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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

agredidos

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Décimo primer aniversario de su martirio
MONSEÑOR GERARDI, OBISPO HERMANO
Comunicado del Movimiento Monseñor Gerardi
MOVIMIENTO MONSEÑOR GERARDI
GUATEMALA.

ECLESALIA, 27/04/09.- Han transcurrido once años desde aquel domingo 26 de abril de 1998. Fecha que ha quedado grabada en nuestra memoria con inmenso dolor. Éramos muchos los que mirábamos con esperanza el camino abierto a partir de la firma de los Acuerdos de Paz, creyendo que los asesinatos selectivos ordenados y ejecutados por las fuerzas de seguridad del Estado, eran cosa del pasado. La muerte violenta de Monseñor Juan José Gerardi Conedera nos situó con crudeza ante una dura realidad: continuaba viva la intolerancia, la prepotencia, el imperio de la brutalidad sobre el poder de la verdad y de la razón.

Muchos fueron los proyectos y las acciones que, como pastor y como guatemalteco impulsó y desarrolló Monseñor Gerardi, en su determinación y compromiso evangélico de acompañar al pueblo en su lucha por una vida más digna y más humana. La pastoral indígena, la pastoral social, la pastoral de áreas marginales, la creación, junto con Monseñor Próspero Penados del Barrio, de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado… y su gran obra, la que sin duda le costó la vida: el Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI) que culminó con la entrega del Informe “Guatemala: Nunca Más”.

Monseñor Gerardi entendió, vivió y puso en práctica la nueva eclesiología del Concilio Vaticano II. Esa visión que inspiró a Monseñor Pedro Casaldáliga a expresar que “el sentido y la realidad más profundos de la Iglesia no es su organización, su aparato, sus aspectos jurídicos, su autoridad… sino la comunidad de los creyentes ´constituidos en Pueblo´". Monseñor Gerardi supo ser, supo situarse como parte de ese Pueblo, como Obispo hermano.

Se acercó a las comunidades no tanto para hablar, sino sobre todo para escuchar la palabra silenciada de tantos hombres y tantas mujeres víctimas de la violencia estructural y de la violencia represiva. Palabra dolorosa, palabra solidaria, palabra de esperanza. Gracias a su compromiso, al de sus colaboradores y de los animadores de la reconciliación, se dio cauce a la verdad de las víctimas, reconocida en algunos casos hasta por los propios victimarios. Una verdad que nos libera a todos… Una historia reconstruida desde la verdad y la demanda de justicia.

Hoy continuamos siendo agredidos por aquellos que no tienen más armas que las de la fuerza bruta y que son responsables de la violencia generalizada que nos golpea a los guatemaltecos y guatemaltecas.

¿Qué nos diría hoy Monseñor Gerardi? ¿Qué proyecto impulsaría? ¿Qué acción pondría en práctica?

Monseñor Gerardi, nuestro Obispo hermano, con su indiscutible lucidez y capacidad de análisis, pondría el dedo en la llaga: en las causas de la exclusión, de la marginación, de la discriminación. En la falta de equidad que no permite el desarrollo, que frena el crecimiento, que crea serias tensiones socioeconómicas y políticas, que debilita las instituciones, que genera problemas graves en la familia, que empuja a niñas, niños y jóvenes a integrarse a las pandillas, que genera violencia, criminalidad e impunidad.

Su voz se seguiría oyendo en los foros internacionales, denunciando las graves violaciones a los derechos individuales, sociales y de los pueblos: pidiendo, exigiendo que las instancias encargadas de aplicar la justicia desempeñaran con responsabilidad y profesionalidad su papel.

Sin duda alentaría esfuerzos como el de la Comisión Internacional contra la impunidad en Guatemala –CICIG-, consciente de las debilidades aún no superadas por las instituciones del Sector Justicia en nuestro país.

Al mismo tiempo, nos haría un fuerte llamado a la renovación y fortalecimiento de la sociedad civil, tan debilitada en los últimos tiempos.

Comprometidos con su memoria y su legado, reunidos en el Movimiento Monseñor Gerardi manifestamos:

- Nuestra actitud atenta y vigilante hacia todo aquello que atente en contra de la vida y la dignidad de las personas

- Nuestra preocupación por la violencia generalizada que está golpeando indiscriminadamente a la población guatemalteca

- Nuestra oposición a aquellos que se aprovechan de esta situación de violencia para impulsar sus intereses particulares a través del negocio de la armas y el impulso de grupos paralelos y de limpieza social

- Nuestra convicción de que solamente a través de la verdad y del fortalecimiento de la justicia podrá alcanzarse la verdadera paz y construirse la “Guatemala distinta” que todos queremos y esperamos

- Nuestra solidaridad y compromiso con los esfuerzos que realizan hombres y mujeres de buena voluntad, en la lucha por la transformación de las estructuras inhumanas e injustas

- Nuestro apoyo a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala –CICIG-

En este décimo primer aniversario del martirio de nuestro Obispo hermano nos atrevemos a decir con dom Pedro Casaldáliga:

“Tu muerte, buen pastor, no ha sido en vano. Guiados por tu ejemplo, nosotros seguiremos forjando la verdad y la justicia, dando la voz al canto enmudecido, dando esperanza al Pueblo caminante, dando la vida al Reino de los pobres.”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

compartido

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EL PAN DE CLEMENTINA
GENARO SÁENZ DE UGARTE, religioso de La Salle, genarofsc@yahoo.com.ar
JUJUY (ARGENTINA).

