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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

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ANTE LA CRISIS ECLESIAL

JUAN ANTONIO ESTRADA, IMANOL ZUBERO y Aburto Rike, Juan María; Adell Ventura, Joaquim; Aguinaga García Marisa; Aguirre Osacar, Alejandro; Aguirre Martín-Gil Mª Teresa; Alcalde Revilla José Luis; Alegre Santamaría Xavier; Amigot Gracia, José Manuel; Andrea García Calvo, Maite; Anta Moldón Argentina; Aranda Latorre, José Miguel; Arias Ergueta, Pedro Luís; Arnedo Forcano Ricardo; Arpide txano Xabier; Arpide Etxano Asier; Arregui Olaizola, José; Askasibar Renobales, Xabier; Apastegui Mangado, Augusto; Ayerra Rodríguez Mari Patxi; Azilu Sagastuy Jesús; Azpeitia Bengoa, Miguel Ángel; Baena Altisent Mª Isabel; Baeza Atienza Javier; Barba Pérez Carmen; Barbazán Díaz Pilar; Barja de Quiroga Mª Mercedes; Barja de Quiroga Mª Dolores; Beca Mª Pilar .; Beltrán de Otalora Goya, José L.; Beorlegui Rodríguez, Carlos; Bérchez González Rafaela; Bernabeu López José Ramón; Blanco Ruíz Antonio; Blázquez Jiménez Virginia; Boedo Osorio Rosa Mª; Bofill Portabella Roser; Bosch Sintes Juan José; Bragulat Bosom Francesc; Bueno González Rafael; Calle de la Peña, Javier; Carreras Ignasi; Carrión Mangas, Hipólito; Casas Andrés, Roberto; Carrasco Macarro Joaquín; Casasnovas Ana Mª; Castel Branco Mª Ines; Castell-Ruiz Casado, Ana; Castelli Hugo; Castillo Rodríguez Javier; Castro Recuero Jesús; Celigueta Crespo Tere; Cigüenza Zuazo, Marta; Claret Corominas Jordi; Collado Broncano Manuel; Coloma León, Agustina; Comes Ballester, Josep Antoni; Corera Oroz, Concepción; Corera, Violeta; Crende Corbera; Criado Lobato Modesta; Cruces Gaitán Timoteo; Cuenca Valdivia Pedro; De Burgos Román Juan; De Dompablo y B. de Qurirós Jorge; De Juan-Creix i Bretón Ignasi; De la Vega Cebrián María; Del Rey, Charo; Delgado López Teresa; De Miguel Rivas Carmen; De Sebastián Luis; De Tapia Pérez Emiliano; Díaz Flor; Díaz Ortiz José; Domínguez Domínguez Matías; Duato Gómez-Novella, Antonio; Echávarri Zuazu, Mª Angeles; Echeverría Erro, Jesús; Echeverria Erro, Teresa; Eizaguirre Díez de Rivera Carmen; Espino Granado José Luis; Esquinas Candenas Mercedes; Estrada Díaz Juan Antonio; Etxeazarraga Gokikoetxea; Fanjul Suárez Gonzalo; Fernández Barberá Carlos; Fernández Benítez, Miguel; Fernández Campoamor Beatriz; Forcano Cebollada Benjamín; Forcano Lloveras Antonio Mª; Fuster Junquera Patricia; García-Aguiló Lladó Matilde; García Albertos José Ramón; García-Castellano García Ana; García de Eulate Romanos Mª Jesús; García García José Luis; García González Quintín; García Monge José Antonio; García-Moreno García Catalina; García Pérez, Rubén; García Roca, Ximo; Garrido Amado Mª Victoria; Garzón Montenegro Elena; Gaztambide Roldan, Sagrario; Gil, Carlos; Giménez Meliá Josep; Ginel Viela Alvaro; Gómez-Marthino Cortés Ana; Goikoetxea Iturregui, Marije; Goikoetxea Iturregi, Enrique; Gómez Cañedo, Julio; Gómez Rodríguez, Enrique; González González Ana Mª; González Faus José Ignacio; González López Guillermo; González Tánago Julio; Goñi Soroa, Javier; Górriz Latorre, Jorge; Gorrochategui Oyaneder Carmen; Grande Lorenzo Beatriz; Gutiérrez del Val, Macrina; Haya Oteiza Margarita; Hernández Rey Carmen; Hernández Zubizarreta Antonio; Hernández Martínez Antonio; Ibáñez Pastor Luis; Iglesias Meilan, Jose Luís; Iragui Aguinaga, Sixto; Iribarren Echarri Mª Teresa; Iribarren Lizarraga, Jesús; Iruretagoyena Sánchez, Javier María; Isusquiza Yarritu, Luís Ignacio; Jiménez Larrea, Marta; Jiménez Urbano, José Luis; Joya Castellano Blanca; Juan Herranz Gema; Laborda Hernández, Joaquin; Lanao Clavera Jesús; Largo Macho Otilio; Larraya Zaragüeta Manuel; Linaza Antonio; Llano, Ana; Llorente Mingo, Javier; Lobo Alonso José Antonio; Lois Fernández Julio; López Bruñet Trinidad; López López Juan Francisco; López Yebra Emilio; Lunar Hernández Carmen; Madariaga Garamendi, Iosu; Maestrojuan Correcher, Pilar; Malla Escofet Pilar; Marone Borbón Mª Teresa; Markina García, Nerea; Martín de la Concha José Luis; Martí Félix; Martín Martínez, Vicenta; Martínez de Ag. 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Javier; Zabalo Gómez, Francisco Javier; Zubía Guinea Marta; Zubero Beascoechea, Imanol; Zumalde Otegui, Ana María; Zugasti Martínez, Mª Jesús.

