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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Reflexiones

palpando

NOTA de la REDACCIÓN: Desde hace tiempo los miembros de este servicio informativo tenemos cuenta en un banco del que ahora os damos noticia. Nos gusta su propuesta. Nos suena a Dios, a su Reino. Nos parece interesante darlo a conocer desde nuestra Eclesalia. Nos arriesgamos a que se nos tache de “meternos en economía”. El artículo lo firma Benjamín Forcano y está sustentado en los planteamientos de Joan Antoni Melé. Que cada uno, cada una, saque sus conclusiones. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

LA BANCA ETICA, SEMILLA DE UNA NUEVA ECONOMÍA

BENJAMÍN FORCANO, sacerdote y teólogo, bforcanoc@telefonica.net

MADRID.

 

ECLESALIA, 07/06/10.- Deseo presentar las interesantes ideas que sustentan la posición de Joan Antoni Melé*, acerca de un cambio radical sobre nuestro modelo económico actual. En su experiencia siempre abrigó el sentimiento de que el intrincado mundo de la economía iba mal, pues acababa por apoderarse de la mayoría, como si el objetivo prioritario de la existencia fuera ganar dinero. En su actividad de enseñante y de conferenciante encuentra acuerdo en la mayoría, aun cuando declara sin rodeos que estamos equivocados y nos manipulan indebidamente.

Voy a referirme a tres aspectos suyos fundamentales: La crisis que estamos sufriendo, la responsabilidad personal frente al dinero y el compromiso de todos por preservar el sentido de la vida.

 

1. LA CRISIS

Es lo primero, porque a todos nos afecta. ¿Cómo es posible que, hoy, disponiendo de tanta riqueza, tengamos que padecer tantos conflictos a nivel individual y colectivo?

1.1 Crisis del modelo económico

Técnica y científicamente hemos avanzado tanto que mucha gente apenas puede entender ese avance. Pero lo que sí entendemos todos es que la situación medioambiental es insostenible: al aire, las aguas, el suelo están contaminados, de modo que nos parece cierto lo que muchos biólogos afirman: la tierra está enferma y, si no reaccionamos a tiempo, la situación puede ser irreversible.

Reaccionar a tiempo significa admitir que las cosas las hemos hecho mal y que en ellas todos tenemos una parte de responsabilidad. Hemos avanzado mucho en el campo de la medicina, en el campo de lo social y hemos gritado que la guerra es una barbarie y, sin embargo, nos toca hoy vivir conflictos armados absolutamente crueles.

Sufrimos la enorme crisis económica actual y, sin embargo, jamás como ahora, ha habido tanto dinero sobre la tierra. Y, paradójicamente, no hemos tenido dinero para erradicar el hambre y sí lo hemos tenido para cubrir el déficit de entidades bancarias que han perpetrado barbaridades con el dinero de sus ahorradores.

La globalización ha flexibilizado las fronteras, haciendo posible la circulación de las mercancías y ha provocado un crecimiento económico especulativo irreal. No es justo que teniendo más riqueza que nunca, haya más pobreza que nunca. No es justo que miles de personas lleguen en pateras a nuestras playas jugándose la vida.

Las desigualdades y la pobreza han hecho que existan mil millones de personas analfabetas, que mil millones de niños vivan en la pobreza, que cuatrocientos millones no tengan acceso al agua potable, que unos 29.000 niños hayan muerto cada día en el 2003 antes de alcanzar los cinco años de edad. Y, sin embargo, con un uno por ciento de lo que el mundo invierte cada año en armas, se podría poner a cada niño en una escuela.

Contamos con el hecho de que los bancos, a partir del 1989, perdiendo su relación con la economía productiva real, impulsaron la circulación del dinero de forma ficticia y virtual, sin correspondencia con una verdadera creación de riqueza. El dinero se hinchó como un globo multiplicando su valor hasta que reventó: sobraba el dinero falso y faltaba el dinero verdadero. Se hacía patente una conclusión: la codicia de los individuos es la que produce el dinero especulativo y lo que estalla es simplemente una dirección falsa dada al dinero: una crisis de conciencia y de valores.

La economía especulativa trata de estrangular nuestra conciencia y de que le entreguemos a ojos ciegas nuestra vida. Ella asegura nuestra felicidad: “Tráigame todo su dinero y le ‘regalaremos’ cosas que le harán acreedor a la envidia de todos sus invitados”.

Y no debemos preocuparnos. Ella negocia con nuestro dinero, sin nosotros saberlo, metiéndolo en energía nuclear, tabaco, industria armamentística,... Increíble: protestamos contra la guerra del Irak y, al mismo tiempo, la financiamos con nuestro dinero.

La economía especulativa es una mentira si su funcionamiento no atiende al impacto y consecuencias que produce en todos los seres humanos y en el medio ambiente. El beneficio es bueno, pero a condición de que no se pervierta. Y se pervierte cuando se busca por sí mismo y para sí solo. El beneficio no causa la riqueza, deriva de ella. Si el beneficio se convierte en fin de sí mismo, entonces ya no importa el modo como se logra: contaminando, esclavizando,...

Se trata, por tanto, de dar una nueva dirección a nuestro modelo económico, el cual depende de cada uno de nosotros. Pero esto no es posible sin un cambio radical en nuestra manera de pensar y de actuar sobre el dinero. ¿Qué dirección debiéramos darle a nuestro dinero?

1.2 La Banca ética independiente

Todos en la vida nos guiamos por unos valores que mueven nuestra voluntad y acción, nuestros beneficios. Pero si queremos llegar a una convivencia en paz debemos regirnos por el principio: “Lo tuyo me interesa tanto como lo mío.”

Esta manera de negociar nuestro dinero y beneficios dio origen a la banca ética independiente. Con el capital de sus clientes, la banca ética promueve la agricultura ecológica, el comercio justo, la cooperación al desarrollo, la tecnología medioambiental, etc. Y, como consecuencia, no conoce la “crisis” especulativa. Da opción a que los consumidores conscientes, que se mueven por valores como la solidaridad, la integridad, la paz, la justicia y la sostenibilidad, puedan poner su dinero allí donde se protegen y potencian esos valores. Es la semilla de la “nueva economía” que pretende ser verdaderamente útil para los seres humanos y que comienza inevitablemente con la conquista de la responsabilidad individual. “Hay que comprender que es posible cambiar el mundo con el dinero de uno, por poco que sea, si este “uno” somos todos” (Joan A. Melé, Dinero y conciencia. ¿A quién sirve mi dinero?, Plataforma Editorial, 2009, p, 47).

 

2.EL PASO DECISIVO

2.1 ¿Quién sino todos nosotros?

Los problemas del mundo son nuestros problemas. Si aceptamos nuestra propia autonomía y responsabilidad, veremos que no se conquistan huyendo hacia fuera o esperando que los problemas nos los resuelvan los Gobiernos. Las cosas cambiarán si cambiamos nosotros. El problema verdadero reside esencialmente en lo siguiente: estamos siguiendo las consignas de un modelo económico-social que nos implica a todos, sin darnos cuenta de que nos hacemos esclavos de él. Ese modelo no es neutro, sino que configura nuestra existencia y relaciones, de manera tal que no hace sino crear división, desigualdad, hambre, miseria y guerra. Ese modelo actúa de patrón y nos esclaviza. O lo cambiamos o nos lleva a una destrucción masiva.

Los puntos básicos a cambiar de ese modelo son:

- Es falso el dogma capitalista de que la persona es esencialmente egoísta.

- Es falsa esta condición egoísta que se organiza y actúa darwinísticamente como “mercado libre”, competitividad, ley de la oferta y demanda, etc. Tú mira por lo tuyo y que cada cual se espabile como pueda. Esa es, según Adam Smitch, la ley que regula equilibradamente la convivencia.

En contra, debemos afirmar que: el mercado no regula nada, eres tú quien actúa. Las consecuencias van a depender de lo que tú hagas con tu dinero y actuación en el mercado.

2.2 Dar sentido a la vida, no equivale a ganar dinero

Hay que comenzar por fijar que el objetivo no es ganar dinero sino conocer y decidir bien lo que eres y lo que quieres hacer con tu vida. Dar sentido a la vida no equivale a ganar dinero y emplearlo en necesidades puramente artificiales. Frente a una economía sin sentido, hay que crear otra con sentido, que le permita ver a la gente que lo que hace es bueno y, además, genera beneficio. Por ejemplo: yo fabrico vasos que no perjudican al medio ambiente y que, además, son baratos y bellos.

Es obvio que debemos resolver nuestras necesidades de comida, vestido, vivienda, transporte, relación, cultura... y debemos hacerlo sin perder de vista que en todo eso está como centro el ser humano. El beneficio debe existir y él mismo nos debe indicar cuándo la riqueza que creamos es correcta y beneficiosa para todos.

Ahora, el modelo económico vigente nos lleva por otro camino. El dinero establece una relación inconsciente con nosotros mismos, con fuerzas internas nuestras poderosas: el miedo, la codicia, el poder, el éxito. ¿Qué hago con tanto dinero? ¿Y qué debo hacer para no perderlo?

