario Pontificio los titulares con que está condecorado el Papa… Es un residuo del poder temporal. Falta sólo el título del Papa Rey. Los títulos verdaderos deberían ser: …elegido obispo de Roma y por ello sucesor del apóstol Pedro y por ello siervo de los siervos de Dios. ¿Cómo puede el Papa presentarse y dialogar, como hermano y padre en Cristo, con las Iglesias hermanas, investido de aquellos títulos?”. “Tengo la impresión de que la figura del Papa sea demasiado alabada... Hay un cierto riesgo de caer en el culto a la personalidad, que yo no quiero en modo alguno… La Iglesia no es del Papa, es de Cristo”.

Un Papa comprometido con la verdadera purificación del templo; diferente a esas purificaciones menores, de maquillaje, oportunistas (como la que pretende vetar el acceso al seminario a personas de orientación homosexual, ...). “Cristo Jesús, Pedro y Pablo y Juan no fueron jefes de Estado (…) La Iglesia no debe tener poder ni poseer riquezas (…) Yo no quiero escoltas ni soldados. Como no quiero que los guardias suizos se arrodillen a mi paso… Deseo que un pequeño sínodo permanente de obispos me conforte con sugerencias y consejos de modo que cuando el Papa se encuentre con los pueblos y las Iglesias locales pueda llevar el pensamiento religioso, eclesial y pastoral expresado y madurado por la colegialidad de los obispos… Yo soy el hermano mayor de los obispos (…) Son pensamientos que vuelven a mi mente en estas noches de insomnio”, le confía el papa Luciani a Germano Pattarro, su consejero teológico. Tras años de silencio, Germano daba testimonio (“aunque estoy seguro que suscitará en muchos, aquí en Venecia y en Roma, profundo estupor”): “El papa Luciani estaba en el camino de la profecía”.

Un cardenal amigo, Felici, le anticipó que tendría un “vía crucis”. “Un infierno entre dos cónclaves”, como se titula el capítulo 5º de El Día de la cuenta. “Sé que un obispo alto y robusto, siempre de esta casa, ha declarado que la elección del papa ha sido un ‘descuido’ del Espíritu Santo”, comentaba. “Puede ser”, se respondía con sorprendente humildad, y con humor: “No he sido yo quien ha querido ser Papa. Yo, como Albino Luciani, puedo ser una zapatilla rota, pero como Juan Pablo es Dios quien actúa en mí”. Del mayordomo de palacio se dijo que, tras la elección de Luciani, “había cambiado por completo. Estaba deprimido y desesperado...”. Para Bassotto, recoge Juan Arias, “Juan Pablo I preparaba una profunda reforma del Vaticano”, “un programa de cambios”. “En apariencia parecía sumiso. En sus intenciones tenía la firmeza de la roca de sus montañas” decía Villot a personas de su confianza (la “persona de Roma”).

Su elección no pareció un traspaso de poderes hecho en la trastienda. Hubo más detalles que silencios. Así lo vivieron los cardenales más comprometidos con el Concilio: “Era el candidato de Dios” (B. Hume, de Londres); “La elección la ha provocado literalmente el espíritu Santo” (L. Suenens, de Bruselas); “Nos pusimos de pie para aplaudir, pero no lo veíamos. Estaba acurrucado, se había hecho pequeño, pequeño, quería casi esconderse. Es una pena que no podamos contar lo que hemos vivido… mucho más hermoso de lo que os podéis imaginar” (E. Tarancón)...

Un punto y aparte merece el testimonio del cardenal argentino Eduardo Pironio: “Hemos sido testigos de un auténtico milagro moral”. Pablo VI lo nombró secretario de la Conferencia de Medellín. Fue presidente del CELAM. “Destacó en las sesiones del Concilio por su apertura conciliar y espiritualidad, por su transparencia y sencillez”. Él es la enigmática persona de Roma: “es Pironio. No puede ser otro; en Roma no hay otro”, concluía el periodista jesuita Pedro M. Lamet, conocedor del mundo romano. Compartía la opinión del sacerdote Jesús López Sáez autor de EL DIA DE LA CUENTA. Juan Pablo II a examen, de reciente edición pública (está en Internet: www.comayala.es).

