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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

otra liturgia

otra liturgia

OTRA LITURGIA ES POSIBLE
Danza en el monasterio
Mª JOSÉ SOTORRÍO BÁRCENA, monja trinitaria en el monasterio de Suesa
SUESA (CANTABRIA).

ECLESALIA, 16/11/05.- En la Pascua que celebramos este año en el monasterio, la comunidad tuvo la oportunidad de introducir una danza en la liturgia de la Vigilia Pascual, gracias al grupo que vino a vivir el Triduo Pascual con nosotras. Hacía tiempo que sabíamos de la existencia de personas que realizan danza contemplativa, y éste fue un impulso del Espíritu para animarnos a incorporar a nuestra liturgia monástica esta expresión orante; siguiendo el camino que esta comunidad ha tomado hace tiempo respecto a vivificar, de manera sencilla y cercana, nuestra liturgia.

El fin de Semana del 5 al 6 de Noviembre, dentro de las actividades de la Asociación “Amigos del Monasterio de Suesa”, su recién estrenada comisión de “Encuentros y Actividades Religiosas” convocó un curso sobre danza contemplativa. El taller fue impartido por Mª Victoria Hernández, psicomotricista, bailarina y coreógrafa perteneciente al grupo "Jesús Arte y Vida“. Se quedaron en lista de espera diez personas, puesto que nuestra hospedería dispone de 27 plazas. Además parte de la comunidad participó en el curso.

Mi experiencia fue muy rica. Poco a poco fui descubriendo la danza contemplativa, como una nueva forma de orar, experimentando lo que nuestros antepasados en la fe ya habían expresado. Esta manera de danzar, integra y recupera viejas formas, que son significativas en la expresión y comunicación de las personas que habitamos nuestro mundo hoy, en Occidente, en este siglo XXI. ¡Cuánto tenemos que aprender de África, India..., de los pueblos que llamamos “tercermundistas”.

Tantas veces nos preguntamos ¿por qué las discotecas se llenan?, ¿por qué se imparten clases de bailes de todo tipo?, ¿por qué muchas canciones llevan incorporadas coreografía? La respuesta se descubre fácilmente: tenemos necesidad de expresarnos con nuestro cuerpo.

Algunas de las danzas con las que oramos este fin de semana eran hebreas, recuperadas de nuestra antigua tradición judía, otras cristianas, en las que a través de pasos sencillos, armónicos, rítmicos, íbamos unificando nuestro ser, creando un clima de oración y silencio. Fue una forma de sentirnos unidos al pueblo judío que hoy sigue danzando a Yahvé, y a los pueblos del centro de Europa que también con estas danzas se dirigen a Dios. Una forma de orar juntos desde diferentes credos, actitudes y compromisos en la fe. Una forma de diálogo interreligioso sumamente respetuoso y comunicativo.

La danza contemplativa potencia la integridad de la persona y alaba y bendice con todo lo que se es al Dios Vivo, Solícito, que quiere seamos conscientes de que habita en nosotros.

He celebrado y compartido mi fe, a través de gestos sencillos, de miradas transparentes que invitan dar sentido pleno a lo que celebramos.

Creo necesitamos sentir en todo nuestro ser, conformado por cuerpo y espíritu, a ese Todo, que nos habita y que quiere hacerse espacio e inundar nuestra existencia, nuestro interior de hombres y mujeres que se exponen a guardar, y a sentir el silencio en su interior; y cuando el Silencio habla, se abren espacios nuevos, se quitan caretas y miedos, y aparece el auténtico yo, imagen y semejanza del Creador. Entonces, Él nos habita.

He ido descubriendo que es esencial unificarme, ser consciente que mi cuerpo es vehículo para sentir al otro, apreciarle, dialogar. Es nuestro medio de comunión más expresivo.

¡Cuántas cosas expresamos, y dejamos sin expresar a través de nuestro cuerpo!. Él, denota nuestro estado de ánimo, nuestro cansancio, nuestra alegría, nuestra irritación, nuestra paz. Él es el rostro de nuestro yo.

El taller de danza contemplativa, consistió, como su nombre indica, en diversas danzas que nos invitaron a”saborear”, a “contemplar” nuestro cuerpo como templo vivo, dinámico, habitado por el Amor. Fuimos aquietando y dejando que todo nuestro ser se fuera abandonando en los brazos de ese Dios Padre- Madre que es todo ternura y cercanía.

Poco a poco la música iba inundando mi ser, cerraba los ojos, me dejaba mecer y arrullar por ella, y en el silencio del entorno, con la música de fondo, con un grupo de hermanos y hermanas, arropada por la comunidad, mi cuerpo se hacía cuna de silencio.

No oía ruido, sólo escuchaba Su voz en mi interior… y abandonándome a Su Armonía , al ritmo de su Melodía, todo mi ser se elevaba en un silencio ascendente, creciente, envolvente, y de repente yo y Su Música éramos uno.

Sentía y notaba al Espíritu de Dios que llenaba y transportaba mi ser, y con toda docilidad a su Sinfonía, ahora ya sanadora, daba gracias, alababa, suplicaba , bendecía y al final abandonada, adoraba.

Unas veces mis brazos como flechas emergentes, se alzaban hacia lo alto, sintiendo la necesidad de retener esos momentos en que todo mi ser ascendía como de puntillas y temblando hacía Él, y otras veces doblaba mis rodillas, inclinaba la cabeza, y sintiéndome nada, me abandonaba en su regazo.

Sentí, sí, repito, sentí al Dios Ternura en mi. Iba dejando de lado los cálculos y el raciocinio, y toda la delicadeza, la intimidad, la confianza, la dulzura de la Trinidad me iba envolviendo y acunando. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información: http://www.montrinisuesa.net


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