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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

exaltar

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La Exaltación de la Santa Cruz; Juan 3, 13 – 17
LA EXALTACIÓN DEL AMOR
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 10/09/08.- Hoy celebramos los cristianos una fiesta extraña y desconcertante. ¿Qué sentido puede tener hablar de la «exaltación de la Cruz» en medio de una sociedad que sólo parece exaltar el placer y el bienestar? ¿No es esto ensalzar el dolor, glorificar el sufrimiento y la humillación, fomentar una ascesis morbosa, ir contra la alegría de la vida?

Sin embargo, cuando un creyente mira al Crucificado y penetra con los ojos de la fe en el misterio que se encierra en la Cruz, sólo descubre amor inmenso, ternura insondable de Dios que ha querido compartir nuestra vida y nuestra muerte hasta el extremo. Lo dice el evangelio de Juan de manera admirable: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su único Hijo para que todo el crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna». La Cruz nos revela el amor increíble de Dios. Ya nada ni nadie nos podrán separar de él

Si Dios sufre en la cruz, no es porque ama el sufrimiento sino porque no lo quiere para ninguno de nosotros. Si muere en la cruz, no es porque menosprecia la felicidad, sino porque la quiere y la busca para todos, sobre todo para los más olvidados y humillados. Si Dios agoniza en la cruz, no es porque desprecia la vida, sino porque la ama tanto que sólo busca que todos la disfruten un día en plenitud.

Por eso, la Cruz de Cristo la entienden mejor que nadie los crucificados: los que sufren impotentes la humillación, el desprecio y la injusticia, o los que viven necesitados de amor, alegría y vida. Ellos celebrarán hoy la Exaltación de la Cruz no como una fiesta de dolor y muerte, sino como un misterio de amor y vida.

¿A qué nos podríamos agarrar si Dios fuera simplemente un ser poderoso y satisfecho, muy parecido a los poderosos de la tierra, sólo que más fuerte que ellos? ¿Quién nos podría consolar, si no supiéramos que Dios está sufriendo con las víctimas y en las víctimas? ¿Cómo no vamos a exaltar la cruz de Jesús si en ella está Dios sufriendo con nosotros y por nosotros? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


laicidad

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MENSAJE DEL XXVIII CONGRESO DE TEOLOGÍA SOBRE “CRISTIANISMO Y LAICIDAD”
Celebrado en Madrid del 4 al 7 de septiembre de 2008
MADRID.

ECLESALIA, 08/09/08.- 1. La libertad de conciencia y la libertad religiosa son derechos fundamentales de los que nadie puede ser privado y que están garantizados por la Constitución. Los poderes públicos están obligados a promover las condiciones para que dichas libertades de las personas y de las organizaciones sean reales y efectivas.

2. Al vivir en una sociedad plural desde el punto de vista de las creencias, el Estado tiene la obligación de velar por los derechos de todos los ciudadanos sin ningún tipo de discriminación, y para ello tiene que configurarse como un Estado laico e independiente. En este sentido, tiene que mantenerse neutral ante las diferentes opciones religiosas, garantizando a todas ellas el ejercicio de sus derechos, al margen del arraigo que hayan podido alcanzar o de su dimensión social. Consecuentemente, la libertad religiosa no puede estar condicionada ni subordinada a ningún criterio de tipo cuantitativo ni de conveniencia política o razones históricas.

3. El derecho a la libertad de conciencia no es un precepto religioso sino laico que, finalmente, ha sido aceptado por la religión cristiana, que está en la base de la secularización y de la laicidad.

4. La laicidad tiene una relación vital con la secularización. A la Iglesia no le compete indicar o definir el orden político de la sociedad, ya que cualquier intervención directa en este sentido sería una injerencia en un terreno que no le corresponde. El Estado tiene todo el derecho a defender su autonomía y libertad a fin de no convertirse en rehén de la jerarquía religiosa. Sin embargo, laicidad no significa que el hecho religioso debe replegarse al ámbito privado, renunciando a toda presencia en la vida pública.

