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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

Reflexiones

ciudadanía y sentido

CIUDADANÍA Y SENTIDO
Una solución integradora sobre las asignaturas de sentido

CARLOS GARCÍA DE ANDONI y FERNANDO VIDAL FERNÁNDEZ, grupo "Cristianos Socialistas"

ECLESALIA, 31/05/05.- La larga disputa pública en torno a la asignatura de Religión y ahora sobre otras asignaturas de sentido como la Educación en Valores sólo se superará con una solución cualitativamente diferente al planteamiento bipolar que nos lastra. El estado de la polémica, treinta años arrastrada, sólo se desencallará por un cambio de concepto, no por ninguna redistribución de fuerzas o conveniencias. Y a esa solución sólo se llegará si se cambia el lugar de mirada. El problema no es sólo legal sino que ha calado en las mentalidades convirtiéndose en un problema social que para encauzarse satisfactoriamente requiere precisamente un cambio de mentalidad. Hasta ahora el debate parece embarrancado en una discusión sobre la legitimación de las identidades cuando en realidad la discusión sobre las asignaturas de sentido es la búsqueda de una eficaz respuesta a un problema social de anomia, que se está acentuando en los últimos tiempos.

1. Nuevas necesidades desde la situación de la infancia y adolescencia

Hay una nueva situación de la infancia y la adolescencia que cambia la agenda de problemas y el programa de soluciones. La evolución de la cultura y situación de la infancia en las últimas décadas y las tendencias que se anticipan en nuestro entorno, nos indican unas nuevas condiciones que se caracterizan por mayor autonomía infantil y menor comunidad de sociabilidad primaria a su alrededor. Ambas características, si bien posibilitarían mayores grados de libertad también fragilizan el proceso de constitución del propio sujeto, de la personalización de valores y de la construcción de sentido. En síntesis, los nuevos problemas que vivimos progresivamente afectan no sólo a la constitución de un sentido y a la práctica de solidaridad sino a las mismas condiciones para constituirse el sujeto.

En dicho contexto, las escuelas tienen que intensificar una función de formación de sujetos. Lo tienen que hacer en una situación social en la que las agencias de socialización de proximidad (familia, escuela, asociaciones) han sufrido una deslegitimación en su capacidad de apelación y acompañamiento de las dimensiones más profundas del sujeto y, en cambio, las agencias publicitarias de consumo han ganado autoridad para modelarnos. Frente a ello, la escuela aparece cada vez más como un espacio civil desde donde se debe ayudar a los sujetos con sus familias a animar la constitución integral como persona y ciudadano. En cada vez más ocasiones, la escuela será el único lugar donde muchos sujetos encontrarán un espacio de formación y reflexión sistemática sobre la ciudadanía y el sentido. La escuela ante unos tiempos que plantean un reto cualitativo debe articular estrategias que incidan en los principales problemas, debe incorporar una educación participativa en solidaridad, ciudadanía y sentido.

2. La demanda de religión es demanda de sentido

La persistente y mayoritaria presencia de la demanda de la asignatura de religión, a pesar de la precariedad institucional que ha sufrido durante más de una década, debe interpretarse en su significado profundo como una demanda de formación de los alumnos en cuestiones de valores de ciudadanía y de sentido de vida. El debate bipolar frente a la asignatura de religión no va a la clave del problema sino a un pulso de identidades. Esos debates son cada vez más obsoletos porque el tiempo que vivimos está desplazando los debates desde la justificación de las identidades a la búsqueda del sentido. Es necesario que el gobierno y los agentes cívicos se tomen en serio la demanda de fondo y responder con una propuesta de fondo que corresponsabilice a todos los actores que intervienen en ese campo de la educación en ciudadanía y sentido.

3. Inspiración y limitación de la transversalidad

Hay que reconocer que la LOGSE preveía una intervención pionera en el campo de los valores a través de la transversalidad y los proyectos educativos de los centros, que supuso un avance histórico pero es necesario también ser conscientes de que el modelo, no sólo su implementación, también ha tenido limitaciones fundamentalmente en tres direcciones que hay que superar. Primero, es necesario sumar a la transversalidad la existencia de asignaturas curriculares explícitas que traten sistemáticamente la cuestión de la ciudadanía y el sentido son el fin de que la posible dispersión transversal se evite a través de una reflexión sistemática que la interprete integralmente. Segundo, es necesario superar el conflicto manifiesto o latente alrededor de la asignatura de religión y no reproducir en el alumnado dualidades conflictivas. En esa línea es necesario un modelo que integre toda la intervención curricular en ese campo de la ciudadanía y el sentido. Mantener una formación paralela, inconexa o incluso conflictiva perjudica a la integridad de la educación en solidaridad, ciudadanía y sentido. Tercero, el modelo que se ha practicado ha mostrado limitaciones en su eficacia socializadora y se ha puesto de manifiesto que es necesaria una intervención más compleja para poder generar procesos en los que los alumnos incorporen prácticamente los contenidos que se quiere transmitir.