Cuando compramos (alimento, ropa, muebles) debiéramos preguntarnos si lo hacemos de manera ética y responsable. Consumir ecológicamente es lo único que debiera permitirse. No lo harán los Gobiernos, pero podemos hacerlo nosotros. En cuanto se incremente el consumo ecológico, aumentará la distribución y se abaratará. Conviene saber que España es uno de los países del mundo con mayor producción de agricultura ecológica. Sólo en Andalucía hay ocho mil agricultores ecológicos.

El trabajo es la dignidad del ser humano, y el salario su reconocimiento, y es una infamia tratar el trabajo como una mercancía. A cada uno hay que pagar lo que le toque para que todos podamos vivir: esto es dignidad.

La idea de banco no es mala en sí. El banco puede prestar un dinero con interés, pues es justo que quien crea riqueza prestando su dinero la pueda compartir, siempre que el interés, dominado por la avaricia, no se convierta en usura. Hay razones para admitir que los ahorradores lleven su dinero al banco y se fíen más de él que de individuos particulares. El banco siempre dispone de mejores condiciones para devolver el dinero a quien se lo ha entregado que un particular. Sin embargo, esto no deja de convertirse en una tentación, pues “sin hacer nada” mi dinero me da más dinero y así se alienta el deseo de vivir sin hacer nada.

Recientemente, los bancos, guiados por la ley de la competitividad, se lanzaron a campañas de oferta de interés y unos a otros se pisan los talones para lograr que los clientes lleven el dinero a su propio banco: “Doy el nueve”. “Doy el diez”. “Doy el doce y añado regalos magníficos”. Nadie necesita esos regalos, pero allí están las colas para meter el dinero. Y es que el dinero no tiene amigos y el cero con veinte es el cero con veinte.

La clave del problema está en preguntarse qué se va a hacer con el dinero confiado al banco. Es evidente que el dinero no se queda congelado en el Banco, circula repartido entre bastantes empresas. ¿Cuánto nos ha costado la guerra del Irak hasta el año 2008? Tres billones de euros. ¿Y de dónde sale tanto dinero? De los bancos, que lo guardan. Y nosotros nos hemos limitado a llevar nuestro dinero con la esperanza de que nos den el máximo de interés posible. Y el banco es objeto de nuestra felicitación porque lo han invertido allí donde los negocios son más rentables (armas, petróleo, alimentación transgénica...). La culpa de que se estén financiando actividades ilegales es de todos porque metemos el dinero en los bancos.

Somos la primera generación planetaria, que descubre el valor de la ciudadanía universal como valor y derecho de todos, que nos lleva a incluir y no excluir, a conjugar el binomio individuo-comunidad en relación armónica. En esa relación es básico el papel de la economía. Por ella nos relacionamos los unos con los otros y con la Casa Tierra. Todo lo que hacemos (amor/egoísmo; libertad/esclavitud) repercute en ella.

La distorsión de la relación individuo-comunidad alcanza su máxima perversión en las guerras, que parten del supuesto falso de que el hombre es lobo para el hombre y no hermano y de que los conflictos deben resolverse con el derecho de la fuerza y no con la fuerza del derecho. La solución existe: la que considera que todos poseemos una misma dignidad y valores, unos mismos derechos y obligaciones, vinculantes para todos desde una ética de responsabilidad y libertad.

 

3. UNA SOLUCIÓN ALTERNATIVA

3.1 El caso del Triodos Bank

Estamos palpando las consecuencias de un error histórico: el haber pasado de una conciencia de grupo a otra de individualidad egoísta. Somos seres comunitarios dentro de una historia y cultura que nos transmite el sentido de la vida. Estamos vinculados al pasado y a las generaciones anteriores, de las cuales nos llega el legado de que la vida humana por su razón y libertad se trasciende así misma y no le basta una explicación mecanicista. La herencia cultural recibida nos hace ver nuestra religación de unos con otros, con el cosmos, con la naturaleza, con Dios. Y para explicar esta religación sagrada no basta la ciencia ni una religión ritualista.

El momento actual nos está invitando a entender que, por encima de los conceptos de patria, nación, religión, sexo, etc. está el concepto esencial de la dignidad humana que confiere a todos categoría y condición de ciudadanos universales.

Siendo esto así, un sistema bancario ético es el que utiliza el dinero de sus clientes para mejorar el mundo, para mejorar la concordia entre las personas y pueblos.

Nuestro dinero no debe ir a parar a entidades financieras que destruyen el medio ambiente, no respeta los derechos humanos, etc. La paz sólo se puede construir si la apoyamos con una banca ética.

Tridos Bank representa, desde 1968, la creación de un banco diferente, implantado en varios países, también España. Ha ido creciendo cada vez más y ha demostrado dejar de ser un sueño. Dicha Banca está financiando actividades a las que no llega la banca convencional: escuela, arte, proyectos de cooperación al desarrollo, actividades religiosas, etc. El banco, tras cuidadoso examen, presta el dinero y con la condición de que pueda ser recuperado, incluso a largo plazo. El capital está en manos de unos 12.000 accionistas, ninguno de los cuales puede poseer más del 10 %. Está regulado por el Banco de España (país de acogida) y por el Banco Central Holandés (país de origen).

3.2 Una banca con valores

En el 2009, se produce la alianza de once Bancos (entre ellos el Triodos Bank), especializados en “bancas éticas”, sumando sus activos fundacionales más de 10.000 millones de dólares. Su objetivo es contribuir a crear una alernativa positiva a un sistema financiero global en crisis, con la seguridad de poseer el potencial necesario para introducir mejoras innovadoras. El modelo combina la rentabilidad social y medio ambiental.

Dar el dinero para que otros se realicen es la antítesis del egoísmo. Cuando damos, obramos en coherencia con lo más puro de nuestro ser y nos liberamos: contribuimos al bien, desarrollo y felicidad de la humanidad y del planeta. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

* Joan Antoni Melé Cartaña, estudió Ciencias Exactas y Ciencias Físicas en la UB, y más tarde Ciencias Económicas. Durante treinta años de profesión bancaria ha tenido la oportunidad de observar y conocer de primera mano la relación de las personas con el dinero y la consecuencias que se derivan. Desde 2006, trabaja en la banca ética de Triodos Bank como Director Territorial de Cataluña y Baleares, actividad que compagina con la de conferenciante de temas soiceconómicos y de humanidades.

 

 

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descender

descender Declaraciones recogidas por Stéphanie Le Bars
LA IGLESIA CORRE EL RIESGO DE CONVERTIRSE EN UNA SUBCULTURA
Entrevista a Monseñor Rouet, Arzobispo de Poitiers. Le Monde 03/04/10



ECLESALIA, 04/05/10.-Traducción de Inmaculada Franco
El arzobispo de Poitiers, Mons. Albert Rouet es una de las figuras más libres del episcopado francés. Su obra “J’aimerais vous dire” (Me gustaría deciros) Bayard, 2009, es un best-seller en su categoría. Ha vendido más de 30.000 ejemplares, recibido el premio 2010 de los lectores de La Procure (la mayor librería católica de Francia), es un libro de entrevistas que lanza una mirada bastante crítica sobre la Iglesia católica. Con motivo de la Pascua, Mons. Rouetnos entrega sus reflexiones de actualidad y su diagnóstico sobre la institución.

- La Iglesia católica se ve sacudida desde hace meses por la revelación de los escándalos de pedofilía en varios países europeos. ¿Le han sorprendido?

Me gustaría precisar una cosa primero: para que haya pedofilia se precisan dos condiciones, una perversión profunda y poder. Lo que significa que todo sistema cerrado, idealizado, sacralizado, es un peligro. En la medida en que una institución –incluida la Iglesia- se constituye en base a un derecho privado, se cree en posición de fuerza, ahí son posibles las derivas financieras o sexuales. Es lo que revela esta crisis y ello nos obliga a volver al Evangelio: la debilidad de Cristo es constitutiva de la forma de ser de la Iglesia.

En Francia, la Iglesia no tiene más este tipo de poder, por lo que estamos frente a faltas individuales, graves y condenables, pero no ante un asunto sistemático.

- Estas revelaciones llegan después de varias crisis que han jalonado el pontificado de Benedicto XVI. ¿Qué es lo que pone a la Iglesia en apuros?

Desde hace algún tiempo, la Iglesia sufre tormentas internas y externas. Tenemos un papa que es más un teórico que un historiador. Sigue siendo el profesor que piensa que cuando un problema está bien planteado está ya medio resuelto. Pero en la vida, esto no es así; nos enfrentamos a la complejidad, a la resistencia de lo real. Lo vemos claramente en nuestras diócesis donde ¡hacemos lo que podemos! La Iglesia tiene dificultades para situarse en el agitado mundo de hoy. Y ese es el corazón del problema. Me preocupan dos cosas de la situación actual de la Iglesia. Se da hoy en ella una congelación de la palabra. Por tanto, cualquier cuestionamiento de la exégesis o de la moral se juzga blasfemo. El cuestionar es algo que ya no se produce automáticamente y es una pena. Al mismo tiempo, en la Iglesia reina una atmósfera de suspicacia malsana. La institución se enfrenta al centralismo romano que se apoya sobre toda una red de denuncias. Ciertas corrientes pasan el tiempo denunciando las posiciones de tal o cual obispo, haciendo informes contra uno, guardando fichas contra otro. Y esto se intensifica con Internet.