A la persona de Roma está dedicado todo el capítulo tercero de El día de la cuenta: “quizá el testimonio más importante” dice su autor. Camilo Bassotto recibió, firmada a mano, fechada el 14 de mayo de 1989 la declaración de la “persona de Roma”. Era el día de Pentecostés. Todo un detalle para el cura Jesús: fue un impulso del Espíritu. “Su testimonio sobre lo que le dijo Juan Pablo I y, particularmente, sobre la comprometida situación que, a su pesar, como Papa, tuvo que afrontar (destitución de Marcinkus, degradación del IOR, posición firme y clarificadora ‘delante de todos’ frente a la masonería cubierta o descubierta y frente a la mafia) hace historia y, sobre todo, hace justicia al papa Luciani”. Camilo lo publicó, aunque sin dar el nombre de la fuente: “Los apuntes que le adjunto son para usted… Medito también la idea de publicarlos, pero el puesto que ocupo no me lo permite, al menos por ahora”.

Cinco años antes, en noviembre del 85, Pillar Bellosillo (que fue Auditora en el Concilio y en el Tercer Sínodo de Obispos, Presidenta nacional de Acción Católica y Responsable Internacional de Organizaciones Católicas) había estado en Roma invitada precisamente por su amigo Pironio a la conmemoración del Decreto Conciliar sobre Apostolado Seglar. Pero el verdadero motivo de su viaje era entrevistarse con Pironio (“una misión muy especial… enviada por la comunidad”) para entregarle un Pliego sobre la muerte de Juan Pablo I, del sacerdote Jesús López Sáez, publicado en la revista Vida Nueva. “Es un tema relacionado con la purificación del templo… hecho desde un discernimiento de la escucha de la Palabra… contrastada montones de veces (…) Se ha metido en la comunidad la presencia de Juan Pablo I, comparamos su muerte con la de santo Tomás Becket (…) Creemos que monseñor Pironio lo puede comprender, a él se le puede decir”. De regreso de Roma, Pilar contó la experiencia de su encuentro con el cardenal a su comunidad (La comunidad de Ayala). Su testimonio, grabado en cinta magnetofónica, se puede escuchar, y leer completo, en Internet (“Viaje de Pilar Bellosillo a Roma”).

Oscar Romero también es comparado con Tomás Becket. Juan Pablo I tenía muy presentes a hombres de iglesia, proféticos, que habían sentido la marginación de la Institución por denunciar los silencios y las tolerancias de la Iglesia en diferentes situaciones históricas. Habla del coraje del dominico De las Casas, “el padre de los indios del Amazonas, profeta no escuchado y perseguido”; de Antonio de Rosmini “que veía con claridad en las estructuras eclesiales los retrasos y los fallos evangélicos y pastorales de la Iglesia”; del cardenal Andrea Ferrari, “condenado por modernista por (san) Pío X”. Y de contemporáneos suyos, como Lorenzo Milani y Primo Mazzolari, “dos profetas dejados solos”…

Juan Pablo I no habría desmantelado la teología de la liberación. Ni habría auspiciado ninguna “Gran Alianza” con el poderoso del Norte. Dos católicos pueden tomar compromisos diversos, uno puede ser lícitamente democristiano y el otro lícitamente comunista, pero a condición de que en cada uno la fe sea la misma, decía a finales del 75. Él ve más compromiso en el Sur: “Pregunte, por favor, si es posible atrasar (“para febrero o marzo del próximo año”) la Conferencia de Puebla prevista del 12 al 28 de octubre… Yo deseo estar allí. Aquel continente lo llevo muy en el corazón. He estado y conozco los fermentos, las ansias, las esperanzas… Aquellas comunidades tienen muchas cosas que enseñarnos a los europeos. Viven un cristianismo de frontera pero dentro de la fe. Me traiga las Actas de la Asamblea de Medellín en el 68. Querría ver cuanto antes al presidente del CELAM, el cardenal Aloisio Lorscheider, a quien conozco desde hace años y a quien he dado mi voto en el Cónclave. Deseo que Pironio, que es el obispo de la esperanza, venga conmigo”.

