Blogia

ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

gestación

gestación

DE MI REALIDAD A LA REALIDAD
MARIO ADÁN MORENO MADRID, diácono, mariomoreno43@hotmail.com
CIUDAD OBREGÓN (MÉXICO).

ECLESALIA, 31/07/09.- Qué importante es que el hombre se ejercite cada día en la oración, esto es hablar con Dios y escucharlo. Sin embargo la forma tradicional de oración se concentra en mis deseos, mis necesidades, mis carencias, mis culpas, mis alegrías, en una palabra en mi realidad personal y lo inmediato a ella.

Esta forma de relacionarse con Dios no es incorrecta, pero la auténtica oración nos lanza a salir de “mi realidad” a “la realidad”, toma en cuenta los principales temas que afectan al ser humano y en su mayoría degradan su dignidad.

El compromiso evangélico nos lanza a salir del letargo y alienación que provoca la excesiva preocupación por mi bienestar, nos invita a trascender el micromundo del ego que no nos permite ver más allá de nosotros mismos.

La realidad social, política y económica exige ser convertida en materia de oración. Recordemos que Cristo se encarnó, y las múltiples víctimas del hambre, la violencia, la pobreza, la explotación, etc., son la carne de Cristo.

¿Dónde está tu hermano? Es la pregunta que debe motivar nuestra oración diaria. La situación del otro debe interesarnos, no es una situación ajena a nosotros aunque así la percibamos.

Existen comunidades enteras que viven en condiciones infrahumanas de desnutrición, falta de agua, vestido, educación, etc. No son situaciones ajenas aunque no nos interpelan considerablemente. ¿A caso no puede ser esto materia de oración? ¿O nos conformaremos con pedir mucho sólo por mí y los míos, con sentir bonito, dominar textos bíblicos, hasta impartir retiros y conferencias?

A todos nos consterna la ola de violencia que azota a nuestro País, pero, ¿cuántas víctimas, o familiares de ellas, caben en mi oración? ¿O qué tal considerar también la situación precaria de mucha gente que vive asinada en casas de lámina negra donde tienen que soportar temperaturas de hasta 50 grados? La lista es muy larga, “¡son temas trillados¡”, “¡ya mucho se ha hablado de ello¡”; este es el peligro, que se conviertan en algo cotidiano, en algo que nos resulte común y no nos asombre en lo más mínimo.

Desafortunadamente el problema radica en el deseo de poder, de ser igual a Dios, en el querer tocar el poder de Dios. Se habla en idioma diferente, el idioma del ego.

El sector económico maneja un idioma que no incluye el beneficio de todos sino el propio, el de unos cuantos. El sector político es experto en el manejo del lenguaje y la persuasión pero desgraciadamente sólo con fines de lograr el poder.

Lo más importante, ¿qué hay del lenguaje cristiano?, ¿hay propuestas y actitudes concretas de parte del cristiano por mejorar y aliviar la carne desgarrada de Cristo? ¿O es un lenguaje retórico, muy bello pero sólo complaciente?

Salir de mi realidad a la realidad es la actitud que dará a nuestro ser cristiano una verdadera dimensión. Orar desde la realidad es tomar en cuenta todas esas situaciones de toda índole que laceran la carne de Cristo, es iniciar en cada uno un proceso de gestación de los mismos sentimientos y actitudes que tuvo Cristo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

esperanzador

esperanzador

EL CARDENAL MARTINI ENTREVISTADO POR EUGENIO SCALFARI
Publicado en el diario italiano La Repubblica *
JUAN V. FERNÁNDEZ DE LA GALA (traducción y notas), delagala@telefonica.net
EL PUERTO DE SANTA MARÍA (CÁDIZ).

ECLESALIA, 30/07/09.- El periodista, político y escritor italiano Eugenio Scalfari, a sus 85 años, ha escrito esta interesante entrevista, como crónica de su reciente encuentro con el cardenal jesuita Carlo Maria Martini. La acaba de publicar el diario La Repubblica en su sección de primera página. La traduzco del italiano como mejor sé. Al final del texto he incorporado una breve referencia informativa sobre las personas que aparecen citadas en él. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Cardenal Martini: un concilio sobre el divorcio
La Repubblica, 18 de junio de 2009

Tiene la cara más delgada, pero sus ojos, intensamente azules, la iluminan ahora mucho más. Me mira fijamente, como para reconocerme. Hace muchos años que no nos vemos, aunque sí nos hemos escuchado y hemos podido intercambiar a distancia sentimientos y reflexiones. Han pasado trece años desde aquel debate a dos voces organizado por Vincenzo Paglia (hoy consejero eclesiástico de la Comunidad de San Egidio) en el inmenso salón del Palacio de la Cancillería en Roma, ante una audiencia repleta de sacerdotes de procedencia muy diversa, con sus trajes tan variopintos: obispos de la Santa Iglesia de Roma con sotana y capelo rojo, coptos, patriarcas de la Iglesia Oriental, pastores protestantes, anglicanos... Había también, creo recordar, cuatro monjes budistas. Y muchos jesuitas, con chaqueta negra y con la mirada puesta en la realidad, que habían venido a escuchar a Carlo Maria Martini, a este compañero suyo de noviciado y de congregación, que se había convertido en cardenal arzobispo de Milán.

El tema del debate era: “La paz y el nombre de Dios” y el subtítulo: “qué puede unir hoy a católicos y laicos”. Él planteó una premisa (formular premisas es una costumbre muy suya, con idea de delimitar mejor el tema). Dijo: “No estoy aquí para hacer proselitismo, por tanto no hablaremos de fe ni de teologías, sino de ética y de convicciones”. Por mi parte, lo agradecí mucho y en cuanto comenzó la discusión nos dimos cuenta de que estábamos de acuerdo en todo, su ética era también la mía, sólo que él la recibía desde lo alto y yo desde la autonomía de mi conciencia. Los dos nos planteábamos el problema del enfrentamiento entre el sentimiento religioso y la modernidad laica y relativista.