ECLESALIA, 20/04/08.- Somos conscientes de que este escrito es un procedimiento extraordinario, pero nos parece que también es extraordinaria la causa que lo motiva: la pérdida de credibilidad de la institución católica que, en buena parte, es justificada y que los medios de comunicación han convertido ya en oficial, está alcanzando cotas preocupantes. Este descrédito puede servir de excusa a muchos que no quieren creer, pero es también causa de dolor y desconcierto para muchos creyentes. A ellos nos dirigimos principalmente.

1.- La Iglesia fue definida desde antiguo como santa y pecadora, “casta prostituta”. Crisis graves no han faltado nunca en su historia, y la actual puede dolernos pero no sorprendernos. Toda crisis es siempre una oportunidad de crecimiento, si sabemos en estos momentos “no avergonzarnos del Evangelio” y amar a nuestra madre. Sabiendo que el amor a una madre enferma no consiste en negar o disimular su enfermedad sino en sufrir con ella y por ella. Si deseamos una Iglesia mejor no es para militar en el club de los mejores, sino porque el evangelio de Dios en Jesucristo se la merece.

2.- No hay aquí espacio para largos análisis, pero parece claro que la causa principal de la crisis es la infidelidad al Vaticano II y el miedo ante las reformas que exigía a la Iglesia. Ya durante el Concilio se hicieron durísimas críticas a la curia romana. Más tarde Pablo VI intentó poner en marcha una reforma de esa curia, que ésta misma bloqueó. Es muy fácil después convertir a un papa concreto en cabeza de turco de los fallos de la Curia. Por eso preferimos expresar desde aquí nuestra solidaridad con Benedicto XVI, a nivel personal y a pesar de las diferencias que puedan existir a niveles ideológicos: porque sabemos que los papas no son más que pobres hombres como todos nosotros, que no deben ser divinizados. Y que si algún error grave se cometió en todos los pontificados anteriores fue precisamente el dejar bloqueada esa urgente reforma del entorno papal.

3.- Una de las consecuencias de ese bloqueo es el injusto poder de la curia romana sobre el colegio episcopal, que deriva en una serie de nombramientos de obispos al margen de las iglesias locales, y que busca no los pastores que cada iglesia necesita, sino peones fieles que defiendan los intereses del poder central y no los del pueblo de Dios.