“Mi primera carta será sobre la Unidad de la Iglesia… La segunda, sobre La Colegialidad de los Obispos… quiero potenciarla y extenderla efectivamente a todos. La tercera, sobre La Mujer en la sociedad civil y en la vida eclesial. Es hora de que el Papa diga… Demasiado desprecio, demasiados prejuicios y marginaciones…”. Y sobre los pobres: “Hablaré y escribiré sobre Los pobres y la pobreza en el mundo… los pueblos del hambre interpelan a los pueblos de la opulencia…”. Y, por supuesto, de los jóvenes: “Querría encontrarme frecuentemente con los jóvenes… Los jóvenes hoy no creen en la pobreza de la Iglesia, en su espíritu evangélico, en su despego de los bienes y poder del mundo…”. Las “CONFIDENCIAS DEL PAPA LUCIANI” (y “La extraña muerte de Juan Pablo I”) están en Internet.

Encaja que un Papa profético como Juan Pablo I, comprometido con la purificación de la Iglesia (con la expulsión de los mercaderes), se hiciera esta pegunta sobre el papado: “¿Piedra de construcción o de escándalo?”. Así se titula una reciente catequesis del sacerdote que más ha luchado por hacer justicia al papa Luciani cuya figura ha sido “distorsionada”, y silenciada. “Todo tu material es importante para la historia y para la purificación de la Iglesia” le escribe el Obispo Casaldáliga al autor de El Día de la cuenta.

El 26 de agosto de 1979, primer aniversario de la elección del papa Luciani, su sucesor, el papa Wojtyla, fue invitado al pueblo de Juan Pablo I, Canale dÁgordo, en las montañas dolomíticas. Casualmente, como en el día de su funeral, la misa fue en la plaza, y también estuvo pasada por agua. “...Estoy conmovido… son las lágrimas de la montaña” dijo Juan Pablo II.

Una monja también lloraba desconsoladamente, desde hacía más tiempo. Era como una madre para el papa Luciani, decía Camilo Bassotto, el amigo y testigo fiel, responsable de los archivos venecianos de Juan Pablo I. Así lo cuenta: "Hablé en dos ocasiones con sor Vincenza. La primera, con la provincial delante. La segunda, a solas. En esta ocasión, sor Vincenza se echó a llorar desconsoladamente. Yo no sabía qué hacer. Sor Vincenza me dijo que la Secretaría de Estado le había intimidado a no decir nada, pero que el mundo debía conocer la verdad. Ella se consideraba liberada de tal imposición en el momento de su muerte (ya acaecida, en 1983). Entonces podría darse a conocer”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia)."

catecismo, catecismos

SEISCIENTAS PREGUNTAS, SEISCIENTAS RESPUESTAS*
Este catecismo me entristece. ¡Necesitamos volver a leer el Vaticano II!
ANDRÉ FOSSION, jeuita y teólogo (1)
BÉLGICA.

ECLESALIA, 28/09/05.- El concilio Vaticano II no quiso redactar un catecismo ni destinado a los pastores ni para uso de los fieles. Pablo VI, por otra parte, pensaba que el Concilio constituía por sí mismo «el gran catecismo de los tiempos modernos» (2). Y he aquí que hoy emana de Vaticano un pequeño catecismo universal (3).