ECLESALIA, 24/04/09.- Ya se han organizado las Comunidades Eclesiales del Barrio. Son siete. Todas van avanzando en un caminar regular, sereno y alegre. Impresiona ver cómo la Palabra de Dios “corre veloz” en las vidas de esas mujeres atentas a la realidad del Barrio. La “Comunidad Emanuel” va creciendo en número de participantes. También en ganas de entrar en la Palabra, comprenderla y dejarse educar por Ella. El Jueves 26 de marzo el texto elegido (Evangelio del próximo Domingo) nos hablaba de lo que le puede suceder al grano de trigo que cae en tierra… (Juan 12,24). Apenas terminamos de proclamar la Palabra, y luego de un breve silencio, Clementina no dudó en afirmar: “¡la semilla tiene corazón, por eso da tanta vida!”. Paulina agregó: “en mi vida la semilla son mis hijos”. Liberata y Juanita se quedaban calladas. Son de poco hablar, pero escuchan todo con mucha atención. Luego, cuando regresen a sus casas, ahí sí que hablarán y comentarán con entusiasmo y convicción…

Al terminar la reunión, Clementina nos obsequió con mate cocido y pan casero que ella misma había preparado. Una linda hogaza todavía calentita y bien sabrosa… A mí me dio varios pedazos para compartir con los hermanos. Iba a llegar a la comunidad para la cena.

Hacia las nueve menos cuarto salimos para nuestras casas. Liliana y Melva me acompañaban. La calle estaba algo más iluminada que la semana anterior. Caminábamos tranquilos. Al menos veíamos donde se apoyaban nuestros pies. Por esas cuadras cercanas al río, no pasa el camión de la basura y los perros, los numerosos perros, hurgan, destrozan y desparraman las bolsas de basura en las esquinas.

Habíamos caminado cuatro cuadras cuando, de golpe, escuchamos: “¡Genaro, Chau, Hermano Genaro!” Era Matías con tres compañeros, de entre 14 y 17 años. Estaban sentados, casi tumbados, en la vereda, al abrigo de un alero de cemento. Comenzaba a refrescar. No tenían mucha ropa. ¿Venían de alguna de las canchitas del barrio? Todos tenían mirada perdida. ¿Alcohol? No veíamos envases ni de cerveza ni de vino. ¿Droga? Quizás. Pero tampoco observábamos indicios. Nos acercamos los tres. Yo saludé a Matías con la mano bien abierta. Me sonrió y dijo a sus compañeros: “¡Genaro saluda así a los amigos!” Los fui saludando uno por uno mientras les alcanzaba un pedazo de pan del que nos había compartido Clementina. Melva y Liliana ayudaban. Los jóvenes no se levantaron. ¿Podían levantarse? Sus miradas habían cambiado. Manifestaban algo de alegría, sobre todo de confianza. Estábamos viviendo gestos de amistad. Atinamos a decirles: “¡Están medio desabrigados y va refrescando bastante!” ¿Qué más podíamos decir y hacer?

El pan de Clementina se fue quedando por el camino. Mejor así… Porque hay muchas necesidades en esas casas, sobre todo las que están de la escuela hacia el río. Todo es tan precario y escurridizo: el hambre, la soledad, el desorden, la orfandad… Lo saben muy bien los miembros de la Comunidad Educativa, de la Pastoral Juvenil, de la Comunidad de Hermanos, de las Comunidades Eclesiales de Base…! Todos, a su manera, intentan “partir y repartir el pan”… En este caso era el pan de Clementina. Casi siempre es el pan de la acogida y de la escucha, de la amistad y del cariño, de una palabra de confianza y de aliento…! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

intuirlo

intuirlo

3 Pascua (B) Lucas 24, 35-47
CREER POR EXPERIENCIA PROPIA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 22/04/09.- No es fácil creer en Jesús resucitado. En última instancia es algo que sólo puede ser captado y comprendido desde la fe que el mismo Jesús despierta en nosotros. Si no experimentamos nunca «por dentro» la paz y la alegría que Jesús infunde, es difícil que encontremos «por fuera» pruebas de su resurrección.

Algo de esto nos viene a decir Lucas al describirnos el encuentro de Jesús resucitado con el grupo de discípulos. Entre ellos hay de todo. Dos discípulos están contando cómo lo han reconocido al cenar con él en Emaús. Pedro dice que se le ha aparecido. La mayoría no ha tenido todavía ninguna experiencia. No saben qué pensar.

Entonces «Jesús se presenta en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros”». Lo primero para despertar nuestra fe en Jesús resucitado es poder intuir, también hoy, su presencia en medio de nosotros, y hacer circular en nuestros grupos, comunidades y parroquias la paz, la alegría y la seguridad que da el saberlo vivo, acompañándonos de cerca en estos tiempos nada fáciles para la fe.

El relato de Lucas es muy realista. La presencia de Jesús no transforma de manera mágica a los discípulos. Algunos se asustan y «creen que están viendo un fantasma». En el interior de otros «surgen dudas» de todo tipo. Hay quienes «no lo acaban de creer por la alegría». Otros siguen «atónitos».