Desde entonces, la figura del arzobispo de Milán ha sido para mí un punto de referencia y he seguido su labor pastoral directa con los creyentes y su diálogo constante con los no creyentes, su relación con el cardenal Silvestrini, con Pietro Scoppola, con la Comunidad de San Egidio y con varios jesuitas. He leído sus libros y, en particular, las Conversaciones nocturnas en Jerusalén. Y ahora el que acaba de salir, Estamos todos en la misma barca, un largo diálogo con Luigi Verzè, fundador del Hospital de San Rafael de Milán y de la universidad que lleva ese mismo nombre. Este binomio Martini-Verzè ha extrañado a muchos amigos del cardenal. El fundador de San Rafael es un personaje de notable iniciativa, pero tiene muy poco en común con Martini. ¿Por qué le ha elegido a él como interlocutor? El cardenal responde de este modo: “Don Luigi y yo somos muy diferentes, tanto en carácter como en formación; nuestras biografías son muy distintas y también lo son nuestras visiones políticas y sociales. Lo que no sé es si don Luigi y yo tenemos las mismas soluciones frente a unos desafíos que cada vez son más difíciles. Pero estamos juntos en la misma barca, la barca de la Iglesia, a pesar de todas nuestras diferencias. Nos une un gran amor a la Iglesia, una ardiente pasión por Jesucristo como Verbo encarnado, y el deseo de que la Iglesia afronte y comprenda la sociedad moderna”.

La explicación es clara, las diferencias entre los dos se notan en el libro, pero hay un objetivo común: llamar la atención de los católicos sobre problemas que ya no pueden postergarse por más tiempo. Le pido a Martini que enumere estos problemas, por orden de importancia.

“El primero, la actitud de la Iglesia frente a los divorciados, después la elección de los obispos, el celibato de los religiosos, el papel de los laicos y las relaciones entre la jerarquía eclesiástica y la política. ¿Le parecen problemas de fácil solución? ¿Podrían interesar también a un laico no creyente como usted?”.

Me mira sonriente y se reclina en la silla, que cruje y me hace temer que no esté muy firme, pero él me tranquiliza: “Es sólida, no se preocupe, soy yo, que me muevo demasiado”. La estancia en la que nos encontramos es muy sobria, una larga mesa y algunas sillas, en la residencia de los jesuitas de Gallarate. El cardenal, antes de recibirme, venía de reunirse con una cincuentena de sacerdotes llegados de los alrededores de Milán. Querían escuchar sus palabras de fe y de esperanza en medio de una sociedad cada vez menos cristiana y cada vez más indiferente. ¿Indiferente respecto a qué? le pregunto. “Ya no hay una visión única del bien. La tendencia dominante consiste en defender el interés particular y el del propio grupo. Quizá pensamos que somos buenos cristianos porque alguna vez vamos a misa o dejamos que nuestros hijos se acerquen a los sacramentos. Pero el cristianismo no es eso, no es solamente eso. Los sacramentos son importantes cuando son la culminación de una vida cristiana. La fe es importante si avanza junto a la caridad. Sin la caridad la fe se vuelve ciega. Sin la caridad no hay esperanza y no hay justicia”.

Usted, cardenal Martini, ha subrayado muchas veces la importancia de la caridad, pero quizá haga falta definir con exactitud lo que usted entiende por esta palabra. No creo que se limite a hacer el bien al prójimo. “Hacer el bien, ayudar al prójimo es desde luego un aspecto importante, pero no es la esencia de la caridad. Hace falta escuchar a los otros, comprenderlos, incorporarlos a nuestro afecto, reconocerlos, quebrar su soledad y ser su compañero. Amarlos, en definitiva. La caridad no es limosna. La caridad que predicó Jesús consiste en ser plenamente partícipes de la suerte de los otros. Comunión de espíritus y lucha contra la injusticia”.

En su libro Conversaciones nocturnas en Jerusalén dice usted que los pecados son numerosos y la Iglesia ha hecho una lista bien larga de ellos, pero, en su opinión, el verdadero pecado del mundo – usted lo dice así, si no recuerdo mal – el verdadero pecado del mundo es la injusticia y la desigualdad. Y si he comprendido bien sus palabras, la caridad consiste en luchar contra la injusticia. “Jesús dice que el reino de Dios será de los pobres, de los débiles, de los excluidos. Y dice que la Iglesia debería haber tenido por misión estar cerca de ellos. Esta es la caridad del pueblo de Dios que predicaba su Hijo, que se hizo hombre para nuestra salvación”.

Cardenal, ¿qué entiende usted por pueblo de Dios? ¿Son los laicos católicos el pueblo de Dios? “Toda la Iglesia es pueblo de Dios: la jerarquía, el clero, los fieles…” ¿Y los fieles tienen un papel activo en el gobierno de la Iglesia, en la participación, en la administración de los sacramentos, en la elección de sus pastores? “Desempeñan ciertamente una función, pero deberían ejercitarla con mucha mayor plenitud. Con demasiada frecuencia se trata sólo de un papel pasivo. Ha habido épocas en la historia de la Iglesia en las que la participación activa de las comunidades cristianas fue mucho más intensa. Cuando antes me he referido a esa creciente indiferencia, pensaba precisamente en este aspecto de la vida cristiana. Aquí tenemos una laguna, una deserción silenciosa, especialmente en la sociedad europea y en la italiana”.

¿Se refiere a la falta de asiduidad en la asistencia a los sacramentos, a la misa o a la escasez de vocaciones? “Esos son sólo los aspectos externos, no los esenciales. La esencia es la caridad, la concepción del bien común y de la felicidad común. Felicidad no sólo para nosotros, sino para los otros y no sólo en el presente inmediato, sino también para los hijos y los nietos, para las generaciones que han de venir.” ¿Y la Iglesia institucional trabaja lo suficiente en esta dirección? “Trabaja mucho, pero tendría que trabajar mucho más.”

Cardenal Martini, me gustaría plantearle una pregunta un tanto delicada. Un famoso escritor católico, Vittorio Messori, ha escrito recientemente que la Iglesia institucional, es decir, el Vaticano con su Secretaría de Estado, sus nuncios repartidos por todo el mundo, la organización de la Curia y todo eso, no puede condenar los vicios privados de los poderosos. Su cometido es propiciar acuerdos, concordatos o afrontar problemas puntuales, de poder a poder. La Iglesia estableció acuerdos con Hitler, con Mussolini, con Pinochet, con Franco, con Craxi. Si los hubiese juzgado públicamente por sus comportamientos o por su moralidad no habría podido desarrollar esa misión política que le es propia. El problema, en el peor de los casos –según Messori–, atañe al confesor, suponiendo que alguno de esos poderosos se confiese. De todos modos, el problema de la salvación afectaría sólo al clero con responsabilidad pastoral, los párrocos y los obispos que se ocupan de las almas. ¿Está usted de acuerdo con esta distinción entre instituciones vaticanas y clero con actividad pastoral? “En realidad no estoy muy de acuerdo, la distinción que hace Messori nos retrotrae a una fase en la que persistía todavía el poder temporal y el Papa era, antes que nada, un soberano; pero aquel poder, gracias a Dios, terminó y no va a ser restaurado. Y es una suerte que ya no exista. Es verdad que persiste la estructura diplomática de la Santa Sede, pero está formada por sacerdotes, cuya finalidad última es la de testimoniar el anuncio del evangelio y su contenido profético. Añado que esa estructura diplomática me parece excesivamente redundante y que se lleva gran parte de las energías de la Iglesia. No siempre ha sido así. Durante muchos siglos en la historia de la Iglesia esta estructura ni siquiera existía y en el futuro podría ser reducida de modo importante o incluso desmantelada. La finalidad de la Iglesia es dar testimonio de la palabra de Dios, del Verbo encarnado, del reino de los justos que ha de venir. Todo lo demás es secundario.”

