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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

plenifica

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¡COMO UN FUEGO DEVORADOR!
GENARO SÁENZ DE UGARTE, religioso de La Salle, genarofsc@yahoo.com.ar
JUJUY (ARGENTINA).

ECLESALIA, 18/12/09.- “Pero sentía la Palabra dentro de mí como un fuego devorador… Hacía esfuerzos por contenerla y no podía” (Jr 20, 9).

La experiencia del Profeta Jeremías la viven, aquí en el Barrio Malvinas Argentinas de Jujuy, mujeres que se van abriendo, día a día, a la Palabra y se hacen familiares de ella. Experimentan que la Palabra es viva y eficaz, que la Palabra sacude y compromete, que la Palabra ilumina, que la Palabra revela y plenifica. Estas mujeres del barrio ya no pueden vivir su fe sin la Palabra, tan metida está en sus vidas, en el corazón mismo de su experiencia pastoral. Como el Profeta Isaías, también ellas pueden decir: “mañana tras mañana la Palabra me abre el oído para que la pueda escuchar con corazón de discípulo…” (Isaías 50, 4). Y de esta manera, cada día dejan que la Palabra resuene en lo que viven. Cada día se dejan impregnar por la suavidad y la fuerza de la Palabra. Así, y gracias a la Palabra, va cambiando en estas mujeres la manera de entender la fe en Jesús. Van sintiendo que sus palabras, sus gestos y sus compromisos de fe están impregnados de ese ‘fuego devorador’, ese ‘fuego’ que cambia la frialdad de ciertos lenguajes, de ciertos ritos y de ciertas tradiciones religiosas. Es como si resonara en su corazón la Palabra mismo de Jesús: “He venido para traer fuego sobre la tierra” (Lucas 12, 49) Para estas mujeres es la ‘tierra’ de su cultura, de sus vínculos familiares, de sus relaciones en el barrio, de su compromiso en las CEBs, de sus luchas, de sus búsquedas, de su misma interioridad… Todo, en ellas, está invadido y fecundado por la Palabra. Estas mujeres saben, también, que al ‘fuego’ se lo mantiene encendido y se lo alimenta. Unas veces pueden arrimar simples leñitas, las ramitas de lo cotidiano. Sienten, entonces, que el calor invade hasta los momentos más pequeños e insignificantes de su existencia. Con frecuencia el fuego absorbe y elimina los ‘desperdicios’ que quieren hacer desaparecer pero no siempre se animan. El fuego de la Palabra transforma la mentalidad de fe y la vivencia de las prácticas religiosas. El fuego de la Palabra es capaz de dar un significado nuevo a las exigencias vitales que nos interpelan con el impacto de las nuevas corrientes culturales. Estas mujeres saben que a ese ‘fuego devorador’ es necesario arrimarle regularmente los troncos sólidos y firmes que permitan la lenta y constante combustión de la experiencia pastoral para que el calor de la fe inunde y se mantenga a lo largo de lo que se vive. Ellas también saben que ese ‘fuego’ se transforma en ‘palabra de fe’, cálida y cercana, en el diálogo sereno y realista con las vecinas cuando se busca construir en el barrio una vida más digna y solidaria.

Mujeres como Adriana, Emma, María Ester, Nelly, Olga, Quintina, Sara… no se contentan con la reunión semanal de su respectiva CEBs. En los últimos meses están pidiendo tiempos nuevos para interiorizar, estudiar y compartir la Palabra. Piden tiempos más frecuentes, más profundos, más densos. Piden, sobre todo, tiempos más espirituales. A medida que pasan los días, van sintiendo la necesidad de entrar, más y mejor, en el misterio mismo de la Palabra. Ya no se contentan con escucharla de manera esporádica y exterior a lo que viven. Quieren poner en el ‘fogón de la Palabra’ la densidad de sus vidas, de sus búsquedas, de sus dolores, de sus alegrías, de sus esperanzas. Saben que la vida de fe en sus familias y en el barrio se vuelve más y más exigente. Hay cambios culturales que ‘reducen a cenizas’ algunas de las mentalidades y de las prácticas religiosas tradicionales. Saben que, cuidando el arraigo fecundo de la Palabra en sus vidas, todo lo que experimentan cobra nuevo sentido. Ven, con alegría, cómo desaparecen de sus vidas algunos de los miedos ‘tradicionales’ de su cultura: miedo al mal, a la equivocación, al fracaso, al pecado, al dios que condena… Las raíces de la Palabra son, en ellas, cada vez más firmes, sólidas, vitales. Es eso lo que buscan afianzar en los tiempos nuevos que le dedican al estudio compartido y a la interiorización de la Palabra.