Así sucede también hoy. La fe en Cristo resucitado no nace de manera automática y segura en nosotros. Se va despertando en nuestro corazón de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi sólo un deseo. De ordinario, crece rodeada de dudas e interrogantes: ¿será posible que sea verdad algo tan grande?

Según el relato, Jesús se queda, come entre ellos, y se dedica a «abrirles el entendimiento» para que puedan comprender lo que ha sucedido. Quiere que se conviertan en «testigos», que puedan hablar desde su experiencia, y predicar no de cualquier manera, sino «en su nombre».

Creer en el Resucitado no es cuestión de un día. Es un proceso que, a veces, puede durar años. Lo importante es nuestra actitud interior. Confiar siempre en Jesús. Hacerle mucho más sitio en cada uno de nosotros y en nuestras comunidades cristianas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

torrente I

torrente I

¿A QUIÉN ORAMOS? I
Errores en la oración de petición
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@gmail.com

ECLESALIA, 21/04/09.- Un amigo mío me confesaba: De niño aprendí que "orar es levantar el corazón a Dios para pedirle mercedes"; de mayor he comprendido que "orar es fabricar `mercedes´ para ofrecérselos a Dios". Tras el chiste, hay mucha teología de la buena.

En nuestro subconsciente late la idea de que Dios está en las alturas y hay que alcanzarle con esforzadas oraciones para que nos haga llegar su favor desde allá arriba. Estoy convencido de todo lo contrario: Dios es la cercana luz que quiere traspasar nuestras oscuras barreras y atraernos a sus brazos. Somos nosotros los que tenemos que dejarnos alcanzar y no a la inversa. Es Él quien llama "con gemidos inenarrables" (Rom 8,26) a su desorientada y amadísima criatura: “Estoy a la puerta llamando: si me oís y me abrís, entraré en vuestra casa y comeremos juntos” (Ap 3,20). Sólo hay que abrir y dejarle pasar.

Habitualmente pretendemos que nuestra oración mueva a Dios y nos resuelva los problemas, mientras nosotros esperamos el favor o el milagro sin utilizar nuestros dones, sin saber siquiera que los tenemos. Con demasiada frecuencia acudimos a la oración de petición sin acertar a pasar de ahí o, lo que es mucho peor, sin percatarnos de que oramos a los ídolos. Citaré algunos, sólo como ejemplo:

- El dios de la manga, al que imaginamos en el Olimpo, distraído, absorto en sus cosas, incluso encolerizado por nuestros pecados. Y necesitamos llamar su atención, tirarle de la manga, para que se acuerde de nosotros y nos escuche: ¡Eh, que estamos aquí, auxílianos! O como decimos en las preces litúrgicas: "Te rogamos, óyenos". Pero los problemas no se resuelven e inconscientemente nos vamos convenciendo de que es sordo. Incluso hay quien habla del "silencio de dios", también es mudo.

- El dios grifo, que nosotros abrimos a nuestro antojo con la oración y se cierra automáticamente cuando no nos acordamos de pedir. Sólo obtendremos el líquido deseado si apretamos el botón o giramos la llave. Si no responde a nuestra petición, pensamos que es un mal grifo, que está seco o que otros -más buenos- le han agotado.

- El dios negociador, al que ofrecemos algún sacrificio, alguna promesa, alguna vela, a cambio de la deseada concesión. Negociamos de mil maneras para conseguir aquello que deseamos. Negociamos incluso con nuestro dolor: si me disciplino o uso cilicio o camino de rodillas, seguro que le conmuevo.

No nos damos cuenta de que ésos son dioses falsos, ídolos, que ni ven, ni oyen, ni entienden. El Dios verdadero sólo quiere nuestro bien y nuestra felicidad sin precio alguno, totalmente gratis. Basta con que lo busquemos por el camino correcto y nos dejemos inundar porque “mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,30).

Hace poco leí en la portada de una revista católica algo que me estremeció: "Un milagro arrancado a Dios a base de oración". ¿A qué "dios de granito" ora esa gente? ¿Cómo es posible pensar que hay que alcanzar la mano de Dios con escoplo y martillo? Yo creí que estas cosas no podían siquiera pensarse en nuestra Iglesia, y mucho menos publicarse.

El Dios en quien yo creo declara abiertamente: “encuentro mis delicias con los hijos de los hombres” (Pro 8,31). Nos creó con todos los recursos, nos ha dado preciosos dones, que debemos descubrir y explotar. Somos nosotros los que hemos de movernos, conocernos, hacer fructificar nuestros talentos, los que Él nos regaló cuando nos pensó desde la eternidad. Nuestro Dios, normalmente, no nos da peces, sino que nos proporciona la mejor caña (nuestros dones personales) y nos enseña a pescar (con su vida, su palabra y sus luces puntuales). Decía Martin Luther King: "Dios, que nos ha dado la inteligencia para pensar y el cuerpo para trabajar, traicionaría su propio propósito si nos permitiese obtener por la plegaria, lo que podemos ganar con el trabajo y la inteligencia".