Por otro lado, veo una evolución de la Iglesia paralela a la de nuestra sociedad. La sociedad quiere más seguridad, más leyes; la Iglesia, más identidad, más decretos, más reglamentos. Nos protegemos, nos encerramos. Es la señal misma de un mundo cerrado, ¡y es un desastre!

En general, la Iglesia es un buen espejo de la sociedad. Pero actualmente, en su interior son especialmente fuertes las presiones relativas a la identidad. Hay toda una corriente, que no reflexiona mucho, que ha asumido una identidad de tipo reivindicativo. Después de la publicación en la prensa de caricaturas sobre la pedofilia en la Iglesia, ¡he recibido reacciones dignas de los integristas islámicos con ocasión de las caricaturas de Mahoma! Al aparecer de forma ofensiva, uno se descalifica.

- El presidente de la conferencia episcopal, Monseñor André Vingt-Trois, ha vuelto a decirlo en Lourdes, el 26 de marzo: la Iglesia francesa está marcada por la crisis de vocaciones, el descenso en la transmisión de la fe, la disolución de la presencia cristiana en la sociedad. ¿Cómo vive usted esta situación?

Trato de tomar nota de que estamos al final de una época. Hemos pasado de un cristianismo de costumbre a un cristianismo de convicción. El cristianismo se había mantenido sobre el hecho de que se había reservado el monopolio de la gestión de lo sagrado y de las celebraciones. Con la llegada de nuevas religiones y con la secularización, la gente ya no recurre a esa idea de lo sagrado.

Pero ¿acaso podremos decir que la mariposa es “más” o “menos” que la crisálida? Es otra cosa. Por eso yo no razono en términos de degeneración o de abandono: estamos en proceso de mutación. Nos falta calcular la amplitud de esa mutación.

Mire mi diócesis: hace setenta años, tenía 800 curas. Hoy en día, tiene 200, pero también cuenta con 45 diáconos y 10. 000 personas involucradas en las 320 comunidades locales que comenzamos a crear hace quince años. Y eso es mejor. Hay que acabar con la pastoral tipo SNCF (N.T. la Renfe en España). Hay que cerrar algunas líneas y abrir otras. Cuando uno se adapta a la gente, a su manera de vivir, a sus horarios, la asistencia aumenta, también a la catequesis. Y la Iglesia tiene esta capacidad de adaptación.

- ¿De qué forma?

Nosotros ya no tenemos el personal suficiente para una división territorial con 36.000 parroquias. Y entonces, o bien lo consideramos una desgracia de la que hay que salir a cualquier precio y resacralizamos al cura, o bien inventamos otra cosa. La pobreza de la Iglesia es una provocación para que abramos nuevas puertas. ¿La Iglesia debe apoyarse en sus clérigos o en sus bautizados? Yo pienso que la Iglesia debería confiar en los laicos y dejar de funcionar sobre la base de una división territorial medieval. Esto es un cambio fundamental. Y un reto.

- ¿Ese reto supone el abrir el sacerdocio hacia los hombres casados?

¡Sí y no! No, ya que imagínese que mañana yo pueda ordenar a diez hombres casados, que los conozco, no es eso lo que falta. No podría pagarles. Deberían trabajar, por lo tanto, y no estarían disponibles más que los fines de semana para los sacramentos. Así regresaríamos a una imagen del cura vinculada sólo al culto. Sería una falsa modernidad.

Sin embargo, si cambiamos la manera de ejercer el ministerio, si su función en la comunidad es otra, entonces sí, podemos considerar la ordenación de hombres casados. El cura no debe seguir siendo el patrón de la parroquia; debe de apoyar a los bautizados para que se conviertan en adultos de fe, debe formarlos, evitar que se replieguen en sí mismos..

Es él [el cura] quien debería recordarles que son cristianos para los otros, no para sí mismos. Entonces, él presidirá la eucaristía como un gesto de fraternidad. Si los laicos siguen siendo menores de edad, la Iglesia no tendrá credibilidad. Ella debe hablar de adulto a adulto.

- Usted considera que la palabra de la Iglesia ya no se adapta al mundo. ¿Por qué?

Con la secularización, se formó una especie de “burbuja espiritual” dentro de la cual flotan las palabras. Comenzando por la palabra “espiritual”, que cubre prácticamente cualquier tipo de mercancía. Por lo tanto, es importante dar a los cristianos los medios para identificar y expresar los elementos de su fe. No se trata de repetir una doctrina oficial sino de permitirles decir libremente su propia adhesión.

Frecuentemente es nuestra manera de hablar la que no funciona. Hace falta descender de la montaña al llano y hacerlo humildemente. Para ello se requiere de un gran trabajo de formación, ya que la fe se había convertido en algo de lo que no se hablaba entre cristianos.

- ¿Cuál es su mayor preocupación sobre la Iglesia?

El peligro es real. La Iglesia corre el riesgo de convertirse en una subcultura. Mi generación estaba apegada a la idea de inculturación, a la inmersión en la sociedad. Hoy en día, el riesgo es que los cristianos se encierren y endurezcan simplemente porque tienen la impresión de estar frente a un mundo de incomprensión. Pero no es acusando a la sociedad de todos los males como alumbramos a la gente. Al contrario, hace falta una inmensa misericordia para con este mundo donde millones de personas mueren de hambre. Nos toca a nosotros amansar a ese mundo, nos toca a nosotros volvernos más amables. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).



izquierda

izquierda

CRISTIANISMO DE BASE E IZQUIERDA EN EL ÚLTIMO MEDIO SIGLO*
EVARISTO VILLAR, evaristo_villar@yahoo.es
MADRID.

I ¿A quiénes nos referimos?

ECLESALIA, 26/04/10. - A colectivos de católicos españoles que cubren un espacio desde la segunda mitad del pasado siglo hasta hoy; que producen una cultura literaria y una práctica socio-política desde la inspiración cristiana; y que esta inspiración los impulsa hacia una política de izquierdas (¿hacia socialismo democrático?). Hay que reconocer que 50/60 años en la era del conocimiento (como se califica a la actual), es una enormidad. Antes los cambios de era duraban miles de años, siglos; ahora, cada año que pasa va haciendo viejo todo lo anterior.

- Como en los cambios de época, también en estos colectivos se advierten solapamientos internos y diferencias entre ellos, en parte impuestas por el nuevo contexto socio-político y cultural que está naciendo y el lugar social donde arraigan. En este sentido, “no se puede hablar de un movimiento uniforme”, puesto que los colectivos no están articulados, pero sí se puede descubrir entre ellos una corriente o inspiración interna que, desde distintos ángulos, marcha en la misma dirección. Por señalar solamente algunos colectivos que conozco mejor y que pueden considerarse representativos de otros muchos de ámbito estatal y de los diferentes sectores de la acción pública, señalo los siguientes: la HOAC, la JOC, VO, CCP, CpS, IBdeM y RR CC.

- Finamente, estas notas están redactadas después de un cambio de impresiones mantenido con tres militantes y testigos que considero representativos de la trayectoria de los cristianos y cristianas de izquierda durante este período. Me refiero a Pedro Serrano, cura obrero y misionero en AL, actualmente miembro de la Comisión de Cristianos y cristianas de IBdeM en los Movimientos sociales; a Antonio Zugasti, activo militante en sindicatos y partidos de izquierda y a Javier Domínguez, que fue consiliario de la HOAC entre la emigración española en la Europa de los años 60 y actualmente animador de CCP y de los Comités Mrs. Romero. Antonio y Javier pertenecen, desde su mismo origen, al Equipo de Redacción de la revista Utopía. A ellos el agradecimiento, aunque de los aciertos o desaciertos que puedan suponer estas notas soy yo el único responsable.

II. Relación entre religión y política en los cristianos de izquierda en este periodo

Según las aportaciones de la sociología y la ciencia política, la religión es un factor determinante que favorece y acompaña la elaboración cultural y la acción política de los y las creyentes (cfr. Rafael Díaz-Salazar, Nuevo socialismo y cristianismo de izquierdas, 2001). Pues bien, si esto fuera cierto, tratándose de sujetos que han tenido y siguen teniendo una repercusión cultural y política en la izquierda, considero importante clarificar desde el principio estas dos cuestiones: 1ª. ¿De dónde arranca su religiosidad, cuál es su inspiración, su punto de partida?; y 2ª. ¿En qué escenarios se ha desplegado y sigue desarrollándose su praxis? Brevemente:

1ª. La acción de los y las cristianos de izquierda arranca del proseguimiento de las grandes causas que motivaron la vida, mensaje y praxis de Jesús, singularmente entre los pobres. Las primeras comunidades cristianas concentraron esta práctica en la expresión Reino/Reinado de Dios que, como bien sabemos, tiene una connotación marcadamente social y política, es una alternativa global al sistema imperial dominante.

2ª. Desde este punto de partida, la práctica de los cristianos y cristianas de izquierda se ha desplegado en dos escenarios complementarios: uno intra-eclesial y otro en el ámbito socio-político. Aunque no es el primer escenario objeto de nuestro debate hoy y aquí, no me resisto a decir dos cosas que ayudan a la comprensión del segundo, su práctica política.