La familiaridad con la Palabra les ayuda a superar un lenguaje religioso muchas veces inoperante porque se queda en un estadio más moralista que iniciador en la fe. Suele ser un lenguaje más individualista que fermento de Comunidad. Los numerosos “hay que”… de cierto lenguaje de fe, no superan la insistencia en el cumplimiento. Distraen, más bien, de la búsqueda de las aguas profundas en las que abrevar una vida de fe más lúcida, interiorizadora, comprometida y exigente. Estas mujeres quieren hacer realidad en sus vidas la Palabra de Jesús: “Si alguien tiene sed, que venga a Mí y beba… De su seno brotarán ríos de agua viva!” (Juan 7, 37-38). Como Jeremías, como Jesús, ellas sienten que el fuego de la fe arde sin consumir, purifica y libera, ilumina y serena. Es un fuego que revela, que abre a otra dimensión, tanto de la vida como de la fe. Esta manera de entrar en la Palabra, de gustarla y de asimilarla, produce una serie de efectos. Por un lado, suele alejar de ritos y celebraciones vacíos de contenido y de escasa significación para la vida de fe. Por otro lado, suele despertar una necesidad vital de conocer y de interiorizar la Palabra. No se trata, en primer lugar, de un conocimiento técnico, literario. Se busca ante todo un conocimiento espiritual. No hay duda de que el conocimiento técnico de la Palabra puede ayudar. Pero lo que estas mujeres buscan es entrar en un camino que las lleve al descubrimiento de la voluntad del Dios Viviente, Padre de Jesús, que llama, convoca, consagra y envía. De esta manera el corazón creyente queda transformado, plenificado. Es la espiritualidad de la comunión filial con el proyecto del Padre. Es la espiritualidad que está atenta a la vida del barrio tal cual es. Es la espiritualidad comprometida en la búsqueda de caminos de mayor dignidad y solidaridad. Es una espiritualidad más ‘laica’ que ‘religiosa’, como la vida misma. Estas mujeres ya sienten que las culturas actuales, y las que se avizoran, van a necesitare de los creyentes una ayuda eficaz para darle a la vida y a la vida de fe todo su valor para defenderla y promoverla en todas sus dimensiones. Esta experiencia de la Palabra lleva, como de la mano, a repensar y a recrear las formas tradicionales de la ‘iniciación cristiana’. Las mismas mujeres señalan, con alegría y firmeza, el carácter histórico de sus experiencias. Sienten que sus vidas se hunden en las experiencias fundantes de las generaciones creyentes de su cultura: “la fe de nuestros padres y de nuestros abuelos”… suelen decir. Ahora agregan la fe de nuestros Padres de la Historia Bíblica, tan marcados por el “fuego devorador”: Moisés (Éxodo 3, 1-6), Jeremías (20, 9), el Salmista (17/16 y 65/66), Jesús (Lucas 12, 49), la Iglesia naciente (Hechos 2, 3-4)… (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

deploran

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DISCONFORMIDAD Y DESAPROBACIÓN
Ante la designación del nuevo obispo de la Diócesis de Guipúzcoa
131 SACERDOTES Y RELIGIOSOS CON CARGO PASTORAL DE LA DIÓCESIS DE GUIPÚZCOA*
GUIPÚZCOA.

ECLESALIA, 17/12/09.- Con motivo del nombramiento del nuevo obispo de nuestra Diócesis y desde nuestra condición de sacerdotes y religiosos de la Iglesia de Guipúzcoa, movidos por la responsabilidad que tenemos ante nuestra Iglesia local, queremos expresar lo siguiente:

- Hemos recibido con dolor y profunda inquietud la designación de D. José Ignacio Munilla para presidir y dirigir la Iglesia de Guipúzcoa, designación que ha sido percibida por nosotros como una clara desautorización de la vida eclesial de nuestra Diócesis y también como una iniciativa destinada a variar su rumbo.