Y en Mateo se lee: "No todo el que dice: ¡Señor! ¡Señor!, entrará en el reino de Dios, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial... El que escucha mis palabras y las pone en práctica se parece a un hombre sensato que ha construido su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se echaron sobre ella; pero la casa no se cayó, porque estaba cimentada sobre la roca. Y todo el que escucha mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre insensato que ha construido su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se precipitaron sobre ella, la casa se cayó y se arruinó totalmente" (Mt 7,21).

Son por tanto las obras, las actitudes, la “decidida decisión de volver al Padre" lo que hará nuestra vida sólida como una roca y exitoso el camino de regreso. Nuestra apertura interior a su llamada, la andadura decidida y esforzada hacia sus brazos, es lo que conseguirá colmar nuestros anhelos. No el palabreo rutinario e interesado.

Juan nos advierte: "Todo lo que pidamos, Él nos lo concederá porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada" (1Jn 3,22). Es decir, el resultado está ligado a la aceptación de su maternal cuidado, de su amor gratuito. Lo mismo que la luz y el calor están asegurados para quien se expone al sol. Mateo insiste: "Al rezar, no os convirtáis en charlatanes como los paganos, que se imaginan que serán escuchados por su mucha palabrería. No hagáis como ellos, porque vuestro Padre conoce las necesidades que tenéis antes de que vosotros le pidáis" (Mt 6,7).

No, nuestro Dios no es un grifo, ni un buhonero de feria con el que se pueda hacer cambalache. Sería un dios muy pequeño. Nuestro Dios es un torrente que se vierte permanentemente sobre nosotros. ¿Qué hacer para obtener su agua? Abrirse, ensanchar el recipiente, vaciarse de estorbos, reconstruir las grietas. Si no, estarás bajo el Torrente pasando sed o recogiendo tu pequeñísima medida o perdiendo al instante lo recibido por tus múltiples ranuras...

Afirmaba san Ignacio: "Haz las cosas como si todo dependiera de ti y confía en el resultado como si todo dependiera de Dios". Y san Agustín es todavía más rotundo: "La oración no es para mover a Dios, sino para movernos a nosotros" (Carta a Proba).

Cuando hablo o escribo estas cosas siempre hay alguien que pregunta: ¿Entonces por qué dice el evangelio "pedid y recibiréis"? En el próximo artículo mi modesta respuesta. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