¿Pero las Iglesias protestantes no tienen también estructuras similares? ¿No son necesarias para garantizar la libertad religiosa y el espacio público que la Iglesia necesita para difundir sus valores? “Las Iglesias protestantes no disponen de estructuras tan centralizadas y tan poderosas como la nuestra. Tienen una organización muy diferente. Son, desde este punto de vista, más débiles que la Iglesia católica, pero, en contrapartida, son más cercanas a los fieles.”

El problema que usted señala, desde luego, existe, pero ¿afecta a los obispos? Quizá la figura del Papa, que sólo se da en la Iglesia católica, sea una reminiscencia de ese poder temporal. “El Papa es ante todo el obispo de Roma. Para nosotros los católicos es el vicario de Cristo en la tierra y le debemos afecto, respeto y obediencia, pero sin olvidar nunca que la Iglesia apostólica se sostiene sobre dos pilares: el Papa y su comunión con los obispos. Recuerdo que en el consistorio previo al último cónclave, hubo un debate preliminar para dibujar una especie de perfil del futuro pontífice. Cuando me tocó a mí hablar dije que teníamos que elegir al obispo de Roma. Con eso quise decir que tenía que prevalecer la capacidad y la vocación pastoral sobre la diplomática o la teológica.” ¿Eso dijo usted? ¿Que ustedes en el cónclave iban a elegir al obispo de Roma? “¿Le parece una herejía? Sin embargo, es una constante en la doctrina y la tradición evangélica.”

Pasaba el tiempo y los temas que me hubiera gustado discutir con el cardenal Martini seguían siendo muchos. No quería cansarlo demasiado y así se lo hice saber. Pero me dijo que podíamos continuar. Había un tema que me tocaba la fibra sensible. Le comenté que, leyendo su último libro, el que ha escrito con Luigi Verzè, me había parecido captar cierta tendencia suya a proponer otro concilio, una especie de Concilio Vaticano III. ¿Es que se ha debilitado el empuje del Concilio Vaticano II? ¿Hay que retomar aquel discurso y llevarlo aún más allá? La respuesta que me dio me pareció muy innovadora y bastante imprevista. “No pienso en un Vaticano III. Es cierto que el Vaticano II ha perdido una parte de su empuje. Pretendía que la Iglesia afrontase la sociedad moderna y la ciencia, pero este afrontamiento ha sido sólo marginal. Estamos todavía lejos de haber abordado este problema y hasta parece que hemos vuelto la mirada hacia atrás más que hacia delante. Hay que retomar el impulso y para hacer esto ni siquiera haría falta un Vaticano III. Aclarado esto, sí soy partidario de otro concilio, e incluso lo estimo necesario, pero sólo sobre temas específicos y muy concretos. Me parece también que sería necesario poner en práctica lo que se sugirió e incluso lo que fue decretado ya en el Concilio de Constanza: convocar un concilio cada veinte o treinta años sobre un solo tema, o dos a lo sumo.”

Pero esto sería una revolución en el modo de gobernar la Iglesia. “A mí no me lo parece. La Iglesia de Roma se llama apostólica y no por casualidad. Su estructura es vertical, pero, al mismo tiempo, también horizontal. La comunión de los obispos con el Papa es un órgano fundamental de la Iglesia”. ¿Y cuál sería el tema del concilio que usted propone? “La relación de la Iglesia con los divorciados. Afecta a muchísimas personas y familias y, desgraciadamente, el número de familias implicadas será cada vez mayor. Habrá que afrontarlo con inteligencia y con previsión. Y hay también otro tema que un próximo concilio debería abordar: el de la trayectoria penitencial que es la propia vida. Mire, la confesión es un sacramento extraordinariamente importante, aunque hoy esté exangüe. Cada vez son menos las personas que lo practican, pero, sobre todo, se ha convertido en algo casi mecánico: se confiesa un pecado, se recibe el perdón, se recita alguna plegaria y ahí termina todo, en la nada o poco más. Hay que devolver a la confesión una esencia que sea verdaderamente sacramental, un recorrido por el arrepentimiento y un nuevo programa de vida, una relación constante con el confesor, en definitiva, una dirección espiritual.”

Nos levantamos. Me dijo que había leído mi último libro El hombre que no creía en Dios y que había encontrado algunas sintonías con su propia idea del bien común. Se lo agradecí. Me siento muy cerca de usted, le dije, pero no creo en Dios y lo digo con plena tranquilidad de espíritu. “Lo sé y no estoy preocupado por usted. A veces, los no creyentes están más cerca de nosotros que muchos devotos de simple apariencia. Usted no lo sabe, pero el Señor sí”. Estuve tentado de abrazarlo, pero, temblorosos como estamos ya los dos, podríamos haber terminado en el suelo. -EUGENIO SCALFARI

N. del T.: Sobre las personas que se citan en el texto:

Carlo Maria Martini (Orbassano, Turín, 1927): Cardenal jesuita y arzobispo de Milán (1979-2002). Tras su jubilación, se retiró a Jerusalén para retomar una de sus pasiones: los estudios bíblicos. Cercano, sencillo, optimista, crítico, abierto a la cultura y al mundo, es una de las voces más respetadas en el seno de la Iglesia. Actualmente, el Parkinson que padece le ha obligado a regresar a Italia.

Eugenio Scalfari (Civitavecchia, Roma, 1924): Periodista, político y escritor, especializado en cuestiones de economía política, a las que aplica un enfoque de carácter ético y filosófico. En Italia es el abanderado de la lucha por el laicismo, frente a cualquier intento de injerencia confesional. Diputado por Milán del Partido Socialista Italiano, en 1976 fundó el diario La Repubblica, el principal periódico italiano de información general.

Vincenzo Paglia (Boville Ernica, Frosinone, 1945): Obispo italiano perteneciente a la Comunidad de San Egidio y muy activo en el campo del diálogo ecuménico. Es presidente de la Federación Bíblica Católica Internacional.