4. Para solucionar la confusión es necesario radicalizar la noción de cultura

En el fondo creemos que la LOGSE fue tímida en su horizonte de reforma y que es necesario radicalizar su intuición original. Es necesario una idea más compleja de la estructura y proceso de formación del sujeto para poder intervenir mejor. El conjunto de conceptos aislados como valores, ciudadanía o confesión no dan cuenta íntegramente de la estructura cultural de la persona. La cultura es la narración de un sistema de representación que relata valores, creencias, sentimientos y prácticas en un sentido que las vertebra y da el lugar del sujeto en la historia. Por cultura se entiende no sólo un conjunto de conocimientos sino un complejo integral de la sociedad que aúna todos los conocimientos junto con las orientaciones morales, credenciales, emocionales y prácticas en un sentido del que se dota el individuo. Cuando nos referimos a sentido no hablamos de cognición trascendente sino que se refiere integralmente a todos los contenidos relativos a valores, creencias, sentimientos, prácticas, etc. El sentido es un concepto que vertebra todas las categorías culturales (identuales, morales, credenciales, etc.) con las que el individuo orienta su conocimiento, posición y acción en la Historia. Los valores se refieren a la dimensión del bien, a la moral y a la ética que es la reflexión comparada de morales. Las creencias se refieren a la dimensión de verdad y a los distintos sistemas de verificación. Los sentimientos se refieren a la organización emocional y a las dinámicas de emociones cognitivas. Las prácticas se refieren a la praxis, a los modelos básicos de la acción y la relación como la filiación, la fraternidad, la amistad, el estilo de vida, etc.

Muchos modelos de intervención en la formación cultural del sujeto adolecen de priorizar sólo una de las dimensiones, lo cual lleva a que la personalización sea insuficiente. Es necesario intervenir en todas las categorías culturales del sujeto. Si sólo se interviene en los valores hay un defecto de moralismo. Si sólo se interviene en creencias es un enfoque fideísta o ideológico. Si sólo se interviene en sentimientos es un enfoque esteticista. Si sólo se interviene en praxis es un enfoque activista. Frente a esos sesgos, es necesario un paradigma integral de la transmisión del sentido.

5. Núcleo de la propuesta “Ciudadanía y Sentido”

El núcleo de la propuesta es que se constituya una asignatura que se denomine CIUDADANÍA Y SENTIDO que sea susceptible de ser estudiada a través de asignaturas singulares entre las que optar libremente. Existiría una opción genérica con un enfoque aconfesional (que incluye la pluriconfesionalidad) de la materia. Existirían otras asignaturas del área que traten la misma materia desde una comprensión confesional. Así, se puede estudiar CIUDADANÍA Y SENTIDO en una asignatura genérica u, opcionalmente, en una asignatura confesional sea católica, islámica, evangelista, ortodoxa, etc. Sería una asignatura con dos o más modalidades curriculares que reconocen las singularidades.

La asignatura CIUDADANÍA Y SENTIDO tendría tres objetivos: estudiar crítica y experimentalmente los sistemas de sentido y su proyección a la ciudadanía. Primero, estudiar: transmitir los contenidos de los sistemas culturales y religiosos de sentido. Segundo, críticamente: discernir participativamente la adecuación comparada de dichos contenidos a la realidad. Tercero, experimentalmente: fomentar la relación con experiencias de ciudadanía y sentido y facilitar que el alumno, individual o grupalmente, realice ensayos o proyectos prácticos.

Se añade una novedad más. Sería una sola asignatura que podría ser estudiada singularmente pero ambos grupos compartirán regularmente tramos o módulos comunes con el objeto de dialogar y compartir las perspectivas. Los módulos comunes podrían ocupar 1/5 del tiempo lectivo (figuradamente: de diez horas de clase, dos son comunes), dichos módulos serán organizados departamentalmente, impartidos conjuntamente por los profesores responsables de los distintos grupos (en caso que exista desdoblamiento confesional) y cada uno evaluará a los alumnos de su asignatura.