5. Laicidad no equivale a irreligiosidad o ateísmo. Los cristianos debemos defenderla como garantía de la libertad de conciencia y de creencias.

6. No puede hablase de una ética deducida directamente de la fe. La ética es laica, fruto de la razón humana, expresión de la conciencia individual y social, que nos concierne a todos. La relación de la fe cristiana con la ética se sitúa en el campo de las motivaciones y de la fundamentación, que no necesariamente tienen que ser religiosas.

7. La vivencia de la fe cristiana requiere incorporar saberes autónomos que proceden de los diferentes ámbito del conocimiento y del que quehacer humano. Sólo teniendo en cuenta a estos saberes se puede responder éticamente a los desafíos de cada momento histórico.

8. La laicidad, finalmente, es el marco jurídico y político en el que caben todas las creencias e ideologías. Los cristianos y cristianas están llamados a colaborar en la construcción de un Estado laico que haga posible una sociedad justa y solidaria, sin discriminaciones por razones religiosas, culturales o sociales. Los movimientos sociales constituyen la mediación necesaria para que el laicismo y el cristianismo sean motores de transformación social y de propuestas alternativas, y no se queden en una ideología legitimadora del orden establecido, como ha sucedido con frecuencia a lo largo de la historia. Este Congreso de Teología se compromete a trabajar junto con otros colectivos religiosos y laicos en la defensa de una ética cívica liberadora para todos los ciudadanos y ciudadanas, aportando aquellos valores evangélicos que pueden contribuir a un clima de convivencia pacífica, basada en la justicia. El horizonte de nuestro compromiso ha de ser la realidad de la exclusión y la marginación, que se dan en el Tercer Mundo. En este Congreso hemos considerado especialmente la situación de América Latina y África a través de los testimonios y reflexiones de dos teólogas de dichos continentes. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Madrid, 7 de septiembre de 2008

por la laicidad

MANIFIESTO POR LA LAICIDAD

REDES CRISTINAS, septiembre de 2008

 

ECLESALIA, 06/09/08 .- Redes Cristianas, desde su doble pertenencia a la comunidad cristiano-católica y a la sociedad civil, apuesta decididamente por la independencia, respeto y colaboración entre estos dos ámbitos y aboga por un Estado laico que supere el actual confesionalismo encubierto y por una Iglesia inspirada sólo por el Evangelio y no sometida a ningún tutelaje del Estado.

Consciente de que las actuales relaciones entre Iglesia/Estado en España, basadas en los Acuerdos del 1979, han sido el principal obstáculo a la separación entre ambos y que actualmente están generando un gran malestar en amplios sectores sean católicos o no, Redes Cristianas manifiesta claramente su postura e invita a sumarse a cuantas instituciones o personas quieran hacerlo.

El desarrollo progresivo de la laicidad debe ser considerado como un hecho positivo. Es la lenta maduración de la humanidad hacia una cultura del pluralismo, del respeto a la diferencia, es avanzar hacia la creación de aquellos espacios de libertad que hacen posible el diálogo entre todas las ideologías filosóficas o religiosas, creyentes o no. Y, puesto que el único garante de este espacio público es el Estado, laicidad significa la autonomía del Estado respecto de cualquier magisterio religioso o cosmovisión filosófica que pretenda imponerse como la única verdadera. Desde esta postura:

1. Denunciamos los Acuerdos de 1979 de Estado español con a Santa Sede -en vigor desde hace casi 30 años -y no proponemos su renovación porque, nacidos en situación de privilegio confesional católico, están afectando hoy día a una sociedad religiosamente plural y ampliamente secularizada y son causa de muchos de los conflictos que afectan a la convivencia ciudadana. Y, en consecuencia, exigimos que las entidades dependientes de la Iglesia y demás confesiones religiosas se acojan al derecho civil que regula la vida asociativa en el Estado.