Achille Silvestrini (Brisighella, Rávena, 1923): Prefecto Emérito de la Congregación para las Iglesias Orientales y Gran Canciller del Instituto Pontificio Oriental. Fue nombrado cardenal en 1988.

Pietro Scoppola (Roma, 1926-2007): Historiador, político y periodista italiano. Su actividad política se enmarcó en el sector más progresista de la Democracia Cristiana. Fue profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de La Sapienza en Roma.

Luigi Verzè (Illasi, Verona, 1920): Sacerdote italiano, presidente de la Fundación San Raffaele del Monte Tabor. Es el fundador de la Universidad San Rafael, del Hospital San Rafael, así como de diversas instituciones sanitarias radicadas en Milán. Se dice también que es amigo personal del presidente Berlusconi. Es coautor, junto con el cardenal Martini, de Estamos todos en la misma barca.

Vittorio Messori (Sassuolo, Módena, 1941): Periodista y escritor italiano, especializado en cuestiones religiosas. Fue el primer periodista autorizado a realizar una larga entrevista al Papa Juan Pablo II, que se publicó con el título de Cruzando el umbral de la esperanza (1994).


*El texto original italiano puede consultarse aquí.


identificación

identificación

18 Tiempo ordinario (B) Juan 6, 24-35
EL CORAZÓN DEL CRISTIANISMO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 29/07/09.- La gente necesita a Jesús y lo busca. Hay algo en él que los atrae, pero todavía no saben exactamente por qué lo buscan ni para qué. Según el evangelista, muchos lo hacen porque el día anterior les ha distribuido pan para saciar su hambre.

Jesús comienza a conversar con ellos. Hay cosas que conviene aclarar desde el principio. El pan material es muy importante. Él mismo les ha enseñado a pedir a Dios «el pan de cada día» para todos. Pero el ser humano necesita algo más. Jesús quiere ofrecerles un alimento que puede saciar para siempre su hambre de vida.

La gente intuye que Jesús les está abriendo un horizonte nuevo, pero no saben qué hacer, ni por dónde empezar. El evangelista resume sus interrogantes con estas palabras: «y ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?». Hay en ellos un deseo sincero de acertar. Quieren trabajar en lo que Dios quiere, pero, acostumbrados a pensarlo todo desde la Ley, preguntan a Jesús qué obras, prácticas y observancias nuevas tienen que tener en cuenta.

La respuesta de Jesús toca el corazón del cristianismo: «la obra (¡en singular!) que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado». Dios sólo quiere que crean en Jesucristo pues es el gran regalo que él ha enviado al mundo. Ésta es la nueva exigencia. En esto han de trabajar. Lo demás es secundario.

Después de veinte siglos de cristianismo, ¿no necesitamos descubrir de nuevo que toda la fuerza y la originalidad de la Iglesia está en creer en Jesucristo y seguirlo? ¿No necesitamos pasar de la actitud de adeptos de una religión de "creencias" y de "prácticas" a vivir como discípulos de Jesús?

La fe cristiana no consiste primordialmente en ir cumpliendo correctamente un código de prácticas y observancias nuevas, superiores a las del antiguo testamento. No. La identidad cristiana está en aprender a vivir un estilo de vida que nace de la relación viva y confiada en Jesús el Cristo. Nos vamos haciendo cristianos en la medida en que aprendemos a pensar, sentir, amar, trabajar, sufrir y vivir como Jesús.

Ser cristiano exige hoy una experiencia de Jesús y una identificación con su proyecto que no se requería hace unos años para ser un buen practicante. Para subsistir en medio de la sociedad laica, las comunidades cristianas necesitan cuidar más que nunca la adhesión y el contacto vital con Jesús el Cristo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

O CORAÇÃO DO CRISTIANISMO
José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

As pessoas necessitam de Jesus e procuram-no. Há algo Nele que as atrai, mas todavia não sabem exactamente por que o procuram nem para quê. Segundo o evangelista, muitos fazem-no porque no dia anterior distribuiu-lhes pão para saciar a sua fome.

Jesus começa a conversar com eles. Há coisas que convêm aclarar desde o princípio. O pão material é muito importante. Ele mesmo os ensinou a pedir a Deus «o pão de cada dia» para todos. Mas o ser humano necessita de algo mais. Jesus quer oferecer-lhes um alimento que possa saciar para sempre a sua fome de vida.

As pessoas intuem que Jesus lhes está a abrir um horizonte novo, mas não sabem que fazer, nem por donde começar. O evangelista resume as suas interrogações com estas palavras: «e que obras temos que fazer para trabalhar no que Deus quer?». Há neles um desejo sincero de acertar. Querem trabalhar no que Deus quer, mas, acostumados a pensar tudo a partir da Lei, perguntam a Jesus que obras, práticas e observâncias novas têm que ter em conta.

A resposta de Jesus toca o coração do cristianismo: «a obra (no singular!) que Deus quer é esta: que acrediteis Naquele que foi enviado». Deus só quer que creiam em Jesus Cristo pois é a grande dádiva que Ele enviou ao mundo. Esta é a nova exigência. Nisto têm de trabalhar. O resto é secundario.

Depois de vinte séculos de cristianismo, não necessitaremos de descobrir de novo que toda a força e originalidade da Igreja estão em crer em Jesus Cristo e segui-Lo? Não necessitamos passar da atitude de adeptos de uma religião de "crenças" e de "práticas", a viver como discípulos de Jesus?

A fé cristã não consiste primordialmente em ir cumprindo correctamente um código de práticas e observâncias novas, superiores às do antigo testamento. Não. A identidade cristã está em aprender a viver um estilo de vida que nasce da relação viva e confiada em Jesus, o Cristo. Vamo-nos fazendo cristãos na medida em que aprendemos a pensar, sentir, amar, trabalhar, sofrer e viver como Jesus.

Ser cristão exige hoje uma experiência de Jesus e uma identificação com o Seu projecto que não se requeria anos atrás para ser um bom praticante. Para subsistir no meio da sociedade laica, as comunidades cristãs necessitam cuidar mais que nunca da adesão e do contacto vital com Jesus, o Cristo.

IL CUORE DEL CRISTIANESIMO
José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

La gente ha bisogno di Gesù e lo cerca. C’è qualcosa in lui che li attrae, ma ancora non sanno esattamente perché lo cercano né per quale scopo. Secondo l’evangelista, molti lo fanno perché il giorno prima ha distribuito loro pane per saziare la loro fame.