La asignatura CIUDADANÍA Y SENTIDO dispondría un currículo troncal de cuestiones (naturaleza, existencia, familia, paz, responsabilidad, solidaridad, reconciliación, etc.) que las asignaturas confesionales tendrían que aplicar en su currículo confesional pero estimamos que es algo muy factible porque ya hay experiencia de que los currículos vigentes de las asignaturas de religión aborden exhaustivamente esos mapas de cuestiones.

Algunos argumentarán la dificultad técnica de articular pedagógicamente esta propuesta. ¿Cómo entender que una “asignatura” puede ser cursada a través de dos o más “asignaturas” que no son sólo “grupos” sino “asignaturas” formales? ¿Cómo formar departamentos que articulen una propuesta común de tramos compartidos? Cuando algo es necesario e imposible, hay que cambiar las reglas del juego que lo hacen factible. Es técnica y educativamente posible aunque suponga a muchos variar sus usos y prejuicios.

6. Un giro pedagógico más narrativo y experiencial

Asumiendo el principio de pedagogía activa legislado pioneramente por la LOGSE, más en un campo tan sensible a las prácticas como es la asignatura de CIUDADANÍA Y SENTIDO, ésta se impartirá con una doble metodología: narrativa y experimental. La pedagogía narrativa busca transmitir y discernir los sistemas de sentido rigurosamente, desde principios científicos, pero haciendo uso de distintas formas de relatarlos adecuándose así a las distintas edades. De ese modo, en primaria se haría más uso del acercamiento a narraciones, figuras y experiencias, tal como se hace en muchas asignaturas aplicando el principio de transversalidad. Por otra parte, la pedagogía experimental busca que no haya una mera transmisión de sistemas de sentido sino que el alumno, participativamente, individual o grupalmente, interactúe con distintas experiencias cívicas y de sentido existentes (por ejemplo, interacción con voluntarios de una ONG) y ensaye sus propias formulaciones o proyectos al respecto.

La participación de la sociedad civil es crucial. Para poder realizar los objetivos, y siguiendo el principio aplicado a las asignaturas de religión, que son impartidas por las propias confesiones, los actores de la sociedad civil (vecinos, asociaciones, etc.) podrán ser contraparte de convenios de carácter educativo en régimen no lucrativo con los centros educativos para desarrollar experiencias o proyectos educativos en el marco curricular de la asignatura CIUDADANÍA Y SENTIDO. Por ejemplo, el programa de educación para la paz de una ONG podrá ser incorporado a la articulación de la asignatura según lo vaya pautando el proyecto de centro.

El desarrollo de esta asignatura supone una renovación del proyecto curricular del centro educativo desde el cual se generará la aplicación curricular de dicha asignatura. Esta asignatura requerirá una recualificación del personal docente para que adquiera las habilidades necesarias para impartir esta asignatura, incluido el personal que la imparta en su singularidad confesional y por tanto renegociar sus condiciones de cualificación y designación.

7. Si es un problema central hay que darle centralidad a las asignaturas

Finalmente, si los legisladores se deciden a afrontar la cuestión central en la formación de cada generación, que es la transmisión del sentido de la vida y el proyecto de la ciudadanía, deberán otorgarle coherentemente un lugar central en su sistema educativo. Responsablemente, la asignatura CIUDADANÍA Y SENTIDO se impartiría en todo el ciclo escolar del alumno de la enseñanza obligatoria y el bachillerato; la asignatura debería ser evaluable y computable ya que forma parte intrínseca de la formación del sujeto; y, con el fin de evitar que sea una asignatura que se pueda trivializar y precisamente porque se considera una cuestión crucial para el progreso de la sociedad, la infancia e incluso los centros educativos, la asignatura no sólo debe estar dentro del horario escolar sino incluso priorizada con un encuadre horario favorable.

Puede que gobierno y agentes logren resolver con una buena negociación las demandas corporativas sobre las asignaturas de sentido. Por nuestra parte creemos que sólo se podrán solucionar las necesidades de la sociedad con una respuesta más compleja, corresponsable y democrática. Esta propuesta creemos que cumple las condiciones y da una solución que, eso sí, sea ésta u otra, hay que tener la sabiduría y coraje de buscar.

