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ecleSALia del 11/04/07 al 31/07/10

en la navidad

en la navidad

¿QUÉ SUCEDE EN LA NAVIDAD?
MARÍA DEL PILAR HUERTA ROMÁN, Carmelita Descalza
TORO (ZAMORA).

ECLESALIA, 28/12/06.- Resulta tremendamente difícil hablar de la navidad, eso sólo se puede hacer cuando se la tiene dentro y abría que descalzarse primero para entrar en este terreno. Los posaderos que fueron cerrando puertas cuando el Señor llamaba para nacer, no pueden hablar de la navidad aunque estuvieran en Belén, sin embargo el buey y la mula que estaban en el pesebre sin puertas, sí pueden hablar de la navidad. Porque los que cierran puertas aunque sean humanos, son menos humanos que una mula que no cierra puertas, porque la mula forma parte viva de la creación... y por toda la creación se oyen las huellas o los pasos de Dios que viene.

Y es que la navidad es un hecho histórico, pero los hechos históricos no suceden como los hongos, vienen preparándose de lejos. En la infancia de la humanidad el cosmos era el medio de manifestación de lo sacro. Cuando la religiosidad evoluciona, la manifestación divina de Revelación reviste la forma de Palabra, esto durante milenios hasta que el hombre descubrió en el IV milenio a. C. una concreción de la palabra no solo en ritos y representaciones figuradas del arte pre-literario, sino también en textos. La Palabra se encarnó en el Libro y así aparecieron “las religiones del Libro” entre las que la religión de Israel ocupa un lugar privilegiado ya que es la primera religión del Medio Oriente cuya literatura religiosa culmina en un Libro Sagrado que será modélico en el futuro. Todo este complejo proceso de la Revelación se puede resumir en una frase: “La Palabra se hizo libro.”

Pasó el tiempo y la Revelación por la Palabra sufrió una mutación importante, algo que desbordó todos los posibles cauces. Para la fe cristiana la Palabra no quedó reducida a la condición de Libro Sagrado como etapa definitiva de manifestación, ocurrió algo que revolucionó toda la religión israelita: La Palabra se hizo hombre en Jesús. Este es el hecho diferencial del cristianismo en relación con todas las demás religiones. Desde esta última y más perfecta Encarnación, para los cristianos la palabra principal ya no es la Ley, ni el Oráculo profético, ni la Historia, ni la Sabiduría. La palabra total es la persona misma de Jesús, que ha dejado correr dos milenios de años de historia para que la navidad sucediera en el corazón de la historia humana.

Y ¿qué ha sucedido a partir de entonces? El día que llegó la navidad todo el paisaje del alma humana se removió y floreció. Desde entonces nuestra tierra no es igual. Si lo es, entonces no celebramos la navidad. Algo cambió para siempre, aquel día sucedieron cosas definitivas. Dios vino a ser uno de nosotros. Dice S. Gregorio Magno: “Cuando él llegó, le sintieron llegar todas las cosas , y cuando después de millones de años de la creación, Dios volvió a ellas, como le tenían dentro le sintieron llegar y se alegraron”: se alegró la estrella que se puso a bailar y condujo a los magos, y se alegró la tierra, que hizo de la noche cielo y se alegraron los pastores, los magos y sobre todo le sintieron los siglos futuros que sabían que aquel día les nació, en el cogollo de los siglos, la Eternidad. Todas las cosas le sintieron llegar y el hombre también, porque Dios no suena ahí fuera, suena dentro si no, no suena, pero si suena dentro todo lo de fuera se compone.

Así lo cuenta S. Lucas, quien como el gran artista que es, describe el paisaje maravillosamente. Voy a detenerme en algunas pinceladas del paisaje que nos muestra. Con motivo del edicto de Cesar Augusto, María y José de la estirpe de David emprendieron el camino de Nazaret hasta Belén, fueron llamando a las posadas y al no haber lugar se pusieron a caminar a ver qué encontraban y en el camino le vino el parto, entonces se metieron en un establo y allí nació. El paisaje empieza ahora. Primero están de camino, para Lucas esto es fundamental: Cristo nace sobre el camino. María y José tuvieron al niño en camino. Quién no quiere caminar no vive la navidad sino que la está matando en la cuna como Herodes. Esto es importante tenerlo en cuenta, Dios nace en el hombre de camino o mejor, nace en el camino del hombre. Así nos pinta S. Lucas el primer nacimiento de la historia.

Como el día de navidad Dios bajó al hombre, el cielo se agujereó y Dios cayó hacia el hombre y todo el cielo se vino abajo, todos los ángeles cayeron. Pero ¿donde cayeron los ángeles? El racimo de ángeles cae en plena noche sobre los pastores guardando su rebaño. No en el palacio de Herodes, ni en el templo de Jerusalén. Y ¿por qué cayeron los ángeles sobre los pastores? Porque los pastores en el corazón de la noche tenían un ojo abierto sobre sus ganados. El Señor llega si estás en camino y con un ojo abierto. Los que duermen no se enteran. Para vivir la navidad hace falta estar con el ojo abierto, velando... ¡Ay de los cristianos dormidos, dirá S. Lucas!

Los pastores vigilan y además caminan... No sabían gran cosa los pastores, por eso se les aparecen los ángeles, porque el saber de este mundo no es el saber de Dios. Y se les da una buena noticia. S. Lucas hace aparecer el día de navidad el título de su libro. “Os traigo una buena noticia: os ha nacido el Salvador”. Pero al mismo tiempo el ángel que les da la buena noticia les da una señal para que no se pierdan: “encontraréis un niño”. El Mesías guerrero libertador de Israel es un niño que ni sabe hablar. Y además la señal tiene dos detalles más. Este niño lo encontrareis envuelto en pañales y en un pesebre. Les va desmontando paso a paso:

- Un Mesías guerrero/ encontrareis un niño;

- Hijo de reyes/ no tiene tela para vestirse;

- y además descendiente de David/ nace en un establo y en un pesebre.

Aquí esta todo el mensaje de navidad que sólo saben los pastores, no los demás. ¿Cuántas veces hemos buscado a Dios de mil maneras y por mil partes...? Dios puede venir de muchas formas y en cualquier dirección: en forma de sufrimiento y en forma de alegría. Lo que hay que hacer es tener lo ojos abiertos porque viene por donde sea, por la derecha o por la izquierda.

Dios no necesita grandezas para hacer grandezas, las hace en lo pequeño. Por eso si le esperamos en grandezas hemos perdido la señal, el indicador: No vayáis hacia Dios hecho guerrero que no lo vais a encontrar. Encontrareis un niño, todo lo que encontréis que no sea un niño no os paréis que no es él. No es un ejercito de hombres armados quienes tienen a raya a esos lobos, leones y panteras de los que habla el profeta... ¡pero qué bien lo intuyó Isaías en el siglo VIII a.C. ¡Es un niño pequeño quien los pastorea!

Cuando Dios nos quiso decir la verdad definitiva, la Palabra definitiva, no lo hizo en palabras, sino que, nos dice S. Juan: la Palabra de Dios se hizo carne.

No se si he dicho algo, el paisaje es denso y daría para mucho, pero como dice S. Juan, no cabría en... Cuatro palabras son la clave: abrir puertas, estar en camino, tener los ojos abiertos y hacerse niños. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Deseo que siempre en vuestra vida sea Navidad. Un abrazo: Mª del Pilar.

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