Ámbito intra-eclesial

- En el ámbito intra-eclesial los cristianos y cristianas de base despliegan una religión de carácter profético y liberador, centrada en el Dios de Jesús que se compromete con la historia hasta encarnarse en la misma y empujarla a las más altas cuotas de humanización. Indirectamente, esta praxis religiosa denuncia otra forma de religión que es mayoritaria y legitimadora del statu quo, la de cristiandad o nacionalcatólica, individualista y burguesa, espiritualista y evasiva.

- En al practica de estos colectivos cristianos se puede advertir un fenómeno muy significativo como el siguiente: si inicialmente su militancia hacia afuera soñaba con llevar la inspiración cristiana a los movimientos sindicales y políticos de izquierda, a partir de los años 70, el movimiento es inverso, es decir, intentan que la estructura de la Iglesia se deje impregnar por el aire democrático que se respira fuera.

Ámbito socio-político

El segundo escenario, el socio-político, se sitúa directamente en el campo civil, donde las cristianas y cristianos de izquierda buscan mediaciones económicas, políticas y culturales capaces de asumir y realizar sus principios. Es importante señalar de ante mano que en la elección de estas mediaciones socio-económico-políticas, estos colectivos cristianos han venido rechazando en los últimos 50 años la llamada “tercera vía”. Es decir, una forma de acción política, en parte inspirada en la Doctrina Social de la Iglesia, importante en la crítica teórica que hace al comunismo y también al capitalismo, pero que en la práctica no va más allá de un imposible reformismo, y que, sobre todo, mantiene el maridaje entre religión y política. Los movimientos cristianos de base han apostado mayormente por la separación de las dos esferas, la civil y la religiosa, y por el respeto a la laicidad y aconfesionalidad de las mediaciones políticas.

Así se puso de manifiesto, ya en la década de los ochenta, en el famoso debate llevado a cabo en el seno de la Acción Católica Italiana, iniciado por su secretario general, Alberto Monticone y continuado por joven teólogo Bruno Forte. El debate se centró entonces en el uso de medios propios en la acción política (“cristianismo de presencia”) o colaboración e inserción en los ajenos (“cristianismo de mediación”). Frente a la posición oficial de la Iglesia que defendió los medios propios (del tenor de la Democracia Cristiana, Comunión y liberación, etcétera), apoyada por el mismo Juan Pablo II, los cristianos y cristianas de base se inclinaron por la inserción en las mediaciones civiles de izquierda ya existentes. De este debate aún quedan grandes secuelas no resultas convenientemente entre nosotros en ámbitos como la enseñanza, la sanidad, la acción social, etcétera.

Desde este punto de vista, vamos a preguntarnos a continuación por los principios o mensajes básicos que ha venido defendiendo esta forma de cristianismo, llamemos de inserción, en la vida pública o en las mediaciones civiles. En otras palabras, ¿cuál ha sido y sigue siendo su utopía o reivindicación política?

III. Utopía del cristianismo de inserción o de base en la acción política

Con la actualización que va haciendo espontáneamente el transcurrir de cada década y contando también con las marcas identitarias que cada colectivo o movimiento va dejando en un mismo mensaje, creo que podríamos dibujar esta utopía con cinco rasgos o principios como los siguientes: la centralidad del ser humano, de la persona, frente a las mediaciones; la primacía de los últimos, o lo que se ha llamado el “privilegio hermenéutico de los pobres”; la socialización de la economía desde la perspectiva de la comunión de bienes; y la radicalización de la articulación política desde los principios de igualdad y universalidad.

1º. La centralidad del ser humano

La centralidad del ser humano o de la persona lo convierte en sujeto y fin de la acción política cristiana. Siguiendo una dimensión de la Regla de oro “no hagas a los demás lo que no quieras que hagan contigo”, el ser humano no se puede utilizar éticamente como medio para conseguir otros fines. Lo expresó muy acertadamente el filósofo Emmanuel Kant en su Crítica de la Razón Práctica: “Obra de tal manera que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca como un medio”. Se trata de una traducción directa del famoso apotegma de Jesús: “El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc 2,27). Entendiendo por sábado el Estado, el sistema, el mercado, el partido, el sindicato, la religión, las iglesias, etcétera. Por si quedara alguna duda, Pedro Casaldáliga concentra toda la eticidad de esta praxis en la ingeniosidad de estas palabras: trabaja por “humanizar la humanidad”, es decir, primero el ser humano, luego el ser humano y, finalmente, todo lo demás. Los cristianos y cristianas de izquierda, siguiendo este principio que consideran prolongación de la acción de Dios en la historia, reniegan de toda institución que pretenda utilizar al ser humano como medio para conseguir otros fines.

2º. La primacía de los pobres a la que hoy se asocia también la Tierra

Lo dice con meridiana claridad Redes Cristianas en su Carta de Identidad: “Como punto de partida, nos duele profundamente la creciente masa de empobrecidos y dominados que se multiplican en nuestro mundo. Son personas y pueblos que sufren, excluidos del don de la vida, y sometidos por un sistema capitalista inhumano y por una sociedad, que se muestra insensible y sin entrañas ante tanto dolor”. (Hoy día se cifran en 150 millones de pobres en África, 85 millones en la UE, 10 en España, etcétera). “Se trata de seres humanos, hermanos y hermanas nuestros, por desgracia los más débiles, que son víctimas de la represión política, del olvido y la exclusión por toda índole de motivos socioeconómicos y étnicos, de orientación sexual y de género, de religión, de modo de pensar y de ser. Por motivos similares, muchos miembros de nuestros colectivos llevan las marcas de dicha exclusión... Desde nuestra conciencia actual, nos preocupa igualmente la brutal explotación que está sufriendo en nuestros días la Tierra, madre de la vida y casa común de la humanidad. También ella está siendo víctima de la codicia y la usura, de la irresponsabilidad y el egoísmo de una sociedad sin conciencia”.

Erradicar la pobreza y, hoy día, luchar contra el cambio climático, se consideran principios irrenunciables de la acción política y sindical de los cristianos y cristianas de base. Se trata de una consecuencia lógica del principio de “solidaridad radical” que supieron intuir fielmente las primeras comunidades del mensaje, vida y praxis de Jesús. El anunció de forma parcial y dialéctica del Reino de Dios que convirtió en Buena Noticia para los pobres económicos y sociales y en mala noticia para los ricos. La opción por los pobres y contra los ricos convierte a los primeros en principio de verificación de la ortopraxis cristiana. Por eso se ha dicho, y con razón, que los pobres son el “privilegio hermanéutico” para verificar la correcta práctica cristiana.

Pues bien, la relación de los cristianos y cristianas de base con cualquier mediación política o sindical siempre ha estado y sigue estando supeditada a que dicha mediación asuma en su programa y praxis política este criterio

3º. Socialización de la economía

La tendencia hacia la radicalización democrática de la economía o la superación del sistema y de la lógica capitalista es otra de sus líneas de fuerza. Entre la concepción individualista y mercantil del capitalismo y la planificación del comunismo leninista, no se puede ignorar que los cristianos y cristianas de base mantienen, aunque no haya una coincidencia absoluta en todos sus matices, una querencia hacia la “autogestión socialista de la economía”. Autogestión que, con todos los matices que se quiera, apuesta por la propiedad social o colectiva de los medios de producción y la propiedad privada de los bienes de uso y consumo personal y familiar, pero sin negarle tampoco a estos últimos su dimensión social.

Los colectivos cristianos de izquierda se inspiran, también en este caso, en el radicalismo de Jesús sobre la propiedad y en los ensayos o propuestas comunitarias/ comunistas de los primeras comunidades trasmitidas en las cartas de Pablo y, sobre todo, en los Hechos de los Apóstoles: “todo lo ponían en común”, se dice, repitiendo, con este gesto, el simbólico milagro de la multiplicación de los panes. La posición de Jesús en este tema va a la raíz misma de la propiedad en el relato simbólico sobre el activista revolucionario, el mal llamado “endemoniado de Gerasa”. En sustancia, se viene a decir que los propietarios de la tierra, colaboradores del imperio, que han despojado al pueblo de lo que es de todos, van a correr en el Reino de Dios o sociedad alternativa la misma suerte que la piara de cerdos que se precipita en el mar.

Esta tendencia a la socialización democrática de la economía, alternativa a la lógica del capitalismo, es quizás el punctum dolens o tendón de Aquiles de las exigencias de los cristianos y cristianas de base a las mediaciones políticas y sindicales.

4º Radicalización de la articulación política

Si en las décadas de los 50, 60 y aún de los 70 la lucha de los movimientos cristianos de izquierda fue contra la dictadura, en la actualidad lo que más preocupa en este campo es la debilidad y devaluación a que está siendo sometida la democracia. Frente a las tendencias anarquista y libertaria o el estatalismo leninista de las primeras décadas, hoy en día los colectivos cristianos apuestan mayoritariamente por un Estado (quizás federal), defensor de los derechos y de la justicia, pero siempre subsidiario y servidor del bien común. Y ante el intento de sustituir del Estado por la “mano invisible y providente” del mercado neoliberal, los colectivos cristianos defienden un Estado que no agoste, sino que potencie, el protagonismo de la sociedad civil.