- - -> Foro de debate en http://www.atrio.org

mi cuerpo

Corpus Christi. Jesús en la cena les dijo "esto es mi cuerpo" mientras partía el pan. Jesús partía el pan y eso es su cuerpo, partirse y repartirse en vida, tiempo, capacidades, ¿procesiones?, ¿exaltaciones?, ¿rituales?

del sínodo

¿QUÉ ME QUEDA DEL SÍNODO DE MADRID?
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@caminantes.jazztel.es

ECLESALIA, 20/05/05.- Me queda una experiencia de unidad y comunión. En la Asamblea había 626 personas de distintos movimientos, instituciones y sensibilidades eclesiales, como ahora se dice. Estaba toda la jerarquía de la Iglesia de Madrid, muchos curas, bastantes religiosos pero, sobre todo, una gran mayoría de laicos. Fue bonito ver a cada uno mostrarse con sus carismas, sus preferencias, sus devociones, su vocación. Sin embargo se respiró un ambiente de libertad, de fraternidad, de cercanía, de igualdad. Ha sido muy gratificante para mí sentirme un caminante más de este Pueblo de Dios, deseoso de avanzar y hacer camino.

En cuanto a las propuestas aprobadas, como síntesis de las presentadas durante dos años por los muchísimos Grupos Sinodales, han tenido especial resonancia en mí los siguientes temas:

El clamor por la oración, que uno modestamente entiende como medio para descubrir la interioridad, para impregnarse de lo mejor de uno mismo ("el reino de los cielos está dentro de vosotros" -Lc.17, 21-), para desvelar la Palabra, para intuir el rostro de Cristo, es decir, el verdadero rostro de Dios ("¿no crees Felipe que Yo estoy en el Padre y el Padre en mí?" -Jn. 14, 10-) e intimar humildemente con Él.

La oración es nuestra puerta a la seguridad, a la paz, a la verdad, al progreso, a la energía, a la felicidad, porque nos permite apoyarnos en nuestra roca interior. Es el medio del "frui Deo" (disfrutar a Dios), como decían los místicos medievales. Es el camino para encontrarse con Él y dejarse vivificar ("he venido para que tengan vida y la tengan abundante" -Jn. 10,10-).

Hace tiempo que dejé de creer en el "dios de la manga", ése al que es necesario despertar y tirar de la manga constantemente para que se acuerde de nuestras necesidades. Hoy creo en el Dios Torrente que se derrama permanentemente sobre sus hijos. Basta abrir el corazón para ser saciados (“Estoy a la puerta llamando: si me oís y me abrís, entraré en vuestra casa y comeremos juntos” -Ap. 3, 20-. "No os dejaré abandonados nunca" -Jn. 14, 18-).

El clamor por la formación acumuló también muchísimas propuestas. Yo entiendo la formación como camino para conocernos y conocerle a Él ("noverim me, noverim te", decía san Agustín), como luz para nuestra búsqueda de plenitud, como herramienta imprescindible para descubrir y potenciar nuestros talentos (nuestra tierra) y hacerlos fructificar.

La formación, además, nos pone en contacto con las riquezas del otro, nos ayuda a superar nuestra limitación individual, a ver más allá, a encontrar nuestro camino y nuestra caravana. Es previa e imprescindible la determinación de progresar, la búsqueda personal, el hambre de ser más y mejor, la sed del "agua viva". Por eso -creo yo- la formación está conectada con la oración. Ésta nos proporciona la motivación para avanzar, la formación nos ilumina y nos remite de vuelta a la oración para integrar y unificar. Tomás de Aquino, al final de su vida, reconocía que había aprendido más delante del Sagrario que en los libros.

El clamor por la coherencia, es decir, por vivir hacia fuera lo que vivimos dentro. Quien ha bebido en el manantial del "reino de los cielos" (ése que brota en tu hondonada) no puede contenerlo, tiene que comunicar su hallazgo, su alegría, porque "bonum est difusivum sui" (el bien es difusor de sí mismo), como resumían nuestros doctos antepasados. Quien no siente ese ardor expansivo (muy distinto del proselitismo) es que no ha descendido a la fuente de sí mismo y sólo se apoya en ideas, principios, recomendaciones de terceros. La fe cerebral es sólo el poste indicador de la fe vital.