2. Apostamos por una laicidad plena que reconozca la autonomía de lo político y civil respecto a lo religioso y camine hacia la separación definitiva de la Iglesia y el Estado, reconociendo la igualdad de derechos y deberes, sin privilegios ni ventajas eclesiásticas y garantizando el ejercicio de las libertades fundamentales para todos y todas. La Iglesia será libre sólo cuando esté clara y definitivamente desligada del Estado y se ponga decididamente al servicio de los pobres y excluidos de este mundo.

3. Abogamos por un “pacto por la laicidad” entre confesiones religiosas y el Estado, que de lugar a un “estatuto de laicidad” que regule la presencia y las actuaciones de los poderes políticos en las ceremonias religiosas y de las jerarquías religiosas en los actos políticos, suprimiendo los símbolos religiosos en el espacio público civil.

4. Exigimos que el funcionamiento democrático interno, la participación de las bases y la transparencia sean criterios a tener en cuenta por parte del Estado a la hora de establecer marcos de colaboración con las entidades sociales. Consecuentemente, denunciamos el clericalismo y a discriminación por razones de género y orientación sexual, aún presentes en la Iglesia católica y otras confesiones.

5. Defendemos una “laicidad escolar” que posibilite la formación integral de la persona, el aprendizaje, la socialización y la inculturación sin proselitismos ni adoctrinamientos, y que responda a principios de igualdad, libertad y formación crítica para todas las personas. Reconocemos el pluralismo religioso y cultural existente, y, en consecuencia, denunciamos la actual presencia de a religión confesional católica en el sistema educativo y en la escuela pública y concertada.

6. Apostamos por una sociedad secularizada y pluralista, organizada democráticamente desde la aconfesionalidad y sin permitir interferencias confesionales en el espacio político, ni privilegios que, desde los principios de justicia y equidad, causan agravios comparativos con el resto de las instituciones. Desde aquí denunciamos el actual sistema de financiación de a Iglesia católica por el Estado español.

7. Abogamos por mantener la autonomía de a ética en una sociedad laica en todos los ámbitos propios de una sociedad secular (en el tejido social, político, productivo, cultural, científico…), sin necesidad de acudir a motivaciones religiosas para legitimarla. Y, en consecuencia, denunciamos as presiones de a jerarquía católica para imponer su moral sobre la ética pública.

8. Defendemos la presencia de las confesiones religiosas en los medios de comunicación. Pero denunciamos a la Conferencia Episcopal Española por el intolerable abuso del derecho de la Libertad de Expresión que está haciendo la Cope. Exigimos a la Conferencia Episcopal Española el cambio radical en su línea editorial y al Gobierno mayor firmeza en la garantía del respeto a los derechos de los ciudadanos.

Urgimos, finalmente, al actual gobierno del Estado como detentor y representante de la soberanía popular y a las jerarquías de las confesiones religiosas, especialmente a la de la Iglesia Católica, que asuman responsablemente el espíritu de la Constitución, la cual, en el Art.16 párrafo 3, al afirmar que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, aboga por el establecimiento de aquel espacio laico y de diálogo al que hacemos referencia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Redes Cristianas, septiembre 2008.

 

 

Para más información: www.redescristianas.net
 

sencillo arte

sencillo arte

¿QUIÉN VIGILA LA ORTOPRAXIS?
GABRIEL Mª OTALORA

ECLESALIA, 05/09/08.- De las virtudes teologales, San Pablo dice expresamente que la caridad, el amor, es la principal de las tres. Viene esto a cuento porque buena parte de la jerarquía mantiene la peor estela de la Iglesia, la que no ha hecho de la caridad el pivote esencial de muchas de sus decisiones.

Se ha utilizado demasiadas veces a la fe como vara de medir en condenas tremendas, para luego pedir perdón; tarde y demasiadas veces. La misma palabra "infiel" viene del término latino del que deriva nuestro vocablo "fe" mostrando lo erróneo de entender este don gratuito que nos capacita para reconocer la experiencia del amor de Dios Padre, pero no a todos de la misma manera ni al mismo tiempo.