testimonio

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ANTE LA CRISIS ECLESIAL

JUAN ANTONIO ESTRADA, IMANOL ZUBERO y Aburto Rike, Juan María; Adell Ventura, Joaquim; Aguinaga García Marisa; Aguirre Osacar, Alejandro; Aguirre Martín-Gil Mª Teresa; Alcalde Revilla José Luis; Alegre Santamaría Xavier; Amigot Gracia, José Manuel; Andrea García Calvo, Maite; Anta Moldón Argentina; Aranda Latorre, José Miguel; Arias Ergueta, Pedro Luís; Arnedo Forcano Ricardo; Arpide txano Xabier; Arpide Etxano Asier; Arregui Olaizola, José; Askasibar Renobales, Xabier; Apastegui Mangado, Augusto; Ayerra Rodríguez Mari Patxi; Azilu Sagastuy Jesús; Azpeitia Bengoa, Miguel Ángel; Baena Altisent Mª Isabel; Baeza Atienza Javier; Barba Pérez Carmen; Barbazán Díaz Pilar; Barja de Quiroga Mª Mercedes; Barja de Quiroga Mª Dolores; Beca Mª Pilar .; Beltrán de Otalora Goya, José L.; Beorlegui Rodríguez, Carlos; Bérchez González Rafaela; Bernabeu López José Ramón; Blanco Ruíz Antonio; Blázquez Jiménez Virginia; Boedo Osorio Rosa Mª; Bofill Portabella Roser; Bosch Sintes Juan José; Bragulat Bosom Francesc; Bueno González Rafael; Calle de la Peña, Javier; Carreras Ignasi; Carrión Mangas, Hipólito; Casas Andrés, Roberto; Carrasco Macarro Joaquín; Casasnovas Ana Mª; Castel Branco Mª Ines; Castell-Ruiz Casado, Ana; Castelli Hugo; Castillo Rodríguez Javier; Castro Recuero Jesús; Celigueta Crespo Tere; Cigüenza Zuazo, Marta; Claret Corominas Jordi; Collado Broncano Manuel; Coloma León, Agustina; Comes Ballester, Josep Antoni; Corera Oroz, Concepción; Corera, Violeta; Crende Corbera; Criado Lobato Modesta; Cruces Gaitán Timoteo; Cuenca Valdivia Pedro; De Burgos Román Juan; De Dompablo y B. de Qurirós Jorge; De Juan-Creix i Bretón Ignasi; De la Vega Cebrián María; Del Rey, Charo; Delgado López Teresa; De Miguel Rivas Carmen; De Sebastián Luis; De Tapia Pérez Emiliano; Díaz Flor; Díaz Ortiz José; Domínguez Domínguez Matías; Duato Gómez-Novella, Antonio; Echávarri Zuazu, Mª Angeles; Echeverría Erro, Jesús; Echeverria Erro, Teresa; Eizaguirre Díez de Rivera Carmen; Espino Granado José Luis; Esquinas Candenas Mercedes; Estrada Díaz Juan Antonio; Etxeazarraga Gokikoetxea; Fanjul Suárez Gonzalo; Fernández Barberá Carlos; Fernández Benítez, Miguel; Fernández Campoamor Beatriz; Forcano Cebollada Benjamín; Forcano Lloveras Antonio Mª; Fuster Junquera Patricia; García-Aguiló Lladó Matilde; García Albertos José Ramón; García-Castellano García Ana; García de Eulate Romanos Mª Jesús; García García José Luis; García González Quintín; García Monge José Antonio; García-Moreno García Catalina; García Pérez, Rubén; García Roca, Ximo; Garrido Amado Mª Victoria; Garzón Montenegro Elena; Gaztambide Roldan, Sagrario; Gil, Carlos; Giménez Meliá Josep; Ginel Viela Alvaro; Gómez-Marthino Cortés Ana; Goikoetxea Iturregui, Marije; Goikoetxea Iturregi, Enrique; Gómez Cañedo, Julio; Gómez Rodríguez, Enrique; González González Ana Mª; González Faus José Ignacio; González López Guillermo; González Tánago Julio; Goñi Soroa, Javier; Górriz Latorre, Jorge; Gorrochategui Oyaneder Carmen; Grande Lorenzo Beatriz; Gutiérrez del Val, Macrina; Haya Oteiza Margarita; Hernández Rey Carmen; Hernández Zubizarreta Antonio; Hernández Martínez Antonio; Ibáñez Pastor Luis; Iglesias Meilan, Jose Luís; Iragui Aguinaga, Sixto; Iribarren Echarri Mª Teresa; Iribarren Lizarraga, Jesús; Iruretagoyena Sánchez, Javier María; Isusquiza Yarritu, Luís Ignacio; Jiménez Larrea, Marta; Jiménez Urbano, José Luis; Joya Castellano Blanca; Juan Herranz Gema; Laborda Hernández, Joaquin; Lanao Clavera Jesús; Largo Macho Otilio; Larraya Zaragüeta Manuel; Linaza Antonio; Llano, Ana; Llorente Mingo, Javier; Lobo Alonso José Antonio; Lois Fernández Julio; López Bruñet Trinidad; López López Juan Francisco; López Yebra Emilio; Lunar Hernández Carmen; Madariaga Garamendi, Iosu; Maestrojuan Correcher, Pilar; Malla Escofet Pilar; Marone Borbón Mª Teresa; Markina García, Nerea; Martín de la Concha José Luis; Martí Félix; Martín Martínez, Vicenta; Martínez de Ag. Ortiz de Zárate, Javier; Martínez Flórez, Ángel; Martínez Genique Alberto; Martínez García Salvador; Martínez González Manuel; Martínez Gordo Jesús; Martínez Lalmolda, Carmelo; Martínez Rodamiláns, Ana María; Martínez Sola Mª Mercedes; Masiá Clavel, Juan; Mateo de Miguel Felícitas; Mendezona, Mikel; Mendia Gallardo, Rafael; Mendoza García Salvador; Merino Paz Dolores; Merino Pérez Lorenzo; Mesperuza Rotger, Eskolumbe; Miaja de Sarrazo Ana María; Mirena Bakaioa Joseba; Mora Moracho, Natividad; Moreno Domingo Carmen; Moreno Muguruza Carmen; Moreno Muguruza Mercedes; Moreta Ignasi; Mostazo Alava, Ana Carmen; Muerza Serra, Javier; Múgica Munárriz, Guillermo; Mujal Lluis G.; Muñoz Barrera, Francisco; Murillo Urcelay Isabel; Mutiloa Goldáraz, Mª del Carmen; Oiz Ibarrola, Roberto; Oliveres Sanvicens Mª Lluisa; Onrubia Javier; Ontañón Carrera Guillermo; Oñate Lamas Joan; Oñate Landa M Carmen; Oñate Landa Javier; Oroz Echarri, Ramón; Orradre Esáin Miguel; Ortega González Ascensión; Ortega Rodríguez Álvaro; Ortuzar Arines Bingen DNI; Osés Serda Mª Asunción; Oyarzabal Elena; Pagola Lorente, Javier; Paradinas Riestra Luis; París Aristy, Patxi; Pasto Bodmer Alfredo; Pastor Blancou Sofía; Peña Herrero Julia; Peña Vázquez Manuela; Perea, Joaquín; Pereda Olarte Carlos; Pérez de los Santos Héctor; Pérez Hernández Rafael; Pérez González Mª José; Pérez- Soba Baró Pilar; Pérez Tapias Juan Antonio; Pico de Coaña de Valicourt Yago; Pizarro Segundo; Prudencio Morales Mª Luisa; Pujol Lago Pura; Queralt Llaudert Eulalia; Quirós Saíz José Luis; Raguer Hilari; Ramirez de Olano Egurbide, Maria Begoña; Reino Prada Miren Estibalitz; Renedo, Heraclio; Riega Riega, Mª Isabel; Ríos Villanueva Marta; Rodríguez Aguado Eubilio; Rodríguez Fernández, José Miguel; Rodríguez García, Micaela; Rodríguez Gómez Franco; Rodríguez Sánchez Antonio; Rodríguez Teso Agustín; Rosende Paz, Emilia; Ruiz Fernández Cristina; Ruiz Orbezua Elena; Ruiz Torres Tomasa; Sacristán Gárate Pilar; Saenz de Cabezón Anitua Miguel; Sáenz de Ugarte Eguskiza, Luis; Saenz Novales Patricia; Sagaseta Castaño, Juan José; Sala Canela Magda; Salamero Duaso, Mª Cruz; Sánchez Maus Jesús; Sánchez Menéndez Pedro; Sánchez Monroy, Ignacio; Sánchez Torrado Santiago; San Martín Picabea, Inés; San Martín Oncea, Vicente; Sasia, Peru; Sastre García Jesús; Seguí Martí Anna; Sobrino Aranzabe, Itziar; Sol Bachs Salvador; Tamayo Acosta Juan José; Tascón Fernández Julio; Terribas Alamegó Jaume; Tito Lloret Amelia; Tojo Menéndez José Ramón; Toña Guenaga, Ángel; Torrens Viladecans Josep; Torres García, Carmen; Torres Pérez, Mª José; Torres Queiruga, Andrés; Tortosa Alarcón José María; Tostado Sánchez Pedro; Totosaus Josep Mª; Turias Dancausa, María Isabel; Ulibarri Fernández, Florentino; Ulloa Edith; Uraga Laurrieta, Bittor; Urda Alguacil Antonio; Uribarri, Juanto; Urrutia Gómez, Javier; Vázquez Torres, Magdalena; Velasco Criado Demetrio; Velasco Martínez Rufino; Vélez Sáez, Mª Soledad; Vicente Martín Mª Antonia; Vila Despujol Ignacio; Villar Villar Evaristo; Vitoria Cormenzana, F. Javier; Zabalo Gómez, Francisco Javier; Zubía Guinea Marta; Zubero Beascoechea, Imanol; Zumalde Otegui, Ana María; Zugasti Martínez, Mª Jesús.