La vida de los católicos, si de verdad es "vida", debería notarse en la sociedad, debería tener consecuencias. Si no, es que caminamos en superficie, que no hemos descubierto ese Dios personal que late, llama y provoca desde el fondo. Y he ahí otro hallazgo: todo está relacionado. Sólo a través de la oración, entrelazada con la formación, se puede llegar al encuentro personal y a la coherencia externa.

El grito por la misericordia, finalmente, acumuló innumerables propuestas. Quien ha descubierto a Cristo en su ser ha descubierto al Padre. Quien se ha acercado al Padre tiene experiencia de su Misericordia. No podemos confesarnos católicos sin tener entrañas de misericordia para nosotros mismos y, consecuentemente, para los más débiles, los más desafortunados, los más desorientados, los más atropellados y olvidados, los más pequeños.

No basta la "limosna del céntimo", es necesario darse uno mismo, desde lo mejor de uno mismo, desde los dones que cada uno ha recibido: Quien pueda enseñar que enseñe, quien pueda reír que ría, quien pueda sanar que sane, quien pueda escuchar que escuche, quien pueda acompañar que acompañe, quien pueda levantar que levante, quien pueda aportar que aporte, etc. “El que no ama a su hermano, al que ve, no puede amar a Dios al que no ve” -Jn. 4, 20-. No podemos seguir mirando al cielo, porque el cielo de verdad está, para nosotros los cristianos, dentro de nosotros mismos y en el fondo de cada persona. Por eso hay que mirar dentro y al lado.

La misericordia no es dar al pobre lo que nos sobra. La misericordia es tener el corazón abierto al otro, la ternura a punto, la sonrisa puesta y el abrazo bien cocido para todo el que nos rodea. Solo así se puede hacer Comunidad de Amor y Misericordia, es decir Iglesia.

como Dios

SER PADRE COMO DIOS
CÉSAR ROLLÁN SÁNCHEZ, papá

ECLESALIA, 19/05/05.- Desde hace dos años, seis meses y veintitrés días me siento como Dios.

En la víspera de Pentecostés celebramos la Eucaristía actualizando el Espíritu. En el tiempo de la palabra compartimos los dones que cada uno sentía tener. Yo conté que el mío es mi hijo y todo lo que despierta en mí de ternura, cuidado, cariño profundo.

Siempre había tenido a Dios como mi buen padre, como mi buena madre, Dios como un ser que me quiere tanto como los que más me quieren. Luego llegó la experiencia de enamoramiento y amor y ver en ella a Dios. Ahora, como padre, me da vértigo sentir a Dios como me siento como padre. Me resulta increíble que Dios me pueda querer tanto… y más.

El noventa y tantos por ciento de los cristianos tiene prole, ¡cuánto sentimiento profundo para explorar y para poder contar qué es eso de Dios! Una teología que huela también a pañales, un Dios que nos cuida incluso más que lo que yo cuido al hijo que tanto quiero, una reflexión sin más dogma que el amor y con el amor todo, como Jesús vivió y contó en su buena noticia.

Dios como el amor de mi padre y de mi madre, Dios como el amor de mi esposa, el amor en el matrimonio, Dios como mi amor de padre; hay montones de libros y tratados sobre la fe en Dios padre, se puede encontrar seria y sesuda teología sobre el amor esponsal de Dios, pero ¿hay algún escrito sobre ser madre o padre como Dios?

fe joven

LA FE Y LO RELIGIOSO EN LA VIDA DEL JOVEN

RAMIRO LASO B.
SANTA ANA DE LOS RÍOS DE CUENCA (ECUADOR).

ECLESALIA, 13/05/05.- Intento ponerme en el zapato del joven, para mirar desde allí una realidad que me golpea profundamente, al escuchar todos los días, la violencia con que actúa el adolescente para terminar su vida porque no hay nada ni nadie que procure sentido a su existencia y porque no responde la sociedad y sus instituciones -incluida la religiosa- a sus inquietudes de la vida humana.

Quiero bajarme de mi sillón de ‘persona adulta y madura’ y escuchar el grito y el lamento de un mundo juvenil que, en materia de religión, pasa de todo y sin importancia alguna, pero que, en su propuesta de fe, abre sus puertas a los muchos interrogantes e inquietudes variadas.

Creo y, estoy convencido, que no es lo mismo en el corazón del joven, vivir la fe y mirar la vida desde religión alguna.

En este artículo, dejo a la reflexión del lector, con la apertura a la crítica y a la discusión, las ideas que continúan: algunas frases de nuestros jóvenes que van y vienen; los gritos frente a la religión y su mundo y, la percepción personal del joven creyente cuando se abre a la fe y a lo trascendente.