Desde este protagonismo de la sociedad civil, multicultural y diversa, es desde donde se levanta, cada día con mayor fuerza, la crítica al Estado democrático nacionalista y políticamente articulado en los partidos. Porque el nacionalismo erige fronteras y el partidismo actual se está convirtiendo en una casta profesional o democracia de élites que excluye de sus cuadros directivos al pueblo. No es suficiente la representación ni mucho menos la delegación para vivir en democracia, es preciso abrir cauces a la horizontalidad, participación y universalidad desde las bases. En este sentido, los partidos políticos, organizados para la conquista del poder, se convierten en grupos selectivos y corporativistas que excluyen el asociacionismo o comunitarismo ciudadano e impiden la profundización en la democracia.

Todo esto explica la preferencia de los cristianos y cristianas de base por los movimientos sociales alternativos, más fácilmente abiertos a la horizontalidad, participación y pluralismo que ellos y ellas buscan. En este sentido, la apuesta de los movimientos cristianos de izquierda se encamina hacia una ciudadanía universal y cósmica donde quepan por derecho propio los sectores diferentes, sometidos y excluidos.

IV. Algunas cuestiones para el debate

1ª. Búsqueda de alternativas. Podríamos partir de esta constatación: a medida que nos vamos alejando de los comienzos, es decir, de las décadas de los 50 hasta el 70 y 80 casi todos los criterios antes expuestos van perdiendo políticamente fuerza. Ya no está tan claro que los cristianos y cristianas de izquierda estemos hoy día más allá de las aspiraciones de una social-democracia. El pragmatismo y la involución política van ganando terreno en la ciudadanía y esto crea perplejidad aun en los grupos cristianos más críticos. En este contexto, cabe preguntarse: ¿podemos seguir diciendo, en verdad, que estamos apostando por un sistema político radical alternativo al sistema capitalista, por un socialismo democrático? ¿Qué criterios de los anteriormente expuestos seguimos manteniendo como marco de nuestra apuesta política de futuro?

2ª. Peligro del purismo político. Por otra parte, se va imponiendo en la cultura ciudadana la idea de que la política, considerada como el arte de lo posible, en sociedades complejas como la nuestra tampoco lo resuelve todo. Por este motivo se defiende el pacto, la búsqueda de consenso, el gradualismo, los cambios de táctica, el optar por lo menos malo ante lo peor, etcétera. En este contexto, ¿cómo salvar hoy una política radical, alternativa, utópica sin caer en la ineficacia? O dicho de otro modo, ¿cómo ser políticamente eficaces sin morir en el intento (en las mediaciones)?

3ª. Peligro de los fáciles atajos. Ante la lucha por el poder que parece la forma de acción más visible de los partidos políticos y la corrupción que va acompañando como una sombra negra al poder, también debemos preguntarnos hoy día por la coherencia o relación entre política y ética. Y la pregunta podría ser esta ¿tiene que ser la política siempre esclava de la ética? O dicho más directamente: ¿Los cristianos y cristianas de izquierda pueden prescindir de la ética en la acción política? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*Ponencia en el primer encuentro del Foro Estatal de Cristianas y Cristianos de Base por la Refundación de la Izquierda celebrado el pasado 24 de abril en Madrid.

- - -> Para más información: cristianosdebase@refundandolaizquierda.net

dilata

dilata

Coordina: Justa del Sol, oblata. Liturgia: Comunidad de Monjas Trinitarias
EL PRESENTE EXISTENCIAL COMO CRECIMIENTO PERSONAL Y EL PRESENTE SOCIAL COMO COMPROMISO SOLIDARIO
En el Monasterio de la Trinidad de Suesa del 30 de abril al 2 de mayo de 2010
COMISIÓN DE ESPIRITUALIDAD DE “AMIGOS DEL MONASTERIO DE SUESA”, amosuesaes@gmail.com
SUESA (CANTABRIA).

ECLESALIA, 15/04/10.- El presente, la búsqueda y la práctica del silencio; estos tres itinerarios resumen el próximo taller que realizaremos los días 30 de abril al 2 de mayo, un taller que quiere ser aprendizaje pero también descanso. Necesitamos aprender a estar en el presente, necesitamos dotar a nuestra vida de esa calidad que provoca la detención del tiempo y engrandece cada momento y cada espacio.

Los seres humanos somos seres llamados a vivir en la Unidad y, si vivimos en la Unidad, podremos vivir en el presente, en el aquí y ahora, disfrutando de cada momento, circunstancia y, sobre todo, disfrutando de lo que somos, esa imagen aún inacabada del amor que necesita transcenderse cada día, para plenificarse y complacerse en cada instante y en mi propio yo, icono incompleto de Dios Amor.

¿Cómo vivir el presente descansando en él? ¿Por qué no somos capaces de estar y ser, con nuestra realidad, en el aquí y ahora? ¿Por qué siempre estamos viviendo en el pasado o proyectados hacia el futuro?

Si yo no vivo el hoy no estoy unificada porque vivo entre el pasado y el futuro, vivo hacia atrás y hacia adelante, con lo cual mi eje no está en el centro y siempre tendré vaivenes hacia fuera de mi ser. Si mi columna vertebral está desviada me inclinaré hacía un lado o hacia el otro, me faltará el equilibrio.

Esto es lo que nos falta: equilibrio. Equilibrio en el tener, en el hacer, en el pensar…, equilibrio para vivir en mi centro, proyectada a Su Centro

¿Cómo conseguirlo?

Necesitamos silenciar el ser, ayudarle a silenciarse, no por imposición, sino por un aprendizaje de estar consigo mismo en el tiempo y espacio concreto, en lo que soy, con mis límites y con mis dones. He de descubrirme en mis límites para potenciar mis dones.

El silencio es la escuela de encuentro con una misma, con esa inmensa maravilla que a veces rechazo porque aún no me he descubierto, porque me da miedo entrar en mi interior y prefiero vivir en la superficie, en mi epidermis, en donde no disfruto de la que soy, pero que me evita el arriesgarme y hacerme daño.

Silencio de la mente, del corazón, de los sentidos, silencio de los deseos y de los encuentros, silencio del amor, para llegar a ser Amor.

Si silenciamos tanto murmullo, tanto ruido, tanto miedo, tanto proyecto, tanto recuerdo nos encontraremos con lo que somos: personas limpias que vamos acumulando dolores, sufrimientos, para evitar encontrarnos con nosotras mismas. Mientras me refugio en mis dolores, en mis heridas ya conocidas, no puedo vivir en mi centro, sino en las capas que voy creándome para no ser yo. Resultaré un yo creado a mi medida, una pseudo persona que, inconscientemente, se niega a crecer porque eso conlleva conocerse, asumirse, quererse y tomar las riendas de una vida que, centrada conduce al centro mismo de Dios.

En este tiempo de Pascua es bueno descubrir al Cristo resucitado en un tiempo y espacio concretos. La fe y le experiencia posterior de tantos millones de cristianos hace que la Resurrección de Jesús de Nazaret se dilate por toda la historia y por todo el universo. Pero, aun así, para cada uno el encuentro personal tiene un instante exacto, y no vivirlo es perderlo... como el resto de la vida. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: www.montrinisuesa.net

disquisiciones

disquisiciones

Y PPC, ¿QUÉ TIENE QUE DECIR SOBRE SU RETIRADA DEL “JESÚS” DE PAGOLA?
GONZALO DEL MAR, teólogo, gonzalodelmar@yahoo.es

ECLESALIA, 13/04/10.- Asistimos indignados a un nuevo acto de intransigencia dictatorial, dentro de nuestra Iglesia, con la retirada de las librerías del best seller religioso sobre Jesús escrito por Pagola.

Desde distintos frentes se levantan voces reclamando, en primer lugar, información: ¿Quién ha dado esta orden? ¿Por qué la ha dado? ¿Cómo se ha podido ningunear el nihil obstat de un obispo? ¿Por qué tanta intolerancia doctrinal? ¿Cómo se pueden utilizar procedimientos tan sibilinos y cercanos a los servicios de inteligencia por parte de algunos jerarcas religiosos? ¿Por qué tanto silencio de obispos más moderados y menos conservadores que los que lideran el cotarro?

Personalmente no creo que vayamos a obtener respuesta a dudas tan razonables y compartidas como estas. Quien así actúa, ni se siente presionado por nadie ni cree que tenga que dar explicaciones; y, sobre todo, no tiene el coraje de servir a la verdad a plena luz del día.

Pero hay otra parte en este litigio que se nos puede quedar en la trastienda. Una editorial católica, una empresa editorial, PPC, ha decidido retirar el libro con el que ha obtenido más ganancias en toda su historia. ¿Por qué lo ha hecho? ¿Por qué no ha dado ninguna explicación? ¿Por qué se mantiene en el silencio?

En primer lugar, ¿de verdad han retirado el libro de las librerías? ¿Seguro que las librerías están dispuestas a dejar de vender un libro por el que obtienen un buen porcentaje y que se sigue vendiendo fantásticamente? Prueben, prueben y vean…

En segundo lugar, ¿no previó PPC que pasaría lo que ha pasado al volver a poner en el mercado la edición revisada y con el nihil obstat de un obispo saliente y lejano a la órbita del poder eclesiástico? ¿Por qué se arriesgó, a pesar de todo? ¿Fue un ejercicio de rebeldía evangélica? ¿Tal vez un intento desesperado por seguir incrementando la cuenta corriente?