¿Existía en el siglo XIII alguna razón de justificara la creación de un tribunal que consideraba la herejía como delito punible? Ni siquiera entonces los teólogos cristianos de la talla de San Ambrosio o San Martín de Tours sostuvieron que la religión y la violencia son compatibles. Eran partidarios de la doctrina evangélica que exhorta a corregir y amonestar, con amor, ejemplo y persuasión a quien dilapida el bien común de la fe. Pero en defensa de la "verdadera" fe, no les escucharon: otros excomulgaron y quemaron a personas, libros y haciendas.

Para el actual Papa, la Congregación para la Doctrina de la Fe, "tiene la misión de promover y defender la doctrina sobre la fe y las costumbres en toda la Iglesia católica". Benedicto XVI ha recordado que esta Congregación está llamada a favorecer y recordar la centralidad de la fe católica en su expresión auténtica. Pues bien, ¿qué tal si creamos otro dicasterio paralelo al que podríamos llamar Congregación para la Práctica de la Caridad, con el objetivo de iluminar a tantos profesionales de la condena, de la falta de ejemplo y misericordia?

La caridad ha merecido una estupenda Encíclica del Papa (Dios es amor), aunque la ortodoxia sigue ocupando más desvelos que la ortopraxis. Quizá por ello, todavía hoy mantenemos un modelo eclesiástico jerárquico y político de corte imperial, burocratizado y bastante asfixiante.

El católico Morris West lo decía muy claro en boca de un cardenal en su novela Lázaro: "La Curia y la jerarquía por igual, somos los productos casi perfectos de nuestro sistema romano. Jamás lo combatimos. Recorrimos con él cada paso del camino. Y en algún lugar del camino, creo que cerca del principio, perdimos el sencillo arte de amar. El pueblo se aleja; no en busca de dioses extraños, como nos complace creer; no para entregarse a orgías y desenfrenos que no pueden permitirse; sino en busca de cosas sencillas que nosotros, los custodios, los censores y los gobernantes, les hemos arrebatado. Ansían cuidados, compasión y amor, y una mano que los guíe fuera del laberinto".

¿No es hora ya de centrarlo todo en el amor y desprendernos de poder y de tantas seguridades mundanas que en nada recuerdan la manera de actuar de Cristo, su presencia desde el amor inmenso por cada uno de nosotros, de ellos, de todos sin excepción?

Las palabras pueden convencer, pero solo el ejemplo arrastra. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

reunión

reunión

23 Tiempo Ordinario (A) Mateo 18, 15 – 20
REUNIRSE EN EL NOMBRE DE JESÚS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 03/09/08.- La destrucción del templo de Jerusalén el año 70 provocó una profunda crisis en el pueblo judío. El templo era «la casa de Dios». Desde allí reinaba imponiendo su ley. Destruido el templo, ¿dónde podrían encontrarse ahora con su presencia salvadora?

Los rabinos reaccionaron buscando a Dios en las reuniones que hacían para estudiar la Ley. El célebre Rabbi Ananías, muerto hacia el año 135, lo afirmaba claramente: «Donde dos se reúnen para estudiar las palabras de la Ley, la presencia de Dios (la «Shekiná») está con ellos.

Los seguidores de Jesús provenientes del judaísmo reaccionaron de manera muy diferente. Mateo recuerda a sus lectores unas palabras que atribuye a Jesús y que son de gran importancia para mantener viva su presencia entre sus seguidores: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

No es una reunión que se hace por costumbre, por disciplina o por sumisión a un precepto. La atmósfera de este encuentro es otra cosa. Son seguidores de Jesús que «se reúnen en su nombre», atraídos por él, animados por su espíritu. Jesús es la razón, la fuente, el aliento, la vida de ese encuentro. Allí se hace presente Jesús, el resucitado.

No es ningún secreto que la reunión dominical de los cristianos está en crisis profunda. A no pocos la misa se les hace insufrible. Ya no tienen paciencia para asistir a un acto en el que se les escapa el sentido de los símbolos y donde no siempre escuchan palabras que toquen la realidad de sus vidas.