Algunas frases

“Creo en Dios, pero… no en religión alguna”.

“Soy cristiano, pero… no católico ni otra cosa”.

“Creo en Dios pero yo creo que a él no le interesaría esto: además creo en mí mismo y en las oportunidades que me dé la vida, y no en el futuro, solo en el presente y en el pasado”.

“Yo no creía en la maldad pero ahora sí, no creo que somos inmortales; pero sí creo en Jesús porque fue un tipo pilas que después de 2000 años sigue causando revuelo”.

“Creo en él. En un ser que es capaz de crear un mundo. Pero eso sí, no creo en ninguna religión, porque seguro me ataría a algo. Restringen espacios vitales…” (Generación Z en HOY 20-10-02).

Otras frases que van

Frases que vienen. Las dicen los jóvenes de nuestro entorno. Las refieren aquellos que miran la vida desde otra óptica. Las pronuncian los más receptivos de la sociedad. Algunos, más radicales que otros (CERBINO, Mauro, Pandillas juveniles. Cultura y conflicto de la calle. El Conejo. Abya Yala, Quito, 2004, p. 71).

“… no tengo identificación política y si me llaman a elecciones, creo que no votaría por nadie solo si baja Papá Dios, votaría por él…”

“… Para mí ser cristiano no es ser, no estar en una lista de ‘sis’ o de ‘nos’. Ser cristiano es seguir a Jesús y punto; tener como pana a Jesús”

“Yo creo en mi Dios, mi Dios para mí y en mi Virgencita del Quinche que es sagrada”

“Yo creo en Dios… pero también he dudado, a veces”

“Con tanta huevada que se ve, se llega a dudar de Dios. Pero no.. no.. todavía lo tengo…”

“Yo creo en Dios, porque bueno no tengo plata, soy pobre, pero mi Dios siquiera le da salud a mi mami, a mi papi y a mi familia, por eso yo creo en Dios. Siquiera tenemos qué comer…”

Y una más larga

“¿Qué siento cuando ‘celebro’ una eucaristía católica? Siento generalizar, pero salvo en honrosas excepciones, me siento profundamente triste, despojada de mis sentimientos, fría y desesperadamente intelectual. Me agota la necesidad de seguir un esquema tan tremendamente largo y complicado… Tantas palabras me pierden. Tengo pocos espacios para conectar desde la vivencia. Siento como si mi alma no pudiera respirar. No encuentro paz. Me siento presionada por los esquemas y las estructuras, que me zarandean de un lado a otro, estresando mi espíritu: ahora de pie, ahora sentada, ahora escucha, ahora repite, ahora repite más fuerte…Y todo esto lo vivo no como una enamorada perdida de amor, sino como una fiel que tiene el ‘deber’ de entender aquello como la mejor manera de vivir la fe en comunidad” (Moreno, Sonia, Gospel y oración. Celebración y tristeza en Eclesalia 6-09-04).

Lo religioso y la fe

No necesitamos ser unos expertos para discernir que esta es la realidad en la que se mueven los jóvenes de nuestra sociedad ecuatoriana. Ellos han sido castrados en su sed de orientación y referencia puntual por algo o por alguien; no así, en su extraordinario apetito de trascendencia y apertura al infinito.

Creen en sí y en Dios; en la Virgen y en los santos, pero no creen en un dios que se hace institución: donde es más importante la palabra del Papa que la palabra de Jesús.

Nuestros jóvenes son profundamente creyentes y críticos de sus creencias. Pero no aceptan con facilidad lo que proviene de las instituciones religiosas, en su verticalidad. Lo uno, se identifica con la fe y su nivel de trascendencia creyente. Lo otro, con la religión y lo religioso.

Lo religioso

La realidad juvenil nos grita desde el ángulo más institucionalizado que ha presentado nuestra iglesia católica: lo religioso.

No quieren los jóvenes un referente de orientación que genere normas y provoque risa por la incoherencia de sus líderes; por lo teórico de sus propuestas; por la desfachatez de sus declaraciones; por la inoperancia de sus obras; por la acumulación de riquezas; por el desborde de poder que obnubila y confunde; por la grande desproporción entre lo que vive el joven de a pie y el consagrado de a calzado. Por el machismo desbordante que no deja paso al posicionamiento de la mujer como imagen y semejanza de Dios, más madre que padre.