ECLESALIA, 20/04/08.- Somos conscientes de que este escrito es un procedimiento extraordinario, pero nos parece que también es extraordinaria la causa que lo motiva: la pérdida de credibilidad de la institución católica que, en buena parte, es justificada y que los medios de comunicación han convertido ya en oficial, está alcanzando cotas preocupantes. Este descrédito puede servir de excusa a muchos que no quieren creer, pero es también causa de dolor y desconcierto para muchos creyentes. A ellos nos dirigimos principalmente.

1.- La Iglesia fue definida desde antiguo como santa y pecadora, “casta prostituta”. Crisis graves no han faltado nunca en su historia, y la actual puede dolernos pero no sorprendernos. Toda crisis es siempre una oportunidad de crecimiento, si sabemos en estos momentos “no avergonzarnos del Evangelio” y amar a nuestra madre. Sabiendo que el amor a una madre enferma no consiste en negar o disimular su enfermedad sino en sufrir con ella y por ella. Si deseamos una Iglesia mejor no es para militar en el club de los mejores, sino porque el evangelio de Dios en Jesucristo se la merece.

2.- No hay aquí espacio para largos análisis, pero parece claro que la causa principal de la crisis es la infidelidad al Vaticano II y el miedo ante las reformas que exigía a la Iglesia. Ya durante el Concilio se hicieron durísimas críticas a la curia romana. Más tarde Pablo VI intentó poner en marcha una reforma de esa curia, que ésta misma bloqueó. Es muy fácil después convertir a un papa concreto en cabeza de turco de los fallos de la Curia. Por eso preferimos expresar desde aquí nuestra solidaridad con Benedicto XVI, a nivel personal y a pesar de las diferencias que puedan existir a niveles ideológicos: porque sabemos que los papas no son más que pobres hombres como todos nosotros, que no deben ser divinizados. Y que si algún error grave se cometió en todos los pontificados anteriores fue precisamente el dejar bloqueada esa urgente reforma del entorno papal.

3.- Una de las consecuencias de ese bloqueo es el injusto poder de la curia romana sobre el colegio episcopal, que deriva en una serie de nombramientos de obispos al margen de las iglesias locales, y que busca no los pastores que cada iglesia necesita, sino peones fieles que defiendan los intereses del poder central y no los del pueblo de Dios.

Ello tiene dos consecuencias cada vez más perceptibles: una es la doble actitud de mano tendida hacia posturas lindantes con la extrema derecha autoritaria (aunque sean infieles al evangelio e incluso ateas), y de golpes inmisericordes contra todas las posturas afines a la libertad evangélica, a la fraternidad cristiana y a la igualdad entre todos los hijos e hijas de Dios, tan clamorosamente negada hoy. Otra consecuencia es la incapacidad para escuchar, que hace que la institución esté cometiendo ridículos mayores que los del caso Galileo (pues éste, aunque tenía razón en su intuición sobre el movimiento de los astros, no la tenía en sus argumentos; mientras que hoy la ciencia parece suministrar datos que la Curia prefiere desconocer: por ejemplo en problemas referentes al inicio y al fin de la vida). La proclamada síntesis entre fe y razón se ve así puesta en entredicho.

