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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

ineludibles 2/2

RETOS PARA NUESTRA MISIÓN EN LA NUEVA SITUACIÓN ECLESIAL
JOSÉ SÁNCHEZ, jesuita, doctor en teología, j.sanchez.z@jesuits.net
MÉXICO

- - -> Segunda parte. (Primera parte publicada en Eclesalia el 05 de julio de 2005)

ECLESALIA, 08/07/05.- Tercer reto: la misericordia. Vivimos en una sociedad que se encuentra no sólo desorientada política y socialmente, sino muy fragilizada en sus individuos mismos. Seguimos constatando que los problemas de supervivencia en nuestra población están lejos de resolverse, y que seguimos siendo testigos de una inmensa pobreza, de exclusión, de bajos salarios, incluso de hambre en las poblaciones más marginadas. Pero también comprobamos la existencia de familias fracturadas, matrimonios deshechos, hijos abandonados, jóvenes desorientados y solos. La pobreza, la marginación, el sufrimiento han adquirido un rostro más diversificado. Desde esta perspectiva, necesitamos ser una Iglesia llena de compasión y de misericordia:

- Que sepa ayudar a que la humanidad experimente el perdón que ofrece Dios a todos los hombres y mujeres de este mundo.

- Que no sólo se acerque al débil y lo cure, aliente y apoye, sino que se haga su compañero de camino.

- Que ofrezca una nueva imagen de Dios, porque siguen existiendo, en ámbitos amplios de nuestra sociedad y a falta de una experiencia de encuentro con el Dios de Jesucristo, imágenes distorsionadas, equívocas, hirientes, de un Dios lejano, juez, indiferente, frío, cruel, cómplice inmóvil del sufrimiento del hombre en el mundo.

- Que se vaya haciendo de nuevo una Iglesia creíble, justo en medio de la crisis de instituciones, al mismo tiempo que humana. Necesitamos compartir a la humanidad el modo en que Dios nos ha liberado, la confianza que Él tiene todavía en nosotros, su amor incondicional y su compañía cercana en medio de nuestro pobre barro carnal.

- Que sepa dar una palabra de esperanza “contra toda esperanza”. Pedro Casaldáliga cree que en medio de la mucha desgracia, miseria, violencia que seguimos encontrando a nuestro alrededor, “lo que el mundo necesita es una gran palabra de esperanza, de compasión y de ternura que nos haga sentir la misma ternura de Dios”.

- Que se confíe al Señor y que se deje llevar por el Espíritu, que es fuerza en la debilidad. Codina pone tres manifestaciones de la fuerza que da el Espíritu en la debilidad: fidelidad (permanecer en su amor), perseverancia (paciencia histórica ante las dificultades de la vida) y esperanza (la fuerza del futuro que ilumina el presente).

Cuarto reto: inserción en espacios nuevos. El modelo parroquial está entrando en crisis en varios lugares de nuestra sociedad occidental. El modelo sacramental, litúrgico y verticalista no ofrece respuestas a los deseos de los creyentes de participar más activamente en la construcción de la Iglesia y de la sociedad. Esta Iglesia sacramental tiene cada vez menos adeptos y menos eco en el corazón de los creyentes. Necesitamos entrar y penetrar espacios donde se está jugando la vida de los hombres: movimientos, grupos, organismos, espacios donde la gente se reúne y lucha por su existencia. Siempre, en esta perspectiva de una encarnación renovada, nos hemos de preguntar cómo vincularnos con ellos y cómo vincularlos a una pastoral de conjunto. En medio de una reinserción en la vida del hombre de todos los días, podremos desarrollar la capacidad de adaptarnos a la rapidez de los cambios sociales y de los modelos económicos. Podremos aprender de las nuevas formas de relacionarse que tiene la gente; podremos escuchar los sueños y las frustraciones de las nuevas generaciones y podremos caminar con ellos en la construcción de modelos alternativos de sociedad.

Quinto reto: actualizar y fortalecer nuestra reflexión teológica crítica. Necesitamos retomar y profundizar nuestro aporte en la reflexión teológica crítica para poder decir una palabra en temas que en la actualidad son candentes y que la sociedad plantea a la Iglesia: pastoral de divorciados, eutanasia, convivencia homosexual, aborto, inseminación in vitro, relaciones prematrimoniales, control de la natalidad, relación entre economía y justicia, moralidad del nuevo modelo económico internacional, etc. Requerimos de especialistas en varios de estos dominios, para poder decir una palabra desde una perspectiva evangélica al mismo tiempo que científica y seria. En lo que respecta a los no especialistas, necesitamos actualizar nuestra teología y nuestra reflexión, y volvernos a preguntar, con valentía y con el propósito de renovarnos internamente, cómo nos interpelan estos temas en nuestra actual situación apostólica, comunitaria y social.

Sexto reto: promover los derechos humanos en la Iglesia. No sólo hemos de intensificar la lucha al exterior, sino que hemos de emprenderla también al interior. Los temas que se encuentran todavía en el tintero y que requerirán una toma de posición más adaptada a los tiempos actuales, siempre en fidelidad al Evangelio y a la tradición genuina de la Iglesia. Temas como:

- Hombres casados que pueden ingresar al presbiterado.

- Derechos humanos de las mujeres (incluyendo el presbiterado).

- Derecho a disentir en la Iglesia.

- La realidad de la represión al pensamiento de los teólogos y la revisión de los mecanismos que se establecen para entrar en relación con ellos y para juzgar su ortodoxia o heterodoxia.

- Derecho a la participación en la elección de párrocos y de obispos. Búsqueda de mecanismos para que los creyentes tengan incluso una palabra o una participación activa en la elección del mismo Papa.

Los retos, si los analizamos en detalle y con profundidad, nos pueden dejar la sensación de que van más allá de nuestro alcance y de que poco podemos hacer para afrontarlos. Pero su dificultad y su complejidad no nos han de desanimar; al contrario, nos han de hacer ver que una verdadera reforma de la Iglesia implica una participación cualificada de los creyentes en todos los ámbitos y, sobre todo, que sintamos que esta Iglesia es nuestra Iglesia, nuestra casa, nuestra familia, y que ella es nosotros mismos en movimiento y que todos nosotros somos responsables de su avance o de su anquilosamiento en la historia actual.
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