En tercer y último lugar, ¿es PPC quien está aterrada o lo está el Grupo SM, del que forma parte? ¿Es PPC rehén de las presiones eclesiales o de la falta de valentía y de coraje de los administradores de SM?

Por último, ¿nos vendrá luz por alguna parte o tendremos que suponerlo todo nosotros y, seguramente, equivocarnos en muchas de nuestras disquisiciones? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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el momento

el momento

LA DOLOROSA “CURA” DE LOS PROBLEMAS DE LA IGLESIA
JOSÉ IGNACIO CALLEJA, sacerdote, experto en Moral Social Cristiana, igcalleja@euskalnet.net
VITORIA-GASTEIZ.

ECLESALIA, 08/04/10.- ¿Merece la pena volver sobre el momento actual que está viviendo la Iglesia católica? Y, si volvemos, ¿en qué sentido? Además, la Iglesia y su “gente” viven tantas experiencias distintas que de cuáles hablaremos. ¿De aquellas que nos hacen gozar o de aquellas que nos hacen sufrir? De todas claro está. Cada una tiene que tener su momento. Pero es probable que las malas noticias, aquellas que nos hacen sufrir, nos atraigan más. Quizá son más “noticia”, o estamos menos preparados para recibirlas. Quizá, y sin quizá, sabemos que sin reorientar esa situación, los pasos siguientes no nos van a convencer. Así que aceptemos mirarnos al espejo y veamos de poner un poco de orden en la trastienda. Porque ante todo hemos de evitar que esta acusación se haga verdad: “El Vaticano ocultó los abusos y ahora está tratando de ocultar el ocultamiento”.

Pues bien, llueven noticias negativas para la Iglesia y la empapan con su persistente recuerdo de abusos contra menores en su seno. Miembros aislados de la Iglesia, parece que muchos según los distintos países, y por tanto, por desgracia, no tan casos sueltos, han incurrido en esos abusos y ahora está sabiéndose. Podía pasar, y está bien que se sepa, porque estos males se derivan de la condición pecadora de las personas, pero no menos de una situación eclesial muy peculiar. Tiene que concurrir el sujeto individual que padece ese instinto delictivo con el lugar favorable a su abuso, las personas especialmente débiles que lo soporten, y los responsables que al sospecharlo o conocerlo, lo encubran por el bien de la institución; y, por otra razón que conviene no olvidar, porque los responsables no tienen claro el concepto de delito contra la dignidad de la persona; sí, el de pecado, no el de delito. Y así la rueda es imparable. Ha sido imparable. Cuando se tiene mucho poder social, y ningún control externo, sólo el propio del grupo o corporación, y cuando un grupo, la Iglesia, no “se sabe” sociedad civil de los iguales en derechos y deberes “civiles”, y la moral obligatoria sobre los derechos humanos está todavía cuajando en muchas conciencias, ¡con tanta prevención eclesiástica!, sucede esto. Pasan los años, esa conciencia de los derechos humanos, es decir, de la moral civil común y de la sociedad civil que por ella se rige, se extiende entre todos, y algunos eclesiásticos por sus actos malos y delictivos, y la misma Iglesia, por su concepción de cómo resolver “los males propios” en términos de derecho canónico y de grupo soberano, frente a la sociedad y el derecho común, quedan enredados en su propio engaño y asustados de por qué tardaron tanto en verlo.

Ahora bien, como fuera que la mayoría de los que lo vieron y taparon, han llegado en el orden eclesial muy arriba, surge el problema de quién dirá hasta dónde alcanza la memoria del mal y el análisis de sus causas. Y este sí que es un problema: habrá que resolver el drama por los mismos que mejor conocieron que algo de esto pasaba y quisieron arreglarlos en casa. Ahora tienen que hacerlo en términos de derecho eclesial. Y ¡civil!, y esto puede ponerlos ante el espejo de su propia trayectoria predemocrática. Es el problema de haber ido siempre al compás de la conciencia “moral” y canónica del poder eclesial, para no equivocarte, y un día te descubres habiendo servido al mal. ¿Podrán seguir quienes así actuaron, ¡los que lo fueran, qué no lo sé!, en sus responsabilidades? Esta es una parte fundamental del problema: las personas y sus responsabilidades como autoridades en el momento y si conocieron; el modo como lo resolvieron, y la conciencia del bien moral y del derecho común que les caracterizó; y las consecuencias que tiene hoy, para la iglesia, en cuanto reconocimiento, por fin, de su condición, ¡también ella!, de sociedad civil, y también ella partícipe y obligada por la moral civil. Esto nos cuesta, pero es imprescindible, para no repetir el mal como institución.

Hay otra perspectiva en el tema que no tiene que ver con lo anterior, pero sí tiene. Es la cuestión del celibato obligatorio. Nadie por causa del celibato obligatorio se va a convertir en un depravado sexual. Pero hay en el “asunto” varios aspectos que merece la pena considerar. El primero es que está en juego la cuestión de un derecho humano fundamental. Desde luego, es una renuncia personal y libre, pero es peligroso no caer en cuenta que se trata de un derecho fundamental, y la reserva con respecto a ellos ha de ser muy cuidadosa. Como mínimo, hay que temblar al condicionar el sacerdocio ordenado a esa obligación, porque fácilmente puede estar primando en el candidato una aceptación “forzada” de la renuncia, por mor de otro bien mayor, para él, cual es la ordenación. Como mínimo, temblar al exigir, y por tanto, moralmente, desistir en la obligación.

Por otro lado, nadie debería olvidar que la gente aprende a ser célibe, no se nace tal, sino que se aprende, y se aprende con mucho esfuerzo, hablo de tejas abajo, con mucho esfuerzo y con una línea muy delgada con respecto a la represión de la conciencia. Hay que tener cuidado con esto. Lo que con 25 años puede ser claro, con cuarenta a lo mejor no lo es, y las situaciones pueden ser tan complejas que, desde luego, la salida del sacerdocio no siempre ha sido lo elegido, y moralmente, ni lo obligatorio “prima facie”. La persona es una vida y madura sus decisiones fundamentales no siempre linealmente. Es muy peligroso suponer que en cuanto algo tan fundamental como la sexualidad y el matrimonio-familia, la última palabra en la vida esté dicha a los 25 ó 29. Parece mentira que la gente de edad, la gente que en la Iglesia ha pasado por todo y lo ha visto todo, y que tiene la responsabilidad última hoy, siga haciendo como que aquí no pasa nada, que es una cuestión menor y que pasará de moda. Parece mentira con lo que deberían saber sicológica y moralmente.

Y tercera razón, sin agotarlas, cualquiera sabe que las personas maduran afectiva y sexualmente a muy distinto ritmo, pero con todas sus dimensiones, íntegramente, y es claro que el celibato obligatorio en la Iglesia es un inconveniente serio para lograrlo en muchas personas. A veces pienso que en la gran mayoría, pero no quiero ir tan lejos en lo que digo. No se trata de si la gente guarda o no el celibato, sino de cómo integra la sexualidad en su madurez personal, y qué sustituciones más o menos aceptables, (las hay artísticas, intelectuales y episcopales), y hasta perversas en algunos desgraciados casos, puede potenciar esa mala asunción de la condición humana en su integridad. No equiparo esos sustitutivos, ¡cuidado! Nunca una institución que se decantó más veces por el valor moral normativo de “la naturaleza humana”, fue más reacia a la dimensión sexuada de esa misma condición. Se dice que por causa del Evangelio de Jesucristo, al servicio del Reino. Bien sabe todo el mundo que en esta cuestión el Evangelio no es, ni mucho menos, definitivo. ¿Debo extenderme sobre la igualdad fundamental de los bautizados en la Iglesia, mujeres y hombres iguales, y el derecho igual al desempeño de todos sus ministerios? Me resulta obvio.

Como esto sólo es una introducción “a vuela pluma”, pero pensada con su tiempo, dejémosla aquí para su posado y opinión. Saludos cordiales. Feliz Pascua de 2010. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

comprendió

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EL PECADO PRINCIPAL
HUGO A. DE LOS CAMPOS, drhdlc@gmail.com
MONTEVIDEO (URUGUAY).

ECLESALIA, 05/04/10.- Se había ordenado hace mas de cuarenta años, y celebraba el sacrificio de la misa y sus funciones pastorales, con una continuidad en las formas que le habían sido transmitidas desde su formación de seminarista. Era reacio a los cambios bruscos y radicales, y sus funciones las ejercía dentro de perfiles casi escolásticos.

Por eso cuando se convocó al Concilio, sabedor de que su designio era remover los viejos credos, integrando la experiencia humana a los dogmas católicos, sintió pavor.

Solo lo consolaba el que la lengua oficial del acontecimiento ecuménico, era el latín.

Comenzaba el otoño, cuando ante él se presentó quien por decisión del Obispo, seria el sacerdote auxiliar de la parroquia.

Al verlo tuvo que hacer un gran esfuerzo para ocultar su contrariedad.