Algunos sólo conocen misas reducidas a un acto gregario, regulado y dirigido por los eclesiásticos, donde el pueblo permanece pasivo, encerrado en su silencio o en sus respuestas mecánicas, sin poder sintonizar con un lenguaje cuyo contenido no siempre entienden. ¿Es esto «reunirse en el nombre del Señor»?

¿Cómo es posible que la reunión dominical se vaya perdiendo como si no pasara nada? ¿No es la Eucaristía el centro del cristianismo? ¿Cómo es que la Jerarquía prefiera no plantearse nada, no cambiar nada? ¿Cómo es que los cristianos permanecemos callados? ¿Por qué tanta pasividad y falta de reacción? ¿Dónde suscitará el Espíritu encuentros de dos o tres que nos enseñen a reunirnos en el nombre de Jesús? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

catequético

catequético

‘PROYECTO NAZARET’
Catequesis para acompañar
JUAN PEDRO CASTELLANO RICO, jefe de Instituciones Religiosas del Grupo Editorial Luis Vives
MADRID.

ECLESALIA, 02/09/08.- Las editoriales Verbo Divino y Edelvives, con una amplia experiencia y recorrido en el mundo educativo y pastoral, se unen para crear el proyecto de catequesis Nazaret.

El proyecto catequético Nazaret nace con la intención de acompañar a la persona en su itinerario de fe desde los primeros momentos del despertar religioso hasta la incorporación en la comunidad como cristiano adulto, responsable y comprometido, respetando las características de cada uno.

No es el objeto principal preparar a los niños para las celebraciones sacramentales, tradicionalmente las catequesis de Primera Comunión o de Confirmación. El proyecto Nazaret propone que estas celebraciones se integren en el proyecto de maduración de la fe sin que sean la meta del camino que se recorre en grupo.

(despertar)

El nombre de Nazaret se asocia a la pequeña aldea donde Jesús crecío y vivío, junto con María y José, su fe en Dios. La familia es el ámbito donde los niños y niñas viven el amor de sus padres que les permite acoger el amor sin medida de Dios Padre y Madre y donde aprenden a rezar, a compartir, a pedir perdón... Actitudes de fe que les acompañarán durante toda su vida.

(desvelar)

Los contenidos de fe de cada tema del proyecto Nazaret han tenido presente el desarrollo del nuevo catecismo de la Conferencia Episcopal Española: Jesús es el Señor (abril 2008).

(descubir)

Los materiales que componen el proyecto abarcan las distintas etapas de este itinerario de fe y ofrecen contenidos, actividades, celebraciones y recursos para vivir el proceso en familia y en grupo. Ofrecemos el libro del niño, un boletín para las familias y la guía del catequista (cd de canciones, celebraciones, recursos, autocatequesis...).

La metodología que ofrecemos, los contenidos son claros, sencillos, adaptados al modo como adquieren hoy la información los niños, adolescentes y jóvenes de nuestra sociedad. El proyecto Nazaret quiere ofrecer la Biblia como una prioridad para que el catequista y el niño puedan conocerla y leerla. El proyecto propone una formación permanente, personal y de grupo, que da garantías a los niños de recibir una catequesis actualizada y enmarcada dentro del proyecto global de la Iglesia Católica.

Estamos ante un proyecto catequético innovador, fiel a la propuesta cristiana, en el que se adaptan los núcleos fundamentales de la fe al contexto actual que vive nuestra sociedad, donde el Kerigma se hace presente y desarrolla una cosmovisión cristiana plural, abierta y cercana. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: jpcastellano@edelvives.es / ventas@verbodivino.es

amante III

amante III

EL DIOS QUE ME HABLA III
Infiernos, doctrinas y censuras
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@orange.es

ECLESALIA, 01/09/08.- ¡Quién me mandará a mí meterme en estos charcos! Si yo no pretendía hablar del infierno. Si mi camino va en dirección contraria... Es que algunos curas ultras me han reprobado por ir más allá de la doctrina oficial y han conseguido que censuren, en algún medio, la parte anterior de este artículo. Así que no me queda más remedio que "dar razón de mi esperanza con dulzura y con respeto, con la conciencia tranquila, para que los que interpretan mal mi vida cristiana queden avergonzados de sus mismas palabras" (1Pe 3,15).