Gesù comincia a conversare con loro. Ci sono cose che conviene chiarire dall’inizio. Il pane materiale è molto importante. Lui stesso ha insegnato loro a chiedere a Dio “il pane quotidiano” per tutti. Ma l’essere umano ha bisogno di qualcosa di più. Gesù vuole offrire loro un alimento che può saziare per sempre la loro fame di vita.

La gente intuisce che Gesù sta aprendo loro un orizzonte nuovo, ma non sanno che fare, né da dove incominciare. L’evangelista riassume i loro interrogativi con queste parole: “Quali opere dobbiamo fare per compiere la volontà di Dio?”. C’è in loro un desiderio sincero di arrivare a capire. Vogliono compiere la volontà di Dio, ma, abituati a pensare tutto a partire dalla Legge, chiedono a Gesù quali opere, pratiche e osservanze nuove devono tenere in conto.

La risposta di Gesù tocca il cuore del cristianesimo: “Questa è l’opera (al singolare!) di Dio: credere in colui che egli ha mandato”. Dio vuole solo che credano in Gesù Cristo, perché è il grande dono che egli ha inviato al mondo. Questa è la nuova esigenza. A questo devono lavorare. Il resto è secondario.

Dopo venti secoli di cristianesimo, non abbiamo bisogno di scoprire nuovamente che tutta la forza e l’originalità della Chiesa consiste nel credere in Gesù Cristo e seguirlo? Non abbiamo bisogno di passare dall’atteggiamento di adepti di una religione di “credenze” e di “pratiche” a vivere come discepoli di Gesù?

La fede cristiana non consiste in primo luogo nel compiere correttamente un codice di pratiche e di osservanze nuove, superiori a quelle dell’antico testamento. No. L’identità cristiana sta nell’imparare a vivere uno stile di vita che nasce dalla relazione viva e fiduciosa in Gesù il Cristo. Ci andiamo facendo cristiani nella misura in cui impariamo a pensare, sentire, amare, lavorare, soffrire e vivere come Gesù.

Essere cristiano esige oggi un’esperienza di Gesù e un’identificazione con il suo disegno che non si richiedeva anni fa’ per essere un buon praticante. Per continuare a vivere in una società laica, le comunità cristiane devono curare più che mai l’adesione e il contatto vitale con Gesù il Cristo.

LE COEUR DU CHRISTIANISME
José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Les gens ont besoin de Jésus et elles le cherchent. Il y a quelque chose chez lui qui les attire mais ils ne savent pas encore exactement pourquoi ils le cherchent ni pourquoi faire. D’après l’évangéliste, beaucoup d’entre eux le font parce qu’il leur a partagé la veille du pain pour combler leur faim.

Jésus entame un dialogue avec eux. Il y a des choses à mettre au clair dès le début. Le pain matériel est très important. C’est lui-même qui leur a appris à demander à Dieu pour tous «le pain de chaque jour». Mais l’être humain a besoin de quelque chose de plus. Jésus veut leur offrir un aliment pouvant rassasier pour toujours leur faim de vie.

Les gens devinent que Jésus est en train de leur ouvrir un nouvel horizon mais ils ne savent pas quoi faire ni par où commencer. L’évangéliste résume leur questionnement avec ces mots: «Quelles sont les œuvres que nous devons faire pour travailler à l’ouvre que Dieuveut?» Ils ont un désir sincère de réussir. Ils veulent travailler à ce que Dieu veut, mais comme ils sont habitués à tout penser à partir de la Loi, ils demandent à Jésus quelles sont les œuvres, les pratiques, les préceptes nouveaux dont ils devront tenir compte.

La réponse de Jésus touche le cœur du christianisme: «l’œuvre (au singulier) que Dieu veut est celle-ci: que vous croyiez en celui qu’il a envoyé». La seule chose que Dieu veut c’est qu’ils croient en Jésus-Christ car il est le grand cadeau qu’il a offert au monde. Voilà la nouvelle exigence à laquelle ils devront travailler. Tout le reste est secondaire.

Après vingt siècles de christianisme, n’avons-nous pas besoin de découvrir à nouveau que croire en Jésus-Christ et le suivre constituent la base de toute la force et l’originalité de l’Eglise? N’avons-nous pas besoin de passer d’une attitude d’adeptes d’une religion de «croyances» et de «pratiques» à vivre en tant que disciples de Jésus?

La foi chrétienne ne consiste pas d’abord en l’accomplissement correct d’un code de pratiques et de nouveaux préceptes, supérieurs à ceux de l’Ancien Testament. Non. L’identité chrétienne consiste à apprendre à vivre un style de vie qui naît d’une relation vivante et confiante avec Jésus le Christ. Nous devenons chrétiens dans la mesure où nous apprenons à penser, à sentir, à aimer, à travailler, à souffrir et à vivre comme Jésus.

Etre chrétien implique aujourd’hui une expérience de Jésus et une identification avec son projet que l’on n’exigeait pas il y a quelques années pour être un bon pratiquant. Pour subsister au milieu d´une société sécularisée, les communautés chrétiennes ont besoin de soigner plus que jamais leur adhésion et leur contact vital avec Jésus le Christ.

THE ESSENCE OF CHRISTIANITY
José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

People need Jesus and keep looking for him. There is something in Him that attracts everyone, even though they don’t know why or what for they seek Him. According to the evangelist, many sought Him because he had given them food the day before, when they were hungry.

Jesus sat down to talk with them. There are some things that have to be cleared right from the start. Staple food like bread is a basic need for all. Jesus himself had taught them to pray saying, “give us this day our daily bread.” But men and women need much more than bread alone. Jesus wants to offer them another kind of food that will “endure to eternal life.”

People began to see that Jesus was opening a new horizon for them, but they did not know what to say or how to go on from there. The evangelist summarizes their questions with these words: “What must we do if we are to do the works that God wants?” They showed a sincere effort to do the right thing. They wanted to follow God’s guidelines, but accustomed as they were to obey all the prescribed laws, they asked Jesus about new practical observances they ought to follow instead.

Jesus’ answer to their query goes to the very heart of Christianity: “This is working for God: you must believe in the one He has sent.” God only wants that they should believe in Jesus, because he is the greatest gift he has sent to the world. This is the new requirement, and they should all try to observe it. Everything else is secondary.

After twenty centuries of Christianity, shouldn’t we really accept that the full strength and originality of the Church consists in our true faith in Jesus – and in his following? The time has come to change from being simple believers in a set of doctrines and practices and become true disciples and followers of Jesus.