Era joven, no usaba sotana, y se le ocurrió que el cleisman, que era lo único que denotaba su condición de sacerdote, lo ostentaba solo para esa ocasión. No pretendía que tuviera la tonsura, pero su pelo abundante y desordenado, lo consideró al borde de la herejía.

Era alegre y jovial, lo que contrastaba con la seriedad solemne que el viejo presbítero siempre había tenido, y que él asumía como algo necesario a su estado clerical, y encontraba como natural a su autoridad.

Él lo saludo con respeto, y una amplia sonrisa que me desbordaba sus labios, y se transmitía desde sus ojos grandes y claros.

El anciano le extendió la mano, en gesto grave, y sin mas lo llevo a mostrarle cual sería su habitación.

Era pequeña, la luz del día entraba escasa por una diminuta ventana, el mobiliario era exiguo y de un color marrón oscuro.

Sobre su pequeña mesa de luz había una Biblia y un misal.

En las paredes, de color gris y con una pintura que descascarada revelaba su vejez, colgaba una figura de Jesús crucificado.

Nada más.

Con naturalidad y sin rodeos el joven le pidió permiso para hacerle algunas pequeñas modificaciones. Él asintió solo con un movimiento de cabeza, se dio vuelta y lo dejó.

En no más de quince días las paredes lucían un blanco brillante, la ventana había extendido su superficie dejando pasar la luz del sol, que resaltaba el nuevo color de las paredes.

Había quitado la imanen del Jesús sufriente y en su lugar lucia un rostro joven y gozoso de Cristo resucitado.

Junto a la Biblia y el misal, flores del campo de varios colores, esparcían un perfume suave y agradable.

Mientras el joven clérigo se ocupa de tareas en la parroquia, el viejo sacerdote se acerco con sigilo a ver las modificaciones, en forma inspectiva.

Apenas entro a la pieza la luz el sol, que se espejaba en la claridad de las blancas paredes, lo encegueció.

Bajó los párpados para protegerse de la luminosidad, y al momento un perfume – aún no había visto las flores - invadió sus aletargados sentidos.

El rostro de un Jesús, joven, y gozoso lo miraba.

Salió apresurado, cerrando la habitación con un portazo, que revelaba sonoramente su desagrado.

Se sentía con una nerviosa confusión. Estaba irritado pero más que eso le inquietaba su perturbada conciencia de lo que le acontecía. Cautivo de la costumbre, subió a su viejo auto, y a pesar de que tendría que recorrer un extenso trayecto, sin dudar un instante se dirigió al Obispado.

El prelado superior de la diócesis era muy respetado por sus virtudes teologales, pero más, por el profundo conocimiento que tenia sobre las conductas humanas. Lo escucho con profunda atención. Luego bajó su cabeza, meditó unos instantes, y sin hacerle ninguna pregunta, serenamente pero con firmeza, le dijo:

- “Hermano, busque usted mismo las razones de su animosidad. Si las encuentra convérselas con su auxiliar y quede en paz, pero si no las halla – respiró hondamente - venga a confesarse”-.

Poco a poco notó que los feligreses que concurrían a la misa que él oficiaba, eran cada vez menos.

Al contrario, las que correspondían al joven sacerdote, desbordaban de parroquianos, al punto tal que en ocasiones debía darlas con las puertas de la Iglesia abierta de par en par, porque los asientos no podían acoger a tantos concurrentes, y afuera, de pie, muchos seguían la ceremonia.

Un día, no pudiendo explicarse ese misterio, decidió asistir a una misa del joven, cuidándose de no ser visto.

Muy cercano a la entrada del templo, a pocos metros de una de las salidas de la casa parroquial, había un confesionario, dentro del cual tantas veces oyó las revelaciones de los pecadores.

En su interior se sentó para ver por el enrejado lo que sucedía. Sabia que nadie notaria su presencia, porque el joven sacerdote realizaba muy excepcionalmente ese sacramento, y cuando lo hacia, su extraña forma de practicarlo era sentado y conversado despreocupadamente con el penitente.

A pesar de que era una mañana clara, el templo estaba casi en penumbras, porque el anciano prefería prender siempre las luces artificiales, sin consideración de la hora de la liturgia. De alguna manera ello combinaba con la oscuridad del recinto aislado del confesionario, y con su negra sotana.

Poco antes de comenzar la celebración vio entrar a dos personas, que recorriendo las paredes laterales, iban abriendo de par en par todas las ventanas.

Por ellas penetró la luz resplandeciente del sol matinal, junto con el suave perfume de los pastos frescos y las flores nativas.

Después contempló con asombro el ingreso de varios jóvenes, que entraron con guitarras, flautas y platillos y se sentaron a un costado del altar.

Enseguida se abrieron las puertas del templo, y rápidamente los fieles lo colmaron.

El joven sacerdote entró. Lucía solamente un alba blanca, ajustada a la cintura. Hizo la señal de la cruz bendiciendo a los presentes, y salteándose la primera contrición, pidió a quien estuviera dispuesto, a hacer las dos primeras lecturas.

Luego él se dispuso a proclamar el evangelio.

Muchos de los fieles apegados a la vieja costumbre se arrodillaron prestamente. Él los invito a quedarse de pie.

Terminada la lectura bajó del altar y desplazándose entre el pasillo central que separaba las dos filas de bancos, comenzó la homilía alzando sus brazos a lo alto.

-“Bienvenidos a la fiesta” –comenzó diciendo- que es el aliento de la vida de los cristianos y el verdadero sentido de la celebración. Jesús prometió que cuando dos o tres se reunieran en su nombre, él estaría en medio de ellos. Confiemos que está aquí en medio de nosotros. No es el de la sufriente figura de la cruz, que ven detrás del altar. Ese fue en un momento, muy atrás en el tiempo. Luego nunca mas. Recuerden siempre la advertencia del ángel fulgurante a las mujeres frente a su sepulcro. ¿ Porque buscan entre los muertos al que vive? Resucitó no esta aquí.

Por eso es que festejamos hoy, dijo exultante su presencia entre nosotros. Líbrense de los protocolos culturales de una liturgia que los aprisiona. Solo la fiesta los libera de la traba. Dejen detrás todo sentimiento de culpa. Tan solo cambien de actitud y recibirán el reino. Olviden los tabúes de las convenciones que solo encarcelan. No desconozcamos el dolor que impera en el mundo, pero afirmemos, no por convicción teológica, sino por un instinto vital, que Dios ya lo ha vencido. No hagamos de esto un espectáculo de devociones dulzonas, sino de afirmación trascendente de nuestra esperanza. No reduzcan la fe a los lindes de este templo, ni a un día de la semana, porque ella no se reduce ni al lugar ni al calendario.

Sirvamos a la exuberancia de la vida. Suenen los himnos de los instrumentos”-.

Al instante comenzaron las guitarras, los platillos, y las flautas acompañados por las palmas del sacerdote, y poco a poco de todos los fieles acompañando la armonía de la música.

La alegría desbordaba los límites del templo, y aquellos sonidos abrazaban sus alrededores.

Luego de un tiempo prolongado y gozoso los instrumentos dejaron de oírse.

Era costumbre del celebrante culminar su discurso con la intervención de los fieles, sin la cual – había enseñado él- no podía darse por acabada la homilía.

Entonces muchos intervinieron, y él respetó cada opinión, limitándose pocas veces a hacer algunas aclaraciones..

Una mujer, de avanzada edad, que siempre permanecía en silencio, olvidando sus miedos por aquella entusiasta arenga de libertad que les había transmitido el sacerdote, después de unos segundos de haber hablado el último, se animó a dar su opinión con una pregunta:

-“Padre” –dijo- “usted siempre nos proclama una verdad de una forma para nosotros nueva. Con ella venimos a sus celebraciones con entusiasmo, y aún se acercan a ella muchos que no concurrían al templo. Pero desde que comenzó en lenguaje de alegría, no he dejado de pensar en el pecado original, y si el no nos limita para asumir la realidad gozosa que nos comunicó en sus palabras-”.

El joven clérigo quedo pensativo. Él tenía clara posición sobre el asunto, pero era conciente de que debía responder con mesura, a una cuestión que desde siglos se transmitía.

Hablo lentamente, dirigiéndose a todos. Sabía que muchos se habían planteado la misma duda que esa mujer expresó.

– “Hermanos, es bueno que sepan, que hace muchos años, algunos teólogos viendo el irrefrenable avance de las tropas de los invasores bárbaros, ante las cuales las provincias romanas caían indefensas, atribuyó al pecado original de Adán, el haber sentenciado a la humanidad a la condenación eterna. Esa creencia se extendió bajo el principio de autoridad de los encumbrados exponentes de tal doctrina. Luego, según la cátedra de la Iglesia, ese pecado pasaba a cado uno de nosotros en el momento del nacimiento. Yo no puedo concebir la teoría de la transmisión fisiológica de una original caída- dijo con tono más fuerte-. Es solo un símbolo, como tantos otros que se desarrollaron por los que afirmaban la historicidad literal de la Escritura. Esa nefasta interpretación denigra la bondad de Dios. Bajo ella laten los conceptos de culpa y expiación, que impiden el crecimiento de la fe. Solo se sigue afirmando hoy por pesada inercia de los siglos. A nosotros nos comete borrar del subconsciente colectivo esa trágica teoría. También la que llega a presentar Dios, que es puro amor, como una especie de ser sádico, semejante a los mitológicos, capaz de desangrar a su hijo para darse a sí mismo una reparación”.