La realidad del joven clama desde la hipocresía de una religión mantenida para ser puro culto y pantomima elegante desbordada en ritualidades. Le sobran los títulos y anexos para las cosas y personas. Su mundo pasa del cura y de la monja, del hermano y de la hermana. ¿Quién es el obispo, el párroco o como se llame? Desconoce el mundo del culto a personas, formadas para el servicio pero orientadas para otras cosas.

Genera apetencia por aborrecer el halo de misterio y estatus que se inscriben en nuestras instituciones religiosas. Sin lugar a dudas, mantenemos la dicotomía platónica del hombre visto dividido, cortado: lo sagrado y lo profano; lo religioso y lo secular; lo que pertenece a este mundo y lo intocable; lo consagrado y lo impuro. El hombre individualista en contra del hombre comunitario. El joven y el adulto.

La fe, es otra cosa

El hombre es único y la realidad juvenil reclama unicidad, sinceridad y coherencia de ser; no acepta privilegios que ahonden una realidad ya de por sí injusta.

El joven reclama fe profunda en sí, en los otros y en el Otro. Cree con radicalidad cuando se le presenta la vida con sentido; cuando descubre (lastimosamente no hay alguno que le ayude) que vale la pena vivir en el amor. Cree con nobleza cuando su energía se orienta al servicio de los demás. Crece en plenitud cuando su referente es el Amor y la amistad. Cuando encuentra sentido y lucha con coraje desde la persona de Jesús y su proyecto.

Cree con los ojos cerrados cuando se comparte el pan y se crea comunidad y familia. Es noble –por nobleza natural- en el momento que se tiran por tierra las barreras y los pretextos de desunión entre los hombres. Cree, cuando los adultos le damos muestras de rechazo a la violencia y todas sus formas de actuación.

Cree en Dios cuando es el Dios de Jesús: un Dios de a pie, que pensaba más en el necesitado que en el que todo lo consigue desde el poder y el dinero. Un Dios que une y no divide para reinar; que acerca y busca la verdad; que sabe que el hombre y la mujer son únicos e iguales en su presencia; que mira con generosidad de corazón lo íntimo y profundo de nuestro ser.

Cree en el Evangelio –cuando lo conoce- porque le concede libertad de acción y de conciencia. El joven cree a su manera y desde ‘su globalización”, vive su fe, quizás en este momento más que ayer, con tanta abundancia de información, que le abre fronteras para valorar y comparar otros destinos y otras realidades.

Quizás, otra frase y final

Que la veo como peligrosa.

Nunca, como hoy, vivimos un momento en que se privilegia lo institucional por encima de lo carismático. Somos propensos a buscar y a justificar nuestras vidas desde lo vertical y legalmente establecido y mandado ya que esto no permite equivocarnos y nos conduce por un camino seguro, trazado de antemano. Ni más ni menos.

Basta revisar los últimos documentos vaticanos sobre la eucaristía, el sacerdocio, el matrimonio y, por supuesto, las quejas de innumerables sectores de la Iglesia sobre el autoritarismo eclesial.

Y el peligro es, sobre todo con la fe de los jóvenes, que no la eduquemos para la libertad, sino para la esclavitud. Lo primero significa una vivencia del evangelio en su más amplia luminosidad. Mientras que lo segundo implica el vacío total y la educación en lo puramente religioso. ¿Farisaico?

Creo oportuno, en este momento y para nuestros jóvenes, que lancemos por los aires tanta mala educación religiosa e implementemos una manera de ser de acuerdo al evangelio. Que escuchemos los gritos de los jóvenes y que profundicemos en la persona de Jesús, su proyecto y utopía comunitaria.

Acabo robándome las palabras del organista del templo y antiguo seminarista, quien en diálogo con Sinclair en la extraordinaria Demian, de Hermann Hesse, le dice: “el impulso que le hace a usted volar es nuestro patrimonio humano, que todos poseemos. Es el sentimiento de unión con las raíces de toda fuerza. Pero pronto nos asalta el miedo. ¡Es tan peligroso¡ Por eso la mayoría renuncia gustosamente a volar y prefiere caminar de la mano de los preceptos legales o por la acera. Usted no. Usted sigue volando como debe ser. Y entonces descubre lo maravilloso; descubre que lentamente se hace dueño de la situación, que a la gran fuerza general que le arrastra corresponde una pequeña fuerza propia, un órgano, un timón. ¡Esto es estupendo¡”.