Our Christian faith does not consist primarily in the regular fulfilment of a new code of laws and practices which are superior to those of the Old Testament. No. Our real Christian identity consists in learning to live a new style of life that results from our true relationship with Jesus Christ. We become better Christians in as much as we learn to think, feel, love, work, suffer and live like Jesus did.

Being Christian today requires that we experience and identify ourselves with Jesus’ project. Such identification was not needed or expected of every practicing Christian in centuries gone by. But if we want to survive in our present society, where religious values are totally ignored, our Christian communities must, more than ever, rely on a total adherence and vital relationship with Jesus Christ.

KRISTAUTASUNAREN BIHOTZA
José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusen premia du jendeak, eta haren bila dabil. Badu hark jendea erakartzen duen zerbait; artean, ordea, ez daki zehazki zergatik eta zertarako dabilen Jesusen bila. Ebanjelariaren arabera, bezperan gosea asetzeko ogia eman dielako dabil bila haietako asko.

Haiekin hizketan hasi da Jesus. Badira hastetik argitzea komeni den gauzak. Ogi materiala oso garrantzitsua da. Jesusek berak irakatsi die Jainkoari eskatzen «eguneroko ogia» guztientzat. Alabaina, gizakiak badu beste behar bat ere. Eta bizi-gosea betiko aseko dien jatekoa eskaini nahi Jesusek.

Jendeak sumatu du, ezen Jesusek horizonte berri bat ireki nahi diola, baina ez daki ez zer egin, eta nondik nora hasi. Ebanjelariak hitz hauekin laburbildu ditu jendearen galdekizunak: «eta zein egintza behar ditugu burutu Jainkoak nahi duen harian lan egiteko?» Bada jende horrengan asmatzeko zinezko gogo bat. Jainkoak gura duen hartan lan egin nahi du; baina, dena legearen argitan pentsatzera ohitua dagoelarik, Jesusi galdetzen dio zein egintza, zein jarduera eta zein betekizun izan behar dituen kontuan.

Jesusen erantzunak kristautasunaren bihotza ukitzen du: «hau da Jainkoak nahi duen egintza (singularrean): sinets dezazuela berak bidali duen harengan». Jesu Kristogan sinets dezaten nahi du Jainkoak, hura baita berak (Jainkoak) mundura bidali duen erregalu handia. Hauxe da eskakizun berria. Horretan behar dute lan egin. Gainerakoa bigarren mailakoa da.

Kristautasunean hogei mende bizi ondoren, ez ote gara berraurkitu beharrean, ezen Elizaren indar guztia eta berezitasuna Jesu Kristogan sinestea dela eta harri jarraitzea? Ez ote gara «sineskizun» eta «betekizun» batzuen erlijiozaleen jarrera gainditu eta Jesusen ikasle bezala bizitzeari ekin beharrean?

Kristau-fedea ez datza, funtsean, jarduera eta betekizun berri batzuen kodea, itun zaharrekoena baino goragokoa, betez bizitzean. Ez. Kristau-nortasuna Jesu Kristorekiko harreman bizi eta konfiantzazkotik datorren biziera bizitzen ikastea da. Jesusek bezala pentsatzen, sentitzen, maitatzen, sufritzen eta bizitzen ikasten goazen neurrian goaz kristau bihurtzen.

Kristau izateak, gaur, Jesusen esperientzia izatea eskatzen du, haren egitasmoarekin bat egitea; duela hogei urte betetzaile on izateak eskatzen ez zuen moduan eskatzen du hori gaur egun. Gizarte laiko honetan biziari eutsi ahal izateko, kristau-elkarteek inoiz ez bezala zaindu behar dituzte Jesu Kristorekiko atxikimendua eta bizi-harremanak.

EL COR DEL CRISTIANISME
José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

La gent necessita Jesús i el busca. Hi ha alguna cosa en ell que els atrau, però encara no saben exactament per què el busquen ni per a què. Segons l'evangelista, molts ho fan perquè el dia abans els ha distribuït pa per sadollar la seva gana.

Jesús comença a conversar amb ells. Hi ha coses que convé aclarir des del principi. El pa material és molt important. Ell mateix els ha ensenyat a demanar a Déu «el pa de cada dia» per a tothom. Però l'ésser humà necessita quelcom més. Jesús vol oferir-los un aliment que pot sadollar per sempre la seva fam de vida.

La gent intueix que Jesús els està obrint un horitzó nou, però no saben què fer, ni per on començar. L'evangelista resumeix els seus interrogants amb aquestes paraules: «Com hem d’actuar per a fer les obres de Déu?». En ells hi ha un desig sincer d'encertar. Volen treballar en el que Déu vol, però, acostumats a pensar-ho tot des de la Llei, pregunten a Jesús quines obres, pràctiques i observàncies noves han de tenir en compte.

La resposta de Jesús toca el cor del cristianisme: «l'obra (en singular!) que Déu vol és aquesta: que cregueu en aquell que ell ha enviat». Déu només vol que creguin en Jesucrist perquè és el gran regal que ell ha enviat al món. Aquesta és la nova exigència. En això han de treballar. La resta és secundari.

Després de vint segles de cristianisme, no necessitem descobrir de nou que tota la força i l'originalitat de l'Església està en creure en Jesucrist i seguir-lo? No necessitem passar de l'actitud d'adeptes d'una religió de "creences" i de "pràctiques" a viure com a deixebles de Jesús?

La fe cristiana no consisteix primordialment en anar complint correctament un codi de pràctiques i observàncies noves, superiors a les de l'antic testament. No. La identitat cristiana està en aprendre a viure un estil de vida que neix de la relació viva i confiada en Jesús el Crist. Ens anem fent cristians en la mesura que aprenem a pensar, a sentir, a estimar, a treballar, a patir i a viure com Jesús.

Ésser cristià exigeix avui una experiència de Jesús i una identificació amb el seu projecte que no calia fa uns anys per a ésser un bon practicant. Per a subsistir enmig de la societat laica, les comunitats cristianes necessiten tenir cura més que mai de l'adhesió i el contacte vital amb Jesús el Crist.

redefinición

redefinición

‘Desencadena 2009’
DEBATE SOBRE LA MISIÓN DE LOS SCOUTS CATÓLICOS
Unos 150 educadores scouts se darán cita este verano para debatir las líneas ideológicas del MSC
MARÍA ÁNGELES GAGO, Técnica de Comunicación de MSC, comunicacion@scoutsmsc.org

ECLESALIA, 28/07/09.- El “Desencadena 2009”, un encuentro de educadores de grupos scout, se celebrará en el campamento de La Legoriza (San Martín del Castañar, Salamanca) entre el 5 y el 9 de agosto. El evento tiene como objetivo la Renovación del Programa de Jóvenes el cual define las características del proyecto educativo del Movimiento Scout Católico (Scouts MSC), una de las principales asociaciones juveniles de España, con más de 35.000 miembros repartidos en más de 500 grupos scouts.