- Manifestamos nuestra disconformidad y desaprobación con la intencionalidad y el procedimiento seguidos en el nombramiento de D. José Ignacio Munilla como Obispo de nuestra Diócesis. Lamentamos y deploramos que en una cuestión tan trascendental como ésta no se haya tenido en cuenta ni respetado el sentir de nuestra Iglesia Diocesana y sus organismos pastorales.

- Conocemos de cerca la trayectoria pastoral de D. José Ignacio Munilla como presbítero, profundamente marcada por la desafección y falta de comunión con las líneas diocesanas. Consideramos que en modo alguno es la persona idónea para desempeñar el cargo de Obispo y Pastor de nuestra Diócesis.

- Manifestamos nuestro apoyo y adhesión a la línea pastoral y estilo eclesial que se han ido forjando en nuestra Diócesis en fidelidad al espíritu del Concilio Vaticano II con el aliento y dirección pastoral de nuestros obispos.

- Por ello mismo, desde la fidelidad al evangelio de Jesucristo, nuestro amor a la Iglesia y servicio a nuestro pueblo, queremos reiterar ante nuestras comunidades cristianas nuestra voluntad y compromiso de seguir caminando en coherencia con las opciones pastorales que hemos mantenido a lo largo de todos estos años.

- Estamos convencidos de que no nos va a faltar el aliento del Espíritu ni la colaboración de tantos y tantos creyentes que en estos momentos de incertidumbre seguirán aportando lo mejor de su experiencia cristiana. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

En Gipuzkoa a 14 de diciembre de 2009.

* http://www.atrio.org/Parrocoslista.pdf

irradia

irradia

4 Adviento (C) Lucas 1, 39-45
RASGOS DE MARÍA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 16/12/09.- La visita de María a Isabel le permite al evangelista Lucas poner en contacto al Bautista y a Jesús antes incluso de haber nacido. La escena está cargada de una atmósfera muy especial. Las dos van a ser madres. Las dos han sido llamadas a colaborar en el plan de Dios. No hay varones. Zacarías ha quedado mudo. José está sorprendentemente ausente. Las dos mujeres ocupan toda la escena.

María que ha llegado aprisa desde Nazaret se convierte en la figura central. Todo gira en torno a ella y a su Hijo. Su imagen brilla con unos rasgos más genuinos que muchos otros que le han sido añadidos posteriormente a partir de advocaciones y títulos más alejados del clima de los evangelios.

María, «la madre de mi Señor». Así lo proclama Isabel a gritos y llena del Espíritu Santo. Es cierto: para los seguidores de Jesús, María es, antes que nada, la Madre de nuestro Señor. Éste es el punto de partida de toda su grandeza. Los primeros cristianos nunca separan a María de Jesús. Son inseparables. « Bendecida por Dios entre todas las mujeres», ella nos ofrece a Jesús, «fruto bendito de su vientre».

María, la creyente. Isabel la declara dichosa porque «ha creído». María es grande no simplemente por su maternidad biológica, sino por haber acogido con fe la llamada de Dios a ser Madre del Salvador. Ha sabido escuchar a Dios; ha guardado su Palabra dentro de su corazón; la ha meditado; la ha puesto en práctica cumpliendo fielmente su vocación. María es Madre creyente.

María, la evangelizadora. María ofrece a todos la salvación de Dios que ha acogido en su propio Hijo. Ésa es su gran misión y su servicio. Según el relato, María evangeliza no sólo con sus gestos y palabras, sino porque allá a donde va lleva consigo la persona de Jesús y su Espíritu. Esto es lo esencial del acto evangelizador.

María, portadora de alegría. El saludo de María contagia la alegría que brota de su Hijo Jesús. Ella ha sido la primera en escuchar la invitación de Dios: «Alégrate... el Señor está contigo». Ahora, desde una actitud de servicio y de ayuda a quienes la necesitan, María irradia la Buena Noticia de Jesús, el Cristo, al que siempre lleva consigo. Ella es para la Iglesia el mejor modelo de una evangelización gozosa. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

perspectiva

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SOBRE LA FE Y LA JUSTICIA
El nuevo blog de Cristianisme i Justícia
LLORENÇ PUIG, Director de Cristianisme i Justícia, info@fespinal.com
BARCELONA.