El documento está construido a base de 600 preguntas y respuestas. Recorriéndolas, me ha entrado un sentimiento de tristeza. Me da la impresión de que cincuenta años de investigaciones exegéticas, de reflexión teológica y de renovación catequética han sido borrados de golpe. Desde las primeras preguntas se observa ya el tono: «¿Puede conocerse a Dios con la sola luz de la razón?» Respuesta: «A partir de la creación, es decir, del mundo y de la persona humana, el hombre, por su sola razón, puede conocer a Dios con certeza como origen y fin del universo, como soberano bien y como verdad y belleza infinita». Así, todos aquellos que dudan que son agnósticos o creen de un modo diferente son tomados por ignorantes o mentirosos. Esta afirmación de certeza en el conocimiento de Dios, ¿no va en contra de la experiencia común y de la crítica moderna de la razón para quien el sentido del mundo no es evidente sino que se presta a múltiples lecturas y al debate?

¿Cómo entender el pecado original? El catecismo habla de la caída de Adán y Eva, nuestros primeros padres, a partir de los cuales el pecado se propagó a toda la humanidad. Como consecuencia del primer pecado, la humanidad, en adelante, se encontraría sometida a la muerte; una muerte a la que Dios no la había destinado y de la cual la quiere ahora salvar. El catecismo no duda en leer estos relatos de la creación como relatos históricos sin mencionar su género literario, lo que es, sin embargo, elemental para su justa comprensión. Sin embargo, nadie niega que estos relatos, por otra parte tardíos, son simbólicos y no entran en absoluto en competencia con las ciencias paleontológicas. Cargados de experiencia, nos hablan de la condición humana de todos los tiempos. En este sentido, el catecismo hubiera podido beber de las fuentes de la teología contemporánea para expresar de manera pertinente a los ojos de nuestros contemporáneos de qué manera somos solidarios del mal que hacemos o que padecemos y cómo, sin embargo, estamos siempre precedidos por la gracia, mucho más originaria que el pecado, por el amor incondicional de Dios (4). Pero para esto hubiera sido necesario confiar en la inteligencia crítica de cada uno.

Tratándose de la vida de la Iglesia, el catecismo insiste claramente en la autoridad del Magisterio sin subrayar, según en justo equilibrio, el derecho de expresión de los cristianos en virtud de su dignidad bautismal. El Vaticano II no dudaba en hablar explícitamente del derecho de los laicos (5) en relación con la jerarquía. Pero aquí no es el caso. Aquí de lo que se trata estrictamente es de la obligación dominical, pero -cosa extraña- no se menciona en ningún sitio la vida fraterna en comunidad, sobre todo de la parroquia.

Otro ejemplo en otro terreno. Se dice que el divorcio es un pecado grave contrario al sacramento del matrimonio. Esta afirmación es asombrosa y creará turbación en aquellos cristianos que, en conciencia, han pedido la disolución civil de su vínculo matrimonial. El derecho canónico (6) mismo admite la posibilidad de una separación de los esposos en caso de fracaso de su vida conyugal, sobre todo si se trata de proteger a los cónyuges o a sus hijos. El divorcio, ¿no podría, pues, inscribirse en esta lógica de protección social y jurídica de los cónyuges separados o de sus hijos?

Estos pocos ejemplos entre muchos otros son suficientes para mostrar cómo el catecismo ha optado por las posturas más conservadoras e intransigentes. El tono está a la misma altura... Se dirige más a la obediencia que a la inteligencia de la fe. Por eso realmente conseguirá dóciles practicantes, pero incapaces de hacer deseable la fe para aquellos que viven apasionadamente la vida y las causas humanas. Confortará ciertamente al ala más tradicional de la Iglesia, pero desanimará a todos los demás o les dejará indiferentes. Así, en vez de unir, el documento será causa de división. ¿Qué efecto tendrá en los cristianos que quieren crecer en su fe con responsabilidad, inteligencia y generosidad? ¿Cuál será el impacto en los no-creyentes que quieren comprender, buscar y comprometerse? A unos y a otros, en opinión de muchos, el catecismo no les ofrecerá más que la fotografía del modo ya obsoleto de expresar la fe. Al contrario del dinamismo inventivo del Concilio. Esto es lo que me entristece.

Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

El Concilio Vaticano II quiso, no un catecismo, sino un Directorio General de la Catequesis,, es decir un texto orientativo para el contenido, el espíritu y la organización de la catequesis. Este Directorio apareció en 1971. Únicamente fue en 1985 cuando se hicieron oír algunas voces, en el sínodo de los obispos, que deseaban la redacción de un “Compendio de toda la doctrina católica acerca de la fe y la moral que fuese como un punto de referencia para todos los catecismos nacionales” (7). Así, en 1992, aparecía el Catecismo de la Iglesia Católica. Esta obra monumental de 700 páginas estaba concebida, en principio, para los pastores. Se pensaba que sirviera de referencia para ayudar a las iglesias a redactar documentos catequéticos adaptados a su contexto cultural. A estas Iglesias les tocaba la redacción de catecismos para uso de los fieles, tratando de encarnar la Buena Noticia del Evangelio en las culturas particulares. En 1997 aparecía un nuevo Directorio General de la Catequesis -un documento abierto y bien acogido en general- para orientar y estimular la pastoral catequética en la Iglesia. Sin embargo, durante el Congreso Catequético Internacional tenido en el Vaticano en octubre de 2002, se hicieron oír en los pasillos algunas voces minoritarias que pedían al Vaticano, en contra de todas sus declaraciones anteriores, que se compusiera un compendio del Catecismo de la Iglesia Católica para un uso inmediato en la catequesis y dirigido a todos los fieles. El Vaticano acogió esta petición como si representara el voto de la asamblea que, sin embargo, no tuvo ocasión para debatir ni pronunciarse sobre este tema. Y hoy aparece el compendio en cuestión, que se presenta como un pequeño catecismo universal, destinado a ser traducido en un número indefinido de lenguas. Este hecho es nuevo. Nunca en la historia de la Iglesia existió un pequeño catecismo universal. El Vaticano a corrido ese riesgo sin el asentimiento de las Iglesias particulares a las que, sin embargo, les corresponde tradicionalmente el derecho de redactar los documentos catequéticos para uso de los fieles. El Vaticano es aquí innovador, pero para la centralización, más aún, para el pensamiento único. Evidentemente, este pequeño catecismo es el fruto de una serie de empujones, ya que no de abuso de poder de la tendencia conservadora de la Iglesia.

¿Qué acogida tendrá? ¿Qué dirán los teólogos cuando lo analicen? ¿Qué postura tomarán las Conferencias episcopales que no solicitaron ningún pequeño catecismo universal y que se encuentran ahora con este estorbo(8)? El futuro nos lo dirá.

El Concilio Vaticano II subrayaba que todo cristiano, en virtud de su dignidad bautismal, “tiene el derecho y, en algún caso, la obligación de manifestar su parecer sobre aquellas cosas que dicen relación al bien de la Iglesia” (9) . Eso es lo que he tratado de hacer aquí. Junto con otros, así lo espero. Los cristianos de hoy en día están suficientemente maduros para ejercer este derecho y este deber de libre expresión. El pequeño catecismo universal que acaba de aparecer tendrá tal vez esta utilidad: ofrecer la ocasión de promover en las iglesias la cultura del debate. La esperanza habrá triunfado entonces sobre los lamentos.

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*Traducción de artículo "600 questions, 600 réponses" publicado en La Libre Belgique el pasado 13 de septiembre de 2005. Versión original en http://www.lalibre.be/article.phtml?id=11&subid=118&art_id=239237

(1) André Fossion es autor de Volver a empezar. Veinte caminos para volver a la fe, Sal Terrae, Santander 2005.

(2) Según el testimonio del mismo Juan Pablo II, en su exhortación Catechesi Tradendae, 2, 1979.

(3) Catecismo de la Iglesia Católica. Compendio.