4.- Pero más allá de los diagnósticos, quisiéramos ayudar a actitudes de fe animosa y paciente para estas horas negras del catolicismo romano. Dios es más grande que la institución eclesial, y la alegría que brota del Evangelio capacita hasta para cargar con esos pesos muertos. No vamos a romper con la Iglesia, ni aunque hayamos de soportar las iras de parte de su jerarquía. Pero tememos la lección que nos dejó la historia: las dos veces en que el clamor por una reforma de la Iglesia fue universal y desoído por Roma, están relacionadas con las dos grandes rupturas del cristianismo: la de Focio y la de Lutero. Ello no significa que la ruptura fuese legítima: sólo queremos decir que no pueden tensarse las cuerdas demasiado. Tampoco vamos a romper, porque la Iglesia a la que amamos es mucho más que la curia romana: sabemos bien que apenas hay infiernos en esta tierra donde no destaque la presencia callada de misioneros, o de cristianos que dan al mundo el verdadero rostro de la Iglesia.

5.- Durante gran parte de su historia, la Iglesia fue una plataforma de palabra libre. Hoy nadie creerá que un santo tan amable como Antonio de Padua pudiera predicar públicamente que mientras Cristo había dicho “apacienta mis ovejas”, los obispos de su época se dedicaban a ordeñarlas o trasquilarlas. Ni que el místico san Bernardo escribiera al papa que no parecía sucesor de Pedro sino de Constantino, para seguir peguntando: “¿hacían eso san Pedro o San Pablo? Pero ya ves cómo se pone a hervir el celo de los eclesiásticos para defender su dignidad”. Y terminar diciendo: “se indignan contra mí y me mandan cerrar la boca diciendo que un monje no tiene por qué juzgar a los obispos. Más preferiría cerrar los ojos para no ver lo que veo”... Precisamente comentando este tipo de palabras, escribía en 1962 el papa actual (en un artículo titulado “libertad de espíritu y obediencia”): “¿es señal de que han mejorado los tiempos si los teólogos de hoy no se atreven a hablar de esa forma? ¿O es una señal de que ha disminuido el amor, que se ha vuelto apático y ya no se atreve a correr el riesgo del dolor por la amada y para ella?”.

Así quisiéramos hablar: no nos sentimos superiores, pues conocemos bien, en nosotros mismos, cuál es la hondura del pecado humano. La Escritura, hablando de los grandes profetas, enseña que su destino no es el protagonismo sino la incomprensión; y ante eso nos obligan las palabras del apóstol Pablo: “si nos ultrajan bendeciremos, si nos persiguen aguantaremos, si nos difaman rogaremos”. Pero nos sentimos llamados a gritar porque también hay allí una imprecación impresionante que tememos tenga aplicación a nuestro momento actual: “¡por vuestra causa es blasfemado el nombre de Dios entre las gentes!”.

“Fijos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe” sabemos que podemos superar estos momentos duros sin perder la paciencia ni el buen humor ni el amor hacia todos, incluidos aquellos cuyo gobierno pastoral nos sentimos obligados a criticar. Este es el testimonio que quisiéramos dar con estas líneas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

transmitir

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2 Pascua (B) Juan 20, 19-31
VIVIR DE SU PRESENCIA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 15/04/09.- El relato de Juan no puede ser más sugerente e interpelador. Sólo cuando ven a Jesús resucitado en medio de ellos, el grupo de discípulos se transforma. Recuperan la paz, desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la misma misión que él había recibido del Padre.

La crisis actual de la Iglesia, sus miedos y su falta de vigor espiritual tienen su origen a un nivel profundo. Con frecuencia, la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia en medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada, que una experiencia vivida.

Cristo resucitado está en el centro de la Iglesia, pero su presencia viva no está arraigada en nosotros, no está incorporada a la sustancia de nuestras comunidades, no nutre de ordinario nuestros proyectos. Tras veinte siglos de cristianismo, Jesús no es conocido ni comprendido en su originalidad. No es amado ni seguido como lo fue por sus discípulos y discípulas.

Se nota enseguida cuando un grupo o una comunidad cristiana se siente como habitada por esa presencia invisible, pero real y activa de Cristo resucitado. No se contentan con seguir rutinariamente las directrices que regulan la vida eclesial. Poseen una sensibilidad especial para escuchar, buscar, recordar y aplicar el Evangelio de Jesús. Son los espacios más sanos y vivos de la Iglesia.

Nada ni nadie nos puede aportar hoy la fuerza, la alegría y la creatividad que necesitamos para enfrentarnos a una crisis sin precedentes, como puede hacerlo la presencia viva de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra pasividad casi innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno, seguiremos haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción. ¿Dónde encontraremos la fuerza que necesitamos para recrear y reformar la Iglesia?

Hemos de reaccionar. Necesitamos de Jesús más que nunca. Necesitamos vivir de su presencia viva, recordar en toda ocasión sus criterios y su Espíritu, repensar constantemente su vida, dejarle ser el inspirador de nuestra acción. Él nos puede transmitir más luz y más fuerza que nadie. Él está en medio de nosotros comunicándonos su paz, su alegría y su Espíritu. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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UNA EUCARISTÍA MÁS FRATERNA
BORIS VÁSQUEZ CARBONELL, coach humanista, borisvasquezc@gmail.com
PERÚ.