ECLESALIA, 15/12/09.- El Centro de Estudios Cristianisme i Justícia (CIJ) ha iniciado un nuevo espacio de diálogo y de comunicación: el Blog de CiJ.

Desde sus orígenes, hace ya casi 30 años, CiJ, ha tenido un doble objetivo. Por un lado, reflexionar con profundidad, movidos por una fe que compromete, sobre las causas de las grandes injusticias sociales de nuestro mundo, y señalar las situaciones menos conocidas pero que hay que denunciar. Por otro lado, participar en la dinámica social que trabaja por la justicia, por los más pobres y vulnerables, haciendo una difusión lo más amplia posible del trabajo de los miembros del Equipo de CiJ.

Para lograr esto, hemos intentado siempre que el tono de lo que producimos en CiJ sea a la vez riguroso y divulgativo, y sobre todo que tenga un carácter ’proactivo’. No queremos hacer estudios puramente académicos, sino sensibilizadores, movilizadores, pero todo apuntando los elementos menos ’evidentes’ que a menudo se dejan de lado, y detectando los movimientos más profundos que causan las injusticias sociales.

Hasta ahora, los dos medios que hemos utilizado para hacer llegar el fruto de la reflexión de nuestro equipo son nuestra Página web, donde tenemos colgados todos los Cuadernos, disponibles para todos, y los Cuadernos de papel, de los que se envían casi 50.000 ejemplares. Si bien es cierto que intentamos que los Cuadernos lleguen especialmente a los agentes sociales y políticos, los periodistas, las bibliotecas públicas... pensamos que no debemos limitarnos a una comunicación unilateral.

Creemos que tan importante como difundir nuestro pensamiento, es necesario generar diálogo, debate, y participar en las dinámicas sociales, no sólo aportando nuestro pensamiento, sino también generando diálogo, estableciendo puentes entre las diversas realidades de nuestra sociedad y de nuestra Iglesia...

Queremos que el Blog de CiJ ayude a nuestro centro a ser, aún más, un espacio de reflexión y de diálogo abierto, constructivo, participativo, donde podamos hacer entre todos buenas y lúcidas aportaciones para construir un mundo más "como Dios sueña".

Queremos también que el Blog permita a CiJ reaccionar de manera más rápida y ágil frente a las situaciones e interpelaciones del día a día de nuestro mundo. Ya se sabe que un Centro de estudios necesita tiempo para madurar sus reflexiones, pero pensamos que conviene también mantener viva la atención a la realidad concreta de nuestro mundo, y decir una palabra cuando proceda.

Finalmente, queremos también que CiJ siga su vocación de "establecer puentes", como decía la última Congregación General de la Compañía de Jesús: "es necesario que estemos atentos a todos y que construimos puentes entre comunidades con todas las personas de buena voluntad "(CG 35 D3 n.22). Con esto queremos hacer ver que, entre todos, "otro mundo es posible". Ojalá lo sepamos hacer desde aquí...

Por eso estamos muy ilusionados con la apertura de este espacio, el Blog, que esperamos que ayude a CiJ en su tarea de trabajar por un mundo más justo y comprometido, desde una reflexión que "invita a mirar el mundo desde la perspectiva de los pobres y marginados "[CG 35 D3 n. 27]. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Desde aquí y ahora, os animamos a participar de este espacio y a difundirlo: http://www.cristianismeijusticia.net/bloc


reacciones

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VOZ QUE GRITA EN EL DESIERTO
(Después de meditar con los Obispos)
JAIRO DEL AGUA, jairoagua@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 14/12/09.- Pocas cosas más desagradables que gritar en el secarral, a la intemperie, con la arenisca en la garganta. La gran ventaja del desierto es que se escucha mejor, que uno puede refugiarse fácilmente en la sombra interior y descubrir oasis interminables.

Pero la voz pretende ser escuchada, regar el baldío y hacer resurgir la vida, aspiración básica de quien pretende evangelizar: "He venido para que tengan vida y la tengan abundante" (Jn 10,10).