(4) Sobre este tema véase Cristophe BOUREUX y Cristophe THEOBALD, Le péché originel. Heurs et malheurs d’un dogme, Bayard, Concilium, Paris, 2005. - M. SALOMARD, «Le mal: Dieu responsable et innocent», en Nouvelle Revue Théologique, julio-septiembre 2005, pp. 373-388

(5) Lumen Gentium, 37

(6) Cf. Cánones 1151-1155

(7) Relación final del Sínodo de los obispos de 1985, II, B, a, 4.

(8) Recordemos que, en este sentido, los obispos de Bélgica han publicado lo que puede considerarse, de hecho, como un catecismo nacional destinado a los fieles: El libro de la fe, Desclée, 1987.

(9) Lumen Gentium 37

la cuestión

Jornadas de Reflexión
EVANGELIZAR, ESA ES LA CUESTION
En el 30 aniversario de la Evangelii Nuntiandi
PPC - INSTITUTO SUPERIOR DE PASTORAL DE LA UPSA
MADRID.

- Fechas: 27-28 octubre de 2005
- Lugar: Aula Pablo VI del Instituto Superior de Pastoral (Paseo de Juan XXIII 3), Madrid

ECLESALIA, 27/09/05.- Con motivo del 50 aniversario del nacimiento de la editorial PPC y celebrándose igualmente el 30 aniversario de la publicación de la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, de Pablo VI, tanto la editorial PPC como el Instituto Superior de Pastoral de la Universidad Pontificia de Salamanca, con sede en Madrid, han programado la celebración de unas Jornadas de reflexión sobre las características y retos de la evangelización en el siglo XXI.

PROGRAMA

Jueves, 27 de octubre de 2005
9:30 h. Acogida y entrega de carpeta
10:00 h. Inauguración de las Jornadas
10,15-11,30 h. Evangeli Nuntiandi, Balance y significado. Elisa Elizondo
11:30-12:00 h. descanso
12:00-14:00 h. Nuevos contextos de la evangelización. J.M. Mardones
14:00-16:00 h. descanso
16:00-17:30 h. ¿Qué es evangelizar hoy? Hacia el Evangelio Nuntiandi de 2005. Felicísimo Martínez
17:30-19:00 h Mediaciones que evangelizan. Juan Martín Velasco

Viernes, 28 de octubre de 2005
10:00-11:30 h. La evangelización en una cultura globalizada. Javier Cortés
11:30-12:00 h. descanso
12:00-14:00 h. Mesa redonda. Aportación del cristianismo a la construcción de esta Humanidad. Ramón Jáuregui, Ana Pastor, José Mª Mendiluce
14:00-16:00 h. descanso
16:00-18:00 h. Evangelización y promoción de la justicia. José Luis Segovia
18:00-18,30 h. Acto de Clausura

Inscripciones (patrocinadas por la Fundación Santa María): instpast@teleline.es / 91 514 17 00 y 91 554 52 30

monástica femenina

monástica femenina

SOBRE LAS MONJAS DE CLAUSURA… (¡! ¿?)
MARÍA URKIZA ARANA, www.montrinisuesa.net
SUESA (CANTABRIA).

ECLESALIA, 23/09/05.- He leído, y releído después varias veces, un artículo que llegó a mis manos hace un tiempo. Trata sobre la vida monástica en femenino y masculino. Creo que es la primera vez que leo algo sobre las monjas con tanto realismo, con crudo realismo. Me ha abierto los ojos, o tal vez, simplemente ha puesto palabras a lo que intuía hacía tiempo.