ECLESALIA, 14/04/09.- La dimensión de memorial en la Eucaristía es clave para interpretarla adecuadamente. Hacer memoria tiene que ver con la identidad cristiana y su actualización responsable en diferentes contextos. La Eucaristía apunta a un hecho irrepetible de salvación y a una plenitud futura. Peligro constante será aislar las palabras de la institución y el sacrificio histórico de la Cruz sin actualizar al Cristo “pro nobis”. Cuando esta memoria se degrada entonces surge el ritualismo pomposo pero vacío que realiza un sacrificio meramente formal que no toma en cuenta el hesed, mispá o sedaqah bíblicos (Rafael Aguirre, “La Cena de Jesús. Historia y Sentido”). La Eucaristía es símbolo de vida compartida, ofrenda por amor, y donde no existe esto se hace rito sacral y vacío. Por eso, tiene que ser celebrada por una comunidad de fe, de discípulos que luchan por una sociedad más justa, fraterna y solidaria. Igualmente esto apunta a celebrar de manera connatural a la experiencia cotidiana, teniendo en cuenta los contextos y haciendo las adaptaciones correspondientes en el ritual, vestimenta, altar, templo, etc. Claramente se ve que la Eucaristía no es un servicio religioso puesto a disposición del público para repartir automáticamente la gracia sino que tiene una dimensión fraterna-social insoslayable. Si no desemboca en compromisos de la comunidad la Eucaristía esta incompleta o mutilada (José María Castillo, “Eucaristía y Vida Hoy”). Entender la Eucaristía como banquete común que acoge a todos por igual, otorgando dignidad, fraternidad, superando egoísmos y desigualdades nos permitiría actualizar la praxis de Jesús, sus parábolas, el contexto de la Cena, las apariciones en Emaús, la experiencia de las primeras comunidades (1Cor 11), etc, es decir, hacer presente el proyecto de fraternidad del Padre que quiere reunir a sus hijos dispersos. Esto se expresa -o debe expresarse-sacramentalmente en cada Eucaristía (Manuel Díaz Mateos, “El Sacramento del Pan”).

Si en nuestra Pastoral tendríamos más presentes estas líneas de interpretación nuestras comunidades lograrían centrar su espiritualidad no tanto en la parte externa de los ritos solemnes, la liturgia bien planteada y la exégesis bien lograda sino en la celebración de la vida con la esperanza cierta de ser llevadas a plenitud por el Padre. Algunas veces, nos perdemos en la tensión por celebrar estrictamente la rúbrica litúrgica y lograr la exégesis académica, muy importantes por cierto, pero que no motivan a vivir comunitaria y éticamente la vida cristiana. Tal vez si nos centráramos en el misterio de la Muerte y Resurrección actualizado en cada celebración, deduciendo los compromisos concretos de fraternidad y asumiendo el gozo de vivir un banquete común que no margina a nadie, podríamos impulsar una verdadera vivencia de la Iglesia que Jesús quiere en nuestro contexto social. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

presencia

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¡SEÑOR, RESUCÍTANOS!
CARMEN ILABACA H., ccbilabaca@hotmail.com

ECLESALIA, 13/04/09.- La presencia de las mujeres en el seguimiento a Jesús fue hasta la Cruz como algunos de sus discípulos... pero siguieron más allá y también se hicieron presentes en la resurrección...

Los textos de estos días deben resonar muy fuertemente en las mujeres, pues nos hacen sentir partícipe de la misión del Resucitado y su Causa: Reino de Vida, de Justicia, de Amor y de Paz.

Y, yo... soy Mujer.

El camino al Gólgota de hoy pide a las mujeres que siguen a Jesús la misma fuerza y tenacidad ante el sufrimiento y la humillación por los Pilatos y Judas de esta época.

En pleno siglo XXI debemos las mujeres afirmarnos en la fe y con fuerza y coraje enfrentar esta “dejada de lado” en cargos y responsabilidades eclesiales.

Tenemos tanto que dar las mujeres en la iglesia católica, tal como lo hicimos en el seguimiento a Jesús hace ya dos mil años. Pero, hoy aún existen Judas y Pilatos que se lavan las manos dejando de lado la participación de la mujer en esta iglesia universal.

¿Qué nos diría Jesús en el camino al calvario este año? “Resistan y lleguen hasta donde quieren llegar”. Yo no pretendo ser sacerdote, sino que exijo respeto a mi condición de mujer creyente. Además, en los tiempos de Jesús no había sacerdotes, sino un pueblo: una comunidad.

En el Nuevo Testamento se usa la palabra “sacerdote” cuando se refiere a Él y al pueblo en su conjunto, nunca lo hizo a hombres en forma individual. Dicen los textos que a partir del siglo IV esta palabra se hizo común en el pueblo cristiano.

Entonces, yo entiendo que Jesús dejó discípulos y apóstoles formando una gran comunidad donde había –obviamente- mujeres en que juntos servían a los demás.

Hoy, Señor Resucitado... nosotras las mujeres te sentimos vivo en nuestro corazón, tú ya nos reivindicaste. Jesús tenía razón. Dios está de parte de Jesús, Dios ha respaldado la Causa del Crucificado y las crucificadas de hoy. Jesús ha resucitado... ¡Vive! ¡Dios! ¡Padre/Madre!: ¡Resucítanos hoy también a nosotras en esta iglesia que Tú nos regalaste estando aún despojado de todo en la cruz... nos seguiste dando... nos diste a tu madre! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Fiesta de Resurrección 2009