Ello tiene dos consecuencias cada vez más perceptibles: una es la doble actitud de mano tendida hacia posturas lindantes con la extrema derecha autoritaria (aunque sean infieles al evangelio e incluso ateas), y de golpes inmisericordes contra todas las posturas afines a la libertad evangélica, a la fraternidad cristiana y a la igualdad entre todos los hijos e hijas de Dios, tan clamorosamente negada hoy. Otra consecuencia es la incapacidad para escuchar, que hace que la institución esté cometiendo ridículos mayores que los del caso Galileo (pues éste, aunque tenía razón en su intuición sobre el movimiento de los astros, no la tenía en sus argumentos; mientras que hoy la ciencia parece suministrar datos que la Curia prefiere desconocer: por ejemplo en problemas referentes al inicio y al fin de la vida). La proclamada síntesis entre fe y razón se ve así puesta en entredicho.

4.- Pero más allá de los diagnósticos, quisiéramos ayudar a actitudes de fe animosa y paciente para estas horas negras del catolicismo romano. Dios es más grande que la institución eclesial, y la alegría que brota del Evangelio capacita hasta para cargar con esos pesos muertos. No vamos a romper con la Iglesia, ni aunque hayamos de soportar las iras de parte de su jerarquía. Pero tememos la lección que nos dejó la historia: las dos veces en que el clamor por una reforma de la Iglesia fue universal y desoído por Roma, están relacionadas con las dos grandes rupturas del cristianismo: la de Focio y la de Lutero. Ello no significa que la ruptura fuese legítima: sólo queremos decir que no pueden tensarse las cuerdas demasiado. Tampoco vamos a romper, porque la Iglesia a la que amamos es mucho más que la curia romana: sabemos bien que apenas hay infiernos en esta tierra donde no destaque la presencia callada de misioneros, o de cristianos que dan al mundo el verdadero rostro de la Iglesia.

5.- Durante gran parte de su historia, la Iglesia fue una plataforma de palabra libre. Hoy nadie creerá que un santo tan amable como Antonio de Padua pudiera predicar públicamente que mientras Cristo había dicho “apacienta mis ovejas”, los obispos de su época se dedicaban a ordeñarlas o trasquilarlas. Ni que el místico san Bernardo escribiera al papa que no parecía sucesor de Pedro sino de Constantino, para seguir peguntando: “¿hacían eso san Pedro o San Pablo? Pero ya ves cómo se pone a hervir el celo de los eclesiásticos para defender su dignidad”. Y terminar diciendo: “se indignan contra mí y me mandan cerrar la boca diciendo que un monje no tiene por qué juzgar a los obispos. Más preferiría cerrar los ojos para no ver lo que veo”... Precisamente comentando este tipo de palabras, escribía en 1962 el papa actual (en un artículo titulado “libertad de espíritu y obediencia”): “¿es señal de que han mejorado los tiempos si los teólogos de hoy no se atreven a hablar de esa forma? ¿O es una señal de que ha disminuido el amor, que se ha vuelto apático y ya no se atreve a correr el riesgo del dolor por la amada y para ella?”.

Así quisiéramos hablar: no nos sentimos superiores, pues conocemos bien, en nosotros mismos, cuál es la hondura del pecado humano. La Escritura, hablando de los grandes profetas, enseña que su destino no es el protagonismo sino la incomprensión; y ante eso nos obligan las palabras del apóstol Pablo: “si nos ultrajan bendeciremos, si nos persiguen aguantaremos, si nos difaman rogaremos”. Pero nos sentimos llamados a gritar porque también hay allí una imprecación impresionante que tememos tenga aplicación a nuestro momento actual: “¡por vuestra causa es blasfemado el nombre de Dios entre las gentes!”.

“Fijos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe” sabemos que podemos superar estos momentos duros sin perder la paciencia ni el buen humor ni el amor hacia todos, incluidos aquellos cuyo gobierno pastoral nos sentimos obligados a criticar. Este es el testimonio que quisiéramos dar con estas líneas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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