El tema del infierno -tan oscuro y oscurecido- me importa muy poco. Lo que me hiere es el desgarro del rostro amantísimo del Padre. He tenido que llegar a las canas para darme cuenta que el camino está trazado en el interior, que sólo la búsqueda personal produce avances reales: "Buscad y encontraréis" (Mt 7,7). Por fin tomé distancia de la "conciencia cerebral" y caí en la "conciencia profunda" para darme de bruces con el "discernimiento personal": "Examinaos a vosotros mismos y discernid si estáis en la fe. ¿O no reconocéis que Jesucristo está en vosotros?" (2Cor 13,5). Descubrí que las doctrinas escritas son indicadores del camino, muy útiles y recomendables, pero que no debo abrazarme a las señales de tráfico y dejar de caminar. Menos aún, hincar la rodilla ante el poste informativo y adorar un ídolo.

La doctrina auténtica no ata, sólo ilumina. La verdad está en la búsqueda y no en la posesión. Quien se cree en posesión ha matado el camino, ha dejado de ser peregrino para convertirse en abraza farolas -nunca mejor dicho-. La posesión está tras el camino. Además no puedo entregar mi confianza a quien constriñe mi fe católica con una sola pieza del puzzle -utilizada como arma arrojadiza- mientras olvida el rostro de Dios resultante del puzzle completo. La coherencia es básica para comprender la Escritura (lo expongo brevemente en el artículo "El río de la Palabra" de ECLESALIA, 12-20-26/11/07).

Mis opositores me condenan por afirmar que el infierno no puede ser definitivo. Ni siquiera me conceden el derecho a mi insignificante libertad de expresión. Sin embargo, ha habido católicos eminentes que han afirmado que el infierno ha de estar vacío. Como el dominico Yves Congar, teólogo del Vaticano II, que primero fue duramente censurado y después nombrado cardenal. La lista de grandes teólogos y personas de Iglesia que han esperado esa "salvación de todos" sería interminable. Mi intuición de enano está pegada a ellos.

El purgatorio es la situación de "alejamiento del bien", mientras que el infierno es la situación de "rechazo del bien", es decir, de Dios. No son castigos, son situaciones que la persona elige con su libertad individual. Quien, desoyendo consejos e inspiraciones, elige buscar la felicidad sorbiendo, hiriendo o matando a otros, antes o después se dará de bruces con sus crímenes.

Creo en el infierno porque basta abrir los ojos para verlo en nuestro mundo, plagado de rechazos a Dios y a sus criaturas. En el reverso del tiempo, los amantes del mal se encontrarán con el reino del bien y el orden. Se descubrirán desnudos y los verdugos se hallarán convertidos en víctimas de sí mismos. ¡Pobres quienes hayan de pasar por la experiencia de todas sus víctimas para comprender, por fin, sus errores y horrores! Será difícil y penoso deshacer todo lo cosido con el hilo del mal. Pero, en algún momento, la rehabilitación terminará y verán lo que no quisieron ver en su vida terrena. ¿Cómo, dónde, cuánto? ¡No juguemos a ser dioses y saberlo todo! Sólo podemos vislumbrar -a partir del bellísimo Rostro revelado e intuido- el destino final de las criaturas. Intentémoslo.

1. "Había un rey con muchos hijos. A todos les repartió muchas riquezas. Pero mientras unos las administraron y multiplicaron, otros las aprovecharon para rebelarse contra su padre. Al final el rey se impuso y encerró a los hijos rebeldes en la mazmorra de palacio. Encima de la puerta pendía un enorme reloj cuyo segundero repetía: para siempre, para siempre, para siempre... En los salones de arriba los hijos fieles disfrutaban con gran alegría y regocijo. Abajo los condenados gritaban, pedían socorro y se retorcían de dolor. Pero los hijos fieles seguían festejando, junto a su bondadoso padre, sin prestar la más mínima atención a los gritos de sus hermanos infieles".