Se detuvo. Luego como pretendiendo que su mirada los abarcara a todos sentenció:

-“Si así vemos las cosas la redención sería un acto mercantil”-.

Desde la penumbra de su recinto aislado, el viejo sacerdote ya no podía soportar más. Se sentía invadido por un enfado que forma irrefrenable llegaba hasta la ira. Era algo vital que le superaba. Sin embargo dolorosamente tenía que admitir que los fieles estaban agradados, y seguramente sus homilías ya no convocarían más que a una menguada feligresía. Pero como era un hombre justo, sabia que eso podía provocarle contrariedades, pero no eran las razones que le había pedido el Obispo que encontrara.

El desasosiego y la tribulación que crecían en él debían tener otra causa, que no acertaba a descubrir.

El joven sacerdote, seguía con su sermón dialogado.

Se había detenido un momento, para que todos pudieran asimilar su mensaje.

Luego continuó:

–“Los pecados son individuales, y los agravios a la ley de Dios solo pueden nacer de aquellos que con conciencia y voluntad los cometen.”- Y preguntó: -¿“Cuándo aparece en la escritura, por primera vez el pecado así entendido?”

Hubo unos instantes de silencio. Luego uno contestó:

-“Cuando Caín mata a Abel”-

-“Muy bien, muy bien respondió el joven sacerdote -e inquirió ”-: Y a causa de que un hermano derramo la sangre del otro?”-

El mismo que había respondido al instante contestó – “porque sintió envidia de que la ofrenda de Abel agradara a Dios mas que la suya”-

El sacerdote le señaló :-“ Has dicho bien. Ese es el primer pecado que narra la Biblia y nace de la envidia. Es un pecado capital, porque de él se derivan muchos de los graves pecados de los hombres, -”.

Luego como un torrente sin pausa, continuó.-“es el más mezquino de los vicios, se arrastra por el suelo como una serpiente, es un sentimiento que solo produce en el que lo padece, una insalvable amargura y lleva al envidioso a un verdadero suplicio.”-

Al escuchar las últimas palabras del joven clérigo, al anciano todo se le aclaró.

Salió rápidamente sin preocuparse de que alguien lo viera.

Subió a su viejo auto, y a pesar de que tendría que recorrer un extenso trayecto, sin dudar un instante, se dirigió al Obispado.

Conducía a la mayor velocidad posible, nervioso y compungido. Era un buen hombre. Sus ojos se enrojecieron y las lágrimas corrieron por su rugoso rostro.

El Obispo lo vio llegar a través de la ventana que tenia delante de su escritorio.

Se adelantó a recibirlo. Vio el estado en que venía y lo comprendió todo.

Luego sin decir palabra, lo tomó cariñosamente de un brazo, y guiándole lentamente al interior de la capilla, se sentó junto a él, y comenzó el sacramento de la confesión. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

permanecer

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‘EL DULCE ASOMBRO DE SU PRESENCIA’
Tríptico de Semana Santa 2010
MIGUEL ÁNGEL MESA, comunicacion@paulinas.es
MADRID.

Jueves Santo

ECLESALIA, 01/04/10.- Van pasando lentamente los años. La incertidumbre ante el porvenir nos apesadumbra. La costumbre nos incita a la rutina. Nos desmoraliza el no ver resultados en nosotros mismos, en los demás, en nuestro mundo… Pero, nos sorprende, como cumbre de todas las comidas de Jesús, un momento inédito. Él nos invita y nos conduce a la sala del encuentro. Y allí nos preguntamos: ¿Cuál es mi sitio? ¿Adónde nos lleva tanta actividad, tanto estrés, tantas fuerzas empleadas, baldías?

Nos conduce al reposo de sus palabras, de su amor, que es su misma Persona: “Venid conmigo a solas y descansad”. Es el momento de la intimidad, de la absoluta confianza, de la apertura del corazón.

En su presencia se vislumbra más claramente nuestra fragilidad. Y por eso, necesitamos alimentar la amistad, encender los ánimos, saciar la sed con el vino del encuentro. Sólo el amor fraterno nos libera de tantos engaños como nos rodean, pues sólo el amor es digno de fe. En su Rostro contemplamos todos los rostros de la comunidad. Escuchándole, sentimos que nuestro corazón se transforma y es entonces cuando nos revela nuestra más profunda intimidad.

Y cuando nos lava los pies, descubrimos que es más fácil dar algo de lo que nos sobra que dejarse querer, dejarse abrazar, vivir en cada momento la gratitud por el regalo que nos ofrece el día a día. Y entendemos que tenemos que descentrarnos para entrar en nosotros mismos y en el misterio de la vida. Sólo entonces le descubrimos, le reconocemos y le gustamos al partir el pan, en la cena “que nos recrea y enamora”. Cuando nos dejamos lavar y renovar por Él, en el abrazo que recibimos y ofrecemos, gratuito, cálido, amoroso.

Viernes Santo

El amor se desliza a tientas entre la oscuridad que nos rodea, en el propio corazón. Sembrar con lágrimas amargas sin esperar la cosecha. Recoger, a veces, donde no sembramos. Es el misterio de la entrega sin esperar respuesta, desde la gratuidad. Morir en la donación de cada instante para poder nacer, para atrevernos a lo nuevo. El ser generosos es lo que concede la esplendidez a la persona y hace gozar de la fecundidad oculta en cada corazón. ¿Existirá una esperanza más allá del dolor, de la desilusión, de las lágrimas? El silencio de Dios nos aplasta en los momentos más difíciles, y las lágrimas nos impiden ver el cielo de su presencia, como el Sol tan real, pero oculto, tras las nubes en un día de lluvia.

La cruz no es más que la culminación de una existencia entregada. La cruz no salva por sí misma, lo que nos libera de verdad es la vida de Jesús, su forma de ser: sus gestos de amistad, sus miradas, sus manos tendidas, sus palabras de acogida, sus curaciones, su amor profundo y concreto hacia los más débiles y marginados. El egoísmo no podrá vencer jamás a la ternura, a la solidaridad, al cariño convertido en presencia. La compasión se deja afectar por el dolor del otro, y el perdón ofrece una muestra gratuita de fecundidad y éxito. En la vida entregada de Jesús, Hasta las últimas consecuencias, todas las víctimas de la historia recobran la esperanza, y comprenden que jamás podrán ser vencidos, aunque sí derrotados en algunas batallas. Permanecer en el amor es la única garantía, nuestra única esperanza de conseguir la victoria de la resurrección.

Sábado Santo

¿Adónde han ido a parar nuestros sueños? Ante la crisis que nos envuelve y amordaza con las vendas de la desilusión, surge el desencanto, la frustración. No hay nada más que podamos hacer, nos sentimos impotentes ante tanto dolor, tanta sinrazón, tanta sangre, tanta opresión y desprecio.

“Nosotros creíamos…”. Creíamos que se podría transformar la sociedad, que podría ser un lugar de encuentro, de justicia y fraternidad. Que la dignidad y la solidaridad iban a ser al fin el pan de los pobres, los signos de otro mundo posible, más humano. Pero, ahora, con su muerte, nos han robado nuestros ideales y esperanzas.

Aunque hay unas mujeres que dicen, alborozadas, entre gritos, que han sentido a Jesús vivo, de nuevo. María Magdalena cuenta que, cuando la llamó por su nombre, supo sin ningún atisbo de duda que era Él. Y buscamos ansiosos una explicación a lo inexplicable. Dice María que Jesús la dijo cuando le abrazó jubilosa: ¡Suéltame! Y es que nadie puede retener el Espíritu del Resucitado. Ninguna clase de poder.

Ningún recinto sagrado. Ninguna ley política o religiosa. Tomás nos comentó con énfasis que lo que quería era verle y tocarle, como hizo en estos años pasados a su lado. Y aunque le reprochaban su falta de fe, todos, en el fondo, también necesitábamos verle, tocarle, sentirle.

Porque, aunque la fe es confianza plena, siempre tenemos necesidad de sentir, para gozar la presencia del amado. Y Jesús atravesó nuestras puertas y ventanas interiores, entró dentro de todos nosotros y nosotras, arrasando nuestras dudas y desconfianzas, nuestros miedos y temores, y los echó fuera, como hojas caducas, con un viento impetuoso, que nos sorprende siempre, que nos vuelve locos de alegría y felicidad.

Él aparta nuestras cenizas apagadas y aviva en nuestro corazón el deseo de vivir de nuevo, la pasión por anunciar el mensaje revolucionario de la resurrección a todo el que encontramos a nuestro paso y, en especial, a quienes hallamos tirados en las cunetas del mundo. Le decimos siempre: ¡Quédate con nosotros! Y sabemos, sentimos que Él está. Porque la muerte no puede apresar a Quien es la Vida, a Quien da la vida. Nos dice, quedo, al oído: “No temáis nada”. “Estad alegres siempre”. “No os dejéis arrebatar la esperanza” Y no deja de sorprendernos, siempre, a cada instante, el dulce asombro de su Presencia entre nosotros. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


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