Hace casi cinco años que vine al monasterio de las Monjas Trinitarias de Suesa en el que vivo y comparto mi fe y mi vida, y en el que me preparo para profesar los votos solemnes (compromiso definitivo) y caminar según un estilo de vida propio, conjugando lo trinitario y lo monástico. Había sentido una necesidad de “algo más”, y en esa búsqueda por dar un sentido más profundo a mi vida, me encontré cara a cara con ese Dios que me ardía en las entrañas mostrando un camino totalmente nuevo para mi. Desde mi llegada he descubierto, experimentado y aprendido tantas cosas que al mirar hacia atrás se me hace una etapa bien larga y rica. Dejando atrás muchas de las cosas que aparentemente pueden hacer a una persona feliz y satisfecha (nómina, coche, casa, independencia, trabajo…), me adentré en el “velado” mundo de la vida monástica femenina (o popularmente mal denominado “monjas de clausura”). Digo velado por ser un estilo de vida prácticamente desconocido, lleno de mitos, bulos y morbo que lo hacen a los ojos de la sociedad rechazable y sin sentido cabal. ¡Cuánto me cuesta ser carne de curiosos y de preguntas prefabricadas y absurdas que destilan tópicos, sin el menor interés por conocer en profundidad o cambiar de opinión!

En el artículo anteriormente referido, en el que se habla de cambios superficiales tras el Concilio Vaticano II, lenguajes obsoletos, liturgias moribundas o riesgo de esquizofrenia espiritual, se define a las monjas (y no a los monjes) como antisigno de la mujer moderna actual. Ésta es la definición más dolorosa e incisiva que he escuchado sobre nuestro estilo de vida, máxime cuando es un apelativo que nace de lo obsoleto de unos planteamientos pasados de moda, más que de la alternatividad a una forma de vida impregnada de individualismo, competitividad, prisa y ansiedad que se masca hoy día en nuestras calles.

Lo que yo he vivido en el monasterio hasta ahora está empapado de renovación, creatividad, autocrítica, relaciones horizontales, común unidad,… de Evangelio, de Buena Nueva, más que de normas constitucionales o formas inamovibles.

Pero lo cierto es que nuestra identidad social, con lo que la gente de “a pie” nos define, no es por ser mujeres de oración, amantes del silencio, de la música, de la belleza, la celebración viva, la paz, la solidaridad, la justicia, la ecología, la sencillez, en definitiva de encarnación de las bienaventuranzas; no, nuestra identidad para la sociedad que nos observa es: la reja, el hábito, y el ”no salen para nada”. Sin estos elementos ya no somos monjas de verdad como nos dice la gente, esto es, monjas de clausura clausura. A sus ojos hemos perdido “autenticidad” (¡bendita pérdida!).

Supongo que se habrá llegado a este punto a lo largo del camino de la Historia. Una Historia marcada por una espiritualidad que hoy entiendo superada, pero que late aún en los claustros de algunos monasterios, la mayoría femeninos; una Historia que ideó los muros con rejas para las mujeres consagradas. Llegado a este momento me pregunto… ¿esas personas que nos contemplan desde esos planteamientos, se han preguntado alguna vez cuál es la esencia de nuestra vocación?, ¿acaso el monacato no es una corriente gestada en la libertad, en la oración silenciosa, en la belleza de la Celebración, en la sencillez del pan compartido, en la sinceridad de las relaciones que se expresan en la vida transformada en fiesta?, ¿no parece que la dimensión espiritual del ser humano está hambrienta de sinceridad y autenticidad y que los monasterios son lugares de búsqueda, lugares de encuentro?

Creo que, aunque aparentemente estemos en un momento crítico, es momento de gracia. Yo me atrevo a augurar un tiempo de novedad y de despertar. Estamos en la primavera pascual. Tenemos un futuro lleno de promesas. Somos una alternativa válida y atractiva para gente sedienta de Dios. Somos presente que mira hacia el futuro.

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El pasado 9 de septiembre, en el marco del XXV congreso de teología, Eclesalia participó en la primera reunión de grupos y colectivos cristianos de talante aperturista de la Iglesia católica española. Acudimos a la invitación que se nos había hecho. Después de las presentaciones de unas veinticinco personas, cristianas y cristianos representantes de casi todas las regiones y de varios colectivos de Iglesia, escuchamos con esperanza los planteamientos que fuimos haciendo en torno a la necesaria coordinación de sentires comunes presentes en numerosos grupos dispersos en nuestro país...

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