Durante el encuentro, diferentes expertos nacionales e internacionales con amplia experiencia en el escultismo, realizarán diversas ponencias para introducir los temas de debate: la situación actual de la juventud; los programas educativos de las asociaciones scouts de otros países europeos; las áreas de desarrollo integral de la persona (físico, intelectual, emocional, espiritual, social, personalidad), etc. Además, también se debatirán otros contenidos como la redefinición de la misión de Scouts MSC para responder a las necesidades y expectativas de los jóvenes de hoy en día.

La Renovación del Programa de Jóvenes es un proceso de tres años a través del cual Scouts MSC situará su programa educativo en el contexto actual. Este año se está realizando la primera fase del mismo que pretende concluir con un diagnostico sobre la situación de los jóvenes en la sociedad actual y cómo Scouts MSC debe adaptar su propuesta educativa a los tiempos que corren.

El “Desencadena 2009” también contará con diversas actividades como la Cena de los Pueblos, donde los participantes aportarán comida y bebida típica de la tierra, o una excursión por el entorno natural de la zona y una actuación del cantautor Migueli el sábado noche. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: www.programadejovenes.org

espiritual y solidaria

espiritual y solidaria

EXPERIENCIA HUMANA ABIERTA EN CADA EUCARISTÍA
BORIS VÁSQUEZ CARBONELL, coach humanista, borisvasquezc@gmail.com
MÉRIDA.

ECLESALIA, 24/07/09.- El domingo 12 de julio estuve celebrando la Cena del Señor con mis vecinos de Mérida y el párroco mencionó la importancia de no dar vacaciones a Dios por ser verano y aprovechar para encontrarnos más profundamente con Él.

Consideré que sería una buena ocasión para revisar mi experiencia eucarística y observar si mi vida diaria estaba siendo tocada por la Presencia del Único.

Algunas veces he vivido el sacramento de un modo excesivamente mental (pensar que estoy con Dios e imaginarme creyente) o sentimental (me siento bien en-Iglesia, entonces, ya vivo la experiencia de fe) sin integrar todas las dimensiones humanas. Incluso, con un matiz individualista creyéndolo existencial y sincero.

Esta revisión de fe tiene como base lecturas antiguas de las que no recuerdo los títulos sumado a pequeñas reflexiones personales. Intenta recoger la importancia humana de los diversos momentos litúrgicos y plantearlos como una lista de cotejo para ayudar en la toma de conciencia del crecimiento espiritual y solidario.

¿Tenemos estas experiencias en cada Eucaristía?

1. Rito de entrada: Ser recibido

Dios nos recibe con los brazos abiertos, como el inmigrante que regresa a casa después de largos años y es abrazado por su familia que le ama o el hijo que estudió una beca en el exterior y regresa para ser abrazado por sus amigos de toda la vida.

2. Ser perdonado: Reconstruir la vida

No sólo sientes un peso menos ni más clara tu conciencia: Toda la vida es liberada. Como cuando estabas enfermo y luego vuelves a experimentar la salud o cuando no podías hablar porque había mucho recelo en el centro de trabajo y te encuentras con quienes puedes ser tú mismo otra vez. Es volver a ser joven, pero más maduro y más lleno de fuerzas.

3. Evangelio: Recibir Buenas Noticias

No es escuchar un texto para reflexionarlo, es evocar lo mejor del Paso de Dios entre nosotros y dar vuelta mi vida entera para tener otra perspectiva, otra energía, una nueva actitud: renovación completa. Es más que un aplauso en pie, un agradecimiento mirando a los ojos o un ascenso inesperado pero tiene ese sabor.

4. Plegaria Eucarística: Aceptación de quien soy

Es Cristo que se ofrece, es el Padre que acepta, es el Espíritu que nos une al Misterio. Somos ofrecidos como lo mejor que Cristo tiene y aceptados como lo mejor que el Padre tiene. Nada se deja de lado, todo se hace bueno. Con esta confianza asumimos la vida entera siendo hijos, con historia y significado.

5. Rito de Paz: Sentirme acompañado

Creo, siento y me comprometo a dejar que la paz sea una realidad en los que van a misa y los que no. En mi interior existe armonía, satisfacción y por eso quiero compartir al autor de toda paz.

6. Comunión: Comer juntos

Comemos con los amigos y con los que queremos que lo sean. Comida y destino van de la mano. No deseamos la soledad ni la masa sino espacios donde ser feliz sea lo normal y natural.

Si no tenemos estas experiencias, bien podrían animar un plan de vida. La decisión siempre será personal pero las consecuencias, comunitarias. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

paridad

paridad

“Fue María Magdalena donde estaban los discípulos les anunciaba: ‘He visto al Señor’” Jn 20,18
SANTA MARÍA MAGDALENA, APÓSTOL DE LOS APÓSTOLES
Manifiesto del Col·lectiu de Dones en L’Església con motivo del día de su Patrona
COL·LECTIU DE DONES EN L’ESGLÉSIA, 22/07/09, dones.esglesia@terra.es
BARCELONA.

ECLESALIA, 23/07/09.- En la Iglesia Católica somos 1.131 millones de fieles (último dato de 2006). La mayoría de personas religiosas, tanto las contemplativas como las que se dedican a la enseñanza, al servicio de los enfermos, como las que están en las misiones, son mujeres. En las Parroquias la mayor parte de los servicios de: Catequesis, Cáritas, visitas a las personas enfermas, limpieza y arreglo del templo y de los ornamentos, están en manos de las mujeres. La mayor parte de las personas que asisten a los actos religiosos, en especial en la celebración de la Eucaristía, son mujeres. Pero la Iglesia Jerárquica, sólo se visibiliza con cara de varón: El Papa, los Cardenales, Obispos, Presbíteros y todos los que tienen responsabilidades de dirección en la Iglesia, son varones. Creemos que ya ha llegado el tiempo de la paridad en la Iglesia.

En ninguna parte de los Evangelios hemos encontrado prácticas tan desproporcionadas en contra de la igualdad de derechos, por esto decimos:

QUEREMOS continuar en el servicio, pero también QUEREMOS corresponsabilidad.

Hoy, día de nuestra Patrona, el Col·lectiu de Dones en l’Església, una vez más nos MANIFESTAMOS dolidas ante la realidad y el nulo interés para cambiar la situación actual.