Y ahí me duele. En este tiempo de esperanza me llega mucha desesperanza, mucha división, mucho sometimiento servil a la "casta sacerdotal" (¡flaco favor les hacemos!). He recibido muchos comentarios a la recién publicada meditación sólo para Obispos "¿A qué estáis esperando?" (Eclesalia, 30/11/09). Unos pocos me fustigan, la mayoría corrobora la verdad de mis palabras, un solo obispo se digna contestar. Y este meditador de papel sigue rumiando los comentarios recibidos mientras se pregunta: ¿Qué les pasa a algunos católicos que no saben reconocer la Palabra de Dios o la ponen por debajo de los jerarcas? ¿Cómo es posible que algunos prefieran a Apolo, a Pablo, a Cefas, a Pio, antes que a nuestro Señor Jesucristo?

Algunos me confiesan el "sabor amargo" que mi meditación les ha dejado. Y les he respondido: es totalmente lógico. Cuando se contrasta la verdad de la realidad con la verdad de la Palabra, la amargura nos invade porque ambas verdades están muy distantes. No es "el mensajero" el que causa la amargura, sino nuestra incoherencia, especialmente la de quienes debieran ser ejemplo. "Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se salará? Para nada sirve ya, sino para tirarla y que la pise la gente" (Mt 5,13).

Algunos dejan caer que, en estos tiempos tan oscuros, cómo se me ocurre hablar de los signos de los Obispos... Vivimos tiempos difíciles para quienes pretendemos sembrar humanidad, es cierto. Los políticos dan "licencia para matar" impunemente a los propios hijos y ocultar la irresponsable lujuria que ellos mismos promocionan. Los signos inocentes de la religión se hacen insufribles. Nuestros hijos se ven sometidos al adoctrinamiento materialista. La ambición de unos pocos hace tambalear la economía. Los pobres siguen olvidados… ¡Tiempos difíciles realmente!

Y yo me pregunto: ¿No será precisamente ahora cuando es imprescindible hablar con el ejemplo? ¿Ahora, que nos pretenden silenciar y marginar, no será el momento de la coherencia?

Entre nosotros podemos -debemos- decirnos las cosas con claridad y animarnos mutuamente a seguir el Camino de "realización del ser humano". A los políticos necios no se les puede predicar. A ellos se les habla con la contundencia del voto individual. Algo que, por desgracia, olvidan hoy algunos católicos que anteponen sus consignas partidistas a los principios humanos más básicos que, con toda lógica, defiende nuestra Iglesia. Por eso es tiempo de enarbolar los signos, de ser coherentes, de arrojar luz con el ejemplo. No basta ser cristiano o sacerdote u obispo. ¡Hay que visualizarlo!

Corren y correrán ríos de tinta por la pretensión materialista de retirar crucifijos. Antes de rasgarnos las vestiduras, habría que preguntar a los niños si alguien les ha enseñado a reparar en ese símbolo y en su significado. ¡Nos sorprenderíamos!

Lo digo porque hace años que, en una mayoría de colegios católicos, se quitaron los oratorios y los religiosos titulares se convirtieron en "enseñantes" en vez de "educadores y evangelizadores". Nuestros colegios católicos se han descafeinado. Nuestros sacerdotes y religiosos (ellos y ellas) han renunciado a los signos públicos de su consagración. Unos se han subido a la corbata laica de señoritos, otros al atuendo patán, otros a las joyas de baja densidad. Casi todos han renunciado a ser "signo", "testimonio" y "presencia" en el materialista ambiente humano actual. Los Obispos, por el contrario, no se apean de sus "contra signos" de señores feudales, príncipes y reyes. ¿Con qué autoridad, coherencia y lógica pueden -podemos- negar los argumentos materialistas?

Ayer me llegó este correo, uno de tantos: "¿Cómo te encuentras? No es pregunta retórica, es que me ha llegado muy dentro tu artículo sobre los Obispos, especialmente tu confesión: . ¡Me veo tan unida en ese sentir!… Pero, a diferencia de ti, me voy anestesiando y cada vez me duele menos. Sin embargo, leyendo tu artículo, han vuelto las lágrimas a mis ojos, he vuelto a revivir ese dolor y esa pena. He caído en la cuenta de que hay algo más dentro de mí: mi pesimismo, ante lo que siento que no tiene solución. Los cambios no vendrán nunca de arriba, ni de los cargos, ni de las quejas, ni de las críticas, ni de las recomendaciones, etc. Tienen -tenemos- recursos para justificarlo todo ¡¡en nombre de Dios!! Éste es el supremo engaño, por el que se nos hace dificilísimo ver nuestra falta de coherencia".