¿Se parece esa estampa a la revelación del Señor? Al perdón de los enemigos, por ejemplo. ¿El rey vengativo e inconmovible de mi parábola se parece al padre del hijo pródigo? Luego algo no se ha explicado bien. El Padre-Madre que yo amo no permitiría un dolor "definitivo" y "eterno" para sus hijos rebeldes, aunque por su libertad errada se hubiesen metido en el agujero. Buscaría a toda costa que subiesen las larguísimas escaleras -metafóricamente eternas- que conducen a la reconciliación.

2. En las sociedades modernas nos hemos humanizado. En muchos países ya no se aplica la pena de muerte, ni la cadena perpetua. ¿Será que nuestro Dios es menos civilizado que los humanos y aplica "penas eternas" a las barbaridades temporales? ¿O será que el Dios de los católicos es más cruel que el de los orientales? Éste, al menos, les va perfeccionando a través de varias vidas terrenas, hasta que están maduros para el cielo.

3. Dicen los teólogos que Dios no puede "desdecirse". Si nos ha creado libres, tiene que respetar su obra y sus consecuencias, incluida la elección de rechazarle (infierno). ¡Demasiado duro y cerebral! La libertad es parte del parecido con el Creador, un don, un precioso regalo. No es una prueba que hemos de superar, como si jugase con nosotros a carreras de bólidos: ¡A ver quién conduce bien y quién se estrella! Tampoco es una trampa que le sirva de coartada para enviarnos al infierno porque "nosotros lo hemos elegido". Sería una broma macabra.

Estoy seguro -hay argumentos que sólo el corazón puede leer- que el Padre nunca, nunca, abandona a sus hijos, aunque tenga que retirarles el carné de conducir o llevarles al cirujano. Puedes elegir ahora la auténtica Felicidad -para abrazarla entera tras el último sueño- o prologar la pesadilla de correr tras el agua de una sed "infinita". La encontrarás, pero no te arriendo la ganancia.

4. En mis años jóvenes se me proponía, como ideal cristiano, esta máxima: "odiar el pecado pero amar al pecador". ¿Será que en el Cielo se rebajará ese ideal y ya se podrá odiar al pecador? ¿Qué va a ser de mi hábito de amar a los pecadores tan arduamente conseguido? No puedo concebir siquiera que lo que aquí es bueno, deje de serlo en la otra vida y que la doctrina evangélica no tenga plena continuidad en el Cielo.

5. Queda aún otra reflexión más rotunda. El Dios que a mí me habla lo ha creado todo, lo puede todo, lo ilumina todo y es el bien absoluto. Si yo admito que algunas de sus criaturas van a estar "toda la eternidad" rebelándose y luchando contra Él, estoy afirmando que ha creado su propia oposición, a la que no es capaz de vencer y que no existía antes de su acto creador.

Tengo la certeza de que "todo lo hizo bien" (Gen 1,31) (para mayor abundamiento véase mi artículo "Todo lo hizo bien" de ECLESALIA, 21/03/05), "que el mal se vence con el bien" (Rom 12,21) y que al final de los tiempos "pondrá a sus enemigos como estrado de sus pies" (Lc 20,43). No quedará vestigio de rebeldías, rechazos, ni oscuridad. Resplandecerá la Luz eternamente junto a todas sus criaturas, sin opositores, sin poderes paralelos, como resplandecía antes de la creación del universo. ¿Qué otra cosa puede significar "vi un cielo nuevo y una tierra nueva" (Ap 21,1), "ahora hago nuevas todas las cosas" (Ap 21,5)? Y esto otro: "Luego, el resto, cuando haya aniquilado toda soberanía, autoridad y poder y entregue el reino a Dios Padre... Y cuando el universo le quede sometido... Dios lo será todo para todos" (1Cor 15,24-ss).