DECLARAMOS que gracias a la igualdad que adquirimos al recibir el sacramento del Bautismo, tenemos derecho a reclamar, y RECLAMAMOS la paridad en la Iglesia.

También tenemos presente en nuestra oración, a todas las mujeres que luchan desde sus ámbitos, para la igualdad de sus derechos, por su autonomía, por su dignidad y por su libertad; entre ellas: Shirin Ebadi, (Premio Nóbel de la Paz 2003) y todas las mujeres del Irán que pasan momentos difíciles. Aung San Suu Kyi (Premio Nóbel de la Paz 1991), de Birmania, y por todas las que, como ella, dan testimonio de fortaleza y paciencia, ante las adversidades y la injusticia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: http://www.cdonesesglesia.org

conmoción

conmoción

17. Tiempo ordinario (B) Juan 6,1-15
NUESTRO GRAN PECADO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 22/07/09.- El episodio de la multiplicación de los panes gozó de gran popularidad entre los seguidores de Jesús. Todos los evangelistas lo recuerdan. Seguramente, les conmovía pensar que aquel hombre de Dios se había preocupado de alimentar a una muchedumbre que se había quedado sin lo necesario para comer.

Según la versión de Juan, el primero que piensa en el hambre de aquel gentío que ha acudido a escucharlo es Jesús. Esta gente necesita comer; hay que hacer algo por ellos. Así era Jesús. Vivía pensando en las necesidades básicas del ser humano.

Felipe le hace ver que no tienen dinero. Entre los discípulos, todos son pobres: no pueden comprar pan para tantos. Jesús lo sabe. Los que tienen dinero no resolverán nunca el problema del hambre en el mundo. Se necesita algo más que dinero.

Jesús les va a ayudar a vislumbrar un camino diferente. Antes que nada, es necesario que nadie acapare lo suyo para sí mismo si hay otros que pasan hambre. Sus discípulos tendrán que aprender a poner a disposición de los hambrientos lo que tengan, aunque sólo sea «cinco panes de cebada y un par de peces».

La actitud de Jesús es la más sencilla y humana que podemos imaginar. Pero, ¿quién nos va enseñar a nosotros a compartir, si solo sabemos comprar? ¿quién nos va a liberar de nuestra indiferencia ante los que mueren de hambre? ¿hay algo que nos pueda hacer más humanos? ¿se producirá algún día ese "milagro" de la solidaridad real entre todos?

Jesús piensa en Dios. No es posible creer en él como Padre de todos, y vivir dejando que sus hijos e hijas mueran de hambre. Por eso, toma los alimentos que han recogido en el grupo, «levanta los ojos al cielo y dice la acción de gracias». La Tierra y todo lo que nos alimenta lo hemos recibido de Dios. Es regalo del Padre destinado a todos sus hijos e hijas. Si vivimos privando a otros de lo que necesitan para vivir es que lo hemos olvidado. Es nuestro gran pecado aunque casi nunca lo confesemos.

Al compartir el pan de la eucaristía, los primeros cristianos se sentían alimentados por Cristo resucitado, pero, al mismo tiempo, recordaban el gesto de Jesús y compartían sus bienes con los más necesitados. Se sentían hermanos. No habían olvidado todavía el Espíritu de Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

despliegue

despliegue

NUEVA ENCÍCLICA: ALTO Y CLARO
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@euskalnet.net

ECLESALIA, 21/07/09.- Benedicto XVI acaba de publicar una nueva encíclica clara y directa que todo el mundo va a entender, incluidos los representantes del grupo de países ricos G-8. Siguiendo la estela de Juan XXIII y Pablo VI, “Caridad en la verdad” tiene como hilo conductor la necesidad de superar la visión materialista de los acontecimientos humanos.

De la misma forma que la Iglesia institución ha denunciado hasta la saciedad el materialismo marxista (llegando a criticar a la Teología de la Liberación porque admitía el análisis marxista de la realidad), Benedicto XVI, desde los hechos y la fe, no deja margen de interpretación en su crítica al materialismo capitalista, a su estrategia y a sus fines, ante las consecuencias que está teniendo para el ser humano.

Se trata de una encíclica, por tanto un texto doctrinal católico de alcance mundial. Me atrevo a decir, pues, que estamos ante una clara llamada a las conciencias sobre la incompatibilidad del mensaje cristiano con una estructura socioeconómica materialista del signo que sea. En este caso, con las prácticas neoliberales actuales. Pero a diferencia de la posición sobre el marxismo, Joseph Ratzinger se va a encontrar muy solo entre su curia. Sin ir tan lejos, el obispo auxiliar de Madrid ha sido el primero en matizar la encíclica, en la que no ve condena alguna al modelo capitalista laminando así cualquier atisbo de denuncia profética del mismísimo Papa.

Desde el principio de la encíclica ya se afirma que nadie puede dar al otro de lo suyo sin haberle dado en primer lugar lo que en justicia le corresponde, señalando la responsabilidad tanto de las multinacionales como de las corruptelas locales de los países pobres. Ante esta situación, el Papa apunta directamente a “la acumulación en general y de los recursos básicos y energéticos en particular en manos de unos pocos es la fuente del problema”. Exceso por un lado y falta de distribución por otro.

Afirma que la Iglesia toda (es decir, cardenales, arzobispos y obispos incluidos) deben defender la tierra, el agua, el aire y sobre todo proteger al hombre contra la destrucción de sí mismo; una clara llamada a huir de la inhibición y a dar un paso al frente de compromiso activo frente a los desmanes económicos que deshumanizan a tantos millones de seres. Un paso al mismo nivel, diría yo, de la denuncia contra el aborto.

El Papa apunta a un sistema financiero que tenga como meta el desarrollo pleno de las personas; es decir, un progreso material y espiritual. Aboga por una reforma de la arquitectura económica y financiera internacional y de la ONU, sin olvidarse de señalar el riesgo de que la globalización sustituya las ideologías por la técnica transformándose ella misma en un poder.

En suma, un despliegue brillante sobre los problemas socioeconómicos, sus causas y soluciones, que apunta directamente al corazón humano de cualquier persona de buena fe. Por tanto, a esta gran encíclica le debería seguir inexcusablemente otros signos eclesiales que refuercen esta llamada a la humanización y a volver los ojos a la Buen Noticia como el faro de referencia para el desarrollo de todos. Para todos queda la reflexión de si remar a contracorriente de esta encíclica, o simplemente desentenderse de los remos, no es un claro signo de injusticia y escándalo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

El texto íntegro de la encíclica “Caritas in veritates” se puede encontrar en la página www.feadulta.com