No pretendo aumentar la amargura, ni sembrar desesperanza. Pretendo golpear los corazones y clamar de nuevo con el Bautista: "Preparad el camino del Señor, allanad sus sendas; que los valles se eleven, que los montes y colinas se abajen, que los caminos tortuosos se hagan rectos y los escabrosos llanos, para que todos vean la salvación de Dios" (Lc 3,4).

Son tiempos duros, en los que la autenticidad, la coherencia, la conversión nos reclaman. No podemos seguir manteniendo la luz oculta. Hay que reaccionar. "No se enciende una lámpara para ocultarla en una vasija, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a cuantos hay en la casa" (Mt 5,15).

Todavía es adviento, todavía hay espera, todavía es tiempo. No me dejéis gritando solo en el desierto. Ayudadme a no perder la esperanza, porque sin ella es imposible todo renacimiento, todo avance, toda Navidad. Permitidme gritar con Pablo: "¡Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres!" (Flp 4,5) para que vuelva la alegría de la coherencia y la integridad. Y entonces "Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos" (Flp 4,4). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

- - -> Para más información: http://blogs.periodistadigital.com/jairodelagua.php


les brilló

les brilló

LA (CONTRA)CULTURA DE LA ESPERANZA
JUAN YZUEL SANZ, teólogo y educador, juan@ciberiglesia.net
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 11/12/09.- Desde niños nos enseñaron que hay tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. La fe la entendíamos bien y, más aún, la caridad, pero la esperanza se quedaba en poco más que una criada de la fe, una especie de corolario: si uno creía en Dios, era lógico que esperara en Él y confiara en su auxilio.

Pero, andando el tiempo, la esperanza y la fe se han ido distanciando. Según las encuestas, resulta que cada vez hay más personas –y cristianos- que, creyendo en que “algo tiene que haber”, o incluso en un Dios personal, hecho y derecho, andan flojos de esperanza. Muchos no esperan que haya un más allá, ni una resurrección, ni probabilidad de que Dios responda a sus oraciones. Así hemos ido aterrizando en un mundo de cristianos “desesperanzados”.

Parte de este fenómeno se debe a la visión que diversas ciencias proyectan. Antes creíamos que éramos el ombligo del universo, los únicos seres inteligentes en un universo creado para nosotros expresamente. Ahora sabemos que somos un granito de arena perdido en la inmensidad de nuestra galaxia, según se sale a mano derecha. Sobre este planeta, que podría estar tan seco y muerto como los demás, hay un fino musgo, de tamaño infinitesimal respecto a la Tierra, compuesto por un capricho evolutivo de la Materia llamado “Vida”. En él está el ser humano, una mutación genética de un primate al que, un día, se le ocurrió coger una quijada de burro y hacerse la primera herramienta. De allí al acelerador de partículas de Ginebra hay unos miles de años que, en tiempo geológico, es un abrir y cerrar de ojos. Con Google Earth nos vemos como células de un tejido que invade el planeta hasta asfixiarlo, derritiendo los polos y colocando a las castañeras al borde de la extinción. ¿Qué esperanza podemos tener si estamos a merced del comportamiento aleatorio de las placas tectónicas, el anticiclón de las Azores, el Euribor, la nueva Ministra, la parrilla de TVE, el responsable de selección de personal o la quiniela? Desde esta visión dejan de ser significativas una conciencia moral personal o un compromiso a largo plazo, desaparecen las utopías sociales y el trabajar por alentar cambios radicales que nos hagan mejores. Solo existe el Presente, donde hay que buscarse la vida, que es un ratico.

De allí que la Esperanza, con mayúsculas, sea hoy contracultural, casi “contrarreligiosa”. Porque la religión a la carta que impera hoy, la de la “nueva era”, habla más de voluntarismo personal (“Usted sí puede ser feliz -si quiere, claro-“) que de confianza y entereza cuando, a pesar de todo nuestro esfuerzo, las cosas salen mal y los inocentes sufren, mueren y caen en el olvido. No es fácil levantar los ojos a los montes esperando que venga el auxilio, reconociendo que Dios tiene la última palabra sobre nuestra maltrecha realidad y en Él podemos confiar. No es sencillo seguir dándole al mazo, construyendo Historia, mientras rogamos. A veces, como a los discípulos de Emaús, se nos ve por los bares tomando un café con los amigos mientras repetimos la letanía del “nosotros esperábamos…”. Escasean hoy quienes apuestan integralmente por Jesús y, cuando les asaltan las dudas, responden como los apóstoles: “¿A quién iremos, si sólo Tú tienes palabras de vida eterna?”