Hace años, el nuncio del Papa en España, Mario Tagliaferri, en uno de nuestros encuentros privados me decía: "Mira hijo, si la gente no ama a Dios, es porque nosotros no sabemos transmitirles su verdadero rostro". ¡Estoy convencido! Estamos tan atados a doctrinas de papel, a interpretaciones inamovibles, a verdades absolutas "fabricadas por hombres", que se nos olvida buscar apasionadamente el rostro amabilísimo del Padre donde realmente brilla: en la hondonada del corazón sincero. No se puede predicar con una mano el Dios amante y con la otra el "dios espeluznante" (para mayor profundización véanse los libros: "El dios sádico" de François Varone y "Matar a nuestros dioses" de José Mª Mardones). No podemos aferrarnos a las farolas -interpretadas a nuestro modo y manera- y negarnos a caminar. "Y como éstas hacéis muchas" (Mc 7,13).

¿Lo hemos olvidado? "Muchas cosas tengo que deciros todavía, pero ahora no estáis capacitados para entenderlas. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa. Pues no os hablará por su cuenta, sino que os dirá lo que ha oído y os anunciará las cosas venideras" (Jn 16,12). O aquello otro: ?Nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser servidores de una alianza nueva: no basada en pura letra, porque la pura letra mata y, en cambio, el Espíritu da vida? (2Cor 3,4).

¿Cómo podremos entender si nos cerramos a las "muchas cosas" que quedan por decir y nos encadenamos a la verdad total que decimos poseer? ¿Cómo podremos ver las "cosas venideras" si sólo miramos hacia atrás? ¿Por qué malversamos "nuestra capacidad" aprendiendo sólo letras y despreciando la Música?

Me duele que en nuestra Comunidad se multipliquen los censores y disminuyan los motivadores, aquéllos que sientan sinceramente las palabras del Señor: "Fuego he venido a traer a la tierra..." (Lc 12,49) ¿Será que nuestra actualidad eclesial está compuesta sólo por apóstatas, copistas y herejes? ¿Será que, en nuestra Comunidad, no se puede utilizar la inteligencia, la libertad, el discernimiento personal, la conciencia profunda? ¿O será que el trato personal con el Resucitado ya no es recomendable porque sus inspiraciones son poco católicas? No podemos olvidar la advertencia de Pablo: "Si os mordéis y os devoráis mutuamente, ¡mirad no vayáis mutuamente a destruiros!" (Gal 5,15).

¡Que nadie se confunda! Amo a mi Iglesia con la pasión del amor primero y la ternura de la madurez. Si me arriesgo a sembrar "palabras nuevas" es para disuadir a los embalsamadores de uno u otro signo. ¡No, por favor! ¡Hay mucha vida multicolor brotando en su seno! Somos muchos los hijos bien vivos que -ante alabanzas o condenas- cantamos con gozo el himno de la fidelidad perpetua:

"¿Quién podrá acusar a los hijos de Dios? Dios es el que absuelve. ¿Quién será el que condene?... ¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?... Pero en todas estas cosas salimos triunfadores por medio de Aquel que nos amó. Porque estoy persuadido que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes ni las futuras, ni las potestades, ni la altura ni la profundidad, ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Rom 8,33). Amen, amen. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Nos seguimos leyendo en septiembre...

La redacción de ecleSALia se toma un pequeño respiro en este mes de agosto de 2008 durante el cual no enviaremos nuestro informativo, evitando también de este modo la saturación de correos en estas fechas veraniegas de España.

Todos los artículos publicados desde abril de 2005 los puedes encontrar en eclesalia.net. Los anteriores en la sección de Eclesalia de ciberiglesia.net.

En septiembre volveremos a enviar ecleSALia y a compartir nuestra apuesta por una Iglesia al aire del Espíritu, renovada y renovadora, con sabor a pueblo, Dios al fondo y Cristo en medio, nunca excluyente y siempre fraterna.

Paz y bien

Andrés, Daniel, Cristina y César