Para todas y todos los pequeños, los pobres, los sencillos, los limpios de corazón, los pacíficos, los perseguidos, los que lloran y los misericordiosos que esperan, resuenan frescas en este adviento las palabras del profeta: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz intensa: habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló” (Is 9,1). Metidos ya en el fragor de la navidad comercial, resistamos y esperemos hincando la rodilla. Otro mundo es posible. ¡Maranatha! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia.

comprometiéndose

comprometiéndose

3 Adviento (C) Lucas 3, 10-18
REPARTIR CON EL QUE NO TIENE
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 09/12/09.- La Palabra del Bautista desde el desierto tocó el corazón de las gentes. Su llamada a la conversión y al inicio de una vida más fiel a Dios despertó en muchos de ellos una pregunta concreta: ¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que brota siempre en nosotros cuando escuchamos una llamada radical y no sabemos cómo concretar nuestra respuesta.

El Bautista no les propone ritos religiosos ni tampoco normas ni preceptos. No se trata propiamente de hacer cosas ni de asumir deberes, sino de ser de otra manera, vivir de forma más humana, desplegar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa, digna y fraterna.

Lo más decisivo y realista es abrir nuestro corazón a Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren. El Bautista sabe resumirles su respuesta con una fórmula genial por su simplicidad y verdad: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Así de simple y claro.

¿Qué podemos decir ante estas palabras quienes vivimos en un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria luchando cada día por sobrevivir, mientras nosotros seguimos llenando nuestros armarios con toda clase de túnicas y tenemos nuestros frigoríficos repletos de comida?

Y ¿qué podemos decir los cristianos ante esta llamada tan sencilla y tan humana? ¿No hemos de empezar a abrir los ojos de nuestro corazón para tomar conciencia más viva de esa insensibilidad y esclavitud que nos mantiene sometidos a un bienestar que nos impide ser más humanos?

Mientras nosotros seguimos preocupados, y con razón, de muchos aspectos del momento actual del cristianismo, no nos damos cuenta de que vivimos "cautivos de una religión burguesa". El cristianismo, tal como nosotros lo vivimos, no parece tener fuerza para transformar la sociedad del bienestar. Al contrario, es ésta la que está desvirtuando lo mejor de la religión de Jesús, vaciando nuestro seguimiento a Cristo de valores tan genuinos como la solidaridad, la defensa de los pobres, la compasión y la justicia.

Por eso, hemos valorar y agradecer mucho más el esfuerzo de tantas personas que se rebelan contra este "cautiverio", comprometiéndose en gestos concretos de solidaridad y cultivando un estilo de vida más sencillo, austero y humano. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

únicamente

únicamente

BIENAVENTURANZAS DEL ADVIENTO
MIGUEL ÁNGEL MESA, arumami@hotmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 04/12/09.- Felices quienes siguen confiando, a pesar de las muchas circunstancias adversas de la vida.

Felices quienes tratan de allanar todos los senderos: odios, marginaciones, discordias, enfrentamientos, injusticias.

Felices quienes bajan de sus cielos particulares para ofrecer esperanza y anticipar el futuro, con una sonrisa en los labios y con mucha ternura en el corazón.

Felices quienes aguardan, contemplan, escuchan, están pendientes de recibir una señal, y cuando llega el momento decisivo, dicen: sí, quiero, adelante, sea, en marcha…

Felices quienes denuncian y anuncian con su propia vida y no sólo con meras palabras.

Felices quienes rellenan los baches, abren caminos, abajan las cimas, para que la existencia sea para todos más humana.

Felices quienes acarician la rosa, acercan la primavera, regalan su amistad y reparten ilusión a manos llenas con su ejemplo y sus obras.

Felices quienes cantan al levantarse, quienes proclaman que siempre hay un camino abierto a la esperanza, diciendo: “No tengáis miedo, estad alegres. Dios es como una madre, como un padre bueno que no castiga nunca, sino que nos acompaña y nos alienta, pues únicamente desea nuestra alegría y nuestra felicidad”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).